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miércoles, 12 de septiembre de 2012

CALUMNIA


 ( Dada la falta de personas interesadas en visitar este blog, comienzo a plantarme el poner término al mismo. Cuando lo decida hacer, avisaré a quién pueda asomarse al último artículo, por si quieren seguir viendo solo el de "Inquietudes espíritas" u otro ).
- Jose Luis Martín -





     En la noche del 8 de marzo de 1956, tuvimos  nuestra atención volcada para el triste relato del Espíritu A. Ferreira que, ocupando los recursos psicofónico del médium,  nos ofreció significativa lección con respecto a la calumnia, conforme a sus experiencias.
De todas las potencias del cuerpo humano, la lengua será tal vez aquella que más reclama  nuestra vigilancia.
Por ella, comienza la gloria de la cultura en los cinco continentes, más, a través de ella, igualmente principian todas las guerras que atormentan al mundo.
Por ella se irradia la miel de nuestra ternura, más también, a través de ella, se derrama la hiel de la cólera.
Muchas veces es fuente que refresca y muchas otras es fuego que consume.
En muchas ocasiones, es herramienta que educa y, en muchas circunstancias, es lámina portadora de la destrucción o de la muerte.
Soy una de las víctimas de la lengua, no conforme acontece en la existencia humana, en la que los calumniados caen en la Tierra para erguirse en el Cielo, en sublime triunfo, más, según los padrones de la vida real, en la que los calumniadores que triunfaron entre los hombres experimentan, más allá, del sepulcro, la extrema derrota del espíritu.
Determinan nuestros amigos espirituales os ofrezca mi historia.
La voy a contar, sintetizando tanto como sea posible, para no cansaros la atención.
Hace casi treinta años, nuestra familia, dirigida por pequeño comerciante, en la venta por menor de Rio, era serena y feliz.
En casa, éramos cuatro personas.
Nuestros padres, Afranio y el servidor que os habla.

Entre mi hermano y yo, con todo, surgían antagonismos irreconciliables.
Afranio era bondad.
Yo era maldad oculta.
Mi hermano era dulzura, yo era crueldad…
En el aparecía la luz de la franqueza abierta.
En mi se escondía la torpe mentira.
Afranio era virtud, yo era el vicio contumaz…
En la época en que figuro el principio de mi relato, mi hermano se desposara con Celina, una joven recta y generosa que aguardaba el primer hijito.
En cuanto a mi, me entregue a las libaciones de la irresponsabilidad, encontré en la joven Marcela, tan liviana como yo mismo, una compañera ideal para mi clima de aventura.
Entretanto, cuando la vi, aguardando un niño, bajo mi responsabilidad directa, la abandone, despiadado, aunque vigilase los menores movimientos.
Fue así que, en nublada mañana de junio, observe un automóvil  visitar el refugio.
Me puse a vigilarla, reparando en el hombre  de frente descubierta que buscaba  la morada y reconocí a mi propio hermano.
Sorprendido y aterrorizado, di curso a los malos sentimientos que generaron, en mis ideas,  la infamia que pasó a dominarme la cabeza.
Encontré, en fin – concluí malicioso-  la brecha por donde solapar su reputación, y me aparte apresurado.
Jugué y bebí, volviendo  a la noche para el santuario doméstico, donde encontré aflictiva ocurrencia.
Afranio, ausentándose de nuestra pequeña lonja para depositar en un banco la expresiva importancia de cincuenta contos de reales – fruto de nuestras economías de dos años, para la realización de nuestro viejo plano de casa propia – perdiera la suma aludida, sin conseguir justificarse.

Escuche las inquietantes alegaciones, simulando preocupación, más, dando lugar a mis proyectos delictuosos, arquitecté  la mentira que debería arruinarlo.
Llamé a mi padre a la intimidad y lo envenene por los oídos.
Con mi palabra fácil, tejí la calumnia  que sirvió para imponer a mi hermano irremediable infortunio, contando a mi padre lo que había visto, en compañía de mujer menos respetable, perdiendo toda nuestra fortuna en una casa de juego, y acrecenté  que observara el cuadro lamentable  con mis propios ojos.
Mi madre y Celina, a reducida distancia, sin que yo reparase en su presencia, notaron  mi puñalada verbal, y todos los nuestros, dando crédito a mi verbo delincuente, pasaron de la confianza al menosprecio, dispensando al acusado el tratamiento cruel que le desmantelo la existencia.
Por seis días Afranio, desesperado, procuro en balde el dinero.
Y, después de ese tiempo, incapaz de resistir el escarnio de que era víctima, prefirió el suicidio a la vergüenza, ingiriendo el veneno  que le robo la vida física.
La desgracia nos penetro la lucha diaria.
Todos menos yo, que me regocijaba  con la oscura vergüenza, se rindieron a la tensión y al desespero.
Inquirida Marcela por mi padre, vinimos, sin embargo, a saber, que Afranio la visitara  por solicitación de ella misma, que se hallaba en extremada penuria.
Nuestro espanto, con todo, no quedó ahí, porque finalizados tres días después los funerales, un chofer humilde  nos procuró, discreto, para entregar una bolsa que traía  los documentos de Afranio, acompañados  por los cincuenta contos, esa bolsa que mi hermano había perdido inadvertidamente en el coche que lo sirviera.
Mi cuñada, en un parto prematuro, falleció en nuestra casa.
Mi madre, postrada en el lecho, no se levanto más y, pasados tres meses, la muerte se hizo de ella, tocado por infinito disgusto, mi padre acompaño sus pasos al cementerio de Caju.

Me encontraba, entonces, solito.
Tenía dinero y busque la vida fácil, más el remordimiento  paso a residir en mi  conciencia, atormentándome el corazón.
Me embriagaba para olvidar, más entontecida la cabeza, pasaba a ver, junto a mí, la sombra de mis padres y la sombra de Celina, preguntándome angustiados:
-¿Caín que hiciste de tu hermano?
La locura que me invadía  me domino al fin…
Conducido al caserón de la Playa Roja, allí gaste cuanto poseía para, después de un año de suplicio moral e irremediable tormento físico, abandonar mis huesos exhaustos en la tierra, en cuyo seno, en balde, imploro consuelo, porque el sufrimiento y la vergüenza me sitiaron la vida, destruyéndome la paz.
Estoy amargado, a través de todos los procesos imaginables, las consecuencias de mi crimen.
Soy un fantasma, despreciado en todas partes, sorbiendo la hiel y el fuego del arrepentimiento tardío.
 Solamente ahora, oyendo las lecciones del Evangelio, conseguí encender en mi alma leves chispas de esperanza…
Y a la manera de mendigo que bate a la puerta del reconfortamiento y del alivio, encuentro presentemente un nuevo camino para la reencarnación, que, muy en breve, me ofrecerá la bendición sagrada del olvido.
Entretanto, no sé cuándo podré encontrar, de nuevo, a mi padre y a mi madre, a mi hermano a mi cuñada, creadores de mi destino, para rescatar, ante ellos, el debito inmenso que contraje.
Mientras tanto, seré apenas internado en la carne para considerar los problemas que yo mismo cree, en perjuicio de mi alma…
Brevemente, volveré al campo de los hombres, más reapareceré, entre ellos, sin la gracia de la familia a fin de valorizar el santuario domestico, y renaceré mudo para aprender a hablar.
¡Que Dios nos bendiga!

   Por el espíritu A, Ferreira – Del Libro: Voces del Gran Más allá  médium Francisco Cándido  Xavier.


(  Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz; cría a tus hijos, y sabrás cuánto debes a tus padres.)
Gonofa Juarez 




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martes, 11 de septiembre de 2012

Veamos el para qué; no el por qué




   Es importante conocer las estrategias que usa el mal para adormecer las conciencias, y prepararnos para evitarlas actuando en el bien. De la obediencia ciega animal, se desprenden algunos tópicos que debemos tener claros, uno de los más importantes es el PARA QUE, y ojo que no  es los mismo que él PORQUE.

     Ejemplo:
¿Para qué algunas sectas creen en Adán y Eva?
El fanático se aferrara con uñas y dientes hasta destrozar sus vestiduras para  responder un POR QUE, sus miles de conjeturas, sofismas, pseudo ciencias etc. En principio esto lo hacen sentir protegido, pero cuando todo eso cae, solo le queda la obcecación," PORQUE LO DIGO YO", "PORQUE LO DICE MI PASTOR", "PORQUE LO DICE LA BIBLIA", etc,   ante la imposibilidad de sustentar tamaña mentira, pero un estudio más simple nos indica por ejemplo en el caso de los Adventistas y sus primos los Testigos de Jehová, (quienes se arrogan el derecho de poseer la verdad absoluta y editar libros en contra de todas las demás organizaciones ya que ellos son los únicos santos, salvos y herederos de Dios, lo que los convierte en soberbios, propio de espíritus sumamente atrasados), ambas organizaciones, primas hermanas, necesitan creer en Adán y Eva para justificar, en el caso de los adventistas la adoración del día sábado (que ellos llaman rimbombantemente REPOSAR por obediencia, pero se trata de una adoración velada, como el católico fanático que dice, yo no adoro a la estatua de tal o cual santo, ella me recuerda a Dios, pero al tiempo viste a su estatua con trajes costosos, la adorna y vive por ella;  una cosa es lo que dice y otra lo que hace, y en el caso de los Testigos es para justificar que solo 144,000 irán al cielo.
   
     Pero a nosotros también nos llega el momento de preguntarnos para qué somos espiritas,  ojo no digo por que somos espiritas.

