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sábado, 29 de agosto de 2015

Autenticidad y comprobaciones



LA EXPERIENCIA EN EL TIEMPO


El hombre realiza la experiencia de Dios en el tiempo, durante el transcurso de su evolución natural. No se puede tener una experiencia artificial de Dios en algunos minutos o unas pocas horas de meditación. Esa experiencia natural -y de naturaleza vital- es parte integrante de la vida y de la existencia humana. Podemos recordar la expresión de Descartes: La idea de Dios en el hombre es semejante a las características del obrero en su obra. Descartes fue el precursor de Kardec, como Juan el Bautista lo fue de Cristo.
Tenemos, por tanto, una curiosa correlación histórica entre el advenimiento del Cristianismo y la aparición del Espiritismo, que se complementa en otros numerosos aspectos. Recordando la teoría de la reminiscencia formulada por Platón, según la cual las almas nacen en la Tierra marcadas por el recuerdo del mundo de las ideas, comprenderemos más fácilmente la existencia de la idea innata de Dios en el hombre. Esa idea innata no es solo una marca, sino también el punto inicial o el eje en torno del cual se procesa todo el desarrollo espiritual de la criatura humana. Podemos seguir ese proceso desde la adoración de los elementos naturales por el hombre primitivo -a partir de la litolatría, adoración de la piedra y de otras formaciones minerales- hasta la aparición del monoteísmo, con la idea de Dios único, que Kant consideró como el más elevado concepto formulado por la mente humana. Vemos, entonces, que la idea de Dios representa, histórica y antropológicamente, una especie de marcapaso de toda la evolución humana.
En el hallazgo del cogito, de la cogitación de Descartes sobre la realidad o no de la existencia, el descubre, en lo más profundo de sí mismo, una idea extraña que es la de la existencia de un Ser Absoluto y, por tanto, absolutamente perfecto. Esa idea no podía haber sido originada por sus experiencias de ser relativo e imperfecto. Descartes la consideró extraña porque sólo podría provenir de fuera de él, de la existencia real de ese Ser Absoluto. Así descubrió que tuvo una experiencia de Dios, enteramente independiente de todas sus experiencias terrenas.
La importancia de esos hechos históricos y culturales fue deliberadamente negada por la cultura lega que se desenvolvió en el Renacimiento y dio forma al mundo moderno. El predominio creciente de las conquistas materiales de la civilización occidental asfixió a esas conquistas del Espíritu. El hombre se olvidó del significado de esos hechos, de esos episodios culminantes de la cultura humana, y las religiones dogmáticas transformaron la idea de Dios en una simple creencia desprovista de raíces experimentales.
Fue mérito del Espiritismo el restablecer la verdad y colocar la experiencia de Dios en su debido lugar dentro del vasto panorama de la evolución de la humanidad. Se trata de la más importante y profunda experiencia del hombre, de una experiencia que deberá llevarlo a la comprensión de su verdadera naturaleza y de su auténtico destino. En consecuencia, es imposible reducirla a una conquista particular y eventual de algunas solas personas que hoy se entregan a las prácticas de la meditación.
Aclaro que no pretendo negar ni disimular el valor de la meditación como disciplina mental y recurso de elevación espiritual. Sólo sostengo que la meditación es el resultado y no la generadora de la experiencia de Dios, pues esa experiencia ya acompañaba al hombre mucho antes que él hubiese adquirido el poder del pensamiento abstracto y pudiese meditar.
La vivencia religiosa, por el simple hecho de ser vivencia y no reflexión, es inherente al hombre desde su aparición en el planeta. Esa es una cuestión que hoy se nos muestra de una manera evidente. La concepción espirita va aún más lejos y más profundamente, pues niega al hombre actual el derecho de aislarse del mundo para buscar a Dios y, por tanto, de buscar a Dios o a los poderes espirituales por medio de procesos artificiales.
El medio natural de evolución, para el hombre y para todas las cosas y todos los seres, es la relación. Si cortamos nuestro contacto social y cultural para elevarnos, nos estamos ubicando en una situación errada y tomando un camino ilusorio.
La búsqueda solitaria de Dios es un acto egocéntrico y preferencial. El místico vulgar no bucea en sí mismo para encontrar en Dios la relación con el mundo -como lo hizo Descartes-, sino que, por el contrario, lo hace para desligarse del mundo y unirse aisladamente a Dios. No es guiado por el amor a la humanidad, sino por el amor a sí mismo. Prefiere elevarse por encima de los demás, para encontrar en Dios el refugio y la fortaleza con los que podrá construir y usufructuar, solito, su felicidad particular. Prefiere la fuga del mundo basada en su superioridad personal y, por tanto, egoísta y antirreligiosa, a su ligación con el mundo y con Dios para la realización de la unidad global, que es el objetivo de la religión. La diferencia absoluta entre la posición de Cristo y la posición de Buda y de las llamadas religiones orientales, es esa, precisamente.
Mientras Buda abandona el mundo para buscar a Dios en la soledad, Cristo se sumerge en el mundo para religar a los hombres en y con Dios. La acción de Buda es subjetiva y contraria a la experiencia del mundo, mientras que la dinámica de Cristo es objetiva, pues considera a la experiencia del mundo necesaria para el desenvolvimiento de 1a experiencia de Dios en el hombre.
Medio millón de personas entregadas a la meditación con el fin de intentar la unión personal de cada una de ellas con Dios, no representa un esfuerzo colectivo de unidad -una acción religiosa-, sino una simple coincidencia de esfuerzos particulares y aislados, como sucede en la búsqueda de oro en las regiones auríferas. No se trata, pues, de un esfuerzo colectivo, sino de millares de intentos individuales y egoístas.
Tampoco quiero negar -de ninguna manera-, el valor espiritual de Buda, cuya enseñanza correspondía a la necesidad de orientación de una comunidad de almas extrañas a la Tierra, exiliadas en nuestro planeta, que tenían por objetivo el regreso a su mundo de origen. En ese caso, la negación individual del mundo -de nuestro mundo- se manifestaba en forma colectiva en razón del objetivo común del retorno al paraíso perdido. La teoría espírita de la migración entre los mundos -apoyada en la teoría cristiana de las muchas moradas de la casa de mi Padre- es la clave indispensable para 1a comprensión de este problema.
