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lunes, 29 de septiembre de 2014

Sobre el Espíritu

ELUCIDACIONES SOBRE EL ESPÍRITU 

Muchos son los que suponen que la muerte es un punto final a nuestros problemas, y otros muchos se creen privilegiados de la Infinita Bondad, por haber abrazado actitudes superficiales, en los templos religiosos.

El viaje a través del sepulcro, no obstante, nos enseño una lección grande y nueva: la de que nos hallamos indisolublemente ligados a nuestras propias obras.

Esto es el propósito de la vida, trabaja en nosotros y con nosotros, a través de todos los medios, con el fin de conducirnos a la perfección.

La prisión redentora de la carne, espera por nuestra vuelta. 

Nuestros actos tejen alas de liberación o cadenas de cautiverio, para nuestra victoria o para nuestra derrota.

A nadie debemos nuestro destino, si no a nosotros mismos. 

Aunque nos veamos en las ruinas de nuestras realizaciones deplorables, no debemos perder la esperanza, si Dios nuestro Padre no prescinde de la justicia para ponerse de manifiesto, esa misma justicia no se revela sin amor.

Si somos victimas de nosotros mismos, también somos beneficiarios de la

Tolerancia Divina, que nos abre los santuarios de la vida física, para que sepamos expiar y resolver, restaurar y resarcir.

El pasado habla por nosotros con gritos de acreedor exigente, amontonando sobre nuestras cabezas los frutos amargos de las siembras que hicimos… De hay los desajustes y las enfermedades que nos asaltan la mente, desarticulando nuestros vehículos de manifestación.

Nadie avanza al frente sin pagar las deudas que contrajo.

¿Cómo trillar la ruta de los Ángeles, son los pies hundido en el camino de los hombres que nos acusan de nuestras faltas, obligando a nuestra memoria a sumergirse en las sombras?...

El Cielo representa una conquista, pero no una imposición.

La Ley Divina, cimentada en la justicia indefectible, funciona con absoluta igualdad para todos.

Por tal motivo, nuestra conciencia refleja las tinieblas o la luz de nuestras creaciones individuales.

La Luz, aclara nuestra vista, nos ilumina la estrada. Las tinieblas, cegándonos, nos encadenan en la cárcel de nuestros errores. 

El Espíritu, en armonía con los Designios Superiores, vislumbra el horizonte próximo y camina, valeroso y sereno, con el fin de superarlo. No obstante, aquel que abusa de la voluntad y de la razón, rompiendo la corriente de las bendiciones divinas, crea la sombra en torno de si mismo, aislándose en pesadillas aflictivas, incapacitándose para continuar hacia el frente. 

Aun sufriremos por mucho tiempo los efectos de las uniones con nuestros cómplices y asociados de intemperancia y desarreglo, pero, disponiendo de nuevas oportunidades de trabajo en el campo físico, nos es posible rehacer el destino, resolviendo oscuros compromisos, y sobre todo, promoviendo nuevas siembras de afecto y de dignidad, de esclarecimiento y de ascensión. 

Ciñéndonos a las leyes que prevalecen en la esfera carnal, tendremos la felicidad de reencontrar viejos enemigos, que se hallan bajo el velo del temporal olvido, facilitándosenos, así, la valiosa reaproximación.

Somos espíritus endeudados, con la obligación de darlo todo a favor de nuestra propia renovación. Comencemos a articular ideas redentoras y edificantes, des ahora, favoreciendo la reconstrucción de nuestro futuro.

Dispongámonos a disculpar a los que nos ofendieron, con el sincero propósito de rogar el perdón a nuestras victimas.

Somos herederos de un pasado culpable, la esfera de las formas fisicas, simboliza la puerta de salida del infierno que hemos creado.

Pidamos y supliquemos al Señor nos conceda fuerzas para obtener la victoria. Victoria que nacerá en nosotros para lograr la comprensión. ¡Solamente, con el precio del sacrificio, en el reajuste, conseguiremos el pasaporte libertador!

Solo con el Amor que es la fuerza divina y que tomamos puro de la vida con el que el Señor nos creo, nos enredamos en pungentes laberintos, en lo tocante a la ley… Amor mal interpretado…. Mal conducido… con el inventamos el odio y el desequilibrio, la crueldad y el remordimiento, que nos sitúan indefinidamente en las sombras… 

Cada uno de nosotros. Espíritus endeudados, al nacer en la carne, trasporta consigo un trozo de cielo que sueña conquistar, y un vasto manto de infierno que plasmó en si mismo. Cuando no tenemos fuerzas suficientes para continuar al encuentro del cielo que nos confiere oportunidades de ascensión, retornamos al infierno que nos fascina en la retaguardia… 

Aportado por Claribel Diaz
Extraído del libro Acción y Reacción

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La existencia en la Tierra es un libro que estás escribiendo...
Cada día es una página...
Cada hora es una afirmación de tu personalidad, a través de las personas y de las situaciones que te buscan.
No menosprecies la oportunidad de crear una epopeya de amor alrededor de tu nombre.

EMMANUEL

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Maanuel Philomeno
de Miranda 
 
SINTOMAS DE MEDIUMNIDAD


La mediumnidad es una facultad inherente a todos los seres humanos, que algún día aparecerá de forma más ostensiva de la que ocurre en el presente momento histórico.

Sutiles o vigorosos, algunos de esos síntomas permanecen en determinadas ocasiones generando mal estar y sinsabor, inquietud y trastorno depresivo, en cuanto que, en otros momentos surgen en forma de exaltación de la personalidad, sensaciones desagradables en el organismo, o antipatías injustificables, animosidades mal disfrazadas, como consecuencia de la asistencia espiritual de que se es objeto.


Muchas enfermedades de difícil diagnóstico, por la variedad de síntomas, tienen sus raíces en los disturbios de la mediumnidad de prueba, esto es, aquélla que se manifiesta con la finalidad de invitar al espíritu a rescates aflictivos de comportamientos perversos o daños realizados en existencias anteriores. Por ejemplo, en el área física: dolores en el cuerpo, sin causa orgánica; cefalalgia periódica, sin razón biológica; problemas de sueño –insomnio, pesadillas, pavores nocturnos con sudor-; taquicardias, sin motivo justo; colapso periférico sin ninguna disfunción circulatoria, constituyendo todos ellos o apenas algunos de ellos, perturbaciones que derivan de la mediumnidad en surgimiento o con sintonía desequilibrada.


