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miércoles, 24 de octubre de 2012

COMPORTAMIENTO DEL ESPIRITA EN LOS VELATORIOS





     Recientemente, fuimos a un velatorio y nos vimos obligados a escuchar a un “pastor”, predicando la insostenible tesis de la unicidad de las existencias. Asunto inoportuno para la ocasión. El religioso, siempre con la biblia  de hojas desgastadas  debajo del brazo,humedecido de sudor, ciertamente, fue invitado  a hablar del tema por solicitud de la familia del desencarnado. Detalle: tales parientes “creyentes”, del “muerto”, sabían que los espiritas estarían presentes  en el local. Al revés, podrían  haber aprovechado la oportunidad en la sepultura del cadáver para orar o discurrir, sin afectación, sobre la inmortalidad del alma (como enseñó Jesús) y sobre el valor de la existencia humana.  Sin embargo, infelizmente, para esos cristianos, narcotizados por la idea de “salvación” y que pensaban poder comprar la “felicidad eterna” a través  de los diez por ciento “donados” para la iglesia, “la muerte  aún expresa una realidad casi totalmente incomprendida en la Tierra”.

     En otra ocasión, fui informado, por una gran amiga, líder espirita , de quien un  hermano, también espirita conocido en la ciudad, le solicitó un espacio en el salón de conferencias, para velar un cuerpo, ( el desencarnado era adinerado). ¿El velatorio, en el centro espirita? Nos reímos, ella y yo, lamentando sin embargo  el triste episodio. Es obvio que la solicitud del inmaduro compañero le fue negada.

     ¡Velatorio! Ese es nuestro tema. Esa celebración se desvió, y mucho, del sentido religioso, pues, por encima de las emociones justificables por parte de los parientes y amigos, se celebraría  un funeral con las dispensas excesivas con flores, santos, escapularios, velas,  [el uso de velas no tiene ningún valor para el espirita, pues solo imprime un aspecto más lúgubre a la muerte], etc., etc.  La eventual preocupación con la conservación de los túmulos, que, normalmente, solo son recordados en el día consagrado a los muertos, en el mes de Noviembre, responden a un protocolo social, también, extravagante. No debemos convertir  las necrópolis  vacías en “salas de visita al más allá”, como nos recuerda el escritor Richard Simonetti,   porque hay locales más indicados para expresar nuestro sentimiento a los que ya desencarnaron. No aprobamos, ni reprobamos, intransigentemente, los homenajes fúnebres, en la memoria de alguien, pues, “son justos y de buen ejemplo”.

    También, la Doctrina Espirita revela  que el deseo de perpetuar el recuerdo que las personas dejan de si, en los  imponentes mausoleos, viene dado como un acto de orgullo y ostentación. “La suntuosidad de los monumentos fúnebres, determinada por los parientes  que desean honrar la memoria del fallecido, y no por este, aun tiene que ver con el orgullo de los parientes, que así quieren honrarse a sí mismos. No siempre es por el muerto por quien se hacen esas  demostraciones, sino por el amor propio, buscando la  consideración del mundo  y para exhibición de la riqueza.”

     Debemos siempre evitar, en los funerales, las honras materiales  exageradas y las escenas, pues, considerando que, “no siempre el Espíritu del fallecido se desliga enseguida del cuerpo” , urge que le enviemos cargas mentales  favorables de bendiciones y de paz, a través de la oración sincera, principalmente, en los últimos momentos  que anteceden al entierro o a la cremación. La ofrenda de coronas y flores debieran  transformarse “en donativos para las instituciones asistenciales, sin espíritu sectario”.

