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lunes, 20 de enero de 2014

LECCIÓN DE LA EXPERIENCIA


“El Cielo y el Infierno”, de Allan Kardec, como se sabe, es un libro que trata de la Justicia Divina según el Espiritismo. En ese libro encontramos, no muy habladas entre nosotros, diversas comunicaciones de Espíritus en situaciones muy variadas.
Una de ellas es de un bohemio, uno de esos tipos humanos, que, si jamás hicieron mal a nadie, nunca lesionaron el patrimonio de los otros, tampoco hicieron el bien.
Y pasan por la vida en blancas nubes, como dice un poeta. Pues bien, tiempo después de haber pasado hacia el otro plano, vino el Espíritu, que dijo llamarse Lisbeth, cuando estaba encarnado, se comunicó a través de un médium, lamentando amargamente la vida inútil que llevó en la Tierra. Tuvo el mérito de arrepentirse, así que se dio cuenta, pero todavía necesitaba tiempo para poder empezar una nueva jornada, después de una experiencia tan llena de extravagancias.
Sufriendo mucho, por que no supo o no quiso sacar provecho de la existencia terrena, en beneficio de su elevación espiritual, habló de esta forma el deprimido Espíritu:
“- Estoy libre, sí, pero todavía no expié, es preciso que repare el tiempo perdido si no quiero prolongar los sufrimientos. Espero que Dios, teniendo en cuenta la sinceridad del arrepentimiento, me conceda la gracia de su perdón. Hombres, hermanos míos, yo viví solo para mí, y ahora, expío y sufro. Que Dios os conceda la gracia de evitar las espinas que ahora me laceran.”
Véase bien lo que es una existencia encerrada en el egoísmo, sin tener conocimiento de nada más, como si no perteneciese a la Humanidad.
El sufrimiento de ese Espíritu, realmente, era grande, por el remordimiento de haber sido tan solo, un gozador de la vida, sin haber sentido jamás, interés por el dolor ajeno.
De esta forma vive mucha gente. Pero cuando el Espíritu se enfrenta con la cruda y desnuda realidad, fuera de la materia, siente una incalculable decepción, una depresión tremenda, porque nada hizo de útil, tan solo cuidó de sí mismo, gozó la vida con todos los excesos y después vio claramente el cuadro de su propia realidad.
Es lo que nos enseñan, del mundo espiritual, las lecciones de los mentores.
Después de que el Espíritu comunicante hubiese llorado su amargura, vino el guía de la sesión y dio esclarecimiento, haciendo una advertencia, aún hoy oportuna, sobre las personas que viven a su modo, rindiendo culto a la materia, corriendo y bebiendo en demasía, sin jamás haber procurado el alimento espiritual. He ahí una lección válida, a pesar de que la comunicación ya tenga más de un siglo.
Es de esta forma.
Hay personas que solo piensan en sus intereses, exageran la medida de los placeres de la vida y nunca tienen, por lo menos, un minuto para la meditación sobre los problemas espirituales. La vida de esas personas es un corre-corre constante, ¡como si el mundo tuviera que acabar en el próximo minuto!.. Y, por ello mismo, el momento jamás llega para las cosas inherentes al Espíritu.
En las situaciones difíciles, sin embargo, se agarran a todo, desesperadamente, y quieren que después vengan las soluciones, rápidas y concluyentes.
Cuando llega la hora del desenlace, están completamente sin preparación desde el punto de vista espiritual y, después, encararán la situación que enfrentó el Espíritu del bohemio en la sesión mencionada en “El Cielo y el Infierno”: mucha perturbación y desolación, porque pasó una vida desarreglada y vacía, ¡dolorosamente vacía!
La enseñanza espírita es de equilibrio en todas las cosas. Sin exagerar sobre la abstención sistemática, pues la pretensión de santidad, muchas veces es una violencia al orden natural de la vida, ni la exageración opuesta, que es justamente el de la extravagancia, del bienestar físico sin límites.
Dice la Doctrina que el hombre debe vivir según sus necesidades y las leyes de su propio mundo. No quiere, por tanto, que el hombre reine el mundo o viva en penitencia, pues es un tipo de vida improductiva. Pero también advierte, claramente, que el hombre debe aprovechar bien las oportunidades de la existencia terrenal para su mejoramiento, no tan solo desde el punto de vista material, sino, sobre todo, del punto de vista espiritual.
El Espiritismo no condena las satisfacciones del mundo, como tampoco prohíbe las expansiones de alegría, ni siquiera ciertas futilidades inofensivas.
Si el hombre está en el mundo, debe ser del mundo. Pero es preciso saber estar en el mundo y no dejarse esclavizar por tantas cosas. Es ahí que esta el sentido de equilibrio. Las ventajas materiales, que no son ilícitas, una vez conquistadas a través del trabajo honesto, debe ser instrumento del bien, nunca el opio que emborracha y ciega al espíritu.
Por la experiencia traída por tantos Espíritus, que ya vivieron sus dramas, nosotros debemos, naturalmente, por nuestra parte, procurar de cerca, encaminar la vida hacia el lado espiritual, sin que sea necesario vivir fuera de las leyes naturales o repeler las satisfacciones que el mundo ofrece.
 El peligro no está en el uso de los bienes de la vida, sino en los abusos, porque todo procedimiento abusivo compromete la situación del Espíritu.
La comunicación recogida en “El Cielo y el Infierno” hace pensar mucho....
- Adaptación: Oswaldo Porras-
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304 – ¿Recuerda el Espíritu su existencia corporal?
– Sí; es decir, que habiendo vivido muchas veces como hombre,recuerda lo que ha sido, y te aseguro que a veces se ríe con lástima de sí mismo.
Como el hombre que, llegado a la edad de la razón, se ríe de las locuras de la adolescencia o de las puerilidades de su infancia
305 – El recuerdo de la existencia corporal, ¿se presenta al Espíritu, después de la muerte, de un modo completo e inesperado?
– No, le aparece poco a poco, como algo que sale entre las brumas y a medida que fija en ello su atención.
306 – ¿Recuerda el Espíritu detalladamente todos los sucesos de su vida, o abraza el conjunto de una ojeada retrospectiva?
– Recuerda las cosas en proporción a las consecuencias que producen a su estado de Espíritu; pero comprenderás que hay circunstancias de su vida a las que no da importancia alguna y de las cuales ni siquiera procura acordarse.
– ¿Podría acordarse de ellas si quisiera?
– Puede recordarse de los detalles y de los incidentes más minuciosos, bien sea de los acontecimientos o hasta de los pensamientos; pero cuando eso no trae utilidad, no procura recordarse.
