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viernes, 13 de mayo de 2016

LOS PACTOS CON LOS MALOS ESPÍRITUS.

¿Cuál es el carácter del verdadero profeta?


  ORIGEN  Y CONOCIMIENTO DE LA LEY NATURAL 

624. ¿Cuál es el carácter del verdadero profeta?
«El verdadero profeta es un hombre de bien inspirado por Dios. Puede conocérsele por sus palabras  y por sus hechos. Dios no puede servirse de los labios del mentiroso para enseñar la verdad».
625. ¿Cuál es el tipo más perfecto que Dios ha ofrecido al hombre, para que le sirviese de guía y modelo?                                                                                                                                                            
«Contemplad a Jesús».
 Jesús es para el hombre el tipo de la perfección moral a que puede aspirar la humanidad en la tierra. Dios nos lo ofrece como el modelo más perfecto, y la doctrina que enseñó es la más pura expresión de su ley; porque estaba animado del espíritu divino y es el ser más puro que ha venido a la tierra.
 Si algunos de los que han pretendido instruir al hombre en la ley de Dios lo han extraviado a veces con principios falsos, es porque ellos mismos se han dejado dominar por sentimientos demasiado terrestres, y por haber confundido las leyes que rigen las condiciones de la vida del alma con las que rigen la vida del cuerpo. Muchos han dado como leyes divinas las que sólo eran leyes humanas, creadas para favorecer las pasiones y dominar a los hombres.

 626. ¿Las leyes divinas y naturales sólo han sido reveladas a los hombres por Jesús, y antes de él no las conocieron más que por intuición?
«¿No hemos dicho que están escritas en todas partes?                                                                                                                               Los hombres que han meditado sobre la sabiduría han podido, pues, comprenderlas y enseñarlas desde los más remotos siglos, y con su enseñanza, aunque incompleta, han preparado el terreno para recibir la semilla. Estando escritas las leyes divinas en el libro de la naturaleza, el hombre ha podido conocerlas, cuando ha querido buscarlas, y por esto los preceptos que ella consagra han sido proclamados en todas las épocas por los hombres de bien, y por esto también se encuentran sus elementos en la doctrina moral de todos los pueblos que han salido de la barbarie, aunque incompletos o alterados por la ignorancia y la superstición».

627. Puesto que Jesús enseñó las verdaderas leyes de Dios, ¿cuál es la utilidad de la enseñanza dada por los espíritus? ¿Tienen algo nuevo que enseñarnos?
«La palabra de Jesús era a veces alegórica y en forma de parábola; porque hablaba con arreglo a los tiempos y lugares. Hoy es preciso que la verdad sea inteligible para todos. Es necesario explicar y desarrollar esas leyes, puesto que hay pocas personas que las comprendan y menos aún que las practiquen. Nuestra inisión es la de impresionar los ojos y los oídos para confundir a los orgullosos y desenmascarar a los hipócritas, a los que practican las exterioridades de la virtud y de la religión para encubrir sus vicios. La enseñanza de los espíritus debe ser clara e inequívoca, a fin de que nadie pueda pretextar ignorancia y de que sea posible a cada uno juzgarla y apreciarla con su propia razón. Estamos encargados de preparar el reino del bien anunciado por Jesús, y por esto no ha de ser lícito que pueda cada cual interpretar la ley de Dios a gusto de sus pasiones, ni falsear el sentido de una ley que es toda amor y caridad».

628. ¿Por qué la verdad no ha sido puesta siempre al alcance dé todo el mundo?
«Es preciso que todo llegue a su tiempo. La verdad es como la luz, a la cual es necesario acostumbrarse poco a poco, pues de otra manera deslumbra».
«Nunca ha sucedido que Dios haya permitido al hombre recibir comunicaciones tan completas e instructivas como las que hoy recibe. Como sabéis, habla en los antiguos tiempos algunos individuos que poseían lo que consideraban como una ciencia sagrada, y de la cual hacían un misterio para los que reputaban profanos. Por lo que conocéis de las leyes que rigen esos fenómenos, debéis comprender que no recibían más que algunas verdades diseminadas en medio de un conjunto equívoco y emblemático la mayor parte de las veces. Sin embargo, para el hombre estudioso no hay ningún sistema filosófico antiguo, ninguna tradición, ni ninguna religión que deba despreciarse; porque todo contiene gérmenes de grandes verdades que, aunque parezcan contradictorias entre sí, aunque esparcidas en medio de infundados accesorios, son fáciles de coordinar, gracias a que el espiritismo os da la clave de una multitud de cosas que, hasta ahora, pudieron pareceros irracionales, y cuya realidad os es demostrada actualmente de un modo irrecusable. No dejéis, pues, de tomar en esos materiales asuntos de estudio, puesto que son muy abundantes y pueden contribuir notablemente a vuestra instrucción».

