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sábado, 24 de enero de 2015

Afloramiento de la Mediumnidad


6:35am Mar 4
LIBRE ALBEDRIO Y PROVIDENCIA
La cuestión del libre albedrío es una de las que más han preocupado a los filósofos y a los teólogos. Conciliar la voluntad, la libertad del hombre con el juego de las leyes naturales y con la voluntad divina ha aparecido tanto más difícil cuanto que la fatalidad ciega parecía pesar, a los ojos de la mayoría, sobre el destino humano. La enseñanza de los espíritus ha dilucidado el problema. La fatalidad aparente que siembra de males el camino de la vida no es más que la consecuencia de nuestro pasado, el efecto volviendo hacia la causa; es el cumplimiento del programa aceptado por nosotros antes de renacer, siguiendo los consejos de nuestros guías espirituales, para nuestro mayor bien y nuestra elevación.
En las capas inferiores de la creación, el ser se ignora aún. Sólo el instinto y la necesidad le conducen, y sólo en los tipos más evolucionados aparecen, como un pálido amanecer, los primeros rudimentos de las facultades. En la humanidad, el alma ha llegado a la libertad moral. Su juicio y su conciencia se desarrollan cada vez más, a medida que recorre su inmensa carrera. Colocada entre el bien y el mal, compara y escoge libremente. Esclarecida por sus decepciones y sus males en el seno de los sufrimientos es donde se forma su experiencia y donde se forja su fuerza moral.
El alma humana, dotada de conciencia y de libertad, no puede caer en la vida inferior. Sus encarnaciones se suceden hasta que ha adquirido estos tres bienes imperecederos, finalidad de sus prolongados trabajos: la bondad, la ciencia y el amor. Su posesión le emancipa para siempre de los renacimientos y de la muerte y le abre el acceso a la vida celestial.
Por el uso de su libre albedrío, el alma fija sus destinos y prepara sus goces y sus dolores. Pero nunca, en el transcurso de su carrera, en el sufrimiento amargo como en el seno de la ardiente lucha pasional, nunca le son rehusados los socorros de lo alto. Por poco que se abandone a sí misma, por indigna que parezca, en cuanto despierta su voluntad de emprender el camino recto, el camino sagrado, la Providencia le proporciona ayuda y sostén.
La Providencia es el espíritu superior, el ángel que vela sobre el infortunio, el consuelo invisible cuyos fluidos vivificadores sustentan a los corazones anonadados; es el faro encendido en la noche para salvación de los que vagan por la mar procelosa de la vida. La Providencia es, además y sobre todo, el amor divino vertiéndose a oleadas sobre la criatura. ¡Y cuánta solicitud, cuánta previsión hay en este amor! ¿No ha sido sólo para el alma, para que sirva de espectáculo a su vida y de teatro a sus progresos, para lo que ha suspendido los mundos en el espacio, para lo que ha encendido los soles, para lo que ha formado los continentes y los mares? Sólo para el alma se ha realizado esa gran obra, se combinan las fuerzas naturales y brotan los universos del seno de las nebulosas.
El alma ha sido creada para la felicidad; pero para apreciar esta felicidad en su valor, para conocer su importancia, debe conquistarla ella misma, y, para ello, desarrollar libremente las potencias que lleva en sí. Su libertad de acción y su responsabilidad crecen con su elevación, pues cuanto más se ilumina, más puede y debe conformar el juego de sus fuerzas personales con las leyes que rigen el universo.
La libertad del ser se ejerce en un círculo limitado, de un lado, por las exigencias de la ley natural, que no puede sufrir ninguna modificación, ningún desvío en el orden del mundo; de otro lado, por su propio pasado, cuyas consecuencias resaltan a través de las épocas hasta la reparación completa. En ningún caso el ejercicio de la libertad humana puede entorpecer la ejecución de los planes divinos; de lo contrario, el orden de las cosas sería turbado a cada instante. Por encima de nuestras opiniones limitadas y cambiantes, se mantiene y continúa el orden del universo. Somos casi siempre malos jueces en lo que significa para nosotros el verdadero bien; y si el orden natural de las cosas debiera doblegarse a nuestros deseos, ¿qué perturbaciones espantosas no resultaría de ello?
El primer uso que el hombre haría de una libertad absoluta sería apartar de sí todas las causas de sufrimiento y asegurarse desde aquí abajo una vida de felicidades. Ahora bien; si hay males a los que la inteligencia humana tiene el deber y posee los medios de conjurar y de destruir -por ejemplo, los que provienen del ambiente terrestre-, hay otros, inherentes a nuestra naturaleza moral, que sólo el dolor y la represión pueden domar y vencer: tales son nuestros vicios. En este caso, el dolor se convierte en una escuela, o, más bien, en un remedio indispensable, y los padecimientos soportables no son más que un reparto equitativo de la justicia infalible. Es, pues, nuestra ignorancia acerca de los fines perseguidos por Dios lo que nos hace renegar del orden del mundo y de sus leyes. Si los censuramos, es porque desconocemos sus resortes ocultos.
El destino es la resultante, a través de nuestras vidas sucesivas, de nuestros actos y de nuestras libres resoluciones. Más esclarecidos en el estado de espíritus con relación a nuestras imperfecciones, y preocupados por los medios de atenuarlos,aceptamos la vida material bajo la forma y en las condiciones que nos parecen propias para realizar este fin.
Los fenómenos del hipnotismo y de la sugestión mental explican lo que ocurre en semejante caso bajo la influencia de nuestros protectores espirituales. En el estado de sonambulismo, el alma, bajo la sugestión de un magnetizador, se compromete a realizar un acto determinado dentro de un espacio de tiempo señalado. Vuelta al estado de vigilia, sin haber conservado ningún recuerdo aparente de semejante sorpresa, la ejecuta punto por punto. Del mismo modo, el hombre parece no haber conservado en la memoria las resoluciones adoptadas antes de renacer; pero llega la hora, corre al encuentro de los acontecimientos previstos y participa de ellos en la medida necesaria a su adelanto o para la ejecución de la ley ineludible.

Tomado por el Sr. Mariani de "Después de la muerte", de León Denis.

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Todo saludo debe basarse en pensamientos de paz y alegría.
Piense en su alegría cuando alguien le dirige palabras de afecto y
simpatía y haga lo mismo con los demás.
Movilice el capital de la sonrisa y observará que semejante inversión
le traerá precioso rendimiento de colaboración y felicidad.
Una frase de bondad y comprensión opera prodigios en la construcción
del éxito.
Auxilie a los familiares con su palabra de entendimiento y esperanza.

Si usted tiene cualquier disgusto remanente de la víspera, empiece
el día a la manera del Sol: -olvidando la sombra y brillando de nuevo.

