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domingo, 20 de abril de 2014

La inteligencia animal

     IV - De la Oración


663. Las oraciones que hacemos por nosotros mismos, pueden modificar la naturaleza de nuestras pruebas y desviarles el curso?

- Vuestras pruebas están en manos de Dios y algunas han de ser soportadas hasta su fin, pero Dios lleva siempre en cuenta la resignación. La oración atrae  a los buenos espíritus que os dan fuerza para soportarlas con valor. Entonces os parecen menos duras. Ya lo dijimos: la oración nunca es inútil, cuando es bién realizada, porque da fuerzas, lo que ya es un gran resultado. Ayúdate a ti mismo y el cielo te ayudará; ya lo sabes. Además Dios no puede cambiar el orden de la Naturaleza al gusto de cada uno, porque aquello que para vosotros es un gran mal bajo vuestro punto de vista mezquino, para vuestra vida efímera, muchas veces es un gran bien en el orden general del Universo. Además de esto, de cuantos males el hombre es el propio autor por su imprevisión o por sus faltas.  Él es castigado por lo que pecó. No obstante, si vuestros pedidos son justos, en general son más escuchados de lo que pensais. 
Creeis que Dios no os oyó porque no hizo el milagro en vuestro favor,cuando os asiste por medios tan naturales que os parecen resultado de la casualidad o de la fuerza de las circunstancias.
Frecuentemente, es lo más habitual que Él os suscita el pensamiento necesario para salir vosotros mismos del apuro.
 (El  LIBRO DE LOS ESPÍRITOS - Allan Kardec - Las Leyes Morais - LAKE)

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675. POR TRABAJO, SOLO SE DEBEN ENTENDER LAS OCUPACIONES MATERIALES ?

 -No; EL Espíritu trabaja, así como el cuerpo. Toda ocupación útil es trabajo.

(El LIBRO DE LOS ESPÍRITUS - Allan Kardec - Las Leyes Morales)

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LA INTELIGENCIA DE LOS ANIMALES