     PARA HACER DE ESTE UN MUNDO MEJOR PARA VIVIR, RESPETANDO A TODA CORRIENTE DEL PENSAMIENTO QUE SEA ÉTICA, MORAL Y SIRVA PARA EL DESARROLLO DE LA HUMANIDAD Y EL MEJORAMIENTO DEL PLANETA,
     PARA NO REENCARNAR EN CONDICIONES DEPLORABLES EN MUNDOS DE CASTIGO,  
     PARA MEJORAR LAS RELACIONES FAMILIARES, PARA SUPERAR EL DOLOR,
     PARA SER CONSOLADOS DURANTE LA PARTIDA DE NUESTROS SERES AMADOS,
     PARA AYUDAR AL POBRE, AL HUMILDE,
     PARA EJERCER LA SOLIDARIDAD CON MI FAMILIA, ESPOSA, ESPOSO, HIJOS O HIJAS,
     PARA PERDONAR,
     PARA ACEPTAR A TODOS CON SUS DEFECTOS,
     PARA COMPRENDER QUE SU DESARROLLO ESPIRITUAL DEJARA A CADA QUIEN EN EL LUGAR QUE MERECE,
     PARA COMBATIR EL MAL DONDE QUIERA QUE ESTÉ, USANDO EL AMOR Y LA COMPRENSIÓN, ELIMINANDO EL EGOÍSMO etc....en fin, creo que muchos de nosotros podemos encontrar  muchos mas PARA QUE y muchos menos POR QUÉ.

     En toda conducta siempre preguntémonos PARA QUÉ ya que el por qué  nos da muchas justificaciones: PORQUE ESTABA ENFERMO,
PORQUE NO TENIA DINERO,
PORQUE MI MAMA ME ENVIÓ,
PORQUE MIS PADRES ME DIJERON,
PORQUE ESTABA EN BLA BLA BLA BLA, y las justificaciones son como las axilas, todos las tenemos y todas huelen mal.

- Pedro Echevarría-


UNIFICAR (Psicografía) Por Amilcar Jr. Pertuz R
                Químico Farmacéutico


La unificación se inicia en los corazones separatistas.
Trabajen en la orientación de instruirse y estudiar aquello que desconocen. Formen grupos de estudio capaces de profundizar sus conocimientos.
Intercambien fuerzas evolutivas diversificadas para aplicar el conocimiento aprendido.
Respétense como hermanos que son y verán crecer el movimiento espírita en Brasil con la fuerza jamás imaginada por ustedes.
Allan Kardec
Congreso, Centro de Convenciones, Vitória/ES, Brasil, el 30/09/01





lunes, 10 de septiembre de 2012

EL ORGULLO





¿Que es el Orgullo?

Es el elevado concepto que alguien se hace de si mismo; es una especie de amor propio que nos inspira una idea exagerada de nuestro merito que nos incita a inculcarlo a otros; es un defecto del alma humana, invadiendo lo más intimo de la persona; es el vicio de la inteligencia, así como la humildad es su virtud. Como la inteligencia es la parte más noble del ser humano, su virtud es la mayor de todas las virtudes y su vicio es el peor de todos sus vicios.

El orgullo no encuentra hospedaje en una persona de inteligencia equilibrada; esta se rinde a la constatación de la verdad, que acabó con cualquier presunción. La realidad de nuestras propias limitaciones es el más eficaz de los convites a la humildad.

Es de  labios de  científicos y filósofos, esto es, de  personas realmente sabias de donde se recogen las más sorprendentes manifestaciones condenando cualquier tipo de orgullo. Una cultura que despertase el orgullo no seria una cultura con (mayúscula) – que se coloca ante la realidad con la intención de comprenderla – pues seria una cultura que presta culto a su propio ego.

El orgulloso no se preocupa de conocer la verdad, sino apenas en ocupar una posición en la que pueda ser el centro la norma; libre de cualquier subordinación, pretende que todo este sujeto a si mismo.

La afirmación de que el orgullo es el padre de todos los vicios no es un dicho común, repetido por el uso, sino una verdad que justifica esa afirmación.

El orgulloso posee todos los vicios.

El egoísta coloca su persona en el centro de todo, sirviéndose de una inteligencia inciensada por el orgullo para justificar este egoísmo suyo.

Es injusto de hecho, justicia significa respetar los derechos de los demás, mientras que el orgulloso solo reconoce un derecho; el suyo, que no le impone ninguna especie de obligación, pues él ignora la correlatividad de los términos y la dialéctica de las relaciones en la vida en sociedad.

Es ingrato. Solo el recuerdo de cualquier dependencia, próxima o remota, ya lo hace sufrir y se libera de ella rechazándola; mientras que la gratitud guarda el reconocimiento de que una mano extraña   ayudó a ser lo que somos. Él  orgulloso se siente fruto solo de si mismo, pues su orgullo no le permite compartir con otros sus merecimientos.

El no tiene religión. Quien no admite ninguna dependencia de Dios. ¿Cómo podría tolerar que su alma se vuelva agradecida al Creador? El sentimiento religioso se basa en el reconocimiento de que fuimos creados y de que existe un Dios que cuida de todo; sin embargo, el orgulloso, no precisó que lo ayudasen a nacer y tampoco precisa que lo ayuden a vivir: ¡Su orgullo cuidará de todo!

Es inmoral. Es incapaz de admitir vínculos morales para su comportamiento quien se juzga superior a las leyes. Sus actos no precisan respetar moral alguna, más imponen a otras normas morales.

Es fanfarrón. Está siempre hablando de si, atribuyéndose elogios por hazañas jamás realizadas; expone como proezas actos que solamente su exagerada jactancia considera como tales. Es prepotente, arrogante, insolente y violento. Y se podría señalar, no para demostrar que el orgullo es de hecho el padre de todos los vicios, sino porque  el orgulloso realmente los posee todos, incluso el de presentarse con actitudes humildes y modestas.

Cuando el orgulloso habla de los otros, lo hace con desprecio y con sentimientos de compasión. Está claro que conversar contigo sobre ti y sobre los otros ya seria un acto excepcional; habitualmente evita la compañía de los demás, incapaces de comprenderlo, recogiéndose a meditar sobre su incomprendida grandeza.

Solamente el orgulloso es capaz de entender su ego y de dialogar con su orgullo, los otros son míseros mortales que merecen el desprecio, o si él quisiera ser benévolo, su compasión. Ya que lo quiere así, déjenlo solo; no lo perturben en la meditación sobre sus merecimientos. De eso se encargará la amarga soledad, que lo punirá por su orgullo. Cuando tuviere necesidad de los otros, no los encontrará. Es el castigo que se merece. Solo que, entonces, nos acusará a todos de ser orgullosos. Es muy cierto que los defectos de los demás son los nuestros vistos en los otros.
Pero, ¿será que esta meticulosa excavación hecha en el alma vivida del orgulloso estará realmente exenta de un secreto deseo de  descubrir en él algo que existe dentro de nosotros mismos?

Está claro que el orgulloso hace mal en acusar a los otros de orgullo; pero, ¿Quién de nosotros estará totalmente inmune de un vicio que nació junto con el ser humano y que tal vez lo verá morir? Que no seamos totalmente victimas de un vicio no significa que estemos totalmente exentos de él. Existen dos cosas irreales: un ser humano que sólo tenga vicios y por otro lado, un ser humano que solo tenga virtudes. Por detrás de la cortina del Yo” conservamos lamentable ceguera frente a la vida.…)

En todo y en todas partes, nos apasionamos por nuestra propia imagen.

En los seres queridos, habitualmente nos amamos a nosotros mismos, porque, si demuestran puntos de vistas diferentes de los nuestros, aunque estos sean superiores a los principios que abrazamos, instintivamente disminuimos el cariño que les consagrábamos.

En las obras que hacemos del bien a que nos dedicamos, estimamos, por encima de todo, los métodos y procesos que se exteriorizan de nuestro modo de ser y entender, porque si el trabajo evoluciona o se perfecciona, reflejando el pensamiento de otras personalidades por encima de la nuestra, operamos casi sin percibirlo, con una disminución de nuestro interés  en los trabajos iniciados.

Aceptamos la colaboración ajena, pero sentimos dificultades para ofrecer el concurso que nos compete. Si  nos hallamos en una posición superior, donamos con alegría una fortuna al hermano necesitado que sigue con nosotros en condición de subalterno, a fin de contemplar con voluptuosidad nuestras cualidades nobles en el reconocimiento de largo curso al que se siente constreñido, pero rara vez concedemos una sonrisa de buena voluntad al compañero más rico o más fuerte, puesto por los designios divinos a nuestro frente.

En todos los pasos de la lucha humana, encontramos la virtud rodeada de vicios y el conocimiento dignificante casi sofocado por los espinos de la ignorancia, porque, infelizmente, cada uno de nosotros de modo general, vive buscando su propio “Yo”

Entre tanto, gracias a la Bondad de dios, el sufrimiento y la muerte nos sorprenden en la experiencia del cuerpo y más allá de ella, arrebatándonos a los vastos continentes de  la meditación y de la humildad, donde aprenderemos, poco a poco, a buscar lo que pertenece a Jesucristo, a favor de nuestra verdadera felicidad, dentro de la gloria de vivir.

Que el Divino Maestro continué bendiciéndonos y podamos, esforzarnos en reconocer nuestro propio orgullo, para que poco a poco, ingresemos en la senda de la Humildad. Pues Jesús decía:

“Que el reino de los Cielos es para los humildes y no para los orgullosos”.

Los hombres cultos y talentosos, según el mundo, tienen por lo general una opinión muy alta de si mismos y de su superioridad, consideran a las cosas divinas como indignas de su atención. Su mirada se concentra hacia su persona, no pueden elevarse hasta dios.

A causa de su orgullo se rebelan en admitir el mundo Invisible, colocados en un pedestal, no desean descender. Jesús  nos quiso decir, que allí será admitido el que tenga simplicidad en el corazón y la humildad del espíritu; que el ignorante que posea esas cualidades será preferido al sabio que cree en más en si  mismo que en Dios. Cristo coloca la humildad en la virtud que acerca a Dios y al orgullo entre los vicios que de Él alejan.

