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martes, 17 de marzo de 2015

¿ QUÉ IMPULSA AL SER ESPIRITUAL SU RETORNO A ESTE MUNDO?


Médiums mecánicos

179. Si se examinan ciertos efectos que se producen en los movimientos de la mesa, de la cestita o de la tablita que escribe, no se puede dudar de una acción ejercida directamente por el Espíritu sobre estos objetos. La cestita se agita a veces con tanta violencia que escapa de las manos del médium; algunas veces también se dirige hacia ciertas personas del círculo para golpearles; otras veces sus movimientos atestiguan un sentimiento afectuoso. La misma cosa tiene lugar cuando el lápiz está colocado en la mano; a menudo es lanzado a lo lejos con fuerza, o bien la mano como la cestita se agita convulsivamente y golpea la mesa con cólera, aun cuando el médium esté en la mayor calma y se admire de no ser dueño de sí.
Digamos, de paso, que estos efectos denotan siempre la presencia de Espíritus imperfectos; los Espíritus realmente superiores están constantemente tranquilos, son dignos y benévolos; si no se les escucha convenientemente se retiran y otros toman su puesto. El Espíritu puede, pues, expresar directamente su pensamiento, ya sea por el movimiento de un objeto, del cual la mano del médium no es más que el punto de apoyo, ya sea por su acción sobre la misma mano. Cuando el Espíritu obra directamente sobre la mano, da a ésta un impulso completamente independiente de la voluntad.
Marcha sin interrupción y a pesar del médium, mientras el Espíritu tiene alguna cosa que decir, deteniéndose cuando ha concluido. Lo que caracteriza el fenómeno en esta circunstancia es que el médium no tiene la menor conciencia de lo que escribe; la falta de conciencia absoluta en este caso constituye lo que se llaman médiums pasivos o mecánicos. Esta facultad es preciosa, porque no puede dejar ninguna duda sobre la independencia del pensamiento del que escribe.
Allan Kardec
Extraído del libro "El libro de los médiums"

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COMUNICACIÓN
 ESPIRITUAL
¡Nuevos tiempos son anunciados para la Tierra! Desde las épocas prístinas, el alma humana aguarda los días venturosos en que podrá disfrutar los dulzores de una era nueva, cuando la fraternidad no será quimera ni la paz un sueño distante.
Profetas de todos los tiempos, en el abultamiento de los más distintos núcleos humanos, afirmaron la realidad de esos días por venir de delicias y de amor. Con todo, cuanto más se rasga el tiempo, bajo el efecto prolongado de las experiencias, parecen distantes esas anheladas expectativas, parece ilusoria agonía que se aguarde ese deleite.
La descreencia al respecto de esas promesas lastrase en múltiples almas, hasta el límite del libertinaje, de la mofa tirada sobre los creyentes de esa orden, como si fuesen almas ingenuas creyendo en disparatadas afirmaciones de aturdidos visionarios. Sin embargo, de entre los que se reportaron a esos tiempos nuevos de bellezas y de bendiciones, está el Nazareno, el Profeta Mayor nacido en Israel, Alma que, por Su índole sublimada, no nos presentaría cualquier postura errónea.
Lo que viene retardando el alcance de esas luminosas ocurrencias, no ha sido sino el propio ser terrestre, inmerso en su rebeldía contumaz, al despreciar los valores más substantivos de la existencia humana, dominado el materialismo inmediatista e incomodo que hayamos conocido. Lo que sucede aun es que un gran grupo de los que se enarbolan en conductores de la verdad o paladinos de la luz, no tienen efecto sino alimentar y difundir incorrecciones y mentiras; no han conseguido sino esparcir sombras.
¿Cuándo los hombres despertaran de ese letargo? ¿En qué momento desearan ver la celeste claridad? ¿Cuándo se decidirán caminar al encuentro de Aquel que nos abrió las puertas planetarias, a fin de que, entonces, realicemos la propia evolución?
Ya señalizo él Celeste Guía, conforme las notas atribuidas al Apóstol Juan, que aquellos que Lo buscasen serán por El abrazados, pues jamás los expulsaría. Hay, de ese modo, en nombre del respeto al libre albedrío, la espera del Maestro por las disposiciones humanas. Pierde el sentido, así, la proverbial descreencia en los nuevos tiempos, cuando también se deshacen las creencias en futuro gratuito, distanciado de la buena voluntad y de los esfuerzos del ser humano.
El tiempo de ahora, rico en oportunidades, se abre para que todos unamos los recursos disponibles del saber y de las virtudes, para caminar al encuentro de Jesús Cristo. No hay más tiempo para lamentaciones o reclamaciones cuanto las condiciones de la época presente o del mundo actual.
Lo que nos cabe hacer es, aun que solitariamente, o en pequeños grupos de valerosos e intrépidos vanguardistas, tomar el arado de las buenas obras y partir en busca de ese encuentro psíquico con el Amigo Celestial, con la garantía de que seremos por El protegidos, y que pasaremos a ser parte de los servidores del amor y de la paz, participes del circulo de sembradores que viven con los pies en el mundo teniendo, pues, la mente fijada en los astros luminosos.
Camilo
Médium Raul Teixeira
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¿ Qué impulsa el retorno del Ser Espiritual a este mundo ?

