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lunes, 28 de septiembre de 2015

ESPIRITU

Un Espíritu en el entierro de su cuerpo



Estado del alma en el momento de la muerte


Los Espíritus siempre nos han dicho que la separación entre el alma y el cuerpo no se efectúa instantáneamente; algunas veces comienza antes de la muerte real, durante la agonía; cuando la última pulsación se hace sentir, el desprendimiento todavía no es completo; se opera más o menos lentamente según las circunstancias, y hasta su total liberación el alma siente una turbación, una confusión que no le permite darse cuenta de su situación; se encuentra en el estado de una persona que se despierta y cuyas ideas son confusas. 

Este estado nada tiene de penoso para el hombre cuya conciencia es pura; sin entender bien lo que ve, está calmo y espera sin miedo el completo despertar; al contrario, es lleno de angustias y de terror para aquel que teme el futuro. Decimos que la duración de esa turbación es variable; es mucho menos larga en aquellos que, cuando encarnados, ya han elevado sus pensamientos y purificado su alma; dos o tres días le son suficientes, mientras que en otros es preciso a veces ocho días o más. Frecuentemente hemos asistido a ese momento solemne y siempre hemos visto lo mismo; por lo tanto, no es una teoría, sino el resultado de observaciones, ya que es el Espíritu quien habla y quien describe su propia situación. He aquí un ejemplo tanto más característico como interesante para el observador, puesto que no se trata más de un Espíritu invisible escribiendo a través de un médium, sino de un Espíritu que es visto y escuchado en presencia de su cuerpo, ya sea en la cámara mortuoria o en la iglesia durante el servicio fúnebre. 

El Sr. X... acababa de tener un ataque de apoplejía; algunas horas después de su muerte, el Sr. Adrien – uno de sus amigos – se encontraba en la cámara mortuoria con la esposa del difunto; vio nítidamente a éste, en Espíritu, pasearse de un lado a otro, mirar alternativamente a su cuerpo y a las personas presentes, y después sentarse en un sillón; tenía exactamente la misma apariencia que cuando encarnado; estaba vestido de la misma manera: redingote y pantalón negros; tenía las manos en los bolsillos y un aire de preocupación. 
Durante ese tiempo su mujer buscaba un papel en el escritorio; su marido la observó y dijo: Por más que busques no encontrarás nada. De ningún modo ella sospechaba de lo que ocurría, porque el Sr. X... solamente era visible para el Sr. Adrien. 

Al día siguiente, durante el servicio fúnebre el Sr. Adrien vio nuevamente a su amigo, en Espíritu, rondando el ataúd, pero no tenía más la vestimenta de la víspera; estaba cubierto con una especie de ropaje. Entre ellos se entabló la siguiente conversación. De paso, señalemos que de manera alguna el Sr. Adrien es sonámbulo; que en ese momento, como en el día anterior, estaba perfectamente despierto y que el Espíritu se le aparecía como si hubiera sido uno de los asistentes al entierro. 

– Preg. Dime una cosa, querido Espíritu, ¿qué sientes ahora? – Resp. Bien y sufrimiento. 

– Preg. No te he entendido. – Resp. Siento que estoy viviendo mi verdadera vida, y entretanto veo a mi cuerpo aquí, en este cajón; me palpo y no me siento, y sin embargo siento que vivo, que existo; ¿soy entonces dos seres? ¡Ah! Dejadme salir de esta noche; es una pesadilla. 

– Preg. ¿Has de permanecer por mucho tiempo así? – Resp. ¡Oh! No, gracias a Dios, amigo mío; siento que pronto me despertaré; sería horrible de otro modo; tengo las ideas confusas; todo es nebuloso; pienso en la gran división que acaba de hacerse... Todavía no comprendo nada. 

– Preg. ¿Qué efecto te produjo la muerte? – Resp. ¿La muerte? No estoy muerto, hijo mío, estás equivocado. Yo me levantaba y de repente fui sorprendido como por una nebulosidad que descendió sobre mis ojos; después me desperté, e imagínate mi extrañeza al verme, al sentirme vivo y al ver al lado, sobre la losa, a mi otro yo acostado. Mis ideas estaban confusas; anduve para restablecerme, pero no pude; vi a mi esposa llegar, velarme, lamentarse y yo me preguntaba el porqué. Yo la consolaba, le hablaba, pero ella no me respondía ni me comprendía; era esto lo que me torturaba y lo que dejaba a mi Espíritu más perturbado. Sólo tú me has hecho bien, porque me has escuchado y comprendido lo que quiero; tú me ayudas a ordenar mis ideas y me haces un gran bien; pero ¿por qué los otros no hacen lo mismo? He aquí lo que me tortura... El cerebro está oprimido ante este dolor... Iré a verla; quizás ahora me escuche... Hasta luego, querido amigo; llámame e iré a verte... Igualmente te haré una visita, amigo... He de sorprenderte... hasta luego. 

Enseguida el Sr. Adrien lo vio acercarse a su hijo que lloraba: se inclinó ante él, permaneció un momento en esta posición y partió rápidamente. Él no había sido escuchado, y sin duda pensaba haber producido un sonido; estoy persuadido – agrega el Sr. Adrien – que aquello que él decía llegaba al corazón del niño; os probaré esto. Lo he visto después: está más calmo. 

Nota – Este relato está de acuerdo con todo lo que ya habíamos observado sobre el fenómeno de la separación del alma; con circunstancias totalmente especiales confirma esa verdad de que después de la muerte el Espíritu aún está allí presente. No cree tener delante de sí un cuerpo inerte, mientras que ve y escucha todo lo que sucede a su alrededor, penetra el pensamiento de los asistentes, y entre éstos y él no hay sino la diferencia entre la visibilidad y la invisibilidad; las lágrimas hipócritas de ávidos herederos no pueden infundirle respeto. ¡Cuántas decepciones deben los Espíritus sentir en ese momento!

