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jueves, 28 de abril de 2016

¿ Reencarnación o Resurección?


              ¿ Reencarnación o Resurección?

      Este dilema ha sido un escollo insalvable entre diferentes religiones que por él se han dado la espalda mutuamente, sin embargo, nosotros solo vamos a hacer un somero análisis de los mismos para ver si vislumbramos la verdad de esta cuestión, que es lo que de verdad nos importa.      

      La Reencarnación es un fenómeno natural y cotidiano tanto como lo es también el fenómeno contrario: La desencarnación,.
      La reencarnación es  consecuente con la Ley de Evolución, por la cual los seres espirituales regresamos repetidas veces a la vida física, en nuevos cuerpos físicos y  bajo nuevas personalidades humanas, a fin de adquirir las necesarias experiencias que nos  permitan evolucionar en nuestra parte espiritual.
           La Resurección, en lo que se refiere al cuerpo físico, es una  antigua  idea judeo-cristiana  procedente   del primitivo pueblo  hebreo, que a la idea que hoy llamamos  reencarnación le llamaban ellos resurrección, como vuelta a la vida física de nuevo. Pero esto se tergiversó y se tradujo como la vuelta a este mundo, pero con el mismo cuerpo que ya se tuvo y que murió; por tanto, para regresar a este mundo con el mismo cuerpo tendría necesariamente  que resucitar antes volviendo a la vida en los despojos que formaron su cuerpo que tuvo antes de la muerte del mismo. Evidentemente, hay que señalar que  el concepto de la resurección, tal como lo admite y enseñan las religiones cristianas, solamente supone  un mito  religioso y un disparate desde cualquier punto de vista,  porque  no puede existir como tal,  ya que una vez que se  consuma la muerte de la persona, y se cortan los lazos energéticos que  mantenían unido al Espíritu  con su  cuerpo, el Ser se encuentra libre en un espacio no físico, y el cuerpo carnal abandonado comienza inmediatamente el natural proceso de disgregación celular y de descomposición, con la reintegración de sus elementos a la tierra, de donde una vez salieron, porque ya no hay en el cadáver ningún  elemento de cohesión celular  porque ya no hay ninguna energía vital;  por lo tanto el fenómeno de la muerte cuando es  real, una vez completado es absolutamente irreversible; de modo que así regresan  los elementos que  lo integraban, a la Naturaleza, pudiendo después pasar a formar parte con  los elementos minerales que lo componen, de otros cuerpos vegetales, animales o humanos.
        La  resurrección del cuerpo físico como tesis, plantea muchos problemas insolubles desde la razón y desde la lógica, por ejemplo, Cuando muere un niño pequeño, ¿Qué méritos o deméritos podría tener para un premio o un castigo eternos? Estos son algunos de los enigmas sin respuesta bajo la admisión del concepto resurreccionista.
   Sin embargo  si con la  palabra  resurrección   nos referimos  a que el Ser espiritual   tras la muerte del cuerpo resucita o despierta en el plano de existencia espiritual  que llamamos “más allá”, va recobrando poco a poco sus  normales facultades como Espíritu libre y   después tendrá que regresar  al mundo terrenal de nuevo para seguir experimentando, aprendiendo y evolucionando en otra nueva experiencia  humana.  Entonces el vocablo “Resurrección”  adquiere otro sentido muy distinto al del concepto que se le ha atribuido.
  Además,  la acepción normal que se le atribuye, de “resurrección de la carne”,  o sea de la misma carne, resulta  totalmente absurdo ante la razón y  ante la ciencia, además de que  ante un elemental sentido de la Justicia Divina ,sería aberrante  la existencia de la  resurrección de los cadáveres, si existiese,  tal  y como se entiende.
    En el ejemplo expuesto de la muerte de ese niño pequeño, sin embargo, también adquiere mayor sentido esa muerte prematura si consideramos que ha podido ser como prueba o castigo a sus padres, o bien porque el poco tiempo que ha vivido en esa vida es el tiempo que le faltó en otra anterior en la que murió prematuramente, tal vez por   su decisión o irresponsabilidad.

- Jose Luis Martín-

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    “Jesús a Nicodemo: “ Os es necesario nacer de nuevo”
 -    Evangelio Juan 3-7   -

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¿QUÉ ES EL ESPIRITISMO?


“Es un hecho de todos advertido, que la actual humanidad sufre hoy de una honda inquietud. En todas partes se oye decir “Necesitamos algo más de lo que, a través de los siglos, nos han dicho y enseñado. Experimentamos  la necesidad de Verdad y Amor”.

Es indudable que estamos pisando los umbrales de una Nueva Era. Hay algo que se agita en el corazón del mundo. Todos esperamos un algo Superior que nos redima, que nos eleve, que nos instruya, que nos haga mejores. La humanidad actual experimenta los dolores de un “gran parto”. Está un tanto desorientado respecto a la individualidad de ese Algo Superior con que sueña, que desea y espera vehementemente; pero la agitación persiste e instintivamente sabe que algo muy grande se acerca.

“Hay un anhelo infinito de paz, de tranquilidad, de armonía, de convivencia concordé y pacífica, de mutuo auxilio, de cordialidad; en una palabra: de Verdad y Amor. Decía un talentoso del Siglo V, que nuestro corazón está hecho para descansar en Dios; y que mientras no tengamos a Dios en nosotros, nuestros corazones estarán inquietos y descontentos; parodiando a este genio podemos decir que la Humanidad está hecha y amasada para la verdad y el amor, y que mientras no consiga y viva estos supremos ideales, estará inquieta, descontenta, desequilibrada, movediza e inconforme.

“La agitación humana es universal. Todos aspiran a una independencia desmedida; todos engendran odio, egoísmo, envidia, mala voluntad. Es el imperio del homo-homini lupus. ¿Por qué esta anomalía? La Humanidad se parece a un niño inconsciente. Cuando éste necesita algo llora, patalea, grita y está inquieto  y desagradable hasta que la madre o la nodriza aciertan a darle lo que quiere. Entonces se aquieta y sonríe. Lo que le falta a la humanidad entera es Verdad y Amor. Decía un gran talento francés, Eliphas Levi: “La Humanidad se ilumina y progresa con la Verdad; pero sólo se salva con el Amor”.