LIBRO TERCERO  LEYES MORALES CAPÍTULO I  LEY DIVINA O NATURAL 
 Libro de los Espíritus - Allan Kardec 

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                        El orgullo

Disertación moral dictada por san Luis a la señorita Ermance Dufaux. (19 y 26 de enero de 1858)


I
Un soberbio poseía algunos acres de buena tierra; estaba envanecido con las pesadas espigas que cubrían su campo, y sólo tenía una mirada de desdén para con el campo estéril del humilde. Éste se levantaba con el canto del gallo y pasaba todo el día curvado sobre el suelo ingrato; recogía pacientemente las piedras y las arrojaba al borde del camino; removía profundamente la tierra y extirpaba penosamente las zarzas que la cubrían.

Ahora bien, su sudor fecundó el campo, que se convirtió en un puro trigal. Entretanto, la cizaña crecía en el campo del soberbio y sofocaba al trigo, mientras que el dueño se vanagloriaba de su fecundidad y miraba con ojos de piedad los esfuerzos silenciosos del humilde. En verdad os digo que el orgullo es semejante a la cizaña que sofoca al buen grano. Aquel de vosotros que se crea más que su hermano y que se vanaglorie de sí mismo es insensato; pero es sabio el que trabaja en sí mismo como el humilde en su campo, sin envanecerse de su obra.

II
Había un hombre rico y poderoso que tenía el favor del príncipe; vivía en el palacio, y numerosos sirvientes se apresuraban en sus pasos para satisfacer sus deseos.

Un día en que su jauría asechaba a un ciervo en las profundidades de un bosque, percibió a un pobre leñador que caminaba penosamente bajo el peso de un haz de leña; lo llamó y le dijo:

– ¡Vil esclavo! ¿Por qué caminas sin inclinarte ante mí? Soy igual a tu señor: mi voz decide en los consejos de paz o de guerra, y los grandes del reino se curvan ante mí. Debes saber que soy sabio entre los sabios, poderoso entre los poderosos, grande entre los grandes, y mi rango es obra de mis manos.

– ¡Señor! – respondió el pobre hombre –, tuve recelo que mi humilde saludo fuese una ofensa para vos. Soy pobre y el único bien que tengo son mis brazos, pero no deseo vuestras engañosas grandezas. Duermo mi propio sueño, y no temo como vos que el placer del señor me haga caer en mi oscuridad.

Ahora bien, el príncipe se cansó del orgullo del soberbio; los grandes humillados se irguieron sobre él, y fue precipitado de lo alto de su poder, como la hoja seca que el viento barre de la cima de una montaña; pero el humilde continuó pacíficamente su rudo trabajo, sin acongojarse por el día de mañana.

III
¡Soberbio, humíllate, porque la mano del Señor doblegará tu orgullo hasta el polvo! ¡Escucha! Has nacido donde el destino te ha colocado; has salido débil y desnudo del seno de tu madre, como el último de los hombres. Entonces, ¿por qué levantas tu frente más alto que la de tus semejantes, tú, que has nacido como ellos para el dolor y para la muerte?

¡Escucha! Tus riquezas y grandezas – vanidades de la nada – escaparán de tus manos cuando llegue el gran día, como las aguas impetuosas del torrente que el sol seca. No llevarás de tu riqueza sino las tablas del ataúd, y los títulos grabados en tu lápida sepulcral serán palabras sin sentido.

¡Escucha! El perro del sepulturero jugará con tus huesos, que serán mezclados con los del mendigo, y tu polvo se confundirá con el suyo, porque un día ambos seréis polvo. Entonces maldecirás los dones que has recibido, viendo al mendigo revestirse de su gloria, y llorarás tu orgullo. Humíllate, soberbio, porque la mano del Señor doblegará tu orgullo hasta el polvo.

