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viernes, 24 de julio de 2015

Número de Reencarnaciones






                   TODO EN DIOS


“Yo no puedo por mí mismo hacer cosa alguna." - Jesús. (Juan. 5:30.)

Constituye óptimo ejercicio contra la vanidad personal la meditación en los factores trascendentales que rigen los mínimos fenómenos de la vida.

El hombre nada puede sin Dios.

Todos hemos visto personalidades que surgen dominadoras en el palco terrestre, afirmándose poderosas sin el amparo del Altísimo; entretanto, la única realización que consiguen efectivamente es la dilatación ilusoria por el soplo del mundo, vaciándose a los primeros contactos con las verdades divinas. Cuando aparecen, temibles, esos gigantes de viento espacio en ruinas materiales y aflicciones de espíritu, sin embargo, el mismo mundo que les confiere pedestal los proyecta en el abismo del desprecio común; la misma multitud que lo sopla se incumbe de reponerlos en el lugar que les corresponde.

Los discípulos sinceros no ignoran que todas sus posibilidades proceden del Padre amigo y sabio; que las oportunidades de edificación en la Tierra, con la excelencia de los paisajes, los recursos de cada día y las  bendiciones de los seres amados, vinieron de Dios que los invita, por el espíritu de servicio, a ministerios más santos; actuarán de ese modo, amando siempre, aprovechando para el bien y esclareciendo para la verdad, rectificando caminos y encendiendo nuevas luces, porque sus corazones reconocen que nada podrán hacer por sí mismos y honrarán al Padre, entrando en santa cooperación en sus obras.

Cap. 101 del libro  “Camino, Verdad y Vida”


COMENTARIO.-

   El mayor pecado del hombre desconocedor de Dios, es la soberbia , la vanidad y el orgullo, lo cual le lleva a creerse su propio Dios y achacarse a sí mismo sus propios méritos cuando le va bien en la vida. Pero cuando los vientos soplan mal, se encuentra vacío, desengañado y débil, pues  aunque de lo negativo que le pase echa la culpa a otros,  en el fondo sabe que solo a sí mismo puede achacar su desgracia. Pero aun entonces prevalece su orgullo herido y  solo se acuerda de Dios para culparle de sus desgracias y así intentar engañar a su conciencia y quedar ante sí mismo y ante los demás como fuera de toda responsabilidad por las mismas, o como una víctima de la mala suerte. No sabe que el que escupe al cielo, le cae en la cara.
     
     Quien a la hora del éxito en este mundo es agasajado por los hombres, ignorando que todo es transitorio y sucede por Voluntad Divina, cuando llega el fracaso,  esos mismos hombres que antes lo agasajaron y encumbraron, muchas veces son los primeros que escupen sobre su cadáver. Pero quien permanece unido a la Voluntad del Padre, siempre, sean momentos felices o desdichados, podrá hallar la felicidad de la gratitud hacia nuestro  Padre que todo lo otorga y tanto nos ama, o el único consuelo de sentir que ante la prueba por dura que esta sea, ese maravilloso e inmenso  Padre de Amor, nunca nos abandona. 
    
   ¿ Si el mismo Jesús, con su muy superior calidad moral, afirma que él por sí mismo no puede hacer cosa alguna, refiriéndose a que lo que es capaz de hacer de extraordinario es por su unión con el Padre, cuanto menos nosotros que permanecemos aún tan, casi infinitamente, por debajo de su talla moral?.
     
     Tengamos siempre presente, que Dios es una realidad que, se quiera o no, existe y permanece como el Principio y el Fin de todas las cosas; que nos deja la libertad de acogernos a Su Divina Voluntad al igual que un niño se entrega confiado en brazos de su madre, o bien la libertad de poder ignorarle y así perdernos como un ciego por las sendas de la vida, pero que cuando elegimos ponernos en sus manos adaptando y aceptando en nosotros  Su Voluntad Divina, al Padre solo se llega por la senda trazada por su Hijo, nuestro hermano mayor Jesucristo. Esto hay que tenerlo presente siempre, en cada momento y acto de nuestra vida, manteniendo el pensamiento y la intención de nuestros actos unidos a El, dispuestos a aceptar con alegría o al menos con resignación cuanto se nos ponga por delante y adaptando la moral evangélica en cada acto y circunstancia de nuestras vidas; en los momentos felices para agradecerle al Padre por ellos, y en los desdichados para pedirle ayuda y fortaleza, sabiendo que estos son pruebas, nunca por encima de nuestra capacidad de superarlas con Su ayuda, y que  además han sido aceptadas muchas veces desde antes de haber nacido, o en otros casos, reconociendo en ellas el producto de nuestros errores cometidos en el pasado, pero que en cualquier caso, siempre son experiencias pasajeras aunque puedan ser dolorosas, pero que redundarán finalmente en nuestro bien espiritual.

- Jose Luis Martín-

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      ¡ No envidies a nadie !