La mediumnidad es una facultad inherente a todos los seres humanos, que algún día aparecerá de forma más ostensiva de la que ocurre en el presente momento histórico.


A medida que se perfeccionan los sentidos sensoriales, favoreciendo con más amplio caudal de comprensión del mundo objetivo, se amplía la embrionaria percepción extrafísica, motivando el surgimiento natural de la mediumnidad.


No pocas veces, es detectada por características especiales que pueden ser confundidas con síndromes de algunas psicopatologías que, en el pasado, eran utilizadas para combatir su existencia.


No obstante, gracias a los notables esfuerzos y estudios de Allan Kardec, así como de una pléyade de investigadores de los fenómenos paranormales, la mediumnidad viene siendo observada y perfectamente aceptada con respeto, con respecto a benditas contribuciones que faculta al pensamiento y al comportamiento moral, social y espiritual de las criaturas.

Sutiles o vigorosos, algunos de esos síntomas permanecen en determinadas ocasiones generando mal estar y sinsabor, inquietud y trastorno depresivo, en cuanto que, en otros momentos surgen en forma de exaltación de la personalidad, sensaciones desagradables en el organismo, o antipatías injustificables, animosidades mal disfrazadas, como consecuencia de la asistencia espiritual de que se es objeto.

Muchas enfermedades de difícil diagnóstico, por la variedad de síntomas, tienen sus raíces en los disturbios de la mediumnidad de prueba, esto es, aquélla que se manifiesta con la finalidad de invitar al espíritu a rescates aflictivos de comportamientos perversos o daños realizados en existencias anteriores. Por ejemplo, en el área física: dolores en el cuerpo, sin causa orgánica; cefalalgia periódica, sin razón biológica; problemas de sueño –insomnio, pesadillas, pavores nocturnos con sudor-; taquicardias, sin motivo justo; colapso periférico sin ninguna disfunción circulatoria, constituyendo todos ellos o apenas algunos de ellos, perturbaciones que derivan de la mediumnidad en surgimiento o con sintonía desequilibrada.
En el comportamiento psicológico, aún se presentan: ansiedad, fobias variadas, perturbaciones emocionales, inquietud íntima, pesimismo, desconfianzas generalizadas, sensaciones de presencias inmateriales –sombras y bultos, voces y tocamientos- que surgen inesperadamente, en tanto que desaparecen sin ninguna medicación, representando disturbios mediúmnicos inconscientes, que son provocados por la captación de ondas mentales y vibraciones que sintonizan con el periespíritu del enfermo, procedentes de entidades sufridoras o vengadoras, atraídas por la necesidad de rehacer los conflictos en que ambos –encarnado y desencarnado- se ven envueltos.

Esos síntomas, generalmente pertenecientes a los capítulos de obsesiones simples, revelan la presencia de facultad mediúmnica en desarrollo, requeriendo los cuidados pertinentes a su educación y práctica.

Sin embargo, no todos los individuos en los que se presentan síntomas de tal porte, necesitan ejercitar la facultad de que son portadores. Después de la conveniente terapia que es enseñada por el estudio del Espiritismo y por la transformación moral del paciente, que se hacen indispensables al equilibrio personal, recuperan la harmonía física, emocional y psíquica, prosiguiendo, no entanto, con otra visión de la vida y diferente comportamiento, para que no le acontezca nada peor, conforme elucidaba Jesús después del atendimiento y la recuperación de aquéllos que Lo buscaban y tenían el cuadro de sufrimientos anterior.

Sin embargo, gran número de portadores de mediumnidad, tienen un compromiso con la tarea específica, que le exige conocimiento, ejercicio, abnegación, sentimiento de amor y caridad, a fin de atraer a los espíritus nobles, que se encargarán de auxiliar a cada uno de en el trabajo del ministerio iluminativo.

Trabajadores de última hora, nuevos profetas, transformándose en los modernos obreros del Señor, están comprometidos con el programa espiritual de modificación personal, así como de la sociedad, con vistas a la Era del Espíritu inmortal que ya se encuentra en sus cimientos afincados en la corteza terrestre.
Cuando sin embargo, los disturbios permanecen durante el tratamiento espiritual, conviene que sea tenida en consideración la psicoterapia consciente, a través de especialistas propios, con el fin de auxiliar al paciente-médium a realizar el autodescubrimiento, liberándose de los conflictos y complejas perturbaciones, que son consecuencia de experiencias infelices tanto del ayer como del hoy.

El esfuerzo por el perfeccionamiento interior aliado a la práctica del bien, abre los espacios mentales a la renovación psíquica, que se enriquece de valores optimistas y positivos que se encuentran en el Espiritismo, favoreciendo a la criatura humana con la alegría de vivir y de servir, al tiempo que la misma adquiere seguridad personal y confianza irrestricta en Dios, avanzando sin cualquier impedimento rumbo de la propia harmonía.

Naturalmente, en cuando se está encarnado, el proceso de crecimiento espiritual ocurre por medio de factores que constituyen el tejido celular, que siempre puede padecer enfermedades, desconciertos, problemas que forman parte de la psicoesfera terrestre, dentro de la condición evolutiva de cada uno.

La mediumnidad, sin embargo, ejercida noblemente, se transforma en bandera cristiana y humanitaria, conduciendo mentes y corazones al puerto de seguridad y de paz.

La mediumnidad, por tanto, no es un trastorno del organismo. Su desconocimiento, la falta de atendimiento a sus impositivos, generan disturbios que pueden ser evitados, o cuando se presentan, reciben la conveniente orientación para que sean corregidos.
Tratándose de una facultad que permite el intercambio entre los dos mundos –el físico y el espiritual- proporciona la captación de energías cuyo tenor vibratorio corresponde a la calidad moral de aquéllos que la emiten, así como de aquellos otros que las captan y transforman en mensajes significativos.

