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martes, 9 de septiembre de 2014

Mediumnidad natural


             MEDIUMS INVOLUNTARIOS

Los médiums involuntarios o naturales son aquellos cuya influencia se ejerce sin que ellos lo sepan. No tienen conciencia de su poder y, a menudo, lo que sucede de anormal al rededor suyo no les parece en modo alguno extraordinario, pues forma parte de ellos mismos, como en el caso de las personas dotadas de doble vista, que ni siquiera lo sospechan. Esos sujetos son muy dignos de observación, y no debemos dejar de reunir y estudiar los hechos de esa clase que lleguen a nuestro conocimiento.
Se manifiestan a cualquier edad, y muchas veces en niños pequeños. 

Esta facultad no constituye, de por sí, el indicio de un estado patológico, ya que no es incompatible con una salud perfecta.

Si aquel que la posee está enfermo, eso se debe a una causa ajena a la mediumnidad. Por eso los recursos terapéuticos empleados son impotentes para hacerla desaparecer. En algunos casos,puede surgir después de una cierta debilidad orgánica, pero esta nunca es su causa eficiente. No existe, por lo tanto, desde el punto de vista de la salud, ninguna razón para inquietarnos.

La mediumnidad sólo podría causar algún problema si el sujeto que la posee abusara de ella después de haberse convertido en médium facultativo, porque en ese caso podría haber una emisión demasiado abundante de fluido vital, con el consecuente debilitamiento del organismo.

*. La razón se revela ante la imagen de las torturas morales y corporales a que la ciencia ha sometido a veces a personas débiles y delicadas, con el fin de asegurarse de que no existía engaño de parte de ellas. Esas experimentaciones, hechas con mala intención la mayoría de las veces, son siempre perjudiciales para las
organizaciones sensitivas, e incluso pueden ocasionar graves desordenes en la economía orgánica. Realizar semejantes pruebas es jugar con la vida. El observador de buena fe no necesita emplear esos medios. Aquel que está familiarizado con fenómenos de esa especie sabe, además, que corresponden al orden moral más que al físico,y que sería inútil buscar su solución en nuestras ciencias exactas.

EL LIBRO DE LOS MEDIUMS 
ALLAN KARDEC 
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   El mensaje de Juana de Ángelis

" Nunca te apoyes en el pesimismo para dejar de luchar.
Lo que los otros consiguen a través del trabajo, lo obtendrás también, si tuvieres paciencia y perseverancia.
No pretendas iniciar la vida por donde otros la están concluyendo.
El éxito depende de muchos intentos que no dieron resultado.
El fracaso siempre enseña el modo como no se deben hacer las cosas.
Insiste en tu servicio con optimismo y avanza sin prisa en dirección a tu victoria. Cada día vencido son veinticuatro horas que ganaste."
(Vida Feliz -- Joanna de Angelis)


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            LA FUNCIÓN DEL ESPIRITISMO


  Todos debemos concienciarnos  de lo que es la vida eterna,  y sobre todo  de las situaciones que devienen de ella por la influencia de los Espíritus  y su acción en los planos de la vida, en las relaciones con los encarnados y demás desencarnados que pueblan la esfera en la que se sitúa la superficie  y el llamado mundo material en nuestras apariencias.
La misión primordial de la Doctrina Espirita  es el despertar al hombre para su naturaleza especialmente espiritual, ayudándolo a convivir  con su mundo de apariencias y el de  los seres del mundo invisible, que ejercen sobre nosotros  una acción muy fuerte capaz de influir profundamente  en nuestra vitalidad, en nuestro libre albedrio y hasta en nuestro destino, próximo o remoto.
El Espiritismo está destinado a liberar al hombre encarnado de la acción del medio que lo rodea,  de modo que pueda determinarse, concientizarse de sí mismo y actuar bajo el comando de su libre albedrio. En una palabra, a mejorarse interiormente.
En el plano físico, el hombre se mueve oprimido  por los intereses de sus semejantes, desde el núcleo familiar, que le exige  renuncias constantes  de si mismo para  que pueda convivir razonablemente  con las personas que lo rodean.
Aquí en el plano físico el hombre domina la situación, pudiendo aceptar o no hacer las cosas.  El proceso  es abierto, las personas pueden ser analizadas, detectadas, incluso sentidas en su acción y puede decirse que anda ocurre, con su desconocimiento cuando se trata de una acción directa sobre su persona.
Sin embargo en el plano invisible o espiritual la cosa es bien diferente, nuestros sentidos no penetran en ese mundo esencial,  y todo lo que pasa en el no pasa por nuestro conocimiento.  La acción e los Espíritus  sobre los encarnados, en el diario vivir del ser humano, es desconocido por este, porque no puede ver,  ni oír, ni sentir a los seres despojados del envoltorio carnal que      nos aísla del mundo normal y primitivo.
Los malos espíritus  explotan a los encarnados, pues tienen acceso, en todos los sentidos. Es muy importante  la organización de una defensa  para impedir  la acción de esas mentes  ocultas y  perversas, para no caer bajo su dominio, lo cual es mucho más fácil de lo que se piensa.
Allan Kardec, en la cuestión 459 de El Libro de los Espíritus pregunto: ¿Influyen los Espíritus  en los pensamientos y acciones de los encarnados? Y los Espíritus contestaron que su influencia es mayor de lo que pensamos, pues la mayoría de las veces son ellos los que nos dirigen.
El interés que mueve  a los Espíritus inferiores  a dominar  la mente de los encarnados y conducirlos  por los caminos  que ellos desean llevarlos  es a semejanza  de la de los hombres, su interés  es la satisfacción de sus instintos y de su orgullo.
Los espíritus ignorantes, situados  en los planos inferiores de la otra vida, en cavernas, absorben las energías de los encarnados y les vampirizan la vida como si fuesen  lampreas insaciables  en el océano del oxigeno terrestre. Suspiran por el retorno  al cuerpo físico, y persiguen las emociones del campo carnal con el desvarío de los sedientos en el desierto, absorbiendo reservas de fuerza de los seres encarnados  que les dan calor, desprevenidos del conocimiento superior. Pues en el fondo, las bases económicas de toda esa gente, residen, aun, en  la esfera  de los hombres comunes, y por esto, defienden apasionadamente, el sistema de robo psíquico dentro del cual se sustenta, junto a las comunidades en la Tierra.
Es conveniente  tomar conciencia  de ese flagelo que atormenta a la humanidad, para encontrar métodos adecuados con el fin de despertarlas sobre el peligro que corren cuando tienen la mente desprevenida y el corazón cerrado dentro de si mismos, cuando se dejan atrapar en esas trampas de las sombras.
Sin asustar a las personas,  es necesario mostrar con las tintas de la realidad, cuantas y cuantas vampirizaciones  y  agresiones brutales son usadas en esas acciones nefastas de las sombras.
Pero, si el conocimiento de la materia está  con nosotros,  si el Espiritismo desde el inicio, se confiesa consciente de ese intercambio indeseable,  si tenemos más de 150 años de estudios e investigaciones ¿Qué nos falta  para enseñar a las personas, como analizar su pensamiento para identificarlo, y como defenderse de cualquier intromisión indebida  de los seres desencarnados?
Sabemos que todos los viciados, toxicómanos, alcohólatras, etc., etc., son víctimas de ese asedio, sin excepción. Si tuviesen conocimiento anterior de ese intercambio, tal vez resistiesen y usasen la razón  para rechazar una profundidad mayor de la dependencia, la subyugación impuesta por los Espíritus viciosos que comparten sus emociones y sensaciones groseras.
¡Cuántos hogares se desintegran bajo la intriga  mental de Espíritus malhechores entre los familiares incautos!
Cuantas persona enferman e incluso desencarnan, bajo la acción magnetice de mentes perversas, que ejecutan venganzas, o actúan para su propia satisfacción!
Ha llegado la hora de una cruzada esclarecedora en cuanto al intercambio entre los mundos  visible e invisible, y son los espiritas los que pueden  hacerla.
Tomemos en serio el estudio de la Doctrina Espirita, para esclarecer a los que están enfermos, poseídos, dominados, sin cansarnos en transmitir el esclarecimiento pese a que ellos no estén receptivos,  nada se pierde, todo cuenta para Dios, y nuestra ayuda desinteresada operara grandes cambios en ambos lados de la vida, pues los que no se ven, también necesitan de luz y esclarecimiento.
(Extraído por Merchita del anuario espirita del 1992)
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EL COMPORTAMIENTO DEL BUEN ESPIRITA 



