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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Comentarios de textos sobre la Resurección




    El espírita en la familia 
        
Si el Espírita debe ser prudente, virtuoso, tolerante, humilde, abnegado y caritativo, entre sus hermanos de ideal y en el seno de la Humanidad, ¡cuánto más lo debe ser en la familia! Si son sagrados los deberes que hemos de cumplir entre nuestros hermanos y en la Humanidad,mucho más lo son los que tenemos que cumplir en la familia.

Porque debemos considerar que, más allá de los vínculos que en esta existencia nos unen con lazos indisolubles, tenemos siempre historias pasadas, que se enlazan con la historia presente.

Los que no son espíritas atribuyen todo a la casualidad. Nosotros sabemos, sin embargo, que no hay efecto sin causa, y que las contrariedades o alegrías de hoy son la continuación de nuestras vidas pasadas. Por eso, el espírita debe ver en su familia un grupo que le fue dado en custodia, y para el cual tiene muchos deberes a cumplir y muchos sacrificios a realizar. Por eso, el esposo debe ser el apoyo y el sustentáculo de la esposa; debe amarla, respetarla, protegerla, aconsejarla, orientarla y proporcionarla en todas las circunstancias de la vida, lo que sea necesario. También la esposa debe obediencia, amor, respeto y sinceridad al esposo, siendo éste, para ella, siempre la primera persona a quien debe confiar sus secretos y todas sus tendencias, sin faltar jamás al respeto y a la obediencia, que debe al que Dios le dio como guía en este mundo de dolor. Se que para muchos estas palabras son desnecesarias.

Mayormente, cuando los esposos tienen las mismas tendencias, son ambos de buen temperamento y sienten las mismas aspiraciones. Mas cuando entre ellos hay temperamentos opuestos, o un mal genio que torna difícil la unión, ya es otra cosa. ¡Y si el esposo entra en choque con la familia, que no quiere aprobar sus ideas, ni concordar que profese el Espiritismo! ¿Cómo se arreglará ese jefe de familia? Es muy difícil prescribir reglas para casos particulares. Sólo podemos decir, en este caso, que el espírita debe escudarse en su prudencia, con tacto y paciencia a toda prueba. Es entonces que debe estar más unido al Alto, tener mucho amor al Padre, recordar siempre la paciencia y la abnegación del Señor, y permanecer en contacto con su Guía Espiritual, por medio de la oración y por la práctica de la indulgencia hacia los que le atormentan. Su conducta en la familia debe ser un bello modelo de todas las formas de virtud, para que el ejemplo pueda un día llevar la comprensión o por lo menos la tolerancia a una parte de los suyos. Y, aunque a tanto no sea posible llegar, que no se rebele, que se deje sacrificar, y si fuese necesario, acordándose de que él, hoy es el resultado del ayer, pues así haciendo podrá esperar una gran recompensa. Vi, en mi vida de espírita, dos hermanos que sufrieron mucho con sus familias.

Y, a pesar de sus sacrificios, de su paciencia y abnegación, no consiguieron la tolerancia de los familiares, siendo constantemente objeto de burla y desprecio por parte de los seres más queridos. De estos dos hermanos, ya desencarnados, tuve ocasión de recibir comunicaciones que, moralmente hablando, son de enorme elevación y demuestran una felicidad tan grande que, puedo asegurar, ningún otro jamás demostró, entre los desencarnados en nuestra época. El sacrificio fue tan grande en la Tierra, pues nada es tan doloroso como el vernos despreciados y ridiculizados por aquellos que amamos. Mas esos sufrimientos son doblemente recompensados por nuestro Padre, nuestro Dios, que todo tiene en sus manos, todo sabe y todo puede. Además, estas situaciones son excepcionales y pocos se encuentran en ellas.

