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lunes, 21 de noviembre de 2011

El Espiritismo y la mujer



   Tanto en uno como en otro sexo, se encuentran excelentes médiums; sin embargo, las más bellas facultades psíquicas, parecen ser privilegio de la mujer. De aquí, la gran taréa que le incumbe en la difusión del nuevo espiritualismo.A pesar de las imperfecciones inherentes a todo ser humano, la mujer, para el que la estudia imparcialmente, no puede menos de ser un motivo de asombro y a veces de admiración. No es solamente en su rostro donde se realizan en la naturaleza y en el arte los prototipos de la belleza, de la piedad, de la caridad, sino que en lo relacionado con los poderes íntimos de la intuición y de la adivinación, ha sido siempre superior al hombre. Entre las hijas de Eva, fue en la antigüedad donde aparecieron sus célebres videntes y sibilas. Estos poderes maravillosos, estos dones de lo alto, la Iglesia creyó deber denigrarlos y suprimirlos en la edad media, valiéndose de los procesos contra la brujería. Hoy vuelven a encontrar su aplicación, porque es especialmente por medio de la mujer por la que se afirma la comunión con la vida invisible.
   Nuevamente vuelve la mujer a revelarse en su misión sublime de mediadora, que lo es en toda la naturaleza. De ella viene la vida; ella es su fuente misma, el regenerador de la raza humana que no subsiste ni se renueva, sino solo por su amor y sus tiernos cuidados. Y este cargo, preponderante, que desempeña en el dominio de la vida, lo cumple también en el dominio de la muerte; pero sabemos que la vida y la muerte son una, esto es, las dos formas alternantes, los dos aspectos contínuos de la existencia.
   Mediadora, la mujer lo es también en el dominio de las creencias. Siempre ha servido de intermediaria entre la fe nueva que avanza y la fe antigua que decae y se empobrece. Tal fue su misión en el pasado, en los primeros tiempos del cristianismo y tal es su misión en el presente.
   El catolicismo, que tanto debía a la mujer, no ha sabido comprenderla. Sus monjes, sus sacerdotes, viviendo en el celibato, lejos de la familia, no podían apreciar el encanto y la energía de este ser delicado, al cual consideraban más bien como un peligro.
   La antigüedad pagana tuvo esta superioridad sobre nosotras; en ella se conoció y cultivó el alma femenina. Sus facultades florecían libremente en los misterios. Sacerdotisa en los tiempos védicos, en el altar doméstico, tomando parte íntima, en Egipto, en Grecia, en la Gália, en las ceremonias del culto, en todas partes, la mujer era el objeto de una iniciación, de una enseñanza especial, que hacían de ella un ser casi divino, el hada protectora, el genio del hogar.
   A esta comprensión del cargo de la mujer, personificando en ella a la naturaleza, con sus intuiciones profundas, sus sensaciones sutiles, sus adivinaciones misteriosas, fue debida la hermosura, la fuerza y la grandeza épica de las razas griega y céltica.
   Porque tal como sea la mujer, así será el niño y así será el hombre. La mujer es, quien desde la cuna, forma el alma de las generaciones. Ella fue la que hizo aquellos héroes, aquellos poetas, aquellos artistas cuyas acciones, cuyas obras irradian a través de los siglos. Hasta los siete años, el niño permanecía en el gineceo bajo la dirección de la madre. Y sabido es lo que fueron las madres griegas, romanas, galas. Mas para cumplir la sagrada tarea de la educación, era necesaria la iniciación al gran misterio de la vida y del destino, el conocimiento de la ley de las preexistencias y de las reencarnaciones, porque esta ley, y solamente esta ley, da la venida del ser que va a florecer bajo el ala maternal, un sentido tan conmovedor y tan bello.
   Esta influencia bienhechora de la mujer iniciada que irradiaba sobre el mundo antiguo, como una suave claridad, fue destruida por la leyenda bíblica de la caída original.
   Según las Escrituras, la mujer es responsable de la caída del hombre; ella pierde a Adán y, con él a toda la humanidad; ella traiciona a Sansón. Un pasaje del Eclesiastés la declara como una cosa más amarga que la muerte. El matrimonio mismo parece un mal: Que los que tengan esposa sean como si no las tuvieran, exclama Pablo.
   Sobre este punto, como sobre tantos otros, la tradición y el espíritu judaicos, han predominado en la Iglesia sobre las miras de Cristo, que fue siempre benévolo, compasivo, afectuoso para con la mujer. En todas las circunstancias la cubre con su protección; le dirige sus más conmovedoras parábolas. Siempre le tiende la mano, aún cuando esté mancillada, aún cuando esté caída. Por esto, las mujeres, agradecidas, le forman una especie de séquito; muchas le acompañan hasta  la muerte.
  Por espacio de largos siglos, la mujer ha sido relegada al segundo término, rebajada, excluida del sacerdocio. Por una educación pueril, mezquina, supersticiosa, se la ha rodeado de trabas, se han comprimido sus más bellas aptitudes, oscureciendo y sofocando su genio.
   La situación de la mujer en nuestra civilización es difícil, dolorosa a veces. Las leyes y los usos no siempre favorecen a la mujer, la rodean mil acechanzas, y si desfallece, si sucumbe, raras veces se le tiende una mano piadosa. La relajación de las costumbres ha hecho de la mujer la víctima del siglo. La miseria, las lágrimas, la prostitución, el suicidio, tal es la suerte de un gran número de pobres criaturas en nuestras sociedades opulentas.
   Actualmente se produce una reacción. Bajo el nombre de feminismo, se acentúa un movimiento, legítimo en su principio, exagerado en su objeto, pues a la par de justas reivindicaciones, afirma miras que harían de la mujer, no ya una mujer, sino una copia, una parodia del hombre. El movimiento feminista desconoce el verdadero oficio de la mujer y tiende a rechazarla lejos de su vía normal y natural. El hombre y la mujer han nacido para desempeñar deberes distintos pero complementarios bajo el punto de vista de la acción social, son aquí valientes e inseparables.
   El espiritualismo moderno, con sus prácticas y sus doctrinas, todas de ideal, de amor, de equidad, juzga de otra manera la cuestión y la resuelve sin esfuerzo y sin ruido. Devuelve a la mujer su verdadero lugar en la familia y en la obra social, mostrándole el sublime cargo que le corresponde en educación y en el adelanto de la humanidad.  Hace más aún.  Por el espiritualismo vuelve ella a ser el mediador predestinado, el lazo de unión entre las sociedades de la tierra y las del espacio.
   La gran sensibilidad de la mujer hace de ella el médium por excelencia, capaz de expresar, de traducir, los pensamientos, las emociones los padecimientos de las almas, las divinas enseñanzas de los espíritus celestes. En la aplicación de sus facultades encuentra goces profundos, una fuente viva de consuelos. La parte religiosa del Espiritismo la atrae y satisface las aspiraciones de su corazón, su necesidad de ternura se extiende más allá de la tumba sobre los seres desaparecidos. El escollo para ella, lo mismo que para el hombre, es el orgullo de los poderes adquiridos, es la excesiva susceptibilidad. Los celos, al suscitar rivalidades entre los médiums, son a menudo una causa de desagregación en los grupos .  De ahí la necesidad de desenvolver en la mujer, al mismo tiempo que sus poderes intuitivos, sus admirables cualidades morales, el olvido de sí misma el goce del sacrificio, y en una palabra, el sentimiento de los deberes y de las responsabilidades unidas a su misión mediadora.
   El materialismo, al no considerar en nosotros más que el organismo físico, hace de la mujer un ser inferior por su debilidad y la arrastra hacia el sensualismo. Por él, esta flor de poesía se doblega bajo el peso de las influencias degradantes, se deprime y se envilece. Privada de su cargo mediador, de su pura aureola, esclava de los sentidos, ya no es más que un ser instintivo, impulsivo, apropiado para las sugestiones del amor malsano. El respeto mutuo, las fuertes virtudes domésticas desaparecen; la discordia, el adulterio, penetran en el hogar, la familia se disuelve, la felicidad se desvanece. Una joven generación escéptica, desilusionada, surge del seno de una sociedad decadente.
   Pero con el espiritualismo, la mujer levanta de nuevo su frente inspirada. Se asocia estrechamente a la obra de armonía social, al movimiento general de las ideas. El cuerpo no es más que una forma prestada, la esencia de la vida es el espíritu, y bajo este respeto, el hombre y la mujer son iguales. De esta manera, el espiritualismo moderno vuelve á las ideas de nuestro Padre. Los celtas, establecen la igualdad de los sexos sobre la identidad de la naturaleza psíquica y el carácter imperecedero del ser humano. Les señala un puesto igual en los grupos de estudios.
    Por el espiritualismo, la mujer se desprende del abismo de los sentidos y se remonta hacia la vida superior. Una luz más pura ilumina su alma, su corazón es un foco de tiernos sentimientos y de nobles pasiones. Recobra en el hogar su misión toda de gracia, de piedad, de abnegación, su grande y divino cargo de madre, de hermana, de educadora, de tierna consejera.
   Desde entonces termina la lucha entre los dos sexos. Las dos mitades de la humanidad se unen, se equilibran en el amor para cooperar, reunidas, al plan providencial, a las obras de la inteligencia divina.
  La sensibilidad de la mujer, su ternura, feminidad, y su gran sentimentalismo, la permiten siempre adentrarse en los dramas de la vida, donde ella siempre elabora trabajos, ensaya métodos, y derrama esplendor, cuando la experiencia la hace ganadora de galardones imperecederos. Con el amor, todas las puertas le son accesibles, porque ella sabe muy bien habilitarse para toda ocasión, como femenina y delicada, ella se adorna según las circunstancias, con el fin, de procurar siempre ejecutar  bien su papel. Instalemos el amor en nuestros corazones,  y tendremos en el futuro un gran tesoro, de donde sacaremos el material necesario, para elaborar un trabajo digno en nuestro cometido, en el área de servicio que nos toca elaborar en esta vida.  
Comentario, elaborado, con mucho amor y cariño de (Merchita).