En este capítulo, no pocas enfermedades se originan de este intercambio, cuando proceden de las vibraciones de entidades enfermas o perversas, que perturban el sistema nervioso de los médiums incipientes, produciendo disturbios en el sistema glandular e incluso afectando el inmunológico, facultando el campo para la instalación de bacterias y virus destructivos.
La correcta educación de fuerzas mediúmnicas proporciona equilibrio emocional y fisiológico, aportando salud integral a su portador.
Es obvio que no impedirá la manifestación de los fenómenos consecuentes de la Ley de Causa y Efecto, de los que necesita el espíritu en su proceso evolutivo, pero facultará la tranquila conducción de los mismos sin daños para la existencia, que proseguirá en clima de harmonía y salud, a pesar de los acontecimientos impuestos por la necesidad de evolución personal.
Cuidadosamente atendida, la mediumnidad proporciona bien estar físico y emocional, contribuyendo para mayor captación de energías revitalizantes, que alzan la mente a las regiones felices y nobles, de donde se pueden obtener conocimientos y sentimientos inhabituales, que embellecen el espíritu y lo enriquecen de belleza y de paz.
Superados, por tanto, los síntomas de inicio de la mediumnidad, surgen las responsabilidades ante los deberes que irán a constituir el clima psíquico dichoso del individuo que, comprendiendo la magnitud de la situación, crecerá interiormente rumbo del Bien y de Dios.

Mensaje de Manuel Philomeno de Miranda, psicografiado por el médium Divaldo P. Franco, en la reunión mediúmnica realizada en el Centro Espírita en la ciudad de Paramirim (BA), Brasil, el 10 de julio de 2000.

Aportación de Claribel Díaz
Extraído del libro "Reencontro com a vida".
Traducido por Xavier Llobet
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675. Por trabajo solo se debem entender las ocupaciones materiales?

-No; el Espíritu trabaja, asim como el cuerpo. Toda ocupación útil es trabajo.

(EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS - Allan Kardec - Las Leyes Morales)

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LA  AUTO-CRUELDAD
La crueldad es, sin duda, la más disimulada de todas las opresiones.
De todas las violencias que padecemos, las que  hacemos contra nosotros mismos son las que más nos hacen sufrir. En esa crueldad no se derrama sangre, solamente se construyen barreras y barreras, que pasan  a afligirnos por dentro.
Montaigne, célebre filosofo francés del siglo XVI  escribió: “La cobardía  es madre de la crueldad”. Realmente, es así como se inicia nuestra agresión. En razón de nuestra fragilidad interior  y de nuestros sentimientos  de inferioridad, aparece el temor, que nos impide  expresar nuestras más intimas convicciones, dificultándonos hablar, pensar y actuar  con espontaneidad  o  relajación.
 La auto crueldad es, sin duda, la más disimulada de todas las opresiones. Más allá de venir adornada  por ficticias virtudes, recibe también los aplausos y las consideraciones  de muchas personas, más, aun mismo así,  continua delimitando  y amargando brutalmente. Esa atmosfera virtuosa  que envuelve a los que siempre  buscan ser admirados y aceptados se debe al papel que representan incesantemente  de satisfacer  y de contentar  a todos, en cualquier circunstancias. Buscan continuos elogios, coleccionando reverencias y sonrisas forzadas, más pagan por eso un precio muy alto: viven distantes de sí mismos.
La causa básica del “auto tormento”  consiste en algo muy simple: vivir  la propia vida en los términos  establecidos por la aprobación ajena.
La timidez puede ser considerada  una auto crueldad. El vergonzoso se vigila  y, al mismo tiempo vigila a los otros, viviendo en una auto prisión. En razon de ser aceptado por todos, el no defiende su voluntad, más si la voluntad de las personas. Piensa que hay algo herrado  con el, desenvuélvela autoconfianza  y, continuamente, se esconde por inhibición.
Pensar y actuar, defendiendo nuestro sentir y nuestros derechos innatos y, definiendo nuestras perspectivas  personales, sin substraer los derechos  de los otros, es la inmunización contra la auto crueldad.
Para vivir bien con nosotros mismos es preciso establecer padrones de auto respeto aprendiendo a decir “no se”, “no comprendo”, “no concuerdo” y “no me importo”.
Las criaturas que procuran la adulación y exaltación  se martirizan para no cometer errores, pues la censura,  la depreciación  y la desestimación es lo que más las atemoriza. Se olvidan  de que los errores  son significativas formas de aprendizaje de las cosas.  Es muy comprensible   el faltar   a la lógica  cuando tomamos una decisión, o cambiamos de idea en medio del camino; sin embargo, cuando erramos, será preciso que asumamos la responsabilidad por nuestras equivocaciones y aprendamos  de la lección que hemos vivido.
Quien busca consenso, crédito y popularidad no juzga sus comportamientos por si mismo, más si procura, ansiosamente, las palmas de los otros,  ofreciendo innumerables razones para que sus actitudes sean totalmente consideradas.
Viviendo  y siguiendo sus propios pasos, podrá inicialmente encontrar dificultades momentáneas, más, con el tiempo, será recompensada  con un enorme  bienestar  y una integra seguridad del alma.
Estar ausente  o salir de si mismos,  con el ansia de ser amado por todos aquellos que considera  modelos importantes,  será una meta alineada  e intangible. El único modo de alcanzar la  felicidad es vivir, particularmente, la propia vida.
La fijación que tenemos de mirar  lo que los otros piensan o creen, sin  poseer la real conciencia  de lo que queremos, podemos, sentimos, pensamos y deseamos, es lo que promueve la destrucción en nuestra vida interior, o sea,  la desintegración de la propia unidad como seres humanos y, por consecuencia, nuestra  unidad con la vida  que está en todo y en todos.
Kardec consulta a los obreros del Bien. “¿La obligación  de respetar los derechos ajenos quita al hombre  el de  pertenecerse a si mismo?  Y ellos respondieron: “De ningún modo  porque este es un derecho que  le viene de la Naturaleza:”
“Pertenecerse a sí mismo”, conforme aseveran los Espíritus, es ejercer la libertad  de no precisar  conciliar las opiniones de los hombres  y de librarse  de las ataduras de la tiranía social,  de la esclavitud del convencionalismo religioso, de las vulgaridades del consumismo, de la constricción de ser dependiente, en fin,  del miedo a lo que dirán los otros.
La solución para el auto crueldad será  nuestra toma de conciencia  de que tenemos la libertad  por “derecho que viene  de la Naturaleza”. Con todo. De casi nada nos servirá  la libertad exterior, si no cultivamos una autonomía interior, porque quien está internamente, entre grilletes y ataduras jamás podrá pensar  y actuar libremente.

