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martes, 11 de noviembre de 2014

OBSESIONES INTERMITENTES

PORTAL PARA EL TRIUNFO

Psicografia de Divaldo Pereira Franco, el día 7 de junio del 2011, en la residencia de Josef Jackulak, en Viena, Austria.

La muerte siempre detestada, especialmente cuando llega interrumpiendo la infancia y la juventud, o mismo cuando se encarga de arrebatar a los afectos que constituyen estímulos para la lucha y ejemplos de coraje y dignidad, prosigue incomprendida y malsinada.
Anhelada por los desesperados, que esperan con su concurso terminar con la existencia que se les presenta como desfavorable o castigo, es evitada, a todo costo, por los que disfrutan de las alegrías y de los placeres, transfiriéndola para un futuro que esperan no sea alcanzada rápidamente.
Fruto del materialismo ambos comportamientos, o de la pobreza religiosa que no dispone de recursos para asegurar la confianza en la inmortalidad, la desencarnación permanece como un gran enigma para los viandantes de la esfera carnal.
Envuelta en misterio por la tradición cultural de muchos pueblos, o significando un gesto de estoicismo y de valor, en la expectativa de recompensas en el Más Allá, surge, en el suicidio, como un recurso valioso para la gloria de aquel que se permite la cobarde fuga de los elevados compromisos, especialmente cuando ese gesto tiene carácter religioso o político, segando otras vidas…
El terrorismo internacional encontró en ese terrible engaño, el gatillo, para destruir existencias locas, estimulando el crimen hediondo, mediante falsas promesas de júbilos y de placeres insuperables en el mundo espiritual, como si el suicidio ampliado en homicidio mereciese recompensa en vez de punición.
La muerte, sin embargo, es el cierre del mandato biológico, en sus sucesivas transformaciones, colocando en una fase del proceso de la vida, al tiempo que facultará la abertura de un portal para el triunfo en la inmortalidad.
Es comprensible que se busque aprovechar al máximo la oportunidad carnal ampliando el tiempo y las condiciones favorables de la existencia planetaria, teniéndose sin embargo, en la mente que, por más que se prolongue ese periodo, surgirá el momento en que será naturalmente interrumpido, gracias a los males de diferentes factores que le sean la causalidad.

La vida ciertamente no gastaría más de dos billones de años para organizar las moléculas desde las más primarias hasta los complejos mecanismos cerebrales como los de otros órganos, para, en un determinismo trágico, luego destruirlas, aniquilándolas en sus transformaciones químicas y biológicas.
De ese modo, la muerte es un portal de acceso a otra dimensión de donde la vida se origino, a fin de ser realizado un objetivo adrede establecido que es el perfeccionamiento intelecto moral del Espíritu, en la búsqueda de la plenitud.
De desagregan las partículas y se organizan, incesantemente, obedeciendo a leyes desconocidas que le trabajan la esencia dentro de una programación clara y lógica denominada vida.
¿Por qué el ser humano debería aniquilarse, cuando los hechos comprueban a menudo la sobrevivencia?
Para aquellos que solamente ven el lado hedonista de la existencia, lo ideal sería que la muerte significase el término de todos los esfuerzos y luchas, anulándolos en la nada. Como, sin embargo, la nada no existe, no pasa de una concepción existencialista sin cualquier fundamento científico…
La muerte, por tanto, es el proseguimiento de la vida.
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La angustia provocada por la muerte de un ser querido es comprensible y justa, en razón de la ruptura de los lazos de afectividad fortalecidos en la convivencia, en el contacto físico, en la estructuración del grupo social. No, pocas veces, se transforma en desaliento, pérdida de sentido existencial de aquel que queda en el cuerpo, empujándolo hacia los trastornos graves de la depresión…
No obstante, cultivada la certeza del proseguimiento de la vida, el pesar es sustituido por la esperanza del reencuentro, de las evocaciones felices que deben llenar los espacios vacios y la ternura de todos los momentos dichosos, transformándose en estimulo para las acciones dignificantes en memoria de aquel que viajó anticipadamente…


La muerte es, un fenómeno natural y bendecido que encierra largos procesos de sufrimiento, de desvitalización, de perturbaciones emocionales y mentales de enfermedades degenerativas y dolorosas, alargando los horizontes de la vida en nuevos mecanismos antes adormecidos.
Viviéndose en un Universo donde todo se transforma en incesantes mecanismos de energía vigorosa, el ser humano es el resultado de la más avanzada tecnología transcendental, elaborado por Dios por Sus excelsos programadores de la vida, a fin de que alcance el nivel de luminosidad, en un retorno a la Causa que lo origino.
Lo esencial es vivir en el cuerpo con todo el respeto por su organización y por los mecanismos emocionales y mentales, intelectualizando la materia, que se tornará menos densa y penosa en el proceso de evolución.
Todos los desafíos e incertezas, dificultades y problemas constituyen instrumentos pedagógicos que promueven el progreso, propiciando el conocimiento libertador de la ignorancia, al mismo tiempo facultando la edificación de los sentimientos superiores en dirección a todas las criaturas.
Una existencia humana es gran investimento de la Divinidad que la elaboró, teniendo por meta su crecimiento moral y espiritual, en la superación de los atavismos del comportamiento inicial, para alcanzar los niveles sublimes de la perfección relativa que le está destinada desde el comienzo.
Los instintos que son una forma de inteligencia embrionaria, alcanzaran el nivel de sentimientos edificantes, dejando, al margen, las pasiones primitivas y defensivas para permitir que el amor reine soberano en todos sus pensamientos y actos.
Vivir, pues, en el cuerpo, es apenas experimentarles las sensaciones básicas y primarias; sobre todo, es vivenciar los sublimes sentimientos de la paz y de la fraternidad que deben regir a todos los seres humanos.
Tarea ingente e ineludible esa, convocando todos los esfuerzos de la transformación moral para mejor, en un infatigable trabajo de auto iluminación.
Es porque el Espiritismo propone el sentido de la existencia humana, que puede ser reducido los tres factores esenciales: el amor en todos sus aspectos, el trabajo de dignificación personal y de la sociedad, y, por fin, la transformación de cualquier tragedia – muertes prematuras, procesos de injusticias, dolencias irreversibles, dificultades económicas y acontecimientos infelices – en triunfo personal en la larga jornada por las sinuosos caminos físicos, como prescribía el admirable psiquiatra austriaco Viktor Frankl.
De ese modo, cuando ocurre la muerte, de ninguna manera será interrumpido el proceso de crecimiento del espíritu, tornándose un renacimiento en otra dimensión, como sucede con la reencarnación que puede ser considerada como una forma de muerte de la estructura material.

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No te desesperes ante el fallecimiento de un ser querido, que parece haberte abandonado…
El viajó de retorno al Gran Hogar, donde te aguarda con ternura y gratitud.
Si fuiste feliz a su lado, acuérdate de todos los momentos de júbilo y envuélvelo en evocaciones afectuosas y de gratitud. No obstante, si fue causa de muchos padecimientos, agradece a Dios la felicidad de haber rescatado tus débitos para con el, y prosigue adelante afirmado en valores positivos de homenaje a la vida.
Todo vibra, todo vive, y el ser humano jamás muere.


Joanna de Ángelis.
Psicografia de Divaldo Pereira Franco, el día 7 de junio del 2011, en la residencia de Josef Jackulak, en Viena, Austria.