Las riquezas de la Tierra son perecibles, pero hay una riqueza que nada puede afectar ni nadie puede destruir: la riqueza del cielo, que podemos y debemos construir en nuestra alma. Esa riqueza está en nuestras manos, es adquirir la moral cristiana, explicada tan bien en El Evangelio Según el Espiritismo.

La moral espirita, como la del cristianismo primitivo, no se constituye apenas de preceptos, de reglas, ni de principios normativos. Hay una técnica moral, que se fundamenta en el conocimiento de las leyes morales.

El Espiritismo nos da la clave del Evangelio. Explica su sentido oscuro u oculto; nos proporciona la moral superior, la moral definitiva, cuya grandeza y hermosura revelan su origen sobrehumano.

Con el fin de que la verdad se extienda por todas partes con el fin de que nadie pueda desnaturalizarla o destruirla, ya no es un hombre, ya no es un grupo de apóstoles el que está encargado de darla a conocer a la humanidad. Las voces de los Espíritus la proclaman en los diversos puntos del mundo civilizado, y gracias a este carácter universal y permanente, esta revelación desafía a todas las hostilidades y a todas las inquisiciones.

La moral espirita está basada en el testimonio de millares de almas que van a todos los lugares para describir, valiéndose de los mediúms, la vida de ultratumba y sus propias sensaciones, sus goces y sus dolores.

La filosofía de los Espíritus viene a ofrecer a la humanidad una sanción moral más elevada, un ideal más noble y generoso. Ya no hay suplicios eternos, sino la justa consecuencia de los actos que recaen sobre su autor.

El Espíritu se encuentra en todos los lugares según él se ha hecho. Si viola la Ley moral, entenebrece su conciencia y sus facultades, se materializa, se encadena con sus propias manos. Practicando la ley del bien, dominando las brutales pasiones, se aligera y se aproxima cada vez más a los mundos felices.


La vida moral se impone como una obligación para todos aquellos a quienes preocupe algo su destino; de aquí la necesidad de una higiene del alma que se aplique a todos nuestros actos, ahora que nuestras fuerzas espirituales se hallan en estado de equilibrio y armonía.

Si sometemos al cuerpo, envoltura mortal, instrumento perecedero, a las prescripciones de la ley física que asegura su mantenimiento, es importante, mucho más, velar por el perfeccionamiento del alma, que es imperecedera y a la cual está unida nuestra suerte en el porvenir. El Espiritismo nos ha proporcionado los elementos para esta higiene del alma.

El conocimiento del objeto real de la existencia tiene consecuencias incalculables para el mejoramiento y la elevación del hombre. Saber a donde va tiene por resultado el afirmar sus pasos, el imprimir a sus actos un impulso vigoroso hacia el ideal concebido.

Las doctrinas de la nada hacen de esta vida un callejón sin salida y conducen, lógicamente, al sensualismo y al desorden. Las religiones, al hacer, de la existencia una obra de salvación personal muy problemática, la consideran desde un punto de vista egoísta y estrecho.

Con la filosofía de los Espíritus, este punto de vista cambia y se ensancha la perspectiva. Lo que debemos buscar no es ya la felicidad terrena, la felicidad, en la Tierra, es cosa precaria, sino un mejoramiento continuo; y el medio de realizarlo es con la observación moral en todas sus formas.

Cuando el hombre venga de donde venga, entra en el Espiritismo, se abre ante el un amplio campo de investigaciones, que de momento, no se da cuenta de tamaña grandiosidad. A medida que va ampliando sus estudios y sus experiencias, más ancha se torna la perspectiva de lo que antes le era desconocido, y en todo empieza a ver la grandeza de Dios.

Entonces ve lo que el significa en la Creación, comprende que su vida es eterna y que no se encuentra aquí por acaso, comprende que jamás será abandonado que está ligado a una ley que abarca a todos los seres humanos y que con ellos alcanzará por sus esfuerzos, más tarde o más temprano, su felicidad, su belleza y su sabiduría. Comprende que el tiempo que tarde, depende únicamente de el, que un día será atraído por el amor universal, pasando a formar parte de la gran familia de los espíritus felices, que gozan y trabajan en el plano del amor divino.

