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miércoles, 7 de mayo de 2014

No tiranices

 A LA MEMORIA DEL SEÑOR JOBARD


El Sr.Jobard era presidente honorario de la sociedad espiritista de Paris, la cual se proponia evocarle en la sesión del 8 de noviembre, cuando él se adelanto a este deseo, dando espontáneamente la comunicación siguiente:

Heme aquí  que ya me ibais a evocar, y puesto que desde luego quiero manifestarme a este médium, por cuyo conducto hasta ahora lo he buscado en vano.
Voy a contaros mis impresiones en el momento de la separación de mi alma. He sentido un sacudimiento inaudito, me he acordado de repente de mi nacimiento, mi juventud, mi edad madura. Toda mi vida se ha reflejado claramente en mi memoria . No experimentaba más que un deseo piadoso de encontrarme en la regiones reveladas por nuestra querida creencia. Luego, todo este cúmulo de cuestiones se ha aplacado.....
"Era libre y mi cuerpo yacía inerte. ¡Ah, mis queridos amigos¡  ¡ Qué placer embriagador el despojarme de la pesadez del cuerpo!  ¡Que arrobamiento causa el abarcar el espacio! No creáis, sin embargo, que de repente sea ya un elegido del Señor, no.  Estoy entre los espíritus que, habiendo aprendido un poco, deben todavía aprender mucho. No he tardado en acordarme de vosotros, mis hermanos de destierro, y os aseguro que os he cobijado con toda mi simpatía y dirigido todos mis fervientes votos hacia vosotros.
¿Queréis saber cuáles son los espíritus que me han recibido?  ¿Cuáles han sido mis impresiones? Amigos míos han sido todos aquellos que evocamos, todos los hermanos que han participado de nuestros trabajos. He visto el esplendor, pero no puedo describirlo. Me he dedicado a discernir la verdad en las comunicaciones.
Me he preparado a enmendar todas las aserciones erróneas, y ha ser, en fin, el defensor de la verdad en el otro mundo, como lo he sido en el vuestro.

Jobard
El Cielo y el infierno
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Si las palabras de los espíritus superiores no llega a nosotros pura, sino con las condiciones que con dificultad se encuentran, ¿no es esto un obstáculo para la propagación de la verdad?
No, porque la luz llega siempre para aquel que quiere recibirla. El que quiere ver claro, debe huir de la tinieblas, y las tinieblas están en la impureza del corazón.

Marco Antonio Gonzalez



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No tiranices 

"Y, con muchas parábolas semejantes, les dirigía la palabra, según lo que podían comprender." – (Marcos, 4:33.)
En la difusión de las enseñanzas evangélicas, de cuando en cuando encontramos predicadores rigurosos y exigentes. Semejante anomalía no se verifica sólo en el cuadro general del servicio. En la esfera particular, no es raro ver como surgen amigos severos y fervorosos que reclaman desesperadamente la sintonía de los partidarios con los principios religiosos que abrazaron.
Discusiones acerbas se levantan, tocando la acedía venenosa. Bellas expresiones afectivas son abaladas en los fundamentos, como ofensas indebidas. Con todo, si el discípulo permanece realmente poseído por el propósito de unión con el Maestro, tal actitud es fácil de corregir. El Señor solamente enseñaba a los que oían, "según lo que podían comprender."
A los apóstoles confirió instrucciones de elevado valor simbólico, mientras que a la multitud transmitió verdades fundamentales, a través de cuentos simples. La conversación de Él difería, de conformidad con las necesidades espirituales de aquellos que lo rodeaban. Jamás violentó la posición natural de nadie. Si estás en servicio del Señor, considera los imperativos de la iluminación, porque el mundo precisa de servidores cristianos y, no, de tiranos doctrinarios.

Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído por Viviana Gianitelli del libro "Pan nuestro"
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GOCES DE LOS BIENES DE LA TIERRA

¿Tienen derecho todos los hombres a usar de los bienes de la tierra’? (Pregunta 711 del libro de los Espíritus); la respuesta de los espíritus es:

Este derecho es consecuencia de la necesidad de vivir. Dios no puede haber impuesto un deber sin haber dado al hombre los medios de cumplirlos.

Para excitar al hombre al cumplimiento de su misión y para probarle con la tentación Dios ha dado atractivos a los goces de los bienes materiales.

Esta tentación tiene el objeto de desarrollar su razón que debe preservarle de los excesos. Si el hombre no hubiese sido excitado al uso de los bienes de la tierra más que con la mira de su utilidad, su indiferencia hubiera podido comprometer la armonía del universo.

Dios le ha dado el atractivo del placer que le solicita al cumplimiento de las miras de la Providencia. Pero por este mismo atractivo, Dios ha querido, además, probarle con la tentación que le arrastra al abuso, de que su razón ha de preservarle.

Los goces tienen límites fijados por la Naturaleza para indicarnos él límite de lo necesario, el hombre con sus excesos llega a la saciedad y ellos mismos se castigan.

El hombre que busca en los excesos de todas clases un refinamiento de los goces se hace inferior al bruto; porque este sabe limitarse a la satisfacción de la necesidad. Reniega de la razón que Dios le ha dado por guía, y mientras mayores son sus excesos, más impera en su naturaleza la animalidad que la espiritualidad. Dios ha dado a todos los seres vivientes el instinto de la conservación para concurrir a las miras de la Providencia y por esto Dios les ha dado la necesidad de vivir.

La vida, además, es necesaria para el perfeccionamiento de todos los seres, estos lo sienten instintivamente sin darse cuenta de ello.

Dios ha proporcionado siempre los medios para vivir, de hecho la tierra produce lo que es necesario a todos sus habitantes; solo lo necesario es útil, lo superfluo no lo es nunca.
El hombre ingrato descuida la tierra, por eso esta no produce lo bastante, y con frecuencia acusamos a la Naturaleza de lo que es efecto de la imprevisión.

La tierra produciría siempre lo necesario, cuando el hombre supiese contentarse con ello.

Si no abastece a todas las necesidades, es porque el hombre emplea en lo superfluo lo que podría darse a lo necesario.

El árabe del desierto, siempre encuentra con que vivir; porque no se crea necesidades ficticias; pero cuando la mitad de los productos se malbaratan en satisfacer caprichos no es extraño que al día siguiente no se encuentre nada, sin razón, se quejara cuando se encuentre despropósito en tiempo de escasez.

La Naturaleza, por tanto, no es imprevisora. El suelo es el origen primero de donde emanan todos los otros recursos y bienes de la tierra que son todos aquellos de que el hombre puede gozar en este mundo.

