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domingo, 18 de marzo de 2012

El Espiritismo y la Bíblia

Herculano Pires


ANÁLISIS DE LA BIBLIA BAJO LA LUZ DEL ESPIRITISMO


    Los que viven gritando, con la Biblia en el puño, que el Espiritismo es condenado  por la Biblia, no conocen  una cosa ni la otra. Ignoran lo que es la Biblia, y no tienen la más leve noción de Espiritismo. El día que conozcan ambas cosas, tendrán el pesar por las acusaciones que han proferido.

    Es difícil hablar de la Biblia a las personas asociadas con el proceso de fanatismo religioso, de algunas sectas oscurantistas, que habiendo  llegado  a mediados del siglo veinte, niegan la cultura,  para solo aceptar los escritos  judíos de la época de las civilizaciones agrarias. Son personas sencillas y creyentes, que merecen nuestro respeto, más enteramente incapaces de comprender el problema bíblico

    El Espiritismo es presentado por Kardec, bajo la orientación del Espíritu de Verdad, como una secuencia natural del cristianismo. Es el cumplimiento de la promesa evangélica de Jesús, de enviar a la Tierra al Consolador, que vendría a completar su enseñanza, esclareciendo a los hombres a respecto de aquello que El solo pudo enseñar a través de alegorías, cuando estuvo entre los hombres. Los hombres de entonces no estaban en condiciones  de comprender el fenómeno natural de la  comunicación espirita, que mezclaban con sistemas de magia e interpretaciones supersticiosas. En la Génesis, Kardec  esclarece, en el primer capítulo, que era necesario la evolución de las ciencias, el progreso de los conocimientos, el desenvolvimiento intelectual, para que el espiritismo hiciese su aparición, como doctrina, en nuestro mundo.

    Siendo así, el espiritismo tiene como base las Escrituras, tiene sus fundamentos en la Biblia. Más es claro que el concepto espirita de la Biblia no puede ser igual al de las religiones que quedaron en el pasado, apegadas a las formas sacramentales de la magia, a los ritos materiales  y a los cultos exteriores del propio paganismo. La Biblia no puede ser, para el espirita esclarecido,  la “palabra de Dios” , pues es un libro escrito por los hombres, como todos los otros libros , y es, principalmente, un conjunto de libros en el que encontramos de todo, desde las reglas sencillas de higiene de los judíos primitivos hasta las leyendas  y tradiciones del pueblo hebreo, mezcladas con las herencias de los egipcios y babilonios. El Espiritismo enseña a encarar la Biblia como un marco de la evolución religiosa en la Tierra, más no hace de ella un becerro de oro.
La Bíblia de Gutemberg

    Lo podemos ver estudiando lo que es la Biblia, veamoslo:

   La palabra Biblia significa “Libro” es en verdad una biblioteca, donde están reunidos los libros de la religión hebraica. Representa la codificación de la primera revelación del ciclo del Cristianismo. En ella están escritos, coleccionados, libros de varios autores, en un número de 42. Fueron escritos en hebraico  y arameo y traducidos más tarde para el latín, por San Jerónimo, en la conocida Vulgata Latina, en el siglo quinto de nuestra era. Las Iglesias católicas y protestantes unieron a ese libro los Evangelios de Jesús, dando a estos el nombre  general del Nuevo Testamento.

    El nuevo Testamento, o Evangelio no pertenece de hecho a la Biblia. Es otro libro, escrito mucho más tarde, es una reunión de variados escritos sobre Jesús y sus enseñanzas. El Evangelio es la Codificación de la segunda revelación Cristiana. Trae un nuevo mensaje, sustituyendo al dios-guerrero de la Biblia por el dios –amor  del Sermón de la Montaña. Los espiritas no debemos confundir esos dos libros, más si debemos reconocer la línea histórica  y profética, el linaje espiritual que los liga. Son por tanto dos libros distintos.

    La antigua religión hebraica es generalmente conocida como Mosaica, porque surgió y se desenvolvió con Moisés. La nueva religión de los Evangelios es designada como cristianismo, porque viene de la enseñanza de Cristo.  Más así como en las páginas de la Biblia está inscrito el advenimiento de Cristo, también  es anunciado el advenimiento del Espíritu de Verdad. Este advenimiento se dio en el siglo pasado, con la tercera y última revelación cristiana llamada revelación espirita.  Cinco libros  aparecen, entonces, escritos por Allan Kardec, pero dictados, inspirados  y Orientados por el Espíritu de Verdad y otros Espíritus Superiores, los cinco libros fundamentales  del Espiritismo, que tienen como base El Libro de los Espíritus. Los cinco representan la codificación de la tercera revelación. Esa revelación se llama Espiritismo porque fue dada por los Espíritus. Su finalidad es esclarecer  las enseñanzas anteriores de acuerdo con la mentalidad moderna, ya suficientemente aireada  y evolucionada para entender las alegorías y símbolos contenidos en la Biblia y en el Evangelio. Más se engañan los que piensan  que la Codificación del Espiritismo  es contraria o reforma el Evangelio.
Las tres Revelaciones

    La palabra de Dios no está en la Biblia, más si en la naturaleza, traducida en sus leyes.  La Biblia es simplemente una colección de libros hebraicos, que nos dan un panorama  histórico del judaísmo primitivo. Los cinco libros iniciales de la Biblia que contienen el Pentateuco  mosaico, se refieren a la formación y organización del pueblo judío, después de la liberación  de Egipto y la conquista de Canaán. Esos libros fueron atribuidos a Moisés, pero no fueron escritos por él, pues relatan, inclusive, su propia muerte.

