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jueves, 3 de marzo de 2016

EL VERDADERO ESPIRITISTA








"El verdadero espiritista no solo cuida de su aprendizaje acerca de los espíritus, o sea, de su parte intelectual, sino que también busca de todas las formas traducir eso mediante una serie de conductas y actitudes que mantiene en sus actividades diarias"

Libro "El hombre que no sabía que había muerto"
José Manuel Fernandez

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PRUEBAS Y FATALIDAD 


PRUEBAS: vicisitudes de la vida corporal por las cuales los Espíritus se depuran, según la manera cómo las soportan. En sentir de la doctrina espiritista, el Espíritu desprendido del cuerpo reconoce su imperfección; elige por si mismo, en uso de su libre albedrío, el género de pruebas que considera más apropiado a su adelanto, y se somete a él en su nueva existencia. Si elige una prueba superior a sus fuerzas sucumbe y retrasa su progreso. 

FATALIDAD (del latín fatalitas, destino, y fatum, hecho): destino inevitable. 
Doctrina que supone que todos los acontecimientos de la vida, y por extensión, todos nuestros actos, están decretados por anticipado y sometidos a una ley, de la que no podemos sustraernos. Hay dos clases de fatalidad: una proveniente de causas externas que reaccionan sobre nosotros, a la que se puede denominar reactiva, externa, fatalidad  eventual, y otra que tiene su fuente en nosotros mismos y determina todos nuestros actos, siendo, por ello, fatalidad personal. La fatalidad, en el sentido absoluto de la palabra, hace del hombre una máquina, sin iniciativa ni libre albedrío, y por consecuencia, sin responsabilidad: es la negación de toda moral. 
Según la doctrina espiritista, el Espíritu, al elegir su nueva existencia y el género de prueba a que habrá de someterse, hace un acto de libertad. Los acontecimientos de la vida son la consecuencia de esa elección y están relacionados con la posición social de la existencia. Si el Espíritu debe renacer en una condición servil, el medio en que se hallará regulará los acontecimientos de modo opuesto que si debiera ser rico y poderoso; pero, cualquiera que sea esta condición él conservará su libre albedrío en todos los actos de su voluntad y no estará fatalmente encadenado a hacer tal o cual cosa ni a sufrir tal o cual accidente. Por el género de lucha que ha elegido, tiene la posibilidad de ser arrastrado a determinados actos o de encontrar ciertos obstáculos;pero esto no quiere decir que hayan de cumplirse infaliblemente, ni que él no pueda evitarlos y transformarlos por su prudencia y decisión. Para esto le ha dado Dios el juicio. 
Valgámonos de un ejemplo para la mayor comprensión del concepto. Supongamos a un hombre que para llegar al lugar que se propone, tenga tres caminos para elegir: uno, por la montaña, otro, por la llanura, y el tercero, por el mar.
En el primero, es lo más probable, que halle chinarros y precipicios; en el segundo, pantanos; y en el tercero, tempestades; pero esto no presupone que haya de ser aplastado por una peña, ni que haya de hundirse en un pantano, ni que haya de naufragar en una ruta más bien que en otra. La misma elección del camino, no es fatal en el sentido absoluto de la palabra. Por instinto, tomará el hombre aquel en que habrá de encontrar la prueba elegida. Si debe luchar contra las olas, no le llevará su inclinación a tomar el camino de la montaña. 

Según el género de pruebas elegido por el Espíritu, está expuesto a ciertas vicisitudes, y por razón de estas vicisitudes, se halla sometido a determinados impulsos, que depende de él refrenar o consentir que se desarrollen. Aquel que comete un crimen, no es porque fatalmente sea llevado a cometerlo: eligió una vida de lucha que pudo excitarle a semejante acto; mas, si cedió a la tentación, culpa fue de su débil voluntad. De lo que se sigue que el libre albedrío existe, para el Espíritu en el estado errante, en la elección de las pruebas a que se somete, y en el estado de encarnado, en los actos de la vida corporal. 
No hay fatal sino el instante de la muerte, pues hasta el modo de morir, es una consecuencia del género de pruebas elegido.
Tal es, en resumen, la doctrina de los Espíritus, por lo que respecta a la fatalidad
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Tomado de:
Manual Práctico de la Manifestaciones Espiritistas
Allan Kardec
 

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               LA TERNURA 

 LA TERNURA nos ilumina el ser, es una luz tan sutil, tan finamente difusa que nos impregna completamente con su cálido abrigo, es aérea como el aire que nos nutre, y basta con respirar su fuerza para llenarnos de ella. 
 LA TERNURA no se aprende, sino que existe en uno mismo. Si ella habita en ti en estado latente, puede propagarse como una llama en la que nuestro yo avanza libre y fuerte.
LA TERNURA no es una “casualidad” que uno otorgue, sino un estado que se ofrece y se da. Ella es silenciosa en sus ecos y se expresa mediante la voz del corazón a través de la plenitud del alma, se desarrolla aún cuando no se hable, en el rico silencio de un asentimiento, de una mirada, de un recuerdo.
 LA TERNURA es el espíritu de alguien que te acaricia, su virtud es la suavidad y su ejercicio nos permite olvidar por momentos la idea que nos hacemos de lo que somos...y si para nosotros nos la descubrieran nos embargaría una emoción tan grande como la de un astronauta en su primer paseo por la inmensidad.  