Allan Kardec - Diciembre de 1858
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ESPÍRITU

De latín spiritus, compuesto de spirare: soplar. En el sentido especial de la Doctrina Espírita, los Espíritus son los seres inteligentes de la Creación, que pueblan el Universo fuera del mundo corporal.
La naturaleza íntima de los Espíritus nos es desconocida; ellos mismos no pueden definirla, ya sea por ignorancia o por insuficiencia de nuestro lenguaje.
En este aspecto, somos como los ciegos de nacimiento con relación a la luz.
Según lo que los Espíritus nos dicen, el Espíritu no es material en el sentido vulgar de la palabra; pero tampoco es inmaterial en el sentido absoluto, porque el Espíritu es algo y la inmaterialidad absoluta sería la nada. Por lo tanto, el Espíritu está formado de una sustancia, de la cual la materia grosera que impresiona nuestros sentidos no puede darnos una idea.
Se puede comparar al Espíritu con una llama o chispa, cuyo brillo varía según el grado de su depuración. Por intermedio del periespíritu que lo envuelve, el Espíritu puede adoptar todo tipo de formas.
Tomado del libro Vocabulario Espírita
Adaptación Oswaldo E. Porras Dorta
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La ciencia medica cada dia se esta acercando mas a la ciencia espirita, gracias a los estudios que se estan llevando a cabo sobre las células humanas.

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                   El deber
El deber anda bastante olvidado. Se habla mucho de derechos y poco de deberes.
El empleado busca trabajo y antes de nada, va enumerando todos sus derechos. Es justo que los conozca y los exija. Pero, ¿qué hace y cómo hace la tarea que le ha sido confiada?
Es común ver dependientes sin ganas de atender bien al cliente. No hay ningún movimiento en la tienda, pero si entra el posible comprador y pregunta el valor de una mercadería, la respuesta que recibe es: "el precio está en la etiqueta."
¿Y qué decir de los que deterioran y desperdician el material de trabajo? Aspiradora, cepillos, escobas todo utilizado sin cuidado.
Al fin de cuentas, cuando se rompan, el patrón tendrá que arreglarlos o reemplazarlos.
En oficinas públicas, bancos y escritorios es común verificar la exageración en el consumo de papel, clips, grapas.
Cómo si no fuera deber del empleado cuidar las cosas que pertenecen a la empresa.
¿Y qué decir del horario? ¿Cuántos minutos se desperdician en chismes, en tomar café y más café durante la jornada de labor?
Naturalmente el servicio no cunde. Ah, pero si hubiera la necesidad de prolongar las horas de trabajo, en seguida se hablará en remuneración extraordinaria.
Deber es la alegría del cumplimiento integral de lo que compite a la criatura.
Si todos tienen derecho a reposar, a ganar un sueldo justo, al intervalo para la comida, es de buen grado no olvidarse que todos tienen el deber de ejecutar correctamente la labor para la que han sido contratados.
La raíz del problema está en el hogar. Desde temprana edad el niño aprende que tiene derechos.
Pocos padres enseñan y pasan a sus hijos la lección del deber.
El niño tiene derecho al amor, a la protección, a la alimentación al estudio. Pero tienen el deber del respeto y de la cooperación.
Es común encontrar madres sobrecargadas de ocupaciones, mientras los hijos adolescentes descansan bien tranquilos delante de la tele o en el bar de la esquina, hablando cosas sin importancia con los amigos.
Tan tranquilos y descansados están, que tienen fuerzas redobladas para exigir que la comida esté en el horario correspondiente, que la ropa esté planchada, y aun exigen dinero para sus recreaciones.
Las madres hacen todo, con la disculpa de que ellos "están en la edad del egoísmo." Y se convierten en esclavas en su propio hogar.
Derechos sí. Deberes también .
El niño desde pequeño debe cumplir los deberes. Guardar sus juguetes, comprar el pan en el almacén del barrio. Realizar pequeñas tareas en casa.
Quien aprende a temprana edad las lecciones del deber, tempranamente se convertirá en un ciudadano que cumple las leyes con celo. Correcto siempre.
Deber. Palabra de orden para que nuestro mundo se transforme en una inmensa y operativa colmena, donde cada uno ejecuta con ardor y alegría la parte que le toca.
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Cumple con el deber que te cabe, con el alma en oración. Si nadie te nota en la tierra, recuerda que Jesús es hasta hoy el gran servidor anónimo, que nos enseña que la mayor honra de la vida es el privilegio de ayudar y seguir adelante, sirviendo siempre y sin cansancio.
Redacción del Momento Espírita
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LOS INSTINTOS

Los instintos se manifiestan en tendencias primitivas y específicas,  con el  fin es la conservación y protección inmediata del individuo y de la especie.
Los movimientos defensivos instintivos, aparecen desde la primera edad, desde el  nacimiento, cuando en el individuo no podemos todavía apreciar conciencia.
El lloro de los infantes, no es más que la demostración de su instinto de conservación, llamando a sus padres o a quien los oiga. También pidiendo alimentación.
Los movimientos denominados instintivos, son considerados que se realizan en forma inconciente y tienen su origen en nuestra conciencia; residencia de nuestro “Yo inteligente”, de acuerdo a un fin, sin duda inteligente.
Cada ser de la naturaleza, tiene sus propios instintos, pero el hombre tiene todos los instintos de los seres inferiores a él.
 El hombre tiene en sí todos los instintos de los tres reinos, por lo cual su evolución es más lenta;  porque  representa la evolución de todas las cosas.
Por lo tanto, si en el hombre están todos los instintos, de todo lo que alienta, que anda, que vuela o se arrastra, ¿puedes figurarte el trabajo que pasará, para dominar los distintos instintos que yacen en ese archivo, llamado conciencia?
Sólo cuando un instinto es saciado, se deja dominar o corregir.
Antes de saciarse, ni siquiera la pena de muerte creada, logra desaparecer a  estos.
Todo esto confirma, que sólo la hartura y el saciamiento, permite la corrección de los mismos, y su conversión en virtudes.