Cuando el Ser no tiene un lastre negativo desde su pasado, pendiente de superar, este no siente la urgencia de tener que regresar a este mundo para compensarlo o reducirlo, pero sin embargo, antes o después desde el plano o mundo espiritual en que habita, llega un momento en que por imperativos de la Ley de Evolución, comienza a experimentar cierto cansancio a causa de sentir en él cierto estancamiento, entonces presiente y comprende la necesidad de volver de nuevo a las pruebas que ofrece la vida en la materia. Este cansancio se podría comparar al de una persona que lleva muchas horas despierta, sin dormir ni descansar nada; antes o después el sueño y el cansancio se apodera de ella y siente la necesidad de descansar y de relajarse, dejándose llevar por ese requerimiento físico y psíquico..
En esta situación, el Ser que va a reencarnar, entra gradualmente en un estado de turbación mayor y mas duradera que la experimentada con la muerte, pues la reencarnación supone para el Ser el proceso inverso y similar al de la muerte humana, pero más duro y largo , porque por lo general, para todos los espíritus es más difícil el tener que nacer como humano en un proceso de planificación y de desarrollo embrionario que dura nueve meses , que el de la muerte con la desencarnación, que suele ser casi instantánea o de una duración , por lo general, bastante más breve. El nacimiento es una ligadura a la materia que limita nuestra libertad como seres espirituales, mientras la muerte del cuerpo es una liberación del alma.
Si el deseo de retornar a este mundo es muy fuerte, puede anticipar este momento solicitándolo a sus Mentores o Guías espirituales, para que le sea concedido. Asimismo, tal como se ha explicado ya, también puede retrasar este momento si se acobarda y retrocede por el miedo al fracaso ante las pruebas difíciles que sabe que tendrá que afrontar en este mundo, lo cual le es motivo de inquietud y sufrimiento.
El proceso del retorno o reencarnación, puede variar de unos indivíduos a otros, tal como sucede con el proceso de la desencarnación, dependiendo de su grado de conciencia y de su mas o menos avanzado grado de evolución.
Cuando los Espíritus reencarnantes son muy jóvenes en su existencia como espíritus por lo que son Primarios, no tienen todavía conciencia del proceso y son inmersos en él de una forma “automática”..
En el caso de otros un poco más avanzados o Secundarios, con cierto grado de evolución alcanzada, están todavía muy apegados a la Tierra, y cuando piden volver lo hacen impulsados por la Ley de Causa y Efecto, eligiendo y planificando su futura vida con la ayuda y consejo de sus mentores o Guías.
Los Espíritus Libres, eligen voluntariamente volver por un impulso mental de la ley de Evolución en unos muy espaciados periodos de tiempo. Estos ya han quedado libres del obligado proceso reencarnatorio en los mundos “ de expiación y pruebas”, y su vuelta a la Tierra casi siempre obedece a motivos de amor y de ayuda hacia otros Seres aún ligados a ella.
En el caso de los Superiores al igual que los Libres, no están ya obligados a reencarnar en mundos atrasados, y cuando lo hacen, solo es por Amor a la Humanidad, con el propósito de ayudar a los Seres humanos en su adelantamiento evolutivo espiritual Estos Seres Superiores por su desarrollo intelectual y moral, están capacitados para planificar con gran antelación su retorno y su misión . Para estos, la vuelta a este mundo les supone siempre un sacrificio.

- Jose Luis Martín-

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El triunfo no está en vencer siempre, sino en nunca desanimarse”
- Napoleón -
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lunes, 16 de marzo de 2015

