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sábado, 22 de febrero de 2014

IRREGULARIDADES EN LA MEDIÚMNIDAD


IRREGULARIDADES EN LA MEDIÚMNIDAD

El fraude y la superchería es uno de los primeros a señalar.

Los fraudes pueden ser conscientes  o inconscientes; en este último caso, son provocados o por la acción de espíritus malos o por sugestiones que ejercen sobre el médium los experimentadores o algunos de los presentes en la reunión. Los fraudes conscientes provienen, o bien de falsos mediúms, o de médiums verdaderos, pero desleales, que han convertido sus facultades en fuente de provecho material.

Desconociendo la nobleza y la importancia de su misión y de sus preciosas cualidades, los convierten en un medio de explotación, y cuando el fenómeno no se presenta, no dudan en simularlos por medio de toda clase de artificios.

Esos médiums los hay también en todas partes, son sujetos burlones a quienes no les importa divertirse a costa del vulgo ignorante, pero que más tarde o más temprano se descubren así mismos.

Hay otros para quien el Espiritismo no es más que un simple comercio, y se las ingenian para imitar las manifestaciones que les pueden dar mayor ganancia. Algunos han sido descubiertos en plena sesión, y no pocos han sido motivo de procesos famosos, que burlándose de la buena fe  de quienes los consultaban, no vacilaron en profanar los sentimientos más sagrados, lanzando sospechas e incertidumbres sobre una ciencia y una doctrina que pueden ser un medio de regeneración.

Perdieron con frecuencia el sentimiento de su responsabilidad; pero la vida de ultratumba les reserva sorpresas nada agradables. El mal que estos embaucadores han hecho a la verdad es verdaderamente incalculable. 

Sus groseras maquinaciones  han alejado a no pocos sabios del estudio serio del Espiritismo. Así, el deber de todo hombre honrado es desenmascararles y condenarles.  El desprecio en este mundo, el remordimiento y la vergüenza en el otro, he aquí lo que les espera. Ya sabemos que todo se paga,  y que el mal  acaba por caer siempre sobre el mismo que lo ha causado. No hay nada más vil y miserable que negociar con lo dolores del prójimo, fingiendo por dinero a los amigos, a los seres queridos y que lloramos porque se fueron de este mundo, haciendo de la misma muerte un objeto de falsificaciones y de la más vergonzosa especulación.

Más no se puede hacer al espiritismo responsable  de tales procedimientos. El abuso o la falsificación de una cosa no prejuzgan contra la cosa misma.

Los fraudes inconscientes tienen su explicación por la sugestión y los médiums son muy sensibles a la acción sugestiva, lo mismo de los vivos que de los difuntos. Los espíritus cuando se manifiestan  influencian con su estado de ánimo al médium y a veces de una forma considerable. El buen médium a veces siente la sugestión de mentir, pero la rechazan otros en cambio caen en un momento de debilidad y ya nadie cree en ellos.

Es importante examinar y analizar  todas las cosas con el más frió juicio, con gran circunspección y admitir únicamente aquello que se presenta con el más absoluto carácter de autenticidad.

Por su propia naturaleza la mediúmnidad es una cosa variable, móvil, intermitente. No estando los espíritus bajo las ordenes de nadie, jamás se puede saber por adelantado el éxito de las sesiones. El médium puede sentirse enfermo, o indispuesto: también hallarse mal constituida  la asistencia desde el punto de vista psíquico. Por otro lado, la asistencia de los espíritus elevados, siempre se avendrá mal con la imposición de tarifas en la práctica del espiritismo.

La mejor garantía de sinceridad que puede presentar un médium es el desinterés, como es también el medio más seguro para obtener protección de lo alto. Comerciar con la mediúmnidad es disponer de una cosa de la cual no se es dueño; es abusar de la buena voluntad de los muertos, sujetarles a una empresa que no es digna de ellos, es desviar el espiritismo de su fin providencial.

El ejercicio de la mediúmnidad ha de ser en todo tiempo y ocasión un acto grave y religioso, despojado de todo carácter mercantil y de todo aquello que lo puede rebajar o desmerecer.

Trabajo realizado por Merchita
Extraído del libro de León Denis (En lo invisible)
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      Plenitud en el amor 
( Transmitido a través de una mediumnidad )

Me ha acompañado hasta aquí este hermano de tanto saber que yo he conocido en mi fase terrena cuando era cardenal de la catedral de Santiago. Ya entonces era una desdichada que no había podido cumplir con mi misión de amor para la cual me había preparado con mucho tiempo para dar salida y continuidad al sendero que determinaba mi vida desde mi nacimiento. Son estos momentos para mí sublimes y me producen una profunda emoción a mi alma que me arrastran al llanto por el mucho sufrimiento vivido que hoy me anima y compensa con esta verdad de amor en la cual somos premiados los que nos hemos entregado con cariño a esta misión continuadora de caridad piedad y amor.

Que estos hermanos piadosos conduzcan mis pasos y fortalezcan mi voluntad para este trabajo que me han asignado material que no me siento con fuerzas para realizar por el mucho sufrimiento que me atrapó en mi existencia terrena. Un beso de amor a todos los hermanos que sufren en sus pruebas terrenas y son incomprendidos para hacer aquella labor que les muerde en su pecho y los arrastra a la soledad tristeza y dolor.

–No te emociones, si estás alterada no podrás hablar, alterarás la materia del médium y tendrás dificultades para manifestarte.

Es una emoción sublime que solamente se puede comprender cuando se vence todo el sufrimiento terreno y nos elevamos en esa poderosa luz que al no estar preparados produce un estremecer en todo nuestro ser, una felicidad, cuesta aceptar que las influencias activas forman caminos de continuidad en la vida. Mi gratitud a vosotros hermanos materiales, también a este médium, a este instrumento que a través de reencarnaciones nos hemos encontrado material y espiritualmente en distintos senderos, algunos de acercamiento y otros de continuidad.

