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miércoles, 19 de febrero de 2014

La vergüenza de ser honesto


VERGÜENZA DE SER HONESTO


El brasileño Rui Barbosa, gran jurista y diplomático, notable escritor, además de un extraordinario orador, dejó un escrito que nos hace reflexionar sobre la actual situación de nuestra sociedad.
Él escribió: “de tanto ver triunfar las insignificancias, de tanto ver prosperar la deshonra, de tanto ver crecer la injusticia, de tanto ver agigantase los poderes en las manos de los malos, el hombre llega a desanimarse de la virtud, a reírse de la honra, a tener vergüenza de ser honesto…”
La indignación de Rui Barbosa, aunque haya sido hace mucho tiempo, tiene sentido y es digna de nuestras reflexiones.
Personas que se dejan llevar por la opinión de la mayoría, fácilmente se enredan en la falta de honestidad con la justificación de que “todo el mundo lo hace”.
Ese es un lamentable equívoco, fácil de percibir con algunas reflexiones.
Considere que usted es un espíritu libre e independiente, que sobrevive a la muerte del cuerpo físico, y que recibirá de las ideas de la vida, conforme sus obras.
Considere, aun, que usted llegó al mundo solo, y solo volverá, cuando llegue su hora.
Usted, y solamente usted, responderá por sus acciones, nadie más.
Incluso aunque “todo el mundo lo haga”, cada uno será responsable, individualmente, delante de la propia conciencia.
De esa forma, no permita que esa onda de falta de honestidad y corrupción, que asola gran parte de la población, le arrastre a usted también para el lodazal.
Acuérdese de que delante de su conciencia usted estará siempre solo, sin testimonio de defensa, a no ser sus actos nobles.
No vale la pena abrir la mano del único patrimonio que realmente le pertenece, que es la honradez, por algún dinero o beneficio oscuro, que tendrá que dejar en la aduana del túmulo.
La dignidad es el patrimonio más valioso que alguien puede tener. No lo desperdicie con cosas efímeras que pertenecen a la tierra.
Y lo que es más interesante, es que hasta las personas deshonestas cuentan con personas dignas, en quien puedan confiar... ¡Extraña paradoja!
Por más que se diga que la falta de honestidad está en alza, hemos visto verdaderos imperios desmoronarse por causa de la falta de ética.
Hemos visto empresas e instituciones de prestigio, bancos sólidos, viniéndose abajo por falsear resultados, defraudar documentos, engañar, extorsionar...
Empresas que no trabajaban con la transparencia están perdiendo a sus inversores, que prefieren apostar en una relación de confianza.
Se puede percibir que en el medio económico la confianza aún es el capital que más atrae y multiplica el dinero.
Nadie, en sana conciencia, invierte en instituciones o empresas en las que no confía.
Y es importante recordar que las empresas son dirigidas por personas. Y son las personas las que dan fiabilidad o no a los negocios.
Por tanto, es siempre el individuo el portador de los valores morales capaces de generar confianza, la única base capaz de sustentar tanto los negocios como la amistad.
Sin duda esas reflexiones son oportunas y deben hacernos pensar al respecto.
Al final, si la falta de honestidad se vuelve regla general de conducta, ¿qué será de nuestra sociedad?
Por tanto, vergüenza de ser honestos: ¡jamás!
Piense en eso, y no contribuya para turbar el lago de la esperanza con el detritus de la falta de honestidad.

 Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta
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EL SUFRIMIENTO

 
Cada uno elegimos  en nuestro interior el paraíso o el infierno que preferimos, y pasamos a vivirlo en la esfera de las realidades que transitamos.

La vida puede ser comparada a un rio de largo curso… Sus aguas salen de su nacimiento, y bajan continuamente hasta llegar al mar. Por un lado curva aquí, otra allí, obstáculos al frente, lodo y arena en el lecho, fragmentos rocosos y grandes piedras que quedan atrás, hasta la salida en el océano que lo aguarda.

“Son indispensables muchas etapas para la vida: ahora en el cuerpo, en varias experiencias o luego liberada, con nuevas conquistas. En cada fase, surgen barreas que deben ser superadas para alcanzar el Océano de la paz.

Son las reencarnaciones a las que todos nos encontramos sometidos las que  nos hacen evolucionar. Con deseo  y gran esfuerzo personal podemos superar innumerables repeticiones, venciendo los obstáculos a fuerza de decisión y trabajo continuo.

 La precipitación, hermana de la rebeldía, es la responsable de muchos males  que podrían ser evitados si las personas   prefirieran el clima de concordia y de la calma. La amargura es otro factor que corrompe el comportamiento humano, por los desastres internos que ocasiona. Bajo su acción se desarticulan los equipos del sistema nervioso central, que sufren la acción de diluyentes de orden mental, interrumpiendo el ritmo de sus respuestas en el mantenimiento del equilibrio emocional y con el correr del tiempo, de orden fisiológica. 

Los enfermos  psicosomáticos, sufren  por su comportamiento psíquico,  derivado de las flaquezas de su voluntad, así como de la conciliación mental.

Es necesario que el dolor no nos haga blasfemar, llegando al punto de hacernos dudar  de la Soberana Bondad de Dios. Dios no es portador de caprichos humanos, fiscales ni castigadores de nuestros errores o gratificador liviano de nuestros pequeños aciertos, que no pasan de ser un comportamiento que solo nos hace bien.

