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lunes, 17 de febrero de 2014

CONSTRUCCIÓN


                                                               CONSTRUCCIÓN
 

En asuntos alusivos a la edificación del Reino de Dios en nosotros, no podríamos olvidarnos de hacer una comparación con relación a los requisitos necesarios para cualquier construcción terrestre.
Cualquier obra, para que se levante, exige planificación, servicio y orden.
Planificación que incluye dirección, orientación. Servicio que se define por la actividad,el deber y el orden que se expresa por cooperación y ajustamiento.
En suma, la disciplina es la síntesis de todos los programas y obligaciones  para que hasta el menor edificio se concrete en la esfera humana.
No podría ser diferente en la edificación de nuestra vida espiritual. No podemos construir los mínimos tópicos de elevación espiritual en el propio Espíritu si no nos aplicamos con alegría al trabajo que nos compete.
Precisamos pensar en cómo está nuestra vida espiritual, si tenemos dedicada una pequeña cuota de tiempo para los compromisos espirituales.
Podemos creer que siempre tendremos obligaciones para con nuestra fe en Dios, obligaciones que no se resumen solamente en frecuentar templos religiosos, sino que se extiende desde la familia hasta la sociedad en que vivimos.
Por esto, debemos valorar más las buenas ideas, los propósitos nobles que deseamos  alcanzar, en el trabajo incesante de la caridad, de buena voluntad con todos aquellos que nos rodean, para que así estemos colaborando como herramientas de amor en la edificación de un mundo mejor en nosotros mismos.
Somos material inteligente en las manos sabias del Creador.
El Señor, no obstante, no opera en nosotros a través del constreñimiento, porque el Reino de Dios debe surgir en nosotros a través de nuestros propios esfuerzos.
Y podemos comenzar desde ahora a estructurar ese reino en nuestro corazón. Basta que dediquemos unos minutos de nuestras vidas, a la meditación, la oración, la reflexión en torno a como anda nuestra vida íntima.
Buscando el auxilio edificante de la oración, encontraremos una aproximación mayor con el Padre. De ahí el consejo de Jesús cuando recomienda : Orad y vigilad.
En la meditación vamos encontrando mayor equilibrio para las realizaciones y en la reflexión actuamos casi siempre con más acierto.
Por eso, para enseñar como se debe actuar, vivir, crecer y trabajar, servir y morir en la edificación del reino eterno, estuvo el propio Maestro entre nosotros.
Viviendo en régimen de simplicidad en las bendiciones de la naturaleza, creciendo sin ilusiones, trabajando en apagada carpintería, sirviendo sin exigencias y muriendo injustamente en la cruz, sin revueltas y sin odio, para que aprendamos a buscar primeramente los designios de Dios, cuyo plan, es luz y felicidad para todas las criaturas.
             Autor desconocido
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" Vivir es de todos, pero la convivencia es el factor que nos enseña la comprensión y la solidaridad de los unos para con los otros"
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     EL GRUPO



No olvides que somos partes de un vasto grupo de almas, como puntos integrantes de un círculo.

Más allá de la familia consanguínea, tenemos el equipo espiritual al que nos imantamos por los más fuertes lazos del corazón.

Nadie odia sin haber amado profundamente y nadie experimenta animosidad sin haber conocido antes la bendición de la simpatía.

Por eso mismo los desafectos constituyen también fuerzas de nuestro conjunto, que no  podemos eliminar y aun por esa razón es que el santuario doméstico o la oficina de trabajo son siempre preciosos educadores en donde las sombras y luces se mezclan para nosotros.
Aprendamos con Jesús a usar la química del amor, en la intimidad de nuestros pensamientos, practicando cada día pequeños ejercicios de tolerancia, si nos proponemos efectivamente elevar la fraternidad que nos arrojará a las gloriosas cimas de la vida.Reconozcamos que todos los obstáculos son medidas de nuestra fe y que todos los dolores son oportunidades valiosas a nuestro engrandecimiento y, fortaleciendo el cariño donde ya existía la confianza y exaltando la siembra de bondad donde aún repuntan los espinares de la aversión, sepamos vivir con el amor que Cristo nos enseñó, en la certeza de que nuestros mínimos actos de renuncia y ternura, de entendimiento y gentileza, de auxilio y generosidad, se presentan como decisivos.

El esfuerzo de nuestra alma, no está solo en nuestra elevación, sino también en el argumento salvador de nuestro grupo entero.

Espírito: EMMANUEL
Médium: Francisco Cândido Xavier
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               FLUIDO CÓSMICO

Del mismo modo que los fenómenos de incorporación nos inician en las leyes profundas de la psicología, la reconstitució n de las formas de espíritus va a familiarizarnos con los estados menos conocidos de la materia. Al mostrarnos la acción que la voluntad puede ejercer sobre los imponderables, nos descubrirá los más íntimos secretos de la creación, o mejor aún, de la eterna renovación del Universo.
Sabemos que el fluido universal o fluido cósmico etéreo representa el estado más simple de la materia; es tan grande su sutileza que escapa a todo análisis. Y no obstante, de este fluido proceden, mediante condensaciones graduales, todos los cuerpos sólidos y pesados que constituyen el fondo de la materia terrestre. Estos cuerpos no son tan densos ni tan compactos como a primera vista nos parece; son atravesados  con la mayor facilidad por toda clase de fluidos, y aun los mismos espíritus los atraviesan sin dificultades. Éstos, por la concentración de su voluntad, ayudados por la fuerza psíquica, pueden disgregarlos, disociar sus elementos, volverlos al estado fluídico, trasladarlos y reconstituirlos luego en su primer estado. Así se explican los fenómenos de traslación de objetos materiales a través de obstáculos materiales también.      Recorriendo estos grados sucesivos de rarefacción, vemos a la materia pasar del estado sólido al líquido, de éste al gaseoso y finalmente al fluídico.   Los cuerpos más duros pueden de este modo volver al estado  invisible y etéreo.   En sentido inverso, también el fluido más sutil  puede cambiarse, gradualmente, en un cuerpo opaco y tangible . La Naturaleza entera nos demuestra el encadenamiento de las transformaciones que conducen a la materia desde el estado etéreo más puro al más grosero estado físico.
A medida que se verifica y se hace más sutil, la materia va adquiriendo propiedades nuevas, fuerzas de una intensidad creciente. Los explosivos, las radiaciones de ciertas substancias, la potencia de penetración de los rayos catódicos, la acción a grandes distancias de las ondas Hertz, nos dan de ello abundantisimos ejemplos, llevándonos a considerar el éter cósmico como medio en que la materia y la energía se confunden, constituyendo el gran foco de las actividades dinámicas, la parte de las fuerzas inagotables que la voluntad divina dirige y de donde surgen en ondas incesantes las armonías de la vida y el pensamiento eternales.     
¡Pues bien!  y aquí la cuestión va a tomar una no esperada amplitud, la acción ejercida por la potencia creadora sobre el fluido universal para dar vida a sistemas de mundos, vamos a encontrarla en manifestaciones más modestas, aunque sometida a leyes idénticas, en la acción del espíritu reconstituyendo las formas pasajeras que han de establecer, a los ojos de los hombres, su existencia y su identidad.       
Las mismas nebulosas, agregados de materia cósmica condesada, germen de mundos, que nuestro telescopio nos muestra en el fondo de los espacios, van a aparecer también en la primera fase de las materializaciones de espíritus.  Por este camino vemos cómo la experimentació n espirita nos conduce a las más amplias consecuencias.  La acción del espíritu sobre la materia puede hacernos comprender de qué modo se elaboran los astros y se desenvuelve la obra gigantesca del Cosmo.
LEÓN DENIS
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sábado, 15 de febrero de 2014