Lo más común en el espírita ser padre de algunos hijos, cuya misión no está exenta de peligros, siendo a veces necesaria una abnegación a toda prueba, dirigida por el buen sentido espírita. A veces, no todos los hijos son buenos como el padre desea. Por el contrario, acarrean disgustos y sinsabores, que inciden en un gran sufrimiento. Los padres, entonces, precisan saber sufrir, teniendo mucho cuidado en mantener el mismo afecto para todos los hijos, tanto para los buenos, como para los que le disgustan. El espírita debe sentir el mismo amor por todos sus hijos. Y no debe olvidar que los más necesitados de su misericordia son los menos provistos de bondad y comprensión. Hay hijos que llevamos por la mano a toda parte, y hay otros que no basta cogerlos por la mano, es preciso arrastrarlos.

Conozco padres espíritas que, empero amando a todos los hijos, dieron preferencia a los más pacíficos y mas obedientes. Si esto no fuese más en apariencia de que en la realidad, podría ser una buena manera de conducir a los demás nuevamente al buen camino. Mas no fue así. Por el contrario, dando preferencia a algunos, relegaran a los demás al olvido. Esta es una actuación equivocada, que puede costar muy caro al que la ejercita. Es verdad que a veces el padre no puede tratar a todos de la misma manera, en virtud de la diferencia de conducta y de comprensión de los hijos. Pero el padre y la madre deben mantener el amor en sus corazones y, si posible, mucho más fuerte por el hijo que más necesita, sea por su atraso moral o por otros motivos. Pues todo espírita que tenga hijos no debe olvidar que no los tiene por acaso.

No fue por casualidad, más obedeciendo a un plan providencial para su bien y el de sus hijos, que ellos nacieran. Quién sabe si fueran enemigos, que tienen deudas para ajustar, y por eso Dios los pone uno al lado del otro, unidos por los lazos de la familia, para satisfacer un pago que de otra manera no podrían hacer. ¡Quién sabe si la mujer abandonada de otras existencias, que sirvió apenas para satisfacer caprichos, viene ahora a reclamar el apoyo a que tiene derecho! Por eso, el espírita, debe tener el mayor cuidado en la educación de todos sus hijos, más aún, ha de velar por los hijos que vinieren cargados de imperfecciones y son la causa de grandes disgustos.

¡Cuántos casos hay, entre los encarnados, que, si pudiésemos conocerlos, nos harían bajar la cabeza y ponernos de sobre aviso! En la verdad, no podemos conocerlos. Nos basta saber, sin embargo, que no hay efecto sin causa, y que Dios, en su infinita sabiduría, nada hace de inútil ni de injusto. Así, cuando el hombre encuentra una esposa mala, o la mujer encuentra un mal marido, no es por acaso, más por una sabia determinación. Si un buen padre tiene malos hijos, no se trata de castigo, más de las consecuencias de una ley justa. El espírita, que conoce todas esas cosas y todavía muchas otras, no puede considerar la vida como un simple paseo, más como una secuencia de hechos que lo herirán hasta lo más profundo del alma, que lo harán sufrir y derramar lágrimas. Más justamente por eso debe ser fuerte, de ánimo firme, compasivo y abnegado, caritativo para con todos, y muy especialmente para con las imperfecciones de sus hijos, depósitos sagrados que el Padre le concede, para que sea su protector y guía, a fin de hacerlos avanzar por lo menos un paso, en el caso de no poder hacer más.

Todo espírita debe proceder con mucho cuidado en la misión de la paternidad, para no dejarse arrastrar jamás por una atracción de causa desconocida, en favor de unos hijos, ni por la frialdad que puede sentir en relación a otros. La justicia y el deber deben regular esas afecciones o repulsiones secretas, que brotan del alma. Ya dijimos que un hijo nuestro puede ser un gran enemigo de otras existencias, o un amigo cariñoso. Y no hay duda que, en las profundidades de nuestra alma, resuenan aún los recuerdos del pasado. De ahí la razón de la eficiencia del espiritismo, para hacernos progresar, pues su solución definitiva es que debemos amar, amar y amar. Sí, amar a los que nos quieren, a los que nos odian, a los que nos protegen o nos persiguen, a los que nos hacen el bien o nos desean el mal. Por señal que este mandamiento, que es la ley para la convivencia humana en general, lo es más aún en el seno de la familia.

