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lunes, 2 de mayo de 2011

Mediumnidad en los niños ( II )


.... (  continuación del  anterior )


      Algunos médicos y pensadores materialistas clasifican a los médiums como personas enfermas. Generalmente, esos científicos emiten pareceres fundamentales en los conceptos de ciencia materialista y no se dan al trabajo de examinar los libros espíritas, puesto que ni los conocen.

     Estudiada por los religiosos, psiquiatras y hasta neurólogos, la mediumnidad es la capacidad de ver u oír a los  espíritus o realizar fenómenos para normales – como la incorporación y la clarividencia- por intermedio de agentes externos, o  sea, de entidades espirituales que utilizan el cuerpo del médium como vehículo para manifestarse.

    Normalmente en esos casos, el fortalecimiento por el pase, el agua fluidificada y la oración son poderosos instrumentos de los que se vale la espiritualidad para la solución del problema. Nuestros mentores espirituales, con certeza,  miraran el tratamiento de forma que, siguiendo correctamente las instrucciones de la espiritualidad superior, podamos tener ayuda y seguridad.

     Los padres deben mostrarse aptos para efectuar cambios en la conducta diaria en su recinto doméstico. Todo lo que sea para elevar el padrón vibratorio  debe ser cultivado, al mismo tiempo en que se ofrecen para apartar toda conducta que lleve a lo contrario. Buenos libros, buenos films, comportamiento mental pautado en las enseñanzas del Evangelio, aliados al respeto y cariño mutuo, son factores de envolvimiento de los hijos en un halo protector, beneficiando así,  a todos los espíritus que conviven en el núcleo.  El hábito de la oración y la institución de una pequeña reunión para el estudio doctrinario del evangelio a la luz de las revelaciones espíritas son de fundamental importancia. Con certeza, en los Centros espíritas, existen equipos formados para enseñar a los neófitos como se instituyen esas pequeñas reuniones, recordando que el objetivo no es el desarrollo mediúmnico, y si la evolución espiritual  del grupo familiar, y que el intercambio entre espíritus encarnados y desencarnados debe ser efectuado dentro de los locales apropiados en las Casas espíritas.

     Si el pequeño demuestra miedo es bueno que los padres acompañen en las sesiones necesarias al tratamiento espiritual, hasta que ellos se acostumbren con naturalidad a tal hecho. El ambiente de la sala de pases, o locales destinados para tal, a pesar de ser locales simples, destituidos de mucha decoración, puede ser intimidante  para un niño que ya debe estar asustado con los hechos que por ventura ya le están ocurriendo. Normalmente luego ellos se acostumbran, desde que los padres estén tranquilos y pasen para ellos esa tranquilidad. Si la criatura ya está alfabetizada, un buen libro  conveniente a su edad le ayuda mucho, principalmente porque contiene enseñanzas morales propias a su elevación espiritual. En las librerías espíritas, existen ya un buen número de títulos dedicados a los niños.  Si el niño no esta en la edad de leer, se le pueden contar cuentos e historias basadas en los libros infantiles para que el se familiarice poco a poco con la Doctrina. Vigilar los síntomas ver si van disminuyendo y al mismo tiempo apartados hasta que la normalidad se establezca a la espera de la hora apropiada para el correcto desarrollo  y ejercicio de la mediumnidad.

     Cuando un jovencito descubre que tiene mediumnidad, la forma mejor de desenvolverla es frecuentando las reuniones apropiadas para los jóvenes en los Centros espíritas, pues allí los dirigentes experimentados podrán orientarle sobre esa cuestión. Sin olvidar que no se puede atribuir mediumnidad a cualquier disturbio que la criatura presenta.  Sólo el estudio de la Doctrina Espirita dará subsidios para la identificación de los fenómenos pues es una observación bastante cuidadosa.

     Cuando un niño pequeñito mira a su alrededor como viendo algo, con gran temor en el rostro, o se asusta como observando a alguien que no se ve, es aconsejable darle pases magnéticos, agua fluidificada y concienciación de la familia para los actos relacionados con la Doctrina Espirita.

    Muchos niños son sonámbulos  y presentan alguna alteración en un determinado estado del sueño.  Durante esa fase el niño está en un estado intermediario entre el sueño y la vigilia. A pesar de no mostrarse consciente de todo lo que pasa a su alrededor, la persona puede realizar pequeñas tareas, como alimentarse, vestirse, sentarse, mirar para algún lugar, conversar. Siendo cuestionada verbalmente  las respuestas son incoherentes y murmuradas.

    Usualmente ocurre en las primeras horas del sueño pudiendo durar algunos segundos o pocos minutos. Durante el episodio el paciente se muestra apático estableciendo poco contacto con el medio, pareciendo no reconocer a las personas y familiares. Raramente realiza un procedimiento más elaborado como cambiarse de ropa u orinar en el lugar adecuado.

     Para un sonámbulo, despertar durante la crisis puede ser un momento difícil. Principalmente en el adulto, existe la posibilidad de tener una reacción violenta  si es abordado, si juzga estar sufriendo alguna amenaza. A la mañana siguiente, normalmente, no recordará el episodio.

     También se sabe que ese es un trastorno típicamente de la infancia, siendo presentado esporádicamente hasta un tercio de los niños entre los tres y diez años de edad. En esta misma faja están los episodios  que acostumbran a ser regulares. A lo largo de la pubertad van disminuyendo y apenas un pequeño grupo continua teniendo episodios de sonambulismo durante la edad adulta.

     No se debe en las Casa espíritas en los trabajos de pases para los niños, admitir que el pase sea efectuado también por los niños,   el Libro de los Médiums iten 222, aborda la cuestión, cuando hace referencia a los peligros e inconvenientes de la Mediumnidad practicada por los niños.

