Entradas populares

jueves, 5 de febrero de 2015

La Reina de Oudh




HEGEMONIA DE JESÚS

Jesús es el Espíritu más excelso y genial de la Tierra, de la cual es su Regente Espiritual. Fue el más Sublime, heroico e inconfundible Instructor entre todos los mensajeros espirituales que ha tenido la Humanidad. Su encarnación mesiánica y su pasión sacrificial tuvieron como objetivo, acelerar todo lo posible, el ritmo de evolución espiritual de los terrícolas para proporcionar el mayor número de redimidos cuando se haga la gran selección, de los lobos y de las ovejas.
Sabemos muy poco de Jesús, es posible que después de que pasen algunos milenios llegaremos a conocerlo en toda su plenitud. Son muchas las dudas o minucias sobre los acontecimientos ocurridos cuando estuvo en la Tierra.
Millones de seguidores de Cristo, han ojeado la Biblia que es llamado el Libro de la Verdad, sin embargo no se pueden llevar al pie de la letra ciertos enunciados que, en la época, fueron desfigurados, justamente por la ignorancia y el fanatismo de la gente de aquel tiempo.
No todo está claro para cualquier persona; no por eso vamos a afirmar que los hechos no sucedieran, los elementos no existieran, o que muchas cosas eran fantasía. El modo de escribir y relatar aquellos hechos, era para entendimientos de los hombres cultos o incultos, militares o predicadores, gente que estaba muy apartada de los secretos de la Espiritualidad, y dominados por los intereses exclusivos de los religiosos que eran quien mandaban y los controladores de las conciencias del ser viviente de entonces.
La historia comienza a modificarse cuando los profetas anuncian la venida del Enviado del Padre para intentar modificar la forma de vivir del hombre.
Jesús dijo claramente que “Nadie iría al Padre sino era a través de El”. Pues el venia del Padre para mostrar el camino que la humanidad debía seguir.
Jesús se asemejaba a un rayo de Sol intentando acomodarse en una modesta vasija de barro. Jesús fue un “Avatar”, es decir, una entidad de muy elevada estirpe, sideral, liberado de la rueda agotadora de las reencarnaciones educativas o expiatorias. Su reencarnación no se procesó como la de la generalidad de los espíritus primarios, que son atraídos hacia la carne por la predominancia del instinto animal.
Predico el Evangelio, curo a los enfermos de todos los tipos y enfermedades y expolio demonios y atormentados
La humanidad considero esos hechos milagrosos. El mismo Maestro confeso que nada de lo que hizo tenia nada de extraordinario, y que, con el Poder que distribuía a los apóstoles y discípulos, otro con buena voluntad puede hacer eso mismo y mucho mas…
Su éxito no dependió de las protecciones celestiales, sino, de su amor intenso y puro, de su afecto desinteresado e incondicional hacia el hombre. Jesús, también fue inmaduro de espíritu y realizo el curso espiritual evolutivo a través de los mundos planetarios, hoy desintegrados en el Cosmos. Eso fue hace muchísimo tiempo, pero ocurrió bajo el mismo proceso que Dios, Amor y Justicia, aplica a todos los hombres, sin distinción.
Dos mil años han pasado, y el hombre continua lo mismo, con el desenvolvimiento de sus intereses materiales y casi imperceptibles a lo Espiritual.
El poder invisible de Cristo aun no es comprendido, sentido, utilizado y bendecido, y el ejemplo y los mandamientos del Enviado de Dios no han sido seguidos ni obedecidos, solo por una pequeña minoría.
Los grandes espíritus seguidores del hijo de Dios, en ambientes semejantes, incorporados en Médiums de buena voluntad, sirven a la humanidad sufridora, beneficiando al gran todo Poderoso, buscando mayor evolución.
Por eso, del Astral Superior, con el beneplácito del Todo Poderoso, Cristo vivo, por sus Representantes Espirituales, esparce sobre las cabezas y corazones de los seguidores, el amor, la centella que los hace percibir y reconocer, en el semejante, a un hermano, también hijo de Dios.
Jesús olvidado por la historia profana, es el único medicamento salvador del hombre moral y psíquicamente enfermo del siglo actual. Su amor y su Evangelio podrán amainar las pasiones humanas y armonizar a los seres en una convivencia pacifica y jubilosa.


Trabajo realizado por Merchita

                                        ************************

                      La reina de Oudh

– En estas Conversaciones suprimiremos de aquí en adelante la fórmula de evocación, que siempre es la misma, a menos que presente – por la respuesta – alguna particularidad.

1. ¿Qué sensación habéis tenido al dejar la vida terrestre?

– Resp. Yo no sabría decirlo; siento aún una turbación.

2. ¿Sois feliz?

– Resp. No.

3. ¿Por qué no sois feliz?

– Resp. Extraño la vida… No sé… Siento un punzante dolor; la vida me habría librado del mismo… Quisiera que mi cuerpo se levantase del sepulcro.

4. ¿Lamentáis no haber sido enterrada en vuestro país y de estarlo entre cristianos?

– Resp. Sí; la tierra de la India pesaría menos en mi cuerpo.

5. ¿Qué pensáis de las honras fúnebres rendidas a vuestros despojos?

– Resp. Han sido muy poca cosa; yo era reina, y no todos han doblado sus rodillas ante mí… Dejadme… Se me fuerza a hablar… No quiero que sepáis lo que soy ahora… He sido reina, sabedlo bien.

6. Respetamos vuestro rango y os rogamos que respondáis para nuestra instrucción. ¿Pensáis que vuestro hijo ha de recobrar un día los Estados de su padre?

– Resp. Ciertamente, mi sangre reinará; es digna de ello.

7. ¿Dais a la reintegración de vuestro hijo al trono de Oudh la misma importancia que cuando estabais encarnada?

– Resp. Mi sangre no puede confundirse con la del vulgo.

8. ¿Cuál es vuestra opinión actual sobre la verdadera causa de la revuelta de las Indias?

– Resp. La India ha sido hecha para ser dueña en su casa.

9. ¿Qué pensáis del porvenir que está reservado a ese país?

– Resp. La India será grande entre las naciones.

10. No ha podido inscribirse en vuestra partida de defunción el lugar de vuestro nacimiento; ¿podríais decirlo ahora?

– Resp. He nacido de la sangre más noble de la India. Creo que nací en Delhi.

11. Vos que habéis vivido en los esplendores del lujo y que habéis estado rodeada de honores, ¿qué pensáis ahora de los mismos?

– Resp. Que me eran debidos.

12. La posición que habéis ocupado en la Tierra, ¿os da otra más distinguida en el mundo donde estáis hoy?

– Resp. Soy siempre reina… ¡Que me envíen esclavos para servirme!… No sé; parece que aquí no se preocupan conmigo… Sin embargo, soy siempre yo.

13. ¿Pertenecíais a la religión musulmana o a una religión hindú?

