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jueves, 14 de abril de 2011

La obsesión espiritual


    Frente a la situación de emergencia por la que la humanidad está pasando, los espíritas, que somos los trabajadores de última hora, tenemos que esforzarnos para tener una buena comprensión de las causas de la obsesión y de los métodos que podemos utilizar para cuidarnos de los que están inmersos en ella.

    La obsesión todavía es uno de las mayores trabas para la práctica de la mediumnidad. Allan kardec afirmó que nunca serían pocas las providencias destinadas a combatir su influencia dañina.

¿Qué es la obsesión?
    La obsesión es una enfermedad con fondo moral que debe ser tratada por métodos lógicos y racionales enseñados por la Doctrina Espírita.
    “La obsesión presenta caracteres diversos que es muy necesario distinguir, y que resultan
del grado de opresión y de la naturaleza de los efectos que produce”. (Allan Kardec en el Libro de los Médiums, capítulo 23:237)
Definición clásica.
    Allan Kardec, el codificador, define de esta manera la obsesión:
    “La obsesión es la acción persistente de un Espíritu malo sobre una persona. Presenta características muy diversas, desde la simple influencia de orden moral, sin señales exteriores perceptibles, hasta la completa perturbación del organismo y las facultades mentales”.
    “Se trata del dominio que algunos Espíritus pueden adquirir sobre ciertas personas. Son siempre los Espíritus inferiores que buscan dominar, pues los buenos no ejercen ningún constreñimiento. ..

     Los malos, por el contrario, se agarran a los que consiguen cautivar. Si llegan a dominar a alguien, se identifican con el Espíritu de la víctima y la conducen con se hace con un niño”.

     La obsesión es el dominio que los Espíritus inferiores adquieren sobre algunas personas,provocándoles desequilibrios. Los síntomas que caracterizan a la obsesión varían en cada uno de los casos, desde simples efectos morales, pasando por manías, fobias, alteraciones emocionales acentuadas, cambios en la estructura psíquica, subyugación del cuerpo físico, hasta la completa disgregación de la normalidad psicológica, produciendo la locura.

     En el tratamiento de la obsesión es preciso saber distinguir sus efectos, de aquellos otros causados por las influencias naturales (mas o menos pasajeras) y de las alteraciones emocionales oriundas del propio psiquismo del paciente, psíquicos, emocionales y orgánicos.

     Los síntomas relacionados abajo, pueden ser indicadores de procesos obsesivos ya desarrollados
o en fase de desarrollo. Si permanecen constantes en una persona, se puede sospechar con gran margen de acierto, que esté bajo el imperio de la obsesión. Son estos:
- Depresión, angustia y tristeza.
- Pesadillas constantes.
- Tendencia al vicio.
- Prácticas mundanas.
- Agresividad fuera de lo normal.
- Abandono de la vida social o familiar.
- Ruidos extraños a voluntad propia.
- Visión frecuente o esporádica de sombras.
- Impresión de escuchar voces.
- Manías y tics nerviosos.

Causas de la obsesión.
     Es de vital importancia a los que trabajan con el tratamiento de la obsesión, descubrir las causas que llevarán al paciente a caer bajo el dominio del Espíritu obsesor que lo atormenta. Sabemos, a través de las enseñanzas de Allan Kardec, que en el fondo de todas las perturbaciones espirituales residen las flaquezas morales del perturbado, las imperfecciones del alma que son las puertas de entrada para la influencia extraña.

     Algo parecido ocurre con las enfermedades del cuerpo físico: cuando ellas se instalan en el organismo, la causa está generalmente en las flaquezas de la estructura orgánica.

 Grados de la obsesión.
     La obsesión posee causas, consecuencias y señales diversas. Allan Kardec ordenó el fenómeno obsesivo según ciertas características y grados de intensidad que le es propio y que facilita el entender la gravedad de cada caso. El Codificador clasificó la obsesión en tres categorías distintas, según su grado de manifestación: Obsesión simple, Fascinación y Subyugación.

Obsesión simple.
     En la obsesión simple, ocurre un grado de constreñimiento que se limita a perturbar la voluntad, emoción y psiquismo del paciente obsesado. El Espíritu inferior incomoda al individuo, pero no domina en profundidad su psiquismo. Alguien que tenga el sueño perturbado por pesadillas, puede estar siendo víctima de una obsesión simple. Si, mientras tanto, los efectos provocados por esos sueños ruines permanecen durante el día perturbando al enfermo, el caso puede ser clasificado como una subyugación moral.
     
