Entradas populares

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Mi Religión



AMBIENTE  CASERO
André Luiz
Orden, trabajo, caridad, benevolencia, comprensión, comienzan dentro de casa...
La parentela es un campo de aproximación, jamás cautivo.
Aprendamos a oír sin interrumpir a los que hablan en la mesa doméstica, a fin de que podamos escuchar con seguridad las lecciones de la vida.
El hogar  es un punto de reposo y recuperación, nunca un muestrario de muebles y filigranas, con cuanto pueda y deba ser decorado con distinción y buen gusto, tanto como sea posible.
Quien practica el derroche, no reclame si llegase a la penuria.
Benditos cuantos se dedican a vivir sin incomodar a los que le comparten su experiencia. 
Evite las bromas de mal gusto que, no es raro que conduzcan al desastre o la muerte prematura.
El trabajo digno es la cobertura de su independencia.
Aconseje al niño y ayúdelo en su formación espiritual, que eso es obligación de quien orienta, pero respete a los adultos en sus elecciones, porque los adultos son responsables y deben ser libres en las própias acciones, tanto como usted desea ser libre en sus idéas y emprendimientos.
Si usted no sabe tolerar, entender, bendecir o ser útil a ocho o diez personas del nido doméstico, ¿de que modo cumplirá sus ideales y compromisos de elevación en las áreas de la Humanidad?. Muchos crímenes y muchos suicidios son llevados a efecto con el pretexto de homenajear cariño y dedicación en el mundo familiar.
(Del libro “Señal Verde”, André Luiz, Francisco Candido Xavier)


                                                                              *********************





Raul Teixeira

Añoranzas de un niño


¡Ah, madre mía, cuánta añoranza! Partiste hace cincuenta y tres años y aún me veo un niño llorando tu ausencia.

Tenía poco más de cuatro años cuando partiste, dejando a mi padre en la viudez y yo en la orfandad.

Tu ausencia desencadenó en mi vida profundas alteraciones.

No fue solamente el cariño de madre que me faltó. También dejé la casa que era mi hogar, para vivir con mi abuela y mi madrina.

Todo cambió. El infarto que te quitó la vida física, frustró mis sueños de niño despreocupado.

Mientras todos los colegas de mi clase reclamaban de sus madres, yo reclamaba solamente la ausencia de madre.

Te busqué en muchas madres, intentando encontrar a alguien que me diera el cariño maternal que yo idealizaba.

En una madre, que me recibía en su hogar los fines de semana junto a su propio hijo, percibía que había demasiada disciplina.

Deseaba comer huevos, muchos huevos, pues de niño me gustaba mucho saborear las yemas blandas.

Sin embargo, en aquella casa había una regla: allí nadie podía comer más de uno.

Uno solamente. No porque no los hubiese o fuesen escasos, pero porque la señora tenía miedo de un tal de colesterol.

No podía comprender, pero sabía que aquella no podría ser mi madre. Porque mi madre permitiría que mi voluntad de niño goloso fuese satisfecha.

En otra, que me acogió en un alegre día de fiesta, pensé encontrar la madre anhelada.

Sin embargo, cuando deseé un tiempo libre para un descanso, comprendí que allí había otra regla: el trabajo.

Y trabajo pesado: limpiar la maleza del terreno. Y mi memoria de niño recuerda que era inmenso, casi interminable.

Con certeza, mi madre me dejaría descansar, gozar del ocio y aún me mimaría en sus brazos por un largo tiempo.

Ah, madre mía, cuanta añoranza en los días de fiestas en la escuela, cuando comparecían todas las madres, menos la mía; en las victorias escolares, en las celebraciones de mención de honor que otras madres conmemoraban aplaudiendo a sus hijos, menos la mía; en las festividades del Día de la Madre, cuando todos confeccionaban tarjetas, regalos para sus madres y las sorprendían, menos yo.

Cómo deseé tus abrazos. Cuántas noches lloré tu ausencia.

Aprendí que la vida continuaba, más allá del portal de la muerte. Pero, si así era, ¿por qué no venías abrazarme, rompiendo la barrera entre el mundo invisible y el material?

Sí, tuve el cariño de la abuela, que me reconfortó. Pero yo quería un regazo de madre.

Mi abuela hacía todo lo que podía, en el cansancio de sus años y en las condiciones que disponía.

Yo deseaba comer pan con mantequilla y queso. Mi abuela decía que debía escoger uno u otro.

Yo pensaba: Si fuese mi madre yo podría comer a los dos.

Te idealicé siempre más bella y más tierna que el grabado en mis propios recuerdos.

Te esperé a cada día y en todas las noches de mí crecer en soledad, venciendo los años de la niñez, de la adolescencia, de la juventud.

Entonces, transcurridos cincuenta y tres años surges para mí, atestiguando de la vida que no muere y del afecto que no fenece.

Surges bella, culta y sabia utilizándote de mi mediumnidad para transmitir tus mensajes.

Y lo que escribes por mis manos, para mí, tu hijo y para los hijos de todas las madres, lenifica el dolor de mi añoranza siempre presente.
 
Entonces, agradezco a Dios por tu ausencia del ayer, que me dio fortaleza moral; y por tu presencia junto a mí, en las horas del hoy, cuando señalas derroteros de luz que brotan de mis manos. 

Dios, gracias por mi madre.


 Redacción del Momento Espírita, con base en hechos de la vida del orador espírita Raul Teixeira.

                                               ***********************


             MI RELIGIÓN.