–Todo tiene una continuidad hermana pepita, siempre recogemos el fruto de nuestras entregas, ahora te encontrarás mejor; déjate llevar por la impregnación de esa energía que te hacen llegar esos hermanos que están ahí, a tú lado.

Me tengo que retirar, lo hago envuelta en esta atmosfera de luz que hay ahora en estas aulas espirituales para que estos hermanos tan materializados puedan comprender que a través de su trabajo y entrega encontraran esa plenitud que le permitan dar un paso más en el sendero evolutivo de su destino. Mi gratitud a todos, materiales y espirituales por esta mano que me tienden que me elevan a atmosferas de luz de claridad y de amor.

Espíritu, Pepita.
 
Manolo Carra
(Espacios mediúmnimicos en vivo.)

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RESIGNACIÓN ANTE LAS ADVERSIDADES

 El proceso de transformación moral  requiere fuerza de voluntad y el que hayamos decidido seriamente un cambio de comportamientos hacia el bien común. Pues no  podemos esperar el que los demás cambien, para que nosotros  podamos llevarnos bien con ellos, si nosotros cambiamos  el merito será nuestro. 
Ante todas las pruebas por las que pasamos hemos de conservar la calma y tener resignación. La Resignación, sin Murmuración, y sin Culpar a Dios de tus sufrimientos, te ayuda a tu adelantamiento Espiritual, reduciendo cientos de años a tus Pruebas según La Ley de Causa y Efecto... 
Si Murmuramos o acusamos a Dios de nuestras pruebas y sufrimientos, significó que nuestra fe nunca se solidificó, que nuestra paciencia fue derrotada y dimos un paso hacia la rebeldía.  Todo esto por el solo hecho de no 
llegar al punto de la resignación que nada tiene que ver con el ser derrotado en la prueba, sino al contrario, que la superamos, porque al resignarnos hemos logrado agotar todos nuestros esfuerzos para lidiar con esa prueba, y en ese precisamente instante logramos entender el porqué de tan dolorosa prueba., 
Raúl Texeira, hablando de la resignación dijo: 
“Pero la resignación no es sinónimo de acomodación, vale repetir, la resignación es el mirar que tenemos para esos fenómenos, es la manera como vemos esos fenómenos. Si no fuese la resignación, entraríamos en la ruta de la desesperación, entraríamos en el circuito de la desolación porque, cuando no comprendemos porque sufrimos, sufrimos dos veces. La primera vez por el sufrimiento en sí, la segunda vez por la ignorancia a respeto de él. Por eso, es la Doctrina de los Espíritus que tiene, en su contexto y en los textos, esas explicaciones, esos recursos para hacernos pensar en la razón por la cual los seres humanos sufrimos y por cual razón los irracionales sufren en la tierra.” 
También el espíritu Rafael dijo: 
“La resignación en la actualidad parece difícil, pero en realidad, la resignación nos enseña a llevar la vida y los problemas de distinta manera, pues cuando en nuestro interior disponemos de la resignación nuestro mundo se vuelve más tranquilo. La resignación también es aceptar todo lo que nos sucede, ya sea dolor, ya sea situación laboral complicada, problemas conyugales o en el hogar, resignación en todo, puesto que en este mundo todo lo que nos pasa es por algún motivo, sabiendo que nada es casual, entonces debemos resignarnos en todo, la paz interior, la tranquilidad, el saber que el Padre nos ayudara, todo eso, aparte de hacer que nuestra resignación crezca en nuestro corazón también nos enseña a tener fe.” 
Muchas de las calamidades que afligen al hombre  son  consecuencia de su propia imprevisión. A medida que va adquiriendo conocimientos y experiencia puede conjurarlas, eso es, prevenirlas, si sabe descubrir sus causas. Pero, entre los males que afligen a la humanidad los hay de un carácter general, que están en los designios de la Providencia, y cuyo efecto cada individuo sufre en mayor o menor grado. A ese tipo de calamidades el hombre sólo puede oponer su resignación a la voluntad de Dios, e incluso dichos males se ven a menudo agravados por su despreocupación. 
El libro de los Mediums nos dice que el mejor remedio para abreviar nuestras pruebas   es la oración y la resignación.  El hombre que sufre se parece a un deudor que debe una fuerte cantidad y a quien su acreedor dice: "Si hoy mismo me pagáis la centésima parte, os perdono el resto; quedaréis libre; si no la hacéis, os perseguiré hasta que hayáis pagado el último céntimo". ¿No sería feliz el deudor, aun cuando sufriese toda clase de privaciones para librarse, pagando solamente la centésima parte de lo que debe? En vez de quejarse de su acreedor, ¿no le daría las gracias? Tal es el sentido de estas palabras: "Bienaventurados los afligidos, porque ellos serán consolados"; son felices porque pagan la deuda, y después de pagar, quedaron libres. Pero si pagando por un lado, se contraen nuevas deudas por el otro, nunca se llegará al saldo. Cada nueva falta aumenta la deuda, porque no hay una sola, cualquiera que sea, que no lleve consigo su castigo forzoso, inevitable; si no es hoy, será mañana, y si no en esta vida, será en otra.   
   Procuremos ante la adversidad no comportarnos indebidamente, ya que eso sabemos que empeorará las cosas, luchar por superarla, crecer ante ella,  nos hará´ más fuertes hasta que un día sea de nuestro total dominio. La luz del Evangelio siempre nos abrirá mayores perspectivas para ese proceso por el que todos pasamos, pues todos somos deudores.          
- Merchita-                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      

viernes, 21 de febrero de 2014

ALINEACIÓN MENTAL





 ALINEACIÓN  MENTAL

Exceptuados los casos puramente orgánicos, el loco es alguien que procuró forzar la liberación del aprendizaje terrestre, por indisciplina o ignorancia.  Esto da paso a un género de suicidio hábilmente disimulado, el auto eliminación de la armonía mental, por la inconformidad del alma en los cuadros de la lucha que la existencia humana presenta. Ante el dolor, del obstáculo o de la muerte,  millares de personas capitulan, entregándose, sin resistencia, a la perturbación destructora, que les abre, por fin, las puertas del túmulo.

