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sábado, 19 de noviembre de 2011

La Depresión





Desde el pasado remoto autoridades médicas y psicológicas han buscado explicaciones para los estados depresivos, considerando apenas  como un estado mórbido. ¿Será apenas un disturbio proveniente  de síndromes nervioso?

La visión espirita de la depresión parte del Evangelio según el Espiritismo en el capitulo cinco- Bienaventurados  los afligidos…  lo que ya nos pronuncia  un estado espiritual para un gran número de depresiones a lo que los seres humanos están sujetos. 

¿Que son aflicciones? Son alteraciones del modo de vida que se transforman en vicisitudes, que tienen una causa justa  y considerando que Dios es justo, la causa es, por consecuente justa.

Según Allan Kardec, esas vicisitudes, tiene dos causas distintas, puede ser originaria de la vida presente o de otras vidas.

Según Kardec las vicisitudes son aflicciones  por la que la persona es tomada, las decepciones, las frustraciones, en fin, varios acontecimientos  que deprimen el estado del espíritu, como se acostumbra a decir en lenguaje  más sencillo.

La depresión puede ser conceptuada como una alteración del estado de humor, una tristeza intensa, un abatimiento profundo, con desinterés por las cosas. Todo pierde la gracia, el mundo queda hecho cenizas y vivir  se torna tarea difícil, pesada. Con ideas fijas y pesimistas.

Podríamos considerarla como una emoción estragada. Las emociones naturales deben ser pasajeras, circulando normalmente, sin desequilibrar al ser. La tristeza por ejemplo, es una emoción natural, que nos lleva a entrar en contacto con nosotros, a la introspección y a la reflexión sobre nuestras actitudes.  Ahora, una vez estancada, prolongada, acompañada de sentimiento, nos lleva a la depresión.

La depresión se puede dividir en tres formas, de acuerdo con el facto causal:

Depresión Reactiva o Neurosis Depresiva: - esta depende de un facto externo desencadenante, generalmente suele ser perdidas  o frustraciones, tales como la separación, perdida de un ser querido, etc.

Depresión Secundaria a Dolencias Orgánicas: accidente vascular cerebral (“derrame”), tumor cerebral, dolencias de la tiroides, etc.

Depresión Endógena: por deficiencia de neurotransmisores. Ejemplo: depresión del viejo, depresión familiar y psicosis maniaco-depresiva.

Ella afecta a todo el ser, acarreando una serie de desequilibrios orgánicos, sobretodo, comprometiendo la calidad de vida, tornando a la criatura infeliz  y con la caída de su rendimiento personal.

Según Andre Luiz en sus obras nos dice que la mente transmite su estado feliz o infeliz a todas las células de nuestro organismo, a través de los bíforos. Ella funciona como un sol irradiando calor y luz, equilibrando y armonizando todas las células de nuestro organismo, o como tempestades, generando rayos y caídas destructoras que desequilibran al ser.

Según Emmanuel, la depresión interfiere en la mitosis (división) celular, contribuyendo al  aparecimiento de cancer y de otras dolencias inmunológicas, sobretodo a la deficiencia inmunitaria facilitando las infecciones.

En la depresión existe una perdida de energía vital en el organismo, en un proceso de des vitalizaciòn.

El individuo pierde energía por dos mecanismos principales:

1º) Pierde sintonía con la Fuente Divina de Energía Vital: el individuo no fortaleciéndose  como debe; con sentimiento de auto estima en baja, aparta de si mismo, de su naturaleza divina, el hilo de ligación, con la fuente inagotable  del Amor Divino. Al negarse y encerrarse en sus problemas y en sus amargura, crea un ambiente vibratorio negativo, que dificulta el acceso de la espiritualidad Mayor en su beneficio.

2“) Gasto Energético Improductivo: el individuo en vez de utilizar su potencial energético para desenvolver  potencialidades evolutivas, viviendo intensamente las experiencias y los desafíos que la vida le presenta, desperdicia energía en los sentimientos de auto compasión, tristeza y lamentaciones. Sufre y no evoluciona.

Desde el punto de vista espiritual, en su condición más intima, el deprimido es una criatura rebelde, el no acepta los limites que la vida le impone, rechaza sus pruebas y se posiciona contra la divinidad al ver sus deseos  o voluntades negados “por la vida” prefiere morir psíquicamente  (por la apatía) o físicamente (auto exterminio o suicidio indirecto) a vivir conforme la Ley.

Una de las causas de la tristeza es la melancolía, ella hace que la vida nos parezca amarga  porque el espíritu  aspira a la libertad y a la felicidad de la vida espiritual, pero viéndose preso en el cuerpo, se frustra cae en el desanimo  y transmite  para el cuerpo la apatía y abatimiento  sintiéndose infeliz.

El ansia de libertad  del espíritu encarnado, adolecido por las atribulaciones de la vida y por las  dificultades  en el relacionamiento interpersonal, intensificado por las influencias negativas  de espíritus encarnados y desencarnados, son la causa inicial de esa frustración y de esa apatía.

La inseguridad y el miedo que acometen a las personas en la sociedad contemporánea son las que determinan en nuestros días la incidencia alarmante de la depresión.

Muchas veces el espíritu absorbido por los valores que imperan como el consumismo, la búsqueda del placer inmediato, la competitividad, el no saber perder, de querer ser el mejor, de no saber hablar,  el hombre se aísla se aparta de si de su naturaleza. Adopta entonces una mascara, que utiliza para presentar un “papel” en la sociedad. Es, en esta vivencia neurótica,  el deja de desenvolver sus potencialidades, no se abre,  ni expone sus emociones, pues estas demuestran de hecho lo que el es. Clausurado, encerrado en este caparazón de orgullo y egoísmo, el se aísla y se siente solo. Soledad, no en el sentido de estar solo, más si de sentirse solo. Más que sentirse solo es la insatisfacción de la persona con la vida y consigo misma.

El individuo en esta situación precisa acercarse a las personas  y a las cosas para quedar bien, pues, desconoce que el se basta por el  potencial divino que tiene.

La soledad es consecuencia de su inseguridad, de su inmadurez psicológica. En los primeros años de la vida, la criatura aunque frágil e inmadura, es natural que tenga necesidad de que las personas vivan en función de ellas, dándoles atención y protección. Es la fase del egocentrismo, predominantemente preceptiva. Como la madurez, comienza a crear una buena imagen de si, tornándose más segura, y a partir de entonces, pasa a darse,  a envolverse y a participar más del mundo. Lo que acontece es que ciertas personas, por algún motivo, tienen dificultades  en este proceso de madurez afectivo, manteniéndose esencialmente  receptivas y no participativas, exigiendo cariño, respeto, atención, sin preocuparse de la misma forma con los otros. Se hacen victimas, pobre infeliz, sin la responsabilidad por si.

Consiguen su equilibrio a costa de las conquistas exteriores. A la primera frustración que se deparan, no la toleran, pues exponen sus debilidades y esto motiva un cuadro DE DEPRESIÓN.

Cuando el individuo pierde la capacidad de amarse, cuando su autoestima está debilitada, pasa a tener dificultad de amar al semejante, pues el  sentimiento  de amor, de generosidad  para con el prójimo, es un sentir de dentro para fuera. Este sentimiento de amor al prójimo nada más que es una extensión de nuestro amor, de nuestra sintonía con Dios interior que nosotros tenemos en nosotros. La persona que tiene dificultad  en esta composición de amarse a si mismo, y por consiguiente de amar a su prójimo, deja de recibir el amor y la simpatía del otro, y no consigue entrar en sintonía  con la fuente sublime  e inagotable del Amor Divino. Nosotros limitamos aquello  que recibimos de Dios, en la medida de cuanto donamos al prójimo. Quien ama mucho, recibe mucho. Quien ama poco, poco recibe. Ese alejamiento de si, y por consiguiente de Dios, genera tristeza, vació, la depresión y la dolencia.

La depresión puede ocurrir en cualquier edad, inclusive en la infancia, la falta de cariño y atención puede causar depresión. Los niños que pierden a sus madres, experimentan gran dolor, se tornan tristes y se distancian de las personas  que se les aproxima. Ellos suelen perder el apetito, se niegan a jugar con los otros niños, y adquieren mayor posibilidad en enfermar.

La depresión también puede ocurrir en la adolescencia, teniendo como síntoma muy común la irritabilidad, muchos jóvenes aumentan la depresión por el uso del alcohol y de las drogas. El alcohol es el mayor agente depresivo de todos. Mezclado con el sistema controlador del humor,  lleva al individuo a tener alteraciones de comportamiento. Al principio el alcohol desinhibe, por eso a la mayoría de las personas  les gusta beber, solo que si hay predisposición genética, puede ocurrir  la dependencia.

