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martes, 14 de octubre de 2014

El Espiritismo y el clero católico



EL ESPIRITISMO Y EL CLERO CATÓLICO



La teoría del demonio y del infierno ha rendido tantas ventajas a la Iglesia que ésta no vacilará en servirse de ella en las horas difíciles. Sin embargo, lo que en el pasado podía impresionar, hoy nada más suscita que un escepticismo burlón.
La idea del cielo y del infierno en la actualidad, preocupa poco a los hombres, ya que infinidad de ellos viven en el mismo infierno, es por esa razón que ante la desesperación en la que se encuentran, buscan desesperado consuelo y esperanza, y la Doctrina de los Espíritus es además de una Luz en sus vidas, es un bálsamo reparador para sus heridas.

Los hombres que se suponen los representantes de Dios en la Tierra, los fieles intérpretes de su palabra, los que se juzgan con el derecho absoluto de gobernar nuestras conciencias, esos permanecen dubitativos, vacilantes, frente a esta cuestión capital: ¡las condiciones de la vida futura y las relaciones entre vivos y difuntos!

Gracias al Espiritismo la Humanidad tiene las certidumbres y los consuelos que le son necesarios para afrontar el problema del ser y su destino.

El Espiritismo es tan antiguo como el mundo y durará tanto como él, porque reposa en base indestructible: la Verdad.
Sus adversarios pueden revolverse contra él, pero solo conseguirán llamar la atención del público a su favor y aumentar el número de sus adeptos. Es lo que pasa en todos los casos análogos.

Las ciencias llamadas “ocultas” presentan una valiosa contribución a la Antropología, al igual que a la Biología, a la Psicología, a la Moral, a la Ciencia de las Religiones, a la Etnografía.

Las manifestaciones psíquicas nos posibilitan relaciones con las almas de los muertos, el mundo de los espíritus se agita en torno a nosotros, ejerciendo su poder, y algunos de esos espíritus, en casos cuyas condiciones exactas se nos escapan, se aparecen verdaderamente.”

En todas las épocas hubo procesos más o menos bizarros para la comunicación de los espíritus, pero antiguamente se hacía misterio con esos procesos, como se hacía misterio con la Química. La Justicia, por medio de ejecuciones terribles, arrojaba en la sombra estas extrañas prácticas.

Hoy, gracias a la libertad de los cultos y de la publicidad universal, lo que era un secreto se ha vuelto fórmula popular. Ciertamente, con esa divulgación, Dios ha querido proporcionar el desarrollo de las fuerzas espirituales, a fin de que el hombre no se olvidase, en presencia de las maravillas de la mecánica, de que hay dos mundos incluidos el uno en el otro: el de los cuerpos y el de los espíritus.

San Agustín en De Cura pro Mortuis, da su opinión en estos términos:
“Los espíritus de los muertos pueden ser enviados a los vivos; pueden desvendarles el futuro, que ellos conocen, ya por mediación de otros espíritus, por los ángeles o por una revelación divina”.

Y más adelante, añade:

“¿Por qué no atribuir esas situaciones a los espíritus de los difuntos y no creer que la Divina Providencia hace buen uso de todo, para instruir a los hombres, consolarlos o asustarlos?”

“La muerte no nos cambia, somos en el Más Allá lo que hemos hecho en esta vida.”Los espíritus conservan durante mucho tiempo después de la muerte sus opiniones terrenas.

Frente a las afirmativas perentorias proferidas desde la cátedra, el hombre actual preferirá las demostraciones positivas, las experiencias siempre controlables de un Crookes, de un Myers, de un Lodge, de un Aksakof, de un Lombroso.

El Espiritismo hace, poco a poco, su brecha en la Ciencia. Los hechos, las pruebas y los testimonios se acumulan en su favor. Gran número de sabios célebres, principalmente en Inglaterra, se cuentan entre sus adeptos.

Se diría que el Catolicismo estaba empeñado en amezquindar a Dios y que ha logrado su propósito con los hombres que, en su mayoría, han llegado a perder de vista la majestad divina y el esplendor de sus leyes.

La Iglesia tenía por misión conservar en el hombre la noción clara y elevada de Dios y de la vida futura. Ahora bien, el materialismo y el ateísmo son los que reinan como dominadores en la sociedad moderna.

Socorriéndose siempre del espantajo del infierno y de las penas eternas, haciendo de Dios el verdugo de sus criaturas, atribuyendo a Satán un papel importante en el universo, ha llevado al hombre a la negación.

Solo el Espiritismo, facilitando el descubrimiento de los estados sutiles de la materia, enrarecida hasta lo infinito, ha hecho comprensible la existencia de las formas invisibles de la vida y la poderosa acción de las fuerzas ocultas.

Los teólogos del futuro, menos ciegos por las prevenciones encontrarán fácilmente, en el Espiritismo, las pruebas experimentales para combatir al materialismo y para amparar al espiritualismo frágil de las Iglesias.

Es lógico que un católico ignorante, rutinario y crédulo no aceptará estos datos, pero un cristiano instruido, despierto, predispuesto por su cultura intelectual y moral a las revelaciones del Más Allá, lejos de ver en el Espiritismo un enemigo de su creencia, en él encontrará el complemento racional y necesario para su fe, un nuevo medio de orientar su vida hacia rumbo más elevado.

