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miércoles, 29 de octubre de 2014

Retazos de un viaje astral

                                   
                                         

                                                RETAZOS DE UN VIAJE ASTRAL 
             

 Nana Pereira ( nombre figurado), del Grupo Espírita "Fraternidad de Andre Luiz", de Brasil, por medio de Facebook, relata lo siguiente:

 " Me gustaría hablar de cómo fue la primera vez que salí del cuerpo.
Eran las tres de la madrugada.
Comencé a orar pidiendo mi sueño de vuelta, porque a la seis horas yo tendría que salir para ir a trabajar.
 Pero de repente vi una luz roja y fui en dirección a ella, cuando miré por el lado y percibí que estaba en la cama. Quedé con miedo, pero luego se me  pasó, y terminé de entrar en la luz roja. Fuí a otra ciudad para hablar con un amigo. Él estaba  durmiendo y él se  creería que yo estaba allí, pero yo no estaría.
Volví para mi propio cuerpo pero no me pude meter direactamente; de repente salí de nuevo y fui a una casa; comencé a orar porque yo no sabía que hacer y una voz me dijo:
Vete y serás orientada. Yo fui y hablé con una familia muy pobre; pedí permiso para entrar en su casa y ella me dijo que no; yo le respondí que le podía dar mi recado allí mismo. Yo le dije a la mujer que a partir de aquel momento su vida iva a cambiar. Ella lloró y nos abrazamos; yo regresé y tuve que esperar mucho para volver a comandar mi cuerpo.Pero cuando pude volver a comandar en él,  oré y lloré porque con todas las experiencias lindas que tuve, esa sin duda fue la más maravillosa.
¡ Qué pena que nadie crea en mí !
Pero no me importa
¿ Usted me podría esplicar esa experiencia maravillosa que tuve ?......"

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EL SUICIDIO SEGÚN LA DOCTRINA ESPIRITA

Cuando en la Tierra abundan las desgracias, los pesares, el suicidio suele ser el recurso de los cobardes. Muchos son los hombres, que  débiles en sus fuerzas, desesperados ante la situación, por la que pasan, optan por quitarse la vida, creyendo que así acaban con todo.
El suicida, es antes de nada enfermo del alma, en virtud de que es merecedor de nuestro mejor cariño, pensamientos y oraciones. Es un individuo víctima por un estado desvirtuado de ser y de sentir la Vida en su mayor extensión.
El lenguaje humano carece de vocablos comprensibles para definir las impresiones absolutamente inconcebibles que pasan a contaminar el “yo” de un suicida después de las primeras horas que siguen al desastre, que suben y se agrandan, se convierten en trastornos y se radican y cristalizan cada vez más en un estado vibratorio y mental que el hombre no puede comprender, porque está fuera de sus posibilidades de criatura que, gracias a Dios, se conservó exento de esa anormalidad. ¡Entenderlo y medir con precisión la intensidad de esa dramática sorpresa, sólo lo puede hacer otro espíritu cuyas facultades se hayan quemado en las efervescencias del mismo dolor!
En esas primeras horas, que por sí mismas configuran el abismo en que se precipitó el suicida, semi-inconsciente, atormentado, desmayado sin que, para mayor suplicio, se le oscurezca del todo la percepción de los sentidos, se siente dolorosamente confundido, nulo y disperso en sus millones de filamentos psíquicos violentamente alcanzados por el malvado acontecimiento.
 El Más Allá de la tumba es, antes que nada, simplemente la vida real, lo que encontramos al entrar en sus regiones ¡es vida! Una vida intensa desarrollándose en modalidades infinitas de expresión, sabiamente dividida en continentes y grupos como la Tierra lo está en naciones y razas; con organizaciones sociales y educativas modelo, que servirán de modelo para el progreso de la humanidad. Allí en lo Invisible, más que en mundos planetarios, es donde las criaturas humanas toman su inspiración para los progresos que lentamente aplican en el orbe.
Después de la muerte, antes que el espíritu se oriente gravitando hacia el verdadero “hogar espiritual” que le cabe, será siempre necesario la estancia en una “antecámara”, en una región cuya densidad y aflictivas configuraciones locales corresponderán a los estados vibratorios y mentales del recién desencarnado. Ahí se detendrá hasta que sea naturalmente “des animalizado”, es decir, que se desprenda de los fluidos y fuerzas vitales de que están impregnados todos los cuerpos materiales. La estancia en ese umbral del Más Allá será temporal, aunque generalmente penosa. De acuerdo al carácter, las acciones practicadas y el género de vida y muerte que tuvo la entidad desencarnada –así serán el tiempo y la penuria en ese lugar. Existen algunos que sólo se demoran ahí algunas horas. Otros llevarán meses, años consecutivos, volviendo a la reencarnación sin alcanzar la Espiritualidad.
Los que  se suicidan  el caso asume proporciones especiales, dolorosas y complejas. Estos se demorarán ahí, generalmente, el tiempo que todavía les quedaba para concluir el compromiso de la existencia que prematuramente han cortado. Trayendo grandes cargas de fuerzas vitales animalizadas, además del bagaje de las pasiones criminales y una desorganización mental, nerviosa y vibratoria completas, es fácil entrever cual será la situación de esos infelices para los que existe un solo bálsamo: la oración de las almas caritativas.
Por muy larga que sea esa etapa, la reencarnación inmediata será la terapia indicada, aunque dolorosa, lo que será preferible a pasar muchos años en tan desgraciada situación, completándose así, entonces, el tiempo que faltaba para terminar la existencia cortada.
Allí la cuenta del tiempo se hace eterna, el espíritu queda estacionado en el momento exacto en que hizo  caer para siempre su propia armadura de carne. A partir de ese momento, el terror, confusión, engañosas inducciones y suposiciones insidiosas, es lo que existe a su alrededor.
Aquel es un lugar maldito y desean volver a sus casas, sin consuelo y sin paz el espíritu que se suicida,  igualmente ignora dónde se encuentra, qué significado tiene su espantosa situación, intentando huir de ella, afligidos y desesperados, no ven que  lo que les sucedes es patrimonio de su propia mente en lucha, afectada de maleficios indescriptibles.
Una y otra vez el suicida intenta huir de ese lugar maldito y desea volver al hogar, emprendiendo carreras como  un loco furioso.  Prisionero maldito , sin consuelo y sin paz, sin descanso en ningún lugar, son arrastrados por corrientes irresistibles, como imanes poderosos, al torbellino de nubes sofocantes y perturbadoras.