 
Asistiendo a una entrevista en un programa de televisión, registramos un hecho interesante.
El reportero estaba entrevistando a un ex jugador de fútbol que fue contemporáneo  de Pele, Garrincha, y otros maestros del deporte.
La entrevista transcurría de forma agradable, pues el reportero conducía la conversación haciendo correlación entre  el fútbol y la vida cotidiana.
En varios momentos el entrevistado dejo trasparecer su buena conducta ante la vida.
Era un jugador ejemplar; un esposo dedicado y fiel; un padre amable y  compañero; no era dado a orgías y borracheras, fue siempre muy apreciado por sus colegas de profesión.
En cada ítem de esos, el reportero preguntaba, ¿”Por qué actúa usted así?  Y el respondía: “es por causa de mi religión”
Los valores expresados por el deportista causaban agradable impresión al tele espectador.
 Su ejemplo de vida ciertamente despertó la  curiosidad de muchos, para saber cuál era la religión que el profesaba.
El reportero, como que captando la curiosidad general, hizo la pregunta tan esperada: “¿Cuál es tu religión”?
Para sorpresa de todos, el ex jugador dijo convencido: “mi  religión, es que yo no tengo religión. Como sé que mi vida a acabar en el túmulo, quiero dejar para mis familiares una buena imagen, un buen ejemplo.
Lo que más me impresionó en la exposición de aquel hombre, fue su disposición firme de ser honrado, noble, digno, aun mismo  creyendo que su vida acababa en el túmulo.
Podemos decir que su ejemplo debe provocar serias reflexiones en aquellos que profesan  una religión, que creen en la inmortalidad del alma, que tienen fe en Dios, y no actúan como tal.
Algunos aseguran, sinceramente, que el hecho de seguir esta o aquella religión, basta para que tengan su felicidad futura garantizada. Para que tengan un lugar de destaque en el más allá.
No en tanto, podemos afirmar, sin sombra de dudas, que lo que importa para las leyes divinas, no es la bandera religiosa que se ostenta, más si las obras realizadas.
Las leyes de Dios darán a cada uno según sus obras. Nada más. Nada menos. Si así no fuese, no sería justo. Y Dios es suprema justicia.
La religión, por tanto, es un medio para que se logre un fin, que es el perfeccionamiento del ser humano.
Si la misión de las religiones es ocuparse con el alma,  conduciéndolas a Dios, podemos concluir que la mejor religión es la que mayor número de hombres de bien hace, y menos hipócritas.
Si la persona tiene buena índole vincularse a esta o aquella religión, no dejará de entrar en los cielos, pues el reino de los cielos, como afirmo Jesús, está dentro de nosotros, y no fuera.
En el caso del ex jugador, su religión es su propia conciencia. Y su conciencia es una brújula segura.
De todo esto podemos concluir que más importante  que tener una religión, es ser un hombre de bien.
No queremos decir con esto que no existan  y no existirán hombres de bien  en el seno de las religiones, eso no.
La historia registró y aun registra grandes hombres en el medio religioso. Hombres libres por amar a  todos, sin barreras ni preconceptos.
El hombre verdaderamente libre y bueno entiende que nosotros somos todos hijos de Dios.
Cuando practiquemos el amor al prójimo  a nosotros mismos cumpliremos  nuestro objetivo en la Tierra.
Una gran familia; una familia que se abraza más, y sabe respetar a todos independientes del credo, raza y condición social.
 Cuando el amor norteé nuestras vidas, no precisaremos luchar más y matar en nombre  de Dios. Estaremos más fuertes para enfrentar otros tipos de desafíos; respiraremos aires de paz y unión.
Piense en eso
Procure  ser mejor hoy que mañana y mejor mañana, de lo que está siendo hoy.
Sea un hombre de bien, intentando acertar el máximo que pueda para que, cuando alguien le pregunte cual es su religión, usted pueda responder: “mi religión es el amor.”
¡Piense en eso!

Equipo de redacción de Momento Espírita



lunes, 4 de noviembre de 2013

La crisis de la muerte. Caso 12º


Ernesto Bozzano

                                                                 *******************

En el episodio siguiente, no se encuentran descripciones de detalles nuevos sobre la crisis de la muerte, pero se encuentran anotaciones instructivas sobre la naturaleza de la personalidad integral inconsciente y sobre la dificultad que un Espíritu experimenta para comunicarse con los vivos, a través de los médiums. Esta narración la extraigo de un libro titulado: Blaire´s Letters, communicated by James Blaire Williams to his mother. (Cartas de Blaire, escritas por James Blaire Williams a su madre.) La madre del autor de las cartas (muerto a los 30 años en 1918) comienza por decir que no pudiéndose consolar de la muerte de su único hijo, deseó ponerse en comunicación mediúmnica con él. Con este fin, le aconsejaron que fuese a la dirección del “British College of Psychical Science”.

Fue, en la sede de esa importante institución, que ella llegó a experimentar sucesivamente con cuatro de los mejores médiums, obteniendo a través de ellos numerosas pruebas de identificación personal de su hijo, pruebas revestidas de alto valor acumulativo, ya que provenían de cuatro médiums diferentes, que la desconocían por completo. Por uno de ellos, una señora dotada de la facultad para escribir automáticamente, recibió de su hijos la serie de mensajes, contenidos en el libro, que nos ocupan. De lo que concierne al tema que constituye el objeto de este estudio, el difunto habla rápidamente, en cuatro puntos diferentes de su comunicado. Lo hace, primeramente, en la víspera del aniversario de su muerte, escribiendo:

Guardé un profundo recuerdo de lo que experimenté en aquel día, víspera de mi muerte. Sentía que me hundía lenta e inexorablemente en un abismo; no conseguía distinguir a las personas que se me acercaban, el medio se iba tornando para mí cada vez más sombrío. Percibía que estaba en condiciones extrañas, inexplicables, indescriptibles. No comprendía lo que estaba pasando, el porqué estaba metido en la cama. Me perturbaba profundamente la idea de los sufrimientos que habrían de terminar por aniquilar aquel cuerpo. Sin embargo no me sentía enfermo. No me encontraba en estado de comprender la situación. Veía a mi madre nítidamente y quería hacerla saber que no me encontraba enfermo. (Pag.86) En la pág.97, el difunto vuelve a la misma cuestión, en los siguientes términos: Mi muerte se dio bruscamente, mientras me encontraba en estado de inconsciencia. Cuando desperté, pensé enseguida en mi madre y me pareció estar con ella. Sentía la grandeza de su dolor exactamente como si me encontrase a su lado. El recuerdo de mi madre ocupaba enteramente mi mente...

