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jueves, 29 de marzo de 2012

El Espiritismo y la guerra


Leon Denis



Un  velo de tristeza y de duelo cubre y se extiende sobre el país que sufre una guerra. Muchos son los hermanos que lloran por la perdida de sus seres amados.

    Es preciso en presencia de tal cúmulo de males    proyectar el pensamiento hacia los principios eternos que  rigen  a  las  almas  y  a  las cosas.  Solo en el Espiritismo encontramos  la solución de los múltiples problemas  que  un  drama así plantea. En el beberemos los consuelos capaces de mitigar el dolor.

Muchos son los que preguntan:
-¿ Por qué permite Dios tantos crímenes y calamidades? . 

    Ante todo, digamos que Dios respeta la libertad humana, por cuanto esta es el instrumento de todo progreso y la condición esencial de nuestra responsabilidad moral. Sin libertad, vale decir, sin libre albedrío, no habría ni bien  ni  mal  y,  por  tanto no existiría posibilidad de progreso.

Es ese principio de la libertad, que constituye a la par la prueba y la grandeza del hombre, puesto que le confiere el poder de escoger y de obrar; es el origen de los esplendores morales para aquel que esté resuelto a elevarse.

¿ Acaso en una guerra no se ve, a unos que se rebajan por debajo del nivel de la animalidad y a otros que, con su consagración  y  auto  sacrificio  alcanzan  las  alturas de lo sublime?.

Para los Espíritus inferiores, como lo son la mayoría de los que pueblan la tierra, el mal es el resultado inevitable de la libertad. Pero dios, en su honda sabiduría y su conciencia infinita, del mal cometido sabe extraer un bien para la humanidad.

Colocado por encima del tiempo, domina . En  la  serie  de  los  siglos,  en  tanto  nosotros, nos cuesta trabajo aprehender el eslabonamiento de las causas y sus  efectos. De todos modos, tarde o temprano y sin lugar a dudas suena la hora de  la justicia eterna.

 Sucede a veces que los hombres, olvidando las leyes divinas y la finalidad de la vida, resbalan por la pendiente del  sensualismo  y  se  hunden  en  la  materia.  Entonces,todo lo que constituía la belleza de su alma queda velado y desaparece, dando lugar al egoísmo, la corrupción y  el  desarreglo  en  todas  sus  formas.  Llegándose a no tener otros ideales que la fortuna y los placeres. El alcoholismo y la disipación ciegan las fuentes de la vida. Y para tantos excesos solo queda un remedio :   ¡el sufrimiento! .  Las bajas pasiones emanan fluidos que poco a poco van acumulándose y terminan por resolverse en catástrofes y  calamidades:  de ahí las guerras.

No faltan advertencias y consejos. Pero los seres humanos hacen oídos sordos a las  voces  del  Cielo.  Dios  nos  deja hacer, pues sabe que el dolor es el único medio eficaz para reconducir a los hombres a miras más  sanas  y  sentimientos más generosos.

Desde el punto de vista material, Dios puede impedir que se desencadene  una  guerra. Pero, desde el punto de vista moral, no puede hacerlo, puesto que  una  de  sus  leyes  suprema  exige  que  todos   – tanto  los    individuos   como   las  colectividades – suframos las consecuencias de nuestros  actos.  La conciencia  publica, el sentimiento del deber, la disciplina familiar son los atributos necesarios para que los pueblos sean grandes y no se debiliten con procesos de  profunda corrupción.

En el Universo hay una Justicia que se pone en acción para dar fuerzas y asistir a la humanidad enferma y descontrolada.

No basta tener a cada instante el nombre de Dios en los labios, es mucho mejor  para el hombre el guardar sus leyes inmutables en su corazón.

   Las  mentiras  y  la  perfidia,  la  violación  de  los  tratados y el incendio de las ciudades,  la  masacre  de  los  débiles  y  de  los inocentes no pueden encontrar justificación ante la Divina Majestad.

Todo mal cometido se vuelve, con sus efectos,  contra  la causa que lo produjo.  Así, la violación del derecho de los débiles se vuelve también contra los poderes que lo ultrajan.

De las regiones arrasadas ascienden hacia el Cielo gritos de angustia, y el Cielo no hace oídos sordos a los llamados de desesperación. Los poderes vindicativos del Más Allá entran en acción. Detrás de los que perecen  en  las  guerras  otros surgen, hasta que los invasores flaquean y horrorizados ven que el destino se ha puesto contra ellos.

Aquellos que han muerto regresan al Espacio con la aureola del deber cumplido: su ejemplo inspirara a las generaciones por venir.

La lección que se desprende de las guerras  consiste  en  que  el  hombre  debe aprender a elevar sus pensamientos por sobre los tristes espectáculos  de  este mundo y dirigir sus miradas hacia ese Más Allá de donde le vendrán los socorros, las fuerzas necesarias para  emprender  una  nueva  etapa  hacia  el  grandioso objetivo que se le ha asignado.

El depositar la mente y el corazón en las cosas materiales nos demuestra que la materia es inestable y precaria. Las esperanzas y glorias que promete carecen de futuro. No hay  fortuna  ni  poder  terrenal  alguno  que  este  a  cubierto  de  las catástrofes que puedan sobrevenir. Ninguna riqueza o  esplendor  es  realmente duradero, sino son los del Espíritu inmortal. Solo el es capaz de  transformar  las obras de muerte en obras de vida. Pero, para comprender esta profunda ley  es menester la escuela del sufrimiento.

Así como el rayo de luz debe ser descompuesto por el prisma para  producir  los brillantes colores del arco iris, de igual manera el  alma  humana  tiene  que  ser  quebrada por las pruebas para que irradie todas las energías y todas las grandes cualidades que en ella dormitan.

En medio de la desgracia, sobre todo,  es  cuando  el  hombre  piensa  en  Dios. Tan pronto como las ardientes pasiones suscitadas por el odio y la venganza se hayan   apaciguado,  y  cuando  la  sociedad  retome  su  normal  ritmo  de  vida, comienza la misión de los espiritistas. Es entonces cuando tendrá  que  consolar duelos y curar las llagas morales, y reconfortar a las almas laceradas

   Bajo  la  lenta,  profunda  y eficaz acción del dolor, incontables seres se tornan accesibles a las verdades cuyos depositarios responsables somos.

    Sepamos,  pues,  los   espiritas  aprovechar  las  trágicas  circunstancias  que atravesamos en una guerra, y la Providencia sabrá obtener que de ellas  resulte un bien para la humanidad.

    Todas  las  almas  fuertes  que  en  medio  de  la  tormenta  han mantenido su serenidad pedirán, junto con nosotros  y  con  total  confianza,  que  las  pruebas sufridas en una nación en guerra, hagan  vibrar  en  las  almas  sentimientos  de honor,   unión  y   concordia  que  son  medios  poderosos  de  elevación.  Por su intensidad,  esos   sentimientos   pueden   reaccionar  contra   las  plagas  de  la sensualidad, el egoísmo, y el personalismo excesivo en los ganadores.

Antaño la guerra tenía su trágica belleza, su grandeza. Se luchaba a campo raso, alta la frente y con las  banderas  desplegadas.  Hoy  en  día,  no  hay  más  que trampas, emboscadas, asechanzas. En los trabajos de la paz como en los  de  la guerra,  los  hombres  han  desnaturalizado  empequeñecido  y  rebajado  cuanto fuese grande. Alevosía, perfidia y mentira, son los principios habituales.

Las almas  de  los  muertos  no  son,  como  creen  algunos,  entidades  vagas  e imprecisas.   Cuando  han  alcanzado  los  grados  superiores  de   la   jerarquía  espiritual se convierten en poderes irresistibles, en centros de actividad y de vida capaces de ejercer su acción sobre la humanidad terráquea.

Por medio de la sugestión magnética  pueden inspirar a aquellos a quienes  han elegido,  haciendo  germinar  en  ellos  la  idea  directriz  e  incitándolos  a  actos decisivos que coronara su obra. De esta manera los invisibles se mezclan en las acciones de los vivientes para la  realización  del  bien  y  el  cumplimiento  de  la justicia eterna.

  Cuando  se lucha en defensa de los débiles y la liberación de los oprimidos los poderes invisibles, las fuerzas divinas se entregan a la labor por ser lucha grande y sagrada, la lucha de la libertad, el derecho y  la  justicia,  contra  la  brutalidad armada y el despotismo cínico y grosero.