Ya en la tercera edad ocurre alteración de la memoria. El olvido exagerado es una señal en el anciano.

La depresión tiene su génesis en el espíritu, que reencarna con alta dosis de culpa, cuando, retrocediendo en el proceso de la evolución, bajo factores negativos que le marcan la marcha y de la que no decidió  liberarse en definitiva. Con la conciencia culpable, sufriendo los gravámenes que le dilaceran la alegría interior, imprime en las células los elementos que las desconectan, propiciando, en largo plazo, el desencadenamiento de esa psicosis que domina  a millones de criaturas en la actualidad.

La depresión se instala poco apoco porque las corrientes psíquicas desconectadas que la desencadenan, desarticula, vigorosamente, el equilibrio mental.

Cuando irrumpe, exteriorizándose, dominadora sus raíces, están fijadas en los paneles del alma rebelde o recelosa de proseguir en los compromisos redentores abrazados. Cara a sus cáusticas manifestaciones, la terapia de emergencia se hace imprescindible, sin embargo, los métodos académicos vigentes,  pura y simplemente, no son suficientes para erradicarla. Permaneciendo los contratiempos psicosociales, socio económicos, psico afectivos,  que producen la ansiedad, ciertamente se repetirán  lo disturbios en el comportamiento del individuo conduciéndolo a nuevos estados depresivos.

El primer camino para erradicarla es nuestro perfeccionamiento... una vez que tomamos conciencia de nuestras imperfecciones y errores cometidos, emprendemos  el proceso de regeneración a través de lecciones reparadoras.

La depresión es un síntoma que nos dice que no estamos amándonos como deberíamos.

El camino para salir de ella es llenar este vació con la recuperación de la auto estima y del amor en todos los sentidos. Primero, procurando conocernos y analizándonos, con el deseo de autodescubrirnos, sin juzgarnos, sin punirnos o culparnos. Y después, aceptándonos como somos,  con todas nuestras limitaciones, más sabiendo que tenemos  toda la potencialidad divina dentro de nosotros, esperando para brotar  como simientes de luz. Esto no es nada más que desenvolver  la fe en si y en el Creador, sentimiento este que transforma  y que nos liga directamente a Dios.

Una persona que es consciente de su riqueza interior pasa a tener la seguridad y fe en sus potencialidades infinitas, comenzando a gustar y acreditar en si, amándose a partir de entonces, sintiendo la necesidad  de expandir  este sentimiento  a todo y a todos. Comienza así a despertar  para los verdaderos valores de la vida  espiritual, transformándose  en una persona feliz  y sonriente, pues donde existe seriedad, hay algo de herrado, la seriedad está ligada al ser enfermo. Sonría y sea feliz amando y sirviendo siempre.

La terapia contra la depresión se basa en amar y en servir, envolviéndose en trabajos útiles y en el servicio del bien. Sea en el trabajo profesional, en el trabajo del ocio, o en el trabajo de servir al prójimo, el individuo se ocupa, ejercita el amor, y deja de envolverse en las lamentaciones, pues la infelicidad hace su nido en lo oscuro de los sentimientos de cada uno. Difícilmente conoceremos un deprimido, entre aquellos que trabajan al servicio del bien.

Para dar este amor, no basta solamente con hacer obras de caridad, tenemos que tornarnos cariñosos; antes de hacer el bien tenemos que ser buenos. Dar pan y dar abrigo pero siempre acompañados  de una buena dosis de afecto y de cariño.  Ser por encima de todo generosos, que  es la caridad con afecto. Las personas están con hambre de amor, de calor humano, un hombro amigo, un abrazo, un acogimiento  y una palabra de cariño.

Cuando damos una simple sonrisa, unos buenos días, una mirada afectuosa estamos donando energía y transmitiendo vida.

El hombre alcanzó un enorme progreso intelectual, satisfaciendo sus necesidades materiales con los avances tecnológicos. Sin embargo, aun se encuentra con enormes dificultades para convivir fraternalmente  con sus semejantes. Cada vez estamos más unidos gracias a los medios de comunicación, sin embargo, más separados emocionalmente. Ahora, en la actualidad el hombre está sintiendo la necesidad prioritaria de desenvolver  la afectividad, de envolverse, amar y sentir a su  semejante.
 
Tenemos que resucitar y liberar a la criatura que está olvidada dentro de nosotros. Para que rescatemos esta criatura que adormece en nosotros, es necesario que veamos el mundo de forma positiva y optimista. Nuestro yo, generalmente se encuentra, retraído, oprimido, porque la vida se nos presenta de forma desagradable; aun no vivimos de forma natural, espontánea y esto genera ansiedad y sufrimiento. Como la criatura es movida por el placer, ella se recoge y no se manifiesta.

La criatura no se juzga, no se castiga. Vivimos apenas el presente, el ahora,  integrada perfectamente a Dios  y a la Naturaleza. “Dejar, a los niños, venir a mi  porque el reino de los cielos es de quienes se les asemejan” con estas palabras  Jesús quiso decir que tenemos que ser puros, auténticos, integrados con nuestra naturaleza divina, sin huidas o mascaras, para alcanzar  nuestra evolución espiritual. Tener actitudes simples, como lidiar con animales,  jugar con los niños, actividades creativas como la pintura, tocar un instrumento, hacer pequeñas tareas domésticas, cocinar, mantener una conversación amena,  contar un cuento, ver una  película,  escuchar música, cantar, sonreír, oír con atención, mirar con ternura, acariciar a las personas, abrazarlas, hacer un elogio sincero, curtir la naturaleza, admirar la puesta de sol, etc. Estas son tareas que ayudaran mucho  al deprimido a reencontrar el equilibrio  y armonía interior.

Mantener siempre buen humor. En la vida lo que más importa es el amor y el bien querer a las personas, vivir sus emociones; no dejarse afectar por las cosas pequeñas. Procurando mirar a nuestro alrededor, viendo con ello, que hay personas con problemas peores, y que necesitan más el socorro.

Procurar practicar actividades fisicas, caminar, algún deporte, algún pasatiempo. La mente parada comienza a crear pensamientos negativos, que se asemejan a basuras amontonadas dentro de casa. Con estas actividades se desviará la mente de pensamientos deletéreos.

No esperemos que las cosas acontezcan a nuestro favor. Caminemos a favor de nuestro prójimo y nos sorprenderemos pues seremos los más beneficiados.

Otras forma de ayudarse el depresivo, es leyendo lecturas edificantes, conversando con amigos, con el terapeuta u orientador espiritual, esto ayudara a ver sus problemas desde otros ángulos.

La oración es un recurso indispensable en el proceso de recuperación. A través de ella establecemos sintonía con la espiritualidad Mayor, facilitando el camino para que nos inspiren y revigoricen nuestras energías.

No nacimos para sufrir. La voluntad de Dios es nuestra alegría y nuestra felicidad. Si sufrimos es por nuestra causa. Nuestros problemas y nuestras dificultades deben ser interpretados como instrumento para nuestra evolución.

Los problemas en la vida surgen cuando ya estamos preparados para afrontarlos y solucionarlos. Jesús nos dijo: “Que el Padre no coloca fardos pesados en hombros débiles” esto nos dice que podemos afrontarlos, que tenemos las condiciones interiores  para enfrentar las dificultades que la vida nos presenta.

Dios cuida de nosotros y nunca nos abandona. Confiemos eN Jesús y sigamos su ejemplo de vida: “Yo soy el buen Pastor; tendré buen animo; no se turbe vuestro corazón; venid a mi los que estáis fatigados, cansados, oprimidos y “Yo os aliviare”.

Según estas enseñanzas, no existe persona tan “débil” hasta el punto de no soportar  un problema. Lo que ocurre es que la mayoría de las veces no tenemos las fuerzas para movilizar nuestra voluntad y afrontar el desafió. Preferimos huir, dando por hecho que no podemos afrontar dicha situación.

Muchos acuden al suicidio, se olvidan de que la muerte es un cambio de estado, que continuamos siendo los mismos, con los mismos sentimientos y los mismos problemas.

El suicida con esta determinación acarrea más daños a su periespiritu, cuando vuelve a reencarnar, además de enfrentar los viejos problemas aun no solucionados, trae aumentado la necesidad de reajustar su lesión periespiritual.

