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viernes, 7 de marzo de 2014

Obsesión espiritual y sus consecuencias


Obsesión espiritual, causa de las grandes angustias humanas


"Para protegernos contra  su influencia urge fortalecer la fe
por la renovación mental y por la práctica del bien  según los
moldes de los códigos evangélicos."




Hay compañeros que alguna vez nos han preguntado el por qué vivir en la Tierra y por qué tan complicada y casi siempre amarga es la vida?. Yo  les digo que esa sensación eventualmente puede ser una aspiración a la felicidad y a la libertad y que, encerrados en el envoltorio físico que nos sirve de cárcel, nos aplicamos a inútiles esfuerzos para salir de él. Con todo, algunos  luchan con coraje y a todo instante reverberan sus lamentaciones. Pero es preciso resistir enérgicamente a esas sensaciones de desánimo y desesperanza, porque los sueños de vivir con felicidad, son intrínsecos de todos los hombres, no debemos sufrir con la experiencia material y transitoria de la vida terrena.
 Comentando sobre la melancolía, encontramos en El Evangelio según el Espiritismo, al Espíritu Francois de Géneve, dictando lo siguiente: 
" Precisamos cumplir durante nuestra prueba terrena, tareas y compromisos que no sospechamos, sea quien tenga devoción a la familia o cumpliendo diversos deberes que nos encontramos. Si en el transcurso de esa experiencia, en el desempeño de las tareas, observamos los cuidados, las inquietudes, los disgustos, deshacen nuestros ánimos del alma, seamos fuertes y con coraje para derrotarlos. Avancemos y afrontemos sin temor, pues las aflicciones son de corta duración y deben conducirnos en el futuro a situaciones mejores."
Hay, por lo tanto, muchas amarguras que pueden tener sus orígenes en la infidelidad a los compromisos cristianos, de ahí la melancolía se instala en el ser, de lo que podrá resultar un proceso obsesivo. Pero, ¿Qué es una obsesión?. Etimológicamente, el término tiene su origen en el vocablo "obsesione", palabra latina que significa impertinencia, persecución. Para algunos estudiosos espíritas, la obsesión es percibida como un gran flagelo mundial. Esa visión se reviste de profunda gravedad en la sociedad que actualmente está bien instrumentalizada tecnológicamente, sea en el campo de las comunicaciones y de la informática, sea en otras áreas del saber, ampliando y profundizando las responsabilidades de cada uno de cara a la vida colectiva.

La Obsesión es una influencia maléfica en la mente.

Aurélio Buarque define la obsesión como una preocupación con determinada con determinada idea que domina al  espíritu, resultante o no de sentimentos recalcados; idea fija; manía. De la misma forma la terminología obsesión es usada, vulgarmente, para significar una idea fija en alguna cosa, tic nervioso, generador de manías, actitudes extrañas etc. Entretanto, bajo el punto de vista espírita, el término tiene un significado e interpretación más amplios. Se Consustancia con una influencia maléfica relativamente persistente que desencarnados y/o encarnados, tan o más atrasados que nosotros mismos, pueden ejercer sobre  nuestra vida mental.
Para la escuela clásica de la psiquiatría, obsesión es un pensamiento,un impulso, persistente o recurrente, indeseado y aflictivo, que viene a la mente involuntariamente, a despecho de intentar  ignorarlo o  suprimirlo. Psiquiatras que no admiten nada fuera de la materia no pueden entender una causa oculta (espiritual), pero cuando la academia científica salga de la rutina materialista, reconocerá en la acción del mundo invisíble que nos cerca, y en medio del cual vivimos, una fuerza que actúa tanto sobre las cosas físicas como sobre las cosas morales. Ese será un nuevo camino abierto al progreso es la llave de una multitud de fenómenos mal comprendidos del psiquismo humano.
Como es obvio, no descartando la posibilidad de la anomalía psicosomática, la Doctrina Espírita nos hace conocer otras fuentes de las miserias humanas, mantenidas por la fragilidad moral de los seres. Reconocemos que el uso de los fármacos antidepresivos establece la armonía química cerebral, mejorando el humor del paciente, no obstante, actúan simplemente sobre los efectos, una vez que los medicamentos no curan la obsesión en sus intrínsecas causas, apenas restablecen el tránsito de los mensages neuronales, corrigiendo el funcionamiento neuroquímico del SNC (sistema nervioso central). Sócrates ya afirmaba que
 " los médicos se equivocan, tratando de la mayor parte de las molestias, en el cuerpo, sin tratar el alma”.
Por insinceridad, en nuestro tenue esfuerzo para la reforma moral, obstaculizamos las relaciones equilibradas y equilibrantes con nosotros y con otros. Toda  nuestra desarmonía lleva a desarrollar sintonías viciosas con otras mentes dolientes, sean de desencarnados o encarnados, el que agudiza sobremanera nuestro propio desarraigo interior, resultando de ahí las ingentes dificultades para  libertarnos de las cadenas en que nos amarramos ante las garras del mal.
En la intimidad del hogar, de la familia o del Centro Espírita, del ambiente de trabajo profesional, adversarios del pasado se reencuentran. Convocados por los Benefactores del Más Allá al reajuste, raramente consiguen superar la aversión de que se ven poseídos unos al frente de los otros, y (re)alimentan con pasión, en lo íntimo de sí mismos, los rayos tóxicos de la antipatía que, concentrados, se transforman en puntiagudos dardos magnéticos, susceptíbles de provocar la enfermedad y la propia muerte.
La obsesión espiritual es sintonía o intercambio de vibraciones afines. Kardec define obsesión como la acción persistente que un Espírito inferior ejerce sobre un indivíduo, presentando caracteres variados que van desde la simple influencia moral, sin señales exteriores perceptibles, hasta la perturbación completa del organismo y de las facultades mentales. La obsesión es el encuentro de fuerzas inferiores retratándose entre si.