COMPORTAMIENTO SEXUAL

                     
       
      APUNTES Y REFLEXIONES DE EMMANUEL SOBRE EL  COMPORTAMIENTO SEXUAL



  El Espíritu Emmanuel elucida, con sabiduría, que, en torno del tema sexo, “será justo que sinteticemos todas las desuniones en las normas siguientes: No prohibición, más educación. No abstinencia impuesta, más empleo digno, como el debido respeto a los otros y a sí mismo. No indisciplina, más control. No impulso libre, más responsabilidad.
Fuera de eso, es teorizar simplemente, para después aprender o reaprender con la experiencia. Sin eso, será engañarnos, luchar sin provecho, sufrir y recomenzar la obra de la sublimación personal, tanta veces cuantas e hicieren precisas, por los mecanismos de la reencarnación, porque la aplicación del sexo, ante la luz del amor y de la vida, es asunto pertinente a la consciencia de cada uno.”
    Todos nosotros traemos los temas particulares con referencia al sexo. Atendiendo a la suma de las cualidades adquiridas, en la hilera de las propias reencarnaciones, nos revelamos, en el Plano Físico por las tendencias que registramos en los desvíos del ser.
Cada persona se distingue por determinadas peculiaridades en el mundo emotivo. El sexo se define de ese modo, por atributo no apenas respetable, más profundamente santo de la Naturaleza, exigiendo educación y control.
No tiene lógica sustraer las manifestaciones sexuales de los seres humanos, con el pretexto de elevación compulsoria, o transferirlas de su posición venerable a garantizarles la liberación.
Sexo es espíritu y vida, al servicio de la felicidad y de la armonía del Universo. Consiguientemente, reclama responsabilidad y discernimiento, donde y cuando se exprese.
Por eso mismo, hombres y  mujeres precisan y deben saber lo que hacen con sus energías genésicas, observando como, con quien y con cual finalidad se utilizan semejantes recursos, entendiendo que todos los compromisos en la vida sexual están, igualmente, subordinados a la Ley de Causa y Efecto; y, según ese exacto principio, todo lo que diéremos a otro, en el mundo afectivo, el otro también nos dará. 
 Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta
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La Muerte Espiritual

La cuestión de fa muerte espiritual, es uno de esos principios nuevos, que denotan el progreso en la ciencia espiritista.
El modo en que fue presentado este tema, como cierta teoría individual, hizo que fuese rechazado, porque parecía implicar la pérdida a un tiempo dado, del Yo, que caracteriza al individuo, y asimilar las transformaciones del alma, a las que sufre la materia, cuyos elementos se desagregan, para dar lugar a la formación de nuevos cuerpos.
De esto se desprende que los seres perfeccionados serian en realidad nuevos seres, lo cual no es admisible, si se atiende a que la equidad de las penas y goces futuros no puede ser evidente sin admitir la perpetuidad de los mismos seres marchando constantemente por la vía del progreso, y limpiándose de sus imperfecciones por medio del trabajo y con los esfuerzos de su voluntad.
Tales eran las consecuencias que a priori podían deducirse de esa teoría, que confesamos no fue presentada con pretensiones, ni movida por el orgullo del que quiere imponerse a los demás, ya que el autor dijo muy modestamente, que solo traía su ideal al terreno de la discusión, y que bien podría ser que de esta idea brotara una nueva verdad.
Según el parecer de nuestros guías espirituales, hubo la idea de que en la forma como fue planteada, dio lugar a una torcida interpretación, siendo esta la razón por la cual se nos ha invitado a estudiar detenidamente el asunto, lo que trataremos de hacer, tomando por base la observancia de los hechos, que resultan de la situación del Espíritu, en las épocas de su entrada en la vida corporal y su vuelta a la vida espiritual.
En el momento de la muerte del cuerpo, vemos al Espíritu que se queda en una profunda turbación y pierde la conciencia de sí mismo, hasta tal punto, que jamás recuerda el último suspiro exhalado por su cuerpo.
Pero poco a poco la turbación se disipa; el Espíritu se reconoce como el hombre que despierta de un profundo sueño; su primera sensación es la del que se encuentra libre de la pesada materia que le oprimía, pero pronto llega al perfecto conocimiento de su nueva situación.
Esta es idéntica a la de un hombre, a quien se cloroformiza para practicar una amputación y que durante el sueño, se traslada a una habitación distinta.
Al despertar se siente desembarazado del miembro causa de su sufrimiento anterior y en su sorpresa, le busca repetidas veces; así también el Espíritu separado del cuerpo, ve a este a su lado y le busca; sabe que es el suyo y se admira de la separación, pero poco a poco se da cuenta de su nuevo estado.
En el fenómeno descrito, no ha habido otra cosa que un cambio material de situación; pues respecto de lo moral, el Espíritu es exactamente lo mismo que era pocas horas antes.
Sus facultades, ideas, gustos, inclinaciones y carácter son los mismos; no han sufrido modificación alguna sensible; y los cambios que estas cualidades puedan experimentar, solo se operan gradualmente y merced a la influencia de cuanto le rodea.
En resumen: la muerte ha sido para el cuerpo, pues para el Espíritu, no ha sido otra cosa que un sueño.
En la reencarnación las cosas suceden de muy distinto modo.
En el momento de la concepción del cuerpo destinado al Espíritu, éste se encuentra envuelto por una corriente fluídica que le atrae hacia el punto de su nueva morada, y desde este momento, el Espíritu pertenece a un cuerpo, como este cuerpo le pertenece a él hasta la muerte del mismo, a pesar de que la unión completa entre la materia y el Espíritu' no tiene lugar hasta el instante precise del nacimiento.
Luego que ha tenido lugar la concepción, se apodera del Espíritu una turbación especial; sus ideas se ofuscan; sus facultades se aniquilan y esa turbación va creciendo a medida que el lazo de unión del Espíritu con el cuerpo se estrecha más y más, siendo completa en los últimos tiempos de la gestación; de tal suerte, que el Espíritu no es nunca testigo del nacimiento de su cuerpo, como tampoco tiene conciencia de la muerte de éste.
Pero nace el niño y respira, y la turbación desaparece paulatinamente, y las ideas renacen, si bien en otras condiciones que cuando muere el cuerpo.
En el acto de la reencarnación, las facultades del Espíritu no quedan solamente entorpecidas por una especie de sueño momentáneo, como sucede cuando aquél vuelve a la vida espiritual, porque todas, sin excepción alguna, pasan al estado latente.
La vida corporal tiene por objeto desarrollar esas facultades por medio del ejercicio, pero no pueden serlo todas simultáneamente, porque el desarrollo de unas podría perjudicar a las demás, mientras que con el desarrollo sucesivo, no existe este inconveniente.
Es menester, pues, que algunas permanezcan en reposo mientras que otras se ejercitan; y esto explica por que en una nueva existencia, un Espíritu puede aparecer bajo un aspecto bien distinto que en su anterior vida corporal, sobre todo si no es de los más adelantados.
Por ejemplo: en un Espíritu podría ser muy activa la facultad musical; concebirá, percibirá y por consiguiente ejecutará todo aquello que es necesario al desenvolvimiento de esta facultad: en otra existencia se perfeccionará en la pintura, poesía, ciencias exactas, etc., y mientras otras nueva facultades se desarrollan, la de la música se conservará en estado latente, no perdiendo por esto el adelanto adquirido en la existencia anterior.
Resulta, pues, de lo expuesto, que el que en una existencia ha sido artista, en otra será tal vez un gran sabio, hombre de Estado o estratega, sin que como artista tenga importancia alguna, o viceversa.
El estado latente en que permanecen las facultades de un Espíritu cuando se encarna de nuevo, explica el olvido completo de las existencias anteriores, mientras que el recuerdo de la vida corporal es entero al despertar el Espíritu de la especie de aletargamiento en que queda en el momento de la muerte del cuerpo.
Las facultades que se manifiestan en el Espíritu, están naturalmente en relación con la posición social que aquél debe ocupar en el mundo y también con las pruebas que ha elegido; sin embargo, sucede a veces que las preocupaciones sociales le rebajan o elevan más de lo conveniente, lo cual hace que alguno Espíritus no estén, intelectual y moralmente hablando, en relación con el lugar que ocupan.
 Este hecho, por los inconvenientes que consigo lleva, forma parte de las pruebas elegidas y debe cesar con el progreso, porque en un orden social adelantado, todo se arregla según la lógica de las leyes naturales, no siendo por derecho de nacimiento llamado a gobernar, aquel que solo es apto para trabajos manuales.
Pero volvamos al Espíritu en la infancia de su cuerpo. Hemos visto que hasta el momento de nacer, todas las facultades del Espíritu se encontraban en estado latente, y por lo tanto, el Espíritu sin tener conciencia de sí mismo; las facultades que deben ejercitarse en la nueva existencia no se manifiestan súbitamente en el momento de nacer, sino que se desarrollan gradualmente con los órganos destinados a su manifestación; pero por su actividad íntima, cada facultad acelera el desarrollo de su órgano correspondiente, le empuja, por decirlo así, del mismo modo que empuja la corteza del árbol, el vástago que se oculta debajo de aquella.
Resulta, pues, que en la infancia, el Espíritu no disfruta del pleno goce de ninguna de sus facultades, no solamente como ser humano, sino tampoco como Espíritu, porque es un verdadero niño, lo mismo que el cuerpo al cual esta sujeto.
Ni se encuentra comprimido penosamente en el cuerpo imperfecto todavía, porque de otro modo, Dios hubiera hecho de la encarnación un suplido para todos los Espíritus, buenos o malos indistintamente.
No sucede lo mismo con el idiota y el imbécil, cuyos órganos, no habiéndose desarrollado en relación con las facultades del Espíritu, ponen a éste en la situación de un hombre sujeto por fuertes lazos que le impiden moverse libremente.
Y esta es la razón por que puede evocarse al Espíritu de un idiota y obtener del mismo, contestaciones cuerdas, mientras que el de un niño de muy corta edad, se ve privado de dar respuesta alguna.
Todas las facultades y aptitudes se encuentran en embrión en el Espíritu, desde la creación de éste, si bien en estado rudimentario, como se encuentran todos los órganos en el primer filamento del feto informe y todas las partes del árbol en la semilla.
El salvaje que más tarde llegará a ser un hombre civilizado, posee todos los gérmenes que un día harán del mismo un sabio, un artista o un filósofo.
A medida que esos gérmenes llegan al estado de madurez, la Providencia da al Espíritu, para la vida terrestre, un cuerpo apropiado a su aptitud, y así es que el cerebro de un europeo esta mejor organizado y provisto de mayor número de órganos que el de un salvaje.
Para la vida espiritual, la misma Providencia le facilita un cuerpo fluídico o periespíritu, más útil e impresionable que el anterior para otras sensaciones, y a medida que el Espíritu muera a cada nueva encarnación para resucitar luego con nuevos atributos, sin dejar por esto de ser siempre el mismo.
Sirva de ejemplo, para demostrar más palpablemente lo que acabamos de decir, un campesino que se enriquece y pasa a ser un gran señor; ha abandonado su cabaña para habitar un palacio, y el paño burdo de que labraba sus vestidos, por ricas telas y bordados; todo cambia en él: sus costumbres, gustos, lenguaje y carácter; en una palabra, no parece sino que el campesino ha muerto y ha enterrado su buriel, para nacer tan mejorado que casi es  desconocido. Y sin embargo, es el mismo individuo, y en él no ha habido otra cosa que una transformación.
Cada existencia corporal, es, pues, para el Espíritu, un motivo de progreso más o menos perceptible.
Vuelto al mundo de los Espíritus, lleva consigo un nuevo caudal de ideas; su horizonte moral se dilata, sus percepciones son más finas y delicadas; ahora ve y comprende lo que antes no veía ni comprendía y su vista, que al principio no iba mas allá de su última existencia, abarca sucesivamente todas sus existencias anteriores, como el hombre que eleva en el aire, abarca cada vez más vastos horizontes.
En cada una de las estaciones del Espíritu en la erraticidad, se desarrollan a su vista nuevas maravillas del mundo invisible, porque cada vez se descorre para él un nuevo velo.
Al mismo tiempo su envoltura fluídica se mejora, se vuelve más ligera y brillante, hasta que por fin será resplandeciente. Es un Espíritu casi nuevo; es el labriego de que hemos hablado antes, pulido y transformado. El Espíritu primitivo ha muerto: sin embargo, siempre es el mismo Espíritu.
He aquí explicado como debe entenderse, según nuestro modo de ver, la muerte espiritual.