Debemos procurar luchar con firmeza ante la depresión, y los caminos que debemos procurar son el tratamiento medicamentoso, (muchas veces necesario), trabajo espiritual incluyendo la desobsesión, el agua fluidificada, pases magnéticos, trabajo beneficioso, cambio de actitud mental etc.

Es necesario que después de que iniciemos el proceso de recuperación, nos mantengamos vigilantes, pues es muy común la mejoría cíclica, con altos y bajos “vigilemos y oremos”. Es muy importante aprovechar los periodos de mejoría para emprender trabajos edificantes en el bien, consolidando las conquistas efectuadas.

Debemos tener conciencia de que nada ni nadie tiene la capacidad de hacernos infelices si nosotros no queremos. El centro de la gravedad de nuestro equilibrio psico-emocional tiene que estar localizado dentro de nosotros y no en las cosas exteriores.

No se debe acondicionar la felicidad a algo que acontezca o esperar que alguien nos haga feliz. Estando equilibrados establemente, amándonos y aceptándonos como somos, pasamos a vivir el presente y aceptamos a las personas y a las circunstancias como ellas son. Más allá de eso, pasamos a ver las cualidades del otro y no sus defectos, pues, generalmente vemos al otro como un reflejo de nuestro estado interior.

La depresión tiene varias caras. Desde el punto de vista humanístico, el amor, desde la infancia, es factor primordial y comienza dentro de la familia. Si la relación es sincera entre la criatura y los padres, ella crece dentro de un hogar estructurado, aun mismo con todas las dificultades naturales de una relación humana. Desde muy temprano el individuo  aprende a lidiar  con la insatisfacción, con las crisis, con el respeto, amistad, desprendimiento y otros aspectos importantes en las relaciones.

El depresivo mejora mucho, cuando observa que alguien se interesa por el, precisa sentirse reconocido, sin eso, comienza a sentir una sensación de vació y angustia.

Bajo el punto de vista medico, la depresión es  una falta de neuro transmisores en el cerebro, que necesita de medicamento, ósea de un control químico.

Por el ángulo espiritual, la culpa, el remordimiento, la amargura y el resentimiento llevan a la persona a estados depresivos, pudiendo causar el desenvolvimiento de dolencias psicosomáticas y hasta incluso el cancer. Por tanto, el amor y el perdón que la doctrina espirita tanto nos enfatiza son sentimientos también preventivos.

Aunque la verdadera prevención está en el auto conocimiento, en el amor a si mismo y al prójimo, teniendo conciencia de que los seres humanos son como son, y no de la forma que nos gustaría que fuesen.

Los espiritas sabemos que la reencarnación es la llave que recibimos de la Misericordia Divina para el perfeccionamiento de nuestro Espíritu, y que en ese camino siempre encontramos  a Espíritus que nos aman y se preocupan con nuestro estado corpóreo y espiritual.

TODO ENCARNADO DEPRIMIDO ENCUENTRA EN LA DOCTRINA ESPIRITA una excelente aliada para la recuperación de su salud. Basta querer encontrar el remedio cierto, en la medida cierta, en la hora cierta.

Cuando nos encontremos sumergidos en un estado depresivo,  en la lucha inmensa, recordemos que el Señor nos condujo a semejante posición de sacrificio, considerando la probabilidad de nuestra exaltación, y no olvidemos que la crisis es fuente sublime de espíritu renovador para los que saben tener la esperanza.

Cuando se elige una existencia enriquecida con paz y bienestar, no se está eximido del sufrimiento, de las luchas, las dificultades que aparecen. Por el contrario estos surgen  como desafíos perturbadores que las personas deben afrontar, sin perder el rumbo ni alterar  el placer que experimenta en la preservación del comportamiento elegido. De esa forma transformamos los estímulos aflictivos en contribuciones positivas, sin lamentarnos, sin sufrir, sin desistir.

Quien en la lucha ve tan solo sufrimiento, posee una conducta patológica  y necesita del tratamiento adecuado.
La vida es una bendición y debe mantenerse saludable, alegre, aun cuando se encuentre bajo la imposición liberadoras de pruebas y expiaciones.

Si tornas tu vida agradable, serán fructíferos y llenos de sol tus días.
Ser feliz o desventurado es una opción voluntaria.

La inspiración superior nunca nos falta, no obstante, el sintonizar con ella será una aspiración personal.

Si construimos las estructuras existenciales en la mente, las transformamos en realidad en el trayecto carnal.

De nosotros depende coordinar los movimientos, elegir la meta y avanzar
Trabajo realizado por Merchita
Extraído de diversos artículos espíritas, que tocaban el tema de la depresión.


Cuando tu vida se vuelva noche, no desesperes, busca las estrellas…. ( Autor desconocido )


Ver el blog inquietudesespiritas.blogspot.com

viernes, 18 de noviembre de 2011

La muerte, según diversas culturas


    El fenómeno biológico de la muerte, desde la aparición del hombre en la Tierra, ha sido observada en algunas culturas, como la continuidad de la vida, siendo estrechamente relacionadas con las creencias religiosas sobre la naturaleza de la muerte y la existencia de una vida después de ella, y en algunos otras, como la negación absoluta de la misma, especialmente en la cultura occidental, donde las religiones han influido notoriamente sobre sus adeptos creándoles un cielo o un infierno, donde estarán irremediablemente destinados hasta el fin de los tiempos.

     Todo el ritual que acompaña a la desencarnación del ser, implica importantes funciones psicológicas, sociológicas y simbólicas para los miembros de una colectividad y tiene que ver, no sólo con la preparación y despedida del cadáver, sino también con la satisfacción de los familiares y la permanencia del espíritu del fallecido entre ellos.

   En todos los pueblos primitivos se han encontrado vestigios de la creencia en la inmortalidad del alma, sin que esos grupos étnicos jamás mantuvieran cualquier contacto entre ellos.  Habitando distintos puntos del planeta, desarrollando su propia cultura, en ellos se presentan los mismos cultos no obstante las conquistas alcanzadas, todas basadas en la certeza de un principio creador, justo y sabio, que recibe, para juzgar, a aquellos que retornan de la Tierra después de la muerte física.   La mitología de cada país es un océano de hechos espirituales, en el cual desembocan los ríos del conocimiento que se confunden, por identidad de informes, con respecto a la continuación de la vida después del desgaste carnal.

   Los primeros entierros de que se tienen evidencias son de grupos de Homo sapiens. Además, los restos arqueológicos indican que ya el hombre de Neandertal pintaba a sus muertos con ocre rojo. Las prácticas de lavar el cuerpo, vestirlo con ropas especiales y adornarlo con objetos religiosos o amuletos son muy comunes. A veces al fallecido se le atan los pies, tal vez con la intención de impedir que el espíritu salga del cuerpo. El tratamiento más meticuloso es el del embalsamamiento, que nació, casi con seguridad, en el antiguo Egipto. Los egipcios creían que el cuerpo tenía que estar intacto para que el alma pudiera pasar a la siguiente vida, y para conservarlo desarrollaron el proceso de la momificación. En la sociedad occidental moderna se realiza este proceso para evitar que los familiares tengan que enfrentarse con el proceso de putrefacción de los restos.

   Para los Sumerios, el difunto entraba en el Kur, el “Gran Abajo”. Allí presentaba ofrendas a los dioses con los que se quería conciliar. Luego era acogido por otros muertos con los que viviría en el “País sin Retorno”.
Para los egipcios, el alma del difunto accedía al reino de Am-Duat, donde se beneficiaba de los favores de Osiris, dios de la inmortalidad. Pero antes de vivir en paz para toda la eternidad, el alma tenía que sufrir varias pruebas reveladas en el Libro de los Muertos, llamado así por los arqueólogos que encontraron el manuscrito, pero que sería más correcto traducir como Libro de la Salida a la Luz del Día. En el antiguo Egipto, la muerte no era considerada como un final en sí mismo, sino como un nacimiento.
     Los funerales de los gobernantes representaban un evento religioso para la población; además, las Pirámides eran un símbolo y prueba de la autoridad real, pues los faraones encarnaban la permanencia social, la autoridad espiritual y temporal y su muerte ponía en peligro todos estos elementos.

   En la India, las creencias en la reencarnación se basan en un sistema complejo que permite saber si el alma del difunto volverá o no a la Tierra. Según el Hinduismo, existen 16 puertas divididas en tres grupos por las que el alma puede salir. Según el grupo de puertas por las que se escapa, podrá acceder el difunto a un reino superior, o tal vez renacerá, o bien, finalmente se transfigurará y entrará definitivamente en un ciclo de renacimientos.

   En Grecia, Egipto y la China, los esclavos, a veces, eran enterrados con sus amos, ya que se creía que en la otra vida el muerto iba a seguir necesitando sus servicios.