    Las pesquisas históricas revelan que los libros de la Biblia tienen origen en la literatura  oral del pueblo judío. Solo después del exilio en Babilonia fue cuando Esdras consiguió reunir  y recopilar los libros orales (guardados en la memoria) y proclamarlos en la plazas públicas  como la ley del  judaísmo, dictada  por Dios.

   Los relatos históricos de la Biblia son al mismo tiempo ingenuos y severos. Que el estudiante lea por ejemplo, el Deuteronomio, especialmente los capítulos 23 y 28  y vea si Dios  podría haber dictado esas reglas tan sencillas, aquellas tan poco piadosas de guerra,  aquellas de maldiciones terribles contra los que no creen en “Su palabra”. Esas maldiciones, hasta hoy, asustaron a las criaturas sencillas que tienen miedo de dudar de la Biblia.

    Las leyes morales de la Biblia pueden ser resumidas en los Diez Mandamiento. Más esos mandamientos nada tienen de transcendentes. Son reglas normales de vida para un pueblo de pastores y agricultores, con pormenores que hacen reir al hombre de hoy en día. Por eso los mandamientos son hoy presentados en resumen. El Espíritu  que dicto esas leyes  a Moisés,  en el Sinaí, era el guía espiritual de la familia de Abrahán, Isaac y Jacob, más tarde transformado  en el Dios de Israel. Desempeñando una elevada misión, ese Espíritu preparaba  al pueblo judío para el monoteísmo, la creencia en un solo Dios, pues los dioses de la antigüedad eran muchos.

    El Espiritismo reconoce la acción de Dios en la Biblia, más no puede admitirla como la “palabra de Dios”. En verdad, como nos  mencionó el apóstol pablo, fueron los mensajeros de Dios, los Espíritus  quienes guiaron al pueblo de Israel, a través de los médiums, entonces llamados  profetas. El propio Moisés  era un médium, en constante ligación con Yavé  o Jehová el dios bíblico, violento  e irascible, que es muy diferente  del dios-padre  del Evangelio.  Debemos respetar la Biblia en su exacto valor, pero nunca hacer de ella un mito, un nuevo becerro de oro. Dios no dictó  ni dicta libros a los hombres.

    El origen mediúmnico de las religiones es hoy una tesis probada por las pesquisas antropológicas y etnológicas. Solo los materialistas la rechazan.

    El apóstol Pablo afirmó perentoriamente; “Vosotros recibisteis la ley  por los ministerios de los Ángeles”, esto está  en los  Actos,7: 53, explicando  en Hebreos 2: 2: “Porque la ley fue anunciada por los Angeles”, y confirmando en la misma epístola, 1: 14: “Los Espíritus son administradores, enviados para ejercer el  ministerio”. Antes, en Hebreos. 1: 7, Pablo, después de advertir que Dios había hablado de muchas maneras a los profetas, aún dice sobre los ángeles: “ lo que hacen los Anjeles espíritus  y sus ministros  llamas de fuego”.

    Está claro que los ángeles son espíritus, reveladores de las leyes de Dios  a los hombres, tal como afirma el Espiritismo. Pablo va más aún  lejos, afirmando en los Actos 7: 30- 31, que Dios habló a Moisés a través de un ángel en la zarza ardiendo.

   Todos los que acusan al espiritismo están faltos de estudio, si su dogmatismo fuese puesto a un lado y estudiasen un poco,  comprenderían esas cosas, que la Biblia fue inspirada  por los Espíritus, como mensajeros de Dios, en lo tocante a sus libros proféticos, que llamamos mediúmnicos. Los libros históricos y de legislación civil recibieron también la colaboración de los Espíritus.  La Biblia es pues, un libro mediúmnico  que no puede condenar al Espiritismo, pues se estaría condenando a sí misma.

    Dioses, ángeles y demonios, de la Biblia, de los Vedas, del Alcorao, de todos los libros sagrados, nada más son  espíritus. Ellos no pueden condenar al espiritismo, porque  ellos son la prueba tradicional de la verdad espirita, a lo largo de la Historia, tal como  enseña  Kardec. Lo que Moisés condenó fue el abuso de la mediúmnidad, y eso el espiritismo también lo condena.

Extraído del libro de Herculano Pires ”Visión espirita de la Biblia”



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sábado, 17 de marzo de 2012

Forma de orar




    El primer deber de todo ser humano, el primer acto que debe señalar su retorno a la actividad cotidiana, es la oración. Casi todos vosotros oráis, pero, ¡cuán pocos saben hacerlo! ¡Qué importan al Señor las frases que hilvanáis unas con otras de una manera maquinal, por haberos habituado a ello, ya que es una obligación que cumplís y que, como todo deber, os resulta pesado!
     La plegaria del cristiano, del espírita, cualquiera que sea el culto a que pertenezca, debe ser hecha en el momento mismo en que el espíritu vuelve a uncirse el yugo de la carne.