Satán no es más que un mito, sin embargo, existen espíritus malos, que sabremos alejar mediante la oración. Conocemos la palabra del apóstol:
“No deis crédito a todos los espíritus, mirad primero si los espíritus son de Dios.”

Los desagradables encuentros que podemos tener en la frontera de los dos mundos no son los del demonio, sino los de los hombres viciosos desencarnados. Su estado de alma no es eterno y ellos se perfeccionarán, tarde o temprano.

Ocurre, incluso frecuentemente, en nuestras sesiones, que los espíritus atrasados y groseros son conducidos al bien por sus conversaciones con los espíritas. Bajo este punto de vista, nuestra acción sobre el Más Allá es eficaz y salutífera.
Si existen los malos espíritus, también hay los buenos.
Cuando, con un corazón sincero, suplicamos el socorro del Cielo, él no nos envía legiones infernales.

La intervención de los buenos espíritus es indudable si, como dice la Escritura, podemos juzgar el árbol por sus frutos.

¡Cuántos materialistas y ateos han sido reconducidos al pensamiento de Dios y de la vida futura!

¡Cuántos pobres seres desolados, desesperados por la pérdida de aquellos a quienes amaban, han gozado del consuelo y del confortamiento en su intercambio con los queridos muertos!

¡Cuántos desgraciados, doblegados bajo el peso de la vida, consumidos por los sufrimientos, por las enfermedades, por las decepciones, envueltos por la idea del suicidio, han encontrado en los consejos del Más Allá – con el coraje de vivir y la fuerza moral – una suavización de sus sufrimientos!

En las horas de crisis que atravesamos, es particularmente cruel procurar secar o envenenar, mediante insinuaciones maléficas, la fuente donde tantos afligidos han logrado un remedio para sus probaciones.

Jamás se sabe, con la doctrina católica, si nuestros muertos queridos están en el infierno, en el purgatorio o en otros lugares, si los reencontraremos algún día o bien si estaremos separados de ellos eternamente.

Solamente el Espiritismo puede darnos las pruebas tangibles de la supervivencia y de la presencia de nuestros muertos queridos, con la certidumbre de reunirnos, tras la muerte, en la vida infinita.

Nuestra Juana de Arco, cuya vida entera fue una epopeya espírita, un poema de mediúmnidad, fue condenada, como “hechicera, evocadora de demonios”, por un tribunal eclesiástico en el cual figuraban, no solo el vice-inquisidor y tres obispos, sino a veces incluso hasta un centenar de padres de todas las categorías.

La Iglesia no percibe que, condenando el Espiritismo, ella misma se condena, porque entonces elimina el milagro, es decir, el fenómeno espiritual que es su propia base.
Sus pretensiones de infalibilidad reposan únicamente en las palabras de Jesús a Pedro, citadas en el Evangelio de San Mateo:
“Tú eres Pedro; sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las  puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos y todo cuanto desatéis sobre la Tierra quedará también desatado en los Cielos.” XIII

La Iglesia afirma que esas palabras, pasando por Pedro, se dirigían a la larga sucesión de los papas del futuro.

Para empezar, ¿serán auténticas? Ciertos exegetas dudan de ello y de la secuencia de las modificaciones sufridas por las Escrituras en diferentes épocas.

 Notemos que esas palabras no se encuentran en los otros evangelios canónicos y que, cuando menos, no hablan de infalibilidad.

Se sabe que originariamente había cincuenta y cuatro Evangelios. Fue la Iglesia, ella sola, quien procedió a elegirlos y decidió que cuatro, los actualmente conocidos, eran de inspiración divina. De ello resulta que el Evangelio extrae su autoridad de la Iglesia y que ésta, a su vez, extrae la suya del Evangelio. Ahí está un círculo vicioso, es decir, el más pobre de  los razonamientos posibles.

No hay, realmente, cómo justificar la actitud autoritaria del clero sobre ciertas cuestiones, ni su tendencia a fulminar todo lo que le haga sombra y pueda perjudicar su dominación.

Los Evangelios están llenos de contradicciones y la Iglesia
Romana desaconseja su lectura a los fieles sin el concurso de un cura que los interprete.

Las Iglesias Reformadas, muy diferentes en el caso, recomiendan su estudio y libre examen, obteniendo así resultados morales superiores.

No se podría deducir de esas críticas que somos un enemigo de las religiones; por el contrario, pretendemos ser su amigo sincero y clarividente.

Reconocemos, sinceramente, que la religión es necesaria para el orden social. Ella puede y debe introducir en la vida individual y colectiva elementos de disciplina, desarrollar el papel salutífero del freno, amparando las almas en el declive del vicio y del crimen.

Para ejercer tal influencia moral, para producir todos sus efectos deseables, es preciso que ella esté en armonía con las necesidades intelectuales, con los conocimientos y las ideas de la época.

Como todas las religiones de la Tierra, las Iglesias Cristianas han recibido su parte de revelaciones divinas.

El pensamiento de Jesús ha visitado durante mucho tiempo sus santuarios, pero las religiones han cometido el error de creer que la comunión espiritual establecida por el Cristo, entre ellas el Mundo Invisible, tenía un carácter exclusivo y temporal, cuando esa comunión es permanente y universal.