   En la India, llegado al lugar previsto para la ceremonia, el cortejo se paseaba alrededor del féretro y antiguamente, en algunos grupos, la viuda realizaba el suttee, es decir, se autoincineraba en la pira funeraria del marido. Finalmente las cenizas se depositaban en un río considerado sagrado.

   En Tailandia, después de la cremación del monarca, el nuevo rey y los miembros de la familia real tradicionalmente buscaban entre las cenizas fragmentos de huesos. Estas reliquias se convertirían en objetos de culto que, de forma indirecta, significaban la continuidad de la presencia y autoridad del monarca fallecido.
Pueblos griegos y latinos representaban a la muerte como una figura triste, con una antorcha apagada. En el cristianismo, se simboliza con un esqueleto armado de una guadaña.
    Según el antropólogo B. Malinowski, los nativos de las islas Trobriand, cuando celebran su fiesta anual de la Milamala, tienen especial cuidado de no exponer al aire ningún tipo de punta, extremo de lanza u objetos punzantes, ya que estos podrían dañar a los espíritus de sus difuntos, que en tal fecha acuden en masa a sus poblados para celebrar con ellos tan importante efemérides.

   El ritual funerario varía acorde con las costumbres de cada pueblo. En todas las sociedades se prepara el cadáver antes de colocarlo en el féretro, y su despedida está en función de las creencias religiosas, el clima, la geografía y el rango social. La cremación se práctica en algunas culturas con la intención de liberar el espíritu del muerto. La exposición al aire libre es común en las regiones árticas y entre los parsis (seguidores de una antigua religión persa, el zoroastrismo), donde también tiene un significado religioso. Practicas menos comunes son arrojar el cadáver al agua después de un traslado en barco y el canibalismo.

    En las sociedades precolombinas de América, la muerte era un acontecimiento muy ritualizado, lo que obligaba a ceremonias de todo tipo, acompañadas de ofrendas, alimentos y objetos de acompañamiento y regalos de mucha utilidad durante el largo viaje que se iniciaba tras la muerte.

    Entre los Mayas se diferenciaba el enterramiento según la clase y categoría del muerto. La gente ordinaria se enterraba bajo el piso de la casa, pero los nobles solían ser incinerados y sobre sus tumbas se erigían templos funerarios.

   Los Aztecas, que creían en la existencia de paraísos e infiernos, preparaban a los difuntos para un largo camino lleno de obstáculos. Tenían que pelear para poder llegar al final y ofrecer obsequios y regalos al señor de los muertos, que decidía su destino final.

   Entre los indígenas americanos se creía que el alma de los difuntos viajaba a otra parte del universo, donde disfrutaba de una vida placentera mientras que desarrollaba las actividades cotidianas. El alma de los desdichados o perversos, vagaba por los alrededores de sus antiguas viviendas, provocando desgracias.

   La Iglesia Católica instituyó el 2 de noviembre como el Día de los Difuntos, cuyo objetivo es interceder ante Dios con oraciones, sacrificios y limosnas por las almas del purgatorio para que abandonen esta morada y vayan al cielo. Fue declarado por primera vez en los monasterios Cluniacenses en el año 998.

   En culturas como la mejicana, se cree que las almas de los muertos vienen a visitar a sus amigos y familiares, por ello acuden a los cementerios para arreglar las tumbas y colocar flores, velas y alimentos. Para ellos, no es un día de duelo, sino de celebración, con desfiles, mercadillos y conciertos.

   A través de la antropología se ha logrado determinar que existen cuatro elementos simbólicos principales en las prácticas funerarias. El primer simbolismo es el color negro, el cual es asociado con la muerte en algunas culturas y en la actualidad esta ampliamente difundido. El segundo elemento es el pelo de los familiares, que puede estar rapado o, por el contrario, largo y desordenado en señal de tristeza. El tercer elemento son las actividades ruidosas con golpes de tambor o cualquier otro instrumento y el cuarto elemento, es la utilización de algunas prácticas mundanas en la procesión con el cadáver.

   En las sociedades occidentales modernas, los rituales funerarios engloban velatorios, procesiones, tañido de campanas, celebración de un rito religioso y la lectura de un panegírico. El deseo de mantener viva la memoria del difunto ha dado lugar a muchos tipos de actos, como la conservación de una parte del cuerpo como reliquia, la construcción de mausoleos, la lectura de elegías y la inscripción de un epitafio en la tumba.

Uno de los más intrigantes problemas humanos, ha sido la interpretación del hombre sobre la vida, después del fenómeno de la muerte. Saber si la vida se acaba cuando sufre la transformación material, ha constituido un gran desafío para la inteligencia.
La documentación es preciosa y muy amplia, y es periódicamente reexaminada y aumentada con nuevos hechos y datos que la enriquecen más y la mejoran. Si la vida fuera destruida con la muerte, ella no tendría sentido en sí misma, ni finalidad, en razón de su fragilidad y brevedad.

   Para los materialistas, la muerte es el fin de todo, pues la vida se reduce a nacer y morir: No creen que algo sobreviva después de la muerte, ni en el alma o espíritu, no creen en Dios, y por consecuencia creen que extinguida la vida material todo se acaba. Los materialistas son tan orgullosos que no admiten la posibilidad que exista alguien superior a ellos, e ahí la causa de no creer en Dios.  Pero, si sólo existe la materia, ¿cómo surgió el universo con leyes inmutables, perfectas y organizadas? Si el hombre no creó el cielo, las estrellas y las demás obras de la naturaleza, con gran perfección, todo nos lleva a creer en un ser superior llamado Dios. Se reconoce al creador por su obra.

   Bien, si creemos en Dios, ¿por qué nos crearía para después aniquilarnos? ¿Usted que es padre o madre, le gustaría que sus hijos murieran para siempre? Si nosotros que somos seres imperfectos, y no queremos que nuestros hijos mueran, imagínese a Dios que es infinitamente perfecto, justo y bueno. Tenga la certeza que él no quiere eso para nosotros.

   Los espiritualistas creen que existe un alma o espíritu que sobrevive después de la muerte física, pero su destino está definido por su conducta en una única existencia. Para ella sólo hay dos posibilidades: el cielo eterno para quienes hicieron el bien o el infierno eterno, para quienes hicieron el mal.  No creen que los muertos puedan comunicarse con los vivos, porque Moisés lo prohibió (Deuteronomio 18:10 - 12 y Levítico 19:31 y 20:27). Sin embargo si Moisés lo prohibió es porque era posible comunicarse con ellos, pues nadie prohíbe algo imposible. Y, si los muertos van al cielo o al infierno de acuerdo a su comportamiento en la vida, ¿por qué entonces, vamos al cementerio a recordarlos y orar por ellos? Se supone que ellos no nos oyen más, o no podemos interceder por ellos, puesto que su suerte está irremediablemente definida. Jesús, nos mostró que podía ser posible el intercambio entre vivos y muertos, conversando con Elías y Moisés en el Monte Tabor.
    La demostración mediúmnica de la inmortalidad del alma, proporciona valor al hombre, cuyos horizontes se hacen más amplios y lejanos, asignándole posibilidades infinitas y realizaciones sin término.  Desde entonces, los valores éticos se agigantan y el amor adquiere una dimensión ilimitada, uniendo a todos los seres bajo el árbol de la fraternidad que impulsa a la búsqueda de la felicidad por medio del trabajo y de la lucha que subliman.

   Vemos a madres de criminales que lloran por sus hijos que están presos, pidiendo a Dios su regeneración. Jesús, el amigo excelso, nos enseñó que debemos perdonar siempre, ¿por qué Dios, que es más perfecto y bueno que nosotros no nos perdonaría nuestros errores? Dios nos perdona siempre. Si caminamos en el error, con certeza iremos a zonas de sufrimiento, pero saldremos de allí, arrepintiéndonos y reparando el mal que realizamos. Si nos vamos para el “infierno” o los “umbrales de la vida”, no es porque Dios nos castigó, sino porque transgredimos las Leyes de Dios, y esta ley, como todas las otras, da una reacción a cada acción que practicamos.
     La iglesia decidió arreglar en parte el equívoco de las penas eternas, en el año 593, creando el llamado purgatorio, sitio donde las personas que tenían pecados leves podían ser salvadas con oraciones pagadas. En la época de la Inquisición, existían las llamadas indulgencias, donde cada pecado tenía un precio. De acuerdo a esto, sólo los ricos que estaban en el purgatorio podían ser “salvados”, pues los pobres no tenían el dinero para comprar sus pecados.  Sin embargo, el dinero fue utilizado para construir el imperio de la Iglesia Católica, donde se encuentra hoy el Vaticano. Lutero que era católico, percibió tales disparates y desencadenó, en el siglo XVI, el movimiento llamado Reforma Protestante, creando una nueva religión que abolió las imágenes, las indulgencias y buscó seguir la Biblia al pié de la letra. A raíz de ello, Lutero fue excomulgado de la Iglesia Católica.

