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martes, 18 de febrero de 2014

Libertad, ley natural para el ser humano

              
         
¿La Libertad también es una Ley Natural ?.-

Mucho se podría hablar de este asunto que a veces parece un tópico inalcanzable para el Ser humano.
Se ha dicho, con razón, que la Libertad es un atributo del Alma, y conforma una ley natural que se halla presente en las aspiraciones naturales e íntimas de cada ser humano. La libertad tiene un valor irrenunciable y es una necesidad constante e ineludible en todas las personas. El sentido de la libertad o la aspiración de ser y de sentirse libre es natural y común en todas las personas, con independencia del rango, cultura o clase social a que pertenezcan, lo cual demuestra que es , en efecto, una Ley Natural.
Sin libertad de pensamiento, no sería posible la búsqueda de la verdad, ni el avance científico, ni se podría desenvolver en la mente humana la filosofía y la racionalidad. Sin ella no podría haber progreso de ninguna clase. Los Seres humanos sentimos el derecho y la necesidad de gozar de una Libertad , pero esta siempre es relativa, porque siempre comienza y termina en donde lo hacen las libertades y derechos de los demás.
La auténtica libertad no reside en la sociedad humana, al menos en su plenitud, ni en el ser humano integral, pues los seres humanos tenemos limitaciones naturales dentro del desenvolvimiento social, que nos impiden sentirla en su total expresión . La auténtica libertad está en el alma, porque el Ser humano, solamente por el Espíritu puede gozar mediante el pensamiento, de una libertad total e ilimitada que nadie puede acotar ni destruir.
Los Seres humanos, hasta cierto punto, somos libres respecto a nuestro modo de actuar y respecto a nuestras decisiones, por lo que también en esa misma proporción, siempre somos directamente responsables de sus resultados.

- José Luis Martín-

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La libertad es el derecho a hacer lo que no perjudique a los demás”.

- Lacordaire -
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LA CARIDAD MORAL

SI yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo á ser como metal que resuena, ó címbalo que retiñe.  Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo caridad, nada soy.  Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve.
 La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazón, no se ensancha;  No es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal;  No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad;  Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres: empero la mayor de ellas es la caridad. (San Pablo, Primera Epístola a los Corintios, cap. XIII, v. 1 a 7 y 13). (1)

San Pablo comprendió de tal forma esta verdad que dice: Aunque tuviese yo el lenguaje de los ángeles; aun cuando tuviese el don de profecía y penetrase todos los misterios; aun cuando tuviese toda la fe posible, hasta transportar las montañas, si no tuviese caridad, yo nada sería. Entre estas tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad, la más excelente es la caridad.” Coloca de este modo sin equívoco, la caridad sobre la fe, porque la caridad está al alcance de todo el mundo, del ignorante y del sabio, del rico y del pobre y es independiente de toda creencia particular.
E hizo más: definió la verdadera caridad; la mostró no sólo en la beneficencia, sino en el conjunto de todas las cualidades del corazón, en la bondad y en la benevolencia con respecto al prójimo. (2)
Hay varias maneras de hacer la caridad, que muchos entre vosotros confunden con la limosna; sin embargo, hay una gran diferencia. La limosna, amigos míos, algunas veces es útil porque alivia a los pobres; pero casi siempre es humillante para el que la hace y para el que la recibe. La caridad, por el contrario, une al bienhechor y al beneficiado, y además ¡se disfraza de tantos modos! Se puede ser caritativo incluso con los parientes, con los amigos, siendo indulgentes los unos con los otros, perdonándose sus debilidades, teniendo cuidado de no herir el amor propio de nadie. (2b)
La verdadera caridad es una de las más sublimes enseñanzas que Dios haya dado al mundo. Entre los verdaderos discípulos de su doctrina, debe existir una fraternidad completa. (…). Pensad que vosotros sois más reprensibles, más culpables que aquellos a quienes rehusáis el perdón y la conmiseración, porque, con frecuencia, ellos no conocen a Dios como vosotros lo conocéis y les será pedido menos que a vosotros.
No juzguéis, (…), mis queridos amigos, porque el juicio que hiciereis os será aplicado aun con más severidad y tenéis necesidad de indulgencia para los pecados que cometéis sin cesar. ¿No sabéis que hay muchas acciones que son crímenes a los ojos del Dios de pureza y que el mundo no las considera ni siquiera como faltas leves?
La verdadera caridad no consiste solamente en la limosna que dais, ni tampoco en las palabras de consuelo con las cuales podéis acompañarla. No, no es esto sólo lo que Dios exige de vosotros. La caridad sublime, enseñada por Jesús, consiste también en la benevolencia concedida siempre y en todas las cosas a vuestro prójimo. Podéis también ejercitar esa sublime virtud con muchos seres que no tienen necesidad de limosnas y a quienes las palabras de amor, de consuelo y de valor, conducirá al Señor. (2c)
– ¿Cuál es el verdadero sentido de la palabra caridad tal como la entendía Jesús?
– Benevolencia para con todos, indulgencia con las imperfecciones ajenas, perdón de las ofensas. (3)
– ¿Hay culpabilidad en estudiar los defectos de los otros?
– Si es para criticarlos y divulgarlos, hay mucha culpabilidad, porque es faltar a la caridad; si es para sacar provecho del estudio y evitarlos en sí mismo, puede ser útil a veces, pero es preciso no olvidar que la indulgencia para con todos los defectos ajenos es una de las virtudes comprendidas en la caridad. Antes de reprochar a otros sus imperfecciones, ved si puede decirse otro tanto de vosotros. Procurad, pues, tener las cualidades opuestas a los defectos que criticáis en otro (...). Le censuráis la avaricia, sed generosos; el orgullo, sed humildes y modestos; La dureza, sed mansos; la bajeza en las acciones, sed grandes en todas las vuestras; en una palabra: haced de modo que no se os pueda aplicar esta frase de Jesús: ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el suyo. (3b)
La caridad moral consiste en soportarnos unos a otros y es lo que menos hacéis (…). Creedme, hay un gran mérito, en saber callar para dejar hablar a otro más ignorante y esto es también una especie de caridad. Saber ser sordo cuando una palabra burlona se escapa de una boca acostumbrada a ridiculizar; no ver la sonrisa desdeñosa con que os reciben ciertas personas, que con frecuencia, se creen superiores a vosotros, mientras que en la vida espiritual, la sola verdadera, están algunas veces muy lejos de eso; he ahí un mérito, no de humildad sino de caridad, porque el dejar de notar las faltas de otro, es caridad moral. (2d)

