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viernes, 6 de diciembre de 2013

Silencio interior




Existe una intima relación entre nosotros mismos y el silencio, entre nuestra vida y los sonidos que nos rodean. Y todo ello condiciona, en gran medida, aquello que sentimos, pensamos y hacemos.
“El silencio es el lenguaje de la perfección, mientras que el ruido es la expresión de un defecto, de una anomalía, o de una vida que está aún desordenada”.
“La búsqueda del silencio es un proceso interior que conduce a los seres hacia la luz y la verdadera comprensión de las cosas”.
“El silencio es la expresión de la paz, de la armonía y de la perfección. Quien empieza a amar el silencio, quien comprende que el silencio les aporta las mejores condiciones para la actividad psíquica y espiritual, llega poco a poco, a realizarlo en todo cuanto hace: cuando mueve objetos, cuando habla, cuando anda, cuando trabaja; en lugar de trastornarlo todo, se vuelve más atento, más delicado, más flexible, y todo lo que hace queda impregnado de algo que parece proceder de otro mundo, un mundo que es poesía, música, danza e inspiración”.
El hombre efectivamente es  dueño de su destino  y comandante de su vida, y a de intentar gobernar de la mejor forma  sus actos y acciones.
Y el poco control en sus  palabras le  ha causado innumerables problemas espirituales. Una palabra después de ser proferida, posee un efecto devastador.
Tengamos, pues mucho cuidado  con lo que decimos. Jesús nos alerto que lo que contamina al hombre no es lo que entra por la boca y si lo que de ella sale “porque la boca  habla  de lo que está lleno el corazón.”
Un hombre de pocas palabras difícilmente será liviano en sus conversaciones, pues siempre medirá sus palabras.
Los que mucho hablan tienden a realizar poco. Si observamos atentamente, verificaremos que en todo grupo, sociedad o reunión de personas, las que más hablan, generalmente  son las que menos hacen. Incluso el simbolismo de nacer con dos oídos y una boca, nos enseña que hay que escuchar más y hablar menos.
Dios es infinitamente silencioso, y cuanto más el hombre se acerca a Dios, más silencioso El se torna.
El ruido es del hombre, el silencio es de Dios. Jesús  era amante del silencio, gustaba de lugares  quietos y  era en el desierto donde siempre se refugiaba para hacer sus oraciones y meditaciones.
Nuestra alma necesita del silencio. Procuremos silenciar nuestra voz interior para que podamos oír a Dios.
La palabra es de palta. El silencio es de oro. En estas dos afirmaciones está contenida la sabiduría de milenios de la evolución humana. Haga de ellas su lema de vida.
Montesquieu decía que: “Aquel que habla irreflexivamente se asemeja al cazador que dispara sin apuntar.”
Para cada mal, hay dos grandes remedios: el tiempo y el silencio.
El silencio es siempre bello, y el hombre que calla es más bello que el hombre que habla.
“Este silencio no es una inercia, sino un trabajo, una actividad intensa que se realiza en el seno de una armonía profunda. No es tampoco un vacío, una ausencia, sino una plenitud comparable a la que experimentan los seres unidos por un gran amor”.
“En el hombre, el silencio es el resultado de la armonía en los tres planos; físico, astral y mental”.

Ser silencioso significa:
La capacidad de pensar sin cabeza.
La capacidad de volar sin alas.
La capacidad de caminar sin pies.
La capacidad de observar sin perturbar.
La capacidad de escuchar sin interrumpir.
La capacidad de palpar sin crear incomodidad.
La capacidad de disfrutar de la flor sin robarle su aroma, y sobre todo la capacidad de entrar en ti y ver tu realidad.
La verdad solo se puede conocer en absoluto silencio.
No solo el silencio de fuera es necesario, también es el silencio interior.
Si al cerrar tus ojos tu mente está en silencio la puerta está abierta para conocer la realidad que te anima a vivir. Esa única realidad  que llena tu alma de luz y claridad.
Sin el silencio el ala no tiene claridad, no tiene luz.
El silencio es la atmósfera que el amor necesita para que tu alma brille.
El silencio  interior significa:
La capacidad de pensar sin cabeza,
La capacidad de volar sin alas,
La capacidad de caminar sin pies,
La capacidad de observar sin perturbar,
La capacidad de escuchar sin interrumpir,
La capacidad de palpar sin crear incomodidad.
La capacidad de disfrutar la flor sin robarle su aroma y sobre todo la capacidad de entrar en ti y ver tu realidad.

La verdad solo se puede conocer en absoluto silencio.

No solo el silencio de afuera es necesario, pero también el silencio interior.

Si al cerrar tus ojos tu mente está en silencio la puerta está abierta para conocer la realidad que te anima a vivir. Esa única realidad que llena tu alma de luz y claridad.