TIPOS DE INSTINTOS

Conservación: Es originado por la ley de la conservación de la vida, el cual es un centinela constante de nuestra supervivencia corporal.
Como él, están incluidos además, la alimentación, la reproducción la conservación de la especie, la obtención de conocimientos, la  procreación, etc.
En este último de la procreación, es necesario recalcar  que como ser humano, el hombre no es el más fuerte físicamente; además se puede asegurar que es sus órganos, son de lo más pobres y débiles de todos los animales y sin embargo vemos como los animales tienen épocas de celo, solo en partes del año, mientras que él, las siente en todos los instantes del año, sin necesidad del contacto visual.

 APARICIÓN DE LOS INSTINTOS

La aparición aproximada según nuestra opinión es:

1)             Conservación en forma emocional y ofensiva, como  el miedo y la astucia para burlar al enemigo.
2)             Combatividad: que es conservación en forma ofensiva con formas de cólera e impulsos destructores.
3)             Simpatía: bajo la emoción de ternura afectiva y tendiente a la imitación.
4)             Juego: tendencia a gastar energías y actividad sobrantes, en forma de ejercicios, aventuras de toda índole, placeres de azar, estéticos y belicosos.
5)             Curiosidad: atracción a estímulos exteriores, nos lleva al conocimiento de los fenómenos de la vida en general.
6)             Egoísmo: amor a si mismo.
7)             Amorosos y filogénios: tienden a la formación del amor por la familia.
8)             Locatividad: Por  el nace el deseo de la comodidad, de la sociedad y del hogar  .

Junto a todos estos, hay siempre en función otros instintos apoyadores o antagónicos,  los cuales debemos tomar en cuenta para realizar cualquier actividad

ORIGEN DE LOS INSTINTOS

Naturales: Son anteriores a cualquier experiencia individual. Parecieran demostrarse como un producto innato del organismo. Están dentro de la especie.
Adquiridos o modificados: Son como su nombre lo indica, los que en el transcurso de la vida, han comenzado en su acción, en la presente vida mediante la imitación y la necesidad

Tomado del libro: Filosofía Austera Racional, de Joaquín Trincado

 Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta

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domingo, 27 de septiembre de 2015

LIBRE ALBEDRIO



   
                     SABEDLO YA

"Sabedlo ya: Dios es tan misericordioso que nos ha salvado. El espíritu que habita dentro de vosotros y que os acompaña a lo largo de vuestro periplo por el mundo de la carne jamás sucumbe, jamás se extingue, pero la lucha que tenéis por delante es ardua. Nadie está condenado a nada, excepto al sufrimiento reformador surgido de sus propios actos. Todas las quejas que a cada momento claman al cielo intentando apartar los pesares de las pruebas diarias, no son sino soplos purificadores que el ser necesita para continuar con su ruta de ascenso por la montaña de la evolución. Podéis perderos en uno y mil debates, en maldecir el destino o la fatalidad, pero mientras no comprendáis la raíz de vuestros padecimientos, nada avanzaréis" 

Libro "Crimen y redención" Capítulo 2 Página 87 
José Manuel Fernández


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                                                                MIEDO A LA MUERTE
                             

  El miedo a la muerte debe ser razonado de cara a ese  invitable fenómeno biológico.
         Todo nace en la forma orgánica para transformarse molecularmente a través de la muerte.
         La muerte es, por tanto, una forma de desectructuración celular, que se encarga de alterar el conjunto material sin destruir la energía que lo sustenta.
                 Nada existe que no experimente alteración, y la inercia es solamente incapacidad de percibir el movimiento
             La vida es perenne, pues se encuentra en todo el Universo, originada en el Padre Creador, y jamás se extingue.
             La vida es el ser espiritual en diversos estados, evolucionando sin cesar, a partir de la vibración inicial hasta la angelitud superior.
           Por eso mismo, el ser real no es físico, sino que es el Espíritu quien lo modela,y mediante la disgregación de las moléculas se liberta de la clausura carnal, de la misma forma que, mediante la unión de las partículas, vuelve al cuerpo y recomienza la experiencia orgánica.
     
       Cuando se apega a las licencias del placer y a los impositivos de las pasiones más primarias, el Espíritu reencuentra en el cuerpo la liberación por la muerte.
                  El indivíduo hedonista* teme la idea de la muerte, sin darse cuenta de la degeneración material y de los complicados resultados perturbadores que se suceden. Supone que la vida se resume en el frágil y breve periodo de los sentidos físicos.
*(El hedonismo procura en el placer la finalidad de la vida) observación nuestra.
      Morir es liberación; abandono de la estructura pesada a fin de habitar libre en la dimensión eterna.            
          Atávicamente fascinado por el cuerpo, que palpita y siente, el ser humano por falta del hábito de meditar, de reflexionar, es desinformado al respecto de la sobrevivencia del alma,  sin los mitos ni las fantasías religiosas del pasado, viendo en la muerte el aniquilamiento, la cesación de la vida.
     Nadie muere, nada se destruye; todo experimenta transformaciones incesantes y el Espíritu prosigue viviendo cuando ocurre la desarticulación de la maquinaria física que comanda.
           Gracias a las comunicaciones mediúmnicas, confirmadas por Jesús redivivo, para demostrar la vida actuante después de la muerte, se disfruta de la certeza de la inmortalidad, lo que trabajando en favor de la constituye aliento y razón de alegría para todas las criaturas, que pasan a vivir en el cuerpo trabajando en favor de la libertad y de la ventura espiritual que más  adelante le vendrá.
      Confía, por tanto, en Dios, y condúcete con equilibrio en todos los momentos de la existencia terrena, a fin de que en el momento de la muerte, estés preparado para sobrevivir en plenitud.
        Si algún ser querido te antecedió en el viaje de retorno, cálmate y  espera.
            Él vive y te aguarda.
       