Siguiendo nuestros estudios en la sociedad, vamos a dar algunos consejos a una joven del pueblo; antes, para que comprendan mejor nuestros lectores, contaremos el incidente que dio margen a que estampáramos en un papel nuestras ideas.
Hallándonos en una reunión observamos lo siguiente. Entre los individuos que nos rodeaban reparamos en una joven que a lo más tendria veinte años. Su rostro expresivo se animaba al contemplar a un hermoso niño que sostenía en sus brazos, y al que daba ese primer néctar de la vida, con ese arrobamiento, con esa íntima ternura, conque las madres amamantan a sus hijos.
Una mujer simpática, de mirada inteligente, estaba sentada junto a ella, y le miraba con esa dulze fijeza que revela el cariño, parecía que tenía celos que el niño recibiera la vida de otro ser, que no fuera ella, y cuanto aquel se separaba del pecho de su madre, lo tomaba en sus brazos y exclamaba con santa satisfación:
- A mí me quiere mucho el niño, si su madre no le diera de mamar ni se acordaría de ella.
La joven la miraba sonriendo, y nosotros admirábamos aquella hermosa rivalidad del cariño, aquel amor profundo de la familia, aquella ternura suprema que es la vida de la vida.
Todos enmudecimos para escuchar la lectura de un artículo, que leyó una mujer, cuando esta concluyó de leer, murmuró por lo bajo la joven madre:
- ¡ Ay ! Que bien está eso, como me gusta; y su compañera la dijo con esa sencilla admiración que distingue a las almas buenas:
- ¿ Te gusta ? No te decía yo, que aquí se oyen cosas muy bonitas. Y mira, eso lo ha compuesto la misma que lo ha leído.
- ¡ Sí ! ...
- Sí, sí; esa señora es de las que escriben novelas y versos ...
- ¡ Ay ! ¡ Quíen fuera como ella !
- No te figures, ahí donde la ves es pobre, no tiene a nadie, está sola, sin padre ni madre.
- Y que me importaría a mí eso, ¡ sabiendo lo que ella sabe !
Nosotros la miramos con esa dulce compasión con que se mira a los niños que no saben lo que quieren, y entonces no le dijimos nada, para no perder ni un detalle de aquel idilio de familia, de aquel cuadro encantador.
Supimos que aquella joven, sola en el mundo, se había ganado honradamente su subsistencia, un hombre la vio y la amó, y más tarde contrajo matrimonio con ella, el niño que tenía en sus brazos era el primer fruto de su dichosa unión, y la madre de su marido era la excelente mujer que le disputaba el cariño del hermoso ángel que las dos acariciaban con maternal ternura.
La sonrisa de paz iluminaba aquellos semblantes, y algo risueño, puro y tranquilo, se encontraba entre aquellos seres verdaderamente felices.
Cuando se fueron, la figura de la joven, reapareció en nuestra mente, y sus palabras resonaron con más claridad en nuestro oído, y una fuerza desconocida nos impulsaba a dedicarle un recuerdo. Nos hemos dejado llevar por ella, y trazaremos a continuación unos cuantos pensamientos que brotaron al calor de un deseo juvenil de entusiasmo, y de impremeditación.
Joven que hoy vives entre las flores de la vida, escucha el consejo de un ser, que pretende estudiar en el corazón humano.
En este planeta de expiación, donde el Espíritu dichoso es un condenado a muerte, el goce íntimo de la familia, es la unica dicha real y positiva que hay en el mundo. No te negaré que esta felicidad, casi siempre se compra con lágrimas, que no hay madre que no llore la pérdida de uno o de varios hijos, pocas, muy pocas, dejan de pagar este tributo [1]; pero como tras de la tempestad viene la calma, la mujer que se crea una familia tiene dolores supremos, pero tiene en recompensa goces tan puros, tan legítimos, tan sagrados, que superan a todas las glorias de la tierra, así pues: no envidies a nadie, que tu has alcanzado poseer la suma de felicidad que Dios ha concedido a las mujeres de este mundo.
Ten en cuenta que la mujer, tiene una gran misión que cumplir, y solo la cumplen debidamente aquellas que ejercen el sacerdocio de la familia. El Espíritu al tomar la envoltura femenina, se envuelve en ese débil ropage para aprender a sufrir y amar, para ejercitar su paciencia, para ser la protección de los pequeñitos, para ser tolerante y armonizarlo todo. La mujer es un compuesto de encantadora flaqueza y de arrebatadora energía; con su súplica nos desarma, y con su mandato nos seduce, y todas esas prerrogativas, todos esos encantos se desenvuelven en el seno de la familia.
Este es el templo donde la mujer tiene su culto, y donde ella se engrandece, en su casa, en su hogar; allí está en su centro, allí está en su mundo, y todas las mujeres que viven fuera de ese santuario, compadécelas; o son espíritus rebeldes que han venido únicamente a sufrir, porque tenían muchas deudas que pagar, o son espíritus ligeros que no han sabido cumplir los deberes de su misión, y son una especie mixta, que no tiene vida propria, ni en la tierra ni en el aire ni en el agua. A veces estos seres múltiples, sin punto fijo, suelen servir de guía a los demás, no por su proceder, sino por su predicación, y vistos de lejos encantan, y trazan la senda de muchas existencias sin haber sabido trazar la suya.
¡ Quizá Dios en su misericordia infinita permite que los buenos espíritus inspiren a estos seres a predicar la ciencia y el amor; para que su encarnación les sea provechosa y no pierdan todo el tempo empleado en ella !