     Tiene entonces que elevarse hasta los pies de la Divina Majestad, humilde y profundamente, en un impulso de reconocimiento por todos los beneficios recibidos hasta esa fecha: por la noche que acaba de pasar y durante la cual se os permitió aun sin vosotros saberlo regresar cerca de vuestros amigos y guías para adquirir, al contacto con ellos, más fuerza y perseverancia.  Vuestra oración debe elevarse con humildad hasta los pies del Señor, para encomendarle vuestra debilidad y pedirle su apoyo, indulgencia y misericordia.

     Tiene que ser profunda, porque es vuestra alma la que debe elevarse hacia el Creador, transfigurándose como Jesús en el monte Tabor y llegando hasta Él blanca y radiante de esperanza y amor.
Vuestra plegaria debe contener la petición de gracia de que tengáis necesidad, pero ésta deberá ser una necesidad real. Inútil será que roguéis al Señor para que acorte vuestras pruebas u os conceda alegrías o riquezas. Antes por el contrario, suplicadle que os dispense los bienes más preciosos de la paciencia, la resignación y la fe. No digáis, como muchos de vosotros afirman: "No vale la pena orar, puesto que Dios no me otorga lo que le pido." ¿Qué le solicitáis en casi todos los casos? ¿Pensáis a menudo en impetrarle vuestro mejoramiento moral? ¡Oh, no, esto muy pocas veces! Os acordáis más bien de pedirle buen éxito en vuestras empresas terrenales, y luego exclamáis: "Dios no se ocupa de nosotros. ¡Si lo hiciera, no habría en el mundo tantas injusticias!".
     ¡Insensatos e ingratos! Si descendierais hasta los hondones de vuestra conciencia, casi siempre encontraríais en vosotros mismos el punto de partida de los males de que os doléis. Pedid, pues, ante todo, vuestro mejoramiento, y veréis entonces qué torrente de gracias y consuelos se derramará sobre vosotros.

     Debéis rogar incesantemente, sin por eso retiraros a vuestro oratorio o postraros de hinojos en las plazas públicas. La oración diaria consiste en el cumplimiento de vuestros deberes de todos ellos, sin excepción, sea cual fuere su naturaleza. ¿Acaso no es un acto de amor hacia el Señor el que asistáis a vuestros hermanos en cualquier necesidad que tengan, bien sea moral o física?...

     ¿No realizáis una acción de gracias cuando eleváis a Él vuestros pensamientos porque una felicidad os ha alcanzado, u os salváis de un accidente, e incluso porque una mera contrariedad apenas si os roza; cuando decís en vuestro fuero interno: " Bendito seas, Padre mío"?¿No constituye un acto de contricción el humillaros ante el Juez Supremo cuando sentís que habéis incurrido en falta, aunque sólo sea por un pensamiento fugitivo, y le decís:

     Perdóname, Dios mío, por haber pecado  por orgullo, egoísmo o falta de caridad. Dame la fuerza precisa para no desfallecer y el valor necesario para reparar mi falta"'?........

     Esto es independiente de las oraciones regulares de la mañana y de la noche y las de los días consagrados. Como veis, la plegaria puede serlo en todo instante, sin que en manera alguna interrumpa el curso de vuestros trabajos.

     Antes bien, dicha así, santifica a estos últimos. Y persuadíos de que uno de esos pensamientos, que parta del corazón, es más escuchado por vuestro Padre celestial que las largas oraciones que se recitan por costumbre, muchas veces sin una causa específica, y a las cuales os llama de forma maquinal la hora establecida.     
El evangelio según el espiritismo.

viernes, 16 de marzo de 2012

Algunos fenómenos anímicos


Además de los naturales fenómenos anímicos del sonambulismo y del sueño común, hay otros muchos, entre los que están :


Telepatía

La telepatía o transmisión del pensamiento, es una facultad anímica que ocurre entre las personas, independientemente de estar dormido o despierto. El Espíritu se comunica telepáticamente porque él no se halla encerrado en el cuerpo como en una caja; irradia para todos los lados. Puede comunicarse con otros Espíritus, incluso en estado de vigilia, aunque más difícilmente. 

La telepatía, es el lenguaje articulado del pensamiento, es una forma de comunicación que da lugar a que dos personas se vean y comprendan sin precisar de las señales ostensivas del lenguaje. Se podría decir que hablan entre sí el lenguaje de los Espíritus. 

Letárgia y catalepsia

La letargia y la catalepsia derivan del mismo principio, que es la pérdida temporal de la sensibilidad y del movimiento, por una causa fisiológica aún inexplicable. Difieren una de la otra en que, en la letargia, la suspensión de las fuerzas vitales es general y da al cuerpo todas las apariencias de la muerte; en la catalepsia, queda localizada, pudiendo alcanzar una parte más o menos extensa del cuerpo, de suerte a permitir que la inteligencia se manifieste libremente, lo que la torna inconfundible con la muerte. La letargia es siempre natural; la catalepsia es a veces magnética. 