En la evolución de cada mundo llega un momento en que su población se divide en dos campos bien diferenciados, como se observa hoy en la Tierra. Uno de ellos evolucionó lo suficiente para integrar una humanidad planetaria superior, mientras el otro continúa en un estado de inferioridad. La población de ese plano inferior necesita, entonces, ser transferida a otro mundo que esté en su mismo nivel evolutivo a efectos de que recupere allí el tiempo perdido.
Cuando esa población haya alcanzado en ese otro planeta el progreso necesario, retornará a su mundo de origen. En esa situación, la vivencia aislada en las prácticas solitarias de la meditación constituye una recapitulación del aprendizaje. A esas almas emigradas era a las que Buda dirigía su mensaje superior, como otros lo habían hecho antes que él. En nuestra humanidad terrestre solamente la acción de Cristo -venciendo al mundo, según sus propias palabras-, impulsó el aceleramiento evolutivo que viene transformando a la Tierra no sólo en las áreas cristianas, sino en toda su extensión. El Cristianismo institucional, de iglesia, absorbiendo elementos espirituales de las religiones orientales, que se oponían a los principios de entregarse al mundo de las religiones mitológicas, se sumergió en el ascetismo de las órdenes monásticas de Oriente y en el aislacionismo de la concepción socio céntrica de Israel. Las sectas cristianas se encerraron en si mismas, desde la comunidad apostólica del libro Hechos de los Apóstoles, estableciendo una división arbitraria entre los escogidos de Dios y los abandonados por él. La práctica del bautismo del espíritu, del tiempo de Jesús, que daba a la criatura la experiencia directa de la realidad espiritual, se convirtió en la forma de evocación ritual y privilegiada del Espíritu Santo, que da al creyente la ilusión de una condición conferida por la gracia.
Las iglesias cristianas se transformaron en islas de santidad y de pureza en medio de la impureza del mundo, como el Israel antiguo en el mundo mitológico.
La experiencia de Dios, personal e intransferible, sustituyó a la experiencia de Dios en el mundo, a la vivencia universal de la enseñanza y del ejemplo de Jesús. Es por esa causa que los cristianos de hoy se organizan en grupos socios céntricos cerrados.
Contrariamente a eso, la revelación espirita considera a la gracia, sencillamente, como la fuerza que Dios concede al hombre de buena voluntad para vencer sus imperfecciones, sea él de tal o cual religión o de ninguna. El bautismo antiguo del espíritu es sustituido por el bautismo exclusivista y sectario, mientras que aquél era accesible a todos, no según el criterio eclesiástico, sino de acuerdo al criterio de Dios. Nada ejemplifica mejor esa cuestión que el episodio de Hechos de los Apóstoles en que el apóstol Pedro, en Jope, se niega a atender al centurión Cornelio, más, advertido por el mundo espiritual lo atiende y descubre el sentido universal del bautismo del espíritu. Pedro, aun imbuido de los principios aislacionistas del judaísmo, no podía comprender que le fuese permitido socorrer a una familia de romanos en que la mediumnidad comenzaba a manifestarse. Fue necesario que el Espíritu le advirtiese -a él, que había seguido y oído a Cristo hasta el momento de ser aprisionado- de que Dios nada había hecho impuro, para que su conciencia se abriese a la verdadera comprensión del 
mensaje cristiano.
El egocentrismo humano, esa centralización del hombre en sí mismo, que genera y alimenta al orgullo, es una consecuencia natural de las bases de formación de la conciencia, de formación del individuo como una unidad espiritual específica opuesta a la pluralidad y diversidad del mundo. Mas ese egocentrismo, que debe abrirse al altruismo en la proporción en que el hombre va madurando, es alimentado por el ansia de los privilegios que las iglesias satisfacen con sus concesiones ilusorias a sus fieles. Todo tiene su utilidad en un determinado tiempo, pero después se convierte en inútil y hasta perjudicial. En el mismo medio espirita esa tendencia a conservar ciertas posiciones propias del pasado aún subsisten, particularmente en el plano institucional, donde los puestos de comando reencienden en el Espíritu la llama de las viejas y desviadas ambiciones.
El hombre, Espíritu encarnado –envuelto por la neblina de la carne, como lo define Emmanuel- está siempre propenso a reincidir en sus errores del pasado. El regreso a las condiciones de la vida material lo colocan de nuevo ante la posibilidad de disfrutar las oportunidades que fueron útiles o desagradables en el pasado. Las ilusiones renacen en su corazón humano. Las perspectivas espirituales se pierden en las tinieblas. En las religiones formalistas ese llamado del pasado adquiere mucha fuerza. La lucha contra los residuos del pasado exige oración y vigilancia, como Jesús enseñó. No obstante la idealización del diablo, como personificación mitológica del mal, todas las grandes religiones reconocen que la tentación está dentro de nosotros mismos.
Mucho más que la influencia de los Espíritus inferiores, lo que nos arrastra nuevamente a los viejos caminos del error son las propias tendencias que traemos en nuestro íntimo. La oración consciente, hecha con sinceridad y fe, ilumina nuestro ser y proyecta luz sobre los oscuros panoramas profundos del alma, haciéndonos discernir el contorno real de las cosas. Nada se modifica en nosotros, pero nos iluminamos por dentro. Y si mantuviéramos nuestra vigilancia con la intención sana de acertar, veríamos fácilmente lo que nos conviene y lo que no nos conviene hacer. Entonces, podemos repetir con Pablo: Todo me es lícito, más no todo me conviene. Siguiendo así el camino que la prudencia esclarecida nos indique, todo lo modificaremos para mejorar en nosotros mismos, tornándonos aptos para auxiliar a los  demás a mejorarse.
Tenemos a cada instante, a cada minuto de nuestra vida diaria la experiencia de Dios, dado que la vida misma es, en sí misma, esa experiencia. Desde el momento en que nacemos hasta el instante final de nuestra existencia estamos en relación permanente con Dios, no el dios particular de tal o cual iglesia, sino el Dios en espíritu y materia que se manifiesta en una hoja de hierba, en la belleza gratuita de una flor, en el brillo de una estrella, en un perfume, en una voz, en una nota musical aislada, en un apretón de manos y, principalmente, en una idea, en un sentimiento, en una aspiración que brota del ansia de trascendencia de nuestra alma.
Lo que nos hace falta es estar más atentos, más despiertos para la percepción consciente de esos múltiples e infinitos milagros de la vida cotidiana. El hombre sin Dios es solamente aquel que se niega a aceptar la presencia de Dios en sí y en su entorno. Para ese hombre, la meditación es un ensayo en el campo de la frustración, una inmersión en el mundo opaco del sin sentido.