Al principio quedé aterrorizado. Me invadía un sentimiento de desoladora impotencia, como si hubiese perdido todas las energías. En compensación era dichoso por haberme vuelto ligero, ligero; pero, al mismo tiempo, experimentaba la impresión de que una cosa inmensa, inconmensurable, me rodeaba.; no llegaba a distinguir claramente el lugar donde me encontraba. Era una situación para enloquecer. A veces me asaltaba la idea de que todavía estaba enfermo en mi cama. Luego me invadía un sentimiento de desolación impotente. Después sentía millares de ruidos diferentes resonar a mi alrededor, acabando por fundirse en un solo vocerío. Mientras esto pasaba no conseguía ver a los entes amados que deberían rodearme. Percibía que no estaba solo; más bien al contrario, me parecía estar rodeado por una multitud de seres, que no llegaba a divisar. Sentía el aire saturado de elementos vitales; pero, personalmente, me sentía disminuido y casi muerto, desde el punto de vista sensorial. Me parecía que ese estado duraba desde hacía mucho tiempo; en realidad debió ser de corta duración.

En todo caso era un estado bastante penoso. A pesar de todo, reconozco ahora que fui liberado del cuerpo con relativa facilidad y pienso que los que mueren de súbito deben sufrir más. Como ya dije, creo que el período de desorientación y de pena no fue para mí de larga duración. De todos modos, es cierto que, cuando está en la segunda esfera, el Espíritu atraviesa un período de inconsciencia, seguido de otro período de semi inconsciencia, que no es la existencia espiritual, y en el cual el espíritu ignora esta existencia.. Mientras que permanecí en ese estado, no conseguí entrar en comunicación con mi madre; me sentía como tanteando en las tinieblas, buscándola, sin jamás tener la certeza de estar cerca de ella. Mi pasaje para la tercera esfera ocasionó un súbito y maravilloso cambio. Me sentí enteramente despierto, exuberante de vitalidad, consciente de encontrarme en el mundo espiritual. Encontré entonces natural que viniese a mi encuentro mi padre, que me puso inmediatamente al corriente de lo que me sucediera. Me acuerdo de la viva impresión que experimenté al hallarlo, tan cambiado en su aspecto. Me acogió como a un hermano, como a un amigo querido. Hablamos largamente de ti, mamá. Le dije que era mi intención ir a visitarte, costase lo que costase. El me respondió que había oído decir que la cosa era posible, aunque nunca la hubiese intentado. Procuré informarme a este respecto, después de que intenté penetrar en el medio terrestre.

Te aseguro mamá que los primeros intentos exigen grandísimo esfuerzo. Estamos obligados a encoger nuestras mentes, poniéndolas dentro de límites tan apretados que nos hieren. O, con más precisión, no nos hieren, pero es extremadamente difícil hacerlo. Todavía ahora, cuando me comunico contigo, me siento en las condiciones de un vivo sumergido en el agua. En la pág. 105, el difunto retoma el tema de la crisis de la muerte diciendo: Esta noche, quiero intentar hacerte comprender lo que significa encontrarse uno de repente sin cuerpo... Mi primera impresión fue la conciencia de tener simultáneamente presentes la memoria de una inmensidad de recuerdos de cosas diferentes. Deduje que este hecho singular debía ser atribuido a una especie de sueño provocado por la fiebre. Constaté, en seguida, que ya no tenía ninguna idea del tiempo, no consiguiendo hacerme un concepto exacto de mi pasado, de mi presente y de mi futuro. En efecto, esas categorías de vuestro tiempo se me presentaban en la mente de manera simultánea. A este propósito me abstengo de informar a mamá de su futuro, aunque yo sepa exactamente lo que el futuro le reserva. En tales condiciones, debéis comprender que, con esa inmensa expansión de las facultades de la inteligencia, no es fácil encontrar, en nuestros recuerdos, un dato concreto, muchas veces insignificante, a cuyo respecto los vivos nos interrogan. Ya voy comenzando a quedarme menos embarazado cuando me dirigen preguntas de esa naturaleza; pero al principio era incapaz de responder a cualquier pregunta. Aparte de eso, no olvidéis que, cuando vengo aquí, estoy obligado a comprimir mi mente, hasta el punto de reducirla a las proporciones apocadas de los vivos. Se debe deducir que, cuando me interrogan sobre mi pasado, no consigo aclararme sino es retomando momentáneamente mis condiciones espirituales de expansión intelectual, para, seguidamente, comprimir de nuevo mi mente, hasta reducirla a las proporciones humanas y encontrarme así en la situación de emplear inauditos esfuerzos para acordarme de la respuesta que formulé en el estado de libre expansión espiritual y que luego olvidé, o casi, en el estado de mentalidad reducida para las necesidades del momento... Procuré conocer cual era el estado de mi Espíritu, cuando me hallaba aprisionado o disminuido en el cuerpo. He aquí el resultado: verifiqué que el cuerpo se puede comparar a una ropa muy ajustada, de la que el Espíritu se reviste; se trata, sin embargo, de una ropa que no contiene más que una parte esencial del Espíritu, por lo que la otra parte, que con mucho es la más importante de nuestra personalidad espiritual, se conserva en estado latente, casi inconsciente, en las profundidades de nuestra subconsciencia: Pero, cuando el Espíritu se desembaraza del cuerpo, las cosas cambian de aspecto; la parte latente despierta con plena eficacia; realizando todos los poderes. Es una sensación maravillosa y deliciosa para los Espíritus desencarnados... (Pág. 116.)