 Al principio, son simples descontentos  y desesperados, que pasan desapercibidos aun de aquellos que los acompañan de cerca. Poco a poco, se transforman en enfermos mentales  de variadas graduaciones, de cura casi imposible, portadores como son de problemas inextricables  e ingratos.  Imperceptibles frutos de la desobediencia comienzan  por arruinar el patrimonio fisiológico que le fue confiado en la Corteza de la Tierra, y acaban empozados e infortunados. Afligidos, medio muertos, son ellos hombres y mujeres  que desde los círculos terrenos  padecen, por haberse revelado a los designios divinos, omitiéndolos  en la escuela benéfica de la lucha  purificadora, por los caprichos insensatos.

Para que se efectué la jornada iluminativa del espíritu es indispensable dislocar la mente, revolver las ideas, renovar las concepciones y modificar, invariablemente, la forma de ser interiormente, para el bien mayor.

El noventa de cada cien casos  de locura,  exceptuados aquellos que se originan de la incursión microbiana sobre la materia cenicienta, comienza en las consecuencias de las faltas graves que practicamos con la impaciencia o con la tristeza, por intermedio de actitudes mentales que imprimen deplorables reflejos al camino de aquellos  que los escogen  y alimentan. Instalados esas fuerzas desequilibrantes  en el campo íntimo, se inicia la desintegración  de la armonía mental;  esta a veces perdura no solo en una existencia, sino en varias de ellas, hasta que el interesado se disponga, con fidelidad,  a valerse de las bendiciones divinas que lo aljofaran, para restablecer la tranquilidad y la capacidad, en bendito servicio  evolutivo. Por la rebeldía  el alma responsable puede encaminarse  a muchos crímenes, a cuyos resultados nefastos se cautiva indefinidamente; y por el desanimo, es propensa  a caer en los despeñaderos de la inercia, con fatal atraso en las edificaciones  que le cave providenciar.

La muerte física no modifica de súbito las inteligencias vueltas al mal,  ni el duelo de la luz  con las sombra se astringe a los estrechos círculos carnales.

El tiempo, acaba siempre por denunciar nuestra verdadera posición. Millones de hermanos  permanecen, siglos, y más siglos en la fase infantil del entendimiento, por no animarse al esfuerzo de su propia mejoría. Mientras reciben  la transitoria cooperación de salud física relativa, de las convenciones terrenas, de las posibilidades financieras y de las variadas impresiones pasajeras que la existencia en la tierra ofrece a los que pasan por la carne, se sustentan con los títulos  de ciudadanos que la sociedad les confiere; pero tan pronto como son visitados por el morbo, por la escasez de los recursos o por la decrepitud, revelan la infancia espiritual en la que yacen.

El loco en general, considerándose  no solo el presente, sino hasta el pasado lejano, es alguien que aborreció las bendiciones  de la experiencia humana, prefiriendo segregarse en los caprichos mentales;  y la entidad espiritual atormentada después de la muerte  es siempre alguien que deliberadamente huyó a las realidades de la Vida y del Universo, creando regiones purgatoriales para si mismo.

( Trabajo de Merchita basado en el libro "En un mundo mayor" de Chico Xavier.

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SOBERBIA

Todos los vicios son malos, pero es la soberbia  la más temible, pues siembra tras de sí todos los demás vicios. Cuando penetra en el alma, se adueña de ella, se acomoda  a su gusto y se fortifica en ella hasta el punto de hacerse inexpugnable. Ella es la hiedra monstruosa siempre preñada  y cuyos vástagos son monstruosos como ella.

Todo el que se deja inundar por ella, es un desgraciado porque no podrá liberarse de ella  sino es a costa  de terribles luchas,  a consecuencia de sufrimientos dolorosos, de existencias oscuras, de todo un porvenir de envilecimiento y de humillación, pues es el único remedio para los males que engendra la soberbia.

Este vicio constituye el azote más grande de la humanidad. De el proceden todos los desgarramientos de la vida social, las rivalidades de clases y de pueblos, las intrigas, el odio y la guerra. Inspirador de locas ambiciones, ha cubierto la tierra de sangre  y de ruinas, y es también es el quien causa nuestros sufrimientos  de ultratumba, pues sus efectos se extienden hasta más allá de la tumba.

No solo nos desvía la soberbia del amor a nuestros semejantes, sino que hace imposible todo mejoramiento, abusando de nuestro valor y cegándonos con nuestros defectos. Solo un examen riguroso de nuestros actos y de nuestros pensamientos nos permite reformarnos. Y el soberbio es el que menos puede  conocerse. Engreído de su persona, nada puede desengañarle, pues aparta con cuidado todo aquello que puede esclarecerle; odia la contradicción, y solo se complace en la sociedad de los halagadores.

Corrompe las obras más meritorias. A veces, incluso las torna perjudiciales para quienes las realizan. El bien, realizado con ostentación,  con un secreto deseo de ser aplaudido y glorificado, se vuelve contra su autor. En la vida espiritual, las intenciones, los móviles ocultos que nos inspiran  a hacer las cosas reaparecen como testigos, abruman al soberbio y reducen a la nada sus meritos ilusorios.

La soberbia nos oculta toda la verdad. Para estudiar con fruto el Universo y sus leyes, se necesita, ante todo, la sencillez, la sinceridad, la rectitud del corazón y de la inteligencia, virtudes desconocidas por el soberbio.