   Para la cultura Espírita, la muerte no existe, pues somos espíritus inmortales y solo cambiamos de plano cuando dejamos la vida física, ya que retornamos a nuestra patria espiritual. Para nosotros no existe ni el cielo, ni el infierno, solo estados de conciencia. Es decir, quienes son buenos, tienen la conciencia tranquila y viven en paz; pero para aquellos que persisten en el camino del error y del mal, sufrirán penas morales por los actos practicados y solo saldrán de ese estado, cuando se arrepientan y reparen el mal que hicieron. La Tierra ya no es el punto final, la estancia única para el ser, sino que es una escuela para el aprendizaje y para la adquisición de la experiencia, lo cual, trabaja a favor del perfeccionamiento del espíritu.

    El dolor deja de ser un castigo de la vida para transformarse en inevitable efecto de la opción personal de cada cual, que escoge tal o cual camino, de paz o de violencia, de esfuerzo o pereza para crecer y progresar.
Por eso, el día de los muertos, recordémonos siempre de nuestros familiares y amigos desencarnados, con alegría. Y no nos olvidemos de prepararnos para nuestra partida de este mundo, mejorando nuestra conducta moral ante nuestro prójimo y procurando no apegarnos mucho a los bienes terrenales, para que cuando regresemos al mundo espiritual podamos llegar con nuestra conciencia tranquila.

    La mentora espiritual Juana de Angelis, en su libro “Autodescubrimiento”, nos enseña que “el dolor ante la muerte de un ser querido, es consecuencia entre otros factores, de atavismos psicológicos, filosóficos y religiosos, que no educaron al individuo a considerar natural, como lo es, al acontecimiento que forma parte del proceso orgánico para el cual la vida se expresa”.

   “La propia conceptuación de la muerte como fin, es frágil e insostenible, porque nada se extermina y los muertos no han interrumpido el flujo existencial. Se transfieren de onda vibratoria, se dislocan temporariamente, pero no se aniquilan. Continúan viviendo, se comunican con aquellos que quedaron en la Tierra , establecen nuevos lazos de intercambio, aguardan a los afectos y los reciben, a su vez, cuando desencarnan”.

   “Es justo que se sufra el dolor de la separación, que se llore la ausencia, que se interrogue en silencio cómo se encontrará en la nueva situación el ser amado. No obstante, la desesperación no se justifica, por no ecuacionar ni llenar el vacío que queda”.

   “Manifestar el dolor mediante los recuerdos felices, señalados por el rocío de las lágrimas, revivir episodios marcantes con ternura, repartir los haberes con los necesitados en su memoria, envolverlos en oraciones y crecer íntimamente, son recursos valiosos para la liberación de las amarguras consecuentes de la muerte”.

   Con la Doctrina Espírita existe “la esperanza del reencuentro, de la comunicación y gracias al afecto preservado, se ilumina, se suaviza y mantiene sólo las señales de la gratitud por haber disfrutado de esa presencia querida”.

Oscar R. Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís - Santa Marta, Colombia

       " Dentro de la visión espírito-cristiana, cielo, infierno y purgatorio empiezan dentro de nosotros mismos. La alegría por el bien practicado son los cimientos del cielo. La mala intención es un piso para el purgatorio, y el mal conscientemente realizado, positivado, es el remordimiento en donde comienza el infierno."
- Chico Xavier -

jueves, 17 de noviembre de 2011

Vida y muerte



Cuentan que el príncipe Siddharta Gautama, después de su iluminación, interrogó oportunamente a sus discípulos, preguntando qué era lo opuesto a la muerte, y ellos contestaron que era la vida.

Después de reflexionar por un momento, el noble maestro explicó, tranquilo, que el inverso de la muerte era el renacimiento, ya que siempre estamos en la vida, la cual deambula a través del cuerpo físico y fuera de él.
En realidad, la vida biológica experimenta, inevitablemente, su disgregación cuando ocurre el fenómeno de la muerte, que libera al Espíritu inmortal de la cápsula en la que se enclaustra.

Viajero del tiempo y del espacio, navega los océanos de energía, energía pensante en la que él, se viste, se desnuda  y se reviste de materia orgánica para el ministerio de la evolución, en cuyo curso se encuentra inscrito.

La vida, por lo tanto, desde que es creada por Dios, jamás se extingue, cambiando constantemente de forma de acuerdo con los instrumentos que utiliza, hasta lograr el estado de plenitud o alcanzar el Reino de los Cielos.

La inevitabilidad de la muerte biológica debe constituir una cuestión de fundamental importancia en las reflexiones de todas las criaturas, teniendo en cuenta que llegará el momento en que será alcanzado por ella.

Dependiendo de las circunstancias y de los factores que la desencadenan, la muerte fue transformada en tabú, como si fuese una verdadera desgracia, cuando es simplemente una puerta que se abre en dirección a la realidad...

La concientización de la transitoriedad del cuerpo somático, elaborado por el Divino Amor Para que se constituyera en el suelo fértil para la fecundación y desarrollo de los atributos adormecidos en el Espíritu, representa una conquista valiosa para la armonía del ser durante el aprendizaje terrestre.

Proporcional al respeto que se le dedica a la estructura orgánica, se obtiene una existencia equilibrada o atribulada, lo cual proporciona una liberación fácil o tardía, dependiendo de la manera como haya utilizado su cuerpo. De esta forma, la muerte no significa el fin de la vida, sino la bendición del renacimiento en otra dimensión pletórica de vibraciones y de progreso.

Si no fuera de esta forma, todo proyecto de realización del ser humano perdería su gran significado, cuando la  desoxigenación cerebral anulase las continuas modificaciones celulares.

El ser humano tiene como destino la conquista del infinito, y ese objetivo no puede ser alcanzado solamente en una etapa, considerando la incontable pluralidad de constelaciones y de galaxias, que el Padre creó para que sirviesen de morada a Sus hijos…

El sentido psicológico del existir, igualmente sería afectado, debido al pequeño espacio entre la cuna y el túmulo, preludio del aniquilamiento de la inteligencia de la razón, teniendo en cuenta la eternidad…
La muerte, por lo tanto, es renacimiento, sueño momentáneo que posibilita el despertar en un nuevo campo vibratorio.

***

Aquellos seres queridos que han muerto, en realidad no se consumieron, conforme lo establecen algunas corrientes del materialismo, anulando la grandeza de la vida. Ellos viven y esperan por ti, acompañándote y auxiliándote en la adquisición de los tesoros inmarcesibles de las virtudes espirituales.

Ellos resguardan a los seres queridos, siendo poseedores de una visión más amplia en torno de la realidad que enfrentan, y les agradaría que también fuese conquistada por los seres queridos que aún están en la retaguardia.

Por esta razón, nos animan en medio de las pruebas, ofreciéndonos sus brazos amigos e inspiración continua para que permanezcamos en paz, en medio del rugir de las borrascas peligrosas que se desatan sobre nuestras existencias con cierta frecuencia...

Pero no todos son felices, como se puede comprender fácilmente.

Cada uno despierta conservando los valores con los cuales se adormeció.

Todos los títulos de mérito o demérito permanecen válidos para aquel que los poseyó durante la jornada carnal, después de su descenso al túmulo.

De esta forma, los Espíritus venturosos de hoy son aquellos que se empeñaron en el culto de los deberes elevados, que transformaron su existencia en una hermosa escuela, en la cual desarrollaron la inteligencia y enternecieron el corazón, transformándose en una sinfonía viva del amor.

Aquellos otros, por tanto, que en la existencia terrestre solamente cultivaron los sentimientos negativos, atados a las pasiones nefastas, profundamente vinculados a los vicios, con dificultad se separarán de los despojos en degradación, dando paso a las alucinaciones en las cuales se complacían.

Son infelices y siembran infelicidad, ya que se acercan a las criaturas que vibran en su mismo diapasón, inspirándoles ideas perturbadoras, intoxicándoles con sus fluidos deletéreos, induciéndoles en situaciones deplorables y sometiéndolos, muchas veces, a sus caprichos infelices...