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                          OBSESIONES INTERMITENTES


Son una clase de obsesión que por su modo de manifestarse suelen pasar generalmente desapercibidas, por eso son mas graves que otras obsesiones porque raramente llaman la atención gracias a sus sutilezas y características especiales.
Unas veces se presentan de modo voluptuoso y destructivo, y después desaparecen por completo, volviendo todo a una aparente normalidad.
Sus víctimas experimentan incursiones crueles de sus obsesores, viviendo constantemente bajo una “Espada de Damocles” que en cualquier momento puede destruir la paz, la salud y hasta la vida.
Los que sufren estos periodos agudos y violentos, pasan luego por otros de optimismo y hasta de realizaciones edificantes, para de repente, derrapar de nuevo en pasiones sórdidas, depresiones sin causa aparente, o exaltaciones a la violencia.
Durante la incidencia de los ataques sufridos, los obsesados llegan al borde de la locura, perdiendo la capacidad de discernir y la lucidez, mostrando entonces comportamientos extraños, actitudes sorprendentes y estados desequilibrados del alma. Esto sucede porque sus adversarios espirituales identifican sus defectos y “puntos débiles”, y conocen sus imperfecciones, sus gustos y rarezas, permitiéndose licencias morales que forman un campo psicológico propicio para el asedio obsesor y la asimilación por parte del paciente, de la energía obsesiva.
Este fenómeno perturbador ocurre, como es natural, porque el enfermo cultiva hábitos viciosos procedentes de otras existencias anteriores, o que los han adquirido mas recientemente en esta existencia,entregándose sin remedio al ejercicio del placer. Tienen la mente repleta de extravagancias y lucen comportamientos extraños o defectuosos, no esforzándose por liberarse de los instintos primarios ni de las pasiones salvajes que les complacen.
Las personas que sufren obsesiones intermitentes marchan entre sombras que necesitan ser disipadas con la luz del comportamiento y las acciones edificantes, así como con mucha oración inspirada en el corazón.

- Jose Luis Martín-

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Si por un momento pudiésemos ver los millares de espíritus que acuden a los antros de perversión, si viésemos esos tristes cuadros de corrupción, ese intercambio monstruoso entre encarnados y desencarnados; si fuésemos testigos de los hechos horribles que se producen en estos sitios,lugares infernales y de intercambio con las tinieblas, con toda seguridad quedaríamos horrorizados y huiríamos, para no volver jamás.”

- Juan Luis Sánchez -

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             Reflexiones de Merchita

   En todos los tiempos los muertos han vuelto  para alentar la esperanza de los vivos de buena voluntad, pero los hombres de mala voluntad están ciegos y es imposible curar la ceguera voluntaria, pese a nuestra dedicación afectuosa a los compañeros de lucha.
  El amor fraternal no se basa en la afinidad de gustos, personalidad o costumbres similares, sino que tiene su origen en algo que es de procedencia divina, el amor, porque Dios es amor.
La amistad o compañerismo no es el amor de la Biblia. Amistad es el nexo que une a las personas que poseen una personalidad similar con gustos afines. De allí nace el dicho popular: "Dime con quién andas y te diré quién eres". El amor fraternal es el vínculo que une espiritualmente a creyentes que profesan una misma fe.
  Aunque los desencarnados apareciesen intempestivamente a los ojos de las criaturas humanas, éstas, debido a lo rudimentario de su entendimiento, recurrirían sin tardanza a las teorías de la negación, creando recursos para nuevos ensayos de duda con palabrería brillante.
   Los fenómenos no sacian la sed espiritual y la sensación no sustituye el trabajo necesario para el progreso. Convenceos de que ninguno de nosotros puede confundir a las leyes eternas. Ni vuestra exigencia ni nuestra afectividad podrán perturbar el orden establecido.
    Las horas difíciles sonarán siempre y es necesario armar el corazón para los grandes testimonios.
   Hemos de tener la certidumbre de que no sufrimos  inútilmente. Todas las criaturas son instrumentos del bien o del mal, médiums del plano superior o inferior, en el campo infinito de la vida. Nadie escapa a la corriente de inspiración con la cual se sintoniza. Y todos los que han marchado en la vanguardia de la verdad y de la luz han sufrido el acoso de la mentira y de las tinieblas, no obstante su condición de instrumentos de la Providencia Divina para el perfeccionamiento y la felicidad del mundo.
Hemos de trabajar y sufrir, amando la tarea a la que nos hemos  consagrado, no solo para el rescate del pasado, sino también por la sublime alegría de la iluminación del presente. Luchemos y esperemos.
    El verdadero amor fraternal no pide compensaciones, no experimenta celos, no es exclusivista. Pretende solamente la felicidad del objeto amado, con la cual se contenta.
     Jesús llamaba hermanos a todos los seguidores de su ideal divino y sus legítimos continuadores vivían en comunidad fraternal.
Pablo de Tarso, el apóstol de los gentiles, recomendó a los hebreos,  la preservación del amor fraternal.
Pablo tenía razones serias para emitir ese consejo porque, si no podemos opinar sobre el amor angélico, inaccesible aún a nuestro entendimiento, podemos decir algo sobre los afectos humanos. Y, en las actividades de ultratumba, el legítimo vínculo fraternal, sublime y constante, elevado y sincero, es quizá el único que jamás sorprende o desconcierta.
    Constituyendo verdaderas excepciones los enlaces de almas en unión imperecedera sobre la faz del planeta, por regla general los cónyuges, después de la muerte, descubren, al fin, que han consumido inmensa cantidad de combustible de las pasiones para aprender a ser buenos hermanos uno de otro.
   Hijos y padres, en las mismas circunstancias, adquieren expresivas enseñanzas, en virtud de los imperativos de la reencarnación.

  A menudo la consanguinidad constituye el crisol purificador.

   La abnegación fraterna, sin embargo, alcanza cúlmenes divinos. La realidad no empaña su claridad, ni la muerte desfigura su belleza. Continúa por siempre, como los árboles generosos que extienden sus raíces, cubriéndose de flores y frutos.
   La Humanidad no será integralmente feliz mientras el amor fraternal no establezca su imperio en el mundo.
   Amigos os deseo un lindo miércoles, este mensaje lo extraje del libro de Herculano Pires “Lázaro”

- Merchita-
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                                  UNA SENCILLA RELIGIÓN


"Mi religión consiste, en una humilde 

admiración del ilimitado espíritu superior que se revela 

en los pequeños detalles que somos capaces de percibir 

con nuestra débil y enclencle mente."

- Albert Einstein -

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lunes, 10 de noviembre de 2014