Las múltiples facetas de la obsesión

Hay cuadros de obsesiones  por todos los lados, en todos os niveles, cuales sean de desencarnados sobre encarnados y viceversa; de encarnados sobre encarnados, bien como de desencarnados sobre desencarnados.
Nuestro mundo mental rige la vida que nos es peculiar en todas sus dimensiones, con todo, nos encontramos aún al inicio del entendimiento de las implicaciones de la fuerza mental, del significado y vigencia de las construcciones mentales en la vida. Los obsesores son hábiles e inteligentes, perfectos estrategas que planean cada paso y acompañan a sus presas por algún tiempo, observando sus tendencias, sus relaciones, sus ideales. Identifican sus puntos vulnerables (casi siempre ligados al desencaminamiento sexual) y los exploran pertinaces.
El pensamiento se exterioriza y se proyecta, formando imágenes y sugestiones que amontona sobre los objetivos que se propone alcanzar. Cuando es bueno y edificante, se ajusta a las Leyes que nos rigen, creando armonía y felicidad, todavia, cuando desequilibrado y deprimente, establece aflicción y ruina. La química mental vive en la base de todas las transformaciones, porque realmente evolucionamos en profunda comunión telepática con todos aquellos encarnados o desencarnados que se afinan con nosotros.
Nuestro universo mental es como un cielo, pero del firmamento descienden rayos de sol y lluvias benéficas para la vida planetaria, así como, en el instante en que se juntan elementos atmosféricos, desde ese mismo cielo proceden las tormentas eléctricas destructivas. De igual modo funciona la mente humana. De ella se originan las fuerzas equilibrantes y restauradoras para los trillones de células del organismo físico, pero cuando se perturba, emite rayos magnéticos de elevado tenor destructivo para nuestra estructura psíquica.
El maestro lionés recabó de los Espíritus, en la cuestión 466 de El Libro de los Espíritus, ¿Por qué permite Dios que los obsesores nos induzcan al mal? Los Espíritus respondieron: "Los seres imperfectos son instrumentos destinados a experimentar la fe y la constancia de los hombres en la práctica del bien. Como espíritu, debéis progresar en la ciencia de lo infinito, razón por la que pasáis por las pruebas del mal, a fin de llegar a las del bien. Nuestra misión es la de colocaros en el buen camino y cuando más influencias actúan sobre vosotros, es porque las atraéis por el deseo del mal. Entonces, si estáis inclinados al asesinato, tendréis una nube de espíritus que os alimentarán ese apetito. Entre tanto tendréis otros que os influenciarán para el bien. Así se restablece el equilibrio y quedáis como señores de vosotros mismos".
Renovación moral como base para la desobsesión espiritual
El venerable Codificador, en El Libro de los Médiums, afirma que las imperfecciones morales dan acceso a los obsesores y el medio mas seguro de  librarnos de ellos es atraer los buenos Espíritus por la práctica del bien. ¡ La obsesión es impotente ante Espíritos redimidos ! Y que es un Espíritu redimido? Es aquel que reconoce sus limitaciones y, como enunciado por el apóstol Pablo, siente la alegría de saberse "matriculado en la escuela del bien”.
Ese desarraigo psicoespiritual deberá ser eliminado de sociedad en el instante en que el  ejemplo del amor fue experimentado y diseminado en todas las direcciones, conforme Jesús consustancio y vivencio hasta las negruras de la muerte, prosiguiendo desde tempos apostólicos hasta los dias actuales.
El Espiritismo, desvelando la intervención de los Espíritus endurecidos en el mal en nuestras vidas, lanza luces sobre cuestiones aún desconsideradas por las ciencias materialistas como de causa psicopatológica.
Muchas veces procurado por los obsesados, Cristo penetraba psiquicamente en las causas de su inquietud y, usando de su autoridad moral, libertaba tanto a los obsesores como a los obsesados, permitiéndoles despertar para la vida animada rumbo a su recuperación y la pacificación de la propia conciencia. Por eso es muy importante recordar que Jesús no libertó a los obsesados sin imponerles la intransferible necesidad  de renovación íntima, ni expulsó a los perseguidores inconscientes sin ponerles en el camino hacia Dios.

