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martes, 13 de enero de 2015

Ante la realidad existencial

                   
      PENSAR

El pensamiento es nuestra capacidad creativa en acción. En cualquier tiempo, es muy importante no olvidamos de eso. La idea forma la condición; la condición produce el efecto; el efecto crea el destino.

Su vida será siempre lo que usted esté pensando constantemente. En razón de eso, cualquier cambio real en sus caminos, vendrá únicamente del cambio de sus pensamientos.

Imagine su existencia como desea que deba ser y, trabajando en esa línea de ideas, observará que el tiempo le traerá las realizaciones esperadas.

Las leyes del destino le traerán de vuelta todo aquello que usted piense. En esta verdad, encontramos todo lo que se relacione con nosotros, tanto en lo que se refiere al bien como al mal.

Observe y verificará que usted mismo atrajo hacia su campo de influencia todo lo que usted posee y todo aquello que hace parte de su cotidiano.

Dios es Amor y no castiga criatura alguna. La misma criatura es que se culpa y se corrige, ante los falsos conceptos que alimente con relación a Dios.

En nuestro íntimo, la libertad de escoger es absoluta; después de la creación mental que nos pertenece, es que nos reconocemos sujetos a ella.

El Bien Eterno es la Ley Suprema; manténgase en el bien a todo y a todos y la vida se le convertirá en fuente de bendiciones. A través de los principios mentales que nos rigen, de todo aquello que damos de nosotros a los demás recibimos de los demás el céntuplo.

RESPUESTAS DE LA VIDA
Por el espíritu de: Andre Luiz
Psicografíado: Francisco Cándido Xavier

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El que tiene mucho desea más, lo cual demuestra que no tiene  bastante; pero el que tiene bastante ha llegado a un punto al que el  rico no llega jamás. 
 Séneca
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EL DOBLE ETERICO

Mercedes Cruz Reyes

El doble eterico  es un cuerpo o vehículo provisorio, una especie de mediador plástico o elemento de ligazón entre el periespiritu y el cuerpo físico del hombre. Está constituido del éter físico emanado de la tierra y se podría decir que se disuelve en la tumba después de la muerte física. Recibe los impulsos del periespiritu y los transfiere a la carne y también lo hace en sentido inverso.

El doble eterico es parecido  al hilo eléctrico, cumpliendo la función de transmitir al cuerpo lo que siente  el espíritu en su mundo oculto, las emociones que el alma plasma en la mente espiritual imponderable.

Es muy conocido y estudiado desde hace muchos siglos por otras doctrinas espiritualistas. El doble eterico con sus “chacras” o centros de fuerzas etericas está situado en la periferia del cuerpo humano, y es conocido hace muchos siglos por los viejos ocultistas o iniciados hindúes, egipcios, esenios, caldeos, asirios y chinos.

Conociendo bien el doble eterico, los mediúms podrán mejorar su tarea mediumnica y dinamizar las fuerzas magnéticas; y los espíritas adoctrinadores esclarecer innumerables incógnitas y las ventajas que reportan los trabajos de materialización, voz directa, levitaciones, transportes y operaciones fluídicas. En todos esos fenómenos, en doble eterico es el principal responsable por la elaboración de ectoplasma y de la coordinación  de los fluidos nerviosos de los mediúms de efectos físicos.

Es una materia de suma importancia para los adeptos. El Espiritismo al ser una doctrina evolutiva y de constantes investigaciones en el campo de la mediumnidad, aconseja a los mediúms “analfabetos” de muy “buena intención” es estudio de la mediumnidad, siendo la humildad una virtud muy discutida entre los hombres, pues casi siempre se confunde con el servilismo,  que es el fruto de las circunstancias, que obliga a la persona hacia un comportamiento mejor, accidente sin llegar a ser el resultado de la evolución.

La estructura, el mecanismo, la fisiología del doble eterico y su funcionamiento, todavía es materia desconocida para la mayoría de los mediúms, por eso, casi todos se aventuran en realizaciones imprudentes, sin el mínimo conocimiento de las funciones primarias de los diversos vehículos que conforman el periespiritu, y que sirven al periespiritu inmortal, para acondicionar la fenomelogia  mediumnica en la tierra. Ignoran su verdadera composición fisiológica cuando actúa en un campo vibratorio superior, al de la vida material.

El doble eterico envuelve al hombre como una cobertura de gas vaporoso. Es un vehiculo invisible para la vista del hombre común, y desconocido para la medicina terrena, es un cuerpo invisible para los ojos carnales, en la vista espiritual, se presenta como una capa densa, algo física, sensible al perfume, al frió,  al calor, al magnetismo y también se afecta por los condimentos, ácidos, sustancias hipnóticas, sedativos, entorpecimientos y por el contacto humano en los momentos de mayor condensación.

El doble eterico, al separarse del cuerpo físico, ya sea durante el tiempo que dura el efecto anestésico, el trance mediúmnico, o cuando el espíritu de noche vaga fuera del cuerpo carnal, provoca en el hombre una considerable reducción de vitalidad física, y la bajada de la temperatura. Por eso también adquiere mayor libertad de acción, aumenta sus energías y se vuelve hipersensible, porque al estar el cuerpo dormido o en trance, se mantiene con una reducida cuota  de Prana para sustentarse. No es difícil, que el cuerpo físico, luego manifieste en su contextura material los efectos de cualquier acontecimiento ofensivo, que aya ocurrido durante  la separación de su vehiculo eterico.

Los clarividentes capacitados ven el doble eterico como un vehiculo vaporoso, que cubre al cuerpo en todos los sentidos y le ínter penetra los poros físicos y periespirituales.  Su configuración es transparente y su emanación etéreo física ultrapasa el cuerpo del hombre en un cuarto de pulgada en todos los sentidos. Además de su configuración, se forma un aura radiactiva semejante a un inmenso huevo, que despide, a veces, unas chispas argenteas. Es el aura de la salud” muy conocida por los ocultistas y magos, la que alcanza de cinco  a diez centímetros más allá del cuerpo físico. También se ve de un color rosa blanquecino, bastante luminoso, impregnado de tonos azules y que a veces emite fulguraciones violáceas.