El hombre sencillo, humilde de corazón, rico en cualidades morales, llegará más pronto a la verdad, a pesar de su inferioridad posible de sus facultades, que el presuntuoso, vano de ciencia  terrestre y sublevado contra la ley, que le rebaja y destruye su prestigio.

La enseñanza de los Espíritu nos pone de manifiesto, bajo su verdadera luz, la situación de los soberbios en la vida de ultratumba. Los humildes y los débiles  de este mundo se encuentran allí más levados; los vanidosos y los poderosos, empequeñecidos y humillados. Los unos llevan consigo lo que constituye la verdadera superioridad: las virtudes, las cualidades adquiridas con el sufrimiento; en tanto que los otros han de abandonar a la hora de la muerte títulos, fortuna y vano saber. Todo lo que constituye su gloria y su felicidad se desvanece como el humo. Llegan a los espacios pobres, despojados, y esa súbita desnudez, contrastando  con su pasado esplendor, aviva sus preocupaciones y sus grandes pesares. Con una profunda amargura, ven por encima de ellos, en la luz, a aquellos a quienes desdeñaron  y despreciaron en la Tierra. La soberbia, la ávida ambición  no puede atenuarse y extinguirse sino mediante vidas atormentadas, vida de trabajo y de renunciación, en el transcurso de las cuales el alma soberbia en si misma, reconoce su debilidad y se abre a mejores sentimientos.

En las horas de peligro, todas las distinciones sociales, los títulos y las ventajas de la fortuna se miden en su justo valor. Todos somos iguales ante el peligro, el sufrimiento y la muerte. Solo su valor moral los distinguirá. El más grande en la Tierra puede convertirse uno de los últimos en el espacio, y el mendigo puede vestir un traje resplandeciente. No tengamos la vanidad de los favores y de las ventajas pasajeras. Nadie sabemos lo que nos reserva el mañana.

Extraído del libro “Después de la Muerte” de León Denis

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Desarrollo de la mediúmnidad

Queridos  amigos, hola buenos días, todos los que hemos estudiado la codificación espirita sabemos de la importancia que tienen las reuniones mediúmnicas, los Benefactores  nos dicen que una reunión mediúmnica es una labor delicada, que se desarrolla  en el campo periespiritual, y si el equipo no tiene un conocimiento especializado, es comprensible que sucedan muchos problemas por negligencia de la misma.
Sabemos que una reunión mediúmnica no debe estar abierta al público porque tendría un aspecto especulativo, exhibicionista, destituido de la finalidad superior, actitudes tales que van al encuentro negativamente a los postulados morales de la Doctrina.
En las reuniones mediúmnicas privadas se debe mantener un número  ideal de miembros, no superior a las veinte personas para que se eviten esas perturbaciones naturales de los agrupamientos masivos.
En donde haya un Grupo Mediúmnico muy numeroso, que sea dividido para dos trabajos separados (porque, en el Movimiento Espírita, en el orden del Bien, dividir es multiplicar en beneficio de aquellos que se reparten). Igualmente es necesario que las personas sean afines entre si dentro del Grupo. Por motivos obvios, si estamos en una reunión mediúmnica, y no somos simpáticos a un individuo, toda la comunicación que por él venga, todo nuestro rechazo y conflictos nos pondrán en estado preventivo, creyendo que sean indirectas dirigidas para nosotros. Si por acaso, alguien no nos es simpático, cuando él entra en transe, comenzamos a bombardear: “¡Imaginen al mentiroso, veamos si yo voy a creer en él!” Formamos así una antena emisora de dificultades para el compañero que está siendo agredido  exclusivamente de los Espíritus desencarnados, sino también, de los encarnados.  El éxito de una reunión mediúmnica depende del equipo que comparece allí y no solamente del médium.
Las reuniones mediúmnicas han de ser de carácter privado, los guías programan, pero al equipo en funcionamiento, serán los que han de responder por los resultados que se obtengan.
la reunión es un ser colectivo. Todos aquellos que participan de ella, con cualquier función que sea, están automáticamente vinculados a lo que en ella suceda, de manera que muchas veces, no estando bien sintonizado el Grupo y estén realizando un trabajo de alta envergadura, los médiums que son filtros de los espíritus encarnados y desencarnados, estarán filtrando, encharcándose en aquellos matices vibratorios que el ambiente le permite fruir. Es de esa manera, que no se justifica la necesidad de las reuniones mediúmnicas con público que no esté sintonizado con la realidad del estudio doctrinario, porque los médiums quedan a la merced de esos influjos de dardos mentales de indiferencia, de escepticismo y de petitorios que, muchas veces, el mensaje que ellos conducen, saldrá con el sabor de esas insinuaciones, de esos deseos y perturbaciones.
Las reuniones mediúmnicas han de procurar ser realizadas en la casa espirita  porque allí los Espíritus Benefactores instalan equipos de Socorro de Emergencia, permanecen entidades celosas que se apostan para defender el recinto; se encuentran trabajadores especializados que concurren para el ministerio adrede preparado. Porque si en la Tierra, que es el mundo de los efectos, son tomados cuidados antes de las realizaciones, es comprensible que en el mundo espiritual las realizaciones merezcan un tratamiento muy especializado en lo que toca al progreso de la criatura y de la Humanidad.
Los Benefactores programan las tareas mediúmnicas y a aquellos que se van a comunicar, para que todo ocurra en un clima de orden y de paz. El médium que se somete a los fenómenos de ocasión está sujeto a graves peligros, Porque sería lo mismo que colocar instrumentos de alta sensibilidad en las manos de personas inescrupulosas o desconocedoras de su mecanismo.
Entregarnos al trabajo del desarrollo de la mediúmnidad  requiere seriedad y formalidad, para atraer el concurso de los Buenos Espíritus.
El pedido de esclarecimiento es siempre bien recibido por los Buenos Espíritus, y si ellos notan que no están siendo creídos, no sienten amargura por eso, pero mantienen su interés en ayudar.
Lo que caracteriza a un Espíritu Bueno, a un Espíritu Superior, son la sabiduría, la bondad, la paciencia, la forma en que están siempre dispuestos a ayudarnos ante cualquier circunstancia.
Su protección nos es necesaria, para no ser presa de los espíritus ignorantes, mistificadores, obsesivos, que por nuestras imperfecciones estan la mayoría de las veces a nuestro lado.
Amigos os deseo un feliz martes con mucho amor y cariño, que Dios sigan bendiciendo e iluminando nuestras vidas.
  Merchita