   Si estuvieses en silencio íntimo, háblate animándote para proseguir en paz en el desempeño de tus tareas hasta el instante de tu liberación.
              Y si por casualidad, algún temor te amenaza en lo que se dice respecto a la desencarnación, recuerda que diariamente, cuando te adormeces, experimentas una forma de muerte, cuyo despertar es, en cierto modo, reencontrar la inmortalidad...
             Ama a los que murieron pero viven, preparándote a tu vez, para vivir después de que mueras.
  Joanna de Ângelis 
Página distribuída por el Centro Espírita Camino da Redención.

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                     EL PRIMER DEBER DEL DIA


El primer deber de todo ser humano, el primer acto que debe señalar su retorno a la actividad cotidiana, es la oración. Casi todos vosotros oráis, pero, ¡cuán pocos saben hacerlo! ¡Qué importan al Señor las frases que hilvanáis unas con otras de una manera maquinal, por haberos habituado a ello, ya que es una obligación que cumplís y que, como todo deber, os resulta pesado!
La plegaria del cristiano, del espírita, cualquiera que sea el culto a que pertenezca, debe ser hecha en el momento mismo en que el espíritu vuelve a uncirse el yugo de la carne.
Tiene entonces que elevarse hasta los pies de la Divina Majestad, humilde y profundamente, en un impulso de reconocimiento por todos los beneficios recibidos hasta esa fecha: por la noche que acaba de pasar y durante la cual se os permitió aun sin vosotros saberlo regresar cerca de vuestros amigos y guías para adquirir, al contacto con ellos, más fuerza y perseverancia. Vuestra oración debe elevarse con humildad hasta los pies del Señor, para encomendarle vuestra debilidad y pedirle su apoyo, indulgencia y misericordia.
Tiene que ser profunda, porque es vuestra alma la que debe elevarse hacia el Creador, transfigurándose como Jesús en el monte Tabor y llegando hasta Él blanca y radiante de esperanza y amor.
Vuestra plegaria debe contener la petición de gracia de que tengáis necesidad, pero ésta deberá ser una necesidad real. Inútil será que roguéis al Señor para que acorte vuestras pruebas u os conceda alegrías o riquezas. Antes por el contrario, suplicadle que os dispense los bienes más preciosos de la paciencia, la resignación y la fe. No digáis, como muchos de vosotros afirman: "No vale la pena orar, puesto que Dios no me otorga lo que le pido." ¿Qué le solicitáis en casi todos los casos? ¿Pensáis a menudo en impetrarle vuestro mejoramiento moral? ¡Oh, no, esto muy pocas veces! Os acordáis más bien de pedirle buen éxito en vuestras empresas terrenales, y luego exclamáis: "Dios no se ocupa de nosotros. ¡Si lo hiciera, no habría en el mundo tantas injusticias!".
¡Insensatos e ingratos! Si descendierais hasta los hondones de vuestra conciencia, casi siempre encontraríais en vosotros mismos el punto de partida de los males de que os doléis. Pedid, pues, ante todo, vuestro mejoramiento, y veréis entonces qué torrente de gracias y consuelos se derramará sobre vosotros.
Debéis rogar incesantemente, sin por eso retiraros a vuestro oratorio o postraros de hinojos en las plazas públicas. La oración diaria consiste en el cumplimiento de vuestros deberes de todos ellos, sin excepción, sea cual fuere su naturaleza. ¿Acaso no es un acto de amor hacia el Señor el que asistáis a vuestros hermanos en cualquier necesidad que tengan, bien sea moral o física?...
¿No realizáis una acción de gracias cuando eleváis a Él vuestros pensamientos porque una felicidad os ha alcanzado, u os salváis de un accidente, e incluso porque una mera contrariedad apenas si os roza; cuando decís en vuestro fuero interno: " Bendito seas, Padre mío"?¿No constituye un acto de contricción el humillaros ante el Juez Supremo cuando sentís que habéis incurrido en falta, aunque sólo sea por un pensamiento fugitivo, y le decís:
Perdóname, Dios mío, por haber pecado por orgullo, egoísmo o falta de caridad. Dame la fuerza precisa para no desfallecer y el valor necesario para reparar mi falta"'?........
Esto es independiente de las oraciones regulares de la mañana y de la noche y las de los días consagrados. Como veis, la plegaria puede serlo en todo instante, sin que en manera alguna interrumpa el curso de vuestros trabajos.
Antes bien, dicha así, santifica a estos últimos. Y persuadíos de que uno de esos pensamientos, que parta del corazón, es más escuchado por vuestro Padre celestial que las largas oraciones que se recitan por costumbre, muchas veces sin una causa específica, y a las cuales os llama de forma maquinal la hora establecida. 

El evangelio según el espiritismo.


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             Libre Albedrío

A cada momento el Espíritu está haciendo, modificando, renovando su destino. Los pensamientos y los actos son sus agentes importantes, responsables de las alteraciones que le concernirá vivir en el suceder de los días.