Dios estableció sus leyes y las puso, con toda la creación, a disposición de todos sus hijos. A nosotros compete alcanzarlo.

El espirita debe portarse delante de Dios como un buen hijo, agradeciéndole el que le aya creado.

Debe respetar la grandeza de su creador, adorar su Omnipotencia, amarlo por su Sublimidad.

Y ese respeto, esa adoración, ese amor, esa gratitud, deben ser manifestados al Todopoderoso tanto como sea posible, para que así atraigamos su influencia y la de los buenos espíritus , que nos es muy necesaria por nuestro atraso, en este mundo donde imperan la ignorancia y el dolor.

Para alcanzar esa gran moralidad que necesitamos, para cumplir bien nuestra misión, tener paz en la Tierra y conseguir alguna felicidad en el espacio, debe el espirita cumplir la ley divina. Esa ley divina está en el Evangelio y el espirita debe saberla de memoria, porque ¿Cómo aplicarla esa ley sin conocerla?
Para el espirita el Evangelio no debe ser letra muerta, y si una ley vigente en todos los tiempos, en todas las edades. Debe ser un admirador del Maestro, estudiando sus palabras, su moral, su ley, sus sacrificios, su abnegación, su amor, su prudencia y, sobre todo, su elevadísima misión ya que esta contiene dos puntos esenciales, que son de capital importancia. La primera y que el espirita debe fijar en su mente es la de que a de conocer la ley divina para cumplirla. El otro objetivo de capital interés para el bien de nuestro espíritu; que es el consuelo, la resignación y la paciencia que El nos puede inspirar.
Todos estamos en la Tierra para ser probados. Y muchos de expiación. Por eso el espirita a de amar al Señor; debe admirarlo y seguirlo hasta donde le sea posible; en sus leyes y en sus ejemplos; pues así evitará que puedan acarrear la tribulación en esta vida y el sufrimiento en el espacio.

Todo espirita debe portarse con la mayor humildad posible, frente a sus hermanos. La humildad es siempre un ejemplo de buenas manera, jamás nos compromete, ni es causa de disturbios ni de riñas. Esa humildad no debe ser nunca fingida, sino leal y sincera, siempre dispuesta a servir, debiéndose considerar inferior a sus hermanos, a de ser el servidor de todos. Nunca hará alardes de saber, ni de poseer facultades y menos de considerarlas extraordinarias, exponiéndolas siempre de manera prudente, sensata y con oportunidad.

Todo espirita debe ser caritativo, no abandonando a su hermano en una crisis, ni en la dolencia ni en la miseria. Debe ser, la providencia terrena, sustentando en todo lo que pueda, a su hermano.

En los centros espíritas donde reinen el amor y la adoración al Padre, en espíritu y verdad; la admiración, el respeto, y el amor al Señor; la indulgencia la caridad y la humildad, no faltará la paz y armonía entre los hermanos. Por el contrario, su vida se deslizará más tranquila, sentirán el alma leve y alegre, porque muchas veces recibieran la influencia de los Buenos Espíritus. Harán gran progreso y tendrán una recompensa en el mundo espiritual, más de lo que pueden calcular.

Todo espirita que hace profesión publica de su creencia no debe jamás olvidarse de que, por donde pasa, por donde va y el sitio que frecuenta está siendo observado y estudiado. Debe ser prudente en el hablar, en el obrar, en el pensar, pues si se olvida de las reglas que prescribe el Espiritismo, pueden caer en el ridículo, por no estar sus actos de acuerdo con la moral que el mundo espera de ellos.

La Humanidad gime, llora, se desespera por lo mucho que sufre; el egoísmo todo consume; las victimas de la maldad se suceden sin esperar; las religiones se desviaron del camino; los hombres de bien, intermediarios entre la Humanidad y la Providencia, son escasos; los espiritas estan encargados de traer la luz, ya que saben por qué la Humanidad sufre, por qué llora, por qué se desespera; el espírita ha de sacrificarse, en explicarle la causa de su sufrimiento, de sus lágrimas, de su desesperación, ha de demostrar que el dolor depura, eleva, santifica, exalta, y así cumplirá su misión.

El espirita que desea hacer mucho bien a sus semejantes no debe perder de vista al Señor cuando lo azotaban atado al pilar, cuando lo coronaban de espinas, cuando cargaba la cruz, cuando consumaba su sacrificio, para saber imitarle en sus actos de amor por la Humanidad de abnegación y de sacrificio.

De  ahí sus palabras:

“vosotros sois la sal de la tierra, si ella pierde su sabor, “con que se ha de salar”

Si el espirita debe ser prudente virtuoso, tolerante, humilde abnegado y caritativo, entre sus hermanos de ideal y en el seno de la Humanidad, ¡ cuanto más debe serlo en la familia! Si son sagrados los deberes que hemos de cumplir entre nuestros hermanos y en la humanidad, mucho más lo son los que tenemos que cumplir en la familia. Porque debemos considerar que, más allá de los vínculos que en esta existencia nos unen con lazos indisolubles, tenemos siempre historias pasadas, que se enlazan con la historia presente.

El espirita debe ver en la familia un grupo que le fue dado en custodia, y para el cual tiene muchos deberes que cumplir y muchos sacrificios que realizar. Por eso el esposo debe ser el apoyo y el sustentáculo de la esposa; debe amarla, respetarla, protegerla, aconsejarla, orientarla y proporcionarla en todas las circunstancias de la vida, lo que sea necesario. La esposa debe obediencia, amor, respeto y sinceridad al esposo, siendo este, para ella, siempre la primera persona a quien debe confiar sus secretos y todas sus tendencias, sin faltar jamás al respeto y a la obediencia, que debe al que Dios le dio como guía en este mundo de dolor.
En lo referente a los hijos, su misión no está exenta de sacrificios, siendo a veces necesaria una abnegación a toda prueba, dirigida por el buen sentido del espirita. Debiendo sentir el mismo amor por todos sus hijos, no olvidando que los más necesitados de su misericordia son los menos provistos de bondad y comprensión.
Debe proceder con mucho cuidado en la misión de la paternidad, para no dejarse arrastrar jamás por una atracción de causa desconocida, a favor de uno de sus hijos, ni por la frialdad que pueda sentir por otro. Sin olvidar que un hijo puede ser lo mismo un hermano de otra existencia al que amamos o un enemigo al cual debemos aprender a amar.