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jueves, 20 de febrero de 2014

El joven que no quería ser médium



EL JOVEN QUE NO QUERÍA SER MÉDIUM

Entre los espiritistas que se reunían en las sesiones de la Buena Nueva en Barcelona había un joven maestro llamado Eduardo, que habiendo perdido a su madre, estudió el Espiritismo con el noble afán de ver si su madre vivía. Al comienzo de las sesiones, Eduardo se levantaba y se iba a la galería a un pequeño huerto y al preguntarle porque no se quedaba a la sesión contesto:

Porque en cuanto los médiums comienzan a hablar me entra un sueño irresistible, y yo reconozco que este sueño no es natural, porque siento frio, calor, angustia, ganas de gritar, un peso en la cabeza como si la tuviera llena de plomo. Y como no quiero ser médium por eso no quiero estar en la sesión, el caso es que me hago siempre el propósito de no acudir hasta que la sesión concluya, y estando en el café, me levanto maquinalmente y me vengo, pero como a mí nadie me hará hacer las cosas contra mi voluntad, lo que es ser médium no lo seré.

Todos escuchaban y Luis sonriendo nos contestó. Eduardo será un gran médium, a su tiempo. Los espíritus le dominarán. Si se le hubiera dicho quiero que seas médium, da media vuelta y no vuelve más al centro. No le digáis  nada, dejarle que entre y salga, suba y baje y que repita hasta la saciedad que no quiere ser médium, Eduardo es una buena adquisición para el espiritismo, pero si fuéramos impacientes todo se perdería, demos tiempo al tiempo.

Eduardo estuvo luchando con su mediúmnidad más de un año, cuando una noche, terminada la sesión, estaba sentado junto a la mesa que había en el centro del salón de sesiones, hablando y riendo. De pronto palideció, inclinó la cabeza sobre el pecho, cerró los ojos y exhaló un profundo suspiro, todos enmudecieron, y al poco tiempo se despertó diciendo:

Cuando yo digo que no quiero estar en este salón…

Vamos a tu cuarto, no me harán dormir.

Diez o doce personas siguieron a Eduardo, que al entrar en el aposento se sentó, quedándose dormido instantáneamente. Todos lo rodeamos, y el médium, después de guardar silencio largo rato, dijo con voz conmovida lo siguiente:

Eduardo era un gran médium y daría buenos resultados; refiriéndose a Amalia le dijo que era Benisia, un Espíritu que la dio a conocer donde no la conocían, le pronosticó que llevaba un mundo en su cabeza, que trabajaría con afán, porque ella estaba con ella. Que le habían concedido la dicha de presentar al nuevo médium, porque ella había sido  la que le había cabido la gloria de vencer la tenaz resistencia del médium. Aconsejándoles que se reunieran el grupo por el amor. Los que no se aman viven desterrados del Cielo. Dios es amor, el amor nos acerca a Él, el amor nos engrandece, el amor nos regenera. ¡Bendito sea Dios, que todo Él es amor!

La comunicación de la madre de Amália y la de Basania le hicieron sentir profunda satisfacción y lloró dulcemente, ella recordaba a Basania con inmensa gratitud. A él, debió que hicieran a sus humildes escritos en la revista espírita Española, un apartado. Le fue útil en la Tierra, y se lo seguía siendo en el espacio proporcionándole a Amália un buen médium, para hacer más fácil su trabajo y más agradable su vida.
Cuando Eduardo despertó, le contaron lo ocurrido y el preguntó a Luis que es lo que debería hacer. Luis le contestó, ¡muy sencillo! Acudir a las sesiones y dar tu comunicación, pero solamente allí, porque le lloverían peticiones, unos para saber del padre, otros de la madre, del nieto y siendo de buenas condiciones lo echarían a perder. La mediúmnidad es un tesoro, que si se sabe conservar, dura toda la vida en cambio el abuso se convierte en pesadilla, y pobre de aquel que llega a ser juguete de los Espíritus.

Eduardo a los dos o tres días entregó a Luis varias comunicaciones escritas muy buenas, más Luis le dijo que se dedicara solamente a la mediumnidad parlante, que con ella tenia bastante para dar luz a muchos ciegos. Desecha la escribiente, porque llegaría a serte muy perjudicial.

Vives de tu trabajo, necesitas las noches para descansar, los días para tus planos y medidas, la tarde del domingo es la que te queda libre y es la que puedes dedicar a las sesiones. Siguiendo mis instrucciones nunca te arrepentirás de ser médium parlante, harás mucho bien a la humanidad, y te lo harás a ti mismo.

Eduardo apreció mucho lo que valían los consejos de Luis, médium puramente mecánico, no recuerda jamás ni un solo pensamiento de sus discursos. Sus comunicaciones mejoran día a día. Esposo modelo y padre cariñoso cumplió una gran misión en la existencia que estamos relatando. Solo por enfermedad o atenciones perentorias de su carrera o de su destino dejaba de dar comunicaciones los días de la sesión mediumnica, aunque estuviera  en un banquete de familia, o reunión política, a la hora señalada todo lo dejaba para acudir al centro y dar su comunicación, sin obtener por este trabajo retribución alguna.

