Toda vez que asistimos a los noticiarios de la TV, que leemos revistas y periódicos, quedamos preocupados por la onda de violencia que invade el mundo.
Por recelar de los violentos, dejamos de salir a la calle.
Pensamos que quedándonos en casa quedaremos libres de las investidas de los malos.
Verdaderamente, la solución es confiar en Dios y buscar mantener o conquistar la paz. Esa paz tan deseada por todos nosotros.
La paz, que camina con el amor, tiene la capacidad de transformar a la violencia en docilidad, por más difícil que eso pueda parecernos.
Nos acordamos de muchos ejemplos. Del lobo que Francisco de Asís amanso. De la victoria de la no violencia de Gandhi.
Tanto como de centenas y centenas de corazones anónimos que trabajan en silencio por la paz de la Humanidad, pacificando a los que se encuentran más próximos.
Esa dulce y silenciosa influencia está bien ilustrada en un hecho ocurrido durante la Guerra del Vietnam es que fue narrada por un soldado norte americano.
Cuenta el que, junto a otros compañeros, estaban escondidos en una plantación de arroz. Allí también se escondían vietnamitas.
Pasaron a disparar un terrible tiroteo. De repente, por un estrecho camino que dividía un campo de otro, surgió una fila de seis monjes, andando en la más perfecta paz, tranquilos y equilibrados, siguiendo bien la línea de fuego.
Todos ellos miraban para el frente, de forma serena, como si no hubiese peligro alguno.
En aquel momento, algo extraño aconteció con los soldados de ambos lados. Nadie sintió el deseo de disparar mientras los monjes pasaban.
Y después que ellos salieron de la línea de fuego, el calor de la lucha había desaparecido. En aquel día, al menos, todos ellos desistieron del combate.
Cuando consigamos mantener la paz inalterable, nos sentiremos muy bien.
En nuestro planeta se esparcirá un olor a calma, un desinterés por las acciones violentas. Habrá una voluntad de cambiar y buscar otros valores.
En cada uno habrá el recuerdo de la inocencia infantil y el amor brotará en las criaturas de forma espontánea.
Ciertamente, hasta llegar a ello, aun tendremos que convivir con la violencia.
Así fue con Gandhi, que encontró a un joven que le disparo a pleno pecho, quitándole la vida. Así fue con Jesús, que sufrió la penalidad de la crucifixión.
Más, de la misma forma que ellos permanecieron imperturbables en su paz, influenciándonos a pensar en la paz, a desearla y conservarla, así nosotros debemos portarnos.
Es como si pudiésemos volver a oír, repetidas veces, la voz del Rabí Galileo al entonar su poema:
Y yo cuando fuera levantado de la Tierra, atraeré a todos a mi mismo... Os dejo la paz, mi paz os doy.
Sean tus actos una reflexión de tu paz, que debes cultivar con los esfuerzos de todo el día y los emprendimientos de todas las horas.
- Redacción de Momento Espírita-


Es el Guacamayos gris africano mas viejo dentro de todos los estudiados por la Dra. Irene y por sus colaboradores. Alex aprendió a responder las preguntas sobre mas de 100 objetos diferentes. Sabe designar correctamente colores, formas y números, utilizando tales conceptos con sentido y de forma combinada, lidiando al mismo tiempo con conceptos abstractos como el tamaño relativo y la noción de igual o diferente. Sabe como y cuando decir “no”, “venga acá”, “Yo quiero <tal cosa>” e “quiero ir a <tal lugar>”. Su capacidad lingüística equivale à de una crianza de dos anos, al paso que su raciocinio en la solución de problemas corresponde a una de cuatro, por lo menos. Como dice la Dra. Pepperberg, se Alex es incapaz de charlar como uno ser humano, por otro lado consigue decir con clareza lo que desea y responder correctamente a las preguntas que le hacen.
uriqui es una especie singular por su vida grupal pacífica, donde un grado de disputa más elevado jamás ocurre. Son animales extremamente cariñosos unos con los otros, sendo común ver esos animales tocandose o se abrazando por pocos o varios minutos, formando, muchas veces, "pinhas" donde varios de ellos se abrazan al mismo tempo, colgados por las caudas. La jerarquía entre ellos no es basada ni en la fuerza ni en la edad, como en otras especies, pero si en el grado de afectividad de que cada individuo es objeto. Hembras y machos tienen peso y tamaño semejantes, inexistiendo cualquiera forma de agresividad o competición en el comportamiento sexual, que se mostrad libre y respeituoso. La comunicación entre los Mono Muriquis parece ser rica y sofisticada, como evidencia uno estudio conjunto hecho por los pesquisidores Francisco Mendes y César Ades, bajo el patrocinio de la Fapesp (Federación de Amparo à Pesquisa del Estado de San Paulo). Sin tener que usar cualquiera estimulante o psicotrópico, eles lograran formar la pura sociedad alternativa que la raza humana idealizo y jamás conseguido realizar.