Alguien que estuviera bajo un estado letárgico, o incluso cataléptico, no puede ver ni oír por los órganos físicos, no se puede comunicar con el mundo exterior. El Espíritu tiene conciencia de sí, pero no puede comunicarse. 

En la letargia, el cuerpo no está muerto, por cuanto hay funciones que continúan ejecutándose. Su vitalidad se encuentra en estado latente, como en la crisálida, aunque no aniquilada. Ahora, mientras el cuerpo vive, el Espíritu se halla ligado. Desde que el hombre aparentemente muerto, vuelve a la vida, es que no era completa la muerte. 

La letargia*, según la Medicina es una somnolencia patológica o estupor, sopor mental. La letargia puede manifestarse también en el estado de coma profundo, situación en que la persona no reacciona a ningún estímulo (luminoso, verbal, de dolor, de calor, etc.) Se observa que hasta algunos movimientos involuntarios han cesado.

La catalepsia* es entendida como una enfermedad cerebral intermitente, caracterizada por la suspensión más o menos completa de la sensibilidad externa y de los movimientos voluntarios, y principalmente, por una extrema rigidez de los músculos.


 Éxtasis

El éxtasis es el estado en que la independencia del alma, con relación al cuerpo, se manifiesta de modo más sensible y se torna, en cierta forma, palpable.

En el sueño y en el sonambulismo, el Espíritu anda alrededor de los mundos terrestres. En el éxtasis, penetra en un mundo desconocido, o de los Espíritus etéreos, con los cuales entra en comunicación, sin que, todavía, le sea lícito ultrapasar ciertos límites, porque, si los ultrapasase totalmente, se romperían los lazos que lo unen al cuerpo. Lo envuelve entonces un resplandeciente y desacostumbrado fulgor, inhibiéndolo armonías que en la Tierra se desconocen, invadiéndolo un indefinible bienestar.

En el estado de éxtasis, el aniquilamiento del cuerpo es casi completo. Le queda solamente, puede decirse, la vida orgánica. Se siente que el alma se halla presa únicamente por un hilo.

Bicorporiedad

En la bicorporiedad, el Espíritu se aparta del cuerpo, tornándose visible y tangible. Mientras ocurre eso, el cuerpo permanece adormecido, viviendo la vida orgánica. 

Aislado del cuerpo, el Espíritu de un vivo puede, como el de un muerto, mostrarse con todas las apariencias de la realidad. Además puede adquirir momentánea tangibilidad. Este fenómeno, conocido con el nombre de bicorporiedad, fue el que dio origen a las historias de hombres dobles, es decir, de individuos cuya simultaneidad en dos lugares diferentes se llegó a comprobar. 

Antonio de Pádua, padre italiano canonizado por la iglesia católica, y Eurípides Barsanulfo, espírita minero de Sacramento, son dos grandes ejemplos de Espíritus que, cuando estaban encarnados, poseían, en grado de elevado desarrollo, ese tipo de fenómeno anímico.

Gabriel Delanne

Doble vista o segunda vista

    Es la facultad gracias a la cual quien la posee ve, oye y siente más allá de los límites de los sentidos humanos. Percibe lo que existe hasta donde extiende el alma su acción. Ve, por así decirlo, a través de la vista ordinaria y como por una especie de espejismo.

En el momento en que el fenómeno de la segunda vista se produce, el estado físico del individuo se halla sensiblemente modificado. La mirada es vaga. Él mira sin ver. Toda su fisonomía refleja como una exaltación. Se observa que los órganos visuales se conservan ajenos al fenómeno, por el hecho de que la visión persiste incluso con los ojos tapados. 


 Transfiguración

El fenómeno de la transfiguración consiste en el cambio del aspecto de un cuerpo vivo.  La transfiguración, en algunos casos, puede originarse por una simple contracción muscular, capaz de dar a la fisonomía una expresión diferente a la habitual, hasta el punto de tornar casi irreconocible a la persona. La más bella transfiguración de la que tenemos noticia fue, sin duda, la de Jesús, en el Tabor, ocurrida en presencia de los apóstoles Pedro, Tiago y Juan. (Mateo, 17:1-9). Según el texto evangélico, en el momento de la transfiguración, el rostro de Jesús resplandeció como el sol, sus vestiduras se tornaron blancas como la nieve. (Mateo 17: 1-9) (20)

   Concluyendo, los fenómenos anímicos son tan importantes como los mediúmnicos, una vez que ambos forman parte de la estructura psíquica de la especie humana. Si es cierto afirmar que todo fenómeno mediúmnico tiene su componente anímico, es igualmente correcto decir que los fenómenos anímicos son secundados por la acción espiritual. Es difícil, por no decir imposible, establecer límites dónde comienza uno y dónde termina el otro. Debemos estar atentos para no dificultar o, hasta incluso inviabilizar la práctica mediúmnica, temerosos de las mistificaciones del contenido anímico de los mensajes mediúmnicos.