Sin el silencio tu alma no tiene claridad, no tiene luz.

El silencio es la atmósfera que el amor necesita para que tu alma brille.

El silencio en un lado y el amor en el otro le dan alas a tu corazón.

Esa belleza y esa armonía han sido perdidas debido a la ira, al orgullo etc.. esto es lo que significa la falta de silencio.

Todas las preguntas están listas para ser respondidas, sin importar que profundas sean. Simplemente entra en la paz del silencio, calma ese mar de deseos, ese mar de ilusiones, deja que la calma te invada, deja que el silencio te posea, en ese momento lo viejo desaparece y lo nuevo nace en ti.
Recuerda el silencio es el vientre de donde nacen los sabios. Si deseas adquirir sabiduría, vuelve a nacer en medio del silencio. Solo así encontrarás tu razón de ser, la razón por la cual has nacido.
Siéntate cómodamente, observa a tu alrededor, no juzgues, detente en tu afán, observa de nuevo, comprende que tu vida es un tesoro, deja tus preocupaciones a un lado. no hay necesidad de llevar un equipaje pasado, ya tu corazón tiene lo que necesitas en este viaje maravilloso que es tu vida.

Deja el temor y permite que el silencio te posea, solo en esa inmensidad podrás escuchar la voz de Dios dentro de ti llamándote a vivir plenamente, llamando para darte a conocer todos los misterios del universo y no solamente esto, también esa voz quiere darte a conocer el secreto de la vida eterna, pero cuidado, no creas en promesas, has que esta se convierta en tu única realidad. Solo en profundo silencio podrás comprender lo que significa todo esto y sobre todo el estar vivo.
“El silencio es la región más elevada de nuestra alma, y en el momento en que llegamos a esa región, entramos en la luz cósmica. La luz es la quintaesencia del universo, todo cuanto vemos a nuestro alrededor, e incluso lo que no vemos, está atravesado e impregnado de luz. Y precisamente, la finalidad del silencio es la fusión con esa luz que es viva, poderosa y que penetra toda la creación”.

Trabajo extraído por Mercedes Cruz Reyes del libro “Sándalo” y de diversos artículos en Internet


“El ruido retiene al hombre en las regiones psíquicas inferiores: le impide entrar en ese mundo sutil en el cual el movimiento es más fácil, la visión más clara, el pensamiento más creativo.”
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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 Renuncia
 Si tus padres no procuran la intimidad del Cristo, renuncia a la felicidad de verlos compartir contigo el divino banquete de la Buena Nueva, y ayuda a tus padres.
Si tus hijos permanecen apartados del Evangelio, renuncia a la satisfacción de sentir sus corazones junto al tuyo en la senda redentora, y ayuda a tus hijos.
Si tus amigos no consiguen todavía percibir el amor de Jesús, renuncia a la ventura de abrigarlos con el calor de tu alma en relación con el Sol de la Verdad, y ayuda a tus amigos.
Renuncia, según Jesús, no significa deserción. Expresa devoción mayor.
En Él, en nuestro Señor precisamente hemos de encontrar el sublime ejemplo.
Olvidado por muchos y por muchos relegado a la agonía de la negación, no por eso se alejó de los compañeros que le ocasionaron la angustia del amor que no es amado.
Al resurgir de la cruz, Él, que había atravesado a solas la pesadilla de la ingratitud y las torturas de la muerte, regresa a la convivencia con ellos y confiadamente les dice:
"Aquí estoy, para permanecer junto a vosotros hasta la consumación de los siglos".
EMMANUEL
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Violencia en el hogar

Mucho se habla acerca de la violencia. Aquella que existe en las calles y alcanza a personas aparentemente inocentes.

La estadística diaria habla de asaltos, de asesinatos, de secuestros. Y parece que nadie está a salvo.

Se comenta también la violencia de esposos ebrios o en descontrol agrediendo a sus esposas.

Se habla de padres atormentados o en desesperación que agreden físicamente a sus hijos ocasionándoles lesiones corporales o incluso la muerte.

Todo eso impacta y muchas voces se yerguen para protestar, proteger, sugerir soluciones.

Existe, sin embargo, otro tipo de violencia no menos cruel, pero no siempre percibida por los demás, porque queda encubierta por la cobardía.

O tal vez exactamente porque ocurre entre las cuatro paredes del hogar.

Nos referimos a los viejos obligados por sus propios hijos a una labor excesiva.

Viejos que ya trabajaron mucho y hoy, subordinados económicamente a aquellos que criaron, son constreñidos a realizar tareas superiores a sus fuerzas ya debilitadas.

Correr tras los niños traviesos todo el día, limpiar la casa, lavar y planchar ropas, hacer compras en el supermercado.

Aunque la visión se presente turbia y haya dificultades para distinguir si el semáforo está libre para los autos o para ellos.

