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martes, 16 de agosto de 2011

Com-pasión



Muchas personas se han extrañado de que haya escrito en esta columna que “sin compasión (en el sentido budista) no se combate el hambre”. 
¿Por qué "en el sentido budista"? Porque compasión, en el sentido común, posee una connotación despectiva: es sentir pena por el otro, sentimiento que lo rebaja, pues ve en él el hambre de pan sin ver también el hambre de belleza.
Podríamos entender la com-pasión en el sentido del cristianismo originario, sentido altamente positivo, que es tener miseri-cor-dia, es decir, un corazón (cor) capaz de sentir a los míseros y salir de sí para socorrerlos. Actitud que la misma palabra com-pasión sugiere: tener pasión con el otro, sufrir con él, alegrarse con él, andar el camino con él. Pero esta acepción no prosperó. Predominó la otra, moralista y menor, de quien mira de arriba abajo y echa una limosna en la mano del sufridor. 
Sin embargo, la concepción budista de la compasión es diferente. Tiene que ver con la pregunta básica de la que nace el budismo: ¿cuál es el camino que nos libera del sufrimiento? La respuesta de Buda es: "por la com-pasión, por la infinita com-pasión". El actual Dalai Lama dice : "ayuda a los otros siempre que puedas, pero si no puedes, jamás los perjudiques " (O Dalai Lama fala de Jesús, Fisus 1999, p. 214).   Como podemos ver, Buda coincide en esto con Jesús.
La "gran com-pasión" (karuna en sánscrito) implica dos actitudes: desapego de todas las cosas y cuidado con todas las cosas. Por el desapego renunciamos a poseerlas y aprendemos a respetarlas en su alteridad y diferencia. Por el cuidado nos acercamos a las cosas para entrar en comunión con ellas, responsabilizarnos por su bienestar y socorrerlas en su sufrimiento. Es un comportamiento solidario que nada tiene que ver con la pena y la mera asistencia. Para el budista el nivel de desapego revela el grado de libertad y de madurez que poseo; y cuánta benevolencia y responsabilidad tengo con todas las cosas, el nivel de cuidado. La com-pasión engloba las dos dimensiones. Exige, pues, libertad, altruismo y amor.
La com-pasión no conoce límites. El ideal budista es el bodhisattva, aquella persona que lleva tan lejos el ideal de la com-pasión que se dispone a renunciar al nirvana y acepta incluso pasar por un número infinito de vidas sólo para poder ayudar a los otros en su sufrimiento. Ese altruismo se expresa en la oración del bodhisattva: " Mientras dure el tiempo, persista el espacio y haya personas que sufren, quiero también durar yo para liberarlas del sufrimiento.” La cultura tibetana expresa ese ideal a través de la figura del Buda de los mil brazos y de los mil ojos. Con ellos puede, com-pasivo, atender a un número ilimitado de personas.
Partiendo de esta comprensión, se entiende que sin com-pasión no se puede combatir eficazmente el hambre. Hay que acoger al pobre como lo que es, como un sufridor. Y simultáneamente cuidar de él como  a alguien igual.
La com-pasión en el sentido budista nos enseña también cómo debe ser nuestra relación con la naturaleza: primero, respetar su alteridad; después, cuidar de ella. Y sólo entonces usarla, en la medida justa, para nuestro provecho.
A la "guerra infinita" de la demencia actual, debemos oponer la "com-pasión infinita" de la sabiduría budista. ¿Utopía? Sí, pero es la mejor manera de mostrar nuestra verdadera humanidad, hecha de com-pasión y de cuidado.
Leonardo Boff


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lunes, 15 de agosto de 2011

Cielo e infierno íntimos



   Se cuenta que un día un samurai, grande y fuerte, conocido por su índole violento, fue a procurar a un sabio monje en busca de respuestas para sus dudas.

 Monje, dijo el samurai con deseo sincero de aprender, enséñame sobre el cielo y el infierno.

El monje, de pequeña estatura y muy delgado, miró para el bravo guerrero y, simulando desprecio, le dijo:
  • Yo no podría enseñarle cosa alguna, usted está inmundo. Su mal genio es insoportable.
  • Además, la lámina de su espada está oxidada. Usted es una vergüenza para su clase.
  • El samurai quedó enfurecido. La sangre le subió al rostro, tamaña era su rabia, que no consiguió decir ni una sola palabra.
  • Empuñó la espada, apuntó sobre la cabeza y se preparó para decapitar al monje.
  • " Ahí comienza el infierno” le dijo mansamente el sabio.