Tomado del libro “Obras Póstumas”
Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta
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     Desánimo Espiritual




Cuando entramos en contacto con un ideal filosófico y/o espiritual que nos toca la razón y el convencimiento, y por afinidad nos sentimos identificados con sus preceptos, es natural  (y de hecho, coherente) que pasemos a incorporarlos a nuestro día a día., al menos si estamos interesados en “educar” ciertas áreas personales, mejorar nuestro patrimonio espiritual o, en definitiva, crecer como individuos. La Doctrina espirita, que es claramente evolucionista, evidencia notablemente esto de que hablamos, ya que la auto-reforma de la persona es su fin más característico.

Es común que en los primeros momentos de adhesión a este ideal filosófico (como ocurre cuando se abrazan otros ideales del mundo), la ilusión y el entusiasmo marquen los primeros pasos... Este estado es normal (y hasta positivo), pero no durará mucho tiempo si no incorporamos, a la vez, otros aspectos que den mas seguridad y madurez a la trayectoria moral o doctrinaria que hemos elegido por afinidad de espíritu...

Ilusión, proyectos de auto-crecimiento, ganas de hacer cosas, etc... Aparquemos por un momento todo esto a un lado: vamos a situarnos .

Como en todos los proyectos de vida que iniciamos, el saber situarnos previamente, resulta un paso de especial importancia. ., y lleva intrínseca una trascendencia q, en general, no valoramos; no solo por lo que vale, sino por las repercusiones que tendrá mas tarde, en nuestra trayectoria espiritual.. . Decimos esto porque, infelizmente, esto no ocurre así, y normalmente pasamos rápidamente a incorporar nuevas perspectivas espirituales y a adoptar hábitos morales nuevos sin un planteamiento previo, sin una auto-evaluació n de nosotros mismos (ese “situarse”, acoplarse... de que estamos hablando).

Pero, ¿qué significa saber situarse? Pues básicamente, meditar cual es nuestra condición interna (y global) como individuos en evolución, y tener clara nuestra realidad psicológica verdadera (sin enmascarar nada, con total honestidad). .es decir: nuestras inclinaciones afectivas, nuestras adquisiciones morales, pero sobretodo; nuestros miedos, inferioridades y pequeñas o grandes miserias, aquellas que nos encadenan al sufrimiento, pero, a la vez, nos definen como humanos..seres de luz en arduo tránsito hacia la Perfección...

