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jueves, 8 de septiembre de 2011

Beneficios del perdón





  Investigaciones y estudios vienen comprobando los beneficios, tanto mentales como físicos del acto de perdonar. Entrevistamos al Dr. Fred Luskin, autor de El Poder del Perdón, que estudia el asunto hace más de cuatro años.


Según el diccionario (Diccionario Michaelis) la palabra perdón significa “conocer perdón, absorber, remitir (culpa, deuda, pena, etc), disculpar y respetar”. ¡Sí! El acto de perdonar envuelve todo eso y aun mucho más. Investigaciones y estudios vienen siendo desarrollados en estos últimos años para mostrar y comprobar el poder y los beneficios del perdón.


Sin embargo, no es justo decir que solamente ahora el mundo está dándose cuenta del poder del perdón. En el aspecto científico, tal vez, pero creencia y religiones ya predican la importancia del perdón hace muchos, muchos años, principalmente como un acto importante para la salud del espíritu.


El año pasado, Charlotte Van Oyen Witvliet, profesora de psicología del Hope College, en Michigan, EUA, y sus colegas, hicieron una experiencia con 71 voluntarios. En ella, fue pedido a ellos que se acordasen de alguna herida antigua, algo que los hubiese hecho sufrir. En ese instante, fue registrado el aumento de la presión sanguínea, de los latidos cardíacos y de la tensión muscular, reacciones idénticas a las que ocurren cuando las personas sienten rabia. Y cuando fue pedido que ellos se imaginasen entendiendo y perdonando a las personas que les habían hecho mal, ellos se mostraron más calmado, y con presión y latidos menores.

    La cuestión principal, sin embargo, es que el acto de perdonar no es una de las tareas más fáciles para nosotros, los seres humanos. Tribus, sociedades, países, familias y amigos ya trabajan y aun entablan batallas, y verdaderas guerras, por causa de diferencias entre las personas, o debido a algún acto que desagradase o perjudicase, esparciendo por el mundo aun más rencor y ni un poco de paz. Pero el perdón no es imposible, ni incluso en los casos más graves, como viene intentando comprobar el Dr. Fred Luskin, autor de El Poder del Perdón y doctor en consejos clínicos y psicología de la salud por la universidad de Stanford.
    Después de haber sido herido por un gran amigo, Luskin consiguió, solo, encontrar una forma de perdonarle, y quiso investigar si su técnica funcionaría con otras personas en casos semejantes o en casos más graves. Y desde entonces, dio inicio a sus investigaciones.

EN 1999, ÉL CREÓ EL PROYECTO DE LA UNIVERSIDAD DE STANFORD PARA EL PERDÓN, habiendo combinado en su investigación disertando una técnica psicoterapéutica, emanación y emotividad racional, con algunos estudios sobre el impacto de las emociones negativas, como rabia, amargura y resentimiento en el sistema cardíaco.


    Sus técnicas fueron aplicadas en varias experiencias, siendo una de ellas con dos grupos de personas que fueron alcanzadas por los conflictos entre protestante y católicos, en Irlanda: un grupo de madres que tuvieron a sus hijos muertos; otro, de hombres y mujeres que perdieron a algún pariente. Para ese proyecto, Luskin contó con la cooperación de Carl Thoreses, PhD en Psicología, y contó con el apoyo de una militante irlandesa que hacia treinta años trabajaba por la paz en su país.  Los participantes fueron separados en grupos experimentales y supervisados, y pasaron seis semanas teniendo aulas sobre las técnicas de perdón de Luskin. Los primeros resultados, según Thoresen, indicaron que los participantes presentaban una reducción del nivel de estrés, se veían con menos ira y más confiados de que, en el futuro, ellos perdonarían más y más fácilmente. Además de eso, el estudio mostró que el perdón puede promover una mejora en la salud física, pues ese grupo de personas presentó una disminución significativa en síntomas como dolores en el pecho, en la columna, nauseas, dolores de cabeza, insomnio y pérdida de apetito. Luskin y Thoresen afirman que esa mejora psicológica y física persistió por los menos cuatro meses; en algunos casos, a lo largo de esos cuatro meses, la mejora continúa progresando.