“En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús diciendo. ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: cualquiera que se humille, como este niño, ese será el mayor en el reino de los Cielos.

Aconteció un dia de reposo, que habiendo entrado para comer en casa de un gobernante que era fariseo, estos le acechaban. (…) Observando como escogían los primeros asientos a la mesa refirió a los convidados una parábola diciéndoles:

Cuando fuerais convidados por alguien a alguna boda, no os sentéis en los primeros lugares, no sea que otro más distinguido esté convidado y viniendo el que te convidó, te diga: Da este lugar a este; y entonces te brinde el último lugar y lo ocupes con vergüenza. Ve siempre al último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de  los que se sientan contigo a la mesa. Porque el que se humilla será enaltecido y el que se enaltece será humillado.

Es el orgullo el que cierra los ojos al hombre, envanecido por su ciencia mundana. En la hora actual con las verdades reveladas por el Espiritismo, algunos incrédulos se asombran de que los espíritus realicen tan pocos esfuerzos para convencerlos de su autenticidad. Dios no quiere abrirles los ojos por la fuerza, puesto que se complacen en tenerlos cerrados. Llegara su vez, pero es menester antes que sientan las angustias de las tinieblas y reconozcan a dios, y no al azar, en la mano que hiere su orgullo. Dios escucha con bondad a quienes se dirigen a Él humildemente, y no a aquellos otros que se consideran más que Él.

Si rehúsan admitir la verdad, es porque su Espíritu no se halla todavía maduro para comprenderla, ni su corazón para sentirla. El orgullo es la catarata que empaña su vida. ¿De que le sirve mostrar la luz a un ciego?

El terrible adversario de la humildad es el orgullo. Si Cristo prometía el reino de los Cielos a los más pobres es porque los grandes de la tierra se figuran títulos y riquezas son recompensas que se han  concedido a su merito, y creen que su esencia es más pura que la del pobre: creen que todo eso se les debe, de ahí que cuando Dios se lo quita le acusen de injusto.

Ciegos los orgullosos, no se dan cuenta que Dios no hace distinción en el cuerpo del rico y del pobre, ambos desnudos son iguales. El Creador no ha hecho dos especies de hombres. El rico es igual al pobre, esto al orgulloso le hace sublevarse diciéndose: ¿yo, nacido de noble casta, uno de los grandes de la Tierra? ¡Puedo ser igual a esa miserable que viste andrajos ! ¿Por qué lo puso Dios tan bajo y a mi, en cambio, tan arriba?y no son capaces de preguntarse ¿Qué eran antes de ser nobles y poderosos? ¿Quien no les dice que eran antes más pobres que los últimos de su servidumbre? Dios puede bajar, nuestra altiva frente, en el momento que más alta la ponemos. En la divina balanza todos los hombres pesan igual. Únicamente las virtudes los distinguen  a los ojos de Dios. Todos los espíritus son de una misma esencia y todos los cuerpos han sido modelados con idéntica arcilla. Vuestros títulos y nombres no cambian en nada las cosas, quedan en el sepulcro.

El obrar bien con humildad, hará que vayamos poco a poco demoliendo los altares erigidos al orgullo.

No debemos lamentar, las calamidades que nosotros mismos hemos acumulado sobre nuestras cabezas. Desconocíamos la santa y Divina moral de cristo; no nos asombremos, de que la copa de la iniquidad se haya desbordado en todas partes.

El malestar se ha generalizado. ¿A que atribuirlo si no es a nosotros mismos? ¿Por qué buscamos aplastarnos los unos a los otros? No podemos ser felices sin la mutua benevolencia, y ¿Cómo podría existir esta junto con el orgullo? El orgullo, he aquí la fuente de todos nuestros males.

Hemos de destruirlo, si no queremos ver la humanidad perpetuarse en sus funestas consecuencias. Para esto, un solo medio se nos ofrece, pero ese medio es infalible, y consiste en tomar por regla invariable de conducta la ley de Cristo, ley que hemos rechazado, o falseado en su integración. Tenemos más estima a lo que brilla y halaga la vista, que a aquello otro que toca el corazón. El vicio que se desarrolla en la opulencia constituye el objeto de nuestras adulaciones, en tanto solo dedicamos una mirada desdeñosa al verdadero merito que está en la oscuridad.

Un rico libertino se presenta en cualquier parte, perdido de cuerpo y alma, y todas las puertas se le abren, todas las atenciones son para él, y al hombre de bien que vive de su trabajo solo nos dignamos a concederle apenas un saludo.

Cuando consideramos las personas según el peso del oro que poseen, o de acuerdo al apellido que llevan ¿Que interés tendrán ellas en enmendar sus faltas? Muy distinto seria si el vicio dorado fuese castigado por la opinión pública como lo es el vicio harapiento. Pero el orgullo se muestra indulgente con todo lo que halaga.

“Siglo este de concupiscencia y de dinero” hemos permitido que las necesidades materiales prevalezcan sobre el buen sentido y la razón. Todos queremos elevarnos por encima de nuestros hermanos y la sociedad está sufriendo las consecuencias.

Cuando el orgulloso alcanza limites elevados, es indicio cierto de una caída próxima, porque Dios hiere siempre a los soberbios. Si en ocasiones les deja ascender, lo hace para darles tiempo a reflexionar y enmendarse bajo la acción de los golpes, que de vez en cuando, asesta su orgullo para que les sirvan de advertencia. Pero, en vez de humillarse, el orgulloso se subleva. Entonces, es cuando han colmado la medida, i Dios los  derriba por completo, y su caída es tanto más terrible cuanto más alto habían subido.

Pobre raza humana, cuyo egoísmo ha corrompido todos los caminos, recobra, empero, tu valor: en su infinita Misericordia, Dios te envía un remedio poderoso para tus males, un socorro inesperado en tu extrema miseria. Abre los ojos a la luz. Ve aquí en estas palabras las almas que vuelven para reconducirte a tus verdaderos deberes. Con la autoridad que nos otorga la experiencia, te decimos, que son muy poca cosa las vanidades y grandezas de la pasajera existencia, si se las compara con la eternidad. Allá es el mayor quien ha sido el más humilde entre los pequeños de la Tierra. Que el que más amó a sus hermanos es quien será más amado en el Cielo. Que los poderosos de este mundo, si abusaron de su autoridad, se verán reducidos a obedecer a sus servidores. Que la Caridad y la Humildad, en suma, esas dos hermanas que marchan de la mano, son los títulos más valiosos para obtener gracia ante Dios.

Nunca nos entreguemos a la desesperanza, al abandono. No somos una piedra suelta en el lecho del rió del destino, condenada a rodar incesantemente. Tenemos una meta, que nos aguarda y que alcanzaremos.

Analicemos nuestros actos mediante la reflexión, y descubramos las incalculables posibilidades de realización.

Es necesario que prestemos atención y cuidemos la conducta del vehículo carnal.

 Alicia era una mujer distinguida, de porte aristocrático, de educación esmeradísima de vastísima instrucción; espiritista convencida que leía con gran aprovechamiento todo cuanto se escribía de espiritismo. Era hacedora del bien por el bien mismo, trabajaba sin desear los lauros de la gloria, pero la gloria de la elevación de sus sentimientos la llevaba en todo su ser; era una mujer de edad mediana y conservaba la esbeltez y la elegancia de la juventud; había en ella algo  que atraía, que seducía, que interesaba. Era amiga de Amalia y acudía con asiduidad a visitarla. Casada y madre, se debía toda a su familia ( que no tenia sus ideales), y ella, prudente reservada, ocultaba el tesoro de sus creencias y evitaba altercados con sus deudos; vivía en un mundo superior, participaba de las luchas terrenas para llorar con sus hijas si estas padecían los dolores naturales que proporciona la vida de casada, y después que cumple sus deberes de madre amantísima, parecía que entraba en otro mundo, se reconcentra en si misma, parece que vive de recuerdos, recuerdos que debían ser muy dolorosos, por que su rostro adquiere una expresión tristísimo,,evitaba siempre hablar de si misma. Cuando se hablaba con ella parecía leerse en un libro del cual solo se ve la primera página, las demás estaban sin cortar. La ultima vez que fue a visitar a Amalia esta se sorprendió de verla más comunicativa; a que espíritu superior descendía de su alto pedestal, se humanizaba, acortaba las distancias que indudablemente existen entre ella y la generalidad de los mortales.

Amalia, se alegro de ello, le manifestó que la encontraba más cariñosa, más cerca de ella, que no sabía que notaba en ella.

El dolor es  el gran demócrata del Universo. Los que sufren se entienden fácilmente; tu Amalia hace tiempo que sufres; yo también sufro grandes reveses, y por ley de afinidad me pongo al habla contigo, a ver si tu me puedes aclarar lo que yo no alcanzo a ver.

Sabes Amalia que te quiero y te admiro, tu  Espíritu y el mío se conocen hace tiempo; y aunque por esta vez el destino nos separa, no importa; las almas no necesitan del roce de los cuerpos para entenderse, para quererse y para prestarse señalados servicios.

_.Creo que ya sabes que me quede viuda
_.Mi esposo murió de la muerte más horrible que tu puedas imaginar.
_. ¿De que murió?
_. ¡De hambre!
_. ¡Jesús que horror!, ¿Tenia algún cáncer en el estomago que le impidiese alimentarse?

_.No, estaba muy bueno y muy sano, sabia cuidarse como pocos hombres, su ciencia médica le servia admirablemente para no padecer dolores físicos, pero un dolor moral le hizo olvidar todos los métodos higiénicos, se entregó en brazos de una muda obstinación y su vida fue extinguiéndose como se extingue la luz de una lámpara a la cual le falta el aceite necesario.

_. Dolor inmenso seria el que sufrió, porque, según tengo entendido, no era tu esposo hombre dado a las sensiblerías.

