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jueves, 29 de enero de 2015

El Espiritismo abolió la esclavitud

¿EXISTE DIOS?


Se cuenta que Buda, el gran líder religioso, estaba reunido con sus discípulos cierta mañana, cuando un hombre se aproximó y preguntó:

- ¿Existe Dios?

El maestro penetro en la mirada del desconocido por algunos segundos y respondió objetivamente:

- Si, Dios existe.

El tiempo pasó y, después del almuerzo, otro hombre se acercó al sabio y preguntó:

- ¿Existe Dios?

Buda miro al hombre rápidamente, y luego le respondió:

- No, no existe.

Al final de la tarde, entonces, una tercera persona llegó hasta él, y le hizo la misma pregunta:

- ¿Maestro, existe Dios?

El sereno y experimentado sábio buscó los ojos del preguntador, y explicó:

- Usted es quien irá a decidir.

El hombre se aparto pensativo y luego los discípulos de Buda le exigieron explicaciones:

¡Maestro, que absurdo! – dijo el más sorprendido de ellos - ¿cómo el señor da respuestas diferentes para la misma pregunta?

Con paciencia y tranquilidad, respondió entonces el iluminado:

- ¡Porque son personas diferentes! Y cada una de ellas se aproximará a Dios a su manera: a través de la seguridad, de la negación y de la duda.

El fundador del budismo estaba seguro: somos personas diferentes, almas que ya vivieron las más diversas experiencias a través de las numerosas existencias.

Así, cada uno de nosotros irá a aproximarse a la verdad a su forma.

Y esta es una de las razones por la cual encontramos en el mundo religiones diferentes, creencias distintas, y las más diversas formas de interpretar la verdad.

Cada una de esas interpretaciones se aplica a un grupo de espíritus, conforme sus necesidades en aquel momento de su evolución.

Es por esa razón que no podemos criticar las creencias que divergen de la nuestra, pues cada uno encontrará la verdad de una manera y cada uno encontrará la religión, la doctrina que le llenará el alma, que le complete, que le consuele.

No podemos jamás tener la pretensión de que la nuestra sea la mejor creencia.

Ella es la mejor sí, para nosotros, para nuestros anhelos, para nuestras necesidades personales, pero nunca tendremos el derecho de imponer, de convertir a alguien a la fuerza, a la doctrina que abrazamos.

Es muy importante recordar la lección de Buda, que nos invita a la reflexión, y al cambio de actitud en relación a la libertad de creencia.

Cada uno de nosotros se aproximará a Dios a su manera: a través de la seguridad, de la negación, o de la duda.

¿Usted sabía?

¿Usted sabía que Kardec, en la primera obra de la codificación, pregunta a los espíritus por qué señal se podrá reconocer la religión que realmente sea la expresión de la verdad?

La respuesta de los espíritus fue la siguiente:

“Será aquella que hiciera más hombres de bien y menos hipócritas, quiere decir, practicantes de la ley de amor y caridad en su mayor pureza y en su más larga aplicación.”

Texto del Equipo de Redacción del Momento Espírita, basado en el libro Maktub, de Paulo Coelho, 1ª edición y en “El Libro de los Espíritus”, Allan Kardec, pregunta 842.

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Si no te gusta lo que recibes de regreso, revisa muy bien lo que estás dando. Anónimo

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CÓMO EL ESPIRITISMO 

ABOLIÓ LA  ESCLAVITUD


Mucho se ha dicho y escrito respecto al papel que desempeñó el Espiritismo en la proclamación emancipadora. Bien sabido es que Roberto Dale Owen y otros espiritistas eminentes, escribieron con frecuencia al Presidente Lincoln sobre la liberación de los esclavos. Con todo, no recordamos haber leído narración alguna sobre un acontecimiento importantes tan coordinada y autorizada como la que sigue, tomada de un tratado que publicó “The Medium and Saybreak” de Londres, nº 408, de una lectura de J. M. Puebles, quien dijo:
Otro ejemplo tengo de los usos del espiritismo. Me refiero a los medios que influyeron en la mente de Lincoln, dando por resultado la emancipación de cuatro millones de esclavos. Conozco personalmente a los hombres y a los médiums. S. P. Kase, Esq., es uno de los reyes de los caminos de hierro americanos, que ha ayudado a la construcción de cinco líneas férreas y sido a la vez presidente de dos de ellas. Este caballero al visitar la ciudad de Washington D. C., en otoño de 1863, durante nuestra guerra civil, estaba paseando a lo largo de la avenida de Filadelfia, cuando acertó a ver el signo suspensivo del médium Mr. J. B. Conklin, y oyó al mismo tiempo una voz que decía: “Vaya V. a ver a Conklin; está en las habitaciones que ocupaba V. doce años ha” Allá se encaminó Mr. Kase y encontró a Mr. Conklin en un estado semi-anormal, dirigiendo al presidente Lincoln una carta escrita bajo la influencia de los espíritus. Mr. Conklin dijo: “Llega V. a tiempo, necesito que lleve esto al Presidente”
“Bien, contestó Mr. Kase, no hallo inconveniente, si V. quiere acompañarme”
Fueron los dos a la casa presidencial y, como Mr. Kase se hubiese dejado olvidada su tarjeta de visita, envió por el criado su nombre, S. P. Kase, que el presidente tomó por S. P. Chase, miembro entonces de su gabinete. Introducidle, dijo. Al entrar en el salón, explicose fácilmente el error, atribuyéndolo a descuido por parte del criado.
Tome V. asiento, dijo el presidente a Mr. Kase. Le conozco a V. mucho, y aprecio la utilidad que prestan sus caminos de hierro, transportando nuestras tropas al Sur.
Después de conversar un rato sobre los ejércitos combatientes y la situación del país, Mr. Kase dijo: “Tengo una carta para V. Sr. Lincoln, y se la alargó. Leyola y releyola el presidente hasta que se volvió hacia Mr. Kase, diciéndole: “Es muy extraño. En esta carta se afirma que procede de los espíritus, de los padres de nuestra nación. ¿Sabe V. algo respecto a Espiritismo?
Oh! Sí, replicó Mr. Kase: me han llamado espiritista durante algunos años, y a la voz y guía de los espíritus debo ciertamente mi éxito financiero.
Las inteligencias espirituales solicitaban en la carta algunas conferencias personales con el Presidente, por conducto del médium de ellos. Arregláronse las cosas, y Mr. Conklin se hospedó en la mansión presidencial cuatro domingos seguidos. El resultado exacto de estas sesiones no se conoce, y sí sólo que la emancipación fue inmediatamente bosquejada en las reuniones del gabinete. Poco tiempo después el Presidente con su señora, el juez Wattles, el ex gobernador Smith y otros varios personajes políticos eminentes tuvieron una sesión en casa de Mr. Laurie, caballero muy conocido en Washington, y cuya hija, la señorita Jonng, es el célebre médium en presencia de quien el piano ha sido levantado bajo la acción de los espíritus, mientras ella lo estaba tocando.
Durante esta sesión un joven médium fue presentado por uno de los padres de la República y se dirigió al presidente Lincoln hablando del modo más atrevido y elocuente sobre la dirección de la guerra, la senda política que debía seguirse y la importancia de que saliera inmediatamente una proclamación en cuya virtud quedarán libres todos los esclavos de la nación. Voy ahora a leer la sustancia de lo que dijo el espíritu, según me lo ha contado Mr. Kase.
“Usted, señor, como Presidente de la República, ha sido llamado al puesto que ocupa para un objeto importantísimo. El mundo no sólo gime bajo el peso de la esclavitud mental y espiritual, si no que cuatro millones de hombres hechos a imagen de Dios están sufriendo la esclavitud material. Su yugo debe romperse, cortarse sus cadenas y ser libre el que está esclavizado físicamente para que pueda volver a su centro vuestra nación. En tiempo de Washington sembráronse los gérmenes de la libertad en los bosques del oeste, y están ahora próximos a dar preciosos frutos. Esta república va a la vanguardia de las naciones en la senda del pensamiento libre, pero ese punto oscuro, esa plaga de la esclavitud mancha su bandera. Este mal nacional debe destruirse. Un congreso espiritual vela por los asuntos de esta nación. La guerra civil no cesará, no se pronunciará el grito de victoria a través del norte, ni retumbará a lo largo de los valles del sur; el ramo de olivo de la paz no ondulará sobre vuestros campos, vuestros lagos, vuestras montañas, hasta que expidáis la proclamación de libertad, proclamación que hará libres para siempre los millones de esclavos de vuestro perturbado país.”
Los espíritus repitieron eso sustancialmente en las sesiones siguientes y en menos de tres semanas desde la recepción de esos mensajes espirituales del Congreso de Espíritus, el Presidente Lincoln publicó la gran proclama de la Emancipación.
A partir de ese tiempo veinte batallas se libraron y cada batalla, a excepción quizá de alguna escaramuza sin importancia, fue una victoria para el norte. El Presidente Lincoln, el orgullo de América, no era un sectario, ni un fariseo encerrado dentro de su credo, sino un gran defensor de la humanidad, que vivió libre-pensador y murió espiritista. El mundo de los espíritus es el mundote las causas, y ese Congreso de Espíritus, esas influencias espiritistas, en una palabra, el Espiritismo abolió la esclavitud en América. (Traducción del inglés de B. S.)