Entonces los Fariseos, oyendo que había cerrado la boca á los Saduceos, se juntaron á una. Y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, tentándole y diciendo: Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley? Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante á éste: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (San Mateo, cap. XXII, v. de 34 a 40). (1)

Caridad y humildad: tal es, pues, el único camino de la salvación; egoísmo y orgullo, tal es el de la perdición. Este principio está formulado en términos precisos en estas palabras: “Amaréis a Dios con toda vuestra alma y a vuestro prójimo como a vosotros mismos, toda la ley y los profetas están contenidos en estos dos mandamientos”. Y para que no haya equivocación sobre la interpretación del amor a Dios y al prójimo, añade: “Este es el segundo mandamiento, que es semejante al primero”; es decir, que no se puede verdaderamente amar a Dios sin amar al prójimo, ni amar al prójimo sin amar a Dios; por tanto, todo lo que se hace contra el prójimo, se hace contra Dios. No pudiendo amar a Dios, sin practicar la caridad con el prójimo, todos los deberes del hombre se encuentran resumidos en esta máxima: “FUERA DE LA CARIDAD NO HAY SALVACIÓN”. (2e)

Enviado por Liliana Lezcano
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                          EFICACIA DE LA ORACIÓN

5. Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis y os será concedido. (San Marcos, cap. XI,v. 24).
6. Hay personas que niegan la eficacia de la oración fundándose en el principio de que, conociendo Dios nuestras necesidades, es superfluo exponérselas.
Aun añaden que, encadenándose todo en el Universo por leyes eternas, nuestro votos no pueden cambiar los decretos de Dios.
Sin ninguna duda, hay leyes naturales e inmutables que Dios no puede derogar a capricho de cada uno; pero de esto a creer que todas las circunstancias de la vida están sometidas a la fatalidad,es grande la distancia. Si fuese así, el hombre sólo sería un instrumento pasivo, sin libre albedrío y sin iniciativa.
En esta hipótesis no habría más que doblar la cabeza al golpe de los acontecimientos, sin procurar evitarlos y por lo tanto, no se hubiera procurado desviar el rayo.
Dios no le ha dado el discernimiento y la inteligencia para no servirse de ellos, ni la voluntad para no querer,ni la actividad para estar en la inacción. Siendo libre el hombre para obrar en un sentido o en otro, sus actos tienen para sí y para los otros, consecuencias
subordinadas a lo que hace o deja de hacer; hay acontecimientos que por su iniciativa escapan forzosamente a la fatalidad sin que por esto se destruyan la armonía de las leyes universales, como el avance o el retraso de las agujas de un péndulo no destruye la ley
del movimiento, sobre la cual está establecido el mecanismo. Dios puede acceder a ciertas súplicas sin derogar la inmutabilidad de las leyes que rigen el  conjunto, quedando siempre su acción subordinada a su voluntad.
7. Sería ilógico deducir de esta máxima: “Todas las cosas que pidiereis orando, creed que las recibiréis”,que basta pedir para obtener y sería injusto acusar a la Providencia porque no concede todo pedido que le es hecho, pues ella sabe, mejor que nosotros, lo que es para nuestro bien. Hace lo mismo que un padre prudente que rehúsa a su hijo las cosas contrarias al interés de éste. Generalmente el hombre sólo ve el presente; mas si el sufrimiento es útil para su futura felicidad, Dios le dejará que sufra, como el cirujano deja sufrir al enfermo en la operación que debe conducirle a la curación.
Lo que Dios le concederá, si se dirige a Él con confianza, es valor, paciencia y resignación. También le concederá los medios para que él mismo salga del conflicto, con ayuda de las ideas que le sugiere por medio de los buenos Espíritus, dejándoles de este modo todo el mérito; Dios asiste a los que se ayudan a sí mismos, según esta máxima: “Ayúdate y el cielo te ayudará”, y no a aquellos que todo esperan de un socorro extraño, sin hacer uso de sus propias facultades; pero, generalmente se prefiere ser socorrido por un milagro, sin hacer nada. (Cap. XXV, números 1 y siguientes).
8. Pongamos un ejemplo. Un hombre se ha perdido en el desierto y sufre una sed horrible; siéntese desfallecer y se deja caer en el suelo; entonces, ruega a Dios que le asista y espera; pero ningún ángel viene a traerle agua. Sin embargo, un buen Espíritu le ha sugerido el pensamiento de levantarse, seguir uno de los senderos que se presentan ante él, y entonces por un movimiento maquinal, reúne sus fuerzas, se levanta y marcha a la ventura. Llega a una colina y descubre a lo lejos un arroyuelo, y ante esta vista, recobra ánimo.
Si tiene fe exclamará: “Gracias, Dios mío, por el pensamiento que me habéis inspirado y por la fuerza que me habéis dado”. Si no tiene fe, dirá: “¡Qué buen pensamiento he tenido! ¡Qué suerte tuve de haber tomado el camino de la derecha más bien que el de la izquierda! ¡La casualidad, verdaderamente, nos sirve bien algunas veces! ¡Cuánto me felicito por mi valor en no dejarme abatir!”
Pero, se dirá, ¿por qué el buen Espíritu no le dijo claramente: “Siga esta senda y al extremo
encontrarás lo que necesitas?” ¿Por qué no se le manifestó, para guiarle y sostenerle en su
abatimiento? De este modo, quedaría convencido de la intervención de la Providencia. Primero, fue para enseñarle que es preciso ayudarse a sí mismo y hacer uso de sus propias fuerzas. Además, por tal incertidumbre, Dios pone a prueba su confianza y sumisión a su voluntad. Este hombre estaba en la situación de un niño que cae y si ve a alguno, grita y
espera que le vayan a levantar; si no ve a nadie,hace esfuerzos y se levanta sólo.
Si el ángel que acompañó a Tobías le hubiese dicho: “Soy el enviado de Dios para guiarte en tu viaje y preservarte de todo peligro”, Tobías no hubiera tenido ningún mérito; confiando en su compañero, no tendría ni siquiera necesidad de pensar; por esto el ángel no se dio a conocer hasta el regreso.
( Aportado por Juan Carlos Mariani )

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lunes, 17 de febrero de 2014

CONSTRUCCIÓN


                                                               CONSTRUCCIÓN
 

En asuntos alusivos a la edificación del Reino de Dios en nosotros, no podríamos olvidarnos de hacer una comparación con relación a los requisitos necesarios para cualquier construcción terrestre.
Cualquier obra, para que se levante, exige planificación, servicio y orden.
Planificación que incluye dirección, orientación. Servicio que se define por la actividad,el deber y el orden que se expresa por cooperación y ajustamiento.
En suma, la disciplina es la síntesis de todos los programas y obligaciones  para que hasta el menor edificio se concrete en la esfera humana.
No podría ser diferente en la edificación de nuestra vida espiritual. No podemos construir los mínimos tópicos de elevación espiritual en el propio Espíritu si no nos aplicamos con alegría al trabajo que nos compete.
Precisamos pensar en cómo está nuestra vida espiritual, si tenemos dedicada una pequeña cuota de tiempo para los compromisos espirituales.
Podemos creer que siempre tendremos obligaciones para con nuestra fe en Dios, obligaciones que no se resumen solamente en frecuentar templos religiosos, sino que se extiende desde la familia hasta la sociedad en que vivimos.
Por esto, debemos valorar más las buenas ideas, los propósitos nobles que deseamos  alcanzar, en el trabajo incesante de la caridad, de buena voluntad con todos aquellos que nos rodean, para que así estemos colaborando como herramientas de amor en la edificación de un mundo mejor en nosotros mismos.
Somos material inteligente en las manos sabias del Creador.
El Señor, no obstante, no opera en nosotros a través del constreñimiento, porque el Reino de Dios debe surgir en nosotros a través de nuestros propios esfuerzos.
Y podemos comenzar desde ahora a estructurar ese reino en nuestro corazón. Basta que dediquemos unos minutos de nuestras vidas, a la meditación, la oración, la reflexión en torno a como anda nuestra vida íntima.
Buscando el auxilio edificante de la oración, encontraremos una aproximación mayor con el Padre. De ahí el consejo de Jesús cuando recomienda : Orad y vigilad.
En la meditación vamos encontrando mayor equilibrio para las realizaciones y en la reflexión actuamos casi siempre con más acierto.
Por eso, para enseñar como se debe actuar, vivir, crecer y trabajar, servir y morir en la edificación del reino eterno, estuvo el propio Maestro entre nosotros.
Viviendo en régimen de simplicidad en las bendiciones de la naturaleza, creciendo sin ilusiones, trabajando en apagada carpintería, sirviendo sin exigencias y muriendo injustamente en la cruz, sin revueltas y sin odio, para que aprendamos a buscar primeramente los designios de Dios, cuyo plan, es luz y felicidad para todas las criaturas.
             Autor desconocido
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" Vivir es de todos, pero la convivencia es el factor que nos enseña la comprensión y la solidaridad de los unos para con los otros"
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     EL GRUPO