Desconociendo los recursos de elevación o negándolos, yacen en la cárcel de la propia insania, prolongando los padecimientos que los visitaran antes de la desencarnación y que les obstaculizan la alegría y la esperanza...

Sin embargo, no permanecen eternamente en ese estado de mezquindad y aflicción, porque la misericordia del Padre les busca, impulsándolos a los renacimientos expiatorios por medio de los cuales se depuran y se renuevan.

La muerte, por tanto, no debe ser considerada como un desafortunado acontecimiento de la vida, sino al contrario, como la reveladora de la realidad espiritual, en la cual, todos se encuentran inmersos.

Por esto mismo, morir no es conquistar una ventura excelsa, si antes no se atesoró sus pródromos en forma de amor, abnegación y vivencias dignas durante la jornada terrestre.

Cada criatura, por lo tanto, muere conforme vivió, y despierta tal como murió.

***

No esperes milagros en la desencarnación, cuyo objetivo es conducir hacia el Gran Hogar al aprendiz que viajó antes en la dirección de la escuela terrestre, donde debió haberse mejorado y crecido moralmente.

Cultiva el pensamiento en torno a la desencarnación como una bendición que un día te alcanzara, y no te permitas temerle.

Recuerda a aquellos que se apartaron físicamente de ti pero que no te abandonaron, tratando de sentirlos, captar sus pensamientos y sus emociones cuando son felices, y, si por acaso les percibes las aflicciones, envuélvelos en dulces vibraciones de amor y de ternura por medio de la sublime emanación de la oración, lo cual les hará un gran bien.

Joanna de Angelis

Mensaje Psicografiado por el médium Divaldo Pereira Franco
, en la mañana del 22 mayo 2009, en la residencia del Sr. Josef Jackulak en Viena.
Nota: Siddharta Gautama es el nombre de pila del Maestro Buda

( Ver también  inquietudesespiritas.blogspot.com )

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Espiritismo: Trabajo, solidaridad,tolerancia




Trabajo, Solidaridad y Tolerancia. Tres palabras con un profundo significado social, que invitan al reconocimiento de nuestra responsabilidad individual y colectiva en el fortalecimiento de las bases de una sociedad más justa y feliz.

La Creación Divina, ultrapasa los límites del razonamiento humano, formando humanidades desde los rudimentos de la mónada hasta la plenitud de la espiritualización angelical, recorriendo el largo camino de la evolución sobre las bases firmes de la Planeación Divina que actuando como rieles de conducción, lleva el tren del progreso hacia la estación segura de la eternidad.

Atendiendo al diseño psicológico de la humanidad terrestre, se identifican claramente las diferentes etapas de cimentación espiritual que han estampado su paso por la superficie del Espíritu humano, desde los rudimentos del instinto primitivo, pasando por la adquisición del raciocinio y luego de los preludios de la espiritualización, la Providencia donó los recursos orientadores necesarios para garantizar la transición de una “edad espiritual” a otra. Estos recursos se manifiestan a través de los mentores y nobles obreros de la espiritualidad que plasmaron incluso con el sacrificio de sus vidas el ejemplo vivo de las virtudes que es necesario adquirir para garantizar la felicidad futura, siendo ellas leyes universales, aplican para todas las culturas antiguas y modernas.

De esta forma, después de canalizar la ley de Justicia a través de Moisés que favoreció a la implantación del respeto a Dios, la Ley del Amor vivida por Jesús de Nazareth que cultivó la necesidad del entendimiento y la fraternidad entre las criaturas, se ha logrado instalar a la humanidad dentro del camino que conduce a la madurez espiritual, pero que aún está lleno de escollos y tropiezos, principalmente representados en el orgullo y el materialismo, tenebrosos enemigos del hombre.

Los avances tecnológicos están al orden del día, las inteligencias florecen por todas las latitudes y paralelamente, las guerras, las hambrunas, las enfermedades y la desorientación espiritual campean en el horizonte del terruño humano.

La Providencia define la necesidad de una nueva revelación Divina, que permita la unificación de las dos anteriores cerrando el triángulo de la educación espiritual de la humanidad terrestre. Una tercera revelación que ya no es presentada por un solo individuo, sino que compete a los millares de Espíritus que bajo la égida del Cristo extienden el mensaje redentor a toda la humanidad y se compila bajo la estructura doctrinaria del Espiritismo.

Doctrina que descansa sobre las bases de la Ciencia, Filosofía y Moral, emana de la Programación Divina vertida a la humanidad para reivindicar la necesidad de la elevación moral mediante la práctica de la Caridad, el Conocimiento de sí mismo y el reconocimiento de nuestra condición de Espíritus creados para vivir para siempre, con la misión de ser felices, mediante la construcción individual del futuro. Libertadora del pensamiento y consoladora de los corazones afligidos, invita al perfeccionamiento incesante.

Andrés Abreo Cubillos Asociación Espírita Tercera Revelación
Bogotá, Colombia

martes, 15 de noviembre de 2011

Matrimonio




La modernidad ha traído, entre otros muchos males, que las relaciones de pareja se hayan vuelto algo superficial, donde preponderan el placer carnal y los intereses mezquinos del hombre o de la mujer, amparándose en el acelerado ritmo de la sociedad actual que termina por afectar la vida en común y sus aspiraciones, dificultando la convivencia; infidelidades, desconfianza, falta de compromiso son, entre otras cosas, el pan de cada de día de las relaciones de pareja, siendo esta la punta del iceberg de un hasta hoy, ignorado problema de desamor.

Los espíritus al ser consultados por Kardec acerca del matrimonio, en la pregunta 695 de “El Libro de los Espíritus”, respondieron en forma sabia y sencilla que “era un progreso en la marcha de la Humanidad”, razón por la cual, el hombre encarnado en la Tierra debe preocuparse en mayor medida, por la buena salud de las relaciones de pareja, aplicando el principio cristiano de “no hacer a los demás lo que no quisieras que hagan contigo”.

Al ampliar la respuesta dada por los espíritus a la pregunta 696, acerca de la abolición del matrimonio, Allan Kardec asegura que: “La unión libre y fortuita de los sexos es el estado natural. El matrimonio es uno de los primeros actos de progreso en las sociedades humanas; porque establece la solidaridad fraternal y se encuentra en todos los pueblos, aunque en diversas condiciones. La abolición del matrimonio sería, pues, el regreso a la infancia de la Humanidad, e incluso, colocaría al hombre por debajo de ciertos animales que le dan el ejemplo de uniones constantes”.
El hombre necesita de la vida social, y es en la unión conyugal, donde encontramos el punto de partida de la célula generadora de la familia, donde el progreso se hace efectivo en el ser a través del estrechamiento de los lazos sociales, pues tal como lo plantean los espíritus en la respuesta a la pregunta 774 de “El Libro de los Espíritus”, los lazos de familia son una ley natural, pues de esta manera Dios los insta a amarse como hermanos.

Acorde a las enseñanzas de Emmanuel en “El Consolador Prometido por Jesús”, reconocemos que el matrimonio constituye una dura prueba, pero que sirve de redención para aquellos espíritus que, comprometidos en el pasado, necesitan saldar sus cuentas con la ley de causa y efecto.  Por eso, “para conquistar la paciencia y el heroísmo domésticos es menester la más arraigada fe en Dios, y tomar como espejo divino el ejemplo ofrecido por Jesús en su apostolado de abnegación y dolor sobre la faz de la Tierra .
Especialistas en el tema de las relaciones de pareja aseveran que:

Todas las parejas pasan en algún momento de su relación por situaciones de crisis. Lo importante en esos momentos es afrontarlas y superarlas actuando con madurez y asumiendo los vaivenes de la relación como algo normal que ocurre en todas las relaciones pero que hay que tratar de solucionar.

Ante las dificultades, no debemos caer en el abandono de la pareja ni dejar que las cosas se solucionen solas. Es importante una actitud activa y hacer todo lo posible por salir de esa situación, averiguando cuáles son los motivos que la provocaron y procurar que no vuelva a ocurrir.

Para que una relación sea sólida debe estar basada en el amor, confianza, respeto y comunicación. De esta forma, aunque no va a estar exenta de dificultades será más fácil superar todos los obstáculos que se puedan presentar, pues se apoya en los pilares básicos de una relación afectiva” .