No hace falta que nos extendamos en este caso, pero señalemos que esta última afirmación del difunto, autor del mensaje, es perfectamente conforme a lo que ya fue observado en el mundo de los vivos, en todos los tiempos y en todos los pueblos, esto es: que, en la subconsciencia humana, existen, en estado latente, maravillosas facultades paranormales, capaces de rebasar el pasado, el presente y el futuro, sin ninguna limitación de tiempo ni de espacio. Y el hecho de que, en la existencia corporal, esas facultades solo emerjan, cual centellas fugaces, bajo condiciones de estar el vivo sumergido en una fase cualquiera del sueño: natural, sonambúlico, hipnótico, mediúmnico, provocado por drogas narcóticas; o, también, en una fase de ausencia psíquica, como en el éxtasis, en el síncope, en la catalepsia, en el coma y en el período pre-agónico, esto es, solamente bajo la condición de que el vivo se encuentre en estado de desencarnación parcial del espíritu – este hecho, digo, concuerda muy bien con la afirmación del difunto, transcrita arriba, según la cual las facultades paranormales en cuestión constituyen los sentidos de la existencia espiritual, que se conservan en estado latente en la subconsciencia humana, esperando únicamente, para emerger y manifestarse con toda eficacia, que el estado de desencarnación del Espíritu ya no sea inicial o transitorio, sino total y definitivo.

Para resumir: después de la crisis de la muerte. Estos hechos parecen constituir verdades fundamentales y, al mismo tiempo, elementales, de las doctrinas metapsíquicas; verdades que se encuentran irrebatiblemente fundamentadas en la observación directa del gran número de fenómenos, examinados por el método científico de análisis comparado y de la convergencia de las pruebas. Mientras tanto, muy difícil es vencer, a este respecto, la resistencia de algunos investigadores eminentes que, no queriendo, o no pudiendo renunciar a la concepción materialista del Universo, prefieren interpretar de esa manera el hecho perturbador de que existen latentes, en la subconsciencia humana, facultades paranormales independientes de las leyes de la evolución biológica. Lo hacen, sin preocuparse de la circunstancia de que esas hipótesis, propuestas por ellos, se muestran en contradicción flagrante con los hechos. Si pasamos a examinar las afirmaciones del difunto, cuando dice que no consigue, en ciertos casos, acordarse de detalles de su existencia terrestre, debido a las condiciones anormales en que se encuentra siempre que se comunica, comprobamos que esa explicación coincide con las otras dadas, sobre este punto, por las personalidades mediúmnicas. No solo eso, sino que también el examen de los hechos prueba la veracidad de lo que en ellos se afirman, conforme yo ya lo demostré en un reciente trabajo análitico, relativo a una serie de “Mensajes mediúmnicos entre vivos, transmitidos con el auxilio de personalidades mediúmnicas” (Revue Spirite, de Diciembre de 1927 a Enero de 1928).

En esas experiencias (efectuadas por dos grupos que se reunían simultáneamente a 300 millas el uno del otro), los Espíritus, que se comunicaban, se mostraban perfectamente capaces de transmitir, de uno a otro grupo, los mensajes que se les confiaban, sin embrago casi siempre lo hacían apenas parcialmente, o, también, solo transmitían la sustancia del mensaje. Cuando conseguían trasmitirlo íntegramente era que el mensaje estaba constituido de una sola idea. Interrogados sobre este aspecto, uno de ellos dio una explicación análoga a la que quedó esbozada arriba, diciendo que el hecho debía ser atribuido al estado de amnesia parcial o total, en que entran las personalidades mediúmnicas en el momento de comunicarse. A este propósito, no se puede dejar de reconocer significativo un incidente que se produjo, durante esta serie de experiencias en cuestión. Habiéndose el Espíritu manifestado una primera vez, con el fin de trasmitir un mensaje el mensaje que le había sido confiado, se dio cuenta de que lo había olvidado, y tuvo que limitarse a decir que había recibido el encargo de transmitir un mensaje, pero que lo había olvidado: Sin embargo, cinco días después, él se encontró en condiciones de trasmitir la parte sustancial del mensaje. Forzoso es que se deduzca que, si el Espíritu, después de haber olvidado el mensaje, consiguió acordarse de él, eso demuestra que era apenas temporal la amnesia total que se produjo anteriormente. Quiere decir que, constituyendo una consecuencia de la acción de comunicarse, desapareció, cuando el espíritu se liberó del “aura” perturbadora, para, inmediatamente, renovarse, parcialmente, cuando el Espíritu volvió a intentar de nuevo la prueba. Si esta segunda vez la amnesia fue apenas parcial, esto significa que las condiciones perturbadoras del “aura” mediúmnica eran menos desfavorables. Naturalmente, estas explicaciones solamente sirven para una modalidad única de comunicaciones medúmnicas: aquellas en que el Espíritu utiliza más o menos parcialmente el órgano cerebral del medium. Hay otras modalidades mediúmnicas que se verifican por vía telepática.

En estos casos, las interferencias, debidas al estado incompletamente pasivo de la mente del medium, ocasionan otras clases de alteraciones, más o menos profundas, de los mensajes trascendentales que son transmitidos. Solo me queda analizar el mensaje anterior desde el punto de vista concreto de la “crisis de la muerte”. A este respecto se aprecian una variedad de experiencias, o, más bien, de impresiones, que se alejan más o menos de las impresiones descritas por muchos otros Espíritus. Pero, esas divergencias son previsibles, si nos acordamos de que los Espíritus avisaron que “ningún peregrino del mundo de los vivos llega por la misma puerta al mundo maravilloso mundo de ellos”, lo que es lógicamente inevitable, dado que el medio y la existencia espiritual son puramente mentales y que no puede haber, en nuestro mundo, dos individualidades intelectual y moralmente idénticas. Aparte de eso, apreciamos que el mensaje concuerda con todos los otros, en lo que concierne a los detalles fundamentales de la existencia espiritual. Se verifica, en efecto, que el Espíritu, a su vez, alude sucesivamente a las circunstancias siguientes: visión de su cuerpo en el lecho de muerte; ignorar, durante algún tiempo, que estaba muerto; haber pasado por un período de sueño y de inconsciencia; haber sufrido la prueba de la “visión panorámica” de todos los acontecimientos de su vida; haber sido recibido por sus parientes difuntos en el mundo espiritual. En los detalles secundarios, se nota que él concuerda plenamente con los otros, cuando dice haber observado con sorpresa que en el mundo espiritual la noción del tiempo deja de existir.