La cruel indiferencia



PANDEMIA DEPRESIVA

En el momento,  cuando las conquistas libertadoras de la inteligencia alcanzan elevados  índices  de superior tecnología  y de grandiosa comprensión científica  en torno de la vida  y de sus complejidades, así como del macro y del microcosmos, los desvaríos de la emoción se muestran por angustias desbastadoras en las existencias vacías de significado.
Paradójicamente,  nunca hubo tanto confort,  así como tantas concesiones al placer,  al poder,  al trabajo o al reposo,  a la alimentación bien balancea, a los relacionamientos sexuales,  a las comunicaciones y recreo, presentándose, simultáneamente, incontables aflicciones, graves desastres,  trastornos de comportamiento, alineaciones mentales que se expresan  de manera sutil o vigorosa, segando la alegría y el encantamiento de las criaturas humanas.
Cual  morbo invisible, una voluminosa onda de desespero, silencioso en unos momentos y gigante en otros, toma cuenta de la sociedad terrestre, diezmando las bellas floraciones de la esperanza y  lanzando a las personas desprevenidas   a los hondos pozos del desinterés por la vida  y por las luchas renovadoras…
 La adquisición de todo cuanto parece constituir una meta, victoria existencial, súbitamente cede lugar al tedio,  al debilitamiento de la voluntad, al desanimo,  con indiscutibles perjuicios para la sociedad.
Al principio,  se presenta  en forma de tristeza pertinaz  que se hace acompañar  por un sequito  de inflexibles adversarios de la paz, exaltando las emociones  o amorteciéndolas, anulando los intereses  por la permanencia de los objetivos esenciales, dando lugar a la melancolía  que se instala, perniciosa,  convirtiéndose en grave depresión.
El ser humano debe alcanzar  los niveles  superiores del  conocimiento y del amor,  viviendo la sabiduría,  en una síntesis armónica de conquistas de la inteligencia y del sentimiento.
No obstante, a las aspiraciones exageradas  y el movimiento continuo acaban  en ansiedad, desgastando las energias nerviosas, dando lugar al desfallecimiento de las fuerzas, fragilizando al individuo.
De cierto modo, los acontecimientos psicosociales,  tales como la desintegración de la familia,  la perdida de las tradiciones, la soledad en el grupo social voluminoso, contribuyen  para el aumento de los disturbios de la emoción y de trastornos psíquicos  más severos.  Aunque  esos factores también ocurran en las familias ajustadas, en los grupos armonicos, en las sociedades equilibradas, se manifiestan más cuando esos valores son despreciados.
 Innegablemente, el ser humano se encuentra  enfermo,  a veces en transitorio estado  de bienestar que cede lugar  a sucesivos desequilibrios, cuando surgen  ocurrencias  que predisponen  al surgimiento de las disturbios…
Si  desconsideráramos  las causas que se originan en el interior , que son  propiciadas por el Espíritu  desde el momento de su reencarnación, aquellas que provienen del exterior   como las perdidas,  el miedo,  las antes mencionadas  facultan  abrirse el abanico inmenso de la  nefasta psicopatología depresiva.
 Las estadísticas alarmantes de los suicidios encuentran  su génesis, casi siempre, en la depresión, desencadenada por circunstancias aleatorias…
Sin objetivos bien delineados y sin seguridad intima que proporcionen  el equilibrio real, el ser humano desfallece y se deja arrastrar por la  virosis perversas y destructiva.
La depresión es enfermedad del espíritu, y en el espíritu debe ser tratada.
El surgimiento  en la depresión, sin embargo,  no tiene como finalidad esencial vivenciar apenas el dolor,  el sufrimiento, más si proporcionarse el encuentro  del ser con el mismo.
Depresión significa  empujar para abajo permitiendo al Espíritu  refugiarse  en las reflexiones internas,  para rehacer observaciones, para recorrer nuevos caminos.
Invitado el ser humano  para las conquistas externas, casi todas sus aspiraciones  se  limitan  a tener, a adquirir, a aparecer… Es en ese momento cuando ocurre el fenómeno  de la melancolía, en razón del vacío que las conquistas externas  proporcionan al ser interior, que no se siente pre henchido  de objetivos reales, siendo conducido a la meditación profunda, de cuyo abismo podrá salir renovado y feliz.
Todo aquel que atraviesa  esa fase natural de la existencia  física, manteniéndose  lucido  y resuelto  a escudriñar  el abismo de las reflexiones melancólicas, consigue superar  las densas sombras  y alcanza la claridad del día  de la paz y la alegría de vivir.
Lamentablemente, el enfermo se entrega   a la lamentación  y al auto abandono, pasando a cultivar la auto compasión y la rebeldía  en relación a los demás   que tienen en cuenta como saludables,  considerándolos  inmerecidamente privilegiados.
 Permitiéndose la auto conmiseración, piensa apenas  en huir, desistiendo de la lucha, en razón de los conflictos  que  lo  enseñorea y del desencanto que lo domina.
La vida impone  esfuerzos que deben ser aplicados a beneficio de las desafiantes conquistas,  que aguardan a aquellos  que las desean alcanzar.
Quien se detiene en la marcha, señalando dificultades,  o rechaza   la tenacidad en el trabajo,  se pierde en el camino de la evolución.
Aplicar el tiempo en el pesimismo,  en las conjeturas deprimentes, es una manera de ampliar  el cuadro de angustia  malbaratando la oportunidad de liberarse  de la presión penosa en que transita.
Todos los individuos experimentan dificultades  y luchas, sufren tristezas y desencantos,  negándose algunos a permanecer en ese estado de aflicción injustificable.
Cuando ocurre  la aceptación pasiva de la dificultad y la sumisión  a los fenómenos internos afligentes, el enfermo necesita  de asistencia médica,  no apenas de la natural psiquiatría, sino también del auxilio psicológico, con el fin de salir de la apatía,  de romper las esposas  opresoras  de la emoción enfermiza…
La depresión puede ser superada, en el caso  que el paciente opte por la lucha y a ella se entregue con ahínco.
La concentración mental en los ideales  del bien lentamente  llena  el vacío existencial,  estimulando los neuronios las sinopsis, restableciendo el ritmo y producción  de los neuropeptidios  responsables por la alegría y dinámica de la existencia.
En esos caminos, la oración debe ser transformada  en habito de reflexión, utilizándola con frecuencia, de modo que pueda sintonizar  con las fuentes del bien, de donde proceden las energías saludables,  renovadoras.
Cualquier actividad, aun mismo constituyendo un gran esfuerzo, llevando   a la transpiración, constituye  también eficiente procedimiento terapéutico, al lado de los ejercicios físicos,  tales como la gimnasia, la natación, el caminar…

Se torna indispensable que el enfermo realice  la parte que le dice al respecto,  de ese modo cooperando para el propio restablecimiento.
En la raíz del trastorno depresivo,  existe siempre  una psicogénesis  de naturaleza espiritual de carácter obsesivo, resultante  de la infeliz conducta anterior  de la actual víctima, razón por la cual las psicoterapias del amor,  de la oración, de la caridad, de la paciencia y de la resignación se tornan indispensables.
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Cuando sientas agravarse el desanimo en tu currículo de acciones, cuando seas victima de continuos episodios  de insomnio  con pensamientos conflictivos; cuando experimentes indiferencia afectiva  con relación a las personas queridas; cuando el mal humor en forma  negativa  pase a caracterizarse; , cuando  la indisposición para cualquier actividad se torne frecuente; cuando la irritación  o el deseo de aislamiento social comiencen a dominarte; ten cuidado , puesto que estás en un proceso depresivo.
Atenta para la renovación interior, busca auxilio espiritual y el especializado,  no apartándote del Psicoterapeuta  sublime, porque estas caminando por la noche oscura  a la que se refiere San Juan de la Cruz…
Libérate  de la sombra morbosa  e inúndate de  la luz del sol de la alegría, rumbeando  en dirección a la salud que te aguarda.
 Naciste para conquistar el infinito,  y eso depende  exclusivamente de tí.

Extraído del libro  “Entrégate a Dios” de Divaldo Pereira Franco
Traducido por M. C. R

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Síntomas de la obsesión espiritual y posible ayuda.-