El espírita que consiga tener el amor como ley y lo ponga en práctica, no estará en tinieblas. Su vida terrena fluirá plácidamente, y después de ella alcanzará la felicidad. Cuando el espírita no tiene esposa e hijos, pero tiene aún a los padres, no debe olvidar el deber de tributarles todo el respeto, cariño y amor. Ha de considerar que fueran en la Tierra los representantes de la Providencia para él, lo que le obliga a darles paz, consuelo, protección y amparo. Está en el deber de hacer por ellos lo que de ellos recibió, y aunque sus padres no se hubiesen portado bien, no está por eso menos obligado. Porque, en ese caso, ellos pertenecerían a la orden de los espíritus inferiores, y el espírita debe ser un ejemplo constante de virtud y abnegación; para que ellos aprendan lo que no sabían: cumplir con sus deberes.

En resumen: Creemos que el espírita, en todas las situaciones de la vida, ha de portarse como buen hijo, buen esposo, buen padre, buen hermano y buen ciudadano; así, como practicante de la ley divina, cuyo sentido práctico está en la enseñanza y en el ejemplo del Señor y Maestro; será luz para iluminar a los que están a su alrededor. será mensajero de paz y amor para todos; y llevará la paz de las Moradas de la Luz hasta los hombres de la Tierra.

Miguel Vives
Extraído del libro “El Tesoro de los Espíritas”



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                      LA   CIENCIA