Hay casos, donde su color se inclina hacia los matices del aluminio transparente o al vidrio opaco, debido a la salud del hombre o a la mayor o menos capacidad de absorción del Prana. La contextura del doble eterico varia conforme  al tipo biológico humano, siendo más sutil y delicado en los seres superiores y más densos en las personas primitivas.

La función principal del doble eterico, es la de transmitir hacia el cerebro del hombre, las vibraciones que emiten las emociones e impulsos que el periespiritu recibe del Espíritu o Alma inmortal.
Por lo tanto, también absorbe el Prana o la vitalidad del mundo oculto, emanado del Sol, conjugándolo a las fuerzas exhaladas del medio físico; enseguida las distribuye para el sistema nervioso y demás partes del organismo carnal. Aunque sea un intermediario entre los centros sensoriales de la conciencia periespiritual y los centros de conciencia cerebral física, el doble eterico es el resultado de las emanaciones radioactivas del cuerpo físico de la tierra.

No es un vehiculo consciente, dado que es incapaz de actuar  por si o en forma inteligente, cuando está desligado del hombre. Aunque realice ajustes y tome providencias defensivas esto sucede por automatismo instintivo biológico del propio organismo carnal, pues este, cuando se mueve  en forma independiente de la dirección del espíritu, revela un sentido fisiológico rector y disciplinado, nutriendo y reparando las células gastadas o enfermas, sustituyéndolas por otras sanas, a fin de recuperar las perdidas materiales.

El doble eterico, además de sus importantes funciones de intercambiar las reacciones del periespiritu y del cuerpo carnal, es una gran reserva de vitalidad indispensable.

Durante el nacimiento y crecimiento del hombre el doble eterico en la prueba de la mediumnidad, se modela obedeciendo a la inclinación de la línea magnética del periespiritu, quedando algo apartado a la altura del bazo físico y del chacra esplénico, facilitando el trance mediúmnico, con  más frecuencia. El epiléptico es una criatura cuyo doble eterico también se aparta con cierta frecuencia de su cuerpo físico, pero no es un fenómeno disciplinado por la intervención de la técnica Sideral antes de reencarnarse, sino, que sucede por la violencia y absoluta impresión de su portador.

El trance del médium de fenómenos físicos y el ataque del epiléptico, tienen cierta semejanza entre si. La diferencia está, en que el médium entra en trance de forma espontánea y en el momento oportuno para cumplir con su trabajo, y el epiléptico  cae al suelo ni bien su doble eterico se satura de venenos expurgados por el periespiritu, apartándolo violentamente, cuyas emanaciones quedan en medio del ambiente. En ciertos  casos, se comprueba que el epiléptico también es un médium de fenómenos físicos en potencia, pues la constante salida de su doble eterico de su cuerpo físico, termina por abrirle una senda para la fenomelogia citada.

La doble inclinación del periespiritu y del doble eterico, que faculta la mediumnidad de efectos físicos, la psicografía mecánica o la incorporación completa, nada tiene que ver con las facultades espirituales innatas del hombre superior.
A través de esa “abertura” que lo introduce en el más allá, el médium es el hombre hipersensible en contactos demorados con los fenómenos del mundo oculto. Eso también es un cuchillo de doble filo, pues en cuanto falsee sus costumbres y se dedique a las pasiones violentas y cultive los vicios degradantes, se arriesga al fracaso espiritual durante la vida física.

Los mediúms, en general, son nerviosos, enfermizos, fácilmente, afectados por los fenómenos materiales del medio donde viven, de las reacciones morales emotivas y mentales de los demás seres que los rodean en el mundo. Viven súper excitados por las preocupaciones comunes, mientras que las cosas más simples se les hacen voluminosas, afligiéndolos debido a la mente hipersensible y al contacto frecuente de su doble eterico con el mundo oculto.

El desvió parcial del doble eterico y del periespiritu que es bastante acentuado en los mediúms de efectos físicos, mucho más que en las otras facultades, los mantiene en sintonía frecuente con la humanidad desencarnada, haciéndole sufrir la influencia de los sentimientos y las emociones buenas o malas proyectadas del “otro lado” por los seres desencarnados.

Las sustancias alopáticas, toxicas, y agresivas, que dejan residuos en el éter físico que fluye por el sistema nervioso de los mediúms, como también presiona al periespiritu y al doble eterico, aumentan la “abertura” o “ventana viva” que se entre abre hacia el otro lado.

Por todo esto el médium debe vigilar constantemente sus emociones  y actos, huir de las pasiones y de  los vicios lascivos, antes que resistir  a la voluntad subvertida y a las desmedidas ambiciones, como a los proyectos siniestros de los espíritus malévolos y mistificadores.

Los mentores siderales solo conceden la facultad mediumnica a los espíritus que seriamente desean cumplir, leal y correctamente en la tierra, los precptos y las normas necesarias para su aprovechamiento espiritual a su favor y de la humanidad. Mientras tanto, no pueden prever la falsedad, la vanidad, la subversión, deshonestidad de sus pupilos, cuando están encarnados, dado que se dejan fascinar por las tentaciones, vicios, y convites pecaminosos que los hacen fracasar en la prueba de la mediumnidad.

Los espíritus endeudados ruegan a los técnicos Siderales por la hipersensibilización periespiritual, para desempeñar los servicios mediumnicos que les permita resarcirse de sus debitos del pasado; En general, después de encarnados, se dejan influir por las voces maléficas de las tinieblas, pasando a comerciar su mediumnidad.
Cuando perciben su situación caótica, les falta la condición moral y el potencial de voluntad para rehacerse ante la desdicha infranqueable. Las drogas hipnóticas y anestesias utilizadas en las operaciones, los anti espasmódicos, los gases volátiles, los sedativos hipnóticos, los barbitúricos, el oxido de carbono, el fumar y ciertos alcaloides, como la mezcalina, y el acido lisérgico y otros más, son sustancias que actúan violentamente en los intersticios del doble eterico, pues la catalepsia,  el trance mediúmnico, la anestesia total, la hipnosis y el ataque epiléptico, son el resultado de la retirada súbita de ese cuerpo delicado y responsable por la absorción vital del medio.

Aunque la necesidad obligue al médium a utilizar las citadas sustancias, en momentos imprescindibles, resulta imprudente abusar de las mismas, bajo cualquier pretexto o motivo.