_. No, ciertamente; era bueno, pero adusto; su mundo era la ciencia, su familia, sus innumerables enfermos, y sus únicos goces devolver la vista a los ciegos; por centenares se cuentan los ciegos que él ha curado, en todas las clases sociales; él estaba donde había más peligro, igual le daba que fuera un leproso que un rico acaudalado; el respondía a todas las llamadas, jamás se hizo el sordo cuando lo llamaron los afligidos.

Una de mis hijas se casó y fue madre de una niña preciosa con unos ojos hermosísimos que parecían dos luceros. Desde que nació, mi marido enloqueció por ella y ella por el; el abuelo y la nieta eran dos cuerpos y un alma, estando juntos ya estaban contentos; mi marido rejuveneció,, y siempre estaba con su nieta en los brazos, evitándole los dolores de la dentición y demás enfermedades de la niñez; pero la viruela se apoderó de todo el cuerpo de mi nieta y de sus ojos, mi marido no comía, ni dormía, estaba al lado de la pobre niña devorando libros, buscando la luz para aquellos ojos que eran su vida; devolvió la luz a uno, pero el otro salio de su orbita y mi marido creyó enloquecer, se retiró a su cuarto y yo le oía que exclamaba a solas:       ¿ Será posible yo que he devuelto la vista a tantos ciegos, yo que he curado a tantos sifilíticos, y a este ángel tan hermoso no he podido curarle más que a medias; le pondrán un ojo de cristal, se harán prodigios… pero ver.. Ver no verá más que la mitad, y aun el ojo que le he salvado no será tan hermoso; no tendrá  aquel brillo deslumbrador; ¿para que me ha servido mi ciencia? Para nada.

Se negó a tomar ninguna clase de alimento, vivió algunos días alimentándose con agua y murió de hambre sin exhalar una queja.

Me pregunto porque mi esposo sufriría así por esta nieta, no ha querido igual a los otros nietos, me gustaría Amalia que preguntases al padre German  que historia guardan estos dos espiritas.

Amalia prometió hacerlo y el Padre German unos días después narró lo siguiente:

El medico y su nieta, son dos espíritus que caminan juntos hace muchos siglos, han estado unidos por todos los lazos terrenales y en sus últimas existencias han sido amigos inseparables, mejor dicho, maestro y su  discípulo más aventajado; su ayudante más practico; tenia fama, tanta como su maestro; el uno complementaba al otro; tanta suerte tenían en sus curaciones que llegaron a enorgullecerse el maestro y el discípulo, porque eran realmente infalibles en sus juicios médicos; sus palabras eran proféticas, nunca se equivocaban, ni asegurando bienes ni presintiendo males; y se llegaron a persuadir de tal modo de su inhabilidad, que no se contentaron con seguir las huellas de otros sabios doctores, sino que inventaron nuevos métodos y procedimientos espacialísimos; no se contentaron en hacer experimentos con animales, sino que en los hospitales y en los asilos de la infancia hacían sus ensayos con infelices niños sin familia; los unos morían, los otros se salvaban y los dos sabios no sentían el menor remordimiento por la muerte de aquellos inocentes. La fama les llenaba de orgullo; se creían infalibles, porque de lejanas tierras venían familias a pedirles ayuda. El discípulo era una celebridad médica, y no se separaba de el un momento, no envidiaba a su maestro, como estaban unidos desde hacia tantos siglos, su mayor placer era tener contento a su profesor, proporcionarle niños para sus experimentos, se creyeron ambos dioses, el orgullo los cegó y el orgullo también es un pecado, y como todo pecado tiene su condena. El discípulo amado es hoy  la tierna niña, cuyo abuelo, con toda su ciencia, no ha podido curar más que a medias; el sabio orgulloso, el que se cree infalible en sus juicios, se ha visto impotente para curar a su ángel querido; y este que no tuvo compasión de los pobres niños sacrificados al estudio y a las investigaciones científicas, sufre hoy las consecuencias de su indiferencia de ayer; dolor que no se compadece; es necesario sufrirlo para apreciarlo en su verdadero valor. El abuelo sufrió la decepción de que su acción curativa no respondía al impulso de su pensamiento, su desesperación llegó al grado Maximo cuando se vio impotente para salvar a la nieta, que era el amor de todos sus amores; muriendo como era necesario que muriera, humillado, convencido de su insignificancia, de su pequeñez, se creyó un dios y murió persuadido de que no hay dioses, que no hay más que un Dios, y como el pecado del orgullo científico es hasta cierto modo perdonable, y el era un Sol en el mundo de la ciencia, hoy comprende perfectamente que hay una grandeza superior a la suya, una ciencia para él desconocida, un poder maravilloso, una fuerza que sostiene la maquina del Universo, y ante tanta luz, ante tanta magnificencia, ante tantos mundos, hay grandes sabios que preguntan a Dios porque brillan los soles, y porque su fuego no incendia el Universo, el se considera uno de los alumnos en la gran Universidad del Infinito; se reconoce grande y pequeño a la vez y el orgullo no lo volverá a cegar. Tiene luz propia, vive en medio de la luz, con su fluido luminoso envuelve a su nieta, que es el amor de todos los amores.

No basta penetrar en el espiritismo, hay que amar, hay que compadecer, no se puede menospreciar al paria de la sociedad, porque aquel ser abandonado tiene un Espíritu quizás más adelantado que el que se cree infalible por su sabiduría, y en el mero hecho de nacer hay que considerar que viene a la Tierra a cumplir una misión, sea esta de gran importancia o insignificante. Todo hombre merece respeto y hay que esforzarse en protegerlo y en amarle; la ciencia que no desciende hasta el desamparado, llega un dia en que recibe el castigo merecido, como hemos visto en el medico.

Solo el espiritismo nos hará grandes en medio del dolor, porque sabiendo que vivimos eternamente,  haremos lo posible para ser mejores que ayer y ser mañana  grandes benefactores de la humanidad.

 Que Dios nos bendiga a todos.

 Trabajo extraído de diversos libros Espiritas, por Merchita, miembro fundador, del centro espirita: Amor Fraterno de Alcázar de San Juan (Ciudad real) ESPAÑA


PADRE  no es el que engendra, sino el que ama a sus hijos

BUEN PADRE no es quien le resuelve los problemas a sus hijos, sino que los orienta para que ellos lo resuelvan...
BUEN PADRE no es el que les da mucho tiempo a sus hijos, sino el que lo aprovecha lo mejor posible...
BUEN PADRE no es el que les da todo el dinero a sus hijos, sino el que los enseña a administrarlo...
BUEN PADRE no es el que tolera todo a sus hijos, sino el que sanciona lo que han hecho mal...
BUEN PADRES no es el que oye a sus hijos, sino el que los escucha...
BUEN PADRE no es el que hace a sus hijos dependientes, sino el que los forma independientes...
BUEN PADRE no es el que le dice a sus hijos a cada rato frases huecas sin sentido, sino el que habla poco, abraza poco, pero deja sentir su amor, en sus palabras y en sus abrazos.

Texto para reflexionar aportado por Gonofa Juárez






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domingo, 9 de septiembre de 2012

EL OBSESOR RENOVADO



   Divaldo contó una historia verídica, por otra parte, utilísima para los dirigentes y adoctrinadores de reuniones mediúmnicas, que es así:

Una joven ya había pasado por reuniones mediúmnicas de  varias Casas Espiritas. Se había sometido a la fluidoterapia, al agua fluidificada, afirmando que oraba y que estudiaba la Doctrina espirita, con el fin de liberarse de la obsesión.
Llegó al Centro Espirita Camino de la redención solicitando auxilio para su perturbación espiritual, pasando a frecuentar las reuniones doctrinarias.
Pasados algunos años,  en una de las reuniones mediúmnicas de la Casa, el obsesor  fue adoctrinado, como siempre, con amor, más también con dulce energía. El adoctrinador termino su trabajo diciendo que había intentado los mejores argumentos, esperando encontrar una respuesta, para poder sensibilizarlo,  más… no tuvo existo.
El Espíritu que se conservó mudo hasta aquel preciso momento, respondió:
- Ustedes están engañados. Yo preciso aclararles algo. Al principio yo odie a esa mujer. Son reminiscencias de otras encarnaciones  que nos perjudicaron mucho. Sin embargo, poco a poco, fui observando las lecciones que son administradas en esta Casa de Caridad y después  de recibir las respuestas para mis dudas, en los diálogos  que trabé con el coordinador de los trabajos, suavice mi carácter, disminuí mis vicios, y hoy ya comienzo a vivir  una vida diferente,  intentando practicar aquello que aprendí. Más, al dejar  a la antigua enemiga, percibí que ella me evocaba con sus pensamientos, culpándome e injuriándome. Así, hoy, yo soy por ella observado, y pido a Dios que me libere de ese yugo.
Y el Espíritu se desligo del médium, apartándose.
El director de la Casa hablo con la moza sobre lo ocurrido, interrogándole sobre  la autenticidad de los hechos.
Ella siempre  muy calmada y paciente pasó a agredir al Espíritu con palabras ríspidas. Explicó que, como el obsesor  la había perjudicado por años pasados, impidiéndola de casarse y constituir una familia, ella ahora también lo perturbaba para que el experimentase el mismo sufrimiento.
El director conservando la calma  y con mucha bondad, pasó a adoctrinar ahora a la encarnada, esclareciéndola sobre la terapia saludable del perdón, solicitando un estudio  profundo de la Doctrina Espirita y su renovación espiritual.
De esa historia podemos recordar que:
Primero, que muchos procuran la Casa Espirita para resolver sus problemas espirituales.  Quieren librarse de los obsesores, de preferencia rápidamente. Más lo que debemos dejar bien claro  para los que nos procuran es que la cura depende de uno mismo. La Casa Espirita es un hospital del alma, más si el paciente no toma el medicamento correctamente, esta no hará efecto.  Y el medicamento está en el Evangelio de Jesús, que nos pide la reforma intima, o sea, la reforma en nuestros sentimientos, pensamientos y actos. Retirando de ella el odio, el rencor, la amargura, el resentimiento, la venganza…
Segundo, la vigilancia es un  indicio cierto del estado atrasado de los hombres que a ella se entregan, y de los Espíritus  que pueden aun inspirarla. Por tanto, amigos míos, ese sentimiento no debe jamás hacer vibrar el corazón de quien se diga  y se afirme espirita. Vengarse, como ustedes saben, es de tal modo contrario a esta prescripción de Cristo: Perdonad a vuestros enemigos.”  (Jules Oliver)
Tercera, generalmente vemos  a un desencarnado obsesando a un encarnado. Más, lo contrario también acontece. Un encarnado también obsesa a un desencarnado  con recuerdos de odio, rencor, amargura, venganza o por quedar lamentando su desencarnación haciendo que este quede preso  cerca de nosotros.