Estas almas, tiene el destino de la antorcha como dijó Sellés: ¡ Dan la luz, el calor, y se cosumen ! ¡ Así pues, cuando te oímos decir, con esa espontaneidad que solo tiene la juventud: ¡Ay! Quién fuera como ella ! ... refiriéndote a una mujer que escribe en prosa, y en verso, y al hacerte presente que era pobre, y sin familia, exclamastes con ese entusiasmo de la inexperiencia: ¡ Y qué me importaría eso, sabiendo lo que ella sabe ! ¡ Inocente ! Tú crees que esa mujer sabe mucho, y tú has sabido más que ella, tu Espíritu ha sido más práctico, y más inteligente, y de mejores condiciones que el suyo, puesto que tú has sido merecedora de formarte una familia, y de vivir tranquila, en medio de una humanidad que según dice Emilio Souvreste: "Nos amamos lo estrechamente necesario para sufrirmos, y nos perdemos sin desesperación". El escritor fránces afirma un gran verdad, la generalidad de los hombres, nos toleramos unos a otros, pero no nos queremos.
¡ Cuán pocas veces en la vida se tiene la seguridad de llegar a una casa cuyos moradores estén impacientes por vernos ! Antes lo contrario, lo que suele suceder, es que al escuchar nuestra voz murmuran contrariados ¡ Qué fastidio ! Y luego nos reciben con los brazos abiertos, se resignan con nuestra visita, y sigue la tolerancia de la vida. Por esto, noble joven, alma sencilla y buena, que en medio de tu libre albedrío has sabido conquistarte el amor de un hombre, la consideración social, y los tiernos lazos de una familia, no envidies a nadie, que tú posees la suma de felicidad que merecen los espíritus felices en la tierra.
Aquí no hay más; la dicha de la mujer tiene su límite en el amor de su marido, y en las caricias de sus hijos; como en este planeta la rosa de más fragancia, es la que tiene más espinas, la tranquilidad conyugal, es la que se turba más fácilmente, porque hay mil causas para ello;desde el más lleve detalle, hasta el suceso más terrible, que es la pérdida de un ser querido; pero en estado normal, cuando el hombre desea llegar a su casa, y su mujer le espera con dulce impaciencia, diciendo al verle: Ya estaba con cuidado; hasta el niño te busca con los ojos, y le presenta a su hijo que le tiende sus bracitos sonriendo... esos momentos son la apoteosis de la felicidad, y esta felicidad tú la tienes, no envidies a nadie. Ruega más bien por esos seres que deleitan a los demás, y no guardan para ellos más que la soledad.
Si cuenta que un actor cómico, si mal no recuerdo, del teatro inglés, tenía el poder mágico de sostener la hilariedad de los espectadores mientras él estaba en escena. Un día este hombre que era la alegría de los demás, fue a ver un médico y le dijo:
- Yo vengo a ver, se Vd puede curarme una enfermedad moral, que me consume hace muchos años, y que al fin se relaciona con mi cuerpo, porque me faltan las fuerzas hasta para andar.
El médico le habló de varios remedios, le aconsejó que viajará, y por último le dijo:
- Hombre, vaya Vd a ver a ese actor cómico tan célebre, tal vez sus agudezas le hagan reír.
¡Ay¡ Contestó el enfermo, esa distración está negada para mí, yo soy esa celebridad, y no puedo hacerme reír.
Pues bien, ese cuento se puede aplicar a todos los seres que tienen alguna irradiación; no creas que los escritores, la mayoría de ellos ven la luz que difunden; son espíritus que sufren grandes pruebas, son almas muy enfermas, que en sus horas de fiebre, cuentan sus penas a la multitud.
Su adelanto intelectual ha superado a su progreso moral, y por esto muchos de ellos viven solos, y cuando forman familia suele acontecer que sus extravíos desatan los lazos y siguen su vida aventurera, diciendo el mundo ¡ Cosas de los genios !
No; vano subterfugio, no son cosas de los genios; es el desequilibrio entre la ciencia y la moralidad.
La instrucción y el talento no son incompatibles con el amor.
Sócrates fue un gran hombre y es proverbial su paciencia evangélica, con el carácter irascible de su mujer.
Victor Hugo es una de las celebridades contemporáneas, y fue un modelo de amor paternal.
En los hombres no hay excentricidades; lo que tienen son defectos, hijos de su inferioridad.
Adíos querida niña; da gracias al Eterno por lo bien que has sabido emplear tu tiempo haciendo adelantar a tu Espíritu.
Vive tranquila en tu humilde rincón, desconocida de todos, pero amada profundamente por tu marido, y cuando eleves tu plegaria a Dios, ruega por eses seres que saben tanto, que muchos de ellos no son otra cosa más que médiuns escribientes que sirven de intérpretes a otras inteligencias.
Si la noble envidia del engrandecimiento de tu ser se apodera de tí, envidia en buena hora a la mujer que se sacrifique por la humanidad, principiando por su familia, y acabando por el último mendigo que gime en un hospital, porque esos espíritus fuertes son nobles héroes en la tierra, y ángeles de luz, en la eternidad.
No ambiciones tener un gran talento, prefiere ser buena, y que cuantos te conozcan admiren tu gran corazón.
Ciencia y caridad son las substancias de que se compone la vida; pero nunca tenemos igual dosis de esos principios infinitos; somos dueños de elegir a placer, más del uno que del otro; la perfección consiste en ser buenos y sabios, pero no olvides jamás mi consejo, entra las dos calificaciones de mujer buena, y mujer sabia; ruega a Dios que mañana cuando dejes a la tierra, al recordarte tu familia y tus amigos, exclamen con melancólica ternura:
¿ Por qué se habrá ido ? ¡ Era tan buena !
Observaciones del GEAE
1 - No se debe olvidar que este artículo ha sido escrito en la segunda metad del siglo XIX. Las ciencia medica ha progresado mucho desde entonces y la moratlidad infantil decrescido hasta se tornar una excepción y no la regla como era en aquellos tiempos.