Pero, no olviden jamás... que deben mantener viva su llama en todo momento y velar por ella. Manténganla encendida con el fin de que no desfallezca a causa del frío, pues también tiene necesidad de que la alimenten con vuestra fe... entonces, para esto, bastará con un deseo de tu mente, con una solicitud de tu corazón, para que la ternura abra su baúl y nos despliegue ese maravilloso color cuyos tonos iluminan los anchos territorios de nuestro corazón. 
  - Lorena Dorante-   

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              LA EUTANASIA Y LOS ESPÍRITAS

Esta palabra, tan conocida en nuestros tiempos, procede de la lengua griega y se compone por un lado de la partícula “eu” que significa bueno y por otro,  del término   más conocido en español que es “thanatos”, o sea, muerte, por lo que al final nos quedamos con la expresión traducida de “buena muerte”. Existen dos tipos de eutanasia: la activa y la pasiva. En la primera, se introduce alguna modificación en el ambiente que genera, provoca o anticipa la muerte del paciente, como por ejemplo sería administrar una dosis excesiva de morfina. En la segunda, se actúa pero de modo pasivo, es decir, se deja de tratar cualquier complicación que sobreviene en el proceso como puede ser interrumpir la alimentación por vía parenteral al enfermo; en todo caso, se trataría de un fallecimiento por omisión. Por último, aunque lo habitual es que sea el moribundo el que solicite el cese de sus sufrimientos, la aceleración del óbito también puede producirse sin el consentimiento del mismo, o sea, por voluntad ajena al afectado.
 Cabe preguntarse ante este fenómeno qué postura adoptar como espíritas que somos, pues no podemos permanecer impasibles ante un asunto tan grave que atañe nada más y nada menos que al momento de la “desencarnación” de una persona.
  Hemos de fijarnos en la cuestión partiendo de un postulado básico: aquí no estamos hablando de un concepto de muerte digna, honrosa o atenuada, sino de la defensa y del respeto a  la vida bajo cualquier condición. Alguien puede pensar que resulta algo similar expresado de manera diferente pero no es así; son materias absolutamente distintas. Si no partimos desde este enunciado, corremos el riesgo de que los defensores de la eutanasia nos ganen la batalla de los argumentos. Y es que queda muy bien, de cara al público en general, transmitir el mensaje de que se está defendiendo la idea de un trance digno y sin sufrimientos (en el terreno de las palabras siempre existe un amplio margen para maniobrar hasta llegar adonde a uno le interesa) cuando en verdad, si nos detenemos un poco a reflexionar lo que se está cercenando es simple y llanamente el derecho a la vida que todos tenemos por el simple hecho de existir.
   Desde tiempos inmemoriales las sociedades así como las leyes que se iban elaborando, castigaban con el máximo rigor los atentados a la integridad de sus componentes, pues resultaría absurdo no querer preservar el don más preciado que posee el individuo y que no es otro que la vida. Sin  embargo, el combate por el uso de los términos podría conducirnos a una radical relativización de los conceptos. A esto se une, la presencia reforzada de entidades inteligentes de uno y otro plano, que luchan con todas sus fuerzas por imponer al resto, sus intrigantes y confusos puntos de vista sobre asuntos tan serios sobre el que hablamos. No hay pues otra opción que la de implicarnos con nuestra respuesta firme y razonada en defensa de nuestros planteamientos. Insisto: se trata de un conflicto ideológico, muy sutil e intelectual, en el que está en juego un modelo como el nuestro que postula la defensa del concepto de vida (al igual que sucede con el aborto), frente a una postura extrema que patrocina el hedonismo a ultranza y que condena o intenta minimizar con todas sus armas la presencia del esfuerzo, el sacrificio o el sufrimiento en la vida del hombre.
 Como conocedores de lo que se mueve en el plano inmaterial tenemos que subir un peldaño en el análisis de esta delicada cuestión. Veamos pues, lo que hacen sus voceros. Se suele decir que la serpiente, en su estertor final y antes de sucumbir, intenta por todos los medios y en el último suspiro, picarte para transmitir su veneno. Intuye que va a perecer con seguridad y por eso busca desesperadamente que tú también le acompañes al túmulo. ¿No es acaso lo que está sucediendo desde hace ya años cuando algunos nos quieren confundir, en defensa de la ciencia y de los avances tecnológicos, acerca de que ha llegado el momento de disponer libremente sobre la vida del ser humano? Como el sabio dijo, la cobardía consiste en no actuar cuando tienes que hacerlo. Así pues, nuestra obligación moral como entidades dotadas de conciencia nos impele a proclamar el derecho a vivir por encima del deseo de escapar al sufrimiento.
 Hasta un personaje de tanta relevancia histórica como Buda, dedicó toda su existencia a liberar al hombre del padecimiento, pero no se le conoce palabra alguna en sus reflexiones y en sus obras que incitaran al ser humano a acortar su vida directa o indirectamente a través de otros. Pero ¿no hemos tomado nota todavía de que existe vida más allá de la sepultura o de las cenizas? ¿Es que no nos damos cuenta de que la reencarnación es un bendito fenómeno que cumple con la función de ajustar nuestro progreso, nuestro camino evolutivo en pos de la perfección moral? ¿Hay alguien todavía por ahí entre nosotros, hermanos de la Doctrina, que piense que con el óbito todo se acaba? Nuestra existencia no es más que una gota en el inmenso océano de la eternidad y no obstante, se presentan todavía mentes desviadas del auténtico ascenso espiritual que se atreven a hablar (y vaya si lo hacen) de que el avance en el conocimiento debe conllevar alterar en toda regla una de las disposiciones sagradas del Creador: el derecho a vivir el tiempo que haga falta, pues se trata  del mecanismo perfecto que Dios pone en nuestra ruta, sin el cual nada tendría sentido pues no habría forma de ir renovándonos, de instruirnos y de ir siendo, etapa tras etapa, mejor persona.
 ¡Cuántas reuniones espíritas se producen, cuántos testimonios se recogen en textos psicografiados donde nuestros hermanos, ahora desvestidos del ropaje de la carne, nos comentan lo que les sobrevino tras acceder voluntariamente a la anticipación del final de sus días! ¿Acaso no sabemos de los efectos devastadores que la turbación supone sobre las almas recién salidas del plano físico mediante ese procedimiento? Toda transgresión de una ley divina tiene unos efectos. Quizá aquí, en la dimensión terrenal, puede darse el caso de crímenes y otros delitos que pasan desapercibidos o que permanecen sin reparar, pero sabemos perfectamente que eso no ocurre en la esfera espiritual, donde la desnudez que impera impide esconder nuestras intenciones, sean del tipo que sean. Ya no hablamos miedosamente de castigos o penas, decimos simplemente en voz alta que toda acción supone una reacción equivalente (ley de causa-efecto). Así operan los mecanismos que rigen el buen orden del universo, perfecto reloj que todo lo mide a su debido tiempo y fiel reflejo de la suprema Inteligencia que todo lo gobierna, nuestro Padre celestial, que desea lo mejor para sus hijos y nos dota de la libertad de elegir, pero no para contravenir sus leyes naturales sino para cumplirlas, acelerando así el tránsito hacia la verdadera felicidad, aquella que contemplas entusiasmado cuando en medio de la oscura caverna platónica giras la cabeza y observas atónito el mundo de las Ideas.
   Estas almas inteligentes, aunque perversas, desde muchos rincones de influencia y desde muchos palcos con atriles, están intentando de forma insistente vendernos la idea de que el conocimiento del ser humano ha crecido tanto que ya por fin ha llegado el momento de derogar las leyes naturales dispuestas por el Creador. Al igual que la serpiente de antes, atisban su destierro, o dicho de otra forma, vislumbran su exilio a regiones extrañas. En ellas, podrán añorar con suspiros de angustia las ansias de progreso de un planeta que ahora desprecian porque se opone a sus aspiraciones de estancamiento, pues no les da pábulo a sus sueños de rebeldía. Por eso elevan la voz, gritando cada vez más, como queriendo tener más razón, pero de poco les servirá ya que nada ni nadie puede oponerse al progreso. Multitud de nobles espíritus están trabajando desde hace tiempo para que nuestra querida Tierra alcance la condición de regeneración que muchos anhelamos, a pesar de los obstáculos que esta minoría orgullosa y arrogante muestra frente a las normas divinas, pretendiendo imponer sus destructivos planteamientos sobre los que no acatamos su insurrección amoral. Y es que tenemos que ser conscientes de que existen algunas rebeliones que no se efectúan para mejorar las condiciones de vida de sus componentes, sino para sumirlos durante más tiempo en las sombras y en la ignorancia de unas tinieblas que lo único que pretenden es que no descorramos el velo de la ansiada Verdad. ¡Tuerto yo, que los demás permanezcan ciegos! – afirman con vehemencia. ¡Ese es su lema! 
Hay que decirlo alto y claro: la eutanasia es un crimen y constituye un atropello contra la vida. Sabemos que durante el período previo a la “desencarnación” y que puede extenderse desde días hasta años, el espíritu aprovecha para tomar conciencia de su realidad y para examinar las distintas partes de su recorrido vital. Sufre el cuerpo, claro, pero no deja de ser parte de nuestro eterno programa de aprendizaje. Y nos preguntamos: ¿cuidados paliativos para el organismo que padece? ¡TODOS! Por caridad y por dignidad humana, faltaría más. Ahora bien, de ahí a provocar la muerte del afectado hay una distancia insalvable y para la que no existe justificación. Sufre el niño cuando nace, la mujer cuando pare, el infante cuando accede a su primer día de escuela, el sujeto cuando enferma, el ser cuando ve partir al otro lado a sus familiares y allegados, los padres cuando observan cómo sus hijos se emancipan al abandonar el hogar, el trabajador despedido, el maestro que no observa progreso alguno en sus alumnos, la madre cuando contempla a su vástago despreciativo e indiferente a su amor, el adolescente cuando no ve colmados sus deseos de correspondencia afectiva en la pareja que pretende…¿seguimos?