– ¿Entrevé el Espíritu la finalidad de la vida terrena en relación con la vida futura?
– Ciertamente que la ve y le comprende mucho mejor que cuando estaba encarnado; comprende la necesidad de purificarse para alcanzar el infinito y sabe que en cada existencia se libra de algunas impurezas.
307 – ¿Cómo se plasma la vida pasada en la memoria del Espíritu? ¿Por un esfuerzo de su imaginación o como un cuadro que tiene ante los ojos?
– De una y otra manera; pues todos los actos cuyo recuerdo le interesa viven en él como si estuviesen presentes. Los otros permanecen más o menos en la vaguedad de su mente o totalmente olvidados.
Cuanto más se desmaterializa, menos importancia atribuye a las cosas materiales. Con frecuencia, evocas a un Espíritu errante, que acabó de dejar la Tierra y que no recuerda los nombres de las personas que amó, ni los detalles que te parecen importantes; es que poco le interesan y caen en el olvido. Lo que recuerda muy bien son los hechos principales que lo ayudan a mejorarse.
308 – ¿Recuerda el Espíritu todas las existencias precedentes a la última que acaba de vivir?que ya recorrió el viajero. Pero dijimos que no se recuerda de manera absoluta de todos sus actos, sino en razón de la influencia que tienen sobre su estado presente. Respecto a las primeras existencias, las que pueden considerarse como la infancia del Espíritu, se pierden en la vaguedad y desaparecen en la noche del olvido.
309 – ¿De qué manera considera el Espíritu el cuerpo que acaba de dejar?
– Como un vestido incómodo que le molestaba, sintiéndose feliz, por estar libre de él.
– ¿Qué sentimiento le despierta el espectáculo de su cuerpo descomponiéndose?
– Casi siempre de indiferencia, como por una cosa que ya no tiene.
310 – Al cabo de cierto tiempo, ¿reconoce el Espíritu los huesos u otros objetos que le han pertenecido?
– Algunas veces, lo que depende del punto de vista más o menos elevado bajo el cual considera las cosas terrestres.
311 – El respeto que se tiene de las cosas materiales que quedan del Espíritu, ¿llama su atención acerca de ellas y ve con gusto semejante respeto?
– Siempre se considera feliz el Espíritu de que se acuerden de él. Las cosas que de él se conservan le recuerdan a vuestra memoria;pero el pensamiento es lo que le atrae a vosotros y no sus objetos.
312 – ¿Conservan los Espíritus el recuerdo del sufrimiento que han experimentado durante su última existencia corporal?
– Con frecuencia, conservan ese recuerdo que les hace apreciar mejor el valor de la felicidad que pueden disfrutar como Espíritus.
313 – El hombre que fue feliz en este mundo, ¿echa de menos sus placeres, cuando deja la Tierra?
– Sólo los Espíritus inferiores pueden echar de menos alegrías que se armonizan con su imperfección y que expían con sus sufrimientos. Para los Espíritus elevados es mil veces preferible la dicha eterna a los efímeros placeres de la Tierra.
Como el hombre adulto que desprecia lo que encontraba delicioso en su infancia.
314 – El que con un fin útil ha empezado grandes trabajos que ha visto interrumpidos por la muerte, ¿siente en el otro mundo no haberlos acabado?
– No, porque ve que otros están destinados a terminarlos.
Por el contrario, procura influir en otros Espíritus humanos para que los continúen. Su objetivo en la Tierra era el bien de la Humanidad; pues bien, ese objetivo es el mismo en el mundo de los Espíritus.
315 – El que dejó obras de arte o de literatura, ¿conserva por ellas el mismo amor que durante la vida?
– Según su elevación, las juzga bajo otro punto de vista y con frecuencia condena lo que antes más admiraba.
316 – ¿Se interesa aún el Espíritu por los trabajos que se ejecutan en la Tierra por el progreso de las artes y las ciencias?
– Eso depende de su elevación o de la misión que pueda desempeñar. Lo que os parece magnífico, es con frecuencia insignificante para ciertos Espíritus y lo admiran como el sabio la obra de un escolar. Examinan lo que puede probar la elevación de los Espíritus encarnados y su progreso.
317 – ¿Conservan los Espíritus, después de la muerte, el amor a la patria?
– Es siempre el mismo principio: para los Espíritus elevados,la patria es el Universo; en la Tierra lo es el lugar donde hay más personas que le son simpáticas.
La situación de los Espíritus y su modo de apreciar las cosas varía hasta lo infinito, en proporción al grado de su desarrollo moral e intelectual. Los Espíritus de orden elevado, generalmente, se detienen por poco tiempo en la Tierra. Todo lo que en ella se hace es tan mezquino en comparación con la magnificencia de lo infinito y son tan pueriles a sus ojos las cosas a que los hombres dan la mayor importancia, que pocos atractivos encuentran, a menos que sean llamados con la mira de que cooperen al progreso de la Humanidad.
Los Espíritus de orden intermedio vienen a la Tierra con más frecuencia, aunque consideran las cosas desde más elevado punto de vista que durante la vida. Los Espíritus vulgares son en cierto modo sedentarios en ella y constituyen la masa
de la población ambiente del mundo invisible; conservan, con poca diferencia,
las mismas ideas, los mismos gustos y las mismas inclinaciones que tenían bajo
su envoltura corporal; toman parte en nuestras reuniones, en nuestras ocupaciones
y en nuestras diversiones, en las que participan más o menos activamente, según
su carácter. No pudiendo satisfacer sus pasiones, gozan con los que se entregana ellas y los excitan. Entre ellos, los hay más graves que miran y observan para instruirse y perfeccionarse.
318 – ¿Se modifican las ideas de los Espíritus en estado de desencarnados?
– Mucho. Pues sufren modificaciones muy grandes a medida que el Espíritu se desmaterializa. Puede a veces conservar por largo tiempo las mismas ideas; pero la influencia de la materia disminuye poco a poco y ve las cosas más claramente. Entonces es cuando busca los medios de mejorarse.
319 – Puesto que el Espíritu ha vivido ya la vida espírita, antes de su encarnación, ¿de dónde procede su admiración al entrar en el mundo de los Espíritus?
– No pasa de ser efecto del primer momento y de la turbación que sigue al despertar; pero más tarde se reconoce perfectamente, a medida que se le presenta el recuerdo del pasado y se borra la impresión de la vida terrestre. (163 y siguientes).
– Todo su pasado se descorre ante él como etapas del camino

