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jueves, 12 de junio de 2014

Globalización y Espiritismo


                         
                                 GLOBALIZACIÓN Y ESPIRITISMO


La globalización enriquece cada vez más los países ricos y aumenta la pobreza de los países pobres.

El hecho de ser espirita no nos hace ajenos a los problemas del mundo cuando se habla de neoliberalismo. La globalización, para no alargar demasiado, es la mas reciente fase de expansión del Capitalismo. La guerra económica con la competencia, el estímulo y aumento de la productividad, expansión capitalista, ésta que visa apenas al aumento del mercadeo y, por extensión, al aumento astronómico de lucros, lo que de hecho moviliza los capitales, sean productivos, sean meramente especulativos en la arena del mercado libre.

La globalización que en principio es un paso para la unificación de ideas, de costumbres, de complementación de culturas, lamentablemente desvirtuadas por el materialismo, arrastra al tercer mundo a una terrible crisis financiera y humanitaria.

En el contexto individual vemos que la situación económica global afecta día a día al ciudadano común, obligándolo a desdoblarse de manera forzosa y angustiosa, tratando de sostener el mismo patrón de vida. La tensión en que el hombre vive buscando conciliar lo que gana con las necesidades cada vez mayores en su familia lo absorbe, le impide el tiempo y disposición para tratar sobre las cosas del espíritu, desviándolo del verdadero camino. Por otro lado, otros con el afán de ganar más, atesorar hasta la insaciabilidad, éste hombre ambicioso no percibe la miseria que campea en su entorno.

El hombre, que se esclaviza a las pasiones, a la deshonestidad, a la mentira, a la lujuria y a la sensualidad, no tiene noción del destino que labra para el presente y el futuro espiritual.

Los mundos materiales son los escenarios indispensables para desenvolver la vida moral y el patrimonio intelectual del espíritu inmortal; las sucesivas reencarnaciones son múltiples oportunidades de progreso que el Padre ofrece a sus hijos, para que un día, ellos consigan alcanzar la meta por Él propuesta. Quien alcance la perfección, podrá disfrutar de las maravillas disponibles en todos los ángulos del universo.

Ampliando los dominios- con la globalización y el T.LC. los países ricos pasan a tener más dinero y mejor tecnología ampliando sus dominios y acumulando sus riquezas, en cuanto que la mayoría del los países pobres (en ellos incluido el nuestro), con la pobreza, y su miseria, con el desempleo, inclusive la pérdida de su soberanía con la invasión sutil de sus recursos naturales y humanos (mano de obra barata y pérdida de los derechos de los trabajadores represión y muerte a los dirigentes sindicales).

Dirá el lector, que estamos redactando un artículo simplemente político que nada tiene que ver con el Espiritismo. Se engaña quien así lo juzgue. Y para ser más claros en lo que exponemos, citamos apenas un trecho de Joanna de Angelis, escrito por Divaldo Pereira Franco, para lo cual pedimos la profunda meditación del lector. El concepto enunciado está en la obra MOMENTOS DE ALEGRIA "Librería espírita alborada editora". Dice en el capitulo 6º: "El acumulado de riquezas materiales en pocas manos, es responsable por la miseria económica y social de innumerables individuos y comunidades improvistas de todo cuanto favorece el orden, el bienestar y el desenvolvimiento".

Desdichadamente no vivimos en una sociedad organizada según el mensaje de Jesús, basta consultar el LIBRO DE LOS ESPÍRITUS para que analicemos la pregunta Nº 930. Le insinuamos al estudioso, se tome la molestia de tomar esta obra de Kardec y reflexionar con profundidad lo que allí está escrito con claridad por los espíritus superiores que bajo la supervisión del Espíritu de verdad asesora a Kardec.

Cada vez más, nuestro planeta se clasifica entre los que siempre ganan mucho y los que siempre pierden. Hay más riqueza hoy día que en cualquier otra época, razón por la cual insistimos: la naturaleza tiene de todo para todos. Lo que acapara es el egoísmo. En cuanto hay tantos archimillonarios, asombrosamente vamos a encontrar un gran número de personas sustentándose con menos de un dólar por día.

En el liderazgo del mundo se encuentra una élite que solamente está interesada en lucros astronómicos. Por esto, fue que Kardec dejó un escrito en OBRAS POSTUMAS que no pierde vigencia sobre las aristocracias intelecto - morales. Recomendamos al lector la atenta lectura de éstas exposiciones del codificador, porque es de esta manera como  entenderemos que el espiritismo tiene una contribución, como decíamos, actualizada para que la gente pueda apreciar los efectos perversos, como egoístas, sin ningún compromiso con el bienestar social de los países del tercer mundo. Hace unos años, un buen numero de cooperativas y pequeños bancos Colombianos, se declararon en quiebra afectando en sus intereses a pequeños ahorradores que no recuperaron sus sacrificados ahorros, 
mientras que por estos días el gobierno les inyectó grandes sumas de dinero a los bancos de importancia y al servicio de los capitalistas del país; y ahora que el dólar viene en descenso, también se preocupan por crear maniobras que protejan al capital de los exportadores sin importar que la baja del dólar favorezca al consumidor final, entre estos,al proletariado. Para concluir decimos que globalización, y neoliberalismo, es apenas parte de lo expuesto.

Los pensadores son importantes para salvar el mundo de la desdicha en que se ha venido hundiendo. La confusión tiene que procesarse, para que se destruya el andamiaje milenario de los malos hábitos y los preconceptos de todo orden. Una vida nueva tendrá que florecer sobre las bases de la muerte. Todos los que lucharon y aun luchan por el esclarecimiento de la sociedad, son frutos extemporáneos de la civilización del futuro. 
Ellos ofrecen un derrotero de libertades fulgurantes; pero en torno del hombre 
contemporáneo, aun se respira una atmósfera terrible de destrucción y miseria.

La vieja ideología ya viciada hasta hoy, es también causa de esta situación por la que el mundo pasa, como son las tribulaciones que oprimen los pueblos en los momentos que vivimos.. Los próceres de la ciencia y de las religiones igual que los dirigentes políticos,por la manera en que se manifiestan y sancionan virtualmente la vieja ideología que hace de este mundo el único modelo de vida, y las grandes empresas llenas de ambiciones de fausto y de poder, en fase de la ideología medieval que nos está siendo administrada por individuos de responsabilidad científica y moral, los fuertes y audaces,no descansarán en emplear los medios más habilidosos y despreciables, con tal de satisfacer sus deseos impuros, o sus intereses bastardos, y todo esto son causas que han ensangrentado y empañado nuestro planeta, más allá del dolo y de la rapiña que labrar en todos los países bajo el régimen capitalista y como un ejemplo vivo de lo expuesto, tenemos el martirizado IRAK, víctima de los poderosos que ambicionan el petróleo.

Los sociólogos ven sus actividades circunscritas al castillo maravilloso de las palabras, porque los hombres están doblegados a su infortunado destino.

No vale el esfuerzo de los espíritus superiores en la solución de las incógnitas científicas, por cuanto todos los descubrimientos de estos últimos tiempos son jugarretas de los terribles en la mente infantil de esa civilización que se desenvolvió sin la educación individual. La verdad es que el hombre está viviendo para destruir al hombre. Invasiones  a los países más débiles Fascismo, dictaduras para el proletariado, "el feudalismo moderno", las monarquías que basándose en opresión han sobrevivido a la edad media, falsas democracias tendrán que desaparecer en los fragores de la lucha, para que la lucha 
espiritualista inaugure el nuevo derecho a la nueva ley como controladores de todos los fenómenos de la economía de los pueblos. El hombre entonces comprenderá la necesidad de un imperativo de paz, solidaria con el progreso espiritual de otros mundos.