DERECHOS IGUALITARIOS

                        DERECHOS IGUALITARIOS



Vivimos tan pendientes de la opinión ajena que con frecuencia incurrimos en simulaciones, fingimientos, y hasta mentiras.A la hipocresía se la entiende como el discurso o conducta explícita o implícita en el que se dice o se hace de modo incongruente con lo que se piensa o se desea hacer. Hipocresía no es otra cosa que la capacidad para disimular o simular defectos y virtudes que tenemos o no tenemos -respectivamente- con el objetivo personal de ganar espacios en un mundo ante el cual, si nos presentamos como somos, quedaríamos fuera de lugar.
Este vicio, no es innato en los individuos, sino que se trata simplemente  de un aprendizaje social que puede  hacerse algunas veces con dolor, y otras sin él. Pero que se incorpora  a las pautas sociales  de aprendizaje,  que permite ganar espacios y recompensas –materiales y simbólicas – que gratifican al narcisismo frente  a la escala de valores expuestos en vidriera por la cultura contemporánea. El acceso a estos valores por parte del Yo sería imposible, o muy difícil de  de alcanzar, si no se recurre a estrategias hipócritas que son las que facilitan la accesibilidad a la parafernalia de valores contradictorios que conviven de manera promiscua  en la misma estantería.
En la mentira hay una expresa y consciente falsificación de la verdad, ya sea para ocultar un hecho o bien para deformarlo. En este sentido suelen ser inteligentes los códigos penales contemporáneos que, al incorporar la figura del "falso testimonio", solo encuadran bajo su capítulo las falsedades de la realidad que pueden ser demostradas con intencionalidad del acusado, o del testigo, por falsificar el relato de los hechos.
En la hipocresía no existe la intencionalidad descripta en términos de la realidad objetiva externa, sino que lo que se oculta, exagera o deforma, son contenidos de la realidad objetiva interna que -normalmente- entran en el ámbito de las relaciones interpersonales directas y no mediatizadas por otras personas, hechos o elementos del ambiente. Además de los contenidos no conscientes que existen en el actuar hipócrita, aparecen también los contenidos conscientes al igual que en la mentira. Más, en general no se encontrará en la hipocresía la intención expresa de provocar un daño a otro, sino que apunta a producir beneficios a sí mismo u objetos ligados al actor.
Se puede afirmar que mientras en la mentira hay una alteración del orden de los hechos externos, en la hipocresía hay una alteración de los estados afectivos que vive el actor de la conducta hipócrita.
En definitiva, debe quedar claro que en absoluto han podido dejar aclaradas las diferencias entre la hipocresía y la mentira. Las diferencias no son claras por que las mismas no tienen la magnitud que permita diferenciarlas como entidades absolutamente diferentes. La hipocresía y la mentira son dos constructos que tienen límites poco claros y con una superposición que facilita la confusión. Pese a todo, la hipocresía no es más que una de las formas que puede llegar a asumir el constructo mayor mentira.
Un acto hipócrita es "mentir" hacia adentro y hacia afuera. Al Yo y hacia los Otros. El sí mismo se construye y sostiene sobre la base de mentiras sistemáticas y coherentes, aunque esto que se describe no se da necesariamente siempre así. Las mentiras sistemáticas y coherentes, se venden, ofrecen, entregan a los Otros para facilitarles a ellos usarlas como un espejo donde reflejar la imagen de ése sí mismo que, ya devuelta por los Otros, se incorpora nuevamente al sí mismo que originalmente la emitió, pero reelaborada y digerida por el proceso de amagamiento y prefiguración que han hecho quiénes la devolvieron al poseedor originario. Es decir, hay una mentira hacia los Otros que se reelabora como una verdad -sobre base falsa- que se refleja como una mentira hacia el sí mismo.
Ser hipócrita no consiste simplemente en simular o fingir, mentir incluso, sino en hacerlo de una manera muy peculiar, a saber: para aparentar, precisamente, excelencia moral.
«Hay que decir, por tanto –escribe Tomás de Aquino–, que la hipocresía es simulación, pero sólo una clase de simulación: aquella en que una persona finge ser distinta de lo que es, como en el caso del pecador que quiere pasar por justo.»
Esta comienza y acaba en sí misma o, si se quiere, en el interés del hipócrita. Se trata, pues, de un vicio o de un mal en estado puro, en el sentido de que a ninguna otra finalidad puede servir –ni siquiera accidentalmente– que no sea la de imitar la virtud, lo que acaso resulte útil al hipócrita, pero a nadie más que a él. Hay gente que miente sobre sus posesiones o sobre sus logros, sobre sus amistades o sobre sus amores: el hipócrita miente sobre su bondad; y con sus actitud ningún bien puede alumbrar –ni siquiera de forma casual o involuntaria– y sí, a menudo, mucho mal. De todas las modalidades de simulación, fingimiento y mentira –modalidades que recorren una amplia gama, que va desde lo risible o ridículo hasta lo francamente perverso–, la hipocresía es, probablemente, la más miserable y la más ruin.
El objeto de la mentira del hipócrita no es otro que él mismo, pero no en relación a lo que tiene, sino a   lo que es en su más profunda interioridad; mentira, pues, respecto a su forma de ser, a su condición moral. La falsedad sobre el ser es propio y exclusivo del hipócrita, sin que eso sea óbice, para que alguien sea hipócrita y vanidoso al mismo tiempo.
El hipócrita jamás se engaña a sí mismo: el destinatario y la víctima de su engaño es siempre el otro. San Agustín, aprovechando el origen del término (hipócrita significa en griego comediante o actor), compara acertadamente al hipócrita con aquél que al actuar hace en su papeles de lo que no es (como el actor que sin ser Agamenón finge serlo); del mismo modo, el hipócrita es aquél individuo que aparenta ser lo que no es.
Y si el vanidoso o el narcisista se conforman con ser admirados, el hipócrita no anhela tanto la admiración como el beneficio, la culminación de un determinado interés. Y si la falsedad del vanidoso puede desplegarse en una amplísima gama de ámbitos, la del hipócrita se halla anclada por completo en el de la moralidad. La hipocresía consiste, pues, en un procedimiento para conseguir determinados beneficios que de ningún otro modo podrían alcanzarse más que aparentando ser moralmente lo que no se es.
Lo verdaderamente preocupante es que se trata, seguramente, de vicio más extendido de lo que acaso pudiera pensarse. Tanto que tal vez en mayor medida lo padecemos todos, y quizás hasta tal punto interiorizado que acabamos por no advertirlo ni ser conscientes de ello. Si se pregunta a la gente que califique su grado de bondad o de amabilidad, difícilmente podremos esperar que alguien se suspenda; y, sin embargo, diversos estudios demuestras que existen sensibles diferencias entre lo que la gente dice y lo que hace.
El hipócrita se parece al fariseo, muy dado a las prácticas exteriores, y al culto de las ceremonias. La religión para ellos, es una apariencia de virtudes, prefieren  siempre la letra de la ley, que mata, al espíritu que vivifica. Son hipócritas, enemigos encarnizados  de las innovaciones, llenos de orgullo y de excesivo amor al poder.
El objeto de la religión es conducir al hombre a Dios, y el hombre no llega a Dios hasta que es perfecto, toda religión  que no consigue hacer al hombre mejor, no consigue su objeto, y aquella en la cual cree apoyarse para hacer el mal, es o falsa, o falseada en su principio. Tal es el resultado de todas aquellas  cuya forma  altera el fondo. La creencia en la eficacia de las formas exteriores  es nula si no impide cometer asesinatos, adulterios, robos, calumniar y hacer daño al prójimo de cualquier modo que sea. Hace supersticiosos, hipócritas o fanáticos, pero no hace hombres de bien.
Jesús reunido con sus discípulos, atendió a unos escribas y fariseos de Jerusalén que le preguntaron: ¿Por qué tus discípulos  traspasan  la tradición de los ancianos? Pues no se lavan las manos cuando comen pan.
Y  El les respondió: ¿Y vosotros, porque traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Pues Dios dijo: Honra al padre y a la madre. Y: Maldice al padre  y a la madre, muera de muerte – Mas vosotros decís: cualquiera que dijera al padre, o a la madre. Todo don que yo ofreciere, a ti aprovechará – Y no honrara a su padre o a su madre: habrá hecho en vano el mandamiento por vuestra tradición.
Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo: este pueblo  con los labios me honra; mas el corazón de ellos lejos  está de mi – Y en vano me honran enseñando doctrinas y mandamientos de hombres.