Portado por Marco Aurelio Rocha  de la Cuarta Feria, Marzo 2 dl 2011
Traducido por Merchita


"Se tu mismo el cambio que quieres ver en el mundo"... Mahatma Gandhi


Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia.
Sócrates.





Luz de la Oración

Siempre que sea posible báñate con la luz de la oración.
Haz espacios mentales y busca las fuentes de la vida,
donde hallarás energías puras y paz.
Todos los santos y místicos
que alteraron el ritmo moral de la Humanidad para mejorar,
en Oriente como en Occidente,
son unánimes en aconsejar la oración
como el recurso más eficaz
para preservarse o conquistarse la armonía íntima.
Jesús mantenía la convivencia amiga con los discípulos y el pueblo,
sin embargo, reservaba momentos para conversar con Dios
a través de la oración,
exaltando la excelencia de esos coloquios sublimes.
Libro: VIDA FELIZ
Por Joanna de Ângelis- Divaldo Pereira Franco



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sábado, 8 de septiembre de 2012

Sonambulismo






432. ¿Cómo explicar la visión a distancia que en ciertos sonámbulos se observa? 
- ¿Acaso no se traslada el alma durante el sueño? Lo propio ocurre en el sonambulismo. 

433. El mayor o menor desarrollo de la clarividencia sonambúlica ¿depende de la organización física, o de la naturaleza del Espíritu encarnado? 
- De una y de otra. Hay disposiciones físicas que posibilitan al Espíritu desprenderse de la materia con mayor o menor facilidad. 

434. Las facultades de que goza el sonámbulo ¿son las mismas que posee el Espíritu después de la muerte? 
- Hasta cierto punto, porque hay que tomar en cuenta la influencia de la materia, a la cual sigue unido. 

435. ¿Puede el sonámbulo ver a los otros Espíritus? 
- La mayoría de ellos los ven muy bien. Depende del grado y de la índole de su lucidez. Pero, en ocasiones no se dan cuenta de ello en el primer momento, y los confunden con seres corporales. Esto ocurre, sobre todo, a aquellos sonámbulos que no tienen conocimiento alguno del Espiritismo. No comprenden aún la esencia de los Espíritus. Ello los asombra, de ahí que crean estar viendo seres vivientes. 
El mismo efecto se produce en el instante de la muerte en aquellas personas que se creen todavía vivas. Nada en torno de ellas les parece haber cambiado, se les ocurre que los Espíritus poseen cuerpos similares a los nuestros, y toman por un cuerpo real la apariencia de cuerpo de los Espíritus. 

436. El sonámbulo que posee la visión a distancia ¿ve desde el punto en que está su cuerpo, o desde aquel en que se encuentra su alma?
- ¿A qué esta pregunta, si es el alma la que ve, y no el cuerpo? 

437. Puesto que la que se traslada es el alma, ¿cómo puede el sonámbulo experimentar en su cuerpo las sensaciones de calor o frío correspondientes al lugar en que se halla su alma, la cual está a veces muy lejos de su cuerpo? 
- El alma no ha dejado por completo al cuerpo. Sigue ligada a él por el lazo que los une. Y ese vínculo es el que conduce las sensaciones. Cuando dos personas se comunican de una ciudad a otra mediante la electricidad, ésta constituye el lazo que une sus pensamientos. De ahí que conversen como si estuvieran una frente a otra. 

438. El empleo que hace un sonámbulo de su facultad ¿influye sobre el estado de su Espíritu después de la muerte? 
- Mucho, como el buen o mal uso de todas las facultades que Dios ha otorgado al hombre.


LIBRO DE LOS ESPIRITUS - ALLAN KARDEC



Entregarse a Dios los problemas que se hacen insolubles, que funciona y camina hacia delante.
Por lo tanto se encuentra en sus corazones la presencia de la paz, para irradiar de ti por una fuente de amor y luz.

(Job: Sala de Emergencia - Chico Xavier / Emmanuel)


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jueves, 6 de septiembre de 2012

¿ De tal palo tal astilla ?



¿ Cómo a veces, nacen hijos malvados de  padres   bondadosos y viceversa?.


La ley de Afinidad no deja nunca de actuar a pesar de  estas apariencias, ni tampoco hace excepciones  o tiene fallos de vez en cuando.
Para resolver este  planteamiento , hay que considerar que en estos casos en donde aparentemente la afinidad no ha sido un factor determinante, es porque  la Sabiduría Divina ha determinado  que antes que ella  y por razones  kármicas,de las que mas adelante hablaremos, actúe  la ley del Amor que es mas  poderosa  que las demás leyes y predomina sobre ellas  porque , como también veremos más adelante, todas las leyes cósmicas y espirituales que existen  tienden a una finalidad: La  consecución del Amor .
 A veces seres malvados y atrasados nacen en el seno de padres buenos y más evolucionados, que desde antes de nacer en este mundo,  aceptaron recibirlo para ayudarle humanamente en su mejora evolutiva, por medio de una especial entrega, enseñanzas y ejemplos en el papel de padres, hermanos o abuelos.  Como vemos,en este caso no  fue la ley de Afinidad la determinante, sino  que en el plano espiritual  en donde estaban antes de nacer y estar juntos en esta vida, les fue propuesto para su acogimiento como hijo, atrasado en su evolución,  y movidos por el Amor o por la compasión   ante  sus  necesidades  evolutivas ,ello  les llevó a comprometerse a aceptarlo como hijo  en este mundo  por comprender  que  esta prueba  puede ser  su  única o mas probable posibilidad de mejorar.
En el  extremo opuesto, también existen Seres de Luz más adelantados que los padres y familias en donde nacen, que por Amor también, no teniendo necesidad de reencarnar en este mundo, lo hacen voluntariamente en el seno de estas familias, para mediante sus ejemplos de vida, ayudarles en su  mejora y evolución espiritual.
No es una cuestión  de herencia genética, pues la bondad o la maldad, los vicios o las virtudes, son atributos del alma que no se transmiten por la herencia genética , aunque después interviene un factor determinante para su inhibición o desarrollo, como es el factor educativo. Si fuese admitida la transmisión de valores morales o defectos por la herencia genética, esto supondría eliminar nuestra responsabilidad por ellos y achacárselos a la materia heredada, y sin embargo sabemos que somos responsables de todo lo bueno y malo que portamos en el alma.
Podemos comprender como el mecanismo de las leyes Cósmicas no es ciego, ni actúa rígidamente, sino que  realmente existe  una inteligencia inmanente  y  una Perfección en el engranaje de las leyes cósmicas, lo cual se manifiesta en una cierta  flexibilidad en el cumplimiento de  las leyes de  Justicia, de Amor y de Evolución.
- Jose Luis Martín-


“La Ley de Dios no se encuentra encerrada en un Templo, sino que resplandece en todos los corazones”
-Frase nº 270 de Jesús(Según el Centro de Estudios de Ciencias Universales)






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LAS TRADICIONES RELATIVAS AL CUERPO ASTRAL

Coronel Albert de Rochas


EL CUERPO ASTRAL


Homero llama Eidolon al cuerpo etéreo o a la forma sensible revestida por el alma después de la muerte. "Ese cuerpo es incorruptible. Su sustancia es superior a la carne y a los huesos que componen nuestro cuerpo material."
Pitágoras enseñaba que el alma tiene un cuerpo afín a su naturaleza, buena o mala, según el trabajo anterior de sus facultades. Le llamaba a ese cuerpo el carro sutil del alma y decía que el cuerpo mortal no es más que su envoltura grosera. Añadía: "Practicando la virtud, abrazando la verdad y absteniéndose de toda cosa impura, es como se tiene cuidado del alma y de su cuerpo luminoso" (Hierocles).

    Aristóteles dice que los seres invisibles son tan sustanciales como los seres visibles. Los seres invisibles también tienen cuerpos, pero muy sutiles y etéreos.

    Aristóteles distinguía, aparte del cuerpo, el espíritu, principio del pensamiento, y el alma, principio de la vida.
    "El alma es el soplo de la vida. No es incorpórea, sino por comparación con el cuerpo mortal. Conserva la figura del hombre a fin de que se le reconozca" (San Ireneo).

    "Nada hay creado que no sea corpóreo, es decir, sin forma sustancial.. Ni en el cielo, ni en la tierra, ni entre las cosas visibles, ni entre las invisibles. Todo está formado de elementos, y las almas, bien habiten un cuerpo o bien salgan de él, tienen siempre una sustancia corpórea" (San Hilarlo).

    "El alma será revestida, después de la muerte, de un cuerpo etéreo que se parece a su cuerpo terrestre" (Orígenes).

    San Agustín, en su tratado de la Adivinación de los demonios, da a estos demonios, es decir, a los seres visibles que nos rodean, un cuerpo aéreo que se parece mucho al cuerpo astral.