Es objetivando la construcción del edificio de la concordia universal sobre la base de la educación de cada personalidad y de leyes económicas que hagan desaparecer para siempre, el cuadro doloroso de la miseria y del hambre, y que los mal llamados muertos vengan para hablar a los encarnados en el torbellino oscuro de sus vidas.

Tristemente, dentro del ámbito espírita algunos están ingenuamente convencidos de ser genuinos Cristianos, pues en las tareas de vibraciones claman por el bienestar colectivo y sin embargo, en tiempo de elecciones, los vemos polarizados o atareados en la campaña de algún candidato del cual esperan una ayuda personal sin importar que su elegido tenga el Currículo de corrupto y que por esto, se contribuya a la barbarie y todo tipo de vicios que hacen parte de la descomposición social que trae como consecuencia tantos 
homicidios y suicidios. ¿será cierto que el que peca y reza empata?

¿Será que el fariseísmo con el carácter escribano sobrevivió reingeniándose mediante el 
formalismo y la diplomacia sedimentada en las apariencias?

Votar implica responsabilidad social de grandes dimensiones, sobre la base de las 
consecuencias de la escogencia colectiva. Es la respuesta del espíritu que fuera diputado, El Dr. Bezerra de Menezes. ÉL nos habla de la necesidad del voto consciente: cuando en 
contribución a su voto el país tome su rumbo; entonces Ud. es responsable por el 
programa que al país confiere, será el resultado de los gobernantes que Ud. escogió. 
Con el pensamiento inconsciente e inmediatista no hay capacidad para prever las 
consecuencias. El mismo autor advierte: si Ud. escogió por sus intereses y no por los de la comunidad, responderá Ud. por el karma histórico y colectivo que se dará.

Votar no es fácil, marcar tarjetones no es la única preocupación, debe ser 
primordialmente escoger candidatos que ofrezcan alivio social, y de carácter colectivo.

Cassio Lópes -

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    ¿ Que es ser espirita ?

Es el espiritismo una doctrina clara y sencilla. Su propósito principal es ayudar al hombre a ser mejor ser humano, y practicar la doctrina es cultivar el amor entre todos los hermanos como nos enseñó Jesús.

El deber de un espirita es conocerse bien a sí mismo, con 
sus virtudes y sus defectos para poder así, trabajar en su mejoramiento, trabajar de forma consciente para mejorar sus imperfecciones.

Para lograrlo solo es necesario dedicar todos los días un 
rato a la meditación y al autoanálisis. A través del espiritismo, si lo practicamos sinceramente, seremos mejores hijos, hermanos, padres, esposos, amigos, seremos mejores seres humanos.

El espiritismo nos enseña que somos espíritus inmortales, que no debemos temer a la 
muerte, pues el espíritu sobrevive a este momento, que no es más que un tránsito hacia la vida espiritual. Que la vida espiritual es la verdadera vida del espíritu, y que en ella continuamos aprendiendo y acumulando experiencias que nos hacen mejores.

Que luego reencarnamos y ponemos en práctica lo aprendido, y en este ciclo vamos 
convirtiéndonos en espíritus cada vez mejores y acercándonos paso a paso a la luz Divina, al Ser creador de todo el universo, a esa energía que llamamos Dios.

Y la doctrina nos enseña que este ciclo es un camino hacia el progreso, pues Dios ha creado 
el universo regido por leyes naturales y el progreso es una de ellas.

Y la doctrina nos enseña también una verdad sencilla e infalible, cuya comprensión nos va 
a ayudar a comprender nuestras circunstancias y cómo podemos cambiarlas; esta verdad es la ley de afinidad, atraemos a nuestras vidas circunstancias,personas y espíritus afines a nuestros pensamientos.

Es decir, que la calidad de nuestro pensamiento determina la calidad de la energía que 
vibra a nuestro alrededor y con ello de aquello que atraemos. De ahí la importancia de nuestra elevación moral.

Somos los artífices de nuestra vida, tenemos libre albedrío para practicar el bien o 
apartarnos de él; para esforzarnos cada día en ser mejores y comprender que con amor,paciencia, tolerancia, bondad, construimos un futuro mejor para nosotros mismos y para aquellos que nos rodean.

Y la Doctrina Espirita es mucho más, es la justicia de la ley de causa y efecto, que nos 
enseña que cada acción nuestra tiene un resultado, una consecuencia acorde con la misma, y esta consecuencia vendrá a nosotros indefectiblemente, ya sea en esta vida o en una vida futura. Y esta ley explica las desigualdades que tanto nos acongojan y es también una luz que nos inspira a cultivar el bien.

Hay mucho más para descubrir en la doctrina espírita, pero estas sencillas razones que 
hemos expuesto, bastan por si solas para decir:

"Yo quiero ser Espirita"

- Solcuba -

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                                        LA VEJEZ



La vejez es el otoño de la vida; en su último declive, es su 
invierno. Sólo con pronunciar la palabra vejez, sentimos el frío en el corazón; la vejez, según la estimación común de los hombres, es la decrepitud, la ruina; recapitula todas las tristezas, todos los males, todos los dolores de la vida; es el preludio melancólico y desolado del adiós final. En esto hay un grave error. Primero, por regla general, ninguna fase de la vida humana está totalmente desheredada de los dones de la naturaleza, y todavía menos de las bendiciones de Dios.

¿Por qué la última etapa de nuestra existencia, aquella que precede inmediatamente el coronamiento del destino, debería ser más afligida que las otras? Sería una contradicción y no correspondería con la obra divina, pues todo en ella es armonía, como en la viva composición de un concierto impecable. Al contrario, la vejez es bella, es grande, es santa; y vamos a estudiarlo un instante, a la luz pura y serena del Espiritismo.

Cicerón escribió un elocuente tratado de la vejez. Sin duda, encontramos en estas páginas célebres algo del genio armonioso de este gran hombre; sin embargo, es una obra puramente filosófica y que contiene sólo puntos de vista fríos, una resignación estéril, y de abstracciones puras. Es en otro punto de vista que hay que colocarse, para comprender y para admirar esta peroración augusta de la existencia terrestre.

La vejez recapitula todo el libro de la vida, resume los dones de otras épocas de la 
existencia, sin tener las ilusiones, las pasiones, ni los errores. El anciano ha visto la nada de todo lo que deja; ha entrevisto la certeza de todo lo que va a venir, es un vidente. Sabe, cree, ve, espera. Alrededor de su frente, coronada de una cabellera blanca como de una cinta hierática de los antiguos pontífices, alisa una majestad totalmente sacerdotal. A falta de reyes, en ciertos pueblos, eran los Ancianos quienes gobernaban. La vejez todavía es, a pesar de todo, una de las bellezas de la vida, y ciertamente una de sus armonías más altas.

A menudo decimos: ¡que guapo anciano! Si la vejez no tuviera su estética particular, ¿a qué dicha exclamación?