Una vez hecho este “inventario” moral y psicológico (una acción que tiene que ser valiente y sincera, pues se trata de reconocer nuestra porción de sombra ..), el paso siguiente e igualmente imprescindible es aceptar todo esto que somos... plenamente.

TOMA DE CONTACTO INTERIOR+RECONOCIMIENTO MORAL+ACEPTACIÓN

Recordamos que toda esta especie de “sondeo” personal es para un mejor rendimiento de nuestro potencial, una puesta a punto para ofrecer lo mejor de nosotros mismos a la causa que abrazamos... conscientes de lo que somos y de las cosas que aún tenemos que trabajarnos.

Sin la auto-aceptació n consciente de nosotros mismos, tal como estamos en este momento de nuestra existencia, poco adelantaremos en nuestra singladura evolutiva y poco podremos ofrecer al campo elegido de nuestros ideales (ya sean estos sociales o espirituales) . No existe auto-conocimiento pleno ni reforma moral sin auto aceptación ...de que somos criaturas aún frágiles, marcadas por nuestro pasado milenario, llenas de pequeñas o grandes virtudes, pero igualmente, de grandes o incluso graves defectos. Pero no obstante, es desde esta imperfecta realidad de nosotros mismos, que el Padre de todos nos ama... y si El nos acepta tal como somos, no hay ningún motivo para que no lo hagan los demás, pero sobretodo nosotros mismos.

Llamamos la atención de todos aquellos compañeros que leen este artículo sobre la importancia de SITUARSE y AUTO-ACEPTARSE. Porque si no tenemos en cuenta todo esto, antes o después, nuestra ilusión y fuerza inicial dentro del Espiritismo (o en cualquier otra doctrina o ideal), se irá transformando en apatía y desilusión; al no haber “sincronizado” adecuadamente nuestro caudal de defectos y viciaciones (tan de la humana naturaleza, ya dijimos) con la propuesta de auto-educació n y reforma de la doctrina de los Espíritus..., es como empezar la casa por el tejado, pues la auto reforma y el acoplarnos a las leyes espirituales no se hace en un solo paso, es un proceso gradual, en el que no se recomiendan pausas excesivamente largas y acomodadas, cierto es, pero desde luego sin acelerones que, además, excluyan la reflexión de lo que somos antes de ponernos en funcionamiento. Todas las cosas del cielo y de la tierra tienen su tiempo...

Si no omitimos este analizarse y auto aceptarse (sin reservas), sin enmascaramientos morales ni falsos testimonios; de forma inconsciente, el peso de nuestra realidad como necesitados espirituales (que en mayor o menor medida somos todos) se nos irá haciendo cada vez más pesado, tanto que nos irá pareciendo, cada vez con más frecuencia, mucho más “consolador” el abandonarnos a nuestras inferioridades que a trabajarlas, perdiendo así un excelente medio de hacerlo mediante el estudio de la Doctrina y el apoyo espiritual que esta conlleva.

Y es que el optar por el opuesto de todo esto que estamos exponiendo, es la aparición de los primeros “agentes” del desánimo, producto de desproporcionadas auto-imposiciones y las sutiles mortificaciones de conciencia que resultan al compararnos ,desproporcionadame nte, con Espíritus superiores o los grandes bultos del Progreso (y reconocer cuanto camino nos queda para esto), acción esta que provoca el “resaltamiento” de nuestras inferioridades y, seguidamente, el no considerarnos como dignos elementos humanos que mucho tienen aún que ofrecer, pese a nuestra humana imperfección.

El no hacer todo esto que nos puede parecer tan pueril, en los primeros momentos de abrazar determinada causa en la que ponemos confianza y proyectos, determina en gran medida la trayectoria que proyectaremos en la misma. Es por esto que observamos de cuando en cuando, como determinados compañeros del camino (detentores de excepcionales posibilidades internas), terminan cayendo en una especie de ansiedadmoral que en nada ayuda y que, más tarde o más pronto, termina conduciendo a la desilusión, la falta de fe y el consecuente tirar la toallaque acaba tristemente con las nobles aspiraciones de muchos.

Por ello: AUTOACEPTACION de lo que somos y sentimos, como primer paso... y PERSEVERANCIA, como herramienta de todos los días.


Paz, Luz y Trabajo para todos.
Un compañero de todos. (FEE)

viernes, 14 de febrero de 2014

CAMBIOS


CAMBIOS

Al describir la naturaleza siempre cambiante de la vida, el Dalai Lama explicó:
-Es extremadamente importante investigar los orígenes del sufri­miento, saber cómo surge. Para iniciar ese proceso se ha de ser cons­ciente de la naturaleza cambiante de nuestra existencia. Todas las cosas, acontecimientos y fenómenos son dinámicos, cambian a cada momento; nada permanece estático.
 Meditar sobre la circulación sanguínea puede servimos para reforzar esta idea: la sangre está fluyen­do constantemente, nunca se está quieta. Y puesto que es propio de la naturaleza de todos los fenómenos el cambiar continuamente, con­cluimos que a las cosas les falta capacidad para perdurar, para seguir siendo lo mismo.
Y si todas las cosas se hallan sujetas al cambio, nada existe en un estado permanente, nada es capaz de programarse para permanecer. Por tanto, todas las cosas se encuentran bajo el poder o la influencia de otros factores.
Nada durará, al margen de lo agrada­ble o placentera que pueda ser la experiencia. Esto se convierte en la base de una categoría de sufrimiento conocida en el budismo como el «sufrimiento del cambio».

Tomado del libro “DALAI, ARTE Y FELICIDAD”
Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta
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EXISTENCIA TERRESTRE
(Emmanuel)
Muchos compañeros en el mundo se preguntan hoy por el sentido de la vida.
Muchos científicos responden que la vida es un punto de interrogación.
Varios poetas afirman que se trata de una sucesión de adioses.
Criaturas inmaduras de entendimiento la interpretan por una fiesta sin lógica, apropiándose de los placeres inmediatos; y los pesimistas aseveran que todo o nada, como si de nada pudiésemos formar alguna cosa.
La Tierra, no obstante, es una escuela de vida y, en las múltiples clases en que se subdivide, cada alumno o espíritu inmortal usa el cuerpo físico, deseando alcanzar determinados fines:
Ese vino a aprender enseñando;
Otro llegó para dirigir el trabajo;
Otro aún se integra en los cuadros de lo subalterno a fin de pulirse;
Aquel es repetidor de lecciones en las cuales fallo en otra época; Otro es llamado a la revisión del propio comportamiento;
Y aquel otro, todavía se ve obligado al reencuentro con amigos que un día fueron adversarios, con el fin de remodelar con ellos la armonía necesaria para la construcción del bien.
Deja que la reencarnación te ilumine la mente con las realidades que nos presiden los caminos evolutivos y observarás la sabiduría que nos rige la existencia en cualquier plano del universo.
La cuna es tu ficha de entrada en la escuela en la cual te perfeccionarás.
Con el núcleo familiar dispones de las personas concretas y de los problemas que te piden respeto.
En el panorama social en que te mueves tienes la oportunidad de servicio que te solicita demostraciones de aprovechamiento y valor.
En las pruebas y dificultades del día a día posees el esquema de las tareas de mejoría y elevación.
Por lo que sientes, sabes con claridad en qué materia se te exige una aplicación más intensa.
Y, por los que te rodean, reconoces a los compañeros de fatigas o verificas cuales son los compañeros más íntimos, con los que debes construir y aprender, servir y trabajar.
Piensa en la existencia terrestre como siendo una vida educativa, dentro de la vida imperecedera y, por medio de los obstáculos cotidianos, percibirás que te encuentras en un curso temporal de aprendizaje, mientras que los astros, en el cosmos, te harán sentir que, si te matriculaste en la escuela de la experiencia humana, estás igualmente en el camino de regreso al Hogar Mayor, donde te esperan las luces del Eterno Amanecer.
Del libro “Hora de testimoniar” de J. Herculano Pires 