El olvido de las vidas anteriores, es un beneficio de Dios, quien en su bondad ha querido ahorrar al ser humano, recuerdos casi siempre penosos.En cada nueva encarnación, es lo que él mismo ha hecho de sí.Para él, constituye un nuevo punto de partida. Conoce sus actuales defectos y reconoce que éstos son secuela  de los que antes tenía. De estos no tendrá porqué preocuparse. Bastante tiene con los que ya posee.
- Allan Kardec -

domingo, 20 de noviembre de 2011

Constitución del ser humano



   El Ser Humano está constituido de Alma, Cuerpo Físico y Cuerpos sutiles; es, por tanto, mucho más complejo de lo que se consigue visualizar a simple vista o a través de la tecnología médica existente.

   Para detectar la materia que entra en la constitución de todos los envoltorios,
inclusive la del cuerpo orgánico, la Física tendrá que avanzar mucho más en sus investigaciones, teniendo en vista que la Revelación Espiritual afirma que el Universo está enteramente bañado por Materia Elemental o Hálito Divino; el electrón es también una partícula disociable y la materia física, incluso la más pesada y voluminosa, está constituida de “luz coagulada”.

   Los Instructores Espirituales afirman aún que divisamos apenas una octava parte de lo que acontece a nuestro alrededor, lo que nos da idea de cuanto tendrá que avanzar la Ciencia para descubrir las múltiples dimensiones de vida y el tipo de “materia” que entra en la constitución de cada una de ellas, lo que significa descifrar los múltiples preparativos o modos de “coagulación” de la luz, que entran en la formación de las
partículas de esas diferentes dimensiones (22).

   En 1975, los físicos norteamericanos, Bob Toben y Fred Alan Wolf, en el libro Space Time and Beyond, enunciaron un postulado muy semejante al revelado: “la materia no es nada más que luz capturada gravitacionalmente” (23). Esperamos que la constatación y los desdoblamientos de esa verdad nos lleven a más amplias conquistas en el campo espiritual.

   Nada nos fue revelado sobre la constitución del Principio Espiritual; sabemos, sin embargo, que él concluye el primer estado evolutivo, después de pasara lo largo de la escala filogenético, por el crisol de billones de años de experiencias, animando desde seres unicelulares a los pluricelulares, hasta completar la construcción del cuerpo humano y de los envoltorios sutiles.

   En verdad, él ya pasó por un número incontable de existencias, desde los seres más simples, cuando era “crisálida de conciencia”, hasta conquistar la condición humana y continuará reencarnando hasta alcanzar la condición de Espíritu puro, que no necesita retornar más, a través de la reencarnación al mundo material.

   El ser humano está constituido, además del cuerpo físico, del Espíritu y de un elemento intermediario, la que Pablo de Tarso denominó cuerpo espiritual y, AllanKardec, periespíritu. Una lectura atenta de la obra kardecista trae a la luz el hecho de que el periespíritu es el mismo formado de varias capas, como además señala el Espíritu André Luiz (24). De hecho, sobre el periespíritu (en sentido amplio) o cuerpo espiritual,
las revelaciones confluyen hacia un modelo compuesto de capas, tipo “cebolla”. En este su modelo de cebolla, engloba varios cuerpos, como el vital (doble etérico), el astral, el mental o el causal.

   El cuerpo causal, que integra el periespíritu, está constituido de la ropa inmunda, tejida por nuestras manos en las experiencias anteriores (25), quiero decir, en él están registrados todos nuestros pensamientos y acciones de vidas pasadas. Para los hindús, él sería el Káranakosha (cuerpo causal) o anandamaykosha (cuerpo de bienaventuranza), el cuerpo de luz, denominación esta más apropiada a su estado de mayor depuración.(26)

    El cuerpo mental está considerado como “el envoltorio sutil de la mente” (27). Las referencias hechas a ese cuerpo mental todavía son pocas, pero los Orientadores Espirituales entreabren un campo muy grande, al recomendar que se consideren válidos los estudios ya realizados por otras escuelas espiritualistas al respecto.
El cuerpo astral está constituido de una estructura electro-magnética, formada de electrones y fotones, iguales a los que integran el cuerpo físico, sin embargo, “en otras características vibratorias” (28). Aún sobre él, resumimos las informaciones de Emmanuel, el Espíritu Guía de Chico Xavier, que constan en el libro Roteiro (29):
1)Es todavía un cuerpo organizado, molde fundamental de la existencia para el hombre; 2) Subsiste después de la muerte física, ocupando, en el mundo espiritual, región propia, dependiendo de su peso específico; 3) Está formado de sustancias químicas que obedecen a una escala periódica de elementos, semejante a la de
Mendeleiv, pero en otra franja vibratoria; 4) Se modifica bajo el comando del pensamiento; 5) Se encuentra sometido a las leyes de la gravedad, en el plano en que está.

   El cuerpo vital o doble etérico es el más grosero de todos y tiende a desaparecer con la muerte física. Sin la energía vital, no hay como explicar la complejidad de la célula viva. Ese cuerpo es exteriorizable en parte, como podemos verificar en los experimentos de materialización y en la transmisión de pases magnéticos. Él está “formado por emanaciones neuropsíquicas que pertenecen al campo fisiológico y, que, por ello mismo, no consigue mayor distanciamiento de la organización terrestre, destinándose a la desintegración, tal como ocurre al instrumento carnal, a través de la muerte renovadora” (30).

   Ciertamente, en vistas de su naturaleza física, a pesar de conservarse, por lo general, invisible, no es posible el distanciamiento del doble más allá de una distancia de diez metros sin que esto venga a determinar la muerte del sensitivo.

   Las escuelas vitalista y mecanicista coexistieron durante muchos siglos, y aún están presentes, en el campo científico y filosófico; la primera, preconizando la existencia de una “sustancia” esencial al funcionamiento de las células de los seres vivos; la segunda, reduciendo todo a las propiedades de la química celular.

   Aunque la mayoría de los científicos esté convicta de que la vida se restringe a un mero juego de fuerzas físico-químicas, ese paradigma no explica la extraordinaria complejidad de la filigénesis y de la ontogénesis, ni otros innumerables fenómenos de orden mental y psíquica de la vida humana. Con el debido respeto a las teorías vigentes, osamos decir que el vitalismo permanecerá como uno de los fundamentos del ser vivo.

   Reestructurado en nuevas bases, se tornará, para la biología, una idea recurrente, así como el éter no es para la física; y osamos decir más, él se implantará, definitivamente,debido a la extrema dificultad de explicarse la complejidad del ser vivo, sin los campos de información inmateriales, que son parte intrínseca de él.