FRANCISCO CÂNDIDO XAVIER
POR EL ESPÍRITU ANDRÉ LUIZ
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AFLORAMIENTO DE LA MEDIÚMNIDAD
El ejercicio saludable de la mediúmnidad exige un conjunto de factores que, en el Centro Espírita, se encuentran a disposición de los interesados, desde que el programa ahí desarrollado esté basado con rigor en los postulados registrados en la Codificación Kardecista.
La mediúmnidad es una facultad portadora de intrincados, sutiles y complejos mecanismos, que tiene mucho que ver con el pasado del mediador, así como se relaciona con sus posibilidades de servicio y de integración en el programa de iluminación de la propia y de otras conciencias.
La puerta estrecha, invariablemente es instrumento de auto-encuentro y de crecimiento moral-espiritual, un puente por donde transitan los Espíritus que permanecen vinculados a aquellos que prosiguen reencarnados en los paisajes terrenales.
Siendo el Centro Espírita la escuela educativa y la oficina de trabajo donde el amor y el conocimiento orientan las vidas en rumbo de la autoconciencia, ahí deben estar las posibilidades para que se adquiera calidad en la práctica mediúmnica.
El médium es, esencialmente, un Espíritu en prueba, rescatando equívocos y deudas que le quedaron en la retaguardia moral. La presencia de la facultad no les concede cualquier tipo de privilegio o destaque en la comunidad, no debiendo serle motivo de orgullo o de ostentación, antes siéndole un especial instrumento para ayudar en la reparación de deudas y adquirir el equilibrio espiritual.
Incluso cuando el fenómeno se le presenta ostensivo, ello no significa destino para ser misionero de uno momento a otro.
El mediunato es adquirido mediante sacrificio personal y mucha renuncia, trabajo incesante y humildad en el desempeño de las tareas que le dan respeto.
La práctica mediúmnica, en consecuencia, debe ser realizada con seriedad, elevación y constancia, siguiéndose, al pie de la letra las directrices establecidas en El Libro de los Médiums, de Allan Kardec y la contribución complementaria que viene siendo presentada, después de la Codificación, por estudiosos encarnados y por los Espíritus encargados de mantener la Obra conforme se encuentra consolidada en la Doctrina Espírita.
En el complejo mecanismo de la conciencia humana, la paranormalidad desabrocha, alargando horizontes de la percepción sobre las realidades profundas del ser y de la vida.
La mediúmnidad, que rige latente en el organismo humano, se perfecciona con la contribución de la conciencia de responsabilidad y mediante la atención que el ejercicio de su función bien dirigida le conceda.
Espontánea, surge en cualquier edad, posición social, denominación religiosa o escepticismo en el cual se encuentre el individuo.
Normalmente llama la atención por los fenómenos insólitos de que se hace portadora, produciendo efectos físicos e intelectuales, así como manifestaciones en el área visual, auditiva, presentándose con una variada gama conforme las diversas expresiones intelectuales, materiales y subjetivas que se exteriorizan en el día a día de todos los seres humanos.
La forma en que se presenta en el ser humano es, explotando con relativa violencia en determinados individuos, gracias a cuya manifestación surgen perturbaciones de variada orden, en otros aparece sutilmente, favoreciendo la penetración en más amplias franjas vibratorias, aquellas de donde se procede antes del cuerpo y para cuyo círculo se retorna después del desgaste carnal.
Al principio, surge como sensaciones extrañas de presencias psíquicas o físicas algo perturbadoras, generando miedo o ansiedad, inquietud o incerteza.
En algunos momentos, se turba la lucidez, para, en otros, abrirse brechas luminosas en la mente, percibiéndose otro tipo más sutil de realidad.
El médium ante ese brote de registros de la presencia de otros seres debe silenciar la inquietud y analizarse por medio de la meditación.  Auscultando la conciencia. Procura desdoblar la percepción psíquica sin ningún recelo y oirá palabras confortadoras, y verá personas queridas que se te acercan.
A veces, cuando aparece la mediúmnidad, surgen varios disturbios, sea en el área orgánica, a través de desequilibrios y dolencias, o mediante inquietudes emocionales y psiquiátricas, por debilidad de su constitución fisiopsicológica.
No es la mediúmnidad que genera el disturbio en el organismo, sino la acción Fluídica de los Espíritus que favorece la atonía o no, de acuerdo con la calidad de que esta se reviste.
Por otro lado, cuando la acción espiritual es saludable, un aura de paz y de bienestar envuelve al medianero, auxiliándolo en la preservación de las fuerzas que lo nutren y sustentan durante la existencia física.
La mediúmnidad, en sí misma, no es buena ni mala, antes, se presenta en carácter de neutralidad, dándole la oportunidad al hombre de utilizarla conforme desee, de ese uso derivarán los resultados que acompañarán al medianero hasta el momento final de su etapa evolutiva en el cuerpo.
 El periodo inicial de la educación mediúmnica siempre se da bajo acciones tormentosas. El médium es un Espíritu endeudado, en si mismo, con vasta copia de compromisos a rescatar, cuando se desdobla, trayendo matrices que facultan el acoplamiento de mentes perniciosas del Más Allá, que lo impelen al trabajo de auto-perfección, sobre el ejercicio de la caridad, de la paciencia y del amor para con los mismos. Aparte de eso, considerando sus débitos, se vincula a los cobradores que no quieren perder de vista, sitiándole la casa mental, afligiéndolo con el recurso de un campo precioso y vasto, como es la percepción mediúmnica, intentado impedirle el crecimiento espiritual, mediante el cual lograría liberarse del infeliz yugo. Crean  estratagemas, situaciones difíciles, predisponen mal a aquel que las sufren, rodeándolo de impresiones, porque viven en diferente franja vibratoria, peculiar, diversa a los que no poseen disposiciones medianímicos.
La fase inicial del ejercicio y desdoblamiento de la mediúmnidad es un bendito calvario. Por otro lado, este es el medio de ampliar, desarrollar el entrenamiento del sensitivo, que aprende a discernir el tono psíquico de los que lo acompañan, en espíritu, tomando conocimiento de las “leyes de los fluidos” y armándose de resistencia para combatir las “malas inclinaciones” que son los imanes que atraen a los que se encuentran en estado de Erraticidad inferior.

Extraído del libro “Calidad de la practica Mediúmnica” PROYECTO
Manuel Philomeno de Miranda

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P.Germán
EN LA CULPA ESTÁ EL CASTIGO

El padre German solía escribir en su manuscrito querido, todas las experiencias que vivía en su aldea. Yo particularmente me sentí inclinada por la que voy a relatar, muchas personas que le he recomendado la lectura de este libro, me lo han agradecido, además de sorprenderme, mucho de ellos, con alguna lagrima que dejaban escapar al leer algún capitulo que de entre todos les toco el corazón. 

En este capítulo el padre German, expresa su gran amor por los niños, huérfano desde bien pequeño, y con la nostalgia de su madre, hizo todo lo posible para ayudar a los niños huérfanos, que como el nunca habían sentido el amor de sus madres, también ayudaba a los que malvivían  , que sufrían la agresividad de sus progenitores,  que eran abandonados y que sufrían hambre y necesidad, el los rodeo de cariño y atenciones y en la aldea todos los niños lo amaban y respetaban.

En la tarde aquella el oraba fervorosamente por los habitantes de la aldea, una tormenta tremenda, destrozaba todo lo que pillaba a su paso, la lluvia desenfrenada, el aire huracanado, y los grandes truenos y descargas eléctricas, hacían estremecer a todos, y todos oraban pidiendo ayuda a lo alto.

Los niños entraron eufóricos, gritando: ¡Padre German venid, hay un anciana que necesita de vos, ella esta blasfemando, dice que Dios no existe. ¡Que mala debe ser esa mujer! Decían los niños espantados.

El sintió que las acusaciones de los niños le hacían daño, y les dijo cariñoso: Que nadie tenía derecho a juzgar a nadie.

Cuando llegaron, otros niños estaban con ella, estaba medio desnuda, sucia, con los cabellos sueltos, los ojos hundidos pero abiertos, y tenían una fijación aterradora.

El sintió una voz en su interior, que le decía, que la mirara bien y que retrocediera en el tiempo, repitiéndole más a tras, mas, mucho más… hasta que llego a su niñez, y al sentir despotricar a aquella mujer el en sus palabras reconocía las de su madre, cuando presa de la bebida lo maltrataba, un temblor lo domino y lagrimas de fuego le fluían de los ojos partiéndole el corazón. Llorando de pena y de vergüenza.

¿Los niños le preguntaron que aria el si esa fuera su madre? Amarla, respondió el, pues siempre debemos mirar como a un ser sagrado, a la mujer que nos llevo en su seno.

¿Y si blasfemase como esta?
Del mismo modo debemos amarla, y más aun, mucho más, porque los enfermos son los que necesitan de médicos.

El se acerco a ella, y la acarició con ternura, le dijo que no temiese nada, que el la cuidaría, mandando a los niños a buscar ayuda. En seguida vinieron varios hombres, y la transportaron a la aldea, allí la rehabilitaron y en menos de un mes, era otra persona.