No obstante, no hay que olvidar que en nuestra época, como ya lo decía Chauteaubriand, hay muchos viejos y pocos ancianos, lo que no es la misma cosa. El anciano, en efecto, es bueno e indulgente, ama y anima a la juventud, su corazón no envejeció en absoluto, mientras que los viejos son celosos, malévolos y severos; y si nuestras jóvenes generaciones no tienen ya hacia los abuelos el culto de otros tiempos es, precisamente en este caso, porque los viejos perdieron la gran serenidad, la benevolencia amable que hacía antaño la poesía de los  antiguos hogares. La vejez es santa, es pura como la primera infancia; es por ello que se 
acerca a Dios y que ve más claro y más lejos en las profundidades del infinito.

Es, en realidad, un comienzo de desmaterialización. El insomnio, que es la característica ordinaria de esta edad, es la prueba material. La vejez se parece a la víspera prolongada. 

En vísperas de la eternidad el anciano es como el centinela avanzado en el límite de la frontera de la vida; ya tiene un pie en la tierra prometida y ve la otra orilla y la segunda ladera del destino. De ahí esas "ausencias extrañas", esas distracciones prolongadas, que se toma por un debilitamiento mental y que son en realidad sólo exploraciones momentáneas del más allá, es decir, fenómenos de expatriación pasajera. He aquí lo que no se comprende siempre. La vejez, como tan a menudo decimos: es el ocaso de la vida, es la noche. El ocaso de la vida, es verdad; ¡pero hay tardes muy bellas y puestas del sol qué tienen reflejos apoteósicos! Es la noche, también es verdad; ¡pero la noche es muy bella con sus adornos de constelaciones! ¡Como la noche, la vejez tiene sus Vías Lácteas, sus caminos blancos y luminosos, reflejo espléndido de una vida larga plena de virtud, de bondad y de honor!

La vejez es visitada por los Espíritus de lo invisible; tiene iluminaciones instintivas; un don maravilloso de adivinación y de profecía: es la mediumnidad permanente y sus oráculos son el eco de la voz de Dios. Es por eso que las bendiciones del anciano son santas dos veces; debemos guardar en su corazón los últimos acentos del anciano que muere, como el eco lejano de una voz querida por Dios y respetada por los hombres.

La vejez, cuando es digna y pura, se parece al noveno libro de Sybille que él sólo, vale lo que todos los demás, porque los recapitula y porque resumiendo todo el destino humano, anula a los otros. Persigamos nuestra meditación sobre la vejez, y estudiemos el trabajo interior que se cumple en ella. «De todas las historias, se dice, la más bella es la de las almas.» Y esto es verdad. Es bello penetrar en este mundo interior y sorprender en él las leyes del pensamiento, los movimientos secretos del amor.

La vejez contemplada en toda su realidad, devuelve al alma la verdadera juventud y el nuevo renacimiento en un mundo mejor. El alma del anciano es una cripta misteriosa, alumbrada por el alba inicial del sol del otro mundo. Lo mismo que las iniciaciones antiguas se cumplían en las salas profundas de las Pirámides, lejos de la mirada y lejos del ruido de mortales distraídos e inconscientes es, parsimoniosamente, en la cripta subterránea de la vejez que se cumplen las iniciaciones sagradas que preludian a las revelaciones de la muerte.

Las transformaciones o, mejor dicho, las transfiguraciones operadas en las facultades del alma por la vejez son admirables. Este trabajo interior se resume en una sola palabra: la sencillez. La vejez es eminentemente simplificadora de toda cosa. Simplifica primero el lado material de la vida; suprime todas las necesidades ficticias, las mil necesidades artificiales que la juventud y la edad madura habían creado, y que habían hecho de nuestra complicada existencia una verdadera esclavitud, una servidumbre, una tiranía. Lo diremos más alto: es un principio de espiritualización.

El mismo trabajo de simplificación se cumple en la inteligencia. Las cosas admitidas se vuelven más transparentes; en el fondo de cada palabra encontramos la idea; en el fondo de cada idea divisamos a Dios. El anciano tiene una facultad preciosa: la de olvidar. Todo lo que fue fútil, inútil en su vida, se borra; guarda en su memoria, como en el fondo de un crisol, sólo lo que fue sustancial. La frente del anciano no tiene ya nada de la actitud orgullosa y provocadora de la juventud y de la edad viril; se inclina bajo el peso del pensamiento como de la espiga madura. El anciano baja la cabeza y la inclina sobre su corazón. Se esfuerza en convertir en amor todo lo que queda en él de facultades, de vigor y de recuerdos. La vejez no es pues una decadencia: realmente es un progreso; una marcha adelante hacia el término: a este título es una de las bendiciones del Cielo.

La vejez es el prefacio de la muerte; es lo que la hace santa como la víspera solemne que hacían los antiguos iniciados antes de levantar el velo que cubría los misterios. La muerte es pues una iniciación. Todas las religiones, todas filosofías intentaron explicar a la muerte; bien poco conservaron de su verdadero carácter. El cristianismo la divinizó; sus santos la miraron frente a frente noblemente, sus poetas la cantaron como una liberación.

Sin embargo, los santos del catolicismo vieron en ella sólo la liberación de las servidumbres de la carne, el rescate del pecado; y a causa de esto, hasta los ritos funerarios de la liturgia católica difunden un tipo de espanto por esta peroración, sin embargo tan natural, la existencia terrestre. La muerte simplemente es un segundo nacimiento; dejamos este mundo de la misma forma que entramos en él, según la orden de la misma ley. Un tiempo antes de la muerte, un trabajo silencioso se cumple: la desmaterializació n ya ha comenzado. A ciertos signos podríamos comprobarlo si los que rodean el moribundo no están distraídos en otras cosas. La enfermedad desempeña aquí un papel considerable: termina en algunos meses, en
 algunas semanas, en algunos días puede, lo que el trabajo lento de la edad había preparado: es la obra de "disolución" de la que habla el apóstol Pablo. Esta palabra "disolución" es muy significativa: indica claramente que el organismo se desagrega y que el periespíritu se "desata" del resto de la carne con la que fue envuelto.

¿Qué sucede en ese momento supremo que todas las lenguas llaman " la agonía ", es decir, decir el último combate? Lo presentimos, lo adivinamos. Un gran poeta moribundo tradujo este instante solemne con este verso: “Está aquí el combate del día y de la noche.”

En efecto, el alma entró en un estado crepuscular; está en el límite extremo, en la frontera de ambos tipos de mundo y visitada por las visiones iniciales de aquel en el que va a entrar. El mundo que deja le envía los fantasmas del recuerdo, y toda una comitiva de Espíritus le llega del lado de la aurora. Jamás morimos solos, igual que jamás nacemos solos. Los invisibles que nos conocieron, que nos amaron, que nos prestaron asistencia aquí abajo vienen para ayudar al moribundo a desembarazarse de las últimas cadenas de la cautividad terrestre. 
En esta hora solemne, las facultades crecen; el alma, medio liberada, se dilata; comienza a volver a su atmósfera natural, a repetir su vida vibratoria normal, y es para esto para lo que en este instante se revelan en algunos moribundos fenómenos curiosos de mediumnidad. La Biblia está llena de estas revelaciones supremas. La muerte del patriarca Jacob es el tipo consumado de desmaterialización y de sus leyes. Sus doce hijos están reunidos alrededor de su lecho, como viva corona fúnebre. El anciano se recoge, y después de haber recapitulado su pasado, sus memorias, profetiza a cada uno de ellos el futuro de su familia y su raza. Su vista todavía se extiende más lejos; percibe en la extremidad de los tiempos al que debe un día recapitular toda la mediumnidad secular del viejo Israel: el Mesías; y muestra como el último retoño de su raza, será el que resumirá toda la gloria de la posteridad de Jacob. Ningún faraón, en su orgullo, murió con semejante grandeza como este anciano oscuro e ignorado que expiraba en un rincón de la tierra de Gessen.