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Miguel Vives
EL ESPIRITA EN EL MUNDO ACTUAL
La vida es igual al Sol que nace y se pone, obedeciendo a determinado espacio de tiempo, para volver a renacer. Nada muere, esta es nuestra alegría. Todo vivió, vive y vivirá siempre. Dios es la realidad cósmica, sin disfraces, y el  espíritu es el movimiento divino que nunca se detiene. El sufrimiento se da la mano con la ignorancia, que es un ropaje  que el tiempo cambia por otro, comprometiéndose cada vez más, con la Verdad.
La Tierra está pasando por un periodo crítico de crecimiento. Nuestro pequeño mundo, cerrado en concepciones mezquinas y obtusos y estrechos límites, madura para el infinito. Sus fronteras se  abren en todas direcciones. Estamos  en vísperas de una Nueva Tierra y un nuevo Cielo, según las expresiones del Apocalipsis. El Espiritismo vino para ayudar la Tierra en esa transición.
La mayor realidad sustentadora de la vida es el Amor. El Amor Dios presente en la Tierra, es el canal de la Vida, es la Verdades dividiéndose de acuerdo con nuestras necesidades. El deber del hombre es seguir a Dios  con fe y coraje y con la dinámica apropiada al crecimiento de todos los sentimientos que coinciden con los preceptos mencionados por la Buena Nueva del Reino de Dios.
Dios nuestro Padre nos rodea de bendiciones,  las cuales nos hacen comprender  los medios para liberarnos de los enemigos, no solamente de aquellos que, por nuestra flaqueza, creemos que lo sean, sino que además, nos entrego a Jesús, para hacernos santos, para volvernos espíritus superiores, como ciudadanos universales, dignificando  la propia vida por el Amor y por la Gracia.  Sin embargo, sin luchar  con ciertos enemigos existentes  dentro de nosotros, se hace imposible alcanzar esa misericordia, esa felicidad. Tales demonios se llaman odio, venganza, envidia, celos, mal querer, estupidez, maledicencia, orgullo. Nuestro esfuerzo debe ser en el sentido de no hacer a los otros lo que no aceptamos para nosotros. Seremos redimidos, esto es propio de la justicia divina; con todo, esa redención tiene un precio bastante alto en el cambio de la ley: el esfuerzo propio. Fuera de eso, ¿Cómo liberarnos de la ignorancia? Dios derrama todo el bien sobre las criaturas de la Tierra. No obstante, cada uno asimila de acuerdo con su capacidad. ¿Él daría a unos más que a otros?  ¡No!... Nosotros somos  los que no soportamos bendiciones mayores de las que recibimos de las manos del Divino Donador.
Todas las cualidades están dentro de nosotros.  Las puertas  para el infinito se abren dentro del corazón, por medio de la lucidez racional. La facultad de ver no constituye  la ideal, sino la que nos muestra el cielo  y que nos vuelve Ángeles. La verdadera esperanza es la certeza absoluta  que sentimos dentro del alma. Esta es la mayor videncia de todos los tiempos.  La herencia a que estamos predestinados, por la misericordia del Señor, es la herencia divina, que la polilla no corroe, ni el tiempo consume, ni la herrumbre deshace. Es la herencia de la tranquilidad de conciencia, es la riqueza de la alegría, es la abundancia de la felicidad. Consiste en alimentar la fe , la confianza en las promesas del Evangelio y la lucha de cada uno contra su naturaleza inferior, venciendo las dificultades que ellas nos imponen, con eso lograríamos la paz en el corazón. Esa es la garantía de nuestra herencia en Cristo. Es la mayor realidad  que podemos alcanzar  en el mundo: conocernos a nosotros mismos  conociendo a Cristo, que vive fuera  y dentro  de cada uno.
Procuremos, pues, comprender  nuestra responsabilidad de espiritas, en todos los sectores de la vida contemporánea. No somos espiritas por acaso, ni porque precisamos  del auxilio de los Espíritus para la solución de nuestros problemas  terrenales. Somos espíritas  porque asumimos en la vida espiritual graves responsabilidades  para esta hora del mundo. Tenemos que ayudarnos a nosotros mismos, ampliando nuestra comprensión del  sentido  y de la naturaleza del Espiritismo, de su importante misión en la Tierra. Nuestro deber es ayudar al Espiritismo a cumplirla.
El mundo actual está lleno de conflictos. El crecimiento de la población, el desarrollo económico, el progreso científico,  el mejoramiento técnico y la profunda modificación de las concepciones  de la vida y del hombre,  nos coloca  delante  de una situación de asustadiza inestabilidad.  Sin embargo, el Espirita  no tiene el derecho de temer  y asustarse, ni huir de sus deberes entregándose  a los instintos. Su deber es uno solo: luchar por la implantación del Reino de Dios en la Tierra.
Pero nos preguntamos: ¿Cómo luchar, cual es el campo de batalla, que armas debe utilizar el espirita?  La lucha espirita es incesante. Sus frentes de batalla  comienzan en su propio interior y van hasta los límites del mundo exterior. Más para todo eso el espirita no está solo,  pues cuenta con el auxilio  constante  de los Espíritus del Señor, que presiden la propagación y el desarrollo del Espiritismo en la Tierra.
Una de las armas  de la que puede servirse el espirita más eficaz es la oración, así nos lo enseña Kardec, proclamó León Denis y acentuó Miguel Vives. La oración verdadera, que brota de nuestro interior,  como el agua transparente que brota de la fuente de las entrañas de la tierra. Ella nos calmará el corazón inquieto y nos aclarará los caminos del mundo. El espírita no puede poner en duda el valor de la oración, tan pregonado por el Espiritismo.
El espirita tiene que enfrentar el mundo actual con la confianza que el Espiritismo le da, esa confianza racional en Dios y en sus admirables leyes, que rigen las constelaciones atómicas en el seno de la materia y las constelaciones astrales en el seno del espacio infinito.
El mundo actual es el campo de batalla del espirita. Más también su oficina, aquella oficina donde forja un mundo nuevo. Día a Día debe batir el espirita  en la bigornia  del futuro. A cada día que pasa, un poco de trabajo habremos hecho. Somos los constructores de nuestro propio futuro, somos auxiliares de Dios en la construcción del futuro del mundo. Si el espírita , recula, si teme, si vacila, puede comprometer  la gran obra. Nada debe perturbar nuestro trabajo en las filas del Espiritismo, en la turbulenta más promisora oficina del mundo actual.
El espirita es el consciente constructor de una nueva forma de vida humana en la Tierra y de vida espiritual en el Espacio; nuestra responsabilidad es proporcional a nuestro conocimiento de la realidad, que la nueva Revelación nos dio; nuestro deber es afrontar las dificultades actuales y transformarlas en nuevas oportunidades de progreso, no puede ser olvidado un momento siquiera; debemos cumplir con nuestro deber.
Cristo nos dio vida, cuando estábamos muertos en la ignorancia y en el error, a través de la Doctrina espirita,  vino, por misericordia de todas las instancias  de los cielos, para mostrarnos los caminos por los que deberíamos andar,  y, por encima de todo, para enseñarnos con habilidad  y mansedumbre, los preceptos liberadores, como  seguridad  para nuestra jornada evolutiva. Hagamos pues nuestra parte, levantemos nuestra moral, ayudando así, al surgimiento de la conducta ajena que se encuentra vinculada a la nuestra, por sintonía que nuestro corazón plasmo y la lluvia mental irrigo con el paso de los tiempos.
Si nos unimos a Cristo, comenzando en el templo intimo de nuestro corazón y lo hacemos un sagrado recinto espiritual comulgando con El a todas horas, todos seremos salvos por esa avalancha doctrinaria, diseminada por Aquel  que era desde el principio, nuestro Señor Jesucristo… su presencia dentro de nosotros es realmente  motivada de gloria, pues fuera del amor  no habrá solución para el mundo, ni para la humanidad. El Evangelio es  Dios manifestándose en la Tierra, como fuerza divina; nadie lo destruirá. El propio tiempo y el progreso son medios grandiosos para conservarlo y engrandecerlo para la eternidad, porque él es la concentración de todas las leyes y de todos los profetas. Es la síntesis reunida por Amor, en la expresión de un testamento que todo rebaño  y que todas las generaciones  heredaran. Fue hecho por Dios, por las manos de Cristo.
Jesús nos invita  al gran festín  de las Bodas Celestiales. Preparémonos con ilusión, entusiasmo y alegría, es la gran fiesta en donde la Humanidad entera está invitada,  el único requisito para poder acceder a ella, es procurarse el traje para ese festín de Bodas.
Trabajo realizado por Merchita
Extraído del libro “Francisco de Asís”  de Juan Nunes Mata  y del libro: “El tesoro de los Espiritas” de Miguel Vives.