    La ciencia establecida no acepta el vitalismo, pero hay científicos que lo defienden, no sólo en la concepción antigua, sino teniendo por base los campos de información inmateriales modeladores de la materia viva, entre ellos, Harold de Saxton-Bürr, Hernani Guimarães Andrade y Rupert Sheldrake, fundamentados en protocolos de investigación bien elaborados y en los excelentes resultados prácticos obtenidos, que están a disposición de los interesados en la producción de esos autores (31).

   Todos esos cuerpos espirituales poseen numerosos Centros de Fuerza o Chacras,de los cuales destacamos el Coronario, Cerebral, Laríngeo, Cardíaco, Esplénico,Gástrico, Genésico, todos ellos con funciones específicas dentro de la economía orgánica. Llamamos la atención hacia el hecho de que, en la enumeración de los siete centros mayores, los autores acostumbran a diferenciar lo básico (o fundamental) del genésico, omitiendo el esplénico, e incluso reunieron los centros cerebral y coronario en uno solo. Eso no significa que ellos existan o dejen de existir, a voluntad de los autores o de las escuelas espiritualistas, pero, si, que se inclinan a enumerar aquellos que más importan para el desarrollo espiritual que describen, o a reunir en sus estudios centros psiquicos vecinos y que se influencian directamente.

   A medida que crecen espiritualmente, el Espíritu depura su “vestimenta nupcial”, su túnica de presentación, representada por sus varios envoltorios, adecuada al plano en que permanece.

- Marlene Nobre. ( El alma de la materia)



Ama a Dios, sirviendo a los semejantes, por amor, sin distinción de personas. Haz el bien donde estuvieres, donde estés y tanto como puedas, en la paz de la conciencia tranquila. En eso reside la esencia de las Leyes Divinas. El resto son interpretaciones.
-Emmanuel- a través de la psicografía de Chico Xavier )

( Ver blog  inquietudesespiritas.blogspot.com)


sábado, 19 de noviembre de 2011

La Depresión





Desde el pasado remoto autoridades médicas y psicológicas han buscado explicaciones para los estados depresivos, considerando apenas  como un estado mórbido. ¿Será apenas un disturbio proveniente  de síndromes nervioso?

La visión espirita de la depresión parte del Evangelio según el Espiritismo en el capitulo cinco- Bienaventurados  los afligidos…  lo que ya nos pronuncia  un estado espiritual para un gran número de depresiones a lo que los seres humanos están sujetos. 

¿Que son aflicciones? Son alteraciones del modo de vida que se transforman en vicisitudes, que tienen una causa justa  y considerando que Dios es justo, la causa es, por consecuente justa.

Según Allan Kardec, esas vicisitudes, tiene dos causas distintas, puede ser originaria de la vida presente o de otras vidas.

Según Kardec las vicisitudes son aflicciones  por la que la persona es tomada, las decepciones, las frustraciones, en fin, varios acontecimientos  que deprimen el estado del espíritu, como se acostumbra a decir en lenguaje  más sencillo.

La depresión puede ser conceptuada como una alteración del estado de humor, una tristeza intensa, un abatimiento profundo, con desinterés por las cosas. Todo pierde la gracia, el mundo queda hecho cenizas y vivir  se torna tarea difícil, pesada. Con ideas fijas y pesimistas.

Podríamos considerarla como una emoción estragada. Las emociones naturales deben ser pasajeras, circulando normalmente, sin desequilibrar al ser. La tristeza por ejemplo, es una emoción natural, que nos lleva a entrar en contacto con nosotros, a la introspección y a la reflexión sobre nuestras actitudes.  Ahora, una vez estancada, prolongada, acompañada de sentimiento, nos lleva a la depresión.

La depresión se puede dividir en tres formas, de acuerdo con el facto causal:

Depresión Reactiva o Neurosis Depresiva: - esta depende de un facto externo desencadenante, generalmente suele ser perdidas  o frustraciones, tales como la separación, perdida de un ser querido, etc.

Depresión Secundaria a Dolencias Orgánicas: accidente vascular cerebral (“derrame”), tumor cerebral, dolencias de la tiroides, etc.

Depresión Endógena: por deficiencia de neurotransmisores. Ejemplo: depresión del viejo, depresión familiar y psicosis maniaco-depresiva.

Ella afecta a todo el ser, acarreando una serie de desequilibrios orgánicos, sobretodo, comprometiendo la calidad de vida, tornando a la criatura infeliz  y con la caída de su rendimiento personal.

Según Andre Luiz en sus obras nos dice que la mente transmite su estado feliz o infeliz a todas las células de nuestro organismo, a través de los bíforos. Ella funciona como un sol irradiando calor y luz, equilibrando y armonizando todas las células de nuestro organismo, o como tempestades, generando rayos y caídas destructoras que desequilibran al ser.

Según Emmanuel, la depresión interfiere en la mitosis (división) celular, contribuyendo al  aparecimiento de cancer y de otras dolencias inmunológicas, sobretodo a la deficiencia inmunitaria facilitando las infecciones.

En la depresión existe una perdida de energía vital en el organismo, en un proceso de des vitalizaciòn.

El individuo pierde energía por dos mecanismos principales:

1º) Pierde sintonía con la Fuente Divina de Energía Vital: el individuo no fortaleciéndose  como debe; con sentimiento de auto estima en baja, aparta de si mismo, de su naturaleza divina, el hilo de ligación, con la fuente inagotable  del Amor Divino. Al negarse y encerrarse en sus problemas y en sus amargura, crea un ambiente vibratorio negativo, que dificulta el acceso de la espiritualidad Mayor en su beneficio.

2“) Gasto Energético Improductivo: el individuo en vez de utilizar su potencial energético para desenvolver  potencialidades evolutivas, viviendo intensamente las experiencias y los desafíos que la vida le presenta, desperdicia energía en los sentimientos de auto compasión, tristeza y lamentaciones. Sufre y no evoluciona.

Desde el punto de vista espiritual, en su condición más intima, el deprimido es una criatura rebelde, el no acepta los limites que la vida le impone, rechaza sus pruebas y se posiciona contra la divinidad al ver sus deseos  o voluntades negados “por la vida” prefiere morir psíquicamente  (por la apatía) o físicamente (auto exterminio o suicidio indirecto) a vivir conforme la Ley.

Una de las causas de la tristeza es la melancolía, ella hace que la vida nos parezca amarga  porque el espíritu  aspira a la libertad y a la felicidad de la vida espiritual, pero viéndose preso en el cuerpo, se frustra cae en el desanimo  y transmite  para el cuerpo la apatía y abatimiento  sintiéndose infeliz.

El ansia de libertad  del espíritu encarnado, adolecido por las atribulaciones de la vida y por las  dificultades  en el relacionamiento interpersonal, intensificado por las influencias negativas  de espíritus encarnados y desencarnados, son la causa inicial de esa frustración y de esa apatía.

La inseguridad y el miedo que acometen a las personas en la sociedad contemporánea son las que determinan en nuestros días la incidencia alarmante de la depresión.

Muchas veces el espíritu absorbido por los valores que imperan como el consumismo, la búsqueda del placer inmediato, la competitividad, el no saber perder, de querer ser el mejor, de no saber hablar,  el hombre se aísla se aparta de si de su naturaleza. Adopta entonces una mascara, que utiliza para presentar un “papel” en la sociedad. Es, en esta vivencia neurótica,  el deja de desenvolver sus potencialidades, no se abre,  ni expone sus emociones, pues estas demuestran de hecho lo que el es. Clausurado, encerrado en este caparazón de orgullo y egoísmo, el se aísla y se siente solo. Soledad, no en el sentido de estar solo, más si de sentirse solo. Más que sentirse solo es la insatisfacción de la persona con la vida y consigo misma.

El individuo en esta situación precisa acercarse a las personas  y a las cosas para quedar bien, pues, desconoce que el se basta por el  potencial divino que tiene.