Tomado del "Libro de los Espíritus"
Allan Kardec
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El amor separado de la fraternidad universal no es mas que un simulacro de amor”
-Frase 506 de Jesús-(Centro de Estudios de Ciencias Universales)

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                           El Amor

Es una energía o vibración psíquica muy sutil, que procede de la Inteligencia y Voluntad Suprema que llamamos Dios, siendo esta vibración uno de Sus infinitos atributos y manifestaciones, por lo que conforma una ley Cósmica que rige toda la creación y se manifiesta y se realiza en todos los seres que existen en el Universo, a través de la dinámica de la Ley de Evolución Universal . Pero en realidad el Amor es mucho más de lo que le suponen todas las connotaciones humanas que lo utilizan o lo enmascaran.
Desde un análisis espiritual y profundo, el Amor en sí mismo, es una vibración de energía inagotable, pura y sutil que actúa sin cesar en todo el universo alcanzando a todos los mundos y a sus criaturas , y esta inconmensurable obra la realiza de un modo inteligente y perfecto, con un carácter permanente de creación y de renovación. Esto lleva a comprender la existencia de ese Ser origen y causa de todo cuanto existe, al que llamamos Dios, y esta existencia se comprueba al analizar y sentir la Perfección, la Inteligencia y el orden que rige toda la Creación y la Naturaleza, desde el macrocosmos al microcosmos, incluyendo lo más íntimo del ser humano que lo siente reflejar y manifestarse en su corazón. Se podría afirmar que el Amor, con mayúsculas, es la Esencia o la naturaleza misma de Dios, o que es la causa de la Vida en todas sus manifestaciones. Esta Energía Divina como ya se ha dicho anteriormente, afecta a todas las Humanidades, a todos los mundos y a la Creación entera, a los que da vida y existencia.
Bajo un aspecto más humano, el amor supone un sentimiento que nació del alma ( o que esta comenzó a reflejar), a partir de cierto grado de evolución , y que se comenzó a manifestar bajo las forma del afecto, ternura, cariño, comprensión, compasión , compañerismo y ansia de ayudar a los demás y de colaborar en la consecución de su felicidad.
Cuando se experimenta el Amor auténtico y puro , se experimenta un gozo y una dicha inenarrables; se siente una paz y una dicha indescriptible; las personas que por egoísmo aún no lo han podido comprobar, no pueden imaginar como es la sensación maravillosa que se experimenta cuando nuestro Ser sintoniza con la misma vibración amorosa y grandiosa que proviene de su Fuente de Origen.
El Amor puro cuando se siente o experimenta va sutilizando el alma poco a poco, limpiándola de las energías psíquicas negativas que porta en sí misma, debido a errores cometidos cuando el Ser actuó al margen de la Ley de Dios, cuya esencia es el Amor. Las consecuencias de estos errores van ensuciando y oscureciendo la energía del alma hasta que esta , antes o después, finalmente necesita ser depurada por la nueva sintonia con el Amor o bien por el dolor rectificador. Se podría considerar que el Amor es como la forma dulce de saldar las deudas contraídas con la Justicia Divina; la otra forma es el dolor y el sufrimiento , tan comunes en nuestro mundo cuando sustituyen al Amor en su función depuradora
Este elevado sentimiento , todavía poco desarrollado en nuestra Humanidad, conlleva en sí mismo el premio inmediato de la satisfacción y felicidad que con él se experimenta y que le da sentido a nuestra existencia.
Debemos tener presente que es muy cierta la frase que dice que cuanto mas Amor se da, más Amor se recibe, por lo que quien no haya intentado llevarlo a cabo todavía, no imagina como es el estado de felicidad y plenitud que desperdicia por no saber amar de verdad y desinteresadamente .
El Amor vence todas las barreras , porque en donde él reina, no existen las enemistades ni los recelos, y se ocultan o minimizan los defectos de los demás. Es como la llave maestra que abre corazones endurecidos y que es capaz de hacer brotar flores en donde antes solamente había abrojos. Es el verdadero poder oculto que tenemos y que es ignorado o confundido por la mayoría de las personas.
Los Seres humanos conscientes de esto nos debiéramos esforzar por mantener sentimientos de Amor hacia todo el mundo, sea quien sea, procurando darnos siempre a los demás e intentando hacer felices a todos en la medida de lo posible. De este modo estaremos conquistando nuestra propia felicidad.
El Amor auténtico, que es Divino, no exige ninguna contrapartida. Cuando se instala en nuestro corazón, solo se ama por la propia dicha de amar, libremente, gozando con la felicidad que causamos. Se ama de verdad cuando se siente de modo espontáneo y natural, sin que ningún acto positivo de voluntad tenga que ver en ello.
Solo el que sabe independizarse emocionalmente de las personas, sabrá amarlas sin ataduras emocionales, aceptándolas tal como son. Esta independencia emocional está fuera de todo apego y de toda recriminación, lo cual hace nuestro Amor mas fuerte y auténtico, por lo que la forma ideal del Amor, es aquella en que este se manifiesta libremente, en libertad y sin ninguna clase de ataduras..
No debemos confundir el Amor con los apegos; así vemos como mas o menos inconscientemente, todos nos atamos o apegamos a algo o a alguien, o bien a los deseos y a los miedos de no ser queridos o aceptados. Por lo dicho, el Amor auténtico supone una ausencia natural de apegos y por tanto de sufrimientos y de miedos por perder algo, porque el Amor así sentido y comprendido está libre de ataduras y no pone condiciones.
Cuando lo experimentamos, atrae a nuestra vida la armonía Divina , felicidad y plenitud, porque endulza la vida del Ser humano acercándolo a la Esencia Divina que es su origen. Por eso, es la base moral de las enseñanzas de Cristo y de todos los Enviados y Profetas que han venido a nuestra Humanidad para ayudarnos a evolucionar.
El Amor se manifiesta en muchas variantes que pueden ser experimentadas por el Ser humano: amor materno, amor filial, amor fraterno, amor al prójimo, bondad, resignación, misericordia, altruismo, gratitud, perdón, etc. El auténtico Amor debe ser un Amor responsable, sintiendo que tenemos que amar con la responsabilidad de servir, siendo útiles y ayudando a todas aquellas personas que lo necesiten, siendo esta la actitud propia de un Mundo de Regeneración, con la consciencia de pertenecer a una Unidad con todo lo creado.
Nos debemos amar a nosotros mismos profundamente, así como a los demás, a través del reconocimiento de la parte Divina que conforma la Esencia de cada Ser humano. (Recordemos que esa Esencia es herencia directa de nuestro Padre Común: Dios)

¿El afecto también es Amor?

El afecto no es realmente Amor Divino, pero es un primer paso para la llegada de este. Es una variante del mismo que puede nacer desde la simpatía, agradecimiento, etc., pero no se le debe confundir con el auténtico Amor. El afecto supone un sentimiento mas o menos fuerte de atracción y de simpatía por ley de afinidad entre personas que cuando es mutuo, puede suponer el comienzo de la amistad y del Amor.
Este sentimiento no tiene nada que ver con la sexualidad, por lo que se puede dar indistintamente entre personas de igual o de distinto sexo, familiares, etc.
Cuando este sentimiento va evolucionando y va creciendo, se va convirtiendo en Amor. Este se diferencia del afecto en que es un sentimiento mucho más intenso y elevado que el afecto, y es superior a cualquier otro sentimiento. Este se extiende hacia todos los seres en general , porque el auténtico y puro Amor es impersonal y se manifiesta en quien lo experimenta como un estado de felicidad intensa, en donde el Ser solo aspira a ayudar y a entregarse sin límites para contribuir al bien y a la felicidad de los demás.

-Jose Luis Martín-
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 El Amor, siendo hálito de Dios, es el alma de la Vida, y la vida del Alma.”
Divaldo Pereira Franco -






domingo, 19 de enero de 2014

DESPERTANDO A TRAVÉS DEL AMOR



Jesús estableció el amor a Dios por encima de todo y al prójimo como así mismo, como la base, la razón y el fin de la vida, para crecer y elevar la realidad interior de la criatura, haciendo de ella surgir en todas sus potencialidades, que están es un estado latente en su interior.

Amar es un arte que exige madurez y sacrificio en el cual se deben invertir los valores del sentimiento y de la inteligencia para alcanzar la plenitud. Ese amor sin cadenas, fomenta el sentido de la fraternidad, que produce una generosa tolerancia para con las faltas y limitaciones ajenas y perdona penetrando por detrás de las apariencias, no siempre agradables, que permanecen ocultas.

Para equilibrar al hombre el concepto de Jesús sobre el amor es el derrotero más seguro.

A medida que adquiere madurez el amor se hace más extenso, exteriorizándose y alcanzando a las demás personas interfiriendo las condiciones de vida del lugar donde marcha.

La necesidad de vivir en sociedad es manifestación del amor, en su más profunda expresión, impeliendo a los individuos hacia una comunión de sentimientos más plena, a través de la cual se realizan.

Las desdichas morales y angustias generadoras de sufrimientos variado alcance resultan de la visión destorcida sobre el amor que lleva a la criatura a las imposiciones egoístas, que disimulan con la apariencia del sentimiento noble.

Los antagonismos, los odios fulminantes, las amarguras de larga duración, los estímulos para la venganza, surgen por la ampliación arbitraria de la facultad de amar, sometiendo al projimo y explotándolo, se impone y corrompe, cosa que debilita los tejidos sutiles de la organización espiritual, facultando el desencadenamiento de innumerables enfermedades.

El pasado es una sombra pesada, ocultando desdichas e impiedad, el futuro es poderosa luz a diluir todas las edificaciones de la perversidad y de la insania que medran y se desarrollan en los laberintos de la ignorancia y de la ilusión.

Todos somos víctimas de nosotros mismos, que devolvemos mal por mal, sin aprovechar el dolor como generador de bendiciones y el infortunio como sumidero de moléculas e imperfecciones.

La vida no es ministrante de pasiones mezquinas ni campo de continuo barbarismo a sueldo de los impositivos egoístas de cada criatura. El hombre a de tener tiento, oir y meditar. El Señor escucha las oraciones de arrepentimiento y se apiada de todos. Es tiempo de recomenzar. La vida no tiene limites en su extensión y su objetivo es la felicidad de todos los que nos encontramos arrastrados por las corrientes de los acontecimientos que desencadenamos a través de nuestros pensamientos, palabras y actos…

Cuando un enfermo pide la protección espiritual, casi siempre lo hace con la intención de recomponer el organismo, recuperar la salud, usufructuar de un periodo Más demorado en el cuerpo. Y extraña mucho que los resultados sean opuestos a los anhelados. Olvidando que la verdadera vida es la del Espíritu, es muy natural que ante una permanencia más prolongada en el cuerpo, con gravámenes y peligros que pueden perjudicar el proceso de elevación de la criatura, en muchos casos está sea reenviada al hogar; del mismo modo que, tomando en consideración los beneficios que la reencarnación propicia, aun cuando bajo dolores y pruebas muy severas, se esfuercen los Mentores por dilatar el plazo de permanencia. La función del sufrimiento no es punitiva, es rectificativa, educativa.