A ciertos individuos les faltan los medios de subsistencia, a pesar de estar rodeados de abundancia, esto es debido al egoísmo de los hombres que no siempre hacen lo que deben.

Buscad y encontrareis; estas palabras no quieren decir que basta mirar al suelo para encontrar lo que se desea sino que hemos de buscar con ardor y perseverancia, sin desanimarse, no con malicie ante los obstáculos que con mucha frecuencia, son medios de poner a prueba nuestra constancia, paciencia y firmeza.

La infelicidad de muchos consiste en que van por un camino que no es el que les ha trazado la Naturaleza, y entonces es cuando les falta inteligencia para llegar al término. Todos tenemos un lugar, pero con la condición de que cada uno ocupe el suyo y no el de otros. La Naturaleza no puede ser responsable de los vicios, de la organización social, de la ambición y del amor propio.

La civilización multiplica día a día las necesidades, los orígenes del trabajo y los medios de vivir pero mucho le queda aún por hacer. Cuando el hombre haya redondeado su obra nadie podrá decir que carece de lo necesario a no ser por culpa suya.

El prudente conoce el límite de lo necesario por intuición y muchos por experiencias adquiridas a sus espesas. El hombre es insaciable. La Naturaleza ha trazado él límite de sus necesidades por medio de su propia organización; pero los vicios han alterado su constitución y le han creado necesidades que no son reales.

Todos los que amontonan bienes terrestres para conseguir los superfluos en perjuicio de los que carecen de lo necesario, desconocen la ley de Dios y un día habrán de responder de las privaciones que hayan hecho sufrir. Él límite de lo necesario y de lo superfluo nada tiene de absoluto.

La civilización ha creado necesidades de que carece el salvaje, y los espíritus que han dictado estos preceptos no pretenden que el hombre civilizado deba vivir como el salvaje. La civilización desarrolla el sentido moral, y al mismo tiempo el sentimiento de caridad que induce a los hombres a prestarse mutuo apoyo. Los que viven a expensas de las privaciones de los otros, explotando en provecho suyo los beneficios de la civilización, no tienen de está más que un barniz, como hay gentes que de la religión sola tienen el antifaz.

La ley de conservación obliga a atender a las necesidades del cuerpo, pues sin fuerza y salud es imposible trabajar. El bienestar es un deseo Natural en el hombre y Dios no prohíbe más que el abuso, éste es contrario a la conservación. No mira como un crimen el que se busque el bienestar si no es adquirida a expensas de otro, y si no ha contribuido a mermar las fuerzas morales y físicas.

La riqueza es una prueba muy resbaladiza, más peligrosa que la miseria por sus consecuencias, por las tentaciones que da y la fascinación que ejerce; es el supremo excitante del orgullo, del egoísmo y de la vida sensual; es el lazo más poderoso que une al hombre a la tierra y que desvía sus pensamientos del cielo, se ve muchas veces que el que pasa de la miseria a la fortuna olvida muy pronto su primera posición, a los que la compartían y a los que le han ayudado, y se vuelve insensible, egoísta y vano.

Si la riqueza es el origen de muchos males, de malas pasiones y de muchos crímenes no debe culparse a la cosa, sino al hombre que abusa de ella, como abusa de todos los dones de Dios; con el abuso hace pernicioso lo que podría serle más útil, lo cual es consecuencia del estado de inferioridad del mundo terrestre.

El hombre tiene por misión trabajar para la mejoría material del globo; debe desbravarlo, sanearlo, y disponerlo para que un día reciba toda la población que corresponde a su extensión; y para eso es preciso aumentar la producción; si la producción de una comarca es insuficiente, es necesario buscarla más lejos. Por esto mismo las relaciones de pueblo a pueblo se hacen necesarias y para hacerlas más fáciles es necesario destruir los obstáculos materiales que los separan y hacer las comunicaciones más rápidas.

Siendo la riqueza el primer medio de ejecución, sin ella no habría grandes trabajos, no habría actividad, no habría estimulante, no habría pesquisas. Con razón, pues, está considerada como un elemento de progreso.

Los hombres no son igualmente ricos; porque no son igualmente inteligentes, activos y laboriosos para adquirir, ni sobrios y previsores para conservar. Está demostrado matemáticamente que la fortuna, igualmente repartida, daría a cada uno una parte mínima e insuficiente y que hecha esta repartición el equilibrio se rompería en poco tiempo por la diversidad de caracteres y de aptitudes.

Teniendo cada uno apenas lo necesario para vivir el resultado sería: el agotamiento de todos los grandes trabajos que concurren al progreso y al bienestar de la Humanidad; suponiendo que se diese a cada uno lo necesario, no habría ya el aguijón que empuja a los grandes descubrimientos y a las empresas útiles.

Si Dios la concentra en ciertos puntos es para que desde allí se esparza en cantidad suficiente, según las necesidades. Muchos se preguntan porque Dios la da a personas incapaces de hacerla fructificar para el bien de todos?. Esta es una prueba de la sabiduría y de la bondad de Dios. Con el libre albedrío el hombre en su experiencia aprende a diferenciar el bien del mal; de la práctica del bien es resultado de sus esfuerzos y voluntad.

No debe ser conducido fatalmente ni al bien, ni al mal pues sin esto sólo sería un instrumento pasivo e irresponsable como los animales. La fortuna es un medio para proveerle moralmente, es un poderoso medio de acción para el progreso, no quiere que quede por mucho tiempo improductivo, y por esto la cambia de puesto incesantemente.

Cada uno debe poseerla para ensayarse a servirse de ella y probar el uso que de la misma sabe hacer, como, hay la imposibilidad material de que todos la tengan a un mismo tiempo y como si todos la poseyesen, nadie trabajaría y el mejoramiento del globo sufriría las consecuencias, cada uno la posee a su vez; el que hoy no la tiene, la tuvo ya o la tendrá en otra existencia, y el que la tiene ahora podrá no tenerla mañana.

Hay ricos y pobres, la pobreza es para la una la prueba de la paciencia y de la resignación y la riqueza es para los otros la prueba de la caridad y de la abnegación. El origen del mal está en el egoísmo y en el orgullo; los abusos de toda naturaleza cesaran por si mismos cuando los hombres se sometan a la ley de la caridad.