Ciertos hombres muy cartesianos, aún impregnados de la concepción anticuada del «animal-máquina», concuerdan en sólo reconocer un instinto vulgar, en las manifestaciones de la inteligencia animal.
Esta actitud oscurantista está lejos de sorprendernos; la facultad así discutida, se debe a que no son esos hombres quienes tienen la fortuna de aparecer en plena luz, para reproducir a su entera voluntad, esas experiencias científicas.
Schopenhauer, bien ha juzgado a esos negadores, al decir que la inteligencia es rechazada en los animales, «porque los primeros la poseen en muy poco grado.»
Schopenhauer
El principio inteligente en los animales, no ha llegado a su individualización, porque se encuentra en un ciclo de evolución obligatoria, en razón de las leyes de la Naturaleza, es decir, en una constante evolución, hasta que dicho principio se individualice y se transforme en alma al llegar a la humanización o estado hominal. Fase en la cual podrá ejercer su libre albedrío para elegir entre las cosas bellas o feas, en una perpetua búsqueda, de lo mejor para sí mismo, según el grado de elevación de su propia alma.
«De esta manera, mientras que en cada hombre existe un yo distinto y conciente de sí mismo que domina nuestras acciones, el fragmento divino de cada animal no está aún individualizado», ha constatado el Dr. Raoul Montandon en su obra: Del animal al Hombre.
Este fragmento divino, es una derivación de una reserva común de inteligencia divina, denominada alma-grupo animal, que distribuye sus principios-directores para cada especie, en medio de sus múltiples ramificaciones.
Y las «conciencias» animales están sujetas ciegamente a esta ley invisible; las mismas obedecen a sus impulsos, sin buscar comprender la Esencia Divina, a la manera –salvando la debida distancia – de esos médiums simples pero llenos de fe: como Juana la pastora, cuando sus dones del Cielo la pusieron en presencia de hechos supranormales.
Como las divinidades que se ocultan en la sombra de los templos herméticos, el alma-grupo no se muestra a los ojos de los hombres, lo que hace que frecuentemente éstos estudien minuciosamente la maravillosa máquina animal, pero se olviden de buscar al misterioso conductor.
Ellos admiran de buen grado la perfección de sus mecanismos, pero solamente se contentan diciendo: ¡Qué curioso!, calificando así las manifestaciones profundas de la inteligencia universal. De esta manera, ellos no aceptan que nuestros hermanos llamados inferiores tengan ese Don Divino que la Naturaleza les ha dado desde el origen de las especies, a fin de suplir la ausencia de imaginación creadora: inteligencia inspirada y genial, en una palabra, Inteligencia Divina.
Hay en el Universo todos los inventos llamados humanos; existe todo aquello que los hombres han encontrado, y también hay todo lo que falta
Victor Hugo
descubrir. La Creación no deja lagunas. «Dios tiene una cantidad infinita de facultades infinitas», ha escrito Víctor Hugo.
Si está en el destino del hombre descubrir laboriosamente todas esas cualidades del Cosmos, catalogadas con el vocablo «invento», a fin de merecer esa dicha y acelerar su evolución, los animales –al igual que las plantas – tienen la ocasión de pasar por las leyes y técnicas científicas, desde el origen de los tiempos.
Tal vez sea una de esas reglas misteriosas que a veces rigen a los números, regla que se encuentra aplicada en toda su rigurosa simplicidad en las perfectas construcciones. Así, la abeja, desde que es abeja, construye sus celdillas de cera siguiendo la forma de un hexágono regular,
usando las propiedades del número seis con la misma espontaneidad genial que lo hace el copo de nieve al reflejar la estructura que lo compone. Igualmente, sin ser ningún geómetra y sin conocimientos científicos, el caracol moldea su caparazón siguiendo la curva de un espiral matemáticamente irreprochable. ¿Y dónde el castor ha aprendido el arte de calcular exactamente el ángulo propicio para construir el dique que edifica con la corriente del río?
En materia de arquitectura, las hormigas no son menos sorprendentes: éstas construyen las galerías subterráneas del hormiguero en medio de pilares reunidos por un arco de medio punto, cuyo conjunto han conseguido soldar con un cierto cimiento que ellas secretan.
Los modestos gusanos primitivos y todos los animales marinos, desde las grandes profundidades hasta las luces de situación multicolores, son los depositarios de la luz fría. El pez torpedo y el gimnoto aniquilan sus enemigos con una descarga eléctrica viva tan fuerte como nuestra corriente eléctrica doméstica. El menor de los peces sumergiéndose con una facilidad tan natural sin llegar al fondo, demuestra el principio del submarino.
Sus congéneres, los anablépidos de América tropical, poseen verdaderos ojos periscópicos que les permiten ver al mismo tiempo lo que sucede en el agua y en el aire. Para conducirse en el vuelo, el murciélago emite ultrasonidos que rebotan en los obstáculos a la manera de un radar. Pájaros e insectos son claramente los primeros representantes del avión y del helicóptero.
Si los hombres – Ícaros ambiciosos – tienen éxito al posar el avión, ellos no pueden rivalizar con los aterrizajes flexibles e instantáneos de las aves que no exigen ningún terreno de aviación, aterrizajes que siempre se efectúan sin accidentes.
La rapidez de todas esas maravillosas máquinas no dejan  de sorprendernos, si tomamos en consideración la velocidad en función del tamaño del cuerpo que se desplaza. Sin embargo, ciertos animales, sin duda los más prosaicos, usan esas sabias técnicas para reflejar los actos más comunes de la vida humana, pero con menos problemas de su parte.
Trabajadoras infatigables en la colmena, las abejas depositan la miel en los panales, los cuales son después cerrados herméticamente. Otros previdentes maestros de la casa, las hormigas, se dedican a la cría de pulgones, mientras que sus colegas, las termitas, prefieren cultivar champiñones en los jardines. El pez pescador es menos casero: sus gustos lo llevan a la pesca con «caña», con la cual la Naturaleza lo ha dotado, fijada sobre el dorso, siendo que en la punta de dicha caña están colgados anzuelos y cebos luminosos.
En cuanto a la jibia, da a quien quiera seguirla, lecciones de escondite; este molusco enturbia el agua con un líquido oscuro que secreta para esconderse de sus enemigos.
El arte del camuflaje evidencia además los atributos de un gran número de animales que se valen del mimetismo: mariposas multicolores que se confunden con las flores que liban; orugas que tienen el color de la hoja que devoran; serpientes verdes, al igual que el color de las lianas de donde se cuelgan; siluros con escamas móviles, algunas veces pardas y otras veces amarillentas, según el lugar donde estén: una roca o bajo la arena. Son innumerables los ejemplos de mimetismo, del cual el más popular es ciertamente el camaleón.
Otra manifestación del alma-grupo animal, que inquieta mucho a los naturalistas, es el famoso sexto sentido de las palomas mensajeras y de las
aves migratorias. Guiadas por el invisible conductor, estas últimas eligen el momento meteorológico propicio para dejar el país, cuyo clima se ha vuelto inclemente, y son orientadas sin ningún error de ruta hacia tierras lejanas más hospitalarias, efectuando así un largo viaje a través de los mares, a pesar de la ausencia de puntos de referencia «aparentes» y de los riesgos de desvío del viento.
Es necesario observar con qué fuerza imperiosa el Consejero invisible precipita a la pobre ave enjaulada –por ejemplo, una codorniz – contra las barras de su prisión, cuando ella siente que el instante ha llegado, en el cual sus hermanas se agrupan para el gran viaje.
En materia médica, los animales están igualmente lejos de ser ignorantes; intuitivamente saben prevenir y curar una enfermedad, evitándola mejor que los hombres, sobre todo cuando permanecen en su estado natural, peyorativamente llamado «salvaje».
Ciertos animales parecen peritos en esa materia, tales como la tortuga, la carpa o el buitre, que tienen el record de longevidad al alcanzar o pasar la edad de 300 años. Contrariamente a tantas intemperancias humanas, los animales nunca comen sin que tengan hambre y jamás beben sin que sientan sed.
Si la fatiga los acomete, es preciso admirar la posición de relajamiento total en que su cuerpo se armoniza para recuperar las fuerzas perdidas. Observad a ese joven perro que al sentirse descompuesto, entra en un prado y elige con seguridad la hierba que lo ha de ayudar a eliminar su molestia. Le hicimos ver personalmente a un cazador de perdices lo que hacían las mismas después de ser heridas no mortalmente: ellas cambian de plumaje –como si fuese una autocirugía – para conservar su salud; uno a uno son extirpados por su propio pico los plomos descargados por el dueño cruel de la escopeta, siendo que las heridas resultantes de esta verdadera operación se cicatrizan rápidamente, gracias al apósito formado por las propias plumas.
Antes de concluir recordamos aún otra forma, entre tantas, que la Ciencia Divina aplica en los animales: el genio organizador de las sociedades de los insectos. Naturalistas como Henri Fabre o filósofos como Maurice Maeterlinck han reunido –mejor de lo que nosotros podríamos hacer– una multitud de observaciones interesantes sobre la vida de las abejas, de las hormigas y de las termitas. Diríamos sencillamente, que la mejor referencia que pueda testimoniar a favor de esas notables sociedades, es la estabilidad de su régimen, cualidad verdaderamente poco difundida entre los numerosos modos de gobierno de los hombres.
Así considerados, nuestros pequeños hermanos – los animales – no aparecen más como simples máquinas, como pensaba Descartes, movidos solamente por el instinto, sino como verdaderos «médiums» que
incorporan el Conocimiento Divino. Aquí, donde los investigadores franceses están dando los primeros pasos en la comprensión de este tema, acertando y equivocándose, los animales se encuentran siempre en el camino de la verdad primera, y es por esto que nosotros debemos no sólo amarlos como hermanos, sino también protegerlos como criaturas de Dios.
F. Grisot
(Traducción del original francés al español por: Enrique Eliseo Baldovino. Título del artículo: L'intelligence animale).
Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta
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¿ Por qué en Occidente no quedó la idea de la reencarnación ?

