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sábado, 4 de octubre de 2014

Los elogios

                                                                            
                                                                        LOS ELOGIOS


Bien es verdad que muchas veces cuando somos elogiadas nuestra vanidad  se puede  convertir en nuestra peor enemiga. Pero también es verdad, que algunas almas, que son  retraídas, y poco decididas, necesitan el ser animadas en las cosas, para hacerlas con más emotividad. Como todo el elogio es algo que tenemos que aprender a digerir en su justa medida.
Los maestros lo han usado como herramienta para motivar a sus alumnos y recientes estudios en psicología del trabajo revelan que los empleados valoran más el reconocimiento de su desempeño diario que eventuales premios materiales. Los elogios deben ser sinceros porque, de lo contrario, pierden credibilidad y transmiten la idea que “me adulan para sacar algo de mí”. El elogio es la alabanza de las cualidades y méritos de una persona. Puede mostrarse usando palabras estimulantes, expresiones faciales agradables o gestos cariñosos.
El elogio es la expresión de nuestra valoración positiva de una cualidad o de un comportamiento. Su fundamento reside en una impresión grata o en un juicio libre, generoso y amable que surge de la admiración sincera. Es una mezcla que incluye, en diferentes proporciones, nobles sentimientos de humildad, de solidaridad y de gratitud. Es, también, una muestra espontánea de sensibilidad y de delicadeza. Por eso, para aprender a elogiar hemos de cultivar las virtudes morales y el gusto estético: hemos de ser más buenos y más sensibles.
El ser elogiado es bueno y necesario, pero llega  un punto en el que  su influencia  puede ocasionar un efecto desequilibrante. Todos en nuestro interior podemos reconocer cuando pasa  su efecto a excederse de lo normal, pasa a en vez de animarnos a trabajar por el que hemos sido elogiados, a acrecentar nuestra vanidad, a crecernos por encima de nuestra línea de defensa aquella que hasta entonces nos ha permitido ser normales sin excesos.
Muchas veces es necesario ser amonestados, por compañeros que no piensan como nosotros, porque gracias a ello, miramos las cosas desde otro punto de vista, y eso puede ser beneficioso,  porque nos puede llevar a mejorar aquello que hasta ahora creíamos era perfecto.
Hemos de interesarnos por lo que desean nuestros semejantes, si no lo hacemos así, tendremos más dificultades en relacionarnos con ellos y  les causaremos heridas, de ahí vendrán los fracasos. Pensemos que a todos  nos agrada que los demás nos admiren, nos den muestra de aprecio y se interesen por nosotros.  El tratarles con alegría y entusiasmo, el reconocer su merito nos puede hacer grandes amigos.
Cualquier elogio sincero sirve, sin esperar nada a cambio, solo el haber irradiado algo de felicidad en tu interlocutor. Todas las personas que te rodean se sienten superiores a ti en algo, y un camino seguro para llegarles al corazón, es hacerles ver sutilmente que reconoces su importancia y la reconoces sinceramente. Haz  al prójimo lo que quieres que te hagan a ti. A todos nos gusta que nos aprueben, que reconozcan nuestros meritos, sentirnos importantes en nuestro pequeño mundo  y la verdad es que no deseamos oír elucidaciones falsas, pero anhelamos una sincera apreciación.
El elogio es sencillo de hacer y facilita una conversación, cuando somos incapaces de mantener un análisis brillante, una repuesta precisa o una crítica penetrante a cada momento. El elogio es capaz de levantar el ánimo más decaído. No obstante, hay que merecerlos para que no sean engaños y tengan efectos aduladores. En su justa medida, el elogio merecido es muy gratificante para quien lo recibe y noble para quien lo emite,
 Sepamos recibir los elogios, para incentivarnos a crecer en virtud pero no olvidemos de que la humildad es el antídoto para combatir su exceso.

- Merchita -

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                         DESPERTAD( Comunicado Mediúmnico )

 Paz a vosotros: ¡Oh humanidad incrédula!, ¿hasta cuándo no despertarás?.
¡Oh humanidad ciega!, ¿hasta cuándo tus ojos, a la Luz no abrirás?. No ves que mientras permanezcas en la oscuridad espiritual, andarás por ahí dando tropiezos, resbalando, cayendo, hundiéndote, y aquí ¡oh humanidad!, será el llanto y el gemir.
¡Despierta! despierta, que hora es de que atiendas las voces que te animan a comenzar una nueva andadura hacia el equilibrio, la paz y la luz. Si en tu espíritu no hay luz, andarás entre tinieblas, si en él no anida el equilibrio, sólo podrás vivir en la duda y en el desasosiego. Si en tu espíritu no entra la paz, vivirás en medio de los temblores y horrores de la guerra.
¿Hasta cuándo, humanidad, tus ojos no se darán cuenta de que el nombre de Dios está escrito en las estrellas?. No mires hacia la Tierra, levanta tu mirada al infinito y cuando te pierdas en él, y te sientas arrebatado por su inmensidad y su grandeza, entonces, Yo te digo: empezarás a crecer.


    Después, cuando crezcas vendrá un nuevo amanecer, por ello os digo: espiritualmente naced de nuevo. Renaced y remodelad vuestras vidas, enderezad los pasos y guiadlos hacia el Amor, porque sólo por Amor y en el Amor seréis «salvos».