Y cuando la ropa no estuviere bien planchada o la comida de la manera deseada, escuchan reclamos y acusaciones de que no valen ni el trastorno que causan.

Son hermanos dependientes de otros hermanos, debido a las enfermedades o porque son menores, que deben amargar el pan que reciben para alimentarse todos los días.

Pan que tiene el gusto a hiel.

Hijos pequeños que soportan todos los días los gritos y las agresiones verbales de padres frustrados en sus pasiones o sueños.


Violencia en el hogar que traduce, en verdad, la violencia que está en el alma de cada uno.

Cada uno de nosotros refleja en sus actos su verdadera identidad. Buena o mala.

Quizás algunos de nosotros no lleguemos a los extremos que mencionamos. Sin embargo, estamos a medio camino.

Por eso, si la consciencia nos dice que estamos muy agresivos, siendo mal educados y descuidados con nuestros seres queridos, paremos de inmediato.

Si nuestros gritos y reclamos están alcanzando a los padres viejos y enfermos, recordémonos cuanto hemos recibido de ellos.

Cuantas noches de insomnio cuando nosotros, niños todavía, estábamos enfermos. Cuantas canas nosotros mismos coloreamos con la blancura de la nieve con nuestras rebeldías y groserías.

Ni por eso nos dejaron de amar. Para ellos siempre seremos los eternos niños que un día arrullaron.

Ahora sus manos y rostros arrugados nos piden calma, cariño, atención.

Es lo mínimo que les podemos ofrecer como muestra de gratitud por todo lo que recibimos.

¿Trabajo como terapia? ¡Excelente! Pero no en exceso, que no se les debilite aun más las pocas fuerzas que poseen o que los preocupen al punto de perder el sueño.

Si nuestra rabia está siendo descargada sobre hermanos menores o subordinados de cualquier otra manera, recordemos que eso no fue obra de la casualidad.

Son las Leyes Divinas que colocaron al más débil bajo nuestra protección. Y la Providencia Divina que nos encamina aquellos mismos que ayer, de una u otra manera, lastimamos o hasta robamos.

Si nuestros hijos pequeños están recibiendo las descargas de nuestras frustraciones, empecemos a actuar de manera diferente.

Aquellos que renacen en la carne son siempre Espíritus en la escalada del progreso. Normalmente no es muy fácil el recomenzar, la retomada de los compromisos.

Paciencia es lo que nos piden. Cuidados. Y amor.

* * *

Aprendamos a respetar en el niño la inocencia del Espíritu que aun no se mostró por completo.

Y en las canas de la vejez la experiencia y los dolores de aquellos que ultrapasaron los años en el trabajo y en la lucha.

Redacción del Momento Espírita

jueves, 5 de diciembre de 2013

Lo que de verdad nos hace falta



Son días competitivos estos en que vivimos, sin sombra de dudas.

La sociedad, el mercado de trabajo, las necesidades personales, todo gana cuerpo y complejidad.  La computación que hace poco no  existía, interligan o aíslan a aquellos que de ella no hacen un uso adecuado.
Los cursos de lenguas extranjeras, la pos graduación sin fin, los estudios, la escuela, todo en nombre de la competitividad.
Así, lo que entonces bastaba para educar, hoy parece poco.
Y, en el ansia de dar instrumentos suficientes a nuestros hijos para enfrentar el monstruo voraz de la competitividad, vamos, sin medidas, buscando  todo y todos, para que el pueda ser el mejor, ser más, ser el primero, ser, en fin, lo que aprendió a competir.
Para eso, no contamos con los esfuerzos en las horas infinitas de los cursos, de los deportes, del esfuerzo escolar, de las clases, comprando las herramientas  para el trabajar, para ser competitivo.
¿Más al final, usted ya paró  para preguntarse para que educamos a nuestros hijos? ¿Qué armas y que combates usted desea que el esté dispuesto para enfrentar?
Si nos preguntaran  que es lo que el mundo precisa, lo que falta en nuestra sociedad, de pronto reconocemos las virtudes que nos hacen falta para el alma: honestidad, respeto al prójimo, compasión, solidaridad.
¿Al final, quien de nosotros no desearía un mundo lleno de todo eso?
Pues bien, es ese el mundo que deseamos. Y ciertamente es el mundo que deseamos para nuestros hijos. ¿Más será que ellos estarán preparados para un mundo así?
¿Será que nuestros hijos tienen elementos en el alma para vivir en un mundo de tolerancia, compasión, solidaridad? ¿Cuánto el alma de nuestros hijos está preparada para un mundo de esos?
¿Será que en la educación de nuestros pequeños hay espacio para lecciones de tolerancia?
La criatura, el joven que no experimenta la lección de convivir con las diferencias, viendo que somos apenas diferentes del lado de fuera, más por dentro somos todos hijos del Padre, jamás sabrá de lo que se trata el tolerar.
¿Y compasión? ¿Tratamos ya de esa materia en la escuela del corazón, que también nuestro hijo cursa aquí en la Tierra?
Ninguna criatura o joven tendrá idea de cómo  el alma es ligera en el placer de minimizar el dolor y la dificultad ajena, si nunca le dieron la oportunidad para hacerlo.
Solidaridad. ¿Ya se hablo de eso en la escuela del hogar? ¿En un mundo donde las desigualdades florecen aquí y allá, ya paramos para enseñar a nuestros amores la necesidad de extender la mano para ayudar a minimizar la miseria, sea del cuerpo o del alma ajena?
No podemos olvidar que la primera escuela de la vida es el hogar, y es en el  donde las lecciones que deseamos para el mundo deben ser aprendidas.
De nada vale desear un mundo sin violencia, si no enseñamos  la ternura y la mansedumbre a nuestros hijos.
Y en los días desafiadores como esos que se presentan, donde las personas pierden las referencias de los valores, donde las lecciones del alma  se perdieron en el afán de educar la mente, buscando apenas  ser competitivos, es en el hogar que debemos cultivar los valores nobles, que hacen el alma fuerte para enfrentar las dificultades de la vida.
No más la preocupación de aprender a ser competitivos, más si entender que ser colaboradores e la lección que la vida nos guarda como el mejor aprendizaje.
Al final, la mayor oportunidad que la vida nos ofrece al estar aquí es la de fundamentalmente  que aprendamos a conjugar en la práctica vivencial de cada uno, un único verbo: amar