Traducido al español por: M. C. R
Extraído del libro Dolores del Alma del Espíritu Hammed

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domingo, 28 de septiembre de 2014

Depresión


                                                                                                             LA DEPRESIÓN

Desde el pasado remoto autoridades médicas y psicológicas han buscado explicaciones para los estados depresivos, considerando apenas  como un estado mórbido. ¿Será apenas un disturbio proveniente  de síndromes nervioso?
 La visión espirita de la depresión parte del Evangelio según el Espiritismo en el capitulo cinco- Bienaventurados  los afligidos…  lo que ya nos pronuncia  un estado espiritual para un gran número de depresiones a lo que los seres humanos están sujetos. 
¿Que son aflicciones? Son alteraciones del modo de vida que se transforman en vicisitudes, que tienen una causa justa  y considerando que Dios es justo, la causa es, por consecuente justa.
 Según Allan Kardec, esas vicisitudes, tiene dos causas distintas, puede ser originaria de la vida presente o de otras vidas.
 Según Kardec las vicisitudes son aflicciones  por la que la persona es tomada, las decepciones, las frustraciones, en fin, varios acontecimientos  que deprimen el estado del espíritu, como se acostumbra a decir en lenguaje  más sencillo.
 La depresión puede ser conceptuada como una alteración del estado de humor, una tristeza intensa, un abatimiento profundo, con desinterés por las cosas. Todo pierde la gracia, el mundo queda hecho cenizas y vivir  se torna tarea difícil, pesada. Con ideas fijas y pesimistas.
Podríamos considerarla como una emoción extraviada. Las emociones naturales deben ser pasajeras, circulando normalmente, sin desequilibrar al ser. La tristeza por ejemplo, es una emoción natural, que nos lleva a entrar en contacto con nosotros, a la introspección y a la reflexión sobre nuestras actitudes.  Pero una vez estancada, prolongada, acompañada de sentimiento, nos lleva a la depresión.
 La depresión se puede dividir en tres formas, de acuerdo con el hecho causal:
 Depresión Reactiva o Neurosis Depresiva: - esta depende de un facto externo desencadenante, generalmente suele ser perdidas  o frustraciones, tales como la separación, perdida de un ser querido, etc.
 Depresión Secundaria a Dolencias Orgánicas: accidente vascular cerebral (“derrame”), tumor cerebral, dolencias de la tiroides, etc.
 Depresión Endógena: por deficiencia de neurotransmisores. Ejemplo: depresión del viejo, depresión familiar y psicosis maniaco-depresiva.
 Ella afecta a todo el ser, acarreando una serie de desequilibrios orgánicos, sobretodo, comprometiendo la calidad de vida, tornando a la criatura infeliz  y con la caída de su rendimiento personal.
 Según Andre Luiz en sus obras nos dice que la mente transmite su estado feliz o infeliz a todas las células de nuestro organismo, a través de los bíforos. Ella funciona como un sol irradiando calor y luz, equilibrando y armonizando todas las células de nuestro organismo, o como tempestades, generando rayos y caídas destructoras que desequilibran al ser.
Según Emmanuel, la depresión interfiere en la mitosis (división) celular, contribuyendo al  aparecimiento de cancer y de otras dolencias inmunológicas, sobretodo a la deficiencia inmunitaria facilitando las infecciones.
 En la depresión existe una perdida de energía vital en el organismo, en un proceso de des vitalizaciòn.
 El individuo pierde energía por dos mecanismos principales:
 1º) Pierde sintonía con la Fuente Divina de Energía Vital: el individuo no fortaleciéndose como debe; con sentimiento de auto estima en baja, aparta de si mismo, de su naturaleza divina, el hilo de ligación, con la fuente inagotable  del Amor Divino. Al negarse y encerrarse en sus problemas y en sus amargura, crea un ambiente vibratorio negativo, que dificulta el acceso de la espiritualidad Mayor en su beneficio.
 2º) Gasto Energético Improductivo: el individuo en vez de utilizar su potencial energético para desenvolver  potencialidades evolutivas, viviendo intensamente las experiencias y los desafíos que la vida le presenta, desperdicia energía en los sentimientos de auto compasión, tristeza y lamentaciones. Sufre y no evoluciona.
 Desde el punto de vista espiritual, en su condición más intima, el deprimido es una criatura rebelde, el no acepta los limites que la vida le impone, rechaza sus pruebas y se posiciona contra la divinidad al ver sus deseos  o voluntades negados “por la vida” prefiere morir psíquicamente  (por la apatía) o físicamente (auto exterminio o suicidio indirecto) a vivir conforme la Ley.
 Una de las causas de la tristeza es la melancolía, ella hace que la vida nos parezca amarga porque el espíritu  aspira a la libertad y a la felicidad de la vida espiritual, pero viéndose preso en el cuerpo, se frustra cae en el desanimo  y transmite  para el cuerpo la apatía y abatimiento sintiéndose infeliz.
 El ansia de libertad  del espíritu encarnado, adolecido por las atribulaciones de la vida y por las  dificultades  en el relacionamiento interpersonal, intensificado por las influencias negativas  de espíritus encarnados y desencarnados, son la causa inicial de esa frustración y de esa apatía.
 La inseguridad y el miedo que acometen a las personas en la sociedad contemporánea son las que determinan en nuestros días la incidencia alarmante de la depresión.
 Muchas veces el espíritu absorbido por los valores que imperan como el consumismo, la búsqueda del placer inmediato, la competitividad, el no saber perder, de querer ser el mejor, de no saber hablar,  el hombre se aísla se aparta de si de su naturaleza. Adopta entonces una mascara, que utiliza para presentar un “papel” en la sociedad. Es, en esta vivencia neurótica,  el deja de desenvolver sus potencialidades, no se abre,  ni expone sus emociones, pues estas demuestran de hecho lo que el es. Clausurado, encerrado en este caparazón de orgullo y egoísmo, el se aísla y se siente solo. Soledad, no en el sentido de estar solo, más si de sentirse solo. Más que sentirse solo es la insatisfacción de la persona con la vida y consigo misma.
 El individuo en esta situación precisa acercarse a las personas  y a las cosas para quedar bien, pues, desconoce que el se basta por el  potencial divino que tiene.
 La soledad es consecuencia de su inseguridad, de su inmadurez psicológica. En los primeros años de la vida, la criatura aunque frágil e inmadura, es natural que tenga necesidad de que las personas vivan en función de ellas, dándoles atención y protección. Es la fase del egocentrismo, predominantemente preceptiva. Como la madurez, comienza a crear una buena imagen de si, tornándose más segura, y a partir de entonces, pasa a darse,  a envolverse y a participar más del mundo. Lo que acontece es que ciertas personas, por algún motivo, tienen dificultades  en este proceso de madurez afectivo, manteniéndose esencialmente  receptivas y no participativas, exigiendo cariño, respeto, atención, sin preocuparse de la misma forma con los otros. Se hacen victimas, pobre infeliz, sin la responsabilidad por si.
 Consiguen su equilibrio a costa de las conquistas exteriores. A la primera frustración que se deparan, no la toleran, pues exponen sus debilidades y esto motiva un cuadro DE DEPRESIÓN.