“Constantemente aparecen en la Tierra nuevas sectas y confesiones religiosas. Al principio son acogidas con entusiasmos. Las gentes, ávidas de Verdad y de Amor, instintivamente se precipitan a darle la bienvenida a la nueva confesión; porque instintivamente suponen que esta les traiga el objeto de sus eternas aspiraciones; pero algún tiempo después, se van retirando desalentadas las multitudes, porque se sintieron defraudadas, no era lo que esperaban, era la misma cosa rutinaria y vetusta de todos, y aquel templo queda casi totalmente vacío, y vuelve esa multitud humana a caer en el marasmo, en la desilusión, en el desencanto.

“Hace poco más de un siglo que en el occidente del mundo, está tomando cierto auge un fenómeno de carácter netamente espiritual, que ha arrastrado hacia él a millares y millones de seres humanos, entre éstos, a hombres de ciencia y gran talento, como Crookes, Hyslop, Denis Rivail, Geley, Moses, etc. Y que con el nombre de Espiritismo se ha impuesto ya en muchas naciones avanzadas.

“Este nombre, “Espiritismo”, está muy desacreditado en algunas naciones occidentales, por culpa de muchos espiritistas ignorantes y audaces, que se han dado a ciertas prácticas que no han entendido, que han interpretado  mal y aún han abusado de algunos hechos rudimentarios.

“Queremos dar luz al público sobre el fenómeno de referencia.  El  espiritismo no es una superstición, ni una brujería, ni mucho menos un pacto  diabólico, ya que el tal Diablo no existe, como lo entiende la masa católica. El Espiritismo genuino es una ciencia, una doctrina y, si se quiere, una Filosofía, que enseña fundamentalmente la existencia de un Dios, infinitamente Bueno, la inmortalidad del alma, o del espíritu, el amor al prójimo, como hermano, la necesidad de la santidad de vida con ausencia absoluta del egoísmo, del odio, de la envidia, de la calumnia y murmuración, de la desconfianza en Dios, de toda mala voluntad contra el prójimo.

“El Espiritismo no consiste únicamente en la comunicación con los muertos de ultratumba. La comunicación con estos muertos que están más vivos que nosotros los terrenos, es de las ínfimas expresiones del verdadero Espiritismo. El error de los espiritistas modernos consiste en reducir el Espiritismo a estas manifestaciones ultratumbales y descuidar la doctrina espirita que es realmente esencial filosófica. De aquí las supersticiones y el natural desdén de la gente seria, pero cuando todos hayan penetrado en el medio del espiritismo, cuando se convenzan con el estudio serio y profundo, de que  se trata de una ciencia muy espiritual, que no es una religión, ni una secta, sino una doctrina elevadísima que roza con todas las disciplinas del espíritu, que enseña al hombre a ser auténticamente bueno; porque no sabe engañar, ni desea el mal de los demás, ni mentir, ni envidiar, ni maldecir, ni ser egoísta e injusto, avaro e inconforme con su suerte, sino que enseña a todos a amar sinceramente a Dios, y a contar con Él; a amar al prójimo como a hermano, por que todos somos hijos de un mismo Padre y a hacernos a todos para todos a fin de agradar a nuestro Padre Universal, a ser humildes y mansos de corazón como lo enseñó Jesús, a aceptar resignadamente al dolor humano y explicarlo de modo racional, a corresponder el mal con la abundancia del bien; en fin, a cumplir fielmente con el Decálogo y actualizar las sublimes enseñanzas del Gran Maestro Jesús. Cuando la gente de criterio sano se haya convencido de estas realidades espirituales, entonces se volcarán hacia el Espiritismo como una doctrina plena de Verdad y Amor, infinitamente consoladora y una seguridad y esperanza para toda la Humanidad”.

“El Espiritismo no es moderno; es tan viejo como la Humanidad. Las antiguas Escrituras de todas las naciones, aún las más arcaicas, mencionan el Espiritismo, que siempre ha estado al lado de la Humanidad para instruirla sobre esta vida y la otra, consolarla y  contenerla en la tremenda lucha por la existencia”.

“El Espiritismo se relaciona con todos los conocimientos antiguos del Ocultismo, Esoterismo, Alta Magia, la Kábala, la ciencia egipcia y tiene muchas analogías con la Teosofía, que combate el materialismo y despierta las aspiraciones religiosas. Formar núcleos de Fraternidad Universal, sin distinción de nacionalidad, religión, sexo, posición social, casta o color; sin dogmas ni imposiciones, buscar la verdad libremente, enseñar una filosofía que hace la vida inteligible y demuestra que la justicia y el amor son los guías de la evolución humana; colocar a la muerte en su verdadero lugar, como un incidente periódico de una vida sin fin. Que abre las puertas a una existencia más real y bella; devolver al mundo las ciencias del espíritu; enseñar al hombre a conocerse a sí mismo y a marchar por sendas que Dios aprueba y quiere, son objetivos y aspiraciones comunes a la Teosofía y al Espiritismo”.

“Hasta un Espiritismo vulgar que no es científico, es un espiritismo exotérico, que no va más allá de la presunta comunicación con amigos  personales que se alimentan de la curiosidad y de la mera exhibición de fenómenos, que sólo buscan la satisfacción de sus apetitos o de lucros personales, que se materializa en todo. De esta clase de espiritismo no hablamos, ni queremos  saber nada”. 

“La verdadera ciencia esotérica del Espiritismo – dice Staiton Moses – es muy rara, y tan rara como valiosa”. De ésta, hablamos aquí.

“Hay, sin embargo, dos  peligros principales en la práctica del Espiritismo: los mediums y los espíritus comunicantes. Los mediums pueden engañar y auto-engañarse; en cuanto a los comunicantes, debe saberse que hay millares de espíritus desencarnados que son embusteros, soberbios, pretenciosos, burlones, perversos, ignorantes y de baja ralea. Estos espíritus que actualmente pueblan el espacio, son los mismos espíritus que animaron a los hombres de esta tierra, que fueron aquí ignorantes, analfabetos, superfluos, bromistas y algunas veces apasionados; sin evolución espiritual alguna, como son muchos peones, campesinos, siervos, gente de baja extracción social, remordidos, blasfemos y llenos de complejos”.