La soledad es consecuencia de su inseguridad, de su inmadurez psicológica. En los primeros años de la vida, la criatura aunque frágil e inmadura, es natural que tenga necesidad de que las personas vivan en función de ellas, dándoles atención y protección. Es la fase del egocentrismo, predominantemente preceptiva. Como la madurez, comienza a crear una buena imagen de si, tornándose más segura, y a partir de entonces, pasa a darse,  a envolverse y a participar más del mundo. Lo que acontece es que ciertas personas, por algún motivo, tienen dificultades  en este proceso de madurez afectivo, manteniéndose esencialmente  receptivas y no participativas, exigiendo cariño, respeto, atención, sin preocuparse de la misma forma con los otros. Se hacen victimas, pobre infeliz, sin la responsabilidad por si.

Consiguen su equilibrio a costa de las conquistas exteriores. A la primera frustración que se deparan, no la toleran, pues exponen sus debilidades y esto motiva un cuadro DE DEPRESIÓN.

Cuando el individuo pierde la capacidad de amarse, cuando su autoestima está debilitada, pasa a tener dificultad de amar al semejante, pues el  sentimiento  de amor, de generosidad  para con el prójimo, es un sentir de dentro para fuera. Este sentimiento de amor al prójimo nada más que es una extensión de nuestro amor, de nuestra sintonía con Dios interior que nosotros tenemos en nosotros. La persona que tiene dificultad  en esta composición de amarse a si mismo, y por consiguiente de amar a su prójimo, deja de recibir el amor y la simpatía del otro, y no consigue entrar en sintonía  con la fuente sublime  e inagotable del Amor Divino. Nosotros limitamos aquello  que recibimos de Dios, en la medida de cuanto donamos al prójimo. Quien ama mucho, recibe mucho. Quien ama poco, poco recibe. Ese alejamiento de si, y por consiguiente de Dios, genera tristeza, vació, la depresión y la dolencia.

La depresión puede ocurrir en cualquier edad, inclusive en la infancia, la falta de cariño y atención puede causar depresión. Los niños que pierden a sus madres, experimentan gran dolor, se tornan tristes y se distancian de las personas  que se les aproxima. Ellos suelen perder el apetito, se niegan a jugar con los otros niños, y adquieren mayor posibilidad en enfermar.

La depresión también puede ocurrir en la adolescencia, teniendo como síntoma muy común la irritabilidad, muchos jóvenes aumentan la depresión por el uso del alcohol y de las drogas. El alcohol es el mayor agente depresivo de todos. Mezclado con el sistema controlador del humor,  lleva al individuo a tener alteraciones de comportamiento. Al principio el alcohol desinhibe, por eso a la mayoría de las personas  les gusta beber, solo que si hay predisposición genética, puede ocurrir  la dependencia.

Ya en la tercera edad ocurre alteración de la memoria. El olvido exagerado es una señal en el anciano.

La depresión tiene su génesis en el espíritu, que reencarna con alta dosis de culpa, cuando, retrocediendo en el proceso de la evolución, bajo factores negativos que le marcan la marcha y de la que no decidió  liberarse en definitiva. Con la conciencia culpable, sufriendo los gravámenes que le dilaceran la alegría interior, imprime en las células los elementos que las desconectan, propiciando, en largo plazo, el desencadenamiento de esa psicosis que domina  a millones de criaturas en la actualidad.

La depresión se instala poco apoco porque las corrientes psíquicas desconectadas que la desencadenan, desarticula, vigorosamente, el equilibrio mental.

Cuando irrumpe, exteriorizándose, dominadora sus raíces, están fijadas en los paneles del alma rebelde o recelosa de proseguir en los compromisos redentores abrazados. Cara a sus cáusticas manifestaciones, la terapia de emergencia se hace imprescindible, sin embargo, los métodos académicos vigentes,  pura y simplemente, no son suficientes para erradicarla. Permaneciendo los contratiempos psicosociales, socio económicos, psico afectivos,  que producen la ansiedad, ciertamente se repetirán  lo disturbios en el comportamiento del individuo conduciéndolo a nuevos estados depresivos.

El primer camino para erradicarla es nuestro perfeccionamiento... una vez que tomamos conciencia de nuestras imperfecciones y errores cometidos, emprendemos  el proceso de regeneración a través de lecciones reparadoras.

La depresión es un síntoma que nos dice que no estamos amándonos como deberíamos.

El camino para salir de ella es llenar este vació con la recuperación de la auto estima y del amor en todos los sentidos. Primero, procurando conocernos y analizándonos, con el deseo de autodescubrirnos, sin juzgarnos, sin punirnos o culparnos. Y después, aceptándonos como somos,  con todas nuestras limitaciones, más sabiendo que tenemos  toda la potencialidad divina dentro de nosotros, esperando para brotar  como simientes de luz. Esto no es nada más que desenvolver  la fe en si y en el Creador, sentimiento este que transforma  y que nos liga directamente a Dios.

Una persona que es consciente de su riqueza interior pasa a tener la seguridad y fe en sus potencialidades infinitas, comenzando a gustar y acreditar en si, amándose a partir de entonces, sintiendo la necesidad  de expandir  este sentimiento  a todo y a todos. Comienza así a despertar  para los verdaderos valores de la vida  espiritual, transformándose  en una persona feliz  y sonriente, pues donde existe seriedad, hay algo de herrado, la seriedad está ligada al ser enfermo. Sonría y sea feliz amando y sirviendo siempre.

La terapia contra la depresión se basa en amar y en servir, envolviéndose en trabajos útiles y en el servicio del bien. Sea en el trabajo profesional, en el trabajo del ocio, o en el trabajo de servir al prójimo, el individuo se ocupa, ejercita el amor, y deja de envolverse en las lamentaciones, pues la infelicidad hace su nido en lo oscuro de los sentimientos de cada uno. Difícilmente conoceremos un deprimido, entre aquellos que trabajan al servicio del bien.

Para dar este amor, no basta solamente con hacer obras de caridad, tenemos que tornarnos cariñosos; antes de hacer el bien tenemos que ser buenos. Dar pan y dar abrigo pero siempre acompañados  de una buena dosis de afecto y de cariño.  Ser por encima de todo generosos, que  es la caridad con afecto. Las personas están con hambre de amor, de calor humano, un hombro amigo, un abrazo, un acogimiento  y una palabra de cariño.

Cuando damos una simple sonrisa, unos buenos días, una mirada afectuosa estamos donando energía y transmitiendo vida.

El hombre alcanzó un enorme progreso intelectual, satisfaciendo sus necesidades materiales con los avances tecnológicos. Sin embargo, aun se encuentra con enormes dificultades para convivir fraternalmente  con sus semejantes. Cada vez estamos más unidos gracias a los medios de comunicación, sin embargo, más separados emocionalmente. Ahora, en la actualidad el hombre está sintiendo la necesidad prioritaria de desenvolver  la afectividad, de envolverse, amar y sentir a su  semejante.
 
Tenemos que resucitar y liberar a la criatura que está olvidada dentro de nosotros. Para que rescatemos esta criatura que adormece en nosotros, es necesario que veamos el mundo de forma positiva y optimista. Nuestro yo, generalmente se encuentra, retraído, oprimido, porque la vida se nos presenta de forma desagradable; aun no vivimos de forma natural, espontánea y esto genera ansiedad y sufrimiento. Como la criatura es movida por el placer, ella se recoge y no se manifiesta.

La criatura no se juzga, no se castiga. Vivimos apenas el presente, el ahora,  integrada perfectamente a Dios  y a la Naturaleza. “Dejar, a los niños, venir a mi  porque el reino de los cielos es de quienes se les asemejan” con estas palabras  Jesús quiso decir que tenemos que ser puros, auténticos, integrados con nuestra naturaleza divina, sin huidas o mascaras, para alcanzar  nuestra evolución espiritual. Tener actitudes simples, como lidiar con animales,  jugar con los niños, actividades creativas como la pintura, tocar un instrumento, hacer pequeñas tareas domésticas, cocinar, mantener una conversación amena,  contar un cuento, ver una  película,  escuchar música, cantar, sonreír, oír con atención, mirar con ternura, acariciar a las personas, abrazarlas, hacer un elogio sincero, curtir la naturaleza, admirar la puesta de sol, etc. Estas son tareas que ayudaran mucho  al deprimido a reencontrar el equilibrio  y armonía interior.

Mantener siempre buen humor. En la vida lo que más importa es el amor y el bien querer a las personas, vivir sus emociones; no dejarse afectar por las cosas pequeñas. Procurando mirar a nuestro alrededor, viendo con ello, que hay personas con problemas peores, y que necesitan más el socorro.