El espirita en todas las situaciones de la vida, ha de portarse como un buen hijo, buen esposo, buen padre, buen hermano y buen ciudadano; así, como practicante de la ley divina, cuyo sentido practico está en la enseñanza y en el ejemplo del Señor y maestro; será luz para iluminar a los que están a su alrededor, será mensajero de paz y amor para todos; y llevará la paz de las Moradas de la Luz hasta los hombres de la Tierra.

El espirita tiene un deber ante si mismo, no ha de ser demasiado indulgente para consigo mismo. Siempre encuentra medios para justificar su conducta, aunque esta no sea lo suficientemente correcta. Procura siempre disculpar sus defectos y atenuar sus faltas. Tanto es asi, que escuchamos a menudo, de aquellos a quienes hablamos de espiritismo: “Yo no creo en nada, apenas acompaño a la mayoría; pero en lo que concierne a la otra vida, creo que lo mejor es hacer todo el bien posible. Así, si existe alguna cosa después de esta vida, nada malo podrá acontecerme.

Todo espirita debe ser muy severo consigo mismo, siendo siempre el primero y el más severo juez de si mismo. No olvidando que está en este mundo para luchar por causa de su atraso, de sus imperfecciones y de sus deficiencias, y que le urge librarse de todo aquello que es contrario al amor, a la virtud, a la caridad, a la justicia.

Es muy difícil ser justo en todas las cosas, por eso el espirita debe todos los días hacer un examen de todo lo que sintió y realizó en la jornada transcurrida. Sabiendo que hay tres formas de cometer faltas, por el pensamiento, por la palabra y por los actos.

Las faltas por pensamientos provienen de pasiones injustas o mal contenidas, de no ser indulgente para las faltas del prójimo, de codiciar cosas indebidas. El espírita puede sentir deseos condenados por la ley divina.

El tiempo de vida en la Tierra es sumamente corto, y que el que pasaremos en el espacio es sumamente largo, siendo allá felices o infelices según hayamos cumplido o dejado de cumplir nuestros deberes espirituales. Por eso debe procurar el espirita progresar en virtudes, en amor, en adoración al Padre, en respeto y veneración para con sus semejantes y no dudar de que su felicidad será grande, y que habrán llegado a su fin los sufrimientos y los males, que por tanto tiempo lo han afligido y lo han retenido tanto tiempo en un planeta de expiación.

Sin olvidar que la Tierra es un lugar de expiación y dolor, y que el dolor purifica y eleva. El dolor es un medio por el que se progresa rápidamente, soportándolos con resignación y con calma, y hasta con alegría, llegaremos a las más altas regiones, ascenderemos, él, es el medio más seguro de alejarnos de las veleidades humanas.

Ningún espirita debe dudar que en el Reino de Dios no se entra por sorpresa, ni se alcanza la felicidad, sino después de la purificación. Todo espirita que tenga grandes dolores manténgase fuerte, lleno de calma, de amor al Padre, de resignación y sumisión a la Justicia Divina. Y si a veces la tentación lo envuelve, que se defienda con la oración, con el amor por los que sufrieron antes que el, no olvidando jamás que, por detrás del dolor soportado con alegría y calma vendrá la felicidad en la vida eterna.

La rebelión aumenta el dolor, intensifica el sufrimiento, mientras la resignación favorece la acción benéfica de los Espíritus Superiores, siempre dispuestos a auxiliar a los que sufren. La oración es el lenitivo de los dolores sin remedio. Por ella, el espíritu en prueba establece ligación fluidica con los Bienhechores Espirituales, que les darán alivio posible y la fuerza moral necesaria para soportar las pruebas hasta el fin.

Nadie es perfecto en este mundo. Así como es muy difícil encontrar en la Tierra quien este siempre en perfecto estado de salud física, también es muy difícil encontrar a alguien con perfecta salud moral. Así como la atmósfera y las condiciones materiales influyen directamente en nuestro organismo predisponiéndolo para las enfermedades, los elementos espirituales que nos rodean influyen sobre nuestra condición moral. Se aprovechan de las cosas más insignificantes, para provocarnos sufrimientos y malestar interior, objetivando mortificarnos o detenernos en la vía del progreso.

La tentación no tiene siempre para todos los individuos el mismo carácter y las mismas formas. Lo mismo que los grados de virtud y de los defectos son multiples también son muchas las variedades de la tentación.

En la Tierra, no tendremos jamás paz completa, si alguna vez llegamos a sentirla será de corta duración. Ante las penas ocultas debemos ser fuertes y resistir y oponerles serenidad, paciencia y calma sin límites, ellas tienen un gran merito ante Dios y fortalecen mucho al espíritu encarnado.

Nunca debemos poner en duda que hay seres espirituales que nos aman y nos ayudan, debemos confiar en ellos, pedirle ayuda, suplicarles la protección, cuando nos veamos apurados.

El Espíritu aferrado a los intereses materiales, mientras dura ese estado, es casi imposible que comprenda y acepte el Espiritismo, es esa la barrera que retiene a la Humanidad.

El apego al dinero es señal evidente de falta de caridad y amor al prójimo. Quien tiene ese apego no se encuentra en vías de realizar grandes progresos.

El espirita debe recordar que su felicidad no está en la Tierra sino en el Espacio. Por eso debe enriquecer su espíritu con virtudes y buenas obras. Y debe recordar que uno de sus grandes enemigos es el amor al dinero, o sea el egoísmo, que es el peor y el más fatal enemigo del hombre.

Si juntásemos todas las riquezas del mundo, nada serían comparándolas con las de nuestro Padre. Todas ellas fueron creadas para nosotros, sus hijos, que las recibiremos en propiedad y las disfrutaremos eternamente.

Nosotros los Espiritas tenemos un tesoro en nuestras manos, es necesario resaltar esto, pues no todos están en condiciones de comprender el Espiritismo y menos aun de practicarlo. No podremos aun comprender la verdad, mientras no nos despojemos de muchos errores, mientras nuestro amor y nuestra bondad no hayan alcanzado cierto grado.