– Resp. Musulmana; pero yo era demasiado grande como para ocuparme de Dios.

14. ¿Qué diferencia hacéis entre la religión que profesáis y la religión cristiana, con respecto a la felicidad futura del hombre?

– Resp. La religión cristiana es absurda: dice que todos son hermanos.

15. ¿Cuál es vuestra opinión sobre Mahoma?

– Resp. Él no era hijo de rey.

16. ¿Tenía él una misión divina?

– Resp. ¡Qué me importa eso!

17. ¿Cuál es vuestra opinión sobre el Cristo?

– Resp. El hijo del carpintero no es digno de ocupar mi pensamiento.

18. ¿Qué pensáis de la costumbre que sustrae a las mujeres musulmanas de las miradas de los hombres?

– Resp. Pienso que las mujeres son hechas para dominar: yo era mujer.

19. ¿Habéis envidiado alguna vez la libertad que gozan las mujeres en Europa?

– Resp. No; ¡qué me importaba su libertad! ¿Ellas son servidas de rodillas?

20. ¿Cuál es vuestra opinión sobre la condición de la mujer, en general, en la especie humana?

– Resp. ¡Qué me importan las mujeres! ¡Si me hablaras de reinas!

21. ¿Os recordáis de haber tenido otras existencias en la Tierra antes de la que acabáis de dejar?

– Resp. Yo siempre debo haber sido reina.

22. ¿Por qué habéis venido tan rápidamente a nuestro llamado?

– Resp. Yo no lo he querido; se me ha forzado a ello… ¿Piensas tú, entonces, que me hubiera dignado a responder? ¿Qué sois, pues, comparados conmigo?

23. ¿Quién os ha forzado a venir?

– Resp. No lo sé… Sin embargo, no debe haber aquí nadie mayor que yo.

24. ¿En qué lugar os encontráis aquí?

– Resp. Cerca de Ermance.

25. ¿Con qué forma estáis?

– Resp. Siempre como reina… ¿Piensas tú, pues, que he dejado de serlo? Vosotros sois poco respetuosos… Sabed que se habla de otra manera a las reinas.

26. ¿Por qué no podemos veros?

– Resp. No lo quiero.

27. Si pudiésemos veros, ¿os veríamos con vuestras vestimentas, adornos y joyas?

– Resp. ¡Por supuesto!

28. ¿Cómo se explica que habiendo dejado todo eso, vuestro Espíritu haya conservado la apariencia, sobre todo de vuestros adornos?

– Resp. No me han dejado… Soy siempre tan bella como era… ¡No sé qué idea os hacéis de mí! Es verdad que nunca me habéis visto.

29. ¿Qué impresión sentís al encontraros entre nosotros?

– Resp. Si pudiera no estaría aquí: ¡ me tratáis con tan poco respeto! No quiero que se me tutee… Llamadme Majestad, o no responderé más.

30. ¿Vuestra Majestad comprendía la lengua francesa?

– Resp. ¿Por qué no habría de comprenderla? Yo sabía todo.

31. ¿Vuestra Majestad tendría a bien respondernos en inglés?

– Resp. No… Entonces, ¿no me dejaréis tranquila?… Quiero irme… Dejadme… ¿Pensáis someterme a vuestros caprichos?… Soy reina y no esclava.

32. Os rogamos solamente que aceptéis en responder aún a dos o tres preguntas.

Respuesta de san Luis, que estaba presente: Dejad a esta pobre alucinada; tened piedad de su ceguera. ¡Que os sirva de ejemplo! No sabéis cuánto sufre su orgullo.

Nota – Esta conversación ofrece más de una enseñanza. Al evocar a esta grandeza decaída, ahora en el Más Allá, no esperábamos respuestas de una gran profundidad, considerando el género de educación de las mujeres de ese país; pero pensábamos encontrar en este Espíritu, si bien no la filosofía, por lo menos un sentimiento más verdadero de la realidad y de ideas más sanas sobre las vanidades y las grandezas de este mundo. Lejos de eso: en ella las ideas terrestres han conservado toda su fuerza; es el orgullo – que nada pierde de sus ilusiones – que lucha contra su propia debilidad, y que debe, en efecto, sufrir mucho por su impotencia.

En la previsión de respuestas de naturaleza totalmente diversa, habíamos preparado varias preguntas que se han vuelto sin objeto. Estas respuestas son tan diferentes de las que esperábamos todos los presentes que no se podría encontrar en esto la influencia de un pensamiento extraño. Además, ellas tienen un sello tan característico de personalidad, que claramente revelan la identidad del Espíritu que se ha manifestado. Podría causar sorpresa, con razón, al ver a Lemaire – hombre degradado y mancillado por todos sus crímenes – manifestar a través de su lenguaje del Más Allá sentimientos que denotan una cierta elevación y una apreciación bastante exacta de su situación, mientras que en la reina de Oudh, cuya posición hubiera debido desarrollar en ella el sentido moral, las ideas terrestres no han sufrido ninguna modificación. La causa de esta anomalía nos parece fácil de explicar.

Por más degradado que fuese, Lemaire vivía en medio de una sociedad civilizada y esclarecida que había reaccionado ante su naturaleza grosera; sin saberlo, había absorbido algunos rayos de la luz que lo rodeaba, y esta luz hizo nacer en él pensamientos sofocados por su abyección, pero cuyo germen no dejaba, por ello, de subsistir. Con la reina de Oudh sucede de un modo totalmente diferente: el medio donde ella ha vivido, sus hábitos, la absoluta falta de cultura intelectual, todo ha debido contribuir para mantener con toda su fuerza las ideas de las que estaba imbuida desde su infancia; nada ha venido a modificar esta naturaleza primitiva, sobre la cual los prejuicios han conservado todo su imperio.