 Cuando el individuo pierde la capacidad de amarse, cuando su autoestima está debilitada, pasa a tener dificultad de amar al semejante, pues el  sentimiento  de amor, de generosidad  para con el prójimo, es un sentir de dentro para fuera. Este sentimiento de amor al prójimo nada más que es una extensión de nuestro amor, de nuestra sintonía con Dios interior que nosotros tenemos en nosotros. La persona que tiene dificultad  en esta composición de amarse a si mismo, y por consiguiente de amar a su prójimo, deja de recibir el amor y la simpatía del otro, y no consigue entrar en sintonía  con la fuente sublime  e inagotable del Amor Divino. Nosotros limitamos aquello  que recibimos de Dios, en la medida de cuanto donamos al prójimo. Quien ama mucho, recibe mucho. Quien ama poco, poco recibe. Ese alejamiento de si, y por consiguiente de Dios, genera tristeza, vació, la depresión y la dolencia.
 La depresión puede ocurrir en cualquier edad, inclusive en la infancia, la falta de cariño y atención puede causar depresión. Los niños que pierden a sus madres, experimentan gran dolor, se tornan tristes y se distancian de las personas  que se les aproxima. Ellos suelen perder el apetito, se niegan a jugar con los otros niños, y adquieren mayor posibilidad en enfermar.
 La depresión también puede ocurrir en la adolescencia, teniendo como síntoma muy común la irritabilidad, muchos jóvenes aumentan la depresión por el uso del alcohol y de las drogas. El alcohol es el mayor agente depresivo de todos. Mezclado con el sistema controlador del humor,  lleva al individuo a tener alteraciones de comportamiento. Al principio el alcohol desinhibe, por eso a la mayoría de las personas  les gusta beber, solo que si hay predisposición genética, puede ocurrir  la dependencia.
Ya en la tercera edad ocurre alteración de la memoria. El olvido exagerado es una señal en el anciano.
 La depresión tiene su génesis en el espíritu, que reencarna con alta dosis de culpa, cuando, retrocediendo en el proceso de la evolución, bajo factores negativos que le marcan la marcha y de la que no decidió  liberarse en definitiva. Con la conciencia culpable, sufriendo los gravámenes que le dilaceran la alegría interior, imprime en las células los elementos que las desconectan, propiciando, a largo plazo, el desencadenamiento de esa psicosis que domina  a millones de criaturas en la actualidad.
 La depresión se instala poco apoco porque las corrientes psíquicas desconectadas que la desencadenan, desarticula, vigorosamente, el equilibrio mental.
 Cuando irrumpe, exteriorizándose, dominadora sus raíces, están fijadas en los paneles del alma rebelde o recelosa de proseguir en los compromisos redentores abrazados. Cara a sus cáusticas manifestaciones, la terapia de emergencia se hace imprescindible, sin embargo, los métodos académicos vigentes,  pura y simplemente, no son suficientes para erradicarla. Permaneciendo los contratiempos psicosociales, socio económicos, psico afectivos,  que producen la ansiedad, ciertamente se repetirán  lo disturbios en el comportamiento del individuo conduciéndolo a nuevos estados depresivos.
 El primer camino para erradicarla es nuestro perfeccionamiento... una vez que tomamos conciencia de nuestras imperfecciones y errores cometidos, emprendemos  el proceso de regeneración a través de lecciones reparadoras.
 La depresión es un síntoma que nos dice que no estamos amándonos como deberíamos.
 El camino para salir de ella es llenar este vacío con la recuperación de la auto estima y del amor en todos los sentidos. Primero, procurando conocernos y analizárnos, con el deseo de autodescubrirnos, sin juzgarnos, sin punirnos o culparnos. Y después, aceptándonos como somos, con todas nuestras limitaciones, pero sabiendo que tenemos  toda la potencialidad divina dentro de nosotros, esperando para brotar  como simientes de luz. Esto no es nada más que desenvolver la fe en si y en el Creador, sentimiento este que transforma  y que nos liga directamente a Dios.
 Una persona que es consciente de su riqueza interior pasa a tener la seguridad y fe en sus potencialidades infinitas, comenzando a gustar y acreditar en si, amándose a partir de entonces, sintiendo la necesidad  de expandir  este sentimiento  a todo y a todos. Comienza así a despertar para los verdaderos valores de la vida  espiritual, transformándose  en una persona feliz  y sonriente, pues donde existe seriedad, hay algo de herrado, la seriedad está ligada al ser enfermo. Sonría y sea feliz amando y sirviendo siempre.
La terapia contra la depresión se basa en amar y en servir, envolviéndose en trabajos útiles y en el servicio del bien. Sea en el trabajo profesional, en el trabajo del ocio, o en el trabajo de servir al prójimo, el individuo se ocupa, ejercita el amor, y deja de envolverse en las lamentaciones, pues la infelicidad hace su nido en lo oscuro de los sentimientos de cada uno. Difícilmente conoceremos un deprimido, entre aquellos que trabajan al servicio del bien.
 Para dar este amor, no basta solamente con hacer obras de caridad, tenemos que tornarnos cariñosos; antes de hacer el bien tenemos que ser buenos. Dar pan y dar abrigo pero siempre acompañados  de una buena dosis de afecto y de cariño.  Ser por encima de todo generosos, que  es la caridad con afecto. Las personas están con hambre de amor, de calor humano, un hombro amigo, un abrazo, un acogimiento  y una palabra de cariño.
 Cuando damos una simple sonrisa, unos buenos días, una mirada afectuosa estamos donando energía y transmitiendo vida.
 El hombre alcanzó un enorme progreso intelectual, satisfaciendo sus necesidades materiales con los avances tecnológicos. Sin embargo, aun se encuentra con enormes dificultades para convivir fraternalmente  con sus semejantes. Cada vez estamos más unidos gracias a los medios de comunicación, sin embargo, más separados emocionalmente. Ahora, en la actualidad el hombre está sintiendo la necesidad prioritaria de desenvolver  la afectividad, de envolverse, amar y sentir a su  semejante.
 Tenemos que resucitar y liberar a la criatura que está olvidada dentro de nosotros. Para que rescatemos esta criatura que adormece en nosotros, es necesario que veamos el mundo de forma positiva y optimista. Nuestro yo, generalmente se encuentra, retraído, oprimido, porque la vida se nos presenta de forma desagradable; aun no vivimos de forma natural, espontánea y esto genera ansiedad y sufrimiento. Como la criatura es movida por el placer, ella se recoge y no se manifiesta.
 La criatura no se juzga, no se castiga. Vivimos apenas el presente, el ahora,  integrada perfectamente a Dios  y a la Naturaleza. “Dejar, a los niños, venir a mi  porque el reino de los cielos es de quienes se les asemejan” con estas palabras  Jesús quiso decir que tenemos que ser puros, auténticos, integrados con nuestra naturaleza divina, sin huidas o mascaras, para alcanzar nuestra evolución espiritual. Tener actitudes simples, como lidiar con animales,  jugar con los niños, actividades creativas como la pintura, tocar un instrumento, hacer pequeñas tareas domésticas, cocinar, mantener una conversación amena,  contar un cuento, ver una  película, escuchar música, cantar, sonreír, oír con atención, mirar con ternura, acariciar a las personas, abrazarlas, hacer un elogio sincero, curtir la naturaleza, admirar la puesta de sol, etc. Estas son tareas que ayudaran mucho  al deprimido a reencontrar el equilibrio  y armonía interior.