El samurai quedo inmóvil. La sabiduría de aquel pequeño hombre lo impresionó. El al final, había arriesgado su propia vida para enseñarle lo que era el propio infierno.

El bravo guerrero bajo lentamente a espada y agradeció al monje por la valiosa enseñanza.

El viejo sabio continuó en silencio.

Pasando algún tiempo el samurai, ya con la intimidad pacificada, pidió humildemente al monje que le perdonase el gesto infeliz.

Percibiendo que su petición era sincera, el monje le habló:

-“ Ahí comienza el cielo”

Para nosotros, resta la importante lección sobre el cielo y el infierno que podemos construir en la propia intimidad.

Tanto el cielo como el infierno, son estados del alma que nosotros elegimos en nuestro día a día.

A cada instante somos invitados a tomar decisiones que definirán el inicio del cielo o el comienzo del infierno.

Es como si todos fuéramos portadores de una caja invisible, donde hubiese herramientas y materiales de primeros auxilios.

Ante una situación inesperada, podemos abrirla y hacer huso de cualquier objeto de su interior.

Así, cuando alguien nos ofende, podemos erguir el martillo de la ira o usar el bálsamo de la tolerancia.

Visitados por la calumnia, podemos usar el hacha de la venganza o la gasa del auto confianza.

Cuando la injuria llamara a nuestra puerta, podemos usar el aguinaldo de la venganza, o el óleo del perdón.

Ante la enfermedad inesperada, podemos echar mano del acido disolvente de la revuelta o empuñar el escudo de la confianza.

Ante la partida de un ser querido, en los brazos de la muerte inevitable, podemos optar por el puñal de desespero o por la llave de la resignación.

En fin, sorprendidos por las más diversas e infelices situaciones, podremos siempre optar por abrir abismos de incomprensión o extender el puente del dialogo que nos posibilite una solución feliz.

La decisión depende de nosotros mismos.

Solamente de nuestra voluntad dependerá nuestro estado íntimo.

Por tanto, crear cielos o infiernos puertas a dentro de nuestra alma, es algo que nadie podrá hacer por nosotros.

- Merche -

La puerta entre nosotros y el cielo no podrá abrirse mientras esté cerrada la que queda entre nosotros y el prójimo”



domingo, 14 de agosto de 2011

Síntomas de mediumnidad (comunicado)

Manuel Philomeno de Miranda




Sutiles o vigorosos, algunos de esos síntomas permanecen en determinadas ocasiones generando mal estar y sinsabor, inquietud y trastorno depresivo, en cuanto que, en otros momentos surgen en forma de exaltación de la personalidad, sensaciones desagradables en el organismo, o antipatías injustificables, animosidades mal disfrazadas, como consecuencia de la asistencia espiritual de que se es objeto.


Muchas enfermedades de difícil diagnóstico, por la variedad de síntomas, tienen sus raíces en los disturbios de lamediumnidad de prueba, esto es, aquélla que se manifiesta con la finalidad de invitar al espíritu a rescates aflictivos de comportamientos perversos o daños realizados en existencias anteriores. 


La mediumnidad es una facultad inherente a todos los seres humanos, que algún día aparecerá de forma más ostensiva de la que ocurre en el presente momento histórico.


A medida que se perfeccionan los sentidos sensoriales, favoreciendo con más amplio caudal de comprensión del mundo objetivo, se amplía la embrionaria percepción extrafísica, motivando el surgimiento natural de la mediumnidad.

No pocas veces, es detectada por características especiales que pueden ser confundidas con síndromes de algunas psicopatologí as que, en el pasado, eran utilizadas para combatir su existencia. No obstante, gracias a los notables esfuerzos y estudios de Allan Kardec, así como de una pléyade de investigadores de los fenómenos paranormales, la mediumnidad viene siendo observada y perfectamente aceptada con respeto, con respecto a benditas contribuciones que faculta al pensamiento y al comportamiento moral, social y espiritual de las criaturas.

Sutiles o vigorosos, algunos de esos síntomas permanecen en determinadas ocasiones generando mal estar y sinsabor, inquietud y trastorno depresivo, en cuanto que, en otros momentos surgen en forma de exaltación de la personalidad, sensaciones desagradables en el organismo, o antipatías injustificables, animosidades mal disfrazadas, como consecuencia de la asistencia espiritual de que se es objeto.