No olvides que somos partes de un vasto grupo de almas, como puntos integrantes de un círculo.

Más allá de la familia consanguínea, tenemos el equipo espiritual al que nos imantamos por los más fuertes lazos del corazón.

Nadie odia sin haber amado profundamente y nadie experimenta animosidad sin haber conocido antes la bendición de la simpatía.

Por eso mismo los desafectos constituyen también fuerzas de nuestro conjunto, que no  podemos eliminar y aun por esa razón es que el santuario doméstico o la oficina de trabajo son siempre preciosos educadores en donde las sombras y luces se mezclan para nosotros.
Aprendamos con Jesús a usar la química del amor, en la intimidad de nuestros pensamientos, practicando cada día pequeños ejercicios de tolerancia, si nos proponemos efectivamente elevar la fraternidad que nos arrojará a las gloriosas cimas de la vida.Reconozcamos que todos los obstáculos son medidas de nuestra fe y que todos los dolores son oportunidades valiosas a nuestro engrandecimiento y, fortaleciendo el cariño donde ya existía la confianza y exaltando la siembra de bondad donde aún repuntan los espinares de la aversión, sepamos vivir con el amor que Cristo nos enseñó, en la certeza de que nuestros mínimos actos de renuncia y ternura, de entendimiento y gentileza, de auxilio y generosidad, se presentan como decisivos.

El esfuerzo de nuestra alma, no está solo en nuestra elevación, sino también en el argumento salvador de nuestro grupo entero.

Espírito: EMMANUEL
Médium: Francisco Cândido Xavier
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               FLUIDO CÓSMICO

Del mismo modo que los fenómenos de incorporación nos inician en las leyes profundas de la psicología, la reconstitució n de las formas de espíritus va a familiarizarnos con los estados menos conocidos de la materia. Al mostrarnos la acción que la voluntad puede ejercer sobre los imponderables, nos descubrirá los más íntimos secretos de la creación, o mejor aún, de la eterna renovación del Universo.
Sabemos que el fluido universal o fluido cósmico etéreo representa el estado más simple de la materia; es tan grande su sutileza que escapa a todo análisis. Y no obstante, de este fluido proceden, mediante condensaciones graduales, todos los cuerpos sólidos y pesados que constituyen el fondo de la materia terrestre. Estos cuerpos no son tan densos ni tan compactos como a primera vista nos parece; son atravesados  con la mayor facilidad por toda clase de fluidos, y aun los mismos espíritus los atraviesan sin dificultades. Éstos, por la concentración de su voluntad, ayudados por la fuerza psíquica, pueden disgregarlos, disociar sus elementos, volverlos al estado fluídico, trasladarlos y reconstituirlos luego en su primer estado. Así se explican los fenómenos de traslación de objetos materiales a través de obstáculos materiales también.      Recorriendo estos grados sucesivos de rarefacción, vemos a la materia pasar del estado sólido al líquido, de éste al gaseoso y finalmente al fluídico.   Los cuerpos más duros pueden de este modo volver al estado  invisible y etéreo.   En sentido inverso, también el fluido más sutil  puede cambiarse, gradualmente, en un cuerpo opaco y tangible . La Naturaleza entera nos demuestra el encadenamiento de las transformaciones que conducen a la materia desde el estado etéreo más puro al más grosero estado físico.
A medida que se verifica y se hace más sutil, la materia va adquiriendo propiedades nuevas, fuerzas de una intensidad creciente. Los explosivos, las radiaciones de ciertas substancias, la potencia de penetración de los rayos catódicos, la acción a grandes distancias de las ondas Hertz, nos dan de ello abundantisimos ejemplos, llevándonos a considerar el éter cósmico como medio en que la materia y la energía se confunden, constituyendo el gran foco de las actividades dinámicas, la parte de las fuerzas inagotables que la voluntad divina dirige y de donde surgen en ondas incesantes las armonías de la vida y el pensamiento eternales.     
¡Pues bien!  y aquí la cuestión va a tomar una no esperada amplitud, la acción ejercida por la potencia creadora sobre el fluido universal para dar vida a sistemas de mundos, vamos a encontrarla en manifestaciones más modestas, aunque sometida a leyes idénticas, en la acción del espíritu reconstituyendo las formas pasajeras que han de establecer, a los ojos de los hombres, su existencia y su identidad.       
Las mismas nebulosas, agregados de materia cósmica condesada, germen de mundos, que nuestro telescopio nos muestra en el fondo de los espacios, van a aparecer también en la primera fase de las materializaciones de espíritus.  Por este camino vemos cómo la experimentació n espirita nos conduce a las más amplias consecuencias.  La acción del espíritu sobre la materia puede hacernos comprender de qué modo se elaboran los astros y se desenvuelve la obra gigantesca del Cosmo.
LEÓN DENIS
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sábado, 15 de febrero de 2014