Allan Kardec
Extraído de la “Revista Espirita 1858″

                                          *********************


ESCLAVITUD ENTRE LOS HOMBRES

Millones de personas en el mundo se encuentran esclavizadas de múltiples maneras. Después de las armas de fuego, el tráfico de personas es la segunda industria ilegal más grande del mundo, mayoritariamente de mujeres y niñas destinadas al mercado sexual, y hasta 1.2 millones de niños cada año. Según estadísticas 27 millones de personas viven en la esclavitud en todo el mundo.
En el caso especial de los niños, no son pocas las organizaciones, algunas de ellas criminales, que los emplean porque representan un menor riesgo para sus intereses. Sea como parte de los mecanismos del tráfico de drogas o en labores que se creerían menos ilegales como la cosecha de enormes campos de cultivo (como en Zimbabue, donde los niños reciben un dólar por cada 60 kilogramos de hojas y brotes de té recolectados), este sector de la población es uno de los más susceptibles de volverse esclavos.
Al pensar en la esclavitud suelen venir a la cabeza imágenes de africanos en barcos rumbo a las colonias europeas en América; sin embargo, la esclavitud en nuestros días afecta a más personas que nunca y permite la reproducción de un ciclo de explotación mediante el cual, directa o indirectamente, se beneficia la economía mundial. Hacernos conscientes de la cantidad de personas que viven y son explotadas por la esclavitud nos permite pensar en la manera en que nuestros hábitos y prácticas –a instancias del capitalismo y su voracidad– están sustentados en el abuso.
La vida en el mundo está llena de diferencias sociales y de la preservación por los bienes; olvidando el hombre que lo que tiene es apenas un préstamo de la misericordia de Dios, pues por Su voluntad los espíritus que animan el cuerpo de señores podrían estar ahora, en la carne de un negro humillado y explotado que solo recibe, a cambio de su sudor, nada más que una choza infectada y el látigo impiadoso.
Los caminos de los hombres son extraños e insondables. Cuando la criatura vive en un clima mental donde caben todas las virtudes y con el espíritu abierto al entendimiento de todas las situaciones, es la disposición idónea tanto en la tierra como en el plano espiritual para que su espíritu sirva bien.
El ser esclavo, no prohíbe a la criatura vivir en un clima mental superior; por el contrario, por la contingencia de la subalternidad, tiene mayores motivos para educar al espíritu en las líneas de la tolerancia y de la humildad, tiene mayores motivos para educar al espíritu en las líneas de la tolerancia y de la humildad, de la comprensión y del deber. Le basta no asilar al monstruo de la revuelta, ni entregarse a la hoguera de la envidia para que la existencia le sea sumamente provechosa. De la misma forma, privado de todos los recursos materiales y morales sabe, más fácilmente, entender las dificultades ajenas y no existe nadie tan pobre que no tenga algo de si mismo para dar, sea una palabra de cariño, o un gesto de compasión.
Nunca debemos olvidar que el Sol baña y vivifica el lirio del campo, también atiende a las necesidades del pantano, y la misma vida de Dios que anima a los hombres, anima, también, a las serpientes más temidas.
El alma es esclava siempre de sus debilidades. Por eso no hay labor más eficaz para esto, que combatirlas hasta lograr hacerlas desaparecer.
Cuando sufrimos y aceptamos con humildad ese sufrimiento, estamos también, con el espíritu preparado para las más duras realidades y con la mente abierta a la comprensión de todos los problemas. La continuidad, como se puede percibir, dice respecto a nuestras disposiciones espirituales y no a nuestra situación en el mundo material.
Negro o blanco, el hombre que se siente respetado y reconocido, jamás se revolverá contra sus bienhechores. Cada ser tiene la existencia que le es necesaria. Ningún ser, ante los dictámenes de la providencia podría surcar otros caminos que no sean, lo que la vida, espontáneamente le ofrece. Aunque el hombre no busque a Dios, siempre que no abrigue la rebeldía y venza, paso a paso, su caminata, aprovechara su existencia íntegramente.
La búsqueda de Dios es un objetivo de la filosofía que no hace falta a la realidad, pues Dios está dentro de nosotros mismos, con nuestro consentimiento o sin el. Dios es la vida y la vida es luz.
Todos tenemos nuestro libre albedrio y nadie recibe pruebas del Señor para las cuales no este preparado. Todos podemos recibir ayuda en la lucha, pero no es licito el que les perdamos nuestro concurso, debemos andar con nuestros propios pies y escoger el propio camino.
Cualquier situación que enfrentemos, la solución que intentemos en ella, será desastrosa si no podemos comandar la lucha. Si permitimos, en nuestro propio barco, a cada viajante que entre, comandar el timón imprimiendo la ruta, que mejor le parece, tengamos por seguro que no llegaremos a ninguna parte. Somos capitanes y debemos enfrentar los rigores de la tempestad. De la misma forma que el armador no entrega el barco a cualquier marinero, la Providencia Divina, con más justa razón, no coloca a sus hijos bajo la tutela de Espíritus inhabilitados. Como el buen capitán consulta sus propias cartas de navegación para conducir el barco.
Donde nos vemos incapaces, somos espíritus inmortales que, de experiencia en experiencia, tenemos juntados grandes recursos. No sabemos solo lo que nos han enseñado en esta vida, sabemos todo lo que ya vivimos, actuando cada uno en una misma cosa de forma diferente, debido a que somos diferentes.
Todos debemos aprender a aceptar las cosas que nos llegan y contra las cuales somos impotentes. El hombre negligente y que se entrega a la indisciplina mental, es foco permanente de complicaciones. Es muy difícil que nos ajustemos al deber y a la disciplina, los dos imperativos, mayores para garantizarnos la tranquilidad del Espíritu.
Generalmente, los corazones generosos no se saben defender del mal porque no cogitaron acerca de el. Acostumbrados a vivir espontáneamente, junto a la sinceridad, relajan la vigilancia que, aparentemente, no se torna necesaria. Aprenden a confiar en los otros y solo descubren que los otros mienten cuando caen en una gran desilusión. Aunque esto es peligroso, hay que admitir, que es preferible vivir confiando, pues la desconfianza en los que nos rodean genera inquietud constante. Los más complicados procesos patológicos de la mente tienen su etiología en la desconfianza habitual. El hombre desconfiado vive como un animal acorralado, divisando cazadores imaginarios que lo quieren abatir y, en el delirio de la persecución, crea un mundo de angustias e inseguridades.
La duda es un acido destructivo que ataca al espíritu, consumiendo sus energías superiores. Es un polarizador de todas las energías negativas que nos circundan, es como una fabrica de inquietudes, liberando poderosas corrientes de antipatía y de perturbación. Las fuerzas de la vida no funcionan como nuestra cabeza; ellas son eternas y justas y cada uno de nosotros recorre caminos recogiendo el resultado de su siembra.
