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viernes, 4 de febrero de 2011

Reencarnación y sufrimiento




REENCARNACIÓN TERAPIA EFICAZ PARA EL SUFRIMIENTO


Jesús aseveró la necesidad de “nacer de nuevo”, a fin de que se paguen  todas las deudas, moneda a moneda, hasta que el deudor- al encontrarse liberado – alcance  el reino de los cielos, el cual implantará en su propia conciencia a través del auto purificación.

En las fajas experimentales de la evolución, las dimensiones del tiempo y del espacio constituyen límites, a fin de demarcar niveles y situaciones para la mente. Sin embargo, a medida que el Espíritu progresa, tales conceptos  se amplían, y el adquiere incalculables percepciones  de  infinito y eternidad, al superar las líneas que necesita  localizar y localizarse.

A través de los impositivos reencarnatorios, todo ultraje  que se comete se ha de rescatar, aunque no necesariamente en una reencarnación  inmediata o muy próxima, después del gravamen cometido, pero nadie engañará a la Justicia.

Los sufrimientos  del pasado nos afligen de tal manera, que muchas veces el bálsamo de las incontables alegrías no consiguen cicatrizarnos  definitivamente las innumerables heridas, que todavía supuran…  es necesario olvidar para perdonar  mejor, arrojando en el olvido el yugo del resentimiento y de las reminiscencias amargas. El mal que muchas veces nos pretenden hacer resulta un bien inestimable, a pesar de los incalculables sufrimientos.

En ocasiones  no es el resentimiento ni los rencores,  ya que el tiempo a lo mejor ha secado nuestras lágrimas; pero  no ha podido apagar los tristes recuerdos que sofocó, evitando así nuestras tristezas.

Al ignorar las sutiles  facultades de la intuición, de la premonición y las leyes de la reencarnación en que están basados todos los acontecimientos  de la vida física, el devoto suele mantener  como recurso pura y simplemente  el argumento de la fe, sin los recursos más amplios  para poder estructurar el consuelo  con que   sostenernos en el aturdimiento.

Los hombres débiles, que apenas son fuertes en la brutalidad, no saben luchar ni son capaces de examinar  las circunstancias o dignidades. Solamente pueden tomar y agredir… Es por eso que su fuerza  es su debilidad.

En una  encarnación adquirimos determinada expresión de victoria,  a pesar de las equivocaciones que se perpetre. Al ser sumadas las realizaciones dignificantes  y sustraídas las deudas, el saldo de las conquistas personales se transfiere, ya sea positivo o no.

De una para otra existencia se trasladan las realizaciones, los problemas, las adquisiciones y las pérdidas que oportunamente aparecen  cuando las circunstancias se hacen favorables;  de ahí viene el adagio que dice: “Dios no da a nadie un fardo  superior  al de sus propias fuerzas”.
Como consecuencia, la calidad de vida resulta  de las multiples operaciones  que el ser se impone  al caer ahora  y al levantarse despues, manteniendo siempre un saldo  que lo favorece o no con recursos para la redención final.

Los que menosprecian  los valores éticos, en su insania, son incapaces de medir sentimientos y de caracterizar actitudes en toda su magnitud. Disculparse significa para ellos una humillación, como una credencial para acceder  a nuevos desatinos, a los que se vinculan persistentemente.  La distancia que existe entre una agresión y una explosión de generosidad es apenas una circunstancia de emotividad. Sin la sensatez necesaria, damos a los hechos la interpretació n que nos conviene.

 En la estela de las vidas sucesivas continúan las tramas de la evolución con sus enérgicas advertencias.

En cada primavera de bendiciones vuelven a florecer, sobre los charcos de las pasiones, los lirios de la paz, cuyas verdes ramas simbolizan la esperanza que nunca nos debe faltar, aun cuando todo parezca  abismo y lodo bajo nuestros pies. En esas primaveras de misericordia, también vuelven a florecer los corazones.

A través de las benditas pruebas y de las expiaciones libertadoras, la Sabiduría Divina nos conduce al compromiso de ascender y progresar  en las dimensiones de la Inmortalidad.
Si ayer los sectarismos religiosos incentivaron  el materialismo,  hoy el cientifismo debilita al hombre  que lo elaboró, castigando su presunción.  En esta hora, la Doctrina Espirita  eleva al ser atormentado en dirección a los astros, liberándolo del charco en el que se detiene  por un impositivo de su propia insania y finalmente lo hace feliz.

Miremos al horizonte y procuremos ver más allá de las estrellas fugaces, que son como un resplandor de las bellezas siderales que todos alcanzaremos cuando hayamos conseguido la sublime ascensión.

-Merchita-

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