En principio el identificar un caso de obsesión, no es muy sencillo, pues entramos en un campo en el que los psiquiatras y psicólogos, deben intervenir solamente cuando estén seguros de que están ante problemas mentales o psicológicos del orden de la salud, pero cuando el caso escapa a una solución por parte de la ciencia y no se definen claramente los síntomas en el campo de la salud, la intervención solo cabe a espiritistas experimentados en hacer trabajos de esta clase con el apoyo de alguna mediumnidad que facilite la comunicación y consulta con el plano espiritual.
Al respecto, son diversos los cambios en los comportamientos que se pueden observar en personas que comienzan a padecer esta clase de mal espiritual, por ejemplo los hábitos y reacciones habituales de la persona se modifican, llegando a asumir posiciones y actitudes extrañas y perjudiciales, inducidas sobre aquellos que se les someten , por mentes obsesoras, cayendo como en un bosque  de sombras del que es muy difícil y penoso salir.
Conforme sea la constitución temperamental, que es un factor de relevante importancia, el obsesado se vuelve apático, o tiende a la depresión y a la melancolía, en razón del mensaje telepático deprimente que recibe, así como a los clichés mentales pesimistas que resuenan en su conciencia.
En el otro extremo, con una constitución nerviosa excitable, se producen casos de agresividad y violencia . En desarmonía con sus actitudes habituales explota frecuentemente por tonterías, de lo cual luego se arrepiente, exponiendo la constitución psíquica a altas cargas de energías que dañan los nervios, con los correspondientes perjuicios para su organismo físico-psíquico.
A los hábitos saludables habituales, van sucediendo las reacciones intempestivas, perdiendo los criterios de concepto y de valor que dan lugar a extravíos y extrañas formas de conducta.
Cuando la Subyugación es insistente, puede llevar a una especie de locura que no responde a tratamientos psiquiátricos con una medicación normal. Esta “locura” solo se puede tratar con grandes posibilidades de cura, mediante el adoctrinamiento y la formación moral que se pueden ofrecer al Espíritu obsesor, llevándole al arrepentimiento, así como también a su víctima ; sin embargo el solo tratamiento con medicamentos puede terminar por dañar su cerebro y entonces la víctima es cuando se convierte en un auténtico lisiado mental.
La Subyugación puede ser física o psíquica, o de ambas formas a la vez, según la forma como se manifieste. La primera no implica la pérdida de lucidez mental e intelectual, porque actúa directamente sobre los centros motores, obligando al individuo aunque se niegue a obedecer y a ceder ante la violencia que le oprime el obsesor. Llegado a este punto es donde pueden aparecer las enfermedades orgánicas ante el cambio de condiciones celulares adecuadas que facilitan sus enfermedades orgánicas por el acceso de virus y bacterias.
Mediante esta vigorosa y contínua acción fluídica, pueden terminar por dañar los tejidos orgánicos, perturbando tanto el anabolismo como el catabolismo, influyendo así en el trastorno del metabolismo en general con los consiguientes perjuicios físicos.
En el segundo caso el paciente se ve dominado mentalmente permaneciendo en un estado de pasividad, no siendo extraña la tortura emocional y llegando a perder por completo la lucidez.. Así pierde temporal o definitivamente el área de la consciencia, siendo incapaz de expresarse libremente, permaneciendo aturdido. Su visión, su audición y los demás sentidos confunden la realidad objetiva con el imperio de tantas vibraciones que registra desordenadamente en la esfera física y en la espiritual.
Estos casos se pueden ayudar a través de un diagnóstico espiritual hecho por alguna persona con una facultad intuitiva y de videncia muy experimentada en tratar esta clase de problemas, y que pueda llegar a establecer el origen del conflicto entre el espíritu obsesor y el obsesado para definir las causas del problema existente entre ambos.
Una vez comprendida la dinámica reencarnatoria que nos relaciona a todos desde unas vidas a otras, se puede llegar a la solución del caso mediante el adoctrinamiento y esclarecimiento de ambos , desmontando así los vínculos de odio y de venganza que les unen, y que actúan como un imán entre el obsesor y su víctima; y , por supuesto, con mucha oración por ellos y a ser posible, junto a ellos. Hay que hacerles sentir que la única salida para sus respectivos sufrimientos generados en un pasado común, es el perdón y el reconocimiento fraterno mutuo como hijos de un mismo Padre. Hay que hacerles comprender a los obsesados que permaneciendo en la construcción del bien, difícilmente podrán asimilar las inducciones perversas o criminales procedentes de los estadios de las regiones inferiores del astral, sin embargo si permanecen en posiciones de vulgaridad, placer, impiedad, vicio o desorden, reciben mayor influjo de ondas mentales equivalentes, cayendo cada vez más hondo en precipicios de aturdimiento y desequilibrio.
Tales personas acuden al descanso físico buscando revivir y recrear en su mente las ambiciones desenfrenadas o las pasiones perturbadoras, vitalizándolas cuando no encuentran medios de realizarlas físicamente. Después durante el sueño se desdoblan reencontrándose con afines- encarnados o desencarnados- con los cuales se identifican, recibiendo una mayor carga de sensaciones de esas necesidades falsas, o dando cabida a esos estados anhelados que les turban o afligen. Cuando despiertan encuentran su mente atribulada con estas emociones, así como un incómodo cansancio físico y psíquico, encontrando dificultad para fijarse en las oportunidades de realizaciones positivas que la vida les ofrece, mientras tanto la idea obsesora fijada y viciosa , ya ha quedado establecida a través de ese intercambio mental nocturno.
Sin los ejercicios de reflexión mas profunda y sin los hábitos saludables de edificación del bien en si mismos; sin el constante ejercicio de la oración como intercambio de fuerzas parafísicas, llegan a aparecer esas actitudes sorpresa que le llegan a empujar hacia la idea engañosa del suicidio en medio de cuadros neuróticos, psicóticos o esquizofrénicos.

- Jose Luis Martín-

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Entre las causas más comunes de la obsesión encontramos las siguientes: Malos hábitos y conductas desordenadas”.
- Juan Luis Sánchez -

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   ¿ Qué es la “Obsesión sonorizada”?

Parece ser que esta variedad de obsesión en cuanto a su forma de manifestarse, es particularmente frecuente entre las personas que tienen una facultad mediúmnica. Y esto es así no solamente por constituir la mediumnidad una ventana natural que facilita la relación con el otro lado de la vida, sino por el fastidio que a los obsesores les causa el que otros seres espirituales puedan acceder a esta ventana que les comunica con este mundo.
Consiste en que la persona con este problema,  escucha dentro de su cabeza, murmullos como griterios de gentes, entre los que aparecen a veces de forma nítida voces que provienen de los espíritus obsesores.. Esto supone para el medium un transtorno psíquico que les causa cierto desconcierto por el barullo característico que sienten dentro de su propio cráneo, alterando el estado emocional que les impide la necesaria concentración para ejercer la psicografía, causándoles intranquilidad.
Pueden cesar por un tiempo y reaparecer más tarde  con mayor intensidad. En este barullo de voces y sonidos, se llega a distinguir la voz nítida de los obsesores enemigos que perturban la tranquilidad interior con sugestiones desagradables e inducciones al desequilibrio, burlas y sarcasmos, insultos y calumnias maledicientes dirigidas al círculo de sus amistades, etc. Todo este conjunto y modos de ataques llegan a impedir la normalidad del pensamiento.
Se debe tener mucha calma ante esta situación, intentando conversar con esos hermanos infelices que son los obsesores que acosan, rogándoles paciencia y comprensión ante la actividad mediúmnica. De este modo se ha llegado a comprobar que hasta un 80% de los casos desisten de sus siniestros propósitos para pretender retardar y entorpecer las tareas normales de la mediumnidad.
Aunque se pueden solapar, no se debe confundir esta clase de obsesión con la “Clariaudiencia”, pues en esta última no suelen haber entidades perturbadoras que insistentemente traten de desequilibrar a la persona y a su mediumnidad psicográfica. Tampoco se le debe confundir con la esquizofrenia, enfermedad mental que presenta unos síntomas parecidos en cuanto a lo de oír voces, solo que en este caso son inconexas y carentes de sentido, presentándole al enfermo un estado acentuado de mayor confusión entre la realidad que le rodea y lo que no lo es. Así, cuando en primera instancia el sujeto es tratado por un psiquiatra que lo medica convenientemente con arreglo a la enfermedad esquizofrénica, y tras un tiempo no mejora nada o incluso empeora, es entonces cuando se debe pasar a considerar que el problema pueda tener un origen espiritual.

-- Jose Luis Martín -

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Están llevando a cabo una solapada invasión de nuestras mentes, inculcándonos todo tipo de ideas extrañas, con el fin de convertirnos en sus marionetas humanas, y en algunas cosas lo están consiguiendo”.
  • Juan Luis Sánchez –

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LA CRUEL INDIFERENCIA

Basta mirar en las grandes ciudades  y allá esta el retrato de la indiferencia. Gente maltratada, infeliz, enferma, paupérrima si están caminando por las calles, extendiendo las manos, pidiendo, suplicando.
Del interior de los coches, con las ventanas cerradas,  refrescados por el aire acondicionado, perfumados y alimentados, miramos esas escenas como si estuviésemos viendo una película.
Algunos hasta reaccionan con cierta irritación. Culpan al Gobierno, reclaman de las diferencias sociales, llaman a los vagabundos los andrajosos que miran  para ellos con aire cabizbajo o infeliz.
Otros viran el rostro, enojados por el espectáculo de la miseria y del abandono.
Y hay los que se compadecen, más tiene miedo de abrir la ventana, de extender la mano, se sonreír.
Todos esos, invariablemente, olvidan los espectáculos de la pobreza enseguida que llegan a casa, a la oficina  o a los locales de ocio.
¿En los restaurantes, quien se acuerda de los hambrientos? Delante de los platos fragantes meticulosamente adornados, quien habría de recordar  a los niños esqueléticos, a las madres que mueren de hambre?
En los cines, las lágrimas nos vienen a los ojos ante las películas que retratan la desigualdad social avasalladora, más  salimos de allá impasibles ante el hombre torturado que sufre a nuestro lado.
¿Que hicimos de nuestra sensibilidad ante el dolor ajeno? ¿En qué punto de nuestra vida  la indiferencia se instaló en nuestro pecho y, con manos de hielo, nos tomo el corazón?
Ciertamente que la caridad  no excluye la prudencia. Y es claro que no debemos responsabilizarnos por todos los dolores del Mundo.
Más, reflexionemos: ¿Estaremos haciendo  de hecho  todo lo que nos es posible hacer?
De momento damos las sobras de nuestra mesa, las ropas usadas, algunos pocos reales para una institución, todo muy loable.
¿Más estaremos aun mismos así contribuyendo para reducir la desigualdad aterradora que se ve en el Mundo?
Cada uno de nosotros, en el papel que desempeña, en el ambiente profesional,  puede contribuir, si, para cambiar  ese estado de cosas.
¿Quién de nosotros  vive  tan aislado que no pueda estimular a alguien al estudio, al trabajo? ¿Quién de nosotros, de excelente condición financiera, escoge un niño pobre y le da  la  oportunidad de estudiar en buenas escuelas?
¿Cuantas veces tenemos la oportunidad de cambiar la vida de alguien  desvalido y nos callamos, nos omitimos, encojemos?
Para aquel que tiene voluntad real de contribuir, la vida ofrecerá oportunidades impares de hacer la diferencia.
Por eso, abra su corazón para el amor. Desde hoy, deje que sus ojos contemplen el Mundo con mucha más bondad.
Procure ver en cada criatura sufrida a un hermano que  tantea, ciego, en busca de la mano amiga que le ofrezca apoyo y seguridad.
La indiferencia es la oscuridad del alma. Encienda la candela de un corazón sensible  y traiga luminosidad para su vida y para la de sus compañeros de jornada.