“Sabemos que el espíritu, al desprenderse del cuerpo, en el fenómeno que llamamos muerte, va al espacio tal como salió de la Tierra y en el espacio permanece por muchos años  y aún por siglos, en el mismo estado de ignorancia y aún de mala inclinación en que desencarnaron. De éstos hay muchísimos vagando en el espacio, y son los que primeramente se presentan en cualquier sesión imprudente de espiritistas que hacen las evocaciones. Estos espíritus se complacen en burlarse y engañar a los humanos; y si los humanos son ignorantes e imprudentes quedan víctimas de las mentiras y engaños de esos malos espíritus.

“Para tener una idea adecuada y un conocimiento perfecto del Espiritismo científico, honorable y esotérico, se necesita, además de un alto poder mental, una preparación científica muy dilatada y muy honda; porque el verdadero Espiritismo está íntimamente relacionado con casi todas las ciencias que cultiva el hombre actual. Sobre todo, Filosofía, Epistemología, Psicología, Astronomía Antigua y Moderna, Astrología, Historia, Teodicea y Teología; son las ciencias que podemos llamar preliminares para un conocimiento exacto del verdadero Espiritismo”.

“En Caracas hay muchos centros espiritistas; todos dirigidos por personas muy honorables y altruistas; pero no tenemos conocimiento de su competencia científica dicha”.

“En Brasil hay universidades, hospitales, asilos y otros institutos benéficos espiritas, además de eminentes hombres de letras que dan impulso al Espiritismo. Allí ha aparecido el Espiritismo en su faz radiante de Verdad y de Amor al prójimo. Ojala que entre nosotros pierda el Espiritismo ese carácter de mero fenomenismo, y que despareciendo entre nosotros la curiosidad, se nos presenten esas dos deidades nazarenas: VERDAD y AMOR”.

Este es el extraordinario documento. El mismo que tanto satisface a los  espiritas, y tanta rabia produce a los hombres fanatizados.

Difícilmente se podría escribir otro artículo tan suficiente para dar  una idea cabal del Espiritismo. Leyéndolo, uno se da cuenta de los amplios  y serios estudios que Mons. Dubúc hizo de los mejores autores, y de que había concurrido a sesiones experimentales de Centros Espiritistas. Lo explica todo, lo conoce todo.

Nos consta que dirigía con acierto una sesión, porque estuvimos en una celebrada en su residencia, a principios de octubre de 1960, y que él se empeñó en dirigir. Fue en el apartamento número 4, del edificio Jusbisay, en la Avenida Victoria de Caracas. Nos hallábamos allí por su invitación a través de don Ramón Ocando Pérez. Conocíamos a Mons. Dubúc desde 1943, cuando en Barquisimeto fuimos presentados a él, en su residencia. No éramos íntimos. Existía una gran diferencia de edad y habitábamos en ciudades distantes; pero, encontrándonos en la Capital, fuimos distinguidos con su invitación para celebrar una sesión espirita.

Fuimos los primeros en llegar: Ocando, Mons. Dubúc y el autor, esperamos un poco, llegaron, después los señores Horacio A. Carías Rodríguez y Sergio Fuenmayor, mediums ambos. Cuando llegó el momento de comenzar, sentados a la mesa del comedor, el Obispo dijo que él dirigiría, para que todos supiésemos cómo lo hacía. Y lo hizo bien, aún cuando nos pareció que en cierta  ocasión se portó un poquito severo con uno de los comunicantes, cuyas respuestas resultaron evasivas. El espíritu no se molestó. Más bien, sonrió ante la fuerte actitud del eclesiástico.

El médium que estaba en trance era el señor Sergio Fuenmayor, que actualmente se encuentra desencarnado. Era un instrumento de expresión muy clara y voz fuerte, que entraba en el trance mediúmnico pronto y serenamente. Cuando terminó la experiencia, Mons. Dubúc felicitó al médium, y le advirtió que no se envaneciese por ello.

Como nos preguntase Monseñor, cómo nos parecía su forma de dirigir los trabajos, le respondimos que lo hacía muy bien. Nos animamos a preguntarle cómo había llegado a ello, y fue muy generoso. Nos contó lo siguiente: Siendo Obispo de Barquisimeto, capital del Estado Lara, funcionaba en la ciudad, entre otros, un Centro denominado “Centro Espirita León Denís”, que  después pasaría a denominarse “Centro de Estudios Heliosóficos León Denís”. Resultaba un lugar muy concurrido, y poseía dos mediums famosos, Abel Danilo y Adán Isola. Publicaba un periodiquito titulado “Evolución” y editaba libros recibidos mediumnicamente. Los católicos plantearon a su Obispo, que lo era Mons. Enrique María Dubúc, lo que consideraban “el problema del Centro Espirita León Denís”. Como era su deber, Mons. Dubúc decidió descargar todas sus armas contra el espiritismo y aquel Centro, seguro de que terminaría con aquella superchería. El púlpito se puso candente. La feligresía batió palmas.

En su periódico “Evolución”, el Centro “León Denís” hizo saber que aceptaba el reto, que se convirtió en un duelo a muerte. La polémica obligó al  Obispo a seguir la circulación del periodiquito espirita; pero muy pronto el eclesiástico sintió deseos de terminar lo que había empezado. Por eso, desafió a los espiritas para que fueran a la iglesia, para debatir allí el asunto, en presencia de los fieles. Los espiritistas le contestaron, en “Evolución”, que ellos esperaban al Obispo en el Centro, para discutir ante los espiritistas. Mons. Dubúc cesó los ataques; pero, como nos comentó, no hallaba tan descabellados los escritos de aquellos espiritas.