Hermanos, mi paz quede entre todos, no solamente para vosotros, sino también para los demás. En verdad que si esa paz guardáis y no la esparcís, poseeréis un tesoro mayúsculo, que de poco aprovechará si lo retenéis en un estuche de egoísmo.

Esa paz, ¡ esparcidla !, ¡ dadla !, para que se multiplique y llegue a todos los ámbitos de este Planeta querido, que si de él salen lamentos, es porque el hombre, y nadie más que este, ha engendrado tales lamentos. Cuando se siembra Amor, el fruto es Amor.
Que este Amor os acompañe siempre. Un Guía.


Igualada, 20-02-1993
Tomado de Pinceladas Espirituales (contactos con el Más Allá)
M. Dolors Figueras

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                    ¿Que es la caridad? 

Es un sentimiento íntimo, profundo y grande, que emana del amor fraternal elevado a su grado más culminante. Es una manifestación espontánea de ternura que, brotando de lo más recóndito del alma, irradia como una blanca llama en torno de los seres a quienes presta auxilio, comunicándoles calor, vida, alegría y alumbrando su senda con celeste claridad. Es el supremo goce del espíritu emancipado ya de las miserias terrenales; es la ambrosía que liban los ángeles en su mansión de gloria y que en la cárcel que llamamos tierra apenas conocemos sus pobres moradores.
Es el puesto más alto en el progreso espiritual, pues el que posee esta virtud sublime no sólo está redimido, sino que puede redimir a un mundo. Aquí, en nuestra pequeñez, no podemos comprender la caridad nada más que en sus rudimentarios actos; una insignificante moneda de cobre que pongamos en la mano del infeliz menesteroso, nos parece una acción brillantísima.
Un donativo corto, un socorro, un consejo o una expresión de cariño, nos hacen creernos, cuando los prodigamos, unos gigantes del bien, unos mensajeros de Dios, que sembramos la dicha en los humanos y pensamos que somos buenos y merecemos recompensa. ¿Es esto caridad? No; la verdadera caridad es la que apareja el sacrificio, la abnegación y muchas veces las lágrimas del sufrimiento moral y material que causan los ajenos infortunios; aquélla que se practica sin recordar que existe el Ser Omnipotente; que no piensa en recibir galardones ni espera aquí ni allá compensación.
La caridad es la más alta expresión de Amor; es el heroísmo de este sentimiento santo; con el mismo cuidado aparta a la inocente mariposa de la viva lumbre, que separa al ciego del abismo, cura al infeliz leproso y ampara al desvalido huérfano, que da su vida por defender un pueblo víctima del egoísmo y vasallaje, como se inmola en un patíbulo afrentoso, para legar a un mundo un código de leyes redentoras. La caridad es humilde, modestísima, como que ignora ella misma su valer. Ella no enumera los beneficios, no anota sus actos; ejerce, solamente ejerce su misión santa sin que le rinda el cansancio jamás, sin que el número de los que reclaman su amparo le cause espanto, porque le impele el fuego purísimo en que se inflama; brota de sí esa potente luz.
La caridad no es deber, la caridad es Amor. ¿Queréis un ser más caritativo que la madre? Ese cuidado, ese desvelo, ese afán de consolar, acariciar, educar, dirigir, vigilar y hacer buenos, y felices a sus hijos; de dar su vida en beneficio de ellos, de sufrir los martirios más crueles, los odios, las vejaciones, venganzas, desprecios, hambre, sed, que muchas veces tales tormentos cuesta el ser madre, y esto a menudo por unos seres ingratos. Tormentos que se sufren sin esperanza de gloria, sin pensar en laureles; prefiriendo su perdición eterna (si este absurdo fuera realidad) por hacer la dicha de esos pedazos de su alma.
Ahora bien: preguntadle a esa débil mujer, si tanto trabajo no la rinde, si tales dolores no abaten su energía, si no siente decaimiento y extenuación y anhela poner término a su misión penosa, y os mirará con asombrados ojos, sin comprender vuestro egoísmo, pues concebir no puede que se sienta de otro modo; y aun si el mismo Dios bajara y le ordenara no amar a sus hijos, tal vez se declararía en rebelión. Pues bien; ese amor, esa caridad de las madres, es la caridad que sienten las almas verdaderamente superiores; no como ellas, para los hijos solos de su cuerpo, sino para todos los seres que pueblan los mundos y que hermanos son, pues son hijos de Dios.
Por eso vuelvo a repetir que la caridad es el grado más culminante de amor fraternal. ¿Hay verdadero amor de hermanos en la Tierra? Sabido es que no impera éste en la humanidad; sólo hay ensayos de afecto, remedios de amores, vislumbres de hermanía, aleteos de ternura, amagos de compasión y átomos de caridad. Necesitamos amar, pero amar con vivo sentimiento; sacudir el egoísmo, avasallar el orgullo, dominar la soberbia, crucificar la carne con el dominio de nuestras bastardas pasiones.
Si no podemos aún, trabajemos poco a poco y en silencio; no alardeemos; no esperemos recompensas por ninguna buena obra ejecutada; no nos creamos mejor que los demás citándonos como modelo de virtudes que solamente están en embrión. Procuremos elevarnos en alas del bien hasta que irradiemos como soles de Amor; igual que irradia Jesús, nuestro hermano celestial; el que cumple la divina ley, el que purificado ya de toda mancha, con abnegación sin límite, guiado de fraternal ternura, nos lleva a las regiones de la dicha por medio de la ciencia, el Amor y la caridad.

