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lunes, 6 de octubre de 2014

Aprensión de la muerte



                                                            

              Aprensión a la muerte

.. El temor a la muerte es para muchas personas un motivo de incertidumbre. ¿A qué se debe tal aprensión, ya que tiene ante ellas el porvenir?
- Es un temor equivocado. Pero ¡qué quieres! Tratan de persuadirlas, desde sus primeros años, de que hay un infierno y un paraíso, pero que es más seguro irán al infierno, porque les afirman que aquello que está en la Naturaleza es para el alma un pecado mortal. Así pues, al avanzar en edad, si tienen algo de juicio no pueden ya seguir admitiendo eso y se tornan ateas o materialistas. De esta manera se les lleva a creer que aparte de la vida actual no existe otra cosa. En cuanto a los otros, los que han persistido en sus creencias infantiles, temen ese fuego eterno que ha de quemarlos sin consumirlos.
La muerte no inspira al justo temor alguno. Porque con la fe tiene certeza del futuro. La esperanza le hace aguardar una vida mejor. Y la caridad, cuya ley ha puesto en práctica, le otorga la certidumbre de que en el mundo al que va a ingresar no encontrará ningún Ser cuya mirada deba temer. 
El hombre carnal, más apegado a la vida corpórea que a la espiritual, tiene en la Tierra penas y placeres materiales. Su dicha reside en la satisfacción efímera de todos sus deseos. Su alma, preocupada de continuo y afectada por las vicisitudes de la vida, se halla en una ansiedad y una tortura perpetuas. La muerte le espanta, pues duda de su porvenir y cree que dejará en este mundo todos sus afectos y esperanzas.
El hombre moral, en cambio, que se ha elevado por sobre las necesidades ficticias que las pasiones crean, obtiene ya en la Tierra disfrutes que el hombre material desconoce. La mode-ración de sus deseos confiere a su Espíritu calma y serenidad. Feliz con el bien que realiza, no hay para él desilusiones, y las contrariedades resbalan sobre su alma sin dejar en ésta huellas dolorosas.

EL LIBRO DE LOS ESPIRITUS
ALLAN KARDEC  
          

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TRECHOS PARA MEDITAR CONTRA EL SUICIDIO


Estudie y Viva - 28:
“Cuando la fatiga aparezca, recuerda que alguien existe, para orientarte y fortalecerte en la  ejecución de tareas que lo Alto te confió ...”

“La ilusión del suicida es la de que, con la extinción de la vida, cesan los problemas y dolores... André Luiz: ... se sale del sufrimiento, para entrar en la tortura...”

Memorias de un Suicida - Yvonne A Pereira - pág. 568:
“... y aprende de una vez para siempre, que - eres inmortal y que no será por los desvios temerários del suicídio como la criatura humana encontrará el puerto de la verdadera felicidad...”
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Luis Hu Rivas
Revelación mediúmnica constatada por científicos


«Los Espíritus sólo enseñan aquello que es necesario al hombre para poder encaminarlo por el sendero de la verdad, mas se abstienen de revelarle lo que puede descubrir por sí mismo.»

(Allan Kardec, La Génesis )

La TV Globo, emisora de televisión brasileña, exhibió el día 13 de noviembre de 2005, en uno de sus programas de mayor audiencia llamado «Fantástico», un reportaje titulado «¿Qué es lo que la ciencia tiene que decir sobre la fe?» Este tema es parte de un informe periodístico llamado «Éxtasis, Ritos Sagrados», que muestra las diversas prácticas religiosas. 

Uno de los puntos destacados del programa fue la pregunta :    « ¿Qué es lo que ocurre en el cerebro durante la experiencia religiosa?» Para ello, fueron entrevistados varios científicos. El neuropsiquiatra Paulo Dalgalarrondo de la Universidad de Campinas (Unicamp) señaló: «En el momento que las personas tienen experiencias religiosas intensas se produce una modificación en el funcionamiento del cerebro». Dalgalarrondo afirmó que las modificaciones del estado cerebral dependen del tipo de práctica religiosa. Es decir, la actividad cerebral refleja la acción de quien medita: es capaz de romper los lazos con el mundo de los objetos sensibles y así expandir el estado de conciencia.

Raúl Marino Júnior, profesor de neurocirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo, autor del libro La Religión del Cerebro, es un defensor de la llamada «neuroteología». Marino afirma que el cerebro puede funcionar como una antena y captar lo divino.«En este momento, estamos siendo atravesados por miles de rayos cósmicos, por miles de neutrinos, de fotones, miles de corpúsculos y de ondas venidas del universo entero», dice Marino. Además, defiende que también existen ondas relacionadas con lo divino y que estas ondas pueden ser captadas por el devoto durante su práctica religiosa.