Cuando vemos un acontecimiento como deplorable e injusto, este puede ser un auge de suprema felicidad para la redención del espíritu que en esos pasos tiene la oportunidad de resarcir deudas del pasado. Lo que es bueno y lo que es malo nosotros podemos definirlo con los viejos patrones de la tierra, de acuerdo con la alegría o el sufrimiento que nos acusan, sin embargo, lo que es justo o injusto, son definiciones que nos escapan al entendimiento por desconocer los autos del proceso cósmico.
El hombre considerado más insignificante puede ayudar al considerado como más poderoso. Tenemos necesidad de no interferir, en las vidas de nuestros hermanos, hurtándoles la oportunidad de la experiencia. Las decisiones son de cada uno, porque ellas representan el momento en que el espíritu extravasará sus propios problemas y resolverá sus complicadas necesidades interiores. Las personas que nos rodean son personajes de un mismo drama y nos inclinamos hacia cada una de acuerdo con las reminiscencias de experiencias pretéritas que están archivadas en nuestro inconsciente. En razón de eso, nuestras decisiones tienen vinculación con una realidad que no nos es dado percibir.
El amor no es flor pasajera que la primavera pone encanto; es como el carbón de la tierra que precisa de siglos para transformarse en joya. De la misma forma, la gestación del odio es larga y se funda en realidad del ayer.
Todo el Universo obedece a leyes precisas e inmutables, y no es el destino de los hombres las criaturas superiores de la tierra, los que están a merced de las fuerzas del acaso. Todo viene y va, en la vida, a su tiempo. Debemos aprender a aceptar las cosas como contingencias necesarias, incluso cuando no podemos entenderlas, confiando en el Conductor Celeste que no está distante de ellas.
Acordémonos del Sermón de la Montaña cuando Jesús aseguró que los humillados serán exaltados y los que padecen por causa de los hombres serán aliviados. Debemos siempre ante acontecimientos desagradables tener paciencia sin asilar nuestro corazón con conclusiones angustiantes, muchas veces indebidas
Todos sabemos qué sin el Sol la vida fenecería y bendecimos su presencia vivificante en el Universo, sin por eso conocer su intimidad e indagarle los secretos. Sabemos, también, como saben los propios salvajes, que existe un Ente Superior que todo lo creó y a todo prevé, que como incomparable Maestro rige la armonía de la vida Universal, sin por eso haberle visto, imaginándole de mil formas. Son certezas que no discutimos y que nos sustentan el ánimo, aunque no podamos entenderlas en su plenitud. Mientras somos ignorantes, esa fuerza interior deberá animar nuestro raciocinio, a medida que evolucionamos vamos entendiéndola, sustituyendo nuestro impulso místico por el conocimiento de las causas y de los fenómenos. El hombre teje por si mismo su propio futuro, preparando su propio camino, el contenido del mañana es la evolución constante. Las escenas de hoy continúan una historia pasada.
La experiencia reencarnatoria es para extinguir el mal y no para perpetuarlo.
La venganza no forma parte de la Justicia Divina, esta funciona en el tribunal de la propia conciencia de cada uno y mientras no sobrevenga una sentencia de absolución, seremos reos ante nosotros mismos. Fue por ese motivo que Jesús nos enseño que Dios está dentro e nosotros.
Antes de reencarnar, llevamos la memoria espiritual activada en los acontecimientos anteriores que nos generaron los conflictos, también somos preparados para los momentos de decisión. En la hora de elección, los impulsos son equivalentes, porque si ellos conocen el problema en el inconsciente, en ese mismo depósito inconsciente existen, contenidos morales para contornarle. Por eso las decisiones son los instantes supremos del espíritu y no es lícito interferir en ellos.
Cuando volvemos al otro lado y no nos acordamos de existencias pasadas y no sabemos los males que hemos cometido y nuestra conciencia está tranquila. Muchas veces nos preguntamos ¿Cómo vamos a pensar en una nueva encarnación? Eso sucede porque acabamos de ingresar en el plano espiritual, porque aun estamos impregnados de energías groseras del plano terrestre. A medida que nos adaptemos a la esfera en que estamos, con el pasar del tiempo, esa influencia decaerá y podremos enseñorearnos de una vasta faja del pasado, identificaremos con ello nuevas experiencias, con el beneplácito de nuestros Mentores que organizaran las tareas y acentuaran los detalles de la reencarnación.
Cuando el espíritu no puede fruir de esa facultad, los instructores Mayores deciden por el, programándole la experiencia en el grupo que le corresponde y activándoles la memoria en el momento preciso para que pueda integrarse en ese grupo. Los que ganaron ya muchos valores, deciden hasta donde pueden, y los que permanecen en la retaguardia aceptan las decisiones que no alcanzan. Con todo, ninguno de nosotros permanecerá estacionado por no tener y no poder, siempre que coopere en querer, aceptando las imposiciones de la realidad.
Existen, los espíritus incapaces, cuyo consentimiento es suprimido, por aquellos que les tutelan la evolución. Ahí ocurren las reencarnaciones compulsorias cuando el reencarnante ingresa en un grupo que lo acepta y corre el riesgo de su presencia. Se sujeta a las programaciones del grupo en hipótesis, con el cual, naturalmente, tiene ligaciones afectivas y, como no se preparó previamente, los frutos que podrá recoger serán limitados.
Los hechos surgen y desaparecen al paso de los días que los cubre con el polvo del olvido para la gran mayoría de los espectadores. Sin embargo, los protagonistas son marcados por ellos. Principalmente para aquel que los causo, sin soportar las consecuencias. La conciencia es un tribunal permanente y hace que el espíritu se juzgue, natural y automáticamente, sin necesidad de interferencias exteriores. Cuando el espíritu se siente culpable, por un hecho infeliz, ese sentimiento de culpa pasa a ser una sentencia condenatoria que nos va a exigir reparaciones permanente, hasta que en la conciencia, la contabilidad de nuestro mal cometido de el pago de la pena por resarcido. No hay culpa que no tenga un precio dentro de nosotros mismos, y que no carguemos indefinidamente hasta pagarla. Nadie lesiona a nadie, impunemente. La Justicia Divina colocó en cada mente humana una especie de condensador de sustratos emocionales, donde quedan retenidas todas las imágenes y vibraciones, historia y consecuencias de cada acto responsable del ser humano, ese condensador de vez en cuando, o de una sola vez, descarga energías diferentes, de emociones diversas, que llevan a los deudores a cierto tipo de angustia exacerbada, y a los vencedores de si mismo a la exaltación de ideales cada vez más nobles. Debemos procurar no apartarnos jamás de las líneas de justicia y de bondad, de tolerancia y del perdón, a fin de tener siempre la conciencia tranquila y el corazón des nublado del panorama doloroso de las angustias.