Texto extraido de la “REVISTA DE ESTUDIOS PSICOLÓGICOS” Febrero de 1879, BARCELONA.
Aportación de  Angela Rodríguez
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Estando los hombres en expiación en la Tierra, Dios, un buen padre, no los dejó entregados a sí mismos, sin guías. Primero tienen sus espíritus protectores o ángeles guardianes, que velan sobre ellos y se esfuerzan para conducirlos por el buen camino; tienen, además, a los espíritus en misión en la Tierra, espíritus superiores encarnados de tiempo en tiempo entre ellos para iluminar el camino con sus obras y hacer avanzar a la Humanidad. Además de haber grabado Dios su ley en la conciencia, creyó un deber, formularla de manera explícita; les envió primero a Moisés; pero las leyes de Moisés eran apropiadas a los hombres de su tiempo; no les habló sino de la vida terrestre, de penas y de recompensas temporales. Cristo vino enseguida para completar la Ley de Moisés por una enseñanza más elevada: la pluralidad de las existencias, la vida espiritual, las penas y las recompensas morales. Moisés les condujo por el temor, Cristo por el amor y por la caridad.
- El Espiritismo en su más simple expresión-

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CUADROS DE OBSESIÓN

En la Tierra, el amor es, todavía, hijo de la inmediatez y de los intereses, no  siempre arrimados a la nobleza de los sentimientos elevados, celando por la criatura querida.

Más siervo de la sensación que amigo de la emoción, se convierte en el arquitecto de tragedias  que disimula con arremetidas sentimentalistas, evadiéndose cuanto más  de él se necesita.

La saludable fraternidad no medrando en los corazones,  como seria de desear, responde por la falta de preparación de las criaturas para los acontecimientos  más graves y nobles, entre los cuales el amor asume un papel preponderante.

La existencia física, en la Tierra es un eslabón de inmensa cadena atando a la criatura a la Vida, o se convierte en un peldaño de larga escalera colocada en dirección a lo alto…

Considerando que la Revelación Espirita viene  hoy concienciando a los hombres sobre su realidad espiritual, las leyes  Kármicas que rigen la vida, y los deberes morales que deben ser tenidos en cuenta, la vivencia evangélica  como pauta  de comportamiento,  aun así, nos  enfrentamos  con criaturas  distraídas que esperan recibir sin dar, merecer sin hacer cualquier esfuerzo, para conquistar valores íntimos. Cuentan con el perdón para las faltas, pero no las disculpan en el prójimo; esperan cariño, que no les gusta retribuir, admiran el trabajo, si bien solamente en palabras, desde que no se dedican a el; teorizan sobre innumerables cosas, no yendo  más allá del verbalismo… Como es comprensible, se engañan, pero no convencen a nadie.

Billones de seres microscópicos, individualizados, trabajan para el comando de la mente, que retrata  las adquisiciones anteriores,  en la condición de conquistas  o deudas, ajustados perfectamente  a los implementos vibratorios del alma, emite y capta  irradiaciones específicas, en la forma de oscilaciones  electromagnéticas, que componen el cuadro de la individualidad humana…

En razón de la conducta mental,  las células son estimuladas  o bombardeadas  por los flujos de los intereses  que le placen, promoviendo la salud  o siendo la génesis de los desequilibrios que derivan de la falta de armonía. En estado de mitosis, esas unidades, degeneran,  ofreciendo campo a las bacterias patológicas que se instalan  venciendo los factores  inmunológicos, que por las hondas del mal humor, pesimismo, rebeldía, odio, celos, envidia, lubricidad y vicios son desactivados o debilitados transformados  en poderosos  agentes de la perturbación y del sufrimiento.

Existen obsesos  porque hay deudas que rescatar. La obsesión resulta del connubio  por afinidad de ambos compañeros.

El reflejo de una acción genera otro reflejo equivalente, cuando una actitud arremete recibe una respuesta de violencia, por el contrario, si el endeudado se presenta lleno  de sanas intenciones con vistas al resarcimiento del debito encuentra benevolencia  y comprensión para recuperarse.

La culpa consciente o inconscientemente  instalada en el domicilio mental, emite  ondas que sintonizan con  inteligencias enfermas, habilitándose a mórbidos intercambios.

En el caso especifico de las obsesiones entre encarnados y desencarnados, identificando la irradiación enfermiza el desencarnado  del endeudado, por ser también infelices, inician  el cerco al adversario pretérito,  a través de imágenes, mediante  las cuales se hacen notar, sin necesitar las palabras para ser percibidos, insinuándose insistentemente hasta establecer el intercambio que pasan a comandar…

La mente, viciada y aturdida por las ondas perturbadoras que capta del obsesor, pierde el control armónico, automático sobre las células, facultando que las bacterias patológicas proliferen, dominadoras. Tal desarmonía propicia la degeneración celular en forma de cáncer, tuberculosis, lepra y otras enfermedades complejas que la Ciencia viene estudiando.

Solamente el radical cambio de comportamiento del obseso resuelve, definitivamente, el problema de la obsesión.  Sin ejercicios de reflexión profunda, sin hábitos de edificación saludable del bien en si mismos; sin la constante oración como intercambio de fuerzas parafisicas, el hombre derrapa en actitudes imprevisibles, dirigiéndose hacia la mentirosa trampa  del suicidio. Excitados en una profunda  depresión, saltan  en el largo derrotero de la alineación en cuadros neuróticos, sicóticos, esquizofrénicos…

Al principio, se manifiestan como una idea que se insinúa. Otras veces, son un relámpago fulgurante en las oscuras noches de los sufrimientos, como solución libertadora.

Posteriormente, se hacen fijación del pensamiento infeliz que se adentra,  dominando  los cuadros de la mente y comandando el comportamiento, surgiendo en forma de ser el suicidio la mejor actitud, como la más correcta solución ante los problemas y desafíos.

La obsesión es clamorosa  enfermedad social que domina el pensamiento moderno, que desborda del imperio de factores disolventes, elaborados por la  mecánica  del materialismo simulado de idealismos voluptuosos, que incendian mentes y anestesian sentimientos.