Las voces del Espacio solo eran oídas por los santos o fieles privilegiados.
La amenaza de las hogueras y de los suplicios había impuesto silencio a la mayoría de los intérpretes del Más Allá, y el espíritu de la Iglesia Romana, en particular, ya no estaba fecundado por el influjo divino.

Poco a poco, su enseñanza se amezquindó, su concepción de la vida y del destino se achicó; la onda de descreencia, de materialismo y de ateísmo aumentó, creció y ahogó nuestro país.

Hoy, la Iglesia Católica se ha vuelto impotente cara a las doctrinas del negativismo porque sus participantes, ya hemos tenido ocasión de decirlo, exigen pruebas sensibles y demostraciones científicas y positivas.

Asociándose estrechamente a la política reaccionaria, a los partidos retrógrados, la Iglesia se ha vuelto impopular en Francia y ha perdido su prestigio y autoridad.

Sin duda durante el curso de la guerra, muchos de sus miembros cumplieron noblemente su deber, pero el Vaticano ha agravado su situación al tender ostensivamente hacia los imperios centrales, tan pronto como creyó en su victoria.

En medio de las probaciones terribles que nos asaltan, ante el creciente peligro, la voz de Dios se hace oír y las incontables legiones del Espacio han sido convocadas. Ellas han retomado el contacto terrestre, a fin de despertar en el hombre el sentimiento de la inmortalidad, con la noción de los deberes y de las responsabilidades que de ello resultan.

Si la Iglesia hubiese comprendido sus verdaderos deberes, hubiera corrido a acoger ese socorro del cielo y hubiera dado a los fenómenos el lugar que les era debido.

Hubiera presentido que allí hay una manifestación de la voluntad superior, a la cual sería pueril e inútil oponerse; hubiera obtenido en los hechos psíquicos los elementos para una   renovación, el medio de infundir en su cuerpo desgastado, disecado por los siglos, una sangre, un espíritu nuevo, y de desempeñar todavía un papel importante en la obra del progreso humano.

En cambio, si en su ceguera ella sigue guardando una actitud hostil, como la de calificar de satánico lo que es de orden divino; si ella persiste en rehusar la mano que se le tiende desde lo Alto, para salvarla, entonces ella misma se condenará a una muerte lenta, a la caída y a la ruina.

Se podrá aplicar a sus representantes, a sus defensores, las palabras de la Escritura:

“Tienen ojos pero no ven, tienen oídos pero no oyen.”

La enseñanza de la Iglesia, con su doctrina de una única existencia para cada alma, es impotente para explicar tales dramas. Es necesario buscar otra explicación.

Solamente la filosofía de las vidas sucesivas, la comprensión de la ley general del progreso, puede darnos la solución del problema y conciliar la bondad y justicia de Dios con las tragedias de la
Historia.

El espiritismo cree en la evolución y no en el retroceso. La reencarnación es afirmada en los Evangelios con una precisión que no deja lugar a cualquier duda:

“Él es el propio Elías que debía venir.” (Mateo, 11: 14-15), dijo el Cristo, respecto de Juan el Bautista.

Jesús pregunta a sus discípulos: “¿Qué dicen los judíos del Hijo del Hombre?” y ellos le responden: “Unos dicen que es  Juan el Bautista; otros Elías y, otros más, Jeremías, o uno de los profetas.” (Mateo, 16:13-14 y Marcos, 8:27-28).

Los judíos, y con ellos los discípulos, creían entonces en la posibilidad del renacimiento del alma en otros cuerpos humanos.
Los Evangelios, normalmente ricos en metáforas, son de una nitidez notable sobre esta cuestión.

El Cristianismo primitivo estaba enteramente impregnado de esa doctrina de las vidas sucesivas, que fue también la de Platón y la de la Escuela de Alejandría.

Todas las corrientes del pensamiento oriental coincidían y transmitían, a la nueva religión, una vida joven y ardiente. Los más ilustres de entre los cristianos, bebían en esas fuentes los elementos de su ciencia y de su genio.

En cuanto a la moral, ésta solo puede beneficiarse con la doctrina de las vidas sucesivas.
La convicción de que el hombre es el constructor de sus propios destinos, de que todo cuanto le ocurre, bueno o malo, recae sobre él, en sombras o luces, estimula su andadura ascensional y lo obliga a velar, escrupulosamente, por sus actos.

Siendo cada una de nuestras existencias, buenas o malas, la consecuencia rigurosa de las que la han precedido y la preparación de las que le siguen, veremos en los males de la vida el correctivo necesario de nuestros errores pasados y evitaremos recaer en ellos.

Tal correctivo será mucho más eficaz que el temor a los suplicios infernales, en los cuales ya nadie cree, ni siquiera aquellos que hablan de ellos con una seguridad más fantástica que real.

Con el principio de las reencarnaciones, todo se aclara; todos los problemas se resuelven; el orden y la justicia aparecen en el Universo.

La vida toma un carácter más noble, más elevado; se convierte en una conquista gradual y, por nuestros esfuerzos y con el concurso de lo Alto, se adquiere un futuro siempre mejor.

El hombre siente aumentar su fe, su confianza en Dios y, de esa concepción ampliada, la vida social recibe profundas repercusiones. La reencarnación no es una sanción, porque deja al hombre libre.”