Lola Baldoni

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viernes, 3 de octubre de 2014

ARMONÍA DEL UNIVERSO

       
              ARMONÍA DEL UNIVERSO

Siendo dada en nosotros la existencia de un principio inteligente y razonable, el encadenamiento de las causas y de los efectos nos hace remontar, para explicar su origen, hasta la fuente de donde emana. A esta fuente, en nuestro limitado e insuficientes lenguaje, los hombres le llamamos Dios.
Dios, diremos, ha sido presentado bajo aspectos tan extraños, a veces tan escandalosos por los hombres de secta, que el espíritu moderno se apartó de Él. ¡Pero qué importan estas divagaciones de los sectarios! Pretender que Dios puede ser aminorado por las declaraciones de los hombres equivale a decir que el Montblanc y el Himalaya pueden ser manchados por el soplo de una mosca.
La verdad plana radiante y deslumbrante, está por encima de las oscuridades teológicas. Dios es el centro de donde emanan y donde desembocan todas las fuerzas del Universo. Es el hogar de donde irradia toda idea de justicia, de solidaridad y de amor; el fin común hacia el cual todos los seres se encaminan, a sabiendas o inconscientemente.
Es de nuestras relaciones con el gran Arquitecto de los mundos de donde emanan la armonía universal, la comunidad, la fraternidad. Para ser hermanos, en efecto, hay que tener un padre común, y este padre sólo puede ser Dios. Para divisarlo, es verdad, el pensamiento debe librarse de preceptos estrechos, prácticas vulgares, rechazar formas pueriles con las que ciertas religiones envolvieron el ideal supremo. Se debe estudiar a Dios en la majestad de sus obras. Cuando todo reposa en nuestras ciudades, cuando la noche es transparente y cuando se hace el silencio sobre la tierra adormecida; ¡entonces, oh hombre! Mi hermano, eleva tu mirada y contempla el infinito de los cielos. Procurarás en vano contarlos; se multiplican hasta en las regiones más infinitas; se confunden en la lejanía, como un polvo luminoso. Observa también sobre los mundos vecinos de la Tierra dibujarse los valles y las montañas, ahuecarse los mares, moverse las nubes.
Reconoce que las manifestaciones de la vida se producen por todas partes, y que un orden admirable une, bajo leyes uniformes y por destinos comunes, la Tierra y sus hermanos, los planetas que yerran en el infinito. Sepas que todos esos mundo, habitados por otras sociedades humanas, se agitan, se alejan, se acercan puestos en movimiento a velocidades diversas, recorriendo espacios inmensos; qué por todas partes el movimiento, la actividad, la vida, se muestran en un espectáculo grandioso.
Observa nuestro mismo globo, esta Tierra, nuestra madre, la cual parece decirnos: vuestra carne es la mía, vosotros sois mis hijos. Observa allí, esta gran nodriza de la humanidad; mira la armonía de sus contornos, sus continentes, en el seno de los cuales las naciones tienen su germen y su grandeza, sus vastos océanos siempre móviles; son la renovación de las estaciones que la reviste por turno de verdes adornos o de rubias cosechas; contempla los vegetales, los seres vivos que la pueblan: aves, insectos, plantas y flores; cada una de estas cosas es una cincelada maravillosa, una joya del estuche divino. Sé circunspecto tú mismo; ve el juego admirable de tus órganos, el mecanismo maravilloso y complicado de tus sentidos.
Qué genio humano podría imitar estas obras maestras delicadas: ¿el ojo y la oreja? Observa la marcha rítmica de los astros, evolucionando en las profundidades. Estos fuegos innumerables son mundos al lado de los cuales la Tierra es sólo un átomo, sol prodigioso que rodea comitivas de esferas y cuyo curso rápido se mide a cada minuto por millones de años de luz. Distancias terribles nos separan de eso. Es por ello que nos parecen puntos simples y luminosos.
Pero, dirige hacia ellos el ojo colosal de la ciencia, el radiotelescopio, distinguirás sus superficies semejantes a océanos en llama. Considera todas estas cosas y pide a tu razón, a tu juicio, si tanta belleza, esplendor, armonía, pueden resultar del azar, o si no es más bien una causa inteligente que dirige el orden del mundo y la evolución de la vida. Y si me objetas las plagas, las catástrofes, todo lo que viene para turbar este orden admirable, te responderé: escudriña los problemas de la naturaleza, no te detengas en la superficie, desciende al fondo de las cosas y descubrirás con asombro que contradicciones aparentes sólo confirman la armonía general, que son útiles para el progreso de los seres, que es el fin único de la existencia. ¿Si Dios hizo el mundo, replican triunfalmente ciertos materialistas, quien hizo pues a Dios?
Esta objeción no tiene sentido. Dios no es un ser que se añada a la serie de los seres. Es el Ser universal e ilimitado en el tiempo y en el espacio, por consiguiente infinito, eterno. No puede haber allí ningún ser encima ni al lado de Él. Dios es la fuente y el principio de toda vida. Es por Él que se enlazan, se unen, se armonizan todas las fuerzas individuales, sin Él aisladas y divergentes. Abandonadas a ellas mismas, no siendo regidas por una ley, una voluntad superior, estas fuerzas habrían producido sólo confusión y caos. La existencia de un plano general, de un fin común, en los cuales participan todas las potencias del universo prueba la existencia de una causa, de una inteligencia suprema, que es Dios.
Del libro: "El porqué de la vida"
Léon Denis

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     E U T A NA S I A :  ¿ matar por benevolencia ?