 Amalia Domingo Soler
Del libro "La Luz del Camino",

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    ESTUDIO DE LIBRO "GÉNESIS"

                         
 " La Tierra en un principio era sin forma y estaba vacía"

La Tierra era sin forma y vacía; y había oscuridad sobre la cara del abismo; y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas (Génesis, 1:2)

Y la tierra era sin forma y vacía; este es el modo como el redactor bíblico se manifestó, para él la tierra era informe, o sea, sin forma.
Cuando alguien compra un terreno y planea allí la construcción de su casa, en su campo mental ya está lista, él consigue visualizar todo y hasta transitar mentalmente entre las habitaciones. Al llegar un desconocido, intenta enseñarle su casa porque este no consigue visualizar nada en este terreno vacío y sin forma.
Para Dios, el tiempo no pasa, el tiempo es: Él es anterior al tiempo. En el Campo Mental del Creador, todo existió desde siempre, y de forma organizada.
Nada está vacío. "Lo que te parece vacío está ocupado por materia que escapa a los sentidos y a los instrumentos. "El germen primitivo de todo siempre existió en estado latente, pero quedó aguardando el momento propicio para desarrollarse.
Para el hombre existe el antes y el después; él tiene que contruir y que construirse, por el principio del vacío y sin forma, cabe a cada uno dar su forma llenando el vacío. Esta es la oportunidad del trabajo, y a partir de ahí, de su propia edificación.
.... y había oscuridad sobre la superficie del abismo; la luz irradia por el infinito. Dios es luz, Dios es amor; de este modo la luz es anterior a todo. Por tanto, en nuestro universo material es debido a nuestros sentidos adaptados a este universo a la luz que se expresa sobre la oscuridad. Es precisa la oscuridad para que ella (la luz) se refleje. La luz precisa de su opuesto para manifestarse. Del mismo modo es la relación entre el bien y al mal.
En la creación de nuestro orbe la oscuridad sobre la superfcie del abismo, expresa el caos inicial cuando los elementos aún estaban en confusión. Poco a poco, cada cosa tomó su lugar.
En la intimidad del Espíritu se da del mismo modo, antes de la revelación crística en nosotros reinaba la oscuridad, después la absorción de la Luz, que representa el entendimiento de la revelación, se apaga en la noche del desequilibrio que genera desarmonía..
.... había oscuridad sobre la superficie del abismo;y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.
Pasaron millares de años.... desde la tierra sin forma y vacía ( el principio de formación del planeta, momento en que los técnicos espirituales bajo la coordinación del gobernador planetario iniciaron la construcción del orbe físico), hasta el principio de la vida orgánica con el surgimiento del protoplasma.
LOS PRIMEROS HABITANTES DE LA TIERRA
Decíamos que una capa de materia gelatinosa envolvía el orbe terreno en sus más íntimos contornos. Esa materia amorfa y viscosa, era el caldo sagrado de las simientes de la vida. El protoplasma fue el embrión de todas las organizaciones del globo terrestre y, si esa materia, sin forma definida, cubría la cresta solidificada del planeta, en breve la condensación de la masa daba origen al surgimiento del núcleo, iniciándose las primeras manifestaciones de los seres vivos.
Los primeros habitantes de la Tierra, en el plano material, son las células albuminoides, las amebas y todas las organizaciones unicelulares, aisladas y libres, que se multiplican prodigiosamente con la temperatura caliente de los océanos.
Con la purga incesante del tiempo, esos seres primordiales se movian a lo largo de las aguas, en donde encuentraban el oxígeno necesario para el mantenimiento de la vida, elemento que la tierra firme no poseía aún en proporciones de poder mantener la existencia animal, antes de las grandes vegetaciones esos seres rudimentarios solamente revelaban un sentido- el que dió origen a todos los otros, en función de perfeccionamiento de los organismos superiores.
Este momento representa la reunión de los elementos que reflejan el pensamiento de Dios en el plano aplicativo (dinámico), y las unidades psíquicas que ya se ajustan al desarrollo natural del orbe en este estadio en que se encontraba la evolución.
Los espíritus superiores están presentes porque hay trabajo.
El campo dinámico del psiquismo desde el psiquismo del hombre hasta una bacteria, están ampliamente conjugados.
Nuestro propio organismo es un óptimo ejemplo, existen en él unidades psíquicas que inician el proceso evolutivo, todo bajo la orientación del Espíritu, ya en fase superior de evolución.
El espíritu de Dios se movía,es la representación del plano superior operacional.
Se movían (dualidad), saliendo de un lugar y yendo para otro. El plano de caridad a través  del trabajo es dual.
Superficie de las aguas, son los elementos receptores del espíritu de Dios. Importancia del campo mental en la estructuración de las realizaciones, de prpeparación de la "superficie de las aguas" para que el espíritu de Dios produzca algo positivo.
Superficie del abismo; tipos de elementos que quedan estancados, como si fuese la unidad psíquica vinculada al mineral.
Superficie de las aguas- movimiento dinámico.
Abismo- profundidad que acoge los elementos embrionarios (germen)