Dios no se desinteresa de nuestros males. Él vela por la humanidad sufriente como un padre médico por su hijo enfermo, dosificando sus medicamentos, de forma a conseguir de sus sufrimientos un estado de vida más saludable y mejor.

La Humanidad, ya lo hemos dicho, está compuesta, en su gran mayoría, por las mismas almas que retornan por varias vidas, prosiguiendo en su progreso, en su perfeccionamiento individual, contribuyendo al progreso general.

Renacen en el ambiente terrestre hasta que hayan conseguido las cualidades morales necesarias para subir más alto.

En su evolución, a través de los siglos, la Humanidad ha sufrido crisis que marcan las etapas de su evolución. Actualmente, ella está apenas saliendo de su capullo, de su ganga impura y grosera, para despertar rumbo a una vida superior. Nuestra civilización es toda superficial y oculta un fondo considerable de atraso.

Es necesario todavía el crisol del sufrimiento para que el orgullo feroz de unos, la apatía, la indiferencia y el sensualismo de otros se atenúen, se deshagan y desaparezcan. En una palabra, son necesarias duras lecciones para despertar a nuestro mundo material atrasado.

Para comprender lo que sucede en nuestro entorno es preciso por tanto reunir en un mismo concepto la ley de evolución y de las responsabilidades o de la consecuencia de los actos, que recaen, a través de los tiempos, sobre los que los han practicado.

La ignorancia de estas leyes, de los deberes y de las sanciones que ellas determinan, es la razón de los males y de los sufrimientos del momento actual. Si la Iglesia las hubiese enseñado, no veríamos, ciertamente, abrirse bajo nuestros pies un tal abismo de males.

Esos principios ella los ha conocido otrora y su doctrina extrajo de ellos un brillo y un provecho incomparables; no obstante, en los tiempos bárbaros, ha preferido los espantajos infantiles, inventados para impresionar a un mundo ignorante.

Ahora, frente a los grandes problemas que se levantan, ella permanece vacilante, confundida, impotente para atender a las lamentaciones y a las recriminaciones que se elevan por todas partes; para disipar las dudas que despiertan, en muchos espíritus, la injusticia aparente de la suerte y la crueldad del destino. Un claro rayo de sol brilla sobre las ruinas amontonadas y una nueva era comienza para la Humanidad.

Las ciencias psíquicas adquieren una extensión considerable y aportan elementos de renovación para todos los dominios del pensamiento y del arte. La propia religión deberá tener en cuenta las pruebas de la supervivencia.

Grandes cosas sucederán, dicen los Espíritus. Almas valerosas se reencarnarán entre nosotros para dar un vigoroso impulso al progreso general.
La conciencia humana se desprenderá de las estrechuras del materialismo y la filosofía se espiritualizará.

La incredulidad, que constituye el fondo del carácter francés, incluso en la mayor parte de los católicos, que solo actúan por la costumbre y por la rutina, se transformará, poco a poco, en una fe esclarecida, basada en la razón y en los hechos.

La vida social se transformará con la educación, y la moral ejercerá sus derechos.

No hay duda de que estaremos aún lejos de la perfección, pero, por lo menos, se habrá dado un paso considerable en la vía del progreso, acercándonos a la unidad de visión a través de una comprensión más alta y más clara de la idea de Dios y de las leyes universales de Justicia y Armonía.

La Tierra es el verdadero purgatorio, el infierno temporal.

El sufrimiento de las almas, en la vida del Espacio, solo puede ser moral. Éste resulta, dicen los espíritus, de la acción de la conciencia, que se revela imperiosa, hasta entre las almas más atrasadas. El espíritu sufre, principalmente, por el recuerdo de sus existencias pasadas.

En medio de tantas oscuridades acumuladas por la Iglesia, no es extraño que la pobre Humanidad haya perdido su rumbo, y vaya errante, sin brújula, a merced de las tempestades de la pasión, de la duda y de la desesperación.
Ojalá que el Espiritismo venga a aclarar, para todos, el camino de la vida. Con él ya no hay afirmaciones sin pruebas y, por consiguiente, sin efecto posible sobre los materialistas.

El Espiritismo reposa sobre un conjunto de hechos y de testimonios que, aumentando siempre, garantizan su lugar en la Ciencia y le preparan un espléndido futuro. Todos los recientes descubrimientos de la Física y de la Química han confirmado sus experiencias.

El Espiritismo no nos revela tan solo las leyes profundas de ese mundo invisible al que pertenecemos, él nos muestra, por todas partes, el orden y la justicia en el Universo; establece las responsabilidades de la conciencia humana y la certidumbre de las divinas sanciones, cosas que exasperan a los ateos y perturban la calma de los gozadores.

El Espiritismo es, al mismo tiempo, una ciencia y una fe, es la religión que une al hombre con Dios, en Espíritu y Verdad.

Pese a sus manchas  y sus sombras, es grande y bella la historia de la Iglesia, con su larga serie de santos, de doctores y de mártires.

Ella fue, en los tiempos bárbaros, el asilo del pensamiento y de las artes y, durante siglos, la educadora del mundo. Todavía hoy, sus instituciones beneméritas cubren la Tierra.