    La tesis animista es respetable. Partió de investigadores concienciados y sinceros, y nació para cohibir los probables abusos de la imaginación; entretanto, viene siendo usada cruelmente por la mayoría de nuestros colaboradores encarnados, que hacen de ella un órgano inquisitorial, cuando deberían aprovecharla como elemento educativo, en la acción fraterna. Millares de compañeros huyen del trabajo, amedrentados, retroceden ante los percances a la iniciación mediúmnica, porque el animismo se convirtió en cancerbero. Afirmaciones serias y edificantes, tornadas en opresivo sistema, impiden el paso de los candidatos al servicio por la gradación natural del aprendizaje y de la aplicación. Se reclama de ellos precisión absoluta, olvidándose lecciones elementales de la naturaleza. Recogidos en el castillo teórico, innumerables amigos nuestros, reuniéndose para el elevado servicio de intercambio con nuestra esfera, no aceptan comúnmente a los servidores, que han de crecer y perfeccionarse con el tiempo y con el esfuerzo. 

    Los fenómenos mediúmnicos en sus múltiples presentaciones, en el comienzo de los grupos humanos, mostraron su origen, prácticamente, como resultado de ampliaciones anímicas. Los pensamientos, los sueños, las elucubraciones frente a los acontecimientos externos fueron propiciando verdaderas expansiones de conciencia como procurando sintonizar con el mundo espiritual. 

    Con la evolución de la humanidad, los fenómenos mediúmnicos se fueron alargando y tornándose más consistentes, es decir, los fenómenos mediúmnicos, bastante confundidos con las fuentes anímicas más sensibles, se fueron volviendo más independientes y cada vez más depurados. Así, el médium, con el tiempo, sabrá perfectamente evaluar, en sus más íntimas sensaciones, las oscilaciones entre los fenómenos anímicos y los mediúmnicos

( Del cursillo de Estudio y Educación para la Mediumnidad, de la F.E.B. )



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jueves, 15 de marzo de 2012

Sueño y sonambulismo



   El  sueño



El sueño es el recuerdo de lo que el Espíritu vio mientras dormía. (...)  La libertad del Espíritu es juzgada por los sueños.

El Espíritu jamás está inactivo. Durante el sueño, se aflojan los lazos que lo prenden al cuerpo y, no precisando este entonces de su presencia, él se lanza por el espacio y entra en relación más directa con los otros Espíritus. 

Cuando el cuerpo reposa, creedlo, el Espíritu tiene más facultades que en el estado de vigilia. Se acuerda del pasado y algunas veces prevé el futuro. Adquiere mayor potencialidad y puede ponerse en comunicación con los demás Espíritus, en este mundo o en el otro. 

Estando entorpecido el cuerpo, el Espíritu trata de romper sus cadenas y de investigar en el pasado o en el futuro. 

El sueño libera parcialmente al alma del cuerpo. Cuando duerme, el hombre se halla por algún tiempo en el estado en que queda permanentemente después que muere. 

Los Espíritus elevados, cuando duermen, van junto a los que les son iguales o superiores. Con estos viajan, conversan y se instruyen. Trabajan incluso en obras que se encuentran concluidas, cuando vuelven, muriendo en la Tierra, al mundo espiritual. El sueño de ellos se traduce por recuerdos agradables y felices.

Los Espíritus inferiores van, cuando duermen, a mundos inferiores a la Tierra donde los llaman viejos afectos, o en busca de gozos quizá más bajos que de los que aquí tanto se deleitan.  Sus sueños son pesados, confusos, atormentados, muchos de ellos bajo la forma de pesadillas.

El sonambulismo

El sonambulismo es un estado de independencia del Espíritu, más completo que en el ensueño, estado en que sus facultades adquieren mayor amplitud. El alma tiene entonces percepciones de las que no dispone en el sueño, que es un estado de sonambulismo imperfecto.

En el sonambulismo, el Espíritu está en posesión plena de sí mismo (...). Cuando se producen los hechos del sonambulismo, es que el Espíritu, preocupado con una cosa u otra, se aplica a una acción cualquiera, para cuya práctica necesita valerse del cuerpo. Se sirve entonces de este, como se sirve de una mesa o de otro objeto material en el fenómeno de las manifestaciones físicas, o incluso como se vale de la mano del médium en las comunicaciones escritas. 

Los fenómenos de sonambulismo natural se producen espontáneamente y no dependen de ninguna causa exterior conocida. Mas, en ciertas personas dotadas de especial organización, pueden ser provocadas artificialmente, por la acción del agente magnético (hipnosis). El estado  que se designa con el nombre de sonambulismo magnético sólo difiere del sonambulismo natural en que uno es provocado, mientras el otro es espontáneo. 

Es importante no confundir sonambulismo, natural o provocado, con mediumnidad sonambúlica. En el primer caso ocurre un fenómeno anímico de emancipación del alma, el Espíritu encarnado obra por sí mismo. En el segundo caso, los médiums en estado de sonambulismo, son asistidos por Espíritus. 