  Conclusión
En síntesis, identificamos siempre en la obsesión (espiritual)
el resultado de la invigilancia y de los desvíos morales. Para protegernos contra su influencia, urge fortalecer la fe por la renovación mental y por la práctica del bien en los moldes de los códigos evangélicos propuestos por Jesús, no nos olvidemos de los divinos consejos de Vigilad y Orad
Jorge Hessen
(Traducido por Jose L. Martín)
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El mejor guerrero.....
Un día, la vida me golpeó tan fuerte que me enseñó a resistir...
Un día, me mintieron de tal forma que me dolió y entonces aprendí a ir siempre de frente con la verdad...
Un día, me falló quien menos imaginaba y entendí que las palabras hay que cumplirlas y de los actos, hacerse cargo...
A veces es necesario dar vuelta la página y empezar de cero... Aunque cueste o duela ''El mejor guerrero no es el que triunfa siempre sino el que vuelve sin miedo a la batalla"
- Autor desconocido-
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HISTORIA DEL ESPIRITISMO EN ESPAÑA: ¿ Quien fue Jose María Fernandez Colavida?


Nacido en Tortosa,en 1819 – Desencarnó en Barcelona, en 1888)

Si deseáramos describir, en pocas palabras, quién es José María Fernández Colavida, deberíamos afirmar, ante todo, que se trata del ejemplo real y concreto del hombre de bien y del verdadero espírita, enseñado en El Evangelio según el Espiritismo.

Conocido, con toda justicia, como el Kardec español, trabajó y sigue trabajando permanentemente por el progreso de la humanidad, divulgando la Doctrina Espírita no solamente por medio de su perfecto conocimiento doctrinario, sino también por el fiel ejemplo que siempre ha dado de la práctica de las enseñanzas espíritas, sobre todo de la ley de amor, de justicia y de caridad.

Primer traductor y editor de los libros de Allan Kardec al idioma español, jamás buscó ventajas materiales en las obras que publicaba, donando muchas de ellas en beneficio de la divulgación doctrinaria o vendiéndolas a precios simbólicos, que ni siquiera cubrían los costos generados por la impresión. Fue gracias a su abnegado trabajo de divulgación doctrinaria que Amalia Domingo Soler, entre otros innumerables beneficiarios, pudo tener las obras de Allan Kardec, como ella misma cuenta en Memorias: «[…] Fernández Colavida me mandó la colección completa de su Revista, las obras de Allan Kardec y una carta cariñosísima. Cuando yo me vi dueña de los libros de Kardec por los que tanto había suspirado, mi alegría fue inmensa».