Posiblemente sean varias las causas:
La primera podría ser la persecución que esta idea aceptada por las primeras comunidades cristianas, sufrió a partir de su condena en el Concilio de Constantinopla, en el que se desató una persecución implacable a quien sostuviera esa idea, y como resultado se diseminó y quedó oculta en pequeños grupos o sociedades secretas.
Otra podría ser la natural resistencia de la mente humana para sondear las cuestiones metafísicas, porque son tantas las religiones, conceptos y filosofías que circulan, que ya están saturadas de todas ellas, y finalmente le terminan sonando a “pamplinas” o a supersticiones de chalados o fanáticos, que le causan sentimientos de hastío y de rechazo, porque concluyen que no es nada serio ni creíble.
Otra causa puede ser el dogmatismo religioso del que ya hemos hablado, y al que las civilizaciones se han visto sometidas durante épocas pasadas. Entonces por un natural sentido del equilibrio, la gente cuando se sacude de opresiones religiosas sufridas en el pasado, tiende a inclinarse hacia el lado opuesto, rechazando cualquier idea que pudiese entrar en conflicto con la cómoda religión establecida oficialmente, a fin de no tener que añadir nuevos conceptos a los que ya les han impuesto, sin entrar a analizar nada que pueda turbar sus creencias y su acomodada vida religiosa.
La falta de formación cultural de los pueblos en general, que han ignorado esta ancestral idea que posteriormente se ha demostrado como cierta y real. También han sido ignoradas las investigaciones de corte científico que se han llevado a cabo en este tema, con resultados positivos. Igualmente se ha ignorado la Doctrina de los Espíritus en la Codificación, porque así ha convenido al materialismo y a las religiones que se aliaron con aquel para tratar de destruir lo que pensaban era para ellas un serio rival, etc.
También puede deberse al dogmatismo científico, que también es aceptado ciegamente por la gente. La Ciencia por sí misma aparece ante el materialista y el ateo como su único dios verdadero e incuestionable, que siempre tiene la última y definitiva palabra; sin embargo la propia evolución de la Ciencia va derribando sus propios dogmas y va implantando otros nuevos a medida que avanza en sus descubrimientos, pero estos siempre parecen verdades absolutas y definitivas.
Este conjunto de factores, han hecho que no haya una predisposición cultural, social , educativa o tradicional, para interesarse por la tesis de la Reencarnación; por el contrario si existe una predisposición a rechazar sistemáticamente todo lo que se relaciona con el espíritu o lo religioso.