Pero  volviendo a las andadas, llego a ser un escándalo publico, todos se quejaban de su conducta, pues llego a hacer proposiciones deshonesta a los niños y jóvenes, ella seguía sintiendo a sus otros nueve hijos que abandono, ellos habían muerto, pero ella los veía enroscarse a su cuello e intentar de ahogarla, era un proceso de locura que a ella le hacia odiar la vida, querer morirse, maldecir, blasfemar y hasta incluso odiar a todos.

Todos los de la aldea no creían lo que veían, no comprendían como el padre German tan recto y disciplinado, podía admitir a una persona así, entre ellos, llegando hasta incluso a pensar mal de el.

Las cosas llegaron hasta tal punto, que analizando la situación, el padre German comprendió que se debía  a sus semejantes, no a sus afecciones exclusivas.  Sintiendo que los habitantes de la aldea era su familia espiritual, y que su deber era velar por su reposo, que si la mano derecha es motivo de escándalo debía cortársela, porque el bienestar de uno  no debía sacrificar  la  tranquilidad de muchos.

Sintiéndose débil para corregir a su madre, y no teniendo más remedio que hacerlo, pidió ayuda a un sacerdote gran amigo suyo, que tenia  una asociación religiosa, hospital y asilo, para que en calidad de enferma, fuese admitida, y la sometiesen a un régimen curativo, único medio de dominar sus vicios. Al saberlo ella se exaspero, el la llegó a calmar, hablándole de su hijo German, era el único que ella no veía a su lado, junto a los otros. El muchas veces estuvo tentado de  revelarle que el era su hijo, pero algo le detenía para hacerlo.

Una mañana, acompañada de seis hombres salio de la aldea, montada en una yegua pacifica. El quedo sufriendo, una determinación así, era muy dura para el, si hubiera estado libre, el la habría ayudado, pero el no era libre, lloro y recordó todos los detalles desde su niñez hasta aquella tarde, cuando de pronto sintió que los hombres volvían, ellos expusieron que al reposar  en lo alto de un desfiladero,  la yegua que era mansa como un cordero, se encabrito, rompió las riendas y se lanzo al galope, saltando zanjas y precipicios y la ciega agarrada a las crinas la azuzaba a su cabalgadura para que corriera más, desapareciendo. Cuatro dais estuvieron buscándola, pero imposibilitados para descender al abismo, no encontraron sus restos.

El dolor y el remordimiento hicieron enmudecer al sacerdote, dejándose caer en su lecho estuvo muchos días entre la vida y la muerte.

El quería huir de su culpa, porque en ella estaba el castigo. Pero sentía el regocijo de que Gracias a Dios, su familia universal no había tenido que avergonzarse de su padre, había sufrido, luchado, había hecho pedazos su corazón, pero había vencido dominando sus pasiones, que es lo que el hombre debe dominar primero.

Es un trabajo extraordinario el realizado por el padre German, os recomiendo leer el libro, el sensibilizara vuestros corazones, y os invitara a reflexionar sobre la vida que os rodea, y aplicar en ella, su gran enseñanza, porque está llena de moral y sentimiento, cosas que nos benefician mucho en los tiempos actuales.

-Merche-
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viernes, 23 de enero de 2015

Adolescencia y vida (1ª parte)

