Los tiempos marcados por Dios son llegados- nos dicen de todas partes-, en que grandes acontecimientos se van a dar para regeneración de la Humanidad. ¿ En qué sentido se deben entender esas palabras proféticas?. Para los incrédulos no tienen ninguna importancia; a sus ojos nada ven más que una creencia pueril y sin fundamento. Para la mayoría de los creyentes, representan algo místico y sobrenatural, pareciéndoles preanunciadoras de la subversión de las leyes de la Naturaleza. Son igualmente erróneas ambas interpretaciones; la primera porque envuelve una negación de la Providencia; la segunda, porque tales palabras no anuncian la perturbación de leyes de la Naturaleza, sino el cumplimiento de esas leyes.
Todo en la creación es armonía; todo revela una providencia que no se desmiente, ni en las menores ni en las mayores cosas. Tenemos pues, que apartar, desde luego, la idea de capricho, por inconciliable con la sabidirçia divina. En segundo lugar, si nuestra época está designada para la realización de ciertas cosas, y que estas tienen una razón de ser en la marcha del conjunto. Dicho esto, diremos que nuestro globo, como todo lo que existe, está sometido a la ley del progreso. Él progresa físicamente, por la tranformación de los elementos que lo componen y, moralmente por la depuración de los Espíritus encarnados y desencarnados que lo pueblan.
Ambos progresos se realizan paralelamente, por cuanto que el mejoramiento de la habitación guarda relación con el del habitante. Fisicamente, el globo terráqueo ha experimentado transformaciones que la CIencia tiene comprobadas y que lo hicieron sucesivamente habitable por seres cada vez más perfeccioandos. Moralmente la Humanidad progresa por el desarrollo de la inteligencia, del sentido moral y del ablandamiento de las costumbres. Al mismo tiempo que el mejoramiento del globo se opera bajo la acción de las fuerzas materiales, los hombres para esto, concurren por los esfuerzos de su inteligencia. Sanean las regiones insalubres, hacen más fáciles las comunicaciones y más productiva la tierra.
De dos maneras se ejecuta ese doble progreso: una, lenta, gradual e insensible; la otra caracterizada por cambios bruscos, a cada una de las cuales corresponde un movimiento ascensional más rápido, que señala, mediante impresiones bien acentuadas, los periodos progresivos de la Humanidad. Esos movimientos, subordinados, cuanto a las particularidades, al libre albedrío de los hombres, son, en cierto modo, fatales en su conjunto, porque están sujetos a leyes, como los que se verifican en la germinación, el crecimiento y la madurez de las plantas. Por eso es que el movimiento progresivo se efectúa a veces, de modo parcial, esto es, limitado a una raza o a una nación, y otras veces, de modo general.
El progreso de la Humandad se cumple pues, en virtud de una ley. Como todas las leyes de la Naturaleza son obra eterna de la sabiduría y de la presciencia divina, todo lo que es efecto de esas leyes resulta de la voluntad de Dios, no de una voluntad accidental y caprichosa, sino de una voluntad inmutable. Cuando, por consiguiente, la Humanidad está madura para subir un grado, puede decirse que son llegados los tiempos marcados por Dios, como se puede decir también que en tal estadio, llegan para la maduración de los frutos y su cosecha.
El hecho de ser inevitable, es porque de la naturaleza y el movimiento progresivo de la Humanidad, no se sigue que a Dios le sea indiferente y que, después de tener establecidas unas leyes, se haya recogido en la inacción, dejando que las cosas caminen por sí solas. Sin duda, sus leyes son eternas e inmutables, porque su propia voluntad es eterna y constante y porque su pensamiento anima sin interrupción todas las cosas. Ese pensamiento, que en todo penetra y la fuerza inteligente y permanente que mantiene la armonía en todo.Si este cesase de actuar un solo momento, el Universo sería como un reloj, sin péndulo regulador. Dios, por tanto, vela incesantemente por la ejecución de sus leyes y los Espíritus que pueblan el espacio son sus ministros, encargados de atender los pormenores, dentro de las atribuciones que corresponden al grado de adelantamiento que hayan alcanzado.