Y habiendo convocado a las gentes, les dijo: Oíd y entended. No ensucia  al hombre  lo que  entre  en la boca; más si  lo que sale de la boca, eso ensucia al hombre.
Entonces Jesús les dijo a sus discípulos que los fariseos se habían escandalizado  con sus palabras, pero que “toda planta  que no ha sido plantada por el Padre, será arrancada de raíz”. Dejadlos, son ciegos que guían a otros ciegos y si ambos son ciegos caerán en el hoyo. Y respondiendo Pedro le dijo: Explícanos esta parábola. ¡Jesús les dijo vosotros también estáis sin entendimiento! ¿No comprendéis  que toda cosa  que entra en la boca, va al vientre, y es echado en lugar secreto? Más lo que sale de la boca, del corazón sale, y esto ensucia al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. Estas son cosas que ensucian al hombre. Más el comer con las manos sin lavar no ensucia al hombre.
Y cuando estaba hablando un fariseo le rogó que fuera a comer a su casa. Y cuando entro se sentó a la mesa y el fariseo empezó a pensar  y a decir dentro de sí, ¿Por qué no se habrá lavado las manos antes de comer? Y el señor le dijo: ahora vosotros  los fariseos, limpiáis lo de fuera del vaso y del plato: más vuestro interior está lleno de rapiña y de maldad. Necios ¿el que hizo lo que está fuera, no hizo también lo que está de dentro? (San Lucas cp. XI)
Los judíos habían descuidado los verdaderos mandamientos de Dios, para observar la práctica de los reglamentos establecidos por los hombres y cuyos rígidos observadores se hacían de ella un cargo de conciencia; el fondo, muy sencillo, Había concluido por desaparecer  bajo la complicación de la forma. Era mucho más cómodo observar los actos exteriores  que el reformarse moralmente “lavarse las manos que limpiarse el corazón”.
Así nos sucede en la actualidad, hay muchos hermanos que solo dan la imagen, pero que no son nada dentro.  Se creen en paz con Dios porque dicen trabajar en su nombre, pero permanecen con los mismos defectos, nada hacen por superarlos. La doctrina  moral de Cristo, ha hecho a muchos cristianos,  que a ejemplo de los antiguos judíos, creen su salvación con las prácticas  exteriores  que con las de  la moral. A estas adiciones  hechas por los hombres a la ley de Dios, son a las que Jesús  hacía alusión cuando dijo “Toda planta que mi padre celestial  no ha plantado, será arrancada de raíz”.
Hay dos fundamentos  en la vida  para  el que escucha las palabras de Jesús: el primero  es aquel que  las pone en práctica y de ellas se beneficia, es como construir una casa sobre una roca y cuando vienen las lluvias, los vientos,  se desbordan los ríos  y pese a todo eso, la casa no se cae, porque está cimentada sobre la roca. La segunda  es cuando el hombre las escucha y no las pone en práctica,  es como construir la misma casa pero en la arena y cuando llegan las inclemencias la casa cae  sin dejar nada útil, totalmente arruinada.
Con esto comprendemos que hay dos creencias  la verdadera y la falsa.
Todo el que quiera construir a de buscar un buen terreno, cavar buenos cimientos,  hecha sobre él una buena base para que soporte el peso de la casa.
En cambio todo el que  viva despreocupado, y al construir no tome en cuenta todos esos requisitos, su casa no ofrecerá ninguna garantía volviéndose peligrosa para sus habitantes.
Jesús en la parábola de la higuera seca, cuando Pedro le señala que la higuera que maldijo se seco , le respondió “tened fe en Dios”  - En verdad os digo,  que cualquiera que dijera a este monte: Levántate y échate al mar; y su corazón no dudase de ello  en su corazón, y creyese firmemente  en cuanto dijese, todo le será hecho. (San Marcos cap. 21)
La higuera seca es el símbolo de las gentes  que solo son buenas en apariencia, pero que en realidad  no producen nada bueno; oradores que tienen  más brillo que solidez, sus palabras  tienen el barniz de la superficie, agradan al oído, pero cuando se les analiza nada sustancial se encuentra en su corazón; después de haberlos escuchado uno se pregunta  qué partido se ha sacado de sus oraciones.
Por el fruto se conoce al árbol y no es buen árbol el que cría malos frutos. El hombre bueno, aquel que no finge, de su corazón saca el bien. Porque de la abundancia de su corazón habla su boca. Igual sucede con el hombre malo, del mal tesoro que guarda en su corazón, habla su boca.
El espiritismo nos dice también algo muy significativo:”Guardaos de los Falsos profetas” que vienen vestidos de ovejas y por dentro son lobos ladrones; Jesús  dijo “Guardaos que no os engañe alguno – Porque vendrán muchos en mi nombre, y dirán: Yo soy el Cristo: y a muchos engañaran.
 Profeta se llama  a todo enviado de Dios con la misión de instruir a los hombres y revelarles las cosas ocultas y los misterios de la vida espiritual.
En todos los tiempos los hombres han explotado, en provecho de su ambición, ciertos conocimientos que poseían, con el fin de adquirir  el prestigio de un poder digamos sobrehumano, o de una pretendida misión divina. Estos son los falsos Cristos y falsos profetas; la difusión del conocimiento sobre las cosas mata su crédito, y por esto disminuye su número  a medida que los hombres se ilustran. El Hecho de obrar aquello que para ciertas mentes parece prodigioso, no es señal de una misión divina,  puesto que puede ser resultado de los conocimientos  que cada uno puede adquirir, o de las facultades  orgánicas especiales  que el más indigno puede poseer, lo mismo que el más digno. El verdadero profeta  se conoce por caracteres más formales y exclusivamente morales.
El Espiritismo, no cree en los falsos profetas ni en los falsos Cristos, el declara formalmente  que no produce milagros; que él viene a revelar las leyes del mundo  desconocidas, las que rigen las relaciones  del mundo corporal y del mundo espiritual, a explicar cierto orden  de fenómenos incomprensibles  hasta ahora destruyendo lo que quedaba  aún en el dominio de lo maravilloso. Aquellos pues que intenta explotar esos fenómenos en provecho suyo haciéndose pasar por mesías de Dios, no podrán abusar por mucho tiempo de la credulidad  y muy pronto serán descubiertos.  La ciencia al igual que el espiritismo averigua la causa de ciertos fenómenos, levanta el velo de muchos misterios.
Los que prefieren la oscuridad, la hipocresía, a la luz y el esclarecimiento, son los que se obstinan en combatirla; pero la verdad es como el sol: disipa las más densas tinieblas.
El Espiritismo  descubre además de los falsos Cristos y los falsos profetas, otra categoría  mucho más perniciosa entre los desencarnados, son los espíritus embusteros, hipócritas, orgullosos y pretendidos sabios  que de la tierra han pasado a la Erraticidad y toman nombres venerados para procurar  a favor de la máscara con que se cubren, para así dar credibilidad  a ideas extravagantes y absurdas. Muchos son los espíritus que se han manifestado a través de la inspiración, la mediúmnidad inconsciente, auditiva, parlante, como  antiguos profetas, por Cristo, por María, incluso por el mismo Dios. el espiritismo da los medios de probarles, enseñando las características por las que se reconocen a los buenos espíritus caracteres siempre “mortales y jamás materiales”
Para discernir  los buenos de los malos espíritus debemos aplicar las palabras de Jesús: Se conoce la clase del árbol por su fruto; un buen árbol no puede dar malos frutos y viceversa como ya mencionamos antes. Por la calidad de sus obras se juzga a los espíritus.
Son las obras las que se deben examinar. Si los que son sinceros están acompañados  de todas las señales de la misión que dicen desempeñar, si poseen las virtudes cristinas  y eternas; si son caritativos, si son amorosos, indulgentes, bondadosos, si en apoyo a sus palabras, unen los actos; entonces se puede decir: verdaderamente son enviados de Dios.
Se debe desconfiar de los escribas y fariseos que hablan en las plazas públicas vestidos con largos ropajes ¡desconfiemos de todos aquellos que dicen tener  el solo  y único monopolio de la verdad! Todo lo que revela un átomo de orgullo, debemos separarlo de nosotros como una lepra contagiosa que corrompe todo lo que toca. Recordando, que cada criatura lleva en su frente, sobre todo en sus actos, el sello de su grandeza o decadencia.”
El verdadero misionero de Dios debe justificar su misión por su superioridad, por sus virtudes, por su grandeza por el resultado y la influencia moralizadora de sus obras. Mirando si por su carácter, por sus virtudes, por su inteligencia, está fuera del papel que quiere representar, o del personaje cuyo nombre tome, no sabiendo copiar ni siquiera al modelo.
No fiarnos de los falsos profetas, sobretodo en un tiempo de renovación, porque muchos impostores se llamaran enviados de Dios; se procuran una vana satisfacción en la tierra, pero una terrible  justicia les espera.
 Erasto, Paris 1862.