– San Luis, ¿por qué nos hablas por parábolas?
– Resp. El Espíritu humano ama el misterio; la lección se graba mejor en el corazón cuando se la ha buscado.

– Parecería que hoy la instrucción nos debe ser dada de una manera más directa, y sin que haya necesidad de alegoría.
– Resp. La encontraréis en el desarrollo. Deseo ser leído, y la moral tiene necesidad de estar disfrazada bajo el atractivo del placer.

Allan Kardec
Revista Espirita 1858

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                        EL LIBRO DE LA PACIENCIA

Leamos el libro de la paciencia y de la resignación. Sus hojas son como la esperanza y los caracteres inscritos en sus páginas son lindos como si fuesen confeccionados con pequeñas gotas estelíferas, asemejándose a las lágrimas salvadoras.

Sus lecciones son útiles y provechosas.

Nos enseña todo cuanto puede ennoblecer a la esposa, a la hermana y a la madre querida, ellas preparan el corazón de la mujer que tiene una fuerza misteriosamente prodigiosa para vencer los sufrimientos que arrebatan a los espíritus de los barrizales de la tierra para los paisajes deslumbrantes del firmamento constelado.

Seamos, pues, resignados en los designios de Dios y humildes ante las pruebas de la tierra.

No podemos transforma r todo de un momento para otro, sin embargo, con la voluntad Divina, conseguiremos vencer.

Donde no podamos más descenderá de los cielos la fuerza necesaria para darnos esperanza y amparo.


Por el espíritu Margarita – del libro “Aceptación y Vida de Francisco Cándido Xavier.

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LOS PACTOS CON LOS MALOS ESPÍRITUS.

549 – ¿Hay algo de cierto en los pactos con los Espíritus malos?
– No; no existen tales pactos, sino una naturaleza mala que simpatiza con los Espíritus malos. Por ejemplo: quieres atormentar a tu vecino y no sabes como hacerlo; entonces te atraes a los Espíritus inferiores que, como tú, sólo quieren el mal, y para ayudarte quieren que tú les sirvas a sus malos propósitos. Pero no se sigue de aquí que tu vecino no pueda librarse de ellos por medio de una conjuración contraria y por su voluntad.

El que quiere cometer una mala acción, por este mero hecho atrae Espíritus malos que le ayudan, y se ve obligado entonces a servirlos como ellos lo hacen respecto de él; porque también lo necesitan para el mal que desean hacer. En esto únicamente consiste el pacto.
La dependencia en que a veces está el hombre de los Espíritus inferiores, proviene de que se entrega a los malos pensamientos que le sugieren y no de estipulaciones entre ellos y él. El pacto, en el sentido vulgar de la palabra, es la alegoría de una naturaleza mala que simpatiza con Espíritus malhechores.

550 – ¿Qué sentido tienen las leyendas fantásticas según las cuales ciertos individuos habrían vendido su alma a Satanás, para obtener ciertos favores?
– Todas las fábulas contienen una enseñanza y un sentido moral;vuestro error consiste en tomarlas al pié de la letra. Esa es una alegoría que se puede explicar así: El que llama en su ayuda a los Espíritus para lograr de ellos los dones de la fortuna, o cualquier otro favor, murmura en contra de la Providencia. Renuncia a la misión que recibió y a las pruebas que debe soportar en este mundo y sufrirá las consecuencias de ello en la vida futura. Esto no quiere decir que su alma esté para siempre consagrada a la infelicidad. Pero, como quiera que en lugar de liberarse de la materia, se ha engolfado más y más en ella, lo que gozó en la Tierra no lo disfrutará en el mundo de los Espíritus, hasta que lo haya rescatado en nuevas pruebas, tal vez mayores y más penosas. Por su amor a los goces materiales se pone bajo la dependencia de los Espíritus impuros. Así, hay entre éstos y él un pacto tácito que lo conduce a la perdición, pero que siempre puede romper fácilmente con la asistencia de los buenos Espíritus, si tiene para ello una firme voluntad. 

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS. ALLAN KARDEC.

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