jueves, 13 de febrero de 2014

Ley de Transformación y destrucción

                                         
   Ley de Transformación y destrucción

Por esta ley todos los Seres experimentamos un desgaste físico con el paso del tiempo. Esta ley natural supone una progresiva y necesaria destrucción de todas las formas vivas para su posterior transformación o renacimiento en otras formas nuevas o distintas, regenerando y renovando así su esencia.
Se trata de un mecanismo necesario para que pueda existir y continuar una posterior transformación y mejora de todos los seres vivos. Todas las formas materiales vivas son pasajeras y mas o menos efímeras, pues la muerte las termina y la vida continúa engrandeciendo su esencia.
En la Naturaleza esta ley se está cumpliendo continuamente mediante la cadena alimentaria de unos seres que dependen de otros para subsistir, manteniendo de este modo un equilibrio ecológico que a veces puede mostrarse como la cara cruel pero necesaria de la Naturaleza, en donde se aprecia claramente como la destrucción o muerte es necesaria para la vida, a la que acompaña siempre. La destrucción supone renovación con el objeto de ir mejorando los seres vivos.
Esta destrucción natural que supone renovación, es el complemento del proceso evolutivo por el que es preciso morir para después renacer , pasando así por millones de metamorfosis.
La vida está en constante renovación, Hasta en nuestro mismo cuerpo aun sin percibirlo, están las células de su organismo muriendo constantemente al tiempo que van siendo sustituidas por otras nuevas que nacen.
El equilibrio ecológico se produce en la Naturaleza entre los animales de un modo instintivo, controlando los excesos de nivel de individuos en poblaciones que así fluctúan en busca de un equilibrio necesario entre las especies animales y vegetales. Resulta paradójico observar como mediante la recíproca destrucción entre dos especies, dentro de una justa y equilibrada medida, ello conduce a la conservación recíproca de ambas especies mediante el equilibrio ecológico de su ecosistema.
Todos los seres vivos mantenemos los instintos de reproducción y de conservación, lo cual preserva el Principio Inteligente que existe en todos los seres vivos a fin de que su desarrollo evolutivo no se vea interrumpido antes de tiempo. Precisamente por esto, considerando la Vida como un continuo devenir de las formas físicas dentro de un proceso de transformación y desarrollo continuos, se comprende la necesidad de una permanente destrucción o desgaste de esas formas físicas para dar paso a otras nuevas.
Al observarse en la humanidad un nivel creciente de población, se podría creer que vamos al caos; sin embargo de alguna forma el Creador mantiene el equilibrio natural.
En el Ser humano de hace varios cientos o quizás miles de años, la necesidad de destrucción era mas intensa que ahora,- sin embargo actualmente es muchísimo mas intensa su capacidad destructora , y a pesar de esto, en el futuro , como resultado lógico de su evolución espiritual y moral, la Humanidad está abocada a llegar a alcanzar un nivel superior de conciencia , por lo que su instinto destructivo actual y su capacidad destructora, no tendrán finalmente razón de ser y terminarán por desaparecer por completo.
Los periodos de destrucción y regeneración a lo largo de la historia de los pueblos y civilizaciones, se han ido alternando. Así, a cada periodo de decadencia ,destrucción o calamidad, le han seguido a continuación periodos de regeneración, florecimiento y prosperidad, con grandes avances sociales e intelectuales, lo cual nos indica como esta ley de Destrucción también ha sido a su vez una gran colaboradora e impulsora en la evolución del Ser humano a lo largo de los tiempos.
También a lo largo de la Historia humana han habido muchas civilizaciones, razas y pueblos con cierto grado de desarrollo social y humano, que han llegado a desaparecer por completo, dando paso a otros que les han sucedido, a veces mas atrasados en sus comienzos, pero que conservaron como semilla de desarrollo social y como punto de partida, algún vestigio de herencia de esa civilización perdida en los recuerdos del pasado. Han exisido pueblos y civilizaciones , muchas de ellas desconocidas o que han llegado a nuestro conocimiento bajo forma mitológica, en los que tras un periodo de crecimiento floreciente tuvieron otro de decadencia hasta su total desaparición. Sin embargo finalmente otros pueblos normalmente mas adelantados o evolucionados, ocuparon posteriormente su lugar. Por la misma razón es normal creer que algún día llegará en el que nuestra actual civilización habrá pasado a la historia y otra nueva raza tal vez nos haya sustituido.

- José L. Martín -
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Nada perece en el universo; cuanto acontece en él no pasa de meras transformaciones.”
- Pitágoras-
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Joao Bautista Cabral
Venza la ansiedad


En los actuales dias que vivimos en la Tierra con tanto progreso material, el ser humano vive aturdido ante los graves conflictos: el miedo, la tristeza, la depresión y la ansiedad. Esto tiene asolado a millones de personas en todo el planeta y no son fáciles sus curas o alivio al amparo del ser humano.
Inicialmente pretendemos ofrecer algunas definiciones de este terrible drama:
"Ansiedad es la sensación , a veces vaga, de que algo desagradable está a punto de suceder". El diccionario Aurelio presenta estos conceptos: "Ansia, aflicción, angustia....Perturbación del Espíritu causada por la incertidumbre o por el recelo...; Ansiedad: estado afectivo caracterizado por un sentimiento de inseguridad."
Lector amigo, observe entonces, que la ansiedad está íntimamente ligada con las incertidumbres de la existencia en la Tierra y en la vida espiritual, solo que son muchos los que se afligen con lo que les podrá suceder después de la muerte.
Buda- el Iluminado- ya llamaba la atención para la impermanencia de todo cuanto se refiere al cuerpo orgánico o al espiritual, solo que son muchos los que se afligen con lo que les podrá suceder. Platón, filósofo de la antigüedad, afirmaba que la única cosaq que no cambia en el Universo es la Ley del Cambio.