Redacción de Momento Espirita.
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 ESTRUCTURA DEL CUERPO ESPIRITUAL

Inicialmente, buscando facilitar una visión más clara del mecanismo de la reencarnación, es necesario reportar al estudio del cuerpo espiritual.
Cuando las entidades espirituales se nos  hacen visibles, sea por la simple videncia mediúmnica, sea por el fenómeno de materialización ectoplásmica, observamos que ellas poseen un cuerpo semejante a nuestro cuerpo físico. En el fenómeno de la materialización, tan estudiado por el famoso físico inglés William Crookes y por el premio Nóbel de Medicina y Fisiología, Charles Richet, los Espíritus se hacen visibles y palpables a todos los presentes a la sesión de estudios.
Innegable es, sin duda, que existen, trampas, fraudes conscientes e inconscientes; no obstante, la gran frecuencia de los fenómenos y el elevado nivel cultural y ético de las personas seriamente envueltas demuestran su realidad.
Aunque la esencia espiritual no tenga  forma, pues el principio inteligente, los Espíritus poseen un cuerpo espiritual anatómicamente definido y con una fisiología propia.
En los planos espirituales tenemos noticias, por numerosos médiums fiables, como Francisco Cándido Xavier (Chico) y Divaldo P. Franco, de la organización de comunidades sociales que los espíritus constituyen, a veces semejanza a las terrestres.
La energía cósmica universal  o fluido cósmico que llena todo el universo es la materia prima que el comando mental de los Espíritus utiliza para la constitución de los objetos por ellos manipulados. Las informaciones más detalladas fueron reunidas por Kardec en “El Libro de los Médiums”, en el capítulo – Del Laboratorio del Mundo Invisible.
El cuerpo de los Espíritus, ya mencionados por el apóstol Pablo y conocido en las diversas religiones con los más diferentes nombres, tales como periespíritu, cuerpo astral, psicosoma y otros, esta también  constituido de un tipo de materia derivada del fluido cósmico universal.
El cuerpo espiritual se presenta moldeable conforme las emanaciones mentales del Espíritu. Cada Espíritu presenta su periespíritu con aspecto correspondiente a su estado psíquico. La mayor elevación intelecto-moral va a determinar como consecuencia una sutilización del propio cuerpo espiritual. En contrapartida, los Espíritus cuyas vibraciones mentales son más inferiores determinan, inconscientemente, que su cuerpo espiritual se presente más denso y oscurecido, no teniendo la irradiación luminosa de los primeros.
Conforme se tienen noticias a través  de numerosos autores espirituales, el periespíritu se presenta estructurado por aparatos o sistemas que se constituyen de órganos; esos órganos están formados por tejidos que, a su vez, están constituidos por células.
Según referencias en las obras de Gustavo Geley y Jorge Andrea, las células del cuerpo espiritual, en un nivel más profundo, son formadas por moléculas que se constituyen por átomos. Los átomos del periespíritu están formados por moléculas por elementos químicos nuestros conocidos, además de otros desconocidos del hombre encarnado. Elementos como hidrógeno y además del uranio, que en la Tierra representan los límites de la materia atómica conocida.
Los átomos y moléculas que constituyen las células del periespíritu poseen una energía cinética propia que es la fuerza determinante de su vibración constante. Cuanto más evolucionada es la entidad espiritual mayor velocidad son los átomos del peri espíritu.
De la misma forma, conforme el adelantamiento moral del Espíritu, mayor el alejamiento entre las moléculas que componen el periespíritu, por su vibración, de ahí la menos densidad de su cuerpo espiritual. Una analogía: el agua en estado líquido, hervida se transforma en vapor por la mayor energía cinética de sus moléculas, determinando un alejamiento entre ellas derivado de la vibración más intensa que pasan a tener. En este ejemplo simple podemos mentalizar el porqué de la ligereza del cuerpo espiritual de las entidades cuyo padrón vibratorio es más elevado.
En el libro “Mecanismos de la Mediumnidad”, de André Luiz, psicografiado por F. Cándido Xavier, encontramos elementos complementarios sobre esta información.
Espíritus de alta jerarquía moral poseen vibraciones de alta frecuencia, o sea, las ondas que emiten o irradian son “finas” o de pequeño expansión de onda.
Los Espíritus más ignorantes o moralmente inferiores poseen vibraciones de baja frecuencia: las ondas que emiten o irradian son más “amplías” o de gran espacio.
Las energías emanadas por las vibraciones de las moléculas periespirituales se traducen también por una irradiación luminosa con colores típicos. Los Espíritus son vistos por los videntes o descritos en las obras psicografiadas emitiendo colores y tonos bastante peculiares a su grado de adelantamiento.
Cuanto más primitiva fuera la entidad espiritual, más oscuros son tonos de los colores y más opacos se presentan. A medida que suben peldaños más elevados en la escala del progreso, pasan a emitir una luminosidad más clara y cada vez más brillante. Resaltemos, no obstante que, transitoriamente, por la postura mental adoptada, transcurrente de situaciones momentáneas, las vibraciones se aceleran o desaceleran, determinando modificaciones en la estructura del cuerpo espiritual, y todo el conjunto se altera. Son descritos casos de zoantropía o licantropía donde las formas periespirituales se animalizan por la postura de odio recalcitrante u otros sentimientos inferiores, deformadores del cuerpo espiritual. El tratamiento reparador de estas deformaciones se efectúa con  la energización de los Espíritus que hemos observado en los trabajos mediúmnicos de que participamos.
Ricardo Di Bernardi               
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           REENCARNACIÓN