- José Luis Martín-
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El alma es la parte inmortal del hombre; que unas almas vienen hacia nosotros y regresan y vuelven a venir; que todo nacimiento feliz o desgraciado, es la consecuencia de las obras practicadas en las vidas anteriores”
- Los Vedas –



viernes, 18 de abril de 2014

El arte de meditar

El Arte de Meditar
Hugo de San Victor



Hugo de San Victor
(Hugo de San Víctor en Sajonia, que hoy forma parte del territorio de Alemania, en el año 1096. Aun joven sintió la vocación religiosa y se mudó para París con la intención de ingresar en el Monasterio de San Víctor, en el cual residió hasta su muerte en 1141. Él  vivió, por tanto, en la primera mitad de los años 1100)


I – LOS TRES GÉNEROS DE MEDITACIÓN

La meditación es la reflexión frecuente, que investiga el modo, la causa y la razón de cada cosa.

En el modo, investigar lo qué es; en la causa, porqué es; en la razón, cómo es

Sus géneros son tres: el primero es sobre las criaturas, el segundo sobre las escrituras, y el último sobre las costumbres.

La meditación de las criaturas surge de la admiración; la meditación de las escrituras, de la lectura; la meditación de las costumbres de la circunspección, del atento examen de los hechos, pensamientos y obras humanas.


II – LA MEDITACIÓN DE LAS CRIATURAS

En la meditación de las criaturas la admiración genera la cuestión, la cuestión genera la investigación, la investigación el descubrimiento.

La admiración considera la disposición, la cuestión busca la causa y la investigación, la razón.

Admiramos la disposición cuando consideramos la diferencia entre el cielo, donde todo es igual, y la tierra, donde existe lo alto y lo bajo.

De aquí pasamos a cuestionar la causa, qué es que la tierra ha sido hecha para la vida terrena.

La investigación, finalmente, buscará la razón, descubriéndola al encontrar que tal como es la tierra, tal es la vida terrena; y tal como es el cielo, tal es la vida celeste.


III – LA MEDITACIÓN DE LAS ESCRITURAS

En la meditación sobre las Escrituras, la consideración debe ser realizada del siguiente modo.