   La  lucha  formidable  que  se  desarrolla  entre  las naciones y las razas, y  las convulsiones que agitan al mundo, plantean los más graves problemas. Ante este gran drama, la mente humana, ansiosa, se formula mil preguntas.
 
Y hay horas en que la duda, la inquietud y el pesimismo invaden los espíritus más firmes y resueltos.

El progreso, ¿es tan solo una quimera?. ¿Será sumergida la civilización por la ola ascendente de las pasiones brutales?.

Los esfuerzos de los siglos por realizar la justicia, la solidaridad y la paz dentro de la armonía social ¿resultaran vanos?.

Las concepciones del arte y el genio del hombre, los frutos del pesado e inmenso trabajo de millones de cerebros y de brazos, ¿ van a desaparecer arrasados por la tormenta?.

El pensador Espiritualista sondea ese abismo de males sin sentir vértigo.Del caos de los acontecimientos extrae la  gran  ley  que  todo  lo  rige.   Antes  que  nada recuerda que nuestro planeta es una morada muy inferior, un  laboratorio  donde son bosquejadas las almas todavía jóvenes, con sus confusas aspiraciones y sus pasiones desordenadas.

 Para que las energías, que dormitan ignoradas y mudas en las tinieblas del alma, salgan a la luz, sean  necesarios  los  desgarramientos,  angustias  y  lagrimas. Ninguna grandeza puede haber  sin  el  sufrimiento,  ninguna  elevación  sin  las pruebas.

Si el hombre estuviese exento de las vicisitudes de la suerte, privado de las rudas lecciones   de   la   adversidad,   ¿  podría  templar  su  carácter,  desarrollar  su experiencia, valorizar las ocultas riquezas de su alma?.

    Puesto  que  el  mal  constituye  una  fatalidad  en  nuestro  mundo  ¿no existe responsabilidad para los perversos?. Creer que no la hay seria un error funesto: en su ignorancia y ceguera el hombre siembra el mal y las consecuencias de este recaen pesadamente sobre él mismo, así  como  sobre  todos  aquellos  que  se asocian  a  sus  acciones  viles.   Tal  lo  que  esta sucediendo en esta hora que vivimos.

    Dos  poderosos monarcas uno protestante y otro católico por ejemplo pueden desencadenar una guerra , preparándolo, calculándolo y combinándolo todo para obtener una victoria aplastante.
Pero las fuerzas  divinas,  los  poderes  espirituales,  intervienen  en  el  conflicto, inspirando heroicas resistencias a las naciones amenazadas y  haciendo  surgir en ellas tesoros de  valor,  que  anteriormente  podrían  venir  acumulando  en  el fondo de las almas.

Detrás de la humareda de las pasiones que sube  desde  la  tierra,  se  siente  la presencia de un  tribunal  superior  invisible  que  aguarda  el  desenlace  de  los conflictos, para reivindicar los derechos de la  eterna  justicia.   De  una  manera vaga los combatientes sienten esas cosas, tiene la intuición de que la causa que están defendiendo es justa o injusta y tal impresión va cundiendo  poco  a  poco por todo los rincones del país.

Estas tormentas barren las frivolidades y liviandades con todo lo pueril y mundano, para dejar en pie tan solo aquello que hay en el hombre de mas sólido y mejor.

Sin duda alguna, subsisten a un en las almas muchos gérmenes de inmoralidad, corrupción y decadencia después de una guerra, hasta el punto de que a  veces podríamos preguntar si esta lección tremenda ha servido para curar los vicios. En cambio de ella, ¡cuantas existencias ficticias, estériles o  desordenadas  se  han hecho mas sencillas y fecundas, o mas puras!.

     En   ciertos   aspectos,   la   vida  pública   y   la   privada   experimentan  una  transformació n radical. Esa depuración de los hábitos y de  los  caracteres  trae consigo la depuración del pensamiento, sea cual fuere  la forma en que  este  se exprese. El hombre parece haberse desembarazado para mucho tiempo de  esa psicología mórbida, de esa pornografía de baja ralea, venenos de las almas que hacían considerar una nación en decadencia.

Claro esta, no echamos al olvido el penoso cortejo de calamidades engendradas en  una  guerra:   las  hecatombes   espantosas,  las   vidas   desperdiciadas,  las ciudades saqueadas o destruidas, violaciones e incendios, ancianos, mujeres y niños despojados, asesinados o mutilados, el éxodo de los rebaños humanos que huyen de sus casas  desbastadas:  en  una  palabra,  el  espectáculo  del  dolor humano en lo que tiene de más intenso y pungente.

Pero,( todo espirita sabe) la muerte no es sino una apariencia: al desprenderse el alma de su envoltura material adquiere mayor fuerza, una mas justa  percepción de las cosas, y el ser vuelve a encontrarse mas vivo en el Más Allá.

El dolor depura el pensamiento, ninguna pena es perdida, ninguna prueba queda sin compensaciones. Los que han muerto por su país  cosechan  los  frutos  del  sacrificio, y los sufrimientos de los que sobreviven t ransmiten  a  su  periespíritu ondas de luz y gérmenes de felicidades venideras.

En cuanto a la cuestión del  progreso:  solo  es  real  y  duradero  el  progreso  a condición de que se opere en forma simultánea en sus dos aspectos, el material y el moral.

Porque el progreso material es, con demasiada frecuencia, un arma puesta al servicio de las bajas pasiones.

La ciencia a provisto a los hombres modernos de formidables medios destructivos: maquinas de todo tipo, explosivos poderosos, cápsulas incendiarias,dispositivos para  arrojar  combustibles  encendidos,  gases  asfixiantes o  corrosivos   ,etc.     Aviones y tanques, amplían grandemente el campo de acción de las matanzas. Todos  los  perfeccionamientos  de  la  ciencia,  hacen  desgraciados  al hombre cuando este sigue  siendo  malo.   Y  tal  situación  se  prolongara hasta  que  la educación del pueblo siga falseada y sigan ignorando los hombres las leyes  del Ser y del destino, así como     el   principio  de  las   responsabilidades,  con  sus repercusiones a lo largo de las renacientes existencias del hombre.

En lo que atañe al progreso moral, es lento y poco menos que imperceptible en la tierra, por cuanto, la población del globo va aumentando  sin  tregua  con  seres que provienen de mundos inferiores al nuestro. Y los Espíritus, que llegan, entre nosotros, a cierto grado de adelanto, evolucionan con provecho hacia humanidades mejores. De ello resulta que  el  nivel  general  varia  poco  y  las  cualidades morales de los individuos siguen siendo raras y ocultas.

El hombre deberá subir aun los duros peldaños del Calvario, a través de espinos y agudas piedras. Las calamidades son el cortejo inevitable de las humanidades atrasadas, y la guerra es la peor de todas. A no ser  por  ellas,  el  hombre  poco evolucionado se demoraría en las futilezas  del  camino  o  se  aletargaría  en  la pereza y el bienestar. Le hace falta el látigo de la  necesidad,  la  conciencia  del peligro, para forzarlo a poner en acción las fuerzas que dormitan en él, para desarrollar su inteligencia y afinar su juicio. Todo cuanto esta destinado a vivir y crecer se elabora en el dolor. Hay que sufrir para dar a luz: esa es la parte que toca a la mujer. Y hay que sufrir para crear: esa es la parte que toca al genio.

Las cualidades viriles de una casta se ponen de relieve con más brillo en las horas trágicas de su historia. Si la guerra desapareciera, se extinguirían con  ella   muchos males, gran numero de errores, pero ¿no genera  también  el  heroísmo,  el auto sacrificio, el desprecio por el dolor y la muerte?. Y esas son las  cosas  que hacen la grandeza del ser humano, las que lo elevan por encima del irracional.

Espíritu  imperecedero, el hombre constituye un centro de vida y  acción  que  de todas las vicisitudes y pruebas – aun las mas crueles-  debe hacer  otros  tantos procedimientos para irradiar cada vez mas las energías, que duermen en los mas recónditos hondones de si mismo.

Las grandes emociones nos  hacen  olvidar  las  preocupaciones  pueriles   – a  menudo frívolas –de la vida, abriendo en nosotros las influencias del Espacio.
 En los mundos evolucionados, entre las humanidades  superiores  a  la  nuestra, las calamidades no tienen ya razón de  ser.  La  guerra  no  existe  allí,  pues  la sabiduría del Espíritu ha puesto fin a toda causa de conflicto. Los que  moran  en las esferas venturosas, iluminados por las verdades eternas y poseedores de los poderes de la inteligencia y el corazón, no  necesitan  ya  de  esos  estimulantes para despertar y cultivar los escondidos recursos del alma.