       Esto no es nuevo, hace ya más de 2500 años que el sabio príncipe Gautama se dio cuenta de que el sufrimiento era consustancial a la naturaleza humana y ahora, como dioses del orgullo y de la vanidad, pretendemos alterar el proyecto divino, perfilado desde antes de arrancar el cronómetro del tiempo, con nuestro empeño en poner fecha de caducidad a las células que componen un organismo, eso sí, todo ello “vendido, aderezado y transmitido” ante la opinión pública con la excusa de evitar una “insoportable” amargura, ya que el argumento principal es eludir a toda costa cualquier tipo de dolor pues para esto ha ganado la tecnología la batalla a la ética. Ni la más oscura y profunda mazmorra donde se ubicara al Conde de Montecristo del buen Alejandro Dumas, resistiría la comparación con la astuta y maliciosa frialdad de esta premisa que hoy en día utilizan ante sus púlpitos estos apóstoles de la muerte. Y es que en su interior se ríen a carcajadas de sus seguidores, porque conocen de antemano que su estratagema está perdida antes de su destierro, pero que van a hacer todo lo posible por seguir extendiendo su manto de negrura sobre todos los que se dejen convencer por sus “hábiles y perversos” argumentos.
     Somos espíritas y conocemos cómo despiertan a la nueva dimensión aquellos que solicitan les sea practicada la eutanasia. Curiosamente, ellos sufren ahora los dolores de los que pretendieron liberarse, cual suicida que se decanta por la muerte en la creencia de que sus males cesarán para siempre. ¡Dios mío, cuántos de tus hijos te ruegan ya con lágrimas de arrepentimiento en sus mejillas por retornar cuanto antes al plano de la carne, para aliviar el desconsuelo que les supone el acortamiento artificial de su última vida en esta dimensión! Y es que el libre albedrío es tan autónomo como después deudor a las consecuencias de sus actos. Es la grandeza del ser humano, pero que debe saber administrar.
   Hoy proclamamos este mensaje a los cuatro vientos pues sabemos que tenemos razón, pero no por un decreto firmado de infalibilidad sino porque somos coherentes con lo que hemos estudiado y porque nos sentimos responsables de nuestras acciones: ¡Nunca matar! Que el amor sustituya a la frialdad, que la caridad supere a la indiferencia. Oremos por todos aquellos que solicitan, aplican y defienden la eutanasia, por los pacientes, por los equipos sanitarios, por los familiares y amigos que la sustentan y hasta por los gobernantes que la amparan. Cuando despierten del letargo de su impasibilidad, se enfrentarán a los efectos de sus actos y aún así, el Padre, en su infinita generosidad, les tenderá la mano a través de sus celestes mensajeros que jamás rechazan el auxilio hacia las almas confundidas.
El estremecedor testimonio vital de Viktor Frankl nos acerca a la esencia de este asunto. Él, que pudo sobrevivir a los campos de exterminio alemanes, quedó desprovisto de familia hacia arriba y hacia abajo, incluso en horizontal pues también su mujer sucumbió, pero como hijo adelantado a su tiempo y como tantos enviados del plano superior, comprendió que resistió a aquel dramático pasaje de su vida porque  le encontró un “sentido” a tan conmovedora experiencia. Resurgió su alma de la oscuridad, se irguió y volvió a caminar para dejarnos, como psiquiatra que era, uno de los tratamientos más sublimes que existen: la logoterapia*. ¿Por qué el hombre no habría de hallar un sentido a los momentos previos a su abandono del plano físico? La vida sigue porque somos inmortales pero es bueno saber que la alteración de las leyes divinas conlleva un coste, que como peaje, habrá de abonarse más adelante en nuestra ruta de kilómetros infinitos. Somos espíritas y por ello, no podemos permanecer callados guardando nuestro saber en el zurrón de nuestros adentros, sino que debemos promulgar la leyes del Creador en los escenarios en los que nos desenvolvemos, no solo con nuestras palabras sino sobre todo con el ejemplo de nuestros actos.
   