Procurar practicar actividades fisicas, caminar, algún deporte, algún pasatiempo. La mente parada comienza a crear pensamientos negativos, que se asemejan a basuras amontonadas dentro de casa. Con estas actividades se desviará la mente de pensamientos deletéreos.

No esperemos que las cosas acontezcan a nuestro favor. Caminemos a favor de nuestro prójimo y nos sorprenderemos pues seremos los más beneficiados.

Otras forma de ayudarse el depresivo, es leyendo lecturas edificantes, conversando con amigos, con el terapeuta u orientador espiritual, esto ayudara a ver sus problemas desde otros ángulos.

La oración es un recurso indispensable en el proceso de recuperación. A través de ella establecemos sintonía con la espiritualidad Mayor, facilitando el camino para que nos inspiren y revigoricen nuestras energías.

No nacimos para sufrir. La voluntad de Dios es nuestra alegría y nuestra felicidad. Si sufrimos es por nuestra causa. Nuestros problemas y nuestras dificultades deben ser interpretados como instrumento para nuestra evolución.

Los problemas en la vida surgen cuando ya estamos preparados para afrontarlos y solucionarlos. Jesús nos dijo: “Que el Padre no coloca fardos pesados en hombros débiles” esto nos dice que podemos afrontarlos, que tenemos las condiciones interiores  para enfrentar las dificultades que la vida nos presenta.

Dios cuida de nosotros y nunca nos abandona. Confiemos eN Jesús y sigamos su ejemplo de vida: “Yo soy el buen Pastor; tendré buen animo; no se turbe vuestro corazón; venid a mi los que estáis fatigados, cansados, oprimidos y “Yo os aliviare”.

Según estas enseñanzas, no existe persona tan “débil” hasta el punto de no soportar  un problema. Lo que ocurre es que la mayoría de las veces no tenemos las fuerzas para movilizar nuestra voluntad y afrontar el desafió. Preferimos huir, dando por hecho que no podemos afrontar dicha situación.

Muchos acuden al suicidio, se olvidan de que la muerte es un cambio de estado, que continuamos siendo los mismos, con los mismos sentimientos y los mismos problemas.

El suicida con esta determinación acarrea más daños a su periespiritu, cuando vuelve a reencarnar, además de enfrentar los viejos problemas aun no solucionados, trae aumentado la necesidad de reajustar su lesión periespiritual.

Debemos procurar luchar con firmeza ante la depresión, y los caminos que debemos procurar son el tratamiento medicamentoso, (muchas veces necesario), trabajo espiritual incluyendo la desobsesión, el agua fluidificada, pases magnéticos, trabajo beneficioso, cambio de actitud mental etc.

Es necesario que después de que iniciemos el proceso de recuperación, nos mantengamos vigilantes, pues es muy común la mejoría cíclica, con altos y bajos “vigilemos y oremos”. Es muy importante aprovechar los periodos de mejoría para emprender trabajos edificantes en el bien, consolidando las conquistas efectuadas.

Debemos tener conciencia de que nada ni nadie tiene la capacidad de hacernos infelices si nosotros no queremos. El centro de la gravedad de nuestro equilibrio psico-emocional tiene que estar localizado dentro de nosotros y no en las cosas exteriores.

No se debe acondicionar la felicidad a algo que acontezca o esperar que alguien nos haga feliz. Estando equilibrados establemente, amándonos y aceptándonos como somos, pasamos a vivir el presente y aceptamos a las personas y a las circunstancias como ellas son. Más allá de eso, pasamos a ver las cualidades del otro y no sus defectos, pues, generalmente vemos al otro como un reflejo de nuestro estado interior.

La depresión tiene varias caras. Desde el punto de vista humanístico, el amor, desde la infancia, es factor primordial y comienza dentro de la familia. Si la relación es sincera entre la criatura y los padres, ella crece dentro de un hogar estructurado, aun mismo con todas las dificultades naturales de una relación humana. Desde muy temprano el individuo  aprende a lidiar  con la insatisfacción, con las crisis, con el respeto, amistad, desprendimiento y otros aspectos importantes en las relaciones.

El depresivo mejora mucho, cuando observa que alguien se interesa por el, precisa sentirse reconocido, sin eso, comienza a sentir una sensación de vació y angustia.

Bajo el punto de vista medico, la depresión es  una falta de neuro transmisores en el cerebro, que necesita de medicamento, ósea de un control químico.

Por el ángulo espiritual, la culpa, el remordimiento, la amargura y el resentimiento llevan a la persona a estados depresivos, pudiendo causar el desenvolvimiento de dolencias psicosomáticas y hasta incluso el cancer. Por tanto, el amor y el perdón que la doctrina espirita tanto nos enfatiza son sentimientos también preventivos.

Aunque la verdadera prevención está en el auto conocimiento, en el amor a si mismo y al prójimo, teniendo conciencia de que los seres humanos son como son, y no de la forma que nos gustaría que fuesen.

Los espiritas sabemos que la reencarnación es la llave que recibimos de la Misericordia Divina para el perfeccionamiento de nuestro Espíritu, y que en ese camino siempre encontramos  a Espíritus que nos aman y se preocupan con nuestro estado corpóreo y espiritual.

TODO ENCARNADO DEPRIMIDO ENCUENTRA EN LA DOCTRINA ESPIRITA una excelente aliada para la recuperación de su salud. Basta querer encontrar el remedio cierto, en la medida cierta, en la hora cierta.

Cuando nos encontremos sumergidos en un estado depresivo,  en la lucha inmensa, recordemos que el Señor nos condujo a semejante posición de sacrificio, considerando la probabilidad de nuestra exaltación, y no olvidemos que la crisis es fuente sublime de espíritu renovador para los que saben tener la esperanza.

Cuando se elige una existencia enriquecida con paz y bienestar, no se está eximido del sufrimiento, de las luchas, las dificultades que aparecen. Por el contrario estos surgen  como desafíos perturbadores que las personas deben afrontar, sin perder el rumbo ni alterar  el placer que experimenta en la preservación del comportamiento elegido. De esa forma transformamos los estímulos aflictivos en contribuciones positivas, sin lamentarnos, sin sufrir, sin desistir.

Quien en la lucha ve tan solo sufrimiento, posee una conducta patológica  y necesita del tratamiento adecuado.
La vida es una bendición y debe mantenerse saludable, alegre, aun cuando se encuentre bajo la imposición liberadoras de pruebas y expiaciones.

Si tornas tu vida agradable, serán fructíferos y llenos de sol tus días.
Ser feliz o desventurado es una opción voluntaria.

La inspiración superior nunca nos falta, no obstante, el sintonizar con ella será una aspiración personal.

Si construimos las estructuras existenciales en la mente, las transformamos en realidad en el trayecto carnal.

De nosotros depende coordinar los movimientos, elegir la meta y avanzar
Trabajo realizado por Merchita
Extraído de diversos artículos espíritas, que tocaban el tema de la depresión.


Cuando tu vida se vuelva noche, no desesperes, busca las estrellas…. ( Autor desconocido )


Ver el blog inquietudesespiritas.blogspot.com

viernes, 18 de noviembre de 2011

La muerte, según diversas culturas


    El fenómeno biológico de la muerte, desde la aparición del hombre en la Tierra, ha sido observada en algunas culturas, como la continuidad de la vida, siendo estrechamente relacionadas con las creencias religiosas sobre la naturaleza de la muerte y la existencia de una vida después de ella, y en algunos otras, como la negación absoluta de la misma, especialmente en la cultura occidental, donde las religiones han influido notoriamente sobre sus adeptos creándoles un cielo o un infierno, donde estarán irremediablemente destinados hasta el fin de los tiempos.

     Todo el ritual que acompaña a la desencarnación del ser, implica importantes funciones psicológicas, sociológicas y simbólicas para los miembros de una colectividad y tiene que ver, no sólo con la preparación y despedida del cadáver, sino también con la satisfacción de los familiares y la permanencia del espíritu del fallecido entre ellos.