Con la adquisición de tan buen médium en la Buena Nueva, Amalia comenzó a oír comunicaciones sensatas profundas consoladoras. Sin ser ardientemente científicas, no llegaban tampoco a la sencillez de las familiares, eran instrucciones al alcance de todas las inteligencias sin llegar a la vulgaridad.

Amália inspirada por el Padre Germán recibió la comunicación de que el la protegería y que a través del médium Eduardo él le dictaría “Sus Memorias” y que en ellas aprendería a resignarse con la soledad de su alma, y daría lecciones a los desgraciados de la Tierra. No hay que impacientarse por entrar en el templo de la ciencia, es decir tratar de llegar a obtener la sabiduría que en otros vemos, el camino no se puede recorrer todo, en una existencia. Contentémonos con ser en esta encarnación unos obreros de buena voluntad.
El progreso debe ser íntimo, el mejoramiento que pasa desapercibido a los ojos de la generalidad, porque todos tenemos muchos defectos que se asemejan a millones de átomos que solo se ven con un microscopio de los más avanzados, pero que a simple vista no se adivinan siquiera, porque no hay la menor sombra de ellos. Esos defectos no los ve la multitud que nos rodea, pero el individuo siente sus efectos, puesto que obra dominado por ellos, y hay muchas personas celebres por su talento, por su ciencia, y hasta por sus virtudes, que miradas por dentro, son como decía Jesús, “sepulcros blanqueados”.

Decía nuestra querida Amalia, que cada defecto que se pierde, por pequeño que sea, es una hoja de laurel siempre lozana que se une a la gloriosa corona de nuestras virtudes. Nada vale el incienso del aplauso cuando uno se reconoce tan pequeño como los demás. No basta hacer el bien por rutina y por egoísmo, para adquirir fama de bueno. Es necesario sentir íntimamente el dolor de los demás y enjugar sus lágrimas diciendo: ¡que felicidad! ¡Aun sirvo de algo en la tierra, aun doy sombra a pesar de mi pequeñez!

Hay que hacer un estudio de uno mismo y decir sin menosprecio: tengo tantos defectos, con todos ellos no puedo ir por la senda del progreso. Es necesario destruir los más pequeños, por ejemplo, no es tarea fácil arrancar viejos vicios, porque tienen ondas raíces en nuestro modo de ser, y sucede muchas veces que se destruye un defecto infinitesimal y se crea uno nuevo de gran magnitud, lo que adelantamos ayer lo desandamos hoy y vuelta a empezar.Pero no hay mas remedio, sin el mejoramiento propio no se puede conseguir el progreso universal.

Si el hombre mirara continuamente como el científico, el mundo de lo infinitamente pequeño, sí muchos terrenales trabajaran en su progreso intimo, resultaría un conjunto de un gran numero de virtudes puestas al servicio de la fraternidad y de la unión de razas y pueblos uno mismo no corrige sus defectos, ningún redentor podrá conducirlo al reino de los cielos.La verdad es muy amarga, su sabor muy desagradable,pero solo el conocimiento de las verdades eternas nos da la libertad que ambicionamos y los efectos que necesitamos para vivir relativamente tranquilos y gozar de las dulzuras de la vida ,por eso el estudio razonado del espiritismo es tan útil porque solo el nos dice:

Nadie te salvara, no hay bastantes sacerdotes en la tierra para elevar plegarias y cantar responsos en bien del alma, todos los tesoros de la creación no son bastantes para comprar tu salvación eterna.

Es el hombre quien teje la tela de su negro ropón o de su blanca túnica; es él mismo quien ha de pulimentar las piedras preciosas que han de brillar sobre sus cabellos, es el mismo quien ha de sembrar las flores odoríferas que han de brindarle su aroma embriagador; es el mismo hombre quien ha de amar a los pequeñitos, para que los niños salgan a su encuentro. El mismo ha de escribir su historia, de nada le sirven las crónicas escritas por escritores, ni las grandiosas mentiras de las historias de los pueblos. Es el mismo hombre quien tiene que escribir en su conciencia las memorias de su ayer.

Estos consejos se los daba el Padre Germán a nuestra querida Amália con una paciencia que no hay en la Tierra.

Solo uno mismo puede ganar su propia batalla. Nadie puede darnos ni bueno ni malo que afecte a nuestro espíritu, pues nosotros tenemos siempre la libre decisión de elegir y crear en nosotros lo bueno que nos hace crecer y ver cada día un horizonte más amplio y atrayente, o por el contrario elegir lo malo y hacer el mal, cegándonos y tropezando con los obstáculos o piedras que nos harán caer y sufrir con las heridas de nuestra mala elección y nuestros malos hechos.

La siembra es libre, la cosecha obligatoria, y siempre está producirá los frutos de las semillas que el hombre haya plantado.

- ( Trabajo realizado de Merchita).
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CONCEPTO DE MEDIUMNIDAD