El Espiritismo nos saca de todas las dudas, nos libera de todos los errores, nos ilumina la inteligencia, nos fortalece el espíritu en la lucha contra las preocupaciones. Pudiendo el espirita si no es indolente realizar todo cuanto desea para su bien.

El espirita debe estudiarse a si mismo, para llegar a conocerse, cosa que a veces es un poco difícil, mayormente si el instinto del orgullo y de la vanidad predomina aun en el.

El espírita debe observar si fácilmente se ofende por cualquier contrariedad o palabra que lo mortifica. Y eso es así, eso acontece, porque el amor propio desmedido, sinónimo de vanidad está enraizado aun en su espíritu. Debiendo someterse a humillaciones, evitando que esas le afecten, hasta aprender a sufrir desprecios y desengaños sin perder la serenidad.

Si el espirita siente que posee alguna pasión o vicio que puede llevarlo a la caída, habrá de ser valiente, y aunque le cueste la vida, tendrá que cortarlos por la raíz. Pues vale más sufrir mucho, por hacer desaparecer un vicio y adquirir una virtud, que no sufrir nada dando redes a la pasión. Vale más sufrir que sucumbir. Antes la muerte del cuerpo, que la perturbación y el atraso del espíritu.

El espirita no debe ser impertinente, ni tener mal genio, ni ser precipitado, ni murmurar, pero si, ha de ser paciente, debe saber perdonar las faltas ajenas, ser amable cuanto sea posible, servicial y debe procurar el bien de sus subordinados, ya sea en la familia o en el ámbito de su posición social, debe crear una aureola de buenas influencias y de confianza y de respeto; consolar a los que sufren, hasta donde sus fuerzas lo permitan.
Para conseguir esa vida ascendente de perfección, no podemos olvidar que necesitamos la protección de los Grandes Espíritus, y que no debemos dudar de ellos, siempre que nos coloquemos en condiciones de recibir sus influencias. A medida que mejoramos llamamos más la atención de los Buenos Espíritus.

En el Espiritismo no existen categorías, más si espiritualmente, ellas son muy conocidas en el mundo Espiritual, e infeliz de aquellos que no sepan respetarlas, sin conocer las clasificaciones pueden intercambiar el orden de los factores, a de procurarse ser un buen discípulo ahora, hasta que la providencia nos llame para desempeñar una misión más alta.

Las personas virtuosas y entendidas hacen mucha falta, para proyectar una luz como es el espiritismo. Esas personas son muy procuradas por los Buenos Espíritus.

Cuando surjan señales y acontecimientos extraordinarios que no se pueden evitar, aunque contraríen y perjudiquen, y tengáis ante vosotros la llamada del espiritismo para que entréis en servicio, aceptarlo a gusto.

Tenemos un gran Maestro, es a El a quien debemos seguir, sobre todo los jóvenes que son el futuro de la Humanidad.

Confiad en El, Juventud Espírita, y no desmayéis en el camino, Adoremos al Padre y amemos al Señor por su gran amor.

Trabajo realizado por Merchita(Extraído del libro el Tesoro de los Espiritas de Miguel Vives
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domingo, 7 de septiembre de 2014

Guerras




                      Guerras 

742. ¿Cuál es la causa que lleva al hombre a la guerra? 

- Predominio de la naturaleza animal sobre la espiritual y saciedad de las pasiones. En el estado de barbarie el único derecho que los pueblos conocen es el del más fuerte. De ahí que la guerra sea para ellos un estado normal. Conforme el hombre va progresando se torna aquélla menos frecuente, porque él evita las causas que la desencadenan. Y cuando el conflicto armado es necesario, sabe humanizarlo. 

743. La guerra ¿desaparecerá algún día de este mundo? 
- Sí, cuando los hombres hayan comprendido la justicia y practiquen la ley de Dios. Entonces, todos los pueblos serán hermanos. 

744. ¿Qué objetivo ha tenido la Providencia al hacer que la guerra sea necesaria? 
- La libertad y el progreso. 

744 a. Si el efecto que ha de alcanzar la guerra consiste en dar la libertad, ¿cómo se explica que a menudo tenga por finalidad y por resultado la esclavitud? 

- Esclavitud momentánea para agrupar101 a los pueblos, a fin de hacerlos llegar más rápido. 

745. ¿Qué pensar del que desencadena la guerra en su propio beneficio? 

- Ése es el verdadero culpable y necesitará muchas existencias para expiar todos los crímenes de que ha sido causante, porque responderá por cada hombre cuya muerte haya ocasionado a fin de satisfacer su ambición.