Sus instituciones beneméritas cubren la Tierra. En cambio, la obra de la iglesia hubiera sido incomparablemente más bella, más eficiente, si hubiese enseñado siempre la Verdad en su plenitud, si hubiese hecho la luz completa sobre el destino humano, si hubiese mostrado a todos el objetivo noble y elevado, aunque lejano, de nuestras existencias.

Se concluye que ha secado, para ellas, la fuente de donde manan abundantemente las fuerzas, los socorros y las inspiraciones de lo Alto. El influjo divino ya no viene a fecundar el espíritu del Catolicismo; la incredulidad y el ateísmo lo han sumergido todo.

Trabajo de Merchita extraído del Libro de León Denis EL ESPIRITISMO Y EL CLERO CATÓLICO

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CRECIENDO PARA DIOS

Para transformar en un legitimo elemento de auxilio a los Espíritus sufridores, encarnados o no, no es imprescindible comprender la perversidad como locura, la rebeldía como ignorancia  y el desespero como enfermedad.

La ceguera del Espíritu es fruto de la espesa ignorancia en manifestaciones primarias  o de la obnubilación  de la razón en los estados de envilecimiento del ser.

El verbo gastado en el servicio del bien es cimiento divino  para realizaciones inmortales. Conversar, sirviendo a nuestros semejantes de modo sustancial, aumentará nuestro lucro. Después de la muerte, lo que hay de más sorprendente es el encuentro  de la vida. El organismo periespiritual que condiciona al espíritu en materia más suave y más plástica, después del sepulcro, es fruto igualmente del proceso evolutivo. Como hijos de Dios  y herederos de los siglos, conquistamos  valores, de experiencia en experiencia, de milenio a milenio. No hay favoritismos  en el templo Universal de Dios, y todas las fuerzas de la Creación se perfeccionan en el infinito. Somos creación del Autor Divino y debemos perfeccionarnos integralmente.  Dios estableció como ley Universal  que sea la perfección, obra del cooperativismo entre El y nosotros, sus hijos.

Desde la ameba  en la fría agua del mar, hasta el hombre, venimos luchando, aprendiendo y seleccionando  invariablemente. Las páginas de   la sabiduría hinduista son escritos  de ayer  y la Buena Nueva de Jesucristo  es materia de hoy, comparados a los milenios vividos por nosotros, en la jornada progresiva.

El hombre posee un cerebro que se divide en tres regiones  distintas. En la primera, están los impulsos automáticos, simbolizando el sumario vivo de los servicios  realizados; en la segunda situamos  las conquistas actuales, donde se yerguen y se consolidan las cualidades nobles  que se edifican; la tercera está las nociones superiores, indicando las culminaciones que tiene  que alcanzar. En la primera mora el habito  y el automatismo, en la segunda el esfuerzo y la voluntad y en la última demoran el ideal y la meta superior a ser alcanzada.

Estos departamentos son, el subconsciente el consciente  y el súper consciente. Como vemos, poseemos en nosotros mismos, el pasado, el presente y el futuro. Todo el campo nervioso de la criatura constituye  la representación  de las potencias periespirituales, lentamente conquistadas  por el ser, a través de milenios y milenios.

El cerebro es el órgano sagrado de manifestación de la mente, en tránsito de la animalidad primitiva hacia la espiritualidad humana.

El hombre actual representa la humanidad  victoriosa, emergiendo de la bestialidad primaria.

El hombre en su estado actual no tiene la suficiente luz para descender con provecho a todos los ángulos del abismo de los orígenes, tal facultad  la adquirirá  más tarde, cuando su alma esté limpia de todo resquicio de sombra. No hay total olvido  en la Corteza Terrestre, ni restauración inmediata  de la memoria  en las zonas de la existencia, que siguen , naturales, al campo de la actividad física, todos los hombres conservan tendencias  y facultades  que casi equivalen a efectivo recuerdo del pasado; y no todos, al atravesar el sepulcro, pueden readquirir , repentinamente, el patrimonio  de sus reminiscencias.  Quien se materializa, en el campo, de la materia densa, no puede volver  a encender, de pronto, la luz de la memoria.

Interpretando de una manera simple las tres regiones  de vida cerebral 

Nervios, zona motora y lóbulos frontales, en el cuerpo carnal, traduciendo impulsividad, experiencia y nociones superiores del alma, constituyen campos de fijación de la mente encarnada  o desencarnada. La demora excesiva en uno de esos planos, con las acciones que le son consecuentes, determina el destino del cosmos individual. La criatura estacionada en la región  de los impulsos se pierde en un laberinto de causas y efectos, desperdiciando tiempo y energía; quien se entrega de modo absoluto, al esfuerzo maquinal, sin consultar el pasado y sin organización de bases para el futuro, mecaniza la existencia, destituyéndola de luz edificante. Para que la mente prosiga en dirección de lo alto, es necesario que se equilibre, valiéndose de las conquistas pasadas, para orientar los servicios presentes, y amparándose, al mismo tiempo, en la esperanza que fluye, cristalina y bella, de la fuente superior de idealismo elevado; a través de esa fuente ella puede captar del plano divino las energías restauradoras, construyendo así el futuro edificante.

Jesús nos recomendó el amor a los enemigos y la oración por los que nos persiguen y calumnian. Llegará el día, en que el amor, la fraternidad y la comprensión, definiendo estados del espíritu serán tan importantes para la mente encarnada como el pan, el agua, el remedio; es cuestión de tiempo. Aunque a veces parezca lo contrario, la mente humana de manera general, asciende para el conocimiento superior, a pesar que, a veces, parezca lo contrario.