El actuar correctamente  no nos da créditos, laureles ni otros premios extras, por constituir en si misma, la acción digna y constructiva,  una cosecha de bendiciones. De la misma forma el error, la humillación delictuosa, se convierte en espina clavada en la conciencia hasta el día de su expiación, cuando el infractor, por el bien restaure la paz a aquel que perjudicó, en consecuencia, así mismo. Dios se manifiesta al hombre  en su interior, en la conciencia de cada uno, donde están escritas sus leyes. El grado de culpa  o de razón de cada ser es medido por la responsabilidad, por la conciencia con que actúa. Lo cierto e ineludible  es que nadie sufre sin una ponderable razón ni persona alguna que delinque, huirá de ser devuelto a la justicia vigente bajo la acción de la inderogable Justicia Divina.

Nuestra indiferencia hacia la vida recta, dejamos que se nos adormezcan los centros del discernimiento y caemos en la voluptuosidad de las pasiones groseras, practicando   arbitrariedades y locuras, corrompiendo el cuerpo, la mente y el alma…

Dios, en cambio, nos da muchas oportunidades para redimirnos, que no las valoramos, nuestra rebeldía  nos  hace no fijarnos y no tomamos en cuenta  los códigos de orden universal.

Por eso al hombre le es muy importante la fe religiosa, clara y racional, para influir  en sus procedimientos honrados, aunque bajo la lluvia de incomprensiones, problemas y dolores físicos y morales, de los cuales saldremos hacia la paz  y la felicidad, si actuamos con corrección.

La sabiduría de las Leyes, reúne a los personajes del viejo drama, en el escenario del mundo, a fin de que se eleven, por el amor y rescaten los delitos perpetrados. Cuando complican la situación, es necesario el sufrimiento en expiación oportuna  a través de la cual se reeducan, creciendo en dirección al bien.

La oración nos inmuniza contra el mal, nos da fuerzas para soportarlo, pero no cambia  nuestros necesarios procesos de evolución. En la necesidad de la depuración, y con la luz del conocimiento espirita  que nos fortalece el ser,  debemos  disponernos a la renovación por el amor y por la acción del trabajo edificante, granjeando meritos para cambiar los factores Kármicos  de la actual existencia.

El amor anula los errores  y pecados, preparando al ser para cuando sea probado,  pueda superar  los impactos divergentes de comportamiento sano.

Siempre depende del hombre  el resultado de sus iniciativas, aun cuando está bajo las fuerzas negativas que intentan llevarlo a la caída  o de los Emisarios  del Bien que lo estimulan a la conquista de su evolución.

Es verdad que ningún ruego honesto, dirigido al señor, queda sin respuesta de socorro inmediato. Quizás no nos llegue en la forma que pretendemos, pero si como sea mejor para nuestra necesidad, lo que expresa el grado de sabiduría de quien responde.

Si no fuese así, se establecería el cáos desde la infancia espiritual, cuando los seres no sabemos pedir, al solicitar muchas veces, para nosotros, lo que es bueno en un momento y luego deja de serlo, para transformarse más tarde en tribulación.

Debemos pedir ayuda sin exigir la forma de auxilio que deseamos recibir, orando, pura y simplemente, en una entrega confiada de amor y fe.
  - Merchita -
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EL VALOR DEL PENSAMIENTO POSITIVO

Con claridad en el pensamiento, el espíritu puede obrar con mayor libertad y acierto en todos los aconteceres de la lucha diaria. Esa claridad mental que filtra solamente pensamientos nobles, de bien, de salud, pensamientos positivos, sólo se logra a través del dominio de nuestra propia mente, sólo conduciendo nuestros distintos cuerpos a través del motor que es el espíritu inmortal; chispa creada por Dios con todos sus atributos y con toda su potencia y su fuerza, que a veces la perdemos a través de los pasos equivocados.

¿Cómo podemos mejorar nuestro tonus vital...? A través de la correcta armonización de nuestras energías. Y ¿Cómo lograremos armonizar dichas energías...? A través de nuestro comportamiento.

Es decir, cualquiera sea nuestro accionar, la solución siempre es la misma: paz, serenidad, armonía desde el espíritu hacia la materia. Tal es el mandato que debemos dar a nuestra mente, para que ella no permita que las emociones nos dominen.

¿Qué hacéis cuando las aguas de un río se desbordan, se salen de su cauce e inundan los terrenos...? Pues colocáis la contención necesaria para que ésto no vuelva a ocurrir. Pues lo mismo debéis realizar con vuestros pensamientos, emociones y actitudes; debéis encauzarlos por la senda del bien, del deber, de la sanidad moral y espiritual y veréis que nuevas fuerzas fluirán a vuestra materia y sentiréis la plenitud de vuestro espíritu, que se podrá expresar en forma mucho más brillante de lo que lo ha hecho hasta ahora.

Entonces a pensar en cosas positivas, en el bien y en el amor para romper cadenas y grilletes que ya no tienen sentido; porque los tiempos son llegados y está en las leyes de Dios que debéis seguir evolucionando. ¡ A crecer, a pensar con claridad meridiana, a aprovechar la existencia concedida para alcanzar la tan ansiada paz y felicidad !.