COMPORTAMIENTO SEXUAL

                     
       
      APUNTES Y REFLEXIONES DE EMMANUEL SOBRE EL  COMPORTAMIENTO SEXUAL



  El Espíritu Emmanuel elucida, con sabiduría, que, en torno del tema sexo, “será justo que sinteticemos todas las desuniones en las normas siguientes: No prohibición, más educación. No abstinencia impuesta, más empleo digno, como el debido respeto a los otros y a sí mismo. No indisciplina, más control. No impulso libre, más responsabilidad.
Fuera de eso, es teorizar simplemente, para después aprender o reaprender con la experiencia. Sin eso, será engañarnos, luchar sin provecho, sufrir y recomenzar la obra de la sublimación personal, tanta veces cuantas e hicieren precisas, por los mecanismos de la reencarnación, porque la aplicación del sexo, ante la luz del amor y de la vida, es asunto pertinente a la consciencia de cada uno.”
    Todos nosotros traemos los temas particulares con referencia al sexo. Atendiendo a la suma de las cualidades adquiridas, en la hilera de las propias reencarnaciones, nos revelamos, en el Plano Físico por las tendencias que registramos en los desvíos del ser.
Cada persona se distingue por determinadas peculiaridades en el mundo emotivo. El sexo se define de ese modo, por atributo no apenas respetable, más profundamente santo de la Naturaleza, exigiendo educación y control.
No tiene lógica sustraer las manifestaciones sexuales de los seres humanos, con el pretexto de elevación compulsoria, o transferirlas de su posición venerable a garantizarles la liberación.
Sexo es espíritu y vida, al servicio de la felicidad y de la armonía del Universo. Consiguientemente, reclama responsabilidad y discernimiento, donde y cuando se exprese.
Por eso mismo, hombres y  mujeres precisan y deben saber lo que hacen con sus energías genésicas, observando como, con quien y con cual finalidad se utilizan semejantes recursos, entendiendo que todos los compromisos en la vida sexual están, igualmente, subordinados a la Ley de Causa y Efecto; y, según ese exacto principio, todo lo que diéremos a otro, en el mundo afectivo, el otro también nos dará. 
 Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta
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La Muerte Espiritual