J. Herculano Pires Libro: Agonía de las Religiones

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    "Quien es fiel en las cosas pequeñas, lo será siempre en las cosas grandes".
Helen Keller 

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   La Alimentación de los  Espíritus


Hay un consenso en las informaciones de los amigos espirituales en lo que atañe a este asunto. Aunque en esencia espiritual no tenga forma, pues es el principio inteligente, los espíritus de mediana evolución o sea aquellos relacionados a nuestro planeta, poseen un cuerpo espiritual anatómicamente definido y con fisiología propia.

En los “planos” espirituales tenemos noticias por numerosos médiums fiables, como Chico Xavier, Divaldo Franco, etc, de la organización de comunidades sociales que los espíritus constituyen, a veces semejante a las terrestres. 
Aun ateniéndonos al criterio Kardecista de valorar un concepto apenas cuando hubiera multitud de fuentes serias, confirmándolo, nos referiremos al cuerpo espiritual y su alimentación.
La energía cósmica que llena el universo, (“fluido cósmico”) es la materia prima que bajo el comando mental de los espíritus es utilizada para la constitución de los objetos por ellos manipulados. Ved en “El libro de los médiums” capítulo “del Laboratorio del Mundo Invisible”.
El cuerpo de los espíritus, ya mencionado hasta por el apóstol Pablo y conocido en las diferentes religiones o doctrinas, como periespíritu, cuerpo astral, psicosoma y más de 100 (cien) sinónimos, es constituido de un tipo de materia derivada de la energía cósmica universal (“Fluido cósmico universal”).
El cuerpo espiritual se presenta moldeable conforme las emanaciones mentales del espíritu. Cada espíritu presenta su periespíritu o cuerpo espiritual como aspecto correspondiente a la elevación intelecto-moral. Su estado psíquico va a determinar la sutilidad de su cuerpo.
Conforme se tiene noticia a través de numerosos autores espirituales, el cuerpo espiritual se presenta estructurado por aparatos o sistemas que se constituyen de órganos; estos órganos están formados por tejidos que , a su vez, son constituidos por células. Hay inclusive patologías celulares tratadas en hospitales de la espiritualidad. El llamado mundo espiritual es (en nuestro nivel) un mundo material de otra dimensión.
Las células del cuerpo espiritual, en un nivel más detallado, son formadas por moléculas que se constituyen de átomos. Los átomos del periespíritu están formados por elementos químicos nuestros conocidos, más allá de otros desconocidos del hombre encarnado.
En las obras de Gustave Geley como de Jorge Andréa hay referencias más específicas.
Para no alargar estas consideraciones preliminares, diríamos que el cuerpo de los espíritus está compuesto de unidades estructurales que presentan una vibración constante. Sabemos por los más elementales principios de la física, que todo cuerpo en movimiento (vibración) en el universo gasta energía, luego necesita reponerla lo que equivale a alimentarse.
Las leyes de la física no son leyes humanas sino leyes divinas (o naturales) a las cuales están sujetos todos los elementos del cosmos. Hay por tanto un desgaste energético natural del cuerpo espiritual por sus actividades lo que lo lleva a la necesidad de ser alimentado por fuentes de energía.
Dependiendo del nivel evolutivo del espíritu, y consecuente densidad del periespíritu, varía la calidad del alimento o energía que él mismo necesita para mantener sus actividades. Espíritus superiores simplemente absorben del cosmos los elementos energéticos (“fluídicos”) que necesitan. Al colocarse en oración (en el sentido más profundo), sintonizan con niveles energéticos aun más elevados (frecuencias más altas) prenden para sí el influjo magnético revitalizador, alimentando sus “baterías” espirituales.
Con relación a los espíritus más relacionados con nuestra realidad, o sea que aun presentan dificultades en superar las tendencias egoístas, por tanto traduciendo en la configuración de su cuerpo espiritual una mayor densidad, las necesidades son proporcionalmente más densas.
En colonias espirituales, los espíritus necesitan de la ingestión de alimentos energéticamente más densos, haciéndolo de forma muy semejante a nosotros, encarnados. Recomendamos a propósito el estudio más detallado de la obra “Nuestro Hogar” de André Luiz, que fue precursora de decenas de otras donde se hace referencia a la alimentación, hasta las más recientes “Violetas en la Ventana”, etc.
Las unidades energéticas del espíritu, los núcleos en potenciación, con el paso del tiempo van teniendo cada vez mayor dificultad de recargarse en cuanto más primitiva fuera la evolución de la entidad espiritual. Ocurre un desgaste progresivo de estas unidades energéticas, que pasan a vibrar más lentamente.
A medida que las vibraciones se vuelven más lentas por el desgaste, y hay dificultad de reponer las energías, se va procesando una neutralización energética con reducción progresiva de las actividades del espíritu. Cuando este proceso se instala va a determinar un sopor o somnolencia de la entidad impulsándola a la reencarnación automática o compulsiva.
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Autenticidad y comprobaciones
Rita Foelker
 
  
¿Qué significa comprobar una idea o fenómeno? ¿Presenciarlo y tocar sus efectos? ¿O admitirlo como razonable, dentro de una línea de razonamientos lógicos, experimentos personales y observaciones?

Numerosas personas no creen en los Espíritus, en fenómenos anímicos o mediúmnicos.

Algunas esperan pruebas, prefiriendo que sean producidas exclusivamente para sí, riéndose de aquellos que consideran crédulos o ingenuos.

Sobre esas personas, dice Allan Kardec: los que en el Espiritismo únicamente buscan efectos materiales, no le pueden comprender la fuerza moral. De ahí viene que los incrédulos, que apenas lo conocen a través de fenómenos cuya causa primaria no admiten, consideran a los Espíritus prestigiadores y charlatanes. No será, pues, por medio de prodigios que el Espiritismo triunfará en la incredulidad: será por la multiplicación de sus beneficios morales, por cuanto, si es cierto que los incrédulos no admiten los prodigios, no menos cierto es que conocen, como toda la gente, el sufrimiento y las aflicciones de quien rechaza alivio y consolación. (1)

Y observa aun: Los medios de convicción varían extremadamente, según los individuos. Lo que persuade a unos no impresiona a otros. Si uno se convence por medio de ciertas manifestaciones materiales, otro por comunicaciones inteligentes, la mayoría es por el razonamiento. (2)

En cuanto una mirada atenta y una mente abierta podrían ver evidencias de la vida espiritual y de la fenomenología espírita por todas partes, continuamos encontrando personas que las niegan sistemáticamente.

Tal vez, porque el convencimiento dependa del grado de entendimiento de la naturaleza de la realidad espiritual, que sólo puede llegar a un estudio profundo de las leyes universales y de una observación exenta de pasiones y sectarismo.

Sincronismo


Muchas de las comprobaciones posibles, de una acción inteligente presidiendo nuestras vidas, ocurren en el campo de lo que llamaremos sincronismo.
  
Creado por el psicoanalista Carl Gustav Jung, en 1929, el término sincronismo define un principio de “unión no-causal”, o sea, uniones subjetivas y significativas entre hechos aparentemente no relacionados entre sí.
 ¿Alguna vez ya tuvo un presentimiento o intuición sobre una cosa que quisiese hacer? ¿Un rumbo que quisiese dar a su vida? ¿Y se preguntó como eso podría ocurrir? ¿Y entonces, después de casi haber olvidado el asunto y concentrándose en otras cosas, de repente encontró a alguien, o leyó alguna cosa, o fue a algún lugar que lo llevó a aquella misma oportunidad que había vislumbrado? (3)

Hechos sincronizados revelan el propósito de la vida, orientando e incentivando a través de pequeños y simples hechos, en general percibido solamente por aquel a quien se dirige. Puede ocurrir (y ocurre) con cualquier persona, lo que varía es el grado de conciencia al respecto.

Es preciso estar en contacto consigo mismo y con un nivel más sutil de percepción, para constatar que existen y funcionan. Puede ocurrir un hecho externo banal para la mayoría de las personas, pero con un significado subjetivo que descubrimos posteriormente, un significado que conduce a una nueva comprensión o percepción de sentidos anteriormente ocultos en las situaciones de la existencia.

Los caminos de la Espiritualidad son sutiles y delicados. Solamente las almas endurecidas piden pruebas retumbantes, y aún así serían capaces de dejar de creer en ellas.

Para los hijos de almas sensibles, una flor que nace en el jardín puede ser un mensaje de su madre, por los significados y conexiones internas que se establecen, por la sintonía de afecto que se crea.