Redacción de Momento Espirita

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domingo, 9 de noviembre de 2014

Educación para la muerte


DIVERSOS ASPECTOS DE LA MEDIÚMNIDAD

La vida física es una escuela de elevado merito y proporciona al espíritu sumergido en la carne transitoria el desenvolvimiento de su conciencia, y la realidad es que las  profundas raíces adquiridas por el instinto animal retardan al hombre por mucho tiempo bajo la capa del sufrimiento redentor.

 El dolor en la vida material casi siempre, resulta ser el corolario inmediato de los placeres descontrolados. El hombre debe despertar la centella sideral emanada del creador y situada en la carne humana, para liberarse lo más pronto posible de las formas esclavizantes de la materia.

Si el estado Angélico es la condición definitiva que Dios fijo para todos sus hijos, es justo que el espíritu se sirva eficientemente de los laboratorios planetarios que le facilitan las pruebas redentoras; pero debe ser sensato y trabajar eficientemente para lograr su ventura, a la que tanto e indiscutible derecho tiene.

Todo espíritu vive en la carne las mismas experiencias. El hombre ha sido invitado innumerables veces por la Espiritualidad Mayor a que despierte contra antes de su negligencia y acelerar sus pasos, pues están próximos de la vida angelical. Los que se demoran les esperan muchos inconvenientes, por estar atados a las hogueras de las pasiones devoradoras y pecaminosas del mundo de la carne.

El Espiritismo es la reaparición del Cristianismo en toda su pureza inicial y simplicidad conmovedora, los Mediums que se disponen servirle bajo su égida doctrinaria también precisan cumplir su mandato espiritual en el siglo atómico, como nuevos apóstoles, pregonando la inmortalidad del espíritu.

El éxito del servicio mediúmnico depende mucho de la renuncia, desinterés, humildad y ternura de sus mediadores, desechando cualquier manifestación de tipo espectacular que opaca los sentidos físicos, y que de ningún modo convierte al espíritu hacia el Bien.

El médium precisa comenzar su desenvolvimiento mediúmnico orientado por las lecciones básicas de la doctrina espirita. El hombre puede llegar a ser ingeniero, abogado, médico o magistrado, pero no puede eludir la alfabetización. Si la facultad Mediúmnica está destinada para objetivos sublimes, también es más compleja e importante que las profesiones comunes del mundo, debiendo dedicarse con esmero y cariño por parte de sus cultores.

En ese perfeccionamiento mediúmnico están en juego las elevadas enseñanzas de la vida evangélicas y su finalidad es proporcionar al hombre a la brevedad posible su liberación espiritual.

El médium debe apartarse de todo asunto que lo induzca al ridículo, a la censura o al sarcasmo sobre la doctrina espirita. El médium bien desenvuelto, en la acepción de la palabra es el fruto de largas experimentaciones a favor del prójimo; solo el servicio desinteresado, la imaginación disciplinada, el equilibrio emotivo y moral es el que garantizara el trabajo en sus comunicaciones con lo Alto.

El desenvolvimiento mediúmnico correcto, supervisado por gente sensata y experimentada, garantizara los trabajos provechosos y evitara las espinas de las decepciones prematuras o el desencanto de las tareas fracasadas.

No se puede confiar en la capacidad, seguridad y entendimiento de cualquier médium que ignore los principios más elementales sobre la mediúmnidad, expuestos en el libro de los Médiums. Son más peligrosos e importantes los contactos entre los vivos y los muertos, que con los profesionales de la tierra, pues el médium no puede prescindir de un curso seguro para su desenvolvimiento tal como lo estableció Allan Kardec en sus obras fundamentales.

El espiritismo es el conjunto de leyes morales que disciplinan las relaciones del “mediumnismo “entre el plano visible e invisible y coordina el progreso espiritual de sus adeptos. El fenómeno mediúmnico se comprobó antes de codificarse la doctrina espirita y actúa en forma independiente. Sin embargo, se debe distinguir, el mediumnismo es una manifestación que puede presentarse ajena a todas las doctrinas y creencias, es una facultad y el espiritismo es “ doctrina “ moral y filosófica codificada por Allan Kardec, con la elevada finalidad de liberar a los hombres de los dogmas  asfixiantes y de las pasiones esclavizantes.

La mediúmnidad es un patrimonio del espíritu, es una facultad que se engrandece en su percepción psíquica, tanto como evoluciona y se moraliza el espíritu del hombre. Es de origen esencialmente espiritual y no material, proviene de las interioridades del alma, donde la mente, a semejanza  de una eficiente usina, organiza y responsabiliza por todos los fenómenos de la vida orgánica, que se inician en la cuna física y terminan en la tumba.

La mediúmnidad es una facultad extraterrena e intrínsecamente espiritual, su manifestación en la vida terrestre se vuelve en un elemento receptivo de las energías sublimes y constructivas, provenientes de las elevadas esferas de la vida angélica. Cuando se aplica bien, se transforma al contacto magnánimo de la Angelitud, trabajando a favor del progreso humano. Es un recurso que faculta el intercambio entre los “ vivos “ de la tierra y los “ muertos “ del Más Allá, también sirve como puente o ligazón para que los espíritus de las sombras actúen con éxito sobre el mundo material. Muchos Médiums que abusan de su facultad y se entregan al servicio mercenario, exclusivamente a sus intereses particulares, no se demoran en ligarse imprudentemente a las entidades malhechoras de los planos inferiores, de cuya compañía difícilmente consiguen liberarse.

La mediúmnidad es una percepción espiritual cuya manifestación varia de una persona a otra, pues en su esencia depende del tipo psíquico o del grado espiritual del ser, que la posee. Aunque todos los hombres son creados  por Dios, se diferencian entre sí, porque son conciencias individualizadas en el Cosmos, pero que conservan sus características peculiares, que varían, conforme a su  mayor o menor edad sideral. Existe un tono espiritual propio y especifico en cada alma, que se pone de manifiesto durante el trabajo mediúmnico. Es como la flor, que revela su perfume particular, o la lámpara que expone su luz característica.

Nos encontramos en los umbrales de la “Era del Espíritu “donde la humanidad ha de sentirse impulsada hacia el estudio y el cultivo de los bienes de la vida eterna, con acentuado deseo de solucionar los problemas de origen espiritual. El hombre en la actualidad desequilibra sus nervios y súper excita su psiquismo, perdiendo terreno sobre su control espiritual, volviéndose un instrumento dócil en manos de los espíritus desencarnados y malévolos. La relación constante de los “vivos “con los “muertos “aunque los primeros sean inconscientes del fenómeno, termina por sensibilizarse, con el gravamen de que se efectúa en ellos un verdadero desenvolvimiento mediúmnico de inferior calidad. Esa es una de las causas y también la necesidad urgente para que el hombre prudente y bien intencionado se integre definitivamente en los preceptos salvadores del Cristo y los viva siempre a la luz del día.

Crece la sensibilidad psíquica entre los terrícolas, se acentúa la eclosión de la mediúmnidad común, porque se vive bajo la constante presión de los espíritus desencarnados, que explotan esa oportunidad para actuar inquisidoramente sobre la materia.