    "El alma no está directamente cerrada en el cuerpo material y terrestre. Se reviste, para penetrar en él, de un cuerpo sutil y como vaporoso que se representa bajo la forma de una especie de reproducción del cuerpo material, que crece y se desarrolla con él. Niño si se trata de un niño, hombre si se trata de un hombre. Es lo que se llama el Ka, cuya concepción han determinado perfectamente los Sres. Lepagne-Renour y Maspero. El Sr. Maspero dice que es el doble. También podría llamársele la sombra o el cuerpo sutil. Es el Eidolon de los griegos" (Lenormand).

    Colebrooke dice que, según Kapila, entre la forma sutil, que emana de la Naturaleza original y resulta del desarrollo primitivo o inicial de los rudimentos de la creación primordial, y la grosera y material, hay todavía una forma intermedia, refinada, tenue.

    Por otra parte, dice que los espíritus se manifiestan con ayuda del cuerpo etéreo.

    En sus memorias sobre China reproduce el conde de Escayrac de Lautrec un cuadro budista que representa a Ma-Ming-Tsin, célebre solitario que escapa a las tentaciones y a los terrores, desprendiéndose de su cuerpo fluídico. Se ve el cordón fluídico, que partiendo del vértice de la cabeza, une el cuerpo físico con el cuerpo astral.

    "Las almas de los hombres, después de la separación del cuerpo grosero, están revestidas de un cuerpo etéreo" (Leyes de Manú).

    "Jehovah hizo para el hombre un cuerpo grosero sacado de los elementos de la tierra. Y unió a esos órganos materiales el alma inteligente y libre, llevando ya con ella el soplo divino, el espíritu que le sigue en todas sus vidas. Y el medio de esta unión del alma con el cuerpo grosero fue un soplo vital (Nephesch) (Génesis).

    Los groenlandeses creen que hay dos almas en el hombre: 1) El soplo que anima el cuerpo y mantiene la vida, 2) La sombra, que se desprende ya en el sueño y que se separa de aquél enteramente por la muerte (Krantz).

    Los canadienses creen que hay dos almas en el cuerpo: una de estas dos almas queda, después de la muerte, al lado del cadáver, y la otra parte para la esfera espiritual (Delaborde).

    "El alma del hombre, viniendo inmediatamente de Dios, se une, por medios convenientes, al cuerpo material, y, a este efecto, previamente a su descenso mismo y a la aproximación inicial, se encuentra revestida de un pequeño cuerpo aéreo que se llama el vehículo etéreo del alma, que otros lo llaman el coche del alma.." (H. Cornelio Ágrippa).

    "Y por esto, dicha imagen del alma, tomando algunas veces un cuerpo aéreo, se cubre de una sombra y se envuelve con ella, da unas veces aviso a sus amigos, otras veces trabaja con sus amigos. Porque las pasiones, el recuerdo, las sensaciones quedan con el alma después de que ésta se ha separado del cuerpo" (H. Cornelio Agrippa).

    "Hay trinidad y unidad en el hombre, así como en Dios. El hombre es uno en persona, pero es triple en esencia. Tiene el soplo de Dios, o alma, el espíritu sidéreo y el cuerpo" (Paracelso).

    "El mundo creado debe conservar alma y cuerpo. Pienso que los ángeles tienen cuerpo. Soy también de la opinión de que el alma razonable jamás ha sido enteramente despojada de todo cuerpo"(Leibnitz) .

    "En cuanto se ha asignado un sitio al alma (después de la muerte), su facultad formal irradia, igualmente y tanto como lo hacía en sus miembros vivos. Y, de igual modo que la atmósfera, cuando está muy cargada de lluvia y vienen a reflejarse en ella algunos rayos, se muestra adornada de colores varios, así el aire que la rodea toma la forma que le imprime virtualmente el alma al detenerse allí, y, semejante a la llama, que sigue al fuego por dondequiera que va, esta forma nueva sigue al alma a todas partes. Como de esto saca su apariencia, se le llama Sombra y en seguida organiza todos los sentidos, hasta el de la vista" (Dante).

LA EXTERIORIZACIÓN DEL CUERPO ASTRAL DURANTE LA VIDA

    "Mientras que el cuerpo natural permanece atacado de parálisis, el alma se ve revestida de un cuerpo en todo semejante a aquél, sin saber cómo. Ve dicho cuerpo vestido corrientemente de la misma manera, cubierto con las mismas ropas del mismo color, de la misma forma que los que cubren su cuerpo verdadero" (P. Seraphin).

    "Todas las veces que los veo, salgo de mi cuerpo de tal modo que no experimento ninguna sensación, como si estuviera en éxtasis (extra sensum quasi in extasim transeo)... Cuando entro, o mejor dicho, cuando me pongo en éxtasis, siento cerca del corazón una especie de separación, como si el alma se retirara y esta acción se comunicara a todo el cuerpo. Parece que se forma una especie de pequeña abertura primero en la cabeza y sobre todo en el cerebelo, y que esta abertura, que en seguida se extiende a lo largo de la espina dorsal, no se mantiene sino con mucho esfuerzo. Sólo siento que estoy fuera de mí mismo (quod sum extra me ipsum) y me mantengo con mucho trabajo en ese estado, durante unos instantes únicamente" (Jerónimo Cardán).

INFLUENCIA DEL CLOROFORMO SOBRE EL CUERPO FLUÍDICO

Dice el Dr. Simonin que los individuos que sufren la influencia de la anestesia, cuando conservan inteligencia para darse cuenta de ello, creen tener un cuerpo de una sutileza impalpable.

    Uno de los clientes del doctor, Isidoro Bourdon, le contaba que durante la operación que acababan de hacerle bajo la acción del cloroformo "le parecía que una brisa deliciosa le impulsaba a través de los espacios como alma dulcemente conducida por su ángel de la guarda".
Según el Dr. Sédillot:

    "Las carnes pueden ser frotadas, martirizadas, hechas pedazos, y el cliente no siente nada. Su espíritu se cierne en regiones desconocidas, atraviesa espacios sin fin, realiza en algunos minutos los sucesos de varios años, o bien está sumergido en éxtasis y ensueños, a menudo acompañados de un vivo sentimiento de bienestar y de dicha."

    Fletwood Cromwell Warley, el inventor de los cables transatlánticos, cuenta que, habiendo hecho uso cierta noche del cloroformo para aliviar un dolor de garganta que le producía insomnio, cayó en profundo sueño y se vio, poco tiempo después, con su cuerpo fluídico fuera de su cuerpo material, el cual se hallaba profundamente aletargado.

    El capitán Volpi ha hecho una comprobación análoga:

    "Hace seis años -escribía en 1889- lo aspiré para amortiguar los espasmos que debía producir la extracción de un cálculo renal. Me enteré entonces con asombro de que mi ego, es decir, mi alma y mi razón pensante, revestidas de la forma corpórea, estaban a dos metros de mi cuerpo. En consecuencia, mi ego estaba fuera de mis órganos. Veía a mi ego sobre el lecho, tendido e inmóvil, y a mi cuerpo, al cual imprimía el movimiento y la vida".

    El capitán Volpi habló de esta sensación a varios médicos, quienes le afirmaron haber oído referir casos análogos, aunque con menos claridad, a los enfermos que habían cloroformizado.

    "Mis pacientes me han declarado con frecuencia -dijo uno de aquéllos- que durante mis operaciones no habían sufrido, pero que habían visto todo lo que yo hacía, como espectadores que asisten a operaciones hechas a otros individuos."

Carta del Sr. Albano Dubet al Sr. Leyrnarie
Cháteauneuf, 14 de agosto de 1894
     "Acabo de experimentar un fenómeno que, según nuestra doctrina y nuestros conocimientos, es fácilmente explicable. Es posible que sea frecuente y que muchas personas lo hayan notado como yo. No obstante, creo que debo decírselo. Parece ser un estado que participa a la vez del sonambulismo y de la pesadilla, y no es uno ni otro.
"He aquí el hecho:
"Hacia las tres de la tarde me he tumbado en mi cama y poco a poco, hallándome en estado de somnolencia. Observe bien que no es el sueño, y tampoco el acto de soñar. Es un estado intermedio que todo el mundo conoce..
"En ese estado conservaba perfectamente toda mi lucidez, tenía los ojos cerrados y permanecía inmóvil. Pero poco a poco, mis sentidos se entorpecieron y sentí un segundo yo, que no era el cuerpo, y que hacía esfuerzos sorprendentes para desprenderse del cuerpo. Mi espíritu, o más bien mi envoltura fluídica, estaba claramente separada de la envoltura corpórea. Mis brazos fluídicos, mis piernas fluídicas, se agitaban en todos sentidos. Este segundo yo miraba el cuerpo y se daba cuenta de que éste conservaba la más absoluta inmovilidad. Agitaba sus brazos y veía inertes sus brazos corpóreos; daba golpes y él oía el sonido.Se daba la explicación en ese momento de que era realmente un espíritu y que ese espíritu se esforzaba en separarse del cuerpo, pero sentía dolor. A1 fin comprendió que era inútil usar la violencia, y por un esfuerzo de su voluntad entró de nuevo en el cuerpo, que entonces se despertó completamente.
     "La memoria de este hecho se ha conservado en mí completamente, como ya le he dicho. Mi lucidez fue constante y no cesé de conservarla.
    "Durante todo aquel tiempo (que ha sido aproximadamente una media hora, quizá más) razonaba mi situación y hacía experiencias conmigo mismo. Mi voluntad solamente, mi voluntad consciente, ha mantenido mi envoltura fluídica fuera del cuerpo. Sentía, veía que tenía cuatro brazos, de los cuales se agitaban dos violentamente y los otros dos permanecían inmóviles.
     "Los doctores explican que eso es una pesadilla, efecto de la digestión (no había comido nada hacía tres horas), o la consecuencia de una enfermedad (no he tenido ninguna desde hace más de quince años), o, en fin, una impresión que ha quedado en el cerebro a consecuencia de una lectura o de un espectáculo que me ha conmovido fuertemente (nada he leído, nada he visto que me haya dejado la menor impresión). Estoy absolutamente sano de espíritu y de cuerpo.
     "He tenido que darle toda esta relación. Es posible que el caso sea frecuente y que no valga la pena de ser referido. Vd. haga con ello lo que crea conveniente. .."