El ocaso de la vida, es el fin de un viaje penoso y a menudo de una prueba dura, es el momento de la reflexión en la que el pensamiento tranquilo y sereno se eleva hacia las regiones infinitas.

Volvamos al mismo acto de la muerte. La desmaterializació n se cumplió, el periespíritu se libra del envoltorio carnal, que vive todavía algunas horas, algunos días tal vez, de una vida puramente vegetativa. Así los estados sucesivos de la personalidad humana se celebran en el orden inverso al que dirigió el nacimiento. La vida vegetativa que había comenzado en el seno materno se apaga aquí esta vez, la última; la vida intelectual y la vida sensitiva son las dos primeras en partir.

¿Qué sucede entonces? El Espíritu, es decir, el alma y su envoltorio fluídico, y por 
consiguiente el yo, se lleva la última impresión moral y física que le golpea sobre la tierra; la guarda un tiempo más o menos prolongado, según su grado de evolución. Es por eso que es importante rodear la agonía de los moribundos de palabras dulces y santas, de pensamientos elevados, porque son los últimos ruidos, estos últimos gestos, estas últimas imágenes que se imprimen sobre las hojas del libro subconsciente de la conciencia; es la última línea que leerá el muerto desde su entrada al más allá o tan pronto como sea consciente de su nuevo modo de ser.

La muerte es pues, en realidad, un paso; es una transición y una traslación. Si debíamos tomar de la vida moderna una imagen, lo compararíamos de buena gana con un túnel. En efecto, el alma avanza en el desfile de la muerte más o menos lentamente, según su grado de desmaterialización y espiritualidad.

La muerte es pues una mentira, ya que la vida, parece apagada, reaparece cada vez más radiante, en la certeza de la inmortalidad del alma. Es el despertar bendito.

Las almas superiores, que siempre vivieron en las altas esferas del pensamiento y de la virtud, atraviesan esta oscuridad con la rapidez del expreso que desemboca en un instante en la luz plena del valle; pero es el privilegio de un pequeño número de espíritus evolucionados: son los elegidos y los sabios.

No hablaremos aquí de criminales, seres animalizados a los instintos groseros, quiénes vivieron o más bien vegetaron toda una existencia en las bajuras, fondo del vicio o en la cloaca del crimen. Para ellos, es la noche, y una noche llena de horrorosas pesadillas. Nos cuesta, sin embargo, creer que las fronteras del más allá y el paso del tiempo a la vida errática sean pueblos de estos seres horrorosos que los ocultistas llaman los elementales.

Hay que ver en ello sólo símbolos e imágenes reflejos de las pasiones, los vicios, los crímenes que los perversos cometieron aquí abajo. Contemplemos aquí sólo las vidas ordinarias, las existencias que siguen tranquilamente las fases lógicas del destino. Es la condición común de la inmensa mayoría de los mortales. El alma entró en la galería sombría: queda allí en la oscuridad o en la penumbra próxima de la luz. Es el crepúsculo del más allá. Los poetas devolvieron muy afortunadamente este estado y describieron este medio día, este claro oscuro del mundo extraterreno.

Aquí, las analogías entre el nacimiento y la muerte son sorprendentes. El niño permanece varias semanas sin poder ver la luz y tomar conciencia de lo que le rodea. Sus ojos todavía no están abiertos, no más que la radiación de su pensamiento. Así, ante el nuevo nacimiento al mundo invisible, él mismo permanece también algún tiempo antes de darse cuenta de su modalidad  de ser y de su destino. Oye a la vez los murmullos lejanos o próximos de los dos mundos; divisa movimientos y gestos que no sabría precisar ni definir.

Entrando despacio en la cuarta dimensión, pierde la noción precisa de la tercera, en la cual había siempre evolucionado. No se da cuenta más de la cantidad, ni del número, ni del  espacio, ni del tiempo, ya que sus sentidos que, como tantos instrumentos de óptica, le ayudaban a calcular, a medir y pesar, se cerraron de pronto como una puerta para siempre condenada. ¡Qué estado extraño el de este alma el que busca a tientas, como el ciego, sobre el camino del más allá! Y sin embargo este estado es real. En este momento, las influencias magnéticas de la oración, de la memoria, del amor pueden desempeñar un papel considerable y apresurar el acceso de las claridades reveladoras que van a iluminar esta conciencia todavía adormecida, esta alma «en pena» de su destino. La oración, en este caso,
 es una evocación verdadera; es el llamamiento al alma indecisa y flotante. He aquí porque el olvido de los muertos, el descuido de su culto son culpables y nos hacen más tarde merecedores de olvidos semejantes. No obstante, este período de transición, esta parada en el túnel de la muerte son absolutamente necesarios, como preparación para la visión de luz que debe suceder a la oscuridad. Hace falta que los sentidos psíquicos se proporcionen gradualmente al nuevo hogar que va a alumbrarlos. Un paso súbito, sin transición alguna, de esta vida a la otra, sería un deslumbramiento que produciría una confusión prolongada. «Natura no facit saltus» (La naturaleza no da saltos) dice el gran Limado; esta ley rige parsimoniosamente las etapas progresivas del desempeño espiritual.

Es preciso que la visión del alma aumente para que el ave nocturna, que no puede fijar la subida de la aurora, consolide su endrina y pueda, como el águila, mirar frente a frente el sol, de un ojo intrépido. Este trabajo de preparación se cumple progresivamente, durante la parada más o menos prolongada en el túnel que precede la vida errática propiamente dicha, poco a poco la luz se hace primero muy pálida, como el alba inicial que se levanta sobre la cresta de los montes; luego, al amanecer sucede la aurora; esta vez, el alma divisa el nuevo mundo que habita: se mira y se comprende, gracias a una luz sutil que la penetra en toda su esencia.

Gradualmente, todo su destino, con sus vidas anteriores y sobre todo con la noción 
consciente y refleja de la última, va a revelarse como en un cliché cinematográfico 
vibratorio y animado. El espíritu, entonces, comprende lo que es, dónde está, lo que vale.
 Las almas van con un instinto infalible a la esfera proporcionada a su grado de evolución, en su facultad de iluminación, a su aptitud actual de perfectibilidad. Las afinidades fluídicas le conducen, como una brisa dulce pero imperiosa que empuja una barquita, hacia otras almas similares, con las cuales va a unirse en un tipo de amistad, de parentesco magnético; y así la vida, la vida verdaderamente social pero de un grado superior, se reconstituye absolutamente como en otro tiempo aquí abajo, porque el alma humana no sabría renunciar a su naturaleza. Su estructura íntima, su facultad de brillo le imponen la sociedad que merece.