                  ADOLESCENCIA Y VIDA
                                                       (1ª parte)
El tema que intento desarrollar aquí, es modesto, y así lo expresa el autor del libro del cual saque el material, pero aporta un granito de arena en el camino de los adolescentes, pues es un tema que palpita en todos los hogares de la tierra, sobre todo en aquellos hogares donde hay adolescentes.
En el cuadro primaveral de la adolescencia todo parece fácil, esto sucede por la falta de vivencia de la realidad humana. El adolescente observa el mundo a través de las lentes límpidas del entusiasmo, cuando se encuentra contento, o mediante las pesadas manchas del pesimismo que dominan de momento sus paisajes emocionales. La realidad, sin embargo, difiere tanto de una como de otra percepción, sin los altos vuelos del encantamiento ni los abismos profundos del existencialismo negativo.
La vida es un conjunto de posibilidades que se presentan para ser experimentados, facultando el crecimiento intelecto moral de los seres. La forma como cada persona se sirve de esos recursos redunda en el éxito o en el pesar, no siendo la misma responsable por la gloria o por el pesar de aquellos que la buscan y en ella se encuentran envueltos.
Para el joven soñador, que todo lo ve de color de rosa, hay muchos caminos para recorrer, que exigen esfuerzos, buena dirección para la opción y sacrificio. Toda ascensión impone inevitable cuota de dedicación, como es natural, hasta que la conquista de los altiplanos delinee nuevos horizontes aun más amplios y fascinantes.
Es por esa razón, que las posibilidades del adolescente están en el ímpetu que el aplica para la conquista de lo que traza como objetivo. En ese periodo, se tiene prisa, porque todas las manifestaciones son rápidas y los acontecimientos obedecen a un organograma que no puede ser anticipado, esperando que se consuman los mecanismos propiciatorios para su realización.
Ansioso por los vuelos que pretende efectuar, piensa que sus aspiraciones pueden ser transformadas en realidad de uno para otro momento, y, cuando eso no ocurre, se deja abatir por graves frustraciones y desanimo. Es en ese vaivén de alegrías y desencantos el pasa a entender que los fenómenos en la existencia son independientes de sus imposiciones, proviniendo de muchos factores que se conjugan para ofrecer el correspondiente resultado.
La ignorancia es la causante de los incontables males que afligen a la criatura humana y confunden a la sociedad. Igualmente es perversa la información equivocada, destituida de fundamentos éticos y carentes de estructura de lógica.
En la gran educación de la sociedad futura, que promete más justicia social y menos suma de tribulaciones para la criatura humana en estos momentos, se está desafiando a psicólogos, pedagogos, sociólogos, teólogos y principalmente a los padres para bien conducir a los jóvenes, ya que la criatura humana, en este momento, camina con los pies en la infancia y la juventud.
La adolescencia es el periodo propio para el desarrollo físico y psicológico, que se inicia aproximadamente a los catorce años para los rapaces y a los doce para las mozas, prolongándose hasta los veinte y dieciocho años, respectivamente, en los países de clima frio, siendo que en los trópicos hay una variación siendo para más jóvenes.
En esa fase, hay un desdoblamiento de los órganos secundarios del sexo, dando surgimiento a los factores que propician la reproducción, como es el caso del espermatozoide en el fluido seminal y el catamenial. Los jóvenes experimentan alteraciones en la voz, mientras las mozas presentan desenvolvimiento de los huesos de la Bacía, de los senos, lo que ocurre con cierta rapidez, normalmente acompañados por el surgimiento de la afectividad, del interés sexual y de los conflictos en el área del comportamiento, con son la inseguridad, la ansiedad, la timidez, la inestabilidad, la angustia, facultando espacio para el desenvolvimiento y definición de la personalidad, el surgimiento de las tendencias y de las vocaciones.
Completando la reencarnación, el adolescente pasa a vivir la experiencia nueva, definiendo los rumbos del comportamiento que el tiempo madurará a través de la vivencia de los nuevos desafíos.
Siendo un inepto en el nuevo medio social en el cual se encuentra, sufre el conflicto de no ser un niño más, encontrándose, sin embargo, sin una estructura organizada para los juegos de la edad adulta. Es, por tanto, el periodo intermediario entre las dos fases importantes de la existencia terrena, que se encarga de preparar al ser para las actividades existenciales más profundas.
Inseguro, en cuanto a los rumbos en su futuro, el joven enfrenta el mundo que le parece hostil, refugiándose en la timidez o en la expansión del temperamento, según sean las circunstancias en las cuales se presenten las propuestas de la vida.
Las bases de sustentación familiar, religiosa y social, le sientan las bases de los desafíos que enfrentan, pues relaciona todo cuanto aprendió con lo que encuentra al frente.
No poseyendo madurez en el discernimiento, y fascinado por las oportunidades encantadoras que le surgen en algunos momentos, se lanza con frenesí a los placeres nuevos sin darse cuenta de los compromisos que pasa a firmar, entregándose a las sensaciones que dominan su cuerpo.
El ser humano es esencialmente el resultado de la educación, cargando los factores genéticos  que lo compone como consecuencia de las experiencias anteriores, en reencarnaciones anteriores. Modelarlo siempre, teniendo por miras un padrón de equilibrio y de levador valor, le faculta el desenvolvimiento de los valores que duermen en él latentes ampliándolos posibilitando así la conquista de la meta a la que está destinado el ser, que es la perfección.
El niño y el adolescente, sin embargo, aunque se presenten ingenuos, puros, en la acepción del conocimiento de los errores, no siempre lo son en profundidad, pues el Espíritu que habita en ellos es viajero de largas jornadas, en sucesivas experiencias, en las cuales no siempre se desarrollo con los valores que se espera, por el contrario contrajo débitos que deben ser resarcidos en la actual existencia. En razón de eso, se torna necesaria e indispensable la educación en su sentido más amplio y profundo, para que sean lícitas la liberación de los vicios anteriores y la adquisición de nuevos valores que los equlibren, superándolos.
Procurar infundirles costumbres sanas desde los primeros días de la existencia física, es la principal tarea de los padres, ya que la tarea de la educación comienza en el instante de la vida extra-uterina, y no más tarde, cuando el ser está habilitado para la instrucción.
Para ese hermoso ministerio son indispensables el amor, el conocimiento y la disciplina, para así poder inculcarles finalmente, las lecciones que los acompañaran para siempre.
El cuerpo del adolescente es un laboratorio de hormonas que trabajan a favor de las definiciones orgánicas, al tiempo en que el psiquismo se adapta a las nuevas formulaciones, pasando un periodo de ajustamiento que debe facultar la madurez de los valores éticos y de comportamiento.
Los jóvenes no poseyendo la madurez en el discernimiento, y fascinado por las oportunidades encantadoras que le surgen en todo momento, se da con fragilidad a los nuevos placeres sin darse cuenta de los compromisos que pasa a firmar, entregándose a las sensaciones que dominan todo el cuerpo.
Otras veces, victima de los conflictos naturales que surgen de la incertidumbre  de cómo debe comportarse, se refugia asumiendo responsabilidades provenientes de las actitudes y presenta  cuadros psicopatológicos, como la depresión, la melancolía, la irritabilidad, escamoteando el miedo que lo asalta y lo intimida.
En los días actuales las licencias morales son muy agresivas, invitando al joven, inadecuadamente a los juegos veloces del placer, a lances audaces en el área del sexo, que parece constituir en él la meta prioritaria en la que se revuelca hasta el cansancio, dando surgimiento a la ausencia de recursos escapistas, que no atienden a las necesidades presentes, antes, por el contrario, lo perturban, comprometiéndolo de una manera lamentable.
Como es comprensible, la escala de la valoración de la vida se modifica ante el mundo extraño y atrayente que le descubre, contestando a todo cuanto antes le constituía seguridad y estabilidad.
Los nuevos paneles le presentan colores deslumbrantes, y no encontrando conveniente orientación, educación consistente, firmadas en el entendimiento de sus necesidades, contesta y agrede los valores convencionales, elaborando un cuadro compatible con su concepto, en el cual pasa a complacerse, ignorando los cánones y paradigmas en los cuales se basan los grupos sociales, que pierden, para el, momentáneamente, el significado.