Un estudio realizado en el Instituto de Neurología de la Universidad de Dusseldorf, Alemania, en el 2001, reveló que los cerebros de un grupo de cristianos fueron especialmente activados por la lectura de un salmo bíblico, el Salmo 23, que dice «El Señor es mi pastor, nada me faltará.» 

Uno de los coordinadores del estudio, el profesor Rüdiger Seitz, es protestante, muy religioso. Como neurocientífico, se preguntaba: «¿Será que el cerebro humano tiene algún área específica relacionada a la fe de las personas?»

Durante un año, doce personas – seis religiosos y seis no practicantes – fueron sometidas a pruebas. Cuando eran leídas partes de la Biblia, principalmente el Salmo 23, áreas del cerebro de las personas religiosas eran activadas, lo que fue comprobado por las tomografías. Las áreas del cerebro activadas por la experiencia religiosa son las mismas ligadas a las emociones y al poder de memorización.

Los científicos describen a esa área del lóbulo frontal, como aquélla que comanda la personalidad. «El lóbulo frontal es responsable por nuestro temperamento, nuestra relación con las personas, nuestra forma de ser. Es lo que nos hace individuos singulares. Es la parte más sofisticada del cerebro», explica el neurólogo John Hodges.

Los lóbulos frontales poseen funciones motoras, solucionadoras de problemas y ligadas a la espontaneidad, memoria, lenguaje, control del impulso y al comportamiento social y sexual. Pero, solamente ahora, los investigadores están descubriendo su relación con la experiencia religiosa y trascendental.

En el libro En el Mundo Mayor, el espíritu André Luizmédico desencarnado – transmite valiosas informaciones sobre el intercambio entre encarnados y desencarnados. Trata de la psiquiatría iluminada, del desequilibrio mental y, entre otros importantes temas, esclarece sobre la necesidad del estudio, vigilancia y perfeccionamiento espiritual. En este libro psicografiado por el médium Francisco Cándido Xavier, publicado en 1947, el autor diserta sobre las tres regiones del cerebro y su relación con la experiencia religiosa.

En el capítulo 4, denominado Estudiando el Cerebro, encontramos las siguientes afirmaciones: «(...) No nos olvidemos que los nervios, el córtex motor y los lóbulos frontales que examinamos, constituyen apenas puntos regulares de contacto entre la organización periespiritual y el aparato físico, indispensables para el trabajo de enriquecimiento del ser eterno. En lenguaje más simple, son respiradores de los impulsos, experiencias y nociones elevadas de la personalidad real que no se extinguen en la tumba, y que no soportarían la carga de una doble vida».

Más adelante, en el diálogo con el mentor espiritual Calderaro, André Luiz pregunta: «¿Cómo interpretar, de manera simple, las tres regiones de la vida cerebral a la que nos referimos?»

Calderaro responde: «Nervios, zona motora y lóbulos frontales, en el cuerpo carnal, traduciendo impulsividad, experiencia y nociones superiores del alma, constituyen campos de fijación de la mente encarnada o desencarnada.»

El libro revela la importancia del conocimiento científico y resalta la supremacía de la terapia del amor y exponiendo diversas consideraciones sobre el cerebro: Es el instrumento que traduce la mente, manantial de nuestros pensamientos. A través de él nos unimos a la luz o a las tinieblas, al bien o al mal. (...) El cerebro real es un aparato de lo más complejo, donde nuestro «yo» refleja la vida, donde sentimos los fenómenos exteriores según nuestra capacidad receptiva, que es determinada por la experiencia; por ello, varía de criatura a criatura, en virtud de la multiplicidad de posiciones en la escala evolutiva.

En diversos libros, el Espíritu André Luiz hace revelaciones que datan de mediados del siglo pasado, las cuales vienen siendo comprobadas poco a poco por la ciencia actual. La Doctrina Espírita codificada por Allan Kardec es una propuesta de fe razonada, que tiene carácter progresivo y que se propone ser la alianza entre la Ciencia y la Religión. Hoy, por la comprobación científica, las revelaciones mediúmnicas de carácter serio, como las de André Luiz, están siendo constatadas. 

Luis Hu Rivas

¿Quién es André Luiz?

Andre Luiz

André Luiz no es su verdadero nombre; apenas se sabe que fue médico sanitarista en el siglo XX y que ejerció su profesión en Río de Janeiro, Brasil. Según sus propias palabras, optó por el anonimato, cuando decidió enviar noticias del Más Allá, por comprender que «la existencia humana presenta una gran mayoría de cálices frágiles, que además no pueden contener toda la verdad.» 


Por más de cuatro décadas trabajó activamente junto a la Siembra Espírita, exhortándole la excelencia y clarificando caminos. Francisco Cándido Xavier fue el médium que sirvió de «puente», de su vasta obra, donde se destaca: Nuestro Hogar, Los Mensajeros, Misioneros de la Luz, Obreros de la Vida Eterna, En el Mundo Mayor, Acción y Reacción, Liberación, Entre la Tierra y el Cielo, En los Dominios de la Mediumnidad, Mecanismos de la Mediumnidad, Evolución En Dos Mundos, Conducta Espírita, Sexo y Destino, Desobsesión, Y la Vida Continúa, Agenda Cristiana, Sol en las Almas, entre otros.