Mensaje recibido por Nilda Serio, Federación Argentina de Mujeres Espíritas.
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CONCEPTO DE MEDIUMNIDAD


Médium quiere decir intermediario. Mediumnidad es la facultad humana, natural, por la cual se establecen las relaciones entre hombres y espíritus. No es un poder oculto que se pueda desarrollar a través de prácticas rituales o por el poder misterioso de un iniciado o de un gurú.
Se desenvuelve naturalmente en las personas de mayor sensibilidad para la captación mental y sensorial de cosas y hechos del mundo espiritual que nos rodea y nos afecta con sus vibraciones psíquicas y afectivas.
De la misma forma que la inteligencia y las demás facultades humanas, la Mediumnidad se desenvuelve en el proceso de relación. Generalmente su desenvolvimiento es cíclico, o sea, se procesa por etapas sucesivas, en forma de espiral.
Los niños la poseen, por así decir, a flor de piel, más resguardada por la influencia benéfica y controladora de los espíritus protectores, que las religiones llaman “ángel de la guarda”.
En esa fase infantil las manifestaciones mediúmnicas son más de carácter anímico; el niño proyecta su alma a las cosas y seres que le rodean, recibe las intuiciones orientadoras de sus protectores, a veces ven y denuncian la presencia de espíritus y no raramente transmiten avisos y recados de los espíritus a los familiares, de manera positiva y directa o de manera simbólica e indirecta.
Cuando pasan de los siete u ocho años se integran mejor en el condicionamiento de la vida terrena, desligándose progresivamente de las relaciones espirituales y dando más importancia a las relaciones humanas.
El espíritu se ajusta en su escafandra para enfrentar los problemas del mundo. Se cierra el primer ciclo mediúmnico, para seguidamente abrirse el segundo. Se considera entonces que el niño no tiene mediumnidad, la fase anterior es tomada en cuenta como imaginación y fabulación infantil.
Es generalmente en la adolescencia, a partir de los doce o trece años, que se inicia el segundo ciclo. En el primer ciclo sólo se debe intervenir en el proceso mediúmnico con oraciones y pases, para ablandar las excitaciones naturales del niño, casi siempre cargadas de reminiscencias extrañas del pasado carnal del espíritu.
En la adolescencia su cuerpo ya maduró lo suficiente para que las manifestaciones mediúmnicas se tornen más intensas y positivas.
Es tiempo de encaminarlo con informaciones más precisas sobre el problema mediúmnico. No se debe intentar su desenvolvimiento en sesiones, a no ser que se trate de un caso obsesivo.
En ese caso, es necesario mucho cuidado para orientar al adolescente sin excitar su imaginación, acostumbrándolo al proceso natural regido por las leyes del crecimiento.
El pase, la oración, las reuniones para estudio doctrinario son los medios de auxiliar el proceso sin forzarlo, dándole la orientación necesaria. Ciertos adolescentes se integran rápida y naturalmente en la nueva situación y se preparan en serio para la actividad mediúmnica. Otros rechazan la mediumnidad y procuran volcarse apenas para los sueños juveniles.
Es la hora de las actividades lúdicas, de los juegos y deportes, del estudio y adquisición de conocimientos generales, de la integración más completa en la realidad terrena.
No se debe forzarlos, más apenas estimularlos en lo tocante a las enseñanzas espíritas. Su mente se abre para el contacto más profundo y constante con la vida del mundo. Más él ya trae en su consciencia las directrices propias de su vida, que se manifestarán más o menos nítidas en sus tendencias y sus ansias.
Forzarlo a seguir un rumbo que repele es cometer una violencia de graves consecuencias futuras.
Los ejemplos de los familiares influyen más en sus opciones que las enseñanzas y exhortaciones orales. Él toma cuenta de sí mismo y afirma su personalidad. Es preciso respetarlo y ayudarlo con amor y comprensión.
En el caso de manifestaciones espontáneas de la mediumnidad es conveniente reducirlas al círculo privado de la familia o de un grupo de amigos en las instituciones juveniles, hasta que su mediumnidad se defina, imponiéndose por sí misma.
El tercer ciclo ocurre generalmente en el pase de la adolescencia a la juventud, entre los dieciocho y veinticinco años.
Es el tiempo, en esa fase, de los estudios serios del Espiritismo y de la Mediumnidad, como también de la práctica mediúmnica libre, en los centros y grupos espíritas.
Si la mediumnidad no se definió debidamente, no se debe tener preocupaciones. Hay procesos que duran hasta la proximidad de los 30 años, de la madurez corporal, para la verdadera eclosión de la mediumnidad. Basta mantenerlo unido a las actividades espíritas, sin forzarlo.
Si él no revela ninguna tendencia mediúmnica, lo mejor es darle apenas acceso a actividades sociales o asistenciales. Las sesiones de educación mediúmnica (impropiamente llamadas de desarrollo), se destinan apenas, a médiums ya caracterizados por manifestaciones espontáneas, por tanto ya desenvueltos.
Hay también un cuarto ciclo, correspondiente a mediumnidades que sólo aparecen después de la madurez, en la vejez o en su aproximación.
Se trata de manifestaciones que se tornan posibles debido a las condiciones de la edad: como enflaquecimiento físico, permitiendo más fácil expansión de las energías peri espirituales; mayor introversión de la mente, con la disminución de actividades de la vida práctica, estado de apatía neuropsíquica, provocado por los cambios orgánicos del envejecimiento.
Esos factores permiten mayor desprendimiento del Espíritu y su relación con entidades desencarnadas. Ese tipo de mediumnidad tardía tiene poca duración, constituyendo una especie de preparación mediúmnica para la muerte.