En el más allá se reforman las familias, los grupos de almas, los círculos de espíritus, según las leyes de la afinidad y de la simpatía. El purgatorio es visitado por los ángeles, dicen los místicos teólogos. El mundo errático es visitado, dirigido, armonizado por los Espíritus superiores, diremos nosotros. Aquí abajo, entre los elegidos del genio, de la santidad y de la gloria, hubo y habrá siempre unos iniciadores. Son predestinados, misioneros, que recibieron para tarea de hacer adelantar al mundo en la verdad y la justicia al precio de sus esfuerzos, de sus lágrimas y algunas veces de su sangre. Las altas misiones del alma jamás cesan. Los Espíritus sublimes, que instruyeron y mejoraron a sus semejantes sobre la tierra, continúan en un mundo superior, en un marco más vasto, su apostolado de luz y su redención de amor.

Es así, como lo decíamos al principio de estas páginas, que la historia eternamente 
recomienza y se torna cada vez más universal. La ley circular que preside el eterno progreso de los estados y de los mundos se celebra sin cesar en esferas y en orbes cada vez mayores; todo empieza de nuevo arriba, en virtud de la misma ley que hace que todo evolucione abajo. 

Todo el secreto del universo está allí. Las almas que son conscientes de haber carecido de su última existencia comprenden la necesidad de reencarnarse y se preparan para ello. 
Todo se agita, todo se mueve en estas esferas siempre en vibración y en movimiento. Es la actividad incesante, ininterrumpida, progresiva y eterna. El trabajo de los pueblos sobre la tierra no es nada en comparación de este trabajo armonioso de lo Invisible. Allá arriba, ninguna traba material, ningún obstáculo carnal detiene los arranques, desanima o disminuye el vuelo. 
Ninguna vacilación, ninguna ansiedad, ninguna incertidumbre. El alma ve el fin, sabe los medios, se precipita en la dirección donde debe alcanzarlo. ¿Quién nos describirá la armonía en estas inteligencias puras, el esfuerzo de estas voluntades derechas, el arranque de estos amores más fuertes que la muerte? ¿Qué lengua jamás podrá repetir la comunión sublime y fraternal de estos espíritus que tienen entre ellos diálogos ardientes como la luz, sutiles como perfumes, donde cada vibración magnética tiene su eco en el corazón mismo de Dios? 
Tal es la vida celeste; ¡tal es la vida eterna, y estas son las perspectivas que la muerte abre indefinidamente delante de nosotros! ¡Oh hombre! Comprende pues tu destino, se orgulloso y feliz de vivir; ¡no blasfemes la ley del amor y de la belleza qué traza delante de ti caminos tan amplios y tan radiantes! Acepta la vida tal como es, con sus fases, sus alternativas, sus vicisitudes; es sólo el prefacio, el preludio de una vida más alta, donde planearás como el águila en la inmensidad, después de haberse arrastrado a duras penas en un mundo material e imperfecto. No es pues en absoluto por un himno fúnebre que hay que acoger a la muerte, sino por un canto de vida; porque no es en absoluto el astro de tarde que se levanta, cruel, sino más bien la estrella radiante de la verdadera mañana. Canta, oh alma, el himno triunfal, hosanna del siglo nuevo, en el cual todo va a nacer para destinos más gloriosos. Monta siempre más alto en la pirámide infinita de luz; ¡y como el héroe de la 
leyenda de Excelsior, ves a plantar tu tienda sobre el Tabor radiante de lo inconmensurable, de lo Eterno!

- León Denis -


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martes, 10 de junio de 2014

La Avaricia

LA AVARICIA


Delante del Cosmos exuberante y generoso, con infinitas posibilidades de progreso y de engrandecimiento de valores, el ser humano solamente se manifiesta con mezquindad y avaricia, porque está preocupado por la posesión efímera, que  le parece ser la que le garantiza la perennidad de la vida y le dará seguridad existencia.

La avaricia es una fuerza, casi incoercible porque es ascentral, afirmada en el ego,  que responde por los conflictos sociales  y económicos, políticos y psicológicos, que arrastra a muchas personas  a la desesperación, esclavizando los sentimientos y las aspiraciones  por la posesión, que se expande en el área de la afectividad como herencia patriarcal considerando   que todo lo que se encuentra a su alrededor es de su propiedad. En este sentido, la familia, los amigos, los objetos son siempre suyos, sin que a su vez, se permita donar a los otros.

Jesús cuando fue procurado  por un hombre que Le pide  que recomiende a su hermano para que comparta con él la herencia que era motivo de litigio entre los dos, el Maestro le respondió: “Tened el cuidado de preservaros de toda avaricia, por cuanto, sea cual sea la abundancia en la que el hombre se encuentre, su vida no depende de los bienes que posee.

Para tornar inolvidable la lección, narró entonces la parábola del rico que era dueño de tierras, y estaba empeñado en ampliar su fortuna  hasta el exceso,  y cuando ya no tenía lugar para almacenar más bienes, se propuso dormir y gozar,  y disfrutar de todo lo que le pertenecía, sin saber que aquella noche el Señor de la Vida tomaría su alma…

La avaricia es el afán excesivo de poseer y de adquirir riquezas para atesorarlas o la Inclinación o deseo desordenado de placeres o de posesiones.

La avaricia es uno de los pecados capitales, está prohibido por el noveno y décimo mandamiento.

“La avaricia (del latín "avarus", "codicioso", "ansiar") es el ansia o deseo desordenado y excesivo por la riqueza. Su especial malicia, ampliamente hablando, consiste en conseguir y mantener dinero, propiedades, y demás, con el solo propósito de vivir para eso”.

Dice Santo Tomás: Cuando el amor desordenado de sí mismo se convierte en deseo de los ojos, la avaricia no puede ser retenida. El hombre quiere poseerlo todo para tener la impresión de que se pertenece a sí mismo de una manera absoluta. La avaricia es un pecado contra la caridad y la justicia. Es la raíz de muchas otras actitudes: perfidia, fraude, perjurio, endurecimiento del corazón.

El instinto de conservación, se manifiesta en esa perversión que no hace más que exagerar el instinto de economía y ahorro.

La avaricia sobrepasa la precaución y la prudencia; es un vicio espiritual, puesto que ha dado lugar a la precaución de la precaución, y ambiciona no carecer de nada. La avaricia es la enfermedad del ahorro. A veces, este pecado es considerado como una virtud en razón de la modestia de vida del avaro y de su lógica ante el porvenir.

Teólogos y científicos han observado la psicología del avaro y han comprendido la perversión moral y psicológica de tal hombre. El avaro se aparta de los demás, se encierra en sí mismo y se impone una austeridad que va incluso en contra de sus necesidades vitales. Como menos de lo necesario, pierde horas de sueño (para velar su fortuna), vive en la obsesión del robo o del incendio.

El Evangelio (Mt, 6,24) dice “Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente odiará a uno y amará al otro, o bien cuidará al primero y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero”

He oído decir que una persona dominada por la avaricia  raramente es consciente de serlo, sin embargo esa ansiedad de tenerlo todo, ese apego fuerte y egoísta a los bienes materiales, lo hace una persona destacable en su forma de ser en el sentido contrario a los valores morales  del hombre de bien.

Para el avaro, su fin es juntar, acaparar, y es amigo de la conveniencia personal, y a pesar de que conviven a nuestro lado, nunca son amigos de alguien por amor.

La avaricia es un deseo enfermizo, de cualquier cosa, no solo de dinero, y es el acopio del egoísmo, y está ausente total de la bondad y generosida
d, y se niega a participar en las necesidades del prójimo.