Quién puede poner en duda semejantes aseveraciones, que llevadas a la práctica generarían un estado de bienestar para la relación de pareja, pero que en aquellas relaciones donde los intereses particulares de cada pareja priman por encima del objetivo común, representan simple y llana teoría que de nada sirve si no existe la verdadera motivación en las relaciones humanas que es el amor. Como enseña André Luiz en la obra “Opinión Espírita”, “Todo corazón necesita de amor. Urge discernir, pues, cómo se ama y cómo se es amado ”.
Pero, ¿Dónde podemos encontrar respuestas claras, concretas y precisas a este tema que afecta de una u otra manera a todos los espíritus que hasta hoy han reencarnado en la Tierra? Compleja respuesta que difícilmente nos la van a responder los más eruditos especialistas en el campo familiar y que de espaldas a la ley de reencarnación, pretenden sentar cátedra alrededor del tema.

Para quienes se amparan bajo la frondosa sombra intelecto-moral que nos ofrece la Doctrina Espírita, existen obras que nos han legado Espíritus como Juana de Ángelis, André Luiz, Emmanuel, Amelia Rodrigues, Manuel Philomeno de Miranda y muchos otros, obtenidos a través de la mediúmnidad psicográfica, nos permiten tener una mejor apreciación de la complejidad del tema y donde se encuentran las raíces psicológicas profundas que no le permiten al ser encontrar la esquiva felicidad que tanto anhela.

Es necesario reafirmar que, “el orden natural e inherente a la especie humana es, incontestablemente, la monogamia, ya que, teniendo por base la unión constante de los cónyuges, permite que se establezca entre ambos una estrecha solidaridad, no sólo en las horas de regocijo, sino también en los momentos difíciles y dolorosos. Es también de ese modo que los padres pueden dar a los hijos todo lo que ellos necesitan para un desarrollo normal, sin problemas de personalidad.

El matrimonio monógamo es el instituto que mejor satisface los planes de Dios, en el sentido de preparar a la familia para una convivencia de paz, alegría y fraternidad, estado ese que ha de extenderse, en el futuro, a la Humanidad entera .
Si bien es cierto que existen culturas ancestrales que mantienen, aún hoy, vivas y actuantes su manera de llevar las relaciones de pareja, debemos comprender que eso corresponde al estado evolutivo de los espíritus que reencarnan, según sus necesidades de progreso espiritual, en esos pueblos. Podemos mencionar a manera de ejemplo “dos costumbres matrimoniales que han existido y existen en algunas partes; la poligamia y la poliandria. La primera, más extendida, es común en países musulmanes donde todo buen creyente está autorizado a poseer hasta 4 esposas legítimas. En otras regiones africanas y de la India no existen límites en cuanto al número de concubinas, siempre que el marido posea la suficiente holgura económica para mantenerlas a todas por igual. La poliandria es práctica común en el Tibet, donde 2, 3 y hasta 4 hombres poseen con frecuencia una sola mujer común. A esto debe añadirse que cuando una mujer se casa con un hombre que tiene varios hermanos menores, se convierte automáticamente en la esposa de éstos. Además, es común para estas mujeres tener relaciones extramatrimoniales con los lamas o monjes solteros”.

Peor aún es la costumbre en pueblos como los “Danakil del África Occidental, el novio debe haber matado a un hombre para obtener el derecho a casarse. Las costumbres sanguinarias de esta tribu exigen esta imprescindible prueba de virilidad para encontrar esposa. Como vemos, la violencia y la crueldad llegan aquí a formas sanguinarias tan sólo para obtener el derecho a casarse .

En Colombia, algunas tribus indígenas como los Wayuú, de la Guajira, “…viven en clanes que son matrilineales en donde el parentesco está conformado por solo los padres y sus hijos. También, en esta cultura “la poligamia es el modelo preferido de matrimonio, lo cual a su vez es signo de riqueza y señal de prestigio”. En estos matrimonios polígamos, cada esposa vive aparte de las otras con sus hijos y el esposo visita a cada una de sus familias nucleares. Aunque el padre participa activamente en la vida de cada familia, él normalmente se queda con su última esposa” .

André Luiz en su obra “Evolución en dos Mundos”, asevera que el ser “al caer en la poligamia traza para sí mismo una larga ruta de aprendizaje, que no podrá eludir por la matemática del destino que uno mismo se creó”.  Y remata sus apreciaciones asegurando que: “cuanto más se integra el alma en el plano de la responsabilidad moral para con la vida, más aprende el impositivo de la disciplina propia a efecto de establecer, mediante el don de amar que le es intrínseco, nuevos programas de trabajo que le faculten su acceso a planos superiores”.

Pero más allá de las veleidades típicas del ser encarnado, que interpreta acorde a su grado de ignorancia las cosas espirituales, existe una bien organizada planificación de la institución familiar que, según el mentor espiritual Emmanuel “tiene sus orígenes sagrados en la esfera espiritual. Con sus lazos se reúnen todos aquellos que se comprometieron, en el Más Allá, a desarrollar en la Tierra una tarea constructiva de fraternidad real y definitiva”.
Continúa elucidando Emmanuel de esta manera: “En esa institución divina prevalecen los eslabones del amor, fundidos en las experiencias de otras eras. Sin embargo, ahí acuden también los odios y persecuciones del oscuro pasado a fin de transfundirse en solidaridad fraternal, con miras al futuro ”.

Pero, a que se debe la relajación de las costumbres hasta llegar al desequilibrio sexual que se desborda en la exacerbación de las pasiones, al amor degradado al instinto animal, y al predominio de las sensaciones viles, por encima del sentimiento fraterno que debe enriquecer las relaciones de pareja en nuestro planeta Tierra.  En el estudio de las obsesiones encontramos luces de entendimiento a esta problemática, pues como enseña Juana de Angelis: “Espíritus perturbados en sí mismos se reencarnan anatematizados por desequilibrios físicos y psíquicos que proceden de recuerdos negativos y de los errores anteriormente practicados. Espíritus inquietos se reemboscan en la indumentaria fisiológica, azuzados por falsas necesidades a las que se arrojaron impensadamente en las existencias pasadas. Espíritus aturdidos recomienzan la experiencia carnal bajo el guante de pasiones que deben superar y resbalan en las experiencias comprometedoras en las que más se infelicitan. Espíritus ansiosos vitalizan las ideas que los atormentan y establecen conexiones enfermizas con otras mentes, engendrando dramas obsesivos de lamentables consecuencias”.

Diariamente millones de criaturas mal informadas o desavisadas, fascinadas por las ilusiones del placer, se arrojan a los despeñaderos de la locura, por frustraciones y desasosiegos sexuales. Sublime campo de experiencias superiores normalmente se convierte en pantano sombrío de miasmas asfixiantes y tóxicos nefastos”.

“….En la erraticidad, hay mentes ociosas, atormentadas y sedientas, victimizadas por pasiones que aún no se aplacaron, que se encuentran realizando incesante intercambio obsesivo con los que se permiten, en la Tierra, las alucinaciones sexuales y los desavisos afectivos. En uniones terribles, se asocian a ellos con virulencia, explotándoles los centros genésicos y destruyendo en ellos la alegría y la esperanza de vivir”

Juana de Angelis amplia estas orientaciones, haciéndonos reflexionar acerca de la vigilancia de los pensamientos y el control del sexo así: “Cuando inusitados pensamientos te ensombrezcan las estructuras mentales con ideas infelices; cuando los dulces afectos se transformen en los recesos de tu corazón en horno de deseos; cuando la ternura con que envuelves a los que estimas o amas se te presente ardiente o angustiosa; ¡cuando pases a sufrir dolorosas constricciones en la organización genésica, ten cuidado! Ciertamente estarás siendo obsesionado por otros Espíritus, encarnados de mente vigorosa o desencarnados infelices, en trama continua para arrojarte a los precipicios de la alucinación. Levanta el pensamiento a Jesús y entrégate a Él en clima de donación total, seguro de que el Vencedor de todos los embates te ayudará a salir de la cruel constricción, encaminándote en dirección a la armonía… .  

Humberto Mariotti en su artículo “Sexo, Sexualidad y Amor”, plantea lucidamente que: “Hay quienes dicen que el matrimonio en este instante “es una institución fallida”, pero no presentan ninguna alternativa para la construcción de la familia, haciendo de la criatura humana un animal sexual que usa y abusa, dejando, en consecuencia, la prole al abandono…


Cuando el amor dirige las sensaciones, irguiéndolas hacia el área de las emociones, se hace más fácil superar los problemas conyugales, reorganizándose los programas afectivos y reencontrándose el placer de la convivencia.


El orgullo, el amor propio, la inseguridad personal responden por las desconfianzas, las inferioridades que producen sospechas y propician la separación precipitada antes de que el problema pase por el cedazo de la razón y de una meditación más profunda, mediante lo cual se calma la situación y se reanuda el compromiso, que prosigue, quizás, más seguro y más profundo.

