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viernes, 10 de junio de 2016

LA CURACIÓN POR LA MENTE







LA CURACIÓN 

POR LA MENTE 


Todo es cuestión de mantener la mente calmada, la espina dorsal  erecta y el corazón tranquilo, cantaba Walter Franco en los años 70, en lo que era una síntesis del modo de vida hippie. Hoy esos versos cabrían en un informe médico. Investigaciones recientes dan respaldo científico a una creencia que fue divulgada en Occidente por quienes propagaron la vivencia de la paz y el amor, y que está en la base de filosofías orientales milenarias — la de que una mente apaciguada ayuda a prevenir enfermedades, acelera la recuperación física y hasta logra la curación. Lo contrario también se reveló verdadero. 

Pensamientos y sentimientos negativos contribuyen para la  manifestación de molestias y dificultan el restablecimiento de un enfermo. Rencor, hostilidad, resentimientos y angustia pueden estar en el origen de disturbios cardíacos, hipertensión, depresión, ansiedad, insomnio, jaquecas e infertilidad. 

Más allá de eso, el peso de los sentimientos ruines debilita el sistema inmunológico, permitiendo que el organismo se torne un  blanco fácil de infecciones, alergias y enfermedades como la artritis reumática. A partir de esa constatación, los investigadores 
resolvieron examinar a fondo los métodos de perfeccionamiento mental que, hace poco más de dos décadas, venían embalados en un aura de puro misticismo, yoga, meditación y relajamiento y que ahora son objeto de innumerables estudios con respecto a su eficacia 
terapéutica.
 Hasta el momento, las conclusiones son bastante positivas. "Después de analizar rigurosamente el alcance de esas técnicas, pasamos a  utilizar tales métodos como línea auxiliar de algunos tratamientos", dice el psicólogo José Roberto Leite, coordinador de la Unidad de Medicina del Comportamiento de la Universidad Federal de São Paulo. 

Uno de los mayores investigadores del poder de la mente sobre la salud, el cardiólogo norteamericano Herbert Benson, de la Universidad Harvard, autor del libro Medicina Espiritual. Investigaciones conducidas por él muestran que, en promedio, 60% de  las consultas médicas podrían ser evitadas, si las personas usasen su capacidad mental para combatir naturalmente las tensiones causantes de problemas físicos. La meditación, demuestra Benson, figura entre las maneras más efectivas de fortalecer. La mente. (…) 

"Se debe orar para tener mente sana en cuerpo sano" 

El célebre proverbio "mens sana in corpore sano" (mente sana en cuerpo sano), atribuido al poeta latino Juvenal, del inicio de la era cristiana, resumía una convicción de los médicos de la Antigüedad —la de que existía una estrecha relación entre pensamientos y emociones y salud orgánica. Tal noción perdió fuerza en Occidente en el siglo XVII con la aparición del racionalismo exacerbado, que separó la mente del cuerpo. Lo que hacen los médicos actuales es recuperar esa antigua percepción. Poca gente sabe que la frase entera de Juvenal, en verdad es: "Se debe orar para tener mente sana en cuerpo sano". Este detalle gana relevancia porque los científicos se muestran ahora muy interesados en saber cuál es el impacto de la fe en la actividad mental. 

Uno de los más famosos estudios sobre el asunto es de autoría de Andrew Newberg de la Universidad de Pennsylvania. Él demostró que el trance religioso interfiere en el funcionamiento de ciertas estructuras cerebrales. Newberg, monitoreó, a través de tomografías computarizadas y usó de contraste, el momento exacto en que monjes  budistas y monjas católicas mostraban estar en contacto con lo que consideraban una esfera divina — ellos, por medio de la más profunda meditación: ellas, por medio de fervorosas oraciones. El investigador notó una desactivación casi total del área del cerebro 
responsable por el sentido de orientación. Eso es consecuencia de la sensación placentera de que uno se está desprendiendo del cuerpo físico. Este desprendimiento cerebral captado por Newberg es la prueba material más cercana posible al nirvana budista y éxtasis de los que la literatura católica está repleta. 

