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viernes, 12 de abril de 2013

Envidia- / No somos infalibles



Uno de los más grandes pecados de la sociedad, y uno de los más comunes, es la envidia. Es un pecado bajo y despreciable. La envidia significa el mirar con mala voluntad a otra persona. El diccionario define la envidia de la siguiente manera: “Disgusto o pesar por el bien o prosperidad de otro”.
La envidia es síntoma de  inferioridad. Es un sentimiento aun muy común entre los hombres, debido a las diferencias  del estado de este, el no poder llegar a superarla puede ocasionarnos serios problemas y un estado obsesivo, difícil de erradicar. La envidia no está limitada a ciertos grupos de personas. Es asombroso notar como este pecado mortal existe en los corazones de hombres y mujeres de todas las esferas sociales.
La Biblia tiene mucho que decir sobre el pecado de la envidia. Está clasificada en la compañía impía de la injusticia, de la fornicación, la perversidad, la avaricia, el homicidio, la contienda, el engaño, la detracción, el odio a Dios, la desobediencia, y la mentira (Ro 1:29,30).
“El décimo mandamiento de la ley de Dios exige que se destierre del corazón humano la envidia.” Cuando el profeta Natán quiso estimular el arrepentimiento del rey David, le contó la historia del pobre que sólo poseía una oveja, a la que trataba como una hija, y del rico, a pesar de sus numerosos rebaños, envidiaba al primero y acabó por robarle la cordera
Todos los seres humanos sentimos envidia en mayor o menor grado, es un sentimiento negativo del que se habla muy poco, lo lamentable es que de ella pueden surgir  las mayores aberraciones en el sufrimiento personal como el proyectado hacia los demás.
La envidia es un fenómeno psicológico muy común que hace sufrir enormemente a muchas personas, tanto a los propios envidiosos como a sus víctimas. Puede ser explícita y transparente, o formar parte de la psicodinamica de algunos síntomas neuróticos. En cualquier caso, la envidia es un sentimiento de frustración insoportable ante algún bien de otra persona, a la que por ello se desea inconscientemente dañar.
Es la envidia la causante de muchos hechos vergonzosos, como podemos ver, en aquel que acude  a la magia negra  con el fin de destruir el ritmo armónico  de una familia, por el simple hecho de envidiar “la felicidad que emana de ellos”. Vemos  discutir a jovencitas a causa de sentirse inferior a otra amiga, llegando a ocasionar a esta, hasta incluso la muerte. La envidia es autora de crímenes y acciones macabras y nefastas.
La envidia hace pareja con los celos. Tienen una fuerte afinidad y muy raramente están separados.
Sin embargo, se pueden distinguir entre sí. Tenemos celos de lo nuestro; envidiamos las posesiones de otro. Los celos temen perder lo que tienen; la envidia sufre al ver lo que otros poseen.
Son sentimientos muy distintos. La envidia nace de las carencias del sujeto, que quiere destruir al objeto-espejo. Los celos, en cambio, nacen del miedo a perder el afecto de la persona amada, a la que se quiere conservar. No obstante, ambos sentimientos pueden ir juntos. Por ejemplo, cuando una persona ataca a su pareja infiel y al (o la) amante de ésta diciendo que lo hace por "celos", a menudo una gran parte de su rabia procede también de su envidia inconsciente, ya que el despechado/a deseaba secretamente ser infiel sin atreverse a ello, mientras que sus engañadores se le adelantaron. Por eso ahora se siente herido/a y humillado/a en su orgullo.
“El corazón apacible es vida de la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos (Proverbios 14:30)
Este mal detestable aparece en los predicadores, doctores, abogados, políticos, banqueros, hombres de negocios, maestros, cantantes, músicos, deportistas, como también en los oportunistas, en los que ocupan cargos en la iglesia, y en miembros de la misma. Si la envidia sólo sirviera para espolear nuestra ambición hacia el bien, para alcanzar más altos ideales, entonces sería algo recomendable; pero generalmente lo opuesto es verdad.
Antiguamente se  decía, y hemos comprobado que es así, “Que la envidia es camino hacia el infierno”.