La cuestión de fa muerte espiritual, es uno de esos principios nuevos, que denotan el progreso en la ciencia espiritista.
El modo en que fue presentado este tema, como cierta teoría individual, hizo que fuese rechazado, porque parecía implicar la pérdida a un tiempo dado, del Yo, que caracteriza al individuo, y asimilar las transformaciones del alma, a las que sufre la materia, cuyos elementos se desagregan, para dar lugar a la formación de nuevos cuerpos.
De esto se desprende que los seres perfeccionados serian en realidad nuevos seres, lo cual no es admisible, si se atiende a que la equidad de las penas y goces futuros no puede ser evidente sin admitir la perpetuidad de los mismos seres marchando constantemente por la vía del progreso, y limpiándose de sus imperfecciones por medio del trabajo y con los esfuerzos de su voluntad.
Tales eran las consecuencias que a priori podían deducirse de esa teoría, que confesamos no fue presentada con pretensiones, ni movida por el orgullo del que quiere imponerse a los demás, ya que el autor dijo muy modestamente, que solo traía su ideal al terreno de la discusión, y que bien podría ser que de esta idea brotara una nueva verdad.
Según el parecer de nuestros guías espirituales, hubo la idea de que en la forma como fue planteada, dio lugar a una torcida interpretación, siendo esta la razón por la cual se nos ha invitado a estudiar detenidamente el asunto, lo que trataremos de hacer, tomando por base la observancia de los hechos, que resultan de la situación del Espíritu, en las épocas de su entrada en la vida corporal y su vuelta a la vida espiritual.
En el momento de la muerte del cuerpo, vemos al Espíritu que se queda en una profunda turbación y pierde la conciencia de sí mismo, hasta tal punto, que jamás recuerda el último suspiro exhalado por su cuerpo.
Pero poco a poco la turbación se disipa; el Espíritu se reconoce como el hombre que despierta de un profundo sueño; su primera sensación es la del que se encuentra libre de la pesada materia que le oprimía, pero pronto llega al perfecto conocimiento de su nueva situación.
Esta es idéntica a la de un hombre, a quien se cloroformiza para practicar una amputación y que durante el sueño, se traslada a una habitación distinta.
Al despertar se siente desembarazado del miembro causa de su sufrimiento anterior y en su sorpresa, le busca repetidas veces; así también el Espíritu separado del cuerpo, ve a este a su lado y le busca; sabe que es el suyo y se admira de la separación, pero poco a poco se da cuenta de su nuevo estado.
En el fenómeno descrito, no ha habido otra cosa que un cambio material de situación; pues respecto de lo moral, el Espíritu es exactamente lo mismo que era pocas horas antes.
Sus facultades, ideas, gustos, inclinaciones y carácter son los mismos; no han sufrido modificación alguna sensible; y los cambios que estas cualidades puedan experimentar, solo se operan gradualmente y merced a la influencia de cuanto le rodea.
En resumen: la muerte ha sido para el cuerpo, pues para el Espíritu, no ha sido otra cosa que un sueño.
En la reencarnación las cosas suceden de muy distinto modo.
En el momento de la concepción del cuerpo destinado al Espíritu, éste se encuentra envuelto por una corriente fluídica que le atrae hacia el punto de su nueva morada, y desde este momento, el Espíritu pertenece a un cuerpo, como este cuerpo le pertenece a él hasta la muerte del mismo, a pesar de que la unión completa entre la materia y el Espíritu' no tiene lugar hasta el instante precise del nacimiento.
Luego que ha tenido lugar la concepción, se apodera del Espíritu una turbación especial; sus ideas se ofuscan; sus facultades se aniquilan y esa turbación va creciendo a medida que el lazo de unión del Espíritu con el cuerpo se estrecha más y más, siendo completa en los últimos tiempos de la gestación; de tal suerte, que el Espíritu no es nunca testigo del nacimiento de su cuerpo, como tampoco tiene conciencia de la muerte de éste.
Pero nace el niño y respira, y la turbación desaparece paulatinamente, y las ideas renacen, si bien en otras condiciones que cuando muere el cuerpo.
En el acto de la reencarnación, las facultades del Espíritu no quedan solamente entorpecidas por una especie de sueño momentáneo, como sucede cuando aquél vuelve a la vida espiritual, porque todas, sin excepción alguna, pasan al estado latente.
La vida corporal tiene por objeto desarrollar esas facultades por medio del ejercicio, pero no pueden serlo todas simultáneamente, porque el desarrollo de unas podría perjudicar a las demás, mientras que con el desarrollo sucesivo, no existe este inconveniente.
Es menester, pues, que algunas permanezcan en reposo mientras que otras se ejercitan; y esto explica por que en una nueva existencia, un Espíritu puede aparecer bajo un aspecto bien distinto que en su anterior vida corporal, sobre todo si no es de los más adelantados.
Por ejemplo: en un Espíritu podría ser muy activa la facultad musical; concebirá, percibirá y por consiguiente ejecutará todo aquello que es necesario al desenvolvimiento de esta facultad: en otra existencia se perfeccionará en la pintura, poesía, ciencias exactas, etc., y mientras otras nueva facultades se desarrollan, la de la música se conservará en estado latente, no perdiendo por esto el adelanto adquirido en la existencia anterior.