Observación anotada por el Dr. Paul Gibier :
El Sr. H. es un joven alto, rubio, de unos treinta años, hijo de padre escocés y de madre rusa. Es grabador, artista de talento. Su padre estaba dotado de facultades medianímicas muy potentes. Su madre igualmente era médium. Aunque nació en un medio espiritualista, no se ha ocupado de espiritismo ni ha notado nada anormal hasta el momento en que ha sufrido lo que él llama un accidente, sobre el cual vino a consultarme. a primeros de 1887 (en París).
     "Hace pocos días -me dijo-, regresaba a mi casa por la noche, hacia la diez, cuando se apoderó de mí, de repente, un sentimiento de laxitud extraña que no podía explicarme. Decidido, sin embargo, a no acostarme enseguida, encendí la luz y dejé la lámpara sobre la mesa de noche, junto a mi cama. Cogí un cigarro, lo acerqué a la llama de mi lámpara y le di unas cuantas bocanadas. Después me eché en un sofá.
     "En el momento en que me dejé caer descuidadamente hacia atrás para apoyar la cabeza en el almohadón del sofá, vi que los objetos que me rodeaban daban vueltas. Sentí una especie de aturdimiento, un vacío. Luego, bruscamente, me encontré transportado en medio de mi cuarto. Sorprendido por este desplazamiento, del que yo no había tenido conciencia, miré a mi alrededor, y mi asombro aumentó considerablemente. Primero, me vi acostado en el sofá, relajadamente, sin rigidez. Sólo la mano izquierda estaba levantada, más alta que mi cabeza, apoyado el codo, y cogiendo el cigarro encendido, cuya lumbre se destacaba en la penumbra que producía la pantalla de la lámpara. La primera idea que se me ocurrió fue que estaba dormido y que lo que ocurría sólo era el resultado de un sueño.. No obstante, me decía a mí mismo que nunca me había ocurrido nada semejante y que se pareciera tan intensamente a la realidad. Diré más: tenía la impresión de que nunca me había encontrado tan en la realidad como en aquel momento. Así, pues, dándome cuenta de que no podía ser un sueño, el segundo pensamiento que me asaltó de repente fue el de que estaba muerto. Y, al mismo tiempo, acordándome de que había oído decir que existen los espíritus, pensé que me había convertido en un espíritu. Todo aquello que había podido aprender acerca de este asunto se desarrolló enteramente, pero en menos tiempo que el preciso para acordarme, ante mi vista interna. Me acuerdo muy bien de haber sentido entonces una especie de angustia y de resentimiento por cosas no terminadas. Mi vida se representaba como en una fórmula...
     "Me aproximé hacia mí, o mejor dicho, a mi cuerpo o a lo que creía que era mi cadáver. Algo que de súbito no comprendí llamó mi atención: me vi respirando, pero, además, vi el interior de mi pecho y el corazón, que latía lentamente, débilmente, pero con regularidad. Veía mi sangre, de rojo vivo, circular por los vasos sanguíneos. En aquel momento, comprendía que debía haber sufrido un síncope de género especial, a menos que las personas que sufran un síncope, pensaba yo aparte, se acuerden de lo que les ha ocurrido durante su desvanecimiento. Y entonces temí el no acordarme de esto cuando volviera a mi cuerpo...
     "Sintiéndome más tranquilo, miré alrededor mío preguntándome cuánto tiempo duraría esto. Luego, ya no me ocupe de mi cuerpo, del otro yo que seguía acostado descansando. Miré la lámpara, que continuaba ardiendo silenciosamente, y pensé que estaba muy cerca de mi cama y que podía prender fuego a las cortinas. Cogí la llave de la mecha con intención de apagarla, y entonces, ¡nuevo motivo de sorpresa! Notaba perfectamente el botón de la llave. Percibía, por así decirlo, cada una de sus moléculas, pero en vano daba vuelta con mis dedos. Sólo mis dedos ejecutaban el movimiento y en vano traté de obrar sobre el botón.
     "Me examiné entonces a mí mismo y vi que mi mano podía pasar a través de mi cuerpo, pero, no obstante, me tocaba perfectamente el cuerpo, el cual me pareció, si la memoria no me es infiel en este detalle, como si estuviera revestido de blanco. Después, me puse frente al espejo que está sobre la chimenea. En lugar de ver mi imagen en la luna del espejo, noté que mi vista podía profundizar a voluntad y aparecieron primero la pared, después la parte posterior de los muebles que había en casa de mi vecino y luego el interior de su cuarto. Me di cuenta muy exacta de la ausencia de luz en aquellas habitaciones, así como de un rayo de luz que partía de mi epigastrio e iluminaba los objetos.
     "Me asaltó la idea de penetrar en el cuarto de mi vecino, a quien, por lo demás, yo no conocía, y que estaba ausente de París en aquella ocasión. Apenas había sentido el deseo de visitar la primera habitación, cuando me encontré transportado a ella. ¿Cómo? No lo sé, pero me parece que he debido atravesar la pared tan fácilmente como la vista penetraba a través de ella. En resumen, que estaba yo en casa de mi vecino por primera vez en la vida. Visité las habitaciones, gravé su aspecto en mi memoria y fui luego hacia unabiblioteca, donde leí especialmente varios títulos de libros situados en un estante a la altura de la vista.
     "Para cambiar de lugar no tenía más que quererlo, y, sin esfuerzo, me encontraba allí donde quería ir.
     "A partir de aquel momento mis recuerdos son muy confusos. Sé que fui muy lejos, a Italia creo, pero no podría decir cómo empleé el tiempo. Era como si, no siendo dueño de mí mismo ni de mis pensamientos, pudiera transportarme de un lado a otro, según donde se dirigía mi pensamiento. No estaba seguro de éste y él me dispersaba en cierto modo antes de que yo pudiera fijarlo: la loca de la casa, ahora, se llevaba la casa consigo.
     "Debo añadir, para terminar, que me desperté a las cinco de la mañana, tieso, frío, en el sofá y teniendo todavía el cigarro sin terminar entre los dedos. La lámpara se había apagado; había ahumado el tubo de cristal. Me eché en la cama sin poder dormir y estuve tiritando. Por fin me dormí. Cuando me desperté era de día.
     "Por medio de una inocente estratagema induje al portero a que fuera, aquel mismo día, a ver si en la habitación de mi vecino había algo trastornado y, subiendo yo con él, pude ver de nuevo los muebles y los cuadros vistos por mí la noche anterior, así como los títulos de los libros que yo había leído con atención.
     "Me he guardado mucho de hablar de esto con nadie por temor a pasar por loco o alucinado."

     Terminado su relato, añadió el Sr. H.: "¿Qué piensa usted de esto, doctor?"
En aquella época, cuando el Sr. H. vino a darme cuenta de este "accidente", yo sabía que las cosas pueden ocurrir como él las contaba, y conocía en parte las razones. Sin embargo, miré a mi interlocutor fijamente a los ojos para saber si tendría intención de engañarme: estaba muy serio y parecía muy preocupado por lo que le había ocurrido. Le expliqué entonces que, según toda verosimilitud, él estaba dotado de facultades extraordinarias y que de él dependía el desarrollarlas. Le indiqué, con ese objeto, el régimen a observar, que me prometió seguir rigurosamente, y nos citamos quince días después. Fue fiel a la cita, pero venía para anunciarme que estaba a punto de casarse y para decirme que no podía consagrarse a ninguna otra experiencia que a la de la vida conyugal, la cual como ya se sabe, es desfavorable para la obtención de facultades de abmaterializació n autónoma.

     Carta de un antiguo alumno de la escuela de Saint-Cyr
Hace algún tiempo recibí una carta de un ex alumno de la Escuela Militar de Saint-Cyr, actualmente empleado superior en Aduanas en una de las repúblicas de América del Sur, el cual me pedía mi opinión sobre ciertos fenómenos de los cuales él había sido testigo.
     No conozco a ese señor y no puedo garantizar sus afirmaciones, pero éstas me parecen selladas con buena fe y no hacen, por lo demás, sino confirmar hechos muy conocidos de aquellos que se ocupan de este género de estudios.
     He aquí el documento, en el cual me he limitado a separar detalles personales que puedan identificar a mi corresponsal, que desea no darse a conocer:
     "El 17 de marzo, a las diez y media de la noche, me hallaba en mi casita de campo, donde vivo solo con mi mujer, mis hijos y dos criados. Estaba en mi salón y sentado en un sillón. Acababa de leer Los Hermanos Karamazov. A1 cerrar el libro me dejé llevar a ese estado de ensueño que invade a todo lector que digiere lo que acaba de leer. Mis ojos, que miraban el vacío, como vulgarmente se dice, estaban fijos en un vaso que contenía uno de esos grandes insectos luminosos que en español se llaman cucuyos.
     "A1 cabo de un instante sentí un frío muy grande, y, a pesar de la voluntad de levantarme para despejarme, quedé sentado, como clavado a mi asiento, sin poder tampoco separar la mirada de los puntos brillantes que formaban los insectos luminosos. Estaba literalmente helado, con un intenso dolor en la columna vertebral, semejante en todo a lo que los médicos llaman el dolor histérico. A1 mismo tiempo la menor idea de movimiento era acompañada de un dolor muy agudo en el brazo o pierna que quería mover. Mi razón estaba lúcida y, mentalmente, me creí víctima de una hiperestesia general. Veía los cucuyos gigantescos. Después, como al principio de un desvanecimiento, mis ojos rodaron en mirada extraviada. Poco después, unas ondas luminosas, rojo-amarillentas y azul-violeta, danzaron ante mí, absolutamente como los círculos concéntricos (pero más bien ovalados) que determina la caída de una piedra en el agua.
"Noté entonces un aplanamiento general y al mismo tiempo las ondas luminosas se extinguieron, dejando en su lugar una nube que, poco a poco, tomó exactamente mi forma. Me veía como en un espejo malo, con la percepción de los cucuyos detrás de la imagen. Tuve en ese instante la más extraña sensación que sea dado al hombre experimentar: tuve la perfecta noción de no estar ya en mí. No sé cómo explicarlo. El solo pensamiento de ello me turba aún. Sentí perfectamente que salía de la habitación en que me encontraba. Fui al jardín, corté dos rosas, después... la oscuridad más completa sobre todo lo demás.
     "Cuando volví en mí, con una fatiga considerable en todas las articulaciones, estaba cubierto de un sudor pegajoso, con cefalalgia intensa y el recuerdo exacto y preciso de lo que le relato.
     "A1 día siguiente encontré las dos rosas en el suelo...
     "Tengo un temor y quiero decirle cuál es, para terminar. Tengo el temor de que usted crea que es una mistificación, como hubiera podido ocurrir de ser más joven y de dirigirme a un hombre de otro carácter que el suyo. Espero, señor, que el tono sincero de esta carta disipará toda sospecha, sobre todo cuando mi objeto es sólo instruirme, si puede ser, y curarme de lo que considero como una verdadera enfermedad. "