Tenemos en el abismo dos tipos de elementos:
. En evolución normal.
. En caída desde las fajas superiores.
. El error o pecado, dentro de la concepción de las religiones, es lo mismo que la caída desde las áreas superiores del psiquismo para las profundidades del abismo, de la consciencia para la inconsciencia.
Autor: Claudio Fajardo de Castro (Juiz de Fora/MG)
es miembro da Rede Amigo Espírita
Cláudio Fajardo es banquero, escritor desde 1997, se dedica al estudio del Nuevo Testamento a la  luz de la Doctrina. Coordinó un curso de Espiritismo en el Centro Espírita Amor y Caridad en Goiânia – GO, denominado de Curso de Espiritismo y Evangeio. A partir de ahí  surgieron sus libros: El Sermón del  Monte, Jesus Terapeuta I e II, El Sermón Profético y El Sermón  del  Cenáculo, todos publicados por la Editora Itapuã.

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       NÚMERO DE REENCARNACIONES.

El número de vidas futuras o renacimientos necesarios para llegar a la meta, no está determinado por la Ley. 

Como dijimos al comienzo, la vida del Espíritu es una sola; y las encarnaciones o vidas en los planos físicos, se suceden durante esa vida, que es eterna, en procura de purificación y sabiduría, que elevarán al Espíritu hacia la perfección, meta hacia la cual todos VAMOS; y le liberará de la necesidad de encarnaciones en los mundos atrasados, primero, y más adelantados, después.

Necesario es aclarar que, el tiempo que media entre una y otra vida física, tampoco está fijado cronológicamente, como alguien pueda creer: ya que son varios y variados los factores que influyen en ello. Mientras algunos seres deseosos de progreso vuelven con frecuencia, otros permanecen largos períodos en el ASTRAL , esa otra dimensión extrafísica.

Como regla general, podemos decir que, los que más necesitan, los más atrasados, reencarnan con relativa frecuencia (aunque mucho depende de las «disponibilidades«). Y a medida que el alma se purifica y el intelecto se desarrolla, es decir, a medida del progreso del Espíritu, el intervalo de tiempo entre una existencia y otra, es mayor.

Lo mismo puede ser de cinco, cincuenta, como de quinientos o más años.

En las primeras fases de la etapa humana, las reencarnaciones son más frecuentes por la necesidad que el Espíritu tiene de adquirir experiencias.

A medida que va saliendo de esa primera fase bestial de la vida tribual completamente salvaje y va entrando ya en civilizaciones semisalvajes, y luego en ambientes con mayores facilidades de progreso, comienza a acentuarse más en su alma el egoísmo, con su secuela de: ambición, deseo de dominio, etc.; que endurecen su alma al punto de llegar al crimen, en las diversas modalidades.

En el estado salvaje, apenas infringe las leyes de la vida, ya que actúa instintivamente; pero, ya en esta otra fase, las transgrede con harta frecuencia, adquiriendo deudas para con la Ley; y aferrándose a su modalidad egoística, rehusa aceptar una vida de rectificación y dolor, permaneciendo largos períodos en el astral inferior, interviniendo casi siempre en el plano humano, incidiendo en la mente de los humanos, azuzando sus pasiones, etc. Son los demonios de las religiones. Empero, como no pueden permanecer eternamente en esa condición, porque ello es contrario a la Ley de Evolución, llega un momento en que la Luz penetra en su mente, enseñándoles el verdadero camino del progreso espiritual y haciéndoles sentir la necesidad de avanzar hacia él. Entonces, arrepentidos, rectifican su rumbo y comienzan su expiación en nuevas vidas de dolor.

Cuando el Espíritu ha llegado ya a un grado medio de evolución, como en el que se encuentran los sectores más inteligentes de nuestro conglomerado humano y aquellos que ya están vibrando en amor y actuando en la práctica del bien; sienten la necesidad de progreso, de proseguir en la realización de la tarea comenzada en el ayer e interrumpida por la muerte.

Después de una larga estadía en el plano extrafísico, los seres ya más evolucionados sienten grandes ansias de progreso renovador, por verse inhabilitados, además, a ascensiones mayores; y entonces renuncian a esa vida maravillosa de su habitat y deciden volver de nuevo a la lucha, en la cual algunas veces sucumben por no haber medido bien sus fuerzas. Conocen las vicisitudes que habrán de pasar en la nueva vida de la carne; pero, el deseo que sienten de volver al plano físico, a pesar de los esplendores de la vida maravillosa en que se encuentran, les hace decidirse. Es una fuerza interna que les impele a volver, es la Ley de Evolución que presiona sobre el Espíritu. Podemos comparar este fenómeno a lo que acontece al individuo emprendedor que, teniendo la certeza de los sinsabores que una nueva empresa le reserva, se siente atraído a ella, renunciando a ciertas ventajas que la vida tranquila y del hogar le ofrece.

La falta de armonía y de frivolidad en que viven de ordinario los matrimonios, son un impedimento para que espíritus superiores encarnen en mayor número en nuestro mundo. A veces sucede que encarnan en ambientes que luego les resultan tan asfixiantes y pesados que se resienten y a veces no resisten, volviendo al espacio sin haber podido desarrollar su programa de realizaciones, su destino.

Los muy evolucionados, cuando encarnan en ambientes rudos, sufren mucho, especialmente en la infancia, debido a su mayor sensibilidad. Se dice que viven en la luna, por su tendencia a la ensoñación.

Sebastián de Arauco.