El sufrimiento es el gran educador, así de los individuos  como  de  los  pueblos. Cuando nos apartamos del recto camino y  resbalamos  hacia  la  sensualidad  y descomposició n moral, el sufrimiento, con su aguijón, nos hace volver a la senda del bien. Tenemos que padecer para desarrollar en nosotros la sensibilidad y la vida. Es esta una ley seria, y austera, fecunda en resultados. Hay que sufrir para sentir y amar, para crecer y elevarse. Solo el dolor pone termino a los furores  de la pasión, despierta en nosotros las reflexiones profundas, revela a las almas  lo que en el universo hay de más grande, bello y noble: la piedad,  la  caridad  y  la bondad...

   Es  tiempo  ya  de que el hombre aprenda a conocerse a si mismo gobernar las fuerzas que en él residen: si supiera que  todos  los  pensamientos  y  todos  los actos egoístas, o envidiosos, contribuyen a acrecentar los poderes maléficos que sobre el se  ciernen,  alimentando  las  guerras  y  precipitando  las  catástrofes, cuidaría más su conducta y con ello muchos males serian atenuados.

    Solo  el espiritismo puede ofrecer esta enseñanza. Todos los espiritas tiene el deber de difundir en su entorno la luz de las eternas verdades y el bálsamo de las consolaciones  celestiales,  tan  necesarias  en  las   horas   de   pruebas   que  atravesamos.

    Es  menester  asistir  a  la  humanidad  dolorida  y  ofrecerle  las  perspectivas reconfortantes de lo invisible, del Más Allá, demostrándoles la certidumbre de  la supervivencia del alma, el júbilo  del  reencuentro  para  aquellos  a  quienes  la muerte separo.

   Es  menester que  vayamos  al  pueblo  que  carece  de ideal, a los humildes y pequeños a los cuales el materialismo engaña,  pues  solo  sabe  desarrollar  en ellos la avidez de placeres y los sentimientos  de  odio  y  envidia, debemos  ir  a ellos llevándoles la enseñanza moral,  la  alta  y  pura  doctrina  que  alumbra  el porvenir y nos muestra como  la  justicia  se  consuma  por  medio  de  las  vidas sucesivas.

Todos los que, amando la justicia, la buscan en el ámbito estrecho que su mirada abarca, rara vez la encuentra en las obras del hombre, en las  instituciones  de  este bajo mundo. Ensanchemos, pues, nuestros horizontes: entonces la veremos expandirse en la serie de nuestras existencias  a lo largo de los  tiempos,  por  el simple mecanismo de los efectos y las causas.  Tanto  el  bien  como  el  mal   se remontan siempre a su fuente de origen.   El  crimen  recae  siempre  sobre  sus autores. Nuestro destino es obra de nosotros mismos, pero solo se esclarece por el conocimiento del pasado. Para captar su eslabonamiento hay que ir mas arriba y contemplar desde allí, en su conjunto, el panorama viviente de nuestra  propia historia.  Ahora  bien, esto Será solo  posible  para  el  Espíritu que se encuentre desprendido de  su  envoltura  carnal,  ya  sea  por  medio  de  la  exteriorización durante el sueño, ya debido a la muerte. Entonces, las sombras y contradicciones del presente surge para él viva luz. La gran ley se le aparece en la plenitud de su brillo y en su soberana majestad, regulando la ascensión de los seres.

La verdad, para descubrirla, hay que elevarse hasta las regiones serenas  a  las que no llegan las pasiones políticas y donde no reinan  los  intereses  materiales. Interroguemos a los grandes muertos – e inspirémonos con sus  consejos.  Ellos nos confirmaran la existencia de esas leyes superiores fuera de las  cuales  toda obra humana es impotente y estéril. º
A pesar de ciertas teorías, lo que hace falta sobre todo, para realizar la paz social y la armonía entre los hombres, es el  acuerdo  íntimo  de  las  inteligencias,  las conciencias y los corazones. Solo puede darlo una gran doctrina, una revelación superior que trace el rumbo humano y fije los deberes comunes.

En la historia del mundo las calamidades son muchas veces signos  precursores de nuevos tiempos, el anunciado de que se esta preparando una transformación y la humanidad va  a experimentar profundos cambios.

La muerte ha causado numerosos vacíos entre los hombres, pero Entidades mas evolucionadas vendrán a encarnar en la tierra. Las incontables legiones de almas liberadas por las contiendas bélicas se ciernen sobre los hombres, ávidos de participar  en  sus  trabajos  y  esfuerzos,  de  comunicar  - a los que aquí dejaron-   confianza en Dios y fe en un futuro mejor. Su acción se extiende y va imponiéndose cada vez más. Y suscita testimonios inesperados que, a veces, provienen de muy arriba. Como un diario de 1919 titulado “El hombre libre” que en su  edición decía:Nuestros  muertos  queridos,  están  al  lado  de  nosotros  y  la humanidad se compone de mayor numero de difuntos que de vivientes. Somos gobernados  por los muertos”.

Hoy en día, un gran soplo esta pasando sobre el mundo y lleva a las almas hacia una síntesis,  en  la  que  cuanto  hay  de  bueno  y  verdadero  en  las  antiguas  creencias viene a agregarse a las obras de la ciencia y del pensamiento moderno, para estructurar el instrumento por excelencia  de  la  educación  y  la disciplina sociales.

A veces, las sombras se tornan más densas y se hacen más negras la noche  en torno nuestro. Se multiplican los peligros y  terribles  amenazas  pesan  sobre  la civilización.
 Pero en esas horas sentimos que nuestros grandes hermanos del Espacio están más cerca de  nosotros.  Sus  fluidos  vivificantes  nos  sostienen  y  penetran.  Gracias a ellos se encienden en el horizonte resplandores de aurora que iluminan nuestra ruta.

En medio del caos de los acontecimientos, un mundo nuevo se esboza...

       En el Universo hay una Justicia que se pone en  acción  para  dar  fuerzas  y asistir a la humanidad enferma y descontrolada.

No basta tener a cada instante el nombre de Dios en los labios, es mucho  mejor para el hombre el guardar sus leyes inmutables en su corazón.

Las mentiras  y la  perfidia,  la  violación  de  los  tratados  y  el  incendio  de  las ciudades, la masacre de los  débiles  y  de  los  inocentes  no  pueden  encontrar justificación ante la Divina Majestad.

Todo mal cometido se vuelve, con sus efectos,  contra la causa que  lo  produjo. Así, la violación del derecho de los débiles se vuelve también contra los poderes que lo ultrajan.

De las regiones arrasadas ascienden hacia el Cielo gritos de angustia, y el Cielo no hace oídos sordos a los llamados de desesperación. Los poderes vindicativos del Más Allá entran en acción. Detrás de los que perecen  en  las  guerras  otros surgen, hasta que los invasores flaquean y horrorizados ven  que  el  destino  se ha puesto contra ellos.

Aquellos que han muerto regresan al Espacio con la aureola del deber cumplido: su ejemplo inspirara a las generaciones por venir.

La lección que se desprende de las guerras consiste en que el hombre debe aprender a elevar sus pensamientos por sobre los tristes espectáculos de este mundo y dirigir sus miradas hacia ese Más Allá de donde le  vendrán  los  socorros,  las fuerzas necesarias para emprender una nueva etapa hacia el grandioso objetivo que se le ha asignado.

El depositar la mente y el corazón en las cosas materiales nos demuestra que la materia es inestable y precaria. Las esperanzas y glorias que promete carecen de futuro. No hay  fortuna  ni  poder  terrenal  alguno  que  este  a  cubierto  de  las catástrofes que puedan sobrevenir. Ninguna riqueza o  esplendor  es  realmente duradero, sino son los del Espíritu inmortal. Solo el es capaz de  transformar  las obras de muerte en obras de vida. Pero, para comprender esta profunda ley  es menester la escuela del sufrimiento.

Así como el rayo de luz debe ser descompuesto por el prisma para  producir  los brillantes colores del arco iris, de igual manera  el  alma  humana  tiene  que  ser quebrada por las pruebas para que irradie todas las energías y todas las grandes cualidades que en ella dormitan.