      Cierta vez invitaron a Teresa de Calcuta a manifestarse en multitud en contra de la guerra. Ella, con su buen criterio de ser iluminado se negó y argumentó que jamás iría a ninguna concentración en contra de nada. “Asistiré a cualquier manifestación a favor de la paz”- afirmó en cambio. Nosotros no vivimos en oposición a nada ni a nadie, tan solo estamos a favor de la VIDA, que ya es bastante. Sirva como punto final de esta cuestión el  emotivo relato de Chico Xavier y que se titula “La deuda y el tiempo”.

     Chico visitó durante muchos años a un joven que tenía el cuerpo totalmente deformado y que vivía en una barraca a la vera de un bosque. El estado del alineado mental era completo. La madre de este joven estaba también muy enferma y Chico la ayudaba a bañarlo, alimentarlo y a hacer la limpieza del pequeño aposento en que vivía.

 
- El cuadro era tan aterrador que, en una de sus visitas en que un grupo de personas lo acompañaba, un médico preguntó a Chico:
- ¿Ni incluso en este caso la eutanasia sería posible?
- No creo, doctor- le respondió Chico. Este nuestro hermano, en su última encarnación, tenía mucho poder. Persiguió, perjudicó y con torturas inhumanas quitó la vida de muchas personas. Algunas lo perdonaron, otras no y lo perseguirán durante toda su vida. Esperaron su “desencarnación” y, así que él dejó el cuerpo, ellos lo agarraron y lo torturaron de todas las maneras durante muchos años. Este cuerpo deforme y mutilado representa una bendición para él. Fue la única manera que la Providencia Divina encontró para esconderlo de sus enemigos. Cuanto más tiempo aguante, mejor será. Con el pasar de los años, muchos de sus enemigos lo habrán perdonado. Otros habrán reencarnado. Aplicar la eutanasia sería devolverlo a las manos de sus enemigos para que continuasen torturándolo.
- ¿Y cómo rescatará él sus crímenes? -preguntó el médico.
- El hermano X acostumbra a decir que Dios usa el tiempo y no la violencia

* Recomiendo ampliamente la lectura de la obra capital de Viktor Frankl: “El hombre en busca de sentido”
.Publicado por José Manuel Fernández en el Blog EntreEspíritus

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      REENCARNACIÓN Y   PROGRESO 

