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miércoles, 8 de octubre de 2014

Espiritismo, Ciencia humana


El Espiritismo es una ciencia humana


En la Introducción de la Revista Espirita,                    inaugural, de enero de 1858, Allan
Kardec escribió:

“Tal vez nos objeten la calificación de ciencia que damos al Espiritismo. Él no podría, sin duda, en algunos casos, tener los caracteres de una ciencia exacta, y ahí está, precisamente, el error de aquellos que pretenden juzgarlo y experimentarlo como un análisis químico, como un problema matemático: ya es mucho que tenga lo de una ciencia filosófica.
Toda ciencia debe estar basada sobre hechos; pero sólo los hechos en sí no constituyen la ciencia; la ciencia nace de la coordinación y de la deducción lógica de los hechos: es el conjunto de leyes que los rigen ¿El Espiritismo llegó al estado de ciencia? Si se trata de una ciencia perfecta, sin duda, sería prematuro responder afirmativamente; pero las observaciones son, desde hoy, bastante numerosas como para poder, por lo menos, deducir los principios generales, y es ahí donde comienza la ciencia”.
Siempre se cuestionó lo que Allan Kardec quería decir como “ciencia filosófica”. Por el desarrollo de la cultura se puede admitir, sin miedo a equivocarse, que “ciencia filosófica” es, en verdad, lo que se convino en llamar de “ciencias humanas”, ramas del conocimiento, de investigación dirigidas hacia la persona humana, con parámetros y métodos propios, paralelamente a las ciencias físicas, a las ciencias duras, exactas.
Por lo tanto al llamar el Espiritismo de Ciencia del Alma, proponiendo que sea configurado en las bases de una ciencia humana específica y especial, estamos acompañando el pensamiento del fundador del Espiritismo.
Entonces, el Espiritismo es una ciencia del alma, una ciencia humana cuyo objeto es explicar el ser humano como un alma, su estructura, su actuación y su evolución.
Con ese carácter puede desarrollar un espíritu crítico y explorar la realidad esencial del ser humano dentro de la ley natural, de la naturalidad de los procesos evolutivos, a través de la reencarnación, como un alma atemporal, inmortal y en crecimiento.