La reflexión y el examen  de la supervivencia del espíritu, el posicionamiento en una ética cristiana, el estudio  de la ciencia y de la filosofía espirita, constituyen directrices seguras para conducir la mente  con equilibrio, preservando  las emociones con las cuales el hombre se equipa con seguridad para el proseguimiento en la escala evolutiva.

Cada suicida en potencial necesita, ciertamente, del apoyo fraternal, terapia espiritual, comprensión moral de cuantos le rodean  y asistencia médica especializada.

Todo tratamiento quirúrgico, aunque es una oportunidad para la recuperación del paciente, es una delicada incursión en el organismo, cuyos equipamientos tienen su propia mecánica de creación, imprevisibles muchas veces.

La anestesia, por otro lado, no obstante las bendiciones de que es portadora, puede generar consecuencias y secuelas no esperadas; cualquier  descuido, por tanto, puede ser factor de daños irreversibles o también muertes indeseadas.
El pasado es pesado carga que no siempre se consigue conducir como es deseable. Frecuentemente, muchos reinicio de actividades para la redención culmina en agravamiento de debitos que solamente las expiaciones lenitivas consiguen ajustar mediante procesos más drásticos  para el ser espiritual.

El mundo mental, constituido por ondas que se mueven en franjas vibratorias especificas, faculta la sintonía de aquellas otras de la misma frecuencia, facilitando  la identificación entre las criaturas, en el mundo físico, de estas con los desencarnados y entre  estos últimos.

Somos el resultado  de las experiencias  adquiridas por la vivencia en el campo de la evolución. Hay un largo camino que quedó detrás, recorrido con dolor y sombras, sin embargo, al frente se abre, un inmenso trecho virgen para recorrer. Nadie consigue alcanzar el éxito, sin romper las cadenas  con la retaguardia en la cual están las marcas de nuestro transito… Olvidados de vivir  desde ayer las leyes del amor establecidas por los Códigos de la vida, nos hicimos verdugos del prójimo, en la caza  del placer exorbitante y el poder alucinado, ofreciendo culto  al personalismo y a los vicios en que nos ejercitamos ampliamente, sin intentar  vencer los instintos más primarios. Para conseguir lo que nos agradaba, no vacilábamos en herir, ofender, destruir, traer la infelicidad.

Renovando el paisaje mental, sin embargo, con las almas mutiladas  por los delitos practicados, cambiamos la forma de  pensar, pero no la de actuar.  La arrogancia y la presunción, generadoras de la prepotencia, no se subordinan a la genuina humildad ni al servicio fraternal desinteresado. Los que se reencarnan, olvidan  a aquellos que les padecieron la impiedad y se arrojan  a nuevas aventuras constrictivas, comprometiéndose más y lanzando debitos adelante, que los sorprenderán  en el futuro, aun cuando parezcan olvidados…

Los actos infelices, deliberadamente practicados, en razón de la fuerza mental que necesitan, destruyen los sutiles tejidos del periespiritu que, resintiéndose por la desarmonía, dejaran matrices en la futura forma física, en la cual se manifestará las deficiencias purificadoras, y la caída del tono vibratorio especifico permitirá que los implicados en  los hechos, en el tiempo y en el espacio, próximos o no, se vinculen por el proceso de una sintonía automática, de la que no podrán evadirse. Ahí se establecen las enfermedades  de variada importancia. Los factores inmunológicos  del organismo, padeciendo  la arritmia  vibratoria  que los envuelve, son vencidos  por bacteria, virus  y toda suerte de microbios patológicos,  que más tarde se desarrollan, siendo la génesis  de las enfermedades físicas. En el área mental, por su parte, los conflictos y amarguras, los, los odios acerbos, las ambiciones delirantes y los tormentosos delitos ocultos,  en el momento  de la reencarnación, por estar insitos en el Espíritu endeudado, responden  por las más variadas alteraciones psíquicas  y alineaciones. Añadamos a estas predisposiciones  la presencia de los cobradores desencarnados, cuya acción mental encuentra perfecto  acoplamiento en el paisaje psicofísico de aquellos a quien persiguen, y tendremos la presencia de la constricción  obsesiva. Es rara la enfermedad  que no cuente con la presencia  de un componente espiritual, cuando no sea directamente  este su efecto. El cuerpo y la mente reflejan  la realidad espiritual de la criatura.

Hay enfermedades  y enfermedades.

Las primeras, ya se conocen  varias patogénesis, son sabidos  y estudiados  sus innumerables factores propiciatorios. Las segundas, son  aquellas  en las cuales los enfermos, dotados  de sensibilidad mediúmnica más aguzada, absorben fluidos desarmonizados  y destructivos  de Espíritus  desencarnados con los cuales se vinculan; dando campo a una vigorosa sintonía que permite la transmisión de las sensaciones y dolores de los segundos para los que le sufren la acción, afligiendo y sometiendo las resistencias  en estos que; si no son atendidas en tiempo, se convierten en enfermedades  reales, a tenor de las razones  ya expuestas. Se convierten  en verdaderos fenómenos  de incorporación,  igual que ocurre  en la psicofonía atormentada y consciente, este hecho es más  habitual de lo que se piensa.  Solamente cuando el hombre  se de cuenta  de la finalidad de la vida en la Tierra, y procure modificar  sus actitudes, es que se renovará el paisaje  que, de momento, se le hace campo de conquistas al peso del dolor  y de la amargura; ya que todavía no le place crecer por el amor, ni por el  deber para con el Bien.

Trabajo realizado por Merchita
Extraído del Libro de Divaldo Pereira Franco: Cuadros de la Obsesión” (1ª) parte

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miércoles, 28 de enero de 2015

PRINCIPALES FACTORES QUE IMPIDEN EL DESENVOLVIMIENTO DEL IDEAL ESPIRITA


                   
EL AMANECER DE UN NUEVO DIA

Hace unos sesenta años, Lord Brougham, ese fino pensador, decía que en el cielo claro del escepticismo solo veía flotar una nubecilla: el Espiritismo moderno. Curiosa inversión de imagen: más natural hubiera resultado oírle decir que entre las nubes flotantes del escepticismo solo veía una mancha de cielo claro. Esto demostraba al menos que se daba cuenta de la importancia que iba a adquirir el
movimiento espiritista… Podrían citarse centenares de hombres libres que han suscrito esta declaración, y cuya garantía realzaría cualquier causa. Las cimas más altas han sido las primeras en recibir la luz, pero esta se extenderá hasta que no quede nadie tan humilde que no participe de ella. Asi pues lancemos una mirada retrospectiva y estudiemos este movimiento que, a no dudar, se halla
destinado a revolucionar el pensamiento y la acción humanos como ningún otro lo ha conseguido a partir de la era cristiana. Hemos de examinarlo en su fuerza y en su debilidad, pues tratándose de la verdad probada no debemos temer considerarla bajo todos sus aspectos. Se ha designado con el nombre de “espiritismo moderno”el movimiento que ha de reanimar las religiones muertas y enfriadas. Lo de “moderno” está muy bien por la razón de que la cosa en sí, bajo una u otra forma, es tan antigua como la historia. Por mucho que la oscurecieran las apariencias era el fuego central, la llama roja que iluminaba en sus profundidades todas las ideas religiosas y que saturaba la Biblia de uno a otro extremo. Pero en cuanto a la palabra “espiritismo”, ha sido envilecida por demasiados
charlatanes y desacreditada por muchísimos incidentes enojosos, por lo que sería deseable que una expresión como “religión psíquica” desembarazara a la cuestión de los añejos prejuicios a ella adheridos.
Por otra parte se recuerda que hombres audaces combatieron bajo esta bandera dispuestos a arriesgar su carrera, su éxito personal y hasta su reputación de buen sentido por afirmar públicamente lo que sabían que era verdad: su abnegación valerosa y desinteresada, deberían en cierto modo el nombre por el que han luchado y sufrido.
Ellos fueron quienes, por decirlo así, cuidaron en la cuna al movimiento que promete ser, no una religión nueva, es demasiado grande para eso, sino una parte del patrimonio del saber común a toda la raza humana…
En el momento en que escribo contemplo los libros alineados a la izquierda de mi mesa: noventa y seis sólidos volúmenes, la mayoría de ellos anotados y señalados por mi pulgar. Y, sin embargo, yo se que soy como un niño que camina como el agua hasta los tobillos a la orilla de un océano sin límites. Mas por lo menos me he dado cuenta de la presencia del océano, de que la orilla forma parte de él y que descendiendo la pendiente de la ribera la humanidad se halla destinada a avanzar lentamente hacia las aguas profundas.
Este modo de considerar el espiritismo deberá justificar a quienes pretenden que el movimiento espiritista,escarnecido y ridiculizado durante tanto tiempo, es el progreso más importante que ha realizado la raza humana en toda su historia, hasta el extremo de que si pudiera concebirse que un solo hombre solo fuera su promotor, este aventajaría a Cristóbal Colon como descubridor de nuevos
mundos, a San Pablo como maestro de nuevas verdades religiosas y a Isaac Newton como observador de las leyes del universo…