El hombre nada puede llevarse al otro mundo de lo que posee materialmente y si se lleva todo lo que es para el alma. Al llegar al otro mundo su colocación está subordinada a su haber, pero no se paga con oro. No se le tomará cuenta del valor de sus bienes ni de sus títulos, sino de la suma de sus virtudes. No se puede servir a Dios y a Mamón, si pues se siente el alma dominada por la codicia de la carne, deberá darse prisa en sacudir el yugo que la abruma, porque Dios, justo y severo dirá ¡ ¿qué has hecho ecónomo infiel, de los bienes que te he confiado?

¿Cuál es, pues, el mejor empleo de la fortuna? La solución de este problema está en “Amaos los unos a los otros “el que animado ama a su prójimo tiene trazada una línea de conducta y su caridad no es fría y egoísta, no reparte a su alrededor lo superfluo de una existencia dorada, sino esa caridad llena de amor que busca a la desdicha y la levanta sin humillarla.

El rico ha de dar además de lo superfluo más aun, ha de dar un poco de lo que le es necesario. No rechacemos el llanto por temor de ser engañado hay que buscar el origen del mal, consolar primero informarse después y mirar si el trabajo, los consejos, el mismo afecto, serán más eficaces que la limosna. Difundamos a nuestro alrededor con la caridad, el amor a Dios, el amor al trabajo el amor al prójimo.

La vida es un instante, damos mucha importancia al bienestar de ese instante y descuidamos la estancia en la vida eterna, la verdadera vida la del Espíritu. Muchos se sacrifican día y noche para obtener bienes perecederos y se van vacíos de valores morales que les sirven en el más haya para su paz y confort espiritual, lejos de desligarse del mundo material, se adhieren aun muertos más a él, por el apego a esos bienes materiales que en la mayoría de los casos van a parar a manos extrañas que los destruyen, siendo en el más haya la tortura para sus dueños que quieren llevarse el fruto de un trabajo de sacrificio y abnegación, son muchos los que se esfuerzan en seguir guardándolos creyendo que aun les pertenecen y que pueden hacerlo. Más tarde cuando logran despertar de esa pesadilla, se lamentan de su equivocación, de su mal dirigida vida fascinados en la lucha por esos bienes y lamentan su tiempo perdido y las consecuencias de esa labor estéril, muchos llenos de débitos, se resienten hasta de crímenes por obtener o defender lo que según ellos les pertenecía.

Su amor a los bienes terrestre es una de las mayores trabas para su adelantamiento moral y espiritual, por poseer esos bienes rompieron sus facultades afectivas, concentrándose solo en esos bienes materiales. Su satisfacción muy natural por obtener la fortuna y que Dios aprueba se convirtió en una pasión que absorbió todos los otros sentimientos y paralizó los impulsos del corazón la sórdida avaricia, la prodigalidad exagerada son los agentes de esos infortunados que olvidaron las leyes de Dios, que anima a los hombres poderosos a dar sin ostentación para que los pobres reciban sin bajezas.

El hombre nunca debe olvidar, y es que todo viene de Dios y todo vuelve a Dios. Nada le pertenece en la tierra, ni siquiera su pobre cuerpo, somos depositarios y no propietarios; Dios nos ha prestado y debemos devolvérselo, y lo que nos presta es con la condición de que al menos lo superfluo ha de ir a parar a los que no tienen lo necesario

El hombre que tiene apego a los bienes de la tierra es como el niño que solo ve el momento presente. El instinto de propiedad ha provocado grandes revoluciones, ensangrentado a los pueblos. Hay hombres inquietos por las posesiones materiales y es porque el hombre aun no ha aprendido a poseer, toda conquista humana el alma debería aprovecharla, como fuerza de elevación.

El hombre ganara su santidad, cuando comprenda que solo posee verdaderamente aquello que se encuentra dentro de él, en el contenido espiritual de su vida, todo lo que se relaciona con el exterior como puede ser; criaturas, paisajes y vienes transitorios, pertenecen a Dios que nos los concederá dé acuerdo con nuestros méritos.

El salvador nos dijo: Mi reino no es de este mundo. El Señor no ordena que uno se despoje de lo que posee, para reducirnos a la mendicidad voluntaria, porque vendríamos a ser una carga para la sociedad, esto sería descargarnos de la responsabilidad que la fortuna hace pesar sobre el que la posee.

El rico tiene, pues, una misión que puede hacer agradable y provechosa para él; desechar la fortuna cuando Dios se la da, es renunciar al beneficio del bien que puede hacerse administrándola con prudencia. Saber emplear útilmente cuando se tiene, saberla sacrificar cuando sea necesario, es obrar según las miras del Señor.

Los espíritus nos dicen: “Sabeos contentar con poco “Si sois pobres, no envidiéis a los ricos porque la fortuna no es necesaria para la felicidad, si sois ricos no olvidéis que estos vienen se os han confiado y que deberéis justificar su empleo como en una cuenta de tutela. No seáis depositarios infieles haciéndolos servir para la satisfacción de vuestro orgullo y de vuestra sensualidad, no os creáis con el derecho de disponer únicamente para vosotros, de lo que solo es un préstamo, y no un donativo.

Si no sabéis devolver, no tenéis el derecho de pedir, y acordaos que el que da a los pobres paga la deuda que ha contraído con Dios. Jesús prometió a los humildes y a los pequeños la entrada en el reino celestial, la riqueza y el poder engendran con demasiada frecuencia la soberbia, en cambio una vida laboriosa y oscura es el elemento más seguro para el progreso moral.

En la tarea diaria, las tentaciones los deseos y los apetitos malsanos asedian menos al trabajador, el se puede entregar a la meditación y desarrollar su conciencia. El hombre de mundo por el contrario, es absorbido por las ocupaciones frívolas, por la especulación o por el placer.

La riqueza nos ata a la tierra con lazos tan numerosos y tan íntimos que rara vez consigue la muerte romperlos y librarnos de ellos. Del amor a los bienes materiales nace la envidia el que la posee, puede despedirse de todo reposo, su vida se convierte en un perpetuo tormento. Los éxitos, la opulencia del prójimo despierta en él ardientes codicias y una fiebre de posesión que le consumen.
El hombre debe ser dueño de su fortuna y no su excavo, deberá mostrarse superior a ella siendo desinteresado y generoso. Cuando no sé está suficientemente armado para las seducciones de la riqueza, se deberá el Espíritu apartarse de esa prueba peligrosa y buscar una vida sencilla, lejos de los vértigos de la fortuna y de la grandeza, si ocupan un puesto elevado no deberá regocijarse por ello, porque su responsabilidad y sus deberes serán mucho más extensos.
Si es colocado en la categoría inferior de la sociedad, que no se avergüence nunca de ello. El papel de los humildes es el más meritorio. El pobre debe ser sagrado para todos, pues pobre fue como Jesús quiso nacer y morir.