 La meditación se inicia con la lectura: ella es la que suministra la materia para conocerse la verdad. Le sigue la meditación, que la une. A esta se añade la oración, que la eleva; la operación, que la compone; y la contemplación, que en ella se regocija. Nuestra intención ahora es tratar apenas de la meditación.

En las Escrituras la meditación versa sobre cómo es importante conocer. Tomemos un ejemplo. Este texto escrito:

“Desvíate del mal, y haz el bien”.
 Salmo 36 

A la lectura sobreviene la meditación. ¿Por qué dice primero “desvíate del mal” y después “haz el bien?” La causa es porque, a no ser que los males   sean primero removidos, los bienes no pueden venir. La razón; así como primero se erradica las malas simientes, después las buenas son plantadas. Y también, por qué dice: ¿“Desvíate del mal”? Porque ocurren en el camino.

Dice también “desvíate”, porque donde por la fuerza no podemos resistir, por el consejo y la razón escapamos desviándonos.

Desviándonos también del mal evitando la materia del pecado, como por ejemplo, por causa de la soberbia, evitándose las riquezas; por causa de la incontinencia, la abundancia; por causa de la concupiscencia, la inclinación de la carne; por causa de la envidia y del litigio, el amor por la posesión. Esto es desviarse.

Del mismo modo, si nos es dado el precepto de desviarnos de todo el mal, también somos ordenados a que hagamos todo el bien. Aquel que no se desvía de todo el mal es reo; así es reo también aquel que no hace el bien. Pero, si es así, ¿quién no es reo? Somos, por tanto, ordenados a que nos desviemos de todo el mal. En cuanto a los bienes, sin embargo, hay algunos que son necesarios; otros, voluntarios. Son bienes necesarios  aquellos contenidos en los preceptos y en el voto; en cuanto a los restantes, si algo fuera hecho, se le recompensará; si es nada, no serán imputados.

La meditación sobre una cosa leída debe versar también sobre cómo son las cosas que son sabidas porque lo son y como deben ser hechas. La meditación debe ser una reflexión del consejo sobre cómo realizar las cosas que son sabidas, porque inútilmente serán sabidas si no fueran realizadas.

Tres consideraciones a ser hechas
en la meditación sobre las escrituras

En la meditación acerca de una lectura deben hacerse tres consideraciones:
· Según la historia,
· Según la alegoría, y
.· Según la tropología.

1 – La consideración es según la historia cuando buscamos la razón de las cosas que se hicieron, o las admiramos en su perfección de acuerdo con los tiempos, los lugares o los modos convenientes con que se realizan. La consideración de los juicios divinos ejercita a quien medita que en ningún tiempo faltó o que fue recto y justo, en todos los cuales fue hecho lo que importaba y fue recompensado lo que fue justo.

2 – La consideración es según la alegoría en cuanto la meditación se ocupa sobre las disposiciones de los hechos pasados, considerándoles la significación de los futuros. Considera también la admirable razón y providencia que fueran adaptados a la inteligencia y las formas de la fe a ser edificada.

3 – En la antropología la meditación se ocupa del fruto que pueden traer las cosas que fueron dichas, indagando lo que insinúan que se debe hacer, o lo que es para ser exhortado, lo que es para consolar, lo que es para temerse, lo que es para iluminar el vigor de la inteligencia, lo que es para alimentar el afecto, y cuál es la forma de vivir para el camino de la virtud.

IV – LA MEDITACIÓN SOBRE LAS COSTUMBRES

La meditación sobre las costumbres debe tener por objeto los afectos, los pensamientos y las obras.

Los afectos

Se debe considerar en los afectos que sean rectos y sinceros, esto es, orientados para aquello que deben serlo y según el modo con que deben serlo.

 Amar aquello que no se debe es malo, y semejantemente amar de un modo indebido aquello que debe ser amado también es malo: el buen afecto existe cuando se dirige para aquello que es debido y segundo el modo con qué es debido.

Amnon amó a la hermana, y este era un afecto a algo que era debido, pero porque la amó mal, no lo era según el modo como era debido.