 La envidia empieza a surgir en los primeros años de vida, cuando el niño empieza a relacionarse con el grupo familiar y social , si el niño se siente amenazado en su terreno y en lo que más quiere tiene un sentimiento de vacío, deseara a toda costa conseguir todo lo que no posee o cree que no puede poseer, esto se manifiesta con pataletas, rabietas, es necesario calmar esos disgustos con explicaciones lógicas y enseñándole a dar, para que con ello vaya aprendiendo a tolerar sus frustraciones y controlar las conductas impulsivas, así pues de esta forma aprenderá a respetar las diferencias y valorar sus propias cualidades, es decir en definitiva empezará a madurar.
 Si al niño que ha pasado por episodios de envidia constante, nadie de su entorno le ha calmando esta ansiedad, crecerá con sentimientos de frustración y de vacío y será un adulto envidioso contaminado por el rencor a los éxitos ajenos, incluso de su propia pareja y amistades, llegando su vida a ser un verdadero tormento.
 El observar o reconocer que algunas situaciones o personas provocan envidia es "positivo", ya que ayuda a reflexionar sobre los propios recursos y con ello aceptar nuestra propia limitación
 La admiración a determinadas personas, no significa tenerles envidia, es saber valorarlas y valorarse.
  Si sufres las miradas y las palabras de una persona envidiosa trata de pasarlas por alto, no eres responsable de su sentimiento, intenta descubrir la envidia a tiempo, te evitarás muchísimos problemas, no desarrolles confianza con las personas envidiosas
Es difícil descubrir al envidioso pues a veces se esconde a través de una apariencia amable, acogedora y simpática y otras se camufla en conductas de excesivo respeto, o excesiva admiración, el envidioso se "alegra de los fracasos ajenos", "sufre con los éxitos ajenos", pero desaprovecha tanta energía que no es capaz de alcanzar sus propios objetivos.
El envidioso es un insatisfecho (ya sea por inmadurez, represión, frustración, etc.) que, a menudo, no sabe que lo es. Por ello siente consciente o inconscientemente mucho rencor contra las personas que poseen algo (belleza, dinero, sexo, éxito, poder, libertad, amor, personalidad, experiencia, felicidad, etc.) que él también desea pero no puede o no quiere desarrollar. Así, en vez de aceptar sus carencias o percatarse de sus deseos y facultades y darles curso, el envidioso odia y desearía destruir a toda persona que, como un espejo, le recuerda su privación. La envidia es, en otras palabras, la rabia vengadora del impotente que, en vez de luchar por sus anhelos, prefiere eliminar la competencia. Por eso la envidia es una defensa típica de las personas más débiles, acomplejadas o fracasadas.
Dicho sentimiento forma parte también de ese rasgo humano, el narcisismo, desde el que el sujeto experimenta un ansia infatigable de destacar, ser el centro de atención, ganar, quedar por encima, ser el "más" y el "mejor" en toda circunstancia. Debido a ello, muchas personas se sienten continuamente amenazadas y angustiadas por los éxitos, la vida y la felicidad de los demás, y viven en perpetua competencia contra todo el mundo, atormentadas sin descanso por la envidia. No es ya sólo que los demás tengan cosas que ellas desean: ¡es que las desean precisamente porque los demás las tienen! Es decir, para no sentirse menos o "quedarse atrás". Este sufrimiento condiciona su personalidad, su estilo de vida y su felicidad.
Las formas de expresión de la envidia son muy numerosas: críticas, ofensas, dominación, rechazo, difamación, agresiones, rivalidad, venganzas... A escala individual, la envidia suele formar parte de muchos trastornos psicológicos y de personalidad (p.ej., algunas ansiedades, trastornos obsesivos, depresión, agresividad, falta de autoestima...). En las relaciones personales y de pareja, está involucrada en muchos conflictos y rupturas. En lo social y político, su influencia es inmensa. Por ejemplo, la envidia del poder sexual, emocional y procreador de las mujeres alimenta el machismo. La envidia de la fuerza y libertad del varón refuerza el feminismo. La envidia de los pobres y resentidos estimula sus violentas revoluciones e igualitarismos. La envidia de los poderosos fomenta sus luchas intestinas. La envidia de los narcisistas y codiciosos nutre los concursos millonarios de televisión y sus audiencias. La mutua envidia de las mujeres robustece el colosal negocio de la belleza y la moda, así como la de los hombres excita su frenética competitividad. La envidia sexual es el combustible del morbo y la prensa rosa. Las envidias económicas desenfrenan el motor consumista... Etcétera.