La velocidad de la telecomunicación, la disminución de las distancias a través de los recursos de la prensa, de la computadora, de los viajes aéreos, amedrantan los caracteres más frágiles, mientras estimulan los más audaces, proponiéndoles el descubrimiento del mundo y el sorber de todos los placeres casi de un solo golpe.
Los deportes, que se pierden en un incontable número de propuestas, lo llaman y los otros deberes, aquellos que dicen respecto a la cultura intelectual, a la vivencia religiosa, al comportamiento ético-moral, porque exigen sacrificios más demorados y respuestas más lentas, quedan al margen, casi siempre despreciados, a favor de los otros esfuerzos que gratifican de inmediato, ensoberbeciendo el ego y exhibiendo la personalidad.
El culto del cuerpo, en los campeonatos de glorificación de las formas, les agrada, elaborando programas, algunas veces de sacrificio inútil, en razón de la propia fragilidad de que se reviste la materia en su transitoriedad orgánica y constitucional.
La música alucinante y las danzas de exaltación de la sensualidad lo llevan al ardor sexual, sin que tenga resistencia para los embates del gozo, que exige nuevas y diferentes formas de placer en constante exaltación de los sentidos.
La moderación cede lugar al exceso y el equilibrio pasa a un plano secundario, porque el joven, en ese momento, recela en perder las facilidades que se multiplican y lo agotan, sin darse cuenta de las finalidades reales de de la existencia física.
El Espiritismo ofrece al joven un proyecto ideal de vida, explicándole el objetivo real de la existencia en la cual se encuentra sumergido, cuando está viviendo en el cuerpo y, después fuera de él, como un todo que no puede ser disociado solamente porque se presenta en etapas diferentes. Le explica que el Espíritu es inmortal y el viaje orgánico constituye un recurso precioso de valoración del proceso iluminativo, libertador y placentero.
Esclareciéndolo, en cuanto al investimento que a todos es exigido, lo despierta par la siembra por intermedio del estudio, del ejercicio del aprendizaje, del equilibrio moral por la disciplina mental y la acción correcta, a fin de poder tomar por mucho tiempo, durante todos los años de la vida carnal, los resultados hermosos, provenientes del empeño por la propia dignificación.
Los padres y los educadores son invitados, en esa fase juvenil, a caminar a su lado, dialogando y comprendiendo las aspiraciones, aunque ejerciendo una postura moral que infunda respeto e intimidad, al mismo tiempo fortaleciendo el coraje y ayudándole en los desafíos que son propuestos, para que él mismo se sienta confiado para proseguir avanzando con seguridad rumbo al futuro.
Es muy importante la conducta de los adultos, que, aun mismo sin desearlo, sirven de modelos para los aprendices que transitan en la adolescencia, pues los hábitos que se arraigan permanecerán como definidores del comportamiento para toda la existencia física.
El amor, en su total esplendor, será siempre el gran educador, que posee los mejores métodos para atender la búsqueda del joven, ofreciéndole los seguros mecanismos que facilitan el éxito en los emprendimientos enfrentados, así como en los que están por venir.
La continencia moral, el comedimiento de a actitudes constituyen preparativos indispensables para la formación de la personalidad y del carácter del joven, en ese periodo de claro-oscuro discernimiento, para el triunfo sobre si mismo y sobre las dificultades que enfrentan todas las criaturas, durante la marcha física en la Tierra.
En la adolescencia, el despertar de la sexualidad es como romper un dique, en el cual se encuentran reprimidas inconmensurables fuerzas, que se escapan, desordenadas, produciendo daños y prejuicios en relación a todo cuanto encuentran al frente .
En el pasado, el tema era tabú, que la ignorancia y la hipocresía preferían esconder, pero en la actualidad, liberado de los preconceptos perniciosos, se dio paso al libertinaje, sin que haya habido un periodo de madurez emocional entre lo prohibido y lo liberado, lo que era considerado vergonzoso y sucio y lo que es biológico y normal.
La sociedad contemporánea se encuentra en grave momento de conducta en relación al sexo, particularmente en la adolescencia. Superada la ignorancia del pasado, contempla, asustada, los desastres morales del presente, sufriendo terribles dudas acerca del futuro.
La orientación sexual sana es la única alternativa para el equilibrio en la adolescencia, como base de seguridad para toda la reencarnación.
Las inseguridades y miedos, muy comunes en la adolescencia, proceden de las actividades mal vividas en las jornadas anteriores, que imprimieron matrices emocionales o limitaciones orgánicas, deficiencias o exaltación de la libido, preferencias perturbadoras que exigen correcta orientación, así como una terapia especializada.
A los padres les cabe la tarea educativa inicial. Aunque mal equipados de conocimientos sobre la conducta sexual, castran a los hijos por el silencio constreñidor a respecto del tema, dejándolos desinformados, a fin de que aprendan con los colegas pervertidos y viciados, o los liberan, aun sin estructura psicológica, para que atiendan a los impulsos orgánicos, sin cualquier ética o lucidez a respecto de ocurrencias y de sus consecuencias inevitables.
La cuestión de la sexualidad merece tratamiento especializado, comforme lo exige la propia vida. el ser humano no es solamente un animal sexual, más también racional, que despierta para el comando de los instintos bajo el amparo de la conciencia.
El sexo merece en el adolescente el mismo tratamiento y dignificación que son dispensados a los demás órganos, con la gravedad de tratarse del aparato reproductor, que posee una alta y expresiva carga emocional, de ese modo necesitando mayor suma de responsabilidad, así como de higiene y respeto moral.
El control mental, la disciplina moral, los hábitos saludables en el paso de las horas, el trabajo normal, la oración ungida de amor y de entrega a Dios, constituyen metodología correcta para la travesía de la adolescencia y el despertar de la edad de la razón con madurez y equilibrio.
El sexo cuando es orientado reposa y se estimula en el aura del amor, que debe constituir el guía seguro para ecuacionar todos los problemas que surgen y preservarlo de los abusos que alucinan.
Sexo sin amor es agresión brutal en la búsqueda del placer de efímera duración y de desastroso resultado, por no satisfacer ni calmar.
Cuanto más sea usado en mecanismo de desesperación o fuga, menos tranquilidad proporciona.
La orientación del sexo ha de iniciarse en la infancia, de forma que el joven se dé cuenta que el sexo existe en función de la vida y no está como un instrumento de él.
El propósito de vida del joven debe centrarse en la búsqueda del conocimiento, en la vivencia de las disciplinas morales, con el fin de prepararse para las luchas, no siempre fáciles del proceso evolutivo, en la reflexión, también en la alegría de vivir, en los placeres éticos, en la recreación, en las cuales encuentra resistencia y renovación para los deberes que son parte integrante de su proceso de crecimientos personal.
El adolescente actual es Espíritu envejecido, acostumbrado a realizaciones, no siempre meritorias, lo que le produce ansias y disgustos aparentemente inexplicables, inseguridad y miedos sin justificativa, que son provenientes de su conciencia de culpa, en razón de los actos practicados, que ahora vino a reparar, superando los limites y avanzando en otra dirección por el camino de la iluminación interior, que es el esencial objetivo de la vida.
El proyecto existencia del adolescente no puede prescindir de la visión espiritual de la vida; de la realidad transpersonal de el mismo; de las aspiraciones de lo noble, de lo bueno y de lo bello, que serán las realizaciones permanentes en su interior, dirigiendo sus pasos hacia la felicidad.
Para ese cometido, la buena orientación sexual se hace indispensable en la fase de la afirmación de la personalidad del adolescente, como ocurre en todos los diferentes periodos de la vida física.
El hogar es el mejor educador, el más eficiente, porque las lecciones administradas son vivas e impresionables, cargadas de emoción y de fuerza.
No siempre, sin embargo, la familia está constituida por Espíritus afines, afectivos, comprensivos y fraternos.
La mayoría de las veces, la familia está formada para auxiliar a los equivocados a que se recuperen de los errores morales, para reparar daños que fueron causados en otras ocasiones en los cuales fracasaron.