Muchas enfermedades de difícil diagnóstico, por la variedad de síntomas, tienen sus raíces en los disturbios de lamediumnidad de prueba, esto es, aquélla que se manifiesta con la finalidad de invitar al espíritu a rescates aflictivos de comportamientos perversos o daños realizados en existencias anteriores.

Por ejemplo, en el área física: dolores en el cuerpo, sin causa orgánica; cefalalgia periódica, sin razón biológica; problemas de sueño –insomnio, pesadillas, pavores nocturnos con sudor-; taquicardias, sin motivo justo; colapso periférico sin ninguna disfunción circulatoria, constituyendo todos ellos o apenas algunos de ellos, perturbaciones que derivan de la mediumnidad en surgimiento o con sintonía desequilibrada.
En el comportamiento psicológico, aún se presentan: ansiedad, fobias variadas, perturbaciones emocionales, inquietud íntima, pesimismo, desconfianzas generalizadas, sensaciones de presencias inmateriales –sombras y bultos, voces y tocamientos- que surgen inesperadamente, en tanto que desaparecen sin ninguna medicación, representando disturbios mediúmnicos inconscientes, que son provocados por la captación de ondas mentales y vibraciones que sintonizan con el periespíritu del enfermo, procedentes de entidades sufridoras o vengadoras, atraídas por la necesidad de rehacer los conflictos en que ambos –encarnado y desencarnado- se ven envueltos.

Esos síntomas, generalmente pertenecientes a los capítulos de obsesiones simples, revelan la presencia de facultad mediúmnica en desarrollo, requeriendo los cuidados pertinentes a su educación y práctica.Sin embargo, no todos los individuos en los que se presentan síntomas de tal porte, necesitan ejercitar la facultad de que son portadores. Después de la conveniente terapia que es enseñada por el estudio del Espiritismo y por la transformación moral del paciente, que se hacen indispensables al equilibrio personal, recuperan la armonía física, emocional y psíquica, prosiguiendo, sin embargo, con otra visión de la vida y diferente comportamiento, para que no le acontezca nada peor, conforme elucidaba Jesús después del atendimiento y la recuperación de aquéllos que Lo buscaban y tenían el cuadro de sufrimientos anterior.
Sin embargo, gran número de portadores de mediumnidad, tienen un compromiso con la tarea específica, que le exige conocimiento, ejercicio, abnegación, sentimiento de amor y caridad, a fin de atraer a los espíritus nobles, que se encargarán de auxiliar a cada uno de en el trabajo del ministerio iluminativo.


Trabajadores de última horanuevos profetas, transformándose en los modernos obreros del Señor, están comprometidos con el programa espiritual de modificación personal, así como de la sociedad, con vistas a la Era del Espíritu inmortal que ya se encuentra en sus cimientos afincados en la corteza terrestre.

Cuando sin embargo, los disturbios permanecen durante el tratamiento espiritual, conviene que sea tenida en consideración la psicoterapia consciente, a través de especialistas propios, con el fin de auxiliar al paciente-médium a realizar el autodescubrimiento, liberándose de los conflictos y complejas perturbaciones, que son consecuencia de experiencias infelices tanto del ayer como del hoy.

El esfuerzo por el perfeccionamiento interior aliado a la práctica del bien, abre los espacios mentales a la renovación psíquica, que se enriquece de valores optimistas y positivos que se encuentran en el Espiritismo, favoreciendo a la criatura humana con la alegría de vivir y de servir, al tiempo que la misma adquiere seguridad personal y confianza irrestricta en Dios, avanzando sin cualquier impedimento rumbo de la propia  armonía.

Naturalmente, en cuando se está encarnado, el proceso de crecimiento espiritual ocurre por medio de factores que constituyen el tejido celular, que siempre puede padecer enfermedades, desconciertos, problemas que forman parte de la psicoesfera terrestre, dentro de la condición evolutiva de cada uno.
La mediumnidad, sin embargo, ejercida noblemente, se transforma en bandera cristiana y humanitaria, conduciendo mentes y corazones al puerto de seguridad y de paz.

La mediumnidad, por tanto, no es un trastorno del organismo. Su desconocimiento y la falta de atendimiento a sus impositivos, generan disturbios que pueden ser evitados cuando se presentan, recibiendo  la conveniente orientación para que sean corregidos.