Nosotros tenemos formada una idea respecto al Omnipotente.
Creemos como Allan Kardec que, es la Soberana y Suprema Inteligencia; Único, Eterno, Inmutable, Inmaterial, Omnipotente, Soberanamente Justo y Bueno e Infinito en sus Perfecciones.
Creemos que la Creación es obra suya, y la consideramos como el fruto sazonado de su sabiduría, como el resultado natural de sí mismo, como el reflejo de su propia luz, como la esencia de su Ser,como el sonido de su voz, pero no creemos que formó a las humanidades para que estas le rindieran homenaje; las debió crear porque con ellas se completa el conjunto armónico de la vida,porque los mundos sin moradores serían improductivos, y
habitados, son grandes laboratorios donde los hombres trabajan, y con su progreso cumplen la misión divina impuesta por Dios a los espíritus, que es su perfeccionamiento indefinido sin llegar nunca a la suprema perfección; porque ésta sólo la posee Dios. Mas estos  homenajes de las religiones, estos cultos, estas ceremonias son creadas por los hombres, pero no necesarias para Dios, no tiene el Creador que asegurarse de la adoración humana, porque Él se ve adorado por su propia Obra.
La naturaleza entona un himno de alabanza que nunca cesará, y la adoración del hombre es un sentimiento que se irá desarrollando según vaya adelantando en conocimientos; pero civilizándose o estacionándose, el hombre vivirá eternamente, y viviendo, la continuidad de su vida testifica la Omnipotencia de Dios; el cual no necesita homenajes porque su potencia creadora se lo rinde,adorado de las humanidades, o negado y olvidado de las
generaciones. ¡Dios es todo, y todo está en Él! ¡Principio incomprensible de la vida! ¡Causa eterna de todo lo creado! ¡Misterio de los siglos! ¡Arcano de la eternidad! ¡Motor de los mundos! ¡Fuerza inextinguible¡ Tú no tienes que asegurarte de la adoración de los terrenales. Todos los Universos te rodean porque todos obedecen tus leyes.
¿Qué es la ciencia? El conocimiento claro y cierto de las cosas, fundado en principios evidentes o en demostraciones. La ciencia denota el conjunto de los acontecimientos humanos sobre las cosas visibles e invisibles; el conjunto de saber que los hombres han adquirido por medio de la observación, de la razón y de la
experiencia. En este sentido habló Bacon cuando dijo: “La ciencia es poder; este es el gran instrumento de la civilización, el gran vehículo de la felicidad humana, el gran impulso que recibe el hombre para encaminarse a la perfección de su ser.
La ciencia es lo que hermosea la vida, lo que ennoblece su destino, lo que constituye la dignidad y el ornamento de la sociedad. Sin los auxilios de la ciencia, una familia humana, por muy favorables que sean sus condiciones orgánicas y locales, apenas se distinguirá de una tribu de salvajes; porque la acción y el influjo del saber,abrazan todos los elementos de la sociabilidad, la legislación, el culto, la moral, la administración de justicia, la conservación de la salud, la teoría de la riqueza pública, las artes útiles, las de imitación; en fin, todo aquello en que el hombre se distingue de lasbestias”. Esto dice Serrano en su diccionario Universal, y si de la ciencia se necesita para todos los actos de la vida, cuánto más debe necesitarse para las creencias religiosas que son el principio fundamental del adelanto moral de las humanidades. Por esto el sistema de la Creación debe admitirse porque es lo más lógico,porque es lo más racional, porque es lo que mejor responde al orden de todas las cosas.
Escuchemos a Kardec en su libro de los espíritus, capítulo 1,párrafo 4: “¿Dónde puede encontrarse la prueba de la existencia de Dios? Es un axioma que vosotros aplicáis a vuestras ciencias: no hay efecto sin causa. Buscad la causa de todo lo que no es obra del hombre, y vuestra razón os responderá”. “Para creer en Dios, basta extender la vista sobre las obras de la Creación. Existe el Universo;luego hay una causa”. “Dudar de la existencia de Dios, sería negar que todo efecto tiene una causa y adelantarse a decir que la nada ha podido crear alguna cosa”. “¿Qué consecuencia puede deducirse del sentimiento intuitivo, que todos los hombres llevan en sí mismos de la existencia de Dios? ¡Dios existe! Y si no ¿De dónde le vendría ese sentimiento si no descansara sobre algo? Esta es volvemos a decir, una consecuencia del principio que no hay efecto sin causa”.
“El sentimiento íntimo de la existencia de Dios que tenemos ¿No sería resultado de la educación y producto de ideas adquiridas? Si fuese así ¿Cómo tendrían el mismo sentimiento los salvajes? Si sólo fuese producto de la educación, el sentimiento de la existencia de un ser supremo, no sería universal, y como las nociones de la
