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jueves, 5 de mayo de 2011

Despierte y sea feliz



El hombre y la mujer contemporáneos, seducidos por la ambición desmedida del poder, que les proporciona lujo, ocio y gozos, permanecen adormecidos en relación con las responsabilidades trascendentes.

Por considerarlas de secundaria importancia, en la vana suposición de que pueden remediar la situación interior en cualquier instante, transfieren el pensamiento y la emoción hacia lo exterior, con grandes perjuicios para la armonía interior.

Sus preocupaciones y anhelos giran en torno de los valores materiales, y en la hipótesis equivocada de que son personas especiales, incólumes al sufrimiento, a las aflicciones, y a los inevitables acontecimientos ingratos, se anestesian y se olvidan de los fenómenos biológicos -en constantes modificaciones-, y de los sucesos morales inesperados, como la detestada presencia de la propia muerte, o de su paso por el hogar…

Entretenidos en los juegos de las ilusiones, aplican el tiempo al deleite del placer, alejados de todo compromiso elevado para con la Vida, que los observa inexorablemente, aguardando el momento de convocarlos a la realidad.

Imaginan que la alegría no terminará, y que las concesiones de que disfrutan no tendrán fin…

¡Vana capacidad de consideración y respeto por la vida!

Sin embargo, cuando son llamados a los embates de la evolución, a través de los acontecimientos desgraciados de lo cotidiano, desorganizados y sin preparación, se sumergen en las amarguras o en la rebeldía, en el miedo o en las fugas espectaculares, con lo que procuran evitar los desafíos o enfrentarlos con hostilidad, acrimonia, violencia, insensatez…

El resultado, bien se concluye que es negativo, cuando no es doloroso.

A la criatura moderna le hace falta el conocimiento y la vivencia de la doctrina de Jesús.

Confundida o adulterada por fórmulas inocuas, o verbalismos vacíos de significación espiritual, se acepta como propuesta social relevante o como hábito ancestral conservado sin experiencia profunda.

La perfecta lección del amor, ampliamente repetida pero poco vivida, bastaría para alterar el panorama moral de los seres y proporcionarles felicidad.

Por esa razón, hay mucha alegría ruidosa, desmesuradas explosiones festivas, campeonatos de gozo, y poca armonía en los seres humanos.

Se multiplican las glorias de la inteligencia, pero también los conflictos del sentimiento.

Seres vacíos deambulan por todas partes, y como viajeros que perdieron el sentido existencial, se embriagan con las utopías para huir de sí mismos y de los otros.

El Espiritismo llega, en este momento decisivo, como respuesta del cielo generoso a la tierra afligida, ofreciendo directrices, preparación y luces que proporcionan paz.

Es necesario que haya un despertar de los valores del Espíritu eterno, a fin de que el hombre logre la identificación consigo mismo y con el bien.

Reunimos en ésta pequeña obra, treinta temas-desafío que se producen con frecuencia y que causan perturbación a las criaturas humanas.

Sin pretensión de solucionarlos, presentamos ángulos optimistas y abrimos espacios para una visión espiritual positiva del comportamiento.

No agregamos conceptos que no sean conocidos, sino que volvemos a presentarlos en un lenguaje apropiado a estos tiempos de confusión y de sufrimiento.

Aguardando que el querido lector medite sobre nuestras palabras y encuentre la plenitud, lo invitamos a que despierte y sea feliz.

Juana de Angelis


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