    El equipo debe estar formado por adultos, que por  fuerza de la madurez y el estudio sabrán conducir con seguridad cualquier caso que se presente. Una criatura por muy acostumbrada que esté con los fenómenos espíritas, no tendrá condiciones de tratar y salir bien ante la sutileza enmascarada con que se revisten algunos obsesores. El estimulo para la espiritualización de los niños debe ser dado de acuerdo con la edad de cada uno, al conducirlos a una sala de conocimientos evangélicos doctrinarios, existentes en los diversos ciclos de mocedad en las Casas espíritas.

     Muchos niños juegan con amiguitos imaginarios. Ese procedimiento es común en las criaturas que se sienten solitarias  y carentes.  Algunas criaturas realmente tienen contacto con entidades. Ese fenómeno tiende a desaparecer cuando llegan a la edad de los siete u ocho años.

    La manifestación de los fenómenos mediumnicos no está sujeta a la voluntad de los padres. Ese es un atributo exclusivo de la criatura. Ella nació dotada de ese don. Los padres el deber que tienen para sus hijos y lo que pueden hacer en el caso de ellos tener mediumnidad  es tratar de que ellos reciban un tratamiento espiritual, para que los fenómenos sean apartados y puedan seguir su curso normal, reapareciendo, cuando el individuo este en una fase más madura.

     Muchas criaturas demuestran tener una sensibilidad mayor que otras, y captan del ambiente y de las personas de su alrededor, las energías que se presentan, tanto positivas como negativas.  Para estar seguros y ver esta constatación en los niños es preciso un examen minucioso de los hechos y llevarlos a una casa espirita. En las horas de crisis es aconsejables mucha paciencia y una dosis extrema de amor para ella, para que con seguridad puedan ayudarla. Algunas veces es aconsejable consultar a una psicóloga infantil para auxiliarla en esos procesos. Existen buenos profesionales en ese área médica, que abrazan los principios espíritas y son de gran ayuda

     Muchos niños no les gusta frecuentar la casa Espirita. Normalmente a esa edad algunas criaturas precisan mucha persuasión. Muchos dicen que sólo van bajo “libre y espontánea presión”. Luego más tarde lo asimilan mejor  y se convierten en jóvenes trabajadores en las Casas espíritas que frecuentan. Los jóvenes  al ver el comportamiento de los más viejos también se integran en la medida de lo posible.

     Cuando nos encontramos en un caso de mediumnidad en una criatura de catorce años con la aparición de fenómenos mediumnicos, es preciso buscar orientación segura. Descartado la cura por la Ciencia es hora de buscar la ayuda de la Doctrina Espírita. Mientras tanto tales fenómenos pueden darse simultáneamente. Se debe buscar ayuda  en la ciencia aliada a un tratamiento eficaz en la casa espírita.

     Antes de cualquier actitud, los padres deben concienciarse de la responsabilidad ante esa criatura, y conducir el caso con naturalidad y racionalidad. Muchos por desconocer el fenómeno mediúmnico tratan de forma inadecuada la cuestión, lo que acarrea perjuicio para la criatura en el futuro. Como consecuencia, cuando adulto, la criatura  podrá tener una visión distorsionada  de los fenómenos que envuelven la mediumnidad. Es muy común los padres que castigan físicamente a sus hijos en esa fase.

     La naturalidad debe ser la tónica para envolver la cuestión.  El desarrollo mediúmnico es desaconsejable, visto que la criatura no posee defensas que la ayuden cuando se encuentren con algún enemigo del pasado.  Como ya hemos dicho anteriormente, un tratamiento efectuado dentro de una casa espírita dará subsidios para que sean apartados esos síntomas, que volverán a aflorar en momento oportuno, cuando las condiciones de madurez física de la criatura permitan que ella haga buen uso de sus fuerzas mediumnicas.

    ¿Se sabe que la mediumnidad en los niños perturba el desenvolvimiento de los mismos, más cuando  ella  trae una tarea predeterminada en el plano espiritual, se debe bloquear este desarrollo?

    Aquí no diremos bloquear. Conforme sea la edad de la criatura puede ser que ella presente condiciones de madurez que le permitan el uso de sus facultades de forma que no la perjudique en nada.

   Se sabe por experiencia, que la mediumnidad puede aparecer en cualquier edad, más existen médiums, que por su aptitud natural presentan condiciones  para el ejercicio de la mediumnidad aun en criaturas  o adolescentes, haciéndolo de forma consciente y responsables. Citamos aquí el caso de las hermanas Baudin que auxiliaron  a kardec en la fase de la Codificación, o nuestro bondadoso Chico Xavier y otros que se esparcen por Brasil o por el mundo.

    Médicos adeptos del espiritismo afirman que la infancia es el periodo en que la acción de la glándula pineal está en el auge, aunque la criatura no tenga el armazón intelectual necesario para interpretar los estímulos de forma consciente. Con el desarrollo  completo del cerebro, la mediumnidad sería sublimada en la mayoría de las personas. La volvería aun más fuerte en aquellos que aprendieron a ejercitarla. Muchas criaturas sienten dolor porque el cuerpo no está preparado para recibir ese impacto. Por ese motivo, en general los padres son orientados a no incentivar a los hijos a ejercerla.

     La dedicación, la paciencia y renuncia son los caminos del crecimiento mediúmnico. El orgullo y los malos Espíritus son sus obstáculos.