Trabajo realizado por Merchita

Extraído del libro “En un Mundo Mayor” de Francisco Cándido Xavier

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lunes, 13 de octubre de 2014

Mediumnidad y Espiritismo no son lo mismo

¿ La Mediumnidad es una invención del Espiritismo?.-

     Admitir esta tesis sería algo así como creer que la gasolina la inventaron los motores.
Las comunicaciones de ultratumba son tan antiguas como el Ser humano, mientras que el Espiritismo nació a mediados del siglo XVIII , concretamente el 18 de abril de 1.857 con la publicación del Libro de los Espíritus, de manos de un prestigioso investigador y pedagogo francés llamado Hipolite Leon Denizard Rivail, mas conocido por su pseudónimo como Allán Kardec.
     Gracias a la observación y estudio de este maestro y científico lionés, el fenómeno mediúmnico fue objeto de perseverantes estudios bajo el más aunténtico prisma científico, analítico e imparcial, deduciendo finalmente por ellos consecuencias filosóficas y morales profundas. Mientras que para la mayoría estas comunicaciones y manifestaciones populares en los salones parisinos de la época, no pasaron de ser un mero pasatiempo, para Kardec fueron objeto de un serio y largo estudio, deduciendo mas tarde de ellos unos principios o leyes naturales que establecían el lazo de unión entre los dos planos: físico y espiritual.. Estudiando los datos mediúmnicos en todos sus aspectos, dedujo la existencia del espíritu y su posible comunicabilidad a través de personas sensitivas cual son los médiums.
     La mediumnidad por tanto, en absoluto fue inventada o es producto del Espiritismo. Este solamente se sirvió de ella como instrumento de experimentación y estudio.
     Las mediumnidades, como ya se ha dicho, son facultades psíquicas naturales tan antiguas como el alma, que han existido siempre, mientras que el Espiritismo es una filosofía con unas derivaciones morales, que está apoyada en los fenómenos de la Mediumnidad como Ciencia de observación..
     A lo largo de la Historia y desde los mas remotos albores de la misma , muchísimo antes de existir el Espiritismo como lo que es: Ciencia, Filosofía y Moral, en todas las civilizaciones, culturas y épocas, siempre quedó alguna constancia de la mediumnidad, pues siempre hubieron brujos, chamanes o sibilas que mantenían una relación mas o menos compleja con el otro lado de la Vida. Por ejemplo, podemos considerar como los discípulos de Jesús-Cristo, en su reunión en Pentecostés, se transformaron en emisarios del Señor después de la muerte del mismo, produciendo fenómenos físicos en gran cantidad, tal como señales luminosas, voces directas, xenoglosia, por la que las enseñanzas evangélicas fueron dadas en varias lenguas para los israelitas y demás gentes de diversas procedencias. Esto era mediumnidad, aunque entonces se le llamara con otros nombres, como milagros, y aún tuvieron que pasar algunos siglos para que el Espiritismo apareciese en la Tierra.

- Jose Luis Martín-

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Venid y vamos al vidente, porque aquel que hoy se llama profeta, se llamaba entonces vidente”
- La Bíblia- (Samuel 9-9)

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MUJER ESPIRITA

El valor de las mujeres a lo largo de la historia es de gran naturaleza. Aunque en un principio era infravalorada, en nuestros tiempos actuales, las mujeres tienen fuerzas que asombran a los hombres. Ellas cargan niños, penas y cosas pesadas, sin embargo, tienen espacio para la felicidad, el amor y la alegría. Ellas sonríen cuando quieren gritar, cantan cuando quieren llorar, lloran cuando están contentas y ríen cuando están nerviosas.
Muchas virtudes han sido relacionadas a la bella experiencia de ser mujer; entre ellas, la ternura, la dedicación, su sensibilidad, la bondad y una de los más grandes regalos que puede dar Dios, la oportunidad de generar una nueva vida que es la bendición de contribuir a la providencia divina en la creación.
Sin duda también hemos visto que estas grandes virtudes que tenia la mujer, en algunas ha sido relegada por nuevos intereses como el trabajo, el consumismo, el sensualismo, orgullo y egoísmo; y por esto el concepto también de la mujer toma nuevas conceptos, propios de las experiencias y tiempo que la humanidad vive por estos días ; pero a pesar de esto aun se puede ver que algunas o muchas mujeres siguen siendo ejemplo de una belleza inigualable no solo la belleza física, sino la belleza espiritual o del alma, la que siempre la hará brillar en donde este.

Y que podemos decir de la mujer espirita, que tiene aun más responsabilidad de acercarse a esas virtudes y a la espiritualidad superior. La mujer espirita debe ser aun mas ejemplo de bondad, la mujer espirita es aun mas cercana a la verdadera felicidad y brinda alegría por donde quiera que este, y esa sensibilidad de la cual ha sido beneficiada permite una ayuda a los necesitados que va mas allá de la ayuda material porque su bondad permite la sintonía a la ayuda espiritual y moral de los mas necesitados.