Extraído del libro "La crisis de la muerte".- Ernesto Bozzano

                                                          *************
El dolor es un aspecto inevitable de nuestra existencia, mientras que el sufrimiento depende de nuestra reacción frente al dolor.
Podemos evitar el sufrimiento si identificamos su causa, es decir, nuestro ego negativo.
Alejando Jadorowski-

                                                                                     **********************
 BELLA HISTORIA DE RENUNCIA Y  AMOR

Ahora él  ya es un hombre maduro...

Fueron muchas las experiencias vividas junto a sus doce hermanos y de vez en cuando cuenta una de ellas.

Recuerda que cuando era apenas un niño se inquietaba por que su madre pocas veces almorzaba o cenaba con él y con los otros hijos.

Un día le preguntó por qué no se alimentaba con ellos y ella le contestó con una tierna sonrisa:

- Es que no siento hambre,  hijo.

A él le parecía raro que su vieja madre no sintiera hambre, pero siempre que le preguntaba ella contestaba que realmente estaba sin hambre.  

Transcurrieron los años... Los hijos crecieron y hoy él sabe que su madre dejaba de comer, no por falta de hambre sino por falta de comida.

Ella, una mujer medio analfabeta, conducía los hijos con tanto amor que ninguno de los trece hijos se dio cuenta que renunciaba a la comida para que ellos pudieran  alimentarse precariamente.

Jamás hizo con que se sintieran culpables  por las necesidades que la familia enfrentaba.

Ese es el verdadero amor.

El amor que sabe renunciar incluso a las necesidades más básicas, como el alimento, por ejemplo, para que los hijos crezcan seguros y sin culpa.

Hoy ella habita el Mundo de los Espíritus, y seguramente puede contemplar a cada uno de sus hijos como quien hace todo lo que tiene que ser hecho para que se conviertan en personas de bien.



  En los días actuales, lamentablemente, vemos padres y madres que culpan a los hijos por todo lo que no consiguen realizar. Si la madre no puede ejercer la profesión elegida, la culpa es de los hijos, que vinieron en momento inoportuno. Si falta dinero, los hijos llevan la culpa. Al fin de cuentas el colegio es caro, los libros, las ropas etc. Si los padres no pueden realizar el viaje de vacaciones a solas, es a causa de los hijos que porfían en existir para estorbar la vida de la pareja.

En estos días de tantas divergencias entre padres e hijos, vale la pena meditar a respecto de la renuncia de esa madre que dejaba de comer para que los hijos que puso en el mundo pudieran sobrevivir.

Vale la pena pensar en la grandeza del amor...

Del amor que sabe renunciar y sabe callarse para no herir los sentimientos de aquellos con quien convive y que dependen de la seguridad del hogar para crecer y dignificar al mundo que los recibe con dulzura y cariño.

Si usted, como madre, está impedida de hacer todo lo que le gustaría a causa de la presencia de los hijos, no los culpe. Recuerde que ellos crecen muy rápido y sabrán reconocer sus esfuerzos y renuncias.

Y aunque no reconozcan, piense que la vida no tendría sentido sin la presencia de ellos en el hogar.

Piense que si Dios los llevara hoy usted estaría libre para hacer lo que desea, pero seguramente no es eso lo que usted quiere.

Por esa razón, considere que el tiempo que usted dedica a los hijos no es tiempo perdido, sino tiempo invertido.

El amor verdadero es el capaz de renunciar sin herir y dedicarse sin nada pedir.  

El amor de madre es la más sublime expresión del amor sobre la Tierra.

Nada se puede comparar a la ternura de una madre cuando abraza a sus hijos.

Es por eso que muchos de nosotros, en los momentos amargos, recordamos a la Madre más sublime que ha pisado en la Tierra: María, la madre de Jesús.

Merche Cruz-
                                                                           *******************


         

viernes, 1 de noviembre de 2013

PSICOLOGÍA EN EL MÁS ALLÁ


Janaina Minelli de Oliveira
Tomado de la Revista Espírita
Número: 4 • Edición Septiembre 2012


Doctora en Lingüística Aplicada y profesora de Habilidades Comunicativas en la Universidad Rovira i Virgili. Colabora en los proyectos de asistencia social y divulgación del Centro Espírita Amalia Domingo Soler de Barcelona.


Para algunas personas, la idea de una “psicología en el más allá” puede parecer difícil de aceptar o de comprender. Es innecesario decir que para el que no cree en nada más que en la materia y piensa que con la muerte del cuerpo físico se extingue la existencia, una psicología al otro lado de la tumba no es más que una fantasía. Sin embargo, tampoco está del todo claro qué puede ofrecer una terapia psicológica en el plano espiritual entre aquellos que sabemos que somos seres espirituales inmortales en transitoria experiencia corpórea. Esto sucede porque no deja de estar extendida una percepción un poco mágica del momento de la muerte. Son muchos los que ignoran que hacer balance de lo vivido en la última encarnación puede llegar a ser una tarea muy difícil y penosa, aunque esencial. La comprensión de la vida en el plano espiritual y la planificación de futuras existencias están íntimamente relacionadas con la capacidad del desencarnado de sopesar sus recientes logros y fracasos con sinceridad y serenidad, armonizándolos con los archivos del inconsciente aún inaccesibles al desencarnado en los primeros momentos del regreso a la patria espiritual.

Gracias a la psicografía, hoy conocemos relatos que nos exponen cómo los espíritus desencarnados son amparados psicológicamente en el plano espiritual. Reciben así el auxilio terapéutico necesario para que puedan comprender la nueva etapa de vida que se revela ante sus ojos tras la muerte física. No hay que subestimar el choque que puede suponer para una persona que no creía en nada más que en la materia, que despierte al otro lado de la vida, habiendo dejado atrás todo cuanto pensaba ser lo único que poseía. Tampoco hay que infravalorar el inmenso desamparo emocional que experimentan algunos espíritus que, creyendo saberlo todo sobre la vida espiritual cuando están encarnados, se encuentran algunas veces como niños que deben reaprender tantas cosas. Todo esto, sin mencionar la angustia que puede provocar la separación de la familia o la decepción que resulta de la constatación de que los méritos conquistados en la Tierra, si no están avalados por una conducta ética, moral y humana, no tienen ningún valor en el más allá.