     La mediumnidad es cuchillo de dos filos. Si por un lado es fuente de benditas alegrías, por otro, puede ser también de profundas decepciones, para orientarse en el desarrollo mediúmnico, podría ser hecha citación de innumerables obras respetables. Sin embargo, lo más correcto es la utilización del viejo y buen Libro de los Médiums. Por lo tanto los que se ven afectados por ella, deben comenzar por el principio, conociendo las obras de Kardec y estudiarlas con profundidad.

     En todas las situaciones, nuestra postura debe ser la de la más absoluta tranquilidad, una vez que la relación entre encarnados y desencarnados hace parte del propio contexto evolutivo de cada ser. Estamos, siempre, rodeados de espíritus, creamos en ellos o no, siendo espíritas o no. Al percibir las “conversaciones” de criaturas con la “nada”, tengamos serenidad y procuremos “entender” el proceso, y hacernos dueños de la situación.

     Se recomienda a los padres y pariente más próximos el diálogo con las criaturas sin interrogatorios o curiosidad excesiva, más, procurando ”entrar” en la historia, participar del contexto, para percibir, en la naturalidad de la conversación, cuales son los “personajes” que efectivamente se hallan presentes junto a la criatura.

      Como se trata de cosas naturales, cuanto mayor sea la naturalidad con que encaremos tales acontecimientos, menos las criaturas  y nosotros los adultos, quedaremos asustados o “con miedo”. Al final, en términos de envolvimiento espiritual, los lazos que nos ligan a los espíritus (encarnados o desencarnados) no son rotos  en razón de la alteración de nuestro estado vivencial (en la carne o fuera de ella) por el contrario se fortalecen y perduran.

     Ame a su hijo con problemas del cuerpo o de la mente, o de ambos, cooperando con ellos, con mucha paciencia y con el gesto de ternura, para que puedan salir victoriosos de la expiación terrena, avanzando para más altos vuelos rumbo a nuestro Creador.

     Llénese de cariño, de paciencia, de tranquilidad interior, viendo en estos hijos las joyas bendecidas que el Padre confía a nuestras manos para que las pulamos.

     Usted podrá haberlos recibido por renuncia y  elevado amor de su parte, más,  puede ser que usted este ligado directamente a las causas que determinan la situación que viven hoy, debiendo auxiliarles e incentivarlos para la  propia recomposición, usted, igualmente avanza para el Creador, sufriendo a su vez, al verlos rescatar, sin otra opción que no sea abrazarlos y colocarse, usted y ellos, bajo  la Luz del amor de Dios, resignadamente.

 Trabajo realizado por Merchita


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domingo, 1 de mayo de 2011

Mediumnidad en los niños ( I )


COMO MANEJAR LA MEDIUMNIDAD EN LOS NIÑOS

Un niño es como un libro que acaba de ser abierto, con muchas sorpresas para los que se disponen a leerlo. Así es para los padres la vida de sus hijos, siempre son sorprendidos por las anomalías que estos  presentan. Frutos todas ella de su imperfección.

No sabemos los padres el secreto que en su inocencia esconden los niños; no sabemos lo que son, lo que han sido y ni lo que serán, ellos son seres que Dios envía a nuevas existencias; y para que no se les pueda imponer  una severidad demasiado grande, El les da todas las apariencias de la inocencia; incluso en un niño de mala índole, se cubren sus acciones malas con la no conciencia de sus actos.

Los espíritus entran en la vida corporal para perfeccionarse, para mejorarse; la fragilidad  los vuelve flexibles, accesibles a los consejos de la experiencia y a la de aquellos que deben hacerlos progresar; es entonces cuando se puede reformar  su carácter y reprimir sus malas tendencias.

Un periodo de incertidumbres e inseguridad surge en las casas donde hay niños y alguno de ellos  presenta mediumnidad  ostensiva en los primero años de su vida. El conocimiento de la Doctrina Espirita favorece  la forma adecuada de conducir estos procesos.

En el capítulo XVIII del Libro de los Médiums, el Maestro de Lión, Allan Kardec, nos presenta esta cuestión sobre la posibilidad o la existencia de la mediumnidad en los niños, siendo este un tema de mucho interés e importancia para el estudio, pues en las tempranas edades del desarrollo físico pueden presentarse eventos que necesitan de nuestra atención y comprensión.

Pongamos varios ejemplos:

El niño Marcos del Sur tenía cuatro años cuando contó haber presenciado la muerte del bisabuelo, fallecido antes de su nacimiento. Para convencer a su familia el  imitó al viejo  con perfección. En otra ocasión, dijo haber presenciado la imagen de un niño, hijo de una migo de su madre, siendo atropellado por un coche rojo. Rita de Cassia, la madre, fue para la casa de la familia del accidentado, confirmó la veracidad de la escena y llevó al hijo a un centro espírita, donde su mediumnidad fue reconocida. Al final del 2006, a los doce años, el describió los atentados en que unos traficantes incendiaron un autobús y provocaron la muerte de ocho pasajeros en Rió. El decía: “Lo veo todo negro y veo cosas. No tengo miedo, más siento dolores”.

La mediumnidad de Giovanna  aun choca a la familia.  A los dos años, la pequeña sólo dormía en la alfombra y despertaba siempre cuando intentaban colocarla en la cuna. Durante la noche, bastaba aproximarse a la cuna con ella en el cuello para Giovanna  volver a los llantos. Un neurólogo prescribió remedios para la disritmia cerebral. Claudia Geminiani, la madre, prefirió procurar un centro espirita. “Una médium explicó que un rapaz que había sido hijo de Giovanna  en otra encarnación la perseguía a la cuna en busca de cariño”, cuenta Claudia. “Ella tenía el rostro desfigurado y los miembros comprimidos, por eso asustaba a mi hija. “Una vez Giovanna llegó a proferir  palabras agresivas en un tono de voz diferente al suyo. Lecturas Evangélicas ayudaron a suavizar la crisis. Hoy con tres años  y ocho meses, Giovanna frecuenta un curso de evangelización y hace una oración siempre que alguna entidad la asusta.