Extractos del libro La Religión Psíquica.
Arthur Conan Doyle

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ESPIRITISMO, MATERIALISMO Y LAS RELIGIONES

El Espiritismo se ha difundido. Ha invadido el mundo. Primero despreciado, deshonrado, acabó por llamar la atención, por despertar el interés. Todos los a los que no retenían el abono de los prejuicios y de la rutina y que lo abordaron con franqueza, han sido conquistados por él. Ahora, penetra por todas partes, se sienta en todas las mesas, toma asiento en todos los hogares. A su llamamiento, las fortalezas viejas y seculares, la ciencia y la iglesia, cerradas herméticamente hasta ahora, bajan sus murallas, entreabren sus salidas. Pronto se impondrá como un maestro. (León Denis.)
No hay  efecto sin causa; nada procede de nada. Estos son los axiomas, es decir las verdades indiscutibles. Entonces, como se comprueba en cada uno de nosotros la existencia de fuerzas, de potencias que no pueden estar consideradas como materiales, es necesario, para explicar la causa, remontarnos a otra fuente distinta a la materia, a este principio que nombramos alma o espíritu.
Cuando, descendiendo en el fondo de nosotros mismos queremos aprender a conocernos, a analizar nuestras facultades; cuando, apartando de nuestra alma la espuma que acumula allí la vida, el envoltorio espeso cuyos perjuicios, errores y sofismas revistieron nuestra inteligencia, penetramos en los dobleces más íntimos de nuestro ser, nos encontramos allí cara a cara con estos principios augustos sin los cuales no habría grandeza para la humanidad: el amor al bien, el sentimiento de la justicia y del progreso.
Estos principios, que se reencuentran en grados diversos, tanto en casa del ignorante como en casa del hombre sabio, no pueden provenir de la materia, que está privada de tales atributos. Y si la materia no posee estas cualidades, ¿cómo podría formar, ella sola, seres  dotados de ellas? El sentido de lo bello y de la verdad, la admiración que experimentamos hacia las obras grandes y generosas, no podrían tener el mismo origen que la carne de nuestros miembros o la sangre de nuestras venas. Estos son más bien como los reflejos de una luz alta y pura que brilla en cada uno de nosotros, lo mismo que el sol se refleja sobre las aguas, sean estas aguas fangosas o límpidas.
En vano pretenderíamos que todo es materia. Nosotros que sentimos realces poderosos de amor y de bondad, que amamos la virtud, la devoción, el heroísmo; el sentimiento de la belleza moral está grabado en nosotros; la armonía de las cosas y de las  leyes nos penetra, nos arrebata; ¡y nada de todo eso nos distinguiría de la materia!
Sentimos, amamos, poseemos la conciencia, la voluntad y la razón; ¡y procederíamos de una causa qué no encierra estas calidades en ningún grado, de una causa que no siente, no ama ni sabe nada, que es ciega y muda! ¡Superiores a la fuerza qué nos produce,  estaríamos más perfeccionados y seríamos mejores que ella!
Tal forma de ver las cosas no se sostiene. El hombre participa de dos naturalezas. Por su cuerpo, por sus órganos, deriva de la materia; por sus facultades intelectuales y morales, es espíritu.
Digamos más exactamente todavía, respecto al cuerpo humano, que los órganos que componen esta admirable máquina son semejantes a ruedas incapaces de actuar sin un motor, sin una voluntad que los ponga en movimiento. Este motor, es el alma. El tercer elemento conecta a la vez a los otros dos, transmitiendo a los órganos las órdenes del pensamiento. Este elemento es el periespiritu, la materia etérea que escapa a nuestros sentidos. Envuelve al alma, la acompaña después de la muerte en sus peregrinaciones infinitas, depurándose, progresando con ella, dotándola de un cuerpo diáfano y vaporoso.
Las ideas materialistas ganan terreno. Al rechazar los dogmas de la Iglesia como inaceptables, un gran número de espíritus cultivados han desertado al mismo tiempo de la causa espiritualista y de la creencia de Dios. Apartando las concepciones metafísicas, han buscado la verdad en la observación directa de los fenómenos, en lo que se ha convenido en llamar el método experimental.
El mundo material no es más que el aspecto exterior, la apariencia cambiante, la manifestación de una realidad substancial y espiritual que se encuentra dentro de él. Del mismo modo que el "yo" humano no está en la materia variable, sino en el espíritu, el "yo" del universo no está en el conjunto de los globos y de los astros que lo componen, sino en la Voluntad oculta, en la Potencia invisible e inmaterial que dirige sus secretos resortes y regula su evolución.
Si el mundo no fuese más que un compuesto de materia gobernado por la fuerza ciega, es decir, por la casualidad, no se vería  esa sucesión regular y continua de los mismos fenómenos produciéndose según el orden establecido; no se vería esa adaptación inteligente de los medios al fin, esa armonía de las leyes, de las fuerzas, de las proporciones que se manifiesta en toda la naturaleza. La vida sería un accidente, un hecho de excepción y no de orden general.
La ciencia materialista no ve más que un lado de las cosas. En su impotencia para determinar las leyes del universo y de la vida, después de haber proscrito la hipótesis, se ve obligada a volver a ella y a salir de la experiencia para dar una explicación de las leyes naturales.
Los progresos de la geología y de la antropología prehistórica han arrojado vivas luces sobre la historia del mundo primitivo; pero es un error que los materialistas hayan creído encontrar en la ley de evolución de los seres un punto de apoyo, un auxilio para sus teorías.
Nuestros males provienen de que, a pesar del progreso de la ciencia y del desenvolvimiento de la instrucción, el hombre se ignora aún a sí mismo. Sabe poco de las leyes del universo; no sabe nada de las fuerzas que están en él. El "conócete a ti mismo" del filósofo griego ha continuado siendo para la mayoría inmensa de los humanos una llamada estéril. Como no lo sabía hace veinte siglos, menos quizá, el hombre de hoy no sabe lo que es, de dónde viene, adónde va, cuál es el objeto real de la existencia. Ninguna enseñanza ha venido a proporcionarle la noción exacta de su papel en este mundo ni de sus destinos.
La idea que el hombre se forma del universo, de sus leyes, del papel que él desempeña en este vasto teatro resalta en toda su vida e influye en sus determinaciones. Según esta idea, se traza un plan de conducta, se fija un fin y marcha hacia él. Así, pues, en vano trataríamos de eludir estos problemas. Se presentan ellos mismos en nuestro espíritu; nos dominan, nos envuelven en sus profundidades; forman el eje de toda la civilización.
Si la idea de la nada nos domina, si creemos que la vida no tiene un mañana y que en la muerte termina todo, entonces, para ser lógicos, el cuidado de la existencia material y el interés personal habrán de oponerse a todo otro sentimiento. ¡Poco nos importará un porvenir que no habremos de conocer! ¿A título de qué se nos hablará de progreso, de reformas, de sacrificios? Si no hay para nosotros más que una existencia efímera, no debemos hacer más que aprovecharnos de la hora presente, dedicarnos a los placeres y abandonar los deberes y los sufrimientos... . Tales son los razonamientos a que conducen forzosamente las teorías materialistas, razonamientos
Una sociedad sin esperanza, sin fe en el porvenir es como un hombre perdido en el desierto, como una hoja muerta que rueda a merced del viento. Es bueno combatir la ignorancia y la superstición, pero es preciso reemplazarlas por las creencias racionales. Para caminar con paso firme en la vida, para preservarse de los desfallecimientos y de las caídas, se necesita una convicción robusta, una fe que nos eleve por encima del mundo material; se necesita ver la finalidad y tender directamente hacia ella. El arma más segura en el combate terrenal es una conciencia recta e iluminada.
El positivismo materialista y ateo no ve ya en la vida más que una combinación pasajera de materia y de fuerza, y en las leyes del universo no ve más que un mecanismo brutal. Ninguna noción de justicia, de solidaridad, de responsabilidad. De aquí un relajamiento general de los vínculos sociales, un escepticismo pesimista, un desprecio de toda ley y de toda autoridad, que podrían conducimos a los abismos.
Estas doctrinas materialistas han producido en unos el desaliento; en otros, un recrudecimiento de la codicia. En todas partes han promovido el culto al oro y a la carne. Bajo su influencia, se ha educado una generación, generación desprovista de ideal, sin fe en el porvenir, dudando de todo y de sí misma.
Las religiones dogmáticas nos conducían a lo arbitrario y al despotismo; el materialismo conduce lógicamente, inevitablemente, a la anarquía y al nihilismo. Por eso es por lo que debemos considerarlo como un peligro, como una causa de decadencia y de abatimiento.