El afecto puede ser dirigido a aquello a que es debido y no ser del modo debido; nunca, sin embargo, podrá serlo de modo debido si no fuera dirigido a aquello a que es debido.

El afecto es recto según se dirija a lo que es debido, y es sincero según sea del modo debido.


Los pensamientos

En los pensamientos se debe considerar que sean puros y ordenados.

Son puros cuando ni son generados de malos afectos, ni generan malos afectos.
Son ordenados cuando advienen racionalmente, esto es, en su tiempo. De hecho, en el tiempo que no es el suyo, incluso el pensar en lo que es bueno no es ser vicio, como en la lectura pensar en la oración, y en la oración pensar en la lectura.

Las obras

En las obras se debe considerar primero que sean hechas con buena intención´.

 La buena es la que es simple y recta.
Es simple la que es sin malicia.
 .
Es recta la que es sin ignorancia.

La intención que es sin malicia posee celo. Pero la que es por ignorancia y no es según la ciencia, sólo por causa de eso ya no posee celo.

Así, importa que la intención sea recta por la discreción, y simple por la benignidad.

Además, más allá de la buena intención se debe considerar también en las obras que sean conducidas desde la recta intención concebida hasta su fin por un perseverante fervor, de tal modo que ni la perseverancia se entorpezca, ni el amor se enfríe.


V – OTROS REQUISITOS DE LA
MEDITACIÓN SOBRE LAS COSTUMBRES

La meditación sobre las costumbres debe discurrir, además, por dos consideraciones, que son la externa y la interna. La consideración externa es la consideración en cuanto a la forma; la consideración interna es la consideración en cuanto a la conciencia.

En la consideración externa, debemos examinar lo qué es decente y lo que es conveniente.

La decencia debe ser considerada por el ejemplo dado en relación al prójimo. La conveniencia debe ser considerada por el mérito en relación a nosotros.

En la consideración interna, en cuanto a la conciencia, debemos examinar si la conciencia es pura y si no pueda ser acusada tanto por el sopor en el bien como por la presunción en el mal. La conciencia es pura cuando ni es acusada del pasado, ni se regocija injustamente  en el presente


El origen y la tendencia de todos los movimientos del corazón


La meditación sobre las costumbres debe ejercer también su consideración en el sentido de percibir todos los movimientos que se originan en el corazón, de dónde viene y para dónde tienden.

Debe examinar de dónde viene según el origen, y para dónde tiende según el fin: todo movimiento es proveniente de algo y se dirige para algo.

Los movimientos del corazón, sin embargo, a veces tienen un origen manifiesto, otras veces oculto. Los que la tienen manifiesta, aun a veces la tienen manifestadamente buena, otras veces manifiestamente mala.

El origen que es manifiestamente bueno es de Dios; la que es, sin embargo, manifiestamente mala es del demonio o de la carne. Todas las sugestiones y todas las aspiraciones que invisiblemente advienen al corazón proceden de estos tres autores.

Las cosas ocultas a veces son buenas y ocultas, otras veces malas y dudas. Las que son buenas son de Dios; las que son malas del demonio o de la carne.

Lo que es manifiesto, sea bueno o sea malo, es juzgado por su primer origen. Lo que, entre tanto, es dudoso en su origen, es probado por el fin. El fin manifiesta lo que en principio se encubría; por causa de esto, quien no puede juzgar sus movimientos por el principio, investigue el fin y la consumación.

Las cosas, por tanto, que son dudosas o inciertas son bienes o malos ocultos. Las que son males, conforme fue dicho, son del demonio o de la carne. Ellas no se distinguen por el hecho de ser malas; se distinguen por el hecho de que las de la carne frecuentemente surgen por causa de una necesidad, en cuanto las del demonio lo hacen sin una razón, pues aquello que es sugerido por el demonio, así como es ajeno al hombre, así frecuentemente es ajeno a la razón humana. Las obras del demonio se disciernen, pues, por ser extrañas al hombre y ajenos a la razón humana, en cuanto que las de la carne y las sugestiones frecuentemente tiene una necesidad, crecen hasta la superfluidad.

El discernimiento entre el bien y el mal, y de los bienes entre sí.

La meditación de las costumbres también debe ejercerse por los tres juicios siguientes.