El trabajo, las privaciones y el sufrimiento desarrollan las fuerzas viriles, del alma, la prosperidad las aminora. La pobreza nos enseña a compadecernos de los males de los demás, haciéndonos conocerlos mejor, nos une a todos los que sufre; da valor a mil cosas hacia las cuales son indiferentes los dichosos.

Los que no han conocido sus lecciones ignoran siempre uno de los aspectos más conmovedores de la vida. No envidiemos a los ricos, cuyo esplendor aparente oculta tantas miserias morales. No olvidemos que bajo el silicio de la pobreza se esconden las virtudes más sublimes, la abnegación y el Espíritu de sacrificio. No olvidemos tampoco que con las labores y la sangre, con la inmolación continua de los humildes viven las sociedades, se defienden se renuevan.

El más grande en la tierra puede convertirse en uno de los últimos en el espacio y el mendigo puede vestirse un traje resplandeciente. Jesús vino no para que poseamos facilidades efímeras sino para que seamos poseídos por las riquezas imperecibles, no para que nos rodeemos de favores externos, y si, para concentrar en nosotros las adquisiciones definitivas.

No nos visito el Cristo, como el donador de beneficios vulgares. Vino a ligarnos la lámpara del corazón a la usina del Amor a Dios convirtiéndonos en luces inextinguibles. El dinero no significa un mal. El apóstol de los gentiles nos esclarece que el amor al dinero es la raíz de toda especie de males.

El hombre no puede ser condenado por sus expresiones financieras, más si, por el mal uso de semejantes recursos materiales, es por la obsesión de poseer que el orgullo y la ociosidad, dos fantasmas del infortunio humano se instalan en las almas, abrigándolas a los desvíos de la luz eterna.

El dinero que te viene a las manos, por los caminos rectos, que solo tu conciencia puede analizar a la claridad divina, es un amigo que busca tu orientación saludable y el consejo humanitario. Responderemos ante Dios, por las directrices que le diéramos y ¡hay de nosotros si materializamos esa fuerza benéfica en el sombrío edificio de la iniquidad!

Muchas son las madres que abandonan sus hogares dejándolos en manos desconocidas durante muchas horas del día, con el fin de experimentar la mina lucrativa, convirtiendo la marcha evolutiva en corriente inquietante. La verdad aguarda al hombre e interroga ¿qué trajisteis?

El infeliz responderá que reunió ventajas materiales que se esforzó por asegurar la posición tranquila de sí mismo y de los suyos. Y examinando el equipaje, se verifica, casi siempre qué las victorias son derrotas fragosas. No son valores del alma, ni tienen el sello de los bienes eternos.

El viajero mira hacia atrás y siente frío. La conciencia inquieta se llena de nubes y la voz del evangelio le suena a los oídos.

. ! ¡¿Pobre de ti, porque tus lucros fueron pérdidas desastrosas ¡¿ y lo que tienes amontonado para quien será?

Trabajo realizado por Merchita
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lunes, 5 de mayo de 2014

Jesucristo y la Reencarnación


¿ Jesús Cristo conocía la Reencarnación?.-

Antes de entrar en este asunto , partimos de la premisa de que Cristo, tal como ya hemos afirmado anteriormente, es el mas evolucionado Ser de Luz que ha encarnado jamás en la Tierra, ( considerando que no es el mismo Dios, sino un Hijo de Dios, muy cercano al Padre), y sus enseñanzas y ejemplos, recogidos en parte en los Evangélios, en esencia, son enseñanzas de Amor para redimir y guiar a la humanidad en la medida que las conozca y las practique.
La cuestión es que, generalmente, estas enseñanzas se suelen encontrar leyendo “entre líneas” y se pueden interpretar después libremente, según dicte a cada uno lo mas profundo de su conciencia e inteligeencia; sin embargo otras veces estas enseñanzas aparecen en boca de Jesús con tanta claridad, que el darles otra interpretación diferente a lo que dijo textualmente, no es sino desvirtuarlas, y no cabe una interpretación simbólica o significativa ,sino literal de las mismas.
Desde un punto de vista humano y cristiano, es de considerar que todos tenemos el mismo derecho moral y que podemos tener tanta capacidad analítica como pueda ser la de los traductores eclesiásticos y los teólogos, que se atribuyen esa capacidad en exclusiva para hacer su particular lectura e interpretación de los Evangelios, según convenga, que siempre es según la doctrina oficial de sus iglesias y que después imponen a los “fieles”, a los que solo cabe pronunciar “amén”.
Lógicamente, esta capacidad, libertad y derecho que todos tenemos de poder leer e interpretar las llamadas Sagradas Escrituras, no es con la vana pretensión de monopolizar ninguna verdad absoluta, sino que las particulares conclusiones e interpretaciones de cada uno, forman parte de la Verdad personal e íntima de cada cual, en aras de la libertad.
Una vez hechas estas consideraciones, desde mi particular punto de vista paso a
exponer mi criterio en este tema, que coincide plenamente con los criterios que sustenta el Espiritismo, con los cuales me identifico y hago míos. A pesar de las interpretaciones, normas y doctrinas salidas de los Concilios y teologías existentes, las Iglesias Cristianas no han podido tergiversar totalmente la profunda realidad de la Reencarnación, cuya idea está manifestada y reconocida por Jesús y reflejada en ciertos pasajes del Evangelio aunque se empeñen en darles otras interpretaciones..