Francisco Cándido Xavier




Antes de nuestra reunión pública, amigos de Guanabara nos mostraron dos reportajes recientemente lanzados sobre la eutanasia. Éramos  un grupo  de hermanos  debatiendo asuntos de la actualidad y el problema propuesto nos despertó la atención. Después de  variadas opiniones en la conversación en curso, el horario nos llamo  para las tareas de la noche.
Abierta nuestra reunión de estudios, El Evangelio Según el Espiritismo, con sorpresa para todos nosotros, nos ofreció el ítem 28 del capítulo V, sobre la cuestión de la muerte aplicada en nombre de la benevolencia humana.
Diversos compañeros comentaron la lección, después que Emmanuel, nuestro querido benefactor espiritual, compareció  con la página  Eutanasia y Vida.

Emmanuel
EUTANASIA Y VIDA· Francisco Cándido Xavier  (Emmanuel)
Frecuentemente amigos de la Tierra preguntan  por la opinión de los compañeros desencarnados, con respecto a la eutanasia. y acrecientan que filósofos y diversos científicos adhieren hoy la idea de apoyarse legalmente  a la administrada muerte, sea por imposición de recursos medicamentosos o  por el abandono del tratamiento.
Se declaran muchos de ellos constreñidos ante los problemas  de las criaturas que surgen desfiguradas en la cuna, o frente a los portadores de enfermedades supuestamente irreversibles, muchas veces en estado  comatoso en los recintos de asistencia intensiva. Algunos llegan a indagar si los pequeños excepcionales  deben ser considerados  seres humanos y si existe piedad en prolongar los constreñimientos de los enfermos interpretados por criaturas semimuertas insensibles a cualquier reacción.
Entretanto, se imaginan eso por la escasez de recursos espirituales de que disponen para dilatar la visión espiritual para más allá del estado físico.

Es preciso recordar que, en materia de deformación, los complejos de culpa determinan  inimaginables alteraciones en el cuerpo espiritual.
El hombre ve únicamente el cuerpo orgánico en el que viaja el espíritu en el espacio y en el tiempo, buscando la evolución propia,  más habitualmente no ve los detalles del mejoramiento o de las lapidaciones que el pasajero va imprimiendo en si mismo, para efecto de evaluación de merito o desmerito, cuando se le promueva  el desembarque en la estación de destino.
A vista de eso, el hombre común no conoce la cara sicológica de nuestros hermanos suicidas y homicidas conscientes, o de aquellos otros que conscientemente se hacen pesadillas o flagelos de colectividades enteras. Debidamente reencarnados, en tareas de reajuste, no muestran sino el cuadro aflictivo que crearon para sí mismos, una vez que todo espíritu desciende con las propias obras y revela consigo aquello que hace de sí mismo.
Ante esas criaturas en prueba o de los hermanos enfermos, imaginados irrecuperables, medita y auxílialos.
Nadie por ahora, en las áreas del mundo físico, puede calcular la importancia de algunos momentos o de algunos días para el espíritu temporalmente internado en un cuerpo enfermo o deforme.
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Ante todos aquellos  que se acercan a la desencarnación, compadécete y ayúdalos cuanto puedas.
Recuerda que la ciencia humana es siempre un hecho admirable, en transformación constante, aunque respetable por los beneficios que presta. No en tanto, no te olvides de que la vida es siempre formación divina, y, por esto mismo, en cualquier parte será siempre un acto permanente de amor.

                             PIEDAD ASESINA    J. Herculano Pires (Hermano Saulo)

La eutanasia es una cuestión de lógica. Si partimos  de la premisa de que la muerte es el fin, llegamos naturalmente a la conclusión de que matar a un enfermo incurable  o a una criatura es un acto de piedad. Más si partimos de la premisa de que la muerte es apenas el fin de una existencia, nuestra piedad será asesina. Una premisa falsa nos lleva a un raciocinio criminal.
Para reaccionar de manera cierta precisamos disponer de datos ciertos sobre el problema que enfrentamos. El materialismo solo conoce el cuerpo y no toma en cuenta la existencia del alma. Ignora por completo el sentido de la vida. su raciocinio sobre la eutanasia se funda en la ignorancia.
El espiritualista sabe que el alma sobrevive al cuerpo, más no todo espiritualista conoce el proceso de la vida. Su raciocinio sobre la eutanasia puede llevarlo a un sofisma. Más el espirita sabe que la vida es un proceso de evolución y que cada existencia corpórea es el resultado de las fases anteriores de ese proceso. El espirita dispone de datos seguros y precisos sobre el fenómeno biológico de la muerte.
Esos datos, obtenidos en las experiencias científicas del Espiritismo, está siendo hoy confirmados por las investigaciones parapsicológicas y físicas sobre el trance de la muerte. Basta el descubrimiento del cuerpo  bioplasmico por los físicos  y biólogos para advertir a los espíritus sistemáticos de  que pueden estar engañados.
Los inquisidores medievales quemaban a los supuestos herejes en nombre de la caridad, para librarlos del fuego del infierno. Los materialistas actuales pretenden abreviar la muerte en nombre de la piedad racional. Ellos por ellos, tenemos el dogmatismo de la ignorancia burlándose sobre los derechos de la vida.
El mensaje de Emmanuel es una advertencia de la razón  esclarecida y debe ser meditada en todos sus términos. No basta leerla, es necesario estudiarla.
Reproducimos aquí el artículo titulado Matar por benevolencia, publicado en la columna dominical “Chico Xavier pide licencia” del jornal Diario de S. Paulo, en la década de 1970