 El espíritu que ha progresado en su existencia terrestre, ¿puede reencarnarse en el mismo mundo? «Sí, si no ha podido cumplir su misión, y él mismo puede pedir terminarla en una nueva existencia pero entonces no es una expiación».
¿Qué se hace del hombre que, sin hacer mal no hace, empero, nada para sacudir elyugo de la materia?«Puesto que ningún paso da hacia la perfección, debe empezar una existencia de la clase de la que ha terminado; permanece estacionario, y he aquí cómo puede prolongar los sufrimientos de la expiación».
 Hay personas cuya vida corre en completa calma y que, no teniendo que hacer nada por si mismas están libres de cuidados. Esa existencia feliz, ¿prueba que nada tienen que expiar de otra anterior?
«¿Conoces muchos de esos? Si lo crees, te engañas, pues sólo aparente es con frecuencia la calma. Pueden haber escogido semejante existencia; pero cuando la terminan, se apercibende que no les ha servido para progresar, y entonces, como el perezoso, sienten el tiempo que han perdido. Sabed que sólo por medio del trabajo puede el espíritu adquirir conocimientos y elevarse; si se duerme en la incuria, no progresa. Aseméjase a aquel que necesita trabajar
(según vuestras costumbres), y que se pone a pasear o se acuesta con la intención de no hacer nada.
Sabed también que cada uno habrá de dar cuenta de la inutilidad voluntaria de su existencia.
Esa inutilidad es siempre fatal para la dicha venidera. La suma de ésta, está en razón de la suma del bien que se ha hecho, y la del mal está en razón del mal y de las desgracias causadas».
Hay gentes que sin ser positivamente malas, hacen desgraciados a todos los que las rodean, por su carácter. ¿Qué les resultará de ello?
«Ciertamente que esas gentes no son buenas, y expiarán con el espectáculo de aquellos a quienes han hecho desgraciados, lo que será para ellos un reproche. En otra existencia además sufrirán lo que han hecho sufrir».

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS
ALLAN KARDEC                    

                     

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lunes, 29 de febrero de 2016

VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE, según la Física Cuántica



La física cuántica podría demostrar que hay vida después de la muerte, según un científico


Desde que el mundo es mundo discutimos y tratamos de descubrir qué hay más allá de la muerte. Esta vez la ciencia cuántica explica y demuestra que sí hay vida (no física)después de la muerte de cualquier ser humano.
Un libro titulado “biocentrism: How Life and Consciousness are the Keys to Understanding the True Nature of the Universe (Biocentrismo: Cómo la vida y la conciencia son las claves para la comprensión de la naturaleza del Universo)” contiene la idea de que la vida no termina cuando el cuerpo muere y que puede durar para siempre.
El autor de esta publicación el científico DR. Robert Lanza, votado como el tercer científico más importante por el New York Times, no duda que esto es posible.
Más allá del tiempo y el espacio.-
 Lanza es un experto en medicina regenerativa y director científico de Advanced Cell Technology Company. En el pasado era conocido por su extensa investigación sobre las células madre y también por una serie de experiencias exitosas sobre la clonación de especies animales en peligro de extinción.Pero no hace mucho tiempo, el científico se involucró con la física, la mecánica cuántica y la astrofísica. Esta mezcla explosiva dio a luz a la nueva teoría del biocentrismo que ha estado predicando desde entonces. Biocentrismo enseña que la vida y la conciencia son fundamentales para el universo.

Es la conciencia la que crea el universo material y no al revés

Lanza apunta a la estructura del propio universo y dice que las leyes, las fuerzas y las variaciones constantes del universo parecen ser ajustadas para la vida, es decir, la inteligencia que existía antes importa mucho. También dice que el espacio y el tiempo no son objetos o cosas, sino herramientas de nuestro entendimiento animal.
La teoría sugiere que simplemente no existe la muerte de la conciencia. Existe sólo como un pensamiento, porque la gente se identifica con su cuerpo. Creen que el cuerpo va a morir tarde o temprano, pensando que su conciencia desaparecerá también. Si el cuerpo genera conciencia entonces la consciencia muere cuando el cuerpo muere. Pero si el cuerpo obtiene la conciencia de la misma forma que una TV por cable recibe señales de los satélites entonces está claro que la conciencia no termina con la muerte del vehículo físico. De hecho existe la conciencia fuera de las limitaciones del tiempo y espacio. Puede estar en cualquier lugar: en el cuerpo humano y fuera de sí mismo.

Pueden existir múltiples universos simultáneamente – Dice Lanza

En un universo el cuerpo puede estar muerto y en otros todavía existe, la absorción de la conciencia emigró a este universo. Esto significa que una persona muerta en cuanto viaja a través del túnel no en el infierno o en el cielo, pero en un mundo similar al que fue habitado, pero esta vez con vida. Y así sucesivamente, hasta el infinito, casi como un efecto de otra vida cósmica.

Muchos mundos

No son sólo simples mortales que quieren vivir para siempre, pero también algunos de los principales científicos tienen la misma opinión de Lanza.
Ellos son los físicos y astrofísicos que tienden a estar de acuerdo con la existencia de mundos paralelos y que sugieren la posibilidad de múltiples universos.
Multiverso (multi-universo) es el concepto científico de la teoría que defienden. Ellos creen que hay leyes físicas que prohíben la existencia de mundos paralelos.
El primero en hablar fue el escritor de ciencia ficción de HG Wells en 1895 con el libro “The Door in the Wall.” Después de 62 años, esta idea fue desarrollada por el Dr. Hugh Everett en su tesis de posgrado en la Universidad de Princeton. Básicamente postula que en un momento dado el universo se divide en numerosos casos similares y en el momento siguiente, estos universos “recién nacidos” están divididos de manera similar. Así que en algunos de esos mundos pueden estar presentes la lectura de este artículo en un universo y ver la televisión en otro.
En la década de 1980 Andrei Linde científico del Instituto de Física de Lebedev, desarrolló la teoría de los universos múltiples. Ahora, un profesor de la Universidad de Stanford, explicó Linde: “el espacio se compone de muchas esferas que dan lugar a niveles similares, y los que, a su vez, producen esferas en mayor número y así sucesivamente hasta el infinito. En el mundo en el que se separan. No son conscientes de la existencia de la otra, sino que representan partes de un mismo universo físico.”
Laura Mersini Houghton física en la Universidad de Carolina del Norte con sus colegas argumentan: “las anomalías de fondo del Cosmos se deben al hecho de que nuestro universo es influenciado por otros universos existentes cercanos y que los agujeros son el resultado directo de ataques contra nosotros por universos vecinos.”