El secreto de la felicidad es vivir de tal forma que nuestra conciencia no registre culpas que puedan suscitarnos problemas de reparación.
Cada Espíritu es un mundo y gravita en torno de otros mundos que le son afines; nosotros conocemos de cada uno, apenas algunos detalles insignificantes en el cómputo general de cada individualidad.
Todo guarda una enseñanza, incluso las cosas peores y, por eso, nuestros ojos deben mirar para aprender. Quien conoce el olor del estiércol del corral, sabe dar mayor valor al perfume del jardín, aunque no deje de ir al corral donde precisa coger la leche que sirve a la mesa, ni deje de ir al jardín porque las flores no alimentan. Tenemos en la vida duras realidades y tiernas bellezas, necesidades y placeres y debemos transitar entre ellas con el mismo espíritu de elevación, conscientes de que, por muchos siglos aun, nos serán inseparables.
El hombre para discernir precisa conocer lo cierto y lo errado, precisa conocer el lado bueno y el lado malo de las cosas, precisa, en fin, conocer la vida, porque es la vida que contiene cosas buenas y cosas consideradas malas. Lo que no precisa y no debe, es vivir el lado malo de las cosas, porque es eso lo que lo contamina y le pierde.
Llegará un día, en la faz de la Tierra, en que las ciencias del Espíritu catalogaran como enfermedades el orgullo y el egoísmo, la vanidad y la ambición y el orden social les obligará a severo tratamiento, una vez que son fuentes permanentes del mal y de la intranquilidad que reinan en el globo. El hombre que rebasa los límites de la normalidad, camina hacia la locura declarada, y es una fuente generadora de desequilibrio, en potencial.
El mal del mundo nace en el corazón del hombre egoísta y orgulloso, que no sabe perdonar, ceder u obedecer, comprender y ayudar, guardando las debidas proporciones de sí mismo como frágil criatura, necesitada de todo y de todos.
Lo malo es que la Humanidad sabe eso hace milenios y continúa siendo la misma. El mensaje de Jesús no tuvo otro sentido sino el de convocar a los hombres hacia la humildad y la caridad, a fin de que pudiesen amarse los unos a los otros. El Maestro incitó a los buenos a tolerar y ayudar a los débiles, para que las pruebas de los hombres se abreviasen con la extinción del mal sobre la Tierra.
¿Y qué es lo que hicimos hasta ahora? Estamos lejos muy lejos del Paraíso terrestre para cuando los tiempos sean llegados.
Con los principios espiritas se “apaga naturalmente toda la distinción establecida entre los hombres según las ventajas corpóreas y mundanas, sobre las cuales el orgullo fundó castas y los entupido preconceptos de color”. Como se observa, una doctrina anarquista, como es el Espiritismo, no compacta, bajo cualquier pretexto, con ninguna ideología que mire la discriminación étnica entre los grupos sociales.
En la envergadura de la literatura basilar de la Tercera Revelación, el Codificador resalta que, “en la reencarnación desaparecen los preconceptos de razas y castas, pues el mismo Espíritu puede volver a nacer, rico o pobre, capitalistas o proletarios, jefe o subordinado, libre o esclavo, hombre o mujer. Si, pues, la reencarnación funda en una ley de la Naturaleza el principio de la fraternidad universal, también funda en la misma ley el de la igualdad de los derechos sociales y, por consiguiente, el de la libertad.”
Los actos humanos deben ser juzgados por la intención que los motiva, no por los efectos que puedan llegar a tener, por fuerza de las cosas. El mal se elimina a si mismo, sin que nadie se erija en justificador. Va creando gérmenes de la propia destrucción, hasta que no puede contenerlos más. Cada uno responde por sus actos, a pesar de que el mal que genere, pueda resultar beneficios para centenares de personas. La vida es una escuela en que contra más se vive, más se aprende. No podemos responsabilizarnos por lo que los otros hacen más allá de los límites de nuestras decisiones, cada hombre siembra, con sus pensamientos y actos siendo la cosecha fruto del tiempo y de la vida.
Este mundo no está a la deriva, ni la propia Naturaleza está abandonada: cuando sus fuerzas naturales llegan a un punto de desequilibrio, ella se autocorrige.
La felicidad no es tener poder, ni vagabundear, ni gozar los placeres de este mundo: La felicidad es tener la conciencia tranquila por el deber cumplido con amor. Solo el amor importa mientras el more en nuestros corazones, ni dolores ni tinieblas perturbaran nuestra paz, porque el es caritativo y perdona, ayuda, soporta, comprende y por encima de todo, nos hace cada vez mejores ante la vida y ante Dios.
Ninguna comunidad puede progresar y vivir en paz cuando las personas que la componen no se respetan mutuamente. Cuando se vive feliz y con respeto, la vergüenza nos ayuda a no violar las reglas de la comunidad. Todo ser humano debe observar rigurosamente el deber y la disciplina, el respeto y la solidaridad. Cualquier función que realicemos hagámosla con amor y aremos brotar de ella nuestro reconocimiento. Debemos respetar las reglas, cumpliéndolas con ese amor y con toda nuestra responsabilidad como hijos de Dios.
Cuando consigamos vencer todos los escrúpulos y perjuicios y nos abracemos con amor, encontraremos al fin del sendero nuestros corazones modificados, pues el amor genera amor y cubre la multitud de nuestros pecados. Cuando el hombre en la Tierra conozca el verdadero potencial de una vibración de amor, de un gesto de fraternidad, de una palabra de consuelo y de perdón, movilizará esa energía, que está dentro de si mismo, para transformarse a si mismo y el mundo que lo rodea pues el amor es la única semilla que produce eternamente.
El amor, el respeto, la verdadera fraternidad es la única cosa de valor en este mundo porque nunca mueren y siempre aumentan nuestras riquezas espirituales, nuestra felicidad todo en la vida tiene su razón de ser y cuando podamos penetrar en los recuerdos de nuestro propio pasado, encontraremos muchas explicaciones para las cosas aparentemente inexplicables.
Nuestras vidas están entrelazadas. Convivimos en la vida con mucha gente, tenemos muchos lazos afectivos, y cada lazo afectivo tiene su historia, buena o mala, porque los sentimientos se estructuran en los siglos. Amor y odio, solo en los cuentos de fantasía nacen a primera vista. Ellos nacen y se fortalecen o se rompen en el transcurso de los siglos. Convivimos con acreedores y deudores del pasado, teniendo que pagar y recibir de los que comparten con nosotros la existencia. Por esa razón, quien sabe amar siempre, dando y perdonando va resolviendo todos sus problemas Karmico dentro de la mayor naturalidad, al mismo tiempo que va facilitando, a los que le deben, saldar sus deudas con menores humillaciones y mayores alegrías.
Jesús dijo que el amor cubre la mayoría de los pecados; las pruebas están ahí a nuestro frente, y en las historias de nuestros compañeros. Cuando los hombres comprendamos eso, veremos que el pedido de Jesús , para que nos amasemos los unos a los otros, mucho más que un consejo religioso, es una ley a la que no podemos dar la espalda, ante la vida, para así ser felices.