Es por esa razón que existen familias bendecidas y familias de pruebas. Las primeras son aquellas en las que se reúnen los Espíritus que se identifican en los ideales del hogar, en la comprensión de los deberes, en la búsqueda del crecimiento moral, beneficiándose por la armonía frecuente y por la fraternidad habitual. Las segundas son caracterizadas por los conflictos que se presentan desde temprano, en las animosidades entre sus miembros, en las alucinadas disputas, en los conflictos continuos, en las revueltas sin descanso.
Amantes que se corrompieron, y se abandonaron, renacen en la codición de padres e hijos, afin de alterar el comportamiento afectivo y sublimar sus aspiraciones; enemigos que se mataron en duelos políticos, religiosos, afectivos, empuñando armas e hiriéndose, matándose, retornan casi siempre en la misma consanguinidad, con el fin de superar antipatías que continúan; traidores de entonces ahora se refugian al lado de las victimas para conseguir su perdón, vistiendo la indumentaria del parentesco próximo, porque nadie huye de sus actos.
En razón de esto, el adolescente experimenta en la familia esos choques emocionales o se siente atraído por las vibraciones positivas, de acuerdo con los vínculos anteriores que mantiene con el grupo en el cual se encuentra comprometido. Esa aceptación o repulsión lo afectar de una manera muy significativa en el momento actual, exigiendo, cuando es negativa, de terapia especializada y gran esfuerzo del paciente, con el fin de poder ajustarse a la sociedad que le parecerá siempre un reflejo de lo que vivió en el nido domestico.
Los padres deben unirse aun mismo ante la dificultad en el relacionamiento personal, con el fin de ofrecer seguridad psicológica y física a los hijos.
Esa tarea desafiadora es de gran valía para el conjunto social, los divorcios y las separaciones, legales o no, agrava la economía moral de la sociedad, que sufre el daño de creciente desequilibrio.
Es, sin duda el más grande desafío que enfrentan el joven, pagar ese elevado precio, que es entender a aquellos que deberían entenderlo , a aquellos que siendo más viejos, y por tanto, más experimentados, deberían comprenderlo a el y orientarlo.
El hogar es el gran formador del carácter del joven. Cuando los adultos adquieran la dignidad, maduren emocionalmente antes de asumir los compromisos de la procreación, habrá un cambio radical en los paisajes de la familia, iniciándose la época de la verdadera fraternidad.
Cuando el sexo sea ejercido con responsabilidad y no agresivamente; cuando los individuos comprendan que el placer cobra un precio, y este, en la unión sexual, aun mismo con los cuidados de los preservativos, es la fecundación, habrá un cambio real en el comportamiento general, abriendo espacio para la adolescencia bien orientada en la familia en equilibrio.
Sea cual sea el hogar en el cual se encuentre el adolescente, tendrá el campo para la comprensión de la fragilidad de los padres y de los hermanos, para la valoración de sus meritos. Si no es comprendido u amado, debe esforzarse en amar y comprender, teniendo en vista que es deudor de los genitores, que podrían haber interrumpido el embarazo, y sin embargo, no lo hicieron.
El adolescente, siendo esto así, tiene para con su familia, una deuda de cariño, aun mismo cuando sus genitores no se den cuenta del inmenso débitos que tienen para con el joven en formación. Por eso el adolescente debe procurar, entender y disculpar, orando y contará siempre con el auxilio divino que nunca falta y la protección de sus Guías Espirituales, que son responsables por su nueva experiencia reencarnatorio.
La adolescencia es aun la fase de amoldamiento, de adaptación, al mismo tiempo de transformaciones que merece y exige paciencia y habilidad psicológica.
Por un lado existe el interés familiar, que trabaja para lo mejor del educando, más por otro lado se encuentra el grupo social, no siempre equilibrado, en la Escuela, en el Club, en la calle, en el trabajo, conspirando contra las actitudes saludables que se desea ofrecer y que naturalmente atraen al adolescente, porque a el le gusta ser igual que los demás, no llamar la atención, o cuando, se trata de un conflicto, quiere destacar, exhibirse, exactamente porque vive inseguro, experimenta dramas, que oculta bajo el disfraz del cinismo aparente…
Con la tranquilidad del flujo sexual, mediante la reflexión y el trabajo a través del estudio y de las aspiraciones superiores que se deben administrar con cuidado, el pasa a identificarse con el mundo, con las personas y por fin con el mismo. Esa auto-identificación es más demorada, porque es más profunda, prolongándose durante toda la existencia bien orientada por el deber y por las aspiraciones ennoblecidas.
El idealismo se torna para el un alimento que debe ser ingerido con frecuencia, a fin de que no haya carencia emocional y pérdida de identidad en el tumulto de las propuestas sociales, económicas y artísticas…
En esta fase de inseguridad del adolescente, es necesaria toda la vigilancia para poder auxiliarlo a encontrarse y a definir su ideal en la vida, entregándosele confiado y rico de perseverancia hasta conseguir la meta ambicionada.
La perseverancia y el idealismo sin exceso responderán por el emprendimiento iniciado.
El adolescente no debe temer nunca al porvenir, porque eso seria limitar las aspiraciones, ni subestimar las lecciones de lo cotidiano, que deben constituir mensajes de advertencia, propias para enseñarle como ha de conseguir los resultados superiores.
Siendo así, en ese periodo de formación, de identificación consigo mismo, la docilidad en el trato, la confianza en las realizaciones, la gentileza en la afectividad, el trabajo constante, al lado del estudio que aprimora los valores y desenvuelve la capacidad de entendimiento, deben ser el programa normal de vivencia. Los placeres, los juegos apasionados del deseo, la búsqueda interminable del gozo ceden lugar a los compromisos iluminativos, que diseñan la felicidad en el alma y la materializan en el comportamiento.
Ser joven no es, solamente poseer fuerza orgánica, capacidad de soñar y de producir, es sobre todo, poder discernir lo que es necesario hacer, como ha de ser hecho, y para que lo realicemos.
La escala de valores personales necesita ser muy bien considerada, a fin de que el tiempo no sea empleado de forma caótica con proyectos de secundaria importancia, en detrimento de otras labores primacías, que constituyen primera meta existencial, de la cual discurren todas las otras realizaciones.
Son infinitas, por tanto, las posibilidades de la vida, limitadas por las circunstancias, por el estado de evolución de cada hombre y de cada mujer, que deben, desde la adolescencia, programar el camino de la evolución y seguir con seguridad, etapa a etapa, hasta el momento de su auto realización.
Es imposible garantizar que un adolescente concreto llegará a ser un adulto maduro, responsable y capaz. La influencia de los padres es mucho mayor de lo que se cree. A pesar de episodios frustrantes y al límite de la paciencia manténgase al tanto de su hijo, pues nadie lo va a hacer por usted.
Aprenda todo lo que pueda sobre los adolescentes, su mundo es fascinante.
No deje pasar la oportunidad de disfrutar de una etapa esencial en el crecimiento de su hijo o hija.
Cuanta más información tenga sobre la adolescencia, mejor podrá anticiparse a los cambios y las decisiones que tome serán mucho más eficaces.
· Manténgase al tanto de la vida de su hijo dentro y fuera de la escuela. Una buena relación con los padres es la mejor protección para crecer y explorar el mundo. Sea imaginativo para seguir conectado a su hijo.
· El afecto incondicional y unas normas claras, razonables y razonadas son los cimientos para que su hijo se desarrolle y se sienta seguro.
· Hable con su hijo de los temas importantes en la vida y no evite los temas delicados o difíciles.
· Márquele metas altas pero realistas. Dígale que espera de él su mejor esfuerzo.
· Valore la educación, mantenga el contacto con los profesores, y supervise su evolución académica.
· Ayúdele a descubrir sus puntos fuertes y elógielo por lo que hace bien.
· Conozca a los amigos de su hijo y a sus padres. Hable con él sobre los amigos, la amistad y las cosas que pueden pasar cuando esté con sus amigos.
· No deje a su hijo solo frente a los medios de comunicación y la publicidad.
Converse sobre las películas, los video-juegos, las revistas que lee y la música que escucha.
· Los valores que usted desea para su hijo tienen que vivirlos en la familia para luego ponerlos en práctica.
· Esté alerta ante los problemas graves que pueden surgir durante la adolescencia.
Si no puede afrontarlos busque ayuda profesional cuanto antes.
· No se desanime ante las dificultades, la mayoría de adolescentes las superan con éxito si los padres están disponibles para ayudarles y no se rinden.
· Escuche a su adolescente.