Desde los ocho años; Camila no conseguía dormir en su propio cuarto. La visión de un cachorro feroz la impedía quedarse allí. La madre, Carla de Almeida Olivera, no olvida los gritos que la niña, hoy con cuatro años, daba cuando iba para la cuna. “Ella lloraba mucho,  con los ojos siempre cerrados. Sólo paraba con mucha oración”. Carla siendo espírita, no entendía como durante las sesiones del culto del evangelio en el Hogar, el  miedo que su hija sentía. Pues en esas ocasiones, Camila acostumbraba a ver una bruja por la casa, lo que la hacia sufrir. Cuenta su madre: “Cuando tiene visiones, mi hija se transforma en otra persona. Queda con una fuerza tan grande que ella mal conseguía dominarla.

Relatos como estos,  de comunicaciones con espíritus revelan que la mediumnidad es común en la infancia. Y los padres precisan a prender a lidiar con la situación.

En el inicio del retorno al cuerpo físico se generan una serie de procesos en el que el espíritu encarnado va acoplándose y amoldándose al nuevo cuerpo que habita, en ese momento de la vida el vehículo físico va sufriendo cambios en vías de su acondicionamiento a la vida material, y por su puesto, direccionándose para lo que será el cumplimiento de las necesidades del espíritu. A su vez el espíritu debe pasar también por muchos cambios a nivel periespíritual y psíquicos, pues debe ir elaborando nuevas facetas de su personalidad con el fin de ir mejorando sus condiciones para el cumplimiento de sus compromisos adquiridos en la vida espiritual que le permitirán el adelantamiento moral y el equilibrio.

Estudiada por religiosos, psiquiatras y hasta neurólogos, la mediumnidad es la capacidad de ver y oír espíritus o realizar fenómenos paranormales – como incorporación y clarividencia – por intermedio de agentes externos. O sea, de entidades espirituales que utilizan el cuerpo del médium como vehículo para manifestarse.

La psicología y la medicina, entretanto, buscan otras formas de justificar esos fenómenos. Si la criatura parece poseída por una entidad sobrenatural, por ejemplo, es tomado como un trastorno  de la personalidad o estado de trance o posesión, cuyo tratamiento es la psicoterapia y medicamentos.  La comunicación con los amigos invisibles a los ojos de los padres acostumbra ser encarada como mera fantasía. Hay momentos que la ilusión predomina y la criatura transforma en real lo que apenas es un deseo  inconsciente”.

Todos sabemos que la mediumnidad es el canal que liga a todas las criaturas vivas al mundo invisible o de los Espíritus. Su finalidad básica es la de excitar al espíritu encarnado en la materia, a vivir  sus experiencias evolutivas. En los vegetales y animales la mediumnidad se encuentra apenas en estado rudimentario. Se va tornando más amplia y compleja a medida en que se considera la evolución de esos seres animados  a través de las reencarnaciones.

La criatura es un adulto en potencia. Como nacemos trayendo predisponibilidad que nos posibilitan el intercambio mediúmnico, en algunas criaturas la Mediumnidad se presenta precozmente.

El libro de los Médiums nos dice en el capitulo XVIII  ítem 221 que es muy peligroso el desarrollar la mediumnidad en los niños; porque estos son organizaciones demasiado tiernas y delicadas se conmoverían demasiado y su joven imaginación se sobreexcitaría; los padres por esta razón deben alejarlos de estas ideas o al menos sólo les hablaran de ellas bajo un punto de vista de las consecuencias morales.

Cuando la mediumnidad en el niño es espontánea es porque esta, está en su naturaleza y que su constitución se presta a ella; eso no es lo mismo que cuando es provocado y sobreexcitado. El niño que tiene visiones, se impresiona generalmente poco por ellas; le parece una cosa muy natural, en la cual sólo se fija débilmente, más tarde el hecho se le presenta en la memoria  y se lo explica fácilmente si conoce el Espiritismo.

El desarrollo del ser humano puede dividirse en ciclos de 7 años en donde podemos observar los cambios y las adaptaciones orgánicas necesarias para la madurez del cuerpo, pero en estos ciclos esta incluido también el proceso de maduración del espíritu quien es el que define las modificaciones del vehículo carnal cumpliendo con la planificación establecida en los planos espirituales, en donde la definición de las características de su cuerpo orgánico le permitirá ciertas condiciones en provecho de la mejoría de sus deficiencia, sirviendo este nuevo cuerpo para la prueba o expiación.

En el primer ciclo, comprendido entre el alumbramiento y los 7 años de edad, el niño se encuentra en una condición ambivalente al respecto de estado de libertad espiritual, pues en esa etapa su espíritu y su cuerpo físico aún no establecen los lazos finales que le permitirán la culminación efectiva de la encarnación.

Su cuerpo aun inmaduro es apenas un vehículo en desarrollo en donde los controles periespirituales no son tan definidos, permitiendo al espíritu gozar de cierta libertad en cuanto a la percepción sensorial del entorno, experimentando por igual ambos estados de la existencia, es decir que el espíritu del niño al no haber establecido los vínculos profundos con la carne tiene la posibilidad de vivir en dos mundo a la vez, pues en su naturaleza espiritual puede verificar todo lo que le rodea en el plano físico, pero también puede percibir todo lo que se produce en el entorno invisible, siendo su espíritu protector el primero en mantener un contacto permanente con su tutelado.