NADIE PUEDE VER EL REINO DE DIOS SI NO NACIERE DE NUEVO Resurrección y reencarnación. – Los lazos de familia fortalecidos por la reencarnación y quebrados por la unicidad de la existencia. – Instrucciones de los Espíritus: Límites de la encarnación.
                       


 – Necesidad de la encarnación –

 ¿La encarnación es un castigo?

1. Jesús, habiendo venido por los lados de Cesárea de Filipo, interrogó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Qué dicen los hombres con relación al Hijo del Hombre? ¿Quién dicen que soy? Ellos le respondieron: Algunos dicen que eres Juan el Bautista, otros Elías,otros Jeremías, o uno de los profetas. Jesús les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Tomando la palabra Simón Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente. Jesús le respondió:
Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no fue ni la carne, ni la sangre que te lo reveló, sino nuestro Padre que está en
los cielos. (San Mateo, cap. XVI, v. 13 a 17; San Marcos, cap. VIII v. 27 a 30).

2. Entretanto Herodes el Tetrarca, oyendo hablar de todo lo que Jesús hacía, tenía su Espíritu en suspenso –porque los unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos, otros que Elías había aparecido y algunos que uno de los antiguos profetas había resucitado. –Entonces Herodes dijo: Yo hice cortar la cabeza a Juan, pero, ¿quién es éste de quien oí hablar tan grandes cosas?
Y tenía voluntad de verlo. (San Marcos, cap. VI, v. 14 y 15; San Lucas, cap. IX, v. 7,8 y 9).

3. (Después de la transfiguración). Sus discípulos le preguntaban, diciéndole: ¿Por qué, pues, los escribas dicen que es preciso que Elías venga antes? Mas Jesús les respondió: Esverdad que Elías debe venir y restablecer todas las cosas; mas yo les declaro que Elías ya vino, y no le conocieron, mas lo trataron como quisieron. Así ellos harán sufrir al Hijo del Hombre. Entonces sus discípulos comprendieron que era de Juan de Bautista que les había hablado. (San Mateo, cap. XVII, v. de 10 a 13; San Marcos,
cap. IX, v. 11, 12, y 13).
     EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO.
ALLAN KARDEC CAPÍTULO IV




martes, 3 de diciembre de 2013

¿Dios hace milagros?