En medio de la desgracia, sobre todo, es cuando el hombre piensa en Dios. Tan pronto como las ardientes pasiones suscitadas  por  el  odio  y  la  venganza  se  hayan   apaciguado,  y  cuando  la  sociedad  retome  su  normal  ritmo  de  vida, comienza la misión de los espiritistas. Es entonces cuando tendrá  que  consolar duelos y curar las llagas morales, y reconfortar a las almas laceradas

Bajo la lenta, profunda y eficaz  acción  del  dolor,  incontables  seres  se  tornan accesibles a las verdades cuyos depositarios responsables somos.

Sepamos, pues, los espiritas aprovechar las trágicas circunstancias que atravesamos en una guerra, y la Providencia sabrá obtener que de ellas resulte un   bien para la humanidad.

    Todas  las  almas  fuertes  que  en  medio  de  la  tormenta  han  mantenido su serenidad pedirán, junto con  nosotros  y  con  total  confianza, que  las  pruebas sufridas en una nación en guerra, hagan  vibrar  en  las  almas  sentimientos  de honor,   unión  y   concordia  que  son  medios  poderosos de  elevación.  Por  su intensidad,  esos  sentimientos   pueden  reaccionar   contra  las   plagas  de  la  sensualidad, el egoísmo, y el personalismo excesivo en los ganadores.

Antaño la guerra tenía su trágica belleza, su grandeza. Se luchaba a campo raso, alta la frente y con las banderas  desplegadas.   Hoy  en  día,  no  hay  más  que trampas, emboscadas, asechanzas. En los trabajos de la paz como en los de la   guerra, los hombres han  desnaturalizado  empequeñecido   y   rebajado   cuanto fuese grande. Alevosía, perfidia y mentira, son los principios habituales.

   Las  almas  de  los  muertos  no  son,  como  creen algunos, entidades vagas e imprecisas.  Cuando  han  alcanzado  los  grados   superiores   de   la   jerarquía espiritual se convierten en poderes irresistibles, en centros de actividad y de vida capaces de ejercer su acción sobre la humanidad terráquea.

 Por medio de la sugestión magnética  pueden inspirar a aquellos a quienes han elegido,  haciendo  germinar  en  ellos  la  idea  directriz  e  incitándolos  a  actos decisivos que coronara su obra. De esta manera los invisibles se mezclan en las acciones de los vivientes para la  realización  del  bien  y  el  cumplimiento  de  la justicia eterna.

   Cuando se lucha en defensa de los débiles y la liberación de los oprimidos los poderes invisibles, las fuerzas divinas se entregan a la labor por ser lucha grande y sagrada, la lucha de la libertad, el derecho y la justicia,  contra   la   brutalidad armada y el despotismo cínico y grosero.

 La  lucha formidable que se desarrolla  entre  las  naciones  y  las  razas,  y   las convulsiones que agitan al mundo, plantean los más graves problemas. Ante este gran drama, la mente humana, ansiosa, se formula mil preguntas.
 
Y hay horas en que la duda, la inquietud y el pesimismo invaden los espíritus más firmes y resueltos.

El progreso, ¿es tan solo una quimera?.  ¿ Será sumergida la civilización por   la ola ascendente de las pasiones brutales?.
Los esfuerzos de los siglos por realizar la justicia, la solidaridad y la paz dentro de la armonía social ¿resultaran vanos?.

Las concepciones del arte y el genio del hombre, los frutos del pesado e inmenso trabajo de millones de cerebros y de brazos, ¿ van a desaparecer arrasados por la tormenta?.

El pensador Espiritualista sondea ese abismo de males  sin  sentir  vértigo.   Del caos de los acontecimientos extrae la gran ley que todo lo rige.  Antes que  nada recuerda que nuestro planeta es una morada muy inferior, un  laboratorio  donde son bosquejadas las almas todavía jóvenes, con sus confusas aspiraciones y sus pasiones desordenadas.

 Para que las energías, que dormitan ignoradas y mudas en las tinieblas del alma, salgan a la luz, sean  necesarios  los  desgarramientos,  angustias  y  lagrimas. Ninguna grandeza puede haber sin  el  sufrimiento,  ninguna   elevación  sin  las pruebas.

Si el hombre estuviese exento de las vicisitudes de la suerte, privado de las rudas lecciones  de la adversidad, ¿podría templar su carácter, desarrollar su experiencia, valorizar las ocultas riquezas de su alma?.

    Puesto  que  el  mal  constituye  una  fatalidad  en nuestro  mundo   ¿no existe responsabilidad para los perversos?. Creer que no la hay seria un error funesto: en su ignorancia y ceguera el hombre siembra el mal y las consecuencias de este recaen pesadamente sobre él mismo,  así  como  sobre  todos aquellos  que  se asocian a sus acciones viles.   Tal lo  que  esta  sucediendo  en  esta   hora   que vivimos.

Dos poderosos monarcas uno protestante y otro católico por ejemplo pueden desencadenar una guerra , preparándolo, calculándolo y  combinándolo  todo   para obtener una victoria aplastante.
Pero las fuerzas divinas, los  poderes  espirituales, intervienen  en  el   conflicto,   inspirando heroicas resistencias a las naciones amenazadas y  haciendo  surgir en ellas tesoros de valor,  que  anteriormente  podrían  venir  acumulando  en  el  fondo de  las almas.

Detrás de la humareda de las pasiones que sube  desde  la  tierra,  se  siente  la presencia de un tribunal superior   invisible  que  aguarda  el  desenlace  de   los conflictos, para reivindicar los derechos de la eterna justicia. De una manera vaga los combatientes sienten esas cosas, tiene la intuición de que la causa que están defendiendo es justa o injusta y tal impresión va cundiendo poco a poco por todo los rincones del país.

Estas tormentas barren las frivolidades y liviandades con todo lo pueril y mundano, para dejar en pie tan solo aquello que hay en el hombre de mas sólido y mejor.

Sin duda alguna, subsisten a un en las almas muchos gérmenes de inmoralidad, corrupción y decadencia después de una guerra, hasta el punto de que a veces  podríamos preguntar si esta lección tremenda ha servido para curar los vicios. En cambio de ella, ¡cuantas existencias ficticias, estériles o desordenadas se han    hecho mas sencillas y fecundas, o mas puras!.

En ciertos aspectos, la vida pública y la privada experimentan una transformació n radical. Esa depuración de los hábitos y de los caracteres trae consigo la depuración del pensamiento, sea cual fuere  la forma en que este se exprese. El hombre parece haberse desembarazado para mucho tiempo de esa psicología mórbida, de esa pornografía de baja ralea, venenos de las almas que hacían considerar   una nación en decadencia.

Claro esta, no echamos al olvido el penoso cortejo de calamidades engendradas en una guerra: las hecatombes espantosas, las vidas desperdiciadas, las ciudades saqueadas o destruidas, violaciones e incendios, ancianos, mujeres y niños despojados, asesinados o mutilados, el éxodo de los rebaños humanos que huyen   de sus casa desbastadas: en una palabra, el espectáculo del dolor humano en lo que tiene de más intenso y pungente.

Pero,( todo espirita sabe) la muerte no es sino una apariencia: al desprenderse el alma de su envoltura material adquiere mayor fuerza, una mas justa percepción  de las cosas, y el ser vuelve a encontrarse mas vivo en el Más Allá.

El dolor depura el pensamiento, ninguna pena es perdida, ninguna prueba queda sin compensaciones. Los que han muerto por su país cosechan los frutos del sacrificio, y los sufrimientos de los que sobreviven transmiten a su peri espíritu ondas de luz y gérmenes de felicidades venideras.

En cuanto a la cuestión del progreso: solo es real y duradero el progreso a condición de que se opere en forma simultánea en sus dos aspectos, el material y el moral.

Porque el progreso material es, con demasiada frecuencia, un arma puesta al servicio de las bajas pasiones.

La ciencia a provisto a los hombres modernos de formidables medios destructivos: maquinas de todo tipo, explosivos poderosos, cápsulas incendiarias, dispositivos para arrojar combustibles encendidos, gases asfixiantes o corrosivos etc. Aviones y tanques, amplían grandemente el campo de acción de las matanzas. Todos los perfeccionamientos de la ciencia, hacen desgraciados al hombre cuando este sigue siendo malo. Y tal situación se prolongara hasta que la educación del pueblo siga falseada y sigan ignorando los hombres las leyes del Ser y del destino, así como el principio de las responsabilidades, con sus repercusiones a lo largo de las renacientes existencias del hombre.