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      POESÍA ESPÍRITA


El día que Yo me muera
no quiero que llore nadie,
pues me acaba de pasar
lo que debía pasarme.
 Así como vine al mundo
un Miércoles por la tarde,
cualquier día del mes
servirá para marcharme.
 Yo sé que van a decir
lo bueno que era antes,
porque sólo a  los difuntos
se le ven las cualidades.
 Porque cuando está seco,
el río sin sus raudales,
es cuando se puede saber
toda el agua que le cabe.

 Mi vida fue Luna clara;
ni opaca ni muy radiante,
brillaba con el Creciente
y se apagaba en Menguante.

Dinero, Yo no lo tuve;
y no porque no lo buscase,
pues mi afán lo persiguió
hasta que se me hizo tarde.
 Pero me dio otras riquezas
que no son para contarse;
como se cuentan los días
como se cuentan las tardes.
 Por Padre me dio un tesoro,
y otro tesoro por Madre,
y por hermanos diamantes
de muchisimos quilates.
 Por compañera a quien
me deparó el Destino;
aceptando mis errores
amoldándose a mi Sino.
 para tener constancia
de que el tiempo no he perdido,
me entregó a un par de hijos
que crecerían conmigo.
 Con ellos sentí la gloria
de guiarles por el camino,
sin imponerles un rumbo
que Yo no hubiese cumplido.
 si anduvieron las rutas
por donde un día pasé,
fue que siguieron el polvo
que con mis píes levanté

 Oswaldo E. Porras Dorta

        


jueves, 2 de octubre de 2014

Trabajo Mediúmnico

ANOTACIONES SOBRE EL TRABAJO MEDIÚMNICO.