15. En cuanto a los milagros propiamente dichos, como nada es imposible para Dios, sin duda, puede hacerlos; pero ¿los ha hecho?, en otras palabras: ¿Deroga Dios las leyes que ha establecido? No corresponde al hombre prejuzgar los actos de Dios y subordinarlos a la debilidad de su entendimiento. Sin embargo, para abrir un juicio sobre las cosas divinas, tenemos los atributos de Dios. A su omnipotencia une su soberana sabiduría, de lo que deducimos que nada inútil hace.


¿Para qué haría milagros, entonces? Para dar testimonio de su poder, se podrá decir. Pero el poder de Dios se manifiesta de una manera mucho más espléndida por el conjunto grandioso de las obras de la Creación, por la sabiduría previsora que preside desde lo más ínfimo a lo más grande y por la armonía de las leyes que rigen al Universo que por algunas pequeñas y pueriles derogaciones posibles de imitar por los prestidigitadores. ¿Qué pensaríamos de un hábil mecánico que para probar sus conocimientos desmontara el reloj que ha hecho, toda una obra de arte, con el propósito de demostrar que puede deshacer lo que ha hecho? Por el contrario, ¿su saber no surge de la regularidad y precisión del funcionamiento?


Los milagros no competen directamente al Espiritismo, mas, apoyándose sobre el razonamiento que dice que Dios nada hace inútilmente, emite la siguiente opinión: los milagros no son necesarios para la glorificación de Dios. Nada en el Universo se aparta de las leyes generales. Dios no hace milagros, porque al ser sus leyes perfectas, no precisa derogarlas. Si hay hechos que no comprendemos, es porque nos falta aún los conocimientos necesarios.

16. Suponiendo que Dios haya podido, por razones desconocidas por nosotros, derogar accidentalmente las leyes que Él mismo estableció, haría que esas leyes ya no fuesen inmutables, pero al menos la lógica está en admitir sólo en Él tales poderes. Pero resulta que se le resta su omnipotencia, al enseñar que el espíritu del mal puede deshacer la obra de Dios, haciendo prodigios capaces de seducir hasta a los elegidos, lo que implica la idea de un poder igual al de Dios. Si Satanás puede interrumpir, sin el permiso de Dios, el curso de las leyes naturales, que son la obra divina, entonces es más poderoso que Dios y, por tanto, Éste no es omnipotente. Si Dios le delega ese poder, como se pretende, para inducir más fácilmente a los hombres al mal, entonces no es soberanamente bueno. En ambos casos, se trata de la negación de uno de los atributos sin los cuales Dios no es Dios.

La iglesia diferencia los buenos milagros que provienen de Dios de los malos milagros atribuidos a Satanás. Pero, ¿cómo distinguirlos? Que un milagro sea declarado oficialmente o no como tal, no por eso deja de ser una derogación de las leyes de Dios: si un individuo es curado milagrosamente, ya sea por la intervención de Dios o del demonio, igualmente ha sido curado. Es preciso tener una idea muy pobre de la inteligencia humana como para esperar que tales doctrinas sean aceptadas en la actualidad.

Reconocida la posibilidad de ciertos hechos tenidos por milagrosos, se deduce por fuerza que, cualquiera que sea el origen que se les atribuya, son efectos naturales que pueden producir los espíritus o los encarnados, así como pueden servirse de su propia inteligencia y conocimientos científicos para el bien o para el mal, según su bondad o perversidad. Un ser lleno de maldad, aprovechando su saber, puede hacer cosas que pasen por prodigios a los ojos de los ignorantes. Pero cuando esos efectos son buenos no es lógico pensar que son producto de un ser diabólico.

17. Pero, se dirá, la religión se apoya sobre hechos que no se han explicado ni pueden explicarse. Inexplicados, puede ser; pero inexplicables, no lo creemos así. Sin hablar del milagro de la Creación, que es sin duda alguna el mayor de todos los milagros y que ha entrado en los dominios de la ley universal, ¿no vemos, acaso, reproducirse, bajo el imperio del magnetismo, del sonambulismo y del Espiritismo, los éxtasis, las apariciones, la visión a distancia, las curaciones instantáneas, el arrobamiento, las comunicaciones orales y de otras clases con los seres del mundo invisible, fenómenos conocidos desde tiempos inmemoriales, considerados antaño maravillosos y pertenecientes, según se sabe hoy, al orden de las cosas naturales, según la ley constitutiva de los seres? Los libros sagrado están llenos de hechos de este género calificados de sobrenaturales, pero como se encuentran hechos análogos y más maravillosos aún en las religiones paganas de la antigüedad, si la verdad de una religión dependiera del número y de la naturaleza de estos hechos, no se podría otorgar preeminencia a ninguna.