 ( Estudio y educación de la mediumnidad, de la Féd. Espír.Brasileña )



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miércoles, 14 de marzo de 2012

Fenómenos anímicos





    La Doctrina Espírita nos esclarece al respecto de la existencia de dos tipos de fenómenos psíquicos, patrimonio del ser humano: los anímicos (de ánima, alma) - producidos por el propio Espíritu encarnado, y los mediúmnicos (de médium, medio) - producidos por la intervención de Espíritus desencarnados - que utilizan un vehículo o instrumento humano (médium) para manifestarse. 


   En los fenómenos anímicos, el Espíritu encarnado se desprende momentáneamente de su cuerpo físico y entra en comunicación con otros Espíritus, desencarnados o encarnados.

Durante ese desprendimiento - que puede ser más o menos duradero – el Espíritu encarnado desprendido o desdoblado tiene conciencia de lo que ocurre tanto en el plano físico como en el plano espiritual, pudiendo participar activamente de ello.

Allan Kardec, en El Libro de los Espíritus, en su segunda parte, capítulo ocho, denomina los fenómenos anímicos fenómenos de emancipación del alma porque, en esa condición, el Espíritu se revela más libre, más independiente.

Los fenómenos anímicos pueden ser fácilmente confundidos con los de naturaleza mediúmnica, por traer en sí las impresiones del medianero que los dirige. Es oportuno recordar que en todo y cualquier fenómeno mediúmnico la presencia del factor anímico es inevitable, por el hecho de valerse el comunicante espiritual de los elementos biológicos, psicológicos y culturales del médium, para elaborar y exteriorizar su mensaje (...). Se espera que la interferencia anímica no ultrapase las líneas de lo admisible, digamos, de lo soportable (...).

En el estudio de los fenómenos psíquicos, es importante saber distinguir animismo de mistificación mediúmnica. La mistificación mediúmnica es intencional.

Significa decir que no hay un Espíritu comunicante, el pseudos-médium simula, conscientemente, una comunicación mediúmnica. Esa condición representa uno de los más serios obstáculos encontrados en la práctica mediúmnica, capaces de preocupar e incluso perturbar a muchos trabajadores.

 a) En el inicio de la práctica mediúmnica, cuando los canales mediúmnicos están siendo desobstruidos por los Espíritus. En esa situación, el médium principiante encuentra barreras físicas paulatinamente superables a lo largo del tiempo.

b) En las desarmonías psico-emocionales generadas por errores o crímenes que la persona cometió en el pasado, en otras existencias. La persona inmoviliza gran coeficiente de fuerzas de su mundo emotivo, en torno de una experiencia infeliz, al punto de generar cristalización mental no superada por el choque biológico del renacimiento, en nuevo cuerpo físico.  Fijándose en esos recuerdos, pasa a comportarse como si estuviese aún en el pasado, que teme resucitar, actuando como si fuese un espíritu que se estuviese comunicando.


 Debemos, por tanto, diferenciar fenómeno anímico propiamente dicho, que es la manifestación de una facultad psíquica natural y que forma parte de las conquistas evolutivas del ser humano, de mistificación del fenómeno mediúmnico, de forma intencionada, o de la evidencia de un desequilibrio psíquico originado en acciones cometidas en el pasado, por la persona en cuestión.

Los fenómenos anímicos auténticos, verdaderos, entendidos como reveladores de una actividad extracorpórea son variables.

( Del Curso de estudio y programación de la mediumnidad de la Fed.Espírita Brasileña)


Señor, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,el valor para cambiar las que sí puedo,y la sabiduría para saber distinguirlas. 






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martes, 13 de marzo de 2012

Juana de Cusa

                  
Introducción


   “Numerosas escuelas se multiplican para los espíritus desencarnados y, ahora que yo soy un humilde discípulo de estos planteles educativos del Maestro Jesús, reconocí que los planos espirituales también tienen su folklore… De los millares de episodios de este folklore del cielo sobre la vida y obra de Jesús, conseguí reunir treinta y traer al conocimiento del generoso lector que me concede su atención…

    Ahora, para consolidar la curiosidad de los que me leen con el sabor de la crítica, tan a gusto de nuestro tiempo, justificando la substancia real de las narraciones de este libro, citaré al apóstol Marcos cuando dice: “Y sin parábolas nunca les hablaba, pero todo declaraba en particular a sus discípulos” (4; 34); y, el apóstol Juan cuando afirma: “Pero, hay muchas otras cosas que Jesús hizo y que, si cada una de por sí fuese escrita, creo que ni aún todo el mundo podría contener los libros que se escribiesen” (21; 25)…
Pedro Leopoldo, noviembre 9 de 1940 - HUMBERTO DE CAMPOS” (Escritor brasileño fallecido).


JUANA DE CUSA
   Entre la multitud que invariablemente acompañaba a Jesús en las predicaciones del lago, se encontraba siempre una mujer de rara dedicación y noble carácter, y de las más al­tamente colocadas en la sociedad de Cafarnaúm. Se trataba de Juana, esposa de Cusa, el intendente de Antipas, en la ciudad donde se conjugaban intereses vitales de comercian­tes y pescadores.