Resulta, pues, de lo expuesto, que el que en una existencia ha sido artista, en otra será tal vez un gran sabio, hombre de Estado o estratega, sin que como artista tenga importancia alguna, o viceversa.
El estado latente en que permanecen las facultades de un Espíritu cuando se encarna de nuevo, explica el olvido completo de las existencias anteriores, mientras que el recuerdo de la vida corporal es entero al despertar el Espíritu de la especie de aletargamiento en que queda en el momento de la muerte del cuerpo.
Las facultades que se manifiestan en el Espíritu, están naturalmente en relación con la posición social que aquél debe ocupar en el mundo y también con las pruebas que ha elegido; sin embargo, sucede a veces que las preocupaciones sociales le rebajan o elevan más de lo conveniente, lo cual hace que alguno Espíritus no estén, intelectual y moralmente hablando, en relación con el lugar que ocupan.
 Este hecho, por los inconvenientes que consigo lleva, forma parte de las pruebas elegidas y debe cesar con el progreso, porque en un orden social adelantado, todo se arregla según la lógica de las leyes naturales, no siendo por derecho de nacimiento llamado a gobernar, aquel que solo es apto para trabajos manuales.
Pero volvamos al Espíritu en la infancia de su cuerpo. Hemos visto que hasta el momento de nacer, todas las facultades del Espíritu se encontraban en estado latente, y por lo tanto, el Espíritu sin tener conciencia de sí mismo; las facultades que deben ejercitarse en la nueva existencia no se manifiestan súbitamente en el momento de nacer, sino que se desarrollan gradualmente con los órganos destinados a su manifestación; pero por su actividad íntima, cada facultad acelera el desarrollo de su órgano correspondiente, le empuja, por decirlo así, del mismo modo que empuja la corteza del árbol, el vástago que se oculta debajo de aquella.
Resulta, pues, que en la infancia, el Espíritu no disfruta del pleno goce de ninguna de sus facultades, no solamente como ser humano, sino tampoco como Espíritu, porque es un verdadero niño, lo mismo que el cuerpo al cual esta sujeto.
Ni se encuentra comprimido penosamente en el cuerpo imperfecto todavía, porque de otro modo, Dios hubiera hecho de la encarnación un suplido para todos los Espíritus, buenos o malos indistintamente.
No sucede lo mismo con el idiota y el imbécil, cuyos órganos, no habiéndose desarrollado en relación con las facultades del Espíritu, ponen a éste en la situación de un hombre sujeto por fuertes lazos que le impiden moverse libremente.
Y esta es la razón por que puede evocarse al Espíritu de un idiota y obtener del mismo, contestaciones cuerdas, mientras que el de un niño de muy corta edad, se ve privado de dar respuesta alguna.
Todas las facultades y aptitudes se encuentran en embrión en el Espíritu, desde la creación de éste, si bien en estado rudimentario, como se encuentran todos los órganos en el primer filamento del feto informe y todas las partes del árbol en la semilla.
El salvaje que más tarde llegará a ser un hombre civilizado, posee todos los gérmenes que un día harán del mismo un sabio, un artista o un filósofo.
A medida que esos gérmenes llegan al estado de madurez, la Providencia da al Espíritu, para la vida terrestre, un cuerpo apropiado a su aptitud, y así es que el cerebro de un europeo esta mejor organizado y provisto de mayor número de órganos que el de un salvaje.
Para la vida espiritual, la misma Providencia le facilita un cuerpo fluídico o periespíritu, más útil e impresionable que el anterior para otras sensaciones, y a medida que el Espíritu muera a cada nueva encarnación para resucitar luego con nuevos atributos, sin dejar por esto de ser siempre el mismo.
Sirva de ejemplo, para demostrar más palpablemente lo que acabamos de decir, un campesino que se enriquece y pasa a ser un gran señor; ha abandonado su cabaña para habitar un palacio, y el paño burdo de que labraba sus vestidos, por ricas telas y bordados; todo cambia en él: sus costumbres, gustos, lenguaje y carácter; en una palabra, no parece sino que el campesino ha muerto y ha enterrado su buriel, para nacer tan mejorado que casi es  desconocido. Y sin embargo, es el mismo individuo, y en él no ha habido otra cosa que una transformación.
Cada existencia corporal, es, pues, para el Espíritu, un motivo de progreso más o menos perceptible.
Vuelto al mundo de los Espíritus, lleva consigo un nuevo caudal de ideas; su horizonte moral se dilata, sus percepciones son más finas y delicadas; ahora ve y comprende lo que antes no veía ni comprendía y su vista, que al principio no iba mas allá de su última existencia, abarca sucesivamente todas sus existencias anteriores, como el hombre que eleva en el aire, abarca cada vez más vastos horizontes.
En cada una de las estaciones del Espíritu en la erraticidad, se desarrollan a su vista nuevas maravillas del mundo invisible, porque cada vez se descorre para él un nuevo velo.
Al mismo tiempo su envoltura fluídica se mejora, se vuelve más ligera y brillante, hasta que por fin será resplandeciente. Es un Espíritu casi nuevo; es el labriego de que hemos hablado antes, pulido y transformado. El Espíritu primitivo ha muerto: sin embargo, siempre es el mismo Espíritu.
He aquí explicado como debe entenderse, según nuestro modo de ver, la muerte espiritual.