   En todos los pueblos primitivos se han encontrado vestigios de la creencia en la inmortalidad del alma, sin que esos grupos étnicos jamás mantuvieran cualquier contacto entre ellos.  Habitando distintos puntos del planeta, desarrollando su propia cultura, en ellos se presentan los mismos cultos no obstante las conquistas alcanzadas, todas basadas en la certeza de un principio creador, justo y sabio, que recibe, para juzgar, a aquellos que retornan de la Tierra después de la muerte física.   La mitología de cada país es un océano de hechos espirituales, en el cual desembocan los ríos del conocimiento que se confunden, por identidad de informes, con respecto a la continuación de la vida después del desgaste carnal.

   Los primeros entierros de que se tienen evidencias son de grupos de Homo sapiens. Además, los restos arqueológicos indican que ya el hombre de Neandertal pintaba a sus muertos con ocre rojo. Las prácticas de lavar el cuerpo, vestirlo con ropas especiales y adornarlo con objetos religiosos o amuletos son muy comunes. A veces al fallecido se le atan los pies, tal vez con la intención de impedir que el espíritu salga del cuerpo. El tratamiento más meticuloso es el del embalsamamiento, que nació, casi con seguridad, en el antiguo Egipto. Los egipcios creían que el cuerpo tenía que estar intacto para que el alma pudiera pasar a la siguiente vida, y para conservarlo desarrollaron el proceso de la momificación. En la sociedad occidental moderna se realiza este proceso para evitar que los familiares tengan que enfrentarse con el proceso de putrefacción de los restos.

   Para los Sumerios, el difunto entraba en el Kur, el “Gran Abajo”. Allí presentaba ofrendas a los dioses con los que se quería conciliar. Luego era acogido por otros muertos con los que viviría en el “País sin Retorno”.
Para los egipcios, el alma del difunto accedía al reino de Am-Duat, donde se beneficiaba de los favores de Osiris, dios de la inmortalidad. Pero antes de vivir en paz para toda la eternidad, el alma tenía que sufrir varias pruebas reveladas en el Libro de los Muertos, llamado así por los arqueólogos que encontraron el manuscrito, pero que sería más correcto traducir como Libro de la Salida a la Luz del Día. En el antiguo Egipto, la muerte no era considerada como un final en sí mismo, sino como un nacimiento.
     Los funerales de los gobernantes representaban un evento religioso para la población; además, las Pirámides eran un símbolo y prueba de la autoridad real, pues los faraones encarnaban la permanencia social, la autoridad espiritual y temporal y su muerte ponía en peligro todos estos elementos.

   En la India, las creencias en la reencarnación se basan en un sistema complejo que permite saber si el alma del difunto volverá o no a la Tierra. Según el Hinduismo, existen 16 puertas divididas en tres grupos por las que el alma puede salir. Según el grupo de puertas por las que se escapa, podrá acceder el difunto a un reino superior, o tal vez renacerá, o bien, finalmente se transfigurará y entrará definitivamente en un ciclo de renacimientos.

   En Grecia, Egipto y la China, los esclavos, a veces, eran enterrados con sus amos, ya que se creía que en la otra vida el muerto iba a seguir necesitando sus servicios.

   En la India, llegado al lugar previsto para la ceremonia, el cortejo se paseaba alrededor del féretro y antiguamente, en algunos grupos, la viuda realizaba el suttee, es decir, se autoincineraba en la pira funeraria del marido. Finalmente las cenizas se depositaban en un río considerado sagrado.

   En Tailandia, después de la cremación del monarca, el nuevo rey y los miembros de la familia real tradicionalmente buscaban entre las cenizas fragmentos de huesos. Estas reliquias se convertirían en objetos de culto que, de forma indirecta, significaban la continuidad de la presencia y autoridad del monarca fallecido.
Pueblos griegos y latinos representaban a la muerte como una figura triste, con una antorcha apagada. En el cristianismo, se simboliza con un esqueleto armado de una guadaña.
    Según el antropólogo B. Malinowski, los nativos de las islas Trobriand, cuando celebran su fiesta anual de la Milamala, tienen especial cuidado de no exponer al aire ningún tipo de punta, extremo de lanza u objetos punzantes, ya que estos podrían dañar a los espíritus de sus difuntos, que en tal fecha acuden en masa a sus poblados para celebrar con ellos tan importante efemérides.

   El ritual funerario varía acorde con las costumbres de cada pueblo. En todas las sociedades se prepara el cadáver antes de colocarlo en el féretro, y su despedida está en función de las creencias religiosas, el clima, la geografía y el rango social. La cremación se práctica en algunas culturas con la intención de liberar el espíritu del muerto. La exposición al aire libre es común en las regiones árticas y entre los parsis (seguidores de una antigua religión persa, el zoroastrismo), donde también tiene un significado religioso. Practicas menos comunes son arrojar el cadáver al agua después de un traslado en barco y el canibalismo.

    En las sociedades precolombinas de América, la muerte era un acontecimiento muy ritualizado, lo que obligaba a ceremonias de todo tipo, acompañadas de ofrendas, alimentos y objetos de acompañamiento y regalos de mucha utilidad durante el largo viaje que se iniciaba tras la muerte.

    Entre los Mayas se diferenciaba el enterramiento según la clase y categoría del muerto. La gente ordinaria se enterraba bajo el piso de la casa, pero los nobles solían ser incinerados y sobre sus tumbas se erigían templos funerarios.

   Los Aztecas, que creían en la existencia de paraísos e infiernos, preparaban a los difuntos para un largo camino lleno de obstáculos. Tenían que pelear para poder llegar al final y ofrecer obsequios y regalos al señor de los muertos, que decidía su destino final.

   Entre los indígenas americanos se creía que el alma de los difuntos viajaba a otra parte del universo, donde disfrutaba de una vida placentera mientras que desarrollaba las actividades cotidianas. El alma de los desdichados o perversos, vagaba por los alrededores de sus antiguas viviendas, provocando desgracias.

   La Iglesia Católica instituyó el 2 de noviembre como el Día de los Difuntos, cuyo objetivo es interceder ante Dios con oraciones, sacrificios y limosnas por las almas del purgatorio para que abandonen esta morada y vayan al cielo. Fue declarado por primera vez en los monasterios Cluniacenses en el año 998.

   En culturas como la mejicana, se cree que las almas de los muertos vienen a visitar a sus amigos y familiares, por ello acuden a los cementerios para arreglar las tumbas y colocar flores, velas y alimentos. Para ellos, no es un día de duelo, sino de celebración, con desfiles, mercadillos y conciertos.

   A través de la antropología se ha logrado determinar que existen cuatro elementos simbólicos principales en las prácticas funerarias. El primer simbolismo es el color negro, el cual es asociado con la muerte en algunas culturas y en la actualidad esta ampliamente difundido. El segundo elemento es el pelo de los familiares, que puede estar rapado o, por el contrario, largo y desordenado en señal de tristeza. El tercer elemento son las actividades ruidosas con golpes de tambor o cualquier otro instrumento y el cuarto elemento, es la utilización de algunas prácticas mundanas en la procesión con el cadáver.

   En las sociedades occidentales modernas, los rituales funerarios engloban velatorios, procesiones, tañido de campanas, celebración de un rito religioso y la lectura de un panegírico. El deseo de mantener viva la memoria del difunto ha dado lugar a muchos tipos de actos, como la conservación de una parte del cuerpo como reliquia, la construcción de mausoleos, la lectura de elegías y la inscripción de un epitafio en la tumba.

Uno de los más intrigantes problemas humanos, ha sido la interpretación del hombre sobre la vida, después del fenómeno de la muerte. Saber si la vida se acaba cuando sufre la transformación material, ha constituido un gran desafío para la inteligencia.
La documentación es preciosa y muy amplia, y es periódicamente reexaminada y aumentada con nuevos hechos y datos que la enriquecen más y la mejoran. Si la vida fuera destruida con la muerte, ella no tendría sentido en sí misma, ni finalidad, en razón de su fragilidad y brevedad.

   Para los materialistas, la muerte es el fin de todo, pues la vida se reduce a nacer y morir: No creen que algo sobreviva después de la muerte, ni en el alma o espíritu, no creen en Dios, y por consecuencia creen que extinguida la vida material todo se acaba. Los materialistas son tan orgullosos que no admiten la posibilidad que exista alguien superior a ellos, e ahí la causa de no creer en Dios.  Pero, si sólo existe la materia, ¿cómo surgió el universo con leyes inmutables, perfectas y organizadas? Si el hombre no creó el cielo, las estrellas y las demás obras de la naturaleza, con gran perfección, todo nos lleva a creer en un ser superior llamado Dios. Se reconoce al creador por su obra.