- El Libro de los Espíritus -

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SINTOMAS DE MEDIUMNIDAD

Manuel Philomeno de Miranda

 La mediumnidad es una facultad inherente a todos los seres humanos, que algún día aparecerá de forma más ostensiva, de la que ocurre en el presente momento histórico.
Muchas enfermedades de difícil diagnóstico, por la variedad de síntomas, tienen sus raíces en los disturbios de la mediumnidad de prueba, esto es, aquélla que se manifiesta con la finalidad de invitar al espíritu a rescates aflictivos de comportamientos perversos o daños realizados en existencias anteriores. Por ejemplo, en el área física: dolores en el cuerpo, sin causa orgánica; cefalalgia periódica, sin razón biológica; problemas de sueño –insomnio, pesadillas, pavores nocturnos con sudor-; taquicardias, sin motivo justo; colapso periférico sin ninguna disfunción circulatoria, constituyendo todos ellos o apenas algunos de ellos, perturbaciones que derivan de la mediumnidad en surgimiento o con sintonía desequilibrada.
A medida que se perfeccionan los sentidos sensoriales, favoreciendo con más amplio caudal de comprensión del mundo objetivo, se amplía la embrionaria percepción extrafísica, motivando el surgimiento natural de la mediumnidad.
No pocas veces, es detectada por características especiales que pueden ser confundidas con síndromes de algunas psicopatologí as que, en el pasado, eran utilizadas para combatir su existencia.
No obstante, gracias a los notables esfuerzos y estudios de Allan Kardec, así como de una pléyade de investigadores de los fenómenos paranormales, la mediumnidad viene siendo observada y perfectamente aceptada con respeto, con respecto a benditas contribuciones que faculta al pensamiento y al comportamiento moral, social y espiritual de las criaturas.
Sutiles o vigorosos, algunos de esos síntomas permanecen en determinadas ocasiones generando mal estar y sinsabor, inquietud y trastorno depresivo, en cuanto que, en otros momentos surgen en forma de exaltación de la personalidad, sensaciones desagradables en el organismo, o antipatías injustificables, animosidades mal disfrazadas, como consecuencia de la asistencia espiritual de que se es objeto.
En el comportamiento psicológico, aún se presentan: ansiedad, fobias variadas, perturbaciones emocionales, inquietud íntima, pesimismo, desconfianzas generalizadas, sensaciones de presencias inmateriales –sombras y bultos, voces y tocamientos- que surgen inesperadamente, en tanto que desaparecen sin ninguna medicación, representando disturbios mediúmnicos inconscientes, que son provocados por la captación de ondas mentales y vibraciones que sintonizan con el periespíritu delenfermo, procedentes de entidades sufridoras o vengadoras, atraídas por la necesidad de rehacer los conflictos en que ambos –encarnado y desencarnado- se ven envueltos.
Esos síntomas, generalmente pertenecientes a los capítulos de obsesiones simples, revelan la presencia de facultad mediúmnica en desarrollo, requiriendo los cuidados pertinentes a su educación y práctica.
Sin embargo, no todos los individuos en los que se presentan síntomas de tal porte, necesitan ejercitar la facultad de que son portadores. Después de la conveniente terapia que es enseñada por el estudio del Espiritismo y por la transformació n moral del paciente, que se hacen indispensables al equilibrio personal, recuperan la armonía física, emocional y psíquica, prosiguiendo,  con otra visión de la vida y diferente comportamiento, para que no le acontezca nada peor, conforme elucidaba Jesús, después del atener y la recuperación de aquéllos que Lo buscaban y tenían el cuadro de sufrimientos anterior.
Sin embargo, gran número de portadores de mediumnidad, tienen un compromiso con la tarea específica, que le exige conocimiento, ejercicio, abnegación, sentimiento de amor y caridad, a fin de atraer a los espíritus nobles, que se encargarán de auxiliar a cada uno de en el trabajo del ministerio iluminativo.
Trabajadores de última horanuevos profetas, transformándose en los modernosobreros del Señor, están comprometidos con el programa espiritual de modificación personal, así como de la sociedad, con vistas a la Era del Espíritu inmortal que ya se encuentra en sus cimientos afincados en la corteza terrestre.
Cuando sin embargo, los disturbios permanecen durante el tratamiento espiritual, conviene que sea tenida en consideración la psicoterapia consciente, a través de especialistas propios, con el fin de auxiliar al paciente-médium a realizar el auto descubrimiento, liberándose de los conflictos y complejas perturbaciones, que son consecuencia de experiencias infelices tanto del ayer como del hoy.
El esfuerzo por el perfeccionamiento interior aliado a la práctica del bien, abre los espacios mentales a la renovación psíquica, que se enriquece de valores optimistas y positivos que se encuentran en el Espiritismo, favoreciendo a la criatura humana con la alegría de vivir y de servir, al tiempo que la misma adquiere seguridad personal y confianza irrestricta en Dios, avanzando sin cualquier impedimento rumbo de la propia armonía.
Naturalmente, cuando se está encarnado, el proceso de crecimiento espiritual ocurre por medio de factores que constituyen el tejido celular, que siempre puede padecer enfermedades, desconciertos, problemas que forman parte de la psicoesfera terrestre, dentro de la condición evolutiva de cada uno.
La mediumnidad, sin embargo, ejercida noblemente, se transforma en bandera cristiana y humanitaria, conduciendo mentes y corazones al puerto de seguridad y de paz.
La mediumnidad, por tanto, no es un trastorno del organismo. Su desconocimiento, la falta de atención a sus impositivos, generan disturbios que pueden ser evitados, o cuando se presentan, reciben la conveniente orientación para que sean corregidos.
Tratándose de una facultad que permite el intercambio entre los dos mundos –el físico y el espiritual- proporciona la captación de energías cuyo tenor vibratorio corresponde a la calidad moral de aquéllos que la emiten, así como de aquellos otros que las captan y transforman en mensajes significativos.
En este capítulo, no pocas enfermedades se originan de este intercambio, cuando proceden de las vibraciones de entidades enfermas o perversas, que perturban el sistema nervioso de los médiums incipientes, produciendo disturbios en el sistema glandular e incluso afectando el inmunológico, facultando el campo para la instalación de bacterias y virus destructivos.
La correcta educación de fuerzas mediúmnicas proporciona equilibrio emocional y fisiológico, aportando salud integral a su portador.
Es obvio que no impedirá la manifestación de los fenómenos consecuentes de la Leyde Causa y Efecto, de los que necesita el espíritu en su proceso evolutivo, pero facultará la tranquila conducción de los mismos sin daños para la existencia, que proseguirá en clima de armonía y salud, a pesar de los acontecimientos impuestos por la necesidad de evolución personal.
Cuidadosamente atendida, la mediumnidad proporciona bienestar físico y emocional, contribuyendo para mayor captación de energías revitalizantes, que alzan la mente a las regiones felices y nobles, de donde se pueden obtener conocimientos y sentimientos inhabituales, que embellecen el espíritu y lo enriquecen de belleza y de paz.
Superados, por tanto, los síntomas de inicio de la mediumnidad, surgen las responsabilidades ante los deberes que irán a constituir el clima psíquico dichoso del individuo que, comprendiendo la magnitud de la situación, crecerá interiormente rumbo del Bien y de Dios.

Mensaje de Manuel Philomeno de Miranda, psicografiado por el médium Divaldo P. Franco, en la reunión mediúmnica realizada en el Centro Espírita en la ciudad de Paramirim (BA), Brasil, el 10 de julio de 2000.
Extraído del libro "Reencontro com a vida".
Traducido por Xavier Llobet
 Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta
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 EL INMORTAL GIUSEPPE VERDI SE 
COMUNICA MÁS ALLÁ DE SU MÚSICA

"La música sensibiliza las almas y las embelesa, facilitándoles la percepción de estados mas elevados (Verdi)"
Psicografia
                             Comunicado psicofónico:

Padre nuestro que estás en los cielos...¡Bendito seas!