¿No es curioso que aquellos que más exigen pruebas y comprobaciones sean aquellos que están más lejos de percibirlas y de comprender?

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LA OBSESIÓN ESPIRITUAL

La obsesión es la acción persistente que un Espíritu malo ejerce sobre un individuo. Presenta caracteres muy diversos, desde la simple influencia moral sin perceptibles señales exteriores, hasta la perturbación completa del organismo y de las facultades mentales – El Evangelio Según el Espiritismo, Allan Kardec, cap: XXVIII, ítem 81. Obsesión del latín obsesiones significa: Impertinencia, persecución, humillación. Preocupación con determinada idea, que domina enfermizamente el espíritu y resultante o no de sentimientos recalcados idea fija: manía.

Vulgarmente la palabra obsesión es usada para significar idea fija en alguna cosa, generando un estado mental enfermizo, de ahí pudiendo advenir manías, malos hábitos, actitudes extrañas.

La escritora Suely Caldas nos dice que esta terminología tiene un significado más profundo entre lo que nos dice el diccionario y la definición de Allan Kardec y que la preocupación con determinada idea, que domina enfermizamente al Espíritu, puede, también, resultar de la certeza de la culpa existente en los recesos de la mente denotando, realmente, “persecución” a traducirse en la presencia del obsesor que viene a desforrarse del antiguo verdugo o comparsa.

Allan Kardec nos informa que la obsesión sucede siempre de una imperfección moral que da ascendencia a un Espíritu malo. Casi siempre obsesión exprime venganza tomada por un Espíritu y cuyo origen frecuentemente se encuentra en las relaciones que el obsesado mantuvo con el obsesor en precedente existencia.

La obsesión es la cobranza que toca a las puertas del alma. Es un proceso bilateral. Se hace presente porque existe de un lado el cobrador, sediento de venganza, sintiéndose herido y agraviado, y del otro el deudor, trayendo impreso en su periespíritu las matrices de la culpa, del remordimiento o del odio que no se extinguió.

Sugerimos algunas acciones para el tratamiento de las obsesiones espirituales a seguir: 1. Anda y no peques más. 2. La educación en el Evangelio del obsesor y del obsesado.3. La reforma interna del obsesado en la adquisición de la bondad, indulgencia, misericordia que significan auto-desobsesión. 4. La utilización de la oración por el obsesado. 5. Practicar la terapia de la caridad material y espiritual con la vivencia diaria del perdón. 6. El uso de los recursos de la Doctrina Espírita como la visita a una Institución Espírita para el atendimiento fraterno y escuchar las conferencias con los pases espirituales. 7. Orientación espiritual a la familia para la realización del Evangelio en el Hogar. Finalmente, la transformación moral para liberarnos de las obsesiones en el encuentro de la salud integral. ¡Piense en esto!


Mensaje traducido por el Grupo Maria de Nazaret Santiago de Chile.En: 21.01.2012.

João Cabral-Conferenciante Espirita. Psicoterapeuta Transpersonal. Radialista y Periodista.

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miércoles, 26 de agosto de 2015

Se equivocó la paloma.....



         Automatismo y periespíritu
                       cuerpo bioplamático

La primera vez que en la Doctrina Espírita aparece el concepto de periespíritu es en la cuestión nº 93 de El Libro de los Espíritus, donde éstos nos informan de que «El Espíritu está revestido de una substancia vaporosa para ti, pero muy grosera aún para nosotros». Allan Kardec, a partir de ello, en el comentario que sigue a esta respuesta, nombra “periespíritu” a esa envoltura que reviste al Espíritu.

Cien años después de esa primera definición de El Libro de los Espíritus, en enero de 1958, en la obra Evolución en dos mundos, el Espíritu André Luiz nos ofrece, entre otros, el siguiente apunte sobre el periespíritu (cuerpo espiritual): «En el cuerpo espiritual poseemos todo el equipamiento de recursos automáticos que son conquistados muy lentamente por el Ser durante milenios y milenios de esfuerzo y recapitulación en los múltiples sectores de la evolución anímica.» (cap. II)

Por otro lado, sabemos que el Espíritu no se puede concebir sin la idea de la forma o del cuerpo que lo reviste, formando, por tanto, el periespíritu parte integrante del Espíritu. De ello se deduce y entiende, claramente, que la evolución espiritual no puede desligarse de la evolución de la forma que, en todo momento, la acompaña.

Efectivamente, por su esencia espiritual, el principio inteligente (después Espíritu) no puede obrar directamente sobre la materia, necesitando de un vehículo intermediario que “amortigüe” la diferencia de vibraciones que existe entre esa condición espiritual y la materia, permitiéndole poder interactuar en el medio físico. Por tanto, para comprender correctamente esa serie de recursos automáticos del cuerpo espiritual (automatismos del periespíritu) de los que nos habla André Luiz, debemos, inevitablemente, remontarnos a los orígenes del Espíritu. Cuando el espíritu fue creado, empezó su larguísimo peregrinaje en contacto con la materia, en dirección al elevado fin al que Dios le había destinado, «tejiendo, con los hilos de la experiencia, la túnica de su propia exteriorización, conforme al molde mental que lleva consigo» (Evolución en dos mundos, cap. 3).

A partir de sus primeras manifestaciones en el plano material, el principio inteligente avanzó a través de los reinos inferiores de la naturaleza, construyendo formas y cuerpos cada vez más complejos y perfectos para su manifestación, en variados niveles de aprendizaje y en las diferentes esferas de la vida, a medida que sentía la necesidad de expresar mayores avances y nuevas facultades, conforme a las directrices que lleva en su intimidad desde su creación. De manera que, en ese prolongado y progresivo desenvolvimiento del espíritu en los múltiples laboratorios de la naturaleza, se plasmaron los diversos sentidos, órganos y sistemas, donde las células se “fueron especializando”, surgiendo paulatinamente, cada vez más nítida y definida, esa estructura astral intermediaria entre el mundo invisible y el mundo material que, milenios después, en la unidad Espíritu/Ser humano, se consolida como el periespíritu. Y todo ello siempre ha sido a base de experiencias, esfuerzos, sacrificios y aprendizajes adquiridos durante milenos de pruebas, de “sufrimiento”, de entrenamiento, de repeticiones y de más repeticiones, creando, con el paso del tiempo, una serie de automatismos biológicos de defensa, de supervivencia y de inmunidad, que sedimentaron en el cuerpo astral del principio inteligente.

El proceso evolutivo, por tanto, no ha sido sólo un paso de unas formas a otras. Es mucho más: significa un íntimo perfeccionamiento de funciones psíquicas y de las correspondientes estructuras astrales/físicas que permiten expresarlas, desde las más simples formas a los organismos más complejos, donde las facultades rudimentarias se desenvolvieron sucesivamente, actuando sobre esa estructura extrafísica, modificándola y dejando en ella, en cada paso y en cada etapa, los trazos y señales del progreso realizado.