La verdad es que la muerte nos devuelve a la realidad creada y alimentada por nuestra propia conciencia durante nuestra jornada en la Tierra. Despojarse del cuerpo físico no implica un conocimiento inmediato de las vidas pasadas del espíritu, ni tampoco una capacidad de auto-análisis sincera y realista. Puesto de otra manera, el paso por la carne deja reminiscencias en el periespíritu que no se eliminan tan fácilmente con la muerte. Cuanto más apegados estamos, más ayuda necesitamos para eliminar los registros asociados al orgullo, a la vanidad y al egoísmo. Desencarnado, el hombre debe verse frente a frente con su propia verdad. Pero nadie puede ver la verdad mientras tenga la visión ensombrecida por el orgullo, el egoísmo o la vanidad. Precisamente por esto, en la condición evolutiva en la que nos encontramos en la Tierra, es muy raro que un desencarnado se acuerde automáticamente de todo cuanto vivió en otras encarnaciones. El acceso sin restricciones a la información archivada en el propio espíritu sobre la historia evolutiva de cada uno es tan raro como lo son la auténtica humildad y el altruismo legítimo en nuestro planeta. 

El hombre encarnado es de una triple naturaleza: cuerpo, periespíritu y espíritu. Durante su jornada física todo lo que hace, piensa y siente queda registrado en todas las zonas de su ser, que son interdependientes. Se podría decir que el objetivo de la psicología en el más allá es ayudar al hombre a enfrentarse a su nueva situación, en la que ya no posee un cuerpo físico, sino que vive según la cosecha de lo que haya cultivado durante su paso por la carne. No se pretende que el desencarnado supere imperfecciones como el orgullo, el egoísmo y la vanidad, tarea que le corresponde en el transcurso de su inmortalidad. Se trata, sin embargo, de ofrecer al ser situaciones en las que, analizando su propia condición, cada uno sea capaz de reducir su orgullo, vanidad y egoísmo apenas lo suficiente para comprender el presente, empezar a armonizar el pasado en su fuero interno y posibilitar la elaboración de planes más realistas y útiles para el futuro.

La atención psicológica en el más allá se ocupa fundamentalmente de la delicada tarea de ayudar a los recién llegados de la jornada física a comprender por qué están donde están. Es importante observar que para acceder a este tipo de tratamiento el espíritu debe estar en posesión de sus facultades mentales, aunque se sienta aturdido o tratado injustamente. Para los espíritus que desencarnan en penosas condiciones de inconsciencia y desequilibrio mental y emocional hay que ofrecerles, antes de la atención psicológica, los servicios de primeros auxilios. Solamente una vez que el espíritu ya se encuentra en posesión de sus facultades mentales podrá obtener el debido provecho de las sesiones psicológicas que le serán ofrecidas.

La literatura mediúmnica nos ha ofrecido relatos en los que queda evidente que el apego es uno de los principales obstáculos al que nos enfrentamos en la condición de recién desencarnados. Podemos sentir diferentes niveles y diferentes tipos de apego. Por ejemplo, podemos sentir apego a las condiciones transitorias de la vida de encarnados, echando en falta los bienes materiales o la condición de superioridad que el poder o los recursos económicos nos concedían en la Tierra. Esta forma de apego está directamente relacionada con la vanidad y el desencarnado debe comprender que en la nueva realidad en la que ha penetrado, tras su muerte física, el único valor es el bien que haya hecho o el esfuerzo de educación que haya realizado.

Otra forma de apego es el que sentimos por las personas que quedan atrás, como familiares, cónyuges y amigos. Pese a que lo que inicialmente anima dicho afecto sea un sentimiento positivo, el apego a los lazos establecidos en la Tierra puede dificultar que el desencarnado se centre en lo que es su nueva tarea: armonizarse con su pasado, comprender su nueva situación y empezar a caminar hacia adelante. El egoísmo es la emoción desequilibrante que ofrece el trasfondo de este tipo de apego, sea porque deseamos ardientemente volver a disfrutar de la compañía de los que amamos, sea porque nos creemos indispensables para la vida de los nuestros, olvidando que en los planes de la Espiritualidad Superior no existe espacio para improvisaciones. Podemos además experimentar el apego a un sentimiento de superioridad espiritual o auto-iluminación. Personas que, cuando estaban encarnadas, desempeñaban posiciones de orientación espiritual, pueden experimentar el apego por las ideas que defendieron en el campo religioso o filosófico al que estaban afiliadas. Éstos necesitan hacer grandes esfuerzos para superar el orgullo por su conocimiento de la realidad espiritual o por la elevación moral que creen tener.

La psicología del más allá está fundada en el tratado psicológico más sencillo y sublime del que se tiene conocimiento en la Tierra, el Evangelio de Jesús. ¿En qué se basa esta terapia? El Médico de Almas ofrecía información a sus discípulos en la medida de su capacidad de comprensión de las cosas del cielo y de la tierra; también dialogaba con ellos, les hacía preguntas, desafiándoles a pensar sobre el significado de sus parábolas; Jesús no esperó hasta que sus discípulos fueran moral o intelectualmente perfectos para enviarles a difundir su palabra. Por el contrario, el Maestro consideró que el propio trabajo edificante, aliado a lo que habían escuchado de él, les enseñaría a superar sus límites y crecer espiritualmente. Hay diversos ejemplos en la literatura mediúmnica que nos demuestran cómo estos principios son aplicados de forma sistemática en la espiritualidad para ayudar a los desencarnados a enfrentarse al orgullo, la vanidad y al egoísmo del que llegan impregnados a la patria espiritual. 