“A la mujer espiritista cabe la misión maternal de divulgar la doctrina como si la humanidad naciera en sus entrañas y ella tuviera que conducir todos los seres humanos al abrigo  de Jesucristo, el buen pastor. A la mujer espiritista cabe el honor de dignificar la mujer que se hizo de objeto sexual y se olvida de la maternidad triunfante para dejarse consumirse con el aborto trágico y funesto, con los desvaríos del sexo desequilibrado buscando negociar la vida por el momento de ilusión, a vosotras como a todos los seres humanos consientes de la verdad cumple luchar el establecimiento de la gran transición regenerativa facultando al ser que piensa su encuentro con Dios”.
Sigamos fortaleciendo esas virtudes que nos ha dado la providencia divina para seguir siendo ejemplo de dulzura, ternura y alegría, sigamos esparciendo por donde quiera que estemos, el llamado toque femenino de amor y alegría, que muchas veces ha llegado a estar ausente y que varias personas necesitan, para seguir siendo herramientas de bondad y luz divulgando el espiritismo a las personas que tanto necesitan del amor y dulzura propias de ser mujer.

(Mensaje recibido por Divaldo P. Franco, dictado por Amalia Domingo Soler, en la clausura de la 3ª Reunión CEI Sudamérica, Lima-Perú, 11 de octubre de 2008.)

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REALIZACIÓN DE LAS PRÁCTICAS MEDIUMNICAS EN EL HOGAR


Lo que realmente atrae a los buenos espíritus es la conducta moral y la armonía psíquica de las personas, independientemente de los lugares donde se practiquen las sesiones mediúmnicas. . Sin embargo, no es muy  conveniente realizar trabajos mediúmnicos en hogares familiares que resultan, en cambio, propicios para las reuniones de estudio y practica del evangelio o doctrinarios espiritas, y para intercambio con los espíritus benefactores y esclarecidos. Las vibraciones de la oración y los temas sublimes del evangelio de Jesucristo son balsámicos y reconfortantes, beneficiando a los desencarnados afligidos y perturbados, que comparecen bajo el control de entidades superiores.

 Respaldados por los temas evangélicos, los trabajaos mediúmnicos que se realizan en los hogares, son del gusto de los buenos espíritus que contribuyen con su influencia a la armonía y entendimiento cristiano de sus moradores. Los miasmas psíquicos que penetran durante el día en el hogar, atraídos por los disturbios familiares, se desintegran bajo el impacto poderoso de la oración y la fuerza crística que se desprende del culto a las enseñanzas de Jesucristo.

Las sesiones espiritas en el hogar doméstico, siempre que se orienten según la palabra del Sublime Maestro resultan extraordinarios recursos de adoctrinación espiritual para los espíritus infelices y perturbados, aunque no puedan “hablar” a través del médium.

Estos trabajos benefician enormemente a los desencarnados parientes de la familia donde se hacen las sesiones, ya que no hay mejor ambiente para ellos, que la morada física  que tuvieron antes de desencarnar.  No siempre es conveniente promover el desarrollo de los médiums, el tratamiento de los obsesos y el intercambio con los grupos de entidades equivocadas o vengativas. Los niños principalmente, son los más sensibles a los fluidos mórbidos, deletéreos o agresivos que los espíritus sufrientes y perturbados diseminan en el ambiente doméstico, después  del intercambio mediúmnico.

Esos niños se vuelven apáticos, impertinentes o temerosos, pues su periespiritu, bastante alejado del cuerpo físico, sufre con gran violencia los impactos mórbidos del mundo astral. Por supuesto que también los niños tienen protectores espirituales que los vigilan desde el Más Allá de día y de noche. A pesar de esto, no es conveniente, sobrecargar el trabajo de vigilancia de los guías ante la necesidad de tener que contrarrestar el efecto nocivo de los fluidos repulsivos o enfermos de los espíritus perturbados sobre el niño. Las postraciones, los aflojamientos musculares y las perturbaciones  hepáticas, muy comunes en los niños, no siempre se deben a los fluidos nocivos de los encarnados. Muchas veces obedecen  a la absorción del fluido pernicioso que perdura en el ambiente doméstico después de una sesión agitada y mórbida, durante la cual se comunicaron almas sufrientes desatinadas o rebeldes. A pesar del esfuerzo abnegado  de los guías por disolver a tiempo los coágulos fluidicos que  a veces permanecen a la altura del cerebelo, de la región cardiaca o de la hepato-intestinal de los niños, la índole sutil de las vibraciones, les impide ejercer una eficaz acción directa. Entonces recurren a la intuición, aconsejando a los encarnados que utilicen los pases “corta fluidos” que los entendidos conocen.
Después de la sesión mediúmnica de adoctrinamiento a los espíritus sufrientes o rebeldes, los fluidos mórbidos quedan flotando en el aire por algún tiempo, hasta ser disueltos por la presencia  física de la misma familia o por los espíritus guías y amigos del otro lado. Tan importante es el higienizar, previamente el lugar donde actuaran los espíritus superiores, también es importante, higienizar el lugar donde se ha mantenido el trabajo angustioso de contacto con espíritus de baja vibración para que los fluidos y miasmas residuales no enfermen a los moradores del hogar.