ciencia, existiría únicamente en los que hubiesen recibido semejante instrucción”. “¿Podría encontrarse la primera causa de la formación de las cosas en las propiedades íntimas de la materia?
Pero entonces ¿Cuál sería la causa de estas propiedades? Siempre se necesita de una causa primera”. “Atribuir la primera formación de las cosas a las propiedades íntimas de la materia, sería tomar el efecto por la causa,porque estas mismas propiedades son efecto que debe tener causa”. “¿Qué hemos de pensar de la opinión que atribuye la primera formación a una combinación casual de la materia, esto es el acaso? Esto es otro absurdo. ¿Qué hombre de buen sentido puede mirar el acaso como un ser inteligente? Yademás… ¿Qué es el acaso? Nada”. “La armonía que regula losresortes del Universo descubre combinaciones y miras determinadas, y por esto mismo revela un Ser Inteligente. Atribuir la primera formación al acaso, sería un contrasentido, pues el acaso es ciego y no puede producir los efectos de la inteligencia, un acaso inteligente no sería un acaso”. “¿Dónde se ve en la primera causa, una inteligencia primera y superior a todas las inteligencias? Vosotros tenéis un proverbio que dice: por la obra se conoce el artífice. Pues bien, considerad la obra, y buscad el artífice.
El orgullo es el que engendra la incredulidad. El hombre orgulloso no ve nada superior a él, y ésta es la causa de que se califique de Espíritu fuerte. ¡Pobre ser que un soplo de Dios puede anonadarlo!”
“Por las obras se juzga el poder de una inteligencia; y como no hay ser humano que pueda crear lo que produce la naturaleza, la primera causa, pues, será una inteligencia superior a la humanidad”. “Sean las que fueren las maravillas producidas por la humana inteligencia, esta misma inteligencia tiene una causa y cuanto más grande es lo que aquella llega a producir, más grande debe ser la causa primera. Esta inteligencia es la causa primera de
todas las cosas, sea cual fuera el nombre con que el hombre la designe”. Es muy cierto, y por esto el sistema de la Creación es una creencia científica y como tal debe admitirse. Para nosotros el primer libro santo es la razón del hombre, ese yo pensante, es ese raciocinio que nos sirve para usar nuestro entendimiento, nuestra comprensión, y con el trabajo de nuestra inteligencia, podemos formar juicio exacto de las cosas.
Creer sin pensar, es vivir sin ver, y el sistema de la creación no debe aceptarse dogmáticamente, sino por el profundo convencimiento científico. La fe religiosa debe fundarse en la ciencia, y así será inquebrantable, porque como dice Kardec: “los descubrimientos de la ciencia glorifican a Dios en vez de rebajarle; no destruye sus leyes, sino las que los hombres han imaginado y las falsas ideas que han dado de Dios”. “¿Para qué es el hombre, el rey de la Tierra?
Para ejercer dignamente la soberanía de su inteligencia, para estudiar, aprender, analizar y definir, no para confesar que acepta una doctrina religiosa, no a título de adquisición científica, sino porque la revelación primitiva se lo ordena. Para esa obediencia pasiva no fue creado el Espíritu; porque la revelación primera la
tiene el hombre en sí mismo, en ese rayo divino que fulgura en su frente, en ese yo eterno que engrandece su ser, en esa luz maravillosa que irradia de su cerebro que en lenguaje se llama razón. El hombre debe conocer la existencia de Dios al sentir en él los efluvios de la vida; no porque se lo diga éste o aquél, sino porque él debe sentir su influencia divina; pero vemos con profunda pena que los teólogos se confunden y luchan, y concluyen negando los unos y los otros la grandeza del Ser Supremo; cada uno a su modo”.
“¿Están habitados todos los mundos que circulan en el espacio? ¡Sí!
Y el hombre de la Tierra está muy lejos de ser el primero en inteligencia, en bondad y en perfección como él presume. Sin embargo, hay hombres que se creen bastante autorizados para aseverar que este pequeño globo, es el único que tiene el privilegio exclusivo de ser habitado por seres racionales. ¡Qué orgullo y qué vanidad! Creen que Dios ha creado el universo para ellos solos”.
“Dios ha poblado los mundos de seres vivientes, que concurren todos al objeto final de la Providencia.