El Alma

Por lo tanto, hay un montón de lugares u otros universos donde nuestra alma podía emigrar después de la muerte, de acuerdo con la teoría del biocentrismo.
¿Pero existe el alma? ¿Hay alguna teoría científica de la conciencia que podría acomodar tal declaración? Según el Dr. Stuart Hameroff una experiencia cercana a la muerte se produce cuando la información cuántica que habita en el sistema nervioso deja el cuerpo y se disipa en el universo. En lugar de defender el materialismo, el Dr. Hameroff ofrece una explicación alternativa de la conciencia de que tal vez puede apelar a la mente científica racional y puntos de vista personales.
La conciencia reside, según Stuart y el físico británico Sir Roger Penrose, en los microtúbulos de las células del cerebro que son los sitios principales de procesamiento cuántico. Después de la muerte esta información es liberada de su cuerpo, lo que significa que su conciencia va con ella.
Argumentaron que nuestra experiencia de la conciencia es el resultado de los efectos de la gravedad cuántica en estos microtúbulos, una teoría que denominaron reducción objetiva orquestada.
La conciencia se teoriza por ellos para ser una propiedad fundamental del universo, presente incluso en el primer instante del universo durante el Big Bang. “En una de esas experiencias conscientes se demostró que el esquema proto es una propiedad básica de la realidad física accesible a un proceso cuántico asociado con la actividad cerebral.
Nuestras almas están, de hecho, construidas a partir de la estructura misma del universo y pueden haber existido desde el principio de los tiempos. Nuestros cerebros son sólo receptores y amplificadores para la proto-conciencia que es intrínseca al tejido del espacio-tiempo. Entonces, hay realmente una parte de su conciencia que no es material y va a vivir después de la muerte de su cuerpo físico.
El Dr. Hameroff dijo al canal Science a través del documental Wormhole: “Digamos que el corazón deja de latir, la sangre deja de fluir, y los microtúbulos pierden su estado cuántico. La información cuántica en los microtúbulos no se destruye, no puede ser destruida, sólo distribuye y se disipa al universo como un todo. ”
Robert Lanza añade aquí que no sólo existe en un único universo, existe tal vez en otro universo.
Si se revivió el paciente, esta información cuántica puede volver a los microtúbulos y el paciente dice “Tuve una experiencia cercana a la muerte“.
Y añade: “Si no resucitó y el paciente muere es posible que pueda existir esta información cuántica fuera del cuerpo quizás indefinidamente, como un alma.
Esta cuenta de la conciencia cuántica explica cosas como las experiencias cercanas a la muerte, la proyección astral, de las experiencias del cuerpo e incluso la reencarnación sin la necesidad de la ideología religiosa. La energía de su conciencia potencialmente se vuelva a transformar en un cuerpo diferente en algún momento y, mientras tanto, existe fuera del cuerpo físico en algún otro nivel de realidad y, posiblemente, en otro universo.
Tomado de la Revista digital  "Despierta"
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En esto conoceremos 

“En esto conoceremos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.” – (I Juan, 4:6) 

Cuando sepamos conservar la unión con la Paz Divina, a pesar de todas las perturbaciones humanas, perdonando cuantas veces fuesen necesarias al compañero que nos disgusta; olvidando el mal para construir el bien; amparando con sinceridad a los que nos aborrecen; cooperando espiritualmente, a través de la acción y de la oración, a beneficio de los que nos persiguen y calumnian; olvidando nuestros deseos particulares para servir a favor de todos; guardando la fe en el Supremo Poder como luz inapagable en el corazón; perseverando en la bondad constructiva, aunque mil golpes de la maldad nos asedien; negándonos para que la bendición divina resplandezca en torno de nuestros pasos; cargando nuestras dificultades como dádivas celestes; recibiendo adversarios como instructores; bendiciendo las luchas que nos perfeccionan el alma, al frente de la Esfera Mayor; convirtiendo la experiencia terrena en graneros de alegría para la Eternidad; descubriendo ocasiones de servir en todas partes; comprendiendo y auxiliando siempre, sin la preocupación de ser entendidos y ayudados; amando a nuestros semejantes como hemos sido amados por el Señor, sin expectativa de recompensa; entonces, conoceremos el espíritu de la verdad en nosotros, iluminándonos el camino para la redención divina. 

Espíritu Emmanuel 
Médium Francisco Cándido Xavier 
Del libro “Viña de luz”
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Saludo de Merchita