 Mantener siempre buen humor. En la vida lo que más importa es el amor y el bien querer a las personas, vivir sus emociones; no dejarse afectar por las cosas pequeñas. Procurando mirar a nuestro alrededor, viendo con ello, que hay personas con problemas peores, y que necesitan más el socorro.
 Procurar practicar actividades fisicas, caminar, algún deporte, algún pasatiempo. La mente parada comienza a crear pensamientos negativos, que se asemejan a basuras amontonadas dentro de casa. Con estas actividades se desviará la mente de pensamientos deletéreos.
 No esperemos que las cosas acontezcan a nuestro favor. Caminemos a favor de nuestro prójimo y nos sorprenderemos pues seremos los más beneficiados.
 Otras forma de ayudarse el depresivo, es leyendo lecturas edificantes, conversando con amigos, con el terapeuta u orientador espiritual, esto ayudara a ver sus problemas desde otros ángulos.
 La oración es un recurso indispensable en el proceso de recuperación. A través de ella establecemos sintonía con la espiritualidad Mayor, facilitando el camino para que nos inspiren y revigoricen nuestras energías.
 No nacimos para sufrir. La voluntad de Dios es nuestra alegría y nuestra felicidad. Si sufrimos es por nuestra causa. Nuestros problemas y nuestras dificultades deben ser interpretados como instrumento para nuestra evolución.
 Los problemas en la vida surgen cuando ya estamos preparados para afrontarlos y solucionarlos. Jesús nos dijo: “Que el Padre no coloca fardos pesados en hombros débiles” esto nos dice que podemos afrontarlos, que tenemos las condiciones interiores  para enfrentar las dificultades que la vida nos presenta.
 Dios cuida de nosotros y nunca nos abandona. Confiemos en Jesús y sigamos su ejemplo de vida: “Yo soy el buen Pastor; tendré buen animo; no se turbe vuestro corazón; venid a mi los que estáis fatigados, cansados, oprimidos y “Yo os aliviare”.
 Según estas enseñanzas, no existe persona tan “débil” hasta el punto de no soportar  un problema. Lo que ocurre es que la mayoría de las veces no tenemos las fuerzas para movilizar nuestra voluntad y afrontar el desafío. Preferimos huir, dando por hecho que no podemos afrontar dicha situación.
 Muchos acuden al suicidio, se olvidan de que la muerte es un cambio de estado, que continuamos siendo los mismos, con los mismos sentimientos y los mismos problemas.
 El suicida con esta determinación acarrea más daños a su periespiritu, cuando vuelve a reencarnar, además de enfrentar los viejos problemas aun no solucionados, trae aumentado la necesidad de reajustar su lesión periespiritual.
 Debemos procurar luchar con firmeza ante la depresión, y los caminos que debemos procurar son el tratamiento medicamentoso, (muchas veces necesario), trabajo espiritual incluyendo la desobsesión, el agua fluidificada, pases magnéticos, trabajo beneficioso, cambio de actitud mental etc.
 Es necesario que después de que iniciemos el proceso de recuperación, nos mantengamos vigilantes, pues es muy común la mejoría cíclica, con altos y bajos “vigilemos y oremos”. Es muy importante aprovechar los periodos de mejoría para emprender trabajos edificantes en el bien, consolidando las conquistas efectuadas.
 Debemos tener conciencia de que nada ni nadie tiene la capacidad de hacernos infelices si nosotros no queremos. El centro de la gravedad de nuestro equilibrio psico-emocional tiene que estar localizado dentro de nosotros y no en las cosas exteriores.
 No se debe acondicionar la felicidad a algo que acontezca o esperar que alguien nos haga feliz. Estando equilibrados establemente, amándonos y aceptándonos como somos, pasamos a vivir el presente y aceptamos a las personas y a las circunstancias como ellas son. Más allá de eso, pasamos a ver las cualidades del otro y no sus defectos, pues, generalmente vemos al otro como un reflejo de nuestro estado interior.
 La depresión tiene varias caras. Desde el punto de vista humano, el amor, desde la infancia, es factor primordial y comienza dentro de la familia. Si la relación es sincera entre la criatura y los padres, ella crece dentro de un hogar estructurado, inclusive con todas las dificultades naturales de una relación humana. Desde muy temprano el individuo  aprende a lidiar  con la insatisfacción, con las crisis, con el respeto, la amistad, desprendimiento y otros aspectos importantes en las relaciones humanas.
 El depresivo mejora mucho, cuando observa que alguien se interesa por él, precisa sentirse reconocido, sin eso, comienza a sentir una sensación de vació y angustia.
 Bajo el punto de vista medico, la depresión es  una falta de neuro transmisores en el cerebro, que necesita de medicamento, o sea de un control químico.
 Por el ángulo espiritual, la culpa, el remordimiento, la amargura y el resentimiento llevan a la persona a estados depresivos, pudiendo causar el desenvolvimiento de dolencias psicosomáticas y hasta incluso el cancer. Por tanto, el amor y el perdón que la doctrina espirita tanto nos enfatiza son sentimientos también preventivos.
 Aunque la verdadera prevención está en el auto conocimiento, en el amor a si mismo y al prójimo, teniendo conciencia de que los seres humanos son como son, y no de la forma que nos gustaría que fuesen.
 Los espiritas sabemos que la reencarnación es la llave que recibimos de la Misericordia Divina para el perfeccionamiento de nuestro Espíritu, y que en ese camino siempre encontramos  a Espíritus que nos aman y se preocupan con nuestro estado corpóreo y espiritual.
 TODO ENCARNADO DEPRIMIDO ENCUENTRA EN LA DOCTRINA ESPIRITA una excelente aliada para la recuperación de su salud. Basta querer encontrar el remedio cierto, en la medida cierta, en la hora cierta.
 Cuando nos encontremos sumergidos en un estado depresivo,  en la lucha inmensa, recordemos que el Señor nos condujo a semejante posición de sacrificio, considerando la probabilidad de nuestra exaltación, y no olvidemos que la crisis es fuente sublime de espíritu renovador para los que saben tener la esperanza.
 Cuando se elige una existencia enriquecida con paz y bienestar, no se está eximido del sufrimiento, de las luchas, las dificultades que aparecen. Por el contrario estos surgen  como desafíos perturbadores que las personas deben afrontar, sin perder el rumbo ni alterar  el placer que experimenta en la preservación del comportamiento elegido. De esa forma transformamos los estímulos aflictivos en contribuciones positivas, sin lamentarnos, sin sufrir, sin desistir.
 Quien en la lucha ve tan solo sufrimiento, posee una conducta patológica  y necesita del tratamiento adecuado.
La vida es una bendición y debe mantenerse saludable, alegre, aun cuando se encuentre bajo la imposición liberadoras de pruebas y expiaciones.
 Si tornas tu vida agradable, serán fructíferos y llenos de sol tus días.
Ser feliz o desventurado es una opción voluntaria.
 La inspiración superior nunca nos falta, no obstante, el sintonizar con ella será una aspiración personal.
 Si construimos las estructuras existenciales en la mente, las transformamos en realidad en el trayecto carnal.
 De nosotros depende coordinar los movimientos, elegir la meta y avanzar.
 Trabajo realizado por Merchita, extraído de diversos artículos espíritas, que tocan el tema de la depresión.
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Hablando de Espiritu Santo...