En Nuestro Hogar, André Luiz nos cuenta, por las manos del inolvidable Chico Xavier, cómo tras recibir los primeros auxilios y sentirse más fuerte, le invadió un gran deseo de colaborar con los demás. Su orgullo de la condición de médico en la Tierra, sin embargo, le hizo creer que sus conocimientos serían útiles en la colonia espiritual que le acogiera. Nuestro querido amigo tuvo que empezar colaborando en la limpieza de la enfermería, trabajo que, hasta entonces, había considerado inferior. Durante la realización de esta tarea, pasó a observar a los pacientes allí ingresados. Abandonando la máscara del médico de la Tierra que sólo veía a pacientes, pasó a ver hermanos de sufrimiento. Durante su trabajo en la enfermería, mientras hacía tareas que nunca había realizado en su última encarnación, André Luiz aprendió a amar el servicio y a servir con humildad. La forma como consigue autorización para la tarea tampoco debe ser olvidada. André Luiz solicita una cita con Clarencio, Ministro del Auxilio, y se da cuenta que el honorable bienhechor recibe a los que le vienen a consultar de dos en dos. De esta manera, cada uno de los entrevistados no sólo tiene que superar la vergüenza de exponer su caso ante otra persona, sino que también tiene la oportunidad de aprender de las elucidaciones recibidas por su compañero de cita.

En Memorias de un Suicida, psicografiado por Ivonne do Amaral Pereira, vemos cómo las labores educativas se entremezclan con la revisión del pasado delictuoso de los espíritus “aprisionados” en la Torre. Allí, espíritus, antes criminales en la Tierra o en la espiritualidad, reciben lecciones sobre los derechos de cada individuo en la sociedad terrena y en la espiritual. Los reclusos viven en pequeños recintos para estudio y residencia, recibiendo amplias oportunidades de reflexión. Conocemos además una especie de gabinete de fenomenología transcendental donde un complejo equipo, cuyo magnetismo ejerce la influencia de un imán, posibilita la visión de los pensamientos y acciones pasadas de los sujetos investigados. Para la reeducación de los espíritus ignorantes e inferiores, dicha clase de aparatos es muy útil e indispensable. Esto sucede porque pese a recibir las instrucciones más elevadas, muchos siguen cegados por el orgullo. Éste sofoca las conclusiones lógicas del razonamiento, que prefiere presentar quejas y otros argumentos para justificar las faltas. Pese a que intentemos esquivar nuestras responsabilidades por miedo al futuro preparado por nuestras actitudes del pasado, la espiritualidad dispone de métodos tan energéticos como nuestra resistencia en asumir nuestros compromisos.

No podría terminar esta colaboración sin recordar al Hospital Esperanza, que conocemos en el libro Lirios de Esperanza, psicografiado por Wanderley de Oliveira y dictado por el espíritu Ermance Dufaux. El objetivo de dicha institución erguida en la psicosfera brasileña, es ofrecer socorro y orientación a los seguidores de Cristo de distintas tradiciones filosóficas y religiosas, que no supieron o no quisieron asumir el compromiso con su mensaje de amor. Quizá sorprenda al lector saber que en este hospital existe un área, denominada Judas Escariotes, dedicada especialmente a la recuperación mental de líderes espiritistas que analizaron con gran atención las necesidades de los demás, pero se olvidaron de su propia liberación. Los que ingresan allí entienden el mensaje de Jesús y del Espiritismo por las vías de la razón, pero son adictos a la admiración y a la notoriedad, aún principiantes en el amor desinteresado y fraterno.

En conclusión, debemos comprender que el hombre desencarnado es simplemente el hombre desprovisto de su cuerpo físico. Cuando volvemos a la espiritualidad llevamos con nosotros todo el progreso moral que hayamos realizado, pero obviamente también cargamos con todas nuestras imperfecciones. Éstas siguen poniendo trabas a nuestro progreso en la espiritualidad, así como lo hacían en la carne. Gracias a la misericordia divina y a la tolerancia y dedicación de la Espiritualidad Superior, el hombre no estará jamás desamparado en cualquiera que sea el plano en el que se encuentre. Los métodos y equipos utilizados por los trabajadores de la psicología del más allá lo demuestran. Demos gracias a Dios y a los amigos y mentores que, pese a nuestras imperfecciones, nos siguen ofreciendo la oportunidad de armonizarnos con el pasado, comprender el presente y construir un futuro de más luz para toda la humanidad.

                                                *******************
           GRADUACIÓN DEL AMOR

En las más humildes manifestaciones de los reinos inferiores de la Naturaleza la exteriorización del amor se observa en su modalidad divina. En el polvo cósmico, síntesis de la vida, tenemos las atracciones magnéticas profundas. En los cuerpos simples vemos los que en química reciben el nombre de “precipitados”. En el reino mineral y  vegetal se verifica el problema de las indispensables combinaciones. En las expresiones de la vida animal advertimos, en todo, la presencia del amor, en gradaciones innumerables, que van desde la violencia hasta la ternura, dentro de las manifestaciones que hacen los irracionales.

Entre los hombres es así mismo el amor el que preside todas las actividades de la existencia, así como en la familia como en la sociedad.

El amor constituye la ley misma de la vida, y bajo su dominio sagrado todas las criaturas y la totalidad de las cosas vuelven a reunirse al Creador.

El amor divino es un atributo de los seres angélicos.

Cada corazón posee en lo infinito un alma gemela de la suya, compañera  divina para el viaje  hacia la gloriosa inmortalidad.

Creados la una para la otra, las almas gemelas se buscan siempre que se hayan separadas, esperando consumar su unión perenne. Millares de seres que se extraviaron en el crimen o en la inconsciencia experimentan la separación de las almas  que los sostiene como la más severa y dolorosa de las pruebas y en el drama de las existencias más oscuras asistiremos  siempre a la atracción eterna  de las almas que se aman más íntimamente  evolucionando unas hacia otras en una aborígenes de ansiedades angustiantes. Esa atracción es superior a todas las expresiones convencionales de la vida terráquea. Y cuando se encuentran, en el conjunto de los trabajos humanos, se sienten en posesión de la verdadera dicha para sus corazones: la ventura de su unión, que no cambiarían por todos los imperios del mundo. La única amargura que empaña su jubilo es la perspectiva  de una nueva separación causada  por la muerte, tristeza que la luz de la Nueva revelación ha venido a disipar, mostrando los horizontes eternos de la vida a todos los espíritus amantes del bien y de la verdad.