Pasó la tempestad, y de ella salió el Centro “León Denís más fortalecido. Tiempo después, contó aquella noche Mons. Dubúc, fue él de vacaciones a Mérida, donde vivió e la residencia de otro prelado, Al cabo de algunos días, descubrió que su amigo participaba en unas sesiones espiritistas. Quiso estar presente en una de ellas, y se le invitó. Antes de ir a la reunión, anotó en un papel el nombre de una persona amiga desencarnada, y lo escondió bajo la faja. Cuando lo creyó oportuno, pidió al espíritu comunicante, que estuviera incorporado en un profesor universitario, que le dijera qué decía en un papel que él tenía oculto, bajo la ancha faja del hábito sacerdotal. La entidad que se comunicaba le respondió que no estaba allí para esa clase de experimentos; pero, que como Mons. Dubúc contestase que aquello no era sino una excusa, debido a que el comunicante supuesto no existía, y que todo era una farsa, el espíritu le dijo “Espera voy a complacerte. Pasó un rato largo, y volvió a hablar el ser incorporado;  “Muy bien. En ese papel dice Rosita”. Era verdad, el Obispo no estaba dispuesto a admitir su derrota. Por eso negó que ese nombre fuera lo que estaba escrito en el papel. Inútil fue, que el espíritu le desafiara a sacarlo y mostrarlo, para que los demás viesen el nombre.

Este incidente causó un gran impacto en Mons. Dubúc, que no alcanzaba  a explicarse cómo podía producirse un hecho tan extraordinario. Lo de aquella noche le sería inolvidable; pero, él aparentó que era un suceso sin importancia. Prefirió no hablar más del caso; pero, la sonrisa compasiva de su amigo y anfitrión, le hacía pensar que no lo engañaba.

Siguió pasando el tiempo. Monseñor Dubúc hizo uno de sus viajes a Europa. En Roma se hospedó en una residencia, en el Vaticano, con otro religioso, que también asistía a sesiones mediúmnicas. Cuando lo descubrió, Mons. Dubúc se llevó una sorpresa adicional; porque las sesiones tenían lugar en la misma ciudad Vaticana y los experimentadores eran todos religiosos. Pero, esta vez, ya él no era totalmente ignorante del Espiritismo; porque, durante el largo viaje en un vapor trasatlántico, un señor le había facilitado, para leer, varios libros de Espiritismo, de los escritos por Allán Kardéc.

Consiguió el Obispo, aquí también, que se le permitiera estar en una sesión. El médium tenía hábito. Uno de los espíritus comunicantes deseaba hablarle a Monseñor Dubúc. Eso fue lo que todos comprendieron, cuando la entidad empezó diciendo en español: “Buenas noches, señores. Deseo hablar con Enrique María Dubúc. A esto, nuestro amigo preguntó: “¿Quién eres?”, y el ser respondió: “Soy Rosita”. Ante esto, Monseñor le preguntó: “¿Y qué deseas?”. La desencarnada contestó, “Deseo saber por qué, en aquella sesión, en Mérida, te negaste a mostrar el papel que ocultabas, y donde estaba escrito mi nombre”.

Quedó Monseñor estupefacto; porque, allí en la sesión donde se encontraba, nadie conocía aquel incidente, que ni siquiera él estaba recordando. Sin embargo, allí estaba su familiar Rosita, reclamándole su falta de sinceridad en la sesión espirita de Mérida. Esto era, para él, una prueba. Explicó a Rosita que todo había sido por lo sorpresivo, etc.; pero, que algo así, no volvería a ocurrir, puesto que ya él había comprendido, que el Espiritismo le andaba muy cerca, y que, la polémica de Barquisimeto, la sesión de Mérida, las lecturas durante la travesía a Europa y esa sesión con religiosos, en la ciudad Vaticano, eran sucesos deparados por la Providencia, para llevarle a él a conocer la Verdad. Por lo tanto, ahora sabía él, que debía seguir estudiando y experimentando el Espiritismo.

Regresado a Caracas, compró varios libros y los estudio con esmero. Un amigo lo invitó para una sesión mediúmnica que celebraba un grupo familiar. Monseñor Dubúc aceptó, a condición de que el amigo nunca le llamase allí Monseñor, ni pronunciara su verdadero nombre completo. Se convino que lo llamaría simplemente “Enrique”. Efectivamente, la sesión comenzó, en un hogar. Hubo varias comunicaciones. Monseñor se limitaba a escuchar. Nadie había descubierto quién era; pero, se incorporó un espíritu que había vivido en Caracas, en su reciente existencia, y había sido sacerdote. Ahora, desencarnado, inútilmente buscaba el cielo, sin hallarlo. Este cura desencarnado, se incorporó en el médium parlante y exclamó dirigiéndose al eclesiástico: Monseñor Dubúc ¡Ayúdeme! ¡Se lo ruego!. De este modo, los experimentados se extrañaron de que un espíritu tratase de Monseñor a aquel visitante; pero, el piadoso y abnegado hombre que siempre fue Enrique María Dubúc, abandonó su incógnito y entró en diálogo con aquel ser humano implorante. “¿Qué ayuda necesitas?, y oyó al comunicante: “No sé que me pasa…. Debo estar extraviado; porque no encuentro el cielo. ¿Cómo hago para hallarlo?”. De nuevo preguntó Monseñor Dubúc: “¿Quién eres tú, hermano?”. Y el desconcertado espíritu respondió: “Soy Parrita, el párroco a quien tanto aconsejo”. El Obispo recordó a Parrita, un sacerdote de apellido Parra y pequeño de estatura.

No es para comentar la impresión que se llevaron las personas que participaban en aquella sesión familiar, por la presencia del alto personaje de la jerarquía eclesiástica. Monseñor Dubúc lo comentaba a nosotros, muy sonriente, como muchacho que recuerda sus travesuras.

 Véase, pues, que Monseñor Dubúc no fue simpatizante del Espiritismo, sino un espirita, con estudios y experiencias.

Cuando él mismo lo decía aquella noche. Nos atrevimos a decirle, a nuestra vez: “Monseñor, ya vemos que usted habla con la convicción de un adepto del Espiritismo; pero le preguntamos lo siguiente: ¿Se lo oculta usted a la gente?

-“¡De ninguna manera! ¡No tengo por qué esconderlo! Algunas personas, inclusive, han llegado hasta mí, con problemas de mediumnidad incipiente, y les he provocado el trance, para estudiar el grado de mediumnidad y ponerlas en camino de desarrollo de su facultad.