El primer es el juicio entre el día y la noche.

El segundo es el que juzga entre el día y el día.

El tercero es lo que juzga todo el día.

Juzgar entre el día y la noche es dividir las cosas malas de las buenas.

Juzgar entre el día y el día es tener el discernimiento entre lo bueno y lo mejor.

Julgar o dia todo é avaliar cada um dos bens singulares pelo seu mérito.


El fin y la dirección de todos los trabajos
.
La meditación de las costumbres debe también considerar el fin y la dirección de todos los trabajos.

El fin es aquello a lo cual se tiende.

La dirección, aquello a través de lo cual más fácilmente se llega.

Todo aquello que tiende a algún fin a él se dirige según algún camino propio, y aquello que prosigue del modo más directo, más rápidamente llega. Hay algunos bienes en los cuales hay mucho para mover y poco para promoverse.

Estos, por tanto, que más aprovechan, deben ser discernidos y más escogidos: son los mejores, e importa juzgar todo trabajo según su fruto.

Muchos, no poseyendo este discernimiento, trabajaran mucho y progresaran poco, ya que pusieron sus ojos apenas externamente en la belleza de la obra, y no internamente en el fruto de la virtud. Se elogiaran más en hacer grandes cosas que ejercitar lo que es útil, y amaran más aquello en que pudiesen ser vistos, de lo que aquello en que pudiese enmendarse.


El discernimiento de los grados de las obligaciones

La meditación de las costumbres debe considerar siempre en primer lugar las cosas que son debidas, sea por el precepto, sea por el voto, y juzgarlas como las primeras a ser hechas. Estas obras, si son hechas, poseen mérito; si no son hechas, generan penitencia. Deben, por tanto, ser hechas en primer lugar, y no pueden ser dejadas sin culpa.

Después de estas, le son añadidas otras por un ejercicio voluntario, esto deberá ser hecho de tal manera que no sea impedido lo que es debido.

Hay quien quiera lo que no debe, no queriendo lo que debe; otros, aun, queriendo lo que deben, aun ponen impedimentos voluntarios queriendo lo que no deben.

(Trabajo de origen desconocido, incompleto pero de interés espiritual, motivo por el cual ha sido   aquí publicado).
                                                            
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   LOS  MILAGROS SEGÚN EL
ESPIRITISMO

En su acepción primitiva, y por su etimología, la palabra milagro significa “cosa extraordinaria”; “cosa admirable de ver”, pero esta palabra, como tantas otras, se ha separado de su sentido originario, y hoy día se dice (según la Academia) “de un acto de la potencia divina contrario a las leyes comunes de la Naturaleza. Tal es en efecto su acepción usual, y sólo por comparación y por metáfora se aplica a las cosas vulgares que nos sorprenden y cuya causa es desconocida. No entra, de ninguna manera, en nuestras miras examinar si Dios ha podido juzgar útil en ciertas circunstancias, derogar las leyes establecidas por él mismo; nuestro fin es únicamente demostrar que los fenómenos espiritistas, por extraordinarios que sean, no derogan de ningún modo estas leyes, no tienen ningún carácter milagroso, como tampoco son maravillosos o sobrenaturales. El milagro no se explica; los fenómenos espiritistas, al contrario, se explican de la manera más racional; éstos no son, pues, milagros, sino simples efectos que tienen su razón de ser en las leyes generales. El milagro tiene además otro carácter, el de ser insólito y aislado. Luego, desde el momento que un hecho se reproduce, por decirl así, a voluntad y por diversas personas, éste no puede ser milagro. La ciencia hace todos los días milagros a los ojos de los ignorantes; he aquí porque en otro tiempo, los que sabían más que el vulgo pasaban por hechiceros; y como se creía que toda ciencia sobrehumana venía del diablo, se les quemaba. Hoy día que se está mucho más civilizado, se contentan con enviarles a los manicomios.