Las drogas y los gases anestesiantes, en general, apartan al doble eterico por el lado izquierdo, a la altura del bazo físico y sobre el cual funciona el “Chacra” esplénico;  eso provoca trances, hipersensibilidad  e inconvenientes bajando la temperatura del cuerpo y reduciendo la vitalidad orgánica.

El médium que abusa de las drogas, desconoce la causa, actúa frecuentemente  sobre su doble eterico y en su sistema nervioso, pudiendo volverse un atrofiado psíquico, dado que se transforma en un blanco accesible al asedio del mundo inferior.

En los trabajos de efectos físicos, el doble eterico al apartarse por la izquierda del médium, a la altura del bazo, se vuelve un punto de apoyo para los espíritus desencarnados, que actúan con más eficiencia entre los dos mundos. El es el responsable  por la exudación del ectoplasma del médium y por el intercambio de los fluidos nerviosos, que sirve para la materialización, voz directa, levitaciones y transportes. Es el mediador plástico y el catalizador de las energías mediumnicas, aglutinándose de tal forma, que sirve al mismo tiempo, entre el plano espiritual y el mundo físico.

Los espíritus desencarnados no pueden materializarse, si pretenden utilizar únicamente su periespiritu. Para lograrlo deben de revestirlo e ínter penetrarlo con la sustancia plástica ectoplasmica, que se exuda del doble eterico proyectado por el médium o de las personas presentes. Algunas veces se producen materializaciones algo deformadas, una especie de nubes blanquecinas y vaporosas, recordándonos a la figura humana, como si estuviera recortada sobre el fondo de una cerrazón lechosa y pastosa.

Eso sucede, porque los espíritus solo pueden impresionar a los sentidos de los “vivos” por el empleo y uso de esa masa lechosa, etéreo físico, movedizo e inestable, formado por el ectoplasma del médium y ofrecido a través de su doble eterico.

Cuando se trata de buenos espíritus, los llamados muertos, tienen buena apariencia, son más bellos que los guapos de la tierra, pues su periespiritu es un organismo de contextura anatomo fisiológica muy superior a la configuración letárgica del cuerpo físico, que está sujeto a las transmutaciones celulares y al envejecimiento precoz.

En las materializaciones los espíritus al servirse del doble eterico de los mediúms, tienen que adaptarlos a su plástica espiritual, como cuando se infla un globo de gas, donde la menos deficiencia del aire a presión exterior, lo deforma.

En virtud de la indocilidad del éter físico, que es difícil de someterse completamente al dominio de los entendidos de “el otro lado” a veces, se ven obligados a mostrarse a los encarnados en forma grotesca; unas veces, recordando nítidamente su cabeza, pero deformando el resto de su figura periespiritual; otras completando perfectamente las manos, más sacrificando la delicadeza de la fisonomía.

A pesar de su deformación ectoplasmica a la vista de los encarnados, los espíritus, cuando son evolucionados, se presentan como focos de irradiaciones de donde emanan y bellos colores. Pero cuando se trata de seres primitivos o diabólicos, surge una espesa niebla o aura sombría.

Ningún espíritu se encarna en la tierra con la tarea obligatoria de ser mediúms, sino que cada uno lo hace por su libre y espontánea voluntad, dado que solicitó a lo Alto la oportunidad para redimirse espiritualmente, en un servicio de beneficio al prójimo, pues en el pasado tan bien uso y abuso de sus poderes intelectuales o aptitudes psíquicas en detrimento ajeno. Aun en la tierra, las tareas más peligrosas deben aceptarse en forma espontánea, para que el responsable no huya posteriormente.

Es lógico, que al elegir el servicio peligroso, siempre recae sobre el hombre más apto y capacitado, con el fin de alcanzar un buen éxito. La mediumnidad de efectos físicos, es un servicio poco común, difícil y peligroso, cuyos resultados y sorpresas exigen el máximo de prudencia, humildad, heroísmo y seguridad moral.

El médium antes de encarnar, sabe  todo perfectamente, si después comercia con los bienes espirituales y fracasa en el desempeño de su función elevada, no debe culparse a los mentores, puesto que solo le ofrecieron la oportunidad tan reclamada. La culpa, no hay dudas, es del fracasado ante la imprudencia de aceptar tareas mediumnicas que están más allá de su capacidad normal de resistencia espiritual. Las oportunidades mediumnicas redentoras, se conceden a los espíritus que deben rescatar deudas. Pero la responsabilidad del éxito o fracaso, solo a ellos les debe ser atribuida. El médium es quien produce las condiciones gravosas o favorables en el desempeño de su tarea asignada.

El uso indiscriminado de anestésicos, el fumar, el beber alcohol y comer carne  sustancias toxicas, que expulsan violentamente al doble eterico del cuerpo físico y si se entregan a las pasiones violentas, a los vicios y placeres condenables, se aíslan imprudentemente de los guías responsables de su seguridad mediumnica.

La verdad es que, Jesús, Buda, Francisco de Asís, Teresa de Jesús, Antonio de Papua, Vicente de Paul y otras almas de elevada estructura espiritual, fueron mediúms poderosos y se colocaban en contacto frecuentemente con las entidades desencarnadas, durante su existencia terrena, sin correr riesgos de ser victimas del poder y la fascinación de la tinieblas.

Los mediúms de prueba, desgraciadamente, son personas que viven su existencia humana, gravadas con grandes responsabilidades o deudas del pasado; por eso, en base a cualquier descuido o vigilancia espiritual, se vuelven vulnerables a las embestidas perniciosas del mundo invisible, pues los mediúms de efectos físicos, salvo raras excepciones, entran en trance  a semejanza de los ataques epilépticos o los viciados con drogas. Los mediúms de vida regular, serviciales y magnánimos, alcanzan el trance mediúmnico bajo la asistencia de los espíritus técnicos, que desde el “otro lado” los protegen y liberan de las interferencias nocivas y consecuencias perjudiciales.

Bajo ese control espiritual y amigo, el médium se aparta o retoma su doble eterico sin desperdicios inútiles de energías, puesto que está amparado contra el acecho del astral inferior. De esa forma se protege de la infiltración de los microorganismos peligrosísimos para su contextura etérea física, y de una debilitación que le desequilibre la salud corporal.