Desde el punto de vista médico, una de las grandes ventajas de las técnicas que trabajan la mente es que no existe contraindicación. "Pero es importante dejar claro que ningún 
especialista serio minimizaría la importancia de los remedios", dice el cardiólogo Herbert Benson. Según él, la longevidad y el bienestar de las personas están basados en una tríada: remedios (por ejemplo, no existen substitutos para la penicilina); cirugías ( la única 
salida para una gran cantidad de problemas) y los cuidados personales (que incluyen ejercicios para el cuerpo y para la mente). 

O sea, la medicina preventiva prescribe ahora no solo dieta y gimnasia, sino también el cultivo de las emociones y de los pensamientos positivos.

Artículo de Anna Paula Buchalla 
Extraído de la revista Veja, São Paulo, SP, número 1804, 28/5/2003 
Traducción de Anuario Espírita

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 EL CONSOLADOR

                PROMETIDO
 
André Luiz 

                El Evangelio según el                                          Espiritismo 
                                       
                           Prefacio 


Dios habla a las criaturas, de acuerdo con la necesidad y el entendimiento de cada época. 

* * * 

Moises señala la Terra Prometida 
Jesús anuncia el Reino de Dios. 



Kardec devela el mundo espiritual. 

Moisés legisla con rigor. 
Jesús ejemplifica el perdón. 
Kardec exalta la caridad. 

Moisés aplica la justicia. 
Jesús usa de misericordia. 
Kardec expone la Ley de Causas y Efectos. 

Moisés es instrumento de fenómenos. 
Jesús sorprende con prodigios. 
Kardec explica la mediumnidad. 

Moisés actúa con rigidez. 
Jesús enseña con bondad. 
Kardec revela buen sentido. 

Moisés disciplina. 
Jesús libera.                                              
Kardec esclarece. 

Moisés recibe los Mandamientos. 
Jesús se comunica con lo Alto. 
Kardec dialoga con el Espíritu de Verdad. 
                                             
El Espiritismo es el Consolador prometido por Cristo, para dar continuidad al plan divino de conocimiento espiritual. 

Moisés, la Ley. , Jesús, el Amor. Kardec, la Razón. 

(Página psicografiada porAntonio Baduy Filho, en el Culto del Evangelio del Sanatorio Espírita José Dias Machado, en la mañana del día 25/02/2001, en ltuiutaba, Minas Gerais, Brasil) 

ANUARIO ESPÍRITA 2002.

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                          ODIO Y PERDÓN

            Análisis psicológico y espiritual de este par de opuestos. 
Diversos son los grados de manifestación del odio, esa pasión dañina en alto grado, que sólo anida en las almas pobres y ruines, al dar cabida en sí a esa pasión destructiva, por ignorancia de las consecuencias dañinas que habrá de ocasionarle. Porque el odio comienza por perturbar la tranquilidad de quien lo siente, por su acción perturbadora sobre las facultades del alma, cuyas vibraciones desequilibrantes afectan la mente y perjudican la salud, por la incidencia de esa vibración enconosa en los sistemas nerviosos y glandulares. Y, a más de dañar la salud de quien da cabida en sí al odio, le convierte en una persona amargada que, en sus relaciones de trabajo, negocios, etc., desbarata oportunidades de progreso por la actitud negativa del afectado y los errores que induce a cometer. 

Conocéis ya la ley de las vibraciones, explicada en la lección 12. Por consiguiente, sois conscientes ya de que los pensamientos y sentimientos son vibraciones que contienen en sí una fuerza benéfica o maléfica, constructiva o destructiva, según su naturaleza. Y siendo el odio un sentimiento cargado de deseos de mal, es destructivo por su propia naturaleza enconosa. Por ello, cada sentimiento de odio es una vibración-fuerza, dañina en alto grado hacia quien se dirija, pero que actúa también contra el mismo que la emite. Y cuanto más odie una persona, más y más se envuelve en esas vibraciones intensamente negativas, desequilibrantes, que le atormentarán. Si pudiéseis apreciar el aura de una persona vibrando en odio,os asombraría al verla envuelta en un halo negro, en forma de torbellino. Y quien odia, no tiene paz en su mente ni en su alma, ya que ese sentimiento ponzoñoso produce una desarmonía psíquica mortificante, convirtiendo la vida del afectado en un tormento. 