Tratándose de una facultad que permite el intercambio entre los dos mundos –el físico y el espiritual- proporciona la captación de energías cuyo tenor vibratorio corresponde a la calidad moral de aquéllos que la emiten, así como de aquellos otros que las captan y transforman en mensajes significativos.

En este capítulo, no pocas enfermedades se originan de este intercambio, cuando proceden de las vibraciones de entidades enfermas o perversas, que perturban el sistema nervioso de los médiums incipientes, produciendo disturbios en el sistema glandular e incluso afectando el inmunológico, facultando el campo para la instalación de bacterias y virus destructivos.

La correcta educación de fuerzas mediúmnicas proporciona equilibrio emocional y fisiológico, aportando salud integral a su portador.

Es obvio que no impedirá la manifestación de los fenómenos consecuentes de la Ley de Causa y Efecto, de los que necesita el espíritu en su proceso evolutivo, pero facultará la tranquila conducción de los mismos sin daños para la existencia, que proseguirá en clima de harmonía y salud, a pesar de los acontecimientos impuestos por la necesidad de evolución personal.

Cuidadosamente atendida, la mediumnidad proporciona bien estar físico y emocional, contribuyendo para mayor captación de energías revitalizantes, que alzan la mente a las regiones felices y nobles, de donde se pueden obtener conocimientos y sentimientos inhabituales, que embellecen el espíritu y lo enriquecen de belleza y de paz.

Superados, por tanto, los síntomas de inicio de la mediumnidad, surgen las responsabilidades ante los deberes que irán a constituir el clima psíquico dichoso del individuo que, comprendiendo la magnitud de la situación, crecerá interiormente rumbo del Bien y de Dios.


Mensaje de Manuel Philomeno de Miranda, psicografiado por el médium Divaldo P. Franco, en la reunión mediúmnica realizada en el Centro Espírita en la ciudad de Paramirim (BA), Brasil, el 10 de julio de 2000.
Extraído del libro "Reencontro com a vida".
Traducido por Xavier Llobet


( Visitar también el blog "Inquietudes espíritas".- inquietudesespiritas.blogspot.com )

sábado, 13 de agosto de 2011

Obsesión y mediumnidad

Raul Teixeira


El Doctor José Raúl Texeira es un físico brasileño doctorado en el área de educación. Es espírita y posee varios tipos de mediumnidad. Gran divulgador a nivel mundial de la doctrina espírita, aborda en este espacio con mucha maestría la problemática de la mediumnidad en el centro espírita. Estará en Portugal, al principio de Diciembre, invitado por la Federación Espírita Portuguesa.



- En un caso de obsesión, sabiendo que no bastan las reuniones de desobsesión para que el enfermo mejore, ¿qué es lo que debe de hacer el enfermo?

Lo que las entidades obsesoras pretenden es desequilibrar nuestra vida moral, porque es esta que guía nuestra felicidad o desdicha. Necesitamos hacer saber al obsesado la importancia de trabajar sus aspectos morales. Tendrá que abrir mano de sus vicios, creando hábitos de disciplina doméstica, hacer el estudio del evangelio en el hogar - un momento de oración donde él pueda gradualmente modificar la atmósfera psíquica de su hogar -, leer, aprender. 

Normalmente la cura de las obsesiones tarda, porque el cambio de postura de los individuos tarda, y la obsesión es como si quitásemos raíz a raíz de un árbol que está enterrado en el terreno del alma, con gran profundidad. Debemos mostrar a los obsesados, que en el centro espírita hacemos una parte que es mínima, en ese proceso de desobsesión. La mayor parte tendrá que ser hecha por él y su familia, porue l obsesado, al enfermo, el norte, pero quien tiene que caminar para el norte es el enfermo, con la ayuda de aquellos que le rodean.

-Ciertos centros espíritas hacen reunión de desobsesión con la presencia del obsesado. ¿Es correcta está actitud?

Según "El Libro de los Médiums" ¡no!. "El Libro de los Mediums" inclusive recomienda que la reunión mediúmnica no debe tener público, pues en el caso contrario, los mediums se quedan expuestos sobre terribles peligros, debido al psiquismo de los asistentes que casi siempre las personas sin conocimientos espíritas, y que se quedan bombardeando mentalmente a los mediums con sus más secretos deseos.