Así, por la dinámica de la Vida, en movimiento contínuo, nada permanece estacionario. Criatura alguna, por fuerza de este movimiento incesante, experimenta seguridad absoluta y permanente del cuerpo. Todos estamos sujetos a cambios que pueden ocurrir en cualquier momento. En relación a esta impermanencia y a esta inseguridad, se comprende por qué la mayoría de los hombres vive abrazado a esa sensación de que algo desagradable está a punto de suceder.
El ansioso crónico sufre, entre otras razones, porque sueña en conseguir ciertos bienes y valores y sueña en conservar siempre lo que viene a conquistar. Como no consigue todo lo que desea, o como siente que no conservará para siempre lo eventualmente conquistado, se angustia. Sufre con la sensación de que no conseguirá alcanzar la meta o con la sensación de que en cualquier momento perderá lo poco que conquistó!

,Se puede pues, decir entonces que la ansiedad es una perturbación del espíritu causada por la incertidumbre o por el recelo. Los estudiosos hacen una distinción importante entre el miedo y la ansiedad; en cuanto el miedo es a la reacción al peligro externo y real, la ansiedad significa"una expresión de conflictos internos, la mayoría de las veces, inconsciente".

La ansiedad puede ser considerada normal o patológica. La ansiedadnormal es aquella en la que el indivíduo presentará las manifdestaciones psíquicas o físicas en intensidad leve o moderada, no frecuentes y con una duraci-on limitada de tiempo. La ansiedad será patológica siempre que las manifestaciones psíquicas mencionadas se presenten a un nivel acentuado, inaceptable. Traerá inclusive , maleficios para la económia oránica, En este grado, la ansiedad solamente perturba y perjudica.

El rencor y el resentimiento son otra enfermedad del alma. La cura del rencor exige una reforma íntima profunda. Aquellos que lo conservan, enferman, no solo no solo espiritual, sino físicamente. La mejor terapia es la del perdón, no solo de palabras sino sobre todo, del olvido del mal recibido.

La depresión es también una dolencia del alma y está vinculada la mayor parte de las veces, al presente y al pasado del Espíritu que vivió equivocado y contrarió esta u otras vivencias anteriores a la conciencia de culpa. ¿Cómo vamos nosotros a curar esas graves dolencias?. El Espiritismo,ampliando las enseñanzas morales del mensaje de Jesús para los tiempos actuales, nos ofrece alguna sugerencia?. Vamos a seguir algunas reglas que pueden cambiar su vida:

1.- Haga el bien a sí mismo y a sus semejantes;
2.- Confíe en Dios, planee una vida y hágala.
3.- Ame a su familia procurando mejorar sus relaciones familiares
4.-Aprenda a dominar sus emociones
5.- Sea Vd. Su psicoterapeuta descubriendo sus virtudes.
6.-Sea competente planeando sus acciones.
7.-Vaya más allá del bienestar material pensando en los valores de la educación
del Espíritu.
8.- Crézcase ante los obstáculos.
9.- Viva bien con todos.
10.- Cuide con celo de su cuerpo, pero principalmente, de la iluminación interior.

Finalmente, con el despertar del Espíritu y la vivencia del amor, creemos que podemos vencer estos males que han llevado a tantas personas al sufrimiento y así, podremos alcanzar un estado de plenitud.La Iluminación.
João Batista Cabral –
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EL LADO RELIGIOSO DEL ESPIRITISMO

...) Creer en  un Dios Todopoderoso, soberanamente justo y bueno; creer en al alma y en su inmortalidad; en la preexistencia del alma como única justificación del presente; en la pluralidad de existencias como medio de expiación, de reparación y adelanto intelectual y moral; en la perfectibilidad de seres más imperfectos; en la felicidad creciente  con la perfección; en la equitativa remuneración del bien y del mal, según el principio: “a cada cual según sus obras”;  en la igualdad de la justicia para todos, sin excepciones, favores ni privilegios para ninguna criatura; en la duración de la expiación limitada a las imperfecciones; en el libre arbitrio del hombre, que le deja siempre escoger entre el bien y el mal; creer en la continuidad de las relaciones entre el mundo visible y el mundo invisible; en la solidaridad que religa a todos los seres pasados, presentes y futuros, encarnados y desencarnados; considerar la vida terrestre como transitoria y una de las fases de la vida del Espíritu, que es eterno; aceptar valerosamente las pruebas, en vista de un futuro más deseable que el presente; practicar la caridad en pensamiento, en palabras y obras en las más amplia acepción del término; esforzarse cada día para ser mejor que en la víspera, extirpando toda imperfección de su alma; someter todas las creencias al control del libre examen y de la razón, y no aceptar nada por la fe ciega; respetar todas las creencias sinceras, por más irracionales que nos parezcan, y no violentar la conciencia de nadie; ver, en fin, los descubrimiento de la  Ciencia, la revelación de las leyes de la Naturaleza, que son las leyes de Dios: ese es el Credo, la religión del Espiritismo, religión que puede conciliarse con todos los cultos, esto es, con todas las maneras de adorar a Dios. Es el lazo que debe unir a todos los espíritas en una santa comunión de pensamientos, esperando que una a todos los hombres sobre la bandera de la fraternidad universal.
Con la fraternidad, hija de la caridad, los hombres vivirán en paz y se evitarán males innumerables, que nacen de la discordia, a su vez hija del orgullo, del egoísmo, de la ambición, de la envidia y de todas las imperfecciones de la Humanidad.
El Espiritismo da a los hombres todo lo que es preciso para su felicidad aquí en la Tierra, porque les enseña a contentarse con lo que tienen. 
Que los espíritas sean, pues, los primeros en aprovechar los beneficios que el les trae, y que inauguren entre sí el reino de la armonía, que resplandecerá en las generaciones futuras.
Los Espíritus que nos acompañan aquí  son innumerables, atraídos por el objetivo que nos propusimos  al reunirnos, a fin de dar a nuestros pensamientos la fuerza que nace de la unión. Ofrezcamos a los que nos son caros un buen recuerdo, y la garantía de nuestro afecto, coraje y consuelos a los que de ello necesiten. Hagamos de modo que cada uno recoja su parte de los sentimientos de caridad benevolente de que  estuviéremos animados, y que esta reunión de los frutos que todos tienen  derecho a esperar.
Allan Kardec

(Últimos cuatro párrafos. Extractado de Revista Espírita, diciembre de 1868)