En los textos sagrados existe un elemento de comprobación para la teoría de las almas gemelas, en las primeras paginas del Antiguo Testamento, base de la Divina Revelación, se expresa: “Y dijo Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le hare ayuda  idónea para el”.

La unión de las almas gemelas no restringe el amor universal pues el amor de las almas gemelas es aquel que el espíritu sentirá algún día por la humanidad entera.

La tierra es una escuela de luchas  regeneradoras o expiatorias, el hombre puede asociarse varias veces, sin que su unión conyugal se lleve a cabo con el alma gemela a la suya, la que muchas veces se encuentra fuera de la esfera carnal.

La distancia que separan a los dos Espíritus que se aman, uno de los cuales se halla, respecto al otro, en un plano de superior comprensión, lejos de menospreciar las  buenas experiencias que está cosechando el compañero de sus afectos que se encuentra en la tierra, trata de ayudarlo con su máxima dedicación, de modo de facilitarle su progreso directo hacia las más elevadas conquistas espirituales.

Los espíritus Superiores no quedan ligados al orbe terráqueo. Pero no pierden el interés afectivo que sienten por los seres amados que dejaron este mundo, trabajan con ardor en el bien de ellos, impulsándolos por las sendas de las luchas redentoras, en busca de las cimas de la perfección.

En Esas almas santificadas y puras la nostalgia es mucho más intensa y sublime, puesto que nace de una sensibilidad superior, que convertida en un interés divino, genera las grandes abnegaciones del Cielo que siguen los pasos vacilantes del Espíritu encarnado a través de su peregrinaje expiatorio o redentor sobre la faz de la Tierra.

La oración es eficaz para auxiliar y ayudar  al que se ha ido, que muchas veces está enredado su Espíritu en la maraña de ilusiones de la vida material.

El corazón amigo que quedó en el mundo, por medio de la vibración silenciosa y el deseo tenaz de ser útil al compañero  que lo antecedió en la tumba para proseguir  el curso de la vida puede en los instantes de reposo corporal, cuando el alma evolucionada goza de relativa libertad, localizar al espíritu sufriente o errante de su amigo desencarnado y hacer que despierten en el los deseos de cumplir con su deber, así como orientarle sobre la nueva realidad, y esto, sin que su memoria consciente registre el suceso después, cuando se halle en estado de vigilia.

De hay nace la afirmación de que solo el amor es capaz de salvar el abismo de la muerte.

Algunas almas llamadas eunucos  para obtener en si mismas las sacras realizaciones de Dios, se entregan a tareas de renunciación, en una existencia de santificada abnegación.

En ese menester es común que se priven transitoriamente  de los vínculos humanos, a fin de acrisolar sus afectos y sentimientos en vidas de ascetismo y de prolongadas disciplinas materiales.

Casi siempre, los que en la tierra se hacen eunucos por causa del reino de los cielos están obrando de acuerdo con las sagradas  disposiciones de misiones redentoras, en las cuales, mediante su sacrificio y dedicación, se redimen Seres amados o la alma gemela de la suya, exiliados en los caminos de la expiación. Muchos espíritus reciben de Jesús permiso para realizar esa clase de esfuerzos santificadores, por cuanto en dicha tarea, los que se hacen eunucos por causa del reino de los cielos aceleran los procesos de redención del Ser o los Seres a quienes aman, que se hallan sumergidos en las pruebas, y en forma simultánea, por su condición de evolucionados pueden con más facilidad ser transformados en la tierra en instrumentos de la verdad y del bien, de modo que su trabajo reporta inestimables beneficios, tanto para Sus seres queridos como para la colectividad y también para si mismos.

El amor muchas veces nos hace realizar las acciones más sublimes, hasta el punto de importarnos más que el otro a quien amamos sea feliz a costa de nuestra propia desgracia.


Trabajo realizado por Merchita
Extraído del libro de Chico Xavier “El Consolador”
                                                                 **************

       
             DELANTE DE LOS PIONEROS

Recuerda los sacrificios de los pioneros del progreso que te precedieron en la jornada humana, para que avances en la Tierra sin la ceguera de la ingratitud.

Recuerda las manos anóni­mas que te irguieron el hogar, los brazos que te embalaron la cuna y las voces amigas que te enseñaron a mover los labios en el idioma del entendimiento.

No olvides aquellos que llora­ron y sufrieron, labrando el suelo en el que ingeriste la primera ben­dición del pan y no te olvides de cuantos se vieron mutilados en el trabajo para que el confort y la hi­giene te sustentasen el cuerpo.

No reliegues a la indiferencia los que se vieron en suplicio para que tuvieses el orden legal, garantizándote la seguridad, y los que mu­rieron en las cárceles, muchas veces, calumniados y traicionados, para que la libertad te bendiga la existen­cia.

Consagra en la memoria un altar de reverencia para con aque­llos que te donaran los tesoros de la educación, a fin de que el aprendi­zaje en la Tierra se te haga camino hacia la Espiritualidad Superior.

Usufructuario del campo en el que fuiste acogido por la bondad y la esperanza de los que te vieron nacer, recogiste de ellos la expe­riencia que el sufrimiento les otorgó, reclamándote también sudor y bue­na voluntad en el mundo, para que la vida en el mundo se haga mejor.

No te pierdas en los laberin­tos de la indagación sin provecho, preguntando si la crueldad es hoy mayor que la de ayer en el camino de las criaturas.

Cede a la Tierra lo mejor de ti, en el servicio desinteresado y constante para que el bien prevalezca, iniciando en la propia alma la obra redentora del amor que todo lo abarca, y, volviendo mañana a la gran escuela de la experiencia hu­mana, la encontrarás más nobles y más bella, convertida, con la parcela de tu esfuerzo, en antecámara para la Vida en los Cielos.
Nacer y Renacer
Médium. FRANCISCO CÂNDIDO XAVIER.
Espiritu. EMMANUEL.
                                                                      ***********************

"La fe en Dios, el respeto al prójimo y el ejercicio del amor transforma al hombre" (Anónimo)