En suma, cuanto más débil, insatisfecha o narcisista es una persona, tanto más envidiará a la gente que posea lo que a ella le falta. La envidia sólo se cura concienciando y resolviendo las propias carencias y facultades, a través de un proceso de crecimiento emocional. La persona madura no envidia a nadie.
"Nadie que confía en sí mismo, envidia la virtud del otro" – Cicerón
Las personas que sufren este mal, quizás lo hacen sin querer o sin darse cuenta, pero debe ser algo muy terrible de vivir pues se sufre, se cae en la hipocresía, se dicen cosas desagradables, y finalmente nos vuelve en personas destructivas.
Siempre que conoces una persona envidiosa seguro que te hará sufrir, pero es allí donde debemos saber manejar este sentimiento tan destructivo…
Hay que tratar de controlar tal resentimiento porque sólo traerá soledad a nuestras vidas…
Para poder lidiar con este sentimiento de frustración, recuerda que todos los seres humanos somos débiles, que todos tenemos algunos talentos que Dios nos regaló, y está en nosotras descubrir cuáles son.
Agradezcamos cada día por lo que tenemos y carecemos. Tratemos de actuar bien con los demás, esforcémonos, y no nos comparemos con nadie porque siempre sentiremos que perdemos dejando lugar a que florezca ese feo sentimiento que es la envidia.
 Haz cosas buenas y veras que muchas personas te admirarán más por tus lindas cosas que por tus feas actitudes.
Sé feliz y aleja esos malos pensamientos, recuerda que siempre habrá mejores y peores personas que tú.
¿Cuáles son algunos de los efectos de este pecado de la envidia?
I. LA ENVIDIA HACE QUE LA PERSONA NO APRECIE NI DISFRUTE DE LO QUE TIENE
Hay muchas personas que no aprecian ni disfrutan de lo que poseen porque tienen envidia de lo que otros poseen. La envidia es la raíz pecaminosa de la que brota la codicia. La Biblia dice claramente:
“No codiciarás” (Ex 20:17).
El codiciar lo que otro tiene o envidiarlo trae sólo la infelicidad. Hace que uno esté ciego a lo que uno mismo posee. La Biblia dice: “No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros” (Gá 5:26). “No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad” (Sal 37:1). “No tenga tu corazón envidia de los pecadores, antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo” (Pr 23:17).
II. LA ENVIDIA NOS EMPEQUEÑECE
El tener envidia es una señal de pequeñez. El ser envidioso denota un alma estrecha. El ser envidioso es admitir francamente que no se tiene la habilidad ni la natural disposición y capacidad para competir con aquellos que se destacan, con aquellos que son superiores a nosotros.
        Si sufres las miradas y las palabras de una persona envidiosa trata de pasarlas por alto, no eres responsable de su sentimiento, intenta descubrir la envidia a tiempo, te evitarás muchísimos problemas, no desarrolles confianza con las personas envidiosas
        Si eres una persona envidiosa y quieres salir de ese estado porque te está consumiendo la vida, la única forma de conseguirlo es, primero conectar con DIOS y después:
        Primero: Sintiendo el cariño y el apoyo de los seres queridos.
        Segundo: Desarrollando tu sentido del humor.
        Tercero: Hallando tu propia identidad.
        Cuarto: Siendo consciente de qué es lo prioritario de tu vida.
        Quinto: Tolerando tus defectos y valorando tus cualidades.
          Sexto: Valorando las cualidades ajenas en su medida.
        O si prefieres seguir con ese sentimiento de envidia, lo que conseguirás será:
        Bloquear el pensamiento creativo.
        Generaras ansiedad, tristeza y rencor.

