MÁS SOBRE LA OBSESIÓN
En la Tierra, el amor es, todavía, hijo de la inmediatez y de los intereses, no siempre arrimados a la nobleza de los sentimientos elevados, celando por la criatura querida.
Más siervo de la sensación que amigo de la emoción, se convierte en el arquitecto de tragedias que disimula con arremetidas sentimentalistas, evadiéndose cuanto más de él se necesita.
La saludable fraternidad no medrando en los corazones, como seria de desear, responde por la falta de preparación de las criaturas para los acontecimientos más graves y nobles, entre los cuales el amor asume un papel preponderante.
La existencia física, en la Tierra es un eslabón de inmensa cadena atando a la criatura a la Vida, o se convierte en un peldaño de larga escalera colocada en dirección a lo alto…
Considerando que la Revelación Espirita viene hoy concienciando a los hombres sobre su realidad espiritual, las leyes Karmica que rigen la vida, y los deberes morales que deben ser tenidos en cuenta, la vivencia evangélica como pauta de comportamiento, aun así, nos enfrentamos con criaturas distraídas que esperan recibir sin dar, merecer sin hacer cualquier esfuerzo, para conquistar valores íntimos. Cuentan con el perdón para las faltas, pero no las disculpan en el prójimo; esperan cariño, que no les gusta retribuir, admiran el trabajo, si bien solamente en palabras, desde que no se dedican a el; teorizan sobre innumerables cosas, no yendo más allá del verbalismo… Como es comprensible, se engañan, pero no convencen a nadie.
Billones de seres microscópicos, individualizados, trabajan para el comando de la mente, que retrata las adquisiciones anteriores, en la condición de conquistas o deudas, ajustados perfectamente a los implementos vibratorios del alma, emite y capta irradiaciones específicas, en la forma de oscilaciones electromagnéticas, que componen el cuadro de la individualidad humana…
En razón de la conducta mental, las células son estimuladas o bombardeadas por los flujos de los intereses que le placen, promoviendo la salud o siendo la génesis de los desequilibrios que derivan de la falta de armonía. En estado de mitosis, esas unidades, degeneran, ofreciendo campo a las bacterias patológicas que se instalan venciendo los factores inmunológicos, que por las hondas del mal humor, pesimismo, rebeldía, odio, celos, envidia, lubricidad y vicios son desactivados o debilitados transformados en poderosos agentes de la perturbación y del sufrimiento.
Existen obsesos porque hay deudas que rescatar. La obsesión resulta del connubio por afinidad de ambos compañeros.
El reflejo de una acción genera otro reflejo equivalente, cuando una actitud arremete recibe una respuesta de violencia, por el contrario, si el endeudado se presenta lleno de sanas intenciones con vistas al resarcimiento del debito encuentra benevolencia y comprensión para recuperarse.
La culpa consciente o inconscientemente instalada en el domicilio mental, emite ondas que sintonizan con inteligencias enfermas, habilitándose a mórbidos intercambios.
En el caso especifico de las obsesiones entre encarnados y desencarnados, identificando la irradiación enfermiza el desencarnado del endeudado, por ser también infelices, inician el cerco al adversario pretérito, a través de imágenes, mediante las cuales se hacen notar, sin necesitar las palabras para ser percibidos, insinuándose insistentemente hasta establecer el intercambio que pasan a comandar…
La mente, viciada y aturdida por las ondas perturbadoras que capta del obsesor, pierde el control armónico, automático sobre las células, facultando que las bacterias patológicas proliferen, dominadoras. Tal desarmonía propicia la degeneración celular en forma de cáncer, tuberculosis, lepra y otras enfermedades complejas que la Ciencia viene estudiando.
Solamente el radical cambio de comportamiento del obseso resuelve, definitivamente, el problema de la obsesión. Sin ejercicios de reflexión profunda, sin hábitos de edificación saludable del bien en si mismos; sin la constante oración como intercambio de fuerzas parafisicas, el hombre derrapa en actitudes imprevisibles, dirigiéndose hacia la mentirosa trampa del suicidio. Excitados en una profunda depresión, saltan en el largo derrotero de la alineación en cuadros neuróticos, sicóticos, esquizofrénicos…
Al principio, se manifiestan como una idea que se insinúa. Otras veces, son un relámpago fulgurante en las oscuras noches de los sufrimientos, como solución libertadora.
Posteriormente, se hacen fijación del pensamiento infeliz que se adentra, dominando los cuadros de la mente y comandando el comportamiento, surgiendo en forma de ser el suicidio la mejor actitud, como la más correcta solución ante los problemas y desafíos.
La obsesión es clamorosa enfermedad social que domina el pensamiento moderno, que desborda del imperio de factores disolventes, elaborados por la mecánica del materialismo simulado de idealismos voluptuosos, que incendian mentes y anestesian sentimientos.
La reflexión y el examen de la supervivencia del espíritu, el posicionamiento en una ética cristiana, el estudio de la ciencia y de la filosofía espirita, constituyen directrices seguras para conducir la mente con equilibrio, preservando las emociones con las cuales el hombre se equipa con seguridad para el proseguimiento en la escala evolutiva.