El hombre debe despertar para el examen de otros valores que quedan al margen y que necesitan ser considerados. Tan pronto funcionan sus objetivos, se diluyen las penosas imposiciones y el individuo marcha con seguridad viviendo las experiencias del bien y del amor. Es necesario romper el circulo del hierro en que se mueven las criaturas, implicadas en los vicios y crímenes, yendo a la tierra y volviendo sin que hayan conseguido provecho y paz en las experiencias que se consideran malogradas.

Somos viajeros de los infinitos caminos del tiempo, permanecemos, por capricho, en los valles desiertos y sombríos, cuando nos esperan las cumbres amplias y habitadas por la felicidad. Nos detenemos, por el momento, en el pantano, sufriendo la asfixia de las exhalaciones de los cuerpos y vegetales en putrefacción, cuando estamos destinados al altiplano de la paz donde la brisa perfumada del amor nos rocía, canta la balada de la perenne esperanza de victoria.

Caemos para levantar. Paramos para recobrar fuerzas y proseguir. Permanecer en la caída o persistir en el descanso es matar el tiempo y retroceder en la conquista de la gloria.

“No relaciones dolores ni anotes sinsabores. Quien se complace, en lamentaciones, de la retaguardia se opone al crecimiento y a la conquista que lo aguardan.

La existencia significa mucho para el espíritu, y almas ennoblecidas que nos aman, se empeñan para que no nos falte valor y oportunidad, servicio y realización. no obstante de nosotros depende la permanencia en la vega, mirando las estrellas o en la ascensión, rumbo a los astros relucientes. ..

En la Biblia, el libro que narra el pueblo hebreo, en la trama del Viejo Testamento, encontramos revelaciones espirituales y advertencias no siempre consideradas, premoniciones y profetismo, anunciando la llegada de Jesús a la Tierra. En el Nuevo testamento identificaremos al Maestro en continua labor invitando a seguirle, sufriendo por amor y entregándose en total donación. Su voz canta para nuestros iodos los poemas de las aguas, del aire, de los vegetales y de toda la Naturaleza, en el apogeo de las Bienaventuranzas que fascinan, abriendo los ojos, los oídos y el entendimiento. Meditar en sus nobles enseñanzas es fortalecer el ánimo. Se toman fuerzas para abandonar la utopía y retornar al hogar, como el “hijo prodigo” de la parábola, donde esperan cariño y afecto. Conocedor del mundo se puede elegir, para después, saber la directriz a tomar: ¡Dios, o las riquezas! Nuevos amigos nos presentaran nuevos rumbos y ampliaran, el entendimiento, considerando la fe.

“No recelemos romper con el mal que todavía reside en nuestro mundo interior. No consiste en un acto simple lo que ha de seguir a nuestra decisión, por el contrario tendremos que invertir mucho para alcanzar la meta. Quien se niega al avance reposa, sin embargo, se candidata a la parálisis.

No posterguemos, por comodidad o negligencia, el momento de la felicidad. Entregándonos al Bien estaremos amparados por donde caminemos. No nos serán regateados auxilios, sin embargo, tendremos que seguir con los propios pies, bajo el comando de una firme voluntad y de una robusta decisión.

Las enfermedades expurgadoras invitan a la renovación y son las que ayudan a la liberación de los vicios.

Trabajo realizado por Merchita
Extraído del libro de Cuadros de la Obsesión de Divaldo Pereira Franco

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Caridad para con los criminales

La verdadera caridad es una de las más sublimes enseñanzas que Dios haya dado al mundo. Entre los verdaderos discípulos de su doctrina, debe existir una fraternidad completa. Debéis amar a los desgraciados y a los criminales, como a criaturas de Dios a las cuales se concederá el perdón y la misericordia, si se arrepienten como a vosotros mismos, por las faltas que cometéis contra su ley. 
Pensad que vosotros sois más reprensibles, más culpables que aquellos a quienes rehusáis el perdón y la conmiseración, porque muchas veces ellos no conocen a Dios como vosotros lo conocéis, y se les harán menos cargos que a vosotros.

No juzguéis, ¡oh!, no juzguéis queridos amigos míos, porque el juicio que vosotros forméis os será aplicado aún con más severidad, y tenéis necesidad de indulgencia por los pecados que cometéis sin cesar. ¿No sabéis que hay muchas acciones que son crímenes a los ojos de Dios, a los ojos del Dios de pureza, y que el mundo sólo considera como faltas ligeras?

La verdadera caridad no consiste solamente en la limosna que hacéis, ni tampoco en las palabras de consuelo con que podéis acompañarla, no; no es esto sólo lo que Dios exige de vosotros. La caridad sublime enseñada por Jesús consiste también en la benevolencia concedida siempre y en todas las cosas a vuestro prójimo. Podéis también ejercitar esa sublime virtud con muchos seres que no tienen necesidad de limosnas y a quienes las palabras de amor, de consuelo y de valor conducirán al Señor.
Se acercan los tiempos, os repito, en que la gran fraternidad reinará en este globo; la ley de Cristo es la que regirá los hombres; ella sola será el freno y la esperanza, y conducirá a las almas a la morada de los bienaventurados. Amaos, pues, como hijos de un mismo padre; no hagáis diferencia entre los otros desgraciados, porque Dios es quien quiere que todos sean iguales; no despreciéis a nadie; Dios permite que estén entre vosotros grandes criminales con el fin de que os sirvan de enseñanza. Muy pronto, cuando los hombres sean conducidos a la práctica de las verdaderas leyes de Dios, ya no habrá necesidad de esas enseñanzas, "y todos los espíritus impuros y rebeldes serán dispersados en mundos inferiores en armonía con sus inclinaciones" Debéis a éstos de quienes hablo el socorro de vuestras oraciones: es la verdadera caridad. No es necesario que digáis de un criminal: "Es un miserable; es menester purgar la Tierra; la muerte que se le impone es demasiado benigna para un ser de su especie".
No, no es así como debéis hablar. Contemplad a Jesús, vuestro modelo; ¿qué diría si viese junto a El a ese desgraciado? Le compadecería; le consideraría como a un enfermo muy desdichado, y le tendería la mano. Vosotros no podéis hacerlo en realidad, pero al menos podéis rogar por él y asistir a su espíritu durante los pocos instantes que debe pasar en la Tierra. El arrepentimiento puede conmover su corazón, si rogáis con fe. Es vuestro prójimo, como el mejor de entre los hombres; su alma descarriada y rebelde, es creada como la vuestra, para perfeccionarse; ayudadle, pues, a salir del cenegal, y rogad por él. (Elisabeth de Francia. Havre, 1862).

"Un hombre está en peligro de muerte; para salvarle es menester exponer la propia vida; pero se sabe que ese hombre es un malhechor, y que si se escapa, podrá cometer nuevos crímenes. Sin embargo de esto, ¿debe uno exponerse para salvarle?"
Esta es una cuestión muy grave y que naturalmente se presenta a la inteligencia. Contestaré según mi adelantamiento moral, puesto que estamos en el punto de saber si uno debe exponer su vida aunque sea por un malvado. La abnegación es ciega: se socorre a un enemigo: debe, pues, socorrerse a un enemigo de la sociedad, a un malhechor, en una palabra. ¿Creéis que sólo se arrebata a la muerte a este desgraciado?
     Quizá le arrancaréis a toda su vida pasada. Porque, acordaros de que en esos rápidos instantes que le roban los últimos minutos de la vida, el hombre perdido vuelve sobre su vida pasada, o más bien, esa vida pasada se le presenta delante. Quizá la muerte llegue demasiado pronto para él; la reencarnación podrá ser terrible; ¡ lanzaros, pues, hombres ! vosotros a quienes la ciencia espiritista ha iluminado, lanzaros, arrancarle a su condenación, y acaso entonces ese hombre que hubiera muerto blasfemando, se echará en vuestros brazos. Con todo, no hay necesidad de pensar si lo hará o no; pero marchad a su socorro, porque salvándole, obedecéis a la voz del corazón, que os dice: "¡Puedes salvarle, sálvale!" (Lamennais. París, 1862). 