Lunes 29de febrero del 2016

Queridos amigos, hola buenos días, la primera fase para alcanzar la realidad de nuestra alma, consiste en que admitamos su existencia como parte integrante del organismo humano, responsable de sus atributos psíquicos y espirituales, y de los actos de la vida diaria.
La vivencia de la realidad del alma se caracteriza por la valorización de los bienes espirituales y por el desprendimiento de las preocupaciones hacia los bienes transitorios de la vida.
El amor es el recurso para que el ser humano pueda vivir la realidad del alma, requisito esencial para que pueda alcanzar la vida plena como ser viviente.
La evolución anímica o espiritual constituye la adquisición más importante que puede ser deseada tanto por las criaturas encarnadas como desencarnadas.
Ella se realiza paulatinamente, a través de las generaciones, mediante esfuerzos basados en la práctica del amor fraterno. El grado de evolución espiritual caracteriza la posición alcanzada por las criaturas en su caminar  a través de los tiempos.
En la práctica, la evolución espiritual se manifiesta por diferente atributos como la bondad, la sabiduría, la comprensión, el desprendimiento de los bienes materiales, la sinceridad en el trato con los semejantes, la vivencia de pensamientos positivos y la anulación de los pensamientos negativos como los de la ira, celos, traición, falsedad, odio, agresividad y de otros de la misma naturaleza, que deberán ser exiliados del planeta Tierra, que habrá alcanzado un nivel elevado de vibración espiritual en el albor de la nueva era que se aproxima, donde los hombres serán buenos y se amarán unos a otros.
En verdad, la vida de cada uno, aunque pueda ser transitoria, cuando es conducida según la ley de Amor tiene el significado de una ascensión humanitaria.
Nadie nace por casualidad, sino para realizar un destino, promover su perfeccionamiento físico, mental, emocional y espiritual, y para colaborar para la mejoría de las personas y del ambiente en que se encuentra.
Conforme la ley de la evolución, presente en todos los sectores de la vida, bajo la égida del amor y del trabajo, el hombre puede realizar, directa o indirectamente, en el corto periodo de su existencia, algún progreso individual y colaborar para la promoción de otras personas, de su propia familia o de la comunidad en que vive.
La encarnación tiene el objetivo de proporcionar a los espíritus la oportunidad de alcanzar alguna evolución, tiene un alto significado, principalmente para los seres que acumularon débitos cármicos en existencias anteriores, y tienen una nueva oportunidad para evolucionar espiritualmente.

La reencarnación tiene, todavía, el significado de posibilitar, a los Espíritus más evolucionados, la oportunidad de regresar para ayudar a los seres humanos en su proceso de evolución.

El renacimiento es una dádiva de Dios, y posibilita al espíritu poder volver a la infancia, en otra existencia para tener una nueva oportunidad de elevarse de la ignorancia hacia la sabiduría.


Aprovechemos esta hermosa oportunidad para crecer  para Dios y purificar nuestro atribulado espíritu, contamos con algunos minutos en el curso de las eternas horas, no las desperdiciemos porque día vendrá en que ellas se acabaran y deberemos  de nuevo aguardar a otra oportunidad, y mientras esta llega nos sentiremos como el enfermo en la consulta  del médico  a la espera de que nuestros males puedan ser tratados para ser curados. Os deseo un lindo día con mucho amor y cariño como siempre. Merchita


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           CONCEPTO DE LA EXISTENCIA