Médium quiere decir intermediario. Mediumnidad es la facultad humana, natural, por la cual se establecen las relaciones entre hombres y espíritus. No es un poder oculto que se pueda desarrollar a través de prácticas rituales o por el poder misterioso de un iniciado o de un gurú.
Se desenvuelve naturalmente en las personas de mayor sensibilidad para la captación mental y sensorial de cosas y hechos del mundo espiritual que nos rodea y nos afecta con sus vibraciones psíquicas y afectivas.
De la misma forma que la inteligencia y las demás facultades humanas, la Mediumnidad se desenvuelve en el proceso de relación. Generalmente su desenvolvimiento es cíclico, o sea, se procesa por etapas sucesivas, en forma de espiral.
Los niños la poseen, por así decir, a flor de piel, más resguardada por la influencia benéfica y controladora de los espíritus protectores, que las religiones llaman “ángel de la guarda”.
En esa fase infantil las manifestaciones mediúmnicas son más de carácter anímico; el niño proyecta su alma a las cosas y seres que le rodean, recibe las intuiciones orientadoras de sus protectores, a veces ven y denuncian la presencia de espíritus y no raramente transmiten avisos y recados de los espíritus a los familiares, de manera positiva y directa o de manera simbólica e indirecta.
Cuando pasan de los siete u ocho años se integran mejor en el condicionamiento de la vida terrena, desligándose progresivamente de las relaciones espirituales y dando más importancia a las relaciones humanas.
El espíritu se ajusta en su escafandra para enfrentar los problemas del mundo. Se cierra el primer ciclo mediúmnico, para seguidamente abrirse el segundo. Se considera entonces que el niño no tiene mediumnidad, la fase anterior es tomada en cuenta como imaginación y fabulación infantil.
Es generalmente en la adolescencia, a partir de los doce o trece años, que se inicia el segundo ciclo. En el primer ciclo sólo se debe intervenir en el proceso mediúmnico con oraciones y pases, para ablandar las excitaciones naturales del niño, casi siempre cargadas de reminiscencias extrañas del pasado carnal del espíritu.
En la adolescencia su cuerpo ya maduró lo suficiente para que las manifestaciones mediúmnicas se tornen más intensas y positivas.
Es tiempo de encaminarlo con informaciones más precisas sobre el problema mediúmnico. No se debe intentar su desenvolvimiento en sesiones, a no ser que se trate de un caso obsesivo.
En ese caso, es necesario mucho cuidado para orientar al adolescente sin excitar su imaginación, acostumbrándolo al proceso natural regido por las leyes del crecimiento.
El pase, la oración, las reuniones para estudio doctrinario son los medios de auxiliar el proceso sin forzarlo, dándole la orientación necesaria. Ciertos adolescentes se integran rápida y naturalmente en la nueva situación y se preparan en serio para la actividad mediúmnica. Otros rechazan la mediumnidad y procuran volcarse apenas para los sueños juveniles.
Es la hora de las actividades lúdicas, de los juegos y deportes, del estudio y adquisición de conocimientos generales, de la integración más completa en la realidad terrena.
No se debe forzarlos, más apenas estimularlos en lo tocante a las enseñanzas espíritas. Su mente se abre para el contacto más profundo y constante con la vida del mundo. Más él ya trae en su consciencia las directrices propias de su vida, que se manifestarán más o menos nítidas en sus tendencias y sus ansias.
Forzarlo a seguir un rumbo que repele es cometer una violencia de graves consecuencias futuras.
Los ejemplos de los familiares influyen más en sus opciones que las enseñanzas y exhortaciones orales. Él toma cuenta de sí mismo y afirma su personalidad. Es preciso respetarlo y ayudarlo con amor y comprensión.
En el caso de manifestaciones espontáneas de la mediumnidad es conveniente reducirlas al círculo privado de la familia o de un grupo de amigos en las instituciones juveniles, hasta que su mediumnidad se defina, imponiéndose por sí misma.
El tercer ciclo ocurre generalmente en el pase de la adolescencia a la juventud, entre los dieciocho y veinticinco años.
Es el tiempo, en esa fase, de los estudios serios del Espiritismo y de la Mediumnidad, como también de la práctica mediúmnica libre, en los centros y grupos espíritas.
Si la mediumnidad no se definió debidamente, no se debe tener preocupaciones. Hay procesos que duran hasta la proximidad de los 30 años, de la madurez corporal, para la verdadera eclosión de la mediumnidad. Basta mantenerlo unido a las actividades espíritas, sin forzarlo.
Si él no revela ninguna tendencia mediúmnica, lo mejor es darle apenas acceso a actividades sociales o asistenciales. Las sesiones de educación mediúmnica (impropiamente llamadas de desarrollo), se destinan apenas, a médiums ya caracterizados por manifestaciones espontáneas, por tanto ya desenvueltos.
Hay también un cuarto ciclo, correspondiente a mediumnidades que sólo aparecen después de la madurez, en la vejez o en su aproximación.
Se trata de manifestaciones que se tornan posibles debido a las condiciones de la edad: como enflaquecimiento físico, permitiendo más fácil expansión de las energías peri espirituales; mayor introversión de la mente, con la disminución de actividades de la vida práctica, estado de apatía neuropsíquica, provocado por los cambios orgánicos del envejecimiento.
Esos factores permiten mayor desprendimiento del Espíritu y su relación con entidades desencarnadas. Ese tipo de mediumnidad tardía tiene poca duración, constituyendo una especie de preparación mediúmnica para la muerte.
Se restringe a fenómenos de videncia, comunicación oral, intuición, percepción extrasensorial y psicográfica. Aunque sea una preparación, la muerte puede demorar varios años, durante los cuales el espíritu se adapta a los problemas espirituales con los que no se preocupó en el transcurrir de su vida. Esos hechos comprueban el concepto de mediumnidad, como simple modalidad de la relación hombre-espíritu.
Kardec recuerda que el hecho de el espíritu estar encarnado no lo priva de relacionarse con los espíritus libres de envoltura carnal, de la misma manera en que un ciudadano encarcelado puede conversar con los libres a través de las rejas.
No se trata de las conocidas visiones de moribundos en el lecho mortuorio, sino del típico desenvolvimiento tardío de mediumnidad que, por la completa integración del individuo en la vida carnal, imantado a los problemas del día a día, no consiguió aflorar.
Su manifestación tardía recuerda el adagio de que los extremos se tocan. La vejez nos devuelve la proximidad del Mundo Espiritual, en posición semejante a la de las criaturas.
En verdad, la potencialidad mediúmnica nunca permanece letárgica. Por el contrario, ella se actualiza con más frecuencia de lo que suponemos, pasa de potencia a acto en diversos momentos de la vida, a través de presentimientos, previsiones de acontecimientos simples, como el encuentro con un amigo hace mucho ausente, percepciones extrasensoriales que atribuimos a la imaginación o al recuerdo y así por el estilo.
Vivimos mediúmnicamente entre dos mundos y en relación permanente con entidades espirituales. Durante el sueño, como Kardec probó a través de pesquisas a lo largo de más de diez años, nos desprendemos del cuerpo carnal que reposa y pasamos al plano espiritual.
En los momentos de ausencia psíquica de distracción, adormecimiento, etc., nos distanciamos del cuerpo rápidamente , y a él retornamos como el pájaro que vuela y vuelve a su nido.
La Psicología procura explicar esos lapsos fisiológicamente, más las reacciones orgánicas a que atribuyen el hecho no son causa y si efecto de un acto mediúmnico de alejamiento del espíritu.
Los estudios de Hipnotismo comprueban eso, mostrando que la hipnosis interfiere en nuestra vigilia, haciéndonos dormir de pie y soñar despiertos, como generalmente se dice. La búsqueda científica de una esencia orgánica de la mediumnidad nunca dio ni dará resultado. Porque la mediumnidad tiene su esencia en la libertad del espíritu.
Llegado a este punto podemos colocar el problema en términos más precisos: la mediumnidad es la manifestación del espíritu a través del cuerpo. En el acto mediúmnico tanto se manifiesta el espíritu del médium como otro espíritu al cual él atiende y sirve.
Los problemas mediúmnicos consisten, por lo tanto, simplemente en la disciplinización de las relaciones espíritu-cuerpo. Es lo que llamamos educación mediúmnica.
En la proporción en que el médium aprende, como espíritu, a controlar su libertad y a seleccionar sus relaciones espirituales, su mediumnidad se aprimora y se vuelve segura. Así el buen médium es aquel que mantiene su equilibrio psicofísico y procede en su vida de manera de crear para sí mismo un ambiente espiritual de moralidad, amor y respeto por el prójimo.
La dificultad mayor está en hacer al médium comprender que, no precisa volverse santo, sino apenas un hombre de bien. Los objetivos de santidad perseguidos por las religiones, a través de los milenios, ha generado en el mundo una expectativa incomoda para todos los que se dedican a los problemas espirituales.
Ninguno se vuelve santo a través de la sofocación de los poderes vitales del hombre y la adopción de un comportamiento social de apariencia piadosa. El resultado de eso es el fingimiento, la hipocresía que Jesús condenó incesantemente en los fariseos, una actitud permanente de condescendencia y bondad que no corresponde a las condiciones íntimas de la criatura.
El médium debe ser espontáneo, natural, una criatura humana normal, que no tiene motivos para juzgarse superior a los demás.
Todo fingimiento y todo artificio en las relaciones sociales lleva a los individuos a la falsedad y a al engaño. La llamada reforma íntima esquematizada y forzada no modifica a ninguno, apenas artificializa engañosamente a los que la siguen.
Los cambios interiores de la criatura provienen de sus experiencias en la existencia, experiencias vitales y conciénciales que producen cambios profundos en la visión íntima del mundo y de la vida.
Esa posición de los problemas mediúmnicos sugiere un concepto de la mediumnidad que nos lleva a las propias raíces del Espiritismo. La mediumnidad nos aparece como el fundamento de toda la realidad.
El momento del fiat, la Creación del Cosmos, es un acto mediúmnico. Cuando el espíritu estructura la materia para manifestar una Creación, construye el elemento intermediario entre él y la realidad sensible o material.
La materia se torna el médium del espíritu. Así, la vida es una permanente manifestación mediúmnica del espíritu que, por ella, se proyecta y se manifiesta en el plano sensible o material.
Lo Inteligible, que es el espíritu, el principio inteligente del Universo, su mensaje inteligente a través de las infinitas formas de la Naturaleza, desde los reinos mineral, vegetal y animal, hasta el reino hominal, donde la mediumnidad se define en su plenitud. La responsabilidad del Hombre, de la Criatura Humana, expresión más elevada del Médium, adquiere dimensiones cósmicas.
Él es el producto de muchos milenios de la evolución universal y carga en su mediumnidad individual el pesado deber de contribuir para que la Humanidad realice su destino cósmico.
La comprensión de este problema es indispensable para que los médiums aprendan a celar por sus facultades.