En lo que atañe al progreso moral, es lento y poco menos que imperceptible en la tierra, por cuanto, la población del globo va aumentando sin tregua con seres que provienen de mundos inferiores al nuestro. Y los Espíritus, que llegan, entre nosotros, a cierto grado de adelanto, evolucionan con provecho hacia humanidades mejores. De ello resulta que el nivel general varia poco y las cualidades morales de los individuos siguen siendo raras y ocultas.

El hombre deberá subir aun los duros peldaños del Calvario, a través de espinos y agudas piedras. Las calamidades son el cortejo inevitable de las humanidades atrasadas, y la guerra es la peor de todas. A no ser por ellas, el hombre poco evolucionado se demoraría en las futilezas del camino o se aletargaría en la pereza y el bienestar. Le hace falta el látigo de la necesidad, la conciencia del peligro, para forzarlo a poner en acción las fuerzas que dormitan en él, para desarrollar su inteligencia y afinar su juicio. Todo cuanto esta destinado a vivir y crecer se elabora en el dolor. Hay que sufrir para dar a luz: esa es la parte que toca a la mujer. Y hay que sufrir para crear: esa es la parte que toca al genio.

Las cualidades viriles de una casta se ponen de relieve con más brillo en las horas trágicas de su historia. Si la guerra desapareciera, se extinguirían con ella muchos males, gran numero de errores, pero ¿no genera también el heroísmo, el auto sacrificio, el desprecio por el dolor y la muerte?. Y esas son las cosas que hacen la grandeza del ser humano, las que lo elevan por encima del irracional.

Espíritu  imperecedero, el hombre constituye un centro de vida y acción que de todas las vicisitudes y pruebas – aun las mas crueles-  debe hacer otros tantos procedimientos para irradiar cada vez mas las energías, que duermen en los mas recónditos hondones de si mismo.

Las grandes emociones nos hacen olvidar las preocupaciones pueriles – a menudo frívolas –de la vida, abriendo en nosotros las influencias del Espacio.
 En los mundos evolucionados, entre las humanidades superiores a la nuestra, las calamidades no tienen ya razón de ser. La guerra no existe allí, pues la sabiduría del Espíritu ha puesto fin a toda causa de conflicto. Los que moran en las esferas venturosas, iluminados por las verdades eternas y poseedores de los poderes de la inteligencia y el corazón, no necesitan ya de esos estimulantes para despertar y cultivar los escondidos recursos del alma.

El sufrimiento es el gran educador, así de los individuos como delos pueblos. Cuando nos apartamos del recto camino y resbalamos hacia la sensualidad y descomposició n moral, el sufrimiento, con su aguijón, nos hace volver a la senda del bien. Tenemos que padecer para desarrollar en nosotros la sensibilidad y la vida. Es esta una ley seria, y austera, fecunda en resultados. Hay que sufrir para sentir y amar, para crecer y elevarse. Solo el dolor pone termino a los furores de la pasión, despierta en nosotros las reflexiones profundas, revela a las almas lo que en el universo hay de más grande, bello y noble: la piedad, la caridad y la bondad...

Es tiempo ya de que el hombre aprenda a conocerse a si mismo gobernar las fuerzas que en él residen: si supiera que todos los pensamientos y todos los actos egoístas, o envidiosos, contribuyen a acrecentar los poderes maléficos que sobre el se ciernen, alimentando las guerras y precipitando las catástrofes, cuidaría más su conducta y con ello muchos males serian atenuados.

Solo el espiritismo puede ofrecer esta enseñanza. Todos los espiritas tiene el deber de difundir en su entorno la luz de las eternas verdades y el bálsamo de las consolaciones celestiales, tan necesarias en las horas de pruebas que atravesamos.

Es menester asistir a la humanidad dolorida y ofrecerle las perspectivas reconfortantes de lo invisible, del Más Allá, demostrándoles la certidumbre de la supervivencia del alma, el júbilo del reencuentro para aquellos a quienes la muerte separo.

Es menester que vallamos al pueblo que carece de ideal, a los humildes y pequeños a los cuales el materialismo engaña, pues solo sabe desarrollar en ellos la avidez de placeres y los sentimientos de odio y envidia, debemos ir a ellos llevándoles la enseñanza moral, la alta y pura doctrina que alumbra el porvenir y nos muestra como la justicia se consuma por medio de las vidas sucesivas.

Todos los que, amando la justicia, la buscan en el ámbito estrecho que su mirada abarca, rara vez la encuentra en las obras del hombre, en las instituciones de este bajo mundo. Ensanchemos, pues, nuestros horizontes: entonces la veremos expandirse en la serie de nuestras existencias  a lo largo de los tiempos, por el simple mecanismo de los efectos y las causas. Tanto el bien como el mal se remontan siempre a su fuente de origen. El crimen recae siempre sobre sus autores. Nuestro destino es obra de nosotros mismos, pero solo se esclarece por el conocimiento del pasado. Para captar su eslabonamiento hay que ir mas arriba y contemplar desde allí, en su conjunto, el panorama viviente de nuestra propia historia. Ahora bien, esto Serra solo posible para el Espíritu que se encuentre desprendido de su envoltura carnal, ya sea por medio de la exteriorizació n durante el sueño, ya debido a la muerte. Entonces, las sombras y contradicciones del presente surge para él viva luz. La gran ley se le aparece en la plenitud de su brillo y en su soberana majestad, regulando la ascensión de los seres.

La verdad, para descubrirla, hay que elevarse hasta las regiones serenas a las que no llegan las pasiones políticas y donde no reinan los intereses materiales. Interroguemos a los grandes muertos – e inspirémonos con sus consejos. Ellos nos confirmaran la existencia de esas leyes superiores fuera de las cuales toda obra humana es impotente y estéril. º
A pesar de ciertas teorías, lo que hace falta sobre todo, para realizar la paz social y la armonía entre los hombres, es el acuerdo íntimo de las inteligencias, las conciencias y los corazones. Solo puede darlo una gran doctrina, una revelación superior que trace el rumbo humano y fije los deberes comunes.

En la historia del mundo las calamidades son muchas veces signos precursores de nuevos tiempos, el anunciado de que se esta preparando una transformació n y la humanidad va  a experimentar profundos cambios.

La muerte ha causado numerosos vacíos entre los hombres, pero Entidades mas evolucionadas vendrán a encarnar en la tierra. Las incontables legiones de almas liberadas por las contiendas bélicas se ciernen sobre los hombres, ávidos de participar en sus trabajos y esfuerzos, de comunicar- a los que aquí dejaron- confianza en Dios y fe en un futuro mejor. Su acción se extiende y va imponiéndose cada vez más. Y suscita testimonios inesperados que, a veces, provienen de muy arriba. Como un diario de 1919 titulado “El hombre libre” que en su edición decía:Nuestros muertos queridos, están al lado de nosotros y la humanidad se compone de mayor numero de difuntos que de vivientes. Somos gobernados por los muertos”.

Hoy en día, un gran soplo esta pasando sobre el mundo y lleva a las almas hacia una síntesis, en la que cuanto hay de bueno y verdadero en las antiguas creencias viene a agregarse a las obras de la ciencia y del pensamiento moderno, para estructurar el instrumento por excelencia de la educación y la disciplina sociales.

A veces, las sombras se tornan más densas y se hacen más negras la noche en torno nuestro. Se multiplican los peligros y terribles amenazas pesan sobre la civilización.
 Pero en esas horas sentimos que nuestros grandes hermanos del Espacio están más cerca de nosotros. Sus fluidos vivificantes nos sostienen y penetran. Gracias a ellos se encienden en el horizonte resplandores de aurora que iluminan nuestra ruta.

En medio del caos de los acontecimientos, un mundo nuevo se esboza...