En base a esto, las características presentadas por el niño definen mas una condición anímica que mediúmnica, pues lo que se produce no es otra cosa que la manifestación de las propiedades espirituales que todos poseemos al encontrarnos liberados de los lazos físicos, siendo en el caso del infante la expresión de sus propias condiciones espirituales.


La visión, la audición, incluso la posibilidad de conversar con los espíritus, son sólo eventos naturales para el niño, pues al no tener la posibilidad de diferenciar ambos estados de la existencia no existe en él ningún tipo de temor o de rechazo hacia algo que le parece normal, es luego en su crecimiento cultural e intelectual que se van estableciendo las convenciones sociales que le pueden dirigir su percepción sobre las cosas, generando según su educación ciertas fobias sobre la vida espiritual que en su mayoría son proyectadas por los adultos de su entorno, producto de la ignorancia y de los preceptos culturales sin fundamento.

Durante la niñez pueden presentarse eventos mediúmnicos relevantes, pues hay seres que en sus planificaciones establecieron la posibilidad del trabajo mediúmnico desde el inicio de su encarnación, ya sea por un proceso probatorio o por una misión en particular, expresando pues el espíritu encarnado desde el principio sus condiciones de medianero, teniendo sus padres la necesidad de auxiliar y dirigir estas manifestaciones en beneficio del crecimiento moral e intelectual del niño.

La práctica de la mediumnidad no tiene una edad prefijada  para el niño,  eso depende enteramente del desarrollo físico y mucho más del desarrollo moral; hay niños de doce años que se afectaran menos  que muchas veces los adultos. Si los hombres son víctimas de los espíritus mentirosos la infancia y la juventud están aun más expuestas por su inexperiencia. La edad está subordinada  a las circunstancias, al temperamento y al carácter del niño.

La constatación de la edad es muy difícil pues hay  bebés que tienen incorporaciones. Cada criatura tiene sus características propias y su mediumnidad aflora de acuerdo con sus condiciones. La practica de la mediumnidad entretanto, debe ser incentivada cuando el joven estuviera maduro lo suficiente  para un ejercicio seguro dentro los padrones de comportamiento conducidos con seriedad y responsabilidad de que se reviste el trabajo mediúmnico.

LA mediumnidad en los niños es más común de lo que se piensa. El adulto, por ya ser dueño de si mismo, entiende mejor el surgimiento de la misma, y procura una  forma de ajustarse a ella. Sea en los diversos Centros Espíritas o no. Cuando los hechos mediúmnicos estén surgiendo en la niñez de nuestros hijos, sabemos con seguridad, que su ángel protector estará atento para tal hecho. Esa asertiva, no nos excluye, entre tanto, a los padres y educadores, de nuestra responsabilidad de buscar la mejor forma de disminuir esos efectos. Deberemos estar siempre dentro de las orientaciones   de la codificación Kardeciana, y seguros del amparo de nuestros amigos espirituales para conducirnos con claridad hacia el camino marcado por Jesús.

La práctica de la mediumnidad presenta peligros e inconvenientes contra los cuales debemos precavernos. Muchos que trabajan en actividades mediúmnicas improductivas están bajo el imperio evidente de obsesión y de fascinación.

Lo que el libro de los médiums nos dice bien claro es que no se debe excitar el desarrollo de la mediumnidad en los niños cuando no es espontánea, y que en todos los casos es preciso usar de esta con gran circunspección; que tampoco se debe alentar en personas débiles, a los que den señales de excentricidad en las ideas o debilidad en las facultades mentales, porque hay en ellas predisposición evidente a la locura que cualquier  causa sobreexcitante puede desenvolver.

Aunque no se vea u oiga a los espíritus, es la mediumnidad la que hace que una criatura sea capaz de sentir si un ambiente está cargado y hacerla llorar cuando un extraño con energías ruines la pega en el cuello. Es preciso antes de afirmar que una criatura está bajo la influencia de un espíritu, descartar las hipótesis de fantasía  y de disturbios psíquicos. La primera etapa es entrevistar al paciente en busca de elementos que no podrían ser dichos por él. “Es difícil diagnosticar como fantasiosa una criatura  de  tres años que se pone a analizar cuadros de Botticelli o a conversar  en francés sin conocer ese idioma” por poner un ejemplo. Finalmente, exámenes neurológicos facilitarían el verificar si la actividad en el cerebro es equivalente  a la registrada en convulsiones o ataques de epilepsia. Normalmente la reacción es otra.

( continúa en la siguiente publicación )


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sábado, 30 de abril de 2011

Para aprender de la adversidad

José Maitre, ciego

   José Maitre pertenecía a la clase media de la sociedad. Gozaba de un modesto bienestar que le ponía al abrigo de las necesidades. Sus padres le habían hecho dar una buena educación y le destinaban a la industria, pero a los veinte años se quedó ciego. Murió cuando tenía unos cincuenta años.


    Una segunda dolencia vino a herirle. Cerca de diez años antes de su muerte se quedó completamente sordo. de modo que sus relaciones con los vivos sólo podían tener lugar por medio del tacto. No ver era ya muy penoso, pero no oír era un cruel suplicio para aquel que, no habiendo
gozado de todas sus facultades, debía sentir aún mejor los efectos de esta doble privación. ¿Por qué había merecido esta triste suerte? No sería por su última existencia, porque su conducta había sido siempre ejemplar. Era buen hijo, de un carácter dulce y benévolo, y cuando se vio, para colmo de males, privado del oído, aceptó esta nueva prueba con resignación, y nunca se le oyó pronunciar una queja. Sus conversaciones denotaban una perfecta lucidez de entendimiento y una inteligencia poco común.


     Una persona que le había conocido, presumiendo que se podían sacar útiles instrucciones de una conversación con su espíritu, le llamó, y recibió de él la comunicación siguiente, en contestación a las preguntas que se le dirigieron.