Se restringe a fenómenos de videncia, comunicación oral, intuición, percepción extrasensorial y psicográfica. Aunque sea una preparación, la muerte puede demorar varios años, durante los cuales el espíritu se adapta a los problemas espirituales con los que no se preocupó en el transcurrir de su vida. Esos hechos comprueban el concepto de mediumnidad, como simple modalidad de la relación hombre-espíritu.
Kardec recuerda que el hecho de el espíritu estar encarnado no lo priva de relacionarse con los espíritus libres de envoltura carnal, de la misma manera en que un ciudadano encarcelado puede conversar con los libres a través de las rejas.
No se trata de las conocidas visiones de moribundos en el lecho mortuorio, sino del típico desenvolvimiento tardío de mediumnidad que, por la completa integración del individuo en la vida carnal, imantado a los problemas del día a día, no consiguió aflorar.
Su manifestación tardía recuerda el adagio de que los extremos se tocan. La vejez nos devuelve la proximidad del Mundo Espiritual, en posición semejante a la de las criaturas.
En verdad, la potencialidad mediúmnica nunca permanece letárgica. Por el contrario, ella se actualiza con más frecuencia de lo que suponemos, pasa de potencia a acto en diversos momentos de la vida, a través de presentimientos, previsiones de acontecimientos simples, como el encuentro con un amigo hace mucho ausente, percepciones extrasensoriales que atribuimos a la imaginación o al recuerdo y así por el estilo.
Vivimos mediúmnicamente entre dos mundos y en relación permanente con entidades espirituales. Durante el sueño, como Kardec probó a través de pesquisas a lo largo de más de diez años, nos desprendemos del cuerpo carnal que reposa y pasamos al plano espiritual.
En los momentos de ausencia psíquica de distracción, adormecimiento, etc., nos distanciamos del cuerpo rápidamente , y a él retornamos como el pájaro que vuela y vuelve a su nido.
La Psicología procura explicar esos lapsos fisiológicamente, más las reacciones orgánicas a que atribuyen el hecho no son causa y si efecto de un acto mediúmnico de alejamiento del espíritu.
Los estudios de Hipnotismo comprueban eso, mostrando que la hipnosis interfiere en nuestra vigilia, haciéndonos dormir de pie y soñar despiertos, como generalmente se dice. La búsqueda científica de una esencia orgánica de la mediumnidad nunca dio ni dará resultado. Porque la mediumnidad tiene su esencia en la libertad del espíritu.
Llegado a este punto podemos colocar el problema en términos más precisos: la mediumnidad es la manifestación del espíritu a través del cuerpo. En el acto mediúmnico tanto se manifiesta el espíritu del médium como otro espíritu al cual él atiende y sirve.
Los problemas mediúmnicos consisten, por lo tanto, simplemente en la disciplinización de las relaciones espíritu-cuerpo. Es lo que llamamos educación mediúmnica.
En la proporción en que el médium aprende, como espíritu, a controlar su libertad y a seleccionar sus relaciones espirituales, su mediumnidad se aprimora y se vuelve segura. Así el buen médium es aquel que mantiene su equilibrio psicofísico y procede en su vida de manera de crear para sí mismo un ambiente espiritual de moralidad, amor y respeto por el prójimo.
La dificultad mayor está en hacer al médium comprender que, no precisa volverse santo, sino apenas un hombre de bien. Los objetivos de santidad perseguidos por las religiones, a través de los milenios, ha generado en el mundo una expectativa incomoda para todos los que se dedican a los problemas espirituales.
Ninguno se vuelve santo a través de la sofocación de los poderes vitales del hombre y la adopción de un comportamiento social de apariencia piadosa. El resultado de eso es el fingimiento, la hipocresía que Jesús condenó incesantemente en los fariseos, una actitud permanente de condescendencia y bondad que no corresponde a las condiciones íntimas de la criatura.
El médium debe ser espontáneo, natural, una criatura humana normal, que no tiene motivos para juzgarse superior a los demás.
Todo fingimiento y todo artificio en las relaciones sociales lleva a los individuos a la falsedad y a al engaño. La llamada reforma íntima esquematizada y forzada no modifica a ninguno, apenas artificializa engañosamente a los que la siguen.
Los cambios interiores de la criatura provienen de sus experiencias en la existencia, experiencias vitales y conciénciales que producen cambios profundos en la visión íntima del mundo y de la vida.
Esa posición de los problemas mediúmnicos sugiere un concepto de la mediumnidad que nos lleva a las propias raíces del Espiritismo. La mediumnidad nos aparece como el fundamento de toda la realidad.
El momento del fiat, la Creación del Cosmos, es un acto mediúmnico. Cuando el espíritu estructura la materia para manifestar una Creación, construye el elemento intermediario entre él y la realidad sensible o material.
La materia se torna el médium del espíritu. Así, la vida es una permanente manifestación mediúmnica del espíritu que, por ella, se proyecta y se manifiesta en el plano sensible o material.
Lo Inteligible, que es el espíritu, el principio inteligente del Universo, su mensaje inteligente a través de las infinitas formas de la Naturaleza, desde los reinos mineral, vegetal y animal, hasta el reino hominal, donde la mediumnidad se define en su plenitud. La responsabilidad del Hombre, de la Criatura Humana, expresión más elevada del Médium, adquiere dimensiones cósmicas.
Él es el producto de muchos milenios de la evolución universal y carga en su mediumnidad individual el pesado deber de contribuir para que la Humanidad realice su destino cósmico.
La comprensión de este problema es indispensable para que los médiums aprendan a celar por sus facultades.


Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta
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martes, 18 de febrero de 2014

Libertad, ley natural para el ser humano

              
         
¿La Libertad también es una Ley Natural ?.-

Mucho se podría hablar de este asunto que a veces parece un tópico inalcanzable para el Ser humano.
Se ha dicho, con razón, que la Libertad es un atributo del Alma, y conforma una ley natural que se halla presente en las aspiraciones naturales e íntimas de cada ser humano. La libertad tiene un valor irrenunciable y es una necesidad constante e ineludible en todas las personas. El sentido de la libertad o la aspiración de ser y de sentirse libre es natural y común en todas las personas, con independencia del rango, cultura o clase social a que pertenezcan, lo cual demuestra que es , en efecto, una Ley Natural.
Sin libertad de pensamiento, no sería posible la búsqueda de la verdad, ni el avance científico, ni se podría desenvolver en la mente humana la filosofía y la racionalidad. Sin ella no podría haber progreso de ninguna clase. Los Seres humanos sentimos el derecho y la necesidad de gozar de una Libertad , pero esta siempre es relativa, porque siempre comienza y termina en donde lo hacen las libertades y derechos de los demás.
La auténtica libertad no reside en la sociedad humana, al menos en su plenitud, ni en el ser humano integral, pues los seres humanos tenemos limitaciones naturales dentro del desenvolvimiento social, que nos impiden sentirla en su total expresión . La auténtica libertad está en el alma, porque el Ser humano, solamente por el Espíritu puede gozar mediante el pensamiento, de una libertad total e ilimitada que nadie puede acotar ni destruir.
Los Seres humanos, hasta cierto punto, somos libres respecto a nuestro modo de actuar y respecto a nuestras decisiones, por lo que también en esa misma proporción, siempre somos directamente responsables de sus resultados.

- José Luis Martín-

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La libertad es el derecho a hacer lo que no perjudique a los demás”.

- Lacordaire -
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LA CARIDAD MORAL

SI yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo á ser como metal que resuena, ó címbalo que retiñe.  Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo caridad, nada soy.  Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve.
 La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazón, no se ensancha;  No es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal;  No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad;  Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres: empero la mayor de ellas es la caridad. (San Pablo, Primera Epístola a los Corintios, cap. XIII, v. 1 a 7 y 13). (1)

San Pablo comprendió de tal forma esta verdad que dice: Aunque tuviese yo el lenguaje de los ángeles; aun cuando tuviese el don de profecía y penetrase todos los misterios; aun cuando tuviese toda la fe posible, hasta transportar las montañas, si no tuviese caridad, yo nada sería. Entre estas tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad, la más excelente es la caridad.” Coloca de este modo sin equívoco, la caridad sobre la fe, porque la caridad está al alcance de todo el mundo, del ignorante y del sabio, del rico y del pobre y es independiente de toda creencia particular.
E hizo más: definió la verdadera caridad; la mostró no sólo en la beneficencia, sino en el conjunto de todas las cualidades del corazón, en la bondad y en la benevolencia con respecto al prójimo. (2)
Hay varias maneras de hacer la caridad, que muchos entre vosotros confunden con la limosna; sin embargo, hay una gran diferencia. La limosna, amigos míos, algunas veces es útil porque alivia a los pobres; pero casi siempre es humillante para el que la hace y para el que la recibe. La caridad, por el contrario, une al bienhechor y al beneficiado, y además ¡se disfraza de tantos modos! Se puede ser caritativo incluso con los parientes, con los amigos, siendo indulgentes los unos con los otros, perdonándose sus debilidades, teniendo cuidado de no herir el amor propio de nadie. (2b)
La verdadera caridad es una de las más sublimes enseñanzas que Dios haya dado al mundo. Entre los verdaderos discípulos de su doctrina, debe existir una fraternidad completa. (…). Pensad que vosotros sois más reprensibles, más culpables que aquellos a quienes rehusáis el perdón y la conmiseración, porque, con frecuencia, ellos no conocen a Dios como vosotros lo conocéis y les será pedido menos que a vosotros.
No juzguéis, (…), mis queridos amigos, porque el juicio que hiciereis os será aplicado aun con más severidad y tenéis necesidad de indulgencia para los pecados que cometéis sin cesar. ¿No sabéis que hay muchas acciones que son crímenes a los ojos del Dios de pureza y que el mundo no las considera ni siquiera como faltas leves?
La verdadera caridad no consiste solamente en la limosna que dais, ni tampoco en las palabras de consuelo con las cuales podéis acompañarla. No, no es esto sólo lo que Dios exige de vosotros. La caridad sublime, enseñada por Jesús, consiste también en la benevolencia concedida siempre y en todas las cosas a vuestro prójimo. Podéis también ejercitar esa sublime virtud con muchos seres que no tienen necesidad de limosnas y a quienes las palabras de amor, de consuelo y de valor, conducirá al Señor. (2c)
– ¿Cuál es el verdadero sentido de la palabra caridad tal como la entendía Jesús?
– Benevolencia para con todos, indulgencia con las imperfecciones ajenas, perdón de las ofensas. (3)
– ¿Hay culpabilidad en estudiar los defectos de los otros?
– Si es para criticarlos y divulgarlos, hay mucha culpabilidad, porque es faltar a la caridad; si es para sacar provecho del estudio y evitarlos en sí mismo, puede ser útil a veces, pero es preciso no olvidar que la indulgencia para con todos los defectos ajenos es una de las virtudes comprendidas en la caridad. Antes de reprochar a otros sus imperfecciones, ved si puede decirse otro tanto de vosotros. Procurad, pues, tener las cualidades opuestas a los defectos que criticáis en otro (...). Le censuráis la avaricia, sed generosos; el orgullo, sed humildes y modestos; La dureza, sed mansos; la bajeza en las acciones, sed grandes en todas las vuestras; en una palabra: haced de modo que no se os pueda aplicar esta frase de Jesús: ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el suyo. (3b)
La caridad moral consiste en soportarnos unos a otros y es lo que menos hacéis (…). Creedme, hay un gran mérito, en saber callar para dejar hablar a otro más ignorante y esto es también una especie de caridad. Saber ser sordo cuando una palabra burlona se escapa de una boca acostumbrada a ridiculizar; no ver la sonrisa desdeñosa con que os reciben ciertas personas, que con frecuencia, se creen superiores a vosotros, mientras que en la vida espiritual, la sola verdadera, están algunas veces muy lejos de eso; he ahí un mérito, no de humildad sino de caridad, porque el dejar de notar las faltas de otro, es caridad moral. (2d)