Que un hombre realmente muerto, como hemos dicho al principio, vuelva a la vida por una intervención divina, eso sería un verdadero milagro, porque es contrario a las leyes de la Naturaleza. Pero si este hombre tiene sólo las apariencias de la muerte, si hay todavía en él un resto de “vitalidad latente”, y que la ciencia o una acción magnética consigue reanimarle, para las gentes ilustradas, es un fenómeno natural; pero a los ojos del vulgo ignorante, el hecho pasará por milagroso, y el autor será apedreado venerado, según el carácter de los individuos. Que en medio de ciertas aldeas un físico lance un cometa eléctrico y haga caer el rayo sobre un árbol, este nuevo Prometéo será ciertamente mirado como armado de una potencia diabólica; y sea dicho de paso, Prometéo nos parece singularmente haber adelantado a Franklin; pero Josué deteniendo el movimiento del Sol, o mejor, de la Tierra, he aquí el verdadero milagro, porque nosotros no conocemos ningún magnetizador dotado de tan gran potencia para operar tal prodigio. De todos los fenómenos espiritistas, uno de los más extraordinários es, sin contradicción, el de la escritura directa, y uno de aquellos que demuestran de manera más patente la acción de las inteligencias ocultas; pero aunque el fenómeno sea producido por seres ocultos, no es más milagroso, que los otros que son debidos a agentes invisibles, porque estos seres ocultos,que pueblan los espacios, son una de las potencias de la Naturaleza, potencia, cuya acción es incesante sobre el mundo material, así como sobre el mundo moral.El Espiritismo ilustrándonos sobre esta potencia nos da la llave de una porción de cosas inexplicadas e inexplicables, por cualquier otro medio, y que han podido en tiempos anteriores pasar por prodigios; revela lo mismo que el magnetismo, una ley, si no desconocida, al menos mal comprendida; o por mejor decir, se conocían los efectos, porque se han producido en todo tiempo, pero no se conocía la ley, y la ignorancia de esta ley es la que ha engendrado la superstición. Conocida esta ley, lo maravilloso desaparece, y los fenómenos entran en el orden de las cosas naturales. He aquí porque los espiritistas no hacen milagros haciendo girar una mesa o escribir a los difuntos, como el médico haciendo revivir a un moribundo, o el físico haciendo caer el rayo. Aquel que pretendiese, con la ayuda de esta ciencia, hacer milagros, sería, o un ignorante de la cosa o una farsante.

Divaldo P. Franco
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Comprended y perdonad 

Hijos, la comprensión es la virtud que os predispone naturalmente al perdón. Comprended para perdonar. No conservéis resentimientos en el corazón, sabiendo que aquel que os decepciona es un compañero vencido por sus propios conflictos.

No exijáis a las otras infalibilidades.

Los amigos que siguen a vuestro lado, cuales os acontecen, son espíritus señalados por muchas limitaciones, aparentando exteriormente lo que aun no son. Compadeceos de los males ajenos, no sobrecargando los hombros de aquellos que avanzan, aguantándose mal el peso de la cruz.

No condicionéis vuestra conducta en el bien a la conducta de quien quiera que sea; que vuestra fe no dependa de la demostración de fe de los que os inspiran en la jornada…

Solamente en Jesús Cristo deberéis encorajaros en la lucha.

Los hermanos de creencia espírita, principalmente los que se encuentran sirviendo en la mediumnidad y los que ocupan posiciones de liderazgo, son, al final, espíritus comprometidos con el pasado: ninguno de ellos se encuentra inmune al asedio de las tinieblas.

No es raro, el personalismo y la vanidad apenas ocultan en las almas una estameña de llagas…

Los que intentan brillar para el mundo están lejos de poseer luz propia.

A rigor, muchos de nosotros no estamos aun siquiera preparados para una mayor proximidad con el Cristo –la posibilidad de semejante convivencia más estrecha nos llevaría al delirio.

Quien, desde hace siglos, se habituó en las sombras, solo poco a poco se acostumbra a la claridad.

El hombre sin mayor entendimiento del Evangelio transfiere su ambición concerniente a las cosas materiales para las cosas divinas. ¿Los apóstoles no llegaron a disputar entre si la primacía de estar, en el Reino Celeste, al lado del Señor?

Así, tomad vosotros mismos la iniciativa de la ejemplificación y del coraje de vivir, de forma irreprensible, la creencia que abrazasteis.

Bezerra de Menezes

Extraído del libro “A coragen de Fé”
Carlos A. Baccelli
Traducido por Jacob
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