El amado Maestro, no era juez, no imponía la ley, la vivía y la sufría, enseñando sumisión a los códigos, aun cuando eran injustos, con  el objetivo de estimular a cada ser  a ascender a los niveles superiores del pensamiento y de la conciencia, liberándose de cualquier permanencia en el egoísmo o en la inferioridad competitiva existente en los peldaños inferiores  de la transitoriedad carnal.

El la Buena Nueva la riqueza asumió una postura relevante, porque realmente los ricos no son los poseedores de cosas, productos de la ambición, sino aquellos que se convirtieron  pobres de espíritu., por la avaricia en su corazón, de pasiones inferiores, de angustias, enriqueciéndose en el reino de los Cielos que se inicia en la Tierra, con los dones de la renuncia, de la abnegación, del amor  que se engrandece hasta alcanzar la postura de la caridad.

Aunque la riqueza del mundo aumenta, la pobreza prolifera por doquier. Y si esto puede observarse en un país determinado, es incluso más espectacular entre diferentes países. Como que la tónica del mundo continúa siendo siempre: los pobres, más pobres y los ricos, más ricos.

Mahatma Gandhi lo decía: “En la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos”

La avaricia, considerada un pecado capital, es definida como el afán desordenado de poseer riquezas, para atesorarlas. Lleva aparejada a ella la codicia: que es un apetito desordenado de riquezas. En ambos, el apetito desordenado y excesivo de riquezas, capaz de realizar las acciones más viles, la señala como nocivas; aunque el avaro va más allá, lo hace para atesorarlas.

“Dice el Señor en el Evangelio: El que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser discípulo mío (Lc 14,33

Decía Mahatma Gandhi; En la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos.

Le decimos avaro a ese que no gasta en lo que debe, ni siquiera gasta tiempo en pensar en lo que debe, ni cuanto  debe, pero si siempre esta pensado que le faltan muchas cosas.


El avaro nunca duerme con los dos ojos cerrados, siempre piensa que mientras duerme le quitaran lo que tiene, esta pendiente en sus sueños de su caja de caudales, y cuando despierta lo atrapa el temor de haber perdido su tesoro.

Dice Platón de los avaros; “El hombre que no pone límites a su codicia, siempre se le hará poco, aunque se vea señor del mundo”

Lo triste es que los hombre ricos y avarientos, nos guardan para los años de de pocos recursos, tampoco lo hacen para dar a sus parientes y amigos cuando estos no tienen.

El avaro además, si presta es usurero, es así como mucha gente se ha empobrecido más con lo que le presta el avaro que con cualquier otra cosa.

Pero por lo general, el avaro casi nunca presta, porque Le decimos avaro a ese que no gasta en lo que debe, ni siquiera gasta tiempo en pensar en lo que debe, ni cuánto  debe, pero si siempre está pensado que le faltan muchas cosas.

El avaro nunca duerme con los dos ojos cerrados, siempre piensa que mientras duerme le quitaran lo que tiene, está pendiente en sus sueños de su caja de caudales, y cuando despierta lo atrapa el temor de haber perdido su tesoro.

Dice Platón de los avaros; “El hombre que no pone límites a su codicia, siempre se le hará poco, aunque se vea señor del mundo”

Lo triste es que los hombre ricos y avarientos, nos guardan para los años de pocos recursos, tampoco lo hacen para dar a sus parientes y amigos cuando estos no tienen.

El avaro además, si presta es usurero, es así como mucha gente se ha empobrecido más con lo que le presta el avaro que con cualquier otra cosa.

Pero por lo general, el avaro casi nunca presta, porque siempre ve la posibilidad de perder lo que tiene. En cambio el hombre generoso no tiene temor a prestar, porque sabe que si luego no tiene, habrá otro como el del cual recibirá ayuda.

El hombre mísero consigo mismo, por mucho que tenga, nada puede dar, es así como no tiene para vestir al desnudo, el que ni siquiera compra un pañuelo, tampoco puede dar de comer, si ni siquiera gasta en su propio pan, y si tiene trigo, prefiere o guardarlo o venderlo que hacer harina para su consumo. El avaro no cuida ni visita enfermos, pero lo más triste, es que no conoce la Botica, cuando tiene un mal propio. El avaro no puede regalar un calzado al descalzo, porque los suyos ya no resisten otro paso, como ni siquiera puede dar de comer a un niño pobre, ya que no gasta para alimentar los suyos.

El dinero es un medio, no un fin en sí mismo. El codicioso y el avaro, aunque multipliquen su fortuna, siguen siendo pobres. Nunca se satisfacen de lo que tienen. La pobreza no viene por la disminución de la riqueza; sino por la multiplicación de los deseos, decía Platón. Séneca asimismo manifestaba: pobre no es el que tiene poco, sino el que desea mucho
.
Fuera de ello, lo trascendental no se compra con dinero: Frederich Nietzche lo afirmaba: lo que tiene precio, poco valor tiene. Y el poeta, incluso le puso música: tan sólo lo barato, se compra con el dinero. Pero eso no significa que dilapidaremos toda nuestra fortuna; ¿Y la familia? ¿Se puede ser bueno con los otros, olvidándose de los suyos?

Lo más importante en la vida es lograr el equilibrio. Uno debe estar satisfecho con lo que se tiene y darle gracias a Dios por ello; y tener una ambición sana de luchar y mejorarse, sin codicia, ni avaricia y sin ansia desmedida y búsqueda excesiva de tener y más tener.

La avaricia no esta oculta, esta delante de nuestro ojos, lo que sucede es que parece que hablamos poco de ella o no la asociamos a las cosas rutinarias de la vida, pero nuestra sociedad esta en medio de ella. En efecto, la avaricia es la mejor aliada de la sociedad consumista, debemos tener el mejor automóvil, el mejor reloj, la mejor y última innecesaria novedad de la tecnología. Lo esencial no es que tengamos más o menos bienes materiales, sino la forma en que los usemos.

Nuestro noticieros hablan diariamente de los modernos “Avaros”, aquellos que a toda costa no piensan más que en enriquecerse,  esos que buscan ocupar puesto de privilegios, incluso  en el gobierno para tener algo mas y enriquecer sus arcas personales, o aquellos que les gusta en la política controlar todo o los que hacen de la corrupción y el soborno un arte para tener algún bien.

Cuando la Ley nos dice: "No codiciarás", nos dice, en otros términos, que apartemos nuestros deseos de todo lo que no nos pertenece. Porque la sed del bien del prójimo es inmensa, infinita y jamás saciada, como está escrito: "El ojo del avaro no se satisface con su suerte" (Si 14,9) (Catec. R. 3,37) (1 Co 6,10).

La misión inteligente del ser humano en la Tierra, es la de promover el progreso de si mismo así como el general, y ahí reside el fin primordial de la riqueza, que estimula la creatividad con fines nobles y la dignificación espiritual, mediante la ampliación del pensamiento que se despoja de las corazas del mito para realizar  a favor de su crecimiento emocional y moral.

A través de la postura del amor surge la comprensión de cómo aplicar la riqueza, multiplicándola en obras  que favorezcan a todos los seres con oportunidades de desarrollo de los valores internos, alterando los paisajes íntimos por medio de las conquistas que le son presentadas.