     ¡Pásmense! Ya, hasta, inventaron el velatorio virtual (visualizado a distancia) en las ceremonias fúnebres de seres queridos y el encaminamiento de las condolencias vía email. Las salas del velatorio fueron equipadas con cámaras  que permiten, en tiempo real, una visión general del público y de personas  por las que está siendo velada. En esos casos, los parientes y amigos pueden enviar  mensajes de condolencia para la familia por medio  de un link en el  site que ofrece técnicas de preparación de los cuerpos como es el tanatorio,  y el crematorio, además de productos tales como, urnas, mantos, vestuario etc. , 

    Al respecto, sabemos que,  cuando comparecemos a un velatorio, cumplimos un sagrado deber de solidaridad, ofreciendo consuelo a la familia.  “Infelizmente, tendemos a hacerlo por  medio  de la presencia física, ignorando lo que  podríamos  definir como una compostura espiritual. Analicemos el hecho reciente de la desencarnación del cantante y actor, Michael Jackson. Más de medio millón de admiradores, de todo el mundo, solicitaron entradas para el servicio fúnebre de su cuerpo, que se realizaría  en los próximos días.  Nuestro hermano “rey del Pop”, ciertamente, está en la más atroz penuria en una dimensión póstuma, debido a las locas  emanaciones  de energías mentales desfavorables de los “fans”. En razón de eso, admitimos que, en ese caso, son felices los oscuros indigentes, porque son velados  en las cámaras de los institutos médico-forenses, porque que el velatorio y la sepultura son, casi siempre, más bien un motivo de sufrimiento para el desencarnado. Es obvio que las oraciones  hechas por los Espíritus que acaban de dejar la Tierra, tienen  como fin,  proporcionarles  una prueba  más de simpatía, sobre todo, para ayudarles a liberarse  de las ligaciones terrenas, abreviando la perturbación que, normalmente, ocurre después  de la separación del cuerpo, y tornando más tranquilo  su despertar.  En el caso que mencionamos, los idólatras transmiten emociones angustiosas  para su pesar, razón por la cual sus suplicas desligadas tienen un alcance limitado.

     Imaginemos la situación desagradable del Espíritu, aun ligado al cuerpo, sumergido en un océano de vibraciones heterogéneas emitidas por personas, en parte por la admiración, pero que actúan como indisciplinados espectadores , que  dificultan la tarea del diligente equipo de socorro, en el esfuerzo por retirar a un herido de los escombros de una casa  que se hundió. ¡ “Contribución”  lamentable, esa!. ¡” Preso de  la residencia temporal de su cuerpo carnal, transformada en ruina por la muerte, el desencarnado, en estado de inconsciencia, recibe el impacto de esas  vibraciones desaliñadas que  lo envuelven penosamente, particularmente  las de carácter personal. Como si viviese una terrible pesadilla él quiere despertar y lucha por readquirir el dominio del cuerpo, quedando así angustiado y afligido”.

     Son muchos los que, a titulo de despedirse del “difunto”, hacen del camino al cementerio  una  extensión en sus relaciones sociales, discutiendo asuntos triviales como política, negocios y fútbol – cuando  no, de cosas peores. Eso, obviamente, tornará  aún más penosa  la travesía  entre los dos mundos. Más que nunca, el desencarnado precisa de vibraciones de armonía, que solo se forman a través de la oración sincera y de ondas mentales positivas. En el libro Conducta  Espirita, el Espíritu André Luiz advierte:   “proceder correctamente en los velatorios, callando anécdotas y jocosidad en torno a la persona desencarnada, tanto como cuchicheos impropios al pie del cuerpo inerte. El compañero recién desencarnado pide, sin palabras, la caridad de la oración o del silencio que le ayuden a rehacerse.”  Es importante expulsar de nosotros  “cualquier conversación ociosa, tratos comerciales o comentarios impropios  en los entierros a los que comparecemos”, porque, la “solemnidad mortuoria es un acto de respeto y dignidad humana”.