París, 1863

     Amigos míos, os doy gracias por haberos acordado de mí, aunque quizá no hubierais pensado en ello, si no hubieseis creído sacar algún provecho de mi comunicación. Pero sé que os anima un objeto formal. Por esto vengo con gusto a vuestro llamamiento. Puesto que se me permite, dichoso soy en poder servir a vuestra instrucción. ¡Ojalá que mi ejemplo pudiese aumentar las pruebas tan numerosas, que los espíritus os dan, de la justicia de Dios!. 



     Me habéis conocido ciego y sordo, y os habéis preguntado lo que había hecho para merecer semejante suerte. Voy a referíroslo. Sabed desde luego que es la segunda vez que he sido privado de la vista.


     En mi precedente existencia, que tuvo lugar a principios del último siglo, quedé ciego a la edad de treinta años, a consecuencia de excesos de todas clases que habían arruinado mi salud y debilitado mis órganos. Ya era un castigo por haber abusado de los dones que había recibido de la Providencia, porque estaba ricamente dotado, pero en lugar de reconocer que yo era la primera causa de mi dolencia, acusaba de ésta a la misma Providencia, en la que, hablando francamente,creía poco. He blasfemado de Dios, le he renegado, le he acusado, diciendo que si existía, debía ser injusto y malo, puesto que así hacía sufrir a sus criaturas. Por el contrario, debía haberme considerado feliz por no verme en la necesidad de mendigar el pan como otros desgraciados ciegos.


     Pero no, no pensaba sino en mí, y en la privación de los goces que se me había impuesto. Bajo el imperio de estas ideas y de mi falta de fe, me había vuelto áspero, exigente, insoportable, en una palabra, para aquellos que me rodeaban. La vida en adelante no tenía objeto para mí. No pensaba en el porvenir, que miraba como una quimera. Después de haber agotado inútilmente todos los recursos de la ciencia, viendo mi curación imposible, resolví acabar más pronto, y me suicidé.


     Cuando salí de mi estupor estaba sumergido en las mismas tinieblas que durante mi vida. No
tardé en reconocer que no pertenecía al mundo corporal, pero era un espíritu ciego. ¡La vida de
ultratumba era, pues, una realidad! En vano trataba de quitármela para hundirme en la nada.
Chocaba en el vacío. Si esta vida debía ser eterna, como había oído comentar, ¿estaría, pues,
durante la eternidad en esta situación? Este pensamiento era horrible. No sufría dolor físico, pero
explicaros los tormentos y las angustias de mi espíritu, es algo imposible. ¿Cuánto tiempo duró
esto? Lo ignoro. ¡Pero qué largo me pareció!


     Extenuado, fatigado, me puse sobre mí. Comprendí que una potencia superior me dominaba.
Me dije que si esta potencia podía oprimirme, podía también aliviarme, e imploré su piedad. A
medida que rogaba y que mi fervor aumentaba, alguien me decía que mi cruel situación tendría
término. La luz se hizo, en fin, mi alborozo fue extremo cuando entreví las celestes claridades, y
distinguía los espíritus que me rodeaban, sonriendo con benevolencia, y a los que se mecían
radiantes en el espacio. Quise seguir sus pasos, pero una fuerza invisible me retuvo. Entonces uno
de ellos me manifestó: “Dios, a quien has desconocido, ha tomado en cuenta tu conversión a Él, y
nos ha permitido restituirte la luz, pero no has cedido sino a la fuerza y al cansancio. Si quieres en
adelante participar de la dicha que se goza aquí, es necesario probar la sinceridad de tu arrepentimiento y de tus buenos sentimientos volviendo a empezar tu prueba terrestre, en tales condiciones, que estarás expuesto a caer en las mismas faltas, porque esta nueva prueba será más ruda todavía que la primera.” Acepté solícito, prometiéndome con firmeza no faltar a ellas.


     Volví, pues, a la Tierra con la existencia que conocéis. No tuve trabajo en ser bueno, porque no era malo por naturaleza. Me rebelé contra Dios y Dios me castigó. Vine a ella con fe innata, por esto no murmuré de Él, y acepté mi doble dolencia con resignación y como una expiación que debía tener su origen en la soberana  justicia. No me desesperaba por el aislamiento en que me encontraba en los últimos años, porque tenía fe en el porvenir y en la misericordia de Dios. Me ha sido, además, muy provechoso, porque durante esa larga noche en que todo era silencio, mi alma, más libre, se lanzaba hacia el Eterno, y con el pensamiento entreveía lo infinito. Cuando ha venido el fin de mi destierro, el mundo de los espíritus no ha tenido para mí sino esplendores y goces inefables.
  

     La comparación con el pasado me hace encontrar mi situación relativamente muy dichosa, y por ello doy gracias a Dios. Pero cuando miro adelante, veo cuán lejos estoy todavía de la dicha perfecta.  He expiado, me es preciso reparar ahora. Mi última existencia ha sido provechosa sólo para mí. Espero volver pronto a comenzar una nueva en que podré ser útil a los otros. Ésta será la reparación de mi inutilidad precedente. Solamente entonces avanzaré en el camino bendecido,abierto a todos los espíritus de buena voluntad.


     He aquí mi historia, amigos míos. Si mi ejemplo puede iluminar a algunos de mis hermanos encarnados y privarles de caer en el fango en que he caído, habré comenzado a satisfacer mi deuda.


José

Tomado del libro..El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina según el Espiritismo
 - Allan Kardec



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viernes, 29 de abril de 2011

Ingratitud de los hijos


Amigos y compañeros en el ideal espirita, corren malos tiempos para esta juventud loca que en nada cree.