Es de esta forma, que la caridad asume nuevas características, dignificando a aquel que lo necesita, ya que le permite  conquistar con dignidad el pan y el hogar, la educación y la salud a través del propio esfuerzo que invierte en el trabajo honrado, y que le es facilitado gracias al poseedor de la riqueza. Esa forma de invertir la sana virtud de la caridad hace que el administrador se auto-enriquezca, de aquello que almacena en los cofres de la usura y de la avaricia, en los cuales pierde totalmente el significado que le atribuye la sociedad a los bienes materiales.

El vehículo orgánico en la existencia corporal, hace un transcurso muy rápido en expresión de tiempo y lugar, pues pasa con mucha velocidad, cuando es considerada la dimensión del futuro  y lo atemporal del presente. El deber que cabe a todos los poseedores de riquezas, es tornarlas bienaventuradas por la cooperación que expande alrededor de sus recursos.

El mezquino de la fortuna monetaria retiene piedras, metales y papeles de valor convencional, que la vida sustituye en la provisión de recursos a la comunidad, pero el mezquino del alma retiene la fuente de la felicidad y de la paz, de la esperanza y del buen ánimo que constituye alimento indispensable a su propia vida.

El primero teme gastar en tonterías y se arroja a la enfermedad y al hambre.

 El segundo teme difundir los conocimientos superiores de los que se enriquece y suscita la incomprensión, alrededor de sus propios pasos.

El avariento de la riqueza se encarcela en el egoísmo.

El avariento de las bendiciones del alma genera la estancación donde se encuentra, envolviéndose el mismo en sombras perturbadoras.

Aunque no tengamos dinero con el que atender a las necesidades de nuestro prójimo, no olvidemos los tesoros de dones espirituales que el Señor situó en la médula  de nuestra alma.

Auxiliemos siempre. El más útil, es aquel  quien más se dedica  al amparo de sus semejantes.


Sin embargo, no debemos olvidar que más importantes que esos bienes adinerados y acumulados en arcas y bancos, son los de orden emocional y espiritual, moral y social: la memoria que se encarga de archivar las experiencias, las tendencias hacia el bien, lo bueno, lo bello, lo eterno; los sentimientos del deber que nacen de la conciencia que actúa en consonancia con las Soberanas Leyes de la Vida.

Las casas bancarias y las bolsas repletas pueden guardar la fría corrección de los números sin conciencia, pero el corazón de aquel que ama es el sol en beneficio de las criaturas, convirtiendo la dificultad y el dolor, la desventura y la escasez en recursos prodigiosos, destinados a la sustentación humana.

Sin duda, esos tesoros son más preciosos que los materiales, que se pueden transformar en valiosos emprendimientos salvadores de nuestras vidas, como son la instrucción, la educación, la liberación de los vicios en razón del amparo en el campo de la salud y del trabajo, propiciando felicidad en todas partes.

La fortuna sea como sea que se manifieste, es una alta responsabilidad de la que el que la posee tendrá que prestar cuentas, primeramente a si mismo, por la incitación de la conciencia responsable cuando despierta e impone la culpa por el mal empleo, y delante de la Conciencia Cósmica, de la cual nadie nos evadimos por presunción, capricho o infantilidad emocional…

En la pobreza y en la riqueza el hombre adquiere experiencias valiosas que deben constituir su patrimonio de crecimiento en el rumbo a lo infinito. En esa marcha inexorable por la búsqueda de Dios, ampliando la capacidad de servir y amar, podemos oír la voz que nos dice: ¡Cuan insensato eres! Esta misma noche tomaran tu alma… ¿Y qué sentido tendrán todos nuestros tesoros, si no los aplicamos con sabiduría y elevación?

No permitamos que el dinero nos tome el corazón, usando nuestra vida, cual despótico señor y conduzcámoslo, a través de la utilidad, del entendimiento y de la cooperación, bajo los imperativos de la ley de la fraternidad que nos une.

No olvidemos que Jesús bendijo el centavo de la viuda, en el tesoro público del Templo y, empleando el dinero para el bien, convirtámoslo en colaborador del Cielo en todas las situaciones y dificultades de la Tierra.

El oro con Jesús es bálsamo en las ulceras del enfermo, es gota de leche en el niño desvalido, es remedio al enfermo, es abrigo para aquellos que tiritan de frio, es socorro en el hogar donde reside el infortunio, es asistencia a los brazos que suplican una actividad digna, es amparo a los animales, y protección a la naturaleza.

Solamente el trabajo sentido y vivido es capaz de generar la verdadera fortuna y acrecentarla infinitamente y, por eso, amando la tarea que el Señor nos confió por más inquietante o sencilla que nos sea, valgámonos del tiempo para enriquecernos de luz  y amor, comprensión y merecimiento, a fin de que el tiempo no nos encuentre mañana con el corazón fatigado y las manos vacías.


Trabajo realizado por Merchita, extraído del libro de Divaldo Pereira Franco “Jesús y el Evangelio a la luz de la psicología profunda” y del libro “Dinero de Francisco Cándido Xavier. Y de Internet.

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      MOMENTOS VIVOS DE FE

Amar sin exigir compensación.
         Colaborar para el bien en los lugares donde el mal nos parezca solidamente instalado. 
        Aguardar siempre lo mejor, aun en las peores situaciones.
        Comprender a los cooperadores de las taréas en que estamos, cuando se apartan de nosotros, dándoles tranquilidad, con nuestras expresiones de simpatía y comprensión, a fin de que se sientan libres de cuaquier compromiso.
        Sufrir y llorar, cuando las pruebas de la existencia nos induzcan a eso, pero continuar trabajando y sirviendo siempre. 
       Disculpar ofensas, con la certeza de que los errores de los otros, podrían ser nuestros.
       No nos quejemos de nadie.
      Respetar la libertad ajena. 
      Bendecir y auxiliar, sin exigencias, a todos aquellos que no acepten nuestros principios, ni piensen con nuestra cabeza.
      Repetir, indefinidamente, esta o aquella prestación de servicio, con entero olvido de nuestros propios intereses.
      Sabemos que el progreso de la ciencia,actualmente en la Tierra, levanta máquinas y realizaciones admirables, que asombran la vida comunitaria, pero no podemos olvidar que la fe construye prodigios en el área de los sentimientos, prodigios que no compramos en supermercados ni podemos pedir al más eficiente computador. 

(Confia y Sigue - Espíritu Emmanuel, psicografia de Francisco Candido Xavier, GEEM)

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CIRUGIAS ESPIRITUALES

 
                                                           
                                                            BEZERRA DE MENEZES

   En medio de un mundo con visión materialista fué preciso por algún tiempo que las cirugías espirituales se hiciesen con cortes y correr de sangre, para que el hombre no pensase que el mundo estuviese restringido solamente a la dimensión material. Pero ahora los Espíritus ya no se preocupan en mostrar lo que pueden hacer, desean, sí, que la humanidad desarrolle un conciencia cósmica y principalmente el Amor para con el semejante de forma espontánea, sin tener que dar pruebas materiales de la existencia de la espiritualidad Superior, pues el mundo no está restringido solamente a los horizontes de aquello que vemos.
  Médicos del Espacio, profundizan lo que es discutido en el capítulo "Materialización y desmaterialización" del libro "Terapia de Vidas Pasadas"- Un viaje en el tiempo para desatar nuestro inconsciente (Editora Nueva Era/Record). de la terapéuta carioca Célia Resende. Al contrario de lo que en general se hace en muchos centros de base espírita, en las operaciones con los médicos del espacio, realizadas en el Hogar de Frei Luiz, no se usan instrumentos cortantes. Normalmente son adoptados dos procedimientos: al trabajar incorporado en el cuerpo del médium, la entidad usa sus dedos para presionar y abrir la piel del paciente, retirando la parte afectada, como tumores. Puede haber también la desmaterialización de la parte enferma o dañada y su rematerialización en las manos del médium o dentro de un recipiente cualquiera, como una caja de espuma de poliester. Participantes de esas reuniones  han visto de los citados dolientes, la salida de tejidos brotando fuera del cuerpo a través de los poros de la piel del paciente.