   Bien, si creemos en Dios, ¿por qué nos crearía para después aniquilarnos? ¿Usted que es padre o madre, le gustaría que sus hijos murieran para siempre? Si nosotros que somos seres imperfectos, y no queremos que nuestros hijos mueran, imagínese a Dios que es infinitamente perfecto, justo y bueno. Tenga la certeza que él no quiere eso para nosotros.

   Los espiritualistas creen que existe un alma o espíritu que sobrevive después de la muerte física, pero su destino está definido por su conducta en una única existencia. Para ella sólo hay dos posibilidades: el cielo eterno para quienes hicieron el bien o el infierno eterno, para quienes hicieron el mal.  No creen que los muertos puedan comunicarse con los vivos, porque Moisés lo prohibió (Deuteronomio 18:10 - 12 y Levítico 19:31 y 20:27). Sin embargo si Moisés lo prohibió es porque era posible comunicarse con ellos, pues nadie prohíbe algo imposible. Y, si los muertos van al cielo o al infierno de acuerdo a su comportamiento en la vida, ¿por qué entonces, vamos al cementerio a recordarlos y orar por ellos? Se supone que ellos no nos oyen más, o no podemos interceder por ellos, puesto que su suerte está irremediablemente definida. Jesús, nos mostró que podía ser posible el intercambio entre vivos y muertos, conversando con Elías y Moisés en el Monte Tabor.
    La demostración mediúmnica de la inmortalidad del alma, proporciona valor al hombre, cuyos horizontes se hacen más amplios y lejanos, asignándole posibilidades infinitas y realizaciones sin término.  Desde entonces, los valores éticos se agigantan y el amor adquiere una dimensión ilimitada, uniendo a todos los seres bajo el árbol de la fraternidad que impulsa a la búsqueda de la felicidad por medio del trabajo y de la lucha que subliman.

   Vemos a madres de criminales que lloran por sus hijos que están presos, pidiendo a Dios su regeneración. Jesús, el amigo excelso, nos enseñó que debemos perdonar siempre, ¿por qué Dios, que es más perfecto y bueno que nosotros no nos perdonaría nuestros errores? Dios nos perdona siempre. Si caminamos en el error, con certeza iremos a zonas de sufrimiento, pero saldremos de allí, arrepintiéndonos y reparando el mal que realizamos. Si nos vamos para el “infierno” o los “umbrales de la vida”, no es porque Dios nos castigó, sino porque transgredimos las Leyes de Dios, y esta ley, como todas las otras, da una reacción a cada acción que practicamos.
     La iglesia decidió arreglar en parte el equívoco de las penas eternas, en el año 593, creando el llamado purgatorio, sitio donde las personas que tenían pecados leves podían ser salvadas con oraciones pagadas. En la época de la Inquisición, existían las llamadas indulgencias, donde cada pecado tenía un precio. De acuerdo a esto, sólo los ricos que estaban en el purgatorio podían ser “salvados”, pues los pobres no tenían el dinero para comprar sus pecados.  Sin embargo, el dinero fue utilizado para construir el imperio de la Iglesia Católica, donde se encuentra hoy el Vaticano. Lutero que era católico, percibió tales disparates y desencadenó, en el siglo XVI, el movimiento llamado Reforma Protestante, creando una nueva religión que abolió las imágenes, las indulgencias y buscó seguir la Biblia al pié de la letra. A raíz de ello, Lutero fue excomulgado de la Iglesia Católica.

   Para la cultura Espírita, la muerte no existe, pues somos espíritus inmortales y solo cambiamos de plano cuando dejamos la vida física, ya que retornamos a nuestra patria espiritual. Para nosotros no existe ni el cielo, ni el infierno, solo estados de conciencia. Es decir, quienes son buenos, tienen la conciencia tranquila y viven en paz; pero para aquellos que persisten en el camino del error y del mal, sufrirán penas morales por los actos practicados y solo saldrán de ese estado, cuando se arrepientan y reparen el mal que hicieron. La Tierra ya no es el punto final, la estancia única para el ser, sino que es una escuela para el aprendizaje y para la adquisición de la experiencia, lo cual, trabaja a favor del perfeccionamiento del espíritu.

    El dolor deja de ser un castigo de la vida para transformarse en inevitable efecto de la opción personal de cada cual, que escoge tal o cual camino, de paz o de violencia, de esfuerzo o pereza para crecer y progresar.
Por eso, el día de los muertos, recordémonos siempre de nuestros familiares y amigos desencarnados, con alegría. Y no nos olvidemos de prepararnos para nuestra partida de este mundo, mejorando nuestra conducta moral ante nuestro prójimo y procurando no apegarnos mucho a los bienes terrenales, para que cuando regresemos al mundo espiritual podamos llegar con nuestra conciencia tranquila.

    La mentora espiritual Juana de Angelis, en su libro “Autodescubrimiento”, nos enseña que “el dolor ante la muerte de un ser querido, es consecuencia entre otros factores, de atavismos psicológicos, filosóficos y religiosos, que no educaron al individuo a considerar natural, como lo es, al acontecimiento que forma parte del proceso orgánico para el cual la vida se expresa”.

   “La propia conceptuación de la muerte como fin, es frágil e insostenible, porque nada se extermina y los muertos no han interrumpido el flujo existencial. Se transfieren de onda vibratoria, se dislocan temporariamente, pero no se aniquilan. Continúan viviendo, se comunican con aquellos que quedaron en la Tierra , establecen nuevos lazos de intercambio, aguardan a los afectos y los reciben, a su vez, cuando desencarnan”.

   “Es justo que se sufra el dolor de la separación, que se llore la ausencia, que se interrogue en silencio cómo se encontrará en la nueva situación el ser amado. No obstante, la desesperación no se justifica, por no ecuacionar ni llenar el vacío que queda”.

   “Manifestar el dolor mediante los recuerdos felices, señalados por el rocío de las lágrimas, revivir episodios marcantes con ternura, repartir los haberes con los necesitados en su memoria, envolverlos en oraciones y crecer íntimamente, son recursos valiosos para la liberación de las amarguras consecuentes de la muerte”.

   Con la Doctrina Espírita existe “la esperanza del reencuentro, de la comunicación y gracias al afecto preservado, se ilumina, se suaviza y mantiene sólo las señales de la gratitud por haber disfrutado de esa presencia querida”.

Oscar R. Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís - Santa Marta, Colombia

       " Dentro de la visión espírito-cristiana, cielo, infierno y purgatorio empiezan dentro de nosotros mismos. La alegría por el bien practicado son los cimientos del cielo. La mala intención es un piso para el purgatorio, y el mal conscientemente realizado, positivado, es el remordimiento en donde comienza el infierno."
- Chico Xavier -

jueves, 17 de noviembre de 2011

Vida y muerte



Cuentan que el príncipe Siddharta Gautama, después de su iluminación, interrogó oportunamente a sus discípulos, preguntando qué era lo opuesto a la muerte, y ellos contestaron que era la vida.

Después de reflexionar por un momento, el noble maestro explicó, tranquilo, que el inverso de la muerte era el renacimiento, ya que siempre estamos en la vida, la cual deambula a través del cuerpo físico y fuera de él.
En realidad, la vida biológica experimenta, inevitablemente, su disgregación cuando ocurre el fenómeno de la muerte, que libera al Espíritu inmortal de la cápsula en la que se enclaustra.

Viajero del tiempo y del espacio, navega los océanos de energía, energía pensante en la que él, se viste, se desnuda  y se reviste de materia orgánica para el ministerio de la evolución, en cuyo curso se encuentra inscrito.

La vida, por lo tanto, desde que es creada por Dios, jamás se extingue, cambiando constantemente de forma de acuerdo con los instrumentos que utiliza, hasta lograr el estado de plenitud o alcanzar el Reino de los Cielos.

La inevitabilidad de la muerte biológica debe constituir una cuestión de fundamental importancia en las reflexiones de todas las criaturas, teniendo en cuenta que llegará el momento en que será alcanzado por ella.