    Existe un universo a explorar. Hay una Humanidad entera clamando ayuda, esclarecimiento, comprensión y caridad en el llamado mundo espiritual.  Sus dramas y sus angustias no son puramente  individuales.
   La organización de un trabajo mediúmnico empieza mucho antes de dar comienzo  a sus tareas propiamente dichas, con el estudio sistemático de las obras básicas, y de las complementarias, de la Doctrina Espirita: las de Allan Kardec, León Denis, Gabriel Delanne, Gustavo Giley,  y ciertos escritos de origen mediúmnico, como los de André Luiz. Es necesario poner mucho énfasis  en el estudio  de los escritos  que cuidan el complejo problema de la mediúmnidad, que hace un soporte  indispensable de toda tarea programada. 
     Si tenemos disposiciones, podemos comenzar. Y comenzar por el planeamiento y no por la ejecución precipitada y sin preparación.
     Multitud de seres que han vivido aquí en la tierra, están allá a la espera de ayuda, no obstante son muy pocos los grupos que se disponen a esa tarea, procurando así  esa elevación,  progreso, y  conocimiento
     La relación con el mundo espiritual se reviste de engañosa simplicidad. Cualquier persona dotada de facultades mediúmnicos, aunque incipientes,  puede establecer contacto con los desencarnados, consciente o inconscientemente, serena  o desordenadamente. Unos lo hacen compulsivamente o con resistencia; otros con espontaneidad; unos con respeto y amor, otros con liviandad e indiferencia; y muchos sin percibir  lo que pasa  o lo que se debe hacer para ordenar un fenómeno que, como tantos otros, es natural, no teniendo nada de místico, fantástico o sobrenatural. Hay que tener un mínimo de preparación, apoyada  en un mínimo de información para tratar con los espíritus. El que trata con los espíritus sin estos requisitos, se arrastra a la mediúmnidad indisciplinada o desequilibrada, y se expone a riesgos  imprevisibles para su equilibrio emocional y orgánico. La práctica  mediúmnica  no debe ser improvisada, pues no perdona la falta de preparación e ignorancia. 
     El mundo espiritual está poblado de seres  que fueron hombres y mujeres  como nosotros mismos, encontrándose  en diferentes estados de desarrollo moral. Podemos deducir ese otro mundo, como es el nuestro de aquí, allí, como aquí, encontramos Espíritus  nobles y dotados  de atributos morales avanzados, pero también están los inferiores que son en gran número, y que se encuentran  en extremos dolorosos del envilecimiento moral , de la ignorancia, , la rebeldía, la angustia, el rencor y la venganza.  Son con estos últimos por nuestro estado inferior de evolución con los que generalmente contactamos.
     Sin embargo, esto no quiere decir que nos encontremos a merced de los espíritus inferiores, compañeros sublimados siempre velan por nosotros y están siempre dispuestos a ayudarnos, peo no debemos olvidar que ellos no hacen las tareas que nos corresponde hacer a nosotros.
     Nunca somos tan pobres de bienes materiales  y espirituales que no podamos donar alguna cosa  al compañero necesitado, sea el pan o la palabra  de consuelo y solidaridad. 
     El Espiritismo doctrinario nació de las practicas mediúmnicos, de ellas se nutre y de ellas depende, en gran parte  su futuro desarrollo. El intercambio, entre el mundo espiritual y este, solamente asumió expresión y sentido filosófico después que Kardec ordenó y metodizó  los conocimientos adquiridos en el contacto  con nuestros hermanos desencarnados. La práctica mediúmnica es, no solo aconsejable, sino indispensable para el futuro de la Humanidad , ya que la ecuación y la solución de grandes inquietudes humanas van  a depender, cada vez más, de la exacta comprensión del mecanismo  de las relaciones entre esos dos mundo, que a fin de cuentas , no son más que uno solo, en planos diferentes.
     La propia dinámica de la Doctrina Espirita  exige ese intercambio espiritual, primeramente para que se observe  y estudie el fenómeno de la mediúmnidad, sus grandezas, sus riesgos, las oportunidades de aprendizaje y progreso  que contiene, no solo para el médium, sino también para aquel que asiste a los trabajos y de ellos participa.
     En el ejercicio de la mediúmnidad existe riesgo,  de mistificaciones por parte de pobres hermanos carentes de entendimiento. De aceptación de mentiras sutilmente presentadas bajo fascinantes ropajes.  De aflicciones, felizmente pasajeras, causadas por el desfile  de las angustias  de hermanos sufrientes.
    EL Espíritu que yerra, invariablemente perjudica a alguien más. Los errores  que cometemos, nos penden  a una cadena de hechos y de seres que se extiende en el tiempo. El drama de un espíritu  nunca es solo suyo. En esta vida, o en las que hemos vivido anteriormente, siempre hay eslabones  que nos unen a otros seres  y a otros dolores.                 En los dramas que se asisten  en una reunión mediúmnica, aprendemos a contemplar la transitoriedad  el mal, la amarga  decepción del suicida, la crudeza del arrepentimiento de aquel que desperdició su tiempo en la búsqueda ansiosa  de las ilusiones mundanas, la inutilidad de las posiciones humanas, el peso terrible de la vanidad, la tensa expectativa de una nueva amargura en la carne redentora, en la cual el Espíritu queda, por lo menos anestesiado en sus angustias.  Lecciones terribles suministradas con lágrimas y gritos de desesperación por aquellos que asumieron débitos enormes delante de la Ley; lecciones de dulce tranquilidad y de serena humildad de los que ya superaron sus flaquezas y vienen, sin ostentación, solo para mostrar como es el Espíritu de aquel que ya se  venció a sí mismo, en la milenaria batalla contra sus propias deficiencias. Muchas y variadas lecciones, extenso y profundo aprendizaje  para todos  los que desearon  realmente apresurar los pasos  y acortar el camino que le lleva a Dios.
No es difícil la organización de un grupo mediúmnico, si se cuenta  con estudios serios y seguros de orientación doctrinaria al respecto.  Es bueno que el grupo sea pequeño, de preferencia familiar, compuestos de personas que se armonicen perfectamente y que estén interesadas en un trabajo serio y continuo. Que no se deje desanimar  por dificultades  o por la aparente insignificancia  de los primeros resultados, ni fanatizar  o fascinar  por pseudo-guias.
Poco a poco, cuando se demuestre la seriedad de los propósitos, los trabajos irán surgiendo, bajo la orientación de Espíritus esclarecidos. A cada buen grupo de seres encarnados dispuesto a la tarea, corresponderá un grupo equivalente de Espíritus, en un intercambio saludable de profundas repercusiones, pues el Espiritismo es Doctrina, pero también es practica mediúmnica, y todos nosotros, aunque no lo sospechemos, tenemos compromisos a ejecutar, ajustes a realizar con hermanos que nos aguardan sumergidos en odios e incomprensiones, que se envenenan  a sí mismos y a nosotros.

Merchita
 Trabajo extraído de la introducción del libro ”Dialogo con las sombras”  de Herminio C. Miranda
“Lamentar la desgracia  es humano; disminuirla es divino.”
                         Horace Mann
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Si para juzgar a los hombres hace falta experiencia, mucha más se requiere para juzgar a los Espíritus.
EL LIBRO DE LOS MEDIUMS
Allan kardec.

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                                                Los niños  ( Comunicado )

Queridos hermanos: A veces me acerco a vosotros, estoy escuchando y ayudando a que realicéis este trabajo de amor espiritual para los seres que os necesitan. Hay quienes sufren mucho, otros, simplemente están dormidos, pero necesitan despertar y seguir su camino de evolución.

Hoy quiero hablaros de un tema muy entrañable para mí: «los niños». ¡No sabéis como los amo y qué sentimientos despiertan en mí!. Cuando yo estaba en la Tierra, gustaba de observarles, hubiera pasado horas enteras contemplándoles.

Me atraían sus cuerpecitos tan débiles, y sus ojos inmensos, mirándoles creía ver en ellos la inocencia con que vienen al mundo. Después al verlos crecer, veía las distintas situaciones que envolvían sus vidas. Y aquellos infantes que nacieron tiernos e indefensos y aparentemente inocentes, no eran felices.