Sumergido en las sombras, por su cobarde acción, el suicida, se ve como en callejones sin salida,  en cavernas, en espacio pantanoso rodeado de abruptas murallas, se sienten como sepultado vivo en la profundidad tenebrosa de algún volcán.  Se sienten como encarcelados en el sub suelo con la visión macabra  de la descomposición de su cuerpo bajo el ataque de los gusanos hambrientos, siguiendo su curso natural de destrucción orgánica, acabando con sus carnes, vísceras, sangre y con su cuerpo,  en fin, que desaparece para siempre en un banquete asqueroso, su cuerpo, que es carcomido lentamente. Estos y otros síntomas deprimentes es el castigoinevitable del renegado que osó insultar a la naturaleza destruyendoprematuramente lo que sólo ella podía decidir y realizar.

El suicida sigue vivo, en espíritu, ante su cuerpo  putrefacto siente como le alcanza la corrupción… en su cuerpo astral, le duelen. Los mordisco monstruosos de los gusanos. Le enfurece hasta la locura  la martirizante repercusión que lleva  a su periespiritu  todavía animalizado y lleno de abundantes fuerzas  vitales, a reflexionar  sobre lo que le pasa en su antiguo cuerpo físico, como el eco de un rumor reproduciéndose, ya que el suicidio es como una red envolvente en donde la víctima – el suicida - sólo se debate para confundirse cada vez más, enredarse y complicarse.

“Por encima de todas esas terribles consecuencias del suicidio, está, vigilante  y compasiva, la paternal misericordia de Dios, que siendo Justo y Bueno no quiere la muerte del pecador,  y si que viva y se arrepienta”.

En las peripecias que el suicida sufre después del acto que le llevó a la tumba prematuramente, el Valle siniestro de los suicidas  sólo representa una etapa temporal, siendo dirigido por un movimiento de impulso natural, con el que se afina, hasta que se  deshagan las pesadas cadenas que le unen al cuerpo físico, destruido antes de la ocasión prevista por la ley natural. Es necesario que se desprendan de él los fluidos vitales que revestían su cuerpo físico, unidos por afinidades especiales de la naturaleza al periespiritu, que guardan en él reservas suficientes para una vida completa, que se pierdan, por fin, las mismas afinidades, labor que en un suicida está acompañada de muchas dificultades, de una lentitud impresionante, para, sólo entonces, obtener un estado vibratorio que le permita el alivio y progreso.

A las impresiones y sensaciones penosas, oriundas del cuerpo carnal, que acompañan al espíritu aún materializado, las denominamos repercusiones magnéticas, en virtud del magnetismo animal, existente en todos los seres vivos, y sus afinidades con el periespiritu. Se trata de un fenómeno idéntico al que siente un hombre que tuvo el brazo o la pierna amputados, picazón en la palma de la mano que ya no existe, o en la planta del pié, igualmente inexistente.

Conocimos en cierto hospital a un obrero que tenía ambas piernas amputadas, sintiéndolas tan vivamente así como los pies, que, olvidando de que ya no los tenía, trató de levantarse, cayendo estrepitosamente.

 Esos fenómenos son fáciles de observar. Es decir que, en función de la índole de su carácter, imperfecciones y grado de responsabilidad general así será el perjuicio de la situación, y la intensidad de los padecimientos a experimentar, pues, en estos casos, no son sólo las consecuencias del suicidio las que afligen su alma, sino también el pago por los actos pecaminosos anteriormente cometidos.

En general aquellos que se arrojan al suicidio, esperan librarse para siempre de los sinsabores que creen insoportables y de sufrimientos y problemas considerados insolubles por la tibieza de la voluntad sin educación, que se acobarda muchas veces ante la vergüenza del descrédito o de la deshonra y de los remordimientos deprimentes que ensucian su conciencia, consecuencias de acciones practicadas contra las leyes del Bien y la Justicia.

Los hechos irremediables, sin embargo, se imponen a los hombres como a los  espíritus con una majestuosa naturalidad. en el Más Allá de la tumba, las vibraciones mentales largamente violadas del alcohólico, del sensual, del cocainómano, etc., etc., podrán crear y mantener visiones y ambientes nefastos, pervertidos. Si, además, traen los desequilibrios de un suicidio, la situación podrá alcanzar proporciones inconcebibles.

¡La mente edifica y produce! ¡El pensamiento es creador, y, por tanto, fabrica, corporifica, retiene imágenes engendradas por él mismo, realiza, fija lo que pasó y, con poderosas garras, lo conserva presente hasta cuando se desee! El suicida en el Valle Siniestro de los Suicidas vibrando violentamente y reteniendo con las fuerzas mentales el momento atroz en que se suicidan, crean  los escenarios y respectivas escenas que viven  en  sus últimos momentos en la Tierra.


El suicida  tiene fragmentos de un cordón luminoso, fosforescente, despedazado, como violentamente roto, que se desprende  en astillas como un cable compacto de hilos eléctricos reventados, desprendiendo fluidos que deberían permanecer organizados para determinado fin. Ese detalle, aparentemente insignificante, tenía una importancia capital, pues era justamente donde se establece  la desorganización del estado del suicida.

Hoy sabemos que ese cordón fluídico-magnético, que une el alma al cuerpo físico y le da la vida, solamente deberá estar en condiciones apropiadas para separarse de este, con ocasión de la muerte natural, lo que entonces se hará naturalmente, sin choques, sin violencia. Con el suicidio, sin embargo, una vez roto y no desprendido, rudamente arrancado, despedazado cuando todavía estaba en toda  su pujanza fluídica y magnética, producirá gran parte de los desequilibrios que se han mencionado, ya que, en la constitución vital para la existencia que debería ser, muchas veces, larga, la reserva de fuerzas magnéticas aun no se había extinguido, lo que lleva al suicida a sentirse un “muerto-vivo” en la más expresiva significación del término.

1ºEl hombre es un compuesto de triple naturaleza: humana, astral y espiritual, es decir, materia, fluido y esencia. Ese compuesto podemos también denominarlo: cuerpo físico, cuerpo fluídico o periespiritu, y alma o espíritu, de este último se irradian vida, inteligencia, sentimiento, etc., etc. es la centella donde se verifica la esencia divina y que en el hombre señala la herencia celeste. De esos tres cuerpos, el primero es temporal, obedeciendo sólo a la necesidad de las circunstancias que le rodean, destinado a la desintegración total por su propia naturaleza putrescible, oriunda del barro primitivo: es el de carne. El segundo es inmortal y tiende a progresar, desarrollarse, perfeccionarse a través de los trabajos incesantes en las luchas de los milenios: es el fluídico o periespiritu; mientras que el espíritu, eterno como el origen del que proviene, luz imperecedera que tiende a volver a brillar  siempre hasta retratar en grado relativo el brillo supremo que le dio la vida, para gloria de su mismo Creador. Es la esencia divina, imagen y semejanza (que lo será algún día), del Todopoderoso Dios.