   Juana poseía verdadera fe; con todo, no consiguió es­caparse de las amarguras domésticas, porque su compañero de luchas no aceptaba las claridades del Evangelio. Considerando sus íntimos sinsabores, la noble dama buscó al Mesías en una ocasión en que él descansaba en casa de Simón, y le expuso su larga serie de contrariedades y padecimientos. El esposo no toleraba la doctrina del Maestro. Alto funcio­nario de Herodes, en perenne contacto con los representan­tes del Imperio, repartía sus preferencias religiosas alternati­vamente, entre los intereses de la comunidad judía y los dioses romanos, lo que le permitía vivir en fácil tranquilidad y reposo. Juana confesó al Maestro sus temores, sus luchas y disgustos en el ambiente doméstico, exponiendo sus amar guras de acuerdo a las divergencias religiosas existentes entre ella y el compañero.


Después de escuchar su larga exposición, Jesús ponde­ró:
- Juana, sólo hay un Dios, que es Nuestro Padre, y sólo existe una fe para nuestras relaciones con su amor. En el mundo hay ciertas manifestaciones religiosas, que muchas veces no pasan de vicios populares en los hábitos exteriores. To­dos los templos de la Tierra son de piedra; yo vengo en nombre de Dios, a abrir el templo de la fe viva en el corazón de los hombres. Entre el sincero discípulo del Evangelio y los errores milenarios del mundo, comienza a trabarse el combate sin sangre de la redención espiritual. Agradece al Padre el haberte juzgado digna de buen trabajo desde ahora. ¿Tu esposo no comprende tu alma sensible? Algún día lo hará. ¿Es irreflexivo e indiferente? Amalo aún así. No te encontrarías unida a él si no hubiera para eso una razón justa. Sirviéndolo con amorosa dedicación, estarás cumpliendo la voluntad de Dios. Me hablas de tus recelos y tus dudas. Debes, por el Evangelio, amarlo aún más. Los sanos no necesitan de médico. Además de eso, no podemos recoger uvas de los espinos, pero podemos abonar el suelo que produjo car­dos venenosos, para cultivar en él mismo la maravillosa vid del amor y de la vida.
Juana dejaba entrever en el suave brillo de los ojos la satisfacción íntima que aquellos esclarecimientos le causa­ban; pero patentando todo su estado de alma, interrogó:
- Maestro, vuestra palabra alivia mi espíritu atormen­tado; entretanto, siento extrema dificultad para un entendi­miento recíproco en el ambiente de mi hogar. ¿No juzgáis correcto que luche por imponer vuestros principios? ¿Actuando así, no estaré reformando a mi esposo para el cielo y para vuestro reino?
Cristo sonrió serenamente y respondió:
- ¿Quién sentirá más dificultad en extender las manos fraternas, será el que llegó a las márgenes seguras del conocimiento con el Padre, o aquél que aún se debate entre las olas de la ignorancia o la desolación  de la inconstancia o de la indolencia del espíritu? En cuanto a la imposición de las ideas - continuó Jesús, acentuando la importancia de sus palabras - ¿por qué motivo Dios no impone su verdad y su amor a los tiranos de la Tierra? ¿Por qué no fulmina con un rayo al conquistador desalmado que extiende la mi­seria y la destrucción con las fuerzas siniestras de la guerra? La sabiduría celeste no extermina las pasiones, las transfor­ma. Aquél que sembró el mundo de cadáveres, despierta a veces para Dios apenas con una lágrima. El Padre no impo­ne la reforma a sus hijos, los esclarece en el momento opor­tuno. Juana, el apostolado del Evangelio es el de colabora­ción con el cielo en los grandes principios de la redención. Sé fiel a Dios amando a tu compañero del mundo como si fuera tu hijo. No pierdas tiempo en discutir lo que no sea ra­zonable. Dios no entra en contiendas con sus criaturas y tra­baja en silencio por toda la Creación. ¡Anda! ¡Esfuérzate también en el silencio y, cuando sea convocada al esclareci­miento, haz uso del verbo dulce o enérgico de la salvación, según las circunstancias! ¡Vuelve al hogar y ama a tu com­pañero como el material divino que el cielo colocó en tus manos para que talles una obra de vida, sabiduría y amor!
    Juana de Cusa experimentaba un alivio blando en el corazón. Enviando a Jesús una mirada de cariñoso agradecimiento, aún escuchó sus últimas palabras:
- ¡Anda, hija! ¡Sé fiel!
   Desde ese día memorable para su existencia, la mujer de Cusa experimentó en el alma la claridad constante de una resignación siempre lista al buen trabajo y siempre activa para la comprensión de Dios. Como si la enseñanza del Maestro estuviese ahora grabada indefinidamente en su al­ma, consideró que antes de ser esposa en la Tierra, ya era hija de aquél Padre del Cielo que conocía su generosidad y sacrificios. Su espíritu divisó en todas las labores una luz sa­grada y oculta. Trató de olvidar todas las características inferiores del compañero para observar solamente lo que po­seía él de bueno, desarrollando en las menores oportunida­des el embrión vacilante de sus virtudes eternas. Más tarde, el cielo le envió un hijito que vino a duplicar sus trabajos; ella, sin embargo, no olvidando las recomendaciones de fide­lidad que Jesús le había hecho, transformaba sus dolores en un himno de triunfo silencioso en cada día.