Fundador, director y redactor, en Barcelona, de la Revista Espiritista –Periódico de Estudios Psicológicos, posteriormente denominada Revista de Estudios Psicológicos, fue el mayor divulgador espírita a los países de lengua española. Realizó un trabajo admirable de orientación doctrinaria a espíritas de 
varios lugares del mundo, tales como Argentina, Colombia, Cuba, Ecuador, Filipinas, México, Perú, Uruguay, además de España.
Fundador de la primera librería espírita en la capital de Cataluña, fue el importador de los trescientos volúmenes y folletos sobre el Espiritismo quemados el 9 de octubre de 1861 en el Auto de Fe de Barcelona.
También fue el fundador de la Asociación de los Amigos de los Pobres, de la Sociedad Barcelonesa Propagadora del Espiritismo y el director del Grupo Espírita La Paz, instituciones en las que trabajó con ahínco por el bien del prójimo.

Presidente de honor del Primer Congreso Internacional Espírita, realizado en Barcelona en septiembre de 1888, pocos meses antes de su desencarnación, recibió el homenaje con la más grande humildad, pues jamás buscó ningún reconocimiento, excepto el de su propia conciencia.
Gran soldado de la paz del Cristo, ha trabajado de manera incesante por la unión de los espíritas alrededor del estudio y de la práctica de la moral de Jesús y de las enseñanzas codificadas por Allan Kardec. Sus manos laboriosas, herramientas luminosas en servicio constante a la causa espírita, escribían, en su más reciente encarnación, textos doctrinarios, cartas de orientaciones a espíritas de todas las condiciones sociales y de varias nacionalidades, así como llevaban auxilio a necesitados de toda especie, sea la ayuda material a las personas pobres económicamente, sea los fluidos saludables a los enfermos de cuerpo o de alma.

En la vida espiritual, esas mismas manos, además de permanecer fielmente en el trabajo de las letras y del auxilio, nos son extendidas amorosamente para sostenernos en el recto cumplimiento de nuestros deberes como espíritas.

En su tumba, donde yace el cuerpo mortal, los espíritas de España y América, como una muestra de gratitud, deseaban construir un monumento. Con todo el respeto que esa iniciativa merece, no dejemos de prestar también otro homenaje al ejemplo inmortal de ese noble Espíritu bienhechor, edificando, en nosotros mismos, el monumento de la práctica de las dos enseñanzas fundamentales para todo espírita, es decir: «Hermanos, amémonos e instruyámonos».

Por Simoni Privato Goidanich
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lunes, 3 de marzo de 2014

Reflexiones sobre Catolicismo e idolatría en el Espiritismo.