Los falsos profetas no solo están entre los encarnados, son mayor número entre los espíritus orgullosos que bajo la apariencia de amor y caridad, siembran la desunión y retrasan  la obra emancipadora de la humanidad, emitiendo a diestro y siniestro sistemas absurdos a los médiums, fascinando  a aquellos que quieren engañar para dar más peso a sus teorías, apropiándose de nombres que solo con respeto pronuncian. Ellos son los que siembran  los principios  de antagonismos en los grupos, que les inducen a  aislarse los unos de los otros y a mirarse con mal ojo.
Si la verdad no es siempre apreciada por los individuos,  lo es por el buen sentido de las masas,  esto también es un criterio. Dios, queriendo que la verdad llegue para todos, no la concreta a un círculo estrecho y limitado; la hace brotar  en diferentes puntos con el fin de que por todas partes la luz esté al lado de las tinieblas.
Esos espíritus que se presentan  como consejeros exclusivos predicando la división y el aislamiento casi siempre son espíritus vanidosos y medianos, que procuran imponerse a los hombres débiles y crédulos prodigándoles alabanzas exageradas, con el fin de fascinarles y ponerles bajo su dominio, esta clase de espíritus deben ser rechazados, son espíritus hambrientos de poder, desconfiando de sus comunicaciones  que suelen tener  un carácter de misticismo y extrañeza.
Hay que escuchar los sabios consejos del apóstol San Juan, cuando dijo: “No creáis  a todo espíritu, más probad si los espíritus son de Dios”. Que aprendiésemos, a distinguir a los malos de los buenos espíritus para que nosotros mismos no fuésemos  a ser falsos profetas (Luoz, espíritu protector.)
 Chico Xavier, nos aclara en el libro “Religión de los Espíritus” en una Reunión pública el 30 de marzo de 1959 lo siguiente:
Ten cuidado de no atribuir a los falsos profetas el fracaso de tus emprendimientos morales.
Cada uno somos tentados según  la índole de nuestras imperfecciones.
No despertarás el hambre del pez con un señuelo de oro, ni atraerás la atención del caballo  con un plato de perlas, pero si lo lograras si ofrecieras  a su percepción un pequeño bocado  sanguinolento o algún cuenco de maíz.
De esa mismo modo, todos somos inducidos al error según las características de nuestra necesidad.
Dominados por el orgullo creemos en los que incitan nuestra vanidad y sedientos de poder asimilamos las sugerencias infaustas  de cuantos se proponen explotar nuestra hipocresía, insensatez y codicia.
Dentro de nuestro traje físico, si ya somos aprendices de Cristo,  tenemos la obligación de recurrir a su ejemplo como la medida ideal para nuestra conducta.
Busquemos, pues al Maestro de los maestros como luz para nuestro camino. Si cotejamos  los avisos, las novedades, los mensajes y las advertencias que recibimos, desde tal o cual sector  de información, aprenderemos sin sombras que la humildad y el servicio son nuestros deberes de cada hora, para que la verdad nos ilumine y el amor puro nos regenere, para estar definitivamente preservados del asedio del mal.
El mundo distingue ruidosamente a los hipócritas, a los expositores  de fantasías.
En todas partes, es común observar la victoria de los hombres con labia, que prometen milagros y maravillas. Esos merecen de las criaturas gran crédito. Basta encubrir la enfermedad, la debilidad, la ignorancia o el defecto  de los hombres, para que reciban acatamiento. No acontece lo mismo a los cultivadores de la verdad, por más simple que esta sea. A través de todos los tiempos, para esos últimos, la sociedad reservó la hoguera, el veneno, la cruz implacable.
Intentando huir a la angustiosa situación espiritual que le es propia, inventó el hombre la “buena dicha”, imponiendo, con todo, a los adivinadores el disfraz dorado de las realidades  negras y duras. El charlatán más hábil en la fabricación de mentiras brillantes será el señor de la clientela más numerosa y brillante.
En el intercambio con la esfera invisible, urge que los nuevos discípulos se percaten  contra los peligros de esa índole.
La técnica del elogio, la disposición de parecer mejor, el prurito de caminar al frente de los demás, la presunción de convertir conciencias  ajenas,  son grandes fantasías. Es necesario no creer en eso. Más razonable es comprender que el servicio de iluminación es difícil, comenzando del esfuerzo de regeneración de nosotros mismos. 
Es indispensable que no nos perdamos en conclusiones ilusorias. Agucemos los oídos, guardando la palabra del apóstol a los gentiles. Es imprescindible que nos esclarezcamos, individualmente, sobre  nuestra realidad, pues hay mucha gente esperando las alas de ángel que no le pertenecen.
Si te encuentra en servicio edificante, si tu conciencia está limpia ¿Qué te importan las opiniones livianas o hipócritas?
Cumple tu deber y camina.
Examina el material de los ignorantes y calumniadores como provechosa advertencia y acuérdate de que no es posible conciliar el deber con la liviandad, ni la verdad con la mentira.

