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miércoles, 20 de julio de 2011

Nido Vacío





En los primeros versículos del libro bíblico del Eclesiastés, se lee que hay tiempo para todo. Tiempo de sembrar, tiempo de florecer, y tiempo de sequía. Tiempo de lluvias abundantes.

En el ciclo del matrimonio igualmente existe el periodo inicial de la adaptación, de los descubrimientos uno del otro, de la venida de los hijos.

Tiempo de noches de mal dormir. De faldones y biberones. Tiempo de los niños ir a la escuela, de lecciones, en la universidad. Días inquietantes de los enamorados, de los vuelos más distantes de los hijos aun jóvenes.Finalmente, llega el tiempo en que la casa se descubre como nido vació.

No escuchamos más las voces de los jóvenes decir:”Hola, ya llegue”; ¡oye viejo!; ¡Oye, madre!

No más sonidos de aparatos electrónicos, de las risas, de los pies sobre el sofá de la sala, la línea telefónica siempre ocupada, ya no más. 

De repente, como aves emigratorias, los hijos se van. Vuelan para la formación de sus propios hogares y consolidaciones de sus carreras profesionales.

Después, cuando se descubren a solas, muchas veces, los cónyuges pasan a desarmonizarse. Ahora, con mayor tiempo libre, pueden mirar más detenidamente el uno al otro, descubriendo imperfecciones y defectos.

Las separaciones ocurren con frecuencia en ese ciclo. La vitalidad del casamiento queda debilitada, surgen los desentendimientos, y la pareja entra en crisis.

Es una fase que exige sabiduría.

El salmista David, traduciendo las necesidades especiales se expresa así: “no me rechazaste en el tiempo de la belleza. No me desamparaste, cuando se iba acabando mi fuerza. Ahora igualmente, cuando estoy viejo y con los cabellos blancos, no me desampares.”

Es  entonces justamente cuando se necesita más del otro, cuando la creatividad ha de ser accionada, para tornar el espacio que el niño vació en una aventura. Es el momento de profundizar el relacionamiento conyugal. Retomar los verdes días del enamoramiento, descubriendo el placer del calor de un bienestar más demorado.

Detenerse a mirar uno en el otro, recordando cuando los cabellos comenzaron a quedar plateados.  Recordar las luchas intensas, cuyos trazos están impresos en la cara de ambos. Utilizar el tiempo en la lectura noble, cambiando impresiones, discutiendo panoramas y vivencias. Idealizar juntos, nuevas metas.

Volver a sentir el sabor de las mañanas claras, en un paseo con las manos dadas, en un bosque próximo.

Saborear juntos pequeños detalles: la ida a la pizzería, los diálogos sin prisa, un concierto, el cine, el teatro. En fin, es imprescindible que los cónyuges establezcan prioridades.

Y el matrimonio es prioritario. Todo lo que venga a deteriorar el equilibrio conyugal, debe ser eliminado. Desenvolver la amistad y el compañerismo del uno con el otro. El tiempo y los intereses compartidos confieren seguridad , causan alegría y espantan a la rutina.

¡Cuando te sorprendas demasiadamente critico  para con la criatura que contigo compartió los dolores y alegrías de toda una vida; que contigo  sufrió en las dificultades más amargas; la criatura a la cual entregaste el cuerpo y el alma, para un poco!

Piensa en todo lo que juntos realizasteis y construisteis. Recuerda los primeros días. Piensa en cuantas veces fue aquel el hombro amigo en donde apoyaste tu cabeza.

Piensa en cuantas veces los brazos, los apretones de mano, una dulce caricia te hicieron adquirir fuerzas para los embates del mundo.

Déjate penetrar por la ternura de los recuerdos y entonces, mira a tu pareja  amándola  un poco más, y prosigue el camino con ella.

- Merchita -

( ver el blog : inquietudesespiritas.blogspot.com )