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sábado, 9 de julio de 2011

Cuando los hijos crecen


Lo que los padres dicen a sus hijos no es oído por el mundo, más queda para la posteridad.”
Jean Paul Richter


CUANDO LOS HIJOS CRECEN

Hay un momento, en la vida de los padres, en que ellos se sienten huérfanos. Los hijos, dicen ellos, crecen de un momento para otro.

Es paradoja. Cuando nacen pequeños y frágiles, los primeros meses parecen interminables. Padre y madre se alternan en la búsqueda de respuestas para los estímulos en los rostrillos menudos.

Desean que ellos sonrían, que agiten los bracitos, que se sienten, queden en pie, anden, todo en una ansiosa expectativa.

Entonces, un día de repente, descubrimos que son adolescentes. No más hay paseos con los padres en los fines de semana ni ferias compartidas en la familia.

Ahora todo es hecho con los amigos.

Miran para el rostro del niño y sorprenden los primeros hilos de la barba, como la madre de un pajarillo descubre el plumaje en las alas de los polluelos. La niña se transforma en mujer. Es el momento de los vuelos para el más allá del nido doméstico.

Es el momento en que los padres se preguntan: ¿Dónde están aquellos bebes con cariño de leche y faldón mojado. ¿Dónde están los juegos del escondite, las casitas de papel, los héroes invencibles que todo conseguían, en sus batallas imaginarias contra el mal?.  Los viajes para la playa y el campo ya no son tan sonoros. Las canciones infantiles y los eternos pedidos de refrescos, dulces, pipas, fueron sustituidos por el mutismo o la conversación animada con los amigos con que comparten su alegría.

   Los padres se sienten huérfanos de hijos. Sus pequeños crecieron sin que ellos puedan precisar cuando. Entonces eran criaturas trazando la bola para ser concertada. Hoy son ellos los que les enseñan como operar el computador y explorar mejor los programas que se encuentran a disposición.

La impresión es que se durmieron siendo criaturas y despiertan como adolescentes, como en un pase de magia.

Entonces viajaban en el asiento de atrás del automóvil y hoy están al volante, dando  clases  de correcta conducción.

Es el momento de pesar de los días que se fueron, tan rápido. Es el momento en que sentimos que podríamos haber dejado de lado trabajos siempre continuos y saltado más con ellos, rulando en la grama, jugando al fútbol.

Deberíamos haberlos oído más, deleitándonos con el relato de sus conquistas y aventuras, sus primeras decepciones, sus miedos. Haberlos llevado más al cine, disfrutando de sus vibraciones ante el heroísmo de los personajes de ficción.

Tiempos que  ya no volverán a no ser en la figura de los nietos que nos compete esperar.

Padres, estemos más con nuestros hijos. La existencia es breve y las oportunidades preciosas.

Todo lo que nos preocupa ,el tiempo nos compensará  todas esas horas dedicadas a los espíritus que se amoldaron en los cuerpos de nuestros pequeños, para estar con nosotros.

No economicemos abrazos, caricias, atenciones, porque nuestro procedimiento para con ellos les determinará la felicidad del crecimiento provechoso o la tristeza de los días inútiles del futuro.

La criatura criada con cariño aprende a ser afectuosa.

El mensaje de atención al prójimo es pasado por los padres a los hijos.

En el día a día con los padres ellos aprenden que el ser humano y sus sentimientos son más importantes de que el simple suceso profesional y todos sus accesorios.

Equipo de redacción del Momento espirita


( ver el blog  inquietudesespiritas.blogspot.com )

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