Sin duda no se puede demostrar la existencia de Dios con pruebas directas y sensibles; Dios no cae bajo el dominio de los sentidos. La divinidad ha desaparecido bajo un velo misterioso, tal vez para obligarnos a buscarla, lo cual constituye, por cierto, el ejercicio más noble y más fecundo de nuestra facultad de pensar, y también para dejamos el mérito de descubrirla. Pero existe en nosotros una fuerza, un instinto seguro que nos lleva hacia ella y nos afirma su existencia con más autoridad que todas las demostraciones y todos los análisis.
En todas las épocas, bajo todos los climas -y ésta es la razón de ser de todas las religiones-, el espíritu humano ha sentido la necesidad de elevarse por encima de las cosas movibles y perecederas que constituyen la vida material y no pueden darle una completa satisfacción; ha querido identificarse con lo que es fijo, permanente e inmutable en el universo; ha comprendido la existencia de un Ser absoluto y perfecto, en el cual se identifican todas las potencias intelectuales y morales. Ha encontrado todo esto en Dios, y nada, fuera de él, puede proporcionarnos esa seguridad, esa certidumbre, esa confianza en el porvenir, sin las cuales flotamos a merced de todos los vientos de la duda y de la pasión.
El estudio de la naturaleza nos muestra en todos los momentos la acción de una voluntad oculta. En todas partes la materia obedece a una fuerza que la domina la organiza y la dirige. Todas las fuerzas cósmicas se orientan al movimiento, y el movimiento es el Ser, la Vida. El materialismo explica la formación del mundo por la danza ciega y la aproximación fortuita de los átomos. Pero ¿se ha visto alguna vez que arrojando al azar las letras del alfabeto se produzcan un poema? ¡Y qué poema, el de la vida universal! ¿Se ha visto alguna vez que un conjunto de materiales produzca por sí mismo un edificio de proporciones imponentes o una máquina de engranajes numerosos y complicados? Entregada a sí misma, la materia no puede hacer nada. Inconscientes y ciegos, los átomos no sabrían dirigirse hacia una finalidad. La armonía del mundo no se explica más que por la intervención de una voluntad. Por la acción de las fuerzas sobre la materia, por la existencia de leyes sabias y profundas es por lo que esa voluntad se manifiesta en el orden del universo.
Los fenómenos del espiritismo, tan importantes por sus resultados científicos y por sus consecuencias morales, no han sido acogidos, sin embargo, con todo el interés que merecen.
Ciertas personas obstinadas, muy pagadas de sí mismas, acostumbran decir que Dios no existe porque nadie puede probar su existencia. Hasta la misma ciencia enseña que la causa se prueba por el efecto. Basta con que observemos una flor o un grano de arena para saber que es preciso que Dios exista, que necesariamente existe.
La esencia de la Religión está constituida solo por un núcleo y una partícula, como el átomo de hidrogeno. El núcleo es la idea de Dios, y la partícula es el sentimiento religioso.
Pero para que la Religión pueda desempeñar libremente su papel fundamental en la evolución humana, es necesario que la reintegremos a la cultura general, como una de sus áreas más importantes
Dos elementos, o si se prefiere, dos fuerzas gobiernan el Universo: el elemento material y el elemento espiritual. De la acción simultánea de estos dos principios nacen aquellos fenómenos especiales cuya naturaleza es inexplicable si se hace abstracción de uno de los dos, tal como ocurriría si se sustrajera uno de los dos elementos que constituyen el agua: el oxígeno y el hidrógeno.
La materia, bajo sus diversos aspectos, constituye un inmenso reservorio de energía. En realidad, ella es tan solo fuerza condensada: los sólidos se transforman en líquidos, los líquidos en gases, los gases en fluidos, y éstos, a medida que se vuelven más sutiles, más quintaesenciados, recuperan sus propiedades primitivas y parecen impregnarse de inteligencia.
Sin embargo tales progresos, según dicen los espíritus, son medidos por el valor moral de la Humanidad. Dios no permite que ciertas revelaciones o descubrimientos se lleven a cabo antes de que el hombre haya alcanzado una conciencia más completa de sus deberes y de sus responsabilidades.
La religión implica la decisión del hombre de no aceptar con simpleza la vida que le es dada. En la vida, el busca el poder. Si no lo encuentra, o si lo encuentra en una medida insuficiente, trata de introducir en su vida el poder en que cree. Procura elevar su vida, acrecentarla, darle un sentido más profundo y más amplio.
Esa es la línea horizontal de la religión, la de la ampliación de la vida hasta su límite extremo. El hombre religioso desea tener una vida más rica, más profunda y más amplia. Tiene ansias de poder.
Es en ese punto que encontramos la unidad esencial de la religión y la cultura. Toda cultura, en último análisis, es religiosa. Y toda religión, en esa línea horizontal, es una cultura.
Los progresos materiales son inmensos; pero en el seno de las riquezas acumuladas por la civilización, se puede morir aún de privación y de miseria. El hombre no es ni más feliz, ni mejor. En medio de sus rudas labores, ningún ideal elevado, ninguna noción clara del destino le sustenta; de ahí sus desfallecimientos morales, sus excesos, sus sublevaciones. La fe del pasado se ha extinguido; el escepticismo, el materialismo la han reemplazado, y bajo sus soplos, el fuego de las pasiones, de los apetitos y de los deseos ha aumentado. Convulsiones sociales nos amenazan.
A veces, atormentado por el espectáculo del mundo y por las incertidumbres del porvenir, el hombre levanta sus miradas hacia el cielo y le pide la verdad. Interroga silenciosamente a la naturaleza y a su propio espíritu. Pide a la ciencia sus secretos y a la religión sus entusiasmos. Pero la naturaleza le parece muda, y las respuestas del sabio y del sacerdote no bastan a su razón y a su corazón. Sin embargo, existe una solución a estos problemas; una solución más grande, más racional, más consoladora que todas las ofrecidas por las doctrinas y las filosofías del día, y esta solución reposa sobre las bases más sólidas que pueden concebirse: el testimonio de los sentidos y la experiencia de la razón.
En el momento mismo en que el materialismo ha llegado a su apogeo y ha llevado a todas partes la idea de la nada, una ciencia nueva, apoyada sobre hechos, aparece, ofrece al pensamiento un refugio en el que aquél "encuentra por fin el conocimiento de las leyes eternas de progreso y de justicia. Una floración de ideas a las que se creía muerta y que dormían solamente, se produce y anuncia una renovación intelectual y moral. Doctrinas que fueron el alma de civilizaciones pasadas, reaparecen bajo una forma engrandecida, y numerosos fenómenos, por largo tiempo desdeñados, mas cuya importancia entrevén por fin algunos sabios, vienen a ofrecerles una base de demostración y de certidumbre. Las prácticas del magnetismo, del hipnotismo, de la sugestión; más aún: los estudios de Crookes, Russell Wallace, Lodge, Aksakof, Paul Gibier, de Rochas, Myers, Lombroso, etc., sobre hechos de orden psíquico, suministran nuevos datos para la solución del gran problema.
Se abren perspectivas, se revelan formas de existencia en ambientes en los que no se pensaba ya observarlas. Y de estas indagaciones, de estos estudios, de estos descubrimientos se desprenden una concepción del mundo y de la vida, un conocimiento de las leyes superiores, una afirmación de la justicia y del orden universales, hechos concluyentes para despertar en el corazón del hombre, con una fe más firme y más esclarecida en el porvenir, un sentimiento profundo de sus deberes y un apego real para sus semejantes.
Todos los que, por el estudio del mundo invisible, en sus contactos con el Más Allá, buscan las certezas que fortalecen y consuelan, las grandes verdades que iluminan la vida, trazan el camino a seguir, fijan el objetivo de la evolución; todos los que buscan adquirir las fuerzas espirituales que sostienen en la lucha y en la probación, que nos preservan de las tentaciones de un mundo  material y engañador, deben unir sus pensamientos, oraciones y voluntades, deben hacer surtir de sus almas esas corrientes poderosas y fluídicas que atraen hacia vosotros a las entidades protectoras y a los amigos fallecidos.
Al demostrar la existencia del mundo espiritual y sus relaciones con el mundo material, el Espiritismo nos brinda la comprobación de una infinidad de fenómenos incomprensibles que son considerados, por tal motivo, inadmisibles por ciertos pensadores. Estos fenómenos abundan en las escrituras, y en razón del desconocimiento de la ley que los gobierna, los tratadistas de ambos bandos antagónicos han girado sin cesar en el mismo círculo de ideas: unos omitiendo los descubrimientos positivos de la ciencia, y otros ignorando el principio espiritual, de modo que no han podido llegar a una solución racional y convincente.