En la obra «En el Mundo Mayor», André Luiz aborda la complejidad de la mente humana.



Nos transmite una interesante cátedra sobre el cerebro, informaciones proporcionadas por el instructor espiritual Calderaro, quien describe la división cerebral en tres regiones distintas:



1) La primera que corresponde al cerebro inicial, región de los ganglios basales situados en la zona inferior – comanda los movimientos instintivos y las actividades subconscientes, donde archivamos todas las experiencias y registramos hasta los menores acontecimientos de la vida.



2) La segunda región que está situada desde el córtex motor hasta la extremidad de la médula espinal – tenemos allí el cerebro desarrollado, del cual se sirve nuestra mente para las manifestaciones del actual momento evolutivo de nuestro ser.



3) La tercera región es la de los lóbulos frontales, donde se sitúan los materiales de orden sublime, que conquistaremos gradualmente por medio del esfuerzo evolutivo. Representa la parte más noble de nuestro organismo en ascensión, hasta ahora silenciosa para la investigación científica de nuestro mundo.



Calderaro prosigue explicando que poseemos apenas un cerebro que, a su vez, se divide en tres áreas y para aclarar mejor hace una analogía entre el cerebro y un «castillo de tres pisos».



El 1º piso – del subconsciente – es la «residencia de nuestros impulsos automáticos», simbolizando el sumario vivo de los servicios realizados. Es decir, contiene los hábitos y automatismos.



El 2º piso – del consciente – es el «domicilio de las conquistas actuales», donde se consolidan las cualidades nobles que estamos edificando. Es decir, aquí se encuentran el esfuerzo y la voluntad.



El 3º piso – del superconsciente – es la «casa de las nociones superiores», indicando las eminencias que todavía debemos conquistar. Es decir, el ideal y la meta superior a ser alcanzada.



Es de esta forma que están distribuidos el subconsciente, consciente y superconsciente.Con ello, podemos deducir que tenemos en nosotros mismos, el pasado, el presente y el futuro.



Para que nuestra mente prosiga en la dirección de lo alto, es indispensable el equilibrio de estas tres áreas de nuestro cerebro. Es importante también destacar el valor de la armonía íntima en el mantenimiento de la salud física y espiritual.
Luis Hu Rivas para la Revista Espirita
( Aportación de Claribel Díaz)
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               LOS NIÑOS ( Comunicado Mediúmnico)

 Queridos hermanos: A veces me acerco a vosotros, estoy escuchando y ayudando a que realicéis este trabajo de amor espiritual para los seres que os necesitan. Hay quienes sufren mucho, otros, simplemente están dormidos, pero necesitan despertar y seguir su camino de evolución.

Hoy quiero hablaros de un tema muy entrañable para mí: «los niños». ¡No sabéis como los amo y qué sentimientos despiertan en mí!. Cuando yo estaba en la Tierra, gustaba de observarles, hubiera pasado horas enteras contemplándoles.
Me atraían sus cuerpecitos tan débiles, y sus ojos inmensos, mirándoles creía ver en ellos la inocencia con que vienen al mundo. Después al verlos crecer, veía las distintas situaciones que envolvían sus vidas. Y aquellos infantes que nacieron tiernos e indefensos y aparentemente inocentes, no eran felices.
Muchos niños tienen una infancia relativamente feliz, pero así y todo padecen contratiempos y problemas, tanto en el aspecto afectivo o de salud. Otros sufren situaciones aún más graves, enfermedades incurables, abandono, vejaciones o malos tratos.

Entonces cabe preguntarse, ¿por qué sucede todo esto?. Por poco que meditéis, os daréis cuenta de que cada niño trae su historia, decenas de historias a veces, tan evidentes diferencias demuestran que existe una preexistencia. Leyendo en el inmenso libro de la infancia desvalida podemos aprender la profunda lección, de que los niños de hoy sufren los graves errores del hombre del ayer.

Una lección simple pero importante. Ojead página tras página, material no os ha de faltar, estudiad con detenimiento la vida de los niños. Observaréis que no todos poseen, ni mucho menos, el mismo grado de inteligencia, de capacidad para poder aprender, a veces, las cosas más simples. Y comprobaréis también como sus sentimientos, así que se van desarrollando como personas, en algunos de ellos son elevados, sublimes, con inmensos deseos de amar a los demás. Otros al contrario, demuestran unos sentimientos mezquinos ya desde su más tierna infancia.

Analizando encontraréis la respuesta razonable a esta pregunta. ¿Por qué no todos los niños son iguales?. Por ley de evolución nacen con sus vidas marcadas, como si una fuerza muy grande y misteriosa trazara sus destinos, en ocasiones desgarradores, y en otras, son vidas que se dirigen hacia cumbres esplendorosas.