2. Viviendo en la Tierra, ese ser inteligente, que deberá evolucionar hacia la eternidad, se denomina hombre siendo, por tanto, el hombre un espíritu encerrado en un cuerpo de carne o encarnado.

3. Un espíritu vuelve varias veces a tomar un nuevo cuerpo físico sobre la
Tierra, nace varias veces para volver a convivir en las sociedades terrenas, como hombre, exactamente como éste cambia de ropa muchas veces...

4. El suicida es un espíritu criminal, fracasado en los compromisos que tenía con las Leyes sabias, justas e inmutables establecidas por el Creador, y que se ve obligado a repetir la experiencia en la Tierra, tomando un cuerpo nuevo, ya que destruyó aquel que la Ley le confiara para instrumento de auxilio en la conquista de su propio perfeccionamiento, depósito sagrado que debía haber estimado y respetado antes que destruirle, ya que no tenía derecho a faltar a los grandes compromisos de la vida planetaria, establecidos antes del nacimiento en presencia de su propia conciencia y ante la Paternidad Divina, que le dio la vida y medios para ello.

5. El espíritu de un suicida volverá a un nuevo cuerpo terreno en condiciones muy penosas de sufrimiento, agravadas por los resultados del gran desequilibrio que el gesto desesperado provocó en su cuerpo astral, es decir, en su periespiritu.

6. La vuelta de un suicida a un nuevo cuerpo físico responde a la Ley. Es la Ley inevitable, irrevocable: una expiación irremediable, a la que tendrá que someterse voluntariamente o no, porque no hay otro recurso sino la repetición del programa terrestre que dejó de ejecutar, en su propio beneficio.

7. Sucumbiendo al suicidio, el hombre rechaza y destruye una ocasión sagrada, proporcionada por la Ley, para la conquista de situaciones dignas y honrosas para la propia conciencia, pues los sufrimientos, cuando son heroicamente soportados,  con voluntad soberana de vencer, son como una esponja mágica para eliminar de la conciencia culpable las tinieblas infamantes, que son el resultado, en muchas ocasiones, de un pasado criminal, en anteriores etapas terrestres. Pero, si en vez del heroísmo salvador, el hombre prefiere huir a sus pruebas, valiéndose de un atentado contra sí mismo que revela la degradación moral e inferioridad de su carácter, retrasará el momento de satisfacer sus más anhelados deseos, ya que jamás se podrá destruir porque la fuente de su vida reside en su espíritu y éste es indestructible y eterno como el foco Sagrado del que descendió.

8. Raramente el suicida permanece mucho tiempo en la Espiritualidad. En función del daño producido, se reencarnará con rapidez o retrasará su vuelta a un cuerpo físico en el caso que existan circunstancias atenuantes que permitan su ingreso en cursos de aprendizaje educativos, que facilitaran las luchas futuras, favoreciendo su rehabilitación.

9. El suicida es como un clandestino de la Espiritualidad. Las leyes que regulan la armonía del mundo Invisible no admiten su presencia antes de la época fijada; y son tolerados, amparados y convenientemente encaminados porque la excelencia de esas mismas leyes, derramada del seno amoroso del Padre Altísimo, estableció que sean incesantemente renovadas las oportunidades de corrección y rehabilitación a todos los pecadores.

10. Renaciendo en un nuevo cuerpo carnal, se enfrentará de nuevo el suicida a la programación de los trabajos a los que imaginó erróneamente poder escapar por el suicidio; experimentará nuevamente tareas, pruebas semejantes o absolutamente idénticas a las que pretendió esquivar; pasará inevitablemente por la tentación del mismo suicidio, porque él mismo se colocó en esa difícil situación acumulando para la reencarnación expiatoria las amargas consecuencias de un pasado delictivo.
Sin embargo, podrá resistirse a esa tentación, ya que en la espiritualidad fue debidamente aleccionado para esa resistencia. Si, no obstante, fallase por segunda vez –caso improbable–, se incrementará su responsabilidad, multiplicando la serie de sufrimientos y luchas rehabilitadoras, ya que es inmortal.

11. El estado indefinible, de angustia inconsolable, inquietud aflictiva, tristeza e insatisfacción permanente, las situaciones anormales que aparecen y permanecen en el alma, la mente y la vida de un suicida reencarnado, indescriptibles a la comprensión humana y sólo asimilables por él mismo, solamente le permitirán el  retorno a la normalidad al terminar las causas que las provocaron, después de existencias expiatorias, donde sus valores morales serán puestos a prueba, acompañados de sufrimientos, realizaciones nobles y renuncias dolorosas de las que no se podrá librar... pudiendo exigir esa labor suya la perseverancia de un siglo de luchas, de dos siglos... tal vez más... según sea el grado de sus propios méritos y su disposición para las luchas justas e inalienables.

 Ese deplorable estado de cosas, para las que el hombre no tiene vocabulario ni imágenes adecuadas, se prolonga hasta que se agoten las reservas de fuerzas vitales y magnéticas, lo que varía según el grado de vitalidad de cada uno. El mismo carácter individual influye en la prolongación del delicado estado, cuando la persona haya estado más o menos atraída por los sentidos materiales, groseros e inferiores. Es pues, un trastorno, que sólo el tiempo, con una extensa ristra de sufrimientos, conseguirá corregir.

¡Es innegable, no obstante, que estamos todos subordinados a una Dirección Mayor, independiente de nuestra voluntad!... que lo mejor que todos podemos hacer, ante cualquier situación nefasta  que se nos presente  es encomendarnos a Dios, resignándonos buenamente a las peripecias que  nos sobrevengan... ¡De nada vale desesperarse, sino para ser todavía más desgraciados! Se puede escapar y restablecerse de un tiro de revolver o curarse de la ingestión de un veneno, cualquiera que sean las circunstancias en que lo hayamos usado.

Pero en el periespiritu  quedan grabadas las  lesiones psíquicas que abrigamos e intencionadamente  queríamos efectuar. 