Todas esas extrañas misantropías y neurastenias que a veces apreciamos en nuestras relaciones humanas, tienen por causa alguno o varios de esos estados pasionales de odios, rencores, malquerencias, etc., cuyo origen puede ser el egoísmo, envidia, celos, etc. que son sentimientos frecuentes en las almas mezquinas y ruines. Y cuanto más una persona odie a otra, más se une a ella psíquicamente. Y, ¡paradoja! cuanto más lejos la desee, cuanto más en ella piense, más la acerca (vibratoriamente); porque, la persona que odia atrae mentalmente hacia sí a la persona odiada, con la fuerza de su pensamiento, y su imagen no le deja vivir en paz, le sigue y le persigue como una sombra, por que ella misma la mantiene en su mente. Y aquí está el tormento. ¿Hasta cuándo? Hasta que deje de odiarla. 

Puede que alguno, juzgando a la ligera ese fenómeno de la fuerza de atracción, por afinidad, del pensamiento os diga: vaya una ley rara. Pero, si se considera que esa ley de vibración y atracción no ha sido creada para ser vehículo de odio, sino de amor, para unir las almas que se aman y contribuir a su felicidad; comprenderá mejor. Cuando el sublime Maestro Jesús dijo: “Amad a vuestros enemigos”, no estaba enseñando tan solo moral, sino que también una psicoterapia para librarnos de los efectos destructores del odio. Porque, vivir odiando, no es vida; es un tormento. Cuando una persona exclama: “Yo no le perdonaré lo que me hizo”; esa persona está cometiendo un gravísimo error, error que puede significarle muchos y muchos años de dolor. Porque, cada vez que se acuerda de ese acontecimiento, perjuicio u ofensa, está impregnando su alma con el magnetismo mórbido contenido en sus propias vibraciones de odio, que irán densificando y oscureciendo esa alma; y a más de que está fortaleciendo esa unión vibratoria con la persona odiada, quien al recibir el impacto de esas vibraciones de odio, percibe también (mentalmente) la figura de quien las envía, reaccionando también del mismo modo, con una andanada de odio, rencor o desprecio, según sea el caso. Y con esa actitud descabellada, ambas partes están destruyéndose mutuamente. ¿No os parece absurda esa actitud? Sin embargo, así acontece con harta frecuencia. 

Alguien dijo: “Si mis enemigos supiesen el daño que se hacen odiándome, no me odiarían”. Esta frase contiene una gran verdad que todos debieran conocer; y que contribuiría grandemente a liberar al mundo del odio, causa de ¡tantas desdichas!. Porque, aquel que odia está dando poder a su enemigo sobre su tranquilidad, sobre sus nervios, sobre su sueño, su presión sanguínea, su salud toda, y su propia personalidad. ¡Meditemos sobre esto! Por ello, insensato es responder al odio con el odio, rencor o malquerencia hacia aquellos que, por lo que fuere, llegasen a odiarnos; y sí con amor, deseos de bien, ya que de este modo, esas vibraciones cargadas de energía psíquica negativa, no penetrarán en nosotros y rebotarán: porque el amor genera energía positiva, conformando un campo magnético de protección. A más de esos efectos perturbadores, con la actitud de odio y malquerencias resultantes, esas personas están conquistando un puesto en las zonas oscuras del astral inferior, al desencarnar. ¡Cuán frecuentemente es ver personas que, por ignorancia, son esclavas de esa y otras pasiones absurdas. 