Con el transcurso del tiempo y la repetición de las experiencias, el espíritu adquiere aprendizajes en todo y de todo, en las vicisitudes de sus luchas constantes por progresar, en los pormenores de las experiencias sucesivas y en todas las actitudes que, a fuerza de vivirlas una y otra vez, después de “tanto entrenamiento”, las incorpora en su intimidad, convirtiendo los movimientos y esfuerzos que en un principio resultaban “penosos” y “voluntarios”, en fáciles, inconscientes y mecánicos, para mejor y más rápidamente defenderse de las adversidades del medio y sobrevivir en la lucha por la necesidad, enraizándose todo ello como automatismos en los engranajes de la fisiología anímica, es decir, en el cuerpo astral.

Cada vez que el principio inteligente tenía que ejecutar una acción o una serie de movimientos por primera vez, debía hacerlo “de manera voluntaria”, es decir, requiriendo de un esfuerzo consciente para poder realizarlo. A base de repetir esos movimientos y acciones en numerosas ocasiones, se fueron creando una serie de asociaciones dinámicas y estables en el cuerpo astral, que se activan de manera automática en cuanto se precisa de ello, al vivir las mismas situaciones y experiencias tantas veces ya vividas anteriormente. De este modo, leemos en el cap. 4 de Evolución en dos mundos que «el principio inteligente plasmó en su propio vehículo de exteriorización las conquistas que fundamentan su crecimiento, facultando, con el transcurso del tiempo, el automatismo fisiológico por el cual, sin ningún obstáculo, ejecuta todos los actos primarios de la manutención, preservación y renovación de su propia vida». Este automatismo presente en las funciones fisiológicas es el resultado de la suma de experiencias del principio inteligente en su cuerpo astral, a través de los siglos. Así pues, formado durante miles de años en los talleres de la naturaleza, el periespíritu heredó el automatismo permanente que lo mantiene actuante, gracias a lo cual el ser humano no necesita programarse o pensar para respirar, dormir, promover fenómenos digestivos, excretar, etc.

Es decir, que el ser humano, por su periespíritu, es poseedor, por así decirlo, de una “memoria biológica (anatómica y fisiológica), que se ha ido construyendo pacientemente en toda la ascensión del principio espiritual por la escala zoológica de la vida orgánica, en la que en esa estructura extrafísica indefinida, rudimentaria y amorfa en los seres iniciales y que en el ser humano se consolida como el periespíritu, se han fijado todos los recursos, beneficios, mecanismos y leyes de esa vida orgánica, de supervivencia y de adaptación y que hoy se encuentran perfectamente estructurados y definidos en el ser humano y, gracias a lo cual, todos nosotros ejecutamos, de forma natural y completamente automática, todos los actos primarios y básicos del funcionamiento fisiológico de nuestro organismo y un sinfín de funciones que nos pasan desapercibidas. De manera que el cuerpo físico obedece a esos automatismos periespirituales incluso cuando el equipo Espíritu/periespíritu se emancipa parcialmente de él, quedando unido tan sólo por algunos lazos fluídicos, suficientes para preservar las funciones biológicas sin ningún perjuicio.

En el Plan Divino de la evolución era necesario que el espíritu pasase primero por toda una serie de experiencias básicas, a fin de ir fijando en su envoltura extrafísica las leyes que dirigen la vida orgánica, para entregarse, después, a los trabajos propios de perfeccionamiento moral e intelectual, que se inician en el Espíritu/ ser humano. Una vez ya plenamente conquistada esa etapa inicial, algún día llegará, sin duda, en que también el ser humano conquistará e interiorizará actitudes de amor, para exteriorizarlas sin esfuerzo alguno. Porque, también, a base de entreno, aprendizajes y experiencias, formarán parte de su intimidad espiritual, no necesitando esforzarse para amar porque, después de tantos errores y rectificaciones, lo hará como un automatismo más.

Nota: Se llama periespíritu al vehículo intermediario entre el Espíritu y el cuerpo físico, a partir de la especie humana. Antes, en los reinos inferiores, ese cuerpo intermediario lo he nombrado como cuerpo /estructura astral, envoltura extrafísica, vehículo intermediario. Del mismo modo, el Espíritu (individualidad con conciencia propia) empieza su trayectoria a partir, también, de la fase humana. Ese psiquismo, antes de la etapa humana, lo he nombrado como espíritu (con minúscula) o principio inteligente.

Alfredo Tabueña
Revista Espirita FEE


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        SE EQUIVOCÓ LA PALOMA....


   Me viene a la memoria una canción de  Joan Manuel Serrat de hace algunos años, que comenzaba  con la estrofa de este título. Y esto a raiz de lo que me ha sorprendido conocer , de que una celebridad como Stphen Hawkig, el famóso científico británico, después de toda una vida navegando entre agujeros negros y teorizando sobre las profundidades del cosmos, ha llegado finalmente a la brillante conclusión de que Dios no existe, ni hay vida alguna tras la muerte cerebral.  En otras palabras, él afirma como dice el refrán: “muerto el perro se acabó la rabia”.

  Mientras  la ya lejana canción  seguía diciendo :   “ Se equivocó la paloma, se equivocaba”.....

   Si  esta figura de la teoría cosmológica ha estado buscando fuera de sí mismo a ese dios antropomórfico que presentaron algunas religiones, desde luego no lo ha podido encontrar, porque solamente es producto de la fantasía de personas bien intencionadas que no podían concebirlo de otro modo, pero si no se le ocurrió interpretarlo  y buscarlo dentro de sí mismo como una Energía que engloba y penetra todo en el universo, desde el macro cosmos hasta el miscro cosmos, entonces no lo ha encontrado por ahí, ni tampoco lo ha concebido con su brillante inteligencia,   ¡ cosa sorprendente !;  pero el caso, es que si esto fuese realmente así tal como él  ha dogmatizado como una nueva verdad absoluta , confirmada por su inteligencia , ese cosmos que él  observó y estudió toda su vida, tampoco existiría, ni cuantos  ya existimos en él. Y sin embargo  el universo existe y  nosotros existimos,por lo que me parece que  se ha debido equivocar en alguno de los cálculos que le llevaron a afirmar su última tésis.


    Y continuaba la canción:    “ Por ir al norte fué al sur, creyó que el trigo era agua.... se equivocaba.”....

  ¿ Nunca se le pudo ocurrir, como se les ocurrió a otros menos célebres que él, tal como la Dra. Kubler Ros,  Dra.Edith Fiore, Dr. Ian Stevenson, Dr. Karlis Osis, etc, etc, investigar seriamente el tema de la vida y de la muerte?.- evidentemente no se le ocurrió ,  y nunca se pudo plantear seriamente, ¿ y si fuera cierta la reencarnación de ese principio  individual  e inmaterial que  creen que permanece vivo tras la muerte cerebral, según afirman sus colegas?.

    Dios,  como Causa Universal de todo cuanto existe, es evidente que existe, pues todo  lo que vemos y constatamos realmente existe, y no hay nada que proceda de la nada. Así la existencia  la podemos considerar, tal como afirma el famoso axioma,  como un efecto  y cada efecto existente sin duda ha de tener  tras sí mismo una causa que lo produzca; esta Causa no es otra cosa que lo que llamamos Dios.  