El accidente, la practica mesmérica, el pase magnético, el pase espirita, la hipnosis y el trance mediúmnico, apartan parcialmente  el doble eterico, mientras que la muerte, lo separa definitivamente.

El doble eterico al estar compuesto del éter físico, sustancia emanada de la superficie terrestre, ejerce su acción, exactamente entre los dos mundos, el material y el espiritual, es decir, donde termina el primero y comienza el segundo.

Durante la desencarnación funciona como una especie de “amortiguador” pues una vez que se aparta del cuerpo físico cadaverizado, suaviza el paisaje del periespiritu hacia el Más Allá.  En esas circunstancias, el doble eterico se desliga del periespiritu, como si fuera una entrega suave y gradual hacia el verdadero “hábitat” sin provocar conmoción o choque al abandonar el sustento de la vida material.

Mientras el cuerpo del fallecido reposa  en el ataúd, los espíritus técnicos todavía pueden utilizar el doble eterico e intercambiar energías de amparo hacia el periespiritu del desencarnado, en concomitancia, para eliminar hacia el cadáver, los residuos psico-físicos que hayan quedado ligados al periespiritu. Algunas personas, que han sufrido la mutilación de un miembro de su cuerpo  se quejan de dolores en esos órganos que le fueron extraídos. Esta sensibilidad, se debe, a que la operación quirúrgica no fue efectuada sobre el doble eterico, dado que este es inaccesible a las herramientas del mundo material. Los clarividentes desarrollados, consiguen ver los brazos o piernas en sus moldes etericos, invisibles, pero que producen las debidas reacciones en su medio.

Todas las cosas y seres tienen su doble eterico, estructurado del éter físico, exhalado por la tierra, que los relaciona con el mundo invisible y con las fuerzas del atavismo animal. Pero no todos los animales tienen periespiritu, dado que es un vehiculo evolucionado, porque incorpora en si el cuerpo astral de los “deseos” y el cuerpo mental  del “pensamiento rudimentario”. El doble eterico por ser el vehiculo responsable de todos los fenómenos del mundo invisible manifestados en la materia, abarca diversas categorías de “materia eterica” como son, la electricidad, el sonido, el olor, la luz, la temperatura, la densidad, la presión y otras más, propias de la vida del orbe.

Los animales primitivos, sin capacidad cerebral para distinguir las reacciones emocionales, cuando mueren, les sobrevive el doble eterico compacto, pues su “actuación” está subordinada al instinto o  acción del espíritu grupo, sin tener posibilidades de una conciencia individualizada. En este caso se encuentra el pescado, cuya vida se circunscribe a los movimientos instintivos del cardume,  pues un pez cuando siente es semejante, exactamente igual a la reacción que posee otro pez. Las especies más evolucionadas como el perro, el gato, el mono, el elefante y el mismo buey, tienen un periespiritu rudimentario además de doble eterico poseen un cuerpo astral, aunque tosco, pero en condiciones que les permite manifestar ciertos deseos y emociones, que demuestran vislumbres de sentimientos.

El perro, por ejemplo, revela algunas nociones de sentimiento humano, ya sea amando  a su dueño hasta el sacrifico, u odiando a su verdugo, sin olvidarlo jamás. Ya denuncia un periespiritu en estado de “embrión” y con el correr del tiempo, incorporará el atributo mental, que se va formando, lo que permitirá una  mayor y perfecta comprensión, aunque inherente a su especie animal.

Los animales poseen cierta sensibilidad mental de discernimiento, y después de su muerte, su “espíritu” embrionario será encaminado hacia otros planetas donde existen otros ambientes de vida, que es compatible con su conciencia en formación. Así, poco a poco, irá alcanzando su independencia individual, para desprenderse definitivamente del espíritu del espíritu grupo de su especie.

Cualquier hostilidad al cuerpo físico y al periespiritu, el doble eterico lo acusa  por medio de centros sensoriales correspondientes a la conciencia periespiritual y a la física. Por eso en los trabajos mediumnicos de buena asistencia espiritual, las  entidades materializadas advierten a los presentes, que no les apreten las manos con violencia, pues el médium, en trance cataléptico, es muy hipersensible y vulnerable a cualquier presión que le fuera hecha en su doble eterico, proyectado a distancia.

El médium es quien entrega el material o sustancia que los desencarnados se hagan perceptibles al tacto y a la vista carnal de los humanos. Todo es posible porque el médium consiente  que le utilicen el doble eterico durante la manifestación de los fenómenos de materialización. Si alguien castiga al espíritu materializado, el médium acusa la ofensa porque lo hieren en su doble eterico, exteriorizado e impregnado de sus fluidos nerviosos. En ciertos casos, al volver a la vigilia física, llega a exhibir en su epidermis como si fueran manchas, algo parecidas a la sangre negruzca, correspondiendo en el cuerpo físico, exactamente a la zona ofendida etericamente.

Pellizcando, o hiriendo al médium, durante el trance cataléptico, indefectiblemente acusará la ofensa a través de un fuerte choque vibratorio, que ha de llegar a su conciencia, como si estuviera en vigilia.

El médium sin entrar en trance cataléptico puede ofrecer su ectoplasma para las materializaciones, o voz directa, pues se trataría de un médium sumamente experimentado, no solo en esta existencia, sino en las anteriores, o también puede haber efectuado cursos especiales en el espacio para dominar el fenómeno obviamente, después de  encarnado. En vez de tomar los espíritus el doble eterico, para elaborarlo a gusto, según el fenómeno a presentar, el médium lo entrega en las cuotas necesarias y listas para su uso inmediato.  De esa forma, el pude hablar. De esa  forma, el puede hablar con las entidades que trabajan a su alrededor y atender a las solicitudes de los presentes, sin presentar anomalías o cesión del fenómeno que se procesa.
Otras veces, cuando los espíritus disponen de ectoplasma  suficiente y preparado en la formula química prevista, acostumbran a despertar al médium del trance cataléptico, para conversar con el también y darle instrucciones o hacerle advertencias sobre su conducta moral.

Existen casos, donde los espíritus, por la noche, dejan su cuerpo físico en el lecho durante el sueño, penetran imprudentemente en las regiones inhóspitas del astral inferior, terminando por sufrir agresiones de los espíritus ignorantes y vengativos que se aprovechan de todas las circunstancias y ocasiones propicias para vengarse de los encarnados. Esos prejuicios son muy graves, porque las personas que viven censurablemente, se muestran indiferentes a las enseñanzas de Jesús.