Extraído de: "El Evangelio según el Espiritismo" - Allan Kardec

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CICLOS DE REENCARNACIÓN
La vida del Espíritu es una sola e inmortal, compuesta de ciclos en concordancia con su necesidad de progreso. Cada uno de esos ciclos, comprende un programa amplio a realizar en el mundo donde baja a encarnar. Cuando dicho programa se realiza en una sola existencia, como suele suceder en las encarnaciones de seres espirituales de gran evolución, el ciclo se circunscribe a esa sola existencia en ese mundo. Pero, dado el atraso evolutivo de nuestra humanidad, ninguno de nosotros realiza el programa en una sola existencia, por lo que necesario es volver una y otra vez, hasta realizarlo. Este mundo nuestro, que dicho sea de paso, no es de los más adelantados pero tampoco de los más atrasados, es una escuela de aprendizaje para espíritus de mediana evolución.
En cada vida venimos para hacer un curso (o completarlo) en el ambiente que corresponda a cada cual, de acuerdo con el estado de adelanto o atraso en que se encuentre. Y como somos malos estudiantes de la vida, Aun cuando la comparación no es exacta, consideremos cada ciclo un curso para una mejor comprensión.
 ¿Cuál podría ser, entonces, el número de reencarnaciones para realizar ese programa? No hay número prefijado, ya que depende del mayor o menor esfuerzo y de la conducta de cada espíritu en la realización de ese programa, trazado en el plano extrafísico. No obstante, debemos considerar que lo peor queda atrás en la noche de los tiempos.
Supongamos que comienza un ciclo con un programa para la conquista de la paciencia, prudencia y cualidades análogas complementarias; que lleva implícito la superación de la impaciencia, irritabilidad, iracundia, etc. Puede que llegue a realizar dicho programa en cinco vidas humanas, puede que emplee diez, veinte o más. No está limitado, depende del propio esfuerzo. Y este número de vidas, componen un ciclo de reencarnaciones. Naturalmente que, en ese mismo ciclo de vidas, adquiere también múltiples experiencias que irán desarrollando su inteligencia y poder mental, a la vez que conquistando cualidades positivas que contribuirán a su progreso.
Supongamos que, ya realizados varios ciclos, haya llegado a un punto o grado de progreso intelectual y desarrollado una gran capacidad mental, pero le falta la conquista más valiosa en el progreso espiritual: el AMOR.
Tendrá que comenzar un nuevo ciclo de encarnaciones para superar el EGOISMO, fuertemente enraizado en el alma humana, y tronco de cuyas ramas salen otras muchas imperfecciones, tales como; envidia, avaricia, amor propio, celos, orgullo, soberbia, etcétera. ¿Cuántas vidas puede necesitar para arrancar de sí, para superar todas esas imperfecciones y adquirir el amor fraterno? Muchas o pocas, depende del grado de imperfección en que cada cual se halle y el esfuerzo que ponga en ello.
Aquellos que creen conseguir la llamada salvación o la gloria en una sola vida, ¿han meditado sobre lo que es la salvación y lo que es la gloria? ¿Conocen acaso, el número de imperfecciones que aún arrastran? ¿Se consideran tan perfectos como para alcanzar ese estado sublime en el corto tiempo de unos años? ¿No será, acaso, que viven con la pueril esperanza de alcanzar graciosamente toda una eternidad de bienaventuranza y felicidad, lo que por el propio esfuerzo ha de conquistarse?
Nuestros errores, en pensamiento, palabras y acciones, productores de fuerzas psíquicas desequilibrantes que hemos hecho gravitar sobre nosotros mismos (según será demostrado al enfocar la Ley de Consecuencias), han impregnado nuestra propia naturaleza psíquica, han oscurecido y densificado el alma y producido un desequilibrio en nuestra sección del Cosmos, y cuyo equilibrio tiene que ser restablecido: ya voluntariamente con amor, amor sentido y vivido en nuestras relaciones humanas , con todo lo creado; y movidos por el dolor.
Concluiremos con la siguiente tesis: el número de vidas futuras o renacimientos necesarios para llegar a la meta, no está determinado por la Ley. Como dijimos al comienzo, la vida del Espíritu es una sola; y las encarnaciones o vidas en los planos físicos, se suceden durante esa vida, que es eterna, en procura de purificación y sabiduría, que elevarán al Espíritu hacia la perfección. Meta hacia la cual TODOS VAMOS; y le liberará de la necesidad de encarnaciones en los mundos atrasados, primero, y más adelantados, después.
Necesario es aclarar que, el tiempo que media entre una y otra vida física, tampoco está fijado cronológicamente, como alguien pueda creer: ya que son varios y variados los factores que influyen en ello.
Mientras algunos seres deseosos de progreso vuelven con frecuencia, otros permanecen largos períodos en el ASTRAL, esa otra dimensión extrafísica.
Como regla general, podemos decir que, los que más necesitan, los más atrasados, reencarnan con relativa frecuencia (aunque mucho depende de las “disponibilidades”). Y a medida que el alma se purifica y el intelecto se desarrolla, es decir, a medida del progreso del Espíritu, el intervalo de tiempo entre una existencia y otra, es mayor.
Lo mismo puede ser de cinco, cincuenta, como de quinientos o más años. En las primeras fases de la etapa humana, las reencarnaciones son más frecuentes por la necesidad que el Espíritu tiene de adquirir experiencias. A medida que va saliendo de esa primera fase bestial de la vida tribual, completamente salvaje y va entrando ya en civilizaciones semisalvajes, y luego en ambientes con mayores facilidades de progreso, comienza a acentuarse más en su alma el egoísmo, con su secuela de: ambición, deseo de dominio, etc.; que endurecen su alma al punto de llegar al crimen, en las diversas modalidades.
En el estado salvaje, apenas infringe las leyes de la vida, ya que actúa instintivamente; pero, ya en esta otra fase, las transgrede con harta frecuencia, adquiriendo deudas para con la Ley y aferrándose a su modalidad egoísta, se niega a aceptar una vida de rectificación y dolor, permaneciendo largos períodos en el astral inferior, interviniendo casi siempre en el plano humano, incidiendo en la mente de los humanos, azuzando sus pasiones, etc.
Son los demonios de las religiones. Empero, como no pueden permanecer eternamente en esa condición, porque ello es contrario a la Ley de Evolución, llega un momento en que la Luz penetra en su mente, enseñándoles el verdadero camino del progreso espiritual y haciéndoles sentir la necesidad de avanzar hacia él. Entonces, arrepentidos, rectifican su rumbo  y comienzan su expiación en nuevas vidas de dolor.
- Sebastián de Arauco-