Puedo afirmar que la pregunta de este enunciado, solo tiene una respuesta rotunda: En efecto, Jesús conocía perfectamente este concepto, aunque no precisamente bajo este mismo nombre por el que modernamente lo conocemos nosotros.
Jesús dijo: “En verdad os digo que si no volvieseis y os hicieseis como niños, no entrareis en el Reino de los Cielos”(Matéo-18). Esto lo han querido interpretar como que Jesús propone al hombre adulto que se vuelva inocente e ingenuo como un niño, o sea que parece ser que no se puede ser persona adulta y madura para entrar en el Cielo, sino que hay que volverse infantil, en el sentido de ingenuidad, candidez o ignorancia .
Si se analizan literalmente las palabras “volviereis” e “hiciereis”, vemos que en realidad la única forma de volver a ser niño y de hacerse como un niño, es precisamente volviendo a ser un niño, y para eso es preciso volver a poder “partir de cero” nuevamente, o sea, nacer nuevamente como persona..
En otro pasaje evangélico, dice Nicodemo : “¿Cómo puede el hombre volver a nacer siendo viejo?; ¿acaso puede entrar de nuevo en el seno de su madre y volver a nacer?”; Jesús le responde: “En verdad te digo que quien no naciese del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de los Cielos. Lo que nace de la carne, carne es, pero lo que nace del Espíritu es Espíritu. No te maravilles porque te haya dicho que es necesario nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de donde viene ni a donde vá; así es todo nacido del Espíritu”(Juan, 2-3).. Nicodemo, a pesar de su condición de Maestro del Templo de Jerusalén, no comprendía esta enseñanza de Jesús, pues aunque esta idéa era bastante popular entre los judíos, estaba velada dentro de la religión Mosaíca oficialmente establecida ; pero Jesús desde luego sí acredita en muchos momentos que conocía esta Verdad oculta que parece ser que asumió durante su periodo juvenil de formación en la escuela de los Esenios . Estos eran una Secta oculta, de carácter iniciático, que se agrupaban en colonias desde las riberas del Mar Muerto hasta el valle del Nilo. Vivían en comunidad y ejercían Ciencias, como la Medicina y la enseñanza del Universo y de la Vida que impartían a un limitado grupo de alumnos o iniciados. Sostenían una doctrina similar a la de Pitágoras enseñando la preexistencia del alma y las vidas sucesivas.
Pero volviendo al pasaje de Nicodemo, vemos como Jesús le dice que no se asombre ante su afirmación de que es necesario nacer de nuevo, y compara el devenir del Espíritu a través de su paso por múltiples vidas, con el viento libre que sopla donde y cuando quiere, y nadie sabe de donde viene o a donde irá.
En Juan III-3, insiste de nuevo: “ En verdad, si un hombre no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios”, lo cual viene a querer decir, que si no es a través de las experiecias aprendidas en vidas sucesivas, no podemos llegar a evolucionar espiritualmente hacia el Padre.
En Mateo Cap. 17, 10-13 dice lo siguiente: “Le preguntaron los discípulos a Jesús diciendo :¿Cómo dicen los Escribas que primero ha de venir Elías ?. El les dijo: “Cierto que Elias viniendo primero restablecerá todas las cosas; sin embargo yo os digo que Elías ha venido ya y no le reconocieron, antes hicieron de él cuanto quisieron. Entonces los discípulos entendieron que hablaba de Juan el Bautista”.
Este pasaje es de una evidencia pasmosa e incontestable, porque además de poner en labios de Jesús la afirmación taxativa de que Elías ya había venido anteriormente y no le habían reconocido, aun añade el evangelista Mateo a modo de explicación, que los discípulos comprendieron que Jesús se estaba refiriendo a que Elías ya había venido en la persona de Juan el Bautista.
La palabra “Reencarnación” no se nombra en absoluto, simplemente porque para esta idea no existía este término, pero evidentemente la idea a que se refería Jesús y el evangelista, es la misma que hoy denominamos como reencarnación..
En el Evangelio de S.Juan se relata que fue enviada una comisión del Sanedrín para preguntar a Juan el Bautista si él era el Mesías o Elías ; este detalle también evidencia que la idea de la reencarnación era conocida y aceptada entre aquél pueblo.
Nuevamente en Mateo Cap. 16, 13-14, se cita : “Al llegar Jesús a la región de Cesaréa de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?; ellos contestaron: unos dicen que eres Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o alguno de los Profetas”. Resulta asombroso ver lo muy asumido que tenían este concepto los contemporáneos de Jesús y por tanto, Él mismo también lo afirmó, tal como sugieren estos pasajes.
Del mismo modo, era conocedor de profundos conocimientos espirituales, esotéricos, filosóficos y de las leyes humanas , Naturales y Espirituales.
Por último , paso a señalar que esta idea que conocía y admitía Jesús y tanta gente del pueblo judío, ya venía siendo señalada desde antíguo, pues ellos, que se regían por el Antíguo Testamento, en Isaias Cap XVI vers. 10 dice: “Aquellos de nuestro pueblo que hicisteis morir vivirán de nuevo”. Evidentemente el Profeta se refiere a que vivirán de nuevo aquí en la Tierra, porque si se hubiese referido a vivir la vida espiritual, hubiese dicho: “ Viven aún , en vez de “ vivirán de nuevo” o “ Viven aún y no volverán”.

- José Luis Martín-
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Cada alma recibe un cuerpo de acuerdo con sus merecimientos y sus previas acciones”
  • Orígenes –
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MATAR POR BENEVOLÊNCIA  
Francisco Cándido Xavier


Antes de nuestra reunión pública, amigos de Guanabara nos mostraron dos reportajes recientemente lanzados sobre la eutanasia. Éramos  un grupo de hermanos  debatiendo asuntos de la actualidad y el problema propuesto  despertó nuestra atención. Después de variadas opiniones en la conversación en curso, el horario  nos llamó para las tareas de la noche.
Abierta nuestra reunión de estudios, El Evangelio Según el espiritismo, con sorpresa para todos, nos ofreció el ítem 28 del capítulo V, sobre la cuestión de la muerte aplicada en nombre de la benevolencia humana.
Diversos compañeros comentaron la lección, después de que Emmanuel, nuestro benefactor espiritual querido, al que compareció la pagina Eutanasia y Vida.