Todos los hijos del Altísimo, al vivir las existencias planetarias y espirituales, las imprimen en los archivos del alma, en las capas profundas de la conciencia, toda la gran epopeya de las trayectorias vividas, las acciones, las obras y hasta los pensamientos que conciben. Su larga y tumultuosa historia se encuentra grabada, como la historia del globo, donde ya vivimos, está archivada en las capas geológicas y eternamente reproducida, fotografiada, igualmente archivada, en las ondas luminosas del éter, a través del infinito del tiempo.

A su vez el periespiritu, el envoltorio que tenemos actualmente, como espíritus libres del cuerpo físico, aparato delicadísimo y fiel, cuya maravillosa constitución todavía no podéis comprender, registra, con nitidez idéntica, los mismos depósitos que la conciencia almacenó a través del tiempo, los archiva en sus arcanos, los refleja o expande conforme a la necesidad del momento –tal como lo hice ahora–, bastando para eso la acción de la voluntad educada.

El “cuerpo astral”, es decir, el periespiritu –o mejor, el “físico-espiritual”– no es una abstracción, ni una figura incorpórea, etérea, como se pueda suponer. Es, al contrario de eso, una organización viva, real, sede de las sensaciones, donde se imprimen y repercuten todos los acontecimientos que impresionan la mente y afectan al sistema nervioso, al que dirige.

 En ese envoltorio admirable del alma –de la esencia divina que en cada uno de nosotros existe, señalando el origen del que provenimos–, persiste también una sustancia material, aunque quintaesenciada, que le permite enfermar y resentirse, ya que semejante estado de materia es muy impresionable y sensible, de naturaleza delicada, indestructible, progresiva, sublime, no pudiendo, por eso mismo, padecer, sin grandes problemas, la violencia de un acto brutal como el suicidio, para su envoltorio terrestre.

¡No morimos ni moriremos jamás!...  porque la muerte no existe en la Ley que rige en el Universo!  Con el suicidio lo que pasa  es que aniquilamos el cuerpo carnal  y la vida sin embargo  no reside en ese cuerpo y si  en el periespiritu, el es el que sufre, vive y piensa  y que posee la cualidad sublime de ser inmortal, mientras que el de carne  que rechaza el suicida, es solo para el uso en la Tierra el que yace en la sombría tumba. 


Es cierto que la buena educación social favorece la adaptación a los ambientes espirituales. Sin embargo, no lo es todo. Los sentimientos depurados, el estado mental en armonía con los principios elevados, las buenas cualidades del carácter y del corazón, que conforman la “buena educación” moral, son los que constituyen el elemento primordial para una prometedora situación en el Más Allá...

Para deshacerse del profundo desequilibrio que el acto del suicidio produce tanto en la organización fluídica (periespiritu) (no solo de la desorganización moral, todavía más dolorosa), es indispensable volver a animar otro cuerpo físico,   pues hasta que no sea así, el suicida es una criatura inarmónica con las leyes  que rigen el universo, privada  de cualquier realización que lo permita progresar. Pues como hemos podido observar, que el hombre  que deseó huir de la existencia planetaria por los engañosos acantilados del suicidio, no se eximió, absolutamente, de ninguna de las amargas situaciones que le disgustaban, sino que sumó desdichas nuevas, más ardientes y punzantes, al bagaje de los males que antes le afectaban, que habrían sido soportables si una educación moral sólida, basada en el cumplimiento del deber, inspirase sus acciones diarias.

Esa educación orientadora, consejera, salvadora, por tanto, de desastres  el hombre no la adquiere en la Tierra porque no la quiere adquirir, ya que a su alrededor existen, numerosas instrucciones y enseñanzas capaces de encaminar sus pasos hacia el bien y el deber.

El incauto viajero terreno ha preferido siempre desperdiciar las oportunidades benéficas proporcionadas por la Divina Providencia con vistas a su engrandecimiento moral y espiritual, para libremente engancharse a las pasiones que mantienen los vicios y desatinos que le empujan a la irremediable caída en el abismo.

Sumergido en el torbellino de las atracciones mundanas, en las pruebas que le martirizan, en las vicisitudes diarias, sin considerar que son el medio en que realiza las experiencias para el progreso, como un hogar próspero y feliz, jamás se le ocurre al hombre emprender ningún esfuerzo para la iluminación interior de sí mismo, la reeducación moral, mental y espiritual necesaria para el futuro que su espíritu será llamado a conquistar por el orden natural de las Leyes de la Creación.
Ni él mismo comprende que posee un alma dotada de los gérmenes divinos para la adquisición de excelentes prendas morales y cualidades espirituales eternas, gérmenes cuyo desarrollo le corresponde realizar y mejorar a través del glorioso trabajo de ascensión hacia Dios, hacia la vida inmortal.

Ignora que es en el cultivo de esos dones donde reside el secreto de la obtención perfecta de sus ideales más queridos, de que los sueños que suspira se hagan reales, y sobre todo que, despreciando el ser divino que palpita dentro de él, que es él mismo, su espíritu inmortal, descendiente del Todopoderoso, se entrega voluntariamente a la condena por el dolor, cayendo por los tortuosos desvíos de la animalidad y hasta del crimen, que le arrastrarán inexorablemente a las reparaciones, renovaciones y experiencias dolorosas en las reencarnaciones necesarias. ¡Cómo sería de suave la ascensión si meditase prudentemente, buscando el propio origen y el futuro que debe alcanzar!

Aunque nuestro interés fraternal, inspirado en el ejemplo del Divino Cordero, intente remediar la suerte de los suicidas, sólo el tiempo y sus propios esfuerzos, en sentido opuesto a los que tuvieron  ante  la adversidad, serán el método más conveniente para su  recuperación. Pues como puede observar el suicida, al otro lado de la vida, destruyo su cuerpo físico, sin embargo,   no desapareció como deseaba,  ni se liberó  de los sinsabores que lo desesperaban. ¡Viven! ¡Pese a ese acto macabro ¡siguen vivos!  ¡Vivirán siempre!  Vivirán por toda la eternidad una vida  que es inmortal, que jamás, jamás se extinguirá dentro de su ser, proyectando sobre su conciencia un impulso irresistible hacia adelante, hacia el Más Allá…

Muchas veces la solución para los problemas que abrieron las puertas hacia el abismo, se encuentra a dos pasos de distancia del sufridor, el socorro enviado por la Providencia a su hijo bien amado surgiría,  en algunos días, unos pocos meses, bastando solamente que éste soportase la breve espera, en un glorioso testimonio de voluntad, paciencia y coraje moral, necesario para su progreso espiritual.  Es por esa razón, que el suicida observa con decepcionante sorpresa que fácil habría sido la victoria y hasta la felicidad, si hubiera buscado en el Amor Divino la inspiración para resolver esas circunstancias de la vida en vez de destruirla para siempre.