Muchos niños tienen una infancia relativamente feliz, pero así y todo padecen contratiempos y problemas, tanto en el aspecto afectivo o de salud. Otros sufren situaciones aún más graves, enfermedades incurables, abandono, vejaciones o malos tratos.

Entonces cabe preguntarse, ¿por qué sucede todo esto?. Por poco que meditéis, os daréis cuenta de que cada niño trae su historia, decenas de historias a veces, tan evidentes diferencias demuestran que existe una preexistencia. Leyendo en el inmenso libro de la infancia desvalida podemos aprender la profunda lección, de que los niños de hoy sufren los graves errores del hombre del ayer.

Una lección simple pero importante. Ojead página tras página, material no os ha de faltar, estudiad con detenimiento la vida de los niños. Observaréis que no todos poseen, ni mucho menos, el mismo grado de inteligencia, de capacidad para poder aprender, a veces, las cosas más simples. Y comprobaréis también como sus sentimientos, así que se van desarrollando como personas, en algunos de ellos son elevados, sublimes, con inmensos deseos de amar a los demás. Otros al contrario, demuestran unos sentimientos mezquinos ya desde su más tierna infancia.

Analizando encontraréis la respuesta razonable a esta pregunta. ¿Por qué no todos los niños son iguales?. Por ley de evolución nacen con sus vidas marcadas, como si una fuerza muy grande y misteriosa trazara sus destinos, en ocasiones desgarradores, y en otras, son vidas que se dirigen hacia cumbres esplendorosas.


Hermanos amad, no sólo a los niños, a todo ser que sufre, apoyadle y ayudadle. Este ser es la prueba evidente de un pasado tormentoso, de errores cometidos en lejanas épocas, es por ello que necesita que alguien le ayude a sobrellevar su carga. No olvidéis que todos los espíritus en un determinado momento, hemos necesitado que nos ayudaran y apoyaran a dar los difíciles e inciertos pasos hacia el Equilibrio y a la Luz. Amados, ayudando aprenderéis, vuestros horizontes se ensancharán y la Luz llegará a vosotros iluminando el camino que debéis recorrer.   

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LA RELIGIÓN ESPÍRITA
Vianna de Carvalho