sábado, 18 de enero de 2014

CARACTERÍSTICAS DE LOS ESPIRITUS

267. Se pueden resumir los medios de reconocer la cualidad de los Espíritus en los principios siguientes:

1.º No hay otro criterio para discernir el valor de los Espíritus, que el buen sentido. Toda fórmula dada a este efecto por los mismos Espíritus es absurda y no puede dimanar de Espíritus superiores.
2.º Se juzga a los Espíritus por su lenguaje y por sus acciones. Las acciones de los Espíritus son los sentimientos que inspiran y los consejos que dan.
3.º Siendo admitido que los Espíritus buenos no pueden decir ni hacer sino bien, todo lo que es malo no puede venir de un Espíritu bueno.
4.º Los Espíritus superiores tienen un lenguaje siempre digno, noble, elevado, sin mezcla de ninguna trivialidad; todo lo dicen con sencillez y modestia; jamás se alaban ni hacen nunca ostentación de su saber ni de su posición entre los otros. El de los Espíritus inferiores o vulgares tiene siempre algún reflejo de las pasiones humanas; toda expresión que resienta la bajeza, la suficiencia, la arrogancia, la presunción y la acrimonía, es un indicio característico de inferioridad, o de superchería, si el Espíritu se presenta bajo un nombre respetable y venerado.
5.º No es menester juzgar a los Espíritus bajo la forma material y la corrección de su estilo, pero sí el sondear el sentido íntimo, examinar sus palabras, pesarlas fríamente, con madurez y sin prevención. Toda separación de la lógica, de la razón y de la prudencia, no puede dejar duda sobre su origen, cualquiera que sea el nombre con que se disfrace el Espíritu. (224).
6.º El lenguaje de los Espíritus elevados es siempre idéntico,sino en la forma, al menos en el fondo. Los pensamientos son los mismos, cualquiera que sean los tiempos y el lugar, pueden estar más o menos desarrollados, según las circunstancias, las necesidades y la facilidad de comunicar, pero no serán contradictorios. Si dos comunicaciones que llevan el mismo nombre están en oposición la una con la otra, una de las dos es evidentemente apócrifa y la verdadera será aquella en la que NADA desmienta el carácter conocido del personaje. Entre dos comunicaciones firmadas, por ejemplo, de San Vicente de Paúl,que la una predicase la unión y la caridad, y la otra se dirigiese a sembrar la discordia, no hay persona de sensatez que pudiese engañarse.
7.º Los Espíritus buenos no dicen sino lo que saben; se callan o confiesan su ignorancia sobre lo que ellos no saben. Los malos hablan de todo con seguridad, sin cuidarse de la verdad. Toda herejía científica notoria, todo principio que choque el buen sentido, manifiesta el fraude si el Espíritu quiere pasar por un Espíritu ilustrado.
8.º Se reconocen también los Espíritus ligeros con la facilidad que profetizan el porvenir y precisan los hechos materiales que no nos está permitido conocer. Los Espíritus buenos pueden hacer presentir cosas futuras cuando este conocimiento puede ser útil, pero jamás precisan las fechas; todo anuncio de un acontecimiento a época fija es indicio de una mixtificación.
9.º Los Espíritus superiores se expresan sencillamente, sin ser prolijos; su estilo es conciso, sin excluir la poesía de las ideas y de las expresiones, claro, inteligible para todos, y no necesita esfuerzos para ser comprendido; tienen el arte de decir muchas cosas en pocas palabras, porque cada palabra tiene su comprensión. Los Espíritus inferiores o falsos sabios, ocultan con palabras huecas y el énfasis vació de los pensamientos. Su lenguaje es a menudo pretencioso, ridículo u obscuro a fuerza de querer parecer profundo.
10.º Los Espíritus buenos nunca mandan; no se imponen,sino que aconsejan, y si no se les escucha, se retiran. Los malos son imperiosos, dan órdenes, quieren ser obedecidos, y aun cuando se les pida no se retiran. Todo Espíritu que se impone traiciona su origen. Son exclusivos y absolutos en sus opiniones y pretenden tener ellos solos el privilegio de la verdad. Exigen una creencia ciega, y no quieren sujetarse a la razón, porque saben que la razón les quitaría la máscara.
11.º Los Espíritus buenos no adulan: cuando se hace el bien lo aprueban, pero siempre con reserva; los malos hacen elogios exagerados, estimulan el orgullo y la vanidad predicando la humildad, y procuran exaltar la importancia personal de aquellos cuya voluntad quieren captarse.
12.º Los Espíritus superiores no hacen caso de las puerilidades de la forma en todas las cosas. Sólo los Espíritus vulgares pueden dar importancia a los detalles mezquinos incompatibles con las ideas verdaderamente elevadas. Toda prescripción meticulosa es una señal cierta de inferioridad y superchería de parte de un Espíritu que toma un nombre imponente.
13.º Es preciso desconfiar de las palabras extravagantes y ridículas que toman ciertos Espíritus que quieren imponerse a la credulidad; y sería soberanamente absurdo el tomar estos nombres en serio.
14.º Igualmente es preciso desconfiar de los Espíritus que se presentan muy fácilmente bajo nombres extremadamente venerados y no aceptar sus palabras sino con la más grande reserva; en esto, sobre todo, se necesita una comprobación severa, porque a menudo es una máscara que se ponen para hacer creer sus relaciones íntimas con Espíritus adelantados. Por este medio adulan la vanidad del médium y se aprovechan de ella para inducirle muchas veces a cosas extrañas o ridículas.
15.º Los Espíritus buenos son muy escrupulosos sobre las cosas que puedan aconsejar; en todo caso siempre tienen un objeto formal y eminentemente útil. Deben, pues, mirarse como sospechosas todas aquellas que no tuviesen este carácter o estuvieran condenadas por la razón, y reflexionar maduramente antes de emprenderlas, porque se expondría cualquiera a desagradables mixtificaciones.
16.º Se reconocen también los buenos Espíritus por su prudente reserva sobre todas las cosas que pueden comprometer;repugnan en descubrir el mal; los Espíritus ligeros o malévolos se complacen en aumentarlo. Mientras que los buenos procuran endulzar las contrariedades y predican la indulgencia, los malos las exageran y siembran la cizaña con insinuaciones pérfidas.
17.º Los Espíritus buenos prescriben sólo el bien. Toda máxima, todo consejo que no esté estrechamente conforme conla pura caridad evangélica, no puede ser la obra de Espíritus buenos.
18.º Los Espíritus buenos aconsejan siempre cosas perfectamente racionales; toda recomendación que se apartase de la línea recta del buen sentido o de las leyes inmutables de la naturaleza, indica un Espíritu limitado y por consiguiente poco digno de confianza.
19.º Los Espíritus malos o simplemente imperfectos se hacen traición a sí mismos aun por señales materiales con las cuales nadie podría engañarse. Su acción sobre el médium es algunas veces violenta y provoca en él movimientos bruscos y sacudimientos, una agitación febril y convulsiva que hace contraste con la calma y la dulzura de los Espíritus buenos.
20.º Los Espíritus imperfectos aprovechan muchas veces los medios de comunicación, de los cuales disponen para dar consejos pérfidos; excitan la desconfianza y la animosidad contra los que son antipáticos; aquellos que pueden quitar la máscara a sus imposturas son, sobre todo, el objeto de su animadversión. Los hombres débiles son su punto de mira para inducirles al mal. Empleando sucesivamente los sofismas, los sarcasmos,las injurias y hasta señales materiales de su poder oculto para convencer mejor, procuran separarles de la senda de la verdad.
21.º El Espíritu de los hombres que han tenido en la Tierra una preocupación única, moral y material, si no están separados de la influencia de la materia, están aun bajo el imperio de las ideas terrestres y llevan consigo una parte de sus preocupaciones,de las predilecciones y aun de las manías que tenían aquí a bajo.
Esto es lo que puede muy bien conocerse en su lenguaje.
22.º Los conocimientos que muchas veces ostentan ciertos Espíritus no son la señal de su superioridad. La inalterable pureza de sentimientos morales es en cuanto a esto la verdadera piedra de toque.
23.º No es menester preguntar a un Espíritu para conocer la verdad. Ante todo es necesario saber a quién se dirige uno; porque los Espíritus inferiores también ignorantes, tratan con frivolidad las cuestiones más formales.
No basta tampoco que un Espíritu haya sido un gran hombre sobre la Tierra para tener en el mundo de los Espíritus la soberana ciencia. Sólo la virtud puede, purificándole, hacerle aproximar a Dios y extender sus conocimientos.
24.º El humor de los Espíritus superiores es, a menudo, fino y picante, pero nunca trivial. En los Espíritus burlones que no son groseros la sátira mordaz es, a menudo, oportuna.
25.º Estudiando con cuidado el carácter de los Espíritus que se presentan, sobre todo bajo el punto de vista moral, se reconocerá su naturaleza y el grado de confianza que puede concedérseles. El buen sentido no podría engañar.
26.º Para juzgar a los Espíritus, así como para juzgar a los hombres, antes es preciso saberse juzgar a sí mismo. Desgraciadamente hay muchas personas que toman su opinión personal por medida exclusiva de lo bueno y lo malo, de lo verdadero y lo falso; todo lo que contradice su manera de ver, sus ideas, el sistema que han concebido o adoptado, es malo a sus ojos. Tales gentes faltan evidentemente a la primera cualidad para una sana apreciación: la rectitud del juicio; pero no se lo creen
así; es el defecto sobre el cual uno se hace más ilusión.
Todas estas instrucciones dimanan de la experiencia y de la enseñanza dada por los Espíritus; nosotros las completamos con las contestaciones dadas por ellos sobre los puntos más importantes.