                                                       
   En el fondo, la parte afectada no precisaría ser rematerializada. Médicos del espacio explican que en general muestran tumores y otras piezas retiradas, en vez de desmaterializarlos por completo, apenas para que la persona operada vea con los propios ojos y pueda así, ayudar en su cura y "avivar su fe", al percibir que algo realmente, fué retirado de su cuerpo.   
 Esos complejos procesos de desmaterialización y rematerialización, aún desconocidos
por nosotros, son hechos en el Hogar por varios espíritus que trabajan con la medicina del espacio. La "gran razón" para la existencia de las reuniones de materialización de espíritus, siempre en las mañanas del sábado, de quince en quince días, es para dar más esperanzas de cura para los que buscan ayuda o un importante alivio para los que están próximos a desencarnar.
  Cuando algún doliente tiene la percepción de la relidad del Espíritu, tiene  esperanza en la verdadera vida, que es Vida Eterna. Entonces comienza a soportar su dolor. Por eso existe la sesión de materialización. No para mostrar a nadie que el Espíritu se materializa y trae luz. Es para aquellos que ya no tienen esperanzas y son tocados por aquellas revelaciones, recobrando de nuevo la esperanza perdida. Muchas veces, en esas sesiones especiales, el ser se materializa,y proyecta un potente haz de luz en el cuerpo del doliente e, inmediatamente, la parte enferma surge dentro de un recipiente. En algunas operaciones, seres materializados usan aparatos astrales sofisticadísimos, emitiendo colores variados. Son aparatos que pueden polarizar el rayo laser y hasta emitir rayos superiores al laser para hacer el corte, la restauración y la asepsia de las áreas adyacentes contaminadas.
                                          
                  El paciente no siente ningún dolor y nunca hubo algun tipo de infección.
  La concientización del indivíduo sobre la causa de la dolencia ayuda a acelerar el proceso de cura, de forma más consciente. El microcosmo dentro de este laboratorio corpóreo ( cuerpo físico) tiene la condición de organizarse con ayuda del mundo energético o espiritual. Este tratamiento, independiente de la fe, religión, creencia o filosofía de vida. Durante el tratamiento es importante que el indivíduo esté abierto a los cambios necesarios, invirtiendo en sí mismo, haciéndose una persona mejor. El hombre es un gran laboratorio plasmador, receptor, emanador de las energías. Las dolencias son plasmadas inconscientemente a través del cuerpo emocional que es de entre los cuerpos, el más difícil de ser equilibrado.
El cobro, en todos los sentidos, ha sido el vehículo de las somatizaciones grabadas por sus glándulas, dependiendo de como el indivíduo recibe cada emoción. Consideramos el cuerpo físico como un aparato que comporta una carga extra de energía ( pensamientos y sentimientos), cuando esta carga es exagerada, la hipófisis (glándula pituitaria), transfiere el exceso de esta carga a los órganos en un intento de ayudar al cuerpo físico y a no tener un choque fulminante, la glándula divide esta carga para los órganos. Muchas veces no soportan el exceso de esta carga para los órganos. Muchas veces no soportan el exceso y se perjudican generando la aparición de otras dolencias. Después de la concientización, los médicos espirituales utilizan el bastón de cristal para rehacer, religar  el cuerpo energético ( cuerpo eléctrico), auxiliando las células del cuerpo físico a que se rehagan. Durante la cirugía espiritual, utilizan aparatos energéticos traidos del mundo etéreo (otras dimensiones), hoy ya no hay más cortes en el cuerpo físico.
                                                                     
   Existe también la carga emocional gradual y constante, que, como una simiente, va germinando poco a poco, hasta ser un árbol grande, es el caso de muchas dolencias que cuando aparece, ya está el contagio muy avanzado, esta carga energética proviene de rencores, odio, revuelta, nerviosismo, desestructurando el ADN, causando un crecimiento del tejido desordenado, surgiendo así la dolencia psicosomática.

Las dolencias y sus causas :

AGMIGDALITIS: Emociones reprimidas, creatividad sofocada.
ANOREXIA :      Odio a lo externo de sí mismo.
APENDICITIS:  Miedo a la vida. Bloqueo del flujo que es bueno. 
ARTERIOSCLEROSIS: Resistencia. Negativa a hacer el bien.
ARTRITIS: Crítica conservada por largo tiempo.
ASMA :        Sentimiento contenido, lloro reprimido.
BRONQUITIS: Ambiente familiar inflamado. Gritos discusiones.
CANCER :     Dolor profundo, tristezas mantenidas por mucho tiempo.
COLESTEROL:  Miedo a aceptar la alegría.
DERRAME: Resistencia. Rechazo a la vida.
DIABETES: Tristeza profunda.
DIARREA: Miedo, rechazo, fuga.
DOLOR DE CABEZA: Autocrítica, falta de autovalorización.
DOLOR DE RODILLAS: Miedo a recomenzar, miedo a seguir de frente.
JAQUECA : Rabia reprimida. Persona perfeccionista.
FIBROMAS: Alimentar malestar causado por la pareja.
FRIGIDEZ: Miedo. Negación del placer.
GASTRITIS: Incertidumbre profunda. Sensación de condenación.
HEMORROIDES:Miedo a plazos determinados. Rabia del pasado.
HEPATITIS: Rabia, odio, resistencia a los cambios
INSOMNIO: Miedo, culpa.
MENINGITIS: Tumulto interior. Falta de apoyo.
NEUMONÍA: Desespero, cansancio de vida.
NÓDULOS : Resentimiento, frustración. Ego herido.
PIEL ( ACNÉ): Individualidad amenazada. No aceptación de sí mismo. 
TENSIÓN ALTA: Problema emocional duradero, no resuelto.
TENSIÓN BAJA: Falta de amor en la niñez. Derrotismo.
TENSIÓN DEL VIENTRE: Preso del pasado. Miedo a no tener dinero suficiente.
PULMONES: Miedo a absober la vida.
QUISTES : Alimentar el dolor. Falsa evolución.
RESFRIADOS: Confusión mental, desorden, dolores.
REUMATISMO: Sentirse víctima. Falta de amor. Amargura. 
RINITIS ALÉRGICA: Congestión emocional. Culpa, creencia de ser perseguido.
RIÑONES : Miedo a la crítica, al fracaso, decepción.
SINUSITIS: Irritación con personas próximas.
TIROIDES: Humillación.
TUMORES: Alimentar daños. Acumular remordimientos.
ÚLCERAS: Miedo. Creencia de no ser lo bastante bueno.
VARICES: Desaliento. Sentirse sobrecargado.