  Luskin describe el perdón como siendo la forma de alcanzar la calma y la paz, tanto con el otro como consigo mismo. La terapia que él propone da valor a las personas a tener mayor responsabilidad sobre sus emociones y acciones, y ser más realistas sobre el desafío y caídas de sus vidas.

     En El Poder y Perdón, él explica el proceso de formación de una amargura y demuestra como tal hecho posee un efecto paralizante en la vida de las personas, basando sus afirmaciones en sus investigaciones e indagaciones, principalmente en su Proyecto de la Universidad de Stanford para el Perdón. Por medio de nueve etapas (ver Box), el autor enseña su técnica de perdón.


En esa entrevista exclusiva para el Sexto sentido, Luskin presenta sus ideas sobre el acto de perdonar, y todo lo que está envuelto en ese proceso.
¿Cómo puede ser definido, de hecho, el acto de perdonar?


Es simple. Perdonar es el arte de hacer las paces cuando algo no ocurre como queríamos. Decimos que es hacer las paces con la palabra NO.


¿El cúmulo de amarguras puede causar problemas físicos y psicológicos?

¿Es posible que las personas puedan perdonar a alguien, incluso aun estando airada o amargada con ella?


   Claro... rencor y desesperación son particularmente peligros para el bienestar. La vida tiene dificultades frecuentes. Necesitamos de un camino para superarlas y, así, nos liberamos… es para eso que existe el perdón.


  ¿El perdón puede ser considerado como una cura para dolencias físicas y mentales venidas de problemas emocionales o psicológicos?


  El perdón reduce la agitación que lleva a problemas físicos. Perdonar reduce el estrés que viene de pensar en algo doloroso, pero no puede ser cambiado. El también limita la regurgitación que lleva a sentimiento de impotencia que reduce la capacidad de que alguien se cuide de sí mismo. El perdón es una cura… A veces. ¿Ayuda? Sí, muchas veces. 
    La disminución de la ira y de la amargura viene de vivir el perdón. El perdón es la experiencia interior de recuperar la paz y el bienestar. Puede ocurrir que alguien perdone un día, y la rabia vuelva después, y eso es normal. De esa forma, el perdón es un proceso que debe ser practicado. Si usted permanece hablando o pensando con rencor de alguien, entonces el perdón aun no ocurrió.


¿Existe un momento adecuado para dar inicio al proceso del perdón?


El momento es después del tiempo necesario para vivir la perdida.


Si la persona perdona, ella puede quedar con la sensación de que la persona perdonada tenía la razón, o con la sensación de que un derecho suyo fue alcanzado.


A veces, la persona fue realmente perjudicada. El perdón no elimina ese hecho; apenas lo vuelve menos importante. El perdón implica que se puede quedar en paz incluso habiendo sufrido un mal. No podemos escapar de todos los males, hace que la persona continúe intranquila porque el problema aun persiste. El perdón reconoce el mal, pero permite que el perjudicado lleve la vida adelante. El perdón puede convivir con la justicia y no impide que se haga las cosas justas o adecuadas. Usted apenas no las hace de una perspectiva rencorosa o trastornada.
    Cuando la persona se encuentra en un “proceso” de perdonar a alguien, puede ocurrir que ella perciba que ella misma también tiene culpa en la situación y puede haber causado algún mal al otro.
     Muchas situaciones son complejas y no se puede simplemente distinguir en ellas a una persona buena y una mala, pero sí dos personas que crearon juntas una situación difícil. Es bueno recordar que el perdón puede ser extendido a la propia persona y que, a veces, el perdón implica reconciliar una relación, y otras veces, en facilitar esa relación.


¿Cómo la falta de perdón puede perjudicar a una persona?


La ausencia de perdón causa estrés siempre que se piensa en alguien que nos hirió y con quien no hicimos las paces. Eso perjudica el cuerpo y provoca emociones negativas


¿Cómo fue idealizado el Proyecto del Perdón?