Y termina recordándonos que: “El sexo y la sexualidad merecen respeto y buena utilización para atender la finalidad para la cual la Vida los ha organizado” .

Quisiéramos terminar estas disquisiciones tomando un fragmento de la obra “Entre la Tierra y el Cielo”, cap. XXXVIII (Boda Feliz), del espíritu André Luiz y psicografiada por Chico Xavier, que nos permite comprender cuan necesaria es la vida en pareja, amparada por el vínculo matrimonial en nuestra amada Tierra:
A medida que me aumenta la experiencia en el tiempo, reconozco que el matrimonio, por encima de todo es unión de alma con alma”…. “La amistad pura es la verdadera garantía de la ventura conyugal. Sin los cimientos de la comunión fraterna y del respeto mutuo, el matrimonio pronto se transforma en pesadas cadenas de condenados de la cárcel social”.
Oscar Cervantes Velásquez
CENTRO DE ESTUDIOS ESPÍRITAS FRANCISCO DE ASÍS
Santa Marta – Colombia

( Ver el blog   inquietudesespiritas.blogspot.com )

lunes, 14 de noviembre de 2011

Soledad y Jesús

jesus
Cuando las amarguras de la jornada marquen tu alma, atándote al carro sombrío donde la soledad se mantiene prisionera, recuerda al Maestro Crucificado, en su terrible abandono.
¿Dónde estaban los amigos de otrora, las multitudes saciadas y los corazones que fueron socorridos?
Comenzó el ministerio, al que se entregó íntegramente, en las alegres bodas de Caná, y lo concluyó en una Cruz, olvidado por los beneficiarios constantes que lo envolvieron en alegre vocerío.
El Maestro siempre estuvo cercado por las criaturas…
Predicó en las cercanías hermosas de las ciudades y de las aldeas, en las playas libres entre el lago y las montañas, en las Sinagogas repletas y las plazas movimentadas.
Atendió a todos los que buscaron su socorro.
Todo su Apostolado de amor fue de ennoblecimiento.
A la mujer despreciada y humillada, le ofreció las más bellas expresiones de Su mensaje.
Consoló y esclareció a la samaritana atormentada.
Retiró de los cojines de terciopelo y seda a la obsesa de Magdala.
Convidó a Marta a las cuestiones del Espíritu.
Atendió a la mujer Cananea, logrando el equilibrio de la hija endemoniada.
Hanah, la suegra de Pedro, recibió su pase curador.
A la pobre hemorrágica sirio-fenicia le restituyó la salud.
Ofreció a la viuda de Naim, el hijo considerado muerto.
Juana, la mujer de Cusa, recibió su invitación para elaborar la vida imperecedera.
Prodigalizó la bendición del despertar a la hija de Jairo, aprisionada en las telas de la catalepsia.
Aparte de ello, distendió el amor a todos los corazones.
Leprosos y sanos participaron de su convivencia.
Hombres ilustres y mendigos estuvieron vinculados a su amistad.
Recuperó la serenidad del hombre de Gadara atormentado por Espíritus obsesores y curó al hijo del Centurión.
Elucidó al afortunado príncipe del Sanedrín en coloquio fraterno, y proporcionó luz a los ojos cerrados del mísero ciego de las estradas de Jericó.
Honró la rica propiedad de Zacheo  y se alimentó con comidas preparadas en los barcos humildes de los pobres pescadores.
Reveló la Buena Nueva a los sabios de Jerusalén que la escucharon deslumbrados y, en la última hora, enseñó a los ladrones compañeros de crucifixión, la puerta estrecha para la libertad espiritual.
Movilizó los miembros paralizados de Natanael, descendido por el tejado, y reveló a los discípulos del Bautista las señales que lo identificaban como el Esperado…
Millares de almas recibieron la paz y la salud de sus manos.
Los "demonios" sometíanse a su voz.
El mar respeto su orden.
El viento atendió su imperativo.
Las dolencias desaparecían a su contacto.
Los ángeles obedecían su voluntad…
Pese a ello, en la hora de la angustia, sorbió a solas el cáliz de la amargura.
El corazón femenino, envuelto en lágrimas, le presentó junto a la cruz, sólo la nostalgia y la aflicción.
Y probó la armonía, el escarnio y la humillación, en suprema soledad.
Ninguna voz se elevó para defenderlo en las Altas Cortes.
La plebe, que recibiera tanto amor y lo aplaudiera delirantemente en las vísperas, a la entrada de la ciudad, lo olvida ahora.
Entretanto, entregándose y confiado al Padre, venció al mundo y a todos sus engaños y aún después de la muerte, resurgió glorioso, volviendo al amor para la felicidad de todos.
Recuérdate de El.
Sólo en el mundo y el Padre con El.
A la hora de tus pruebas, los compañeros y beneficiarios de tu cariño no pueden estar contigo; seguirán adelante.
La vida los espera más allá.
¡Ten paciencia!
No los ames menos por eso. Ellos necesitan de tu comprensión y de tu afecto.
Elévate, para ayudarlos a elevarse.
Y aunque la muerte venga a tus carnes, renacerás después de las cenizas de la sepultura, en espléndida madrugada, para continuar tu labor junto a aquellos que te abandonaron.
Sin embargo, en tu soledad, Jesús estará siempre contigo.
Juana de Angelis (Espíritu) – Divaldo Pereira Franco (Médium)
Libro “Mies de Amor”

domingo, 13 de noviembre de 2011

Pensamiento y Mediumnidad




La sintonia o afinidad entre el médium y el espíritu comunicante permite que el mensaje llegue sin interferencias ni alteraciones para que pueda existir un diálogo equilibrado y orientador ya que este es el verdadero sentido de la mediumnidad.
El pensamiento es creación y hacia donde se dirija éste, allí también están los sentimientos, por eso se puede lograr la evolución del espíritu hacia el bien y las buenas realizaciones o estancarlo en las tinieblas de la ignorancia.
Se acercan a los seres, espíritus que se sintonizan con sus formas de pensar ayudándolos a imbuirse en aquellos proyectos dañinos o revitalizando los planes de progreso y ascención.
Dice el evangelio que los semejantes atraen a los semejantes, de ahí las tendencias del ser hacia las personas compatibles con sus gustos, trato, dialecto, etc., y total antipatía hacia aquellos que no comparten nada con sus inclinaciones.
La renovación mental, es la gran oportunidad de un cambio sustancial que permita la armonía del individuo con todo lo que lo rodea. El vivir el día a día con la firmeza del mejoramiento espiritual y material le permite al que conoce la doctrina Espírita decir que es un verdadero seguidor de Jesús y practica sus enseñanzas.
De la espiritualidad superior se recibe la orientación para la renovación de la espiritualidad en los seres encarnados pero para esto se necesita de criaturas que se dispongan, preparen y actúen como verdaderos emisarios o canales de comunicación lo suficientemente útiles para ser reconocidos como buenos médiums.
Muchas de las criaturas que han pasado a la dimensión espiritual imbuidos en pensamientos y sentimientos hacia los desajustes emocionales y la maldad viven buscando al encarnado desprevenido que pueda convertirse en su juguete y así poder experimentar la sensación de la materialidad.
En éste momento la tierra es solamente el resultado de la mentalidad de quienes la habitan, predominando en ella la insatisfacción, el desequilibrio emocional, las tendencias negativas y destructoras. sólo en el cambio de mentalidad de los seres que la habitan está la solución.
La tarea de Jesús, el maestro de Nazareth, fue traer a la humanidad todo el conocimiento para su felicidad a través de la Ley del Amor; queda solamente poner en práctica sus enseñanzas para pasar de la enfermedad a la salud, de la noche oscura al día soleado, del estancamiento al progreso espiritual y material.
Así y sólo así, con esfuerzo y dedicación lograremos la elevación espiritual que permitirá transformar los rostros tristes en caras alegres y corazones llenos de esperanza y fe en un mejor porvenir.
Rosalba Suárez Herrera
Asociación Espírita Tercera Revelación 

Pensar es crear y en materia de mediumnidad, si queremos ser útiles, debemos primero educarnos por medio de los libros, ejerciendo el bien con desinterés, sin dejarnos llevar por las cosas materiales o buscando problemas que sólo nos traen mas problemas, combatiendo los vicios, es decir, trabajando por nuestra reforma íntima.
No basta poseer la facultad mediúmnica, es necesario primero limpiar el canal por donde ella va a correr.
La palabra aclara, el ejemplo arrastra.
Magda Zuñiga
Asociación Espírita Tercera Revelación