Se confirman los vaticinios de Jesús cuando decía que en el “ fin de los tiempos “ los viejos y los jóvenes y hasta los niños  tendrían visiones, oirían voces extrañas y profetizarían, a todo eso, después del advenimiento del Espíritu de Verdad.

La mediúmnidad es una facultad que no pertenece al organismo carnal, sino al recurso sublime que debe fluir y difundir el esclarecimiento espiritual entre los hombres, y se refina y exalta según la dedicación de su portador con el intercambio superior del espíritu inmortal.

La mediúmnidad más evolucionada es la intuición. No es una facultad ostensible, pero es sublime y oriunda de la elevada sensibilidad espiritual. Es natural y definitiva, es una especie de percepción panorámica que se afina conforme el espíritu se ajusta a sus relaciones e inspiraciones de las esferas elevadas. Es el  “eslabón “que une al alma encarnada con la Mente Divina que la creo, facultándolo para transferir hacia la materia el sentido y entendimiento de la vida espiritual superior.

La intuición, por lo tanto, es la etapa más elevada del espíritu, es el corolario de la gran escala que comenzó en el curso primitivo del instinto, hasta alcanzar la razón angélica. Solo la intuición pura le dará la percepción interior de la realidad cósmica, o le permitirá la concepción panorámica del Universo. En realidad es la facultad inconfundible que “religa “a los seres humanos con el Creador. Es la divina lente que amplía la visión humana para observar la sublimidad de la vida inmortal.

La pureza cristalina de la intuición fue el atributo de los seres de elevada estirpe espiritual, que delinearon los caminos de luces para el orbe terrestre, tales como Krishna, Confucio, Pitágoras, Buda, Jesús, Francisco de Asís muchos otros, que en su peregrinación por la vida física, se conservaron constantemente ligados a las esferas sublimes del espíritu superior, cual puente vivo que une al mundo exterior de la materia a la intimidad del Espíritu Cósmico. La intuición pura es la “voz sin sonido”, la “           voz interior “, la “voz del sonido espiritual “que habla en la intimidad del alma, es el lenguaje misterioso verdadero y exacto del Yo Superior guiando al ego que fuera puesto en la corriente evolutiva  de las masas planetarias.

La intuición permite al hombre “sentir “ todas las leyes ocultas y “ saber “ cuál es la naturaleza original del Espíritu Creador del Cosmos. La intuición es el divino y elevado camino para alcanzar la Conciencia Cósmica de su autor Eterno, dice el lenguaje poético de los yogas: “antes que el Alma pueda ver, deberá alcanzar la armonía interior y los ojos de la carne volverse ciegos a toda ilusión”. Antes que el Alma pueda oír, la imagen (el hombre) tiene que volverse sordo a los rugidos de las fieras, a los secretos, a los gritos de los elefantes furiosos, como al susurro de la “luciérnaga de oro”. Antes que el Alma pueda comprender y recordar, primero debe unirse al Conversador Silencioso, como la forma que se dio al barro para unirse o identificarse al espíritu del escultor. Porque así el Alma oirá y podrá recordar. Entonces el oído interior escuchara la Voz del Silencio.

Todas las personas son Médiums. La mediúmnidad no es un patrimonio particular o exclusivo de los espiritas, pero sí de todos los hombres encarnados, siendo estos intermediarios de las buenas o malas inspiraciones del Más Allá de la tumba. La facultad Mediúmnica se manifiesta conforme al entendimiento y el progreso espiritual de cada criatura humana.

La mayoría de los hombres ignoran o no perciben su facultad Mediúmnica, porque es el fruto de la sensibilidad psíquica, ni la mayoría tampoco tienen noción cuando participan en los fenómenos del mundo oculto, confundiéndolos fácilmente con hechos comunes y naturales de la vida terrena. Los hombres que dicen ser ateos o descreídos de la inmortalidad de su propia alma, no justifican que estén exceptuados de la mediúmnidad. Ellos también pueden ser instrumentos inconscientes de innumerables acciones, fenómenos e inspiraciones de los desencarnados.

La mediúmnidad generalmente aparece en el hombre produciéndole disturbios mentales o perturbando su organismo físico. La mediúmnidad apacible y natural es el fruto equilibrado de la espiritualidad del alma y se manifiesta en forma serena y espontánea, como un don  innato y sin producir sensaciones desagradables en el ser. Lo contrario sucede cuando se trata de una “concesión “provisoria otorgada por la Administración Sideral, siendo comúnmente la denominada “mediúmnidad de prueba “despertada excepcionalmente por los técnicos del mundo astral a fin de favorecer a los espíritus endeudados para su pronta recuperación espiritual.

Durante el periodo de desarrollo de la mediúmnidad, la mayor o menor perturbación psíquica u orgánica del médium depende mucho del tipo de sus amistades espirituales y su forma y conducta de vida con el mundo material. Las alegrías, sufrimientos o tristezas que les embargan súbitamente, se deben a la aproximación del ser invisible que se sintoniza perfectamente a sus pensamientos y sentimientos manifestados.

Los Médiums han de procurar vivir una existencia digna y sublime, para conseguir sintonía con los elevados espíritus responsables por la redención del hombre. Toda imprudencia, desarreglo, rebeldía, mala voluntad o pasiones viciosas por parte de los Médiums en prueba, genera toda clase de disturbios psíquicos y sufrimientos físicos incontrolables, por eso el proceso de desarrollo mediúmnico se vuelve torturante.

La mayoría de los Médiums, inician el despertar de sus facultades bajo la actuación de los espíritus sufrientes, imperfectos u obsesores que aprovechan la “puerta Mediúmnica “ para satisfacer sus objetivos impuros y crueles. Si el médium es poco celoso e indisciplinado  de su condición Mediúmnica y estuviera comprometido por su estado de rescate Karmico, entonces se convertirá en el instrumento deseado para el vampirismo de los desencarnados, que se inclinan ávidamente sobre el mundo material.

La mediúmnidad, en el sentido general, se despierta en los seres humanos a través de los sufrimientos que les afecta la carne y el psiquismo, para después docilitarse por medio de un desenvolvimiento ordenado en los ambientes favorables y dirigidos por elementos capacitados.

Así entonces, el médium neófito y perturbado, poco a poco se irá ajustando a la tarea fenoménica y controlará el psiquismo para conducir su cuerpo, mientras procura sintonizarse vibratoriamente con el espíritu guía y benefactor, que deberá protegerlo en su trabajo de intercambio con el mundo invisible.

La facultad Mediúmnica debe ser desenvuelta conforme a la técnica y orientación dejada por Allan Kardec en el “Libro de los Médiums “pues bien aplicada siembra esperanzas, orienta a las almas en medio de los caminos peligroso, de las seducciones de la materia y soluciona los motivos de innumerables problemas dolorosos de los destinos humanos. Mal usada, perturba, falsea y deforma el verdadero sentido de las cosas, causando desilusiones inolvidables.

La mediúmnidad evoluciona tanto como el psiquismo del hombre, dado que es correlativo a su progreso y evolución espiritual. Es necesario distinguir   que la base evolutiva de la mediúmnidad no debe llevarse a cuenta de la manifestación ostensiva de los fenómenos in comunes del mundo material. Pues aunque el médium de efectos físicos demuestre una fenomenología espectacular y sorprendente para los sentidos carnales, no sobrepasa  al médium altamente intuitivo, que es el fruto de elevado grado espiritual, alcanzado por el hombre. Con respecto a los fenómenos físicos en sí, dependen fundamentalmente de la mayor o menor cuota de ectoplasma producido por el médium, para permitir la materialización de los desencarnados en el ambiente físico; el médium intuitivo, de elevado nivel espiritual, es capaz de transmitir mensajes que ultrapasan los niveles comunes de la vida humana. Aunque no sorprenda ni satisfaga los sentidos físicos en sus comunicaciones de carácter espiritual, puede trazar derroteros definitivos para el progreso sideral de los hombres.

La mediúmnidad de efectos físicos, es un acontecimiento transitorio que convence a muchos sobre la realidad espiritual, pero no siempre los convierte al reino amoroso del Cristo. En el caso de la intuición pura y elevada, el ser pone de manifiesto la realidad críptica de los planos superiores, despreocupado en probar si el alma inmortal, pues, siente en sí mismo, que su ventura está más allá de las formad perecederas del mundo fenoménico de la materia.