La solución se encuentra en la acción recíproca del espíritu y la materia, y, de tal manera, se libera del carácter sobrenatural que se atribuía a la mayor parte de los fenómenos. Pero, ¿qué es más positivo: admitir los hechos como resultantes de las leyes de la Naturaleza o rechazarlos totalmente? Su desestimación absoluta lleva a la destrucción de la base misma de todo edificio, mientras que su aceptación, aun limitada, no suprime más que lo accesorio, dejando intacta la base. Esa es la causa por la cual el Espiritismo induce a mucha gente a aceptar verdades consideradas antes meras utopías.
El Espiritismo no tiene misterios ni teorías secretas, todo debe esclarecerlo para cual pueda juzgarlo con conocimiento de causa, mas cada cosa debe llegar a su tiempo para ser comprendida.
La materia, por sí sola, es inerte, no tiene vida, ni piensa ni siente, necesita unirse al principio espiritual. El Espiritismo no ha descubierto ni inventado tal principio, pero lo ha demostrado mediante pruebas irrecusables, lo ha estudiado, analizado, y ha constatado su acción evidente. Al elemento material, agregó el elemento espiritual. Esos dos elementos son los dos principios, las dos fuerzas vivas de la Naturaleza, mediante la unión indisoluble de ambos elementos se resuelven, sin esfuerzo, una infinidad de hechos, hasta hoy inexplicables.
El Espiritismo, al estudiar uno de los dos elementos que constituyen el Universo, establece forzosamente contacto con la casi totalidad de las ciencias y, por tal motivo, su llegada debía ser posterior a la creación de éstas. Nació por la fuerza de las cosas y por la imposibilidad de poderse explicar una infinidad de hechos con la sola ayuda de las leyes que rigen a la materia.
Los hechos espiritistas tienen grandes consecuencias filosóficas y morales. Proporcionan la solución, tan clara como completa, de los grandes problemas que han agitado, a través de los siglos, a todos los sabios y pensadores de todos los países: el problema de nuestra naturaleza íntima, tan misterioso, tan poco conocido, y el problema de nuestro destino. La supervivencia y la inmortalidad, hasta aquí simples esperanzas, puras intuiciones del alma, aspiraciones hacia un estado mejor o concepto de la razón, están probadas para lo sucesivo, así como también la comunión entre vivos y muertos, que es la consecuencia lógica de ello.
Salir de las bajas regiones de la materia y escalar todas las gradas de la jerarquía de los Espíritus, librarse del yugo de las pasiones y conquistar una a una todas las virtudes, todas las ciencias: tal es el fin para el cual la Providencia ha formado a las almas y ha dispuesto los mundos, teatros predestinados de nuestras luchas y de nuestros trabajos.
La materia, en cuanto se la examina de cerca, se desvanece como el humo. No tiene más que una realidad aparente, y no puede ofrecernos ninguna base de certidumbre. No hay realidad permanente, no hay certidumbre más que en el espíritu. Sólo a él se revela el mundo en su unidad viviente y en su eterno esplendor. Sólo él puede gustar y comprender la armonía. En el espíritu es donde el universo se conoce, se refleja y se posee.
El espíritu yace en la materia como un preso en su celda; los sentidos son las aberturas a través de las cuales comunica con el mundo exterior. Pero, mientras que la materia decae tarde o temprano y se descompone, el espíritu crece en fuerza, se fortifica por la educación y la experiencia. Sus aspiraciones aumentan, se extienden allende la tumba; su necesidad de saber, de conocer, de vivir no tiene límite. Todo muestra que el ser humano pertenece sólo temporalmente a la materia. El cuerpo es sólo un traje prestado, una forma pasajera, un instrumento con la ayuda del cual el alma persigue en este mundo su obra de depuración y de progreso. La vida espiritual es la vida normal, verdadera e infinita.
Hay que recordar que en cada uno de nosotros duermen inútiles, improductivas, riquezas infinitas. De ahí, nuestra indigencia aparente, nuestra tristeza y, a veces hasta el asco de la vida. Pero abrid vuestro corazón, dejad entrar en él el rayo, el soplo regenerador, y entonces una vida más intensa y más bella se despertará en vosotros. Encontrareis placer en mil cosas que os eran indiferentes, y que serán el encanto de vuestros días. Os sentiréis crecer, marchareis por la existencia con paso más firme, más seguro, y vuestra alma se convertirá como un templo lleno de luz, de esplendor y de armonía. 
Léon Denis- 
(Aportación de Mercedes Cruz Reyes)