Entonces los Fariseos, oyendo que había cerrado la boca á los Saduceos, se juntaron á una. Y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, tentándole y diciendo: Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley? Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante á éste: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (San Mateo, cap. XXII, v. de 34 a 40). (1)

Caridad y humildad: tal es, pues, el único camino de la salvación; egoísmo y orgullo, tal es el de la perdición. Este principio está formulado en términos precisos en estas palabras: “Amaréis a Dios con toda vuestra alma y a vuestro prójimo como a vosotros mismos, toda la ley y los profetas están contenidos en estos dos mandamientos”. Y para que no haya equivocación sobre la interpretación del amor a Dios y al prójimo, añade: “Este es el segundo mandamiento, que es semejante al primero”; es decir, que no se puede verdaderamente amar a Dios sin amar al prójimo, ni amar al prójimo sin amar a Dios; por tanto, todo lo que se hace contra el prójimo, se hace contra Dios. No pudiendo amar a Dios, sin practicar la caridad con el prójimo, todos los deberes del hombre se encuentran resumidos en esta máxima: “FUERA DE LA CARIDAD NO HAY SALVACIÓN”. (2e)

Enviado por Liliana Lezcano
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                          EFICACIA DE LA ORACIÓN

5. Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis y os será concedido. (San Marcos, cap. XI,v. 24).
6. Hay personas que niegan la eficacia de la oración fundándose en el principio de que, conociendo Dios nuestras necesidades, es superfluo exponérselas.
Aun añaden que, encadenándose todo en el Universo por leyes eternas, nuestro votos no pueden cambiar los decretos de Dios.
Sin ninguna duda, hay leyes naturales e inmutables que Dios no puede derogar a capricho de cada uno; pero de esto a creer que todas las circunstancias de la vida están sometidas a la fatalidad,es grande la distancia. Si fuese así, el hombre sólo sería un instrumento pasivo, sin libre albedrío y sin iniciativa.
En esta hipótesis no habría más que doblar la cabeza al golpe de los acontecimientos, sin procurar evitarlos y por lo tanto, no se hubiera procurado desviar el rayo.
Dios no le ha dado el discernimiento y la inteligencia para no servirse de ellos, ni la voluntad para no querer,ni la actividad para estar en la inacción. Siendo libre el hombre para obrar en un sentido o en otro, sus actos tienen para sí y para los otros, consecuencias
subordinadas a lo que hace o deja de hacer; hay acontecimientos que por su iniciativa escapan forzosamente a la fatalidad sin que por esto se destruyan la armonía de las leyes universales, como el avance o el retraso de las agujas de un péndulo no destruye la ley
del movimiento, sobre la cual está establecido el mecanismo. Dios puede acceder a ciertas súplicas sin derogar la inmutabilidad de las leyes que rigen el  conjunto, quedando siempre su acción subordinada a su voluntad.
7. Sería ilógico deducir de esta máxima: “Todas las cosas que pidiereis orando, creed que las recibiréis”,que basta pedir para obtener y sería injusto acusar a la Providencia porque no concede todo pedido que le es hecho, pues ella sabe, mejor que nosotros, lo que es para nuestro bien. Hace lo mismo que un padre prudente que rehúsa a su hijo las cosas contrarias al interés de éste. Generalmente el hombre sólo ve el presente; mas si el sufrimiento es útil para su futura felicidad, Dios le dejará que sufra, como el cirujano deja sufrir al enfermo en la operación que debe conducirle a la curación.
Lo que Dios le concederá, si se dirige a Él con confianza, es valor, paciencia y resignación. También le concederá los medios para que él mismo salga del conflicto, con ayuda de las ideas que le sugiere por medio de los buenos Espíritus, dejándoles de este modo todo el mérito; Dios asiste a los que se ayudan a sí mismos, según esta máxima: “Ayúdate y el cielo te ayudará”, y no a aquellos que todo esperan de un socorro extraño, sin hacer uso de sus propias facultades; pero, generalmente se prefiere ser socorrido por un milagro, sin hacer nada. (Cap. XXV, números 1 y siguientes).
8. Pongamos un ejemplo. Un hombre se ha perdido en el desierto y sufre una sed horrible; siéntese desfallecer y se deja caer en el suelo; entonces, ruega a Dios que le asista y espera; pero ningún ángel viene a traerle agua. Sin embargo, un buen Espíritu le ha sugerido el pensamiento de levantarse, seguir uno de los senderos que se presentan ante él, y entonces por un movimiento maquinal, reúne sus fuerzas, se levanta y marcha a la ventura. Llega a una colina y descubre a lo lejos un arroyuelo, y ante esta vista, recobra ánimo.