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LA HUMILDAD DE SER HOMBRE
JOSE SANCHEZ JIMENEZ


La vida es el gran maestro del hombre, y como gran maestro, pone a disposición de todos sus discípulos, su inagotable capacidad de sabiduría.
 De él recibimos cada día, cada momento, una lección para nuestro aprendizaje en el gran oficio de ser hombre humilde.
Se extienden estas lecciones a todos los órdenes de la vida, pero principalmente, son las lecciones de observación, de percepción, de sensibilidad. Y, no podemos sacar buen provecho de ellas si no somos buenos y atentos observadores, perceptores y sensibles a todo cuanto nos rodea. Porque, si no observamos, no percibimos, y si no percibimos no sentimos, y sin sentimiento, la vida no tendría sentido.
Queda bien probado este hecho, no ya en el sentimiento que posee todo ser humano, por ser un ser racional, sino en el profundo sentimiento que existe en todo ser irracional o animal por feroz que éste sea. Es decir, que el sentimiento es fundamento primordial para el progreso humano.
Por eso, las lecciones más importantes que nos hace aprender el sabio maestro, que es la vida primero que ninguna, son las del sentimiento, porque es la que más falta nos hace para nuestra completa y mejor formación de hombre.
Para desgracia de todos, son éstas las lecciones menos asimiladas, menos percibidas por la generalidad de los hombres; son las que pasan constantemente junto a nosotros sin fijar en ellas los ojos de la sensibilidad que son los que recogen con mayor exactitud las realidades de la vida.
Por el contrario, las lecciones captadas con los ojos de la cara, con los ojos materiales, dejan mayor impresión en nosotros y somos arrastrados por ellas porque éstas suelen ser de mayor agrado a los apetitos, deseos o pasiones del cuerpo.
Por otra parte también recibimos en la vida las llamadas lecciones intelectuales y técnicas. Para mi concepto, éstas son el complemento de las anteriores. No obstante las anteponemos a ellas en la creencia de que las lecciones intelectuales son las principales y más importantes para el progreso del hombre.
Si como progreso entendemos solamente los conocimientos que se adquieren por el estudio de las ciencias y las artes, desde luego que sí; pero, si el conocimiento de la ciencia lo entendemos como complemento del progreso del hombre que ya de por sí es ciencia, sabiduría y entendimiento en su forma espiritual según la elevación adquirida por cada cual, llegaremos a la lógica conclusión de que el hombre progresa porque es causa y no efecto de la ciencia; porque es espíritu antes que materia.
Soy de los convencidos de que en el fondo de cada ser humano existe una gran porción de bondad, de predisposición a lo bueno, a lo razonable, a lo justo, ya que el ser esencial es el espíritu y éste procede de la inmaculada fuente del bien; pero al mismo tiempo, también lo estoy de que la mayoría de los seres humanos hacemos poco aprecio, poco uso de esas virtudes, porque tenemos la creencia de que no son agradables, que no satisfacen las necesidades del cuerpo.
Esta creencia es el producto de un error, y, como todas las cosas, tiene su causa en el desconocimiento de los placeres espirituales, producidos por la admiración de las cosas con los ojos del espíritu, que son los que nos trasmiten dichos placeres a través del sistema nervioso que es conductor de los placeres espirituales y materiales a la vez; pero en esta transmisión nos cabe a cada cual la obligación de distinguir estas sensaciones, estos placeres, porque el cuerpo material precisa y siente necesidades y placeres totalmente distintos a los placeres y necesidades del espíritu.
Por conducto del sistema nervioso, nos damos cuenta de la necesidad de comer, beber, dormir; sentimos el frío, el calor, el dolor y las sensaciones de agrado o desagrado que percibimos por el paladar, el olfato o la vista. De todas estas sensaciones rechazamos las que no nos agradan y nos quedamos con las que nos agradan.
Pues, exactamente igual ocurre con las sensaciones espirituales, las recibimos a través de los nervios, éstos nos las transmiten al corazón y  este las pasa al cerebro, que es el encargado, valiéndose de la inteligencia, que no tiene forma material, de transformarlas en acciones y obras. En la realización de esas obras y acciones está la parte directamente responsable del hombre. Por ellas, por las obras y acciones que realizamos, queda reflejado y comprobado quienes somos, porque con ellas demostramos si somos modestos u orgullosos; si somos sinceros o hipócritas; si leales o falsos; si tolerantes o intransigentes; si bondadosos o egoístas, virtudes y defectos adheridos al hombre como la sombra al cuerpo, y que le acusa como un severo fiscal que posee todas las pruebas acusatorias.
El hombre no quiere darse cuenta de este peso acusatorio, que, a través de los años de cada cual, se van acumulando y forman un pesado legajo en nuestra conciencia, cuyo peso no nos deja vivir tranquilamente, los que llamamos últimos días  de nuestra vida porque los años juveniles los pasamos con más irresponsabilidad, por lo que cometemos mayores desaciertos, ya que todas las cosas las vemos de color de rosa y las basamos en ilusiones vanas.
Cuando los años han pasado sobre nosotros y vemos la vejez acercarse, es cuando nos quisiéramos descargar del peso de nuestros errores, del peso de nuestras culpas. Por esta razón es por lo que el resto de la existencia la pasamos intranquilamente, en la mayoría de los casos, deseando que la muerte nos alivie de dicho peso. El deseo de morir es el mayor error que podemos cometer en nuestra vida, ya que la muerte es continuación y no fin de la existencia, y con ella no descansamos, sino que continuamos la marcha emprendida hacia nuestra propia regeneración, nuestra propia elevación y salvación.
Para llegar al punto de salvación no hay otros medios y procedimientos más sencillos y prácticos que los imperecederos que el gran maestro Jesús enseñó en el sermón de la montaña: «Amaos los unos a los otros y no quieras para otro lo que no quieras para ti.
Son estas palabras sencillas, pero profundas y sabias. Por su sencillez pueden penetrar en todos los corazones y cerebros humanos, por su filosófica sabiduría son insustituibles como procedimiento de salvación y convivencia humana.
En todos los tiempos han aparecido muchas doctrinas filosóficas con los sanos propósitos de redención y emancipación de la sociedad, pero ninguna, hasta hoy, ha conseguido su propósito de imponerse, ni tampoco el de eliminar aquella fértil semilla sembrada en el huerto del olivo, sino que, por el contrario, se van eliminando unas a otras a medida que los hombres van comprobando sus fracasos, y. las reponen o cambian por otras que pronto terminan también por agotarse o desaparecer, y, así, de esta manera ininterrumpida y errónea van los hombres desgastando sus fuerzas físicas, morales y espirituales, sin conseguir un resultado positivo que libre a la humanidad del peligro de destrucción que sobre ella se cierne.
Tiene el hombre en sus manos el poderoso instrumento de salvación contra ese peligro, pero el hombre cierra los ojos y no quiere verlo; no quiere ver que ser hombre es cosa humilde; no quiere admitir que mientras no emplee el arma de la humildad y no el de la soberbia y el egoísmo no puede haber paz ni seguridad en los bienes ni en las almas; no quiere comprender ni conocer que lo más grande, sabio y poderoso es saber valorar la humildad de ser hombre ante Dios, ante los demás hombres y ante sí mismo.
Humildad ante Dios como prueba del conocimiento de su sabiduría, de su justicia, de su amor, de su infalibilidad, de su omnipotencia; humildad ante los demás hombres en prueba del reconocimiento de que todos somos hermanos eternos y como tales nos debemos un recíproco amor, sin el cual no existe la forma de convivencia humana de la que tanto se habla ahora; y, humildad ante uno mismo, como prueba de conformidad de nuestra condición de hombres, que reconocemos la soberanía de las LEYES DIVINAS y nos encontramos dispuestos a cumplirlas, como único medio de salvación y felicidad humana.
 Tiene el hombre en sus manos el poderoso instrumento de salvación contra ese peligro, pero el hombre cierra los ojos y no quiere verlo; no quiere ver que ser hombre es cosa humilde; no quiere admitir que mientras no emplee el arma de la humildad y no el de la soberbia y el egoísmo no puede haber paz ni seguridad en los bienes ni en las almas; no quiere comprender ni conocer que lo más grande, sabio y poderoso es saber valorar la humildad de ser hombre ante Dios, ante los demás hombres y ante sí mismo.
Humildad ante Dios como prueba del conocimiento de su sabiduría, de su justicia, de su amor, de su infalibilidad, de su omnipotencia; humildad ante los demás hombres en prueba del reconocimiento de que todos somos hermanos eternos y como tales nos debemos un recíproco amor, sin el cual no existe la forma de convivencia humana de la que tanto se habla ahora; y, humildad ante uno mismo, como prueba de conformidad de nuestra condición de hombres, que reconocemos la soberanía de las LEYES DIVINAS y nos encontramos dispuestos a cumplirlas, como único medio de salvación y felicidad humana.
 Tomado del Congreso Nacional de Espiritismo 1981
Publicación De La Asociación Parapsicològica Villenense
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