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PRINCIPALES FACTORES QUE IMPIDEN EL DESENVOLVIMIENTO DEL IDEAL  ESPIRITA

¿Por qué se mantiene Vigente el Viejo Mundo Espiritual y Social?
El mundo contemporáneo es un mundo adecuado al tipo de sensibilidad que responde a los intereses  de las instituciones actuales, mantenidas  por aquellos que participan “interesadamente” de este mundo “estancado” del presente. Existen acuerdos generales consistentes  en no permitir la transformación de los organismos sociales, sean estos filosóficos o religiosos. Por ejemplo, en religión solo se admite  lo que dice la Iglesia visto que, en el actual estado de cosas, ella es la verdad y ningún otro principio religioso es permitido, ya que la verdad religiosa, para la situación social contemporánea, es católica (actualmente también un poco protestante)
Si aparece un pensador o escuela que presente al mundo de hoy un nuevo tipo de religión, es de inmediato rechazado y perseguido por ser un impedimento a la “única verdad religiosa” que es la que representa el dogma, una vez que, para la orden actual,  el dogma es tan sustentable como la ley de gravedad y, por esa razón, el hombre religioso-dogmatico habla del Dios trino, del Infierno, del diablo.etc., como si estuviese  tratando de cuestiones tan reales y positivas  como la electricidad. Para comprobar lo que afirmamos, basta hablar con cualquier miembro de la Iglesia y constataremos  la anquilose mental (1) en que se encuentra.
 ¿Todavía, cual es la causa esencial de esta situación en este mundo “estancado” del presente?   Creemos que todo eso ocurre en razón de lo que esos dogmas representan  para los intereses materiales de la sociedad, una vez que  apoyan espiritual y psicológicamente el orden general y particular  del actual estado de las cosas.
Una idea de Dios  como la que presenta el concepto espirita determinaría un gran estremecimiento  en el orden eclesiástico y derrumbaría todo cuanto ahora se conoce en el seno de la Iglesia, como “sistema de jerarquía”.  De modo que lo más conveniente es mantener en pie ese “sistema” y no la verdad religiosa que el Espiritismo revela  al pensamiento del hombre. Por ese motivo  la idea espirita, tanto para la Iglesia como para el presente orden espiritual y social, es un peligro y una amenaza para las viejas instituciones eclesiásticas, que duraran hasta que las fuerzas del progreso  no las sustituyan por una nueva visión del Universo.
En el mundo contemporáneo el avance de la verdad, en todos los aspectos, está paralizado por los intereses comunes de las viejas instituciones sociales. Viene de ahí que la evolución, al ser detenida en su proceso normal, se torna violenta hasta convertirse en revolución agresiva.
A causa del extremismo comunista tiene su origen en este fenómeno represivo de la evolución, ya que la transformación de las estructuras sociales son necesarios en virtud de la propia evolución del individuo y también porque el que debería operarse insensiblemente se ve en la necesidad de suceder violentamente. Por tal motivo, en Allan Kardec  se lee la reflexión siguiente:
“Siendo el progreso una condición de la naturaleza humana, no está en el poder del hombre oponérsele. Es una fuerza viva, cuya acción puede ser retardada, sin embargo no anulada por las leyes humanas. Cuando estas se tornan incompatibles con el, desarrollarlas juntamente con los que se esfuercen por mantenerlas. Así será hasta que el hombre haya puesto sus leyes en concordancia con la justicia divina, que quiere que todos participen  en el bien  y no la vigencia de leyes  hechas por el fuerte en detrimento del débil (2)
Muy bien; todos sabemos que estamos  viviendo  en una época de total transformación. Los sistemas y valores seculares deberán ceder ante el nuevo espíritu de la humanidad. Entretanto, el mundo actual se aferra a las viejas instituciones, tratando de convencer al hombre de que todo ya fue ofrecido definitivamente  y que las estructuras actuales son inamovibles e inmutables. Más esta actitud de los que así sienten,  el mundo es antinatural, dando con eso origen a la violencia revolucionaria.
Esta es la causa por la cual el comunismo niega a Dios  y a toda idea transcendente  del hombre y de la historia, presentándonos un Estado totalmente  naturalista, basado  en lo que se denomina “Materialismo Histórico”. La fuerza revolucionaria del comunismo pasa  por encima de toda concepción ideológica espiritual  por considerarla  un sustentáculo de la propiedad privada. Más si los que dicen representar la democracia facilitasen el curso de la evolución, ese fenómeno de violencia  que vemos en la táctica comunista sería interrumpido  sin duda alguna, una vez que la modificación de las cosas se daría con naturalidad  y sin alteraciones bruscas ni dolorosas.
Por lo que vemos podemos decir que el comunismo es la consecuencia de la represión de la evolución natural por parte de los que pretenden mantener el estado actual del mundo. El propio Espiritismo, que no emplea violencia para la propagación de sus ideas, sufre también la reacción  del viejo orden, pues su concepción religiosa y filosófica determina modificaciones radicales en ese aspecto. Y aquellos que viven como altos jerarcas, ocupando suntuosas posiciones  en lo temporal y espiritual, tampoco pueden aceptar el Espiritismo como una idea amiga y como expresión de verdad. A respecto, veamos lo que dice “El Libro de los Espíritus”, en la cuestión 798:
¿El Espiritismo se tornará creencia común  o quedará paralizado como creencia apenas por algunas personas?
-Ciertamente que se tornará creencia general y marcará la nueva era en la historia de la humanidad, porque está en la naturaleza  y llegó el tiempo en que ocupará lugar entre los conocimientos humanos. Tendrá, no en tanto,  que sustentar grandes luchas,  más contra el interés de lo que contra la convicción, por cuanto no hay como disimular la existencia de personas interesadas en combatirlos, unas por amor propio, otras por causas enteramente materiales. Sin embargo, como quedaran aislados, sus contradictores se sentirán forzados a pensar como los demás, bajo pena  de tornarse ridículos.
En los parágrafos transcritos se encuentra la causa de tergiversación  que se hace en torno  a la idea espirita, desfigurándola ante la opinión pública, la cual lamentablemente es guiada  y gobernada por los que representan  el antiguo orden del mundo. Por tal motivo el poder material actual nunca admitirá a Cristo tal como el era, aceptando, en contrapartida, un Cristo-Dios vinculado a un representante  terreno. Y este tipo de Cristo-Dios es el único real para el poder oficial; los demás son heréticos o, cuando no, inspirados por Satanás, hasta el mismo Cristo de amor y de verdad  que la filosofía espirita nos presenta.
Más, para que exista un monarca religioso en la Tierra, es necesario aceptar un tipo de Cristo como el que nos presenta el dogma. Para que haya involución e inmutabilidad espiritual y social, es preciso negar la pluralidad de existencias; y para que nuestro planeta sea el centro del universo, como aun aceptan los escolásticos y ortodoxos; es necesario negar la pluralidad de los mundos habitados.  Sin estas dos pluralidades el Universo, el Ser y la Historia permanecerán fijos  y el antiguo orden no correrá el riesgo de ser alterada  en ningún punto de vista.
Por ese motivo, el Espiritismo  explota como un volcán, resultando de eso como una constricción a través de la cual se manifiestan fuerzas reprimidas de la evolución, aunque  desfiguradas por la violencia. De ahí sucede que toda idea  evolucionista es ocultada  y no se le da acceso en las universidades ni en los grandes órganos  de publicidad pues, para la cultura contemporánea solo es aceptable aquello que no afecte el dogma ni  a la sociedad presente, ya que estas dos instituciones deberán mantenerse indefinidamente tal como son, una vez que representan los grandes intereses  de los poderosos, los cuales sin solución de continuidad, transmiten de familia a familia los bienes y beneficios  que los pueblos producen para todos en general.