Yo fui seriamente dañado por un amigo próximo, y tuve que encontrar solo una forma de recuperarme. Cuando lo conseguí, decidí verificar si eso funcionaba con otras personas. Fue el comienzo de mi primer proyecto de investigación.


¿Esos descubrimientos son universales, aplicables a todos los grupos de sociedades?


Hasta el momento, la investigación que otro y yo hemos conducido sugiere que el perdón tiene valor en dificultades muy variadas; pueden envolver a esposas o maridos que engañan a maridos o esposas, niños que sufren abusos, socios fraudulentos y hasta personas que asesinaron a sus hijos. También trabajamos con una gran variedad de nacionalidades en San Francisco y región y tuvimos buenos resultados.


¿Existen otros científicos en el mundo realizando el mismo tipo de investigación?


Existen algunos que investigan o enseñan el perdón, como nosotros. Otros investigan las características que vuelven a las personas más propensas al perdón, y otros intentan entender como el perdón puede ser benéfico a la salud.


LOS NUEVE PASOS DEL PERDÓN – Según el Dr. Fred Luskin


1. Sepa exactamente como usted se siente sobre lo que ocurre y sea capaz de expresar lo que hay de equivocado en la situación. Entonces, relate su experiencia a unas dos personas de confianza.
                                                                                                                                                                   2. Comprométase consigo mismo a hacer lo que fuera preciso para sentirse mejor. El acto de perdonar es para usted y nadie más. Nadie más necesita saber su decisión.


  3. Entienda su objetivo. Perdonar no significa necesariamente reconciliarse con la persona que lo perturbó, ni volverse cómplice de ella. Lo que usted busca es paz.


4. Tenga una perspectiva correcta de los acontecimientos. Reconozca que su aversión viene de los  negativos y del malestar físico que usted sufre ahora, y no en aquello que lo ofendió o agredió dos minutos o diez años atrás.


5. En el momento en que usted se siente afligido, practique técnicas de control de estrés para atenuar los mecanismos de su cuerpo. 


 6. Desista de esperar, de otras personas o de su vida, cosa que ellas no escogieron dar a usted. Reconozca las “reglas no cobrables” que usted tiene para su salud o para el comportamiento suyo y de los otros. Recuérdese a sí mismo que usted puede esperar salud, amistad y prosperidad y se esfuerza en conseguirlos. Sin embargo usted sufrirá si exige que esa cosa ocurra cuando usted no tiene el poder de hacerlas ocurrir.


7. Coloque su energía en intentar alcanzar sus objetivos positivos por un medio que no sea a través de la experiencia que lo hirió. En vez de repasar mentalmente su amargura, procure otros caminos para sus fines.


8. Acuérdese de que una vida bien vivida es su mejor venganza. En vez de concentrarse en sus amarguras – lo que daría poder sobre usted a la persona que lo hirió – aprenda a buscar el amor, la belleza y la bondad a su alrededor.


9. Modifique su historia de resentimiento de forma que ella lo recuerde de la elección heroica que es perdonar. Pase de víctima a héroe en la historia que usted cuenta.El Poder del Perdón


Dr. Fred Luskin


"Debemos hacer todo para evitar una guerra, que vendría sin duda, a ser un atraso en la marcha progresiva de la Humanidad. Cuando surge una guerra de proporciones mayores, casi todo se desmantela, y prácticamente tiene que  ser reiniciado.... 
                                                                           - Chico Xavier -

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Depresión en la infancia


Depresión en la infancia
Se está volviendo frecuente la discusión en torno de la problemática de la depresión en 
la infancia.

  Es asustador el número de niños que entran en ese estado del alma, preocupante. 
  Pero, aunque se intente descubrir las causas generadoras de ese mal, y se levanten 
varias cuestiones sobre el asunto, el problema continúa. 
  Para un observador atento, tal vez no sea difícil detectar las posibles raíces del problema. 
  Es que, involucrados en la agitación de la sociedad actual, los padres y demás familiares
 han olvidado de dar la debida atención a los pequeñitos.
    