 
Extraído del libro de León Denis....El mundo invisible y la Guerra

Trabajo realizado por Merchita. 
Miembro fundador del Centro Espirita 
Amor fraterno, de Alcázar de San Juan (Ciudad Real)

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miércoles, 28 de marzo de 2012

Cáncer y desajuste moral

Jorge Hessen


MUCHOS CÁNCERES TIENEN SU GENESIS EN EL COMPORTAMIENTO MORAL 



Recientemente en California, en los Estados Unidos, Hannah Powell-Auslam, una niña de 10 años de edad, fue diagnosticada con cáncer de mama, un caso considerado, extremadamente,  raro (carcinoma secretorio invasivo). Los médicos hicieron  una mastectomía, más el cáncer se esparció para un modulo y Hannah tendría que pasar por otra cirugía, o por tratamiento de radioterapia.
Otro caso instigante es el de las dos gemelas británicas  idénticas, diagnosticadas con leucemia, con apenas dos semanas de intervalo. El drama de las niñas Megan y Gracie Garwood, de 4 años, comenzó en agosto del 2009. Al “Recibir la noticia  de que usted tiene tres hijos y dos de ellos tienen cáncer  es inimaginable”, afirmo la madre de las niñas. “Usted queda pensando lo que hizo para merecer eso”. Cáncer es una palabra  derivada  del griego “KarKinos”, la figura mitológica de un cangrejo gigante, escogido por Hipócrates, para representar  úlceras de difícil cicatrización y que,  a lo largo del tiempo, se consagró como sinónimo genérico de las neoplasias malignas. Hay más de cien tipos diferentes de cáncer,  que varían, al extremo, en sus causas, manifestaciones y pronósticos.
Diferentemente del cáncer en adultos en que se toma en cuenta aspectos de comportamiento como fumar, alcoholismo, alimentación, sedentarismo y exposición al sol, la medicina, aun, no consiguió establecer los verdaderos factores de riesgo del cáncer pediátrico. Los casos de Hannah Powell Auslam, Megan y Gracie Garwood bien pueden entrar en las estadísticas brasileñas del cáncer  infanto-juvenil que se da en las criaturas y adolescentes de unos 19 años. según  investigación  divulgada por el Inca (Instituto Nacional del Cáncer) y por la Sobop (Sociedad Brasileña de Oncología Pediátrica), el cáncer es la  enfermedad que más mata  a jóvenes, en la etapa de los cinco a los 18 años, en Brasil. Investigación indica el surgimiento de aproximadamente, 10 mil casos de cáncer infanto-juvenil, cada año, en Brasil, a partir del bienio 2008/2009 begin_of_the_skype_highlighting             2008/2009  end_of_the_skype_highlighting.  El agravante es que el cáncer, en los adolescentes,   acostumbra a ser más agresivo que en los adultos, y es más difícil de ser diagnosticado, según Luiz Henrique Gebrin, Director del Departamento de Mastologia del Hospital Perla Biynton, en San Paulo (SP).
¿Será el cáncer, entonces, una obra del acaso, una “punición divina” o un “carmas” del espíritu? Hoy, a la luz de la Ciencia médica, se puede afirmar que el factor predominante de la carcinogénesis es, sin duda, el comportamiento humano: tabaquismo, abuso de alcohol, malos hábitos alimentarios y de higiene, obesidad y sedentarismo los cuales son responsables por cuatro, en cada cinco casos de cáncer y por el 70% del total de muertes. Los canceres por herencia genética pura, o sea, que no dependen  de factores comportas mentales y ambientales, son menos del 5% del total.
La experiencia corrobora, pues, que el cáncer es una enfermedad, potencialmente, “cármica”. Estamos  sometidos a un mecanismo de causa y efecto que nos premia  con la salud o corrige con la enfermedad, de acuerdo con nuestras acciones. La criatura fue el adulto de antaño. “El cuerpo físico refleja el cuerpo espiritual que, a su vez, refleja el cuerpo mental, detentor de la forma”. (1) “Los que se envenenaron, conforme a los tóxicos de que se valieron, renacen, trayendo las afecciones valvulares, los achaques del aparato digestivo, las dolencias de la sangre y las disfunciones endocrinicas, tanto como otros males  de etiología oscura; los que quemaron la propia carne se quejan de las dificultades de la ictiosis o pénfigo; los que asfixiaron, sea en el lecho de las aguas o en las corrientes del gas, exhiben los procesos mórbidos  de las vías respiratorias, como en el caso del enfisema o de los quistes pulmonares; los que  se esforzaron en cargar consigo los dolorosos disturbios del sistema nervioso, como son en las diversas neoplasias y la parálisis cerebral infantil;  los que destrozaron el cráneo o golpearon la propia cabeza bajo ruedas destructoras, experimentaran desarmonías de la misma especie, notadamente  las que se relacionan con el cretinismo, y a los que se tiraron  de gran altura reaparecen, portando los padecimientos de distrofia muscular progresiva o de la  osteítis difusa.” (2)
“La cura para el cáncer no deberá surgir en los próximos diez años” (3) es lo que afirma el periodista de la Revista Time, Shannon Browlee. Tal vez los científicos nunca encontraron una única respuesta, en un único medicamento capaz de restaurar la salud de todos los pacientes con cáncer, porque un tumor no es igual a otro. Los espiritas saben  que no existen enfermedades  y si enfermos. En verdad, “todos los síntomas mentales depresivos influencian en las células en estado de mitosis, estableciendo factores de desagregación.” (4) A pesar de los considerables avances tecnológicos, en busca del diagnostico precoz y del tratamiento eficaz, la Medicina  y la Ciencia, en general, están, aun, distantes de dominar el comportamiento descontrolado de las células neo plásticas.
Obviamente, no precisamos insistir en la búsqueda de vidas pasadas para justificar el cáncer: Las estadísticas demuestran gran incidencia de cáncer en el pulmón, en personas que fuman actualmente. Muchas formas de cáncer tienen su génesis en el comportamiento moral insano actual, en las actitudes  mentales agresivas, en las postulaciones emocionales enfermizas. ”El mal humor es factor cancerígeno que ataca a una larga fase de la sociedad actual.” (5) El odio, el rencor, la amargura, la ira son tóxicos fulminantes en el oxígenos de la salud mental y física, consumen la energía vital y abren espacios intercelulares para la distonía e instalación de enfermedades. Son “agentes pulidores y responsables por disturbios emocionales de gran porte, son ellos  los generadores de perturbaciones  en el aparato respiratorio, digestivo, circulatorio. Responsables por canceres físicos, son las matrices de los desordenes  mentales y sociales que abalan la vida.” (6)
Hablando sobre la dolencia carmica, “el cáncer puede, hasta, eliminar las sombras del pasado, más no ilumina  el camino del porvenir. Eso depende de nuestras acciones, de la forma  como respondemos ante los problemas y enfermedades.
Cuando nuestra reacción ante el dolor no oprime a aquellos que nos rodean, estamos redimiéndonos, habilitados a un futuro luminoso. “Cuando nos rendimos al desequilibrio o establecemos perturbaciones  en prejuicio contra nosotros (…), plasmamos en los tejidos físico Psicosomáticos determinados campos de ruptura en la armonía celular, creando predisposiciones mórbidas para esa o aquella enfermedad y, consecuentemente, toda la zona atingida se torna posible de invasión microbiana. “ (7) Otra situación complicada es el aborto que “ofrece funestas complicaciones a las mujeres que a el se someten, impeliéndolas a la desencarnación prematura, sea por el cáncer  o por otras molestias de formación oscura, cuando no se anulan en aflictivo proceso de obsesión. (8)
El conocimiento espirita nos auxilia a transformar la carga mental de la culpa, incrustada en el espíritu, y nos posibilita mayor necesidad ante los desafíos de la enfermedad. Eso influenciará  en el sistema inmunológico. Los reflejos de los sentimientos y pensamientos negativos que alimentamos se vuelven sobre nosotros mismos, después de transformados en ondas mentales, tumultuando nuestras funciones orgánicas.
Para todos los males y cualquier enfermedad, centremos nuestros pensamientos en Jesús,  pues nuestro bálsamo restaurador de la salud, es y será siempre, Cristo. Ajustémonos al Evangelio redentor, pues el Maestro de los Maestros es el  médico de nuestras alma enferma.
Jorge Hessen

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martes, 27 de marzo de 2012

Inicio del espíritu humano y de su Reencarnación

Ricardo di Bernardi



   En la actualidad, podemos afirmar que la evolución humana viene desenvolviéndose desde el surgimiento de la vida en el planeta. No obstante, los seres claramente definidos  como humanos solo surgieron recientemente. El hombre es la primera especie  que desenvolvió la inteligencia a nivel suficiente  como para estudiar el mundo donde vive,  y este estudio lo coloca  como centro de las investigaciones además de ser su propio investigador. El Espíritu humano, ahora  ya no es solo un principio espiritual, sino un espíritu propiamente dicho,  capaz de aprender  cómo está constituido, como funciona su cuerpo y como la vida se transmite de generación  en generación: sobretodo es capaz de estudiar su propia evolución…

    Todos los fenómenos  de la naturaleza pueden ser explicados por las leyes naturales. Las leyes  físicas, químicas y  biológicas nos dan el mecanismo de la vida, y nos dan respuestas  sobre las minucias  del microscopio celular o sobre la magnitud del microcosmos.