Allan Kardec y sus discípulos, no raras veces, se reunían periódicamente en lugares secretos, como los antiguos iniciados en el secreto de los santuarios, y, respetuosos, obedeciendo a impulsos fraternos por amor al Cristo Divino, emitían pensamientos  caritativos, a favor de los suicidas, por comprender la gravedad del asunto, y lo perjudicial que era para el Espíritu su ejecución.

 Para que las verdades de los misterios celestes se abran al entendimiento, para desvelarles lo sublime de ellas, fue, es y siempre será indispensable a los investigadores la autodisciplina moral y mental, es decir, una preparación individual previa, que obliga a modificaciones sensibles en el interior de cada uno, o, por lo menos, el deseo vehemente de reformarse, la voluntad convincente de alcanzar el verdadero centro del Bien...

Es necesario que recordemos, ante las vicisitudes de la vida, las bellas y edificantes palabras del Maestro que tantas lágrimas han enjugado a través de los siglos, tantos corazones ávidos han aplacado, tantas y tan angustiosas incertidumbres han transformado en la serenidad de una convicción sólida e inquebrantable:

–Venid a mí, vosotros que sufrís y os encontráis sobrecargados, y yo os aliviaré.

Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended conmigo, que soy blando y humilde de corazón, y hallaréis reposo para vuestras almas pues es suave mi yugo y leve mi fardo.

–Bienaventurados los que lloran y sufren, porque serán consolados.

–Bienaventurados los hambrientos y los sedientos de justicia, pues serán saciados.

–Bienaventurados los que sufren persecución por amor a la justicia, pues que es de ellos el reino de los cielos.

–Bienaventurados vosotros, que sois pobres, porque vuestro es el reino de los cielos.

–Bienaventurados vosotros que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados.

–Dichosos sois, vosotros que ahora lloráis, porque reiréis.

–Dios no quiere la muerte del pecador, y sí que él viva y se arrepienta.

–El hijo de Dios vino a buscar y salvar lo que se había perdido.

–De las ovejas que el Padre me confió, ninguna se perderá.

–Si quieres entrar en el reino de Dios, ven, toma a tu cruz y sígueme….

–¡Yo soy el Gran Médico de las almas y vengo a traeros el remedio que os ha de curar!

¡Los débiles, los sufridores y los enfermos son mis hijos predilectos! ¡Vengo a salvarlos!

Venid pues a mí, vosotros que sufrís y que os halláis oprimidos, y seréis aliviados y consolados.

–Vengo a instruir y consolar a los pobres desheredados. Vengo a decirles que eleven su resignación al nivel de sus pruebas, que lloren, por cuanto el dolor fue consagrado en el Jardín de los Olivos, pero que esperen, puesto que también a ellos los ángeles consoladores vendrán a enjugar sus lágrimas.

Vuestras almas no están olvidadas, yo, el Divino Jardinero, las cultivo en el silencio de vuestros pensamientos.

Dios consuela a los humildes y da fuerza a los afligidos que la piden.

Su poder cubre la Tierra y, por todas partes, junto a cada lágrima colocó Él un
Bálsamo que consuela.
 
–Nada queda perdido en el reino de nuestro Padre y vuestros sudores y miserias forman el tesoro que os hará ricos en las esferas superiores, donde la luz substituye a las tinieblas y donde el más desnudo de entre todos vosotros será tal vez el más resplandeciente.

El Espiritismo resulta un factor protector, al ofrecer a los hombres, educación espiritual, que le esclarecen en cuanto al origen de los sufrimientos y su relación con la ley de causa y efecto. A la vez que viene a traer un mensaje de esperanza, al dejar claramente establecida la transitoriedad del sufrimiento.
Algunas nociones previas sobre la vida espiritual serán útiles en ese particular. Pueden ayudar libros de la codificación espirita, como El Libro de los Espíritus y El Evangelio según el Espiritismo, donde también es abordada la problemática del suicidio.
 Por Mercedes Cruz Reyes
Extraído del libro “Memorias de un Suicida”  de Ivonne de Amaral Pereira

martes, 28 de octubre de 2014

En la historia del Espiritismo


 EN LA HISTORIA DEL ESPIRITISMO

Al mismo tiempo que se propagaba, el Espiritismo veía levantarse contra él numerosas oposiciones. Como todas las ideas nuevas tuvo que afrontar el desprecio, la calumnia, la persecución moral. Como el ideal cristiano en sus comienzos, fue abrumado por injurias y amarguras. Lo mismo ha ocurrido siempre. Cuando nuevos aspectos de la verdad aparecen a los hombres, siempre provocan asombro, desconfianza, hostilidad. 
Esto es fácil de comprender. La humanidad ha agotado las viejas formas del pensamiento y de la creencia, y cuando inesperados aspectos de la verdad se revelan, parecen responder poco al ideal antiguo que está debilitado, mas no muerto. Por eso se necesita un largo período de examen, 
de reflexión, de incubación para que la idea nueva avance dentro de la opinión. De ahí las luchas, las incertidumbres, los sufrimientos de la primera hora. 
Han sido objeto de muchas burlas las formas que revestía el Nuevo Espiritualismo. Las potencias invisibles que velan sobre la humanidad son mejores jueces que nosotros al respecto de los medios de acción que conviene adoptar, según los tiempos y las circunstancias, para volver al hombre al sentimiento de su deber y de su destino, y eso sin coartar su libre arbitrio, pues esto es lo principal: es necesario que la libertad del hombre quede intacta.