La mala conducta practicada en el día, deja al espíritu desamparado en sus salidas hacia el astral por la noche, pues cuando se desprende del cuerpo carnal queda aislado de sus protectores, dado a la masa de fluidos adversos que se les adhiere en los momentos de prácticas anti evangélicas.

Por eso, sus guías nada pueden hacer en los momentos de peligro, ni siquiera  librarlos de ciertos traumas psíquicos, que al día siguiente se tornan como una pesadilla. Ciertos sueños tenebrosos, no dejan de ser escenas reales, vividas por la noche, fuera del cuerpo y bajo el dominio de sus perseguidores del astral. En tal condición, el espíritu del “vivo” retorna veloz y afligido del lugar donde se encuentra en peligro, para sumergirse aceleradamente en su escafranda de carne  y protegerse contra los peligros del más allá.

Muchas personas que se dedican durante el día a las pasiones detractoras, a los vicios deprimentes, a la maledicencia y a llevar las estadísticas de los pecados del prójimo; después se arrojan a la cama para reposar, sin recurrir a los beneficios saludables de la oración, que traza una frontera fluidica protectora alrededor del espíritu encarnado.

De acuerdo con la concepción oriental, el Éter Cósmico es la esencia virgen que ínter penetra y sustenta el Universo. Es la sustancia “Virgen” de la escolástica hindú. El éter físico es una especie de exudación cuyo éter o radiación del citado Éter Cósmico, fluye a través de los poros de la Tierra, la que funciona a manera de condensador del éter. Bajo tal aspecto, el Éter Cósmico pierde su característica de esencia “virgen” para volverse una sustancia impregnada de impurezas del planeta. Si consideramos el Éter Cósmico semejante al agua pura, en su estado natural, el éter físico entonces ha de ser el agua, con las impurezas adheridas después que las utiliza el hombre.

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Ramatis
     ANTE   LA   REALIDAD                     EXISTENCIAL
El nido domestico sin ninguna duda es la generosa oportunidad para la procreación digna de nuevos cuerpos físicos, que tanto auxilia a los Espíritus desajustados del Más Allá, afligidos por conseguir olvidar en el organismo de la carne los remordimientos torturantes de su pasado tenebroso.
Jesús tuvo la capacidad en el Espíritu para amar a todos los seres, se mantuvo soltero y fue el más sublime amigo, hermano y guía de toda la Humanidad, cuando existe una capacidad como en este caso, acobarda la idea fundamental de constituir familia consanguínea y normalmente egocéntrica, sin que esta actitud represente un aislamiento condenable
Durante su desencarnación Jesús no sufrió por la separación de la familia carnal, porque en su vida su corazón estaba liberado de la parentela física. Manifestó muy bien ese gran amor hacia todos, cuando formulo la sibilina indagación a su madre de esta forma: ¿Quién es mi madre, y quienes son mis hermanos?
Cuando la madurez espiritual permite entrever las existencias pasadas, verificamos que nuestro tradicional sentimentalismo humano está en contradicción evidente con las cualidades del heroísmo y liberación del espíritu divino que nos rige por los destinos y caminos del mundo planetario.
La evocación de vidas pasadas, con el consecuente avivamiento, sorprende profundamente, ante los dramas exagerados que representa delante del cuerpo físico que sirvieron en el pasado a consecuencia de la rutinaria separación de las familias consanguíneas que habíamos constituido en la Tierra. Verificamos entonces que la muerte física es el fin de un periodo de aprendizaje del espíritu en la carne. La pérdida del cuerpo material no destruye el lazo de amistad ni los odios milenarios del espíritu, porque este es el eterno sobreviviente de todas las muertes.
Cuando se comprende la realidad de la vida espiritual, se ríe por las veces que se ha llorado sobre los cuerpos de los familiares terrenos, comprendiendo que solo fueron vestimentas provisorias, que se hubo de devolver periódicamente al guardarropa prosaico del cementerio. Es un llanto milenario que las criaturas de todas las razas entregaron junto a los lechos de los enfermos y sobre los sepulcros carcomidos, en la crasa ignorancia de la realidad espiritual. La muerte es la liberación y la tumba el laboratorio químico que devuelve a la circulación a las moléculas cansadas por el uso. Cuanto mayor es la ignorancia del alma, en lo tocante a la muerte física, tanto más crítica y dramática se volverá la hora en donde la criatura debe devolver el cuerpo prestado y reclamado por el almacén de aprovisionamiento de la madre tierra.
Los que creen en la reencarnación y son conscientes de la realidad espiritual casi no lloran por los que parten hacia el otro lado de la vida, y tampoco temen a la muerte, porque reconocen en ella la intervención amiga que libera al espíritu, auxiliándolo para que vuelva a iniciar un nuevo camino en el verdadero mundo, que es el Más Allá.
Nuestros parientes físicos, a medida que van desencarnando, prosiguen en el Más Allá con las tareas a que nosotros estamos ligados para la felicidad en común. Los que parten con antecedencia, preparan el ambiente feliz para aquellos que se demoran más tiempo en la carne. Delante de esta verdad no hay justificación alguna para los desmayos histéricos, los gritos desgarrados y las clásicas acusaciones escandalosas contra Dios por la partida de nuestros seres queridos.
En la tierra principal motivo del sufrimiento, reside en la gran ignorancia espiritual. Los siglos se acumulan constantemente y los hombres continúan repitiendo las cosas que hace siglos hicieron, prefieren expoliar en nuevas pruebas por la ociosidad de pensar y la indiferencia que prestan al saber. Constantemente las almas terrenales suben y bajan en el mismo grado de evolución a través de innumerables encarnaciones.
Hay un acentuado desinterés por parte de la humanidad con respecto a su felicidad espiritual, se sienten invadidos por gran tristeza al comprobar lo lento que ascienden, y se mueve prejuiciosamente por los caminos espinosos de la vida física.
Solamente la incesante liberación y renuncia valerosa a las ilusiones de la carne, es realmente lo que nos desata de las cadenas de la vida `planetaria, y que nos ayuda muchísimo en las más variadas desencarnaciones en los ciclos reencarnatorios.
Aunque estemos encarnados, podemos vivir en parte, el ambiente del astral superior o inferior, al cual iremos a morar después de desencarnados. Los hábitos elevados y cultivados durante la vida física son ejercicios que nos desarrollan la sensibilidad psíquica para que podamos sintonizar más tarde con la esfera del Más Allá, como también es el resultado del entrenamiento de las bajas pasiones, que representan la medida exacta del afincamiento que tengamos en los charcos tenebrosos del astral inferior.
A medida que nos vamos liberando de los preconceptos, pasiones y caprichos humanos, también nos desinteresamos por la garantid que ofrece nuestra identidad personal, a través de las formas en el mundo de la materia. Se comprende entonces que todos los seres son hermanos y que el exclusivismo por la familia consanguínea no representa la realidad sobre la verdadera familia, que es la espiritual. Aunque los hombres se diferencien por sus organismos físicos y razas, todos provienen de una sola esencia original, que los creo y los hace hermanos entre si, por más que se quiera contradecir esta afirmación.
El hogar tanto puede ser oficina de trabajo para las almas afinizadas desde el pasado remoto, como una oportuna escuela correctiva de caminos espirituales que se renueva entre adversarios al encontrarse encadenados a través de muchos siglos.
Procuremos dentro del ámbito familiar aprender las lecciones oportunas que en el se dan, hacer los ejercicios con mucho primor, pues nada más doloroso y frustrante que obtener el fracaso en la escuela para de nuevo tener que iniciar las tareas en próximas existencias.
La vida continua sí, pero de las condiciones en que queremos seguir viviendo depende del hoy, del ahora, pues nunca se nos olvide que estamos construyendo nuestro futuro.
Extraído del libro “El Sublime Peregrino” de Ramatis