        Lo manifestarás a través de miradas y frases inoportunas, o frases calculadas para hacer daño.

        Es un sentimiento que nunca podrás controlar sin ayuda, y sin que tu mismo aceptes que lo eres.
        Es difícil descubrir al envidioso pues a veces se esconde a través de una apariencia amable, acogedora y simpática y otras se camufla en conductas de excesivo respeto, o excesiva admiración, el envidioso se "alegra de los fracasos ajenos", "sufre con los éxitos ajenos", pero desaprovecha tanta energía que no es capaz de alcanzar sus propios objetivos.
        Considera que los demás consiguen las cosas con facilidad y sin esfuerzo, no es una persona generosa, si triunfa nunca se siente satisfecho, este sentimiento es muy perjudicial para quien lo siente y "muy peligroso para la persona envidiada".
Acusamos a la envidia, de ser causante de las mayores desigualdades entre los hombres, ella ha provocado desordenes económicos y sociales. Somos testigos como la ambición y el deseo de arrebatar lo que tienen los demás, amenaza sin cesar la paz que merecemos, y está causando guerras inexplicables para el lógico razonamiento de cualquier cristiano, que con mucho dolor se angustia por estos sucesos.
Como cristianos y discípulos de Jesús, tenemos la obligación de no callar la verdad, desechar la mentira y hacer ver a nuestro prójimo los engaños. Jesús, nunca dejo de hablar contra la hipocresía y la envidia, seamos entonces buenos discípulos. Comencemos, ya mismo poniendo la envidia en el banquillo con el fin de desterrarla de nuestros corazones.

Dice Miguel de Unamuno: “La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual.”

A muchos les gusta ocupar los primeros puesto y sentirse más que los de atrás, pero mayor falta tiene aquel que se siente envidioso por no estar delante.

La envidia produce un sentimiento de disgusto a quien la siente, le quita paz en el corazón y es atrapado por el rencor consigo mismo por no lograr lo que tiene otro.

Es así como la envidia es entristecerse por el bien ajeno. Es un mal desde todo punto de vista censurable. Es una costumbre difícil de comprender, y nos aterroriza que nos atribuyan ser poseedor de ese defecto.

La envidia destruye el corazón de quien la padece y por tanto no puede gozar de la felicidad que debiera.

El envidioso, no disfruta de la vida, por estar pensando que su prójimo esta disfrutando algo más que él. Pero lo más triste, es el sufrimiento que siente por la felicidad ajena. El envidioso desprecia el éxito de los demás, y esta convencido que se las están  quitando injustamente a él.

Por los labios del envidioso, siempre esta el desprestigio de los que se destacan, siempre están echando a tierra a todo el que sobresale. Pero además, invita a los otros a pensar mal del modo como ha tenido éxito cierta persona. Es así como el envidioso critica duro y sin fundamento al que es admirado por alguna cualidad.

En el lenguaje del envidioso, siempre está presente el subestimar al adversario y si pierde, se justifica como víctima del robo del triunfo. Del mismo modo, que al que le ha ido bien en lo económico, lo trata de ladrón. También en su lenguaje acusa maliciosamente de interesado al que se ofrece para ayudar o hacer el bien

El admirar a alguien, no es envidia si se valora positivamente a la otra persona, y si destaca los bueno de sus cualidades.