Creer que los seres vivientes están limitados sólo al punto del universo que habitamos, sería poner en duda la sabiduría de Dios,que nada ha hecho inútil. A estos mundos le ha debido designar un fin más serio que el de recrear nuestra vista. Por otra parte, ni la posición, ni el volumen, ni la constitución física de la Tierra, pueden
hacer suponer razonablemente, que tenga el privilegio de estar habitada con exclusión de tantos millares de mundos semejantes”.
“¿Es una misma la constitución física de los diferentes globos? ¡No! Ni se asemejan en nada”. “¿No siendo una misma la constitución física de los mundos, puede que los seres que los habitan tengan diferente organización? Sin duda alguna, a la manera que el vuestro, los peces están hechos para vivir en el agua, y las aves en el aire”. “¿Los mundos más lejanos del Sol están privados de la luz y del calor, puesto que sólo lo ven en apariencia de una estrella?
¿Creéis por ventura que no hay otros manantiales de luz y de calor que el Sol, y contáis acaso nula la electricidad que en ciertos globos produce unos efectos mucho más importantes que en la Tierra yque os son del todo desconocidos? Además nadie os ha dicho que todos los seres vean de la misma manera que vosotros, y con
órganos confeccionados como los vuestros”. “Las condiciones de existencia de los seres que habitan los diferentes mundos deben ser apropiados al centro en que están llamados a vivir. Si nunca hubiésemos visto peces, no comprenderíamos que en el agua pudiesen vivir seres animados. Lo propio sucede con respecto a
otros mundos que sin duda encierran elementos que nos son desconocidos. ¿Acaso no vemos en la Tierra las largas noches polares, iluminadas por la electricidad de las auroras boreales?
¿Hay algún imposible de que en ciertos mundos la electricidad sea más abundante que sobre la Tierra, y ejerza sus funciones generales cuyos efectos no podemos comprender? Estos mundos pueden contener en sí mismos los manantiales de calor y de luz necesarios a sus habitantes”. ¿Quién puede dudarlo? La vida germina y funciona en toda la Creación, y la Tierra no es más que uno de sus planetas donde el alma pensadora no encuentra realizado el ideal de su sueño. Pesa sobre la Tierra una gran calamidad; pero escuchemos a Víctor Hugo: “Hay una gran desgracia en nuestro tiempo, y casi por decir que no hay más que una desgracia, la cual es una tendencia a colocarlo todo en esta vida”. He aquí una gran verdad, el materialismo niega el más allá y las religiones no aceptan más que la Tierra como centro de acción de las humanidades. Los unos y los otros, le arrebatan al hombre lo más hermoso, la esperanza; lógica basada en la profunda convicción de un ilimitado porvenir. Afortunadamente una antigua escuela filosófica renace hoy a la vida del estudio, y preocupa a
muchos sabios. Víctor Hugo y Allan Kardec son adeptos de ella; escuchemos al primero hablando de la certeza del porvenir: “Al dar por fin al hombre la vida terrestre y material, se agravan todas las miserias por la negación, que es su término, se añade al abatimiento el peso insoportable de la nada, y de lo que no era más que el sufrimiento, es decir, la ley de Dios, se hace la desesperación,de decir, la ley del infinito; de aquí provienen las profundas convulsiones sociales”. “Ciertamente no soy de los que quieren, con un inexplicable ardor, y por todos los medios posibles, mejorar en esta vida la suerte material de los que sufren; pero las primeras de las mejoras, es darles la esperanza. ¡Oh! Y cómo se aminoran nuestras miserias finitas cuando se mezclan a ellas una esperanza infinita”.
“Nuestro deber, cualesquiera que de nosotros seamos, legisladores u obispos, sacerdotes o escritores, es esparcir, prodigar bajo las formas, toda la energía social, para combatir y destruir la miseria.
Y al mismo tiempo hacer levantar todas las cabezas hacia el cielo, dirigir todas las almas, volver todas las esperanzas hacia una vida ulterior donde se hará justicia a todos. Digámoslo de una vez: nadie habrá sufrido injusta e inútilmente. La muerte es una restitución”.
“La ley del mundo material es el equilibrio; la ley del mundo moral es la equidad. Dios se halla al fin de todas las cosas; no lo olvidemos y enseñémoslo a todo el mundo. No habría ninguna dignidad en vivir, ni esto merecería la pena, si debiera morir todo en nosotros; y lo que santifica la labor y aligera el trabajo, lo que hace al hombre