Francisco de Asís tenia para sí mismo la facultad divina que le hacía vislumbrar los mundos angélicos de Jesús sin necesidad de demostraciones espectaculares, fenómenos de materializaciones o voz directa de los desencarnados. En consecuencia, la mediúmnidad intuitiva, o mejor dicho” la mediúmnidad espiritual “es una facultad superior, que sobrepasa a todas aquellas que dependen de la fenomenológica del mundo transitorio de la carne para probar la realidad del espíritu inmortal, es la que ayuda al hombre a relacionarse directamente a la fuente de su origen divino.

Los espíritus desencarnados en su mayoría se arrastran por la superficie terrena, encadenados a las pasiones y deseos carnales que no pueden satisfacer desde su plano astral, ni tampoco se dedican  o preocupan en mejorar su situación aflictiva. Algunos ambulan victimas de su propia incuria espiritual, siendo esclavos de las emociones animalizadas y primitivas, a causa de su relajamiento y desinterés por su suerte; otros, bastante experimentados en los trabajos repulsivos de la obsesión y la perfidia, tratan de entrometerse en nuestra vida material, insuflando ideas erróneas y orientaciones confusas para precipitarnos al ridículo y desesperación. No retroceden delante de los mayores obstáculos, siempre que puedan perjudicar nuestra estabilidad moral o situación financiera.

Ociosos, exigentes, sensuales y esclavos de los vicios terrenales, vampirizan las energías, haciendo de sus víctimas la prolongación viva y viciosa para saciar algunas de sus pasiones impuras. Pablo de Tarso, en su epístola a los romanos, afirma lo citado anteriormente, cuando dice: “Estamos rodeados de nubes de testimonios “confirmando que  los hombres están rodeados de masas de espíritus que los vigilan en todos sus actos y actividades de la vida física. En medio de la masa que conforma los espíritus malévolos, livianos y viciados, se infiltran algunas almas benefactoras, dispuestas para la lucha tenaz a los fines de convertir y menguar la acción perniciosa sobre los encarnados.

Son almas que salen del mundo oculto para inspirarnos hacia el Bien y hacen todo lo posible para ayudarnos satisfactoriamente en los problemas justos de la vida humana, para liberarnos de las tristezas ocasionadas en las vidas planetarias. Cuando un espíritu consigue desviarnos de la senda tortuosa, existen desgraciadamente decenas de almas pervertidas que realizan ingentes esfuerzos para arrastrarnos a los peores deslices y equívocos espirituales. Y aunque todas las personas son Médiums, su mayor o menor sintonía con los espíritus desencarnados depende de la sensibilidad Mediúmnica de orden superior o inferior.

Toda persona es un médium en potencia, y puede relacionarse ostensiblemente con los desencarnados por medio de la fenomenológica Mediúmnica, visible para el mundo material, como recepcionarlos en la intimidad de su conciencia inmortal. Los hombres buenos, atraen a los buenos espíritus, y los hombres malos atraen a los malos espíritus. Esa relación se ejerce a través de la “afinidad electiva “que es responsable por la atracción y armonía entre los astros, al igual que rige la simpatía entre las sustancias y el amor entre los hombres.

Un día nosotros también dejaremos nuestro cuerpo en la sepultura terrena, y según haya sido nuestro trato con las pasiones, vicios o virtudes expuestas en la superficie del mundo físico; seremos espíritus desencarnados, malignos o benefactores. Los desencarnados respiran por afinidad en nuestro halito mental, sintonizándose a nuestra esfera emotiva en correspondencia del alimento adecuado que les ofrecemos, ellos se nutren con nosotros o en la efervescencia de las pasiones delictuosas, o intercambian los pensamientos crípticos recepcionados en la esfera del Cristo.

Todo depende de nosotros, pues así como los gérmenes nocivos son atraídos por la fruta podrida, los espíritus mal intencionados también acuden presurosos junto aquellos que les ofrecen el alimento impuro y adecuado.

El espiritismo trata la mediúmnidad a las claras, sin tabúes iniciativos o nomenclaturas complejas. Las expone a la  luz del día  y las examina sin ritualismos complicados. El hombre que es beneficiado desde lo Alto con la “dadiva “ de la facultad Mediúmnica, conoce por medio de la doctrina espirita sus deberes ante el mundo físico y sus responsabilidades para consigo mismo. Por encima de todo, su deber es servir en la medida de sus fuerzas, pues la causa principal que lo debe impulsar es su redención espiritual.

El espiritismo es un movimiento popular y de amplitud general, destinado a todos los hombres. Mucho antes de atender con preferencia a quienes se encuentran en el “camino de la Verdad “ está destinado en sus principios a amparar a los hombres incrédulos, desajustados y torturados por la eclosión de la mediúmnidad de prueba.

El espiritismo es una doctrina disciplinada por un conjunto de leyes, principios y reglas, que tanto orienta las relaciones entre los espíritus encarnados y desencarnados, como promueve la renovación filosófica y moral de sus adeptos.

La mediúmnidad es uno de los talentos que los genios del Bien conceden a los espíritus endeudados, necesitados de urgente rehabilitación espiritual. Esa facultad puede desaparecer en cualquier momento, si su portador la profana para satisfacer su vanidad con provechos ilícitos.

Ningún médium está facultado para servirse de la mediúmnidad para uso exclusivo o aprovechamiento egocéntrico, ni exponerla en público en forma comercial. Es uno de los bienes concedidos por Dios a sus hijos, tal como lo dijera Jesús en su parábola, profundamente espiritual.

Las fuerzas psíquicas no deben degradarse con las manifestaciones espectaculares que exaltan la personalidad humana transitoria, y se desfiguran para transformarse en mercadería destinada a crear facilidades o atender los caprichos de la vida física.

Los valores legítimos de las facultades mediúmnicas, cuando son desenvueltos  y practicados con el Cristo, no producen caídas ni humillaciones que testimonian la vida equivoca de los Médiums imprudentes. El médium, como instrumento fiel de la voluntad del Señor revelada en el mundo de las formas, crea destinos crueles para el futuro, cuando la negligencia o mala fe invierte el programa espiritual que prometió divulgar en la superficie de la Tierra. Siempre existe atenuante para aquel que peca por ignorancia, pero es indigno e intolerante quien lo hace deliberadamente, después de haberse comprometido para la realización de un servicio que es fuente de Bien y progreso para muchas criaturas.

El reino transitorio es el del mundo del Cesar el de los interese de la vida material para la educación del espíritu imperfecto, el don mediumnico es la dadiva espiritual del reino de Cristo, antes     que una mercadería de especulación mundana.

El hecho de comprobarse la actuación de los espíritus en cualquier tipo de trabajo medianímico, no quiere decir que allí se practique Espiritismo. La doctrina espirita se confirma en sus prácticas, cuando sus adeptos aceptan y cultivan las reglas y principios morales en el trato con la vida material, sin utilizar los dones de la facultad Mediúmnica.

No es suficiente que el hombre frecuente los centros espiritas, que escuche a los espíritus en palestras sobre el espíritu inmortal, solicite recetas y pases, para considerarse excelente espiritista. De la misma forma hacen los católicos y demás religiosos, que consideran confusamente la devoción interesada y la mendicación a los santos y profetas, como si fuera su propia renovación espiritual.

Es necesario que los adeptos de la doctrina espirita, antes de ser meros espectadores de las reuniones mediúmnicas y “pedigüeños “incorregibles de los beneficios ofrecidos por el Más Allá, han de integrarse en el cumplimiento incondicional de sus postulados morales, que por encima de todo, deben mejorar la conducta del hombre.

El Espirita, como decía Allan Kardec se conoce por la modificación moral que efectúa a través de todos los días los hombres cultos e ignorantes, ricos o pobres que sufran la insidiosa perturbación que les afecta el psiquismo y desequilibra sus nervios, no son más que criaturas necesitadas de urgente ayuda de los trabajos espiritas para lograr ajustarse nuevamente en su dirección psíquica y armonizarse definitivamente con sus viejos adversarios.