Jaci Regis
Recibido a través del Canal de CEPA

Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta

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REFLEXIONES DE MERCHITA

la verdad a veces es muy cruda, pero no por eso deja de ser verdad. No podemos taparnos los oídos, y los ojos ante hechos que no nos gustan descubrir, pero que fueron realidad.
Es el caso de algunos hermanos que caminan con nosotros, abrazan los mismos ideales, y que cuando menos lo esperamos, descubrimos su deslealtad, que han dejado de ser lo que eran, o que no son lo que en realidad dicen ser.
No estamos exentos de caer, la vida lo demuestra a todas horas, de la noche a la mañana nuestra vida puede cambiar, pero eso no quiere decir que hemos de tirar la toalla y darnos por vencidos, o tan desilusionados, que decidamos tirar todo por la borda, en este caso nos referimos a la Doctrina Espirita.
A lo largo de mi caminar en las filas del Espiritismo, muchos fueron los hermanos, que me impresionaron, que los vi como algo superior, y conforme iba avanzando en el camino, fui descubriendo, que  eran como todos nosotros de carne y hueso, y que lo mismo que yo podía caer, ellos también caen, pues no debemos olvidar que la perfección no existe en el planeta Tierra.
No podemos caminar con la fe del compañero, hemos de construir nuestra propia fe, y  posarla sobre pilares que hayamos construido nosotros, por el estudio, por la fuerza que le hemos dado al bien, y por haber amasado todo, con  nuestro esfuerzo, con las leyes de Dios que han quedado esculpida en esos cimientos a prueba de bomba.
Si no es así, cualquier escándalo, que se dé, por algún compañero que habíamos colocado en el altar, podría ser tal la decepción, que nos dejaríamos llevar por la desilusión y decidiéramos dejarlo todo, en una palabra por cualquier obstáculo que nos surgiera en el camino.  
La Doctrina Espirita como todas las organizaciones de la Tierra, cuenta con hermanos muy laboriosos y dedicados, que sirven como instructores de Jesús, esparciendo la enseñanza por todos los lugares que les es permitido y a los que pueden acceder, tales como Chico Xavier, Divaldo, Raúl Texeira, etc., y cuenta con otros que digamos  no son tan fieles, y se equivocan, cometiendo errores garrafales, no por eso vamos a decir que la Doctrina Espirita, no es lo que esperábamos. La codificación Espirita es el pilar sobre el cual podemos apoyarnos para esclarecernos, pero las raíces hemos de crearlas nosotros, adquiriendo buenos materiales, para que si llega el caso, y se nos presentara la ocasión, tuviéramos que sostenernos por si solos.
Lo vemos muy claro en el caso de Jesús, con sus discípulos, pese a que Pedro y Judas cometieron sus desvaríos, no por eso Jesús fracaso en su misión de enseñar al mundo el Camino por el cual podíamos caminar, si realmente queremos llegar a Dios.
Tampoco  supimos  que su obra fuese abandonada por el fracaso o la caída de ellos, eso les hizo reafirmarse en el bien, e incluso Pedro siguió caminando al lado de Cristo, pese a haberse caído, pues siguió  su misión divulgando su evangelio de Amor.
La fe necesita  reposar en base sólida que le ofrecen libre examen y la libertad del pensamiento. En vez de dogmas y misterios, le cumple reconocer tan solamente principios provenientes de la observación, directa, del estudio de las leyes naturales. Tal es el carácter de la fe espirita.
La filosofía de los Espíritus viene a ofrecernos una fe racional y, por eso mismo, robusta en  el conocimiento del  mundo invisible, la confianza en una ley superior de justicia y progreso imprime a esa fe un doble carácter de calma y seguridad.
Nuestra sociedad, absorbida completamente por las especulaciones, poco se preocupa con la enseñanza moral. Innumerables opiniones contradictorias se  chocan; en medio de esa confusión torbellino de la vida, el hombre pocas veces se detiene para reflexionar.
Es cierto que la confianza en sus propias fuerzas torna al hombre capaz de ejecutar cosas materiales, que no consigue hacer quien duda de si. Aquí sin embargo únicamente en el sentido moral se deben entender esas palabras. Las montañas que la fe descoloca son las dificultades, las resistencias, la mala voluntad, en suma, con que se depara por parte de los hombres, aun cuando se trate de las mejores cosas. Los preconceptos de la rutina, el interés material, el egoísmo, la ceguera del fanatismo de  las pasiones orgullosas son otras tantas montañas que obstaculizan el camino a quien trabaja por el progreso de la Humanidad.
La fe razonada,  por apoyarse en hechos  y en la lógica, ninguna oscuridad deja. La criatura entonces cree, porque tiene certeza, y nadie tiene certeza si no es porque comprendió. Es porque no se doblega. Fe inalterable solo es la que puede encarar de frente la razón, en todas las épocas de la Humanidad. A ese resultado conduce el Espiritismo, por lo que triunfa de la incredulidad, siempre que no encuentra oposición sistemática interesada.
Amigos, analicemos nuestro interior, mirémonos en el espejo, y observemos nuestras posibles debilidades, y ante ellas procuremos la luz y el esclarecimiento para poderlas reparar, subsanar para salvaguardarla en caso de alguna objeción, o impedimento. Debemos aprender a saber guardar nuestro patrimonio espiritual. Al igual que aprendemos a guardar nuestros tesoros terrenales.

- Mercedes Cruz -

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ELUCIDACIONES SOBRE EL ESPÍRITU 
Muchos son los que suponen que la muerte es un punto final a nuestros problemas, y otros muchos se creen privilegiados de la Infinita Bondad, por haber abrazado actitudes superficiales, en los templos religiosos.

El viaje a través del sepulcro, no obstante, nos enseño una lección grande y nueva: la de que nos hallamos indisolublemente ligados a nuestras propias obras.

Esto es el propósito de la vida, trabaja en nosotros y con nosotros, a través de todos los medios, con el fin de conducirnos a la perfección.