Hermanos queridos: Por la voluntad de Dios Todopoderoso, primero; luego, por este admirable hermano que dirige vuestro grupo, y tercero, porque vosotros sois tan buenos conmigo, se me ha permitido que venga a dirigiros unas palabras. No veréis en ellas elocuencia, claros pensamientos ni tema científico alguno; tampoco filosofías ni dicciones extraordinarias que adornan y embellecen la narración; pero sí veréis reflejada en ella que siempre me animó una voluntad férrea, encaminada a perfeccionar el arte de la música.

Cuando el hombre piensa en Dios son sus momentos más sublimes; son la exaltación más grandiosa de su alma; constituyen la captación más inmensa de las luces purísimas que irradian, iluminan y bendicen toda la obra del Creador; pero, en segundo término, cuando pensáis en nosotros, los que nunca os hemos hecho bien alguno ni os hemos dirigido la palabra y, sin embargo, hacéis esa gran caridad de invocarnos con vuestro recuerdo, no tenemos suficiente espacio en nuestra alma para albergar la gratitud que sentimos hacia vosotros. Saber que la limosna más grande que hacéis; el bien más formidable que puede hacer un ser en la tierra, es emitir el pensamiento a sus hermanos del espacio, no porque aquí tengamos tristeza, penas o sufrimiento, sino porque al recibir vuestros pensamientos y recuerdos, que a pesar de los muchísimos que estamos en este plano cumpliendo el destino marcado por el Sumo Hacedor, vienen exactamente a nosotros y nos hacen gozar infinitamente de vuestros efluvios y sentimientos, porque si vosotros tenéis materia por un lado, por otro tenéis un espíritu libre que con pureza emite sus pensamientos y mensajes al más allá.

Por ello, muchísimas gracias, hermanos de mi alma. Yo, queridos míos, nací en una nación muy bella, en una nación que tiene vestigios de todas las humanidades, que tiene bien clara la vigencia de todas las épocas florecientes de la civilización, en una nación, en fin, donde el arte se refleja limpiamente en sus tranquilos lagos y canales para agradecer al sol la luz rutilante con que los ilumina, dando testimonio de un pasado glorioso, que no por eso deja de tener fechas fúnebres, aunque sus magníficos monumentos expresan magnificencias, belleza y dulzura de líneas que el talento inigualable de sus artífices retrataron perfectamente. Toda esta armonía lo realizaron los grandes genios, los extraordinarios astros de la tierra, que fueron los hombres que dieron impulso a las artes y la ciencia. Estos espíritus adelantados han posado muchas veces en dicho país, dando testimonio de ello cuanto realizaron en todos los órdenes y cuyo resultado fue el desarrollo sin precedentes de un arte y una cultura singulares, que hablan bien claro de lo que fueron nuestros antepasados.

Es una nación, queridos hermanos, donde se canta sufriendo y donde se llora rezando, porque el alma, cuando vibra con las emociones benditas de lo bueno y elevado, se purifica de tal forma, se expansiona y se bifurca por los confines de los cielos, para luego estrechar en un abrazo profundo, en un abrazo universal, a toda la obra sacrosanta del Creador. Allí nací yo, queridos hermanos, en la sin igual ITALIA. Desde pequeño me gustaba observar atentamente la naturaleza. No la comprendía, pero ya la sentía. Ideas magníficas pasaban por mi cerebro joven, pero muy viejo en existencias. Intuía en mi infancia cosas prodigiosas que yo no podía definir, ni explicar, ni decir cómo las sentía, pero las percibía para mi interior. Fui creciendo y mi inteligencia se desarrollaba por los confines de los cielos buscando el arte que yo soñaba y presentía. Claro que entonces eran quimeras, pero luego la madurez me hizo comprender que nada es imposible ni nadie es pequeño para el Todopoderoso. Siempre que oía una música se producía en mi alma una sensación indecible. Sentía que sus vibraciones penetraban en todo lo más hondo de mi cuerpo; percibía que mi imaginación volaba vertiginosamente sin saber dónde ni cuándo iba a parar; sentía que mis pulmones respiraban fuertemente y que no solamente respiraban el oxígeno, sino que respiraba el arte; el arte que oía, que embriagaba mi alma y dulcificaba mi sentimiento. Para no cansaros os diré que seguí adelante mi inclinación y les dije a mis padres, cuando me preguntaron qué profesión deseaba elegir para ganarme el pan bendito de la vida, que quería aprender música, ser músico, y agregué:

-Si yo no tengo capacidad suficiente, pediré auxilio.

-Hijo mío, ¿a quién le vas a pedir auxilio?

-Padre, madre, Al que da sin descanso y sin medida la grandeza suya. Al que da inteligencia, Al que da luz, Al que da sentimiento, Al que da forma a todas las cosas: ¡A nostros Padre, a nuestro Padre bendito!

-Será lo que tú quieras -me contestaron.

Empecé con el solfeo, como se comienza a desarrollar ese arte. Entones mi alma iba sintiendo la verdadera vocación de mi trayectoria en la Tierra. Era un alumno algo adelantado. Mis profesores me distinguieron porque solfeaba y vocalizaba muy bien. Aprendí todas las lecciones y enseñanzas que era posible aprender con aquellos profesores. Se me ocurrió un día componer un motete. Un motete significaba lo más sencillo que un compositor de música puede hacer. Una forma de solfeo, pero ya llevado a la armonía. Y me salió bien aquel motete. Ya veía yo que mi alma pedía más, quería más y exigía más, y por ello decidí arriesgar todo lo que fuese preciso para satisfacer mis aspiraciones y hacerme grande; grande, caso de que se pudiera serlo en la Tierra; pero grande en mi pensamiento, en mi ambición artística y en mi deseo de superación. Entonces tomé la costumbre de salirme las madrugadas a aquellos jardines benditos y a aquellas arboledas majestuosas que había en aquel pueblo. Y si fue grande mi enseñanza con los métodos de solfeo, mucho mayor fue la enseñanza que adquirí con las melodías de la naturaleza. Escuchaba atentamente el canto de los pájaros; ese canto, ese saludo que hace el sencillo pájaro cuando el deslumbrante sol empieza a iluminar nuestras vidas. Saludo que el hombre nunca lo hace porque siempre está pensando en los males de la vida, en los negocios de su trayectoria y en la maledicencia de unos y otros. Pero el humilde y sencillo pájaro canta sin ningún recuerdo penoso ni influencia extraña a su sentir. Canta purezas divinas, canta el sentir de su alma. Allá oía un do de pecho» magnífico, un “re sostenido”, maravilloso, una armonía deliciosa. Por otro lado, un arpegio bendito y, sobre todo, una escala cromática singular que, llevadas al pentagrama, eran base para grandiosas canciones con maravillosas melodías de acariciantes arpegios. Allí comenzó mi segundo solfeo, que fue el solfeo espiritual. Me lo enseñaron los pájaros con sus gargantas extraordinarias, con sus trinos y cantos, que luego iba yo traduciendo y pasando al pentagrama y me daban la clave de todos los pasajes más bellos de mis composiciones. Me fui distinguiendo.