fuerte, bueno, sabio, paciente, benévolo, justo, humilde y grande, a la par digno de la libertad, es tener delante de sí la perpetua visión de un mundo mejor, irradiando a través de las tinieblas de esta vida”. “Por lo que a mí toca, yo creo en ese mundo mejor; mundo mil veces más real a mis ojos que esta miserable quimera que  devoramos y que llamamos vida; mundo que tengo sin cesar a mi vista, mundo el cual creo con toda la fuerza de mi convicción, y que las largas luchas, afanosos estudios y fuertes pruebas, han venido a ser a un tiempo mismo, la certidumbre suprema de mi razón y el supremo consuelo de mi alma”. Consuelo supremo es sin duda la certidumbre de la continuidad de la vida; y el medio más seguro para el progreso del Espíritu, que como dice muy bien Allan Kardec en la conclusión de su filosofía, párrafo IV: “El progreso de la humanidad tiene su principio en la aplicación de la ley de justicia, de amor y de caridad, y esta ley está fundada en la certeza del
porvenir. Quitad esta certeza y quitaréis a esta ley su piedra fundamental. De semejante ley derivan todas las otras, porque ella contiene todas las condiciones de la felicidad de los hombres. Sólo
ella puede curar las plagas de la sociedad, y el hombre puede juzgar, comparando las edades y los pueblos, ¡Cuánto mejora su condición a medida que esa ley se comprende y practica mejor! Si una aplicación parcial e incompleta produce un bien real, ¡Qué no será cuando ella venga a ser la base de todas las instituciones
sociales! ¿Pero es esto posible? ¡Sí! Puesto que si ha dado diez pasos, puede dar veinte y así sucesivamente. Puede, pues, juzgarse el porvenir por el presente. Ya estamos viendo extinguirse poco a poco las antipatías de pueblos a pueblos; los valladares que los separaban caen ante la civilización, se dan la mano de un extremo
a otro del mundo; mayor justicia preside a las leyes internacionales; las guerras son de menos en menos frecuentes, y no excluyen los sentimientos humanitarios; se establece uniformidad en las relaciones; las distinciones de razas y castas desaparecen, y los hombres de distintas creencias acallan las supersticiones de sectas, para confundirse en la adoración de un solo Dios. Nos referimos a los pueblos que marchan a la cabeza de la civilización”. “Bajo todos estos aspectos estamos aún lejos de la perfección y quedan todavía por reducir muchas ruinas antiguas,hasta que hayan desaparecido los últimos vestigios de la barbarie.
Pero esas ruinas, ¿Podrán haberlas con la potencia irresistible del progreso, de esa fuerza viva que también es una ley de la naturaleza? Si la generación presente está más adelantada que la pasada, ¿Por qué la que nos sucederá no ha de estarlo más que la nuestra? Así será por la fuerza de las cosas, ante todo, porque con las generaciones desaparecen diariamente algunos campeones de los antiguos abusos, constituyéndose así, y poco a poco, la sociedad de nuevos elementos que se han librado de las antiguas preocupaciones. En segundo lugar, porque, queriendo el hombre progresar, estudia los obstáculos, y se consagra a destruirlos.
Desde el momento que es incontestable el movimiento progresivo,el progreso venidero no puede ser dudoso.
El hombre quiere ser feliz, lo que es natural, y sólo busca el progreso para aumentar la suma de felicidad, sin la cual carecería aquel de objeto. ¿Dónde estaría el progreso para el hombre, sino le hicieran mejorar de posición? Pero cuando posea la suma de goces que puede dar el progreso intelectual, percibirá que no es completa
su felicidad. Reconocerá que ésta es imposible sin la seguridad de las relaciones sociales. Semejante seguridad sólo puede encontrarla en el progreso moral. Luego por la fuerza de las cosas, él mismo dará esa dirección al progreso, y el Espiritismo le ofrecerá la más poderosa palanca para el logro de su objetivo”.
“Ciertamente hace falta que los pueblos progresen, porque ya encarnan en nuestro planeta espíritus amantes de la luz; pero que sometidos al dogmatismo y las tradiciones detienen el vuelo de su pensamiento”. “Las religiones con sus limitaciones, con sus pequeñísimos horizontes o tendrán que entrar en la vía del progreso, o les será forzoso descarrilar; porque indudablemente los cultos se van, y la razón se viene. La tradición quiere vencer al
progreso, pero este vencerá a la tradición, porque el progreso es la suma de todos los grandes ideales; y aunque encuentre a su paso obstáculos insuperables los vencerá con la potencia de su voluntad que como dice oportunamente Castelar: “Poned diez mil hombres que arrastren un tren y no podrán moverlo, y el vapor de una
máquina devorará el espacio”. Nosotros decimos que el vapor de la idea racionalista religiosa, devorará las edades, y  el racionalismo filosófico, será el Espiritismo científico, el gran ideal de todos los hombres del porvenir.