De forma general, ellos son relegados a un segundo plano en el orden de las prioridades. 
    En primer lugar, viene la ocupación con los recursos financieros que garantizan la 
sustentación física de la familia. Y esa preocupación absorbe a tal punto a los padres,
 que  muchas veces los infantes son atropellados en vez de conducidos con amor y cariño.
   Es común que observemos a los pequeños en el banco de atrás del automóvil o en la 
ventana del bus escolar, de caritas melancólicas mirando para la nada, como si estuviesen
 absorbidos por profundos cuestionamientos.
   
 Si pudiésemos oír sus devanecimientos, talvez escuchásemos sus angústias íntimas:
  ¿Por qué tengo que salir de mi hogar acogedor para ir a ver a esas personas que no
 conozco?
   ¿Por qué debo dejar mis juguetes para tener que ir a jugar con aquellos otros niños que
 quieren tomar los míos y no dejan que yo juegue con los de ellos?
 
  ¿Será que la tía no va a jugar conmigo? ¿Será que algún niño mayor que yo no me va a 
golpear? ¿Será que va entrar un asaltante en la escuela y me va a robar?
  
 ¿Y qué tal si, cuando yo vuelva para la casa, toda mi familia haya desaparecido, se haya 
ido? O entonces, ¿será que mi madre se va a acordar de irme a buscar al final de la
 clase?
  
Para el adulto, que vive una realidad diferente de la de los niños, todo eso parece pueril,
 pero para él es motivo de inquietud y angustia.
 
  Hoy en día, movidos por el deseo sincero de prevenir a los niños contra los males de
 las drogas y de la violencia, tal vez hayamos lanzado una carga demasiado grande de 
pavores sobre esas almas aún frágiles. 
    En el hogar, muchos de ellos conviven diariamente con la brutalidad y la violencia de los
 juegos electrónicos, sin madurez para separar lo que es ficción de lo que es realidad.
    
Y, un día, ellos salen del hogar y parten para un mundo diferente del suyo, llenos de 
miedos e inseguridades. 
      Aparte de eso, cargan, en las profundidades del alma, traumas y conflictos de otras
 existencias, pues no podemos olvidar de que nuestros niños son espíritus reencarnados.
    
Considerando todo eso, si realmente deseamos ayudar a nuestros hijos, busquemos 
entenderlos mejor. Procuremos penetrar en su mundo y ofrecerle el amparo y la
 protección  de que tanto necesitan. 
    Socorramos a nuestros pequeños que ruegan, muchas veces a través de la rebeldía,
 nuestra atención y cariño, para que puedan caminar con seguridad en este mundo 
turbulento y asustador para muchos de ellos.
 
 ¡Piense en eso! 
   No espere a que su hijo muestre síntomas de depresión, obsérvelo y ampárelo
 siempre. 
    Repiense las actividades que le son impuestas y verifique si no están sobrecargando,
 sometiendo sus estructuras psicológicas todavía frágiles.
   Muchas veces, con el instinto  de preparar nuestros hijos para el mundo competitivo de
 hoy, olvidamos de considerar aspectos importantes de su psiquismo, principalmente 
sus tendencias y aptitudes. 
    Es importante que nos cuestionemos sobre lo que es más importante: instruir muy
 bien al  hombre, o formar al hombre de bien. 
   ¡Pensemos en eso!
  
Redacción del Momento Espírita

martes, 6 de septiembre de 2011

Corrupción


¡"Lo que más preocupa no es el grito de los violentos, ni de los corruptos, ni de los deshonestos, ni el de los humildes, ni el de los sin ética.! ; ¡Lo que más  preocupa es el silencio de los buenos!"


En los días que vivimos, mucho  se ha hablado a respecto de la corrupción. Y, casi siempre, abordando las flechas hacia los poderes públicos.

Pensamos que la corrupción esta íntimamente ligada a los que ejercen el poder público.

Ledo engaño. Está de tal forma diseminado entre nosotros, que, con certeza, muy pocos en el, no estamos encuadrados.