Dependiendo de las circunstancias y de los factores que la desencadenan, la muerte fue transformada en tabú, como si fuese una verdadera desgracia, cuando es simplemente una puerta que se abre en dirección a la realidad...

La concientización de la transitoriedad del cuerpo somático, elaborado por el Divino Amor Para que se constituyera en el suelo fértil para la fecundación y desarrollo de los atributos adormecidos en el Espíritu, representa una conquista valiosa para la armonía del ser durante el aprendizaje terrestre.

Proporcional al respeto que se le dedica a la estructura orgánica, se obtiene una existencia equilibrada o atribulada, lo cual proporciona una liberación fácil o tardía, dependiendo de la manera como haya utilizado su cuerpo. De esta forma, la muerte no significa el fin de la vida, sino la bendición del renacimiento en otra dimensión pletórica de vibraciones y de progreso.

Si no fuera de esta forma, todo proyecto de realización del ser humano perdería su gran significado, cuando la  desoxigenación cerebral anulase las continuas modificaciones celulares.

El ser humano tiene como destino la conquista del infinito, y ese objetivo no puede ser alcanzado solamente en una etapa, considerando la incontable pluralidad de constelaciones y de galaxias, que el Padre creó para que sirviesen de morada a Sus hijos…

El sentido psicológico del existir, igualmente sería afectado, debido al pequeño espacio entre la cuna y el túmulo, preludio del aniquilamiento de la inteligencia de la razón, teniendo en cuenta la eternidad…
La muerte, por lo tanto, es renacimiento, sueño momentáneo que posibilita el despertar en un nuevo campo vibratorio.

***

Aquellos seres queridos que han muerto, en realidad no se consumieron, conforme lo establecen algunas corrientes del materialismo, anulando la grandeza de la vida. Ellos viven y esperan por ti, acompañándote y auxiliándote en la adquisición de los tesoros inmarcesibles de las virtudes espirituales.

Ellos resguardan a los seres queridos, siendo poseedores de una visión más amplia en torno de la realidad que enfrentan, y les agradaría que también fuese conquistada por los seres queridos que aún están en la retaguardia.

Por esta razón, nos animan en medio de las pruebas, ofreciéndonos sus brazos amigos e inspiración continua para que permanezcamos en paz, en medio del rugir de las borrascas peligrosas que se desatan sobre nuestras existencias con cierta frecuencia...

Pero no todos son felices, como se puede comprender fácilmente.

Cada uno despierta conservando los valores con los cuales se adormeció.

Todos los títulos de mérito o demérito permanecen válidos para aquel que los poseyó durante la jornada carnal, después de su descenso al túmulo.

De esta forma, los Espíritus venturosos de hoy son aquellos que se empeñaron en el culto de los deberes elevados, que transformaron su existencia en una hermosa escuela, en la cual desarrollaron la inteligencia y enternecieron el corazón, transformándose en una sinfonía viva del amor.

Aquellos otros, por tanto, que en la existencia terrestre solamente cultivaron los sentimientos negativos, atados a las pasiones nefastas, profundamente vinculados a los vicios, con dificultad se separarán de los despojos en degradación, dando paso a las alucinaciones en las cuales se complacían.

Son infelices y siembran infelicidad, ya que se acercan a las criaturas que vibran en su mismo diapasón, inspirándoles ideas perturbadoras, intoxicándoles con sus fluidos deletéreos, induciéndoles en situaciones deplorables y sometiéndolos, muchas veces, a sus caprichos infelices...

Desconociendo los recursos de elevación o negándolos, yacen en la cárcel de la propia insania, prolongando los padecimientos que los visitaran antes de la desencarnación y que les obstaculizan la alegría y la esperanza...

Sin embargo, no permanecen eternamente en ese estado de mezquindad y aflicción, porque la misericordia del Padre les busca, impulsándolos a los renacimientos expiatorios por medio de los cuales se depuran y se renuevan.

La muerte, por tanto, no debe ser considerada como un desafortunado acontecimiento de la vida, sino al contrario, como la reveladora de la realidad espiritual, en la cual, todos se encuentran inmersos.

Por esto mismo, morir no es conquistar una ventura excelsa, si antes no se atesoró sus pródromos en forma de amor, abnegación y vivencias dignas durante la jornada terrestre.

Cada criatura, por lo tanto, muere conforme vivió, y despierta tal como murió.

***

No esperes milagros en la desencarnación, cuyo objetivo es conducir hacia el Gran Hogar al aprendiz que viajó antes en la dirección de la escuela terrestre, donde debió haberse mejorado y crecido moralmente.

Cultiva el pensamiento en torno a la desencarnación como una bendición que un día te alcanzara, y no te permitas temerle.

Recuerda a aquellos que se apartaron físicamente de ti pero que no te abandonaron, tratando de sentirlos, captar sus pensamientos y sus emociones cuando son felices, y, si por acaso les percibes las aflicciones, envuélvelos en dulces vibraciones de amor y de ternura por medio de la sublime emanación de la oración, lo cual les hará un gran bien.

Joanna de Angelis

Mensaje Psicografiado por el médium Divaldo Pereira Franco
, en la mañana del 22 mayo 2009, en la residencia del Sr. Josef Jackulak en Viena.
Nota: Siddharta Gautama es el nombre de pila del Maestro Buda

( Ver también  inquietudesespiritas.blogspot.com )

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Espiritismo: Trabajo, solidaridad,tolerancia




Trabajo, Solidaridad y Tolerancia. Tres palabras con un profundo significado social, que invitan al reconocimiento de nuestra responsabilidad individual y colectiva en el fortalecimiento de las bases de una sociedad más justa y feliz.

La Creación Divina, ultrapasa los límites del razonamiento humano, formando humanidades desde los rudimentos de la mónada hasta la plenitud de la espiritualización angelical, recorriendo el largo camino de la evolución sobre las bases firmes de la Planeación Divina que actuando como rieles de conducción, lleva el tren del progreso hacia la estación segura de la eternidad.

Atendiendo al diseño psicológico de la humanidad terrestre, se identifican claramente las diferentes etapas de cimentación espiritual que han estampado su paso por la superficie del Espíritu humano, desde los rudimentos del instinto primitivo, pasando por la adquisición del raciocinio y luego de los preludios de la espiritualización, la Providencia donó los recursos orientadores necesarios para garantizar la transición de una “edad espiritual” a otra. Estos recursos se manifiestan a través de los mentores y nobles obreros de la espiritualidad que plasmaron incluso con el sacrificio de sus vidas el ejemplo vivo de las virtudes que es necesario adquirir para garantizar la felicidad futura, siendo ellas leyes universales, aplican para todas las culturas antiguas y modernas.

De esta forma, después de canalizar la ley de Justicia a través de Moisés que favoreció a la implantación del respeto a Dios, la Ley del Amor vivida por Jesús de Nazareth que cultivó la necesidad del entendimiento y la fraternidad entre las criaturas, se ha logrado instalar a la humanidad dentro del camino que conduce a la madurez espiritual, pero que aún está lleno de escollos y tropiezos, principalmente representados en el orgullo y el materialismo, tenebrosos enemigos del hombre.

Los avances tecnológicos están al orden del día, las inteligencias florecen por todas las latitudes y paralelamente, las guerras, las hambrunas, las enfermedades y la desorientación espiritual campean en el horizonte del terruño humano.

La Providencia define la necesidad de una nueva revelación Divina, que permita la unificación de las dos anteriores cerrando el triángulo de la educación espiritual de la humanidad terrestre. Una tercera revelación que ya no es presentada por un solo individuo, sino que compete a los millares de Espíritus que bajo la égida del Cristo extienden el mensaje redentor a toda la humanidad y se compila bajo la estructura doctrinaria del Espiritismo.

Doctrina que descansa sobre las bases de la Ciencia, Filosofía y Moral, emana de la Programación Divina vertida a la humanidad para reivindicar la necesidad de la elevación moral mediante la práctica de la Caridad, el Conocimiento de sí mismo y el reconocimiento de nuestra condición de Espíritus creados para vivir para siempre, con la misión de ser felices, mediante la construcción individual del futuro. Libertadora del pensamiento y consoladora de los corazones afligidos, invita al perfeccionamiento incesante.

Andrés Abreo Cubillos Asociación Espírita Tercera Revelación
Bogotá, Colombia