Es así, como el remedio para superar la envidia, es ver en los demás  lo positivo que tienen. Es preciso tener un corazón generoso, con capacidad de admirar a quien lo que merece. En efecto, son muchas las cosas que podemos admirar en una persona. Es más confortable sentirse feliz porque a otro le vaya bien, que amargar el corazón por su éxito.

La envidia, no se levantará del banquillo de los acusados y estará por siempre ante el juez, que sanciona toda la iniquidad que ella produce.

No siempre nosotros seremos los mejores, no siempre nos irá bien,  pero no por ello nos llenaremos de odio y rencor por lo bien que se opere en el  otro. Todo aquel que admira las cualidades de su prójimo, es un alma noble y el que se entristece, está lleno de envidia, tiene enfermo el corazón, y, o se cura y trata de superar ese estado emotivo, negativo, o enfermará hasta el punto de obsesionarse, y cometer atentados contra su prójimo sea quien sea, de pensamiento, palabras y obras, cosa que lamentará, porque caerá en el foso de las frustraciones, lamentablemente de difícil salida.

Procuremos precavernos contra ella, y la mejor forma de hacerlo, es en los primeros síntomas, cuando estos son   leves, rechazándola con energía, pues ella como una enfermedad contagiosa, va poco a poco dominándonos hasta caer en un estado de difícil solución.

El discípulo de Jesús, aquel que desea desprenderse de las miserias que lo dominan , pide la luz de la sabiduría con el fin de aprender a amar a sus semejantes, esforzándose por hacer resurgir dentro de si, un hombre nuevo, reformado, dispuesto al bien, y para ello no cesa en combatir la imperfección que lo domina.

El Evangelio es el Sol de la Inmortalidad que el Espiritismo refleja, con sabiduría para la actualidad del mundo, aférrate a él, para que consigas vencer las tentaciones en todos los sectores de la vida.

- Merchita-
                                                                       **********************

Si haces lo que siempre has hecho, nunca llegarás más allá de donde siempre has llegado”
- Anónimo -

           
      No somos infalibles


Si lo programado para una vida es lo que necesitamos para evolucionar, ¿Significa esto que todo lo que decidamos hacer en esta vida es lo más adecuado ?.

      Los proyectos de planificación de la vida suponen proyectar de cara a la reencarnación, unas circunstancias de carácter general, sin pormenorizar los detalles que dependen solo del libre albedrío y la particularidad de las circunstancias. Los proyectos trazados en el Más Allá, en ningún caso son equivocados nunca, pues tenemos la magnífica ayuda y asesoramiento de los Guías Espirituales y de nuestro Espíritu Protector y estos siempre son sabiamente planteados y sopesados como realizables por el Ser espiritual que antes de regresar al mundo de la materia, se siente con las fuerzas necesarias para evolucionar y afrontar la nueva vida humana . Pero después, una vez sumergidos en la carne en donde como seres humanos solo nos queda la intuición de las decisiones o del camino a seguir que nos señala nuestro subconsciente y en uso de nuestra libertad, a veces no escuchamos la voz de la conciencia que nos señala el camino correcto a seguir ante los problemas de la vida que se nos plantean, y por eso nos solemos equivocar con cierta frecuencia, incurriendo facilmente en nuevas deudas con la ley de Consecuencias que deberemos saldar antes o después.
    Por ese motivo, los seres humanos somos tan propensos a equivocarnos en las encrucijadas de la vida, aun en contra de nosotros mismos, porque de otro modo seríamos infalibles siguiendo las directrices de esa programación previa, pero es evidente que no lo somos porque el olvido del pasado y nuestra limitada capacidad alcanzada con la evolución de cada Ser, son las circunstancias que nos llevan a tener que reconocer que el ser humano es falible y aun lejano a una aspirada perfección.
- Jose Luis Martín-



        NOTA IMPORTANTE: Los lunes,miércoles y jueves a las 22,30 horas, pueden participar en el 
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      Los viernes a las 23,00 horas se os invita a asistir a una  interesante conferencia en la misma sala.
         Los domingos a las 21,30 horas se os invita a la clase de estudio del Espiritismo por "Grupo espírita Sin Fronteras" dirigida
         por Carlos Campetti.
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jueves, 11 de abril de 2013

El Espiritismo y la Mujer



Juana de Arco



Tanto en uno como en otro sexo, se encuentran excelentes médium; sin embargo, las más bellas facultades psíquicas, parecen ser privilegio de la mujer. De aquí, la gran tarea que le incumbe en la difusión del nuevo espiritualismo.