Hermanos amad, no sólo a los niños, a todo ser que sufre, apoyadle y ayudadle. Este ser es la prueba evidente de un pasado tormentoso, de errores cometidos en lejanas épocas, es por ello que necesita que alguien le ayude a sobrellevar su carga. No olvidéis que todos los espíritus en un determinado momento, hemos necesitado que nos ayudaran y apoyaran a dar los difíciles e inciertos pasos hacia el Equilibrio y a la Luz. Amados, ayudando aprenderéis, vuestros horizontes se ensancharán y la Luz llegará a vosotros iluminando el camino que debéis recorrer.

La Luz os acompañe. Adiós. ( En Igualada, 09-01-93 )

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sábado, 4 de octubre de 2014

Los elogios

                                                                            
                                                                        LOS ELOGIOS


Bien es verdad que muchas veces cuando somos elogiadas nuestra vanidad  se puede  convertir en nuestra peor enemiga. Pero también es verdad, que algunas almas, que son  retraídas, y poco decididas, necesitan el ser animadas en las cosas, para hacerlas con más emotividad. Como todo el elogio es algo que tenemos que aprender a digerir en su justa medida.
Los maestros lo han usado como herramienta para motivar a sus alumnos y recientes estudios en psicología del trabajo revelan que los empleados valoran más el reconocimiento de su desempeño diario que eventuales premios materiales. Los elogios deben ser sinceros porque, de lo contrario, pierden credibilidad y transmiten la idea que “me adulan para sacar algo de mí”. El elogio es la alabanza de las cualidades y méritos de una persona. Puede mostrarse usando palabras estimulantes, expresiones faciales agradables o gestos cariñosos.
El elogio es la expresión de nuestra valoración positiva de una cualidad o de un comportamiento. Su fundamento reside en una impresión grata o en un juicio libre, generoso y amable que surge de la admiración sincera. Es una mezcla que incluye, en diferentes proporciones, nobles sentimientos de humildad, de solidaridad y de gratitud. Es, también, una muestra espontánea de sensibilidad y de delicadeza. Por eso, para aprender a elogiar hemos de cultivar las virtudes morales y el gusto estético: hemos de ser más buenos y más sensibles.
El ser elogiado es bueno y necesario, pero llega  un punto en el que  su influencia  puede ocasionar un efecto desequilibrante. Todos en nuestro interior podemos reconocer cuando pasa  su efecto a excederse de lo normal, pasa a en vez de animarnos a trabajar por el que hemos sido elogiados, a acrecentar nuestra vanidad, a crecernos por encima de nuestra línea de defensa aquella que hasta entonces nos ha permitido ser normales sin excesos.
Muchas veces es necesario ser amonestados, por compañeros que no piensan como nosotros, porque gracias a ello, miramos las cosas desde otro punto de vista, y eso puede ser beneficioso,  porque nos puede llevar a mejorar aquello que hasta ahora creíamos era perfecto.
Hemos de interesarnos por lo que desean nuestros semejantes, si no lo hacemos así, tendremos más dificultades en relacionarnos con ellos y  les causaremos heridas, de ahí vendrán los fracasos. Pensemos que a todos  nos agrada que los demás nos admiren, nos den muestra de aprecio y se interesen por nosotros.  El tratarles con alegría y entusiasmo, el reconocer su merito nos puede hacer grandes amigos.
Cualquier elogio sincero sirve, sin esperar nada a cambio, solo el haber irradiado algo de felicidad en tu interlocutor. Todas las personas que te rodean se sienten superiores a ti en algo, y un camino seguro para llegarles al corazón, es hacerles ver sutilmente que reconoces su importancia y la reconoces sinceramente. Haz  al prójimo lo que quieres que te hagan a ti. A todos nos gusta que nos aprueben, que reconozcan nuestros meritos, sentirnos importantes en nuestro pequeño mundo  y la verdad es que no deseamos oír elucidaciones falsas, pero anhelamos una sincera apreciación.
El elogio es sencillo de hacer y facilita una conversación, cuando somos incapaces de mantener un análisis brillante, una repuesta precisa o una crítica penetrante a cada momento. El elogio es capaz de levantar el ánimo más decaído. No obstante, hay que merecerlos para que no sean engaños y tengan efectos aduladores. En su justa medida, el elogio merecido es muy gratificante para quien lo recibe y noble para quien lo emite,
 Sepamos recibir los elogios, para incentivarnos a crecer en virtud pero no olvidemos de que la humildad es el antídoto para combatir su exceso.