    Por  ejemplo, yo desde mi pequeñez intelectual  incomparable al lado de tamaña figura científica,  pienso  sin embargo y sin temor a equivocarme, que si yo existo y estoy  aquí pensando esto y escribiéndolo, es porque antes hay una Causa que ha originado mi existencia de modo que yo  esté en este momento, aquí y ahora. 

    Tampoco a esta celebridad científica se le ocurrió investigar  nunca sobre los llamados “fenómenos paranormales”, o sobre la “mediumnidad”, etc. Ya sabemos que para la Ciencia oficial y materialista, todo lo relacionado con los fenómenos psíquicos o mentales, tiene su origen y su final en el cerebro, ¿pero nunca se les pudo ocurrir que a lo peor podían estar equivocados?.....

     Como  el estribillo :  “ Se equivocaba, se equivocaba.... “

     Sin duda, ante tales afirmaciones de este célebre y respetado científico, todos los científicos materialistas y demás personas atéas, habrán quedado muy contentas,  frotando sus manos al ver apoyadas  sus tesis y dudas. Pero  para estos casos, yo les recomendaría que consideren que al fin y al cabo, se trata  solamente de la opinión  limitada de un ser humano limitado, y no me refiero a su limitación física por la enfermedad, sino a la psíquica o espiritual  al no haber encontrado todavía dentro de sí mismo una respuesta satisfactoria del por qué  precisamente él nació con esa terrible dolencia, mientras  que otros mucho menos inteligentes que él, permanecen en un estado físico perfecto y saludable..... no es de extrañar que ante su circunstancia personal  y su falta de respuestas lógicas y coherentes, haya finalmente llegado a esa triste conclusión en la que perecen y se esfuman todas las esperanzas humanas de que en efecto, tras esta vida tan gris y limitada, sigamos existiendo de algún modo en una  forma mas o menos feliz, o de que exista Algo Grandioso, infinitamente Justo y Bueno, a lo que llamamos Dios o como se le quiera llamar, el nombre que se le dé es lo de menos.  

   Al lado de sus opiniones, a quienes  le hagan dudar si serán o no serán ciertas, yo les recomendaría  en primer lugar, que consideren que se puede ser un genio en una temática, pero eso no supone que se sea  un genio en todos los temas y que las libres opiniones sobre cualquier cosa que  puedan libremente manifestar, no tienen más valor que las de cualquier otro indocumentado que también opine; y en segundo lugar,que lean y se documenten antes de aplaudir cualquier opinión,  sobre los trabajos, investigaciones y conclusiones  a las que han llegado  otros grandes personajes de la Ciencia, tal como  por ejemplo los anteriormente  mencionados, sin dejar de incluir en estos asesoramientos indagadores, las obras  codificadas por el  legendario codificador espiritista  francés, Hipolite León Denizart Rivail,  más conocido como Allan Kardec,  que  por la vía de la experimentación, de la filosofía y de las conclusiones morales a las que se llega en el estudio de la Codificación Espírita, nos muestran un luminoso horizonte  de Verdades fundamentales y transcendentes para el ser humano, que el Sr. Hawking aún no ha llegado a descubrir....... por el momento.......

  …..“ Se equivocaba, se equivocaba” ( Gracias a Dios )


- Jose Luis Martín  -

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       EL SOL Y LA VERDAD



Decía San Ambrosio que, “Las grandes obras no necesitan de quien
las aplauda, porque ellas mismas testifican su grandeza”. Nada
más cierto, la verdad, la razón y la justicia, valen tanto por sí solas,
que son inútiles todos los encomiásticos elogios que se puede hacer
de ellas. El Sol ha sido cantado y ensalzado por los poetas de todos
los tiempos. Lord Byron con su estilo especial, le llamaba “El primer
ministro del omnipotente”. Flammarion exclama en su entusiasmo
sublime que, “El Sol es la eterna sonrisa difundida por el mundo” y
otras veces le llama “El corazón del Universo”.Los hombres primitivos le rindieron culto, proclamándole la Divinidad de la Tierra, y en nuestros días se cuenta de un ateo que viudo y con su hijo, se fue a vivir a una quinta, prohibiéndole a sus servidores que hablasen a su hijo de ninguna religión; quería ver por sí mismo si el sentimiento de la admiración y de la adoración, era innato en el hombre, si esta debilidad de nuestro cerebro nacía con nosotros o la adquiriríamos por los perniciosos efectos de la educación.

El inocente niño creció sin aprender nada, corriendo por los inmensos bosques de su heredad, jugando con las mariposas y cultivando muchas veces flores, por las cuales tenía el niño especial predilección.

Su padre seguía cuidadosamente todos sus pasos, notó que su hijo que tenía diez años, principiaba a demostrar una decidida afición a la soledad. Era el primero que se levantaba en la casa y salía al campo. Una mañana, le siguió su padre, y vio que el niño subió a
una montaña, densas nubes cubrían el cielo, y el tierno adolescente exclamó con acento suplicante: ¡Oh nubes! ¡Dejad que salga mi padre, el Sol! Cuando no le veo estoy enfermo. ¡Sol hermoso, ven a verme, que yo te quiero sobre todas las cosas de la Tierra!

Las nubes cual si escucharan el ruego del niño, verificaron lo que en fáciles versos describió un poeta en un canto al sol, diciendo: El más bello paisaje que presenta la gran naturaleza, es cuando en la mañana se cubre el horizonte con nubes zafir, ópalo y grana ¡Ojo inmenso figuran las apiñadas nubes! Su órbita la enrojece un fuego interno, sus párpados las brumas entreabren. Y asoma la pupila del Eterno. Así sucedió, la plegaria del niño fue escuchada, y el principio de nuestra vida apareció majestuoso ante el cual el hijo del ateo cruzó las manos exclamando con íntima efusión: ¡Cuánto te quiero, padre mío! ¿Y a mí, no me quieres ya? Murmuró su padre conmovido. El niño se volvió y arrojándose en sus brazos le colmó de caricias diciéndole: No tengas celos, yo también te quiero mucho, 
pero déjame querer al Sol, como todo le quiere en la naturaleza. ¿Por qué no le quieres y le llamas como yo? Desde mañana le llamaremos los dos juntos, y así tal vez vendrá más pronto. A contar desde aquel día, el pequeño adorador del sol tuvo en su padre un buen maestro, porque aquel era un hombre muy instruido; y algún tiempo después el ateo entró a formar parte de la iglesia reformista, a su hijo le debió el ver la luz, convenciéndose al fin, que Domingo Malpica estaba en lo cierto al decir: “Que en todo corazón hay una fibra y una esperanza; en toda mente un allende infinito y desconocido, sobre la mente y el corazón una luz de suprema belleza; que es el ideal donde van a parar la fe, la esperanza y este
sentimiento del bien que es el anhelo de toda la vida”.

Nadie le había revelado al niño la creación; pero se sintió subyugado por su magnética belleza, y amaba al Sol porque veía en él lo más hermoso, ¡La Luz!... del mismo modo la verdad se recomienda por sí sola; no necesita que la ensalcen.