Y esto es porque a cada acción, le corresponde una reacción equivalente.

No obstante el destino feliz que a todos nos está reservado por las leyes divinas, el avanzar, estacionarse en el camino o retrasar el momento de disfrutar, de beneficiarse con la felicidad, depende del ser, de su decisión.

Destinado a la gloria espiritual ?determinismo irreversible-, el ser marcha por la senda que más le place, dado que adquirió el discernimiento ? libre albedrío.

No existe nadie que se encuentre predestinado al mal, a la desgracia. La ingenua concepción en torno de los que fueron creados para la desdicha, no posee la menor fundamentación.

La escala evolutiva, en su inabordable ascensión, se sostiene de las conquistas personales en las que el Espíritu se afirma en un peldaño de victoria, a fin de poder subir al próximo, y así sucesivamente. Cada paso le da más fuerza y experiencia para el cometido inmediato. Cada nueva empresa, es el resultado de la conquista anterior.

No retrocediendo nunca, por cuanto las conquistas son adquisiciones inalienables que se graban en lo íntimo, puede, entre tanto, estancarse por tiempo indefinido en cualquier situación a la que se ligue por procesos negativos y gravámenes de los que solamente se liberará cuando se resuelva superar el impedimento y resarcir los males que haya hecho.

Hay personas que se embrutecen de tal forma y de manera tan sorpresiva, tanto se comprometen con los errores, que parecen haber retrocedido en la escala evolutiva a la faja primitiva. Con todo, pese a la suma de desaciertos o al impulso hacia la locura que de ellas se posesiona sus experiencias nobles y sus conquistas, no se pierden, imponiéndoles, por el contrario y gracias a ello, una mayor suma de responsabilidad, una más severa necesidad redentora, que se exigirá, después, en el crisol del futuro depurador.

¿No vemos madres, padres, hijos duramente humillados, maltratados en su amor por aquellos afectos que les amargan todos los minutos y que los cubre de injurias en todos los instantes, sin descorazonarse en su dedicación, sin una palabra de queja o de censura, justificando, más bien, a los que los escarnecen y flagelan, excusándolos con argumentos, que no corresponden a la verdad? ¿No encontramos criaturas inmovilizadas en prolongadas parálisis o lamentado dolorosas cegueras, o siendo mudas con el semblante iluminado por dulce resignación, con lo cual bendicen al dolor? ¿No enfrentamos a encarcelados, sufriendo penas injustas, sin quejas ni pruritos de autopiedad, en elocuentes posiciones heroicas? ¿No admiramos a portadores de enfermedades irreversibles, dolorosas, abiertas en llagas purulentas, nauseabundas, durante años, sin irritación ni rebeldía?

¿Y qué decir de los que transitan en la miseria económica o social, portando buen humor y esperanza, pareciendo felices? ¿Cuántos otros soportan las dolorosas imposiciones de un trabajo exhaustivo y humillante, dando gracias por tener el honor de conseguir honradamente el magro pan de cada día? ¿No hay muchos que deambulan en medio de una soledad asfixiante, con el alma pronta a estallar de ternura, sedientos del cariño que no encuentran, transformando las horas de su propia angustia en sonrisas en los labios ajenos?

Ellos sienten o saben que se están irguiendo del abismo al que se precipitaron por egoísmo, por el descrédito de las soberanas leyes, en la ansiosa búsqueda de la ascensión. En la noble tentativa en que se encuentran, no les faltan manos espirituales generosas que los socorren, benévolas, en nombre del Padre. Cayeron, sí, pero no obstante, se esfuerzan por evolucionar, recuperando el tiempo mal aplicado en la saña de la locura.

Vienen a vivir voluntariamente, aquellos que espían problemas equivalentes, empero, bajo la lluvia de hiel e injurias que exteriorizan, o azotados por sorda rebeldía que los humilla, porque no pueden huir del yugo purificador al que están sometidos por las actitudes groseras y el desacato que tuvieron para con la vida. Evolucionan penosamente, en trances de difícil superación. Beben la copa llena de ácidos que escaldan el corazón y la mente como brasa viva, y que son los elementos que precisan para templar sus propios sentimientos.

Evolucionan, por medio del dolor, en aquello que no supieron o desdeñaron conseguir por amor.

El atentado al orden resulta de la desarmonía del equilibrio que rige en todo y en todas partes. Quien arbitrariamente lanza golpes contra el orden, sufre la natural consecuencia, y ese es el azote del dolor que despierta y corrige, educa y eleva hacia el aprendizaje elevado y los emprendimientos trascendentales.

No es necesario que alguien se transforme en instrumento de la justicia cuando es herido. La opción de hacerlo, le acarreará lamentables problemas que deberá soportar más tarde.

El mal perpetrado contra alguien, no se dirige solamente hacia la individualidad deseada, sino al organismo general en el que aquella se moviliza. El problema pasa, entonces, a pertenecer al grupo afectado. Por esa razón, a la víctima le cabe siempre la actitud del perdón, por cuanto, si responde al mal que sufrió con otro mal, se torna agresor, actuando así en la orbita de aquel que lo hirió. Aún así, si no perdona y su agresor se renovó en la práctica del bien, ya está reparando el mal antes realizado; no se le aplica el impedimento del progreso, porque el afectado original permanezca en la porfía del desagravio personal... El odio que se consagra a otro, no es dificultad para el acceso a escalas superiores de quien padece sus petardos.

Las acciones edificantes, los gestos de renunciamiento, de abnegación, sacrificio, y caridad se sobreponen a las labores tumultuosas, perjudiciales, viciosas.

El bien es más importante que el mal. La luz tiene más poder que la sombra.