Este trabajo de Merchita ha sido extraído del Libro, Esclavitud de Salvador Gentile.

                                                                  **********************

miércoles, 4 de febrero de 2015

INFANCIA ESPIRITUAL


Resumen del mensaje del Dr. Bezerra de Menezes
en la reunión del CFN, noviembre de 2014
En la mañana del último domingo, 09/11/2014, el médium y orador espírita Divaldo Pereira Franco, fue invitado a participar del cierre de la reunión ordinaria del Consejo Federativo Nacional de la FEB en su sede, con la presencia de los representantes de los órganos federativos de todos los estados Brasileros, tuvo la oportunidad de transmitir, por medio de su mediumnidad  psicofónica, el mensaje lúcido y esclarecedor del Espíritu Superior Adolfo Bezerra de Menezes, como ha venido ocurriendo hace muchos años. 
"El benefactor espiritual inició su mensaje aclarando que la Tierra atraviesa días graves, de gran turbulencia y que la sociedad terrestre, aun cuando tenga iluminada la inteligencia, trae todavía el corazón despedazado por la angustia del ser existencial. Recordó que estamos en un período de transición de mundo de pruebas y expiaciones para regeneración, en el cual profundos cambios se operan en todos los sectores de la vida, para que se alcance la plenitud en la Tierra; más esas transformaciones no se darán sin luchas, esfuerzos y dolor, en razón de la inferioridad moral que todavía caracteriza a la población terrestre. 
"El materialismo, el individualismo, el egoísmo, el consumismo, la adoración al sexo, el poder arbitrario, son llagas que tienen confundido y perturbado a los “servidores de la última hora”, los trabajadores del Bien, que ya no sabe como vivenciar el Evangelio de Jesús en sus vidas. 
"El orientador espiritual repasó episodios del Cristianismo naciente que retrataban las dificultades de entendimiento fraterno entre los cristianos primitivos y que ponían en riesgo el progreso del mensaje de Jesús, habiendo sido crucial la acción de compañeros con el espíritu pacificador y conciliador para que la ruptura no se diese en el movimiento aún incipiente. 
"Con eso, resaltó la necesidad de fortalecer entre los espíritas, el espíritu de unión y de legítima fraternidad, garantizándose a todos el derecho de divergir en cuanto a puntos de vista, más sin que se corra el riesgo de división del “haz de varas”. 
"Contra esa amenaza, el Dr. Bezerra recomendó el Amor como instrumento hábil y seguro para ser usado en todas las decisiones, manteniéndose los corazones desarmados. Todavía, advirtió que las Inteligencias de las Sombras, del mundo espiritual, observan atentamente “lo que nace del corazón” de los trabajadores del Bien, aguardando la oportunidad para estimular en los individuos la envidia, la discordia, la intriga, el personalismo etc; que, para que los servidores de la Tercera Revelación se mantengan en equilibrio, deberían emprender sus mejores esfuerzos en la tarea con la cual están comprometidos, buscando siempre la perfecta identificación con los benefactores espirituales, especialmente Ismael y el proprio Cristo. 
"Por último,  Bezerra de Menezes esclareció que el Espiritismo es el Cristianismo que no pudo ser consolidado en los siglos pasados y advirtió a todos afirmando que la hermana muerte arrebatará aquellos que no correspondieran a las expectativas del Señor de la Viña, que los sustituirá por otros más capacitados para la tarea  en el Bien y que ya se disponen a amar con abnegación y espíritu de servicio."
Texto: Júlio Zacarchenco
                                           ************************

La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión -  Buda (Siddhartha Gautama)

                                        ***************


INFANCIA ESPIRITUAL

Es muy famoso el pasaje evangélico en el cual Jesús afirma:
Dejad que vengan a mí los niños.

El Maestro divino aprovechaba los menores hechos de la vida
 para suministrar sublimes lecciones.
La primera idea que se extrae del pasaje se refiere a la 
imagen de pureza que los niños presentan.

Siendo todos ellos Espíritus que ya encarnaron numerosas 
veces, algunos son más bondadosos y puros que otros.
Pero la candidez es inherente a la infancia, a fin de inspirar 
en los adultos los cuidados necesarios a la atención de
su fragilidad.
Justamente de ese aspecto de la fragilidad surge una 
importante lección de las palabras de Jesús.
Los niños necesitan de orientación y cuidados.
 .
Ellos son frágiles e impresionables.
 Quien convive con niños necesita de una cierta dosis de
 abnegación, a fin de gastar el tiempo necesario
enseñándoles y amparándoles en sus dificultades.
 .
Ocurre que la fragilidad material que caracteriza la infancia es 
bastante breve.
Hay otro género de fragilidad mucho más duradera y penosa.
Se trata de la infancia espiritual de las criaturas.
Los Espíritus que habitan el planeta Tierra no se encuentran 
todosen el mismo nivel evolutivo.
Muchos de ellos ya comprenden sus deberes esenciales en la 
fase de la vida.
Saben que es imposible construir la propia felicidad sobre la 
desgracia ajena.
Entienden que no hay felicidad sin paz y ni paz sin conciencia.
Así, jamás se permiten hacer el mal al prójimo.
Quien ya interiorizó el respeto a la ley divina alcanzó la madurez espiritual.
Mientras tanto, una parcela muy sustancial de los Espíritus 
vinculados a la Tierra permanece infantil, bajo ese aspecto.
Ellos presentan en el mundo, muchas veces, una imagen odiosa.
No importa la posición social que ocupen, su fragilidad moral 
siempre se evidencia.
Donde quiera que estén, buscan tener ventaja, a costa de los 
otros.
Si son poderosos y sofisticados, se envuelven en vergonzosos 
negocios.
Si son pobres, también hieren al prójimo, aunque en menor grado.
Aunque susciten mucha antipatía, en verdad son lamentables, en 
su inconsistente moral.
Sus actos apartados de la ética les preparan días de dolor y 
decepción.
Al final, la Ley Divina es perfecta y nadie jamás la consigue burlar
.
*  *  *
Al respecto de esos hermanos infantiles, conviene reflexionar 
sobre el mensaje de Jesús.
No es digno del cristiano el deseo de exterminar a quien sigue por
 detrás.
 .
Todos somos ovejas del rebaño del Cristo y ninguno de nosotros 
se perderá.

Es preciso corregir a esos hermanos y detener sus actos, 
inclusive para que no se degraden en sus desatinos.
Pero nunca debemos odiarlos o abandonarlos.

Aun más que los niños, ellos necesitan de orientación.
Piense en eso.

Redacción del Momento Espírita.
                                                           ***************
          
Muchas personas reencarnaron con el compromiso de dar un nuevo impulso al mensaje espírita, al mensaje espiritualista, para por fin poder ver el cumplimiento del mensaje de Jesús.
                Lindomar Coutinho

                                                                      *************************


  LA TOMA DE CONCIENCIA Y EL ESTADO DE NECESIDAD
   Sólo cuando la necesidad ha llamado a la puerta de la Humanidad hemos buscado soluciones a nuestros problemas; ha sido el motor de las sucesivas civilizaciones. Xavier Llobet apunta más alto cuando incide en que la respuesta a nuestras necesidades espirituales actuales y a nuestro sufrimiento lo encontraremos en la responsabilidad y la concienzación de nuestro ser imperfecto, heredero de múltiples ocasiones fallidas, y la libre elección del bien como meta."