Trabajo realizado por Merchita
Extraído del Evangelio Según el Espiritismo de Allan Kardec
De Internet y de el Libro Camino Verdad y Vida de Chico XAVIER
Y DE Religión de los Espíritus de Chico Xavier.

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 SOBRE EL ESPIRITISMO

Tened confianza en la bondad de Dios, y sed bastante perspicaces para comprender los preparativos de la nueva vida que os destina. Verdad es que no os será dado gozar de ella en esta existencia, ¿pero no seréis felices, sino volvéis a vivir en este globo, considerando desde arriba la obra que habréis empezado y que se desarrollará a vuestros ojos?
Estad animados por una fe firme y sin vacilar contra los obstáculos que parece deber levantarse contra el edificio cuyos cimientos ponéis. Las bases sobre las cuales se apoya son sólidas: Cristo puso la primera piedra.
¡Ánimo, pues, arquitectos del Divino Maestro! Trabajad, edificad. Dios coronará vuestra obra. Pero no olvidéis que Cristo desconoce a cualquiera de sus discípulos que sólo tenga la caridad en los labios; no basta creer, sobre todo es menester dar ejemplo de bondad, de benevolencia y de desinterés, sin esto, vuestra fe será estéril para vosotros.

San Agustín.
Allan Kardec
Extraído del libro "El libro de los médiums"


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PAZ

"Díjoles, pues, Jesús, otra vez: Paz sea con vosotros." -(Juan, 20:21.)

Mucha gente inquieta, examinando el intercambio entre los nuevos discípulos del Evangelio y los Desencarnados, interroga, ansiosamente, por las posibilidades de la colaboración espiritual, junto a las actividades humanas.

¿Por qué razón los emisarios del invisible no proporcionan descubrimientos estacionales al mundo?

¿Porque no revelan los procesos de curarle  las molestias que desafía las Ciencias?

¿Cómo no evitan el doloroso choque entre las naciones?

Tales investigadores, distanciado de las nociones de justicia, no comprenden que sería terrible hurtar al hombre los elementos de trabajo, rescate y elevación. Se aborrecen, comúnmente, con las reiteradas y afectuosas recomendaciones de paz de las comunicaciones del Más Allá del Túmulo, porque aún no se armonizaron con Cristo.

Vemos al Maestro con los discípulos, cuando volvía a confortarlos, del plano espiritual. No le observamos en la palabra ningún recado torturante, no establece la menor expresión de sensacionalismo, no se adelantan en concepto de revelación sobrenatural.

Jesús les demuestra la sobrevivencia y les desea paz.

¿Será eso  insuficiente para  el alma sincera que procura la integración con la vida más alta?.  ¿No envolverá,  en sí, gran responsabilidad el hecho de reconocer la continuación de la existencia, más allá de la muerte, en la certeza de que habrá examen en los compromisos individuales?

Trabajar y sufrir constituyen procesos lógicos de perfeccionamiento y de la ascensión. Y que aprendamos a esos imperativos de la Ley, con bastante paz, es el deseo amoroso y puro de Jesucristo.

Esforzarnos por entender semejantes verdades, pues existen numerosos aprendices abordando las grandes señales, como los perezosos que respiran a la sombra, a la espera del fuego fatuo del menor esfuerzo.

( Del libro "Camino, Verdad y Vida )


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             Derechos igualitarios

...A medida que se superen, poco a poco, los conceptos arcaicos machistas al igual que los modernos y revolucionarios feministas, tanto los hombres como las mujeres integrados en la conciencia de los deberes personales, avanzarán juntos respetándose mutuamente y ayudándose unos a otros, fomentando el bienestar personal y general, sin amarras con el pasado ni tormentos en relación con el futuro.


Joanna de Ângelis / Divaldo P. Franco - Libro Encuentro con la paz y la salud –

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domingo, 15 de marzo de 2015

¿ Amar a la familia o comprarla ?