A pesar de las imperfecciones inherentes á todo ser humano, la mujer, para el que la estudia imparcialmente, no puede menos de ser un motivo de asombro y á veces de admiración. No es solamente en su rostro donde se realizan en la naturaleza y en el arte los tipos de la belleza, de la piedad, de la caridad, sino que en lo relacionado con los poderes íntimos de la intuición y de la adivinación, ha sido siempre superior al hombre. Entre las hijas de Eva, fue donde la antigüedad encontró sus célebres videntes y sibilas. Estos poderes maravillosos, estos dones
Hermanas Fox
de lo alto, la Iglesia creyó deber denigrarlos y suprimirlos en la edad media, valiéndose de los procesos de brujería. Hoy vuelven á encontrar su aplicación, porque es especialmente por medio de la mujer que se afirma la comunión con la vida invisible.

Nuevamente vuelve la mujer á revelarse en su misión sublime de mediador. Mediador es en toda la naturaleza. De ella viene la vida, ella es su fuente misma, el regenerador de la raza humana que no subsiste ni se renueva, sino por su amor y sus tiernos cuidados. Y este cargo, preponderante, que desempeña en el dominio de la vida, lo cumple también en el dominio de la muerte; pero sabemos que la vida y la muerte son una, esto es, las dos formas alternantes, los dos aspectos continuos de la existencia.

Mediador, la mujer lo es también en el dominio de las creencias. Siempre ha
Florence Cook
servido de intermediario entre la fe nueva que avanza y la fe antigua que decae y se empobrece. Tal fue su misión en el pasado, en los primeros tiempos del cristianismo, tal es su misión en el presente.