La reunión mediúmnica es una reunión de intimidad del centro espírita. Las personas que van a ir, van a querer escuchar al espíritu hablar, como quien va al circo o al teatro, y en este caso, el centro espírita prestase a esa actividad circense.

Como mucha gente que dirige la reunión mediúmnica, que dirige un centro, nunca leyó Kardec, entonces entendemos por que esas cosas suceden. Cada uno hace el espiritismo a su manera, la forma de la "casa".Eso puede ser todo menos una sesión espírita. Puede ser sesión mediúmnica, pero no sesión mediúmnica espírita.

-¿Cómo ayudar a un tóxicodependiente que se dirige a un centro espírita?

Hemos aprendido con el mundo espiritual que, antes de nada, es preciso saber si el tóxicodependiente quiere ayuda. Si el no quiere ayuda no vamos a perder el tiempo. No siempre nuestra voluntad de ayudar corresponderá las ganas de recibir ayuda. Y es por eso que Dios no impide que sus hijos se suiciden. Fue lo que ellos escogieron. Por tanto, nosotros aprendemos gracias a la experiencia de errores y aciertos.

En primer lugar necesitamos saber si quiere ayuda. ¿Quiere? ¡Muy bien! Entonces va someterse a las orientaciones que le vamos a dar. El hará un tratamiento fluidoterapéutico en el centro espírita, a base de pases, agua fluidificada, trabajaremos en su provecho en la reunión de desobsesión,sin la presencia física de él. Necesitará igualmente de tratamiento médico, porque la droga habrá provocado efectos orgánicos que la medicina necesita atender.


-Un obsesado llega a un centro espírita. ¿Se le deben poner en trabajos mediúmnicos o dar pase, o no?

Lo que no podemos, no debemos hacer en el centro espírita, es aquella persona que tiene crisis obsesivas o tiene obsesión de características grotescas, colocarla en una sesión mediúmnica. Es una persona enferma, grave. Yo no pongo a esa persona a dar pase, pues tiene crisis, incorpora, etc... Esa persona tiene que tener un tratamiento.

Pero hay personas que controlan, que "administran" su proceso obsesivo y esos deben trabajar. Ese ya identificó su situación, el perturbador, pero está consciente en cuanto a eso.

Es importante no tenernos autopiedad. Ahora si la persona tiene crisis obsesivas no debe participar en la reunión mediúmnica. Es una cuestión de sentido común.

Nota: Entrevista a Raúl Texeira de la revista "Revista de Espiritismo

( Os invito a visitar mi otro blog "inquietudes espiritas".-  inquietudesespiritas.blogspot.com

jueves, 11 de agosto de 2011

Sufrimiento en el más allá (psicografía)

Queridos lectores: En estos calurosos días donde la gente huye de las ciudades interiores a la costa, a fin de disfrutar unos dias de vacaciones familiares, yo me encuentro en la misma tesitura.
No me despedí de vosotros pensando que no dejaría de administrar este blog, pero desde que salí no he podido hacerlo hasta el día de hoy y no se si hasta el domingo lo podré volver a hacer.
 Por ello os pido perdón, en la confianza de que se que me esperais pacientemente a través de mis publicaciones en este blog.
Gracias: Jose Luis
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La problemática del sufrimiento se presenta, a la luz del espiritismo, con una dimensión desconocida por la mayoría de las doctrinas filosóficas y religiosas, ampliando su área de estudio y discusión. 
Las religiones ortodoxas resolvieron la cuestión de la justicia divina a través de la aplicación de las penas y recompensas eternas. Establecieron el concepto de punición eterna, engendrando una forma de venganza celeste, en la cual el amor, la compasión, la benevolencia y la propia justicia quedan al margen, desconsiderados. 
Según ese criterio, el infractor pierde el derecho a la rehabilitació n: Aunque sea ignorante, psicópata o simplemente rebelde, al caer en el error es condenado sin remisión, en el caso de que muera en pecado.
Con la misma actitud, que en un momento es severa, y en otro, se torna ingenua, delante del temeroso que se arrepiente o del astuto que dice someterse al dogma o aceptar al Cristo como su salvador, liberándolo, con un pase de magia, de todo sufrimiento y brindándole la perpetua felicidad, que es reservada al justo, como si procedimientos dispares mereciesen la misma calificación y recompensa.

La culpa señala a la conciencia que se abre en llaga viva hasta la reparación del error, la recomposición del campo energético agredido. El arrepentimiento sincero o los propósitos honestos de rehabilitació n no bastan para conceder el reequilibrio en el psiquismo y en la emoción del delincuente.