- León Denis -

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Espíritu y materia 

No hay efecto sin causa; nada procede de nada. Estos son los axiomas, es decir las verdades indiscutibles. Entonces, como se comprueba en cada uno de nosotros la existencia de fuerzas, de potencias que no pueden estar consideradas como materiales, es necesario, para explicar la causa, remontarnos a otra fuente distinta a la materia, a este principio que nombramos alma o espíritu. Cuando, descendiendo en el fondo de nosotros mismos queremos aprender a conocernos, a analizar nuestras facultades; cuando, apartando de nuestra alma la espuma que acumula allí la vida, el envoltorio espeso cuyos perjuicios, errores y sofismas revistieron nuestra inteligencia, penetramos en los dobleces más íntimos de nuestro ser, nos encontramos allí cara a cara con estos principios augustos sin los cuales no habría grandeza para la humanidad: el amor al bien, el sentimiento de la justicia y del progreso.
Estos principios, que se reencuentran en grados diversos, tanto en casa del ignorante como en casa del hombre sabio, no pueden provenir de la materia, que está privada de tales atributos. Y si la materia no posee estas cualidades, ¿cómo podría formar, ella sola, seres dotados de ellas? El sentido de lo bello y de la verdad, la admiración que experimentamos hacia las obras grandes y generosas, no podrían tener el mismo origen que la carne de nuestros miembros o la sangre de nuestras venas. Estos son más bien como los reflejos de una luz alta y pura que brilla en cada uno de nosotros, lo mismo que el sol se refleja sobre las aguas, sean estas aguas fangosas o límpidas. En vano pretenderíamos que todo es materia.
Nosotros que sentimos realces poderosos de amor y de bondad, que amamos la virtud, la devoción, el heroísmo; el sentimiento de la belleza moral está grabado en nosotros; la armonía de las cosas y de las leyes nos penetra, nos arrebata; ¡y nada de todo eso nos distinguiría de la materia! Sentimos, amamos, poseemos la conciencia, la voluntad y la razón; ¡y procederíamos de una causa qué no encierra estas calidades en ningún grado, de una causa que no siente, no ama ni sabe nada, que es ciega y muda! ¡Superiores a la fuerza qué nos produce, estaríamos más perfeccionados y seríamos mejores que ella! Tal forma de ver las cosas no se sostiene.
El hombre participa de dos naturalezas. Por su cuerpo, por sus órganos, deriva de la materia; por sus facultades intelectuales y morales, es espíritu. Digamos más exactamente todavía, respecto al cuerpo humano, que los órganos que componen esta admirable máquina son semejantes a ruedas incapaces de actuar sin un motor, sin una voluntad que los ponga en movimiento. Este motor, es el alma. El tercer elemento conecta a la vez a los otros dos, transmitiendo a los órganos las órdenes del pensamiento. Este elemento es el periespíritu, la materia etérea que escapa a nuestros sentidos. Envuelve al alma, la acompaña después de la muerte en sus peregrinaciones infinitas, depurándose, progresando con ella, dotándola de un cuerpo diáfano y vaporoso. Iremos más lejos sobre la existencia de este periespíritu, llamado también doble fluídico.
El espíritu yace en la materia como un preso en su celda; los sentidos son las aberturas a través de las cuales comunica con el mundo exterior. Pero, mientras que la materia decae tarde o temprano y se descompone, el espíritu crece en fuerza, se fortifica por la educación y la experiencia. Sus aspiraciones aumentan, se extienden allende la tumba; su necesidad de saber, de conocer, de vivir no tiene límite. Todo muestra que el ser humano pertenece sólo temporalmente a la materia. El cuerpo es sólo un traje prestado, una forma pasajera, un instrumento con la ayuda del cual el alma persigue en este mundo su obra de depuración y de progreso. La vida espiritual es la vida normal, verdadera e infinita.
Léon Denis 
Extraído del libro "El porqué de la Vida"


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EVOCACIÓN Y PRESENTACIÓN DE LOS ESPÍRITUS

  La facultad de evocar a cualquier espíritu no implica para ese espíritu la obligación de ponerse a nuestra disposición; que él puede acudir en una determinada ocasión, pero no en otra, así como con un médium o con un evocador que le agrade, y no con otro; que puede decir lo que desee, sin que sea obligado a manifestar lo que no quiere; que puede retirarse cuando así lo crea conveniente; por último, que por causas que dependen o no de su voluntad, puede dejar repentinamente de concurrir, aunque lo haya hecho con asiduidad durante algún tiempo. A raíz de los motivos expuestos, cuando se desea llamar a un espíritu por primera vez, es necesario preguntar al guía protector si la evocación es factible. En caso de que no lo sea, el guía, por lo general, expone los motivos, y entonces será inútil insistir.

- El Libro de los Médiums -

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lunes, 27 de octubre de 2014

En la Era de la Divulgación



   “VOSOTROS SOIS DIOSES”


Somos, en tanto conciencia, expresión o creación de la CONCIENCIA MAYOR DIVINA: Dios Como tal, instrumentos de nosotros mismos para desarrollar el potencial interior de alcance y percepción de esa Esencia Divina que intrínsicamente reside en cada uno de nosotros.

Como el Cristo, cada uno tiene diseñado, en forma de impulsos del súper consciente, el camino de afinización, o sintonía, que progresivamente se está configurando en el proceso irreversible, construido o conquistado por nosotros mismos, a través de los tiempos.

El maestro Jesús, expresión máxima de esa conquista o construcción, ejemplo de la elevación que nos es posible alcanza, testimonia y documenta, delineando el camino a seguir. “Podéis hacer lo que yo hago y mucho más…”

Podemos recurrir a la ayuda de muchos pensadores, filósofos, científicos, religiosos, iniciados orientales y occidentales, que desarrollaron en sí mismos y tuvieron sus propias incursiones en esas esferas imponderables del Océano de la Conciencia Cósmica, percibiendo cuán grande y majestuosa es esa armonización o la convivencia con el todo. “El Reino de Dios está dentro de cada uno de nosotros…”
Es algo imposible de traducir en palabras… Son experiencias indelebles y arrebatadoras, sobre todo fortalecedoras y convincentes, que impulsan, los sentimientos a estados profundos de conciencia con alto potencial de cambio comportamental, de estado de Espíritu, de percepción de valores.

Respetables son todos los que pasaron por esa experiencia e intentaron describirlas, o también hacer de sus percepciones, doctrinas y filosofías de vida.

Fueron y son todos ellos, instrumento de prospección, aunque condicionados por sus culturas, en sus épocas particulares. De ahí las diferencias de la presentación y descripción de los caminos para “llegar allá”.

Necesariamente alcanzaron, todos la misma Realidad Última, inmutable y permanente. Entretanto, la interpretaron con las referencias del conocimiento dominante en cada época, región o pueblo, no menos impregnados de las formas del poder mandante. Surgen las divisiones, separaciones, clasificaciones – fruto de las diferentes ópticas personales, pero, en esencia, deberían tratar de una sola naturaleza, reino o dominio.