Cuanto peor te va todo más debes insistir

    Las lecciones de psicología profunda que nos ofrece Joanna de Ángelis nos presentan una visión más justa de la evolución psicológica del ser humano y su vinculación con las vidas olvidadas, temporalmente, pero que inciden en nuestro yo actual, condicionando y forzando una revisión de nuestra conducta a la luz de nuestra responsabilidad, inscrita en el periespíritu. El esfuerzo aplicado en la reforma íntima, proyectada hacia el futuro, debe ser independiente de los resultados que se produzcan en el plano físico, o dicho de otra forma, no vinculemos nuestras conquistas morales, eternas, a nuestra situación social, pasajera. Debemos actuar bien sin esperar reconocimiento, recompensas inmediatas, y sin desfallecer en el intento, insistiendo una y otra vez, pues cada nuevo intento nos acerca un poco más al objetivo de superación de nuestras imperfecciones. Aplicando esta reflexión a nuestras intenciones de reforma y a las terapias espíritas propuestas para la evolución positiva de la sociedad debemos comprender que lo más importante es el esfuerzo empleado en nuestro cambio personal hacia ese hombre/mujer integral propuesto por Joanna de Ángelis, sin reparar en los resultados exteriores, sin condicionar esa reforma íntima y su continuidad a una mejora de nuestras condiciones materiales y sociales, de bienestar económico y físico y de aceptación social. Esta renuncia a la interrelación directa entre el esfuerzo realizado y el objetivo deseado no debe producir una sensación de fracaso ni de angustia desmotivadora, el bien en sí mismo tiene su premio, siendo apropiado realizarlo como una contribución más a la necesaria evolución del individuo, de la sociedad y de nuestro planeta hacia su siguiente grado evolutivo. Puede ser desconcertante que a un mayor empeño en el bien la realidad inmediata nos entregue más dolor e incomprensión, pero es necesario tener en cuenta las múltiples cuestiones y condicionantes que inciden en nuestras vidas, añadiendo a todo esto las necesidades de ajuste con la aplicación de las leyes de causa y efecto (Karma) de todas las personas involucradas en los procesos evolutivos relacionados con nosotros, interdependientes unos de otros. La auténtica conquista, el verdadero triunfo está en la lucha contra nosotros mismos, contra nuestro ego que se resiste a cambiar, que lucha aferrándose a la sombra con la que convive, antagónica a la evolución. Delante de una situación difícil, de un problema irresoluble, de imposiciones insalvables, meditemos en nuestro interior acudiendo a nuestro self, a nuestro yo profundo, procurando las fuentes de inspiración divina; ¿He actuado siempre de forma correcta? ¿He hecho todo lo que estaba en mi mano? ¿He obrado siempre con nobleza y respeto hacia los demás? Habrá momentos en nuestra vida en que no encontraremos respuestas a nuestras preguntas y el dolor nos arrastrará de regreso hacia nuestra sombra, que acecha siempre. Pero si recordamos al Maestro de Nazaret, trasladando a nuestra memoria su ejemplo, nos daremos cuenta que podemos estar delante de un momento crucial en el que debamos cargar nuestra cruz y ascender el Gólgota de nuestros sentimientos, siempre solos en el momento del testimonio, inseguros en el uso de nuestros talentos, luchando por mantener nuestra condición de espírita cristiano y defender nuestro ideal con el ejemplo. Ahora, justo cuando la tormenta socaba los cimientos de nuestra fortaleza interior, cuando nuestros proyectos más queridos se tambalean amenazando ruina, cuando el dolor ha logrado derribar las compuertas que lo contenían, cuando las lágrimas humedecen nuestro caminar lento y pausado, justo entonces estaremos cumpliendo con una parte de nuestro compromiso al venir a esta tierra, amargo pero necesario. Si en esos momentos nos mantenemos firmes en la fe, si aceptamos todos los acontecimientos como parte de un aprendizaje, entonces comprenderemos la realidad del amor ilimitado y oiremos voces amigas recordándonos que todo en este mundo es pasajero y que, realmente, nunca hemos estado solos. Justo entonces, al comprenderlo, brillará nuestra luz. El trabajo es nuestro, los resultados de Dios. Por eso, cuando peor nos vaya en la vida más debemos insistir: más amor, más humildad y más aceptación.

Jesús Valle

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¿ Siempre aceptan los Espíritus su reencarnación?

Casi siempre es aceptada voluntariamente e incluso, solicitada con ansia por el Ser que se dispone para afrontar su próxima reencarnación, aunque a veces su miedo al fracaso o al sufrimiento humano de la vida que le espera, le hacen desistir casi desde su comienzo, y se acobardan ante una decisión que postergan para mas adelante.
Salvo en casos de seres en estado de sufrimiento, la vuelta a la carne siempre es mas triste y dura que el regreso después al plano espiritual.
Estos casos en los que ante la dificultad de la vida humana que tienen que afrontar, rehuyen el momento de afrontarlo, pueden explicar algunos casos de abortos espontáneos y naturales que suceden de modo imprevisto , inexplicados por la medicina, pero en los que la causa básica puede ser la renuncia a culminar su regreso al Ser reencarnante , por temor al sufrimiento o al fracaso , dificultando el proseguir adelante con su proyecto de vida humana.
Lo anterior, como hemos aclarado, vienen a ser casi casos excepcionales, porque a partir de cierto nivel evolutivo, sin embargo, es condición indispensable que la reencarnación la determine y acepte el libre albedrío del Ser inmerso en un proceso evolutivo con las experiencias en los mundos materiales como la Tierra , tal como así suele ser, llevados por un impulso interno, estudiado y decidido para mejorar o evolucionar en el plano físico.

- Jose Luis Martín -

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Los hombres honrados no temen la luz ni la oscuridad”

- Thomas Fuller -

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   ¿ AMAR A LA FAMILIA O COMPRAR A UNA FAMILIA ?

Desde niños una costumbre se instala en nosotros: arreglar los problemas comprando cosas. ¿Ya has percibido como esa situación es tan común? 
 
Empieza cuando los niños miran las publicidades de la televisión e insisten con sus padres para que les compren juguetes y dulces. 
 
A su vez, padres y madres también son llevados a creer que sus hijos serán más felices si tienen más y más cosas materiales. 
 
Es el consumismo instalándose. En vez de enfrentar esa crisis educando a los niños, frecuentemente los padres los satisfacen. 
 
Es una actitud que refuerza la creencia que se puede tener todo y que las cosas materiales son la razón de la felicidad. 
 
Muchos padres, incluso, intentan compensar las largas horas de ausencia de sus casas haciendo compras exageradas. 
 
Llenan a los hijos de objetos y, con rapidez, ellos aprenden a negociar. Se tornan cada vez más exigentes y consumistas. 
 
En la adolescencia las compras continúan: los aparatos electrónicos sustituyen los juguetes. Son los celulares, computadoras y juegos electrónicos, inmediatamente sustituidos cuando surgen los modelos nuevos. 
 