El Libro de los Médiums
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 LA MALEDICENCIA

La maledicencia no tiene que ver con la verdad ni con la mentira, sino con la aviesa manera de contarlas.
Nunca se vio contienda que no fuese procedida de murmuraciones inferiores. Es hábito antiguo de la liviandad procurar la ingratitud, la miseria moral, el orgullo, la vanidad y todos  los flagelos que arruinan almas en este mundo para organizar las conversaciones de la sombra, donde el bien, el amor y la verdad son sofocados con malicia.
Desde tiempos inmemorables la maledicencia ha sido un mal ejercido en todas partes. Desde el momento que están juntas dos personas, se genera una conversación y en la mayoría de las ocasiones  es para emitir juicios, hablar de los demás esto es una práctica muy común. Aunque no se tengan argumentos, o pocos conocimientos sobre el asunto que están tratando  o de la persona que están hablando,   muchas personas  rencorosas y frustradas  se sienten aliviadas  hablando mal de los demás.
El diccionario de la real academia  de la lengua española, define la maledicencia como la acción o habito de hablar en perjuicio de alguien denigrándolo.
El hombre tiene  un órgano minúsculo que es la lengua – lámina diminuta envainada en la boca.
Instrumento sublime, creado para loar e instruir, ayudar  e incentivar el bien, en cambio ¡cuántas veces el hombre se vale de ella para censurar, flagelar, perturbar, herir!…
Si el hombre consiguiera dominarla, educarla la podría transformar en timón de paz y amor en el barco de su vida.
“La muerte y la vida están en poder de la lengua...” Proverbios 18:21
Con la lengua, podemos definir nuestra vida. Todo lo que sucede en nuestra vida pasa por nuestra lengua. La Bendición o la maldición, la muerte o la vida. La Biblia es muy clara cuando nos dice arriba que la vida y la muerte están en el poder de la lengua. Infelizmente muy pocos creyentes la utilizan bien, produciendo vida. Y muchos se destruyen a sí mismos, a su familia y a otros utilizando mal a su lengua. Algunos no saben de la gravedad de esta palabra, otros sabiendo, actúan sin el temor de Dios, hablando tonterías, maldiciones, palabras de derrota y piensan que esto no trae ningún problema.
La maledicencia es el ejercicio de denigrar, de manchar de negro la vida del otro. Es la forma de consuelo más siniestra. La manera más zafia de elevar la propia estima. En estos tiempos de libertad, vivimos su dictadura.
Las tres formas más corrientes de ejercer la maledicencia son la calumnia, el chisme, la envidia, analicemos por separado estas faltas tan comunes entre los hombres.
Cuando queremos causar un daño y hacemos una acusación falsa sobre alguien calumniamos.
El chisme se define como una noticia verdadera o falsa con que se murmura o se pretende difamar a una persona o en muchos casos a una institución.
La envidia es la tristeza causada en uno por el bienestar de otro. Envidia es avinagrarse porque alguien la está pasando mejor que uno, lo que sea que esto signifique: más dinero, fama, talento, etc.
Para poder reflexionar sobre el asunto analizaremos una historia, es la de un sabio que fue visitado por un amigo que se puso a hablar mal de otro amigo del sabio, y este le dijo: “Después de tanto tiempo, me visitas para cometer ante mí tres delitos: primero, procurando que odie a una persona a la que amaba; segundo, preocupándome con tus avisos y haciéndome perder la serenidad; y tercero, acusándote a ti mismo de calumniador y maledicente”.
Los cristianos deberíamos actuar contra cualquier nuevo brote de maledicencia con firmeza. En algunas situaciones deberíamos ser tan firmes y tajantes como los médicos que luchan contra reloj para cortar el avance de un nuevo virus. Un virus puede destruir una vida, y eso es muy grave. Pero sólo quien ha sufrido el veneno de la calumnia, quien se ha visto insultado, señalado, abandonado por culpa de una mentira que corre veloz de boca en boca, puede comprender que hay formas de muerte moral más dolorosas que la misma enfermedad física.
De la envidia nace el odio, la maledicencia, la calumnia, el chisme y la alegría causada por el mal del prójimo
Los libros sagrados de las principales religiones tales como la Biblia, condenan la maledicencia veamos algunos apartados al respecto:
- Aquellos que amamos la vida y queremos ver días buenos, tenemos que refrenar nuestra lengua de hablar mal de los demás y de decir calumnias (Pedro 3:10).
- Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano... (Santiago 4:11).
- Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. (Efesios 4:31).
- Aquellos que amamos la vida y queremos ver días buenos, tenemos que refrenar nuestra lengua de hablar mal de los demás y de decir calumnias (Pedro 3:10).

La maledicencia, la calumnia y el chisme son propios de sociedades poco evolucionadas y es la falta de ética lo que nos hace ocuparnos más de la vida de los demás que de la propia, tal es así que pareciera que el chisme se ha convertido en el deporte favorito de muchos de nosotros. Hay gente que se pasa horas hablando o murmurando de otras personas, y muchas veces sin darse cuenta del error que están cometiendo, y lo peor es que ellos juran que no son chismosos. Otras veces el “error” es premeditado. Existen artistas consumados en desprestigiar y hablar mal de los demás, y en hacer correr bolas contra quien les cae mal, sin considerar el daño que causan a las reputaciones y a la honra de las gentes. También hay los que chismean sin maldad aparente, sólo para sentirse importantes, (¿no sabes la última?), y otros lo hacen maliciosamente, con la intención de causar daño a alguien en particular; puede ser por rivalidad, celos, competencia, enemistad, oposición, antagonismo, pugna, envidia, etc., todo ello empujado posiblemente por un gran complejo de inferioridad.
Se sabe que el rasgo principal del chisme es la mentira o la verdad dicha a medias, siendo parte importante, el infundio y la calumnia, y si a esto le añadimos que cada oyente, al momento de contárselo a otro, le agrega un poco más de sal de su propia cosecha, nos encontramos con monstruosidades que suelen acabar con el honor y la dignidad de una persona. Lo grave es que increíblemente se usa el chisme contra personas consideradas amigas, actuando con hipocresía y perfidia que nadie entiende.

Los seres humanos somos generalmente egoístas y nos centramos en nuestros propios problemas, pero cuando se trata de encontrar defectos y hacérselos saber a todo el mundo, ahí sí sabemos centrar la atención en los demás y dejar nuestro yo de lado. Todos somos expertos en las vidas ajenas; si hasta hay programas de televisión y personas que viven de eso.

¿Será que mientras nos ocupamos de hablar de los otros o de nuestros jefes no nos queda tiempo para mirarnos a nosotros mismos? ¿Descargamos en los demás nuestras propias frustraciones? ¿Hablamos de las carencias de éste o de aquél para no tener que afrontar las propias? ¿Nos escondemos en la broma y en sacarle filo a historias ajenas para no asumir nuestras propias incapacidades?

Cuando se genera un rumor, la bola va creciendo y cada persona por la que pasa va añadiendo algo de su propia cosecha y el mensaje original se ha convertido en algo irreconocible. ¿Se acuerdan del juego del teléfono malogrado? Después de pasar por varias personas el recado estaba totalmente tergiversado e irreconocible. Pues lo mismo pasa en muchas ocasiones en nuestra vida.

El daño causado por la maledicencia es muy difícil de reparar. No siempre nos damos cuenta del perjuicio. Se agravia, ofende y calumnia con un desparpajo increíble, si preguntamos a un chismoso de donde ha sacado esas expresiones, responderá: “lo escuché”, “me dijeron”, “se comentó en una conversación”, “me lo contó un amigo”. En muchos casos la maledicencia se basa en afirmaciones sin sentido, pero una vez que han sido pronunciadas causan un daño difícil de reparar.

Los chismes son informaciones deformadas, que tienen un ciclo similar a los rumores: nacen como si fueran seres vivos, se desarrollan y mueren. Incluso pueden reencarnarse con nuevos bríos o hasta con nuevo cuerpo. El chisme es producto de la convivencia social y se aprende con el tiempo, y todos de alguna forma lo hemos practicado.

Un comentario infundado generalmente está constituido por una serie de mentiras o exageraciones que tal vez lleguen a perjudicar a uno o varios individuos, dependiendo de la intención de quien lo genera.