Por eso, cuanto más esclarecido y lúcido es el infractor tanto mayor es el grado de su responsabilidad. El error retiene al autor en las propias mallas, que éste debe deshacer mediante la corrección de lo que fue practicado. Esa labor posibilita la dignificación, promoviendo al individuo. 

Ni el perdón que la víctima concede a su malhechor lo libera de la conciencia de culpa. Naturalmente, lo ayuda a sentirse mejor con él y con aquel a quien perjudicó, estimulándose, el mismo, para reparar el daño. Mediante la concesión del amor y no el odio en forma de respuesta se le torna más factible la victoria, la recuperación moral, liberándose así del sufrimiento. 

La ilusión de la posesión, la presencia de pasiones primitivas, el egoísmo, mantenidos en cuanto se está en el cuerpo, trasfieren las llagas que generan, para más allá de la sepultura. 
Desde que el hombre es espíritu y éste energía, sus heridas permanecen impregnadas, produciendo las úlceras alucinantes donde quiera que se encuentre: en el cuerpo o fuera de él. 

El desencarnado despierta más allá de las vibraciones moleculares del cuerpo con las mismas aptitudes, ansiedades, engaños, necesidades cultivadas, buenas o malas, volviendo a asumir la postura equivalente al grado de evolución en que se encuentren. 

Permanecen las sensaciones que le son predominantes en la individualidad, cuando es atrasado, sensual, amante de los placeres, vinculado a los pensamientos siniestros, licenciosos, egoístas, haciéndole padecer la misma densidad vibratoria que le era habitual durante la imposición orgánica. Se rematerializa y pasa a vivir como si estuviese encarcelado en el cuerpo somático sufriendo todos sus límites, coyunturas, condicionamiento, dolencias, desgastes ... La mente, esclava de las sensaciones, elabora formas ideoplásticas que lo aturden y hacen infeliz, provocándole un sufrimiento de difícil descripción. 

Intenta el contacto con los familiares y amigos que quedaron, y ellos no lo perciben, lo que le inflige dolores morales superlativos, llevándolo a la locura, a la agresividad, al desaliento. 
En algunos momentos se enfurece y se agota, entregándose a los paroxismos de la desesperación y se desmaya, para luego recomenzar, sin término, hasta cuando brilla en la conciencia entenebrecida el amor, que lo despierta para otro tipo de sufrimiento, el del remordimiento, del arrepentimiento que lo conduce al renacimiento, para la recuperación bajo los estigmas de la cruz que te trae grabada en la existencia. 
En cuanto no le llega ese socorro, se une a grupos de desesperados, construyendo regiones dantescas, donde se esconde y prosigue bajo el azote de las penas que el automatismo de las leyes de Dios, que en ellos mismos, como en todos nosotros están inscritas, imponen. 


El sufrimiento, en esas regiones, nace de los atentados perpetrados con la anuencia de la razón.
Nadie se evade de las consecuencias de sus actos, como ninguna planta produce un fruto diferente al de su propia estructura fatalista.
La conducta mental y moral cultivada durante la existencia corporal propicia resultados correspondientes, impregnando al ser con los hábitos que se trasforman en experiencias de liberación o retención, consonante con la cualidad de que están revestidos. 

La prolongación de la vida después de la muerte física se hace con las mismas características, resultando las fijaciones como futuros criterios de comportamiento. Como la mente viciada genera necesidades que no encuentran la correspondiente satisfacción, el sufrimiento es la presencia constante en aquellos que se engañaron o lograron perjudicar a los otros.
En otros casos, buscando huir de las enfermedades degeneradoras, otras personas recurren a la eutanasia, en la ingenua perspectiva del sueño eterno sin despertar, cuando todo habla de vida, de actividad, de progreso.

El letargo que buscan está poblado de pesadillas sombrías y presencias espirituales despiadadas, que les censuran con acritud el acto y los atormentan sin descanso.
En hipótesis alguna, la muerte hace cesar el sufrimiento, porque, al no anular la conciencia, le facilita el razonar y vivenciar la prosecución de las experiencias y como las percepciones pertenecen al espíritu., continúan siendo transformadas en los delicados engranajes de la energía en sensaciones y emociones. De allí la manifestación de sufrimiento corrigiendo los errores y conduciendo al infractor a la reparación.
Nadie piense en morir para libertarse, en caso de que no se libere antes del fenómeno de las alteraciones biológicas por el proceso de la muerte.