    No obstante, estas mismas  leyes, que funcionan automaticamente, deberán ser regidas por una ley universal coordinadora de todas  y omnipresente a nivel del macro y del microcosmos. Esta ley omnipresente la llamamos Dios. Siendo perfecta, ha de ser inmutable, pues solo lo imperfecto sufre cambios buscando el perfeccionamiento progresivo.

    Por la regularidad y constancia de la Ley Universal,  sacamos en conclusión que no hubo un momento de la creación. Se trata de un proceso eterno. Dios irradia constantemente  y se proyecta de su Esencia Perfecta centellas divinas  o principios espirituales, que proviniendo de un ser perfecto solo podrá tener un destino:  la evolución infinita rumbo a la perfección. Jesús nos dijo: “Ninguna de las ovejas se perderá”.

     La encarnación primera, fue para nosotros, hoy seres humanos,  hace incontables millones de años, cuando las centellas divinas se sumergían en la dimensión física  uniéndose a expresiones más simples  de la organización material.

    El Espíritu <<durmió>>  en los átomos y paso el gran sueño por el reino mineral, soñó en las organizaciones vegetales, se agitó por las especies animales  para despertar al  fin   en la especie humana, rumbo a la conciencia superior  en seres futuros.

    Allan Kardec pregunto a los espíritus en la cuestión 540 del “El Libro de los Espíritus” Sobre la acción de los espíritus desencarnados en los fenómenos de la naturaleza, coloca la siguiente afirmativa: Es así que todo sirve, que todo se encadena  en la naturaleza, desde el átomo primitivo hasta el arcángel, que también comenzó por ser átomo”.

    No existen por tanto seres privilegiados, o creados por la ley universal ya superiores a otros.  La distancia entre minerales, vegetales,  y animales es simplemente consecuencia del mayor o menor camino recorrido en el camino evolutivo del ser. El progreso  se hizo omnipresente  en todos los niveles de la vida,  dando oportunidad  a todos  para  un único destino,  la evolución infinita.

    La Tierra en sus fases primitivas se presentaba, en temperatura incandescente llegando seguramente  hasta los 2000 grados centígrados, al lado de descargas eléctricas colosales.

    En determinada época comenzó el enfriamiento  que continuó por millones de años. Durante ese proceso, los materiales más pesados  pasaron a ocupar la región más central de la Tierra, su núcleo,  en cuanto los menos pesados permanecen encima, formando la parte externa.

    La Tierra sufrió acentuadas modificaciones en su aspecto, por las nuevas condiciones  de movimiento (rotación y traslación), además del enfriamiento.  Las fuerzas de la atracción del Sol estabilizaron la órbita del planeta. El movimiento de rotación determinó  el achatamiento de los polos.

    El nacimiento de la Luna, hija de la Tierra, pasó a ser un ancla magnética, actuando en el equilibrio del movimiento de traslación terrestre. En todo ese proceso se admite la presencia de una fuerza mayor, o Ley,  como un impulso determinista a orientar  en el sentido de la organización creciente del orbe. Una fuerza neguentropica.
Los océanos, generados en parte por las erupciones volcánicas de rocas fundidas  y en parte colosales lluvias motivadas por la evaporación continua, se salaron por la descomposición de las sales minerales de las rocas descompuestas por las altas temperaturas.

    Las aguas calientes y después templadas formaron el caldo  adecuado al surgimiento de la vida.

   A causa de su tamaño, la Tierra ejerció fuerza gravitacional suficiente  para mantener presos los gases que quedaron girando a su alrededor y que, de otro modo,  habrían escapado para el espacio. Estos gases eran en esa época  diferentes de los encontrados hoy en la atmosfera de nuestro planeta.

    Según las evidencias científicas, la antigua atmosfera estaba compuesta de vapor de agua, hidrogeno, metano y amoniaco, las combinaciones de estos elementos  existentes en la atmosfera, estimulados por las abundantes  descargas eléctricas, generaron los primeros aminoácidos.

    Todos los seres vivos, desde el virus  y las amebas hasta los de constitución superior, están constituidos de proteínas. Las proteínas son moléculas gigantes  que son el resultado  de la combinación  de cien a tres mil aminoácidos.

    A medida que las moléculas  de aminoácidos, durante millones de años, se acumulaban en los océanos, algunas reaccionaban químicamente formando moléculas mayores y más complejas.

  A medida  que los compuestos minerales  o gases primitivos fueron obrando  internamente, pasaron a ser capaces  de asimilar una energía  o fluido llamado vital, no existente en los minerales más solamente   en las composiciones orgánicas.

  En el libro “Evolución en dos Mundos”, psicografiado por Francisco Cándido  Xavier, el autor espiritual se expresa así: “La Tierra inmenso horno atómico, estaba habilitada para recibir las simientes de la vida y, bajo el impulso de los genios  constructores  que operaban en el orbe que nacía, vemos el seno de la Tierra recubierto de mares  templados, invadido por gigantesca masa viscosa a esparcirse en el regazo del paisaje primitivo.

   De esa jalea cósmica, se vierte el principio inteligente, en sus primeras manifestaciones… Más adelante  completa: “Las monadas celestes se expresan en el mundo a través de la red  filamentosa del protoplasma de que se les derivaría la existencia organizada en el constituido globo”.

   Con las primeras células vivas, fue integrado el fluido vital en la dimensión física del planeta, pues se había formado el campo vibratorio  capaz de atraerlo.

   Los principios espirituales iniciales, expresión de la Ley Cósmica Universal, Dios, pasaron a sumergirse, a reencarnar, en la materia animada por el principio vital.

    La esencia espiritual, incluso en la fase inicial, encierra en estado latente todas las infinitas posibilidades  de un desenvolvimiento ilimitado. Si provino de un ser perfecto,  ha de ser  a su imagen y semejanza, esto es, contener latente  la perfección.

     Las limitaciones que la materia ofrece a la manifestación del principio espiritual lo fuerzan a adquirir creciente capacidad de manifestación, y esto se refleja  a su vez sobre el cuerpo material el cual recibe de vuelta el influjo energético de la centella espiritual impulsándolo a la transformación progresiva. Hay por tanto un estimulo reciproco de transformación evolutiva entre materia y espíritu.

    Los primeros seres vivos, surgidos de los minerales, se presentaban todavía cristalizados, como los virus, intercambiando poco con el medio externo. Enseguida surgen los primeros seres unicelulares realmente libres,  que prodigiosamente se multiplican en la temperatura templada de los océanos: las amebas y las bacterias primitivas. Estos seres rudimentarios  solamente revelaban un sentido: el del tacto, que dio origen  a todos los otros en función del perfeccionamiento de los organismos superiores. Los seres iniciales se movían a lo largo de las aguas, donde encontrarían el oxigeno necesario para la vida, pues en la tierra firme todavía no existía  en proporción suficiente  para su desenvolvimiento.

    Los reinos vegetal y animal parecían confundidos en las profundidades oceánicas. No existían formas definidas.
Las primeras bacterias rudimentarias pasan a labrar los minerales  en la construcción del suelo, preparando el surgimiento de los vegetales. Colonias de protozoarios  surgen de la asociación de amebas. Colonias estas que se  constituyen  en las primeras sociedades vivas.

    Las experiencias del tacto, de la absorción de partículas alimenticias, de los intercambios gaseosos con el medio (intercambio entre los seres vivos), van paulatinamente siendo registradas en los archivos del principio espiritual de los seres vivos en evolución.

    Cuando ocurre la experiencia de la muerte, la estructuración biológica se desintegra y es transformada y reintegrada en otros materiales. La experiencia individual es peculiar a cada ser, no obstante permanece en cada monada espiritual, que nuevamente retoma el escenario de la vida, atraída por sintonía  de  la naturaleza energética, en otro cuerpo recién formado. La palingenesia o reencarnación es la gran ley guardiana de la evolución. Nacer, vivir, morir, renacer, progresar siempre, este es el destino de todos los seres.