El piano era mi instrumento preferido. Allí componía. Mejor dicho, descomponía la música que escribía hasta alcanzar en ella mejores sonidos, ajustes y perfección. Unas gustaban, otras no. Por fin, dándole suelta a mi alma, en esos escapes que nos hace el alma cuando se eleva buscando perfección y armonías, empecé a estudiar el tercer solfeo en la música celestial que en aquellos éxtasis o escapes percibía. ¡Qué diferencia! Si dulces eran las notas de mi piano, más dulces eran las arpas que tocaban los ángeles y arcángeles. Si bella es la armonía de la Tierra, grandiosa y sublime es la armonía de los cielos. De allí me las traía y las reflejaba lo mejor posible en mis composiciones. Me decidí un día, pidiéndole permiso al Padre de mi alma y Padre de todos, para hacer una obra que la oyera el público y juzgara si yo tenía algo de sensibilidad en mis composiciones y merecía su aprobación o era un iluso, engreído y fanático. Se estrenó la obra y gustó. Pero tuve una gran precaución, queridos hermanos míos: Y es que cuando oí los primeros aplausos a mi humilde obra no me envanecí. En vez de considerarme una lumbrera humana, en vez de dejarme cegar por las vanidades de ese mundo, puse mi rodilla en tierra para dar gracias a Dios porque había hecho aquella obra en mí y yo había sabido interpretar Su santo y sublime deseo. Así continuó mi vida. Ya escribía con más facultades. Cuando volvía de mis escapes espirituales me entregaba completamente al papel, a escribir lo que mi alma traía: aquellas grandes obras que todavía se ejecutan, se cantan y se oyen en vuestro mundo. Aprendí armonía e instrumentación, que es lo más difícil de la composición. También aprendí que las interpretaciones musicales no se hacen, si no se sienten, y como prueba de ello os voy a contar una anécdota de las muchas de nuestra vida para que comprobéis que la música no es un arte que se toca o maneja mecánicamente; la música es un arte, sí, pero un arte Divino, un arte que baja de los cielos, que baja de las armas divinas que tocan los arcángeles, inundando las almas tan profundamente que al impregnarse de ellas se elevan, se ennoblecen, se santifican y finalmente se confunden con la grandeza de Dios, en tal forma que ya no se distingue más que luz, belleza, amor, bienestar y contento.

Un día fuimos invitados a dar un concierto en un local dedicado a conciertos musicales que se llama la «Escala de Milán». Yo tocaba el piano y el gran músico, compañero mío (que, por cierto, se halla aquí con nosotros), tocaba el violín. Después de los saludos de corrección yo me senté al piano y mi compañero cogió el violín. Dimos el concierto. Nos aplaudieron de tal forma que tuvimos que repetir muchos pasajes. El concierto era mío y la instrumentación de mi compañero. Cuando ya nos hallábamos saludando al auditorio para retirarnos nos dimos cuenta de que a mi compañero le habían cambiado su violín y en su lugar le habían puesto uno viejo y a mí un piano sin octavas y con teclas desvencijadas. Seguidamente pedimos perdón a los oyentes por aquella forma de presentarnos con dos instrumentos viejos. Más nos aplaudieron. Y entonces dijimos: «Muchas gracias, señoras y señores; muchas gracias. Esto nos ha demostrado que la música la hace el sentimiento y no los instrumentos que la tocan.» Siguió mi vida y siguieron mis triunfos... Y os voy a dejar porque estáis en un día de expansión, pero antes quiero daros las gracias con toda mi alma porque me nombráis y recordáis y ello hace vibrar mi alma al ver que se acuerdan de ella en lugares donde jamás estuve en mi trayectoria musical. Os recomiendo que queráis mucho a vuestro guía, que es muy grande de amor y de espíritu; que os quiere, que os guía y que os está amparando constantemente. También deseo que sepáis que aquí me tenéis siempre: llamarme. Yo continúo estudiando la maravillosa música del éter, donde no hacen falta instrumentos propiamente dicho, sino que el sentimiento hace vibrar las más grandiosas armonías y los más deliciosos arpegios y escalas cromáticas. Donde los ecos de los acordes de estas magníficas arpas se transmiten de infinito en infinito y llegan al realizador de todas las cosas que es DIOS. La música se siente, la música se percibe primero por el alma y después por el «ojo auditivo». La música sensibiliza las almas y las embelesa, facilitándoles la percepción sutilmente de estados más elevados, donde el amor, la belleza y la armonía reinan constantemente. Y vosotros que hacéis vibrar vuestra alma con las músicas divinas del sentimiento, que tenéis siempre en sí la bondad y el servicio a todos y al Sumo Hacedor, nuevamente os doy las gracias por vuestro recuerdo. Saber que cantaremos plegarias para bendeciros; que pediremos por vosotros para que vuestra vida termine feliz, próspera y llena de luz. Vuestra alma penetrará en los abismos del cielo buscando luz, como yo busco la música; vuestra alma seguirá trayectorias infinitas y esos caminos infinitos os darán la luz, la inteligencia y el progreso que necesitáis. Cantar sufriendo y rezar llorando, que es el elixir que las almas necesitan para hacerse grandes, puras y elevadas.

¡Padre nuestro que estás en los cielos... Bendícenos! Os habla Verdi.

Jaén 16 de mayo de 1971 médium parlante
Extraído del libro "Desde la otra vida"