Traducido de la Obra “MEDIUMNIDAD
(Vida y Comunicación)
Autor: J. Herculano Pires

Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta


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               Riqueza y felicidad 


Hay ricos en dinero, tan ricos de usura que se tornan más pobres que los pobres mendigos de la vía pública que, muchas veces, no disponen siquiera de un pan.

Hay ricos en conocimiento, tan ricos de orgullo que se tornan más pobres que los pobres salvajes que todavía están aislados en las tinieblas de la inteligencia.

Hay ricos en tiempo, tan ricos de pereza que se tornan más pobres que los pobres esclavizados a las tareas sacrifi­ciales.

Hay ricos en posibilidades, tan ricos de egoísmo que se tornan más pobres que los pobres hermanos que en amargas luchas expiatorias carecen de todo para ayudar.

Hay ricos en afecto, tan ricos de celos que se tornan más pobres que los pobres compañeros en pruebas difíciles, relegados a la soledad.

Ten en cuenta, entonces, que todos somos ricos en algo en relación con el Suplemento Divino de la Divina Bondad, y si invirtieras los talentos que la vida te confía en la misión de hacer más felices a quienes te rodean, llegará el momento en que te encontrarás más rico que todos los ricos de la Tierra, porque habrás atesorado en tu corazón la eterna felicidad que fluye del amor de Dios.

Espíritu Emmanuel

Médium Francisco Cândido Xavier, Waldo Vieira
    Trabajo aportado por Gerardo A. Salgado,  Extraído del libro "Espíritu de Verdad"