Veamos algunos ejemplos:

Cuando producimos algo con calificación inferior, para obtener mayores lucros, y los vendemos  como de calidad superior, estamos siendo corruptos.

Cuando adquirimos una propiedad y, al proceder a la escrituración, adulteramos su valor, con el fin de pagar menos impuestos, estamos diseminando la corrupción.

Al burlar al fisco, no pidiendo  o no emitiendo nota fiscal, estamos permitiendo la corrupción.

¿Eso es común, no es lo mismo? Es como si hubiese, entre todos, un contrato privado firmado en el sentido de yo hago, lo que todos hacen y nadie factura para nadie.

Con la disculpa de proteger  personas  que podrían  perder el empleo, no denunciamos los actos lesivos  para las organizaciones  que desean ser serias.

Actos como el del funcionario que se ofrece para trabajar, en sus días  de descanso, el mismo servicio, a un precio menor, de aquel que la empresa   a la que está vinculado establece.

O de aquel que orienta al cliente, en el propio trabajo, entregando tarjetas de visita, para buscar el producto de mejor calidad  y mejor precio, según el, en la tienda de su pariente o conocido.

Olvidando que tiene su salario pagado por los dueños de la empresa para quien debería estar trabajando, en verdad.

Desviando clientes, está desviando la finalidad de su actividad, configurando, corrupción.

Corrupción es ser pagados para trabajar  ocho horas y llegar atrasados, o salir antes,  pidiendo  a los compañeros  pasen nuestra tarjeta por el reloj electrónico.
Es conseguir atestados falsos, de profesionales  igualmente corruptos,  para justificar nuestra ausencia del lugar de trabajo, en días que anteceden a fiestas.

Desvió de la finalidad: deberíamos estar trabajando, pero en su lugar vamos a viajar o pasear.

Es promover la quiebra o avalar  algún grupo  en la empresa, con el fin de tener algunas horas de huelga.

Es mentir delante de las autoridades, deseando favorecer  a unos y a otros en procesos litigiosos. Naturalmente, para ser agradables  a dichos amigos que, dicen, cuando precisamos, harán los mismo por nosotros.

Corrupción es aplaudir a nuestro hijo que nos presenta notas altas en las asignaturas, aun mismo sabiendo que el las adquirió a costa de desvergonzada copias.



¿Y que decir de los que nos ofrecemos para hacer el examen en el lugar del otro?  ¿o realizar la pregunta que a el le cabria hacer?

E que dizer dos que nos oferecemos para fazer prova no lugar do outro? Ou realizar toda a pesquisa que a ele caberia fazer?

¿Es serio, no?

Así, a partir de ahora, pasemos a examinar con más vigor todo lo que hacemos.

Aun mismo porque, nuestros hijos tienen los ojos  puestos sobre nosotros  y nuestros ejemplos siempre hablaran más alto que nuestras palabras.

¿Deseamos, acaso, que la situación que vivimos en nuestro país tenga proseguimiento?

¿O ansiamos una nación fuerte, unida por el bien, dispuesta a trabajar para progresar, crecer en intelecto y moralidad?

En nuestras manos esta la decisión.

Si lo deseamos, podemos iniciar la poda de la corrupción hoy mismo, ahora.


Y si creemos que haciéndolo solamente uno de nosotros, todo continuara igual, no es verdad. Los ejemplos arrastran.

Si comenzáramos la campaña de la honestidad, de la integridad, los corruptos sentirían después más vergüenza.

Recibirán amonestaciones y puniciones, en vez de aplausos.

Y, convengamos, si no hubiese quien acepte la corrupción, ella moriría por si misma.

Pensemos en eso. Y no perdamos el tiempo.

Y convengamos que si no hay quien acepte la corrupción, ella morirá por sí misma.

 EEquipo de redacción de Momento Espírita


Bendigamos a aquellos que se preocupan de nosotros, que nos aman, que nos atienden en las necesidades... . Valoremos al amigo que nos socorre, que se interesa por nosotros, que nos escribe, que nos telefonea para saber como estamos ... La amistad es una dádiva de Dios, más tarde, habremos de sentir falta de aquellos que no nos dejaron experimentar la soledad !Co
                           - - Chico Xavier -ho amor y cariño de Merc

lunes, 5 de septiembre de 2011

La depresión en la infancia









Se está volviendo frecuente la discusión en torno 
a la problemática de la depresión en la infancia.