La desgracia que aflige a la humanidad es que, como dice Balmes:
“Conocemos más los libros que las cosas, y el ser sabio consiste en  saber cosas y no libros”. Nosotros encontramos la verdad en el Espiritismo antes de haber leído sus obras fundamentales; nos bastó leer un buen artículo en un periódico espiritista, y enseguida
dijimos, he aquí el Dios que sueña la razón, he aquí el porvenir de la humanidad, ésta es la Luz. Leímos después sus obras fundamentales, porque debe conocerse la teoría que es la poesía lírica de la práctica, y luego seguir estudiando al hombre que según afirma un Espíritu; el hombre en la Tierra es una continuidad de efectos, y de estos efectos se deriva la causa.

No se nos oculta que las grandes causas han servido de manto a toda suerte de miserables consecuencias, pero esto no nos asusta,porque las plantas parásitas no pueden conseguir derrumbar los abetos, los cedros, los robles, los baobos y los alerces, y tantos y tantos gigantes que engrandecen el reino vegetal; del mismo modo los falsos cristianos no han logrado empequeñecer la adorable figura de Cristo, que no será porque no se han cometido en su nombre toda clase de crímenes en guerras religiosas, en impuestos onerosos, en confinamientos brutales, en suicidios lentos, en todo cuanto puede soñar el humano extravío; y sin embargo, el Redentor de la humanidad, el primer espiritista de los tiempos, que nos habló de las muchas moradas de la casa de nuestro padre, el que respetaba los gobiernos constituidos diciendo: dad a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César, el que nos dijo amaos los unos a los otros, aquel Ser admirable, aquel Espíritu fuerte que vino a decir al hombre (como dice un Espíritu). ¡Anda humanidad! ¡Anda! Que para ti 
no se cansarán los siglos !Anda! Que el progreso, ya te presenta su itinerario, ¡Anda! Que la luz ha sido hecha para ti, ¡Anda! Que tienes que realizar los sueños de las civilizaciones
futuras, ¡Anda! Que tú eres la delegada de Dios, para implantar en los mundos la fraternidad universal, aquel sublime orador que eligió por tribuna la cumbre de la montaña, y la frágil barquilla, es el punto de partida, es la estrella polar que sirve de norte a todos
los náufragos de este mundo. ¿Se reforma una religión? Se acude al evangelio de Cristo. ¿Se refunde una filosofía? Se comentan las parábolas de Jesús; y en todos los adelantos humanos resuena el nombre del mártir del Gólgota; no han podido destruirle las demás
religiones, porque Él ha sido y es la síntesis de la verdadera religión.

Del mismo modo el Espiritismo ha sido, es y será la demostración del infinito, la verdad eterna, el manantial de la justicia, y la realidad de todas las esperanzas. Es la continuación del evangelio, ni más ni menos, así es, que no necesita que decanten sus glorias porque Él solo se glorifica regenerando a los espíritus que quieren beber de sus puras aguas.

Siguiendo el consejo de Balmes, queremos saber cosas y no libros; esto es, no desdeñamos la lectura, líbrenos Dios, no concebimos la vida sin el estudio; pero concedemos particular atención a esas pequeñas acciones de la vida íntima, que pasan desapercibidas y en las cuales se retrata el hombre.

Un hecho heroico, es obligado a veces por las circunstancias, pero la sencilla manifestación del sentimiento pone de relieve el mérito del alma. El Espiritismo, su aspiración principal es que se practique el bien por el bien mismo, es que el hombre ame todo lo de la creación, y forme de la humanidad una sola familia. Bajo este supuesto, el espírita verdadero se ha de distinguir por sus caritativos sentimientos. La caridad ha de ser su primer distintivo; y nosotros a semejanza de Diógenes, (que iba con una linterna buscando a un hombre) vamos con nuestra observación buscando a los espiritistas que merezcan tal nombre.

Ardua tarea hemos emprendido, pues conocemos como conocía Guy Patin, que, “si el hombre quisiera dirigir bien sus pasos, pudiera hacer un largo viaje con los que pierde inútilmente”, más a pesar de todo, como querer es poder, algo hemos alcanzado de lo que
queremos que es ver destellos de la verdad.

Una mañana, estábamos escribiendo y el llanto desgarrador de una niña llegó hasta nosotros, instintivamente nos levantamos a ver quién lloraba con tan amargo desconsuelo, y vimos a una pobre niña que vivía en el piso de abajo, y estaba sentada en su jardín
lanzando lastimeros ayes; un espiritista que estaba cerca de nosotros se impresionó vivamente, y preguntó a la pequeña porqué lloraba. -¡Ay! Contestó la niña con amargo acento, lloro porque el gato se ha comido todo el pescado que he traído esta mañana y mi
madre dice que me va a matar. -¿Y cuánto valía todo el pescado? -
Dieciocho cuartos. El espiritista envolvió unas cuantas monedas en un papel y se lo tiró a la niña diciéndole: -Dile a tu madre que no te mate, que ya tienes muchos cuartos para comprar todo lo que el gato se ha comido; y volviéndose hacia nosotros repuso  sencillamente. Me sublevo cuando veo que martirizan a los pequeñitos. Yo no puedo ver llorar a los niños. Nosotros le miramos fijamente y dijimos un poco avergonzados: Este espiritista nos gana en buenos sentimientos, porque escuchábamos los gemidos de la niña, sin ocurrírsenos inquirir la causa; bueno es que haya estos ejemplos para que aprendamos los demás. Aquel hombre se llama espiritista, y lo es en realidad; y siguiendo nuestra tarea de buscar rayos de luz, terminaremos estas líneas recordando el diálogo que tuvimos con un hermano nuestro hablando de la misión de los padres de familia. -Yo, decía nuestro amigo, trato de hacer a mis hijos sensibles y compasivos desde pequeñitos; he procurado siempre hacerles amar sin egoísmo. Recuerdo que un día una de mis hijas vino con un pajarito que le había dado su abuela; y yo al ver al pobre hijo del aire prisionero le dije a mi niña: -Mira, ¿Te gustaría que yo te encerrara en un cuarto, y que allí te diera de comer sin salir nunca? -¡Ay! No,no, replicó mi hija con viveza. -Pues mira, del mismo modo que tú,  este pajarito no quiere estar encerrado, porque echa de menos el bosque, donde le espera su compañera para hacer el nido. -¡Ay! Pero si se va yo me quedo sin él, contestó mi hija. -¡Y qué importa que te quedes sin él, si él va a ser feliz! Vamos, ¿Me dejas que le abra la jaula? Él se quedará muy agradecido de ti. Mi hija entonces abrió la jaula llorando silenciosamente y su querido prisionero se fue.