- Merchita -

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                         DESPERTAD( Comunicado Mediúmnico )

 Paz a vosotros: ¡Oh humanidad incrédula!, ¿hasta cuándo no despertarás?.
¡Oh humanidad ciega!, ¿hasta cuándo tus ojos, a la Luz no abrirás?. No ves que mientras permanezcas en la oscuridad espiritual, andarás por ahí dando tropiezos, resbalando, cayendo, hundiéndote, y aquí ¡oh humanidad!, será el llanto y el gemir.
¡Despierta! despierta, que hora es de que atiendas las voces que te animan a comenzar una nueva andadura hacia el equilibrio, la paz y la luz. Si en tu espíritu no hay luz, andarás entre tinieblas, si en él no anida el equilibrio, sólo podrás vivir en la duda y en el desasosiego. Si en tu espíritu no entra la paz, vivirás en medio de los temblores y horrores de la guerra.
¿Hasta cuándo, humanidad, tus ojos no se darán cuenta de que el nombre de Dios está escrito en las estrellas?. No mires hacia la Tierra, levanta tu mirada al infinito y cuando te pierdas en él, y te sientas arrebatado por su inmensidad y su grandeza, entonces, Yo te digo: empezarás a crecer.


    Después, cuando crezcas vendrá un nuevo amanecer, por ello os digo: espiritualmente naced de nuevo. Renaced y remodelad vuestras vidas, enderezad los pasos y guiadlos hacia el Amor, porque sólo por Amor y en el Amor seréis «salvos».

Hermanos, mi paz quede entre todos, no solamente para vosotros, sino también para los demás. En verdad que si esa paz guardáis y no la esparcís, poseeréis un tesoro mayúsculo, que de poco aprovechará si lo retenéis en un estuche de egoísmo.

Esa paz, ¡ esparcidla !, ¡ dadla !, para que se multiplique y llegue a todos los ámbitos de este Planeta querido, que si de él salen lamentos, es porque el hombre, y nadie más que este, ha engendrado tales lamentos. Cuando se siembra Amor, el fruto es Amor.
Que este Amor os acompañe siempre. Un Guía.


Igualada, 20-02-1993
Tomado de Pinceladas Espirituales (contactos con el Más Allá)
M. Dolors Figueras

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                    ¿Que es la caridad? 

Es un sentimiento íntimo, profundo y grande, que emana del amor fraternal elevado a su grado más culminante. Es una manifestación espontánea de ternura que, brotando de lo más recóndito del alma, irradia como una blanca llama en torno de los seres a quienes presta auxilio, comunicándoles calor, vida, alegría y alumbrando su senda con celeste claridad. Es el supremo goce del espíritu emancipado ya de las miserias terrenales; es la ambrosía que liban los ángeles en su mansión de gloria y que en la cárcel que llamamos tierra apenas conocemos sus pobres moradores.
Es el puesto más alto en el progreso espiritual, pues el que posee esta virtud sublime no sólo está redimido, sino que puede redimir a un mundo. Aquí, en nuestra pequeñez, no podemos comprender la caridad nada más que en sus rudimentarios actos; una insignificante moneda de cobre que pongamos en la mano del infeliz menesteroso, nos parece una acción brillantísima.
Un donativo corto, un socorro, un consejo o una expresión de cariño, nos hacen creernos, cuando los prodigamos, unos gigantes del bien, unos mensajeros de Dios, que sembramos la dicha en los humanos y pensamos que somos buenos y merecemos recompensa. ¿Es esto caridad? No; la verdadera caridad es la que apareja el sacrificio, la abnegación y muchas veces las lágrimas del sufrimiento moral y material que causan los ajenos infortunios; aquélla que se practica sin recordar que existe el Ser Omnipotente; que no piensa en recibir galardones ni espera aquí ni allá compensación.
La caridad es la más alta expresión de Amor; es el heroísmo de este sentimiento santo; con el mismo cuidado aparta a la inocente mariposa de la viva lumbre, que separa al ciego del abismo, cura al infeliz leproso y ampara al desvalido huérfano, que da su vida por defender un pueblo víctima del egoísmo y vasallaje, como se inmola en un patíbulo afrentoso, para legar a un mundo un código de leyes redentoras. La caridad es humilde, modestísima, como que ignora ella misma su valer. Ella no enumera los beneficios, no anota sus actos; ejerce, solamente ejerce su misión santa sin que le rinda el cansancio jamás, sin que el número de los que reclaman su amparo le cause espanto, porque le impele el fuego purísimo en que se inflama; brota de sí esa potente luz.
La caridad no es deber, la caridad es Amor. ¿Queréis un ser más caritativo que la madre? Ese cuidado, ese desvelo, ese afán de consolar, acariciar, educar, dirigir, vigilar y hacer buenos, y felices a sus hijos; de dar su vida en beneficio de ellos, de sufrir los martirios más crueles, los odios, las vejaciones, venganzas, desprecios, hambre, sed, que muchas veces tales tormentos cuesta el ser madre, y esto a menudo por unos seres ingratos. Tormentos que se sufren sin esperanza de gloria, sin pensar en laureles; prefiriendo su perdición eterna (si este absurdo fuera realidad) por hacer la dicha de esos pedazos de su alma.
Ahora bien: preguntadle a esa débil mujer, si tanto trabajo no la rinde, si tales dolores no abaten su energía, si no siente decaimiento y extenuación y anhela poner término a su misión penosa, y os mirará con asombrados ojos, sin comprender vuestro egoísmo, pues concebir no puede que se sienta de otro modo; y aun si el mismo Dios bajara y le ordenara no amar a sus hijos, tal vez se declararía en rebelión. Pues bien; ese amor, esa caridad de las madres, es la caridad que sienten las almas verdaderamente superiores; no como ellas, para los hijos solos de su cuerpo, sino para todos los seres que pueblan los mundos y que hermanos son, pues son hijos de Dios.
Por eso vuelvo a repetir que la caridad es el grado más culminante de amor fraternal. ¿Hay verdadero amor de hermanos en la Tierra? Sabido es que no impera éste en la humanidad; sólo hay ensayos de afecto, remedios de amores, vislumbres de hermanía, aleteos de ternura, amagos de compasión y átomos de caridad. Necesitamos amar, pero amar con vivo sentimiento; sacudir el egoísmo, avasallar el orgullo, dominar la soberbia, crucificar la carne con el dominio de nuestras bastardas pasiones.
Si no podemos aún, trabajemos poco a poco y en silencio; no alardeemos; no esperemos recompensas por ninguna buena obra ejecutada; no nos creamos mejor que los demás citándonos como modelo de virtudes que solamente están en embrión. Procuremos elevarnos en alas del bien hasta que irradiemos como soles de Amor; igual que irradia Jesús, nuestro hermano celestial; el que cumple la divina ley, el que purificado ya de toda mancha, con abnegación sin límite, guiado de fraternal ternura, nos lleva a las regiones de la dicha por medio de la ciencia, el Amor y la caridad.