EUTANASIA Y VIDA  Emmanuel
Amigos de la Tierra preguntan frecuentemente por la opinión de los compañeros desencarnados, con respecto a la eutanasia.  y acrecientan que filósofos y científicos diversos adhieren hoy la idea   de apoyar legalmente la muerte administrada,  o sea por imposición de recursos medicamentosos  o por abandono del tratamiento.
Se declaran muchos de ellos doloridos ante los problemas de las criaturas que surgen desfiguradas en la cuna, o frente a los portadores de enfermedades supuestamente irreversibles, muchas veces en estado de coma  en los recintos  de asistencia intensiva. Algunos llegan a indagar  si los pequeñitos excepcionales deben ser considerados seres humanos y si existe piedad en retrasar las limitaciones de los enfermos interpretados  como criaturas semimuertas, insensibles a cualquier reacción.
Entretanto, imaginan eso por la escasez de los recursos  de espiritualidad de que disponen para dilatar la visión espiritual  para más allá del estado físico.
Es preciso recordar que, en materia de deformación, los complejos de culpa determinan  inimaginables alteraciones en el cuerpo espiritual.
El hombre ve únicamente el carro orgánico en el que el espíritu viaja en el espacio y en el tiempo, buscando la evolución propia, más habitualmente no considera los retoques de mejoramiento  o las dilapidaciones  que el pasajero va imprimiendo  en sí mismo, para efecto de evaluación de mérito  y desmerito, cuando se le promueva el desembarque en la estación de destino.
A la vista de eso, el hombre común no conoce la cara psicológica de nuestros hermanos suicidas y homicidas conscientes, o la de aquellos otros que conscientemente se hacen  pesadillas o flagelos de colectividades enteras. Debidamente reencarnados, en tareas de reajuste, no muestran sino el cuadro aflictivo que crearon para si mismos, una vez que todo espíritu desciende de las propias obras y revela consigo aquello que hizo de si mismo.
¡Delante de las criaturas en prueba  o de los hermanos enfermos, imaginados irrecuperables, medita y auxílialos!
Nadie, por ahora, en las áreas del mundo físico, puede calcular la importancia de algunos momentos o de algunos días para el espíritu temporalmente internado en un cuerpo  enfermo o deforme.
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Ante todos aquellos que se acercan a la desencarnación, compadécete y ayudalos cuanto puedas.
Recuerda que la ciencia humana es siempre un acto admirable, en transformación constante, aunque respetable por los beneficios que presta. No en tanto, no te olvides que la vida es siempre  formación divina, y por esto mismo, en cualquier parte será siempre un acto permanente de amor.

PIEDAD ASESINA
 J. Herculano Pires (Hermano Saulo

La eutanasia es una cuestión de lógica. Si partimos de la premisa de que la muerte es el fin, llegamos naturalmente a la conclusión de que matar  a un enfermo  incurable   o a un niño es un acto de piedad.  Más si partimos de la premisa  de que la muerte es apenas el fin de una existencia, nuestra piedad ser asesina. Una premisa falsa  nos lleva a un raciocinio criminal.

Para raciocinar de una forma cierta disponer de datos ciertos sobre el problema  que enfrentamos. El materialismo solo conoce el cuerpo  y no toma en cuenta la existencia del alma.  Ignora por completo  el sentido de la vida. Su raciocinio sobre la eutanasia se funda en la ignorancia.
El espiritualista  sabe que el alma sobrevive al cuerpo, más no todo espiritualista conoce el proceso de la vida. su raciocinio sobre la eutanasia puede llevarlo a un sofisma . Más el espirita sabe que la vida es un proceso  de evolución y que cada existencia corpórea es el resultado de las fases anteriores de ese proceso. El espirita  dispone de datos seguros y precisos sobre el fenómeno biológico  de la muerte.
Esos datos, obtenidos en las experiencias científicas del espiritismo, están siendo hoy  confirmados por las pesquisas parapsicológicas y físicas sobre el trance de la muerte. Basta el descubrimiento del cuerpo bioplasmico por los físicos y biólogos para advertir los espíritus sistemáticos de que pueden estar engañados.
Los inquisidores medievales  quemaban a los supuestos herejes en nombre de la caridad, para librarlos del fuego eterno del infierno. Los materialistas actuales pretenden abreviar la muerte en nombre de la racional piedad. Ellas por ellas, tenemos el dogmatismo de la ignorancia tripudiando sobre los derechos de la vida.
El mensaje de Emmanuel es una advertencia a la razón esclarecida  y debe ser meditada en todos sus términos. No basta leerla, es preciso estudiarla.

Articulo publicado originalmente en la columna dominical “Chico Xavier pide licencia” del periódico Diario de S. Paulo, en la década de 1970

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Cosme Mariño
MI FINALIDAD

 “Esto me propongo. Respecto de los grados de verdad que tengan las doctrinas que he sustentado en mi vida, espero tranquilo el fallo que esta misma humanidad dará en un porvenir que no lo veo muy remoto, a juzgar por los grandes progresos realizados para la demostración científica de nuestra inmortalidad.
Para esto se necesita tiempo, a fin de que la luz de la verdad penetre en todas las conciencias y los que con tanta anticipación nos condenan, cometen pecado de orgullo e ignorancia y por lo mismo se exponen a que algún día tengan que bajar la vista avergonzados, al pensar que sólo han servido, en la existencia, de rémora al progreso de la verdad en el mundo.”
Cosme Mariño
  Memorias de un hombre mediocre - Prefacio – 1918)

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domingo, 4 de mayo de 2014

El espírita y la Política

¿LOS ESPIRITAS  PODRÍAN INGRESAR EN LA POLÍTICA PARTIDARIA PARA SECUNDAR MEJORAS SOCIALES?...