Cada suicida en potencial necesita, ciertamente, del apoyo fraternal, terapia espiritual, comprensión moral de cuantos le rodean y asistencia médica especializada.
Todo tratamiento quirúrgico, aunque es una oportunidad para la recuperación del paciente, es una delicada incursión en el organismo, cuyos equipamientos tienen su propia mecánica de creación, imprevisibles muchas veces.
La anestesia, por otro lado, no obstante las bendiciones de que es portadora, puede generar consecuencias y secuelas no esperadas; cualquier descuido, por tanto, puede ser factor de daños irreversibles o también muertes indeseadas.
El pasado es pesado carga que no siempre se consigue conducir como es deseable. Frecuentemente, muchos reinicio de actividades para la redención culmina en agravamiento de debitos que solamente las expiaciones lenitivas consiguen ajustar mediante procesos más drásticos para el ser espiritual.
El mundo mental, constituido por ondas que se mueven en franjas vibratorias especificas, faculta la sintonía de aquellas otras de la misma frecuencia, facilitando la identificación entre las criaturas, en el mundo físico, de estas con los desencarnados y entre estos últimos.
Somos el resultado de las experiencias adquiridas por la vivencia en el campo de la evolución. Hay un largo camino que quedó detrás, recorrido con dolor y sombras, sin embargo, al frente se abre, un inmenso trecho virgen para recorrer. Nadie consigue alcanzar el éxito, sin romper las cadenas con la retaguardia en la cual están las marcas de nuestro transito… Olvidados de vivir desde ayer las leyes del amor establecidas por los Códigos de la vida, nos hicimos verdugos del prójimo, en la caza del placer exorbitante y el poder alucinado, ofreciendo culto al personalismo y a los vicios en que nos ejercitamos ampliamente, sin intentar vencer los instintos más primarios. Para conseguir lo que nos agradaba, no vacilábamos en herir, ofender, destruir, traer la infelicidad.
Renovando el paisaje mental, sin embargo, con las almas mutiladas por los delitos practicados, cambiamos la forma de pensar, pero no la de actuar. La arrogancia y la presunción, generadoras de la prepotencia, no se subordinan a la genuina humildad ni al servicio fraternal desinteresado. Los que se reencarnan, olvidan a aquellos que les padecieron la impiedad y se arrojan a nuevas aventuras constrictivas, comprometiéndose más y lanzando debitos adelante, que los sorprenderán en el futuro, aun cuando parezcan olvidados…
Los actos infelices, deliberadamente practicados, en razón de la fuerza mental que necesitan, destruyen los sutiles tejidos del periespiritu que, resintiéndose por la desarmonía, dejaran matrices en la futura forma física, en la cual se manifestará las deficiencias purificadoras, y la caída del tono vibratorio especifico permitirá que los implicados en los hechos, en el tiempo y en el espacio, próximos o no, se vinculen por el proceso de una sintonía automática, de la que no podrán evadirse. Ahí se establecen las enfermedades de variada importancia. Los factores inmunológicos del organismo, padeciendo la arritmia vibratoria que los envuelve, son vencidos por bacteria, virus y toda suerte de microbios patológicos, que más tarde se desarrollan, siendo la génesis de las enfermedades físicas. En el área mental, por su parte, los conflictos y amarguras, los, los odios acerbos, las ambiciones delirantes y los tormentosos delitos ocultos, en el momento de la reencarnación, por estar insitos en el Espíritu endeudado, responden por las más variadas alteraciones psíquicas y alineaciones. Añadamos a estas predisposiciones la presencia de los cobradores desencarnados, cuya acción mental encuentra perfecto acoplamiento en el paisaje psicofísico de aquellos a quien persiguen, y tendremos la presencia de la constricción obsesiva. Es rara la enfermedad que no cuente con la presencia de un componente espiritual, cuando no sea directamente este su efecto. El cuerpo y la mente reflejan la realidad espiritual de la criatura.
Hay enfermedades y enfermedades.
Las primeras, ya se conocen varias patogénesis, son sabidos y estudiados sus innumerables factores propiciatorios. Las segundas, son aquellas en las cuales los enfermos, dotados de sensibilidad mediúmnica más aguzada, absorben fluidos desarmonizados y destructivos de Espíritus desencarnados con los cuales se vinculan; dando campo a una vigorosa sintonía que permite la transmisión de las sensaciones y dolores de los segundos para los que le sufren la acción, afligiendo y sometiendo las resistencias en estos que; si no son atendidas en tiempo, se convierten en enfermedades reales, a tenor de las razones ya expuestas. Se convierten en verdaderos fenómenos de incorporación, igual que ocurre en la psicofonía atormentada y consciente, este hecho es más habitual de lo que se piensa. Solamente cuando el hombre se de cuenta de la finalidad de la vida en la Tierra, y procure modificar sus actitudes, es que se renovará el paisaje que, de momento, se le hace campo de conquistas al peso del dolor y de la amargura; ya que todavía no le place crecer por el amor, ni por el deber para con el Bien.
Trabajo realizado por Merchita
Extraído del Libro de Divaldo Pereira Franco: Cuadros de la Obsesión
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