     Lamentablemente, “pocos se dan al trabajo tan siquiera de reducir el volumen de la voz, formando  un estrépito increíble, principalmente al aproximarse el horario del entierro, cuando el recinto acoge  mayor número de personas”.  Tenemos motivos  de sobra para el comedimiento. Por eso, cultivemos el silencio, conversando, si es que es necesario, en voz baja y de forma edificante.   Hablemos del muerto con discreción, evitando presionarlo con recuerdos y emociones que permitan   perturbarlo, principalmente, si han sido trágicas las circunstancias de su fallecimiento. Oremos mucho en su beneficio, porque, se muere como se vive. Si no conseguimos mantener semejante comportamiento, será mejor que nos retiremos del ambiente, evitando engrosar el barullo de voces y vibraciones irrespetuosas,  que tanto atormentan al desencarnado, como a los que comparecen con objetivos nobles de captar energías de los planos superiores, de foco casual, a favor del prójimo que parte para otra dimensión de existencia.

     Es oportuno también explicar al amigo lector que la perturbación que sigue a la muerte nada tiene de, insoportable ni dolorosa para el justo, que estuvo en la Tierra sintonizado con el bien. En cambio, para los que vivieron presos del egoísmo, esclavos de los vicios y ambiciones mundanas, la muerte es una noche, llena de horrores, ansiedades y angustias, a pesar de  ser considerada  esa perturbación como el estado normal en el instante de la muerte y perdurar por tiempo indeterminado, variando  desde algunas horas a algunos años. En alguna personas, es de cortísima duración, casi imperceptible, y nada tiene de dolorosa – podría ser comparada como un leve despertar. Mientras tanto, para otras, el estado de perturbación puede durar muchos años, hasta siglos, y puede configurar un cuadro de sufrimiento severo, con angustias y  temores. Algunos Espíritus tras la muerte, se sumergen en un sueño  profundo y, en ese estado, quedan durante un tiempo  muy variable. “El conocimiento que nos ha sido posible adquirir de las condiciones de la vida futura ejerce gran influencia en nuestros últimos momentos; nos da más seguridad y  abrevia la separación del alma. “

     El equilibrio mental de los familiares, ante el desencarnado, será de fundamental importancia en la recuperación del Espíritu. Pensamientos de rebeldía y desesperación lo golpean como dardos mentales de dolor y de angustia, dificultando su recuperación. La actitud inconformista de la familia puede crear “telas de retención”, prendiendo al Espíritu a su cuerpo. Es natural que muchos lloren en la hora de la muerte, sin embargo, se debería contener  la desesperación. Es menester que nos resignemos ante ese fenómeno natural de la vida, aunque, algunas veces, inesperado, viendo en eso,  la manifestación de la Sabia Voluntad Divina que nos dirige los destinos. En verdad, las lágrimas pueden, hasta, aliviarnos el corazón,  entre tanto, la actitud del espirita debe ser siempre de comprensión y oración. El día que tengamos la certeza de que el que enterramos no es este o aquel ser, sino un cuerpo que sirvió para la valorización existencial de alguien que amamos, y  que ese alguien sigue existiendo y  va a estar siempre presente en nuestra memoria, puesto que lo que experimentamos, apenas es un intervalo momentáneo si es comparado con la eternidad, nuestro comportamiento será otro,  mucho más armonioso ante ese fenómeno biológico, al que denominamos “muerte”.

Jorge Hessen

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El silencio de tu alma

En el silencio de tu alma se esconden los más bellos secretos de tu corazón.

En silencio se descubren maravillosas conversaciones que la palabra sería incapaz de pronunciar. En el trabajo callado y tranquilo los dones de las personas se hacen visibles.

La palabra, cuando es clara y sincera, nos acerca a los demás,nos ayuda a darnos a conocer, nos muestra lo que los demás piensan y viven… el silencio es el mayor grado de comunicación 
que podemos conseguir con un ser humano.

Ábreme el cofre sagrado de tu silencio, comparte conmigo desde lo que eres, desde lo que vives, desde lo que lloras y desde donde te alegras…
Con qué sueñas, que piensas y que quieres vivir.

Sin palabras. Entraré de puntillas, sin hacer ruido, para no romper la hermosura que me ofreces a través de tu silencio...
El silencio es el mayor grado de comunicación.

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