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jueves, 23 de julio de 2015

De la aprensión a la muerte


 
         
CAUSAS ACTUALES DE 

LAS AFLICCIONES


Las vicisitudes de la vida son de dos clases o, si así se prefiere, tienen dos fuentes de origen muy distintos, que interesa distinguir: la causa de unas está en la existencia presente, y la de las otras, fuera de esta vida.
Remontándonos al origen de los males terrenos, reconoceremos que muchos de ellos son la natural consecuencia del carácter y conducta de aquellos mismos que los padecen.
¡Cuántos hombres caen por su propia culpa!  ¡Cuántos son víctimas de su imprevisión, orgullo y ambición!  ¡Cuán grande es el número de personas arruinadas por falta de orden, de perseverancia, por mala conducta o por no haber sabido trazar un límite para sus deseos!  ¡Cuántas uniones desventuradas, porque se han fundado en un cálculo del interés o de la vanidad y porque el corazón no intervino en ellas en modo! Cuántas disensiones y querellas funestas hubieran podido evitarse si se hubiera tenido más moderación y menos susceptibilidad!  ¡ Cuántas enfermedades y achaques son la consecuencia de la intemperancia y de los excesos de todo tipo!
¡ Y cuántos padres son desdichados a causa de sus hijos, porque no combatieron desde el principio las malas tendencias de éstos! Por debilidad o indiferencia permitieron que se desarrollaran en ellos los gérmenes del orgullo, el egoísmo y la tonta vanidad, que secan el corazón. Y más tarde, al cosechar según habían sembrado, esos padres se asombran y se atribulan ante la falta de respecto y la ingratitud de sus hijos.
Todos aquellos que han sido heridos en su corazón por las vicisitudes y desilusiones de la vida, interroguen con serenidad a su propia conciencia; remóntense  paso a paso hasta la fuente misma de los males que les afligen, y comprobarán que en casi todos los casos pueden decirse: Si yo hubiera hecho (o no hubiera hecho) tal cosa, no me encontraría en esta situación.
Pues, ¿ a quién deben todas esas tribulaciones, más que a sí mismos? Porque muchisimas veces el hombre es el artífice de sus propios infortunios. Pero, en lugar de reconocerlo así encuentra más sencillo y menos humillante para su vanidad acusar de ellos a la suerte, a la Providencia, a la falta de oportunidades o a su mala estrella, que en rigor de verdad reside en su propia incuria.
Esta clase de males son, seguramente, muy numerosos dentro de las vicisitudes de la vida del hombre, que los evitará cuando trabaje tanto en pro de su mejoramiento moral como del intelectual.
La ley humana reprime ciertas faltas y las castiga.     En un caso así, el condenado puede decirse a sí mismo que está sufriendo las consecuencias de lo que hizo. Pero aquella ley no alcanza ni puede abarcar todas las faltas. Reprime más especialmente a las que infligen un daño a la sociedad, y no a aquellas otras que sólo perjudican a quienes las han cometido. Pero Dios quiere el progreso de todas sus criaturas, de ahí que no deje sin sancionar ninguna desviación del recto camino. No hay una sola culpa, por leve que fuere, no existe una sola  infracción a la ley de Dios que no tenga consecuencias forzosas e inevitables más o menos molestas. De ello se deduce que, tanto en las cosas pequeñas como en las grandes, el hombre es siempre castigado por donde pecó. Los sufrimientos resultantes de su falta son para él una advertencia de que procedió mal. Le dan experiencia, le hacen distinguir la diferencia existente entre el bien y mal y la necesidad de mejorarse para evitar en lo futuro lo que ha sido ya para él una fuente de pesares.
A no ser por esto, no tendría ninguna razón para enmendarse. Confiado en la impunidad, retrasaría su progreso y, por tanto, su felicidad venidera.
Pero suele suceder que la experiencia llegue a veces un poco tarde. Cuando la vida ha sido dilapidada sin provecho y perturbada, cuando las fuerzas se han gastado y el mal no tiene remedio, entonces el hombre se limita a decirse: ¨Si al principio de mi vida hubiera sabido lo que ahora sé, ¡cuántos pasos en falso me hubiera ahorrado!. Si tuviera que recomenzar, obraría de una manera muy distinta. Pero ya no queda tiempo." Así como el operario holgazán expresa: "Perdí el día", del mismo modo aquél piensa: "He desperdiciado la vida.".Pero, lo mismo que para el obrero el sol saldrá al día siguiente y una nueva jornada habrá de iniciarse, que le permitirá recobrar el tiempo perdido, no de otro modo para el hombre, después de la noche de la tumba, lucirá el sol de una nueva vida, en la cual podrá aprovechar la experiencia del pasado y las buenas resoluciones que ha tomado con respecto al porvenir.
 