En algunos encarnados, la mediúmnidad repunta súbitamente, con síntomas obsesivos y entonces requiere los cuidados urgentes de otro médium bien desenvuelto, pues han reencarnado con la obligación Karmica de cambiar las convicciones infantiles o ateístas de su familia carnal. Al ser responsables en el pasado por acontecimientos morales,  que llevaron a algunos seres a la desesperación, la locura,  el suicidio, están obligados a soportar las pruebas de la obsesión y curar posteriormente, a fin de modificar las convicciones de su parentela, que generalmente fueron sus víctimas.

Aunque todos los hombres más o menos son influenciados por los espíritus desencarnados, no se debe olvidar que existen espíritus buenos, dedicados o benefactores que actúan con todos los que en la vida física buscan su rehabilitación espiritual.

Es necesario que el hombre se renueve constantemente en la estructura de sus pensamientos y manifestaciones, debiéndose introducir tanto como le fuera posible, en el curso superior de la vida espiritual.

Los que desean liberarse de las entidades opresoras de las sombras, no deberán descuidar su reajuste moral, el estudio superior y su control emotivo y mental, sobre sus deseos inferiores y pasiones violentas.

Mercedes Cruz Reyes, de varias obras espíritas

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EDUCACIÓN PARA LA MUERTE
J. Herculano Pires

Para los materialistas, el título “Educación para la Muerte” significa “Educación para la Nada”. Sin embargo, para aquel, que entrevé la inmortalidad del alma, Este título se torna grandioso, pues comprende que la muerte, solo es el término de una experiencia material y el retorno a la vida libre del Espíritu.

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Voy a acostarme para dormir, mas puedo morir durante el sueño. Estoy bien, no tengo ningún motivo especial, para pensar en la muerte, en este momento. Ni para desearla. Mas la muerte, no es una opción, ni una posibilidad. Es una certeza.
Cuando el Jurado de Atenas condenó a Sócrates a la muerte, al contrario de premiarlo, su mujer corrió afligida hacia la prisión, gritándole: “Sócrates, los jueces te condenaron a la muerte”. El filósofo respondió calmadamente: “Ellos también ya están condenados”. La mujer insistió en su desespero: “Mas es una sentencia injusta” Y él le preguntó: ¿Preferirías que fuese justa?
Sócrates
La serenidad de Sócrates era el producto de un proceso educacional: “La Educación para la Muerte”.
Las religiones nos preparan bien o mal, para la otra vida. Y después que morimos, encomiendan nuestro cadáver a los dioses, como si él no fuese precisamente, aquello que dejamos en La Tierra al morir, el fardo inútil que no sirve para más nada.
Quien primero se preocupó por la “Psicología de la Muerte” y de la “Educación para la Muerte”, en nuestro tiempo, fue Allan Kardec.
El realizó una pesquisa psicológica ejemplar, sobre el fenómeno de la muerte. Por años consecutivos habló al respecto, con los espíritus de los muertos. Y, considerando al sueño como hermano o primo de la muerte, investigó también, a los espíritus de personas vivas durante el sueño. Esto, porque según verificara, los que duermen, salen del cuerpo durante el sueño.
Algunos salen y no vuelven; mueren.
Llegó con anticipación de más de un siglo, a esta conclusión y a las que las ciencias actuales también llegaran, con la misma tranquilidad de Sócrates, a la conclusión de Victor Hugo: “Morir no es morir, sino solo mudarse”.
Las religiones podrían haber prestado un gran servicio a la Humanidad, si hubiesen colocado el problema de la muerte, en términos naturales. Mas, nacidas de la magia, amamantadas por la mitología, solo lograron complicar las cosas.
-victor Hugo-
La mudanza simple de que habló Víctor Hugo, se transformó, en las manos de los clérigos y teólogos, en un pasaje dantesco por la selva sel-vaggia de la Divina Comedia.
En las civilizaciones agrarias y pastorales, gracias a su contacto permanente con los procesos naturales, la muerte era encarada sin complicaciones.
Los rituales suntuosos, los ceremoniales y sacramentos, surgieren con el desarrollo de la civilización, en el zarpe de la imaginación creadora. La mudanza se revistió de exigencias antinaturales, complicándose con la burocracia de los pasaportes, las recomendaciones, el tránsito sombrío en la barca de Caronte, los procesos de juicios, seguidos de condenaciones tenebrosas y así por delante.
Más tarde, para satisfacer el deseo de sobre vivencia, surgió la monstruosa arquitectura de la muerte, con mausoleos, pirámides, momificaciones, que permitían la ilusión del cuerpo conservado y de la permanencia ficticia, del muerto sobre la tierra y  los gusanos.
Morir, ya no era morir, sino metamorfosearse, volverse momia en los sarcófagos o terror maléfico en los misterios de la noche. Las momias, por lo menos, tendrían utilidad posterior, como vemos en la Historia de la Medicina, sirviendo para los efectos curadores del polvo de momia. Y cuando las momias se acabaron, no encontrándose ninguna para remedio, surgieron los fabricantes de momias falsas, que suplían la falta del polvo milagroso.
Jesús enseñó y probó que la muerte se resuelve en la Pascua de la resurrección, que ninguno muere, que todos tenemos el cuerpo espiritual y viviremos más allá del túmulo, como vivos más vivos, que los encarnados.
Pablo de Tarso, proclamó que el cuerpo espiritual, es el cuerpo de la resurrección (Cáp. 12 de la primera Epístola a los Corintios), mas la permanente imagen del Cristo crucificado, de las procesiones absurdas del Señor Muerto – herejía clamorosa –, las ceremonias de la Vía-Sacra y las imágenes aterradoras del Infierno Cristiano – más impío y brutal que los Infiernos del Paganismo – marcados a fuego en la mente humana a través de dos milenios, aplastan y envilecen al alma supersticiosa de los hombres.
En vano el Cristo enseñó, que las monedas de César solo valen en la Tierra. Hace dos mil años estas monedas impuras vienen siendo aceptadas por Dios, para el rescate de las almas condenadas.
¿Quién podría, en sana consciencia, creer hoy en día en una Justicia Divina, que funciona con el mismo combustible, de la Justicia Terrena?
Es curioso señalar, que en nuestro tiempo, solo nos preocupamos de la Educación para la Vida. Nos olvidamos de que vivimos para morir. La muerte es nuestro fin inevitable. Mientras tanto, llegamos generalmente a ella, sin la menor preparación.

Tomado del libro, “Educación para La Muerte”
De Herculano Pires

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¿ En la “Posesión”, el Espíritu invasor está 

dentro del cuerpo del poseído?


Los términos “dentro” ó “fuera” se refieren a lo físico, pero en este caso, se trata de Espíritus, y ellos no están dentro ni fuera porque no ocupan un espacio físico. Lo que sí hay es una influencia o dominio mental de unos sobre otros. Si la influencia llega a ser total, el obsesor puede llegar a desplazar temporalmente de su organismo físico al obsesado, expresándose y manifestándose transitoriamente a través del organismo físico del mismo como si fuera su propio cuerpo. En este caso el espíritu del obsesado o poseido, no es que se va a ninguna parte, sino que permanece al lado de su cuerpo físico,aunque desplazado de él pero unido a él, permaneciendo en un estado de anonadamiento.
Debemos tener en cuenta que a cada Espíritu corresponde un solo cuerpo físico cuando está afrontando una etapa en este mundo físico, y dicho cuerpo solo es abandonado completamente tras la muerte; por lo tanto ningún Espíritu obsesor puede echar a otro Espíritu fuera de su cuerpo para “entrar” y quedarse “dentro”del mismo, como el que expulsa fuera de un vehículo a su conductor para entrar y conducirlo momentáneamente él solo, aunque validando el símil, sí que puede desplazarlo a otro asiento para seguir conduciendo él.
Siguiendo con símiles, la Obsesión en sus diversos grados viene a ser comparable al que atraca a un conductor dentro de su coche y le obliga a maniobrar y a conducir según su propio deseo, y la posesión es como el que coge los mandos del coche para conducir él mismo, mientras que el conductor ocupa el asiento trasero, pero en ningún caso pueden echar fuera al conductor, porque el vehículo se pararía de inmediato y dejaría de funcionar.

- Jose Luis Martín-

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La palabra subyugación expresa 

perfectamente el pensamiento.De este modo 

para nosotros no hay poseídos en el sentido 

vulgar de la palabra, sólo hay obcecados, 

subyugados y fascinados”.

- El Libro de los Mediums-

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