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lunes, 12 de enero de 2015

Tempestades de la vida

              
             
     DESIGUALDAD DE LAS RIQUEZAS

      .. La desigualdad de las riquezas es uno de esos problemasque en vano se quieren resolver, si sólo se considera la vida actual.
La primera cuestión que se presenta, es esta: ¿Por qué todos los hombres no son igualmente ricos? No lo son por una razón muy sencilla: porque no son igualmente, activos y laboriosos para adquirir, ni moderados y previsivos para conservar. Además, está matemáticamente demostrado que la fortuna, igualmente repartida,
daría a cada cual una parte mínima e insuficiente; que suponiendo hecha esta repartición, el equilibrio se rompería en poco tiempo por la diversidad de caracteres y de aptitudes; que suponiéndola posible y duradera, teniendo cada uno apenas lo necesario para vivir, daría por resultado el agotamiento de todos los grandes trabajos que concurren al progreso y al bienestar de la Humanidad; que suponiendo que se diese a cada uno lo necesario, no habría ya el aguijón que empuja a los grandes descubrimientos y a las empresas útiles. Si Dios la concentra en ciertos puntos, es para que desde allí se esparza en cantidad suficiente, según las necesidades.
Admitiendo esto, se pregunta por qué Dios la da a personas incapaces de hacerla fructificar para el bien de todos. Esta es también una prueba de la sabiduría y de la bondad de Dios. Dando al hombre el libre albedrío, quiso que llegase por su propia experiencia a diferenciar el bien del mal, y que la práctica del bien fuese el resultado de sus esfuerzos y de su propia voluntad. No debe ser conducido fatalmente ni al bien ni al mal, pues sin esto solo sería un instrumento pasivo e irresponsable, como los animales.
La fortuna es un medio para probarle moralmente; pero como al mismo tiempo es un poderoso medio de acción para el progreso,Dios no quiere que quede por mucho tiempo improductiva, y por esto la cambia de manos incesantemente. Cada uno debe poseerla para ensayarse a servirse de ella, y probar el uso que sabe hacer de
ella; pero como hay imposibilidad material de que todos la tengan al mismo tiempo, como por otra parte, si todos la poseyesen, nadie trabajaría y el mejoramiento del globo sufriría las consecuencias, cada uno la posee a su vez: el que hoy no la tiene, la tuvo ya o la tendrá en otra existencia, y el que la tiene ahora, podrá no tenerla
mañana. Hay ricos y pobres, porque siendo Dios justo, cada uno debe trabajar cuando le toca su turno; la pobreza es para unos la prueba de la paciencia y de la resinación; la riqueza es para otros la prueba de la caridad y de la abnegación.
Se deplora con razón el lamentable uso que ciertas personas hacen de su fortuna, las innobles pasiones que provoca la codicia, y se pregunta si Dios es justo en dar riqueza a tales personas. Cierto es que si el hombre sólo tuviera una existencia, nada justificaría semejante repartición de los bienes de la Tierra; pero si en lugar de
limitar la vista a la vida presente, se considera el conjunto de las existencias, se verá que todo se equilibra con justicia. El pobre, pues, no tiene motivo de acusar a la Providencia, ni de envidiar a los ricos; y los ricos tampoco lo tienen para glorificarse por lo que poseen. Si abusan de ella, no será ni con decretos, ni con leyes suntuarias, que se remediará el mal; las leyes pueden cambiar momentáneamente el exterior, pero no pueden cambiar el corazón;por esto sólo pueden tener una duración temporal, y siempre son seguidas de una reacción desmedida. El origen del mal está en el egoísmo y en el orgullo; los abusos de toda naturaleza cesarán por sí mismos cuando los hombres se sometan a la ley de caridad.


EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO
ALLAN KARDEC
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 El control de la tristeza   
Es cierto que puede haber momentos en que la tristeza sea la reacción más natural y adecuada: por ejemplo, ante el fallecimiento de un ser querido, o ante alguna otra importante pérdida irreparable. En esos casos, la tristeza proporciona una especie de refugio reflexivo, de duelo necesario para asumir esa pérdida y ponderar su significado.
        Sin embargo, la tristeza común, esa melancolía que lleva a las personas a estar abatidas, a aislarse de los demás y hundirse bajo el peso de la soledad o el desamparo, es un sentimiento cruel y lacerante que hay que aprender a superar.
        Uno de los principales motivos de la duración e intensidad de un estado de tristeza es el grado de obsesión que se tenga ante la causa que ha producido la tristeza. Preocuparse más de lo debido por esa causa, sólo hace que la tristeza se agudice y se prolongue más aún. Aislarse, dar vueltas y vueltas a lo mal que nos sentimos, o a los nuevos males que nos pueden sobrevenir, son excelentes modos de prolongar ese estado.
 