El catolicismo, que tanto debía á la mujer, no ha sabido comprenderla. Sus monjes, sus sacerdotes, viviendo en el celibato, lejos de la familia, no podían apreciar el encanto y la energía de este ser delicado, al cual consideraban más bien como un peligro.
 La antigüedad pagana tuvo esta superioridad sobre nosotros; ella conoció y cultivó el alma femenina. Sus facultades florecían libremente en los misterios. Sacerdotisa en los tiempos védicos, en el altar doméstico, tomando parte íntima, en Egipto, en Grecia, en la Galia, en las ceremonias del culto, en todas partes,
Elizabet DEsperance
la mujer era el objeto de una iniciación, de una enseñanza especial, que hacían de ella un ser casi divino, el hada protectora, el genio del hogar, la guardería de las cargo de la mujer, personificando en ella.
 A esta comprensión del cargo de la mujer, personificando en ella á la naturaleza, con sus intuiciones profundas, sus sensaciones sutiles, sus adivinaciones misteriosas, fue debida la hermosura, la fuerza la grandeza épica de las razas griega y céltica.
 Porque tal como sea la mujer, así será el niño, así será el hombre. La mujer es, quien desde la cuna, forma el alma de las generaciones. Ella fue la que hizo aquellos héroes, aquellos poetas, aquellos artistas cuyas acciones, cuyas obras irradian a través de los siglos. Hasta los siete años, el niño permanecía en el gineceo bajo la dirección de la madre. Y sabido es lo que fueron las madres griegas, romanas, galas. Mas para cumplir la sagrada tarea de la educación, era necesaria la iniciación al gran misterio de la vida y del destino, el conocimiento de la ley de las preexistencias y de las
Eusapia Palladino
reencarnaciones, porque esta ley, y solamente esta ley, da á la venida del ser que va á florecer bajo el ala maternal, un sentido tan conmovedor y tan bello.
 Esta influencia bienhechora de la mujer iniciada que irradiaba sobre el mundo antiguo, como una suave claridad, fue destruida por la leyenda bíblica de la caída original.
 Según las Escrituras, la mujer es responsable de la caída del hombre; ella pierde á Adán y, con el á todo la humanidad; ella traiciona. Á Sansón. Un pasaje del Eclesiastés la declara una cosa más amarga que la muerte. El matrimonio mismo parece un mal: Que los que tengan esposa sean como si no las tuvieran, exclama Pablo.
 Sobre este punto, como sobre tantos otros, la tradición y el espíritu judaicos, han predominado en la Iglesia sobre las miras de Cristo, que fue siempre benévolo, compasivo, afectuoso para con la mujer. En todas las circunstancias la cubre con su protección; le dirige sus más conmovedoras parábolas. Siempre le tiende la mano, aún cuando esté mancillada, aún cuando esté caída. Por esto, las mujeres, agradecidas, le forman una especie de séquito; muchas le acompañan hasta á la muerte.
 Por espacio de largos siglos, la mujer ha sido relegada al segundo término, rebajada, excluida del sacerdocio. Por una educación pueril, mezquina, supersticiosa, se la ha rodeado de trabas, se han comprimido sus más bellas aptitudes, obscurecido y sofocado su genio.
Ivonne do Amaral Pereira
 La situación de la mujer en nuestra civilización es difícil, dolorosa á veces. Las leyes y los usos no siempre favorecen á la mujer, la rodean mil acechanzas, y si desfallece, si sucumbe, raras veces se le tiende una mano piadosa. La relajación de las costumbres ha hecho de la mujer la víctima del siglo. La miseria, las lágrimas, la prostitucion, el suicidio, tal es la suerte de un gran número de pobres criaturas en nuestras sociedades opulentas.
 Actualmente se produce una reacción. Bajo el nombre de feminismo, se acentúa un movimiento, legítimo en su principio, exagerado en su objeto, pues a la par de justas reivindicaciones, afirma miras que harían de la mujer, no ya una mujer, sino una copia, una parodia del hombre. El movimiento feminista desconoce el verdadero oficio de la mujer y tiende a rechazarla lejos de su vía normal y natural. El hombre y la mujer han nacido para des empeñar deberes distintos, pero complementarios bajo el punto de vista de la acción social, son aquí valientes e inseparables.
El espiritualismo moderno, con sus prácticas y sus doctrinas, todas de ideal, de amor, de equidad juzga de otra manera la cuestión y la resuelve sin esfuerzo y sin ruido. Devuelve á la mujer su verdadero lugar en la familia y en la obra social, mostrándole el sublime cargo que le corresponde en educación y en el adelanto de la humanidad. Hace más aún. Por el espiritualismo vuelve ella á ser e mediador predestinado, el lazo de unión entre las sociedades de la tierra y las del espacio.La gran sensibilidad de la mujer hace de ella e médium por excelencia, capaz de expresar, de traducir, los pensamientos, las emociones los padecimientos de las almas, las divinas enseñanzas de los espíritus celestes. En la aplicación de sus facultades encuentra goces profundos, una fuente viva de consuelos. La parte religiosa del Espiritismo la atrae y satisface las aspiraciones de su corazón, su necesidad de ternura que se extiende más allá de la tumba sobre los seres desaparecidos. El escollo para ella, lo mismo que para el hombre, es el orgullo de los poderes adquiridos, es la
El espiritualismo moderno, con sus prácticas y sus doctrinas, todas de ideal, de amor, de equidad juzga de otra manera la cuestión y la resuelve sin esfuerzo y sin ruido. Devuelve á la mujer su verdadero lugar en la familia y en la obra social, mostrándole el sublime cargo que le corresponde en educación y en el adelanto de la humanidad. Hace más aún. Por el espiritualismo vuelve ella á ser e mediador predestinado, el lazo de unión entre las sociedades de la tierra y las del espacio.
 La gran sensibilidad de la mujer hace de ella e médium por excelencia, capaz de expresar, de traducir, los pensamientos, las emociones los padecimientos de las almas, las divinas enseñanzas de los espíritus celestes. En la aplicación de sus facultades encuentra goces profundos, una fuente viva de consuelos. La parte religiosa del Espiritismo la atrae y satisface las aspiraciones de su corazón, su necesidad de ternura que se extiende más allá de la tumba sobre los seres desaparecidos. El escollo para ella, lo mismo que para el hombre, es el orgullo de los poderes adquiridos, es la excesiva susceptibilidad. Los celos, al suscitar rivalidades entre los médium, son á menudo una causa de desagregación en los grupos.