Antonio Cassio
Nuestro querido amigo y compañero  en el Espíritismo, Antonio Cassio López, brasileiro, nos relató hace algún tiempo atrás :
" Un brasileño muy querido en nuestro país, el ex Arzobispo de Olinda, Don Helder Cámara, cristiano con pasajes maravillosos en Brasil, incentivador de las comunidades eclesiásticas de base, la famosa iglesia de los pobres, combatida dentro de la propia iglesia católica por sus miembros mas conservadores, cuando ya estaba en el otro lado de la Vida, escribió un libro, psicografado por el medium Carlos Pereira de Recife, Pernambuco, Brasil, y nos deja una cosa muy clara: - Morir no significa que el individuo deja de ser católico.
Aun actuando con el auxilio del médium, nuestro hermano obispo no se adentra en el tema y hace un relato de sus actividades en la espiritualidad, que se desenvuelve  en los hospitales y obras sociales de los que ya tanto  le gustaban en vida. Pero continúa siendo  católico.
Muchos de nuestros hermanos en la espiritualidad no entran en el tema de la reencarnación. Además del hecho de que es mucho más doloroso el proceso de reencarnar, y por lo tanto a nadie le gusta hablar de procesos dolorosos, como es el caso de algunos hermanos que huyen de hablar sobre la muerte, como si esto fuera con los otros y nunca fuera a pasar con él, pero es lo único que con seguridad nos pasará a todos nosotros.
Por supuesto que venimos condicionados por siglos de vivencias eclesiásticas y no es raro  saber que muchos de nosotros que estamos aquí hoy, ya militamos en la Iglesia Católica en otras vidas y algunos en esta, antes de conocer el espiritismo.
La iglesia católica tiene su historia y estudiarla es la única forma de entender algunos condicionamientos y presuntos actos de fe que están grabados en nuestras mentes y que muchas veces impregnan el ambiente espirita.
En la iglesia formada y idealizada por Constantino en 325 DC con el apoyo de un grupo de obispos afines en el concilio de Nicéa, convenía en aquel momento que la idolatría continuase para mantener la costumbre ancestral del culto de los templos paganos. Además, adecuando la doctrina cristiana a los “imperativos” del estado y por lo tanto, creando una jerarquía eclesiástica y totalmente sometida al obispo de Roma, sede del imperio romano.
No cabe aquí hacer crítica contra la religión católica, pero sí ofrecer una pequeña referencia histórica en la divulgación del mensaje revolucionario de Jesús, con la doctrina de la igualdad y de la fraternidad, que fue adulterada por la codicia de los hombres, ávidos del poder temporal.
Para que se tenga una idea, el dogma de la maternidad de María, claramente pagano, es de 431 DC y la oración del Ave-María fue proclamada en 1508, sin la parte de la última mitad, la cual fue acrecentada 50 años después, en el final del siglo XVI. El culto a María en esta época era una busca por parte del poder papal de presentar como natural y divina la posición subalterna y sumisa de la mujer, herencia de las creencias judaicas introducidas en el discurso cristiano por los apóstoles, en especial por Paulo de Tarso, con expresión declaradamente machista.
 Es innegable la beatitud del espiritu de María, pues para recibir a Jesús, no serviría otro espíritu que no estuviera preparado para el contacto con un Espíritu de tan alta magnitud.
El problema no es reconocer la luz inmensa de María o de Jesús pero de sí lo es el perpetuar en nuestro medio esta practica idólatra que tanto nos entorpece el movimiento.
Esta idolatría establece una relación de dependencia entre el fiel y su ídolatrado, y esta dependencia supone una prisión evolutiva, porque el fiel quiere siempre ser justificado  por su ídolo.
En nuestro Centro, una vez, un amigo espiritual nos alertó de forma muy cariñosa que mientras estamos con las manos levantadas al cielo en busca de ayuda, no vemos que en nuestras espaldas a su vez hay otros que extienden las manos suplicando nuestro auxilio.
Pero, como un pajarito en el nido, que está siempre con la boca abierta para recibir alimento, nuestro alimento tiene otras formas además de la propia fe, tales como las cuestiones de salud, la solución para los problemas generales, el deseo de los bienes materiales o mismos afectivos, hasta incluso la victoria del equipo de fútbol preferido.
Pero no es así.
Dios nos ofrece las condiciones para que logremos nuestras metas y todo se materializa por nuestro esfuerzo y perseverancia.
El trabajo de iluminación es nuestro y no debemos ver en Jesús o María como si fuesen niñeras de hijos desagradecidos y egoístas, que es como muchas veces nos comportamos. Este es un planeta de pruebas y expiaciones y este comportamiento era de esperarse  de seres tan primitivos. Eso demuestra nuestra poca edad espiritual, todavía cautivos de la materia y esclavos de las sensaciones que ella nos proporciona.
Este proceso de idolatría es una herencia de nuestra vivencia católica.
Todo cambió con la llegada del Espiritismo, pero olvidamos que el esfuerzo tiene que ser nuestro.
No estamos en la doctrina espirita para cambiar la hostia de la Misa por el pase magnético, o el sermón del cura por la charla en el centro.
A cada cual según sus obras.
Si no fuese así, seríamos nuevos hipócritas.
Ni Jesús, ni María necesitan adoradores…necesitan servidores.
Estas reflexiones que comparto con vosotros no tienen intención de disminuir la figura de María e Jesús, pero sí el traer a la realidad la imagen de Jesús que se nos presenta en el libro de los espíritus, cuando se refiere a Jesús como el mayor modelo de perfección que podemos tener en la Tierra y nos invita a seguir sus pasos.
Cuando el supremo Maestro estuvo en nuestro mundo, enseñando, envío a sus discípulos para el mundo, a fin de que vivenciasen lo que Él enseño. Nos sigue junto con ellos todo el tiempo, indicando y orientándonos sobre todo.
El Génesis, en el item 57 del cap. I, dice claramente; 
"Las manifestaciones son hechos, el hombre los estudia y busca la ley por la que se cumplen. Los espíritus de todas las categorías lo asisten en ese trabajo,actuando como colaboradores y no como reveladores, según el sentido usual del término. Somete
 sus pareceres al control de la lógica y el buen sentido, y de esta manera aprovecha los conocimientos especiales que poseen los espíritus, en razón de su posición, pero sin abdicar de su propio razonamiento. "
   Alabemos a María, alabemos a Jesús, en la figura de nuestro hermano carente, ya sea su carencia de pan, de comprensión, de amor, pero nunca nos paralicemos en la adoración estática de quien ve en nuestros superiores meros servidores de nuestras debilidades y miedos. 
   Comparto con vosotros estas reflexiones para que sirvan de alimento a nuestra auto crítica, tan necesaria para quien busca como nosotros evolucionar como espiritas verdaderos, en actos, pensamientos y palabras.
Fraternalmente
Cassio
                                            *********************
Manuel S.Porteiro
EL ESPIRITISMO ES CIENCIA