Las mesadas son más grandes y luego los hijos desaparecen de sus casas acompañados de los amigos. Están siempre trasnochando, con acceso fácil al alcohol, al tabaco y a las drogas. 
 
El siguiente paso es comprarles un automóvil nuevo, un apartamento... 
 
Surge entonces la pregunta: En las casi dos décadas que han vivido con sus padres, ¿qué aprendieron? ¿Qué ejemplos recibieron? 
 
¿Conocen de verdad a sus padres? ¿Están preparados para amar o para comprar? 
 
¿Y qué decir de los padres? ¿Realmente conocen a sus hijos? ¿Saben de sus sueños y aspiraciones? ¿Ya han escuchado sus frustraciones y problemas? 
 
Entonces, el joven alcanza la adultez. Y las situaciones infelices continúan siendo arregladas a base de las compras. 
 
Ropas, zapatos, automóviles, vinos, joyas. La ostentación encubre la infelicidad. 
 
Es falsa esa felicidad basada en tener las cosas. Ella estimula al materialismo y destruye lo más bello que tenemos: la convivencia familiar, el establecimiento de los recuerdos preciosos. 
 
Amar a la familia incluye el sustento de sus necesidades, el proveer el estudio de los hijos, garantizar la alimentación y el ocio. 
 
Sin embargo, muy distinto es sustituir la presencia del amor por un regalo - por más preciosamente envuelto que venga. 
 
Un hijo es una dádiva Divina. Una responsabilidad que incluye no solamente ofrecerle cosas materiales, sino darle también el soporte emocional, psicológico. 
 
Es necesario hablar a los hijos, conocerlos, averiguar lo que piensan, reflexionar acerca de lo que hacen. 
 
Lo mismo se aplica al matrimonio: después de algunos años de convivencia, las conversaciones, antes tan íntimas, son sustituidas por los regalos, como flores y joyas. 
 
Poco a poco la complicidad, el interés y hasta la atracción se disipan. 
 
¿Y los padres? Envejecen solos, cercados por enfermeros o personas pagadas para celar por ellos. Viejos padres aislados con sus manías y conversaciones que nadie quiere escuchar. 
 
¡Cuán felices serían con visitas y conversaciones más largas! 
 
Por todo eso, reflexiona hoy: ¿Estoy amando o comprando a mi familia?

- Redacción de Momento Espírita -
                           
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DEJAD A LOS NIÑOS VENIR A MÍ
1. Bienaventurados los que tienen puro el corazón porque ellos verán a Dios. San Mateo, cap. V, v. 8).
2. Le presentaron, entonces, niños, para que los tocase; y como sus discípulos apartaban con palabras ásperas a los que les presentaban, Jesús viendo eso se indignó y les dijo: Dejad a los
niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque el reino de los cielos es para los que se les asemejen. Os digo en verdad, que todo aquel que no recibiere el reino de los cielos como un niño, no entrará en él. Y habiéndolos abrazado, los bendijo, imponiéndoles las manos.
(San Marcos, cap. X, v. de 13 a 16).

3. La pureza de corazón es inseparable de la sencillez y de la
 humildad, excluye todo pensamiento de egoísmo y orgullo; por esto Jesús toma la infancia como emblema de esa pureza, como la tomó también por el de la humildad.
Esta comparación podría no parecer justa si se considera que el Espíritu del niño puede ser muy viejo, y que trae, naciendo otra vez a la vida corporal, las imperfecciones de que no se ha
despojado en las existencias precedentes; sólo un Espíritu que alcanzó la perfección podría darnos un modelo de la verdadera pureza. Mas es exacta desde el punto de vista de la vida
presente; porque el niño no habiendo podido aún manifestar ninguna tendencia perversa, nos ofrece la imagen de la inocencia y del candor. Tampoco Jesús dice de un modo absoluto que el
reino de Dios es para ellos, sino para aquellos que se les asemejen.

4. Puesto que el Espíritu del niño vivió ya, ¿por qué no se
 manifiesta desde el nacimiento, tal cual es? Todo es sabio en las obras de Dios. El niño tiene necesidad de cuidados delicados, que
solo la ternura de una madre le puede dar, y esa ternura aumenta con la debilidad y la ingenuidad del niño. Para una madre, su hijo es siempre un ángel, y así debía ser para cautivar su solicitud, pues,no tendría con él, el mismo desprendimiento si en vez de la gracia ingenua, encontrase bajo los rasgos infantiles, un carácter viril y las ideas de un adulto, y menos aún si conociese su pasado.
Además, sería preciso que la actividad del principio inteligente fuese proporcionada a la debilidad del cuerpo que podría resistir a una actividad muy grande del Espíritu, como se ve en los niños muy precoces. Por esto, desde que se aproxima la encarnación, el Espíritu, entrando en perturbación, pierde poco a poco la conciencia de sí mismo, y por espacio de cierto período, permanece en una especie de sueño durante el cual todas sus facultades se conservan en estado latente. Este estado transitorio es necesario para dar al Espíritu un nuevo punto de partida, y hacerlo olvidar, en su nueva existencia terrestre, las cosas que podrían estorbarle. Su pasado, sin embargo, reacciona sobre él, que renace a la vida mayor, más fuerte moral e intelectualmente, sostenido y secundado por la intuición que conserva de la experiencia adquirida.
Partiendo del nacimiento, sus ideas vuelven a tomar gradualmente impulso, a medida que se desarrollan los órganos,pudiendo decirse que durante los primeros años, el Espíritu es
verdaderamente niño, porque las ideas que forman el fondo de su carácter están aún adormecidas. Durante el tiempo en que sus instintos dormitan, es más flexible, y por lo mismo, más accesible a las impresiones que pueden modificar su naturaleza y hacerlo progresar, lo que hace más fácil la tarea impuesta a los padres.
El Espíritu reviste, pues, por un tiempo, la túnica de lainocencia, y Jesús dice la verdad cuando, a pesar de la anterioridad del alma, toma al niño por emblema de la pureza y de la simplicidad.


Tomado del "Evangelio según el espiritismo"

Allan Kardec                                                                   *********************************