Quedamos en ese contexto, divididos y personalizados, asumiendo la defensa, hasta con violencia, de lo que se instituyó en cada civilización como verdaderos. Luchas de poder y dominio sobre las conciencias que aún no se someten y que guardan dentro de sí mismas, la libertad y el potencial para ir al encuentro de ese Reino, que no es propiedad de nadie, de ninguna organización.

No necesitamos procuradores, representantes ni intermediarios, que se interpongan y que hablen de ese “Poder Divino”, tan divididos y fragmentado entre los hombres comunes. Sin embargo, los auténticos instrumentos siempre entendieron esa importancia, de que cada uno de nosotros reúne en si mismo todo el potencial a desarrollar, por los cuales alcanzará el Camino, conocerá la verdad y percibirá la grandeza de la vida.

Ir hacia el Padre es transitar el camino con mansedumbre, tolerancia, abnegación: procedimientos ejemplificados por Jesús; por eso el afirmó “… Nadie llegará al Padre sino por Mi…”

*Por el Ing., Ney Prieto Peres.
Extraído de la revista “LA IDEA”
Órgano de difusión la Confederación Espiritista Argentina

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        Adoración externa 

. ¿Tiene la adoración necesidad de manifestaciones exteriores?
- La verdadera adoración está en el corazón. En todas vuestras acciones, pensad siempre que el Señor os observa. 
a. La adoración externa ¿es útil? 
- Sí, cuando no constituye un vano simulacro. Siempre es útil dar un buen ejemplo. Pero aquellos que sólo lo hacen por afectación y amor propio, y cuya conducta desmiente su piedad aparente, ofrecen un ejemplo más malo que bueno, y hacen más daño del que piensan.
¿Otorga Dios una preferencia a aquellos que lo adoran de tal o cual modo? 
- Dios prefiere a los que lo adoran desde los hondones de su corazón, con sinceridad, haciendo el bien y evitando el mal, y no a esos otros que creen honrarlo con ceremonias que no los tornan mejores para con sus semejantes.

- El Libro de los Espíritus- Allan Kardec-

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 NATURALEZA DE LAS COMUNICACIONES /

 Comunicaciones groseras, frívolas, formales o instructivas.


133. Hemos dicho que todo efecto que revela en su causa un acto de libre voluntad, por insignificante que sea este acto, acusa por esto mismo una causa inteligente. De este modo, un simple movimiento de una mesa que responde a nuestro pensamiento, o presenta un carácter intencional, puede considerarse como una manifestación inteligente. Si el resultado se limitara a esto solo, tendría para nosotros un interés muy secundario; sin embargo, algo sería ya el habernos dado una prueba de que hay en estos fenómenos otra cosa más que una acción puramente material; pero la utilidad práctica que sacaríamos de eso sería para nosotros nula, o al menos muy restringida; otra cosa sucede cuando esta inteligencia adquiere un desarrollo que permite un cambio regular y seguido de pensamientos; entonces ya no son simples manifestaciones inteligentes, sino verdaderas comunicaciones. Los medios de que disponemos hoy día permiten el obtenerlas tan extensas, tan explícitas y tan rápidas como las que nos comunicamos con los hombres.

Si nos penetramos bien, según la Escala Espírita (El Libro de los Espíritus, núm. 100), de la variedad infinita que existe entre los Espíritus, bajo el doble aspecto de la inteligencia y de la moralidad, se concebirá fácilmente la diferencia que debe haber en sus comunicaciones; en las que debe reflejarse la elevación o la bajeza de sus ideas, su saber y su ignorancia, sus vicios y sus virtudes; en una palabra no deben parecerse las unas a las otras, ni más ni menos que las de los hombres, desde el salvaje al europeo más ilustrado. Todos los matices que presentan pueden agruparse en cuatro categorías principales; según sus caracteres más marcados, son, pues, groseras, frívolas, formales e instructivas.

134. Las comunicaciones groseras son aquellas que se traducen por expresiones que hieren la decencia. No pueden emanar sino de Espíritus de baja clase, manchados todavía con todas las impurezas de la materia, y no difieren en nada de las que podían dar los hombres viciosos y groseros. Repugnan a toda persona que tiene la menor delicadeza de sentimientos; porque son, según el carácter de los Espíritus: triviales, deshonestas, obscenas, insolentes, vanidosas, malévolas y aun impías.

135. Las comunicaciones frívolas emanan de los Espíritus ligeros, burlones y traviesos, más maliciosos que malvados, y no dan ninguna importancia a lo que dicen. Como no tienen nada de indecentes, gustan a ciertas personas que se divierten con ellas y encuentran placer en estos entretenimientos fútiles en que se habla mucho para no decir nada. Estos Espíritus dicen de vez en cuando agudezas espirituales y satíricas, y en medio de sus chistes vulgares dicen algunas veces duras verdades que tocan casi siempre en el blanco. Estos Espíritus ligeros pululan alrededor de nosotros y aprovechan todas las ocasiones para mezclarse en las comunicaciones; la verdad es el menor de sus cuidados; por eso tienen el pernicioso placer de mixtificar a aquellos que tienen la debilidad y algunas veces la presunción de creerlos bajo su palabra. Las personas que se complacen con esta clase de comunicaciones dan, naturalmente, acceso a los Espíritus ligeros y mentirosos; los Espíritus formales se alejan de ellos como sucede entre nosotros, que los hombres formales se alejan de las reuniones de los atolondrados.

136. Las comunicaciones formales son graves en cuanto al objeto y a la manera como se hacen. Toda comunicación que excluye la frivolidad y la grosería, y que tiene un fin útil, aunque fuese de interés privado, es por lo mismo formal; pero no por esto está siempre exenta de errores. Los Espíritus formales no todos tienen igual ilustración. Hay muchas cosas que ellos ignoran y sobre las cuales pueden engañarse de buena fe; por eso los Espíritus verdaderamente superiores nos aconsejan sin cesar, que sometamos todas las comunicaciones al examen de la razón y de la más severa lógica.

El preciso, pues, distinguir las comunicaciones verdaderamente formales de las falsas formales, y esto no es siempre fácil, porque es a favor de la misma gravedad del lenguaje, ciertos Espíritus presuntuosos o falsos sabios procuran hacer prevalecer las ideas más falsas y los sistemas más absurdos; y para hacerse más verídicos y darse más importancia no tienen escrúpulo en adornarse con los nombres más respetables y más venerados. Ese es uno de los grandes escollos de la ciencia práctica; volveremos a tratar de ello más adelante, con toda la extension que necesita un objeto tan importante, al mismo tiempo que daremos a conocer los medios de precaverse contra el peligro de las falsas comunicaciones.