Como muchos de nosotros venimos de religiones católicas y evangélicas, nunca es mucho tocar este tema para que  quede muy claro y no nos dejemos llevar por condicionamientos culturales que nos lleva a equivocarnos.
El Espiritu Santo, según la versión católica de la Trindad, o según la concepción evangélica del Espíritu de Dios, no existe.
En primer lugar debemos entender que en la versión bíblica original de los textos evangélicos originales (Nuevo Testamento), los cuales fueron escritos en un tipo de griego denominado Koiné, que difiere, popularmente del griego clásico.
Esta lengua no poseía artículos indefinidos (UN, UNA, UNOS, UNAS). Luego, cuando la palabra era determinada, siempre se utilizaban artículos definidos (el, la, lo, ellos), y sendo indeterminada, presuponía siempre el uso de los artículos indefinidos.
Según el Espirita Carlos Torres Pastorino, ex−padre catolico, estudioso del Nuevo Testamento, del que tradujo el texto evangélico del original en griego, no aparece la expresión “ Espíritu Santo”, sino en todas las ocasiones se lee esta: “Un Espíritu Santo”, como por ejemplo en los trechos que siguen:
En el caso del hijo de Zacarías e Isabel (Juan Batista).
Luc.1:15... porque él será grande delante del Señor. Nunca beberá vino ni licor, y será lleno de un Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre.,...”
En el caso de Jesús, hijo de María.
“Luc.1:35… Respondió el ángel y le dijo: --Un Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por lo cual también el santo  Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.
En ambos los casos, Isabel y María recibirán por vía mediúmnica la revelación de que darían la luz a unos hijos que eran Espíritus ya santificados, luego, el acto de recibir un Espirito Santo, significaría dar condiciones para la reencarnación de un Espirito bueno, misionero, evolucionado.
Moisés, Sócrates, Buda, Mahoma, Platón,  Francisco de Assis, Teresa de Ávila, Chico Xavier, Gandhi, Madre Teresa, Hermana  Dulce, Bezerra de Menezes, Eurípedes Barsanulfo, pastor Luther King, Pietro Ubaldi, entre tantos otros, eran también espíritus Santos pero ninguno de ellos era Dios, pues Dios, en verdad, era El "Padre de los Espíritus" (Hebreos 12,9).
Se puede decir que el Espíritu Santo es el conjunto de los demonios, si, pues todos los espíritus humanos son demonios buenos, malos o medios, los cuales constituyen la mayoría. Se da también a los espíritus humanos el nombre de dioses (1 Samuel 28,13; Salmo 82,6; 1 Samuel 9,9  e Juan 10,34). 
"En Daniel hay uno de los dioses santos" (Daniel 4,8).
Muchos de nuestros problemas de entendimiento se da por que en vez de traducir, la gente hacia transliteración, o sea, simplemente pasaba la palabra para su idioma, adaptando la pronunciación y no traduciendo la palabra en su acepción.
El vocablo “demonio” viene del Griego “daimon e daimonion”, con el plural daimones, cuyo significado es alma (espíritu). 
Y el alma puede ser buena o mala. Pero, por influencia del Zoroastrismo y del Maniqueísmo, la palabra demonio, usada más en el plural demonios, pasó a significar en el Cristianismo solamente espíritu malo o impuro, como siendo el polo opuesto de Dios, el Principio Único del bien. 
El texto bíblico en Griego, cuando se refiere a un espíritu malo, usa la palabra “akarthatos”.
Para designar uno espíritu bueno o santo, usa estas dos palabras: pneuma hagion (Espíritu Santo)…sin articulo definido, quede bien entendido.
 Cassio López
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                                 LA VIDA ESPIRITUAL