Si tiene fe exclamará: “Gracias, Dios mío, por el pensamiento que me habéis inspirado y por la fuerza que me habéis dado”. Si no tiene fe, dirá: “¡Qué buen pensamiento he tenido! ¡Qué suerte tuve de haber tomado el camino de la derecha más bien que el de la izquierda! ¡La casualidad, verdaderamente, nos sirve bien algunas veces! ¡Cuánto me felicito por mi valor en no dejarme abatir!”
Pero, se dirá, ¿por qué el buen Espíritu no le dijo claramente: “Siga esta senda y al extremo
encontrarás lo que necesitas?” ¿Por qué no se le manifestó, para guiarle y sostenerle en su
abatimiento? De este modo, quedaría convencido de la intervención de la Providencia. Primero, fue para enseñarle que es preciso ayudarse a sí mismo y hacer uso de sus propias fuerzas. Además, por tal incertidumbre, Dios pone a prueba su confianza y sumisión a su voluntad. Este hombre estaba en la situación de un niño que cae y si ve a alguno, grita y
espera que le vayan a levantar; si no ve a nadie,hace esfuerzos y se levanta sólo.
Si el ángel que acompañó a Tobías le hubiese dicho: “Soy el enviado de Dios para guiarte en tu viaje y preservarte de todo peligro”, Tobías no hubiera tenido ningún mérito; confiando en su compañero, no tendría ni siquiera necesidad de pensar; por esto el ángel no se dio a conocer hasta el regreso.
( Aportado por Juan Carlos Mariani )

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lunes, 17 de febrero de 2014

CONSTRUCCIÓN


                                                               CONSTRUCCIÓN
 

En asuntos alusivos a la edificación del Reino de Dios en nosotros, no podríamos olvidarnos de hacer una comparación con relación a los requisitos necesarios para cualquier construcción terrestre.
Cualquier obra, para que se levante, exige planificación, servicio y orden.
Planificación que incluye dirección, orientación. Servicio que se define por la actividad,el deber y el orden que se expresa por cooperación y ajustamiento.
En suma, la disciplina es la síntesis de todos los programas y obligaciones  para que hasta el menor edificio se concrete en la esfera humana.
No podría ser diferente en la edificación de nuestra vida espiritual. No podemos construir los mínimos tópicos de elevación espiritual en el propio Espíritu si no nos aplicamos con alegría al trabajo que nos compete.
Precisamos pensar en cómo está nuestra vida espiritual, si tenemos dedicada una pequeña cuota de tiempo para los compromisos espirituales.
Podemos creer que siempre tendremos obligaciones para con nuestra fe en Dios, obligaciones que no se resumen solamente en frecuentar templos religiosos, sino que se extiende desde la familia hasta la sociedad en que vivimos.
Por esto, debemos valorar más las buenas ideas, los propósitos nobles que deseamos  alcanzar, en el trabajo incesante de la caridad, de buena voluntad con todos aquellos que nos rodean, para que así estemos colaborando como herramientas de amor en la edificación de un mundo mejor en nosotros mismos.
Somos material inteligente en las manos sabias del Creador.
El Señor, no obstante, no opera en nosotros a través del constreñimiento, porque el Reino de Dios debe surgir en nosotros a través de nuestros propios esfuerzos.
Y podemos comenzar desde ahora a estructurar ese reino en nuestro corazón. Basta que dediquemos unos minutos de nuestras vidas, a la meditación, la oración, la reflexión en torno a como anda nuestra vida íntima.
Buscando el auxilio edificante de la oración, encontraremos una aproximación mayor con el Padre. De ahí el consejo de Jesús cuando recomienda : Orad y vigilad.
En la meditación vamos encontrando mayor equilibrio para las realizaciones y en la reflexión actuamos casi siempre con más acierto.
Por eso, para enseñar como se debe actuar, vivir, crecer y trabajar, servir y morir en la edificación del reino eterno, estuvo el propio Maestro entre nosotros.
Viviendo en régimen de simplicidad en las bendiciones de la naturaleza, creciendo sin ilusiones, trabajando en apagada carpintería, sirviendo sin exigencias y muriendo injustamente en la cruz, sin revueltas y sin odio, para que aprendamos a buscar primeramente los designios de Dios, cuyo plan, es luz y felicidad para todas las criaturas.
             Autor desconocido
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" Vivir es de todos, pero la convivencia es el factor que nos enseña la comprensión y la solidaridad de los unos para con los otros"
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     EL GRUPO



No olvides que somos partes de un vasto grupo de almas, como puntos integrantes de un círculo.