-“Pero, si usted está convencido de que el Espiritismo es la Verdad, ¿Ha pensado en quitarse los Hábitos?

“Para qué, y por qué? A un Obispo, nadie lo puede excomulgar. Nadie me puede echar de la iglesia. Yo soy y seré un Obispo. Lo que el Espiritismo enseña no es distinto de lo enseña el Cristianismo; porque es el Cristianismo en su pureza. Además, así, de Obispo, todo lo que diga tendrá mi autoridad. Si dejase los hábitos, pasaría a ser uno más. Con esta investidura, igual hablo del Espiritismo. No necesito quitármela para decir a la gente la Verdad.

Me parece que, así, es mejor.

Todos convinimos en lo razonable de esta opinión. Ramón Ocando Pérez, dijo que él era testigo de que Monseñor Dubúc hablaba sobre Espiritismo, cuantas veces era necesario, aún estando trajeado con el hábito. Horacio Carías Rodríguez comentó, que impresionaba más, si quien predicaba el Espiritismo lo hacía como Obispo dentro de la iglesia.

Ciertamente que ya Monseñor Dubúc le hacía un gran servicio al Espiritismo. Sin embargo, nosotros afirmamos que aquello no era suficiente. A esto, el prelado preguntó:

__” ¿Y qué más puedo hacer?”
__Puede usted hacer mucho más. ¿Se atrevería a escribir y publicar en la prensa de intereses generales, un artículo, para decirle a la nación lo que usted piensa del Espiritismo, a fin de que lo escrito, escrito quede?
__Cree usted que eso es necesario? __preguntó Monseñor.
__SI. Además, sé que sería muy útil; porque le haría usted un inestimable servicio al Espiritismo, donde hay pocos con la valentía de usted, y donde nadie tiene  la autoridad y e prestigio que su Señoría posee.
__Pues, si eso ayudaría, cuente usted que lo haré.

Y lo hizo. Escribió, efectivamente, ese brillante artículo aparecido en “El Nacional” el 31 de octubre de 1960. A juicio nuestro, ese escrito de Monseñor Dubúc cierra el ciclo que comenzó en Barcelona, España, también en un octubre, el nueve de octubre de 1861, por orden del Obispo de esa ciudad, fueron quemados unos 300 ejemplares de las obras espiritas escritas por Allán Kardéc, decomisadas al librero Maurice Lachatre por la Iglesia, que consideró tales libros perniciosos. Reiterando su decisión de quemarlos, el obispo de Barcelona había dicho: “La Iglesia Católica es universal, y siendo esos libros contrarios a la fe católica, el gobierno no puede consentir que vayan a pervertir la moral y la religión de los otros pueblos”.

En aquel llamado Acto de Fe de Barcelona, eclesiásticos fanatizados creyeron detener el avance del Espiritismo con sólo echar al fuego 300 libros y folletos. Dice el relato de aquel vergonzoso acontecimiento, que cuando el fuego hubo consumido los libros, el sacerdote y sus ayudantes se retiraron cubiertos por el clamoreo y las maldiciones de numerosos asistentes que gritaban: ¡Abajo la Inquisición!

No fue poca cosa lo que hizo por el Espiritismo este extraordinario hombre llamado Monseñor Enrique María Dubúc, a quien es preciso hacer conocer de todos los espiritas del mundo. Cuando se mide el tamaño de sus servicios a esta noble causa, se sientan fuertes impulsos para considerarlo uno de los misioneros enviados para facilitar el camino de nuestra Ciencia; porque la noche del 22 de diciembre de 1861, los espíritus dejaron en poder de Allán Kardéc un mensaje, que parece tener vinculaciones con quienes, como Monseñor Dubúc, han prestado incomparables servicios al Espiritismo. Aquella noche, el Maestro Kardéc preguntó al espíritu: “Siempre ha sido dicho que muchos Espíritus superiores debían encarnar para ayudar al movimiento. ¿Qué nos agregas?” El comunicante, respondió: “Sin duda, varios Espíritus tendrán esa misión, pero cada uno tendrá su especialidad, y obrará por su posición sobre  tal o cual parte de la sociedad. Todos se revelarán por sus obras, y ninguno por una pretensión cualquiera de supremacía”.

Fue así, como Mons. Dubúc hizo lo suyo. Tuvo su especialidad, obró por su posición como Obispo, sobre la masa católica. Se reveló como uno de esos enviados, decimos nosotros, por la gigantesca contribución que hizo, con su escrito y con otras cosas, que nos proponemos analizar en este trabajo.

Siempre hemos sentido una gran simpatía por Mons. Dubúc. En verdad, lo admiramos. Tenemos, además, muy serenos y firmes motivos para creer, que él sigue trabajando por el Espiritismo, desde el Espacio. El hermano Divaldo Pereira Franco viene viéndolo, desde 1963, frecuentando lugares donde dirigentes continentales del Espiritismo se congregan para estudiar cómo impulsar el Movimiento Espirita. Más de una vez, médiumns videntes lo han percibido inspirando a algún orador espirita que trata de levantar el entusiasmo de un auditorio.

Ha llegado el momento de preguntarse, ¿Y quién fue este hombre que, siendo Obispo, conoció la verdad espirita y o la ocultó, mientras otros, aún siendo laicos, tienen miedo de confesar que ellos creen en el Espiritismo? ¿Fue Monseñor Enrique María Dubúc solamente un Obispo, o hubo en él, algo más?

Hubo en él, mucho más; porque fue un orador brillante, un historiador de reputación, un intelectual famoso, un escritor muy conocido.

Perteneció a una de las familias más famosas de Venezuela. Nació en Betijoque, población del Estado Trujillo, el año 1886.

Fue un hombre alto, blanco, buen mozo, varonil, gallardo, simpático; de hablar fácil, correcto y convincente. Se pasó la vida estudiando. Viajó mucho: estuvo en Venezuela, en Madrid, Paris, Irlanda, Roma, Grecia, Egipto, Palestina, Quito, Santiago de Chile, Buenos Aires, Lima, Miami, New York, Bogota, Washington. Hablaba varios idiomas y, con dominios, el español y el francés. En esos viajes, vivió en conventos de mercedarios, franciscanos, agustinos, dominicos y jesuitas.