Después de leer cierto artículo sobre la necesidad de ingresar el espírita en la política, fui instado a contraponer los argumentos leídos que, en mi opinión, no se sustentaban en un análisis rápido. Sabemos que en las proximidades de los debates para elecciones políticas la discusión “irrita” sobre el tema si el espirita debe o no participar de la política partidaria. No hay la mínima necesidad de los espiritas ingresar forzosamente en el campo de la política partidaria para las proposiciones de formulaciones sociales a través de nuevos conceptos de vida, de convivencias y otras relaciones sociales que puedan ser convertidos en hábitos consagrados por la masa para que ulteriormente sean transformados en leyes que regulen la vida en sociedad. Decir que los espiritas, por ser “las personas más preparadas” para secundar los cambios sociales a favor de un mundo más justo y fraterno y que no se puede omitir de esa tarea es en lo mínimo presunción y vanidad aguzada al límite de lo insoportable.
Por la transformación del comportamiento individual, luchando por el ideal del bien, en nombre del Evangelio, los espiritas no están ajenos a la Política, se engañan quien piensa lo contrario. Los espiritas honestos, fieles a la familia, a los compromisos morales son integralmente ciudadanos activos, que ejercen el derecho y u obligación (depende del punto de vista) de votar, sin embargo sin vínculos con las querellas y cuestiones insignificantes partidarias.
    El trabajador de la casa espirita, sea  actuante en el área mediúmnica, doctrinaria o administrativa, sabe, perfectamente, que el centro espirita no es lugar de hacer campaña política, en cualquier época, sobretodo próximo a las elecciones. El espirita, definitivamente, no puede confundir las cosas. Si estuviera vinculado a algún gremio partidario, si desea concurrir como candidato a un cargo electivo, que lo haga bien lejos de las huestes espiritas, para que todo lo que haga o diga, dentro de la casa espirita, no vaya a tener una connotación de actitud de disfrazada intención, visando conquistar los votos de sus compañeros.
Hay necesidad de distinguir la política terrenal, de la política de Cristo. Cada situación, en su dimensión correcta. Política partidaria, pertenece a los políticos, en cuanto la religión es actividad para los religiosos. El argumento de que los parlamentarios se sirven, con el pretexto de “defender” los postulados de la Doctrina, o seducir prestigio Social para las huestes espiritas, o, aun, ser una “luz” entre los legisladores, es argumento engañoso, inverosímil.
A titulo de tolerancia, muchas veces cerramos los ojos para esas cuestiones, más la experiencia demuestra que, algunas veces, es conveniente hasta cerrar un ojo, sin embargo, nunca los dos.
Considerando que nuestro mundo es la morada de la opinión, es normal que tengamos divergencias sobre ese asunto. Inaceptable, sin embargo, teniendo en vista la propia orientación de la Doctrina Espirita, el clima de imposiciones que se establece, no raro, envolviendo compañeros que confunden vehemencia con agresividad, o defensa de la verdad con hostilidad.
Es inadmisible la utilización de la tribuna espirita, como palanca de propaganda política.
El Espiritismo no pacta con irrelevantes y transitorios intereses terrenales. Por eso, no puede nadie esclavizarse por la procura de favores de parlamentares, hasta el punto de, este, ejercer infausta influencia en los conceptos espiritas. No tiene cabida, un líder de partido, en el pulpito de la casa espirita, también no tienen el menos sentido, un espirita en las calles y en los parlamentos, implorando votos, como un mendigo, con sofismas y simulaciones de modestia, de pobreza, de humildad, de desprendimiento, de tolerancia, etc. con la finalidad demagógica, exaltando sus propias “virtudes” y sus “obras” benéficas.
Puede esa advertencia caracterizarse en un concepto en el dorso de sutiles canticos de sirena, que arrastran algunos desatentos lideres para la militancia político – partidaria, sin embargo, es un alerta oportuno. ¡¡¡OPORTUNÍSIMO, DIRÍA YO!!!
Sería bueno si esos “espiritas” (¡?), que mendigan votos, optasen por otro credo, para que sea asegurada la no contaminación de ese politiquismo en nuestras huestes, hasta porque, “A TITULO DE RIGOR, NO HAY REPRESENTANTES OFICIALES DEL ESPIRITISMO EN SECTOR ALGUNO DE LA POLÍTICA HUMANA”.
Nada opta, repeler las actitudes extremas. No podemos abrir la mano a la vigilancia exigida por la pureza de los postulados espiritas y no hesitemos, cuando la situación se impone, en la alerta sobre la fidelidad que debemos a Jesús y a Kardec. Es importante recordemos que, en las pequeñas concesiones, vamos des caracterizando el proyecto de la Tercera Revelación.
Urge que hagamos una profunda distinción entre Espiritismo y Politica. ¿Somos políticos desde que nacemos y vivimos en sociedad, yes, y entonces? La Doctrina Espirita no podrá, jamás, ser vehículo de especulación de las ambiciones personales, en ese campo. Si el mundo gira en función de políticas económicas, administrativas y sociales, no hay como tolerar militancia política dentro de la religión. No se sustentan las tesis simplistas de que solo con nuestra participación efectiva en los procesos políticos a nuestro alcance, ayudaremos a mejorar el mundo.
Recordemos que Jesús Reflexionó mucho de la mejora de la criatura en sí. No nos consta que El hubiese abierto cualquier proceso político partidario contra el poder constituido a la época. Nuestra conducta apolítica no debe ser encarada como conformismo. Por el contrario, esa actitud es sinónimo de paciencia operosa, que trabaja siempre para mejorar las situaciones y cooperar con aquellos que reciben la responsabilidad de la administración de nuestros intereses públicos. “En nada adelanta dilapidar el trabajo de un hombre público, cuando nuestro deber es prestigiarlo y respetarlo tanto como sea posible y también colaborar con el, para que la misión de el sea cumplida. Porque es siempre muy fácil subvertir las situaciones y establecer criticas violentas, o no, en torno de las personas. (…) no es que estemos batiendo palmas para ese o aquel, más porque debemos reverenciar el principio de la autoridad”.
Estamos investidos del compromiso más inmediato, en vez de sumergirnos en el mundo de la política saturada, por equívocos lamentables. Por eso, no debemos buscar una posición de destaque, para nosotros mismos, en las administraciones transitorias de la Tierra. Si fuéramos convocados por las circunstancias, debemos aceptarla, no por honra de la Doctrina que profesamos, más si como experiencia compleja, donde todo suceso es siempre muy difícil. “El espiritista sincero debe comprender que la iluminación de una conciencia es como si fuera la iluminación de un mundo, hasta el punto que la tarea del Evangelio, junto a las almas encarnadas en la Tierra, es la más importante de todas, visto que constituye una realización definitiva real. La misión de la doctrina es consolar e instruir, en Jesús, para que todos movilicen sus posibilidades divinas en el camino de la vida. Cambiarla por un lugar en el banquete de los Estados es invertir el valor de las enseñanzas, porque todas las organizaciones humanas son pasajeras cara a la necesidad de renovación de todas las formulas del hombre en la ley del progreso universal.” (3)
El Espiritismo nos trae una nueva orden religiosa, que precisa ser preservada. En ella, Cristo despunta como excelso y generoso conductor de corazones y el Evangelio brilla como el Sol en su grandeza mágica. Una doctrina que creció asustadizamente en los últimos lustros, en sus huestes surgirán buenos lideres al mismo tiempo en que, también, aparecerán imprudentes innovadores, pregonando esas ideas de militancia política.
Si abrazamos el Espiritismo, por el ideal cristiano, no podemos negarle fidelidad. El legado de la tolerancia no se consustancia en la omisión de la advertencia verbal ante de los injertos conceptuales y practicas anómalas, que algunos compañeros intentan imponer en el seno del Movimiento Espirita. Mantengamos el espíritu de paz, preservando los objetivos abrazados y, si hubiera necesidad de sellar nuestro compromiso con testimonio, no titubeemos y no nos omitamos, jamás.
Jorge Hessen
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SÓCRATES
Y LA INMORTALIDAD DEL ALMA