El espíritu trabaja con la intención de salvar óbices en cumplimiento de su instinto de conservación, siendo incitado a salvaguardar igualmente la vida de cuantos le rodean y recaigan sentimientos de amor, provocando el estímulo de sus facultades psíquicas y morales que a lo largo de las experiencias carnales va desarrollando.
La acumulación de experiencias reencarnatorias conjugadas con el libre albedrío, suponen que el ser reencarnado camina sobre una estrecha tabla y que cualquier paso en falso le conllevaría a una forzosa caída.
Los verdaderos males de los que sufre el espíritu, son sin duda gestados por sí mismo, por sus vicios en el amplio concepto del término. La voz de la conciencia es la que indica en cada momento cuándo y dónde debe pisar sobre seguro, es el registro donde queda instaurada la Ley de Dios, es el mejor libro Espírita abierto.
Sin embargo, junto a todo mal reside un remedio. Llega el instante en que el exceso de mal moral se vuelve intolerable y el hombre siente la necesidad de cambiar. Es precisamente este estado de necesidad en el que se sumerge el espíritu, reencarnado o en la erraticidad, lo que forzosamente lo empuja a su adelantamiento intelectual, psíquico y moral. La necesidad es la fiel compañera que le hace caminar firmemente y adoptar las mejores resoluciones una vez se haya precipitado en el angustioso abismo de sus errores y excesos.
Imperioso es que el ser pensante se adelante con respecto a las condiciones adversas que le afligen ocasionadas por sus propios errores. La toma de conciencia para establecer nuevos rumbos es el centro y motivo principal de la experiencia en la vestidura carnal. No únicamente es la expiación por la que se sufre, no únicamente es la prueba por la que se aprende, sino que el tiempo reencarnatorio también sirve para la concientización a fin de que el ser reencarnado logre acortar su proceso expiatorio.
  De entre los atributos que  forman la figura del Ser Supremo, nos encontramos con la Sabiduría, la Justicia y la Bondad.
La conjugación de estos tres predicados conlleva a la plasmación de Sus ideas en un acto de realización sublime, cuyo soplo divino gesta la aparición del espíritu sencillo e ignorante. Así, nos vemos compelidos a desarrollar nuestra actividad en un océano ilimitado en la inmensidad del universo.
Cuando observamos a nuestro alrededor, percibimos que todo lo que nos envuelve se encuadra en un dualismo del que no podemos escapar. La noche y el día; el frío y el calor; el sueño y la vigilia. En toda la naturaleza se observan concatenaciones de valores opuestos cuya persistencia en unos ahora, y en otros después, desembocan al movimiento, al cambio, al progreso.
Asimismo acontece con las ideas del Bien y del Mal, que reposan a uno y otro extremo de una balanza en constante movimiento, pues dependiendo de su mayor o menor relevancia la decantan hacia un lado o a otro.
La existencia del mal es una obviedad y su análisis ha sido objeto de estudio en todas las corrientes filosóficas de todos los tiempos. Igualmente a nosotros nos es preciso adentrarnos en las causas de ese mal; ubicar su origen, su procedencia, su dirección, saber dónde está ubicado, de dónde ha venido y hacia dónde se dirige.
Muchas son las corrientes del pensamiento que atestiguan que ante la magnanimidad del Ser Supremo, señalan a éste como el origen de la existencia del mal, pues es Él quien todo lo crea. Sin embargo, nuestra creencia espiritual, nos indica que de los atributos divinos no puede surgir ni una sola circunstancia que denote la presencia del mal. Entonces sólo nos cabría pensar en que el mal como atributo, podría recaer sobre un “ser especial”, que comúnmente se le otorga el nombre de Satanás en otras corrientes espirituales.
Aquí existirían dos opciones a dilucidar. La primera sería situar a ese ser maléfico en el mismo nivel de superioridad que Dios. Si bien, Kardec afirma que “esta hipótesis es inconciliable con la unidad que revela el orden universal”.1
La segunda hipótesis, nos haría pensar en un ser subordinado a la Figura Divina, aunque ello implicaría que su creación obedecería a la voluntad de Dios, cuestión que descartamos en atención a que pondríamos en tela de juicio la bondad de Dios “(…) ya que habría dado vida al espíritu del mal”.2
Los diferentes males que asolan la humanidad en general,y a los espíritus encarnados en particular, pueden o no depender de su propia voluntad. Los segundos serían todos aquellos que escapan a las riendas libres de actuación de todo ser pensante. Así, tendríamos el caso de las catástrofes naturales.
A lo largo de la evolución histórica de la humanidad, vamos observando como en el empeño de salvaguardar la propia existencia, el ser ha ido estableciendo mecanismos preventivos unos, de defensa otros y paliativos los últimos, a fin y efecto de contrarrestar todas y cada una de las consecuencias que determinados acontecimientos naturales pudieran afligir al hombre. En un claro ejercicio de su intelecto ha ido materializando vías tendentes a paliar o suprimir en la medida de lo posible las consecuencias de ese mal, en principio no generado por el espíritu a título individual.
Como consecuencia de ello, es extraíble la conclusión que determinadas circunstancias adversas han conllevando al desarrollo de la inteligencia y por ende a evitar estados de ociosidad, pereza o estancamiento.
El espíritu trabaja con la intención de salvar óbices en cumplimiento de su instinto de conservación, siendo incitado a salvaguardar igualmente la vida de cuantos le rodean y recaigan sentimientos de amor, provocando el estímulo de sus facultades psíquicas y morales que a lo largo de las experiencias carnales va desarrollando.
La acumulación de experiencias reencarnatorias conjugadas con el libre albedrío, suponen que el ser reencarnado camina  sobre una estrecha tabla y que cualquier paso en falso le conllevaría a una forzosa caída.
Los verdaderos males de los que sufre el espíritu, son sin duda gestados por sí mismo, por sus vicios en el amplio concepto del término. La voz de la conciencia es la que indica en cada momento cuándo y dónde debe pisar sobre seguro, es el registro donde queda instaurada la Ley de Dios, es el mejor libro Espírita abierto.
“Si el hombre actuase conforme a las leyes Divinas evitaría los males más agudos y viviría feliz sobre la Tierra. Si no lo hace, es en virtud de su libre albedrío y por eso sufre las consecuencias que merece”.3
Sin embargo, junto a todo mal reside un remedio. Llega el instante en que el exceso de mal moral se vuelve intolerable y el hombre siente la necesidad de cambiar. Es precisamente este estado de necesidad en el que se sumerge el espíritu, reencarnado o en la erraticidad, lo que forzosamente lo empuja a su adelantamiento intelectual, psíquico y moral. La necesidad es la fiel compañera que le hace caminar firmemente y adoptar las mejores resoluciones una vez se haya precipitado en el angustioso abismo de sus errores y excesos.
Para el materialismo el mal y el dolor es una constante universal que siempre ha recaído en la humanidad. Determinadas corrientes religiosas, personifican el mal y el dolor en un ser superior al espíritu reencarnado, amo y señor de lúgubres lugares donde residen aquéllas almas que han contravenido las leyes o dogmas de la correspondiente doctrina; mientras que raros elegidos son aptos para residir en determinados paraísos en los que reina la felicidad.