Trabajo realizado por Mercedes Cruz Reyes Extraído del libro de Divaldo Pereira Franco “Adolescencia y Vida” por el espíritu Joanna de Angelis y de internet.

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LAS ADVERTENCIAS DE KARDEC A ROUSTAING Y LA PROFECÍA  DE ERASTO
21:17  El Blog dos Espíritas
Por Sergio Aleixo

En la Revista Espirita de junio de 1863 hay un articulo kardeciano sobre la no retrogradación de los Espíritus. Este texto fue citado por el abogado de Bordéus y sometido al examen  de los autores espirituales de Los Cuatro Evangelios en el número 59 de la obra. Los guías de la pretendida  Revelación de la Revelación concluyeron  que los que piensan  que la encarnación es una necesidad general “no fueron esclarecidos, o no reflexionaron bastante”.
Kardec dice en su artículo de junio de 1863 que la idea rustenista de que “los Espíritus no habían sido creados para encarnar”, que “la encarnación seria solamente el resultado de su falta”, constituye un sistema “especioso a primera vista” y que, “tal sistema cae por la mera consideración de que, si ningún Espíritu hubiese fallado, no habría hombres en la Tierra, ni en los otros mundos”.
Jean Baptiste Roustaing
Según el Codificador, el hombre “es una de los engranajes esenciales de la creación” y, por esta razón “Dios no podía subordinar la realización de esta parte  de su obra  a la caída eventual de sus criaturas, a menos que contase por tanto con un número siempre suficiente de culpados para ofrecer operarios a los mundos creados y por crear”. Para Kardec “El buen sentido repele tal idea”.
Más a esto respondieron los guías de Roustaing: “La última frase debe ser  riscada”.  Y aun admitiendo que era “pronto” para resolver el “origen del Espíritu” - en relación a lo que, de hecho, ya recomendara Kardec de máxima cautela [1]-, los guías  rustenistas exhortaron la vanidad de los más sensibles y del propio jurisconsulto  de esta manera:
Servíos de lo que os decimos [sobre el origen de las cosas], porque, al mismo tiempo  en que vuestro trabajo aparece a los ojos de todos, los Espíritus encarnados  ya se hallarán más dispuestos para recibir lo que  entonces [cuando, en el Libro de los Espíritus, fue dicho que el Espíritu era creado simple e ignorante], y aun mismo hoy [abril de 1863], tomarían por una monstruosidad, o por una tontería ridícula.[2]
Kardec reafirmó en su artículo de junio de 1863 la doctrina de El Libro de los Espíritus  y negó la tesis rustenista que asegura que la reencarnación es ocasionada como castigo a los Espíritus faltosos. Esto prueba irrefutablemente que no es verdadera la propaganda centenaria de la F.E.B., la cual siempre dio cuenta de que Kardec y Roustaing  solo divergían en cuanto a la naturaleza del cuerpo de Jesús, concordando en todo lo demás.
El Codificador dijo  en alta voz que el estado primitivo del Espíritu no es el de “inocencia inteligente y raciocinada”. Estos términos utilizados por el maestro lionés en junio de 1863 resumen con precisión las tesis “especiales” de la Revelación, que, sin embargo, solamente sería publicada tres años después. Si no, veamos:
Alcanzando el punto de preparación para entrar en el reino humano, los Espíritus se preparan, de hecho,  en mundo ad-hoc, para la vida espiritual consciente, independiente y libre. Es  en ese momento en el que entran en aquel estado de inocencia y de ignorancia. La voluntad del soberano Señor les da la conciencia de su inocencia y facultades y, por consiguiente, de sus actos, conciencia que produce el libre albedrio, la vida moral, la inteligencia independiente y capaz de raciocinio, la responsabilidad. Llegando de este modo a la condición de Espíritu formado, de Espíritu pronto para ser humanizado si fuera a fallar, el Espíritu en un estado de inocencia completa, habiendo abandonado, con sus últimas envolturas animales, los instintos  oriundos de las exigencias de la animalidad. […] Los que se conservan puros también desenvuelven actividades  e inteligencia, con el fin de progresar, en el estado fluídico, por medio de esfuerzos espirituales que necesitan hacer para, de la fase de inocencia y de ignorancia, de infancia y de instrucción, llegar, sin haber fallado, a la perfección![3]
Esta flagrante coincidencia de palabras y la citación, en el numero 59 de Los Cuatro Evangelios, de la absoluta negativa de Kardec  a la tesis de la “caída” evidencia que, de alguna suerte, ya en 1863, el Codificador había tomado ciencia del material que estaba siendo compilado  por Roustaing desde diciembre de 1861.  Ponderaba el nostálgico colega Gelio Lacerda de la Silva, ex presidente de la Federación  Espirita del Estado del Espíritu santo:
Para entender como Kardec contestó, en 1863, un asunto que Roustaing vinculó en su libro, publicado en 1866, todo lleva a creer que Roustaing, antes  de su libro llegar al público, ya divulgaba su contenido. Fue en abril de 1863 cuando los Espíritus mistificadores dictaron a Roustaing, a través de Mme. Collignon, la enseñanza anti doctrinaria de que el Espíritu solo será  humanizado si fallara, conforme la nota en la página. 295, 1. º Volumen, 5ª ed. De Los Cuatro Evangelios; por tanto, no hay duda de que Kardec, en junio de 1863, en su referido artículo, se alabó a Roustaing en el mensaje dictado en abril de 1863. [4]
Y agregó a esto un hecho relevante. El Codificador, cierta vez, publicó una carta de la médium Emilie Collignon  encaminando para sí dictados espirituales. Aseguraba la sensitiva que uno de esos comunicados era de un espíritu que, antes, se presentara a Kardec  en sustitución al de Gerard de Codemberg. Rebatidos los argumentos de la médium, el genio lionés le dijo que el texto, “presenta todas los caracteres de una comunicación apócrifa.” [5]
Luego Kardec publica el mensaje del Espíritu Bernardin a la misma  sensitiva, en la que proclama en el "pensamiento filosófico", "lleno de sabiduría", el supuesto hecho de que “somos una esencia creada pura, pero decaída; pertenecemos a una patria donde todo es pureza; culpables, fuimos exiliados por algún tiempo, más solo por algún tiempo”. ¡Esto era la doctrina rustenista de la caída del espíritu!
En clara reparación, el maestro recomienda, entre paréntesis, la lectura de su aclamado articulo de enero de 1862, sobre la doctrina de los ángeles caídos, como también, en su observación final, advierte del peligro de que, en ciertas comunicaciones, espíritus no muy elevados puedan emitir opiniones personales, que reflejan apenas sistemas e ideas no siempre justas acerca de los hombres y de las cosas. Según Kardec:
Publicadas sin corrección, esas ideas falsas apenas lanzarán descredito sobre el espiritismo, ofrecerán armas a sus enemigos y sembraran la duda  y la inseguridad entre los neófitos. Con los comentarios y las explicaciones dados a propósito, el propio mal  algunas veces se torna instructivo. Sin esto podrían responsabilizar a la doctrina  por todas las utopías enunciadas por ciertos Espíritus más orgullosos que lógicos. Si el Espiritismo pudiese ser retardado en su marcha, no sería por los ataques abiertos de sus enemigos declarados, más si por el celo irreflexivo  de los amigos imprudentes. No se trata, pues, de hacer compilaciones indigestas, donde todo se halla amontonado confusamente y cuyo menor inconveniente seria molestar al lector; es preciso evitar con cuidado todo cuanto pueda falsear la opinión sobre el Espiritismo. Ahora, todo esto exige un trabajo que justifica la demora de tales  publicaciones. [6]
La situación no era del todo buena para la médium, que ya estaba recibiendo la pretendida Revelación de la Revelación desde diciembre de 1861, y que se extendería hasta mayo de 1865,[7] y en clima, ahora, quien sabe, de probable melindre, en función de estos pareceres desfavorables de Kardec. Anote el estudioso que el maestro lionés habla, en su observación, sobre “Espíritus más orgullosos que lógicos”, “celo  irreflexivo de los amigos imprudentes” y “compilaciones indigestas, donde todo se halla amontonado confusamente y cuyo menor inconveniente seria molestar al lector”. ¡No resta duda! El material rustenista fue enviado a Kardec ya en 1862, mas el maestro  percibió las inconsistencias y peligros.
Roustaing, por tanto, puede contar con la previa advertencia del Codificador, que se dignó hasta preservarlo del ridículo, dada su distinción social, no mencionándole  el nombre en aquel artículo de junio de 1863, sobre la no retrogradación de los Espíritus. Elegante, más firme, Kardec definió la tesis rustenista de la caída como “un sistema  que tiene algo de engañoso  a primera vista”, argumentando de la forma que ya destaqué en el inicio.
El abogado bordelés, por tanto, debería haber acatado la tesis  de su “muy honrado jefe Espírita”. Fue dada a Roustaing la oportunidad de desistir de aquel trabajo,pero no lo interrumpió; ciertamente, por el orgullo herido. Un ex presidente de la Orden de los Abogados, miembro del tribunal Imperial de Bordeaux, al ser “desacatado” por un profesor lionés radicado en Paris dijo que no, que esto no podía ser, aunque se tratase de un aclamado autor pedagógico.
La médium Collignon y el abogado Roustaing. Ambos en situación de evidente amargura por no haber obtenido de Kardec el respaldo que ambicionaban para sus trabajos mediúmnicos. Fue la combinación explosiva que generó el primer  cisma en el movimiento espirita, cuyos ecos, infelizmente, se pueden oír aun.
No obstante estas advertencias de Kardec, Espíritus  orientadores habían expedido alertas al respecto de un ataque de entidades mistificadoras en la ciudad de Bordeaux.  Durante la sesión general  del 14 de octubre de 1861, Kardec leyó, después  de su discurso, una epístola de Erasto a los espiritas de aquella localidad. [8]
En voz un tanto más severa, el amigo espiritual de la codificación Kardeciana aseguró  ser necesario prevenir a los espiritas bordeleses contra un peligro que era su deber señalarles. Erasto los avisó, entonces, del inminente asalto de una turba de Espíritus engañadores, cuya finalidad sería fomentar la secesión, la división, y llevar a una ruptura  lamentable por todos los títulos. Repitiendo lo que los propios guías espirituales del movimiento en Bordeaux dijeron a los espiritas de aquella ciudad, Erasto esclareció que habría dos tipos de mistificadores en el ataque. Un tipo vendría con combinaciones abiertamente hostiles a las enseñanzas de los legítimos misioneros del Espíritu de Verdad, este, el presidente de la regeneración planetaria y guía personal de  Kardec y del espiritismo. Otro tipo de mistificadores, sin embargo, se presentaría con disertaciones sabiamente combinadas, en las cuales, gracias tiradas piadosas, insinuarían la herejía o algún principio disolvente.
¿Roustaing tomó conocimiento de la epístola  por terceros? ¿O, como adeptos suyos afirman hoy sin pruebas, estuvo presente  en la sesión general? De cualquier forma, no fue por falta de esta advertencia que cometió el error de publicar su pretendida Revelación de la Revelación, cuyos dictados comenzarían a aparecer ya en diciembre de aquel año, dos meses después de la sesión general, insinuando exactamente la herejía  gnóstica docetista de Jesús fluídico y el principio disolvente de la reencarnación como resultado de una supuesta caída, especie de falencia, verdadera retrogradación que, según los guías rustenistas, sería aplicable hasta Espíritus con responsabilidades planetarias. [9]
Todo se dio tal cual la predicación. Fue un vaticinio de Erasto; en esta ocasión, mensajero del espíritu de Verdad; este último, por otra parte, algunos espíritus vinculados a la Iglesia primitiva habían identificado como Jesús, al señor Roustaing y el Sr. Sabo, a quien Kardec recomendó lo primero, para que se iniciase en el Espiritismo. Al lado del mal, se ve que Dios puso el remedio, más no fue utilizado. [10]
La nomenclatura creada por Kardec – la palabra Espiritismo, inclusive – estaba en toda  la supuesta Revelación de la revelación, aun mismo en el titulo: “Espiritismo Cristiano”.  Como si nunca fuera dicho por Kardec: “El punto esencial es que la enseñanza de los Espíritus es eminentemente  cristiano: el se apoya en la inmortalidad del alma,  en las penas  y recompensas futuras, en el libre albedrio del hombre, en la moral de Cristo, y por tanto  no es irreligioso”. [11]
El hecho es que Roustaing, infelizmente, se apoderó del nombre  y de los términos de una doctrina cuya codificación nunca le cupo. Más allá de esto, ni él ni sus discípulos jamás demostraron que, al final de cuentas,  la tesis basilar de su “escuela” se distingue de la antigua tesis de los agnósticos docetistas. En el decir autorizado de E. Pagels, la antigua secta postulaba que “Jesús no era un ser humano, y si un ser espiritual que se adaptó a la percepción humana”, [12] o sea, conforme en el Espiritismo se dice: un agênere.
No se trata, claro, del  agênere desenvolver la percepción física,sino de adaptarse a la percepción humana, esto es, de terceros, a fin  de que  lo puedan notar, aun estando desencarnado; tanto es asi, que los rustenistas pregonaban que Jesús no tenía “cuerpo material humano, sujeto a la muerte”, que “no podía sufrir, según nuestro  modo de entender material” y que – asómbrense – “no murió efectivamente en el Gólgota”. [13] ¡Hora! Dice el espiritismo muy contundentemente:
[…] el Espíritu que no tiene cuerpo material no puede experimentar  los sufrimientos que son el resultado de la alteración de la materia, de donde también es forzoso concluir que, si Jesús sufrió materialmente, lo que no se puede dudar, es porque tenía un cuerpo material de naturaleza semejante a la de los cuerpos de toda la gente. 14]
Se aladea eso el flagrante de que, para el rustenismo, en la práctica, la carne humana es un efecto “del mal”; apenas asumen a los Espíritus que son castigados por las faltas cometidas en “estado fluídico”. Y el docetismo, según Pastorino, entendía exactamente esto: “[…] todo lo que es material es imperfecto e impuro, pues es obra del   Principio del Mal; como Jesús presentaba el Principio del Bien, el Padre, no podía haberse sometido al Principio del Mal, no podía haber tenido cuerpo físico carnal”. [15]
De hecho, en este texto de Los Cuatro Evangelios,  entre otros, se puede constatar el horror de los guías docetistas al cuerpo humano, vinculándolo a “lama”, al “sufrimiento”, a la “falibilidad”, tornándolo efecto inherente a la condición de “culpable” :
Mayor aún era la diferencia entre ese cuerpo de Jesús y vuestros cuerpos de lama. […] no lo olvidéis: todo aquel que reviste la carne  y sufre, como vosotros, la encarnación  material humana es falible. Jesús era demasiado puro para vestir la librea del culpado. Su naturaleza espiritual era incompatible con la encarnación material, tal como la sufrís. (Vol. 1, n. 14.)
Posible seria concluir entonces, con los guías rustenistas, que Jesús no cometió imperfecciones morales  cuando estuvo en la Tierra no solo porque nunca las practicara  en los planos del espíritu, sino también porque no estaba revestido de carne humana. La instrucción 625 de El Libro de los Espíritus  caducaría. 
¿Si, pues qué valor poseería para nosotros el guía y el modelo de una perfección que le fue conferida por proceso evolutivo diferente de la que nos encontramos? Sería un guía errado, un modelo errado para una humanidad errada, porque nada sabría de nuestra vida terrestre, con la cual su pureza siempre habría sido incompatible.
 Es más: Jesús habría mentido cuando dijo a Nicodemo: “Hablo de lo que se; doy testimonio de lo que vi”, porque nada conocería ni nada habría visto acerca de nuestra experiencia humana. El rustenismo, por estas y otras, es un insulto a la autoridad moral y espiritual del Maestro de Nazaret, a pesar de suponer exaltarla.
PARA VER LAS FUENTES DE ESTE MENSAJE VISITAR EL Blog de los Espiritas.