En al año 399 antes de la era cristiana, el Tribunal de los Heliastas, constituido por representantes de las diez tribus que componían la demócrata Atenas, se reunía con sus 501 integrantes para cumplir una obligación muy difícil.
        Representantes del pueblo, escogidos al azar,  estaban allí para juzgar el filósofo Sócrates.
        El pensador era acusado de rechazar a los dioses del Estado y corromper a la juventud.
        Figura muy controvertida Sócrates era admirado por unos, criticado por otros.
Tenía la costumbre de andar por las calles con  grupos de jóvenes, enseñándolos a pensar, a cuestionar sus propios conocimientos acerca de las cosas y de ellos mismos.
        Sócrates desarrolló el arte del dialogo, la mayéutica, ese momento del “parto”intelectual, de la búsqueda de la verdad en el interior del hombre.
Sus palabras “Sólo sé que no sé nada” representan la sabiduría más grande de un ser reconociendo su ignorancia, reconociendo la necesidad de aprender, buscar la verdad
        Por eso, fue sabio y más allá de sabio, ofreció ejemplos inigualables de conducta moral.
Vivió sencillamente y siempre reflexionó acerca del mundo materialista, de los valores ilusorios del ser  y de las creencias vigentes en la sociedad.
Delante de sus acusadores fue capaz de dejarles lecciones importantísimas, como cuando afirmó:
“No tengo otra ocupación sino esa de persuadiros a todos, jóvenes y viejos, para que cuidéis menos de vuestros cuerpos y de vuestros bienes que la perfección de vuestras almas.”
El gran filósofo fue condenado a la muerte por cerca de 60 votos de diferencia.
        La gran mayoría incentivaba a que él intentase negociar su pena, asumiendo el crimen, librándose así de la punición capital con el pago de algunas monedas.
Seguramente todos saldrían con las consciencias menos culpables.
                             Todos, menos Sócrates que, de ninguna manera, se permitió actuar en contra de sus principios de moralidad. Así, aceptó la pena impuesta.
Aprisionado durante 40 días, tuvo la oportunidad de huir, una vez que sus amigos encontraron una forma ilícita de darle la libertad.
No la aceptó. No se permitió ser deshonesto con la ley, aunque esta lo hubiera condenado injustamente. Una vez más ejemplificó la grandeza de su alma.
Y fueron extremadamente tranquilos los últimos instantes de Sócrates en La Tierra.
Una calma espantosa invadía su semblante y causaba la admiración en todos los que iban a visitarlo.
                      Indagado acerca de tal sentimiento, el pensador reveló lo que le animaba el espíritu:
        “Todo hombre que llega adonde voy a ir ahora, ¡qué gran esperanza no tendrá, de que poseerá allí lo que buscamos en esta vida con tanto trabajo!
Este es el motivo que el viaje que me ordenan me llena de tan dulce esperanza.”
Si, Sócrates tenía la seguridad interior de la inmortalidad del alma y lo expresó claramente en varios momentos de sus diálogos.
La perspicacia de sus pensamientos y reflexiones ya había llegado a tal conclusión lógica.
El gran filósofo partía seguro que continuaría su tarea, que proseguiría pensando, dialogando y que desvendaría un nuevo mundo, una nueva perspectiva de la vida, que es una sola, sin muerte, sin destrucción.
 El Codificador de la Doctrina Espírita, Allan Kardec, preguntó a los inmortales:
        “En el instante de la muerte, ¿cuál es el sentimiento que prevalece en la gran mayoría de los hombres: la duda, el temor o la esperanza?”
Y los Espíritus le contestan: “La duda, para los escépticos empedernidos; el temor, para los que son culpables; la esperanza, para los hombres de bien.”
Que podamos todos, a ejemplo de Sócrates, dejar este mundo con el corazón lleno de esperanza.
Redacción del Momento Espírita
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 De la finitud del 
tiempo...

Sabemos todos que el tiempo pasa muy pronto cuando estamos mentalmente concentrados y que, cuando estamos desocupados, parece  arrastrarse lentamnte, ¿no es así?
 Pues bien, es esta subjetividad del tiempo a la que me refiero.
 Tengo claro que, en la medida en que aumentamos nuestra capacidad de concentración mental, el tiempo va disminuyendo para nosotros. O sea, vamos eliminando el tiempo en el decurso de la elevación vibratoria progresiva de nuestros pensamientos y sentimientos, determinada por el acumulo de conocimientos y aptitudes adquiridos en nuestra ya multi-milenaria excursión educativa por los diferentes reinos de la Naturaleza.
 Tal expansión de la conciencia, intelecto-moral, nos da oportunidad de profundizar mentalmente, y cada vez mas hondo, en las cuestiones transcendentes a los aspectos materiales de la vida.
 En otras palabras, con la siempre creciente aceleración de nuestras vibraciones psíquicas, aunque el tiempo continúe siendo lo que siempre fue, nosotros lo percibiremos cada vez mas diminuto, mas corto, mas escaso...
 Es bueno recordar que, conforme Einstein, el tiempo es solamente un derivado del movimiento de las cosas materiales. Por eso la dimensión temporal es inexiste en los planos eternos, habitados por los espíritus elevados que ya pasaran, en el tiempo, por las condiciones existenciales en que hoy estamos nosotros , visto que no hay seres privilegiados en la Creación Divina.
 Para ellos, para los altísimos padrones vibratorios que pulsan, los siglos son como, para nosotros los días. Y, al contrario de lo que pensábamos en nuestra infancia espiritual, la eternidad no es la sucesión interminable del tiempo; es la ausencia de las dimensiones materiales, entre ellas, ¡El tiempo!
 Y cuando, por fuerza de la divina ley de evolución contínua e infinita de los seres, merezcamos vivir en las dimensiones espirituales puras, no  tendrán ya más sentido para nosotros palabras como "futuro" y "pasado", pues estaremos viviendo el eterno presente.
 Habremos, entonces, alcanzado el "fin de los tiempos" (fin = finalidad), y  podremos entender la promesa de Jesús de que permanecerá con nosotros hasta el final de los tiempos, o sea, mientras necesitemos del condicionamiento espacio-temporal, en el cual ahora hacemos prácticas en sucesivas reencarnaciones.
 ¡Tengamos presente que la eliminación definitiva del tiempo es una perspectiva longitudinal en nuestro destino espiritual. Por ahora, nos corresponde  aprovecharlo en la educación de nuestros pensamientos y sentimientos con vistas a la superación gradual de la animalidad ancestral que todavía nos ata a la costra de ese planeta.
 Aureci Figueiredo Martins
– Porto Alegre/RS, mar/2005 (Traducción de Casio López)
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