Era de costumbres sencillas, afable, elegante, consecuente, obsequioso.
Tenia inexacto concepto de su propio valer. Vivió como un ejemplo de austeridad y modestia, y nunca tuvo ambiciones. Desde que estudió la educación primaria en el Colegio Jáuregui, de La Grita, en el Estado Táchira, gozó de la fama de ser muy estudioso e inteligente.

El escritor Pedro Tablante Garrido proporciona el dato, de que Enrique María Dubúc, el año de 1908, era en Mérida un bachiller que estudiaba en la Universidad de Los Andes de Derecho. Pero, por otra fuente se sabe, que ese mismo año, ingresó en el Seminario de Mérida, para seguir estudios de sacerdocio. Fue consagrado sacerdote en 1912, y viajo a Roma para seguir estudios e la Universidad Pontificia, donde se graduó de Doctor en Derecho Canónico con la distinción “Summa Cum Laude”, en 1914, e inmediatamente fue nombrado Secretario de Cámara y Gobierno, y Rector secular del Seminario Emeritense. Al regresar de un viaje por Asia y África, se le comunicó que su nombre había sido propuesto para Obispo Coadjutor con derecho de sucesión de la Diócesis de Barquisimeto. No le agrado la noticia. Contra su voluntad, el Papa Pío XI, el 10 de mayo de 1926, le hizo el nombramiento. El Obispo de la Diócesis, Monseñor Dr. Aguedo Felipe Alvarado, estaba enfermo de gravedad. Murió el 26 de septiembre ese año, y Monseñor Enrique María Dubúc entró a ocupar el sillón, como Obispo Titular de la Iglesia de Zaraita y IV Obispo de Barquisimeto, donde realizó una brillante labor, hasta que en 1947, según el decir de Monseñor José María Alegretti, se le obligó a dimitir. ¿Por qué? No lo sabemos, exactamente; pero, Mons. Alegretti, uno de sus biógrafos, proporciona algunos datos que bien podrían llevar a sospechar que los jesuitas tuvieron la mano metida en esto. Monseñor Dubúc ocultó su enfrentamiento con la compañía de Jesús, y en un brillante discurso pronunciado en el Templo de san Francisco, en Caracas, el 17 de diciembre de 1942, varios párrafos están dedicados a criticar el fanatismo de los jesuitas.

Según Mons. Alegretti, los principios de Mons. Dubúc eran inquebrantables en la intimidad, aún cuando su investidura lo cohibía para no exponerlos con libertad ante cualquier auditorio. Desde mucho antes del Concilio Vaticano II, Mons. Dubúc profesaba ciertos postulados que después recogió ese Concilio. Era, lo que podría llamarse, un adelantado. –su ilustración era superior al ambiente predominante en la Iglesia Católica en Venezuela, y esto lo hizo un incomprendido. Pero, con todo, este Obispo fue “columna de oro episcopado venezolano” (Mons. Alegretti).

Como Obispo de Barquisimeto, terminó y puso en servicio el edificio del Seminario, donde él mismo enseñó después. Llevó a su Diócesis los Padres Paúles. Para socorrer a los ancianos, fundó la obra de asistencia social, denominada “Damas de la Caridad de San Vicente de Paúl”. En el Estado Lara se le recuerda y quiere como un sacerdote y un buen Obispo, y por su ilustración en varias ramas del saber. Sus Pastorales contienen enseñanzas que hablan con elocuencia de su piedad y buen juicio, su celo y su dominio de la Teología.

Su primera pastoral fue el 20 de octubre de 1926. Hemos tenido oportunidad de leer varias de estas Cartas Pastorales, para penetrar hasta donde fuere posible, en la formación sacerdotal del ilustre prelado, y creemos, firmemente, como ungido servidor de la Iglesia, un sincero pastor. Si tuvo problemas con sus superiores eclesiásticos, pensamos que en ningún momento se podría sospechar de que hubiese sido insincero. Las Pastorales muestran un dirigente sagrado comedido, convencido, fervoroso, leal.

Pocos, como él dominaron la Historia. Ninguno, como él, la explicó con tanta elocuencia. Cuando, en su sonado discurso del 17 de diciembre de 1942, enjuicia el terremoto de Caracas y otras poblaciones, de 1812, dice Dubúc: “El terremoto de 1812 fue una desgracia interpretada fanáticamente por predicadores realistas que abusaban sacrílegamente de la santidad de su ministerio”:
Siempre fue, en él, más fuerte el sentido de Verdad que la conveniencia de callar. Escúchese este párrafo, muy claro y atrevido: “La Fe no es el sentimentalismo vulgar e irreflexivo que con frecuencia se transforma en superstición y fanatismo, sino la expresión viviente de un altísimo concepto de Dios, a quien se tributa el obsequio racional de adoración y amor, y la justa compensación de la Religión”:

Era un filósofo, que dejó frases extraordinarias, como ésta: “El dolor es lo más humano que hay en el mundo, y el instrumento más poderoso y eficaz que hay en la Tierra para descubrir el grado de divinidad que hay en cada ser humano”:

Cuando un periodista insistió en entrevistarlo, el 17 de septiembre de 1954, el reportero explicó que lo hacía por se Monseñor un hombre eminente. Entonces, él replicó: “Yo no soy más que un pobre hombre y un hombre pobre”. Ando por la vida haciendo el bien por amor a Dios y a la Santísima Virgen”.

En esa ocasión, dijo al reportero, que había escrito dos libros, uno titulado La Filosofía de la Vida, y otro Fundamentos racionales del Cristianismo. Quiso publicarlos; pero, no llegó a hacerlos, según las noticias que tenemos. Cuando se fue a España, en su último viaje, proyectaba editarlos.

No hay la menor duda, de que Monseñor Enrique María Dubúc, como decía su propio lema, “por la Gracia de Dios y la Sede Apostólica, Obispo de Barquisimeto”, fue un hombre único, singularmente extraordinario.