Otra vez vinieron mis hijas muy alborozadas diciéndome hemos dado un gran paseo y hemos estado mirando como mataban a un cordero. ¿Cómo? Les dije yo, ¿Habéis tenido valor de presenciar la agonía de ese pobre animal tan inofensivo? Ya que las condiciones
de este planeta nos obligan a matar para vivir, no unamos la crueldad a esta necesidad imperiosa. ¿No os daba lástima ver sus ojos tan tristes? Estas y otras lecciones han conseguido lo que yo deseaba, que era hacer a mis hijas buenas y compasivas; ayer
justamente me dieron un buen rato; estaban en una casa de la vecindad y me las vi venir corriendo como asustadas. -¿Qué traéis? Les pregunté. -Que van a matar a un cordero, y no hemos querido verle morir, me contestó una de ellas. En aquel momento, amiga
mía, fui dichoso, porque vi que los espíritus que Dios había puesto a mi cuidado eran enemigos del mal. En aquel instante me alegré de ser padre, y guía en la Tierra de aquellas almas dulces y cariñosas. Al terminar su sencilla e ingenua relación le contemplamos con ese placer con que miramos todo lo bello y todo lo grande, y acordándonos del otro espiritista que no puede oír llorar a los niños, dijimos con profunda convicción. Si del árbol del Espiritismo se recogen tan sazonados frutos, bien dice San Ambrosio, “que las obras no necesitan de quien las aplauda, porque ellas mismas testifican su grandeza”.
Además, el Espiritismo dispone de una riqueza inagotable. Según Leymarie el tiempo es la moneda del gran arquitecto, y el Espiritismo es el dueño absoluto de esos títulos llamados
existencias que se cotizan en la eternidad. Según Thales lo más sabio es el tiempo, de consiguiente la filosofía basada en la necesidad de las encarnaciones del Espíritu, nos parece la más lógica y la más razonable de todas las que hasta hoy se han disputado la primacía en las naciones civilizadas. ¡Bien haya el siglo XIX que ha dado paso a todas las ideas! Y le ha dicho al hombre: ¡Anda! Pregunta a tu razón donde está la verdad.

AMALIA DOMINGO SOLER
Libro: La Luz del Camino

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         ESPÍRITUS PRIMARIOS.

Podemos incluir en este grupo, aquellos seres espirituales muy poco evolucionados (salvajes y semisalvajes) que reencarnan en ambientes concordantes y de su vida anterior. Pertenecen a este grupo, los salvajes de las tribus, los individuos brutos y atrasados ya incorporados a la actual civilización, a fin de acelerar su evolución.
Dado su necesidad evolutiva, su vida en el plano espiritual es generalmente corta. En estos seres, el proceso de reencarnación es casi imperceptible. Como deambulan por los mismos ambientes en que han vivido, cuando llega la hora de su reencarnación, comienzan a percibir una turbación y se sienten llevados, impulsados por una fuerza irresistible que desconocen, hacia donde van a encarnar, y casi siempre, sin conciencia de ello (no así los más evolucionados); entrando en simbiosis magnética con la persona que va a ser su madre. La turbación aumenta, sus facultades se velan unas tras otras y su memoria se desvanece, como consecuencia de la contracción de sus vibraciones, para adaptarlas a las de la materia o cuerpo físico; efectuándose también la reducción del psicosoma o cuerpo astral, para adaptarlo al vaso uterino.
En esta sublime operación magnética de reducción, intervienen (en el plano espiritual) especialistas, espíritus bienhechores encargados de estas misiones, trabajadores en la obra divina de progreso de la humanidad, incluyendo al que será el protector invisible que, ya desde el seno materno, defenderá al reencarnante contra el asedio de las fuerzas del mal, y en su infancia; es el ángel guardián de que hablan las iglesias del cristianismo.

Las facultades se adormecen y todo el recuerdo del pasado va desvaneciéndose de la mente consciente hasta su totalidad, quedando en el fondo del subconsciente, y cuyas facultades irán despertando en la nueva personalidad, a medida de su desarrollo.
Efectuada la reducción del psicosoma o alma, ésta penetra en el útero de la que va a ser su madre. Y una vez efectuada la concepción biológica, comienza la unión celular por atracción del psicosoma reducido que actúa como molde, o modelo organizador biológico, para la formación del feto, hasta su completo desarrollo. Este molde es el que refiere el científico brasileño, Ingeniero Hernani Guimaraes Andrade, director del Instituto Brasileiro de Investigaciones Psicobiofísicas (Sao Paulo, Brasil), en su obra «La TeoríaCorpuscular del Espíritu»).
Y una vez afianzada la concepción, comienza el desarrollo embrionario. En sus primeras fases, no difiere de cualquier otro animal. Quien pueda observar de cerca el proceso embriogénico, comprobará las señales de la era acuática de nuestra evolución (del proceso evolutivo de las formas), después de la forma microscópica de la célula fecundada. Y, a medida del desarrollo fetal, va tomando la forma del molde referido. La diferencia de la forma que se opera en el desarrollo del feto, a medida de su crecimiento, es el valor evolutivo contenido en ese molde periespiritual o psicosoma. El conjunto del aspecto morfológico y anatómico, se desenvolverá de acuerdo a la ley de herencia (ley biológica), dependiendo de la preponderancia genética de los progenitores; pero, los detalles característicos del individuo encarnante, irán formándose de acuerdo con la orientación ontogénica de ese molde dínamo-espiritual, en armonía con las leyes biológicas.
Desde el momento que el «molde» es situado en el vaso uterino, el Espíritu queda ya unido a él, pero NO en él; sino desde el plano o habitat en que se halla. Y generalmente, este espíritu reencarnante ya suele acompañar y proteger a la que va a ser su madre humana; pero, los más evolucionados proyectan desde el espacio, vibraciones que fortifican al feto y a la madre. La incorporación del Espíritu al cuerpo carnal o feto., es al final de la vida uterina. Aun cuando el feto, al nacer, trae vida vegetativa (biológica), no dará señales aparentes de vida activa hasta tanto el Espíritu tome posesión de ese cuerpecito. Ya en el momento que el feto sale a la luz (minutos más o menos) el Espíritu penetra en ese cuerpecito, encarna. En ese momento, la materia encierra definitivamente al Espíritu (su prisión); y es entonces, cuando el feto abre los ojos y la boca, con los
primeros gritos. La encarnación se ha efectuado, la trilogía es completa en esa nueva criatura. Pero, necesario es aclarar que, mientras el Espíritu no penetre en ese cuerpecito, el feto no dará señales de vida activa.
Desde la infancia y durante el crecimiento, el Espíritu irá modelando su nueva envoltura, para hacer de ella un instrumento capaz de manifestar sus facultades, a menos que traiga taras kármicas o expiatorias. Y para ello, tendrá la protección y asistencia de un ser espiritual superior a él, que velará por él y le inspirará en su vida humana, asistirá y guiará, intuyéndole en los momentos decisivos y hasta protegerá en ciertos momentos de peligro.
Y esos guías espirituales no son ángeles de leyenda, sino seres como nosotros (espirituales, sin cuerpo carnal) que, vibrando en amor, trabajan en la Obra divina de progreso de la humanidad; y en muchas de las veces, es un amigo del reencarnante unido por lazos de amistad o familiar desde tiempos remotos.
En cuanto a la reducción magnética del referido psicosoma, que sirve de molde o modelo dínamo-espiritual; así como el proceso psicomagnético para el olvido del pasado, es igual para todos los espíritus reencarnantes cual sea su grado de evolución.
Múltiples otros aspectos que sería prolijo enumerar aquí, difieren entre sí, en relación a !a condición de cada reencarnante.

Sebastián de Arauco.

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