El Universo es, al mismo tiempo, un mecanismo inconmensurable, accionado por un número incontable de inteligencias y un inmenso gobierno enel cual, cada ser inteligente tiene su parte de acción bajo la mirada del soberano Señor, cuya voluntad única mantiene por todas partes la unidad. Bajo el imperio de esa basta potencia reguladora, todo se mueve, todo funciona en perfecto orden. Donde parece haber perturbaciones, lo que hay son movimientos parciales y aislados, que se nos figuran irregulares, solo porque están circunscritas a nuestra visión. Si las pudiésemos abarcar en su conjunto, veríamos que tales irregularidades apenas son aparentes y se armonizan con el Todo.
La Humanidad, tiene realizados, hasta el presente, incontables progresos.. Los hombres, con su inteligencia llegaron a resultados que jamás habían alcanzado antes, bajo el punto de vista de las ciencias, de las artes y del bienestar material. Les queda aún un inmenso progreso a realizar: el de hacer que reinen entre sí, la caridad, la fraternidad, la solidaridad que les aseguren el bienestar moral. No podrían conseguirlo ni con sus creencias, ni con sus instituciones anticuadas, restos de otra edad, buenas para cierta época, suficientes para un estado transitorio, pero que, habiendo dado todo lo que comportaban, serían hoy un obstáculo. Ya no es solamente desenvolver la inteligencia que los hombres necesitan, sino de elevar el sentimiento, y para esto es preciso destruir todo lo que superexcite en ellos el egoísmo y el orgullo.
Tal es el período en el que a partir de ahora va a entrar y que marcará una de las fases principales de la vida de la Humanidad. Esa fase que en este momento se elabora, el el complemento indispensable del estado precedente, como la edad viril o el de la juventud. Ella podía ser prevista y predicha de antemano y por eso se dice que son llegados los tiempos determinados por Dios.
Estos tiempos, por tanto, no se tratan de un cambio parcial, de una renovación limitada a cierta región, a una doctrina o a un pueblo, una raza.
Se trata de un movimiento universal que se va a operar en el sentido de progreso moral. Un nuevo orden de cosas tiende a establecerse y los hombres, que más opuestos le son, trabajarán para ella a su pesar. La generación futura desembarcada de las escorias del viejo mundo y formada de elementos más depurados, se encontrará llena de idéas y de sentimientos muy diferentes a los de la generación presente, que se va a paso de gigante. El viejo mundo estará muerto y apenas vivirá en la Historia, como están hoy los tiempos de la Edad Média, con sus costumbres bárbaras y sus crencias supersticiosas.
Además, todos saben cuanto deja de desear todavía, el actual orden de cosas. Después de haber, en cierto modo, considerado todo el bienestar material, producto de la inteligencia, se logra comprender que el complemento de ese bienestar, solamente puede estar en el desenvolvimiento moral . Cuanto más se avanza, tanto más se siente lo que falta, sin que, entretanto, todavía se pueda definir claramente lo que sea; esto es efecto del trabajo íntimo que se opera en pro de la regeneración. Surgen deseos, aspiraciones, que son como el presentimiento de un estado mejor.
Pero un cambio tan radical como el que se está elaborando, no puede realizarse sin conmociones. Inevitablemente, hay lucha de idéas. De ese conflicto, forzosamente se originarán perturbaciones pasajeras, hasta que el tereno se encuentre aplanado y se haya restablecido el equilibrio. Es pues, de la lucha de las idéas de donde surgirán los graves acontecimientos predichos y no de cataclismos o catástrofes puramente matriales.
Los cataclismos generales fueron consecuencia del estado de formación de la Tierra. Hoy no son las entrañas de la Tierra las que se agitan: son las de la Humanidad.