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LA FELICIDAD NO VIVE EN LA CALLE COMODIDAD

Cuando preguntamos a las personas qué es lo que quieren en la vida, la mayoría de ellas traen un deseo escrito en lo más profundo del corazón, y lo expresan como “ser feliz”. Lo misterioso de la felicidad es que es algo que todos queremos, pero que muchas veces ni siquiera sabemos cómo es.
Y en esto se ve claramente que el hombre es un ser extraño: prácticamente hay un consenso total entre las personas que han disfrutado mayores cotas de felicidad. En ese consenso todos hemos oído hablar alguna vez de que la felicidad se encuentra en el amar. Y todos sabemos que amar a alguien es entregarse a ese alguien sin reservas, en vivir por y para su bien. También nos dicen que hay poca felicidad en el tener, que lo material no llena al hombre. Pero, cosas de la vida, no nos lo terminamos de creer.
Es verdad, da igual cuánto nos diga la gente que experimenta esa entrega lo felices y dichosos que son, nos resistimos a copiar sus pasos. ¿A qué misteriosa fuerza puede deberse tan ilógico comportamiento? La respuesta es paradójica y sencilla: ser feliz cuesta; hay que tener ganas de ser feliz. Y no en el corazón del hombre, sino en su superficie, está grabada otra ley: la ley del mínimo esfuerzo.

De esta forma, aquellas cosas que no nos cuestan esfuerzo y producen cierta satisfacción, nos llenan superficialmente. Y por eso muchas veces tomamos ese atajo en la búsqueda de la felicidad: tratamos de llenar nuestra parte superficial hasta los topes, pensando que rebosará y llegará a hacernos felices. Pero no es así. Por dentro, lo que nos llena es algo totalmente distinto.
Un ejemplo claro y sencillo de todo esto es nuestro gusto por la comodidad. Constantemente tratamos de evitar meternos en complicaciones: renunciamos a trabajos complicados, buscamos horarios y jornadas sencillas, dejamos de tener hijos por las complicaciones que conllevarán... y pensamos erróneamente que una vida sin problemas, una vida cómoda, será el camino directo a nuestra felicidad... Pero no es así. No conozco a nadie, absolutamente a nadie, que con una vida cómoda y sin ningún tipo problemas diga que es feliz. Normalmente, a lo más que llegan es a estar “satisfechos” con su vida. Lo cual, teniendo en cuenta que solo vivimos una vez, es pedirle muy poco a la vida.
Por el contrario, la gente feliz suele tener vidas complicadas. Por ejemplo, recientemente un estudio publicaba que el ratio de felicidad en familias con algún miembro con síndrome de Down era extraordinariamente mayor que el de las familias normales. Muchos padres de familias numerosas, entre los que me incluyo, se dicen enormemente felices, a pesar de las privaciones y problemas económicos que eso conlleva, y del hecho de estar físicamente “exprimidos” día tras día durante años. Pero es que el amor, el bueno, se da por completo, y si de algo le sobra no deja de buscar con quien compartir su alegría. Por eso podría seguir poniendo ejemplos ¿verdad que todos conocemos a alguna de esas personas a las que vemos verdaderamente felices aun a pesar de que sus condiciones son objetivamente complicadas? Y también conocemos muchas personas cuya huida constante de los problemas ha transformado sus vidas y sus caracteres un algo insustancial que muchas veces es casi solitario y amargo.
Entonces, ¿cuál es esa relación entre la felicidad y las dificultades? La razón no es compleja. La felicidad está en amar. Amar es entregarse. Entregarse cuesta. Y la gran mayoría de dificultades se superan con entrega. Ahí está la clave.

Y como padres, esto nos toca de lleno. Porque educar a nuestros hijos no es otra cosa que enseñarles a ser felices. Es decir, que tendremos que enseñarles, con el ejemplo, que la vida cómoda no es el camino, y que deberán aprender a “complicarse” la vida ¿Cómo? Aprendiendo a amar. Porque, por si no lo sabíamos, a eso también se aprende. Pero esa será lección para otro día.

 Mercedes Cruz
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