El ilustre Allan Kardec escribió en una de sus obras fundamentales esta sentencia: “El verdadero carácter del Espiritismo es el de una ciencia y no el de una religión”.
El tiempo, que todo lo resuelve, viene a demostrar que el Espiritismo sólo puede existir lógicamente como verdad positiva, a base de ciencia cuyo valor fundamental estriba en la realidad de los hechos, en la observación y estudio experimental de los mismos.
Este concepto científico del Espiritismo lo expresa el filósofo espiritista en otro pasaje:
“Desde el punto de vista filosófico responde a las aspiraciones del hombre respecto al porvenir; pero, como apoya la teoría de éste en bases positivas y racionales, se amolda al espíritu positivista del siglo”.
A la muerte de Kardec, el eximio Flammarion pronunció el célebre discurso de despedida al maestro, que hizo honor a la causa espiritista, augurando para el Espiritismo el título de ciencia positiva y tratando de encauzar a sus adeptos en el estudio experimental de sus fenómenos. Dijo en aquella fecha memorable:
Camilo Flammarión
“Este método experimental al que debemos la gloria del progreso moderno y las maravillas de la electricidad y del vapor; este método debe apoderarse de los fenómenos de orden aún misterioso a que asistimos, disecarlos, medirlos y definirlos...”
 “Porque el Espiritismo no es una religión, sino una ciencia de la que apenas conocemos el abecedario. El tiempo de los dogmas ha concluido”.

Gabriel Delanne, uno de los pioneros más
valientes y destacados del
Espiritismo en Francia, escribe a este respecto:
“El Espiritismo no es una religión: no tiene dogmas, ni misterios ni ritual. Es una ciencia de experimentación, de la que se desprenden consecuencias morales y filosóficas de inmensa importancia”.
A esta concepción amplia y desprejuiciada del Espiritismo, podemos agregar la del eminente naturalista Russel Wallace, espiritista de no dudosa procedencia:
“El Espiritismo es una ciencia experimental y suministra la única base segura para una filosofía verdadera y una religión pura.
Suprime los nombres sobrenatural y milagro...”
“Una ciencia de la naturaleza humana, fundada en los hechos observados;
Alfred Rusell Wallas
que sólo apela a los hechos y experimentos; que no toma creencias sin pruebas; que insiste en la investigación y en la conciencia de si misma como los primeros deberes de los seres inteligentes; que enseña que la felicidad en una vida futura puede ser asegurada cultivando y desarrollando hasta donde es posible más altas facultades de nuestra naturaleza intelectual y moral y no de ningún otro modo; es y tiene que ser el enemigo natural de toda superstición”.

Por su parte dice el Dr. Gustavo Geley:
“Para los verdaderos creyentes en la doctrina espiritista, esta es una ciencia positiva, basada sobre el estudio experimental de los fenómenos psíquicos y las
Geley
enseñanzas de los espíritus elevados”.