Para alcanzar las conquistas del espíritu, en cada experiencia reencarnatoria, le son previstas, en razón de las adquisiciones logradas en uno como en otro campo del bien o del mal practicado, determinadas imposiciones punitivas por las que deberá pasar, a fin de eliminar los gravámenes desdichados que lo tornaron infeliz. Sin embargo, esto nunca sucede con carácter absoluto. El determinismo es flexible, salvo raras excepciones que siempre son examinadas, coordinadas y alteradas por los responsables en los procesos reencarnatorios de los que buscan la Tierra para un aprendizaje edificante y libertador.

En los planes de las experiencias humanas, debido a los cambios de comportamiento de los reencarnados, que se producen por su libre albedrío, son alterados con asidua frecuencia, sucesos y socorros, dolores y problemas programados, abreviándose o concediéndose moratoria al descanso de aquellos que se sitúan en uno o en otro campo de ésta o de aquella necesidad...

Jamás se debe olvidar que las leyes que rigen la vida son de amor, pero también son la base de justicia donde se asienta la misericordia de Nuestro Padre Creador.

Lo que parece un determinismo infeliz y que resulta de las llamadas desgracias terrenales: desastres, desencarnaciones inesperadas, enfermedades, abandonos, sufrimientos, pobreza, de manera alguna son infortunios reales, sino procesos metodológicos de disciplina moral para los condenados, los deudores inveterados, mediante los cuales son advertidos por las fuerzas superiores, a fin de que se inclinen hacia los deberes nobles y se reconcilien con sus conciencias y con el prójimo que pisotearon y subordinaron... Los infortunios, son los actos que los llevaron a tales correctivos y no los medicamentos providenciales para lograr la depuración de los descalabros cometidos, de las sandeces perpetradas...

Como auxiliares valiosos del libre albedrío, el hombre posee el discernimiento, la razón, la tendencia al bien, la irresistible atracción hacia la felicidad... contra él, está el pasado espiritual, el atavismo animal, la preferencia al error como resultante del hábito y del comodismo al que se aferra... A fin de que no se demore por tiempo indefinido en el error, las leyes sabias determinan las experiencias dolorosas que funcionan como técnicas de evaluación de las conquistas morales para su progreso, su evolución.

Ningún espíritu conseguirá marginarse indefinidamente, entregándose a sí mismo. Cuando su opción infeliz lo embrutece y la vileza lo maltrata, es alcanzado por los impositivos del progreso y, a través de penosas y santificantes expiaciones, desarrolla las superiores aptitudes innatas con que abre las alas de la santificación, alzando vuelo rumbo al progreso.

Redescubre y reencuentra el placer del bien del que se distanció y anhela por la emoción de recuperarse más fácilmente. De aquí surgen las conmovedoras probaciones que solicita en las cuales se agiganta, ganando la redención y enseñando valor a los debilitados en la lucha, a los combatidos en el esfuerzo rehabilitador, puesto que tal es la conciencia de que se hace portador, en el ansia de ser dichoso...

Gracias a los esfuerzos realizados y a los triunfos logrados luego de las sucesivas pruebas victoriosas, obtiene méritos para realizar tareas misioneras que lo traen nuevamente a la tierra, a la que dignifica y bendice con estoicismos conmovedores y abnegaciones insuperables.

Muchos de ellos no se permiten alegrías en cuanto no reconquistan a los que ofendieron, rehaciendo el camino a su lado, ofreciéndoles venturas sobre el dolor y alegría mas allá del lago de las lágrimas. Por lo tanto, se sumergen en un cuerpo somático en sublimes anonimatos, dotados de elevados valores que brillan en el lodo donde aquellos se movilizan, salvando a las antiguas víctimas aún intoxicadas por la rebeldía y por la venganza.

Solamente después de elevarlas a la planicie de la esperanza y de rescatar directamente con ellas los errores, no obstante ya se hayan lapidado y ennoblecido frente a la vida, es que parten hacia otros rumbos...

Por lo tanto, las pruebas espontáneamente aceptadas, representan conquistas, ajustes entre los Numens Tutelares y los espíritus que reencarnan, consubstanciados en el libre albedrío de éstos.

Las expiaciones, son las terapéuticas quirúrgicas enérgicas, rigurosas, impuestas por el determinismo de las leyes por el bien de aquellos que se dejaron arrastrar en las mallas del egoísmo descontrolado, de las locuras indebidas, de la insensatez prolongada.

Se yuxtaponen, se coordinan, se comprometen en un bienaventurado programa que tiene como objetivo la felicidad y la paz de los hombres.

Por lo tanto los pensamientos, los actos, son los agentes responsables de los éxitos y desdichas que pesan sobre la conciencia de cada criatura.

Lo que haya sucedido de mal, no está irremediablemente hecho, ya que enseguida fulge la oportunidad de la recuperación.

Es verdad que el tiempo urge para ser aprovechado y que no vuelve en las mismas circunstancias, con semejantes requisitos, en iguales condiciones. Entretanto, el esfuerzo personal, aliado al interés por la edificación íntima, crea los factores propicios para que en otro espacio de tiempo, se modifiquen las estructuras negativas, se deshagan las construcciones perjudiciales, se minimicen las consecuencias de lo ya hecho, produciéndose los mecanismos favorables en pro de lo que se irá a hacer.

Siempre hay esperanza en el cielo del hombre que se decidió por la verdad.

La luz del bien brilla imperecedera en la cúpula de la vida.

Podéis hacer todo lo que yo hago y mucho más, si quisierais" afirmó Jesús.