        —¿Y qué se puede hacer para superarlo? 
        De modo análogo a lo que decíamos al hablar sobre la espiral de la preocupación, la mejor terapia contra la tristeza es reflexionar sobre sus causas, para así buscar remedio en la medida que podamos.
Aprender a abordar los pensamientos que se esconden en el mismo núcleo de lo que nos entristece, para cuestionar su validez y considerar alternativas más positivas.
        A veces la tristeza tiene su origen en causas sorprendentemente pequeñas. Comienza quizás con un talante un poco gruñón, de queja, de susceptibilidad, o de envidia, más o menos leve, que en ese momento nos parece controlable e inofensivo. Pero si nos dejamos dominar por esos sentimientos, será inevitable que nos asalten también después, en horas más bajas, y es probable que, entonces, en un descuido, se hagan con el gobierno de nuestro estado de ánimo.
        Y lo peor de todo este fenómeno no es el mal rato que nos haga pasar –y haga pasar a otros– en cada ocasión; lo más grave es que, si no actuamos decididamente para superarlo, puede llegar un momento en que esos sentimientos se establezcan de modo permanente en nosotros y, en continuas oleadas, vayan invadiendo lugares cada vez más profundos de nuestra vida emocional. 
 
Lo que no vale la pena  

       Otro modo de variar el estado de ánimo es actuar sobre las asociaciones de ideas que se producen en nuestra mente. Como ha señalado Richard Wenzlaff, todos contamos con un amplio repertorio de ideas y razonamientos negativos que acuden con facilidad a nuestra mente cuando estamos con un bajo estado de ánimo. Las personas más proclives a la tristeza suelen haber establecido fuertes lazos asociativos entre esas ideas y lo que les sucede en la vida ordinaria: tienden a distraerse asociando esas ideas, saltando de una a otra, con lo que sólo consiguen ahondar ese surco, y acaban dominados por una fuerte tendencia a convertir en lamento cualquier reflexión que hacen. Cortar esas cadenas de negros pensamientos es lo más eficaz para salir del círculo vicioso de la tristeza.
La vida es algo más que un libro de reclamaciones.
        Y aunque a algunas personas les parezca una prueba de agudeza y de madurez mostrar una actitud de constante denuncia de los males que padecen ellos, o la sociedad en general, es mucho más práctico dedicar esas energías –o al menos una buena parte de ellas– a descubrir buenos ejemplos en quienes nos rodean, y procurar seguirlos. No es que haya que ignorar o esconder lo que está mal, pero es importante aprender a centrarse en tareas que siempre sean constructivas. 
 
Nada más cambiar de tema

 También la distracción es una buena forma de alejar esas ideas recurrentes, sobre todo cuando esos pensamientos más o menos deprimentes tienen un carácter bastante automático, e irrumpen en la mente de modo inesperado, sin una causa directa clara. De todas formas, es preciso hacer esto con medida, pues el recurso inmoderado a la distracción suele ser perjudicial: por ejemplo, los telespectadores empedernidos suelen concluir sus maratonianas sesiones con un mayor sentimiento de tristeza y de frustración que al comenzar.
        Hay otras muchas formas de abordar la tristeza. Por ejemplo, esforzarnos por ver las cosas desde una óptica diferente, más positiva; eludir los pensamientos autocompasivos o victimistas; vislumbrar lo positivo que –poco o mucho– puede haber detrás de lo que en ese momento nos parece tan negativo; pensar que muchas otras personas saben sobrellevar bien situaciones que son objetivamente mucho peores; buscar el desahogo en alguien que, al no estar atrapado por esa espiral de la tristeza, pueda más fácilmente ofrecernos alternativas o remedios; etc. 

 Distinguir del cansancio.       
   Habrá otras ocasiones en que la causa principal sea simplemente el cansancio. Por ejemplo, una persona que duerma habitualmente poco, puede mostrar un carácter pesimista o irritable, y estar convencido de que sus reacciones son las lógicas ante las cosas que le suceden, y quizá no se da cuenta de lo que realmente pasa: que sufre un mero y simple estado de cansancio, resultado natural de haber dormido poco. Es un ejemplo de influencia de una situación corporal en nuestro estado de ánimo, pero experimentada a veces de una manera no consciente.
        Unas veces, la solución será descansar. En otras, embeberse en alguna ocupación, aunque no sea estrictamente de descanso: por ejemplo, acometer pequeñas tareas pendientes (trabajos domésticos, por ejemplo) que nos hagan centrar la atención en otra cosa y además nos hagan gozar de la gratificante satisfacción del deber cumplido.
        Cabría insistir, por último, en que pensar en los demás es una excelente terapia contra la tristeza, pues ésta suele alimentarse de preocupaciones que giran en torno a uno mismo, y el hecho de ayudar a los demás –algo siempre recomendable para cualquier persona, esté triste o alegre– tiene el benéfico efecto, entre otros muchos, de contribuir a que nos desembaracemos un poco de nuestro egoísmo. 
 
Alfonso Aguiló
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SUICIDIO

Era la mañana del sábado. Toco el teléfono y lo atendió alguien.
Una voz masculina, embargada por la emoción, a duras penas, comenzó el dialogo.
Deseaba saber lo que la doctrina espirita decía sobre el suicidio. Cual sería, según el espiritismo, la suerte de aquellos que acaban con la propia vida.
Dijo que estaba con el firme propósito de poner fin a la vida miserable que estaba llevando hacia cerca de dos meses.
Resaltó que su quiebra fue decretada en una ciudad distante en otro estado de Brasil. Y, para huir del escándalo, se cambio de ciudad en busca de una oportunidad, más fue en vano.
Ahora, según afirmo, deseaba huir definitivamente de la vida, para resolver de una vez por todos sus tormentos.
Escucho, de la persona que lo atendió, en rápidas palabras, la posición espirita sobre el suicidio.
Que esta es una puerta falsa, y que aquellos que la buscan en el intento de acabar con los problemas solamente los agravan aun más.
Que solo se consigue salir del cuerpo, sin salir de la vida, que continua latiendo más allá del túmulo. Y que solo quien nos coloco, en el mundo tiene el derecho de sacarnos de el. Y que ese alguien es Dios, nuestro padre creador.
Escucho, aun, que su quiebra solo podría ser decretada por el mismo, ahora si, a través del suicidio. Que hombre alguno podría hacerlo.