¡He aquí, la necesidad de la divulgación de este conocimiento y otros conceptos de verdad! He aquí una oportunidad de progreso espiritual para vosotros, divulgando éstos y otros conceptos de verdad. Pongamos en práctica esa maravillosa enseñanza del sublime Maestro: “Amad a vuestros enemigos”. Y con ello quebraréis el poder que sobre vosotros pudieran ejercer a través del odio o rencor. Puede que alguno diga: ¿Cómo puedo yo sentir amor por quien me ha hecho daño? Y yo os pregunto, hermanos muy queridos, ¿no habéis hecho sufrir alguna vez a alguien o causado daño en algún modo? ¿Y no querríais que ese error os fuese perdonado y olvidado? De cierto que sí. Entonces… 
Y ¿sabíais que sólo el amor es productor de perdón? Porque, quien ama, perdona; quien mantiene odio, no perdona. Quien ama y perdona, se engrandece; quien odia, se empequeñece. Quien ama es comprensivo y perdona las ofensas, no dando cabida en su alma a sentimiento alguno de odio que pueda desarrollar un deseo de malquerencia, venganza o represalia, aun cuando en el momento del daño u ofensa perciba ese impacto. ¡Sólo las almas débiles y ruines albergan odio! Pedid al sublime Maestro Jesús, con fervor, con verdadero deseo de perdonar y anhelo de superación, que os enseñe a perdonar, que os enseñe a amar a quien daño o agravio os haya hecho. 
Haced esto una y otra vez, muchas veces. Si así lo hacéis, con fe y humildad sentida; pronto comenzaréis a percibir que una sensación de paz y sosiego inunda todo vuestro ser. Esa es la señal de haber alcanzado la vibración de Amor del Cristo. Y un nuevo deseo de bien comenzaréis a sentir hacia la persona o personas que por error o falta de control de su emotividad, y aún por ruindad os haya causado ese agravio o daño. Y no os desaniméis si no conseguís de inmediato ese propósito digno. Perseverad, perseverad hasta que hayais establecido la unión vibratoria con la Ley del Amor Universal, generadora de paz y armonía, y liberadora del odio y su secuela de malquerencias y amarguras. Y la paz interna (mental-emocional) aumentará vuestra capacidad intelectual, vuestra alegría de vivir y ansia de progreso. Porque, un alma y una mente despojadas de odios, rencores y malquerencias, con ideales elevados, vibrando en amor fraterno, se exteriorizará en una personalidad más eficiente, ágil y realizadora. Y cada vez que llegue a vuestra mente, en el comienzo, el recuerdo o imagen del motivo del agravio (que poco a poco irá desvaneciéndose) desechadlo y proyectad sobre esa persona vibraciones de amor, a modo de comprensión y deseos de bien; poniendo todo vuestro deseo de bien en ese sentimiento, para que esa vibración sea poderosa y le beneficie intensamente, con lo cual os beneficiaréis vosotros mismos. 

Cuanto más améis, más felices habréis de sentiros; ya que, la LEY que es Amor, os devolverá ese amor en felicidad. Si dais amor, afectos, alegrías, servicio desinteresado (que es amor en acción); eso mismo recibiréis en la proporción que deis y más aún. Pero, si dominados por una pasión, envidia, egoísmo o amor propio, causáis sufrimiento de algún modo o realizáis actos de venganza o cometéis alguna bajeza; iréis acumulando un karma doloroso, y esos mismos daños causados recibiréis en la proporción que hayais causado o deseado; porque, la Ley es justa. Retened en vuestra conciencia este axioma; la siembra es voluntaria; pero, la cosecha es obligatoria. Ahora que ya conocéis las desventajas (algunas tan sólo) del odio, rencor, malquerencias y resentimientos; comprenderéis que, mantener esos enemigos, es un lujo que se paga muy caro.Y lo curioso es… sin disfrutarlo. Necesario es saber dar a conocer que, con la muerte del cuerpo físico no mueren las pasiones, antes al contrario, se intensifican; porque, están en la propia naturaleza psíquica que, al dejar la envoltura carnal continúa con los mismos pensamientos, sentimientos y tendencias que mantenía como humano, sin los atenuantes de la vida en la carne. De aquí que, un enemigo en el “otro lado” es mucho más peligroso. 

Aquí apegados al plano físico, en nuestra propia atmósfera, se agitan millones y millones de almas de los que fallecieron cargados de pasiones. Son seres atrasados que, por sus bajas tendencias no pueden elevarse y deambulan imantados al ambiente en donde han vivido, e inciden o tratan de incidir con harta frecuencia, en la vida de los humanos; quienes, por falta de vigilancia sobre sus sentimientos y reacciones, pueden ser sus víctimas. A más de esos, existen otros seres de maldad y organizaciones maléficas, compuestas por seres desencarnados que continúan viviendo sus pasiones y tratan de arrastrar a los humanos hacia la maldad y el crimen. Son los demonios a que hacen referencia las iglesias del cristianismo. Y buscan continuar sus gamberradas y la acción de sus odios, rebeldías y maldad de todo género, influyendo en aquellas personas con sentimientos ruines, azuzando sus bajas pasiones. No obstante, esas fuerzas negativas nada podrán hacer en vosotros si no les dais cabida. Las pasiones e imperfecciones humanas, son las puertas de entrada a esas influencias maléficas. No lo olvidéis. La venganza es un sentimiento de las almas ruines, que les liga con el ofensor o enemigo al pasar el umbral del Más Allá, ocasionando grandes sufrimientos. Y a más de eso, volviendo a ligarlo como humano, en alguna de las siguientes vidas planetarias. 