El Evangelio según el Espiritismo
Allan kardec

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DE LA APRENSIÓN A LA MUERTE

El hombre, sea cual fuere el grado de la escala al que pertenezca, desde el estado salvaje, tiene el sentimiento innato del futuro. Le dice la intuición que la muerte no es la última palabra de la existencia y que aquellos que lamentamos no están perdidos sin retorno. La creencia en el futuro es intuitiva y infinitamente, más general que la de la nada. ¿Cómo es pues, que, entre los que creen en la inmortalidad del alma, aun se encuentra tanto apego a la cosas de la Tierra, y tan grande aprensión a la muerte?
La aprensión a la muerte es el efecto de la sabiduría de la providencia, y una consecuencia del instinto de conservación común a todos los seres vivos. Ella es necesaria en tanto el hombre no esté bastante esclarecido en cuanto a las condiciones de la vida futura, como contra peso a la tendencia que, sin ese freno, lo llevaría a dejar prematuramente la ida terrestre, a menospreciar el trabajo de aquí, que debe servirle para su adelantamiento.
En por seso que, en los pueblos primitivos, el futuro no pasa una vaga intuición, más tardes simple esperanza; en fin, más tarde una certeza, pero aún contrabalanceada por un secreto apego a la vida corporal.
A medida que el hombre comprende mejor la vida futura, disminuye la aprensión a la muerte; pero al mismo tiempo, comprendiendo mejor si misión en la Tierra, espera si fin con más calma, resignación y sin miedo. La certeza de la vida futura da otro curso a sus ideas, otro objetivo a sus trabajos; antes de tener certeza, solo trabaja para el presente; con esta certeza trabaja con vistas al futura, sin descuidar el presente, porque sabe que su futuro depende de la dirección, más o menos buena que de al presente. La certeza de reencontrar a los amigos después de la muerte, de continuar las relaciones que tuvo en la Tierra, de no perder el fruto de ningún trabajo, de crecer incesantemente en inteligencia y perfección, le da paciencia para esperar y coraje para soportar la momentánea fatiga de la vida terrena. La solidaridad que ve establecerse entre los muertos y los vivos, le hace comprender la que debe existir entre los vivos; desde entonces la fraternidad tiene su razón de ser y la caridad un objetivo en el presente y en el futuro.
Para liberarse de las aprensiones a la muerte, debe poder encararla bajo su verdadero punto de vista, esto es penetrar por el pensamiento en el mundo invisible y tener hecha una idea de él tan exacta cuando es posible, lo que denota en el Espíritu encarnado un cierto desarrollo y una cierta aptitud para desprenderse de la materia. En los que no son suficientemente avanzados, la vida material aún predomina sobre la vida espiritual, ligándose a lo exterior, el hombre sólo ve vida en el cuerpo, al paso que la vida real está en el alma; estando el cuerpo privado de vida, a sus ojos todo está perdido y se desespera. Si, en vez de concentrar el pensamiento en la vestimenta externa, la volviese para la fuente misma de la vida, sobre el alma, que es el ser real, sobreviviente a todo, lamentaría menos el cuerpo, fuente de tantas miserias y de tantos dolores. Pero para eso es preciso una fuerza que el Espíritu solo adquiere con la madurez.
La aprensión a la muerte depende, pues, de la insuficiencia de las nociones sobre la vida futura; pero denota la necesidad de vivir, y el miedo que la destrucción del cuerpo sea el fin de todo. Es, así, provocada por el secreto deseo de sobrevivencia del alma, aún velada por la incertidumbre.
La aprensión se debilita a medida que se adquiere la certeza; desaparece cuando la certeza es completa. 

ALLAN KARDEC
Revista Espírita, febrero 1865

Extraído  por Juan C. Mariani de la Revista “La Idea” N° 614

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Conducta de misericordia
 
...Sé un momento de esperanza para quien te busque, o una oportunidad de renovación para quien te perturbe o te desafíe, permaneciendo en paz contigo mismo cualquiera sea la situación.
- Joana de  Ángelis -


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SÓCRATES
Y LA INMORTALIDAD
DEL ALMA

 En el año 399 antes de la era cristiana, el Tribunal de los Heliastas, compuesto por representantes de las diez tribus que componían la demócrata Atenas, se reunía con sus 501 miembros para cumplir una obligación bastante difícil.
 Representantes del pueblo, escogidos aleatoriamente, estaban allí para juzgar al filósofo Sócrates.
 El pensador era acusado de rechazar a los dioses del Estado, y de corromper a la juventud.
 Figura muy controvertida, Sócrates era admirado por unos, criticados por otros.
 Tenía la costumbre de andar por las calles con grupos de jóvenes, enseñándolos a pensar, a cuestionar sus propios conocimientos sobre las cosas y sobre sí mismo.
 Sócrates desenvolvió el arte del diálogo, la mayéutica, este momento del “parto” intelectual, de la búsqueda de la verdad en el interior del hombre.
 Su decir “Sólo sé que no sé nada” representa la sapiencia mayor de un ser, reconociendo su ignorancia, reconociendo que necesitaba aprender, buscar la verdad.
 Por eso fue sabio, y además de sabio, dio ejemplos de conducta moral inigualables.
 Vivió en la simplicidad y siempre reflexionó al respecto del mundo materialista, de los valores ilusorios de los seres, y de las creencias vigentes en su sociedad.
 Frente a sus acusadores fue capaz de dejarles lecciones importantísimas, como cuando afirmó:
  “No tengo otra ocupación sino la de persuadiros a todos, tanto viejos como jóvenes, de que cuidéis menos de vuestros cuerpos y de vuestros bienes que de la perfección de vuestras almas.
 El gran filósofo fue condenado a la muerte por cerca de 60 votos de diferencia.
 La gran mayoría quería que él intentase negociar su pena, asumiendo el crimen, e intentase librarse del castigo capital, con el pago de algunas monedas.
 Con seguridad, todos saldrían con las conciencias menos culpables.
 Todos, menos Sócrates que, de ninguna forma, se permitió ir contra sus principios de moralidad íntimos. Así, aceptó la pena impuesta.
 Preso cerca de 40 días, tuvo oportunidad de escapar, dado que sus amigos consiguieron una forma ilícita de darle la libertad.
 No la aceptó. No permitió ser deshonesto con la ley, por más que esta lo hubiese condenado injustamente. Una vez más ejemplificó la grandeza de su alma.
 Y fueron extremadamente tranquilos los últimos instantes de Sócrates en la Tierra.
 Una calma espantosa invadía su semblante, y causaba admiración en todos los que iban a visitarlo.
 Indagado al respecto de tal sentimiento, el pensador reveló lo que le animaba el espíritu:
 “¡Todo hombre que llega a donde voy ahora, que enorme esperanza no tendrá de que poseerá allí lo que buscamos en esta vida con tanto trabajo!
 Este es el motivo de que este viaje que ordenan me trae tan dulce esperanza.”
 Sí, Sócrates tenía la seguridad íntima de la inmortalidad del alma, y dejó eso bien claro en varios momentos de sus diálogos.
 La perspicacia de sus pensamientos y reflexiones ya habían llegado a tal conclusión lógica.
 El gran filósofo partía, cierto de que continuaría su trabajo, de que proseguiría pensando, dialogando, y de que desvelaría un nuevo mundo, una nueva perspectiva de la vida, que es una sola, sin muerte, sin destrucción.