El hombre contemporáneo necesita vivir con religiosidad, mirando hacia la modernidad de las ciencias y de la tecnología.
A pesar de quelas religiones son acusadas de fomentar guerras dolorosas e interminables, en las cuales la crueldad ha alcanzado bárbaras expresiones, diezmando millones de vidas, todas ellas poseen como base la creencia en un Dios-Amor; algunas veces severo y otras veces complaciente, dependiendo de la filosofía con que cada una lo aborde. También enseñan la creencia en la inmortalidad del alma y en la justicia que nunca se engaña, alcanzando al infractor por más que éste trate de escaparse.
Por lo que se deduce que la carencia no es de la fe religiosa, sino, del hombre: del ignorante, que se fanatiza; del astuto, que se vuelve prepotente; del malvado, que se complace en el crimen; del acomplejado, que sin importarle la crueldad y perversión a la que se entrega, utiliza cualquier recurso para poder alcanzar las cimas de la vida.
El objetivo de todas estas creencias religiosas debe ser el hombre, al cual se le debe trabajar el carácter, iluminarle la conciencia, dulcificarle los sentimientos, para que pueda descubrir los valores de la vida o para que los utilice con nobleza, si es que ya los ha encontrado.
Le corresponde a cada religión tratar de unir a las criaturas con sus elementos esenciales, abriendo espacio para que habiten en sus campos aquellos que sintonizan con sus principios, sin discriminar a quien en su búsqueda por encontrar a Dios, piensa de manera diferente.
Es verdad que la historia muestra una infinidad de ejemplos de hombres que decían no creer en Dios, los irreligiosos, que fueron excelentes benefactores de la humanidad.
Probablemente ellos discrepaban con las creencias en las cuales representaban a Dios con características humanoides, apasionadas, relacionadas a tal o cual nación e indiferente a los destinos de los demás seres y países.
Este Dios, trabajado por la ceguera nacional de algunos pueblos, era tan mezquino como sus adoradores, causando repulsión e indignación a las mentes avanzadas y lúcidas.
No era, pues, indiferencia o rebeldía contra Dios, y si de la imagen que de ÉL hacían los religiosos enfermos del alma.
También es verdad que los pueblos sufrieron cruelmente en las manos de individuos incrédulos y profanadores, que han dejado en todo momento, rastros de sangre y desgracia.
La religión tiene como finalidad concientizar al hombre sobre su realidad inmortal, de los fenómenos post-mortem y sobre la conducta filosófica que debe vivir mientras se encuentra en su etapa carnal.
La criatura siempre es favorecida mediante la organización de una ética de comportamiento optimista, edificante y renovadora, auxiliándola con resignación en las vicisitudes, con humildad en el triunfo, con amor en la gloria y con caridad en todos los momentos, con la finalidad de que la indignación no la ciegue, la soberbia no la haga alucinar y las viles pasiones no la dominen.
Si ella se apoya en una base científica, ofrece fundamentos seguros a la conciencia investigadora y a la razón exigente, dándole respuestas lógicas a los hechos y a las indagaciones que con frecuencia surgen de la duda, del escepticismo y de la falta de fe.
Con este contenido de evidencias sobre los principios filosóficos, el hombre dispone de fuertes herramientas para los problemas existenciales, enfrentando cualquier dificultad y desafío con natural estoicismo y alegría.
La búsqueda de Dios hoy en día, es más continua y ardua de lo que era antes.
Los valores humanos han sufrido profundas mutaciones éticas, alterándolos totalmente.
Antes, bastaba aceptar la fe de una forma ingenua para tener una experiencia religiosa aparente.
En la actualidad, las conquistas de la cibernética, de la ciencia astronáutica y de otras ciencias, han establecido en el individuo récords de conflictos psicológicos, exigiéndole a la vida terapias de prevención y afirmaciones valiosas para que se pueda evitar el caos.
Por otro lado, las multitudes que se encuentran cansadas de las filosofías pragmáticas, se vuelven inmediatistas indagando por lo que sucederá después, como será después de haber logrado los objetivos más cercanos.
Es así como surgen o renacen antiguas creencias que se proponen ayudar al hombre que está saturado de lógica y técnica, dejándose atraer por lo fantasioso, por lo sobrenatural o por lo místico, siendo un mecanismo audaz de escape de la realidad objetiva hacia la imaginación trascendente, al absurdo.
El astronauta cuando regresa de la luna, está confundido con el silencio que pudo constatar, de la soledad ante el universo y de su pequeñez en el seno del cosmos y aun estando maravillosamente equipado de fuerzas psicológicas, poco a poco se zambulle en una profunda melancolía, siendo víctima de preguntas de largo alcance.
Los pilotos que lanzaron los artefactos atómicos sobre las ciudades-mártires, no pudieron olvidar las catástrofes en las que se vieron involucrados.
Los veteranos de las guerras que suceden en la Tierra, no consiguen borrar las marcas de violencia en que se vieron involucrados, sufriendo terribles dificultades para reajustarse pacíficamente a la sociedad.
Juntando los diversos factores que generan conflictos, tenemos que la sociedad de hoy, que alcanzó niveles altos de bienestar para algunos, despedazó billones de vidas en los guetos de la miseria, hambre y sufrimiento, en los cinturones externos de las grandes ciudades o en países enteros que son devorados por la codicia de otros países más poderosos.
Como consecuencia, la agresividad, la indiferencia y el miedo pasaron a tomar cuenta del mundo, produciendo un alarmante índice de toxicómanos, locos, pervertidos y de personas emocionalmente insensibles, agravando la economía de la sociedad con delitos poco comunes y lacerantes.
En la actual estructura social masificada, el hombre pasó a valer poco.
Cada quien piensa en sí y en los suyos, cuando piensa.
El egoísmo gobierna las vidas y la sed por el placer desequilibra los sentimientos, multiplicando las vidas-sensación, en perjuicio de las existencias-emoción.
En este contubernio, la religión es importante para conducir la aturdida mente humana, que está siendo víctima por los continuos choques externos, por los conflictos psicológicos y por los desajustes emocionales.
Nos guste o no, el hombre es un ser esencialmente religioso. Por instinto cree y se aferra, aún inconscientemente, a las creencias que predominan en su personalidad.
La intuición de su origen divina, lo impulsa al respeto y a la fe en su Creador.
En las culturas primitivas, este sentimiento comanda sus actitudes, en forma de conciencia atávica, primaria, sin análisis, sin lógica racional.
Gracias a las complejidades de las civilizaciones por donde transitan en su proceso de evolución, continuamente surgen los conflictos y las dudas, que propiciaron las escuelas múltiples de pensamiento y de creencias religiosas compatibles con sus necesidades.
Sin embargo, el hombre tiene como meta final el liberarse del sufrimiento y disfrutar de paz, de felicidad.
Esa ansiedad es universal y fundamental en todas las vidas.
Lo que es esencial y fundamental con carácter universal o general, se vuelve una búsqueda de naturaleza religiosa.
Para cubrir esa necesidad, se hace imprescindible la existencia de una religión con posibilidades universales, en la que sus principios satisfagan todas las imposiciones de la evolución, teniendo la misma esencia.
Existe, por tanto, un amor profundamente arraigado a la religión.
La religión espírita, que respeta a todas las demás doctrinas, espiritualistas o no, posee los valores para restablecer en el hombre el clima de confianza y de paz que necesita, ayudándolo con las estructuras para la liberación del dolor y para la adquisición de la plenitud.
Su filosofía existencial, dignifica, promueve las aspiraciones íntimas, permitiendo la adaptación de la conducta a las enseñanzas cristianas, en las cuales apoya su estructura ético-moral.
Así es debido a que se basa en la experiencia de la realidad, que brinda con inquebrantable seguridad la sobrevivencia a la muerte, así como de la preexistencia a la cuna, en un encadenamiento racional que permite la comprensión de lo que se es, cuál es la meta a conquistar por delante y del por qué se sufre.
Es la religión cósmica del amor, sin dogmatismos o rituales, que espera a la humanidad de hoy y a la de los tiempos futuros, para conducirla a Dios.

Del libro “Médium y mediumnidades” del mismo autor