A pesar del destino de glorias imprevisibles que está reservado para todos, la decisión de usufructuarlas hoy o más tarde dependerá de cada ser, sin olvidarnos que el " reino de los cielos es tomado por asalto ", perteneciendo a aquellos que se resuelven romper con la indecisión, con la incertidumbre y el comodismo, los cuales avanzan con intrépido amor, en una libre opción por alcanzar la culminación del determinismo de las leyes divinas.

Juana de Ángelis - Mensaje Psicografiado por Divaldo Pereira Franco


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sábado, 26 de septiembre de 2015

La Higuera

El dios Baco
   LOS VICIOS Y LOS PLACERES
Las personas que alimentan vicios se hacen mal así mismas. Todos saben que los vicios son perjudiciales para la salud y nosotros tenemos el deber de cuidar del cuerpo, que es instrumento de nuestra evolución.
Cuando nos descuidamos de la salud y no tratamos debidamente al cuerpo; cuando desarrollamos vicios o practicamos excesos de cualquier naturaleza, o llegamos al mundo espiritual, a través de la muerte, podemos ser considerados suicidas inconscientes y sufriremos con esa situación. Si los vicios producen perturbaciones y sufrimientos aquí en la tierra, peor será después del desencarne (muerte), porque ellos se aferran en el cuerpo espiritual (periespiritu). Ese cuerpo es semejante al físico, es decir, es su matriz.
Por lo que dicen los espíritus, durante la gestación, la formación del feto es orientada por los moldes existente en la mente de la gestante, por los factores genéticos y, principalmente, por el modelo periespiritual del propio reencarnante. En ese detalle esta la explicación para muchas enfermedades y deformidades congénitas. Informan que, al desencarnar una persona viciada, su vicio no se acaba junto con el cuerpo carnal y, en la otra dimensión, o sea, en el mundo espiritual, sus deseos se tornan mucho más intensos porque el periespiritu, libre del cuerpo de carne que lo cubre, es un organismo de gran sensibilidad. Así, el deseo de saciar el vicio se transforma en una verdadera tortura.
Muchos espíritus de viciados acaban encontrando maneras verdaderamente abyectas de saciarse a través de personas encarnadas que se entregan a los mismo placeres. En esos casos, alguien que fue viciado, digamos en alcohol, se aproxima al embriagado encarnado, se arrima a él, se envuelve con el de manera que pueda conseguir absorber parte etaria del alcohol y así, de cierta forma, saciar su propio deseo. Es por eso que muchas personas beben hasta caer, en un descontrol total, sin fuerzas para vencer el vicio. Es verdad también que en el caso de los alcohólicos hay siempre un compromiso en vidas pasadas, que dejo sus periespiritu con ese tipo de predisposición.
Lo mismo ocurre con relación al humo, a las drogas y hasta al sexo mismo. Pero, hay también los vicios de naturaleza moral, tales como la envidia, la codicia, el egoísmo, el desamor, la liviandad, la deshonestidad, la crueldad, la mentira y tantos otros, que generan sufrimientos después de la muerte, por retener a sus portadores en zonas inferiores del mundo espiritual.
Es, pues, muy importante liberarse de todo tipo de vicios y cuanto antes, trabajando para la reforma interior, para que el retorno al mundo espiritual por las puertas de la muerte, venga a ser una ocurrencia feliz, pudiendo reencontrar viejas amistades y disfrutar de la paz y de la felicidad, que las dimensiones espirituales más elevadas proporcionan.
Pero esto no significa que alguien deba vivir a parte del mundo, sin cultivar placeres. Estos son muy importantes porque, junto con la satisfacción de las necesidades elementales de la existencia, forman el más fuerte instrumento o palanca de la vida y de la propia evolución. La necesidad empuja y el placer atrae. ¿Lo que más motiva al ser humano en sus pasos, en sus acciones, no es sino la necesidad y el placer? Los placeres, en verdad, son fuerzas de la vida que nos impulsan para el progreso material. Pero, como en todo, es preciso ver cuales benefician y cuales perjudican. ¿Esto me hace mal?
¿Puede perjudicarme aquí en la tierra o en el mundo espiritual después de mi retorno para allá? ¿Puede perjudicar a otras personas o traerles algún tipo de sufrimiento? ¿Puede traer perjuicios a la naturaleza, o al medio ambiente?
Lo importante es saber analizar y definir cuáles son los placeres perjudiciales y cuales aquellos que nos perjudican a nosotros mismos, al prójimo o a cualquier otro segmento de la vida, para que no se transformen en causas para sufrimientos, generando karma negativo. Los otros, los que no hacen mal, son palancas para levantar nuestras fuerzas y darnos alegría de vivir. Fuimos creados para ser felices.
Los problemas de la vida pueden ser comparados a un cordel rodeándonos que es necesario deshacer, dejándolo liso. ¿Si comienzas a dar tirones en ese cordel solo vas a apretarlo cada vez más, no es verdad?
Pero si lo deshaces pacientemente, uno por uno, tendrás todos desatados y el cordel estirado. Con los problemas es la misma cosa.