Tomado del libro “Obras Póstumas”
Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta
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     Desánimo Espiritual




Cuando entramos en contacto con un ideal filosófico y/o espiritual que nos toca la razón y el convencimiento, y por afinidad nos sentimos identificados con sus preceptos, es natural  (y de hecho, coherente) que pasemos a incorporarlos a nuestro día a día., al menos si estamos interesados en “educar” ciertas áreas personales, mejorar nuestro patrimonio espiritual o, en definitiva, crecer como individuos. La Doctrina espirita, que es claramente evolucionista, evidencia notablemente esto de que hablamos, ya que la auto-reforma de la persona es su fin más característico.

Es común que en los primeros momentos de adhesión a este ideal filosófico (como ocurre cuando se abrazan otros ideales del mundo), la ilusión y el entusiasmo marquen los primeros pasos... Este estado es normal (y hasta positivo), pero no durará mucho tiempo si no incorporamos, a la vez, otros aspectos que den mas seguridad y madurez a la trayectoria moral o doctrinaria que hemos elegido por afinidad de espíritu...

Ilusión, proyectos de auto-crecimiento, ganas de hacer cosas, etc... Aparquemos por un momento todo esto a un lado: vamos a situarnos .

Como en todos los proyectos de vida que iniciamos, el saber situarnos previamente, resulta un paso de especial importancia. ., y lleva intrínseca una trascendencia q, en general, no valoramos; no solo por lo que vale, sino por las repercusiones que tendrá mas tarde, en nuestra trayectoria espiritual.. . Decimos esto porque, infelizmente, esto no ocurre así, y normalmente pasamos rápidamente a incorporar nuevas perspectivas espirituales y a adoptar hábitos morales nuevos sin un planteamiento previo, sin una auto-evaluació n de nosotros mismos (ese “situarse”, acoplarse... de que estamos hablando).