Lola Baldoni

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viernes, 3 de octubre de 2014

ARMONÍA DEL UNIVERSO

       
              ARMONÍA DEL UNIVERSO

Siendo dada en nosotros la existencia de un principio inteligente y razonable, el encadenamiento de las causas y de los efectos nos hace remontar, para explicar su origen, hasta la fuente de donde emana. A esta fuente, en nuestro limitado e insuficientes lenguaje, los hombres le llamamos Dios.
Dios, diremos, ha sido presentado bajo aspectos tan extraños, a veces tan escandalosos por los hombres de secta, que el espíritu moderno se apartó de Él. ¡Pero qué importan estas divagaciones de los sectarios! Pretender que Dios puede ser aminorado por las declaraciones de los hombres equivale a decir que el Montblanc y el Himalaya pueden ser manchados por el soplo de una mosca.
La verdad plana radiante y deslumbrante, está por encima de las oscuridades teológicas. Dios es el centro de donde emanan y donde desembocan todas las fuerzas del Universo. Es el hogar de donde irradia toda idea de justicia, de solidaridad y de amor; el fin común hacia el cual todos los seres se encaminan, a sabiendas o inconscientemente.
Es de nuestras relaciones con el gran Arquitecto de los mundos de donde emanan la armonía universal, la comunidad, la fraternidad. Para ser hermanos, en efecto, hay que tener un padre común, y este padre sólo puede ser Dios. Para divisarlo, es verdad, el pensamiento debe librarse de preceptos estrechos, prácticas vulgares, rechazar formas pueriles con las que ciertas religiones envolvieron el ideal supremo. Se debe estudiar a Dios en la majestad de sus obras. Cuando todo reposa en nuestras ciudades, cuando la noche es transparente y cuando se hace el silencio sobre la tierra adormecida; ¡entonces, oh hombre! Mi hermano, eleva tu mirada y contempla el infinito de los cielos. Procurarás en vano contarlos; se multiplican hasta en las regiones más infinitas; se confunden en la lejanía, como un polvo luminoso. Observa también sobre los mundos vecinos de la Tierra dibujarse los valles y las montañas, ahuecarse los mares, moverse las nubes.
Reconoce que las manifestaciones de la vida se producen por todas partes, y que un orden admirable une, bajo leyes uniformes y por destinos comunes, la Tierra y sus hermanos, los planetas que yerran en el infinito. Sepas que todos esos mundo, habitados por otras sociedades humanas, se agitan, se alejan, se acercan puestos en movimiento a velocidades diversas, recorriendo espacios inmensos; qué por todas partes el movimiento, la actividad, la vida, se muestran en un espectáculo grandioso.
Observa nuestro mismo globo, esta Tierra, nuestra madre, la cual parece decirnos: vuestra carne es la mía, vosotros sois mis hijos. Observa allí, esta gran nodriza de la humanidad; mira la armonía de sus contornos, sus continentes, en el seno de los cuales las naciones tienen su germen y su grandeza, sus vastos océanos siempre móviles; son la renovación de las estaciones que la reviste por turno de verdes adornos o de rubias cosechas; contempla los vegetales, los seres vivos que la pueblan: aves, insectos, plantas y flores; cada una de estas cosas es una cincelada maravillosa, una joya del estuche divino. Sé circunspecto tú mismo; ve el juego admirable de tus órganos, el mecanismo maravilloso y complicado de tus sentidos.
Qué genio humano podría imitar estas obras maestras delicadas: ¿el ojo y la oreja? Observa la marcha rítmica de los astros, evolucionando en las profundidades. Estos fuegos innumerables son mundos al lado de los cuales la Tierra es sólo un átomo, sol prodigioso que rodea comitivas de esferas y cuyo curso rápido se mide a cada minuto por millones de años de luz. Distancias terribles nos separan de eso. Es por ello que nos parecen puntos simples y luminosos.
Pero, dirige hacia ellos el ojo colosal de la ciencia, el radiotelescopio, distinguirás sus superficies semejantes a océanos en llama. Considera todas estas cosas y pide a tu razón, a tu juicio, si tanta belleza, esplendor, armonía, pueden resultar del azar, o si no es más bien una causa inteligente que dirige el orden del mundo y la evolución de la vida. Y si me objetas las plagas, las catástrofes, todo lo que viene para turbar este orden admirable, te responderé: escudriña los problemas de la naturaleza, no te detengas en la superficie, desciende al fondo de las cosas y descubrirás con asombro que contradicciones aparentes sólo confirman la armonía general, que son útiles para el progreso de los seres, que es el fin único de la existencia. ¿Si Dios hizo el mundo, replican triunfalmente ciertos materialistas, quien hizo pues a Dios?
Esta objeción no tiene sentido. Dios no es un ser que se añada a la serie de los seres. Es el Ser universal e ilimitado en el tiempo y en el espacio, por consiguiente infinito, eterno. No puede haber allí ningún ser encima ni al lado de Él. Dios es la fuente y el principio de toda vida. Es por Él que se enlazan, se unen, se armonizan todas las fuerzas individuales, sin Él aisladas y divergentes. Abandonadas a ellas mismas, no siendo regidas por una ley, una voluntad superior, estas fuerzas habrían producido sólo confusión y caos. La existencia de un plano general, de un fin común, en los cuales participan todas las potencias del universo prueba la existencia de una causa, de una inteligencia suprema, que es Dios.
Del libro: "El porqué de la vida"
Léon Denis