Que la quiebra decretada fuera de su empresa y que, seguramente, si continuase con disposición conseguiría reverter la situación.
Que Dios jamás nos abandona, mucho menos en las horas difíciles de nuestra caminata. Que todos nosotros, sin excepción, tenemos un ángel guardián interesado en nuestra victoria. En la victoria del espíritu inmortal sobre la materia, sobre los vicios y equívocos.
El hombre dijo que había perdido todo, que estaba en la miseria, que nada más le restaba.
Y la voz del otro lado de la línea torno a la carga diciendo que la miseria verdadera es la miseria del alma. Y que solamente podremos asegurar que nada más nos resta cuando perdemos la dignidad.
El mundo nos puede quitar todo, todo lo que tenemos, más jamás nos quitará lo que somos, jamás logrará retirar conquistas verdaderas como la dignidad. Solamente solamente si nosotros lo permitimos, aceptando el invite a la indignidad.
El hombre reflexionó un poco, hablo que aun le restaban los amigos y su casa, que estaba en la de los padres, ya fallecidos. Resolvió, por fin, volver a su ciudad y recomenzar nuevamente.
Casos como ese que acabamos de narrar, son constantes en la faz de la tierra.
Si usted está enfrentando problemas semejantes, no deje de tomar en consideración las orientaciones de los espíritus superiores.
Huya del convite al suicidio como solución a sus problemas.
El suicidio es un terrible engaño, por ser una puerta falsa.
Así que la persona consume el acto del suicidio, percibe el precipicio que se abre a su frente.
¿Lo sabía usted?
¿Usted sabia que, de forma general, son los suicidas los que más sufren después de la muerte?
Y qué cuando llegan al mundo espiritual se dan cuenta de que no lograron el intento, que era poner fin a la vida.
Siguen viviendo y perciben que a los problemas, de los cuales deseaban huir, otros se suman, por la falta de fe en Dios y por la rebeldía.
En la muerte natural los lazos que unen al espíritu al cuerpo son desatados lentamente, mientras que en el suicidio son violentamente rotos, sin, con todo, permitir que el espíritu se libere.
Por ese motivo, no nos dejemos tentar por la invitación al suicidio. Nunca valdrá la pena. Antes, roguemos a Dios las fuerzas para soportar el fardo que cargamos.

Redacción de Momento Espirita
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               Tempestades de la Vida

Hay noches muy oscuras en que el viento violento y ruidoso trae la tempestad inclemente. 

Los truenos y los relámpagos invaden la madrugada como si fuesen a durar para siempre. 

No hay como ignorar los sentimientos que toman por asalto nuestros frágiles corazones. 

El miedo y la inseguridad nos quitan nuestro sueño, y pasamos minutos interminables, imaginando lo peor, temerosos de que el cielo pueda, de un momento para otro, caer sobre nuestras cabezas.

Sin, no obstante, cualquier aviso, el viento se va calmando, las gotas de lluvia comienzan a caer con menos violencia y el silencio vuelve a imperar en la noche. 

Adormecemos sin darnos cuenta del final de la intemperie, y cuando despertamos, con el sol de la mañana besándonos la frente, ni siquiera nos acordamos de las angustias de la noche. 

Las ramas caídas en la calzada, el agua aun enlodada en la calle, nada, ninguna señal es suficientemente fuerte para que nos acordemos del temporal que hace pocas horas nos asustaba tanto. 

Así aun somos nosotros, criaturas humanas, presas al momento presente. 

Descreídos, al punto de casi sucumbir delante de cualquier dificultad, sea una tempestad o revés de la vida, por creer que ella podría aniquilarnos o herir irremediablemente. 

Hombres de poca fe, es lo que somos. 

Hace mucho tiempo fuimos invitados a creer en el amor del Padre, soberanamente justo y bueno, que no permite que nada que no sea necesario y útil nos ocurra. 

Incluso así continuamos unidos a la materia, creyendo que nuestra felicidad depende apenas de los tesoros que el óxido roen y que el tiempo deteriora. 

Permanecemos sufriendo por dificultades pasajeras, como la tempestad de la noche, que por más estragos que pueda hacer en los tejados y en lo jardines, siempre pasa y tiene su indiscutible utilidad. 

Somos para Dios como criaturas que aun no se dieron cuenta de la grandiosidad del mundo y de las verdades de la vida. 

Almas aprendices que se asustan con truenos y relámpagos que, en las noches oscuras de la vida, haciéndonos recordar de nuestra pequeñez y de nuestra impotencia delante de todo. 

Si aun lloramos de miedo y no tenemos coraje bastante para enfrentar las realidades que no nos parecen favorables o agradables, es porque en nuestra intimidad el mensaje de Cristo aun no se hizo certeza. 

Nuestra fe es tan insignificante que ante la menor contrariedad gritamos que Dios nos abandonó, que no hay justicia. 

Se trata, sin embargo, de una miopía espiritual, derivada de nuestro deseo constante de ser agraciados con bendiciones que, por ahora, aun no son merecidas. 

Nos falta coraje para creer que Dios no se equivoca, que esta característica no es de el, sino sólo nuestra, caminantes imperfectos en esta ruta evolutiva. 

Nos falta humildad para creer que, cuando hacemos la parte que nos cabe en la tarea, todo ocurre en la hora correcta y de la forma adecuada. 

Los dolores que nos llegan y nos tocan son oportunidades de aprendizaje y de cambio para un nuevo estadio de evolución. 

Así como la lluvia, que aunque nos parezca inconveniente y asustadora, en algunas ocasiones, también los problemas son indispensables para la purificación y renovación de los seres. 

Por eso, cuando las tempestades pesaran fuertemente sobre nuestras cabezas, sepamos percibir que todo en la vida pasa, así como las lluvias, los dolores, los problemas. 

Todo es fugaz y momentáneo. 

Pero todo, también, tiene su motivo y su utilidad en nuestro desarrollo. 


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