Pero, ¿qué significa saber situarse? Pues básicamente, meditar cual es nuestra condición interna (y global) como individuos en evolución, y tener clara nuestra realidad psicológica verdadera (sin enmascarar nada, con total honestidad). .es decir: nuestras inclinaciones afectivas, nuestras adquisiciones morales, pero sobretodo; nuestros miedos, inferioridades y pequeñas o grandes miserias, aquellas que nos encadenan al sufrimiento, pero, a la vez, nos definen como humanos..seres de luz en arduo tránsito hacia la Perfección...

Una vez hecho este “inventario” moral y psicológico (una acción que tiene que ser valiente y sincera, pues se trata de reconocer nuestra porción de sombra ..), el paso siguiente e igualmente imprescindible es aceptar todo esto que somos... plenamente.

TOMA DE CONTACTO INTERIOR+RECONOCIMIENTO MORAL+ACEPTACIÓN

Recordamos que toda esta especie de “sondeo” personal es para un mejor rendimiento de nuestro potencial, una puesta a punto para ofrecer lo mejor de nosotros mismos a la causa que abrazamos... conscientes de lo que somos y de las cosas que aún tenemos que trabajarnos.

Sin la auto-aceptació n consciente de nosotros mismos, tal como estamos en este momento de nuestra existencia, poco adelantaremos en nuestra singladura evolutiva y poco podremos ofrecer al campo elegido de nuestros ideales (ya sean estos sociales o espirituales) . No existe auto-conocimiento pleno ni reforma moral sin auto aceptación ...de que somos criaturas aún frágiles, marcadas por nuestro pasado milenario, llenas de pequeñas o grandes virtudes, pero igualmente, de grandes o incluso graves defectos. Pero no obstante, es desde esta imperfecta realidad de nosotros mismos, que el Padre de todos nos ama... y si El nos acepta tal como somos, no hay ningún motivo para que no lo hagan los demás, pero sobretodo nosotros mismos.

Llamamos la atención de todos aquellos compañeros que leen este artículo sobre la importancia de SITUARSE y AUTO-ACEPTARSE. Porque si no tenemos en cuenta todo esto, antes o después, nuestra ilusión y fuerza inicial dentro del Espiritismo (o en cualquier otra doctrina o ideal), se irá transformando en apatía y desilusión; al no haber “sincronizado” adecuadamente nuestro caudal de defectos y viciaciones (tan de la humana naturaleza, ya dijimos) con la propuesta de auto-educació n y reforma de la doctrina de los Espíritus..., es como empezar la casa por el tejado, pues la auto reforma y el acoplarnos a las leyes espirituales no se hace en un solo paso, es un proceso gradual, en el que no se recomiendan pausas excesivamente largas y acomodadas, cierto es, pero desde luego sin acelerones que, además, excluyan la reflexión de lo que somos antes de ponernos en funcionamiento. Todas las cosas del cielo y de la tierra tienen su tiempo...

Si no omitimos este analizarse y auto aceptarse (sin reservas), sin enmascaramientos morales ni falsos testimonios; de forma inconsciente, el peso de nuestra realidad como necesitados espirituales (que en mayor o menor medida somos todos) se nos irá haciendo cada vez más pesado, tanto que nos irá pareciendo, cada vez con más frecuencia, mucho más “consolador” el abandonarnos a nuestras inferioridades que a trabajarlas, perdiendo así un excelente medio de hacerlo mediante el estudio de la Doctrina y el apoyo espiritual que esta conlleva.

Y es que el optar por el opuesto de todo esto que estamos exponiendo, es la aparición de los primeros “agentes” del desánimo, producto de desproporcionadas auto-imposiciones y las sutiles mortificaciones de conciencia que resultan al compararnos ,desproporcionadame nte, con Espíritus superiores o los grandes bultos del Progreso (y reconocer cuanto camino nos queda para esto), acción esta que provoca el “resaltamiento” de nuestras inferioridades y, seguidamente, el no considerarnos como dignos elementos humanos que mucho tienen aún que ofrecer, pese a nuestra humana imperfección.

El no hacer todo esto que nos puede parecer tan pueril, en los primeros momentos de abrazar determinada causa en la que ponemos confianza y proyectos, determina en gran medida la trayectoria que proyectaremos en la misma. Es por esto que observamos de cuando en cuando, como determinados compañeros del camino (detentores de excepcionales posibilidades internas), terminan cayendo en una especie de ansiedadmoral que en nada ayuda y que, más tarde o más pronto, termina conduciendo a la desilusión, la falta de fe y el consecuente tirar la toallaque acaba tristemente con las nobles aspiraciones de muchos.

Por ello: AUTOACEPTACION de lo que somos y sentimos, como primer paso... y PERSEVERANCIA, como herramienta de todos los días.


Paz, Luz y Trabajo para todos.
Un compañero de todos. (FEE)