    El principio espiritual vuelve a reencarnar, cada vez más vivo por las experiencias acumuladas. La simple ameba posee, ya, todas las propiedades  biológicas fundamentales, como movimiento, respiración, digestión, secreción, sensibilidad y reproducción. Paralela  y concomitantemente posee también el psiquismo primitivo, por su componente extra físico.

    Nada se pierde, ningún acto, ninguna prueba pasa sin dejar impresión a nivel del psiquismo primitivo. Las reacciones instintivas cada vez se esfuerzan más,  pues el ser espiritual ya trae archivadas las experiencias anteriores, y pasa a dirigir reflejos automáticos de sobrevivencia. Tan pronto es asimilado un acto, la economía de la naturaleza lo deja fuera de la conciencia, porque no es necesario gastar más tiempo en aprenderlo. La cualidad asimilada es transmitida al inconsciente, el archivo más profundo del psiquismo, volviéndolo instinto. Por eso el instinto es persistente y sabio, no necesita de adiestramiento, puesto que ya se realizo: obra sin reflexión, pues es etapa ya aprendida.

    Después de numerosos siglos, surgen las algas y otros vegetales, donde el principio inteligente reintegrado a la vida física utiliza la clorofila  para absorber  no solo la energía solar  sino también el fluido vital, que se distribuye  por la organización biológica. Aparecen las algas nadadoras, de mayor movilidad y sensibilidad, expresando mayor vivencia del principio espiritual muchas veces reencarnadas. Posteriormente surgen  las algas verdes pluricelulares, inaugurando el ciclo de la reproducción asexuada. 

    Continuas metamorfosis se suceden e incontables siglos pasan en nuestra historia. La monada espiritual pasa por numerosas especies que siempre se forman en función de la necesidad de exteriorización cada vez mayor, del psiquismo siempre creciente del ser en evolución.

    El molde espiritual plasma siempre las nuevas  y adecuadas vestimentas físicas. Aparecen los primeros animales.  Las esponjas, animales muy semejantes  a los vegetales, dan testimonio de la transformación del reino vegetal  en animal. Son animales fijos, que cada vez evolucionan  más. Surgen los atropados, dromaterios  y anfiterios. Los esqueletos iniciales  externos se vuelven internos en animales superiores. La vida en el agua nos lleva a los peces que pasan a transformarse en anfibios, viviendo en el medio acuático y terrestre.

    Posteriormente, los seres optan por la vida en la tierra que les amplía las posibilidades. Aparecen entonces los reptiles  que por la dificultad del nuevo medio, diferente del acuático, pasan a arrastrarse  por la tierra. De los reptiles terrestres, cada vez más adaptados  e integrados al nuevo medio, pasando por los reptiles alados, llegamos a las aves dentadas  o a los mamíferos. Mamíferos cuadrúpedos  y después bípedos.

¿Cómo surgió la especie humana en este proceso evolutivo? Sin duda alguna  la naturaleza  no nos discriminó. Somos el resultado de un proceso evolutivo.

Extraído del libro “Reencarnación y evolución  de las especies” de Ricardo Bernardi.
 Realizado por Merchita 



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lunes, 26 de marzo de 2012

Efectos de la corrosión moral




    En efecto, y al menos excepcional,  lo  que ha ocurrido recientemente, cuando el capitán Francesco Schettino, comandante de la nave Costa Concordia, naufragado entre los rocas de la isla de Giglio, Italia, dejó  abandonadas cuatro mil vidas a bordo. La intervención imperativa del Capitán Gregorio de Falco, de la Capitanía de los Puertos de Livorno -  - "La vida a bordo, cazzo!" – culminó por hacer  de Falco un héroe nacional y ciertamente debe estar golpeando la conciencia del cobarde Schettino.

    Sin embargo, Falco cumplió simplemente con su deber. Por eso, Rafaela, su esposa, abdicó  del título de “Héroe”  del esposo. Por ella “es preocupante que personas  como mi marido,  que simplemente cumplen con su deber todos los días, se tornen de súbito en héroes en este país”. (1)

    No debemos reivindicar pedestales en los panteones terrenos por ejecutar bien aquello que  es nuestra obligación hacer. ¿Qué podríamos esperar de los médicos servidores de los hospitales públicos si no otra cosa que estén en sus puestos y traten a los pacientes con dignidad? De los funcionarios públicos, se espera que no  sean corruptos en sus funciones. De los senadores, diputados, concejales, gobernadores, alcaldes, que  trabajen en nombre de la población.

    Según las estadísticas oficiales, Brasil es uno de los países mundialmente campeón en corrupción, haciendo asociación a determinados y diminutos  países africanos. ¿Qué tipo de cabeza descomedida y estúpida está en la base de la deficiencia de carácter capaz de olvidar  todos los escrúpulos para con la conciencia y arrojándose con tanto acierto en la tesorería del Estado? Urge sacralizar  el bien público, pues todos nosotros somos responsables por el. Si  así lo hiciéramos, no hay por qué alarmarnos. “Asombro, como dice Raffaella,  es  llegar al punto de tratar lo correcto como excepcional, como si la regla prevaricar, omitir, corromper, no hacer.”(2)

    Es urgente la invalidación del padrón de la improbidad. Es imperiosa la quiebra de valores  invertidos, con el baño de ética, con la recuperación de la honestidad. No solo con los hombres públicos, porque la corrupción es una calle de único sentido.  Quien se corrompe no se pervierte solo, más si a través de alguien. Son  muchos los caminos que están muy contaminados en todos los lugares, en los partidos políticos, en la sociedad como un todo, que precisan, verdaderamente, ser desembarazados o recuperados.

    El calao “estilo brasileño”, o llevar ventaja  a respecto de todo y de todos, irrumpe como un designio institucionalizado, que se potencializa  y se generaliza en el contexto de la organización social. No soy el primero, el único  o el último  para divulgar ese cortejo de vicios, con todo la prensa, frecuentemente, anuncia y expone tales hechos, francamente abominables y con gran repercusión negativa.

    Con los escándalos divulgados por la prensa, se constata un giro cada vez mayor e inquietante de la administración pública con las actividades delictuosas, mediante un sistemático proceso de presiones, chantajes, tráficos de influencias, intimidaciones, corrupciones, con la práctica del soborno y de la propina,  entre otras tramoyas morales  insondeables.

    Hay descomposición moral en la política, en la policía, en la justicia, en la administración pública, en la educación, en las diversiones públicas, en la familia, en la economía, en el ámbito del “Derecho”, en los medicamentos, en los discursos/argumentos pseudocientíficos, en las instituciones religiosas.  Si quisiéramos vivir un escenario social harmónico, debemos empeñarnos para promover  una reforma ética  generalizada. Es imprescindible la adopción de nuevos hábitos. Basta procurar llevar ventaja, dar un  “hazte a un lado”  en las mentiras, en los fraudes y en la evasión de impuestos.  Que se restablezcan los valores de la Ética Cristiana  y que se revitalice el mundo de la honestidad.

    “La violencia urbana es reflejo natural de los que administran los gabinetes lujosos y desvían los valores que pertenecen al pueblo; la impunidad  ensombrece la Justicia e instiga  nuevos desmanes. La masa, en general, se esparce en los personajes  eminentes de la vida pública y procura, en las  resonancias en el  comportamiento de estos, a las propias justificativas para sus deslices deliberados.

    En la condición de espiritas cristianos sabemos que, para la concepción de la “Republica  de la Ética Cristiana”, será necesaria una renovación mental y comportamental, ya en curso por fuerza de las circunstancias, más que puede ser acelerada por la diseminación de los saberes que valorizan la honestidad, la dignidad de la vida humana, la naturaleza y principalmente nuestra realidad espiritual.

    En cuanto a los pervertidos morales, solo carecen de inspirar  nuestra más intensa conmiseración. Ciertamente no tienen plena conciencia del equívoco que cometen. Si supiesen de las consecuencias, aunque  con  la oportunidad de escapar de la justicia terrena (obviamente no tendrán análoga suerte en analogía a la Justicia divina) actuarán de forma inversa.  Porque, invariablemente, en la actual o en la próxima encarnación, y notadamente en el intervalo entre las existencias físicas, (erraticidad), enfrentarán  las arduas consecuencias de sus actos delincuentes. 

Jorge Hessen


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