Precisamente, porque todos le conocían como prelado correcto, piadoso, sin la posibilidad de sospecharse de su  celo apostólico, fue por lo que, algunas personas que tienen prejuicios con el Espiritismo, no acababan de comprender la pública manifestación del Obispo, que en un artículo de prensa se declaraba espiritista. Todavía, hay muchos que no pueden comprender cómo alguien que profesa una religión, puede declararse, al mismo tiempo, adepto de una ciencia.

Hubo quienes creyeron que, si le escribían a Monseñor Dubúc, podrían obtener de él la prueba de que el artículo era apócrifo. Fue esto lo que hizo un Señor en Maracaibo, de nombre Galo H. Chapín G., quien el dos de abril de 1961, envió, a la mano, una carta que le fue entregada a Mons. Dubúc por el médico Martínez Medina. Pero, el Obispo, en lugar de retractarla, produjo una brillante carta confirmatoria del artículo publicado en “El Nacional”, y que dice así:

“Caracas, 22 de Abril de 1961

Sr. Br. Dn. Galo H. Chacín G.

Maracaibo

Apreciado señor:

“Anoche me trajo el Dr. Martínez Medina su atenta carta del 2 d.c. y me apresuro a responderla, a pesar del mucho ajetreo que tengo con motivo de la preparación de un próximo y largo viaje, que debo emprender muy pronto.

A su primera pregunta, contesto:

“¿Cree Ud. En la Reencarnación y por qué? Yo no creo sino en lo que no veo; pero como la Reencarnación es un hecho palpable, no creo, sino que la afirmo. La Reencarnación es una idea práctica admitida, desde hace miles de siglos, por todas las humanidades que han existido. Es una verdad tan grande como el mundo,  y un argumento irrebatible para probar la Justicia Universal de nuestro Buen Dios. La enseñaron y profesaron los antiquísimos hindúes,  egipcios, caldeos, persas, etc.

La han enseñado todos los Grandes Maestros que Dios ha enviado en distintas épocas desde Krisna, Buda, Lao, Tse, hasta Jesús. Este mismo lo dejó claro en el evangelio Los primeros cristianos profesaban la Reencarnación en los primeros siglos; pero los Directores Cristianos, ya imbuidos por ideas judías, trataron de arrancarla de la conciencia de las multitudes cristianas, porque se oponía a los falsos dogmas del diablo, del infierno y del purgatorio. Estos últimos son también conceptos extraídos de antiquísimas creencias hebreas.

¿Por qué admito la Reencarnación? Porque es racional, es consoladora y explica las aparentes injusticias humanas.

A la 2da. Pregunta suya: ¿Qué es el Espiritismo? Ya usted debió haber leído mi artículo en “El Nacional” sobre este mismo tema. Desde luego: el Espiritismo es una doctrina, una ciencia muy nueva y moral, no es una religión; pero se roza con ideas religiosas y las expliqué. El Espiritismo que usted quizás conoce, no le da idea precisa de lo que es la Ciencia Espirita. Aquí en Venezuela hay muchísimos espiritas, pero ninguno que sepa prácticamente lo que es el Espiritismo.

A su 3ra. Pregunta: ¿Es cierto que las almas se comunican cuando necesitan algo o son evocadas? Respondo: las almas no tienen las necesidades que muchos en la tierra suponen. Las Almas al desprenderse del cuerpo físico, necesitan luz espiritual que se les  puede dar con amor, buenas intenciones, buenos pensamientos y, principalmente, haciendo mucha verdadera caridad al prójimo necesitado. Todo por amor a Dios. Prácticamente me consta que las obras buenas hechas en la tierra, por Amor a Dios, y destinadas a ayudar a ciertos espíritus, son eficaces. En cambio, las velas, las flores y demás actos externos que se hacen aquí en la tierra, no les aprovechan en nada.

La evocación no siempre es real: muchas veces fingen ser espíritus o almas desencarnadas, los mismos mediums que son pícaros. Otras veces se presentan espíritus embusteros, burlones que hay miles. Por consiguiente, no siempre es segura la aparición auténtica de un espíritu necesitado. No hay criterio objetivo, cierto para conocer a un embustero y distinguirlo de otro. Eso depende de la inteligencia, honorabilidad y experiencia del operador. De modo que, yo le aconsejo a usted ser desconfiado.

Bien, mi amigo, creo haberle complacido. Lamento tener tanto trabajo para. Ilustrarlo más.

Soy su afmo. Amigo y ho. In Deus.,”

Enrique ms. Dubúc

Obispo
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                  PSICOLOGIA DE LA

                ADOCTRINACIÓN

Por José Herculano Pires


El adoctrinador debe leer y releer, con atención y persistencia la Escala Espirita (Libro de los Espíritus) para informarse bien de los tipos de espíritus con los que va a enfrentarse en las sesiones. La escala nos ofrece  un cuadro psicológico  de la evolución espiritual, que podemos también aplicar a los encarnados.  En el trato con los espíritus el conocimiento de ese cuadro facilita enormemente  la adoctrinación. Los espíritus inferiores usan generalmente  artimañas para eludirnos y se divierten cuando lo consiguen, perjudicándose a sí mismos y nos hacen perder el tiempo.  Hemos de encararlos siempre como necesitados y tratarlos con el deseo real de socorrerlos.  Más precisamos de psicología para conseguir ayudarlos. La tipología que la Escala nos ofrece es de gran valía en ese sentido. Por otro lado, la lectura de los casos de adoctrinación relatados por Kardec en la Revista Espirita nos ofrece ejemplos valiosos de cómo  podemos conducirlos, auxiliados por los espíritus protectores de la sesión, para obtener buenos resultados.

   La práctica de la adoctrinación es un arte en el que el buen adoctrinador va mejorándose en la medida en la que se esfuerza para dominarla. Se engañan los que piensan que basta decir a los espíritus que ellos ya murieron para sensibilizarlos. No basta, tampoco, citarles trechos evangélicos o hacerles orar repitiendo nuestra oración. Es importante también explicarles que se encuentran en una situación peligrosa, amenazados por los espíritus malhechores que pueden dominarlos y someterlos a sus caprichos. La amenaza de la pérdida de su libertad los amedranta  y los lleva generalmente a buscar mejor la comprensión de la situación en la que se encuentran. Más no se debe hablar de eso en tono  de amenaza  y sin una explicación pura y simple. Muchos de ellos ya están dominados por espíritus malvados, sirviéndoles de instrumentos más o menos inconscientes. El médium que recibe a la entidad siente sus vibraciones, percibe  su estado  y puede ayudar al adoctrinador, procurando absorber sus enseñanzas. A través de la comprensión del médium el espíritu  sufridor  u obsesor es más fácilmente  tocado en su interior  y despierta  para una visión más real de su propia situación, el Adoctrinador y el médium forman un conjunto que, cuando está bien articulado, actúa de manera eficiente para la entidad.