Así como el amor, la ternura, la humildad y la pureza, emiten ondas y fluidos que embalsaman el ambiente, y alivian y curan a los individuos, el odio, la ira, el sufrimiento y la desesperación, lanzan dardos que mortifican y abaten  a quienes son vulnerables en sus defensas magnéticas.  Después de lo trabajos  evangélicos en el hogar, se crea un ambiente saturado de emanaciones balsámicas que alimentan  los buenos propósitos y las ideas afines de sus moradores. Por el contrario, después de la comunicación con espíritus sufrientes p rebeldes, quedan en el ambiente los residuos fluidicos de las deletéreas y mórbidas explosiones desatadas durante dicho intercambio mediúmnico.

Los hogares donde no hay verdadera armonía espiritual, son los menos adecuados para sesiones mediúmnicas de intercambio con espíritus sufrientes, puesto que resulta  más difícil disolver los malos  fluidos que están dispersos en el ambiente al igual que no invitamos a nuestra casa a los malhechores y a la gente de mal vivir, tampoco conviene  atraer al propio hogar a entidades malhechoras, vengativas o capciosas para su adoctrinamiento.

Esto no quiere decir que el adoctrinamiento a los espíritus perturbados solo sea realizado en los centros, si Francisco de Asís  realizara sesiones espiritas en su casa  las advertencias no serian para el. Allan Kardec realizó innumerables sesiones mediúmnicas en su residencia, sin jamás haber  sufrido influencias indignas, o trastornos en su equilibrada personalidad. La conducta, el sentimiento y la franqueza de las acciones de Kardec imponían respeto y temor  a los verdaderos genios de la sombras; pero tales defensas morales son poco frecuentes en los miembros de las familias comunes.

Esta advertencia de nada sirve en el caso de los hogares donde habitan obsesos o médium perturbados, puesto que existe un permanente desequilibrio provocado por la presencia constante  de almas infelices o vengativas.

Hay trabajos  domésticos donde se consiguen la conversión de espíritus terriblemente enfermos; pero se trata de sesiones en las que sus miembros son asistidos de modo permanente y poderoso, desde lo Alto, por espíritus  superiores que los inmunizan contra los ataques del astral inferior y el toxico de los fluidos enfermizos.

Los médiums bien desarrollados y preparados para cumplir determinados trabajos propuestos por lo Alto, no deben empañar su cometido prestándose  a los intereses exclusivos  de alguna familia  determinada, que los explota como si fueran rica veta de oro.

Algunos médiums imprudentes son serviciales y acuden solícitos a participar de las sesiones realizadas en la casa del famoso académico, del político prestigioso, o del militar de alta graduación, agotándose en el esfuerzo por demostrar la supervivencia del alma ante una audiencia escéptica y maliciosa que lo pone a prueba con burlas y dudas.

Estos médiums, lamentablemente, se dejan dominar por un complejo mesiánico,  y desperdician sus energías en el afán por convencer de que el  espíritu es inmortal,  a los amantes del mundo del Cesar e indiferentes al reino de Cristo, restando, en cambio su concurso, a las tareas de esclarecimiento espiritual a los hermanos más modestos. Son capaces de hacer frente a todos los impedimentos para atender a las indagaciones particulares  y capciosas de los ricos curiosos, y cuando la ocasión lo permite  y les favorece la tarea para ir a ayudar y esclarecer a los pobres y modestos con pretextos y excusas desdeñan hacerlo.

  El médium que realmente se dedica a los objetivos fundamentales de la doctrina espirita, no debe distinguir en la ayuda espiritual, al soldado del general, al pobre del rico, al analfabeto del sabio, la prostituta de la dama de la sociedad, al delincuente del buen ciudadano.

El trabajo mediúmnico en el hogar puede transformarse en una etapa de progreso espiritual para la propia familia, además de un recursos doctrinario bastante eficiente para los parientes  desencarnados. Más el servicio con Cristo  exige al médium, su acción provechosa en el mundo profano, cooperando con el medicamento,  el pase, el agua fluidificada y el bienestar espiritual, a la elevación  de las personas que realmente buscan la paz espiritual y el conocimiento de sí mismas.

 La relaciones con los Espíritu inferiores exigen cierta seguridad de ideas, tacto, y firmeza. Todos los  hombres no son aptos para obtener de estas relaciones los buenos efectos que son de esperar. Hay que poseer una verdadera superioridad moral para dominar a estos espíritus, reprimir sus desvíos y dirigirles por el buen camino. Esta superioridad solo se adquiere con una vida exenta de pasiones materiales. En este caso, los fluidos purificados del evocador dominan cómodamente a los fluidos  de los Espíritus atrasados.

El estudio de los fenómenos espiritas y las  realizaciones con el mundo invisible presentan  muchas dificultades, y a veces hasta peligros, para el hombre ignorante y frívolo que se preocupa  poco de la parte moral de la cuestión. El que penetra bruscamente  en el contacto con lo invisible, sin conocimientos, y se entrega sin precaución a las manifestaciones, se encuentra desde el principio en contacto con millares de seres y sin ningún medio de comprobar sus acciones y sus palabras.

Por eso el estudio de la codificación Espirita y el fiel  cumplimientos de los requisitos que requiere una sesión mediúmnica y que se especifica muy claro en el libro de los médiums permitirá a los médiums un ejercicio fructífero para auxilio de las almas que necesitan ayuda y esclarecimiento en ambos lados de la vida.

 - Merchita-
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