Si la Tierra ya no tiene que temer los cataclismos generales, no por eso deja de estar sujeta a periódicas revoluciones, cuyas causas, desde el punto de vista científico, se encuentran explicadas en las instrucciones siguientes, procedentes de dos Espíritus eminentes:
(1)< Cada cuerpo celeste, además de las leyes simples que presiden la división de los días y las noches, las estaciones, etc, experimenta revoluciones que necesitan millares de siglos para su realización completa, porque, como las revoluciones más breves, pasan por todos los periodos, desde el nacimiento hasta el máximo efecto, después del cual sigue el decrecimiento, hasta el límite extremo, para recomenzar enseguida la repetición de las mismas fases. "El hombre apenas aprende las fases de duración relativamente corta y cuya perioricidad él puede comprobar. Algunas, sin embargo, abrazan largas generaciones de seres, y hasta sucesiones de razas, revoluciones esas, cuyos efectos por consiguiente, se le presentan con caracter de novedad y espontaneidad, al paso que si su mirada pudiese proyectarse hacia atrás, algunos millares de siglos, vería entre aquellos mismos efectos y sus causas, una correlacción que ni siquiera sospecha. Esos periodos que, por su extensión relativa, confunden la imaginación de los humanos, no son- con todo- mas que un instante en la eternidad.
" Ni en el mismo sistema planetario, todos los cuerpos que lo constituyen, rigen unos sobre otros; todas las influencias físicas son solidarias en él y no hay ni uno solo de los efectos que designais como grandes perturbaciones, que no sea consecuencia del componente de las influencias de todo el sistema. "Voy más lejos: digo que los sistemas planetarios rigen unos sobre otros en razón de la cercanía o lejanía resultantes del movimiento de traslación de ellos, a través de miriadas de sistemas que componen nuestra nebulosa. Aun voy más lejos: digo que nuestra nebulosa que es como un archipiélago en la inmensidad, teniendo también su movimiento de traslación a través de las miriadas de nebulosas, sufre la influencia de las que se aproximan.
"De suerte que las nebulosas rigen sobre las nebulosas, los sistemas rigen sobre los sistemas, como los planetas rigen sobre los planetas, como los elementos de cada planeta rigen unos sobre otros y así sucesivamente hasta el átomo. De ahí en cada mundo, revoluciones locales o generales que no parecen perturbaciones porque la brevedad de la vida no permite que se perciban nada más que efectos parciales. "La materia orgánica no poodría escapar a esas influencias; las perturbaciones que ella sufre pueden alterar el estado físico de los seres vivos y determinar alguna de esas enfermedades que atacan de modo general a las plantas, los animales y los hombres, enfermedades que, como todos los flagelos, son para la inteligencia humana, un estimulante que la impele, por la fuerza de la necesidad, a procurar medios de combatir y a descubrir leyes de la Naturaleza.
"Mas la materia orgánica a su vez, actúa sobre el Espíritu. Este, por su contacto y su ligación íntima con los elementos materiales, también sufre influencias que le modifican las disposiciones, sin privarlo de su libre arbitrio, que le sobreexcitan o atenúan la actividad y que contribuyen a su desenvolvimiento. La efervescencia que a veces se manifiesta en toda una población, entre los hombres de una misma raza, no es cosa fortuita, ni resultado de un capricho; tiene su causa en las leyes de la Naturaleza. Esa efervescencia inconsciente al principio, no pasa de un vago deseo, de una aspiración indefinida por alguna cosa mejor, de cierta necesidad de cambio, se traduce en una sorda agitación o por actos que llevan a las revoluciones sociales, que acreditan su perioricidad, como las revoluciones físicas, pues todo se encadena. Si no tuvieseis visión espiritual limitada por el velo de la materia, veríais las corrientes fluídicas que, como millares de hilos conductores, ligan las cosas del mundo espiritual a las del mundo material.
( Continúa en la siguiente publicación).
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