Sólo la conscientizació n, la verdadera individualizació n permite una vida saludable, en la tierra y fuera de ella, cuando ocurre el fenómeno de la muerte, en natural proceso final del ciclo biológico .
La conciencia que se presenta culpable genera mecanismos de reparación que se transforman en pesadillas de arrepentimiento innecesario, permaneciendo, de esta forma, como un látigo inclemente imponiéndole la punición.
El arrepentimiento debe constituirse en un despertar de la responsabilidad que invita a la reconstrucció n, a la renovación, a la acción reparadora sin aflicción ni desdicha. 
El sufrimiento en el más allá de la tumba, también asume condiciones chocantes, cuando el desencarnado, a través de la perturbación de después de la muerte entrega a ideoplastías de lo cotidiano, construyendo psíquicamente un clima y una realidad, en los cuales se envuelve, que le proporcionan la prosecución del estado orgánico con sus difíciles coyunturas, ahora en su situación diferente, prolongando la ilusión carnal con todos sus ingredientes perturbadores son el resultado del apego a la materia, de la que no se libertó realmente, a pesar del fenómeno biológico de la muerte. 
( Ver blog "inquietudes espiritas"    inquietudesespiritas.blogspot.com

Es indispensable la liberación de los condicionamientos materiales, disciplinando la mente y la voluntad, de modo de adaptarse de inmediato a la vida más allá de la vida. Sólo así el sufrimiento puede ser evitado, especialmente si la existencia corporal se caracterizó por las acciones ennoblecidas, alcanzando la finalidad primordial de la reencarnación, que es la búsqueda de la felicidad.
La educación moral y espiritual del ser es el instrumento seguro para libertarlo del sufrimiento en la Tierra, como en el más allá, posibilitándole la vida en abundante paz.


Espíritu Joanna de AngelisMédium Divaldo Pereira Franco
Libro:  "Plenitud"

viernes, 5 de agosto de 2011

Coraje en el camino

Mei -Mei


    Si llegaste a los días nublados de llanto, a causa de acontecimientos infelices, enciende la luz de la esperanza y camina adelante, olvidando en la retaguardia lo que te pueda parecer aflicción y desengaño.

    Otro dia, con nuevas emociones, te espera mañana,renovándote la vida.

    Circunstancias inesperadas te dislocaron de la seguridad en que vivías, arrojándote en las dificultades del principio de la existencia,

    Olvida cuantos te surgieron como instrumentos de inquietud y recuérdate que las oportunidades de trabajo continúan brillando para los que no se dejan vencer por el desánimo.

    Personas queridas tal vez se te hayan transformado en obstáculos a la paz, obligandote a la travesía de espesas nubes de lágrimas.Olvida a los que se acomodaran con actitudes inconscientes y piensa en la dedicación sincera que te hacen felices las horas.

    Alguien a quien amas, tiernamente, habrá fallado en los compromisos asumidos , relegándote al abandono.

    Olvida el menosprecio de que has sido objeto y conserva la imagen de ese alguien en el tesoro de tu gratitud por la felicidad que te dio y prosigue al frente , en la certeza de que la vida te ofrecerá caminos nuevos para la adquisición de alegrías diferentes.

    Acontecimientos calamitosos te impeliran a vacilar en los fundamentos de la Fe, aún insegura.

    Olvida, sin embargo, los hechos amargos y avanza en la jornada hacia adelante, valorizando los recursos espirituales de que dispones, recordando que el Cielo continúa alentando la última planta de las últimas fajas del desierto y revigorizando el gusano de las más oculta profundidad del abismo.

    Sea cual sea el tipo de prueba que te incline al desaliento, vence el sopor de la tristeza y sigue hacia la vanguardia de tus propias aspiraciones.

   De la inmensidad de la noche, nacerá siempre el fulgor del nuevo día .

    No te permitas ninguna parada en las sombras de la inercia.Trabaja y prosigue adelante, porque la bendición de Dios te espera en cada amanecer.
Francisco `Cândido  Xavier
Por el Espiritu Meimei.

jueves, 4 de agosto de 2011

¿Seremos unos pobres fanáticos?....