- Mercedes Cruz -

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     EL TIEMPO Y SU FORMA ESPECIAL DE MOVERSE

El tiempo tiene su manera especial de moverse rápidamente y tomarnos desprevenidos del paso de los años. Parece que solo ayer era joven, recién casada y embarcándome en mi nueva vida con mi pareja. Pero de cierta forma parece que fue hace mucho tiempo y ahora pienso, a donde se fueron los años? Sé que los he vivido todos. Tengo visiones como fue entonces y de todas mis esperanzas y sueños. Pero, aquí se aproxima el invierno de mi vida y "me agarra por sorpresa". Como llegue aquí tan rápido? Donde se fueron los años? Adonde se fue mi juventud? 
Aunque por los estándares de hoy en día, todavía no he llegado al invierno de ella, pero si se que ya estoy en mi otoño. El otoño de nuestras vidas es la estación donde tal ves por primera vez podemos pensar mas en nosotros mismos, sin sentir ninguna clase de remordimiento por hacerlo. Nuestros hijos ya son adultos, con sus vidas ya trazadas. Para muchos de nosotros desgraciadamente nuestros padres han partido y hemos formado a ser los patriarcas de la familia. 
Recuerdo bien haber visto personas mayores a través de los años y pensaba que aquellas personas mayores aun estaban muy lejos de mí y que ese invierno estaba tan lejos que no me podía imaginar cómo sería....... Pero aquí está, mis amigos están retirados y volviéndose "grises", se mueven más lento y ahora veo esa persona mayor en ellos. Algunos están en mejor forma, otras peor que yo, pero todos hemos cambiado. No los veo como los que recuerdo cuando eran jóvenes y vibrantes, sino como yo, su edad se empieza a mostrar y ahora somos aquellas personas mayores que solía ver. 
Últimamente me estoy acordando de las cosas que mi abuelita me decía, Como cuando encontraba que solo el tomar una ducha era uno de los acontecimientos importantes del día! Y que tomar una siesta ya no era algo agradable que le gustaba hacer de vez en cuando, sino que era algo obligatorio! Porque si no lo hacia por su propia voluntad, simplemente se quedaba dormida donde estaba sentada! 
Estoy consciente que esa nueva etapa de la vida se aproxima, sin preparación alguna para todos los dolores y achaques que tengo consciencia llegaran y la pérdida de fuerza o habilidad para ir y hacer todas las cosas que quisiera hacer!! Pero, por lo menos se, que aunque el invierno se aproxima rápidamente y no estoy segura cuánto va a durar, pero de algo si estoy segura, es que cuando mi invierno se acabe en esta tierra, no es el final. Estoy convencida que otra aventura empezara! 
Sí, tengo arrepentimientos. Hay cosas que hubiese querido no haber hecho, cosas que debí haber hecho, pero de verdad, hay muchas mas otras de las que estoy contenta porque las hice y como las hice. Así que si todavía no estás en el otoño de tu vida, permíteme recordarte que estarás aquí mucho más rápido de lo que piensas. Por lo tanto, cualquier cosa que quieras lograr en tu vida, por favor hazlo rápido. No lo pospongas por mucho tiempo. La vida se pasa rápido. Haz todo lo que puedas hoy, porque nunca estarás seguro si ya es tu otoño o el principio de tu invierno o no! No tienes promesa que veras todas las estaciones de tu vida, así que vive por el hoy y di todas las cosas que quieres decir a tus seres queridos, para que te recuerden con amor, por todas las cosas que les dijiste e hiciste por ellos en el pasado !! 
Mi recomendación para aquellos que aún se encuentran en el verano de sus vidas es que siempre recuerden que la vida es un regalo, que puede terminar en cualquier momento., el otoño ni el invierno le está garantizado a nadie, solo llegan de sorpresa. La forma en que decidimos vivir es el regalo que le dejamos a los que vienen atrás. Haz de este viaje algo único y fantástico. Viviendo bien, gozando bien, sintiéndote feliz y agradecido del maravillosa regalo que la vida es!

- Mercy Ingaro -

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