A estas autorizadas opiniones podríamos agregar la de todos los verdaderos espiritistas y demostrar que sus convicciones se formaron en el terreno de los hechos, por el estudio, la observación y la experiencia de los mismos y no por creencias religiosas anticipadas, por la fe ciega o por la predisposición mística desarrollada por la necesidad de ampliar los horizontes de esta vida, por esa ansiedad imperiosa que, según los materialistas, sienten las almas cándidas, los espíritus débiles, atormentados por el deseo de penetrar las sombras del misterio y de hallar lo que no alcanza a descubrir la ciencia... a la cual suelen mirar con desdén...
No son los verdaderos espiritistas los que creen en la bancarrota de la ciencia frente a los problemas del alma; por el contrario, es la ciencia para éstos el fundamento de sus creencias, sin los hechos positivos, experimentales, el Espiritismo carece de base, y su filosofía sería uno de tantos sistemas metafísicos, una de tantas religiones, agregados al acervo común de la historia.
El Espiritismo no tiene por punto de partida la fe, sino sus fenómenos y el estudio racional de los mismos: es sobre la base fundamental del fenomenismo psicológico supranormal que descansa su filosofía, su ética y su sociología, y es sobre esa misma base que afianzamos nuestras creencias los verdaderos espiritistas.
Las conclusiones filosóficas que sustentamos emanan de los mismos hechos y no de creencias o de razonamientos a priori: ni siquiera tienen la desventaja -si tal pudiera llamarse a la especulación filosófica subjetiva- de atribuirse a inducciones o deducciones personales, ya que la doctrina espiritista surge espontánea de la naturaleza misma de los hechos, de las manifestaciones inteligentes que de ellos se desprenden.
Es cierto que muchos de los principios o postulados de nuestra doctrina se encuentran diseminados entre las religiones y sistemas filosóficos, pero éstos, las primeras, se fundan en la fe ciega, en el dogma infalible y en absurdas, cuando no mentidas, revelaciones, y los segundos, en deducciones o hipótesis más o menos lógicas, pero siempre discutibles por carecer de fundamento científico que pruebe experimentalmente la veracidad de los principios sustentados.
De todo esto se infiere que si el Espiritismo se impone a la consideración humana por sobre todas las creencias religiosas e ideológicas, es por sus hechos observables y experimentables, y no por un sentimiento místico o por las halagüeñas perspectivas que de él se desprenden para el porvenir del espíritu: deja de ser religión, en el sentido místico y ritual del concepto, pero no puede dejar de ser ciencia sin dejar de existir como verdad demostrable y perder su interés y valor positivos; pues, si le faltan los hechos, los principios ciertos en que se apoya y el conocimiento, aunque relativo, de las leyes que los rigen, ya pasa a la categoría de misticismo, sin que su caudal filosófico y moral pese un gramo más en la balanza del progreso humano.
No tienen, pues, razón aquellos espiritistas que, imbuidos de religiosidad, creyentes por ingenuidad o por simples razonamientos filosóficos, se bastan a su fe y miran con ojeriza a los hombres de ciencia y a sus mismos compañeros que bregan por encauzar el Espiritismo en la corriente científica señalada por los sabios espiritistas que hacen honor a nuestro credo, y, mucho menos, los que hacen de éste una religión como cualquier otra y creen que la Ciencia -por hallarse aún en los balbuceos de esta nueva y fecunda rama de la psicología experimental y no haber llegado aún, en algunos casos, a las mismas conclusiones espiritistas, por buscar la correlación entre los fenómenos fisiológicos y psíquicos o explicar por las mismas leyes anímicas todos los fenómenos supranormales sin hacerse cargo de las manifestaciones de espíritus desencarnados- conduce al materialismo.
No hay que olvidar que así como mucha ciencia conduce a Dios y poca nos aleja de él, lo mismo sucede con la creencia en la existencia del mundo espiritual: un conocimiento incompleto del fenomenismo espírita y de sus manifestaciones no convence a nadie, pero el estudio continuo con métodos adecuados lleva al convencimiento: la mayor parte de los sabios o simples estudiosos que han abrazado el Espiritismo, primero lo negaron; después, con poca ciencia, afirmaron los hechos pero negaron la teoría, y luego, al correr de los tiempos, con más ciencia y experiencia, aceptaron esta última.
La ciencia, la verdadera ciencia, no conduce al materialismo sino cuando es incipiente y carece de la madurez necesaria para llegar a las conclusiones espiritistas.
En muchos casos los que penetran en el santuario de esta profunda ciencia del alma por las puertas de la fe, suelen salir por las del escepticismo o la incredulidad; mientras que otros que entran incrédulos y materialistas salen llenos de fe y de esperanza, después de estudiar los hechos con todo rigor científico y de exigir de ellos toda la luz que anhelaban sus espíritus ávidos de ciencia y de
Willian Crookes
verdad. Ejemplos de esto entre otros mil, William Crookes, Russel Wallace y Lombroso.
Al hablar de ciencia no nos referimos a esa ciencia incompetente, infructuosa, llena de orgullo y de suficiencia que niega la existencia, y aun la posibilidad, de las manifestaciones del mundo espiritual; que no tiene más de positiva que lo que alcanza en la materialidad de las cosas; que, en materia de fenomenismo espírita o de metapsiquismo, en vez de adaptarse a la naturaleza y a las modalidades de los hechos, les impone condiciones y métodos arbitrarios, y, como en semejantes condiciones no halla lo que, por prejuicio de escuela, sus representantes tienen interés en no encontrar -el espíritu como sustancia independiente del organismo- lo niegan: porque su caudal seudocientífico está formado base de negaciones.
Lombroso
A estos “científicos”, que forman una “ciencia” de relumbrón, sí, no titubeamos en declararlos en bancarrota. Hablamos aquí de la verdadera ciencia, de esa diosa augusta que no afirma ni niega nada a priori; que no teme la investigación de ningún hecho, por absurdo e inverosímil que parezca, ni a las condiciones y métodos que su naturaleza impone; que, animado de un profundo amor a la verdad, no se alimenta de prejuicios, sino de la luz espiritual que irradia la renovación constante de la vida.
El Espiritismo es una ciencia integral y progresiva: abarca todos los conocimientos humanos. No es una religión, aunque cultiva y espiritualiza los sentimientos religiosos. “La religión se va, la ciencia viene”, ha dicho alguien.
Y no estará demás recordar a los neófitos y profanos que nuestro lema es: Hacia Dios por el amor y la ciencia.