Chico Xavier

En su conceptuación de explorador de la retórica, los problemas del Espiritualismo contemporáneo se resumen a una exploración de baja estirpe, alimentada por una chusma de idiotas, en los cuales el sufrimiento o la ignorancia galvanizaron el complejo de la fe inconsciente.

Con el mayor menosprecio de este mundo, asevera usted que la convicción de los espiritistas hoy es una peste mental, surgida con Allan Kardec , en el siglo diecinueve, y acentúa que el pensamiento aristocrático de la antigüedad jamás analizó semejante movimiento idealista.

Su noviciado en el asunto es demasiado claro como para que nos dispongamos a la minuciosa clarificación del pretérito.

Sin embargo si pudiera escucharnos por algunos momentos, no nos vea ridículos si le recordamos que la idea de la inmortalidad nació con la propia razón en el cerebro humano.


No se si usted leyó ya la historia de Egipto, más, aun mismo sin la vocación de un Champollion, podrá informarse de que, hace milenios, la nobleza faraónica admitía, sin restricciones, la sobrevivencia de los muertos, que serian juzgados por un tribunal presidido por Osiris, dentro del más elevado padrón de justicia.
Los grandes conductores hindúes, hace muchos siglos, llegaban a dividir el Cielo en diversos caminos y el Infierno en varios departamentos, según las Leyes de Manu.
Los chinos, no menos atentos para con la suprema cuestión, declaraban que los muertos eran recibidos, más allá del túmulo, en los lugares agradables o atormentados que habían hecho por merecer.

Los romanos vivían en torno de los oráculos y de los hechiceros, consultando las veces que habían atravesado el lecho oscuro del río de la muerte.

Narra Suetonio que el asesino de Julio Cesar fue revelado en sueños.
Nerón, Calígula y Cómodo fueron obsesados célebres, perseguidos por fantasmas.

Marco Aurelio se sintió inspirado por entidades superiores, legando sus reflexiones a la posteridad.

En Grecia, los genios de la Filosofía y de la Ciencia formulan preguntas a los muertos, en el recinto de los santuarios.
Tales enseña que el mundo está poblado por ángeles y demonios.

Sócrates era acompañado, de cerca, por un Espíritu Guía, que le dictaba los consejos pertinentes a la misión que le cabía desempeñar.

En Persia, el zoroastrismo enciende la creencia en la ley de retribución, después del sepulcro, bajo el liderazgo de Ormuzd y Arima, los donadores del bien y del mal.
.
En todos los círculos de la cultura antigua y moderna, sentimos el surco marcado de la espiritualidad en la evolución terrestre.

Por encima de todas las referencias, sin embargo, invocamos al Evangelio, en cuya sublime autoridad usted se basa para menospreciar la verdad.

El Nuevo testamento es manantial de Espiritismo divino.
El nacimiento de Jesús es anunciado, por vías mediumnicas, no solo con la pureza de Maria, sino también por la preocupación de José y la esperanza de Isabel, Ana y Simeón.

En todos los ángulos del pasaje del Maestro, hay fenómenos de profundización de la materia, de clariaudiencia, de clarividencia, de materialización, de cura, de incorporación, de levitación y de gloria espiritual.

En Canaan, se transformó el agua en vino; junto a la corriente del Jordán, se hacen oír las voces directas del Cielo; en el Tabor, se corporifican Espíritus sublimados; en diversos lugares, entidades de las tinieblas poseían a mediúms infelices, entrando en contacto con el Señor; en el lago, Jesús Cristo camina sobre la masa liquida y, después del Calvario, surge el Amigo Celeste ante los compañeros llenos de asombro, demostrando la resurrección individual, más allá de la muerte…
Todo esto es realidad histórica, incuestionable, pero usted afirma que para creer en Espíritus será necesario trazar complicaciones en la cabeza y llagas en la piel.

No seré yo, “Hombre muerto” hace dieciséis años, quien tendrá el coraje de contradecirlo.

Naturalmente, si este correo de fraternidad llega a sus manos, una sonrisa cordial aparecerá triunfante en sus caras felices; pero no se glorifique excesivamente, en la madurez adornada de salud y dinero, porque aunque yo le desee a usted una existencia en el cuerpo de carne tan larga como la de Matusalén, es probable que usted venga para acá, en breves días, enseñando la sonrisa amarilla del desencanto.

Del libro Puntos y Cuentos - Por el Espíritu  Hermano X - Psicografia de Francisco Cândido Xavier.


( Ver también  inquietudesespiritas.blogspot.com )