137. Las comunicaciones instructivas son las comunicaciones formales que tienen por principal objeto alguna enseñanza dada por los Espíritus sobre las ciencias, la moral, la filosofía, etc. Son más o menos profundas, según el grado de elevación o de desmaterialización del Espíritu. Para sacar de estas comunicaciones un fruto real, es preciso que se regularicen y se continúen con perseverancia. Los Espíritus formales se interesan por aquellos que quieren instruirse y los secundan, mientras que dejan a los Espíritus ligeros el cuidado de divertir a los que sólo ven en estas manifestaciones una distracción pasajera. Por la regularidad y la frecuencia de estas comunicaciones es como se puede apreciar el valor moral e intelectual de los Espíritus con los cuales uno se comunica, y el grado de confianza que merecen. Si la experiencia es necesaria para juzgar a los hombres, mayor se necesita para juzgar a los Espíritus. 

Dando a estas comunicaciones la calificación de instructivas, nosotros las suponemos verdaderas, porque lo que no fuese verdadero no podría ser instructivo, aunque se dijera con el lenguaje más imponente. No podríamos, pues, colocar en esta categoría ciertas enseñanzas, que no tienen de formal sino la forma, a menudo pomposa y enfática, con ayuda de la cual los Espíritus más presuntuosos que sabios, que las dictan, pretenden hacer ilusión; pero estos Espíritus, no pudiendo suplir el fondo que no tienen, no podrían sostener mucho tiempo su papel; pronto descubren su flanco débil, por poco que continúen sus comunicaciones o se sepa acosarlos hasta sus últimos atrincheramientos.

138. Los medios de comunicación son muy variados. Los Espíritus obran sobre nuestros órganos y sobre todos nuestros sentidos; pueden manifestarse a la vista en las apariciones, al tacto por impresiones tangibles, ocultas o visibles, al oído por ruidos, al olfato por olores sin causa conocida. Este último modo de manifestarse, aunque muy real, es sin contradicción el más incierto por las numerosas causas que pueden inducir en error, por lo que no nos ocuparemos de ello. Lo que debemos examinar con cuidado son los diversos medios de obtener comunicaciones, es decir, un cambio regular y continuado de pensamientos. Estos medios son: los golpes, la palabra y la escritura. Los desarrollaremos en capítulos especiales.


-El Libro de los Mediums- Allan Kardec-

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EN LA ERA DE LA DIVULGACIÓN DEL REINO DE DIOS

¡Hijos del alma!
Que Jesús nos bendiga.
Suenan, en la Espiritualidad Superior, los clarines que anuncian la gran transición.
No todo, sin embargo, son tinieblas y sufrimientos. No apenas testimonios de lágrimas en nuevos holocaustos, homenajeando al señor de la Vida.
La misericordia del Amor nos enseña la madrugada de luz, caracterizada por un festival de bendiciones.
Desde hace mucho, no se observan bendecidas expectativas  como las que se diseñan para el futuro. Era Nueva de divulgación del reino de Dios en los corazones ansiosos de paz. Momentos significativos de comunión entre la tierra y los Cielos. Las falanges del amor confraternizan con los emisarios de la caridad sumergidos en la indumentaria carnal.
Es indispensable que nos predispongamos todos, los desencarnados y encarnados, a esa comunión efectiva en la que el mundo transcendente y la vida inmanente en el planeta terrestre  cansado de persecuciones y de angustias de sombras y de amarguras.
En este momento, nos cabe recordar las Buenas Nuevas de alegría que, llegando a la Tierra por segunda vez, se instalaran por definitiva en el país de las almas humanas, favoreciéndolas  con la paz anhelada.
Manteneos fieles a los postulados de la Codificación espirita que restaura en su pulcritud el mensaje de Jesús. Esforzaos para que de aquí salgan las claridades diamantinas del Evangelio  en espíritu y verdad  para esparcirse por la nacionalidad brasileña en los próximos días festivos de gratitud y exaltación al incomparable Maestro galileo. Y, de las tierras hermosas del Cruzeiro, se expanden las noticias libertadoras por toda la Tierra, iniciando verdaderamente el periodo nuevo.
Conocéis, gracias a las cicatrices en el alma, las dificultades que fluyen de la larga jornada por los difíciles caminos de renovación espiritual. Traéis las marcas profundas de los errores practicados, ahora diluidos suavemente con los sublimes antídotos del evangelio libertador.
Sed fieles a aquellos que, en nombre de Jesús, preparan estos caminos para que pudieseis recorrerlos.
No temáis al mal, por más que se figure alarmante, por más complejas y traicioneras sean sus trampas, por cuanto, solamente los lobos caen en las trampas para lobos.  Y, porque estáis en el rebaño del Señor, El cuidará para que no caigáis en esas facilidades perturbadoras.
Los Espíritus, encargados de dirigir la nacionalidad brasileña, acompañan  el momento político y social de la Patria del evangelio y Jesús está en el timón de la barca terrestre. No dudéis, aun mismo  cuando todo parece conspirar contra el orden, la legalidad, el deber. Las Voces de los Cielos proclaman  el Orden Superior y mandan que desciendan, a las sombras terrestres, los Emisarios de la Verdad para la gran restauración.
Sois los abridores de los caminos del porvenir, como otros lo hicieron para vosotros.
Alegraos por vivir en estos gloriosos días de la Humanidad, de la ciencia, de la tecnología de borde, de conquistas de la inteligencia y del despertamiento de las emociones nobles del lodazal de las pasiones perturbadoras. Pediste para nacer en esta hora de desafío y recibiste la brújula para ofreceros el norte magnético, que es Jesús.
Proseguid, hijos del alma, jubilosos, vigilantes y devotos, porque el mañana os pertenece, porque pertenece al incomparable Rabí de galilea.
Nosotros, los Espíritus espiritas, integrando las huestes del Evangelio, abrazamos  vuestros sentimientos, vuestras vidas, buscando suplicar al Padre Celestial, que os aureola con las bendiciones  inmarcesibles de la salud integral y de la paz.
¡Que Él guía y modelo de la humanidad que nos bendiga a todos!
Son los votos del servidor humilde  y paternal de siempre.

Por el Espíritu Becerra de Meneses- Mensaje psicofónico recibido por el médium Divaldo Pereira Franco, en el cierre de la Reunión Ordinaria del Consejo Federativo Nacional  celebrada en la sede de la F.EB

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