Lo sobrenatural y las religiones

18. Suponer que el fundamento imprescindible de toda religión es lo sobrenatural, que es la clave del edificio de la cristiandad, es sostener una tesis peligrosa. Si se considera que las verdades cristianas sólo se basan en lo maravilloso, se le otorga un cimiento demasiado precario que se va desgastando a diario. Esta tesis, sostenida por eminentes teólogos que se han erigido en sus defensores, lleva a pensar que en un determinado momento ya no habrá religión alguna, incluso la cristiana, si lo que era considerado sobrenatural se nos mostrase como natural. Por más argumentos que se aduzcan, no se logrará mantener la creencia de que un hecho es milagroso, cuando se ha probado que no lo es. Pues bien, cuando un hecho puede ser explicado por las leyes naturales y ser reproducido por la intervención de un individuo cualquiera deja las leyes de la Naturaleza. Las religiones no precisan de lo sobrenatural, sino del principio espiritual, que sucede confundirse con lo maravilloso y sin el cual no hay religión posible.


El Espiritismo considera a la religión cristiana desde un punto de vista más elevado. Le da una base más sólida que los milagros: las leyes inmutables de Dios, que rigen tanto al principio espiritual como al material. Esta base desafía al tiempo y a la ciencia y ambos vendrán a sancionarla.

Dios no es menos digno de nuestra admiración, de nuestro reconocimiento y respeto por no haber derogado sus leyes, que son perfectas, sobre todo, por su inmutabilidad. No es necesario lo sobrenatural para tributar a Dios el culto que es debido. ¿Acaso no es la Naturaleza lo suficientemente imponente por sí misma como para necesitar agregarle aditamentos y probar el poder supremo? Si la religión fuese sancionada por la razón, habría muchísimos menos incrédulos. El cristianismo nada podría perder con esa sanción, pero sí ganar mucho. Si hubo algo que le perjudicó frente a la opinión de ciertas personas, fue precisamente por el abuso en recurrir a lo sobrenatural.


19. Si se toma la palabra milagro en su acepción etimológica, cosa admirable, entonces los milagros nos rodean: los aspiramos en el aire y los tocamos al caminar, puesto que todo es milagro en la Naturaleza.

¿Se quiere dar al pueblo, a los ignorantes y a los pobres de espíritu una idea del poder de Dios? Mostradles ese poder en la sabiduría infinita que todo lo preside en la admirable organización de lo que vive, en la fructificación de las plantas, en la adecuación de todas las partes de cada ser a sus necesidades, de acuerdo al medio en que vive. Mostradles la acción de Dios en la brizna de hierba, en la flor que se abre, en el Sol que da vida. Mostradles su bondad en su solicitud hacia todas las criaturas, por ínfimas que sean; su previsión en la razón de ser de cada cosa, entre las que ninguna es inútil; el bien que siempre sirve de epílogo al mal aparente y momentáneo. Hacedles comprender que el verdadero mal siempre es obra del hombre y no de Dios. No tratéis de aterrorizar pintándoles el cuadro de las llamas eternas, en las cuales no creerán, y que los llevarán a descreer de la bondad divina. Mas, dadles ánimo con la certidumbre de poder redimirse un día y de reparar el mal que hayan cometido. Mostradles los descubrimientos de la ciencia como revelación de las leyes divinas y no como obra de Satanás. Enseñadles a leer el libro de la Naturaleza, siempre abierto ante sus ojos, en ese libro inagotable en donde la bondad y sabiduría del Creador están inscritas en cada página. Entonces comprenderán que un Ser tan grande, que se ocupa de todo, que todo lo vigila, que todo lo prevé, debe ser omnipotente. El campesino lo verá en el surco que abre en la tierra y el infortunado lo bendecirá en sus aflicciones, ya que podrá decir: si soy desgraciado, es por mi culpa. Sólo entonces serán los hombres auténticamente religiosos, racionalmente religiosos, en una medida mucho mayor que cuando creían en las piedras que sudan sangre y en las estatuas que pestañean y vierten lágrimas.

Tomado de "EL GÉNESIS" CAP XIII. ALLAN KARDEC

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Preguntas simpáticas o antipáticas a los Espíritus

1. ¿Los Espíritus responden de buen grado a las preguntas que se les hacen?

Siempre con placer a los que tienen por objeto el bien y los medios de hacerlos adelantar. No escuchan las preguntas frívolas.

2. ¿Basta que una pregunta sea formal para obtener la respuesta?

No, esto depende del Espíritu que contesta.

–¿Pero una cuestión formal no aleja, acaso, a los Espíritus ligeros?

No es la pregunta que aleja a los Espíritus ligeros, es el carácter del que la hace.

3. ¿Cuáles son las preguntas particularmente antipáticas a los Espíritus buenos?

Toda aquellas que son inútiles o que se hacen con un objeto de curiosidad y de prueba; entonces no responden y se alejan.