La prisión redentora de la carne, espera por nuestra vuelta. 

Nuestros actos tejen alas de liberación o cadenas de cautiverio, para nuestra victoria o para nuestra derrota.

A nadie debemos nuestro destino, si no a nosotros mismos. 

Aunque nos veamos en las ruinas de nuestras realizaciones deplorables, no debemos perder la esperanza, si Dios nuestro Padre no prescinde de la justicia para ponerse de manifiesto, esa misma justicia no se revela sin amor.

Si somos victimas de nosotros mismos, también somos beneficiarios de la

Tolerancia Divina, que nos abre los santuarios de la vida física, para que sepamos expiar y resolver, restaurar y resarcir.

El pasado habla por nosotros con gritos de acreedor exigente, amontonando sobre nuestras cabezas los frutos amargos de las siembras que hicimos… De hay los desajustes y las enfermedades que nos asaltan la mente, desarticulando nuestros vehículos de manifestación.

Nadie avanza al frente sin pagar las deudas que contrajo.

¿Cómo trillar la ruta de los Ángeles, son los pies hundido en el camino de los hombres que nos acusan de nuestras faltas, obligando a nuestra memoria a sumergirse en las sombras?...

El Cielo representa una conquista, pero no una imposición.

La Ley Divina, cimentada en la justicia indefectible, funciona con absoluta igualdad para todos.

Por tal motivo, nuestra conciencia refleja las tinieblas o la luz de nuestras creaciones individuales.

La Luz, aclara nuestra vista, nos ilumina la estrada. Las tinieblas, cegándonos, nos encadenan en la cárcel de nuestros errores. 

El Espíritu, en armonía con los Designios Superiores, vislumbra el horizonte próximo y camina, valeroso y sereno, con el fin de superarlo. No obstante, aquel que abusa de la voluntad y de la razón, rompiendo la corriente de las bendiciones divinas, crea la sombra en torno de si mismo, aislándose en pesadillas aflictivas, incapacitándose para continuar hacia el frente. 

Aun sufriremos por mucho tiempo los efectos de las uniones con nuestros cómplices y asociados de intemperancia y desarreglo, pero, disponiendo de nuevas oportunidades de trabajo en el campo físico, nos es posible rehacer el destino, resolviendo oscuros compromisos, y sobre todo, promoviendo nuevas siembras de afecto y de dignidad, de esclarecimiento y de ascensión. 

Ciñéndonos a las leyes que prevalecen en la esfera carnal, tendremos la felicidad de reencontrar viejos enemigos, que se hallan bajo el velo del temporal olvido, facilitándosenos, así, la valiosa reaproximación.

Somos espíritus endeudados, con la obligación de darlo todo a favor de nuestra propia renovación. Comencemos a articular ideas redentoras y edificantes, des ahora, favoreciendo la reconstrucción de nuestro futuro.

Dispongámonos a disculpar a los que nos ofendieron, con el sincero propósito de rogar el perdón a nuestras victimas.

Somos herederos de un pasado culpable, la esfera de las formas fisicas, simboliza la puerta de salida del infierno que hemos creado.

Pidamos y supliquemos al Señor nos conceda fuerzas para obtener la victoria. Victoria que nacerá en nosotros para lograr la comprensión. ¡Solamente, con el precio del sacrificio, en el reajuste, conseguiremos el pasaporte libertador!

Solo con el Amor que es la fuerza divina y que tomamos puro de la vida con el que el Señor nos creo, nos enredamos en pungentes laberintos, en lo tocante a la ley… Amor mal interpretado…. Mal conducido… con el inventamos el odio y el desequilibrio, la crueldad y el remordimiento, que nos sitúan indefinidamente en las sombras… 

Cada uno de nosotros. Espíritus endeudados, al nacer en la carne, trasporta consigo un trozo de cielo que sueña conquistar, y un vasto manto de infierno que plasmó en si mismo. Cuando no tenemos fuerzas suficientes para continuar al encuentro del cielo que nos confiere oportunidades de ascensión, retornamos al infierno que nos fascina en la retaguardia… 

Extraído del libro acción y reacción

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