Aquellos que, impregnados de creencias religiosas, manteniendo todavía conceptos dogmáticos apartados de la Verdad, y que obrando mal creen que, arrepintiéndose y confiando sus faltas y actos de maldad a los oídos de un confesor puedan quedar libres de esas deudas espirituales, o indultados por hombres que se atribuyen poderes divinos; están en un craso error. Ni el arrepentimiento, ni la confesión, ni la penitencia les darán el perdón; porque, el perdón no existe en lo espiritual. Existe la Ley justa de: a cada cual según sus obras. Y toda transgresión a la Ley del Amor, produce un desequilibrio en la sección espiritual del causante, cuyo equilibrio tendrá que ser restablecido por el mismo causante: ya por el amor, ya por el dolor. ¡No nos engañemos con espejismos! Termino mi exposición y análisis, con una llamada a vuestra razón: 
Perdonad todo agravio y ofensa que os hagan y seréis los más gananciosos. ¡Engrandeceos por el perdón! ¡Perdonad siempre!. 

Sebastián de Arauco 
Extraído de la revista espirita ” Amor paz y caridad”

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   LAS DURAS CONSECUENCIAS              
                  DE 
NUESTROS ERRORES
La ley humana alcanza ciertas faltas y las castiga; el 
condenado puede, pues, decir que sufre la consecuencia de lo que ha hecho; pero la ley no alcanza ni puede alcanzar a todas las faltas; alcanza, más especialmente, aquellas que causan perjuicio a la sociedad y no aquellas que sólo dañan a los que las cometen.
Pero Dios quiere el progreso de todas sus criaturas; por esto no deja impune ningún desvío del camino recto; no hay una sola falta, por pequeña que sea, una sola infracción a su ley, que no tenga consecuencias forzosas e inevitables, más o menos tristes;de donde se sigue que, tanto en las cosas pequeñas como en las grandes, el hombre es siempre castigado por lo que pecó. Los sufrimientos, que son su consecuencia, son para él una advertencia de que erró; le dan experiencia y le hacen sentir la diferencia entre el bien y el mal, y la necesidad de mejorarse para evitar, en el futuro, lo que fue para él una fuente de disgustos; sin eso, no tendría ningún motivo para enmendarse, y, confiando en la impunidad, retardaría su adelanto y por consiguiente, su felicidad futura.*
Pero la experiencia viene algunas veces un poco tarde, cuando la vida fue disipada y turbada, las fuerzas desgastadas y cuando el mal ya no tiene remedio. Entonces el hombre se pone a decir: Si al principio de la vida hubiese sabido lo que sé ahora,¡cuántas faltas habría evitado! ¡Si tuviera que recomenzar, me conduciría de muy distinto modo, pero ya no hay tiempo! Como el obrero perezoso dice: He perdido mi jornada, él también dice: Yo
perdí mi vida; pero de la misma forma que para el obrero el sol sale al día siguiente y empieza una nueva jornada, permitiéndole reparar el tiempo perdido, para él también, después de la noche de la tumba, brillará el sol de una nueva vida, en la cual podrá  aprovechar la experiencia del pasado y sus buenas resoluciones para el futuro.
EL LIBRO DE LOS ESPIRITUS
ALLAN KARDEC

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APRENDAMOS ENSEÑANDO
Como acontece al valor del gran esfuerzo que es lastre fecundo en la
garantía de la Caridad, recordémonos de los pequeñitos sacrificios que
podemos realizar, cada hora, contra los impulsos de nuestra propia naturaleza
inferio