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     E U T A NA S I A :  ¿ matar por benevolencia ?


Francisco Cándido Xavier




Antes de nuestra reunión pública, amigos de Guanabara nos mostraron dos reportajes recientemente lanzados sobre la eutanasia. Éramos  un grupo  de hermanos  debatiendo asuntos de la actualidad y el problema propuesto nos despertó la atención. Después de  variadas opiniones en la conversación en curso, el horario nos llamo  para las tareas de la noche.
Abierta nuestra reunión de estudios, El Evangelio Según el Espiritismo, con sorpresa para todos nosotros, nos ofreció el ítem 28 del capítulo V, sobre la cuestión de la muerte aplicada en nombre de la benevolencia humana.
Diversos compañeros comentaron la lección, después que Emmanuel, nuestro querido benefactor espiritual, compareció  con la página  Eutanasia y Vida.

Emmanuel
EUTANASIA Y VIDA· Francisco Cándido Xavier  (Emmanuel)
Frecuentemente amigos de la Tierra preguntan  por la opinión de los compañeros desencarnados, con respecto a la eutanasia. y acrecientan que filósofos y diversos científicos adhieren hoy la idea de apoyarse legalmente  a la administrada muerte, sea por imposición de recursos medicamentosos o  por el abandono del tratamiento.
Se declaran muchos de ellos constreñidos ante los problemas  de las criaturas que surgen desfiguradas en la cuna, o frente a los portadores de enfermedades supuestamente irreversibles, muchas veces en estado  comatoso en los recintos de asistencia intensiva. Algunos llegan a indagar si los pequeños excepcionales  deben ser considerados  seres humanos y si existe piedad en prolongar los constreñimientos de los enfermos interpretados por criaturas semimuertas insensibles a cualquier reacción.
Entretanto, se imaginan eso por la escasez de recursos espirituales de que disponen para dilatar la visión espiritual para más allá del estado físico.