Deshumanizados por la brutalidad desenfrenada en la que desarrollan sus vidas, fingen ser ateos, no creen en un Dios  al que nadie ha visto y, dicen que los que creen en Él son presas de una idea a la que ellos se han entregado porque han querido. ¡Que lamentable oír esto en boca de los jóvenes que lo tienen todo para cambiar sus vidas, que con las oportunidades de que otros hemos carecido no son capaces de luchar con uñas y dientes para limpiar la ensuciada tierra en la que viven. Desarrollan los instintos inferiores, que son autores de tantas catástrofes y dejan a un lado la bondad y el bien encajonados  para que luego, en las grandes pérdidas y padecimientos, lamentarse inútilmente por su equivocado proceder; son destructores de su entorno; en nadie confían ni a nadie creen; sólo piensan en sí mismos y se encierran en su coraza de la que sólo salen para satisfacer sus apetitos a costa de lo que sea, caiga quién caiga y dañen a quién dañen.

      Hoy es una difícil tarea trabajar en ellos; se les ha dejado caminar solos desde bien pequeños y salvados unos pocos, porque no hay regla sin excepción, ellos se han hecho mayores antes de tiempo, porque en vez de jugar, han tenido que pelear en las naciones tercermundistas . En los países más civilizados la ausencia de sus madres, el poco calor de los autores de sus vidas; la soledad temprana les ha hecho crecer sin amor;  los más liberales han visto las escenas macabras de unos padres viciados que en sus caídas les han maltratado, teniendo que huir de los nidos domésticos presos del miedo y del temor de ser dañados por quienes les dieron el ser, los únicos de quienes ellos podrían esperar algo; estos los decepcionan y los empujan a castigar y pelear con todo lo extraño que en su futuro les asome; desconfiados y dolidos atacan a todo lo que se les resista a su forma y manera de pensar.

      Es muy difícil convencer y trabajar con esos jóvenes, a los que  les han dado  todo , dándole más valor a las monedas y  al confort que los padres han salido a buscar para satisfacer las necesidades materiales y  habiendo dejado de lado al amor, el refugio, la enseñanza, el consuelo, la educación, esa entrega a todo auxilio a los hijos.  La  mayoría de las madres ponen en manos extrañas esa atención y esos cuidados procurando que estén bien atendidos, pero mientras crecen faltos de amor y de cariño, y cuándo el tiempo pasa nos damos cuenta del gran error. Ellos han crecido, se han hecho hombres o mujeres y convivimos con ellos pero ni nos conocen, ni los conocemos, y reconocemos, aunque tarde que hemos sido nosotros los culpables, entretenidos en los intereses mundanos, hemos enfermado el hogar despojándolo de los verdaderos valores, los mismos que pueden ayudarnos a hermanarnos con los adversarios del ayer.

         Hemos descuidado los años sensibles de las almas de esos niños y han crecido despertando en ellos los instintos de sus anteriores existencias; no hemos aprovechado esos años para inducirlos a cambiar sus tendencias  del pasado, con nuestra labor maternal, con nuestro amor, sacrificio, cuidado desinteresado, con la educación y los buenos principios  ahora ellos serian otros; en  algo les hubiéramos hecho cambiar. Pero dejándolos en manos extrañas esa posibilidad  es en la mayoría nula.

         Crecen con los instintos latentes del ayer, sin nada que les detenga; reincidentes muchos, lloran más tarde cuándo retornan al mundo espiritual por su nuevo fracaso; incluso algunos, con más cargas en sus conciencias y nosotras  las madres nos sentimos deudoras de ellos, pues no cumplimos  con nuestra labor principal para con ellos. El cuerpo material es como un vestido que  se destruye cuándo no sirve, pero el Espíritu no, y nos sentimos mal las madres que después sentimos nuestra culpa  ante el fracaso de quién tanto amamos (Los hijos).

         La labor más importante de una madre es la que realiza en el hogar; rodeada de adversarios del ayer debe ser el punto de apoyo, la fuente de sabiduría y el ejemplo a imitar por los que Dios les ha puesto bajo su amparo. Las madres que abandonan a sus hijos son la mayoría débiles ante su tarea, fracasan porque no lo han calentado en sus almas, vienen por primera vez a desarrollar esa difícil labor, y se espantan huyendo espantadas ante la responsabilidad que se asoma ante sus ojos.

         Todos sabemos que Dios no nos manda nada que no podamos hacer, por ello hemos de llenarnos de fuerzas y valor para resistir esa difícil tarea. La más importante, la de moldear   desde pequeños, a los que torcidos ya venían para enmendarse y ver en su nulidad cuándo son pequeñitos, el inicio a costumbres y comportamientos distintos para que cuándo les lleguen mas tarde  las pruebas, sean capaces de resistir gracias a esa fuente de enseñanza y sacrificio que debe ser toda madre.    

      Hoy en día algunos jóvenes agreden a los mayores  y lo hacen porque en el fondo están la mayoría resentidos con los autores de sus vidas,  y en vez de tener con ellos el auxilio y el calor, tienen el desdén y la indiferencia, incluso no les sirven de ejemplo;  a veces estos son autores de las mayores de hazañas que los han puesto en ridículo, y se avergüenzan de ellos  por no poder tomarles como ejemplo.

Todo está muy desorganizado, el hombre se ha dejado llevar de la materia y hoy son los padres los que se lamentan de los errores, no pueden controlar a sus hijos y se dan cuenta tarde, de que no los aman como deberían, no los conocen, no los han rozado apenas, son en sus vidas escasas las horas  de convivencia , comparten una casa para el reposo y en este reposo no suelen tratar con sus hijos; sólo unas escasas palabras para callar las conciencias que les avisan del error que están cometiendo. Por amor a la obra cristiana debéis de despertar y comenzar a crear esas instituciones pequeñas que son el hogar.