El viejo orden del mundo es la causa  determinante del estado caótico en que viven  los pueblos de nuestra época. Cuando las leyes de la evolución sufren reacción, se alteran los cursos naturales del progreso y sobrevienen las más terribles catástrofes, las guerras y los procedimientos llamados totalitarios e imperialistas.  Mientras el viejo orden  no se decida a evolucionar  como el espíritu del hombre y de la humanidad, habrá conmociones sociales  y violentas revoluciones. Es necesario que el viejo orden reconozca que debe promover la evolución de la religión y de la sociedad y, con ellas, todas las estructuras materiales y espirituales.
Mientras exista un organismo mundial que pretenda representar la verdad divina, los valores religiosos y filosóficos del Espiritismo serán considerados ilegales, erróneos e inspirados por el demonio. La masa de creyentes, educada y conducida por ese organismo eclesiástico mundial, como es lógico, lo tomará más en cuenta  que las palabras  de los que divulguen las verdades espiritas. Se diría lo contrario de todo lo que el Espiritismo es y representan.  Se dirá que los espiritas conversan con los muertos  y que esto es  herético y sacrílego, ya que para la Iglesia los muertos son intocables, le pertenecen y son de su  absoluta incumbencia. Y la masa de creyentes acreditará antes a sus pastores religiosos que en los espiritas,   que respeta  la verdadera situación que ocupan los muertos en la vida del más allá.
La Iglesia  y los ahora denominados “hermanos separados”(3) saben impresionar  muy bien a sus fieles en lo que se refiere a los muertos. Para ellos son seres totalmente distanciados de la Tierra  y recogidos en algún lugar de ultratumba. De ahí este concepto carente  de toda base filosófica: “los muertos no hablan ni se comunican con los vivos” lo que es arma indispensable en la predica anti espírita que realizan. Argumentan, ante los fieles, que los muertos solo pueden comunicarse con los vivos en el seno de la Iglesia, pues fuera de ella,  no tienen ninguna relación con el hombre como individuo, ni con la sociedad como institución histórica y espiritual. Y, de esta forma, el espiritismo es presentado como “ cosa repugnante” ante los que viven mental y espiritualmente dentro de la vieja orden, suponiendo que no pasa de necromancia practicada por personas  alineadas y cultores de magia negra.
He aquí, pues, donde se sitúa el origen de la resistencia que el Espiritismo encuentra en la cultura contemporánea. Más no nos olvidemos de que toda “cultura” solo merece aprobación cuando  no diverge del dogma y de la sociedad presente. Y también  así ocurre relativamente a la democracia: esta es apenas “democrática” cuando las libertades que otorga no afectan al dogma  y a los intereses de la sociedad. Más, en cuanto  las libertades concedidas denuncian los fenómenos contradictorios del orden imperante, la democracia retira la libre expresión del pensamiento por considerarlo ofensivo a la estabilidad social y religiosa. Y pasa, entonces, a ser juzgada comunista.
¿Más, porque el Espiritismo, como movimiento social, goza de la libertad en casi todos los países de carácter cristiano? La respuesta es fácil: el espiritismo es tolerado  en su acción porque tiende a aliviar la situación de las masas trabajadoras que los referidos países cristianos no se deciden a solucionar. Pues, en cuanto el espiritismo secunda al estado en esta tarea de auxiliar a los indigentes y trabajadores, más sin entrar en análisis  del origen  de la miseria social, será bien visto,  especialmente  en los países llamados subdesarrollados. Entretanto, en cuanto el Espiritismo inicie una investigación de visu (4) en lo que respecta al origen de la pobreza y de la miseria que sufren los pueblos, reclamando una solución ente tan pavoroso problema, y la idea espirita pasará a ser perseguida, prohibida y hasta aun mismo cualificada de comunista.  Pues es que, al hacer análisis  de los fenómenos sociales,  bien como la del hombre y del pauperismo en todos los aspectos, el espiritismo se colocaría contra el dogma y la sociedad. Si dudamos, recordemos el episodio de la crucificación de Jesús.
Tengamos presente que la idea espirita forma en el hombre una nueva mentalidad, por medio de la más pura esencia cristiana de la verdad y de la justicia. Si bien  que sea cierto que la escuela espirita  enseña la tolerancia, esto no impide que el hombre que es espirita haga uso del sentido crítico en lo que respecta al curso normal  o anormal de la evolución y del progreso. Es, este sentido crítico, no obstante la práctica de la tolerancia, será lo que lo impulsará a reflexionar sobre los diversos actos sociales y espirituales para verificar que factores favorecen o no su desenvolvimiento.
De manera que las condiciones unilaterales que caracterizan el orden actual no son las más adecuadas para el conocimiento de la verdad, ni para un normal desenvolvimiento de la evolución y del progreso. Mientras la cultura contemporánea solo  considera como derechos sociales el conocimiento oficial, esto es, lo que respecta al  dogma  y sociedad antiguos, la idea espirita deberá desenvolverse al margen de la cultura del Estado, pues, en el caso de ser adoptada por la Universidad como verdad real y demostrada, seria recusada y rechazada por los intereses del dogma  y de la sociedad actuales, cuyas bases se consideran las únicas reales y validas.
¿No obstante, por qué motivo el mundo está en plena conmoción espiritual y social? Se encuentra así porque el proceso histórico de la evolución no puede ser detenido por los intereses terrenos de clases y castas que se arremeten obstinadamente contra la ley del progreso. Y lo que debería realizarse, sobre la base de la comprensión y de la paz, se realiza por medio de ásperas luchas, entre el pasado y el futuro. La cultura oficial, el “realismo católico” y el “realismo social”, también  como el “realismo oficial” combaten al Espiritismo  y esto teniendo en vista la nueva dimensión que el descubre en el Ser, en la Historia y en el Universo.
Tanto para el “materialismo ateo” como para el “espiritualismo eclesiástico”, el Espiritismo no es una verdad, ya que su visión difiere tanto de uno como del otro. Y  porque  no vemos  como “materialistas ateos” y “espiritualistas dogmaticos”, ambos se unen en la negación de los principios espiritas. Pues tanto en uno como en el otro sector existe una mentalidad de clase social que ce en los factores inadecuados para la manutención de sus respectivas posiciones ideológicas. De ahí, pues, que el Espiritismo, a través de su movimiento, debería organizarse mediante la unión internacional de los espiritas, sobre la base de los postulados kardecista.  Esta unión internacional la daría un poder espiritual y social, con lo que se le abriría espacio para caminar entre la cultura contemporánea, cuyo único interés cosiste en mantener  de pie el dogma  y la sociedad presente.
Visto que el Espiritismo, por ser la verdad, no se mezcla con ninguna doctrina de nuestro tiempo; su visión del mundo es completamente distinta tanto del capitalismo  y del comunismo como del catolicismo, una vez que crea  un nuevo tipo humano, esto es, el Nuevo Hombre, sobre la base firme de la evolución, la cual dará nacimiento al mismo tiempo a un nuevo orden  social  y amor a la verdad, cristiana, serán sus más sólidos alicientes.

  Blog dos Espíritas
Por Humberto Mariotti
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