Amalia Domingo Soler
De ahí la necesidad de desenvolver en la mujer, al mismo tiempo que sus poderes intuitivos, sus admirables cualidades morales, el olvido de sí misma el goce del sacrificio, y en una palabra, el sentimiento de los deberes y de las responsabilidades unidas a su misión mediadora.
 El materialismo, al no considerar en nosotros más que el organismo físico, hace de la mujer un ser inferior por su debilidad y la arrastra hacia el sensualismo. Por él, esta flor de poesía se doblega bajo el peso de las influencias degradantes, se deprime y se envilece. Privada de su cargo mediador de su pura aureola, esclava de los sentidos, ya no es más que un ser instintivo, impulsivo, apropiado para las sugestiones del amor malsano. El respeto mutuo, las fuertes virtudes domésticas desaparecen; la discordia, el adulterio, penetran en el hogar, la familia se disuelve, la felicidad se desvanece. Una joven generación escéptica, desilusionada, surge del seno de una sociedad decadente.
 Pero con el espiritualismo, la mujer levanta de nuevo su frente inspirada. Se asocia estrechamente á la obra de armonía social, al movimiento general de las ideas. El cuerpo no es más que una forma prestada, la esencia de la vida es el espíritu, y bajo este respeto, el hombre y la mujer son iguales. De esta manera, el espiritualismo moderno vuelve á las ideas de nuestro Padre, los celtas, establecen la igualdad de los sexos sobre la identidad de la naturaleza psíquica y el carácter imperecedero del ser humano. Les señala un puesto igual en los grupos de estudios.
 Por el espiritualismo, la mujer se desprende del abismo de los sentidos y se remonta hacia la vida superior. Una luz más pura ilumina su alma, su corazón es un foco de tiernos sentimientos y de nobles pasiones. Recobra en el hogar su misión toda de gracia, de piedad, de abnegación, su grande y divino cargo de madre, de hermana, de educadora, de tierna consejera.
 Desde entonces termina la lucha entre los dos sexos. Las dos mitades de la humanidad se unen, se equilibran en el amor para cooperar, reunidas, al plan providencial, á las obras de la inteligencia divina.
                               ************ ***
Merchita
 La sensibilidad de la mujer, su ternura, feminidad, y su gran sentimentalismo, la permiten siempre adentrarse en los dramas de la vida, donde ella siempre elabora trabajos, ensaya métodos, y derrama esplendor, cuando la experiencia la hace ganadora de galardones imperecederos. Con el amor, todas las puertas le son accesibles, porque ella sabe muy bien habilitarse para toda ocasión, como femenina y delicada, ella se adorna según las circunstancias, con el fin, de procurar siempre ejecutar  bien su papel. Instalemos el amor en nuestros corazones,  y tendremos en el futuro un gran tesoro, de donde sacaremos el material necesario, para elaborar un trabajo digno en nuestro cometido, en el área de servicio que nos toca elaborar en esta vida.  Comentario, elaborado, con mucho amor y cariño de (Merchita).

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