Para el creyente de determinados movimientos religiosos, la separación definitiva de los seres que se aman con posterioridad a la desencarnación es tan perpetua como la de cualquier corriente materialista.
Sin embargo, el Espiritismo enseña el carácter transitorio del mal, en atención a la propia voluntad del sufridor, teniendo presente que a más tardar este mal desaparecerá cuando resurja aquel estado de necesidad, y que la referida voluntad podrá ponerse en práctica y actuar gracias a la Ley de Justicia que recae sobre la Reencarnación.
Imperioso es que el ser pensante se adelante con respecto a las condiciones adversas que le afligen ocasionadas por sus propios errores. La toma de conciencia para establecer nuevos rumbos es el centro y motivo principal de la experiencia en la vestidura carnal. No únicamente es la expiación por la que se sufre, no únicamente es la prueba por la que se aprende, sino que el tiempo reencarnatorio también sirve para la concientización a fin de que el ser reencarnado logre acortar su proceso expiatorio.
La Ley de Acción y Reacción es sabia, justa y bondadosa. La Ley de la Reencarnación es el claro ejemplo de la nueva oportunidad concedida de forma satisfecha y envuelta con la Paciencia y la Confianza del Creador. Éste permanece paciente observando cómo nuestro espíritu deudor evoluciona gracias al movimiento inevitable de la balanza del Bien y del Mal cuyo vaivén provocamos a nuestra voluntad.
Nuestra voluntad pondrá en marcha todos los mecanismos aptos para que acontezca aquél estado de concientización. Caso que no ocurra, nos veríamos abocados a la espera, surgimiento o resurgimiento de ese inevitable estado de necesidad, exponente de la Ley del Progreso.
Gracias a la bondadosa Dádiva Divina, la Ley de Causa y Efecto permite al reencarnado moldear las características intrínsecas del dolor que se encuadran en su estipulada vivencia expiatoria. Así, toda expiación resulta maleable en atención al trabajo y al esfuerzo de su sufriente. Éste no queda punido en una sentencia proveniente de la aplicación de la ley del talión. Mas al contrario, dependiendo del rumbo que adopte en su marcha expiatoria podrá observar cómo se aminora la dureza de la prueba, mutando aquellas circunstancias a su alrededor, desapareciendo unas o surgiendo otras indicándole en consecuencia que sigue el camino correcto de su recuperación anímica, facilitándole por ello la labor, como respuesta a su toma de conciencia.
Mientras el ser no se concientice ni mude su casa mental, las durezas de las pruebas y expiaciones continuarán su curso hasta que sea necesario, hasta que aparezca irremediablemente ese estado de necesidad.
Joanna de Ángelis nos indica que en la edad temprana se sitúa el momento en que empiezan a movilizarse los mecanismos de discernimiento y de actuación del ser humano para trabajar de  conformidad con la Ley Divina. En efecto, “la experiencia del Bien y del Mal comienza en la infancia delante de las actitudes de los padres y de los demás familiares”4. Ello puede acontecer por un lado gracias a las directrices de comportamiento que los adultos ofrecen a los menores y, por otro lado, a los ejemplos de que puedan valerse los primeros frente a la cálida y atenta observación de los segundos.
Las correcciones comportamentales de los infantes, deben establecerse bajo el prisma seguro de estar obrando conforme al Bien. En caso contrario, la ausencia de explicaciones, respuestas o consecuencias adecuadas en el ánimo de corregir y educar pueden generar la incomprensión de lo suministrado y exigido al menor, interpretando éste dicha información o actuación requerida a cambio de la recriminada como apta simplemente por el hecho de evitar puniciones futuras. En estos casos, puede surgir el sentimiento de culpabilidad del menor que tendrá como única vía de escape reacciones enmascaradas con el odio o por el resentimiento cuando se sienta ya liberto de la imposición del “ascendiente moral”, acarreando con posterioridad posibles episodios depresivos o de trastorno de la personalidad.
Ello indica que el Bien no se impone, que el Bien en ningún caso puede ser revestido de los caracteres de la represión. En razón de eso, continúa Joanna de Ángelis, “(…)se hace más difícil la asimilación e incorporación de los valores del Bien en un adulto aclimatado a la agresión, a las luchas, en las cuales predominó el Mal, tuvo su victoria, los resultados placenteros del ego, la vitalización de los comportamientos opresores, que generan héroes poderosos, pero que no escaparon de las áreas de los conflictos por donde continúan  transitando”.5
Así, en edad adulta la tarea es doble y más lenta “porque tendrá que modificar las constricciones del ego y a través de la reflexión, de los ejercicios de meditación y evaluación de la conducta, sustituir los hábitos enraizados por nuevos comportamientos compensadores para el yo superior”.
Cuando quien pauta su existencia bajo los prismas de la negatividad, de la inquietud o de la enfermedad, bajo aspectos perturbadores y de insatisfacción, únicamente transmite desarmonía a su rededor, enfermedad, depresión y alucinaciones crueles, pudiendo, en su declive y por falta de la toma de conciencia en la adopción del rumbo correcto, constituir psicopatologías de los más diversos grados y adentrarse igualmente en las áreas de la obsesión espiritual o de la autoobsesión.
Aquí la toma de conciencia sugiere al ser sufriente ya en estos términos, el indemorable cambio de actitud mental hacia el encuentro con el Bien, antes de ser abocado al estado de necesidad del cambio, cuando cansado del mal busque remedio en el Bien, dilatando y retardando sus estadías carnales con ocasión de no haber movilizado los recursos que tienden a aminorar las duras pruebas.
Tales recursos reposan en la oscura conciencia del reencarnado, lugar que precisa ser iluminado por el Espiritismo como Consolador prometido por Jesús y que viene a traernos “el conocimiento de las cosas (…), el llamamiento a los verdaderos principios de la Ley de Dios y el consuelo por la fe y la esperanza”.6
Tres estadios distintos nos ofrece la Doctrina Espírita entre los que nos podemos encontrar a título individual: el estadio del conocimiento doctrinario; una vez adquirido ese conocimiento aparece el estadio de la consolación de los dolores presentes ocasionados de pretéritas actuaciones; y finalmente el llamamiento a los verdaderos principios de la Ley de Dios, esto es, al cambio o mudanza de nuestro vida mental a fin y efecto que se vaya modificando nuestra vida comportamental. Lógicamente el primer paso es conocer la Doctrina, el segundo paso y una vez conocida, nos ofrece el consuelo necesario a nuestras atribuladas vidas, y finalmente una vez consolados, nos incita a responder a ese llamamiento a los verdaderos principios de la Ley de Dios a fin de no generar nuevas deudas. Pues como así elucidó Chico Xavier, aunque nadie pueda volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede comenzar ahora y hacer un nuevo fin.
Y usted, ¿En cuál de los tres estadios se encuentra?
 Xavier Llobet
Centro Espírita Irene Solans, Lleida
Artículo publicado en el Nº 4 de la revista "Actualidad Espiritista"