El concepto alrededor de la existencia tiene recibido enfoques diferentes por parte del hombre contemporáneo. Para muchos, vivir significa disfrutar del placer, simplemente.
Para muchos otros, vivir proporciona una búsqueda por el poder, a fin de dirigir la vida de los demás.
 Estas dos ideologías corresponden a los verdugos que aún permanecen en las profundidades de las criaturas, y son a menudo esclavizantes.
El deseo de placer y el deseo de poder, se encuentran arraigados fuertemente, en los fundamentos  arcaicos del psiquismo humano
 No se refiere a la satisfacción derivada de la relación saludable de afecto y esperanza, sino a lo que perturba la mente de la criatura, poniéndolo en un estado de ansiedad y tensión constantes.
 Sin embargo, en la medida que el hombre fue libertándose de las imposiciones de la animalidad y adquiriendo la racionalidad, otros niveles existenciales se presentaron.
El placer y el poder comenzaron a dar forma a la búsqueda de la belleza en el arte, la música, la búsqueda de nuevo, lo desconocido en la ciencia, la literatura de la aparición de la creatividad en el teatro, - en definitiva, la expansión del espíritu en distintas áreas del conocimiento y de las técnicas.
 Mientras el bruto sólo se contentaba con las sensaciones y las poses, el hombre bajo la luz de la razón se elevaba en busca del infinito, de la perfección en las diversas actividades ejecutadas, satisfaciéndose interiormente, motivándose para sus luchas personales.
 Comenzó a darse cuenta, por lo tanto, que el placer es fugaz e insuficiente y no constituye, una respuesta a la existencia. El deseo de poder, a su vez, poco a poco dio paso a favor del libre albedrío, de las técnicas que promoverse cultural y socialmente.
 Elevado, a alturas nunca antes imaginadas, los hombres y mujeres que no fueron detenidos en las fronteras de lo que ya lograron, continuaron ampliando sus capacidades intelectuales, culturales y sociales, y tomando conciencia cada vez más, de que la vida en realidad es una búsqueda interminable.
 La constitución misma de la psique, de acuerdo con el noble psiquiatra Viktor Frankl, se lleva a cabo a través de lo que denominó como un estado de saludable tensión: la tensión entre lo que se es y lo que se debería ser, entre lo que somos y lo que creemos que puede ser.
La vida, por esta proposición no es posible sin metas. Sin ellas, se apodera de la persona, un vacío existencial, llamado por el psiquiatra vienés, como depresión noogênica.
 Muchas depresiones, bajo este punto de vista,  son nada más que el resultado de una frustración existencial, de la ansiedad de tener que enfrentarse a una vida sin sentido.
 La vida sin objetivos bien definidos, son como un barco en alta mar sin timón a merced de los vientos y las tormentas, sólo esperando el momento del naufragio.
 Cada hombre y cada mujer tienen metas personales, son ellas los ideales que llevamos dentro.
Traerlos a la superficie y no permitir que estos proyectos queden estacionados, es la tarea primordial. Pero el que tiene su mente en las dificultades, ya ha perdido una parte de la batalla.
 ¿Quién respira en el pantano de las ideas pesimistas y derrotistas, se entorpece con el miasma que de él emana?
Todos estamos condenados al éxito, ya que fuimos creados para la perfección, como propone Jesús.
La victoria en la actividad iniciada, sin embargo, no se logrará sin lucha. Cada proyecto para el crecimiento personal y la promoción de otras formas de vida debe enfrentarse a obstáculos, a adversidades, y solamente con la tenacidad y  la perseverancia se deberá superar
El que no permanece en su búsqueda, prueba a sí mismo y al universo, que su deseo no era más que una quimera.
 De acuerdo con el espíritu Joanna de Angelis , cuando determinamos dentro de nosotros un objetivo superior, las fuerzas que nos circundan se organizan para que logremos el objetivo. Todo en el universo conspira para lo bello, para la armónico, para el crecimiento sin fin.
Cuando nos sintonizamos con la corriente mental superior a través de ideales y objetivos nobles, el universo del que formamos parte, también responde positivamente.
Pero cuando dejamos que el miedo nos impregne de temores injustificados, los proyectos se abandonan, la vida muere en nosotros... y el sentido existencial se pierde.
 Juana de Angelis dice que el ser humano es capaz de manejar cualquier situación, respetando sus limitaciones emocionales... Sin embargo, añade el mentor de Divaldo Franco, el hombre es incapaz de soportar una existencia sin sentido.
Mucha gente escucha a su corazón: decir "falta algo", "¿Hay algo que no he encontrado?" Porque son precisamente esos valores, los que deben reflejarse en el final de este ciclo que termina.
 Es urgente revisar los proyectos hasta ahora ejecutados y evaluar aquellos que son realmente significativos para nosotros. Cuáles nos darán la razón real para nuestros días y que otros, ya no sirven para este momento de nuestra existencia.
 El éxito, se cree que es más accesible para los que encuentran facilidades en el camino. Sin embargo cuando se observa a una persona de éxito en sus actividades, no se imagina los inmensos obstáculos que ha tenido que superar, los momentos difíciles en  que el uso de la perseverancia y la tenacidad fueran fundamentales para no rendirse, para no abandonar el objetivo.
 Cada victoria exige lucha, sacrificios personales...
 Es necesario ser así, de manera que en el ser humano madure moral y psicológicamente, su espíritu.
 La vida es un reto, nunca una homeostasis existencial, un abismo de ocio absoluto constituiría la verdadera muerte del espíritu, el no avanzar en la dirección de su plenitud. Por lo tanto, es imperativo mantener este flujo constante del universo, este latido vibrante, que es la existencia...
 Vivir fuera de la corriente del universo, que se revela en los desafíos, las luchas... metas y caminos, es una existencia sin vida.
 Alcanzado una meseta, se presenta otra por escalar, cada vez más compleja, permitiendo el desarrollo de la inteligencia y el sentimiento.
 Algunos, por otra parte, al final de cada año, celebran la angustia, por algo de lo que se refiere a las variaciones de Bolsa de Valores, con los precios de las principales monedas, son verdaderos esclavos de la propiedad.
Miles, a su vez, lloran por lo que no tienen y que ven en la pantalla del televisor, la oportunidad para su entretenimiento y comodidad. Esta forma, son esclavos porque conectando mentalmente a lo que les falta, creen que sólo serán felices cuando tengan el objeto de su deseo.
 Es necesario liberarse de los deseos infantiles de la propiedad, que no son más que basura mental en nuestro viaje evolutivo. En lugar de llenar con objetos materiales, es esencial llenarnos de amor por nosotros mismos, enriqueciendo nuestros vacíos interiores.
 En este camino de auto-iluminación, sin duda la derrota nos va a visitar una y otra vez, como parte de la trayectoria.
La derrota no significa el fracaso. Este se caracteriza por la retirada, el fracaso de los ideales, la desintegración emocional.
 La derrotada, lejos de ser sinónimo de fracaso, nos trae el mensaje de que aún se debe examinar las vías elegidas para la mejora de nuestras tácticas, a fin de lograr el éxito.
Se convierte, por lo tanto, cuando se trata adecuadamente, en un instrumento de crecimiento, que predispone a las personas a la victoria, que por mantener la determinación, ella vendrá en su búsqueda.
Cuando las dificultades nos vienen a visitar, es esencial  la oración, la sintonía con las bandas superiores de la vida.
Quien ora, se queda impregnado del equilibrio, que inunda su consciencia, alimentándonos de la energía para la lucha diaria, añadiéndose a la ayuda de la intuición, que nos informa de lo que no nos habíamos enterado.
 Quien ora reconoce su pequeñez ante el universo y recibe de la vida por ser humilde.
Al hacer una petición con sinceridad, espíritus de amigos se presentan, motivados por la belleza de la existencia, la búsqueda del placer, de ser instrumentos en la gran sinfonía del cosmos.
 Nunca estamos solos. A menudo somos nosotros mismos quienes al desviar el flujo de la vida, sintonizamos con las esferas más bajas, atrayendo pérdidas de diferentes ordenes.
La vida, por lo tanto, es la lucha, el desafío sin fin... la oportunidad para el logro, el éxito en cualquier actividad.
 Perseverar, no abandonar, y buscar los ideales que nos atraen siempre, estos son los requisitos para los futuros campeones, aunque no se oigan aplausos...
Adriano Oliveira

Traducido por Cassio
Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta

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