La vida espiritual, maravillosamente bella, en absoluto nos hace abandonar nuestros amigos terrestres. Por muy felices que seamos, por muy profundas que sean las alegrías que nos emborrachan, siempre y sin cesar, somos atraídos hacia los lugares de nuestra última vida, hacia todos aquellos a los cuales nos unen los lazos de afectos fraternales, hacia nuestros seres queridos, en fin.
¡Si, pensamos en vosotros, aún desde las alturas más inaccesibles donde pueda elevarse el pensamiento! Venimos a vosotros a deciros de nuevo, en un lejano eco, que esperéis y améis todavía, por muy dura, por muy árida que pueda ser la vida.
La esperanza y el amor vierten, en la existencia, la pócima del olvido. Nos dan el valor, la voluntad férrea, que nos hace afrontar la tempestad con la frente serena. Pero viene la calma, después de la tormenta, viene la hora del reposo bienhechor, y sentiréis correr en vuestras venas la eterna felicidad celeste, que Dios reparte, sin medida, sobre los pobres humanos.
El tiempo os parece eterno, a veces. De nosotros, esperáis con impaciencia las más mínimas comunicaciones; con, también, una especie de curiosidad y la vaga esperanza de que os van a desvelar un poco el misterio de los mundos.
Pero la Providencia sabe que las revelaciones no podrían ser comprendidas. ¡No! ¡La hora no ha sonado todavía! Y las frases que podemos haceros llegar solo son frases.
¡Exhortaciones al bien, cierto! Hay que orientar hacia el bien las pobres almas a la deriva.
Por medio de la dulzura, de la bondad, hay que atraer a los hermanos descreídos. Y sabréis también, por medio de la caridad, hacerles entrever la meta sublime hacia la cual debe tender la vida.
La vida no se acaba, lo sabéis. Solo cambia la forma. Y no cambia muy rápido, porque, durante un largo periodo, seguimos siendo terrestres.
Quisiéramos poder expresaros todo lo que el infinito nos permite contemplar. ¡Pero, lástima!, el lenguaje humano es pobre, las palabras son duras, punzantes, pesadas como la materia, cuando tendrían que ser ligeras y suaves, de una suavidad exquisita, capaces de emitir los sonidos y colores. La atmósfera que os envuelve es demasiado densa, para poder permitiros percibir, ya sea un poquito, toda la armonía que reina en los planos superiores.
¡Ah! ¡Cuanto esplendor se despliega ahí! ¡Y que consolación, que gran recompensa a nuestros males, esta vida, esta ebriedad de cada instante!
Seguimos ocupándonos de las almas errantes, pero la fuente de amor que nos abreva es tan viva y tan grande, que es suficiente para dejarnos entrever destinos más gloriosos. La ascensión continua, sin jamás detenerse. Subir todavía, subir siempre, sin alcanzarla jamás, hacia el foco de perfección, hacia la Causa suprema, que debe absorbernos, más dejándonos nuestra individualidad.
El amor, da igual el mundo en que nos encontremos, es la fuerza, el pivote de las esferas, que gravitan en sus órbitas. En la naturaleza, en lo infinitamente pequeño, es el amor, antes que nada, quien guía el instinto. En el hombre, en la sociedad entera, es el amor quien crea las simpatías, el que hace posible la relación de los humanos entre ellos. Bajo cualquier expresión que se la quiera deformar, del nombre que se le atribuya, si analizáis un poco, encontraréis siempre el amor, el amor más o menos depurado, que se halla en todo ser. Es el centro, la causa. En el hogar, es el quien reina. Es sobre su base que se construye la familia, la familia que se perpetua, en el tiempo y el espacio, en la larga serie de edades, marcando el progreso de las humanidades. Y es siempre, también, el amor quien rige las sólidas amistades. Formáis una potente fuerza, cuando las mismas ideas, el mismo deseo ardiente de hacer el bien os anima. La fuerza fluídica que os envuelve es considerable, y, si el granito os puede dar una idea de su resistencia, el cristal, donde se irisa la luz, podrá haceros percibir su incomparable pureza.
Del más pequeño al más grande, amar, y en vuestro corazón, en vuestra alma, fluirá la fuente de la vida. ¡Si! Hay que amar todavía, amar siempre enseñando, continuando a propagar, en toda su grandeza, la filosofía que contiene el porqué de los destinos humanos.
Labrar la tierra; dejar penetrar en ella el potente arado del amor, y, un día, las doradas mies se alzarán al sol radiante del porvenir. Propagar, sin cansaros. Propagar, amando.
 LEON DENIS
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