LA SALIDA DEL CUERPO ASTRAL EN EL MOMENTO DE LA MUERTE

Observación de Jackson-Davis
     Mis facultades de vidente me han permitido estudiar el fenómeno psíquico y fisiológico de la muerte en la cabecera del lecho de una moribunda.
       Era una señora de unos sesenta años, a quien yo había dado frecuentemente consejos médicos. Cuando llegó la hora de la muerte estaba yo, felizmente, en perfecto estado de salud, que me permitía ejercer libremente mis facultades de vidente. Me situé de manera que no fuera visto ni molestado en mis observaciones psíquicas, y me puse a estudiar los misteriosos procedimientos de la muerte.
     Vi que la organización física no podía ya bastar a las necesidades del principio intelectual, pero varios órganos internos parecieron resistir a la partida del alma. El sistema vascular luchaba por retener el principio vital. El sistema nervioso, con toda su fuerza, contra el aniquilamiento de los sentidos físicos, y el sistema cerebral trataba de retener el principio intelectual. El cuerpo y el alma se resistían a su separación absoluta. Estos conflictos interiores parecían primero producir sensaciones penosas y confusas. Así pues, me sentí feliz cuando me di cuenta de que esas manifestaciones físicas indicaban, no dolor ni malestar, sino simplemente la separación del alma y el organismo.
     Poco después la cabeza se vio rodeada de una atmósfera brillante. Luego, de repente, vi al cerebro y al cerebelo extinguir sus partes interiores y detener sus funciones galvánicas. Quedaron saturados de principios vitales de electricidad y de magnetismo, que penetraron en las partes secundarias del cuerpo. Dicho de otro modo: el cerebro se hizo súbitamente diez veces más preponderante de lo que era en estado normal. Este fenómeno- precede invariablemente a la disolución física.
     Enseguida observé el procedimiento por el cual el alma o el espíritu se separa del cuerpo. El cerebro atrae hacia él los elementos de electricidad, de magnetismo, de movimiento, de vida, de sensibilidad, repartidos por todo el organismo.
     La cabeza aparecía como iluminada y observé al mismo tiempo que las extremidades se ponían frías y oscuras. El cerebro tomaba un brillo especial.
     Alrededor de esta atmósfera fluídica que rodeaba la cabeza, vi formarse otra cabeza que se dibujaba más y   más claramente. Era tan brillante que apenas podía mirarla, pero a medida que esta cabeza fluídica se condensaba, desaparecía la atmósfera brillante. Deduje de ello que esos principios fluídicos que habían sido atraídos de todas las regiones del cuerpo hacia el cerebro, y entonces eliminados bajo la forma de una atmósfera particular, estaban antes sólidamente unidos, según el principio superior de afinidad del universo que siempre se deja sentir en cada partícula de materia. Con sorpresa y admiración seguí las fases del fenómeno.
     De igual manera que la cabeza fluídica se desprendía del cerebro, vi formarse sucesivamente el cuello, los hombros, el torso, y, en fin, el conjunto del cuerpo fluídico. Para mí fue evidente que las partes intelectuales del ser humano están dotadas de una afinidad electiva que les permite reunirse en el momento de la muerte.        Las deformidades y defectos del cuerpo físico habían casi enteramente desaparecido del cuerpo fluídico.
Mientras que se desarrollaba este fenómeno espiritualista ante mis facultades especiales, por otro lado, para los ojos materiales de las personas presentes en la habitación, el cuerpo de la moribunda parecía sufrir síntomas de molestia y dolor, pero eran ficticios, porque sólo provenían de la salida de las fuerzas vitales e intelectuales que se retiraban de todo el cuerpo para concentrarse en el cerebro y después en el organismo nuevo.
     El espíritu (o inteligencia desencarnada) se elevó en ángulo recto por encima de la cabeza del cuerpo abandonado. Pero antes de la separación final del lazo que había reunido tan largo tiempo las partes materiales e intelectuales, vi una corriente de electricidad vital que se formaba sobre la cabeza de la moribunda y la parte baja del nuevo cuerpo fluídico. Esto me dio la convicción de que la muerte sólo era un renacimiento del alma o del espíritu, elevándose de un estado inferior a otro estado superior, y que el nacimiento de un niño en este mundo o de un espíritu en el otro, eran hechos idénticos. Nada falta allí, ni aun el cordón umbilical, que estaba representado por un cordón de electricidad vital. Este cordón subsistió durante algún tiempo uniendo los dos organismos. Descubrí entonces aquello de que no me había dado cuenta en mis investigaciones psíquicas, y es que una pequeña parte del fluido vital volvía al cuerpo material en cuanto -el cordón o unión eléctrica estaba roto. Este elemento fluídico o eléctrico, difundiéndose por todo el organismo, impedía la disolución inmediata del cuerpo.
     No es prudente enterrar el cuerpo antes de que haya comenzado la descomposición. Frecuentemente todavía no se ha roto el cordón umbilical de que he hablado. Esto sucede cuando algunas personas que parecen muertas vuelven a la vida al cabo de uno o dos días y refieren sus sensaciones. Ese estado ha sido llamado letargia, catalepsia, etc., pero cuando el espíritu se ve detenido en él momento en que deja el cuerpo, el cerebro pocas veces recuerda lo que ha pasado. Ese estado de inconsciencia puede parecerse al aniquilamiento para un observador superficial, y esta interrupción momentánea de la memoria sirve a menudo de argumento contra la inmortalidad del alma.
     En cuanto el alma de la persona a quien observaba se vio libre de los lazos terrestres del cuerpo, comprobé que su nuevo organismo fluídico era apropiado para su nuevo estado, pero que el conjunto se asemejaba a su apariencia terrestre.
    Me fue imposible saber lo que pasaba en aquella inteligencia rediviva, pero observé bien su calma y asombro por el profundo dolor de los que lloraban junto a su cuerpo. Ella pareció darse cuenta de la ignorancia de aquéllos sobre lo que realmente había ocurrido.
     Las lágrimas y las excesivas lamentaciones de los parientes no provienen sino del punto de vista en que se coloca la mayoría de la Humanidad, es decir, de la creencia materialista de que todo acaba con la muerte del cuerpo. Puedo afirmar, por mis diversas experiencias, que si una persona muere de muerte natural, el alma no experimenta ninguna sensación penosa.
     El período de transformación que acabo de describir dura aproximadamente dos horas, pero no es exactamente igual para todos los seres humanos.. Si pudierais ver con los ojos físicos, percibiríais junto al cuerpo rígido una forma fluídica que tiene la misma apariencia que el ser humano que acaba de morir, pero esta forma es más bella y está como animada de una vida más elevada.

Observación del Dr. Cyriax
     La manera como han descrito la muerte centenares de videntes prueba que el alma o el espíritu sale de su   envoltura mortal por el cráneo. Dichos videntes han observado que en seguida que esta salida se ha verificado se eleva por encima de la cabeza una nube vaporosa que, tomando la forma humana, se condensa poco a poco y se parece cada vez más a la persona muerta. Cuando este cuerpo fluídico está formado queda, sin embargo, unido durante algún tiempo al despojo mortal por un cordón fluídico que parte de la región intermedia entre el corazón y el cerebro.
     La muerte no es nada por sí misma, pero hay dificultades para morir, como las hay para nacer. Algunas personas tienen la sensación de su muerte; otras, muy poco. Para la mayor parte, la muerte es parecida a un sueño producido por un narcótico. Esto es lo que explica por qué, despertándose en otro mundo, no sabe dónde están. A1 morir, el ser humano no se hace mejor ni peor: es simplemente una evolución superior que obedece a leyes primordiales.

Por Albert de Rochas, de su libro "Las Vidas Sucesivas"



Confiemos nuestras fuerzas al intercambio con la Espiritualidad, bajo la luz de la oración y del Evangelio. Estemos seguros que la luz también lucha para sobreponerse al dominio de las tinieblas.
Aceptemos el trabajo de socorro a nuestros compañeros que aún yacen en las tinieblas y continuemos fieles a Jesús hoy y siempre.

Por el espíritu Batuíra, psicografía de Francisco Cándido Xavier, del libro Más Luz






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