Es preciso recordar que, en materia de deformación, los complejos de culpa determinan  inimaginables alteraciones en el cuerpo espiritual.
El hombre ve únicamente el cuerpo orgánico en el que viaja el espíritu en el espacio y en el tiempo, buscando la evolución propia,  más habitualmente no ve los detalles del mejoramiento o de las lapidaciones que el pasajero va imprimiendo en si mismo, para efecto de evaluación de merito o desmerito, cuando se le promueva  el desembarque en la estación de destino.
A vista de eso, el hombre común no conoce la cara sicológica de nuestros hermanos suicidas y homicidas conscientes, o de aquellos otros que conscientemente se hacen pesadillas o flagelos de colectividades enteras. Debidamente reencarnados, en tareas de reajuste, no muestran sino el cuadro aflictivo que crearon para sí mismos, una vez que todo espíritu desciende con las propias obras y revela consigo aquello que hace de sí mismo.
Ante esas criaturas en prueba o de los hermanos enfermos, imaginados irrecuperables, medita y auxílialos.
Nadie por ahora, en las áreas del mundo físico, puede calcular la importancia de algunos momentos o de algunos días para el espíritu temporalmente internado en un cuerpo enfermo o deforme.
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Ante todos aquellos  que se acercan a la desencarnación, compadécete y ayúdalos cuanto puedas.
Recuerda que la ciencia humana es siempre un hecho admirable, en transformación constante, aunque respetable por los beneficios que presta. No en tanto, no te olvides de que la vida es siempre formación divina, y, por esto mismo, en cualquier parte será siempre un acto permanente de amor.

                             PIEDAD ASESINA    J. Herculano Pires (Hermano Saulo)

La eutanasia es una cuestión de lógica. Si partimos  de la premisa de que la muerte es el fin, llegamos naturalmente a la conclusión de que matar a un enfermo incurable  o a una criatura es un acto de piedad. Más si partimos de la premisa de que la muerte es apenas el fin de una existencia, nuestra piedad será asesina. Una premisa falsa nos lleva a un raciocinio criminal.
Para reaccionar de manera cierta precisamos disponer de datos ciertos sobre el problema que enfrentamos. El materialismo solo conoce el cuerpo y no toma en cuenta la existencia del alma. Ignora por completo el sentido de la vida. su raciocinio sobre la eutanasia se funda en la ignorancia.
El espiritualista sabe que el alma sobrevive al cuerpo, más no todo espiritualista conoce el proceso de la vida. Su raciocinio sobre la eutanasia puede llevarlo a un sofisma. Más el espirita sabe que la vida es un proceso de evolución y que cada existencia corpórea es el resultado de las fases anteriores de ese proceso. El espirita dispone de datos seguros y precisos sobre el fenómeno biológico de la muerte.
Esos datos, obtenidos en las experiencias científicas del Espiritismo, está siendo hoy confirmados por las investigaciones parapsicológicas y físicas sobre el trance de la muerte. Basta el descubrimiento del cuerpo  bioplasmico por los físicos  y biólogos para advertir a los espíritus sistemáticos de  que pueden estar engañados.
Los inquisidores medievales quemaban a los supuestos herejes en nombre de la caridad, para librarlos del fuego del infierno. Los materialistas actuales pretenden abreviar la muerte en nombre de la piedad racional. Ellos por ellos, tenemos el dogmatismo de la ignorancia burlándose sobre los derechos de la vida.
El mensaje de Emmanuel es una advertencia de la razón  esclarecida y debe ser meditada en todos sus términos. No basta leerla, es necesario estudiarla.
Reproducimos aquí el artículo titulado Matar por benevolencia, publicado en la columna dominical “Chico Xavier pide licencia” del jornal Diario de S. Paulo, en la década de 1970

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      POESÍA ESPÍRITA


El día que Yo me muera
no quiero que llore nadie,
pues me acaba de pasar
lo que debía pasarme.
 Así como vine al mundo
un Miércoles por la tarde,
cualquier día del mes
servirá para marcharme.
 Yo sé que van a decir
lo bueno que era antes,
porque sólo a  los difuntos
se le ven las cualidades.
 Porque cuando está seco,
el río sin sus raudales,
es cuando se puede saber
toda el agua que le cabe.

 Mi vida fue Luna clara;
ni opaca ni muy radiante,
brillaba con el Creciente
y se apagaba en Menguante.

Dinero, Yo no lo tuve;
y no porque no lo buscase,
pues mi afán lo persiguió
hasta que se me hizo tarde.
 Pero me dio otras riquezas
que no son para contarse;
como se cuentan los días
como se cuentan las tardes.
 Por Padre me dio un tesoro,
y otro tesoro por Madre,
y por hermanos diamantes
de muchisimos quilates.
 Por compañera a quien
me deparó el Destino;
aceptando mis errores
amoldándose a mi Sino.
 para tener constancia
de que el tiempo no he perdido,
me entregó a un par de hijos
que crecerían conmigo.
 Con ellos sentí la gloria
de guiarles por el camino,
sin imponerles un rumbo
que Yo no hubiese cumplido.
 si anduvieron las rutas
por donde un día pasé,
fue que siguieron el polvo
que con mis píes levanté

 Oswaldo E. Porras Dorta