Más allá de la familia consanguínea, tenemos el equipo espiritual al que nos imantamos por los más fuertes lazos del corazón.

Nadie odia sin haber amado profundamente y nadie experimenta animosidad sin haber conocido antes la bendición de la simpatía.

Por eso mismo los desafectos constituyen también fuerzas de nuestro conjunto, que no  podemos eliminar y aun por esa razón es que el santuario doméstico o la oficina de trabajo son siempre preciosos educadores en donde las sombras y luces se mezclan para nosotros.
Aprendamos con Jesús a usar la química del amor, en la intimidad de nuestros pensamientos, practicando cada día pequeños ejercicios de tolerancia, si nos proponemos efectivamente elevar la fraternidad que nos arrojará a las gloriosas cimas de la vida.Reconozcamos que todos los obstáculos son medidas de nuestra fe y que todos los dolores son oportunidades valiosas a nuestro engrandecimiento y, fortaleciendo el cariño donde ya existía la confianza y exaltando la siembra de bondad donde aún repuntan los espinares de la aversión, sepamos vivir con el amor que Cristo nos enseñó, en la certeza de que nuestros mínimos actos de renuncia y ternura, de entendimiento y gentileza, de auxilio y generosidad, se presentan como decisivos.

El esfuerzo de nuestra alma, no está solo en nuestra elevación, sino también en el argumento salvador de nuestro grupo entero.

Espírito: EMMANUEL
Médium: Francisco Cândido Xavier
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               FLUIDO CÓSMICO

Del mismo modo que los fenómenos de incorporación nos inician en las leyes profundas de la psicología, la reconstitució n de las formas de espíritus va a familiarizarnos con los estados menos conocidos de la materia. Al mostrarnos la acción que la voluntad puede ejercer sobre los imponderables, nos descubrirá los más íntimos secretos de la creación, o mejor aún, de la eterna renovación del Universo.
Sabemos que el fluido universal o fluido cósmico etéreo representa el estado más simple de la materia; es tan grande su sutileza que escapa a todo análisis. Y no obstante, de este fluido proceden, mediante condensaciones graduales, todos los cuerpos sólidos y pesados que constituyen el fondo de la materia terrestre. Estos cuerpos no son tan densos ni tan compactos como a primera vista nos parece; son atravesados  con la mayor facilidad por toda clase de fluidos, y aun los mismos espíritus los atraviesan sin dificultades. Éstos, por la concentración de su voluntad, ayudados por la fuerza psíquica, pueden disgregarlos, disociar sus elementos, volverlos al estado fluídico, trasladarlos y reconstituirlos luego en su primer estado. Así se explican los fenómenos de traslación de objetos materiales a través de obstáculos materiales también.      Recorriendo estos grados sucesivos de rarefacción, vemos a la materia pasar del estado sólido al líquido, de éste al gaseoso y finalmente al fluídico.   Los cuerpos más duros pueden de este modo volver al estado  invisible y etéreo.   En sentido inverso, también el fluido más sutil  puede cambiarse, gradualmente, en un cuerpo opaco y tangible . La Naturaleza entera nos demuestra el encadenamiento de las transformaciones que conducen a la materia desde el estado etéreo más puro al más grosero estado físico.
A medida que se verifica y se hace más sutil, la materia va adquiriendo propiedades nuevas, fuerzas de una intensidad creciente. Los explosivos, las radiaciones de ciertas substancias, la potencia de penetración de los rayos catódicos, la acción a grandes distancias de las ondas Hertz, nos dan de ello abundantisimos ejemplos, llevándonos a considerar el éter cósmico como medio en que la materia y la energía se confunden, constituyendo el gran foco de las actividades dinámicas, la parte de las fuerzas inagotables que la voluntad divina dirige y de donde surgen en ondas incesantes las armonías de la vida y el pensamiento eternales.     
¡Pues bien!  y aquí la cuestión va a tomar una no esperada amplitud, la acción ejercida por la potencia creadora sobre el fluido universal para dar vida a sistemas de mundos, vamos a encontrarla en manifestaciones más modestas, aunque sometida a leyes idénticas, en la acción del espíritu reconstituyendo las formas pasajeras que han de establecer, a los ojos de los hombres, su existencia y su identidad.       
Las mismas nebulosas, agregados de materia cósmica condesada, germen de mundos, que nuestro telescopio nos muestra en el fondo de los espacios, van a aparecer también en la primera fase de las materializaciones de espíritus.  Por este camino vemos cómo la experimentació n espirita nos conduce a las más amplias consecuencias.  La acción del espíritu sobre la materia puede hacernos comprender de qué modo se elaboran los astros y se desenvuelve la obra gigantesca del Cosmo.
LEÓN DENIS
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