       Los pacientes portadores de depresiones de carácter leve a mediana, pueden ser víctima de obsesiones simples. Sin embargo, si la situación psicológica degenera en la predominación de malos pensamientos en el tránsito mental, la situación también puede ser clasificada como subyugación moral.

      En resumen, la obsesión simple es, como el propio nombre indica, una interferencia espiritual no grave. Pero, es importante citar que algunas obsesiones simples, si no fueran cuidadas adecuadamente, podrían degenerar en formas más graves, tales como la subyugación o fascinación. .

Fascinación.
      La fascinación es el proceso de obsesión más grave. Es Allan Kardec todavía quien así lo dice, hablando de esa situación obsesiva:
      “La tarea (de desobsesión) es mucho más fácil cuando el obseso, comprendiendo la situación en que se halla, aporta su concurso poniendo voluntad y orando. No sucede lo mismo si, seducida por el espíritu embustero, la víctima está ilusionada con las supuestas cualidades de quien la domina y se complace en el error en que este último la sume, porque en tal circunstancia, muy al contrario de colaborar con los que le asisten, rechaza su ayuda. Tal es el caso de la fascinación, siempre infinitamente más rebelde que la más violenta de las subyugaciones. Digamos, por último,que en todos los casos de obsesión, la plegaria es el más poderoso auxiliar de la oración contra el espíritu obsesor.” – (El evangelio según el Espiritismo, Capítulo 28:81).

      En la fascinación, existe un mecanismo de profunda ilusión instalada en la mente enferma del paciente. Ella  afecta a las facultades intelectuales, distorsionando el raciocinio, la capacidad de juicio y la razón. El Espíritu obsesor engaña al enfermo explorando en sus flaquezas morales, engañándolo con falsas promesas. Un fascinado no admite que está obsesado. El defecto moral que provoca la fascinación es el orgullo. Infelizmente todos nosotros, seres humanos, todavía tenemos esa hierva dañina en la intimidad del alma. Buenos valores mediúmnicos  se pueden perder por causa de la supervalorización que algunas personas darán a su amor propio.

     Los espíritus fascinadores son hipócritas. No poseen vergüenza alguna en adornarse con nombres honrados y, así mismo, llevar a sus víctimas a tomar actitudes ridículas delante de los demás.

      La fascinación es más común de lo que se piensa. Actualmente, alcanza al Movimiento Espírita como una enfermedad moral muy seria.     Es ella la responsable de la edición de libros antidoctrinarios y comprometedores existentes en el mercado de la literatura espírita en buen número.
      Esas obras son escritas por médiums y escritores vanidosos, que bajo el imperio de la fascinación, no se dan cuenta del ridículo a que se someten.

      También es la  fascinación la responsable de innumerables conductas anormales observadas en algunos Centros Espíritas, como son la utilización de ropas y adornos en las sesiones, posturas extravagantes y pensamientos desordenados encaminados  supuestamente a cumplir “misiones” de  "alta  importancia".Los intelectuales, aun instruidos, no están libres de la fascinación.  Algunos de esos individuos, por confiar excesivamente en su presunto saber, se vuelven instrumentos de Espíritus fascinadores y pasan a divulgar en el Movimiento Espírita conceptos anti-doctrinarios nocivos a la fe espírita.
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      El orgullo y el sentimiento de superioridad es la gran puerta para la entrada de Espíritus fascinadores. Por tanto, se debe tener todo el cuidado en la dirección de Centros Espíritas y de las sesiones mediúmnicas. Los dirigentes son el blanco preferido de los Espíritus hipócritas que, dominados, pueden más fácilmente dominar al grupo.


Subyugación.
      La subyugación es un tipo de obsesión que presenta un elevado grado de dominio del aspecto corporal, y a veces, moral del paciente. Cuando la subyugación es moral, se diferencia de la fascinación, porque el paciente sabe que está obsesado. En la fascinación él niega que lo esté. En la subyugación ocurre un intenso dominio del Espíritu obsesor en el plano fluídico que, en algunos momentos, llega a imantar al cuerpo espiritual del enfermo, provocándole crisis de movimientos involuntarios, con consecuentes reflejos en el cuerpo físico.

Asociación espírita de Miami- (Reynaldo Formoso)

( Ver el blog  inquietudesespiritas.blogspot.com )

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