–¿Hay preguntas que sean antipáticas a los Espíritus imperfectos?

Sólo hay las que pueden hacer descubrir su ignorancia o su superchería cuando procuran engañar; de todos modos contestan a todo sin cuidarse de la verdad.

4. ¿Qué hemos de pensar de las personas que no ven en las comunicaciones espiritistas más que una distracción y un pasatiempo, o un medio de obtener revelaciones sobre lo que les
interesa?


Estas son las personas que gustan mucho a los Espíritus inferiores, que, como ellas, quieren divertirse y están contentos cuando las han mixtificado.

5. Cuando los Espíritus no contestan a ciertas preguntas,¿es por efecto de su voluntad o bien porque un poder superior se opone a ciertas revelaciones?

Lo uno y lo otro; hay cosas que no pueden revelarse y otras que el mismo Espíritu no conoce.

– Insistiendo con fuerza, ¿el Espíritu llegaría a responder?

No; el Espíritu que no quiere responder tiene siempre la facilidad de marcharse. Por esto es menester esperar cuando se os dice, y sobre todo no os empeñéis en querer hacernos responder.
Insistir para obtener una contestación que no se os quiera dar, es el medio seguro de ser engañado.

6. ¿Todos los Espíritus son aptos para comprender las preguntas que se les hacen?

Lejos de esto, los Espíritus inferiores son incapaces de comprender ciertas cuestiones, lo que no les impide el contestar bien o mal, como tiene lugar entre vosotros.

Observación. — En ciertos casos, y cuando es útil, sucede con
frecuencia que un Espíritu más elevado viene en ayuda del Espíritu ignorante
y le indica lo que debe decir. Se conoce esto por el contraste de ciertas
respuestas, y además porque a menudo el mismo Espíritu conviene en ello.
Esto sólo tiene lugar con Espíritus ignorantes de buena fe, pero nunca con
los que hacen gala de un falso saber.

Libro de los médiums
Allan Kardec

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                                                                          BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU

                    ¿ Qué es preciso entender por "pobres de espíritu"?

 Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. (San Mateo, cap. V, v. 3).

2. La incredulidad se burló de esta máxima: Bienaventurados los pobres de espíritu, como con otras cosas, sin comprenderla. Por pobres de espíritu Jesús no entiende los hombres desprovistos de inteligencia, sino los humildes: dice que el reino de los cielos es de ellos y no de los orgullosos.

Los hombres de ciencia y de espíritu, según el mundo, generalmente tienen tan alta consideración de sí mismos y de su superioridad, que miran las cosas divinas como indignas de su atención; sus miradas, concentradas en su persona, no pueden elevarse hasta Dios. Esta tendencia a creerse superiores a todo, les conduce muchas veces a negar lo que, estando por encima, podría rebajarles y negar hasta la Divinidad; o si consienten en admitirla, le disputan uno de sus más bellos atributos: su acción providencial sobre las cosas de este mundo; persuadidos de que sólo ellos bastan para gobernarlo bien. Tomando su inteligencia por la medida de la inteligencia universal, y juzgándose aptos para comprenderlo todo, no creen posible nada de lo que no comprenden; cuando han pronunciado su sentencia, la tienen por inapelable.

Si se niegan a admitir el mundo invisible y un poder extrahumano, no es porque eso esté por encima de su capacidad, sino porque su orgullo se subleva a la idea de una cosa que no pueden dominar y que les haría descender de su pedestal. Por eso, ellos sólo tienen sonrisas de desdén para todo lo que no es del mundo visible y tangible; se atribuyen mucho de espíritu y de ciencia para creer en cosas, según ellos, buenas para las personas sencillas, teniendo por pobres de espíritu, a todos los que las toman por lo serio. Sin embargo, por más que digan lo que quieran, será preciso que entren, como los otros, en ese mundo invisible que ridiculizaron, será cuando abrirán sus ojos y reconocerán su error. Pero Dios, que es justo, no puede recibir en la misma categoría al que menospreció su poder y al que se sometió humildemente a sus leyes, ni igualarlos.

Diciendo que el reino de los cielos es para los sencillos, Jesús quiere decir que nadie es admitido en él sin la sencillez de corazón y la humildad de espíritu; que el ignorante que posee estas cualidades será preferido al sabio que cree más en sí que en Dios. En todas las circunstancias coloca la humildad en la categoría de las virtudes que nos aproximan a Dios, y el orgullo entre los vicios que nos alejan de él; y eso por una razón muy natural, puesto que la humildad es una acto de sumisión a Dios, mientras que el ogullo es rebelarse contra él. Vale, pues, más, para la felicidad del hombre er pobre de epíritu, en el sentido del mundo y rico en cualidades morales.
- Allan Kardec- "El Evangelio según el Espiritismo"