Amalia domingo soler
Libro: La Luz del Futuro

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COMENTARIOS DE TEXTOS SOBRE LA RESURECCIÓN

    Durante mucho tiempo la Iglesia Católica ha mantenido el dogma absurdo de la resurección del mismo cuerpo carnal que se ha tenido antes de su muerte, sin querer admitir que eso sería un auténtico derogamiento de lo que son las leyes de la Naturaleza, creadas por Dios, como el típico milagro en el que a Dios se le presenta trasgrediendo sus propias leyes perfectas,a capricho del ser humano. Además con esta idea hacen notar su total ignorancia sobre la existencia del cuerpo espiritual así como de la reencarnación del Espíritu, que es la parte realmente inmortal del ser humano.
Existe la resurección del Espíritu tras la muerte de su cuerpo cuando ingresa y toma conciencia de su regreso al mundo espiritual, pero si ignoramos la existencia del periespíritu y de la reencarnación, relegando el cuerpo carnal a un instrumento material para el uso evolutivo del Espíritu durante una sola existencia humana, vemos más claramente aún la idea de la “resurección de la carne” como algo insostenible, al margen de lo que la Ciencia sabe desde siempre.
Ya hay muchos autores espiritualistas que han dejado plasmado este tema con meridiana claridad, incluyendo lo que dicen los Espíritus Superiores en la Codificación Kardeciana. Veamos :


EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO -

Allan Kardec - cap.4, item 4:

(...) la resurección implica la idea de volver la vida alcuerpo que ya está muerto, lo que la Ciencia demuestra ser materialmente imposible. Sobre todo cuando los elementos de ese cuerpo ya se encuentran desde mucho tiempo dispersos y absorbidos(...)"
  La resurección por tanto, solamente se puede interpretar en sentido espiritual y nunca material.
   ***

CRISTIANISMO Y ESPIRITISMO - Léon Denis - cap.7:
"según los textos, la resurección tomada en sentido espiritual es el renacimento a la vida de más allá del túmulo, la espiritualización de la forma humana para los que de ella son dignos, y no la operación química que reconstituyese los elementos materiales; y la purificación del alma y de su periespíritu (...)"

  ***

LOS CUATRO EVANGELIOS - J. B. Roustaing - pág. 374:
"Estas palabras - "resucitar" y "resurección" - [Jesús] siempre las emplearon figuradamente, en sentido oculto a los hombres y en acepciones diversas, conforme a los lugares, a los casos, y a las circunstancias; conforme se trataba de una muerte aparente, o de dar una enseñanza. Nunca, nadie las empleó (...) en el sentido que los hombres les atribuyeron, de acuerdo con el estado de sus inteligencias, con sus impresiones, tradiciones y preconceptos, como la vuelta del Espíritu a un cadáver, descompuesto después de sucedida la muerte real."

   ***
ELUCIDACIONES EVANGÉLICAS - Antonio Luiz Sayão - pág.450:
"La resurección es la vuelta definitiva del Espiritu a su patria eterna. Ocurre cuando llega a tal grado de elevación, que no se ve ya más obligado a habitar mundos donde la reencarnación se da segun las leyes de reproducción como aún se dá en la Tierra. Aquel, que haya transpuesto esa fase de encarnaciones materiales, ya no puede morir más."
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Vemos, por tanto, que este dogma tal como se ha interpretado, no es sino una superstición más, sin fundamento alguno- Sin embargo al adoptar la idea de la Reencarnación, vemos que tiene fundamentos lógicos en su aspecto filosófico, que no desmiente la Justicia Divina que nos retribuye así el bien y el mal realizado en cada existencia, llevándonos a alcanzar una perfección, por nuestro esfuerzo y respetando nuestra libertad, siguiendo para ello el camino trazado por Jesús ( 2ª Revelación) y por los Espíritus Superiores de la Codificación Espiritista ( 3ª Revelación), además de estar avalado por hombres de renombre en el mundo de las ciencias, que lo han comprobado y confirmado en miles de casos, como un hecho real, que si afecta a unos pocos, logicamente nos afecta a todos, por lo que a diferencia del concepto de “resurección de la carne”, no es una superstición más, sino una realidad comprobada, lógica y moral.

- Jose Luis Martín-
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