La estructura del chisme lo conforman: el chismoso, el receptor de la habladuría y la víctima, de que se habla en forma negativa y sin fundamentos. Esto puede ir desde una simple crítica hasta la invención de toda una historia en torno a un sujeto determinado. O sea, se juega también a intentar cambiar la realidad. Instituciones como la nuestra se convierten en verdaderos campos de espionaje entre sus trabajadores, la inseguridad se intensifica, se pierde la confianza entre los compañeros, se traicionan, se utilizan, compiten, se crean ambientes en los que se siente que se camina entre vidrios.

El que murmura hace daño a tres personas, a él mismo, al que escucha sin desmentir al hablante, y a la persona de quien se murmura. Si se tiene algo que reprochar a alguien, él es la primera persona que debería escuchar el reproche, pero lamentablemente por la falta de sinceridad que nos caracteriza, el maledicente se encuentra con el compañero, le sonríe y le saluda con palabras amables y hasta le adula, para después, apenas despedido, comenzar, de una manera u otra a hablar mal de él.

En el caso de la calumnia, ésta es considerada como un modo de difamación que destruye a la persona afectada, no sólo por las heridas que produce, sino por la dificultad de repararlas. Aunque a uno le importe poco la opinión ajena, la calumnia abre las puertas a la duda. La calumnia tiene su mejor cómplice en el “piensa mal” y hace tambalearse hasta las más firmes convicciones acerca de la rectitud o la honradez de una persona, incluso una vez aclarada la mentira. Se sabe de amistades a prueba de bombas que han sucumbido al insidioso enredo de las maledicencias deliberadas; el veneno de la calumnia ha roto parejas y ha desmembrado familias, igual que ha provocado depresiones y sembrado discordias irreparables.

Antiguamente el honor y la honra eran los bienes más preciados de las personas y su pérdida se consideraba irrecuperable, y cuando alguien ofendía el honor y la honra de un individuo, esta ofensa se lavaba con sangre generalmente en un duelo. En nuestros días estos conceptos pareciera que han quedado anticuados y lo que ofrecemos a nuestros jóvenes es una sociedad en la que todo se puede comprar y vender, donde prima la mediocridad y la falta de valores morales.
¿Podemos tomar medidas radicales, firmes, profundas, contra la mentira, el chismecillo, la calumnia espontánea o promovida de modo organizado y sistemático?

La primera cosa que podríamos hacer es mirar nuestros corazones. Si guardamos rencores, si la envidia asoma de vez en cuando su cabeza repugnante, hemos de pedir a Dios un corazón bueno, que sepa perdonar, que sepa amar. Quien no ama a su hermano no puede amar a Dios (1Jn 4,20). Del corazón malo sólo salen malas cosas. El virus de la calumnia se origina en mentes que viven fuera del Evangelio, en fuentes incapaces de ofrecer el agua del amor (St 3,10-18).

Por lo mismo, hemos de decidirnos a no ser nunca los primeros en lanzar una crítica contra nadie. ¿Para qué voy a decir esto? ¿Es sólo una imaginación mía? ¿Me gustaría que alguien dijese algo parecido de mí?

Al contrario, necesitamos aprender a ser ingeniosos para alabar y defender a los demás. Esto es posible si tenemos un corazón realmente cristiano, bueno, comprensivo, misericordioso. En ocasiones veremos fallos, pero el amor es capaz de cubrir la multitud de los pecados (1Pe 4,8). Cuando sea posible, podremos corregir al pecador, pero siempre con mansedumbre, como nos enseña san Pablo: "Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado. Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo" (Ga 6,1-2).

Después, como ante una epidemia grave, hemos de levantar una barrera firme, decidida, contra cualquier calumnia. Nunca divulgar nada contra nadie, mucho menos una suposición, una mentira como tantas otras lanzadas por ahí (a través de la prensa, de internet, a viva voz). Incluso cuando sepamos que alguien ha sido realmente injusto (lo sepamos por haberlo visto, no sólo de oídas), ¿para qué divulgarlo? ¿Es esto cristiano? ¿No es mejor amonestar a solas al hermano para ver si puede convertirse, si puede cambiar de vida? Tendríamos que ser firmes como muros: delante de nosotros nadie debería poder hablar mal de otras personas.


Si queremos vivir una vida más significativa, debemos buscar la forma de dejar de “interesarnos” en las vidas ajenas y comenzar a preocuparnos más de nuestras propias vidas, es decir dedicarnos a mejorar y a corregir nuestros defectos. Debemos ser más sinceros cuando hablamos a las personas, y más tolerantes cuando hablamos de ellos. Si vemos algo con lo que no estemos de acuerdo o alguna cosa nos molesta de aquellos que conviven a nuestro alrededor, debemos ir directamente a él y hablarle claramente demostrando nuestros argumentos. ¡Cuántos males, sufrimientos y rencores serían evitados si habláramos con sinceridad!

Mercedes Cruz Reyes

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 ¿ Qué significa la palabra Amor ?


Pocas personas han pensado que este sentimiento y esta palabra tan popular como lo es el Amor, se desenvuelve dentro de una norma cósmica o Universal, y constituye toda una ley que rige y mueve todo el Universo.

Esta palabra tiene diversas connotaciones entre los Seres humanos, que la relacionan con la sexualidad, el enamoramiento, el cariño, el apego, el afán de posesión de una persona hacia otra, cosa que en realidad no es sino simple atracción sexual y atávica, y un egoísmo encubierto , lo que viene a ser un grave defecto moral que nos impide evolucionar espiritualmente durante la vida humana, y cuando se ama de modo egoísta, al final se puede convertir en una clase de amor posesivo y enfermizo dando paso a los celos. Estos suelen aparecer cuando el que ama de este modo creyendo que es verdadero amor, no se siente correspondido, llegando así a convertirse en una enfermedad mental obsesiva.
El verdadero Amor, está actualmente emborronado por tantos conceptos falsos e inadecuados que llevan a la confusión y a la incomprensión de lo que realmente es. Todos esos aspectos no son mas que modos parciales del Amor mas o menos contaminado por los defectos humanos.
En nuestro actual nivel evolutivo espiritual, el Amor se manifiesta bajo formas de cariño, desinterés, entrega, sacrificio, desvelo, adoración, pasión, ternura ,etc, que en realidad son todos ellos aspectos de una manifestación del verdadero Amor y una consecuencia del mismo. Pero en realidad el Amor humano en su más pura esencia es solamente un pálido reflejo del Gran Amor Divino que irradia desde Dios hacia Su creación y hacia todas sus criaturas existentes en todos los mundos de los universos.
- José Luis Martín-
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Cuando se ama o se quiere a alguien no es para cortarle las alas de libertad, sino para procurárselas”
-Pepita Robles-Revista “La hora de la Verdad”-

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           MOMENTOS VIVOS DE LA FE

Amar sin exigir compensación.

Colaborar para el bien en los lugares donde el mal se nos figure sólidamente instalado.

Aguardar siempre lo mejor, aun en las peores situaciones.

Comprender a los cooperadores de las tareas en que estamos, cuando se apartan de nosotros, deseándoles tranquüilidad, con nuestras expresiones de simpatía y entendimiento, a fin de que se sientam libres de cualquier compromiso.

Sufrir y llorar, cuando las pruebas de la existencia a eso nos induzcan, pero proseguir trabajando y sirviendo siempre.

Disculpar ofensas, con la certeza de que los errores de los otros podrian ser nuestros.

No nos quejemos de nadie.

Respetar la libertad ajena.

Bendecir y auxiliar, sin exigencias, a todos aquellos que no nos acepten los principios y no piensen por nuestra cabeza.

Repetir, indefinidamente, esta o aquella prestación de servicio con total olvido de nuestros propios intereses.

Sabemos que el progreso de la ciencia, en la acetualidad de la Tierra, levanta máquinas y realizaciones admirables, que asombran a la vida comunitária, pero no podemos olvidar que la fé construye prodígios, en el área de los sentimientos,prodígios que no compramos en supermercados y no podemos pedir al mas eficiente computador.
  
(Confia e Segue - Espírito Emmanuel, psicografia de Francisco Candido Xavier, GEEM)