    Los años pasaron y el esfuerzo perseverante le multi­plicó los bienes de la fe en la marcha laboriosa del conoci­miento y de la vida. Las persecuciones políticas aparecie­ron sobre la existencia de su compañero. Con todo, Juana se mantenía firme. Torturado por las ideas odiosas de ven­ganza, por las deudas insaldables, por las vanidades heridas, por las molestias que le achacaban el cuerpo, el ex-intenden­te de Antipas volvió al plano espiritual en una noche de sombras tempestuosas. Su esposa, todavía soportó los sinsa­bores más amargos, fiel a sus ideales divinos edificados en la confianza sincera. Obligada por las necesidades más duras, la noble dama de Cafarnaúm buscó trabajo para mantenerse con el hijo que Dios le confió. Algunas amigas le llamaron la atención, tomadas de respeto humano. Juana, no obstante, buscó esclarecerlas, alegando que Jesús igualmente había trabajado, haciendo callosas sus manos con las sierras de mo­desta carpintería y, que sometiéndose ella a una situación de subalterna en el mundo, se dedicaba primeramente a Cristo, de quien se había hecho devota esclava.
    Llena de sincera alegría, la viuda de Cusa olvidó el confort de la nobleza material, se dedicó a los hijos de otras madres, se ocupó con los más bajos quehaceres domésticos para que su hijito tuviese pan. Más tarde cuando la nieve de las experiencias del mundo le encaneció los primeros cabe­llos de la frente, una galera romana la conducía en su inte­rior, en calidad de humilde sierva.
    En el año 68, cuando las persecuciones al Cristianis­mo eran intensas, vamos a encontrar en uno de los espectá­culos sucesivos del circo, a una vieja discípula del Señor amarrada a un poste de martirio, al lado de un hombre joven, que era su hijo.
    Ante el vociferar del pueblo fueron ordenadas las pri­meras flagelaciones.
- ¡Abjura! - exclama un ejecutor de las órdenes imperiales, de mirada cruel y sombría.
    La antigua discípula del Señor contempla el cielo sin una palabra de negación o de queja. Entonces el látigo vibra sobre el joven semidesnudo, que exclama, entre lágrimas: "- ¡Repudia a Jesús madre mía! ¿¡No ves que nos per­demos?! ¡Abjura por mí, que soy tu hijo!".
    Por la primera vez, de los ojos de la mártir corrió una fuente abundante de lágrimas. Los ruegos del hijo son espa­das de angustia que le destrozan el corazón.
- ¡Abjura! ¡Abjura!
    Juana escucha aquellos gritos, recordando su vida en­tera. El hogar feliz y festivo, las horas de ventura, los disgus­tos domésticos, las emociones maternales, los fracasos del esposo, su desesperación y su muerte, la viudez, la desola­ción y las más duras necesidades. En seguida, ante los pedidos desesperados del hijo, recordó que María también había sido madre y, viendo a su Jesús crucificado en el madero de la infamia, supo conformarse con los designios divinos. Sobre todo los recuerdos, como alegría suprema de su vida, le pareció escuchar aún al Maestro en casa de Pedro, diciéndo­le: "¡Anda hija! ¡Sé fiel!" Entonces, poseída de fuerza sobrehumana, la viuda de Cusa contempló a la primera vícti­ma ensangrentada y, fijando en el joven una mirada profun­da e inexpresable, en su dolor y en su ternura, exclamó fir­memente:
- ¡Calla hijo mío! Jesús era puro y no despreció el sacrificio. ¡Sepamos sufrir en la hora dolorosa, porque an­tes de todas las felicidades transitorias del mundo, es necesa­rio ser fiel a Dios!
    En ese momento, con los aplausos delirantes del pueblo, los verdugos incendiaron a su alrededor leñas impregna­das de resinas inflamables. En pocos instantes las llamaradas llegaron a su cuerpo envejecido. Juana de Cusa contempló con serenidad la masa popular que no entendía su sacrificio. Los gemidos de dolor morían ahogados en el pecho oprimi­do. Los verdugos de la mártir la insultaban aún en la hoguera:
- ¿Tu Cristo solamente supo  enseñarte a morir? - pre­guntó uno de los hombres.
   La vieja discípula, concentrando su capacidad de resistencia, tuvo aún fuerzas para murmurar:
- ¡No tan solo a morir, sino también a poder amar­los!
   En ese instante, sintió que la mano consoladora del Maestro le tocaba suavemente los hombros, y escuchó su voz cariñosa e inolvidable:
- ¡Juana, ten buen ánimo! ¡Yo estoy aquí!

Tomado del libro “BUENA NUEVA” de FRANCISCO CÁNDIDO XAVIER (Médium Espirita) y HUMBERTO DE CAMPOS (Espíritu desencarnado).
Elaborado por: GILGARAL



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