Manuel S. Porteiro
(Transcrito de “Espiritismo: Doctrina de Vanguardia”)
 Tomado de la revista “Constancia”   

 Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta
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Cada día es un nuevo principio ...

 Cada amanecer es como un nuevo principio, de todas las cosas, y pudiera decirse que empezamos a vivir, pues tenemos enteramente en nuestras manos la vida de aquel día. Y cuando la mañana llega con su renovadora resurrección de la naturaleza, debiéramos dejar para siempre atrás todos los ayeres. Nos basta saber cómo la vida de ayer ha determinado en nosotros la de hoy. Y cuando otra vez vuelva el mañana con su renovadora resurrección de la naturaleza, todas la mañanas deberían ser mañanas por las cuales no nos preocupáramos, pues nos basta saber que nuestra vida de hoy determinará la de mañana. 

"Cada día es un nuevo comienzo. Cada mañana aparece el mundo como creado de nuevo. ¡OH! tú gimes bajo el peso de tus culpas y tristezas, ahí tienes una esperanza para tí; una esperanza para mí y para ti"."Pasadas están las cosas pasadas, las acabadas labores y las lágrimas vertidas. Deja que el ayer cubra los errores del ayer, porque las heridas de ayer, su escozor y hemorragia, sanaron con la medicina que vertieron. Dejémoslos, ya que no podemos borrarlas ni desvanecerlos. ¡Dios en su gran misericordia los perdonará! Sólo es nuestro el nuevo día. El hoy es nuestro; sólo el hoy. Allí están los cielos de esplendor bruñidos; allí está la muerta tierra renacida; los cansados miembros revuélvanse ligeros de cara al sol y participan con la mañana del bautismo de rocío y de la frescura del alba. Cada día es un renovado comienzo. Escucha ¡OH! alma mía, los alegres cantos y desecha pasadas tristezas, viejos pecados, angustiosos presagios y posibles penas. Toma aliento con el día y recomienza tu tarea". 
Y recomiénzala a las primeras hora del nuevo día, con todas sus glorias y riquezas, con sus sublimes y eternamente determinantes posibilidades y hazlo así a cada hora siguiente, en cuanto llegue, pero no antes de que llegue. Este es el secreto de la formación del carácter. Por este sencillo método podrá llegar quien quiera a la más alta vida que cabe concebir, pues nada hay que por él no pueda realizarse, como quiera, doquiera y cuando quiera. 

Todos podemos alcanzar esta vida, porque en las posibilidades de todos está el alcanzarla y nadie hay que, al menos durante una hora, no pueda elevarse a tan alta vida si ardientemente lo anhela. Pero aun si con ahínco se esfuerza en elevarse a la vida superior, actuará en él la ley según la cual cada cosa engendra su semejante y lo capacita para irse acercando de hora en hora a ellas hasta que sin ulterior esfuerzo llegue a ser su natural y ordinaria vida. 

De este modo se llega al amor y alianza con lo supremo y óptimo del universo; y por consiguiente, lo supremo y óptimo del universo llega a estar también en alianza y amor con quien tan alta cumbre alcanza.

Rodolfo Waldo Trine.                                      
Extraído del Libro: "En armonía con el Infinito".
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