 El adoctrinador debe tener siempre en mente todo ese cuadro, para actuar de acuerdo con las posibilidades ofrecidas por la comunicación del espíritu. Con los Espíritus rebeldes, viciados en la práctica del mal, solo la triple conjugación de la autoridad moral del adoctrinador,  del médium y del espíritu protector podrá dar resultados positivos y casi siempre inmediatos. Si el médium  o el adoctrinador no dispusiera de esa autoridad, el espíritu, se apegará a la debilidad  de uno de ellos o de ambos para insistir en sus intenciones inferiores. Por eso Kardec acentúa  la importancia de la moralidad en la relación con los espíritus.  Esa moralidad, como ya dijimos, no es formal, más si substancial,  proviene de las intenciones  y de los actos morales de los  practicantes de las sesiones, no apenas  en las sesiones, más si en todos los aspectos de sus vidas.

Los espíritus sufridores son más fácilmente adoctrinados, pues la propia situación en la que se encuentran favorece la adoctrinación. Si mucho erraron en la vida terrena, permaneciendo por eso en situación inferior, el hecho de no entregarse  a la obsesión después de la muerte ya muestra que están dispuestos a regenerarse. Solo la practica  abnegada de la adoctrinación, con el deseo profundo a los que lo necesitan,  dará al médium y al adoctrinador la sensibilidad necesaria para distinguir  rápidamente el tipo de espíritu con el que se enfrentan. El adoctrinador intuitivo mejora rápidamente su intuición, pudiendo percibir, después del primer contacto, la condición del espíritu comunicante. La psicología de la adoctrinación no tiene reglas específicas, dependiendo más de la sensibilidad del adoctrinador, que deberá desenvolverla en la práctica constante y regular. Aun mismo que el adoctrinador sea vidente, no debe confiar apenas en lo que ve, pues hay espíritus malos inteligentes que pueden simular apariencias engañosas, que la percepción psicológica apurada en la práctica fácilmente descubrirá. No es preciso ser psicólogo para adoctrinar  con eficiencia, más si es indispensable conocer la Escala  Espirita, que nos da el conocimiento básico indispensable.

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¿QUE ES DIOS  PARA MI

A menudo Dios es imaginado como una fuerza de la naturaleza o como un ente consciente que se puede manifestar en un aspecto natural. Tanto la luz como la penumbra son símbolos recurrentes para representar a Dios. 

Los teólogos han adscrito una variedad de atributos a las numerosas concepciones diferentes de Dios. Entre estos, los más comunes son omnisciencia, omnipotencia,omnipresencia, omnibenevolencia (perfecta bondad), simplicidad divina, y existencia eterna y necesaria. Dios también ha sido concebido como de naturaleza incorpórea, un ser personal, la fuente de toda obligación moral, y el «mayor ser concebible con existencia».2 Estos atributos fueron descritos en diferentes grados por los primeros filósofos-teólogos judíos, cristianos ymusulmanes, incluidos Maimónides,3 san Agustín,3 y Al-Ghazali,4 respectivamente. Muchos destacados filósofos medievalesy filósofos modernos desarrollaron argumentos a favor de la existencia de Dios.4 

A mí no me importa si el Dios que tu amas y respetas, es ese Dios que está en una sagrada estampita que alguien muy querido te regalo de niña o de niño. A mí no me importa que las pinturas del cielo y del Creador en los techos de las ermitas e iglesias sean las figuras que te inspiran y llevan a la devoción más profunda. A mí no me importa que los majestuosos paisajes de la Creación te inspiren a adorar a Dios: que lo veas en el azul del cielo, en las montanas y valles, en las estrellas, en el cosmos, en el infinito...o en una flor. A mí no me importa que lo veas en la ciencia, en el átomo, en la más pura energía. Te amo y respeto tu forma de ser, de pensar, de identificarte con esa CAUSA PRIMERA E INTELIGENTE : Padre-Madre-Creador: Nuestro Dios. 

A cada cual le respeto su manera de sentir, de ver, de explicar, las existencia de lo que llamamos Dios. Yo expondré la mía...la que llevo en mi corazón desde temprana edad, la que me sostiene y me ha sostenido a través de muchos años de caídas, de graves errores de momentos de confusión, de tristeza, desaliento. 

Para mí, Dios es AMOR...siendo esta (el amor) las sustancia que une, unifica, sustenta, da forma y vida, a la Creación, a toda la Creación. Mi figura espiritual de Dios es la de un Padre...amoroso. firme..que desea lo mejor para sus hijos...que cuida y sustenta, pero con la suficiente libertad para que sus hijos se realicen por sí mismos, crezcan, evolucionen, se hagan hombres y mujeres dignos y sabios. Para mí, es como mi Padre...me ama, y porque me ama, me disciplina, a veces con la fortaleza necesaria, tratando de que este hijo tonto, rebelde e ignorante, aprende de una vez por todas la lección que necesita en su desarrollo moral y espiritual. 

Somos demasiado lentos en el aprendizaje, nos rebelamos, nos escapamos de la escuela, nos asociamos con malas compañías, nos envolvemos en situaciones innecesarias que contradicen el amor que sentimos...Sin embargo, así y todo, nuestro amoroso Padre nos permite la rectificación, una y otra vez, cuantas veces nos sea necesario, hasta que aprendamos la lección. 
Jesús en sus enseñanzas usaba la figura paternal una y otra vez...En mi corazón , yo he aceptado esa analogía y manera de ensenar como VERDADERA Y cierta. Yo siento a Dios como mi Padre.....Madre...Mi Creador. 


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