Saara Nousiainen
DEL LIBRO: Nosotros y el Mundo Espiritual 
                                                           
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INQUEBRANTABLE ESTADO DE ÁNIMO
En tu compromiso personal de renovación continua con Jesús, resguárdate contra los factores circunstanciales, sutiles y peligrosos que se te insinúan, transformándose, posteriormente, en tus verdugos impiadosos.
El acido de la ingratitud, la hiel de la amargura demorada, el vinagre de la rebeldía constante, la truculencia de la rebeldía, la sombra de la duda, la lámina de la maledicencia, el veneno de la ira, el verdor de la pereza y todo un cortejo que lentamente penetra, domina los engranajes de tu labor, emperrando la máquina de tus aspiraciones y sitiándote en el canto oscuro de escepticismo o en el pozo hondo de la soledad.
En lugar de ellos deja que se instalen en la labor exhaustiva por el bien, el aroma de la esperanza en las acciones, el oleo del optimismo en las piezas oxidadas por la decepción, la llama de la alegría en toda la actividad, la presencia de la tolerancia en la lucha, el abrazo de autentica fraternidad junto a los demás, la paz de la paciencia y el tempero de buen humor, de una forma estimulante para los calentados momentos en los que los problemas parezcan amenazarte y consumirte. .
No faltan los conspiradores de la paz en los cuadros de nuestro buen vivir.
Pululan, entre tanto, también, los estímulos de la santificación cuando nos volcamos para las esferas de la luz.
Mirando al Sol y dejándote vislumbrar por el, es natural que no siempre te detengas en el suelo y tus pies sean heridos, agredidos por el brezo y por el pedrusco que tendrás que calcar. No obstante, cuando llegues a la meseta te deslumbrarás, al contemplar al frente, los horizontes sin fin de la plenitud de la vida, serán de menor importancia los obstáculos a superar, que quedaran por detrás, los problemas superados que dejaste al margen.
Cada alma, sin embargo, sigue hasta donde puede. No seas de aquellos que colectan amarguras, que desertan, que desconfían, que rumian desesperos íntimos, que modifican la estructura de hechos al placer del desequilibrio interior…
Hijo de la luz divina, marchando en la dirección del Padre, deja las vallas de amor como gotas de afecto y de cariño por los caminos recorridos, porque el hombre será siempre, hoy o más tarde, lo que haga de sí mismo.
Fuerte, deberá vencer las pasiones; débil, deberá fortalecerse en Cristo para la victoria de si mismo
Entregándote en un clima de total confianza a Dios triunfarás, porque tal es la meta a la que todos nosotros estamos destinados.
Del libro: Leyes Morales de la Vida
Divaldo Pereira Franco
Dictado por el espíritu Joanna de Angelis.
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                                  LA HIGUERA



Un día caminando por las sierras, disfrutando del paisaje y del descanso del fin de semana, me encontré algo que llamó poderosamente la  atención, una pequeña higuera creciendo en una piedra. Como estaba con la cámara fotográfica,  hice una foto, y mientras lo hacía, pensé, tengo que hacer un artículo sobre esto.
Muchos se preguntarán que me llevó a hacer un artículo sobre una simple higuera, pues bien, les diré, que me llamó poderosamente la atención el nacimiento de este árbol frutal en un medio tan hostil y tan diferente al tradicional y todo esto lo relacioné con  la disposición que tiene cada ser humano al afrontar en esta vida tantas dificultades.
Cuado veía la higuera creciendo en la roca paralelamente me acordaba de mucha gente que he escuchado a lo largo de mi vida decir estar deprimida, con problemas, que no podían salir adelante o con falta de tiempo para realizar un trabajo interior por no estar en un medio adecuado.
La higuera en la piedra me hizo pensar en todas aquellas personas que no supieron adaptarse al medio ambiente y sucumbieron ante las adversidades de la vida, y que ni siquiera entendieron el porque de su paso por la vida.
Muchos pensamientos de una manera intuitiva  me pasaron por la cabeza ,  me alegraba cuando veía esta higuera cumpliendo con su misión en la tierra, ... crecer a pesar de todo.
Todo ello me llevó a la reflexión, una reflexión que solo me reafirmaba lo que ya sabía, pero intuitivamente sabía que tenía que escribir este artículo para muchos que aún necesitan reafirmar de que no importa el medio en que uno viva, o en que familia ha nacido, si es pobre o rico, si nació en el primer mundo o en el último, si nació con problemas o sin ellos. La vida tiene muchas facetas y nosotros al igual que nuestra amiga la higuera solo tenemos que crecer a pesar de los obstáculos, aprender y crecer espiritualmente, ese es nuestro fin, nuestro destino en nuestra evolución. Sucumbir en nuestra evolución es solo demorar nuestra felicidad.
Anímate y se como la higuera, no solo crece sino también da tus frutos para que otros también puedan crecer.
( Trabajo de Espiritismo Estudios).
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         En el combate al egoísmo


Por el Espíritu Emmanuel. Psicografía de Francisco Cándido
Libro Joyero de Luz. Lección nº. 4. Página 105.

Ayuda a quien te calumnia, ofreciéndole, en silencio, nuevos recursos de apreciación a tu respecto, a través de los buenos ejemplos.
Ampara a aquel que te persigue sin razón, dirigiéndole vibraciones de amor, en tus oraciones más íntimas.
Auxilia a aquel que te inclina a tipos de felicidad diferente de la tuya, derramando las bendiciones de tu amistad en el nível de evolución en que se coloca.
Sé útil al compañero que no te comprende, manteniéndote invariablemente dispuesto a socorrerlo en sus necesidades.
Olvidate para servir.
Renuncia a ti mismo, a fin de que el ideal del bien supere el círculo de tu personalidad.
Ajústate a los designios de la unión fraterna para registrar, en tú camino, los anhelos y las esperanzas de todos los que te cercan.
¡Considera como tu sufrimiento el de tu hermano!...
Compadécete de las víctimas infelices del odio y de la maldad y, sin el veneno de la queja en tu pensamiento o en tus labios, sigue distribuyendo los dones de la bondad pura.
Cuando pudiéramos olvidar el centro oscuro de nuestro “Yo”, envolviéndolo en la claridad sublime de la voluntad de Dios, que desea el bien y la paz, el progreso y la alegría para todas las criaturas, habremos vencido en nosotros el egoísmo – viejo monstruo de mil garras – que nos retiene en el infierno de la crueldad, estableciendo el cielo en nuestro propio corazón.

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