Es asustador el número de niños que entran en ese estado
 del alma, preocupante. 


Pero, aunque se intente descubrir las causas generadoras de ese mal, y se levanten 
varias cuestiones sobre el asunto, o problema continúa. 
 

Para un observador atento, talvez no sea difícil detectar las posibles raíces del problema.
.
  Es que, involucrados en la agitación de la sociedad actual, los padres y demás familiares
 han olvidado de dar la debida atención a los pequeñitos. 


De forma general, ellos son relegados a un segundo plano en el orden de las prioridades.
 

En primer lugar, viene la ocupación con los recursos financieros que garantizan la 

sustentación física de la familia. 


Y esa preocupación absorbe a tal punto a los padres, que muchas veces los infantes son
 atropellados en vez de conducidos con amor y cariño.


 Es común que observemos a los pequeños en el banco de atrás del automóvil o en la
 ventana del bus escolar, de carítas melancólicas mirando para la nada, como si 
estuviesen absorbidos por profundos cuestionamientos. 


Si pudiésemos oír sus devanecimientos, talvez escuchásemos sus angústias íntimas:


¿Por qué tengo que salir de mi hogar acogedor para ir a ver a esas personas que no 
conozco?


¿Por qué debo dejar mis juguetes para tener que ir a jugar con aquellos otros niños que
 quieren tomar los míos y no dejan que yo juegue con los de ellos? 
 

¿Será que la tía no va a jugar conmigo? ¿Será que algún niño mayor que yo no me va a 
golpear? ¿Será que va a entrar un asaltante en la escuela y me va a robar? 
 

¿Y qué tal si, cuando yo vuelva para la casa, toda mi familia haya desaparecido, se 
haya ido? O entonces,¿será que mi madre se va a acordar de irme a buscar al final de 
la clase? 


Para el adulto, que vive una realidad diferente de la de los niños, todo eso parece pueril, 
pero para él es  motivo de  inquietud y angustia. 
  
Hoy en día, movidos por el deseo sincero de prevenir a los niños contra los males de las
 drogas y de la  violencia, tal vez hayamos lanzado una carga demasiado grande de 
pavores sobre esas almas aún frágiles. 


En el hogar, muchos de ellos conviven diariamente con la brutalidad y la violencia de los
 juegos electrónicos, sin madurez para separar lo que es ficción de lo que es realidad. 


Y, un día, ellos salen del hogar y parten para un mundo diferente del suyo, llenos de
 miedos e inseguridades. 


A parte de eso, cargan, en las profundidades del alma, traumas y conflictos de otras
 existencias, pues no podemos olvidar de que nuestros niños son espíritus reencarnados. 


 Considerando todo eso, si realmente deseamos ayudar a nuestros hijos, busquemos
 entenderlos mejor.
Procuremos penetrar en su mundo y ofrecerle el amparo y la protección de que tanto 
necesitan.


Socorramos a nuestros pequeños que ruegan, muchas veces a través de la rebeldía,
 nuestra atención y cariño, para que puedan caminar con seguridad en este mundo 
turbulento y asustador para muchos de ellos. 
 

¡Piense en eso!


 No espere a que su hijo muestre síntomas de depresión, obsérvelo y ampárelo siempre.
 


Repiense las actividades que le son impuestas y verifique si no están sobrecargando, 
sometiendo sus  estructuras psicológicas todavía frágiles.


Muchas veces, con el intuito de preparar nuestros hijos para el mundo competitivo de hoy, 
olvidamos de considerar aspectos importantes de su psiquismo, principalmente sus 
tendencias y aptitudes. 
 

Es importante que nos cuestionemos sobre lo que es más importante: instruir muy bien el 
hombre, o formar el  hombre de bien. 



¡Pensemos en eso!


Redacción  de Momento Espírita