        Ellas podrán ser autoras de mucho bien, ellas pueden formar en el futuro una Humanidad más civilizada y más sensata; aun estáis a tiempo, pensar madres que sois un colegio en pequeño, que vosotros sois los profesores para enseñar a esos alumnos que son el fruto de vuestro amor y al mismo tiempo dirigir bien todo lo que en él suceda. Porque sois las responsables y a vosotros se os pedirá cuentas de lo  que en él se realice. Durante la vida con vuestros hijos tenéis el deber de enseñar y dirigir, y tenéis la obligación de practicar con el ejemplo y la virtud el desarrollo de esa enseñanza.

      No escandalicéis para no inducir a vuestros hijos a las malas acciones. Amar y entregaros con sacrificio y abnegación  para que ellos con vuestro ejemplo lo hagan por inercia.

         Instruirlos en la senda Cristiana, para que se evangelicen y aprendan de Cristo lo que a vosotros os sirvió para despertar a la verdadera vida, ellos como vosotros debéis vivir con Jesús, confiar en Él y despertar  para la nueva vida, la del Espíritu.

         No deis por perdido vuestro tiempo, cuándo ellos dialoguen con vosotros por muy insignificantes que os  parezcan sus palabras, ellos exteriorizan así su cariño y nada les conforta más que ser escuchados.

No debéis de recriminar sólo sus malos hechos, sí no que debéis alabar sus buenas acciones para con lo primero hacerles ver el mal que hacen y sembrar en ellos el pesar, y en lo segundo hacerles sentir desde pequeños la satisfacción que deja en uno las buenas obras. Es un barco pequeñito, cárgalo de amor  con sacrificio y abnegación, dirigirlo despacito pero con firmeza, por la senda recta y los llevareis a puerto seguro donde ellos navegaran con la confianza de los que tienen mucho aprendido para saber navegar, no serán piratas lanzados al mar sin saber a donde dirigirse, ellos enseñados en la escuela del hogar donde el amor los enseña desinteresadamente, sabrán leer en los libros Sagrados, en el libro de los autores de sus vidas, los Padres.

Es muy fácil  dar a los hijos lo que piden para que nos dejen en paz, pero no sabemos muchas veces que gran error es el no hacerles ver que lo pide, lo que seria mejor para él, es un tiempo que juzgamos de muy poco valor, cuándo les decimos toma y déjame en paz; sembramos para el mañana que será inestable, sí no podemos seguirles dando lo que piden, y luego serán ellos los que no querrán oírnos.

Cuándo intentemos pararles en sus deseos desenfrenados será demasiado tarde; ellos dirán y nos echaran las culpa por nuestra mala costumbre de no analizar antes de tolerar  lo que ellos nos piden. Muchas veces  vale más disgustarse por enseñar, que lamentarse por no haberlo hecho, cuándo ya no tiene remedio y lo hecho, hecho está, y nosotros los padres somos los culpables por no ser enérgicos en la enseñanza de nuestros hijos, los maleducamos con nuestra pereza y luego ya más tarde es casi siempre causa perdida.

 Todos los padres dan cumplimiento a una ley natural instituida por Dios para la perpetuación de la raza humana, con ella enriquecen sus vidas, los hijos por un lado les imponen obligaciones, restricciones  en los goces mundanos y por otro lado proporcionan las puras alegrías y conducen a las mayores motivaciones para que mantengamos encendida la antorcha de renovados ideales.

Un hogar sin hijos, por fastuoso que sea, es incompleto, especialmente para la mujer que hace de la maternidad la mayor razón de su existencia. Todo espirita sabe que no hay efecto sin causa y, que las contrariedades o alegrías de hoy son la continuación de nuestras vidas pasadas; en su familia, el espirita debe ver un grupo que le fue dado en custodia y para el cuál tiene muchos deberes a cumplir y muchos sacrificios a realizar.

         Todo espirita que tenga hijos no debe olvidar que no los tiene por acaso. Y sí un buen padre tiene malos hijos, no se trata de castigo sino de las consecuencias de una ley justa; el espirita no puede considerar la vida como un simple paseo y sí como una secuencia de hechos que lo podrán herir hasta lo más profundo del alma, por ello, sufrirá y derramará lágrimas, por eso deberá ser fuerte, firme, compasivo y abnegado, caritativo para con todos y más especialmente para con las imperfecciones de sus hijos, depósitos sagrados que el Padre les concede para que sean sus protectores y sus guías para hacerlos avanzar, por lo menos, un pasó en el caso de no poder hacer más.

El espírita, en definitiva, debe amar, amar y amar. Sí, amar a los que no le quieren, a los que nos odian, a los que nos protegen y a los que nos persiguen, a los que nos hacen el bien o a los que nos desean el mal.

         Él espírita que consiga tener el amor como ley y lo ponga en práctica, no estará en tinieblas. Su vida terrena fluirá plácidamente y después de ella alcanzará la felicidad.

         Cuándo el espírita no tiene esposa e hijos, pero tiene aún a los padres, no debe olvidar el deber de tributarles todo el respeto, cariño y amor.

         El espírita en todas las situaciones de la vida ha de portarse como un buen hijo, buen esposo, buen padre, buen hermano y buen ciudadano , así como practicante de la ley Divina cuyo sentido práctico está en la enseñanza y en el ejemplo del Señor y Maestro Jesús. Será luz para iluminar a los que están a su alrededor, será mensajero de paz y amor para todos y llevará la paz de las moradas de la Luz hasta los hombres de la Tierra.

- Merchita-